Síndrome de indefensión aprendida

En los años setenta Martin Seligman, reconocido psicólogo, efectuó un proceso de análisis sobre un fenómeno en el que veía reincidir a sus pacientes, al cual más adelante denominó como: “El síndrome de la indefensión aprendida”.

Inicialmente, Seligman junto a Overmier (1964), efectuaron diversos experimentos de laboratorio con animales (Aprendizaje clásico, aprendizaje operante), identificando este síndrome primeramente en ellos. Posteriormente, correlacionó principios que aplicaban también a las personas.

Básicamente, la indefensión aprendida, nos lleva a suponer que somos incapaces de cambiar una situación que causa dolor, en cualquiera de sus modalidades.

Todo esto tiene un trasfondo centrado en las experiencias aversivas previas que fueron incontrolables e inevitables por las personas; lo que generó que desarrollaran un autoconcepto negativo, en donde creyeron que no existía posibilidad alguna de defenderse, ni de liberarse.

Del mismo modo, al no haber logrado encontrar una solución a los problemas vivenciados. Al haberse «rendido», no encuentran bases de experiencias positivas que los lleven a confiar en sí mismos, contradiciendo esta primera creencia.

La indefensión aprendida es una celda invisible que nosotros mismos hemos construido, en donde cada uno de los barrotes han sido colocados por las atribuciones negativas de los demás mediante actos de manipulación, coacción, etc. Hechos que al ser sostenibles en el tiempo generaron la creencia de no poder liberarse de dicha situación o problema. Aun cuando quizá, al inicio se intentó nadar a contracorriente.

La indefensión aprendida es un fenómeno psicológico que puede afectar cognitiva, afectiva y conductualmente.

Cambia nuestro pensamiento, nuestra percepción, el modo de ver el mundo e incluso a nosotros mismos. Nos convertimos en las marionetas de nadie.

La percepción de indefensión, puede llegar a generalizarse hacia otros aspectos de vida, aunque no estuviesen relacionados al hecho por el cual se sufre.

La sensación de perder el control sobre la propia vida, en una forma desmedida, inhibe a la persona, la hace tener un rol de pasividad inducida, tal como si fuera un mero espectador, de la que se supone, es su vida.

Durante el proceso del desarrollo de la indefensión aprendida, hay una lucha entre el «querer hacer», y la negativa percepción con el «poder hacer». Esto resuena como una de las más grandes disonancias de la vida, y genera que la persona tenga una grave dificultad para aprender, y por ende, para reaprender.

Entrar en este síndrome, es tan destructivo, como estar en medio de un tornado, y el salir, también denota las claras secuelas, en donde una de las principales, vuelve a ser la «culpa» de no haber logrado «salir a tiempo».

Un aliado de este síndrome, son los pensamientos rumiantes, los cuales son abruptos, constantes, son ecos mentales de mensajes que refuerzan la creencia de no ser lo suficientemente capaces de tener una vida digna, ni merecedores de la misma.

Es como que, tantas veces les dijeron que no podían, que las palabras se tatuaron en el lóbulo frontal.

Mientras no se quiten la «venda de los ojos», para observar dentro de los nuevos paisajes, los tantos caminos que se empiezan a abrir.

Para identificar este síndrome, es necesario tener en cuenta la interpretación que cada persona le otorga a la falta de relación entre la respuesta emitida y la consecuencia obtenida.

Con este síndrome, el estado psicológico se coloca en riesgo, ya que al percibir que no hay escapatoria, uno se termina por conformar.

Se pueden pasar años, en una misma situación, como por ejemplo, la violencia doméstica. En donde, se requiere un tratamiento psicológico constante, para que llegue el despertar, la motivación y el accionar.

Piromanía: Incendio mental

Pyrós. Es una palabra griega, que hace referencia al fuego. Este elemento ha llegado a simbolizar energía, dinamismo, calor, afecto y pasión, pero también odio, rencor y destrucción.

Existen algunas personas que presentan una fijación excesiva en el fuego, a quienes, acorde a los manuales diagnósticos de problemas de la salud mental CIE-10 y DSM-V, se les cataloga como pirómanos. Diagnóstico incluído en el grupo de Trastornos del control de impulsos.

Las personas con piromanía perciben una fuerte necesidad de encender fuego, quemar o incendiar cosas, bienes inmuebles, naturaleza, animales o hasta a otras personas.

Los pirómanos manifiestan un incremento de la tensión interna antes de la ejecución del acto. Al consumarlo contemplan las consecuencias del mismo y sienten inmediatamente un poderoso efecto de relajación, de satisfacción y/o de excitación psicofisiológica.

Una persona con esta enfermedad mental, tiene una grave dificultad para regular sus emociones, y por ende, para controlar sus impulsos. Recordemos que los impulsos son mecanismos inconscientes que buscan reducir la tensión interna.

Es más, la sensación de alivio o placer suele aparecer antes de la ejecución del evento relacionado con el fuego. El simple acto de imaginación y planeación también se convierte en un fuerte aliciente para las personas con esta enfermedad.

Es importante resaltar que no existiría una motivación ajena al mero hecho de experimentar con este elemento. Koson y Dvoskin (1982).

En la adultez la piromanía puede ser crónica o episódica. En caso fuese esta última, lo hacen especialmente en períodos de impactante estrés.

PERFIL PSICÓLOGICO:

Son la niñez temprana o adolescencia las etapas de vida en donde usualmente se activa la atracción desmedida hacia este elemento de la naturaleza.

Un estudio desarrollado por la criminóloga Elena Tortora en el 2017, analizó el perfil psico-criminológico de los pirómanos. Sus hallazgos revelan una alta incidencia de disfuncionalidad familiar, factores ambientales, tales como, abusos físicos, psicológicos (abandono o rechazo emocional) y sexuales en la etapa de infancia. Así como problemas de aprendizaje significativos.

También se ha llegado a relacionar el desarrollo de este trastorno en adultos, que en su edad temprana presentaron recurrentes episodios de enuresis nocturna, severas dificultades en sus habilidades sociales y tendencia a presentar conductas autoagresivas.

Se va remarcando a lo largo del trayecto de vida, un gran interés y curiosidad sobre diversos aspectos asociados con la contemplación del fuego y con las consecuencias de un incendio.

Los pirómanos pueden partir de pequeños actos, tales como: prender fósforos, encender hornillas de la cocina, coleccionar encendedores, ver películas relacionadas al tema.

Existe también una gran motivación por participar como bomberos voluntarios. Canalizando ciertamente su deseo de ver arder las cosas, ya que también suelen percibir satisfacción por los equipos y actividades que combaten el fuego.

En general, la fascinación esta presente en el antes, durante y después, de la conducta incendiaria. Es su obra de arte, les fascina observar, intentan no alejarse del lugar, tomar fotografías, documentar el evento en videos, ya que de esa manera podrán volver a repetir en cierta medida, la sensación de poder.

Jackson (1987), planteó la hipótesis del desplazamiento de la agresividad en personas con este trastorno, quienes provocarían el fuego como medio de activación o arousal apropiado.

Algunas personas con este trastorno ejecutarían la conducta bajo los efectos de alguna sustancia psicoactiva, mediante los cuales se sentirían desinhibidos, lo que favorecería el dar rienda suelta a los impulsos.

EPIDEMIOLOGÍA

Resulta complejo lograr establecer la incidencia de este trastorno en la población general. La piromanía suele ser de difícil detección, ya que, mayormente cuando son detenidos por una conducta incendiaria ocultan su motivación real para eludir la ley. Por ende, sus testimonios son de dudosa fiabilidad.

A pesar de estas dificultades, en los estudios que han intentado detectar la prevalencia del diagnóstico en la población, se ha determinado que el inicio de la piromanía suele darse en la infancia o adolescencia, siendo más frecuente en varones.

Debido a la menor incidencia del género en la piromanía, entre el 10 y el 18%, existe poca información sobre el desarrollo de estudios científicos. A pesar de ello, Bourget y Bradford (1989), encontraron en las mujeres una alta incidencia en el desarrollo de eventos de cleptomanía (otro de los trastornos del control de los impulsos), así como también una mayor asociación a conductas suicidas

DIAGNÓSTICO DIFERENCIAL

Según los autores Geller (1987), Kolko y Kazdin (1992), las conductas incendiarias pueden manifestarse como un síntoma en el contexto de otros diagnósticos, como por ejemplo, la esquizofrenia, manía, trastorno de personalidad, alcoholismo, demencias (síndromes amnésicos), y personas con discapacidad mental. Por lo que es importante hacer la exclusión de los distintos criterios diagnósticos.

Por último, es importante considerar a la pirofilia en el diagnóstico diferencial, ya que la pirofilia se refiere a la sensanción de placer netamente sexual al incendiar cualquier cosa.

BIBLIOGRAFÍA:

American Psychiatric Association. (2014). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. 5ª Edición. Ed Panamericana

Bourget D, Bradford JM. (1989). Female arsonists: a clinical study. Bull Am Acad Psychiatry Law; 17 (3): 293-300.

