Lo que no debe decirse: Secretos familiares

De generación en generación las familias desarrollan ciertos patrones de comportamiento, así como aspectos prohibidos o mal vistos por la sociedad según sus miembros. El Instituto Vasco de Estadística, define una familia como un grupo de personas vinculadas entre sí, generalmente por lazos de parentesco; dentro de este conjunto de personas es común que se presente un individuo que guía sus acciones e implanta creencias, patrones, tradiciones y secretos que se respetaran dentro del sistema familiar.

Alarcón de Soler (2013) y Mansilla (2019) refieren a los secretos familiares como parte importante de la dinámica familiar, además, constituyen un fragmento de la intimidad de cada uno de sus miembros. La temática de estos secretos es capaz de ir cambiando a través de épocas y tiempos, hacen referencia a ciertos acontecimientos traumáticos (violación, incesto, maltrato, aborto, adopciones, trastornos mentales, etc.) ocurridos en una familia que son escondidos porque se avergüenzan o se culpan de ellos y se ocultan con tanto cuidado y recelo que pueden ocasionar problemas psicosociales a través de las generaciones.

Los secretos se refieren a algo oculto, ignorado, escondido y separado de la vista o del conocimiento de los demás (RAE, 2022). Así mismo, Rober, Walravens y Versteynen, en el 2012, definieron a los secretos familiares como el ocultamiento consciente de alguna información o algún acontecimiento por uno o mas miembros de la familia, que pueden verse afectados por ésta.

La generación que inicia el secreto familiar controla esta información, ya sea implícita o explícitamente, el ocultamiento se da de una manera colectiva y se muestra una realidad diferente para miembros externos a la familia.

Cuando un evento traumático no llega a simbolizarse de un modo adecuado, no puede expresarse en palabras y continua dentro de la familia mediante actitudes y comportamientos, pero no mediante el habla; causa vergüenza, rechazo, censura, desaprobación y humillación, por ello, es doloroso para la familia y somete a cada miembro a una fuerte presión psicológica (Mansilla, 2019).

Al silenciarse, se reprime la posibilidad de expresión y demostración de emociones negativas relacionadas al evento escondido, termina formando parte del inconsciente y puede emerger en siguientes generaciones; a raíz de esto suelen darse las problemáticas psicológicas y de disfunción familiar. A demás, puede vivirse como una situación destructiva que genera desgaste emocional y ansiedad que crecerá con el tiempo, pudiendo llegar a la somatización (Termini, 2018).

Cada miembro de la familia crea vínculos entre sí, pero también con sus antepasados, por ello, los mantienen unidos con los traumas silenciados, por medio de una identificación inconsciente. Por ende, es importante identificar estos secretos que causan angustia y problemas psicológicos para trabajarlos y poder mejorar la situación de la familia y cada uno de sus integrantes.

Referencias:

Alarcón de Soler, M. (2013). Secretos familiares: Interrogantes y reflexiones. PSIMONART, 5(1-2), 23-35

Mansilla Izquierdo, F. (2019). Aproximación a los secretos familiares. INTERPSIQUIS

Rober, P., Walravens, G., Versteynen, L. (2012). In search os tale they can live with: About Loss, family secrets, and selective disclosure. Journal of marital and family therapy, 38(3), 529-41.

Termini, F. (2018). Family secrets: Clasification and consequences. Euromediaterranean Biomedical Journal, 13(23): 98-103

De lo impensable a lo legal: La ventana de Overton

Palabras clave: Ventana de Overton, manipulación, radical, aceptable, discurso, masa, impensable. 

La sociedad, en una constante mejora y evolución, busca un estadío de perfección y autonomía. Sin embargo, ¿en dicho descubrimiento no nos estaremos moldeando cual plastilina y adquiriendo cualquier forma, hasta el punto de vernos como seres extraños y tan individuales entre nuestros pares? ¿Llegaremos a olvidar lo que algún día fuimos, donde solo tendremos un recuerdo de ‘’lo que fue’’ y de ‘’lo que ya no será”?

No es una idea tan ‘’jalada de los pelos’’. La ventana de Overton nos devela los resultados de aquello que fue en un momento impensable y hoy por hoy, es una realidad. Dicha teoría describe cómo conseguir la aprobación de la sociedad sobre cosas que antes se consideraban completamente inaceptables.

Cualquier hecho por impensable que parezca se puede legalizar. La teórica ventana se iría moviendo de su estado inicial, desde aquel en el que el fenómeno resulta inaceptable e ir avanzando hacia los siguientes estadíos:

Ventana de Overton - Wikipedia, la enciclopedia libre

1. Pensar de lo impensable a lo radical: se trata del primer paso a que la sociedad considere el fenómeno como algo inimaginable, irracional. Tal vez el típico caso es del canibalismo; y por supuesto legalizar dicho comportamiento es algo completamente impensable para la sociedad actual. Pero, ¿cuántas barbaries hoy son una realidad? 

Sin embargo, el rechazo por completo que tiene la sociedad sobre el tema no es todo lo que está en juego. Para ello se traslada el asunto a las ferias científicas. Emprender el debate científico se trata en la liberación, del debido análisis por parte de expertos afines a la causa cuando un discurso en la sociedad. Se abre así la discusión…

2. Pasar de lo radical a lo aceptable: ahora bien, también en esta etapa apoyándose en la semántica se procura los eufemismos. Por ejemplo, en el caso del canibalismo el uso del vocablo antropofagia. Para que posteriormente derriben otro nuevo término creado a medida, este sería la antropofolia. Colocar en términos mucho más amigables y que aquellos que se oponen en su momento se les catalogue de retrógradas y de antropofóbicos.

