La Psicología y el Derecho

Para comenzar a introducirnos en este tema, he de dejar claro lo siguiente; tanto la Psicología y el Derecho son ciencias que tienen su origen en la naturaleza del hombre, específicamente en su naturaleza social, y es que tanto la psicología como el derecho analizan, clasifican y repercuten en la conducta del hombre en sociedad.

Durante todo el desarrollo del Derecho en sus diferentes ámbitos y ramas (teniendo en el penal especial énfasis), vemos que la conciencia interna del hombre es un elemento primordial a la hora de calificar sus conductas. Es pues la Psicología, de entre todas las ciencias, la que tiene las herramientas precisas para ayudarnos a comprender el comportamiento del hombre y su repercusión dentro de nuestra sociedad.

En el presente artículo intentaré hacer un breve repaso de toda la implicancia de la Psicología dentro del Derecho. En primer lugar, he recalcar que la ciencia de la Psicología tiene como uno de sus objetos de estudio al comportamiento humano criminal, lo comparte con otras ciencias (por ejemplo, el Derecho, la Criminología, la Psiquiatría, la Antropología, la Sociología, la Medicina forense, etc.), pero también dichas ciencias abordan este objeto de estudio desde diferentes, y a veces radicales, perspectivas; desarrollando sus propias herramientas, técnicas y métodos de estudio. 

Comenzaremos a hablar de la psicología criminal, ésta se sitúa dentro de la psicología jurídica y abarca áreas como: psicología criminalística, tratamiento de delincuentes, investigación criminal, victimización delictiva, etc. La psicología criminal aborda el delito, sus causas, sus efectos, su incidencia y su tratamiento, lo que tiene especial efecto dentro de la ciencia de la criminología. Entre los mayores aportes tenemos: la adaptación social de los delincuentes, la relación entre inteligencia y delito, y la conceptualización psicodinámica del delito.

En efecto, actualmente es necesario analizar el comportamiento delincuencial, no solamente para tratar sus efectos sino para identificar sus causas y poder prevenirlo. Esto es vital para los programas sociales de reinserción de presos y también para legislar políticas que ayuden a aislar elementos dentro de la sociedad que causen la conducta delictiva, como lo son el maltrato familiar, las drogas, la falta de acceso a la educación, etc.

Asimismo, el conocimiento del delincuente permite desarrollar técnicas o metodologías específicas para los especialistas y profesionales durante su intervención, especialmente en la toma de declaración o entrevistas. El conocimiento previo sobre el comportamiento, pensamiento y emociones del criminal nos permite desarrollar técnicas que logren un resultado más acertado sobre quién es la víctima o el delincuente, además permite perfeccionar técnicas de entrevistas a diferentes sujetos, tomando en cuenta su edad, raza, nivel socio-cultural, etc. Por ejemplo, no podemos dirigirnos de la misma manera a un supuesto criminal de 18 años que a uno de 60 años. 

La Psicología también nos ayuda a comprender mejor a las víctimas del hecho delictivo. En primer lugar, analizamos las consecuencias primarias del hecho delictivo y las secuelas que la víctima pueda experimentar a causa de esto. Esto nos ayuda a un mejor planeamiento de su recuperación. Hablando, en concreto, de la realidad jurídica del Perú, la Psicología plantea la no revictimización de las víctimas: por ejemplo, en el caso de una violación sexual, se orienta a que tanto la policía como a los organismos de administración de justicia, que no requieran que la víctima reviva el abuso que sufrió; se utiliza para estos casos la entrevista única y, en caso de violación a un menor de edad, la utilización de la cámara Gesell.

La cámara Gesell fue implementada en el Perú por primera vez en el año 2008, y desde entonces, se ha tenido como prioridad aplicar este método a lo largo del todo el país. Actualmente existen 75 de estas cámaras y de las cuales solo 63 se encuentran operativas. En marzo del 2019, el Congreso de la República aprobó la ley N° 30920, que declara que es de interés público y una prioridad para el Estado, la implementación progresiva de cámaras Gesell en todas las instancias judiciales del país.

En casos de violencia hacia la mujer, las políticas del Estado establecen que es de vital importancia que se dicten medidas que impidan que la violencia se prolongue. El juzgado de familia, la fiscalía y la policía nacional, son los organismos encargados de que dichas medidas de protección se dicten con la mayor brevedad e idoneidad posible.

Actualmente el Ministerio de la Mujer es el encargado de brindar un seguimiento, mediante la asesoría y tratamiento a mujeres e integrantes del grupo familiar que fueron víctimas de violencia, o que se encuentran en estado de vulnerabilidad, todo esto a cargo de psicólogos especialistas. 

Para concluir, brindaré un resumen del presente trabajo: Todas las ciencias nacen del hombre, y tienen como objeto de estudio al ser humano y su comportamiento, a pesar de que la forma y metodología con la que estudian dicho objeto, varía. Ninguna ciencia se excluye, por el contrario, se complementa. En el caso del Derecho, se encarga de administrar justicia en la sociedad, es decir, su fin es dictar leyes que orienten el comportamiento del hombre. Sin embargo, no es en vano decir que, por mucho que nuestros legisladores se esfuerzan por implementar leyes que garanticen los derechos de todos y todas las peruanas, muchas veces, estas por sí solas, no son suficientes para garantizar esta protección. Se necesitan estudios, encuestas, porcentajes, e investigaciones para poder tener objetividad a la hora de legislar, y sobre todo, asegurarnos de que estas mejoren la calidad de vida y no sean solo palabras escritas sin ningún valor. En este caso quise resaltar la importancia de la Psicología en el derecho penal, ya que debido al hecho de que el Estado esté implementando (y cada vez más) mecanismos de otras ciencias en el saber jurídico, es de vital importancia en el momento de conocer la verdad de los hechos y sobre todo, de proteger a las víctimas. 