Koson DF, Dvoskin J. Arson. (1982). A diagnostic study. Bull Am Acad Psychiatry Law; 10: 39-49

Wise MG, Tierney JG. (1995). Impulse control disorders not elsewhere classified. En: Hales RE, Yudofsky SC, Talbott JA, eds. Textbook of Psychiatry 2nd ed. Washington DC: American Psychiatric Press

Geller JL. (1987). Firesetting in the adult psychiatric population. Hosp Community Psychiatry; 38 (5): 501-6.

Kolko DJ, Kazdin AE. (1992). The emergence and recurrence of child firesetting: A one-year prospective study. J Abnorm Child Psychol; 20: 17-37

Showers J, Pickrell E. Child firesetters. (1987). A study of three populations. Hosp Community Psychiatry; 38 (5): 495-501.

O’Sullivan GH, Kelleher MJ. (1987). A study of firesetters in the south-west of Ireland. Br J Psychiatry; 151: 818-23.

Virkkunen M, Nuutila A, Goodwin FK, Linnoila M. (1987). CSF monoamine metabolite in arsonists. Arch Gen Psychiatry; 44: 241-247.

Anhedonia: Vivir anestesiados

¿Alguna vez has sentido que no tienes ganas de hacer nada?, ¿Qué nada te llama la atención?, ¿Qué estás en modo automático?, ¿Qué todo te aburre?, ¿Qué no encuentras satisfacción en lo que antes te gustaba hacer?

Existe un término para explicar este fenómeno psicológico: «Anhedonia». Se trata de un factor desadaptativo que genera la pérdida o reducción significativa de la capacidad para disfrutar de la vida y/o para experimentar placer. También se le considera como una baja activación emocional.

Es un déficit severo que genera la pérdida del interés, de la sensibilidad, del impulso y de la motivación ante estímulos que previamente eran gratificantes. Suele estar acompañada de un aplanamiento afectivo.

Es importante señalar que, existen grados de anhedonia, por lo que podemos ver personas con niveles graves de afección, en donde se trataría de una incapacidad total de disfrutar y obtener placer, y otras personas percibirán básicamente un descenso en dicha capacidad.

La anhedonia no es un trastorno en sí misma, pero es parte de la sintomatología de varios de ellos, los cuales se mencionan a continuación:

Théodule-Armand Ribot (1839), psicólogo francés, agregó el término «Anhedonia», para describir la pérdida patológica de la felicidad.

Esta palabra es el antónimo de la palabra «hedoné», que significa «felicidad», «placer». Ribot, empleó sus conocimientos mitológicos, para crear dicho término. Acorde a la mitología Hedoné, fue hija de Eros y Psiqué, y representó a un personaje que simbolizaba el placer (deseo y lujuría).

Fisiológicamente, se han evidenciado distintas causas por las que aparecería y se agudizaría la anhedonia:

Una de ellas, indicaría una alteración cerebral que impide que se genere la cantidad regular de dopamina, siendo la dopamina aquel neurotransmisor encargado de provocar las sensaciones placenteras y de relajación.

Otra de las posibles causas asignadas, se refiere a ciertas deficiencias en los centros de recompensa del Sistema Nervioso, esto sumado a factores genéticos y ambientales.

Otros investigadores identificaron la producción excesiva de galanina, una molécula de señalización neuronal responsable de la regulación emocional.

Un estudio publicado en la revista ‘JAMA Psychiatry’, revela que los niños con anhedonia presentan diferencias en la forma en que su cerebro integra la recompensa y la excitación y en la manera en que su cerebro se activa al anticipar las recompensas.

Existen dos tipos de clasificación de Anhedonia:

A continuación, se mencionarán los subtipos de anhedonia en base al estímulo percibido:

Anhedonia social:

Se refiere a la incapacidad para disfrutar de las relaciones interpersonales y por ende, por presentar interés en este relacionamiento. Esto podría conllevar al aislamiento social.

Anhedonia física:

El placer tiene un carácter multisensorial, puede ser olfativo, auditivo, visual, táctil y gustativo, por lo que una persona con anhedonia reduce o anula la sensibilidad positiva percibida, ya sea en alguna de las modalidades sensoriales de forma específica, o en su totalidad.

Las personas con anhedonia física, no logran disfrutar de placeres sensoriales, como por ejemplo, la música (anhedonia musical), los paisajes, las relaciones sexuales o la comida.

Algunos autores, mencionan un término específico «Anhedonia eyaculatoria», que se refiere a la dificultad para percibir un orgasmo durante la fase de eyaculación.

Por otro lado, la anhedonia en base al tiempo en el que surge, se cataloga de la siguiente manera:

La anhedonia anticipatoria:

La cual se caracteriza por la falta de ilusión y de interés antes de que ocurra cualquier estímulo previamente mencionado, o con tan solo imaginarlo. Se les dificulta visualizar que la experiencia será positiva.

La anhedonia consumatoria:

Relacionada con la falta de placer al experimentar en el presente cualquiera de los estímulos sociales o físicos, mencionados previamente.

La anhedonia recordativa:

También conocida como la anhedonia del recuerdo.

Se refiere a la dificultad para recordar satisfactoriamente sucesos previos que en su momento se vivenciaron de forma placentera, no brindándole la misma valoración que se percibió al momento de vivir las experiencias.

A continuación, se detallan los principales instrumentos psicotécnicos que nos permitirán medir esta dificultad emocional:

Estas escalas nos brindarán un mayor entendimiento del tipo de anhedonia, así como del nivel de gravedad y de afección en el paciente, aunque es necesario que estos datos sean corroborados en las entrevistas y sesiones psicológicas.

En primer lugar, hay que destacar la necesidad de diagnosticarla, identificar los tipos de anhedonia, y especialmente lograr conocer sus causas.

Una vez identificada la(s) causa(s), los objetivos de psicoterapia podrán ser focalizados en la(s) mismas, por ejemplo, cuando la anhedonia está causada por la depresión, los trastornos de ansiedad o consumo de sustancias psicoactivas, al mejorar estas enfermedades también irá desapareciendo o disminuyendo la anhedonia.

Como se mencionó previamente, la anhedonia es un síntoma de otra patología o trastorno, por lo que es necesario identificarlo de base para establecer un tratamiento idóneo.

Por último, es recomendable efectuar una derivación al psiquiatra, nutricionista, y de ser posible a algún entrenador(a) físico para trabajar en conjunto.

Matar mi juventud con dagas ansiosas; ostentar
la librea extravagante de esta edad mezquina;
dejar que cada mano vil se hunda en mi tesoro;
trenzar mi alma al cabello de una mujer
y ser sólo un siervo de Fortuna. Lo juro,
¡no me agrada! Todo eso es menos para mí
que la fina espuma que se inquieta en el mar,
menos que el vilano sin semilla
en el aire estival. Mejor permanecer lejos
de esos necios que con calumnias se burlan de mi vida,
aunque no me conozcan. Mejor el más modesto techo
para abrigar al peón más abatido
que volver a esa cueva oscura de guerras,
donde mi alma blanca besó por vez primera la boca del pecado.

Tedium Vitae (Tedio por la vida), Poema de: Oscar Wilde (1854-1900)

García-Rodríguez, M., Fernández-Company, J. F., Alvarado, J. M., Jiménez, V., & Ivanova-Iotova, A. (2021). “Pleasure in music and its relationship with social anhedonia”. Studies in Psychology, 1-26. https://doi.org/10.1080/02109395.2020.1857632

Isella, V.; Iurlaro, S.; Piolti, R.; Ferrarese, C.; Frattola, L.; Appollonio, I.; Melzi, P.; Grimaldi, M. 2003. Physical anhedonia in Parkinson’s disease. J. Neurol. Neurosur. Ps. 74: 1308–1311

Markou, A.; Kostenb, T.; Kooba, G. 1998. Neurobiological similarities in depression and drug dependence: a self-medication hypothesis. Neuropsychopharmacology 18: 135–174.

Rev. Latinoam. Psicopat. Fund., São Paulo, 17(4), 827-830, dez. 2014
Editorial La anhedonia Héctor Perez-Rincón* http://dx.doi.org/10.1590/1415-4714.2014v17n4p827.

Starkstein, S.E.; Jorge, R.; Mizrahi, R.; Robinson, R. 2005. The construct of minor and major depression in Alzheimer’s disease. Am. J. Psychiat. 162: 2086–2093.

Escribiendo me encontré

Escribir sin rumbo, sin tiempo, simplemente hacerlo por la paz que se siente al conectarse completamente con una misma.

Es llegar a crear mediante figuras, palabras con el sonido más profundo, ese que a veces nos retumba en la mente a forma de eco.

No poder expresar lo que tenemos dentro, podría resultar asfixiante. Con cada una de las palabras no expresadas se nos dibujan barrotes de una cada vez más pequeña celda.

Por eso aquí vamos de nuevo, usando la pantalla para graficar algunos pensamientos, esperando que de esa forma la emoción pinte menos intenso, o más, según sea el día, según sea la vida.