3. Pasar de lo aceptable a lo sensato: en este estadio se buscan 

expertos encargados en desafiar el tabú en el relato. Se trata de implantar la idea de que dicho comportamiento lanzando el speech no es algo nuevo. Tal efecto, se amplifica por los medios de comunicación, de tal manera que plasman y proponen lo radical, pasando por aceptable y por qué no, sensato.

4. Pasar de lo sensato a lo popular: en este caso se humaniza dicho razonamiento para hacerlo de orden popular. Es donde los artistas (aliados estratégicos), sin duda alguna, son un referente de nuestra cultura, donde esta misma la moldeamos, pero en una relación dialéctica a su vez, nos transforma. Al ser referentes, influyen en el subconsciente de la población (para bien o para mal) poniendo de manifiesto las posibles inclinaciones implicadas a la conducta en debate.

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5. Pasar de lo popular a lo político: el último paso es donde se remata todo tipo de diálogo previo. Antes ya se ha llegado al punto en el que se dispone todo lo necesario para la legalización. Previamente los grupos de presión abarcan su facilidad y acceden al poder, tomando, dirigiendo acciones y apoyan la propuesta legislativa. Es así como se pone sobre la mesa la necesidad de la mayoría de gente que apoya este ideal inmerso ya en la sociedad, dando como resultado que se convierte en realidad.

Reflexiones finales

Quizás el drama más grande de todos y por el cual ya estamos atravesando, es el que independientemente de la visión por parte de dicha teoría, a través de nuestros ojos se diluye una sociedad convencida en ser y hacer de lo impensable una realidad. Absolutamente pasando todo por medio de una película, de una crónica de una muerte anunciada. Será, pues bien, el cuestionar qué es lo que hacemos en primera instancia con dicha cultura que estamos moldeando y generando, siendo a su vez esta misma la que influya en nuestro existir. Es fundamental preguntarnos qué cultura prevalecerá y será por consiguiente nuestra victoria o derrota.

Reitero estimado lector, resulta ser que ya hemos aceptado el caballito de Troya, cual regalo, y al igual que dicho acontecimiento histórico (de una forma menos agresiva, por supuesto), se nos manipuló para aceptar progresivamente y a cuentagotas, por medio de discursos, esta serie de realidades de las cuales ya no podremos escapar. Se van fortaleciendo en las esferas políticas y legales, y estas mismas tal vez nos superen, transformen o destruyan.

La ventana nunca se detiene y a medida que la ventana se mueva, la masa hará lo propio, estará en constante cambio.

‘’El mal predica la tolerancia y una vez que se vuelve dominante, silencia al bien’’

                                      -Charles Chaput-

Bibliografía:

  • https://revistaforja.org/la-ventana-de-overton/

Duelo complicado

Palabras clave: Adolescentes, adultos, complejo, complicado, demorado, dolor, duelo, patológico, niñez.

La pérdida de un ser querido impacta en la persona, y la vivencia de esta pérdida se llama duelo. Sin embargo, el duelo es un estado psicológico más no psicopatológico, las reacciones físicas y emocionales deben disminuir luego de seis meses (Echeburúa & Corral, 2001). 

En las clasificaciones psiquiátricas, se habla de un duelo complicado, demorado, complejo o patológico cuando esta aflicción no disminuye en el tiempo, al menos doce meses posterior al suceso (DSM-5, 2014). Se le llama complicado porque se asocia a un desborde emocional, conductas desadaptativas y un estado de aflicción tan intenso como al inicio.  La persona no logra recuperarse ni ajustarse a su vida. 

Existen cuatro subtipos (Horowitz, 1980, en Domingo, 2016):

  • Duelo Crónico: cuando el sobreviviente no consigue concluir satisfactoriamente su duelo y es consciente de esto, su duración es demasiado larga, es extrema.
  • Duelo Retrasado: es un duelo inhibido, pospuesto. La respuesta de la persona frente a la pérdida es suprimida; es negada para no sentir o sufrir; posteriormente, aflora magnificada, quizá producto de alguna otra pérdida. 
  • Duelo Exagerado: la persona lo vivencia con demasiada intensidad, surgen conductas desadaptativas para calmar su dolor y es consciente de ello. Existe un alto riesgo de desarrollar algún trastorno psiquiátrico como depresión, ansiedad, estrés post traumático, entre otros.
  • Duelo Enmascarado: cuando el que la padece, disfraza encubre su dolor con síntomas físicos (enfermedades psicosomáticas) o conductas que le traen dificultades en su funcionamiento, pero que, a diferencia de los otros duelos, no las reconocen, ni son conscientes que están relacionadas con la pérdida.

Existen factores de riesgo que hacen a su sobreviviente vulnerable a vivir un duelo complicado. Experiencias como la pérdida de un ser querido en condiciones inesperadas y traumáticas; que el fallecido cumpliese un rol proveedor en la familia; que su sobreviviente contase una historia de pérdidas acumuladas; que el deudo poseyera antecedentes clínicos psiquiátricos; que no existiese un apoyo familiar percibido; entre otros (Acinas, 2012).

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En el caso de niños y adolescentes llevan un duelo diferente, el dolor es expresado con su cuerpo y no con palabras, por lo que la ayuda profesional es necesaria. Aquí, se puede dividir el duelo en tres etapas; antes de los seis años, después de los seis años y en la adolescencia.

En el menor de seis años, existe un retroceso en su autonomía, presencia de llanto frecuente y alto en intensidad sin una causa aparente. Aparecen miedos a cosas que antes no las percibía amenazantes, terrores nocturnos, pesadillas, insomnio. Hay pérdida de apetito, baja energía, entre otros. 

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En los niños mayores de seis años, se observa mucho desorden en sus juegos, mucha irritabilidad, expresiones de protesta y comportamientos violentos hacia otros familiares y amigos. Puede que no exprese sentimientos de dolor hacia el ser querido que partió, negándose a pensarlo muerto, o creerlo vivo, guarda sentimientos de culpa.