Este artículo está dedicado a todos los estudiantes y profesionales que practican el Derecho y la Psicología diariamente. Es indispensable educarnos sobre cómo diferentes carreras pueden unirse y crear conexiones que ayuden a los pacientes o clientes en general. También me gustaría dedicárselo a mi hermana y a mi padre, quienes me han inspirado para escribir este artículo desde que ejercieron la abogacía en el ejercicio de su profesión.

El poder de la vulnerabilidad

Escrito en conmemoración del 30 de abril, día del psicólogo peruano

Palabras clave: TLP/DRE, Terapia Dialéctica Conductual, vulnerabilidad, experiencia. 

A raíz de que ya fueron pasando los años se me hizo más sencillo hablar respecto a mi diagnóstico, aunque no lo crean ya han pasado siete años y por más que parezca que ya sea bastante, siento que aún me causa un poco de nerviosismo. Es como subirse a un escenario y realizar la mejor performance de toda mi vida o al menos, de lo que va… 

Supongo que a todos nos gusta tener el control de todo o la mayoría de los factores dentro de las circunstancias habitualmente.

Yo como paciente TLP o DRE  no lo tengo y tal vez sea porque no he desarrollado las facultades o capacidades que muchas otras personas como tú (estimado lector/a) posiblemente poseas. Sin embargo, la experiencia de ser diferente no tiene pierde.

A lo que quiero llegar es que, todos hemos pasado por ese túnel oscuro que es la vulnerabilidad, pero que muchas veces consideramos qué no existe una luz al final de este mismo. Hoy (y siempre que se pueda) solo quiero decirte que es todo lo contrario…

A lo largo del camino incendiario, hemos dejado pasar un concepto que tal vez había quedado desapercibido durante todo este tiempo y que les puede suceder de igual modo a muchos pacientes, que es justamente el validar. 

 Primero aprende a Validar 

Pero, ¿qué es validar?

Validar desde el aspecto coloquial es el aceptar/permitir. Sin embargo, en la práctica que realizó en DBT (Dialectic Behavior Therapy/ Terapia Dialéctica Conductual). Podemos aborda el término de la siguiente manera:

«tener presente el conocimiento de ciertas conductas o comportamientos que están ahí presentes, que tienen una causa y que se busca entender dicho origen…» 

Y es justamente, el no validar lo que nos hace vulnerables, por nosotros mismos.

El dolor que sentimos, al no tener quizás las capacidades como para poder afrontar dicha situación adversa o eventos que se puedan considerar desafortunados a lo largo de nuestra vida. Somos los primeros tal vez en no saber cómo definir ciertas situaciones (etiquetar), conductas y que a su vez el momento de pedirle al contexto desde un inicio (en nuestros años tiernos de vida) que nos puede enseñar qué es esto y el temor aparece en el ambiente, ocasiona la invalidación, más frustración; por ende sufrimiento, la vulnerabilidad misma.

Porque nadie va por la vida diciendo: «yo pienso mal», «yo siento mal». Pues incluso en ciertas conductas (que suelen ser disfuncionales) para algunos otros o no aceptadas, existe verdad. Verdad que no puede ser negada, ni mucho menos invalidada. 

Aproximación al otro

El problema radica en no entender la experiencia privada del otro y esto se da en lo más íntimo del círculo (sociedad): en la familia. 

Ocurre que en el modelado de la búsqueda de una crianza adecuada se puede caer en ciertos errores de estrategias, cuidados… Al no conseguir los resultados que se esperaban y que, como normalmente se ha visto en nuestra cultura, sigue un castigo que resulta justamente insuficiente frente al modelado inicial ante las instrucciones dadas.

  • Esto no solamente explicaría la cacería de brujas que se puede ocasionar en la  búsqueda del cambio, sino en las habilidades de nuestros pacientes para lograr el éxito. 

Pero resulta, en la mayoría de veces, tedioso. Tendríamos que evaluar la mismidad (condición de ser uno mismo) y además la individualidad de la persona. Comprender que no todas las estrategias son buenas para todos y que no todas las habilidades son las mismas en todos los pacientes. 

Recuerdo muchísimo la imagen de un pez qué está plácidamente en su pecera pero que si le preguntas si puede volar te dirá que es incapaz; incluso se podría presentar otros cuestionamientos. Como el no ser lo suficientemente apto para hacerlo, por consiguiente, surge la sombra de la desconfianza. 

En ocasiones me sentía ese pez, nadando a contracorriente frente a mi falta de destreza y armonía con las matemáticas y la Física, llegaba el castigo y sufría. Solo cuestiónenlo… ¿alguna vez les ha pasado?

A veces, pedimos más de lo que nos pueden dar los demás, cuando lo que ya nos proporcionan y poseen es sumamente valioso y no sabemos reconocerlo. Y al fallar, ocurre el antes mencionado castigo sistemático. Los intentos de pedir ayuda se vuelven nulos y aparece lo que es la desesperanza.

Esto solamente sería el preludio para una muerte anunciada o más bien, de un manejo de contingencias anunciado: 

  • Que serían las expresiones llamativas, lo que ocasiona un cambio en el contexto.

En mi experiencia, recuerdo no solo el confiar mis secretos a los personajes de entrañables libros, o poemas que solía escribir desde muy pequeña, sino a la soledad o aquellas conductas que no se ven políticamente correctas, las cuales serían aquellos medios desesperados para pedir ayuda cuando ya todo está consumado (invalidado)  al menos es lo que se genera y se conoce como self-harm (daño a uno mismo), solo por mencionar una de estas. 