La escritura es terapéutica, el Psicólogo estadounidense Ira Progoff a mediados de los 70 siguiendo los lineamientos de Carl Jung, desarrolló el Método del diario intensivo, el cual tiene como objetivo fomentar la autoexploración mediante el registro de un diario personal.

Es ideal ayudar a los niños y adolescentes a empezar a desarrollar el hábito de la escritura, en realidad muchos niños, cuando aún no saben escribir, se expresan mediante sus dibujos.

Escribir es como dejar una marca, una firma, un poco de ti mismo(a) sobre algún tipo de soporte físico (trozo de papel, libreta o algún medio tecnológico). Y que importante es poder leernos después, y luego hacerlo nuevamente tiempo después.

EL SISTEMA NEUROESCRITURAL:

El funcionamiento de este sistema requiere la sincronización de varias de las estructuras cerebrales, en coordinación con procesos cognitivos, tales como, el pensamiento, el lenguaje y la memoria.

“El Sistema Neuroescritural, es un conjunto de técnicas proyectivas-neuroescriturales, destinadas a identificar a través de la decodificación del grafismo, las cualidades cognitivas y psicomorfocinéticas del escribiente. Su objeto de estudio, es la trayectoria gráfica, atendiendo a su morfología, a sus movimientos implícitos y explícitos y a las relaciones dimensionales existentes entre ésta y la superficie receptora de la misma” (Aguilera.2011, p. 67).

Aguilera, E. (2011). Sistema Neuroescritural: Una nueva forma de hacer grafología. INIE editores, Santiago de Chile.

BENEFICIOS DE LA ESCRITURA TERAPÉUTICA:

Tenemos una necesidad de expresar tan grande, y una de las formas más saludables es transcribiendo nuestro diálogo intrapersonal mediante la escritura.

La escritura nos pone a pensar en voz alta, nos libera, nos salva, incluso de nosotros mismos en muchas oportunidades. Cuando se oscurece todo a tu alrededor, tienes que brillar con más fuerza, y un activador eficaz es justamente la escritura.

Los principales beneficios son:

– La exteriorización de los pensamientos te invitan al auto-análisis, a la introspección.

– Disfrute de la soledad, en donde tu propia compañía es más que suficiente.

– Tu contenido mental podrá ser leído por ti mismo una y otra vez, pero en otros momentos de vida, y la moraleja que llega con cada experiencia, en cada lectura quedará más clara. Reestructurando creencias nocivas.

– El desahogo emocional, la catarsis, al escribir encontrarás un gran alivio, las letras se volverán en un abrazo amigo.

– En base a este desahogo, se reducirán los síntomas ansiosos inmediatamente.

– El desbloquear pensamientos obsesivos, rumiantes, circulares, disminuirá su potencia, y podrás respirar en plena tranquilidad luego de hacerlo.

– Para escribir empleamos otros procesos como por ejemplo, la creatividad, la planificación, que definitivamente fortalecerán tu inteligencia emocional.

– Escribir te permitirá tomar diferentes perspectivas frente a un problema. Viéndote a ti mismo(a) de una forma más compasiva.

Bibliografía:

Aguilera, E. (2011). Sistema Neuroescritural: Una nueva forma de hacer grafología. INIE editores, Santiago de Chile.

Las huellas del abuso sexual

Es necesario escribir sobre el abuso sexual infantil cuando más del 60% de mis pacientes manifiestan haberlo sufrido. La Organización Mundial de la salud (2005), identificó que en varios países latinoamericanos hasta un tercio de adolescentes fueron víctimas de este tipo de abuso. Siendo aún más específicos, evidenciaron que en Perú, las víctimas apuntaban al 40% de la población femenina. Por mi experiencia como Psicóloga, sé que el porcentaje es mucho mayor, y en el caso de los varones las cifras también nos escandalizarían, pero por ser aún el sexo un tema tabú, en varias de sus vertientes, las personas no lo suelen expresar.

La Organización Mundial de la Salud (2014), describe a la violencia sexual como cualquier forma de violencia (física, psicológica, verbal y/o emocional), o tentativa de consumación del acto sexual, que atente (daño real o potencial) contra la integridad y el bienestar de la persona, incluyendo comentarios o insinuaciones sexuales no deseados, o las acciones para comercializar o utilizar de cualquier otro modo la sexualidad de una persona mediante coacción por otra persona, independientemente de la relación de ésta con la víctima.

La experiencia de haber vivido un abuso en la niñez, tiene muchos puntos de quiebre en la vida de la persona, los cuales se pueden categorizar en una línea del tiempo, primero, en la niñez, mientras ocurre el evento o los eventos, ya que el abusador(a) tiende a ser una persona cercana al niño(a), y estos episodios no suelen ser únicos. En segundo lugar, en la adolescencia, cuando empiezan a conocer las sensaciones sexuales, pero en este caso a modo consciente y voluntario. Y en tercer lugar, en la adultez, cuando es probable que ocurran visiones más dolorosas, aunque verlas permita tener un pleno entendimiento de lo acontecido.

Asistir a terapia, en las tres fases de vida, de ser factible, será trascendental para asumir con una noción clara de lo ocurrido, lejos de actos y palabras manipuladoras, que en su momento hayan llegado a creerse como verdades, generando una de las secuelas más fuertes, la culpa irracional.

En la niñez, resulta muy complejo codificar y procesar el evento traumático. Por lo que, las impresiones del abuso invasivo se graban en el cuerpo, y permanece una sensación de pérdida de control sobre el mismo. Es importante mencionar que muchas veces en esta etapa se llegan a bloquear los recuerdos como una especie de mecanismo de supervivencia. Es más para algunas personas el bloqueo es tan grande que podrían olvidar prácticamente toda su infancia.

Así mismo, el agresor(a) suele ser una persona cercana a la víctima, con quien probablemente haya existido un vínculo de confianza previo, es donde el/la menor ingresa en un fuerte conflicto de «lealtad», por lo que el niño(a) generaría una negación ante el evento traumático: «Si no lo pienso, no se hace realidad».

Si se trata de una persona cercana, existe una profunda ambivalencia, porque el agresor podría aparentar en muchas otras situaciones ser una persona protectora con el/la menor.

En la adolescencia las sensaciones sexuales aparecen desde un lugar distinto, ya que la sensación y el afecto marcan una distancia del evento violento. En esta etapa de vida, resulta difícil para el adolescente que fue víctima del abuso, reconocer los límites del propio cuerpo en relación a los demás. Especialmente, si no se cursó un proceso psicoterapéutico en su momento, en la adolescencia empezará a resurgir el conflicto interno.

Muchos de los eventos traumáticos vividos en la infancia se encuentran bloqueados. Y es especialmente en la etapa de adultez, en donde parece surgir la recuperación de los recuerdos reprimidos, al detonarse algún estímulo relacionado con el abuso. Los recuerdos suelen activarse a modo de flash back cuando entran en contacto con disparadores específicos, como el ver una noticia o película con contenido de abuso, o al volver a estar en presencia del agresor(a), o hasta con algunos estímulos sensoriales (sensaciones táctiles, olfatorias, etc).

También es común que las víctimas de abusos suelan alcanzar un estado de Disociación (Esto significaría ingresar a un estado auto-hipnótico, mientras ocurría la agresión), esto podría verse reflejado más adelante en otras situaciones angustiantes. Si deseas saber más de este tema, hace un tiempo escribí respecto a ello:

La culpa es una fuerza autodestructiva que permanece dentro de la persona que no ha reconocido y confrontado lo sucedido aún. La culpa de no haber podido evitarlo, de no contarlo antes, de simplemente no darse cuenta. Esta culpa es generadora de miedo, tristeza y vergüenza. Una culpa totalmente irracional, porque ningún niño(a) merece ser lastimado. Y si hablamos de estos abusos, tendríamos que mencionar el perfil psicológico del agresor, o pederasta, de lo cual les escribiré más adelante, pero puedo adelantar que se trataría de personas con rasgos psicológicos de amplitud e inestabilidad comprobados, sumamente manipuladoras, egocéntricas, de escaza empatía, quienes agreden motivados(as) por su inmadurez y su anclaje en periodos de su propia niñez.

Uno de los pasos más grandes que la víctima de abuso sexual infantil puede alcanzar en terapia, en cualquier etapa evolutiva, es el reconocimiento del evento de abuso sexual, romper el contrato invisible que el agresor(a) le obligó a firmar para permanecer en la cárcel del silencio. Mirar a los ojos a la Psicóloga y que en medio de la mirada haya un te entiendo, un te abrazo. Escuchar un lo siento mucho, esto no debió haberte ocurrido. Y especialmente un «¡Te creo!».

Seguido de esto, empieza a dibujarse un nuevo camino para desarrollarlo en las siguientes sesiones. Siendo algunos de los principales objetivos:

-Indagar y documentar los sucesos que el paciente narre mediante una reconstrucción mental del evento traumático.