El aislamiento, sus silencios, no querer juntarse con sus amigos, excesivos actos de colaboración y responsabilidad sobre asuntos de casa, escuela, u otros. Así mismo, estar excesivamente atento al cuidado de un familiar, agredir a sus pares, bajo rendimiento escolar comparado a su desempeño, baja energía y desgano. Presencia de somatizaciones como dolores frecuentes de estómago, cabeza, dolores musculares, etc., son claras señales de su dolor y es una alerta para buscar ayuda profesional.

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En el caso de los adolescentes existe una conceptualización más abstracta sobre el duelo, más cercana a la del adulto, y así también sus formas de manifestar su luto. El adolescente puede exteriorizar su dolor con conductas desadaptativas y de riesgo, así como, mal comportamiento frente a la autoridad. Existe mucha ira interior, irritabilidad, culpa, pensamientos suicidas, entre otros. El adolescente buscará a sus compañeros y personas que estén fuera de su entorno familiar para conversar o refugiarse de su propio dolor. El soporte familiar, la psicoterapia individual y familiar se hacen necesarios.

El duelo es una experiencia particular en cada sobreviviente, sin embargo, existen edades como la niñez y la adolescencia que los hacen más vulnerables a desarrollar otro tipo de trastornos, el trabajo psicoterapéutico es necesario para prevenirlo. En los adultos, a pesar de que tienen mayores herramientas para lidiar con la pérdida, el hecho de no mejorar emocionalmente o adaptarse a la ausencia del ser querido los expone a la posibilidad de experimentar un duelo patológico.

Schupp afirmó que las personas que han pasado por un duelo patológico normalmente pierden la confianza en sí mismos y necesitan que se les enseñe a salir de la situación (citado en Yoffe, 2013). 

Finalmente, sea cual sea el ciclo de vida que el sobreviviente esté atravesando, se espera que en el tiempo la persona pueda reincorporarse a su vida, un dolor que en el tiempo no halle consuelo amerita una intervención profesional adecuada.

Referencias

Acinas, P. (2012). Duelo en situaciones especiales: suicidio, desaparecidos, muerte traumática. Rev Dig Med Psicosomát, 2, 1-17.

Domingo, V. V. (Setiembre de 2016). Duelo patológico, factores de riesgo y protección. Revista Digital de Medicina Psicosomática y Psicoterapia, VI(2), 12-34.

DSM-5. (2014). En APA. Madrid.

Echeburúa, E. y Corral, P. (2001). El duelo normal y patológico. En W. Astudillo, E. Clavé y E. Urdaneta (Eds.). Necesidades psicosociales en la terminalidad. San Sebastián. Sociedad Vasca de Cuidados Paliativos. 

Redalyc.org. (15 de marzo de 2013). CRECER CON LA PÉRDIDA: EL DUELO EN LA INFANCIA Y ADOLESCENCIA. Redalyc.org, 493-498.

Yoffe, Laura. (2013) Nuevas concepciones sobre los duelos por pérdida de seres queridos. Avances en Psicología. 21(2), 129-153.

Sobre el duelo: Conceptualizando una pérdida

¿Quién no ha perdido algo, alguna vez? 

Cuando una persona pierde algo valioso, se centra en el objeto perdido, desea tenerlo, se lamenta de no haberlo usado lo suficiente. Le asigna un valor económico, una significancia en cuanto a afecto y centra su anhelo en su búsqueda, en recuperarlo. Investiga y trata de entender cómo lo perdió. 

Si la pérdida fue por negligencia y descuido habrá mucha culpa y enojo. Si la pérdida se dio por un asalto, habrá mucho miedo y angustia. Si la pérdida fue por un accidente habrá inconformidad y desesperanza. El valor que se le dé reforzará al proceso de duelo y el cómo gestione sus emociones. 

En una familia, la pérdida de un ser querido pone a los dolientes en similar situación. Además del dolor que estará presente en todos y en cada uno de los miembros, se sumará la significancia que esta pérdida trae a sus vidas. Así, no es lo mismo perder al padre que perder a la madre; no es lo mismo perder al hijo que al hermano.

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El fallecimiento de uno de los padres, sea en una edad adulta, afecta a la persona no solo por la misma pérdida, si no, además en su significancia. Para el experto David Kessler, los padres son nuestras primeras y más importantes conexiones que tenemos en la vida; nos enlazan con nuestras primeras experiencias, son nuestro primer amor.

La pérdida de un hijo, en cambio, es un duelo más difícil y doloroso. Un hijo involucra significado y propósito en la vida de sus progenitores. Como cuidadores, la culpa y la incapacidad de no haber protegido lo suficiente, se añade al dolor de la pérdida. Este proceso puede tomar más tiempo de lo esperado e incluso nunca superarlo. El dolor quiebra a la persona, separa a la pareja (ASCO.ORG, 2018).

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La pérdida de un hermano a veces pasa desapercibida por sus seres queridos, generalmente son los padres quienes reciben mayor atención. Perder a un hermano es perder a un confidente y amigo, lo puede llevar a tener sentimientos de desvalorización de sí mismo frente a su núcleo familiar, confronta su propia existencia como menos valiosa que la del hermano que partió, y puede ponerse como tarea llenar el vacío que dejó. Su presencia puede sentirla diluida en el dolor de sus padres. 

Cuando es la pareja, esposo o esposa la que fallece, la persona siente la pérdida desde una historia de vida, desde un pasado, un presente y un futuro que se extravió en la relación. La valoración que puede darse a esta pérdida se asocia a sentimientos de soledad y desprotección. Es la ausencia de apoyo; replantea su vida desde uno y ya no, desde dos.