Todo en consecuencia de conductas invalidantes. 

Es cuando se minimiza la dificultad al mostrarnos vulnerables ante esta experiencia, y no se le da la oportunidad al individuo a tolerar el malestar de forma gradual y lenta, antes de ser resuelto. 

Es tenerle temor y miedo a la experiencia reveladora del sufrimiento. 

No es una oda a los eventos desafortunados, sino es la hermosura que nos puede proporcionar la adversidad. La  sociedad nos vende un happy ending cuando esto, muchas veces no nos pasa. Solo eso ocasiona una frustración tal, que causa el nacimiento descarnado de conductas extremas para provocar una respuesta de nuestra atmósfera ya doliente. 

Una comunicación errática del: «sonríe o muere» y no cuestionamos qué nuevo nos puede traer la vulnerabilidad, la experiencia de darle un nombre a lo que nos hiere, darle una antesala al encuentro.

Jamás seremos capaces del cambio, sin validar. 

En algún momento todos nos vestimos de verdugo de nosotros mismos (y tal vez, de otros) y decimos: ¿realmente no sé si importa lo que yo creo? Y el depender; el estar solo; el que no puedo; el que siento de manera inadecuada; que actuó mal, es una constante…

Ser vulnerable es mostrarse desnudo, en pensamiento, palabra, cuerpo y no en omisión alguna. 

Este es solo un pequeño haz de luz, de reflexión, de cómo estaba sentada en su momento al otro lado del escritorio, pero los roles cambiaron, ahora soy yo la que está frente a ustedes, en un día tan especial como este. 

El tamaño sí importa, pero… ¿De qué?

Todos hemos quedado exhortos con el tremendo golpe que le propinó Will Smith a Chris Rock en la premiación de los Oscar al momento de referirse a su esposa Jada P. Smith. 

¡En fin! Respecto a la humillación pública y a la cachetada, La Academia salió a decir que posiblemente haya algún «tipo de sanción» para Smith, de este modo resolviendo las cosas y suavizando las asperezas. Pero aunque nos dejen sin sabores, considero que el hecho de la violencia, del bullying y aún más, de todo el morbo que puede causar el peso de la estética en nosotras las mujeres, y peor aún en una industria tan ácida cómo es la del cine, nos deja sin justicia y no toca el problema de fondo. 

Y es algo de lo que, sobre todo, no se está hablando y que estamos haciendo caso omiso a un tema sumamente importante: «lo que se hace en nombre del amor.»

De lo que somos capaces de hacer por «amor»…

Creo que el amor es algo que no te llega a cegar, sino que te iluminan los ojos y que te hace ver con más claridad y sobre todo te hace libre y también te hace ver la verdad. Te impulsa al encuentro de la misma, de forma insaciable y no te hace cometer ni un acto de violencia, no te hace agredir a nadie, no justifica el hacer daño a otro…

Eso también explicaría: 

Que el amor no hace nada incorrecto.

Todo lo que él (Smith) hace después es llorar y cuando se disculpa dice: «lo que uno hace en nombre del amor.» 

Pero, me detengo aquí y también reflexiono en todas las personas que matan en nombre del «amor», no solo en la ficción sino en nuestra realidad. ¿Son justificables estos actos violentos?  

Alejan a las personas de su entorno más cercano, de sus familias, amigos, centros de estudios, en nombre del «amor». De las actividades que más les gusta, para causarles «un bien» lo cual cuestiono muchísimo. Digo todo esto, porque causó ternura, aceptación, compasión, cuando debería ser sumamente analizado.

¿Qué hay de la violencia estética? 

Según la doctora en sociología Esther Pineda, en su libro Bellas para morir: Estereotipos de género y violencia estética contra la mujer describe sus consecuencias en la psique y el cuerpo de las mujeres. 

Citando  a la doctora Pineda (2020), la violencia estética se fundamenta en el sexismo, el racismo, la gerontofobia y un último término en el que está en debate del body positive. Estos cuatro pilares hoy, lógicamente, son aquellos que no cumplen con sus estándares. Es pues, con los cuales, nosotras nos hemos visto mucho más expuestas y debemos detenernos a examinar.

Por otro lado, burla hacia una enfermedad cómo lo es la alopecia que es un recurso muy barato (digo para mí), esto en segundo plano, porque lo hemos visto. Es en parte de ello lo que parece terrible, ya que nadie condena (tampoco) la violencia (estética) antes mencionada, que se ha ejercido contra esta mujer (reiterativa) porque no es la primera vez, y es un chiste, aparentemente, «una mofa», muy entre comillas, antigua, allá en los años 40. Hoy en día burlarse de la imagen de una dama, sea porque tenga una enfermedad o sea porque quiere mostrarse como quiere, es un recurso tan, pero tan simplista, que no lo puedo entender.

Pero en este caso además, la humilla, porque ella no ha decidido tener ese corte de pelo,  lo tiene que hacer porque hay una enfermedad detrás que es el recurso estético que la fuerza y lo encuentra más apropiado para poder sobrellevarlo. Lo ha hecho público y no tenía muchas otras opciones.

Considero que el mérito y el «tamaño» de lo que importa está en nuestra capacidad de nuestra inteligencia emocional para responder, y cómo está conectada con nuestro corazón, ya que si es rico en bondad, brotará en bien y no se contaminará. 

Referencia

Pineda, E. (2020). Bellas para morir: Estereotipos de género y violencia estética contra la mujer. Argentina: Prometeo Libros.