-Facilitar la interpretación de sus propias necesidades, deseos, discriminando asertivamente la realidad.

-Detectar y evidenciar ante el paciente las secuelas.

-Acercarnos a una respuesta sobre el posicionamiento psicológico del cuerpo en el abuso.

-Fortalecer la autoestima del paciente.

-Brindar educación sexual.

-Terapia familiar, para analizar las ideas y creencias familiares y sociales respecto al tema.

En general, se pueden emplear técnicas parte de la terapia cognitivo conductual, tales como la desensibilización sistemática, inundaciones, reestructuración cognitiva, entre muchas otras.

Definitivamente este es un tema complejo, pero con los conocimientos necesarios, aplicando un abordaje respetuoso basado en las emociones y el ritmo de cada paciente, podemos lograrlo. Créeme, sí podemos!

¿Por qué es importante llevar a mi hijo adolescente a la psicóloga?

La etapa de transición de vida de la niñez a la adolescencia es una fase compleja, como puente está la pubertad. El otro día pensaba que todos vivimos cierto duelo al dejar de ser niños, y al mismo tiempo, lo viven nuestros padres y/o cuidadores, quienes nos acompañan en el proceso.

De un día al otro, los padres caen en cuenta que sus hijos tienen decisiones propias, que están muchas veces buscando diferenciarse de las ideas impartidas, que son diferentes a lo que fueron, que empiezan a retarlo todo.

Escribir sobre mis pacientes adolescentes, me hace pensar en lo increíble que resulta ver el miedo en su mirada, ese miedo de sentirse inadecuados. Es terreno nuevo para ellos asumir esta nueva identidad, y solo están tratando de protegerse. Los adolescentes sienten miedo de no ser aceptados, y ya no solo se trata de su familia, el rol social empieza a cubrir una gran importancia.

Se miran a sí mismos, y están diferentes, comienzan a aparecer cambios en su aspecto físico, que con el tiempo irán entendiendo. Pero lo más complejo es lo abstracto, el plano psicológico, su mente cambia, inician un proceso de creación, en base a las experiencias. Se trata de una transformación creadora de la interpretación que le fueron dando a sus acontecimientos de vida, este es un proceso sujeto a constantes auto- críticas, lo que los hace pasar de fases inhibitorias a fases de bloqueo en cuestión de segundos.

Mis pacientes adolescentes, vienen con una armadura a la primera cita, y están la mayor parte del tiempo a la defensiva, he notado que están cansados de esa comunicación vertical. Entonces, lo primero que hago, es colocarnos en una misma posición: «Vamos a conocernos, entonces haremos un juego de preguntas, puedes preguntarme lo que tu desees, y luego de responderte, será mi turno de preguntar, ¿Estás de acuerdo con iniciar de este modo?», sus preguntas son claves, podemos iniciar hablando de cine, música, de arte, de sus mascotas, de sus pasatiempos, de cosas de las que realmente les interesa hablar, y que a mi realmente me interesa escuchar.

Me encantaría que los padres vieran ese primer desenlace, los adolescentes se sienten escuchados, no hay juicios, se siente un suspiro de alivio, y de pronto, compartimos algo de música, o vemos por minutos algunas escenas de películas o series importantes para ellos. Casi siempre, luego de eso, nos vamos al patio, jugamos con las mascotas, las alimentamos, o subimos a hornear galletas, o a pintar un poco, a jugar videojuegos.

Y es allí, en ese ambiente desestructurado, donde se comienzan a mostrar como son, una vez retirada la armadura, se ve su indefensión, sus pensamientos comienzan a ordenarse, empiezan a retomar el permitirse sentir, el permitirse simplemente ser. Es un requisito fundamental analizar sus procesos psicoafectivos y su vinculación.

Soy tan afortunada de que me permitan ser espectadora mientras se quitan la máscara, muchos de ellos refieren no sentirse comprendidos, percibirse solos, alejados de los demás, distantes. Eso me permite explicarles que los padres aún son niños grandes, que ellos también vivieron esa transición, y cuando les confieso, «¿Sabías que papá, mamá, también están asustados? Esto también es nuevo para ellos, que estén teniendo problemas de comunicación y confianza, no significa que no esté presente el amor, tus padres están aquí, contigo, para que podamos ayudarlos a entenderte. Ellos están dejando de lado su orgullo, han venido aquí a escuchar sus errores, pero no creo que todo sea oscuridad, porque estás aquí brillando de ilusiones, y una cuota de todo esto, la han puesto ellos».

Conversamos de tantas cosas, sus gestos son claros, es maravillosa la forma en la que empiezan a ver el mundo, mantienen la mirada inocente de un niño, y la valentía de querer descubrir las cosas por sí mismos de un adulto, y este es uno de los principales problemas en la comunicación con los padres, ya que muchos de ellos aún sienten que deben dirigirlos, pero no, en la adolescencia, hay que acompañarlos, escucharlos y guiarlos. Es momento de permitir que nuevas competencias parentales empiecen a marcar el camino.

El rol del padre o madre líder se afianza en este periodo de vida. Sé que aparece el duelo de perder al hijo(a) niño(a), pero no olvidemos que la voz de nuestros padres suena en nuestras mentes para toda la vida, algo así como una canción o varias, ya que forman parte de nuestro diálogo interno. Tengamos confianza en que las canciones cantadas por tantos años se mezclaran con la voz interna, para construir una melodía propia, basada en los valores inculcados. Y en que, si entendemos su nuevo ritmo, podremos seguir siendo escuchados.

De pronto en la sesión, el tiempo se hace corto, y es momento de despedirnos. Creo que la sinceridad y la humildad son los recursos más efectivos para desarrollar un vínculo de confianza con los adolescentes. Por eso, al finalizar la cita, les consulto si están de acuerdo en que converse con los padres nuevamente, señalando algunas conclusiones. Tengo claro que son menores de edad, y que es necesario hablar con los padres al finalizar, pero que importante es obtener su consentimiento.

Luego de varias sesiones individuales, y de encontrar fortalezas, y resaltarlas, luego de trabajar en la introspección, y mejorar el autoconocimiento, luego de explicarles con tanto cariño que el niño(a) interior no se irá a ningún lado, que no teman avanzar, que será su gran compañero(a) hasta los 100 años, si aprenden a cuidarlo(a). Le van perdiendo el miedo a lo desconocido, y se llenan de valentía. De esa valentía que te invade y te hace sentir más despierto que nunca.

Entonces, empezamos a hablar de los episodios de niñez que nos han herido o aquellos que no hemos concluido, claro que para este momento, ya se han desarrollado paralelamente sesiones individuales con cada uno de los padres, cuidadores, hermanos, esto para tener una visión más clara de la dinámica familiar. Es indispensable entender el sentir de cada miembro de la familia, sus expectativas, sus heridas, sus fortalezas, los aspectos por mejorar, sentimientos, entre muchas otros factores.

Continuando con el proceso psicoterapéutico, los recursos psicológicos, nos permiten identificar cuando estamos listos para pasar a las sesiones familiares, y se arma un plan estratégico, para luego desarrollar las sesiones entre el adolescente y cada integrante de la familia, hasta llegar al todo.

Ser el nexo para que ambas partes puedan comunicarse, significa traducir al idioma del otro la necesidad de cada uno, significa activar la compasión y asertividad en todo momento. «Vas a escuchar la versión de papá / mamá, puede que no la sientas al 100% afín a la tuya, pero son perspectivas. Es como si todo este tiempo hubieran estado viviendo en medio de una película, pues bien, cada uno tenía su propia filmadora, el lente con el que tu observabas algo, es muy diferente al que usaron tus padres, vamos a escuchar no para defendernos, dar la contra, o discutir, simplemente vamos a escuchar para entender la película que filmaron tus padres, y luego de ello, tu vas a poder contarles cuales han sido tus tomas favoritas, y cuales te lastimaron, no vamos a poder cambiar la película, pero si la moraleja».

La mayor parte del tiempo, estas sesiones terminan en un «perdón», de ambas partes, seguido de un abrazo sincero. Es ahí, donde me retiro un momento de la cita, por dos motivos, primero para darles un espacio privado, y en segundo lugar, porque estos momentos me conmueven hasta el alma, y suelo salir al patio a mirar el cielo y a agradecer por mi vocación, que me permite disfrutar de un te quiero, de un te perdono, te entiendo, que aún siendo ajenos, se vuelven tan propios.

CAPÍTULO IV: «¡No quiero prender la cámara!»

En abril del 2020 inicié con algunos apuntes respecto al impacto de la pandemia en la salud mental, hoy a poco más de un año, puedo presentar una cuarta parte (Al final de este texto dejó los 3 links anteriores, por si alguien desea curiosear un poco más). Esta pandemia, a pesar de su complejidad, nos está brindando una luz gigante a aquellos que nos pausamos a observar la conducta humana.