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En la familia hay que entender que el duelo es de todos y de cada uno, y que no siempre un dolor será como el del otro; esto nos hace más compasivos con nosotros mismos y con los demás. Entender que no hay duelo correcto o incorrecto, que no se juzga, hace que el duelo sea auténtico y más fácil de sobrellevar.

La psicoterapia familiar acompaña a la familia en este proceso desde el dolor de cada uno de sus miembros. Su trabajo está en la contención a lo largo de las etapas del duelo y motiva, a la familia, a seguir adelante llevados por la significancia y en virtud al propio crecimiento.

Finalmente, termino con las palabras de David Kessler (2021) con respecto a la pérdida: “no es una prueba, una lección, algo que manejar, un regalo o una bendición. La pérdida es lo que pasa en la vida. El significado es lo que hacemos que suceda después de una pérdida”.

Referencias

ASCO.ORG. (Marzo de 2018). Cancer.net. https://www.cancer.net/es/asimilaci%C3%B3n-con-c%C3%A1ncer/manejo-de-las-emociones/duelo-y-p%C3%A9rdida/duelo-por-la-p%C3%A9rdida-de-un-hijo#:~:text=Las%20reacciones%20del%20duelo%20despu%C3%A9s,de%20su%20hijo%20era%20esperada

Kessler, D. (08 de Abril de 2021). Cómo seguir adelante tras la pérdida. Sentido Común. (E. Bernstein, Entrevistador) Mexico. https://www.sentidocomun.com.mx/articulo-contribuidores.phtml?id_contrib=1963

Kessler, D. (s.f.). dignitymemorial.com. https://www.dignitymemorial.com/es-es/support-friends-and-family/grief-library/when-a-parent-dies-dealing-with-the-loss-of-your-mother-or-fatherKübler-Ross, E., & Kessler, D. (2005). On Grief and Grieving, Finding the Mining of Grief Through the Five Stage of Loss. New York: SCRIBNER.

Hablar, para no olvidarme de mí mismo

Esta vez más que un artículo, les traigo una reflexión sobre la importancia vital que tiene el hablar sobre lo que sentimos y compartir lo que nos pasa, esta vez no hay secretos ni consejos, es solo el reflexionar y decidir, al menos tomar una decisión y elegir en vez de seguir haciendo lo mismo de siempre, aunque nos haga sentir mal.

Es curioso que: Disimular, encubrir, enmudecer, incomunicar, guardarse para sí, olvidar sean sinónimos de callar, bueno al menos yo me sorprendí, ya que algunas de esas palabras (aunque no de manera explícita) describen el acto de no comunicar con intención.

Algunas personas son más reservadas que otras, debido a su personalidad, algún dolor, experiencia o aprendizaje. Sin embargo, hay quienes callan sin saber por qué, sin haberlo elegido, sin ver el potencial del efecto que esto les produce: la no aceptación de sí mismo.

Muchas veces no basta con racionalizar las cosas que nos pasan, hay que sentirlas también, aunque a veces sean muy dolorosas, tan solo con el permitirse confesar aquello que pensamos realmente, le damos paso a una posible limpieza emocional que nos otorga alivio y un poquito de paz, al menos por ese momento. Creo que está muy menospreciado el ejercicio de hablar, ya que para algunas personas no les incomoda hablar sobre sí mismos, es más quisiéramos que nos escuchen y nos irrita que hablen solamente de ellos. ¿Será que todos queremos ser escuchados? Tal vez en alguna ocasión no te sentiste escuchado, o sentiste que tus personas cercanas no te prestaron atención ni te preguntaron cómo estabas, si es así es comprensible que hayas perdido las ganas de contarle a alguien lo que te pasa, se entiende porque ya no lo has puesto en práctica, tal vez ahora podrías hacerlo por ti mismo, porque ya entendiste que lo mereces y que puedes darte la oportunidad de expresar concreta y directamente al otro: ¡quiero que me escuches!

Como vemos, también depende de uno entender que merece ser escuchado, recibir ayuda y consuelo, aunque la otra persona no haga nada más que escuchar atento, asintiendo, comprendiendo, validando lo que la otra persona siente. Damos por sentado el hablar, porque lo hacemos con frecuencia, le quitamos la importancia que tiene y nos olvidamos que necesitamos compartir con el otro, nuestros sentimientos, deseos, miedos, sueños, creencias, dolores…

Con el fin de incluir más opiniones que solo la mía, realicé una pequeña investigación “encuestal” con el objetivo de reunir algunas razones de por qué creen que las personas suelen guardarse para sí lo que les pasa, entre las respuestas más comunes están:

  • Miedo, miedo a que me juzguen.
  • Por desconfianza.
  • Porque nadie me entiende.
  • La gente es intolerante y poco empática.  
  • Por vergüenza.
  • Por mantener la apariencia.
  • Por temor a abrirme.
  • Nadie me escucha.
  • Porque a nadie le importan mis problemas. 
  • Porque no necesito contarle a nadie lo que me pasa. 
  • Porque no quiero cargar a los demás con mis problemas 
  • Porque no quiero que opinen y me digan qué tengo qué hacer.

Tal vez nos identifiquemos con muchas o todas estas razones, pero si reflexionamos con detenimiento, la única persona que se queda con todo lo que siente es uno mismo, pero ¿qué es lo peor de esto? ¿Por qué tengo que hablar con alguien más? Bueno en primera, no debes hacer nada que no quieras, por que si sale mal buscarás culpables, desde el momento en que decides abrirte, hacerse responsable con uno mismo es lo más comprometido puedes hacer. Luego al abrirte y empezar a confiar, te darás cuenta que existen muchos más beneficios, porque podrás aceptar lo que sientes, lo que piensas, porque sale de ti a través de palabras y que empieza a tomar forma, lo aceptas, por lo tanto, el dolor o problema existe, ya que te das cuenta de que sí hay algo que te está costando y que el confesarlo te alivia mucho, más si hay una escucha sensible y atenta por parte de otra persona que te valida y no juzga lo que sientes, al contrario lo recibe con empatía y comprensión.