Hablar, para no olvidarme de mí mismo

Esta vez más que un artículo, les traigo una reflexión sobre la importancia vital que tiene el hablar sobre lo que sentimos y compartir lo que nos pasa, esta vez no hay secretos ni consejos, es solo el reflexionar y decidir, al menos tomar una decisión y elegir en vez de seguir haciendo lo mismo de siempre, aunque nos haga sentir mal.

Es curioso que: Disimular, encubrir, enmudecer, incomunicar, guardarse para sí, olvidar sean sinónimos de callar, bueno al menos yo me sorprendí, ya que algunas de esas palabras (aunque no de manera explícita) describen el acto de no comunicar con intención.

Algunas personas son más reservadas que otras, debido a su personalidad, algún dolor, experiencia o aprendizaje. Sin embargo, hay quienes callan sin saber por qué, sin haberlo elegido, sin ver el potencial del efecto que esto les produce: la no aceptación de sí mismo.

Muchas veces no basta con racionalizar las cosas que nos pasan, hay que sentirlas también, aunque a veces sean muy dolorosas, tan solo con el permitirse confesar aquello que pensamos realmente, le damos paso a una posible limpieza emocional que nos otorga alivio y un poquito de paz, al menos por ese momento. Creo que está muy menospreciado el ejercicio de hablar, ya que para algunas personas no les incomoda hablar sobre sí mismos, es más quisiéramos que nos escuchen y nos irrita que hablen solamente de ellos. ¿Será que todos queremos ser escuchados? Tal vez en alguna ocasión no te sentiste escuchado, o sentiste que tus personas cercanas no te prestaron atención ni te preguntaron cómo estabas, si es así es comprensible que hayas perdido las ganas de contarle a alguien lo que te pasa, se entiende porque ya no lo has puesto en práctica, tal vez ahora podrías hacerlo por ti mismo, porque ya entendiste que lo mereces y que puedes darte la oportunidad de expresar concreta y directamente al otro: ¡quiero que me escuches!

Como vemos, también depende de uno entender que merece ser escuchado, recibir ayuda y consuelo, aunque la otra persona no haga nada más que escuchar atento, asintiendo, comprendiendo, validando lo que la otra persona siente. Damos por sentado el hablar, porque lo hacemos con frecuencia, le quitamos la importancia que tiene y nos olvidamos que necesitamos compartir con el otro, nuestros sentimientos, deseos, miedos, sueños, creencias, dolores…

Con el fin de incluir más opiniones que solo la mía, realicé una pequeña investigación “encuestal” con el objetivo de reunir algunas razones de por qué creen que las personas suelen guardarse para sí lo que les pasa, entre las respuestas más comunes están:

  • Miedo, miedo a que me juzguen.
  • Por desconfianza.
  • Porque nadie me entiende.
  • La gente es intolerante y poco empática.  
  • Por vergüenza.
  • Por mantener la apariencia.
  • Por temor a abrirme.
  • Nadie me escucha.
  • Porque a nadie le importan mis problemas. 
  • Porque no necesito contarle a nadie lo que me pasa. 
  • Porque no quiero cargar a los demás con mis problemas 
  • Porque no quiero que opinen y me digan qué tengo qué hacer.

Tal vez nos identifiquemos con muchas o todas estas razones, pero si reflexionamos con detenimiento, la única persona que se queda con todo lo que siente es uno mismo, pero ¿qué es lo peor de esto? ¿Por qué tengo que hablar con alguien más? Bueno en primera, no debes hacer nada que no quieras, por que si sale mal buscarás culpables, desde el momento en que decides abrirte, hacerse responsable con uno mismo es lo más comprometido puedes hacer. Luego al abrirte y empezar a confiar, te darás cuenta que existen muchos más beneficios, porque podrás aceptar lo que sientes, lo que piensas, porque sale de ti a través de palabras y que empieza a tomar forma, lo aceptas, por lo tanto, el dolor o problema existe, ya que te das cuenta de que sí hay algo que te está costando y que el confesarlo te alivia mucho, más si hay una escucha sensible y atenta por parte de otra persona que te valida y no juzga lo que sientes, al contrario lo recibe con empatía y comprensión.

Por ejemplo: piensa en algo que exista, que no tenga nombre o que no puedas poner en palabras… Es complicado ¿cierto? Entonces nos podemos dar cuenta que, la comunicación es muy poderosa, te permite conocerte, entenderte a ti y a los demás y darles un lugar a las emociones no procesadas. Es a través de la palabra que traemos al presente hechos pasados que, desde una mirada madura, podemos resignificar y conseguir que ya no duela tanto, podemos entender mejor los “para qués” de los problemas de la vida. Me atrevería a decir que existe mayor beneficio cuando uno habla, que cuando escucha.

Y por favor que no se malentienda, claro que es importante ir a terapia si deseas buscar una guía o soporte, pero puedes empezar compartiendo con tu círculo cercano de familia o amigos los importante es que aprendas a confiar en los demás, que seguramente estarán contentos de escucharte, y… tampoco estoy hablando sobre no tener privacidad e intimidad con uno mismo, todos merecemos ese espacio para nosotros. Solo que a veces, decirlo nos permite desenredar eso que no logramos solucionar, al compartir con otros lo que sentimos o lo que nos pasa, nos damos cuenta de que no estamos solos, que no nos ocurre particularmente a nosotros determinado problema o situación. Como mencionaba nos permite cambiar nuestra narrativa de vida, es decir, lo que pensamos sobre nosotros, los demás, y  sobre nuestra propia historia de vida. Muchas veces adquirimos la forma de valorarnos de acuerdo a lo que nos dijeron y no siempre esa es la verdad, y uno crece, avanza, madura y aprende y ya no es más esa versión antigua que se mostraba errada por falta de experiencia de vida. Hablar nos permite traernos al presente, y valorar lo que somos, y lo que tenemos hoy para empezar a vivir ahora y ya no en el pasado donde habían cosas que nos dolían. Ahora puedo cambiar las cosas, ahora depende de mí, ahora puedo tomar decisiones, valerme por mí mismo, tomar riesgos y construir la vida que quiero.