En estos últimos meses me he encontrado varias veces con la frase: «La pandemia de salud mental». Y creo que es muy honesta, tanto que me he permitido usarla un par de veces. Hay datos interesantísimos, en los que necesitamos profundizar día a día, a veces siento que no puedo dejar de pensar en todas ventanas que nos abren el ingreso a la mente de las personas, que hoy en día han aprendido a vivir más adentro que afuera.

Creo que nunca antes había escuchado a mis pacientes hablar con tanta urgencia de su necesidad de recibir atención, de ser escuchados.

El capítulo IV de mis apuntes en pandemia: «No quiero prender la cámara», surge a raíz de que a la fecha, no he tenido un sólo paciente adolescente que no se haya negado a activar la cámara del dispositivo electrónico con el que fuese a conectarse a sus clases virtuales (En cualquiera de las plataformas más utilizadas como Zoom, Skype, etc.)

Muchos padres y docentes se preguntan: ¿Cuáles son las razones por las cuáles les cuesta tanto hacerlo?, me comencé a cuestionar sobre lo mismo hace meses, me costaba entender, porque así como muchos de los padres o profesores, yo tampoco usaba tanta tecnología cuando era adolescente. Entonces me di cuenta que, la recopilación de datos se tenía que basar en primero identificar las diferencias generacionales, para que fuesen criterios de exclusión al auto-análisis, y es que el primer paso, es dejar de comparar a los adolescentes del hoy, con los adolescentes que fuimos, es realmente distinto.

Me parece importante dejar para más adelante el tema de la influencia de la tecnología en los distintos grupos generacionales en cuanto al desarrollo de la personalidad, estilos de apego, formas de afrontamiento, habilidades sociales, etc.

¿Qué significa encender la cámara en las clases para un adolescente?

En la adolescencia uno tiende a sentirse más observado, porque realmente comienza a importar más y más el aspecto físico. Hacer las clases virtuales frente a una pantalla, hubiese sido como si nos hubiesen puesto un espejo al frente nuestro durante toda la jornada académica.

Es importante resaltar que en esta época de vida, los adolescentes suelen obsesionarse con algunas ideas sobre su auto-imagen, las cuales abstraen de la opinión que piensan que los demás tiene sobre ellos.

Por la presión social, muchos adolescentes están plenamente convencidos de que su aspecto físico es crucial para alcanzar la felicidad.

Al tener su reflejo frente a ellos, muchos adolescentes se siente vigilados y están concentrados en lo que su lenguaje no verbal dice, y piensan mucho antes de tener algún movimiento.

Creo firmemente que cuando crezcan van a ser los mejores lectores de gestos, posturas, pero a la vez, corren el riesgo del mayor disimulo social.

Esta nueva rutina «obliga» a los estudiantes a mostrar sus espacios privados, y la mayoría de estudiantes adolescentes tienden a hacer las clases aislados de las demás personas del hogar, y que mejor alternativa que su habitación. Aunque no solo es el tema visual, a este grupo de edad suele incomodarle también los ruidos provenientes de su hogar. Entonces, ¿No resulta invasivo el obligarlos a que enciendan la cámara?

Con la metodología virtual se agudiza el temor a equivocarse públicamente y a ser juzgados por los demás. Por lo que, esta nueva modalidad de enseñanza, esta ocasionando que varios estudiantes desarrollen ansiedad a la exposición social.

Pensar que su conexión a internet podría fallar durante su exposición, o justo cuando se les pida participar. Aunque es una situación que escaparía de su control, genera gran preocupación. Así como también, el pensar en que su imagen se quedaría congelada por varios segundos frente a todos los demás.

Otra de las razones por las cuales se les dificultan las clases virtuales, es porque mencionan que al poder ver a todos en una misma pantalla, se distraen con mayor facilidad.

«No es como cuando estabas en el salón de clase, y si volteabas la profesora te llamaba la atención, ahora tu miras al frente, y nadie sabe que es lo que realmente estás viendo».

¿Cuáles son los síntomas de esta ansiedad social?

Las interacciones diarias de las clases remotas generan los siguientes síntomas y signos:

-Ansiedad elevada.

-Angustia por sentirse avergonzado o humillado.

-Percepción incomodidad.

-Tensión.

-Temor al pensar que serán juzgados por los demás.

-Temor a tener que interactuar con los demás, especialmente si se trata de personas extrañas.

-Temor a que los demás noten su angustia, al reflejarla en algunos síntomas físicos, como por ejemplo, sudoración, voz temblorosa, sonrojarse, tensión muscular, etc.

-Desmotivación académica.

-Conductas evitativas al tener que prender la cámara y/o el micrófono, para el desarrollo de las clases virtuales, y mucho más si les toca participar.

-Después de participar, tener ideas obsesivas sobre los errores identificados, aunque muchas veces la mayoría de estos son magnificados.

Estos síntomas varían en nivel de gravedad en base a los recursos psicológicos que tuviese el adolescente, antes de iniciar con esta nueva metodología. El nivel de comodidad en las situaciones sociales depende de los rasgos de la personalidad y de las experiencias de vida. 

El estrés intenso puede afectar la rutina diaria, la relación intrafamiliar, el proceso de aprendizaje, hábitos de estudio, ejecución de tareas académicas, entre otras actividades.

Escopofobia:

Es es un trastorno de ansiedad caracterizado por un miedo permanente y patológico a ser visto por los demás o a percibir que los demás depositan su atención sobre ellos.

Recomendaciones:

El aprendizaje debe ser afectivo, motivacional, por lo que es necesario promover estrategias que permitan reconstruir la interacción con los estudiantes, capacitando a los docentes en estrategias psicoeducativas y en la gamificación de actividades, con el fin de propiciar un entorno menos distante y más amigable con los estudiantes.

Es importante que la cámara del docente este encendida en todo momento, pero podría considerarse alguna opción para que los estudiantes, independientemente de que prendan o no la cámara, no puedan estar viéndose a sí mismos, y al resto, durante toda la jornada académica, es probable usar algún tipo de filtro para que sea solo una la persona que los observe y pueda monitorearlos. Esto a excepción de cuando tengan que participar.

Encender la cámara no debería ser obligatorio para todos los casos, es recomendable evitar el condicionamiento al uso de la cámara, con las calificaciones o asistencia. Tendiendo en cuenta los casos específicos, en dónde se este presentando este nuevo tipo de ansiedad social a la exposición virtual. En donde también es recomendable la asistencia psicológica.

Se puede sugerir el uso de fondos virtuales para evitar que perciban una exposición a su privacidad.

Tener en cuenta otros medios de participación, como las respuestas por audios, o mediante el uso del chat.


Referencias:

Melo-Solarte, D. y Diaz, P. (2018). El Aprendizaje Afectivo y la Gamificación en Escenarios de Educación Virtual. Información Tecnológica Vol. 29(3).https://scielo.conicyt.cl/pdf/infotec/v29n3/0718-0764-infotec-29-03-00237.pdf

Patel, Shivani (2020). Online classroom etiquette: to turn cameras on or not. VC Starhttps://www.vcstar.com/story/news/2020/08/24/ventura-county-virtual-learning-educators-online-classroom-etiquette/3387448001/

Fibromialgia: Las personas más fuertes

Imagina que todos los días por encima de la piel traes una armadura, y que, por tener que cumplir con tus funciones del día día, cada vez la sientes más y más áspera. Y aún durante la noche debes continuar portándola. No hay descanso, no hay elección, y luego de una larga temporada de enojo, aceptas su existencia, y de pronto sin darte cuenta, esa armadura se volvió parte de ti. Y te preguntas: ¿Por qué a mí?, ¿De qué me protege esta armadura?

Con los años empezarás a descubrir que te protege de distraerte de ti mismo(a), que esa armadura te invita a vivir en un reconocimiento pleno del que es tu hogar, tu cuerpo. Te recuerda el presente, te muestra el lado oscuro de tus emociones, pero sobre todo te muestra tu fuerza interna.

Ahora, si no has tenido que imaginarlo, de seguro es porque lidias con algún diagnóstico de dolor crónico, como el cáncer, la artritis o la fibromialgia. En este artículo hablaremos de esta última, empezando por definirla, entender sus posibles causas, su sintomatología, y el abordaje psicológico recomendado.

¿QUÉ ES LA FIBROMIALGIA?

CRITERIOS DIAGNÓSTICOS:

ETIOLOGÍA:

Alteración en los neurotransmisores del dolor:

Alteraciones neuroendocrinas:

Alteraciones del sueño:

Alteraciones musculares:

Alteraciones psicológicas:

Síntomas:

1. Dolor de pies a cabeza:

«Es un dolor que se va moviendo alrededor de mi cuerpo, lo describiría entre fuerte y muy fuerte, no para casi nunca».

2. Fatiga persistente:

«Siento a mi cuerpo cansado, como si hubiese hecho ejercicio todo el día, o como si hubiese cargado peso».