Por ejemplo: piensa en algo que exista, que no tenga nombre o que no puedas poner en palabras… Es complicado ¿cierto? Entonces nos podemos dar cuenta que, la comunicación es muy poderosa, te permite conocerte, entenderte a ti y a los demás y darles un lugar a las emociones no procesadas. Es a través de la palabra que traemos al presente hechos pasados que, desde una mirada madura, podemos resignificar y conseguir que ya no duela tanto, podemos entender mejor los “para qués” de los problemas de la vida. Me atrevería a decir que existe mayor beneficio cuando uno habla, que cuando escucha.

Y por favor que no se malentienda, claro que es importante ir a terapia si deseas buscar una guía o soporte, pero puedes empezar compartiendo con tu círculo cercano de familia o amigos los importante es que aprendas a confiar en los demás, que seguramente estarán contentos de escucharte, y… tampoco estoy hablando sobre no tener privacidad e intimidad con uno mismo, todos merecemos ese espacio para nosotros. Solo que a veces, decirlo nos permite desenredar eso que no logramos solucionar, al compartir con otros lo que sentimos o lo que nos pasa, nos damos cuenta de que no estamos solos, que no nos ocurre particularmente a nosotros determinado problema o situación. Como mencionaba nos permite cambiar nuestra narrativa de vida, es decir, lo que pensamos sobre nosotros, los demás, y  sobre nuestra propia historia de vida. Muchas veces adquirimos la forma de valorarnos de acuerdo a lo que nos dijeron y no siempre esa es la verdad, y uno crece, avanza, madura y aprende y ya no es más esa versión antigua que se mostraba errada por falta de experiencia de vida. Hablar nos permite traernos al presente, y valorar lo que somos, y lo que tenemos hoy para empezar a vivir ahora y ya no en el pasado donde habían cosas que nos dolían. Ahora puedo cambiar las cosas, ahora depende de mí, ahora puedo tomar decisiones, valerme por mí mismo, tomar riesgos y construir la vida que quiero.

¡Qué bien estás desde que te quieres tanto!

Eran las tres de la mañana, mi celular empezó a vibrar. A oscuras lo busqué en la mesa de noche, vi una luz fuerte reflejando un número desconocido medio dormida, contesté.

–¿Hola?

–Hola Meli –dijo–. Escucha (dejó sentir toda la bulla de la discoteca, así como su lengua adormecida), quiero verte –agregó–.

–No gracias, ya tengo amor propio –Respiré profundo y colgué–.

Es raro, si hubiera sido esa llamada hace años atrás, ya me hubiera levantado y alistado a esperarlo. Pero esa noche sentí tanta felicidad y seguridad en mi interior, que dormí tranquila. Al despertar no podía creer lo que había respondido, que después de tanto tiempo complaciendo a los demás por buscar afecto, al fin pude decir que no. Y es que cuando tienes amor propio se nota, es más fácil poner límites, disfrutas tú tiempo a solas, reconoces y validas tus emociones. Te aceptas con tus luces, incluso sombras, y dejas de buscar culpables haciéndote cargo de tu vida.

Cuando estoy en consulta me perciben como una persona segura, estable emocionalmente, “alto autoestima”; que tengo amor propio. Pero la verdad es que para encontrarlo tuve que pasar situaciones tormentosas, relaciones dañinas, ideas destructivas y aceptar que vivía en negación. Negación de mi historia, de las heridas de la infancia, de conflictos no resueltos en la familia que se iban arrastrando de generación en generación. El no quererte también se nota, cuando te involucras con alguien por carencia en vez de por amor, cuando aceptas todo y te cuesta decir no, al querer complacer a los demás por busca de aprobación y cuando sabes que estás involucrada en algo no sano pero eres incapaz de soltar.

Todos tenemos una imagen mental de lo que somos, el aspecto que tenemos y qué tan buenos somos haciendo ciertas cosas. Buena parte de esa autopercepción es la que contribuye a formar nuestra autoestima y amor propio. Este debe ser nuestro primer gran amor. A veces cuesta mucho encontrarlo, es cierto, pero cuando llega es pleno, pues está lejos del ego y del egoísmo y cerca de la aceptación e imperfección. Como todo lo que nos importa es necesario cuidarlo, alimentarlo y engreírlo porque también puede irse, y cuando desaparece no solo perdemos nosotros sino también todos los que están a nuestro alrededor.

Para mí no fue fácil hallarlo. De hecho, no fue hace mucho que aprendí a amarme tal cual soy. Con todos mis defectos que son los que me hacen única y mis virtudes que, aunque no son tantas, he tratado de potenciarlas al máximo para sentirme orgullosa de mí, todos los días. Antes de ello me culpaba mucho y era muy crítica. Sin embargo, hallé el amor propio cuando aprendí a estar bien y cómoda conmigo misma, cuando comprendí que no necesitaba de nadie para sentirme en paz y estar en paz. Cuando comencé a sonreír mientras me miraba al espejo. Cuando logré aceptar que el tiempo pasa y que con él inevitablemente llegan las imperfecciones, pero que sabiendo verlas bien se pintan de experiencias que nos hacen madurar.