El mejor disfraz del mundo

La depresión leve. Se esconde bajo facetas que hace que explicarla parezca un cuento de hadas para todos. Es como los hermanos pequeños a quienes la familia no les hace caso debido a sus niñerías. Sin embargo, quien las padece, lejos de simular ser un alma inocente y libre de angustias y sufrimiento, realmente demuestra un monstruo que sonríe y golpea con tal contundencia y arrogancia que sin que te des cuenta te lleva a las puertas de un abismo insondable y a veces sin recuperación real, como la muerte.

Por eso, es el mejor disfraz, tiene un camuflaje de persona activa, quien se bambolea a lo largo de la vida sin prisa y siendo eficaz. No obstante, a solas, con la casa vacía, llena de muebles y al son del viento de medianoche y un trabajo que rechazas se descubre en medio de la esquina como el coco que acecha al indefenso en la oscuridad una quimera terrible.

Según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM V), la caracteriza como:

Trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo… cuyo rasgo común es la presencia de un ánimo triste, vacío o irritable, acompañado de cambios somáticos y cognitivos que afectan significativamente a la capacidad funcional del individuo” (pág. 155)

Entonces, como se observa, hay una estancia que irrumpe cada sonrisa, sueño y vivencia entrañable, pasando de una explosión breve de alegría a una pesadumbre. Es como si la alegría y la felicidad no existieran, es más, no existe como estadía ni utopía, es que la felicidad no sabe a nada.

Describir un día de depresión leve es ir al trabajo pensando en querer dormir, en los momentos en que la hipersomnia está prevalente. O, por el contrario, el insomnio se manifiesta haciendo presente todos los escenarios macabros posibles. De este modo, la idea de trabajar se hace más por un deseo externo que una verdadera vocación o bocanada de motivación, la cual brilla por su existencia.

A esto le sumamos, que el desgano por el autocuidado es tal que lavarse los dientes, peinarse, depilarse o rasurarse parece una actividad de otro milenio. Asimismo, comer, es un vaivén que puede ir de extremos que rondan la inanición intermitente a momentos donde lo único que apaña el vacío de los pensamientos es comer.

¿Cómo es la vida familiar? Enmascarada, tal cual un carnaval veneciano, no existe la verdadera algarabía, y si la tristeza se sobrepasa y desborda, solo existen episodios de llanto, pero ninguna explicación plausible a lo que sucede.

¿Cómo verbalizar lo que no se sabe que se tiene?, ¿cómo explicar que pese a tener éxitos laborales todo carece de una brújula para llegar a una meta?, ¿cuál meta, qué objetivos?, ¿la pareja? ¡Por favor! Sí la ideación suicida ronda con más intensidad que la idea de una vida con alguien, ¿qué vida puede existir si lo que se añora inexplicablemente es acortarla?

De este modo, se puede ver en resumen cómo es la vida de la depresión leve, necesita ayuda, entendimiento, difusión y, sobre todo, comprender que también puede bordear límites peligrosos sí no se atiende prontamente. Vivir en tristeza no es normal, no tener motivación interna para ejecutar las actividades tampoco lo es, y mucho menos es natural tener que sonreír incomodos ante una vida llena de escenas grises, sin matices chispeantes que evocan al suspiro.

¿Qué haces cuando te duele el alma?

¿Qué haces cuándo el alma duele?, cuando su dolor es taciturno, tenue a la vista de otros, pero para ti, enunciarlo parece más bien gritos y alaridos desaforados en lugar de los pausados susurros que te dices y no terminan jamás de salir.

Qué haces cuándo el alma clama por justicia, pero no comprendes la diferencia entre dicho concepto y la venganza.

Qué haces cuándo tu alma pide como famélico que aclama al mendrugo un pedazo de escucha y solo recibe la carga incontenible de un sordo que de mudo no tiene nada.

Qué haces cuándo tu alma se apaga y nadie parece notarlo, cuando desaparecen las luces y solo hay oscuridad y un tren marchante que no cesa llamado responsabilidad.

Qué haces cuándo la ilusión de dormir y despertar con fuerzas más parece un martirio y un castigo más que una esperanza.

Qué haces cuándo tu alma reclama por una fantasía de estabilidad y te das cuenta con los ojos bien abiertos que no se puede, que simplemente no existe posibilidad, y la que hay es lejana, llena de astillas y púas.

Qué haces cuándo en la noche lúgubre te abraza la profunda tristeza y no tienes más que abrazarla y verla de frente, observando como ella gana en el tira y encoje de la soga.

Qué haces cuándo te apaciguas porque ya no sabes llorar, porque te cansaste de intentar salir a flote y tus brazos ya se cansan de ver inamovibles la actitud de otros.

Qué haces cuándo te exprimen a tal nivel que aun cuando pides que cese intentas un cambio y ya todo da igual, y más bien pides más carga para regodearte en la pocilga y así decir que tienes razón, que nadie escucha. Algo de ilusión pasajera debe servir para algo, pero no es así.

Qué haces cuándo tu alma solo escucha un eco de sí misma y se ve obstinada en el otro que, aún con los ojos bien abiertos es incapaz de notar el dolor que causa su indiferencia, su incapacidad de notar el pedido de cobijo, porque de ayuda, no se habla.