3. Rigidez del cuerpo:

4. Sueño de mala calidad:

5. Síntomas gastrointestinales:

6. Alteración de la sensibilidad:

7. El fenómeno de Raynaud:

8. Síntomas neurológicos:

9. Síntomas cognitivos:

10. Síntomas urogenitales:

11. Síntomas emocionales:

El vivir con cualquier tipo de dolor crónico simboliza un desgaste físico y mental, el cual afecta directamente al estado anímico.

El nivel de afección de los síntomas varía en cada caso, desde secuelas casi imperceptibles por el resto de personas, hasta un nivel más alto de disfuncionalidad en las diversas esferas de vida (familia, trabajo, amigos, etc.). De todos modos, el diagnóstico prematuro de esta condición, propiciará una intervención adecuada.

La cronicidad y el malestar permanente del SFM, tienen como consecuencia, por lo menos en algún momento de la enfermedad, un autoconcepto negativo, lo que conlleva a una baja autoestima. Especialmente, al sentir un pérdida de la autosuficiencia, y al tener que adaptarse por momentos a un ritmo distinto de vida.

En la mayoría de casos, al no encontrar una pausa o cese del dolor, suele manifestarse el estrés crónico, acompañado de desesperanza (abandono de la idea de mejorar), de irritabilidad y tensión. Esto podría traducirse por los demás, como hostilidad, deteriorando algunas relaciones interpersonales.

El malestar físico genera que se manifieste en ocasiones una sensación de angustia impredecible (desesperación). Esta sensación trae como consecuencia, que las personas focalicen agudamente su atención al plano corporal, desconectándose por momentos del resto de estímulos que se encuentran fuera de sí mismos.

Cada persona con fibromialgia cuenta con sus propias características, síntomas, duración y enfoques de tratamiento.

12. Síntomas cognitivos:

Intervención Psicológica:

Collado et al. (2001), y Monsalve (2004), afirman que a pesar de que la fibromialgia es una patología que no tiene cura, es posible conseguir mejoras en la calidad de vida tanto física, psíquica y social, aplicando un tratamiento multidisciplinar, que incluye el tratamiento psicofarmacológico, la actividad física y la intervención psicológica.

¿Recuerdas el ejemplo de la armadura?, me imagino lo difícil que debe ser vivir con un dolor crónico, y realmente lo siento mucho, es cierto que no hiciste nada para merecerlo, y que es completamente injusto. Pero, aquí estamos, otra vez en medio de dos caminos, o volvemos al camino «conocido», o intentamos algo «diferente». Y si, seguro en más de una oportunidad llegaste a cruzar hacia el intento, hacia las nuevas experiencias, los últimos tratamientos, etc. Pero hay una realidad que aceptar, la fibromialgia es una enfermedad, de esas en las que más que el cuerpo, puede llegar a doler el alma, de esas en las que a más luches contra ellas, más fuertes se pueden volver.

¿Qué pasaría si los síntomas más dolorosos ya no están siendo solo generados por la fibromialgia? Es muy importante señalar que, muchos síntomas de esta enfermedad, son los mismos síntomas psicosomáticos que se generan por la ansiedad y/o depresión. Y estas dos últimas enfermedades no tendrían porque coexistir de manera crónica junto al SFM. Diversos estudios demuestran que con la psicoterapia efectivamente se pueden llegar a reducir estos síntomas.

1.

El primer paso, es contar con un equipo de salud mental.

Busca a profesionales de la salud mental, con quienes te sientas tan cómodo(a), que de pronto, sin darte cuenta en una de las tantas sesiones, te sorprendas de la forma en la que te expresas, sin pausar a maquillar lo que dices, simplemente siendo tu mismo(a).

2.

El segundo paso, es entender tu enfermedad si se describieron los diversos síntomas del SFM es porque hay que empezar por el insight «tomar conciencia».

Tengamos en cuenta que se trata de una enfermedad tan común, y a la vez tan poco conocida, tan silenciosa para el entorno, y tan ruidosa para tu interior. Necesitamos observarla, analizar los síntomas que corresponden a tu cuadro, desglosarlos uno a uno, como si se tratara de un rompecabezas.

Del mismo modo, efectuar un estudio multidimensional respecto al impacto físico, sobre el perfil psicológico (hábitos, rutinas, expectativas, creencias, etc.).

3.

El tercer paso, implica un análisis del perfil psicológico:

Para lograr establecer los objetivos de la terapia, es necesario entender previamente tu tipo de temperamento, personalidad, estilos de afrontamiento, redes de apoyo, rutinas y metas de vida, entre otros aspectos que ayuden a retratar lo abstracto. Uno de los procesos más científicos y a la vez, más «mágicos» de la psicología.

4.

El cuarto paso, es definir junto a tu Psicólogo(a) los objetivos que requiere tu proceso psicoterapéutico, tales como:

– Establecer objetivos de forma realista, alcanzable, gradual y escalonada.

– Identificar cada uno de los síntomas generados por la fibromialgia y los que podrían estarse generando o agravando por la presencia de un cuadro depresivo – ansioso.

– Detectar y reformular pensamientos negativos.

– Afrontar la desmoralización que puede traer consigo el asimilar que se tiene una condición médica crónica.

– Entrenamiento en habilidades de afrontamiento a la enfermedad y al dolor.

– Identificarse en un rol activo ante la fibromialgia.

– Mejorar el entendimiento del SFM con el entorno de los pacientes (Psicoeducación).

– Fortalecer los vínculos intrafamiliares y sociales.

– Facilitar la expresión emocional, y brindar contención.

– Lograr discernir el «ser» del «estar», hacer hincapié en el autoconcepto y la validez personal.

– Separar las propias capacidades intrínsecas de la auto-percepción de la enfermedad.

– Mejorar progresivamente la autoconfianza.

– Relajarse.

– Promover patrones de sueño reparador.

– Analizar el conocimiento, la evaluación y manejo del dolor.

– Promover el contacto con actividades placenteras.

– Analizar y mejorar habilidades sociales.

– Mejorar la calidad de vida.

5.

El cuarto paso, será que tu Psicólogo(a) establezca la terapia o el conjunto de terapias que se adecuen mejor a tu perfil, en base a las distintas corrientes psicológicas que tengan evidencia científica de propiciar los resultados esperados.

A continuación mencionaré las principales terapias de enfoque individual:

Terapia cognitivo – conductual (TCC):

La TCC busca modificar los diversos esquemas de pensamiento, las emociones desadaptativas, y las estrategias de afrontamiento para manejar la fatiga y el dolor.

Es necesario prestarle mayor atención a lo que pensamos, ya que esto influye significativamente en cómo nos puede llegar a afectar la enfermedad.

Se pueden aplicar técnicas de reestructuración cognitiva, en donde las convicciones o creencias sobre la enfermedad profundamente arraigadas requieren reformularse, técnicas de distracción cognitiva, de detención de pensamientos negativos, etc.

Técnicas de relajación-visualización:

Las técnicas de relajación (relajación muscular progresiva, respiración diafragmática y técnicas de imaginería), permiten alcanzar efectos psicofisiológicos a través de la disminución de la tensión, y ayudan a desconectarse del mundo exterior.

Técnicas de estimulación cognitiva:

Se focalizan en entrenar diversos procesos cognitivos (atención, concentración y memoria).

Técnicas de biofeedback:

El entrenamiento del biofeedback es un proceso psicoeducativo para permite ser conscientes de la relación entre el cuerpo y la mente. El paciente es entrenado en analizar diversas reacciones orgánicas ante sus diversos tipos de pensamientos, mediante la medición de la temperatura, toma de presión arterial, mediante la aplicación de un EEG, y mediante el sistema de RED (que brinda retroalimentación de resistencia electro-dérmica que discrimina los cambios emocionales a través de la piel de los dedos y palma de la mano).

Mindfulness:

Práctica de habilidades psicológicas como la conciencia plena, la cognición corpórea, la tolerancia del malestar y la regulación emocional.

Bibliografía:

Collado A, Torres A, Arias A, Cerdá D, Villarrasa R, Valdés M. (2001). Descripción de la eficacia del tratamiento multidisciplinar del dolor crónico incapacitante del aparato locomotor. Med Clin 2001; 117: 401-5.

Doherty M, Jones A. ABC of rheumatology: fibromyalgia syndrome. BMJ 2000; 310:86-9

Monsalve V. (2004). Importancia de la valoración psicológica en el tratamiento de dolor miofascial y fibromialgia. Simposium Internacional de Tratamiento del dolor. Valencia

WHO. Internacional Statistical Classification of Diseases and Related Problems. ICD-10. (1992). Geneve: WHO

LA LUZ DEL FARO: Orientación topográfica

Los capitanes de barcos y navegantes al ver los colores y los intervalos del haz de luz que emiten los faros, logran identificar la proximidad a tierra firme, y trazan sus caminos. Esta luz es como nuestra habilidad de orientación, ya que nos ayuda a trazarnos mapas mentales para saber hacia donde ir.

La orientación visoespacial nos permite establecer el nivel de conciencia de nosotros mismos con relación a nuestros alrededores, y el estado general de activación. Así mismo, este proceso implica una gama de habilidades cognitivas, como la capacidad atencional, perceptiva, de memoria, de toma decisiones y de mediciones mentales.