¿Cómo encontrar el amor propio? No lo sé, no tengo la receta exacta ni las coordenadas de donde se encuentra para llegar fácilmente a él. Lo que sí sé es que se necesita de mucho valor y de gran honestidad para hallarlo. De un baño de verdad que, aunque al comienzo pueda parecer que va a tumbarnos, a la larga no hace más que fortalecernos. Es que si de por sí no es fácil digerir cuando alguien nos señala o hace ver nuestros errores y defectos, es mucho más difícil todavía el aceptarlos. ¡Y aún más complejo reconocerse a sí mismo como un ser imperfecto! Pero es absolutamente liberador. Quiero mencionar que, trabajar en él es cómo construir un edificio, tenemos que hacerlo desde los cimientos e ir poniendo ladrillo tras ladrillo para que vaya tomando forma, debemos empezar por el autoconocimiento.

Conocimiento de sí mismo como también podemos llamarlo, es preguntarnos quién soy, qué características tengo, cuáles son mis cualidades, así como mis áreas por desarrollar, eso incluye lo físico, así como lo mental, implica tu historia, todo esto hay que observarlo, sin juicios ni culpas. Ahora viene el proceso de la “auto aceptación”, tal cual dice su nombre es poder aceptarnos, reconocer nuestras heridas, las cosas que me pasan así como las que me han pasado y me han ido construyendo. El objetivo es entender quién soy y aceptarlo de una manera compasiva y amorosa; para esto debemos ser honestos con nosotros mismos, ver si tengo que perdonar o si tengo que pedir perdón. Al combinar estos dos pasos doy apertura a trabajar en lo que quiero conservar, en lo quiero mejorar, preguntándome qué necesito, cómo lo voy hacer; asimismo, debo aceptar que hay cosas que no van a poder cambiar y está bien, de eso se trata aceptarnos.

En este punto puedo hablar sobre mi autoestima, si es alta, si me siento contenta con lo que veo en el espejo. O por lo contrario, la percibo baja; y si es así no pasa nada, es más, nos abre camino a trabajar en eso. Una vez que esa respuesta es positiva y estamos trabajando en la construcción de nosotros mismos, pasamos a los dos pisos importantes del “amor propio”, el autocuidado y la autoprotección. Empecemos por el autocuidado, que tiene que ver con cuánto sabemos escuchar a nuestro cuerpo, cómo cuido mis emociones, observar mis hábitos, analizar con qué alimento mi mente, en términos de información, redes sociales o de las personas con que te vinculas; evaluar cuánto influyen en mi estabilidad emocional o toma de decisiones. Este primer piso se trabaja cuidándote, estableciendo espacios saludables para ti y  tomando distancia con lo que nos hace mal. Ahora vamos a pasar al segundo piso, que es la “autoprotección”, la cual es entender que nadie me va a querer, cuidar y proteger cómo lo hago yo. Este piso es más complicado porque nos enseñaron que las fuentes de protección vienen de afuera, que el amor de la vida es algo externo, que debemos ser rescatados  por “la persona ideal” del cual había que depender u ofrecer todo hacia afuera.

Cuando empecé a comprender que soy yo quien me debo cuidar, que no necesito de los demás para sentirme protegida, que soy capaz de tomar mis propias decisiones sin depender de los demás, que soy humana susceptible y me equivoco, pero un error o característica no me define, fue recién que pude establecer relaciones sanas no desde la necesidad ni la carencia, más bien, de mis ganas de compartir. En ese entonces descubrí lo que es trabajar en tu amor propio. Y no es un acto de egoísmo, es muy distinto, porque en la medida que yo estoy satisfecha conmigo misma con todas las inestabilidades que pueda llegar a tener, puedo dar lo mejor de mí para los otros. Cuando te nace el amor propio eres capaz de dar cariño desinteresadamente y la gente a tu alrededor fluye, se motiva y te conviertes en un generador de buena energía para los demás. Tienes la capacidad de decir “me equivoqué” y “perdón” de manera frecuente y no te hace sentir mal reconocerlo. Esta fidelidad a ti mismo te hace inmune a los que quieren verte caer y te da la capacidad de sonreírles, demostrarles de qué estás hecho y superar las piedras del camino.

Si hay algo con lo que me quedo de haber encontrado la auto afirmación en mi vida, es aquella capacidad de empezar a mirar el mundo y a la gente que habita en él de manera diferente. De adentro hacia afuera y no al revés. Ahora me quedo con lo mejor de los seres humanos y desecho lo que no quiero a mi alrededor. Cada día que pasa juzgo menos, doy paso al aprendizaje y estoy trabajando en ser más tolerante, agradecida y feliz. Recuerda que es válido  pensar en ti primero, buscar ayuda, decir no de vez en cuando, empezar de nuevo, descansar de todo y todos así como  está bien,  no estar bien.

Y tú, ¿te animas a trabajar en tu amor propio?.

Acerca del humorismo, y un breve psicoanálisis de los chistes

Trasfondo sobre el humorismo

El humor forma parte de nuestras vidas. Nos proporciona momentos gratos; nos ayuda a desahogarnos; nos hace ver las cosas con diferente perspectiva; nos ayuda a socializar; e incluso puede llegar a hacernos reflexionar sobre diferentes aspectos de la vida.

Con humor se puede decir todo…

Hasta la verdad.

Anónimo

Debido a lo valioso que es, intentemos entender su naturaleza y tratar de definirlo; aun si se dice que tratar de definir el humor es la mejor prueba de que se carece de sentido del humor (Denegri, 2014, p. 63).

Denegri (2014, p. 64) afirma que no hay que confundirlo con comicidad; ni con la ironía (burla fina y disimulada); ni con el sarcasmo (burla cruel); ni con la sátira -inteligente pero incisiva-; ni con la ridiculización hacia la gente. Asimismo el humorismo es diferente al humor negro, el cual es corrosivo, cruel y misántropo, y muchas veces violento; no obstante la Real Academia Española sostiene que el humor negro, en efecto es un humorismo, pero deja en claro que es una respuesta a situaciones que normalmente se deberían responder con piedad, terror, lástima u otras emociones parecidas.