Cómo le dices a tu alma que pida socorro si el único paramédico está incapacitado, está tonto, y simplemente no está.

Cómo callas a tu alma si cuando rememora sus buenos momentos solo encuentra un ápice de alegría y un listado enorme de quienes se hizo ave de presa, y la utilizaron.

Cómo descansar si los demonios persiguen a la pequeña y enjuta que corre a través de un bosque pavimentado de espinas y solo encuentra matorrales en medio de cientos de personas que, como espectadores zombies contemplan el final.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

American Psychiatric Association – APA. (2014). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales DSM-5 (5a. ed. –.). Madrid: Editorial Médica Panamericana.

Medio bestias, pero al mismo tiempo, crías de arcángel: Sobre violencia y amor

“¡Así es todo y así somos todos en la vida: un poco ridículos y un poco genios, un poco bestias y, a la vez, cachorros de arcángel!»

José Ortega y Gasset (1957)

La persona va formándose en su paso por el mundo, nosotros somos un constante devenir. En busca de nuestro desarrollo personal que consiste en crecer en virtud, cultivarse en valores, buscar nuestro bien y el de los demás (dentro de nuestras posibilidades), desafortunadamente nos toparemos con muchos momentos en los que tropezaremos o veremos cómo tropiezan los demás. La violencia es una de las piedras con las que más ha tropezado el ser humano a lo largo de la historia.

Evidentemente a violencia se puede manifestar de muchas maneras, desde las bromas crueles, hasta los genocidios que en más de una ocasión se dieron en nuestra historia. Si me lo preguntan, yo diría que la violencia puede estar acompañada de la estupidez, en más ocasiones que de la maldad, y por supuesto, tampoco son pocas las veces en que las tres estén juntas simultáneamente. En efecto, la violencia ocurre se puede desatar en las personas más necias así como en las mentes más astutas pero maquiavélicas.

Entre otras cuestiones que se ocupan del hecho de saber por qué tenemos conductas violentas (y conductas malvadas en general), está la reflexión acerca de si nuestra bondad es innata, o si por el contrario lo es la maldad. Religiones como el Cristianismo católico o el Bushido (el código Samurái) afirman que nuestra bondad es innata y que la maldad es una inclinación viciosa que no está en nuestra esencia. Por otro lado, filósofos como Immanuel Kant o Arthur Schopenhauer piensan que nosotros somos malos por naturaleza (pero ambos explican, a su manera, que no debemos quedarnos en el mal). Ciertamente, se puede decir que hay un consenso general, el cual es que hay una lucha entre el bien y el mal constante

Denegri (2012) sostiene que con la invención de las armas, el ser humano se ha podido desensibilizar de todo el conflicto emocional que implica la violencia. Antes de ellas el hombre atacaba con su propias manos; después, con un palo o piedra pudo distanciarse un poco; con las armas de fuego la violencia a sangre fría se hizo mucho más sencilla de perpetrar; y ni se diga con los grandes avances en la tecnología bélica que permitieron matar a miles de personas, a miles de kilómetros de distancia, y hacerlo sin reparo emocional alguno, tan solo con “apretar un botón”. Las armas facilitaron al hombre su ejercicio en la violencia fatal

Realmente existe el botón nuclear?
«Apretar el botón», en sentido figurado, representa el poder inmediato que se tiene para hacer algo.

Ante esta situación y escenario lúgubre ¿Qué debemos hacer? Pues seguir obrando acorde a nuestro libre albedrío y educando nuestra voluntad. Si bien estaremos inclinados al mal, debido a nuestra concupiscencia (que es el deseo de bienes materiales o terrenos) no significa que no podamos controlarla y moderarla. Regresemos a esa figura tan llamativa de Ortega y Gasset que dice que somos medio bestias, pero cachorros de arcángeles a fin de cuentas. Siguiendo este simbolismo, podemos decir que, a pesar de que el mal estará presente en nosotros, también lo está la bondad, y más aún, que venimos de esta. El mal nos invade, pero no venimos de este, nosotros pertenecemos desde nuestro origen como especie, al bien.

Todos los seres humanos tenemos la oportunidad de reconciliarnos en el amor. Estamos llamados a tenerlo y darlo, porque repartir amor nunca te dejará sin amor; cuando uno reparte balazos la munición se acaba, cuando uno reparte dinero -aún por fines nobles- inevitablemente se va agotando. Dicho esto, podemos afirmar sin temor alguno que lo más valioso a cultivar es el amor, de hacerlo correctamente su cosecha será abundante, tanto para nosotros mismos como para todos los que sean alcanzados por él.

Ante la preponderancia de la violencia malvada y estúpida en el mundo, le hace frente el amor. Que si bien puede pasar por desapercibido en muchas ocasiones; donde sea que esté, dejará huella y su obra no perecerá. Midamos el amor por su calidad primero, luego observaremos que puede llegar a una cantidad inagotable.

Fe en la humanidad - Liverdades

Como decía Eric Fromm (1966):

  • No hay razón para maravillarse de que la historia muestre tanta crueldad y destrucción. Si hay algo que nos puede sorprender —y alentar— es el hecho de que la raza humana, a pesar de lo acontecido, ha mantenido —y desarrollado— aquellas cualidades de dignidad, valor, decencia y bondad que observamos en todo el curso de la historia, y actualmente, en innumerables individuos.

La violencia seguirá presente en lo que le queda a la humanidad en este mundo, pero de igual manera lo hará el amor y por más discreto que este último sea, es precisamente el que se encarga de que la especie humana no se destruya a sí misma de una vez por todas, sino que la reconforta y eleva.