El lóbulo parietal es el responsable de la orientación espacial, tanto del propio cuerpo como del reconocimiento de nuestro entorno. Los neurocientíficos Edvard Moser, May-Britt Moser y John O’Keefe fueron reconocidos con el Premio Nobel de Medicina en 2014 por descubrir que las células que permiten que nos ubiquemos, son las llamadas células de red (ubicadas en la corteza entorrinal del cerebro), las cuáles actúan como un GPS interno.

Características:

¿Cuáles son las 10 principales características de una persona con problemas en esta cognición espacial?

1 – Presenta desorientación, es decir, una notable dificultad para encontrar el camino en un entorno familiar.

2 – Dificultad para identificar la relación y el esquema corporal existente entre la persona y las rutas, es decir, no saber cómo dirigir el cuerpo de acuerdo con las marcas espaciales, cuándo voltear y en qué dirección hacerlo.

3 – Lentitud en procesar los conceptos topográficos, estos se refieren a la capacidad de orientarse en los mapas, que son las representaciones gráficas de los territorios.

4 – Problemas al tener que guiarse en ciudades o lugares que recién se empiece a conocer.

5 – Conflictos para ubicar datos en los mapas políticos y geográficos, esto se refiere al contorno, límites y distancias de un país, y sus relaciones con los países fronterizos. Esto podría generar un problema en los cursos de geografía por ejemplo (al tener que ubicar las distintas ciudades dentro de los mapas).

6. Dudas al tener que dibujar un plano o hacer un croquis.

7. Dificultad al elegir el transporte público, ya que no se tiene claro el recorrido de los autobuses.

8. Problemas al caminar, y al conducir, por la desorientación con las rutas, y para ubicarse en el espacio y ubicar las calles y lo que hay en ellas.

9. Desorientación al localizar algún alimento en las estanterías del supermercado.

10. Respecto a los mapas de información espacial digitales, como por ejemplo Google Maps, existe una diferencia entre lo que observan en la pantalla y la orientación que tienen sobre sí mismos, desde la perspectiva visual.

Causas:

Las causas del problema de orientación espacial:

¿Qué ocurre si tengo problemas para orientarme?, podría tratarse, acorde a la gravedad del problema, de algún tipo de trastorno. Por lo que, es importante que un profesional especialista en temas neuropsicológicos, pueda establecer un diagnóstico diferencial, entre los siguientes problemas:

1 – Trastorno de la orientación: Agnosia y/o Amnesia

2 – Trastorno de la lateralidad cruzada

3 – Trastorno neurológico: Apraxia constructiva

Trastornos de la orientación y de la memoria espacial

Existen dos tipos distintos: La agnosia y la amnesia topográfica. La amnesia topográfica, según Morrow, Ratcliff, y Johnson (1985), se refiere a la dificultad de comprender, manipular y emplear marcas geográficas externas, asociadas con determinada posición espacial.

Trastorno de Lateralidad

Nuestro cerebro está subdividido en dos hemisferios, el derecho y el izquierdo. Mayormente, un solo hemisferio gobierna una gama de funciones y también la mayor parte del lado inverso del cuerpo; es decir, se da una prevalencia de uno de los hemisferios. Esto es lo que llamamos “lateralidad” o “lateralización”, la cual queda establecida alrededor de los cinco años de edad.

Podemos tener una lateralidad bien definida, de tipo homogénea u homolateral (ser diestro o zurdo), o una lateralidad no bien definida, de tipo heterogénea o cruzada, la cuál es considerada como un trastorno neurofisiológico.

Además, este trastorno se caracteriza por representar una dificultad en que las personas pueda definir la lateralidad derecha – izquierda, por una afección en la capacidad de percepción espacio-temporal, de comprensión, de concentración, capacidad analítica y de toma de decisiones.

Es importante diferenciar la Amnesia topográfica del trastorno de lateralidad, el cual es un trastorno neurofisiológico (del sistemas nervioso), no psicológico. Sin embargo, en este trastorno también se genera la desorientación espacial como síntoma.

Trastorno Neurológico: Apraxia constructiva

La apraxia es un trastorno neurológico, y se refiere a la dificultad para hacer movimientos coordinados, inclusive cuando la persona tiene la destreza y la intención de ejecutarlos, la apraxia tiene su origen como resultado de lesiones o daños cerebrales.

Para hablar de la apraxia, tipo constructiva, se requiere analizar a las habilidades visuespaciales, mediante las cuales logramos comprender el espacio que nos rodea (forma, tamaño, orientación y localización), y somos capaces de movernos dentro del espacio.

La apraxia constructiva o visoconstructiva, implica un déficit visuoespacial y constructivo. Es la alteración de la capacidad para construir en el espacio, generando incapacidad para reproducir dibujos o para ensamblar piezas bidimensionales o tridimensionales, dificultando la
realización de actividades como maquetas, rompecabezas, diseño de planos, construcción con cubos o la copia de un dibujo simple.

Detección:

Mediante las bases de la neuropsicología, el Psicólogo tratante seleccionará una batería de instrumentos adecuada, para poder medir los niveles de orientación espacial. Los tests empleados pueden ser:

A – «El Test de Laberintos de Porteus».

La prueba consiste en la resolución de laberintos ordenados en un modelo de dificultad creciente, la persona traza con un lápiz el camino desde la entrada hasta la salida cumpliendo consignas que permiten ubicarlo.

B – «Test BC – Batería para Conductores»:

Si bien es cierto, este test se aplica a conductores, encontramos la Escala «Direcciones», que mide la orientación espacial usando material gráfico. Para esta prueba, se requiere que la persona observe un círculo con 18 radios representados sobre él, los cuales están identificados por letras, para determinar posteriormente y con rapidez la posición relativa de uno de ellos.

C – «La prueba de lectura de mapas de Semmens»

En el cual, la persona evaluada seguirá las ubicaciones de un mapa desconocido.

D – «Test de Retención espacial de Benton»:

El cual evalúa la percepción espacial, la memorial visual y la habilidad visoconstructiva. Se muestra un grupo de láminas, y la persona evaluada, luego de un tiempo tiene que intentar reproducirlas.

Es importante tener en cuenta que las personas con amnesia topográfica tienen generalmente un óptimo desempeño en pruebas de discriminación visual.

E – «Batería Piaget – Head»:

Averiguar sobre la posibilidad del niño de orientarse en el espacio, mediante determinadas actividades (Organización del espacio gráfico, orientación sobre planos), implican organización espacial, y reconocimiento de coordinadas (derecha-izquierda, arriba-abajo).

Es necesario que en caso el Psicólogo(a) evaluador(a) tenga sospecha de un déficit en la capacidad de orientación espacial, y en caso se lleguen a identificar dificultades en los instrumentos aplicados, se emita un informe psicológico con las descripciones oportunas, y se realice una derivación a la especialidad de Neurología.

Tratamiento:

Para cualquiera de estos trastornos, o rasgos de los mismos, se sugiere un entrenamiento cognitivo, que cumpla con el objetivo de «restaurar el GPS cerebral»:

1 – Elaboración de mapas verbales, en dónde el propósito es entrenar al cerebro del paciente a formar mapas mentales.

2 – Estimular la organización espacial.

3 – Ejercicios que amplíen el rango de la capacidad de atención sostenida.

4 – Ejercicios de exposición, como salir a la calle a nuevas rutas, y situar diferentes puntos en referencia a uno mismo, trazando recorridos. Así como también, cambiar de sus rutas familiares, y tomar nuevos senderos.

5 – Ejercicios de entrenamiento en la capacidad de análisis visual dividiendo el todo en sus partes componentes. 

6 – Análisis y psicoterapia en base a las consecuencias socio-emocionales generadas por la dificultad en la orientación espacial.

7- Estimulación mediante juegos de mesa, como legos, rompecabezas, o juegos con objetivos de percepción y organización espacial. Los juegos de mesa ofrecen la posibilidad de crear pequeñas realidades donde los jugadores intervienen de manera directa y esto facilita la mejora de la orientación espacial.

8 – Recursos psicoeducativos virtuales, algunos videojuegos son representaciones realistas de ambientes rurales tridimensionales, en dónde los protagonistas deben ubicarse en diversos escenarios.

El Síndrome de la cabaña en tiempos de coronavirus

¿Qué es el Síndrome de la cabaña?

Antes de la aparición del COVID-19, ya se había mencionado al Síndrome de la Cabaña, pero nunca antes se había investigado tanto como ahora que el confinamiento ha sido masivo.

Un síndrome es el conjunto de síntomas cognitivos, emocionales y conductuales, generado por uno o varios eventos y/o circunstancias que impliquen un cambio en las condiciones de vida de las personas.