Entre la chacota o fenómenos masivamente populares, y una ocurrencia de Oscar Wilde hay un buen trecho (Denegri, 2014, p. 64) Esta posición sobre el humor es contestataria y contracultural a nuestros días, en los que el sarcasmo y el humor negro tienen mucha popularidad.

Del minuto 28:11 al 28:35, una anécdota de Oscar Wilde

Como se mencionó antes, tampoco se debe confundir con la comicidad. La confusión entre comicidad y humorismo ha sido la causa del mal entendimiento en que a este se le tiene al último. La comicidad es inferior al humorismo, ambos podrán presentar ingenio, pero el humorismo va más allá del ingenio, pues producirlo requiere un temperamento ayudado por la experiencia y la madurez. El humor puede hacer reír y puede no hacerlo sin dejar de ser humor, porque causar risa no es es precisamente su propósito, a diferencia de lo cómico que solo culmina con la carcajada (Fernández Flórez, 1961) 

Humor, chistes, y Psicoanálisis

Ahora que sabemos la diferencia entre humorismo y otras formas que causan gracia o diversión, es oportuno ver que puede estar detrás de ello a nivel del inconsciente. Recordemos que, ya que se trata de Psicoanálisis, las ideas que se presentarán no son indiscutibles, pero tenerlas en consideración puede servir para ver que se oculta tras la cortina.

Freud (en Giardini et al, 2017, p. 125, 126) sostiene que en la formación de los chistes pueden encontrarse unos mecanismos análogos y tan complejos como los que se dan en los sueños y que permiten que los contenidos inconscientes afloren y superen la represión y lo vetado. Para Freud el chiste buscan eludir una censura, y al hacerlo desencadena una liberación de energía psíquica y da pie a un goce momentáneo.

Cesare Musatti, fundador del psicoanálisis en Italia, concibió que el chiste requiere ingenio verbal (las palabras que se usan y cómo se articulan) e ingenio conceptual (las ideas que se usan y cómo se expresan). El doble sentido, el cambio de sentido, y el sinsentido con el que se usan las palabras e ideas son características que podemos encontrar en los chistes y por supuesto, lo que para unos puede ser muy gracioso para otros será insignificante y trivial (Giardini et al, 2017, p. 127)

Musatti (en Giardini et al, 2017, p. 127) refiere que los chistes se encaminan a la clásica propuesta de Freud, del  Eros (impulso sexual) y Tánatos (impulso de muerte). Eso explica porque se bromea tanto con la muerte y el sexo.

¿Recuerdan que más arriba señalé que Freud habla de que los chistes buscan eludir censuras? No hablemos solo de lo sexual, sino también de lo agresivo, Musatti (en Giardini et al, 2017, p. 128) sostiene que los chistes pueden servir para aflorar los impulsos de esa naturaleza. Las normas de la sociedad se ven sorteadas cuando la violencia física se convierte en violencia verbal. Las burlas crueles y ridiculizantes, la irreverencia, y la polémica, desafortunadamente pueden quedar impunes si se bromea con ella.

Por otro lado, si hablamos de saber reírse de uno mismo, Musatti, dice que en algunos casos, hacer humor e ironía con nuestra situación personal, es una suerte de rebelión contra los propios defectos, debilidades, o  circunstancias inconvenientes que nos toca vivir. Si esto es exitoso, podemos obtener simpatía, gratitud, solidaridad y hasta compasión de parte de los demás, “nuestro público” (Giardini et al, 2017, p. 130).

Si los chistes son una vía de escape para lo que se tiene reprimido ¿Qué hay del humor inofensivo? Musatti (en Giardini et al, 2017, p.134) entiende ese tipo de humor -o comicidad- como una manera de liberarse por un poco tiempo del pensamiento racional y lógico, nuevamente, es una vía de escape. Cuando uno es niño, juega con las palabras y con los conceptos, hace malabares con ellos. A medida que se va creciendo en la vida, debemos proceder de manera más seria y ordenada. Ante esa condición, surge lo absurdo; las bromas sin sentido [lo random, como se diría hoy en día] como recurso para relajarse o desentenderse por un momento del ajetreo de la vida diaria.

Palabras finales

Como podemos apreciar el humorismo, y lo chistoso, aun siendo elementos tan usuales en la vida cotidiana, tienen un trasfondo más grande del que podríamos apreciar a simple vista.  

Si bien no se puede llegar a un consenso universal en la definición de humorismo, podemos hacer una distinción acerca de qué se distancia del mismo. Asimismo el humorismo, a diferencia de otras formas de expresión que causan gracia o risa, tiene un contacto más profundo con nuestra naturaleza humana. Por ello hacerlo correctamente y con finura no es tarea sencilla, pero lograrlo, o apreciar el trabajo de quienes lo lograron, sin duda será una actividad provechosa para cultivar nuestro interior. ¿Alguna recomendación? Pues me remitiré al buen gusto de Marco Aurelio Denegri quien no se priva de referirse a Charles Chaplin; Cantinflas; y los textos humorísticos de Oscar Wilde, Mark Twain y Wenceslao Fernandez como grandes ejemplos de humorismo.

La mayoría de los hombres y las mujeres se ve obligada a representar papeles para los que no tiene aptitudes […] El mundo es un escenario, pero la obra está mal repartida.

(Wilde, en Cooper-Prichard, 2016, p. 5).

Y me despido con unas palabras de Wenceslao Fernandez que muestran la grandeza que lleva consigo el humor:

“El humor se coge del brazo de la vida, con una sonrisa un poco melancólica, quizá porque no confía mucho en convencerla. Se coge del brazo de la vida y se esfuerza en llevarla ante un espejo cóncavo o convexo, en el que las más solemnes actitudes se deforman, hasta un límite en que no pueden conservar su seriedad. El humor no ignora que la seriedad es el único puntual que sostiene muchas mentiras. Y juega a ser travieso. Mira y hace mirar más allá de la superficie, rompe las cáscaras magníficas, que sabe huecas; da un tirón a la buena capa que cubre el  traje malo. Nos representa lo que hay de desaforado y de incongruente en nuestras acciones”.