Referencias

  • Denegri, M. A. (2012). Normalidad y Anormalidad, y el Asesino Desorganizado. Lima: Fondo Editorial de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega.
  • Fromm, E. (1966). El miedo a la libertad. Buenos Aires: Editorial Paidós.
  • Ortega, J. (1957). Meditación del pueblo joven.

Si deseas saber más sobre el amor desde la Psicología, te recomiendo leer este artículo que escribí tiempo atrás.

https://warayana.com.pe/publicaciones/2020/10/02/el-amor-a-la-luz-de-eric-fromm-y-marco-aurelio-denegri/

La línea invisible entre el paciente y la psicóloga

Todas y cada una de las ocupaciones son excepcionales. Me imagino a un odontólogo interviniendo a un paciente mientras revisa sus dientes, pide una radiografía, y efectúa muchos otros estudios que denotan definitivamente de mucho conocimiento y destrezas propias de la profesión. Me imagino también a un arquitecto diseñando en la computadora, poniendo en cada gráfica una gran cuota de talento y de arte. Y así podría observar desde afuera a cada una de las ocupaciones. Pero hoy, por motivos muy personales, quisiera centrarme en los psicólogos(as).

Los psicólogos trabajamos con lo abstracto, las emociones, los sentimientos, percepciones, ideas y creencias, etc. Somos estudiantes eternos, cada caso es un tema único. Hay distintas variables que analizar, determinar que técnicas podemos aplicar para cada situación, para cada persona.

Sería muy gratificante que algunos de nuestros pacientes pudiesen llegar a leer este texto, creo que aquí va a pasar lo contrario a la dinámica de las sesiones. Por primera vez voy a hablarles de lo que pasa en mi vida al haber elegido esta maravillosa vocación.

Primeramente, necesitamos comprender que la mayoría de pacientes acuden a consulta psicológica por primera vez cuando tienen la percepción de haber tocado fondo. Aún cuando no mencionen el motivo central en la primera cita, lo cual puede deberse a muchas razones, tales como el miedo a que al decirlo en voz alta, todo se vuelva más real, o también puede ser que aún no hayan identificado con claridad las causas de su malestar, entre tantas otras cosas. El hecho es que, lo verbalicen o no, lo sienten. El motivo por el que asisten es por dolor emocional.

Claro que despierta muchas emociones el conocer a un nuevo paciente, es como si abrieras un libro nuevo, que cada vez que lo vuelvas a abrir, tendrá nuevos capítulos. Aunque no lo vas a poder leer desde la hoja número uno, ya que a veces partirá desde más de la mitad, y poco a poco se podrá ir retrocediendo, conforme el autor lo lea.

En cada libro, hay una forma de escritura única, y de lectura también. 
El poder leerlos, te permite de algún modo, tener la sensación de haber aprendido junto al protagonista. Pero no solo es eso, cada vez se pone más interesante. A veces, los autores (pacientes), te invitarán a leer los libros que ellos han escrito sobre otros personajes (que suelen ser personas que han impactado en sus vidas). Y aún no es todo, porque una vez que se avance lo suficiente con cada autor, se puede invitar a coautores, en sesiones de terapia familiar.

Entonces de pronto, vas recopilando todas las versiones, y este es uno de los puntos más difíciles e importantes, ya que un psicólogo(a), no es ningún personaje. Es la voz sin rostro, sin género, es el público que escucha, que aplaude, que se conmueve con cada página. Creo que desarrollar gran parte de la vida, atendiendo pacientes, te hace más humano, te va alejando del ego, te permite vivir cada día cuatro o diez vidas, aún sin ser parte de ellas. 
Esa es la línea invisible, que necesitamos ir aprendiendo a trazar entre las historias de vida de nuestros pacientes, las cuales resultan ser tan ajenas, pero por instantes cuando tu empatía esta al mil, son tan cercanamente propias.

¿Cómo se traza esta línea? En realidad es algo que se va a tener que dibujar antes de iniciar cada sesión, durante la misma (a veces en más de una oportunidad), y sobre todo al terminarla. Yo lo hago algo así: Escucho los relatos y me detengo por breves momentos para cuestionar mis emociones, es un juego de piensa rápido, mi sentir es maravilloso para empatizar y puedo dejar que crezca lo necesario, hasta que podría iniciar a doler. Es entonces cuando racionalizo de inmediato el propósito de mi función como psicóloga de esa persona, que está depositando su confianza, quizás como nunca antes lo ha hecho con nadie, en mi.

Pensamientos como: «La historia es ajena a ti, no se trata de remediar lo que pasó, o aplicar la ley del espejo y permitir que la transferencia se vuelva poderosa, se trata de ayudar a tu paciente a que algún día vuelva a narrar lo sucedido, con una moraleja de vida, lejos de cualquier creencia irracional, lejos de la culpa, pero sobre todo lejos del dolor».
No puedes sentir luego de que tu paciente terminó de hablar. Es más, muchas veces ni siquiera puedes hacerlo antes. Y si nos permitimos hacerlo, necesitamos tener la apertura de sentir con el corazón ajeno, lejos de cualquier sentimiento de la vida propia.

Un viejo truco, es dar lo mejor de ti como profesional en la sesión, prestar una atención plena a lo que ocurre. A mi me ayuda muchísimo tomar apuntes, ya que pongo en funcionamiento a varios procesos mentales al hacerlo. Ya no solo es el escuchar, si no el sintetizar mediante la escritura, que posteriormente podrá servir para una lectura previa a una siguiente sesión.