Una persona o un colectivo social con este síndrome presentan pensamientos catastróficos, ya que perciben como altamente peligrosa la exposición, ya sea mental (imaginaria) o real, al tener que salir de un espacio concreto (desconfinamiento), y en consecuencia, sienten un malestar significativo. Por este motivo, prefieren continuar recluidos en casa o en el espacio de cuatro paredes que perciben como su «Lugar seguro».

¿Cómo surge este término?

Tal cual su nombre lo indica, el «Síndrome de la cabaña» viene de la percepción de seguridad que otorga el permanecer encerrados en nuestras propias «cabañas». No se trata de un trastorno mental, ya que debido a sus características se categorizaría como un síndrome.

El origen de este término, tiene dos vertientes, cada una de ellas compuesta por grupos de trabajadores que pasaron largas temporadas resguardados dentro de chozas o cabañas (las cuales les servían de protección ante el clima, depredadores, etc.), en zonas lejanas a su hogar. La primera se remonta al siglo XIX, y se refiere a los buscadores de oro en EEUU. La segunda se remonta a los inicios del siglo XX, y se refiere a un grupo de exploradores destinados a trabajar en el polo norte. En ambos casos, al retornar a sus hogares, la mayoría de los trabajadores tuvieron dificultades para adaptarse a sus anteriores rutinas de vida, mostrando cierto rechazo a la civilización, ansiedad y otros síntomas que se atribuyeron al miedo a salir de casa. (BBC Mundo, 2020).

El Síndrome de la Cabaña y el COVID-19

La sintomatología percibida por los grupos de trabajadores mencionados previamente, coincide con los síntomas que experimenta la población mundial actual, ya que en ambos casos la lucha más importante esta direccionada a sobrevivir ante una situación adversa.

Es interesante analizar que inicialmente el hecho de tener que estar en confinamiento, generó que se experimentaran sensaciones de insatisfacción, aburrimiento, desosiego, necesidad de romper la rutina e irritabilidad en la mayoría de la población. (BBC Mundo, 2020).

Actualmente la causa principal de este síndrome es el miedo a contraer el virus, hasta cierto punto este miedo puede considerarse adaptativo ya que nos mantiene alerta para sostener conductas que fomenten la higiene y salud. Sin embargo, este miedo se podría convertir en desadaptativo al momento de tomar ciertas decisiones que limiten nuestras experiencias de contacto social, académicas, laborales, de exploración y pasatiempos.

Estar encerrados por mucho tiempo en un mismo lugar, genera que, como mecanismo de adaptación, seleccionemos de nuestra mente, todas las cosas buenas de permanecer ahí, empleando auto-afirmaciones como: «Acá estoy a salvo», «Nada malo puede pasarme estando en este espacio». Y lo hacemos de una forma repetitiva y constante, así como también, filtramos todos los argumentos negativos del riesgo que implicaría salir de casa.

Así mismo, cuando van pasando los meses, se origina el acostumbramiento a espacios reducidos, y la adaptación a la nueva rutina de vida, es entonces cuando el pensar en la libertad de movilización se convierte en el problema central.

Esta pandemia ha confinado a la población mundial, y de cierto modo el hogar se ha transformado en un espacio de resguardo y seguridad. En esta situación actual, los argumentos de no salir de casa, tienen un sustento de protección real, que es validado por la sociedad.

El Síndrome de la cabaña en las cárceles y hospitales

Antes de la pandemia COVID-19, ya se había analizado el Síndrome de la cabaña en casos de personas que habían tenido que estar recluidas por un tiempo considerable, como por ejemplo, en convictos que estaban por recuperar su libertad y en pacientes de hospitales que estaban por ser dados de alta, o que ya se encontraban en casa, pero continuaban arrastrando los síntomas.

Algunos de los principales temores en convictos o ex convictos, se centran en la reinserción social, en el riesgo de volver a delinquir por escases económica, por retornar a una familia disfuncional, por recaer en el abuso de sustancias, etc. Mientras que, para las personas que son dadas de alta en los hospitales, se encuentra el temor a reincidir en algunos síntomas de la enfermedad previamente detectada, angustia por no tener a disposición al personal de salud para controles constantes, como a los que estaban acostumbrados, entre otras.

¿Qué nos hace más vulnerables a este síndrome?

Este síndrome puede ser desarrollado mayormente en personas que hayan tenido dificultades previas a nivel emocional, especialmente aquellas centradas en la percepción de estímulos ansiógenos, tales como: El trastorno de Ansiedad Generalizada, Agorafobia, Misofobia o fobia a los gérmenes, Trastorno obsesivo compulsivo, especialmente el de tipo contaminación (Hace referencia a la obsesión por la limpieza o por la higiene personal). 

Genéticamente, se podría considerar a personas con neuroticismo (predisposición a vivenciar emociones desagradables).

También es importante resaltar que aquellas personas que estén haciendo una cuarentena estricta, y que no hayan salido de casa desde que la pandemia inició, tengan una mayor probabilidad a desarrollar el síndrome de la cabaña.

Por último, este síndrome tendría mayor oportunidad de desarrollo en personas que hayan sufrido de COVID-19, o que hayan tenido alguna pérdida familiar, esto podría verse asociado a un cuadro depresivo – ansioso.

¿Cuáles son los síntomas?

Sintomatología a nivel cognitivo: Pensamientos catastróficos, aparecen anticipaciones relacionadas con la posible aparición de una crisis de ansiedad. Así como también, pensamientos intrusivos (Ideas o imágenes no deseadas que aparecen de manera espontánea, pensamientos desagradables involuntarios y obsesivos).

Sintomatología a nivel fisiológico: Respiración rápida y sensación de ahogo (hiperventilación), sudoración, aturdimiento, mareos, taquicardia (frecuencia cardíaca acelerada), entumecimiento, hormigueo o temblores en las extremidades, escalofríos, enrojecimiento, malestar estomacal.

Sintomatología a nivel conductual: Prevalece la evitación al estímulo temido (salir de casa, contacto social presencial).

Sintomatología a nivel emocional: Irritabilidad, nerviosismo, angustia, sensación de pérdida de control, apatía (falta de motivación y de entusiasmo ante cualquier estímulo externo), agotamiento (sensación de cansancio), dificultades para concentrarse, insomnio (dificultad para conciliar el sueño), o alguna otra alteración en el estado de sueño.

¿Cuál es la diferencia con la Agorafobia?

Es importante diferenciar al Síndrome de la cabaña, con el Trastorno de Agorafobia, este último resulta ser una de las fobias más comunes.

Los síntomas típicos de la agorafobia comprenden el miedo a: Salir de casa solo, a las multitudes o esperar en una fila, a los espacios cerrados, como cines, ascensores o tiendas pequeñas, espacios abiertos, como estacionamientos, puentes o trenes, y a usar el transporte público, como autobuses, aviones o trenes.

Mientras que, en el síndrome de la cabaña aparece el temor a salir de un espacio en el que se permaneció por mucho tiempo para evitar una consecuencia negativa pero probable, como el contagio del virus; el mayor temor de una persona con Agorafobia, es el encontrarse en espacios abiertos en dónde hayan varias personas, y se pierda el control de lo que pueda suceder en situaciones que, por su propia naturaleza, no coinciden con el malestar.

A pesar de las diferencias entre ambos, los síntomas de este síndrome, podrían volverse más crónicos y desarrollar un trastorno por agorafobia. A continuación, se coloca un cuadro comparativo entre ambos:

¿Cómo afrontar este síndrome?

Por lo general, el síndrome de la cabaña debería desaparecer o al menos disminuir por sí mismo con el tiempo, a medida que la situación externa se normalice o se adapte a una nueva condición.

De todas maneras, se plantean las siguientes sugerencias:

-Reconocer la ansiedad, y los factores desencadenantes frente a este tema.

-Llevar un registro de pensamientos (tipo diario), para identificar los de tipo catastróficos, y posteriormente poder cuestionarlos.

-Elaborar un nuevo patrón de gestión individual, en base a sus propias características, identificando necesidades y recursos.

-Identificar los miedos, y empezar a exponerse a estos, en un inicio de forma imaginaria, y paulatinamente de forma presencial. Esto para poder afrontar los miedos, sin necesidad de evadirlos, esta estrategia permitirá que las personas corroboren por sí mismas que la intensidad de muchos temores no es congruente con la vivencia real.

Dichos aspectos se vinculan a un proceso de re-aprendizaje, en donde es importante considerar que todas nuestras emociones son adaptativas, y que podemos transformar el miedo en valentía.

En caso que los síntomas sean muy intensos, lo sugerible es asistir a terapia psicológica, especialmente para tener un abordaje centrado en la Terapia Cognitivo Conductual.

Bibliografía

American Psychiatric Association (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5ª ed.). Washington D. C.: American Psychiatric Association.

BBC Mundo. (2020). Obtenido de https://www.bbc.com/mundo/noticias-52091584

Clark, D. M. (1989). Anxiety states: panic and generalised anxiety. In K. Hawton, P. M. Salkovskis, J. Kirk Y D. M. Clark (Eds), Cognitive therapy for psychiatric problems: a practical guide. Oxford: Oxford University Press.