Referencias

Cooper-Prichard, A. H. (2016). Conversaciones con Oscar Wilde. Ciudad de México: Editorial Planeta Mexicana, S. A.

Denegri, M. A. (2014). Poliantea. Lima: Fondo Editorial de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega.

Fernandez Florez, W. (1961). Antología del Humorismo en la Literatura Universal. Barcelona: Editorial Labor, S. A.

Giardini, A., Baiardini, I., Cacciola, B., Maffoni, M., Ranzini, L., Sicuro, F. (2017). Comprende la Psicología. Cesare Musatti: El fundador del psicoanálisis en Italia. Barcelona: Editorial Salvat, S. L.

Hilos de colores

Nuestra percepción sobre las relaciones que forjemos depende especialmente del vínculo que establezcamos con las mismas. Los vínculos son como hilos que van de un lugar hacia otro, y muchas veces retornan. Imaginemos que, con cada persona «importante» para nosotros, nació un nuevo color de la gran e interminable paleta de sentimientos y emociones.

Un vínculo seguro, se caracteriza porque la otra persona fomentó la satisfacción adecuada de las necesidades emocionales. Son las personas que te devuelven todo aquello que tu das, y más. Y es maravilloso, porque ocurre sin necesidad de pedir algo a cambio.

Hay personas que elegimos como parte de nuestro círculo primario de apoyo, a quienes volvemos en busca de una mirada, de una sonrisa, de un abrazo, en búsqueda de un hogar.

Esas personas se van haciendo espacio en nuestros momentos de mayor serenidad, y son a quienes, cuando hay dificultades, uno recurre justamente para volver a ese estado, pero ¿Qué hacemos cuando el vínculo ya no es bidireccional?

Perder a algún ser amado resulta tan doloroso que es difícil explicarlo con palabras. Tras muchos cuestionamientos, avances y retrocesos, uno llega a «aceptar». Aprende que el «perder», no se consolida en un resultado, si mientras duró pesaron más todas y cada una de las ganancias acumuladas.

Se nos vienen pérdidas de todos los tipos, una de ellas, y probablemente una de las más complejas, es la muerte. Tema en el que me centraré en este artículo.

El duelo es un proceso no lineal, uno avanza tres pasos, retrocede dos, y de pronto parece una danza a oscuras.

La fase de negación puede reaparecer en las temporadas más grises, cuando más «se le necesita», y no deja de sorprenderme como vamos buscando nuevas sensaciones de amor con esa persona, tal cual niños(as) buscando a alguien en el juego de las escondidas, aunque en el fondo, sabemos que esta vez no vamos a encontrar lo que buscamos, o por lo menos no, de la forma en la que insistimos en hacerlo.

El notar que quien sostenía el «hilo», ya no está más, deja muchos sentimientos «en el aire». El miedo y la angustia, que no eran parte de esa relación compuesta por un apego seguro, se vuelven novedad. Pero tengamos presente, que esto no lo genera la persona que falleció, ni nosotros mismos, es un proceso tan natural y espontáneo, que en diversas oportunidades nos encontraremos de frente con cada uno de los sentimientos, y allí, entenderemos que el color del hilo especial que tuvimos, se ha quedado grabado, en uno o varios cuadros de nuestra vida, tal como si nos hubiesen tejido, hacia lo más profundo de nuestra forma de ser, con ese hilo.

En este proceso entran a tallar diversos factores, uno de ellos son los conceptos que le vamos dando a la muerte, en todas nuestras etapas de vida: Las experiencias previas, el haber tenido o no la oportunidad de despedirnos, nuestra propia filosofía de vida, y también el como observamos que las personas que nos rodean asumen su propio duelo.

Algo que con el tiempo reconforta, es el empezar a agradecer por las experiencias compartidas, pasearnos por la mente como recolectores de bondad.

Este es el punto de inicio para comenzar a reconciliarnos con la muerte.

Por otro lado, ¿Qué sucede cuándo el vínculo nunca fue bidireccional?

El duelo ante relaciones en las que se estableció un apego inseguro (Evitativo, ambivalente o desorganizado), deja un sinsabor, ya que en este caso, probablemente no logramos asignarle un «color al vínculo».

Imagina perder a un padre / madre que fue ausente emocional y físicamente durante toda tu vida. En este caso, el dolor se basa más, en que con la muerte, se agotan esperanzas, se interpreta la imposibilidad de lograr establecer una conexión que retribuyese.

En este tipo de relaciones, ya se percibía angustia, malestar, aunque la muerte, trae de vuelta y refuerza el vacío.

En estos casos, perdonar y agradecer la ausencia, podrían ser grandes aliados para sanar el duelo… ¿Agradecer la ausencia?, Reaprendamos que no todos «tienen que estar», sea cual sea el rol asignado. Hay veces en la vida en las que la ausencia, resulta menos dolorosa que la presencia.

Aunque no deja de ser importante el reconocer, que hubo una relación con esa persona, y con ello, un conjunto de sentimientos y emociones, que con el transcurso del proceso del duelo, serán más claras y podremos dejarlas ir.

Este es el punto de inicio para comenzar a reconciliarnos con la vida.

Luego de una pérdida significativa, uno ya no es el de antes, y en ninguna de las fases del duelo encontrará una identidad definitoria. Solo hay que seguir caminando, mientras nos vamos reconociendo de a pocos. Siendo más conscientes del gran significado que tiene la muerte sobre la vida, y viceversa.