¿Un psicólogo(a) necesita ir al psicólogo(a)? Creo que sería necesario una ley que lo avale, es más, un estudiante de psicología necesitaría iniciar con su tratamiento personal, y continuar teniéndolo por el resto de su vida. En realidad, todas las personas lo necesitamos. Y sé que muchos piensan lo contrario, pero me pregunto si tienen por lo menos una experiencia de haber ingresado a una cita, o más importante aún, si cuando fueron llegaron a confiar en su psicólogo(a), porque si no lo hicieron, que en realidad es un trabajo en equipo, es como si nunca hubiesen ido.

Yo también voy a la psicóloga, y me enorgullece decir que, especialmente en los pasajes más duros de mi vida, he tenido la humildad de pedir ayuda, y lo seguiré haciendo. Se disfruta tanto de la psicología que sería una locura no buscar sentarme del otro lado.  También he ido notando, con el pasar de los años, que cada vez más son los estudiantes de Psicología quienes buscan ese apoyo, así como colegas míos.

¿Cómo hacemos para atender a pacientes que tienen problemas, si nosotros también tenemos nuestros propios problemas? Es bastante lógico plantearnos esta pregunta, la verdad es que, como cualquier otra persona, también tenemos heridas emocionales, a veces también nos hieren o herimos. Un psicólogo(a) que no presente estabilidad no debería ejercer la psicología clínica en ese momento.

Podemos reprogramar una cita, o derivar un caso si sentimos que se nos dificulta establecer esa línea invisible, porque probablemente el caso que vemos nos toca en la fibra más sensible de nuestro ser. Y está bien, lo que se cuestiona es el no identificarlo. Trabajamos en la salud mental, nuestra base es nuestra propia salud mental. Si no estamos estables, no podremos ver las cosas con claridad, y tenemos al frente vidas. Del mismo modo con los prejuicios y creencias, hay que quitárnoslos todos, y no solo antes de entrar a consulta, si no en equilibrio con la vida personal.

Es un estudio constante de uno mismo, no me avergüenza poder hablar de algunos acontecimientos propios en alguna sesión, si corresponde y de forma muy puntual, no como desahogo, ya que nuevamente lo ponemos sobre la mesa, no se trata de tu sentir, si no del paciente. Este no es tu libro, eres la voz que lo lee, o los oídos que lo escuchan, según corresponda.

¿Puede un psicólogo llorar o reír durante una sesión? Claro que podemos, es más hay momentos en la vida, en donde es lo mejor que podemos hacer, porque es la manifestación cúspide de nuestra empatía. Pero no podemos desbordar, no podemos permitir que ese pequeño momento se alargue, no podemos dejar de racionalizar, es algo muy puntual. Y quizá una de las cosas que más te una a aquella persona que te mira con el rostro lleno de confianza. Se puede llorar de compasión, se puede llorar de bondad. Y es aquí donde comprendo porque pueden pasar 1, 2 o 6 años, y no he tenido un solo día de aburrimiento en mi vocación. Porque estoy donde necesito estar, me siento realmente viva, con el cerebro y el corazón a mil al estar en mis sesiones. ¡Gracias por tanto!

 Dedicado a mis queridos pacientes de Warayana

Deséame

La dulce crónica de un pedido

Hoy, como una musa curiosa, me integro a la mente de una fémina quien piensa sigilosamente, a través de sonrisas, caricias agradables y sutiles muestras de afecto. Sin embargo, dentro de sí esconde un huracán que azota toda estabilidad amorosa, ahora, como fiel cronista romántica y hueca, me propongo llenarme de su esencia y describir algunas cuestiones que pueden suceder cuando la planicie matrimonial hace su entrada. Desde una mujer ,claro, de ellos, la musa se transformará después para descubrirlos. Por hoy, esto fue lo que me encontré:

«Cuándo me levanto, veo recuerdos echados a mi lado, aquellos que en su momento evocaron sonrisas y ahora solo despiertan muecas de resignación, y a veces, hasta de repudio por lo que hemos gestado hasta ahora, un gesto malsano que explota desde lo más profundo de mí».

«Sentimientos con sabor a hiel se forman e impregnan mi boca de amargura, esta cavidad que ahora dudo si te pertenece tiene gruesas telarañas esperando que dentro de sus tinieblas, la caverna sea descubierta. Pero, es muy temprano para tales cosas, mejor empiezo el día de una vez, un día que, irónicamente gira en torno a ti, en atenderte, evocarte, y pelear contra los recuerdos que llenos de nostalgia me abrazan haciéndome ver que esa vida que tuvimos ya no está aquí».

¿De dónde viene el deseo en las mujeres?

«En mi caso, conocer a una persona y que está sea inteligente, empática, curiosa y que huela bien. Si on top of that es good looking, me muero»

«Para mi, es especialmente atractivo que sean súper confident»

«Yo lo siento como un estímulo que va desde lo visual hasta el contacto»

«Del calentamiento global. Para mí el atractivo o «deseo» es la inteligencia, la creatividad, no caer en la monotonía, de ahí nace el deseo»

Cuando eres una musa romántica y hueca, impregnarte de la psiquis de muchas, a modo de encuesta, te permite apreciar bastantes cosas. De las frases más interesantes que he podido acoger para descubrir este mundo humano sobre el deseo encontré estas reseñas. Sabrán disculpar el spanglish, pero, cuando la encuestada determina sus gustos, para ella, los idiomas se vuelven pequeños para determinar aquello que su mente quiere expresar recurriendo de este modo a más de algún recurso extra. Eso le da paso inclusive, al humor, como la última encuestada.

El deseo, si nos aproximamos en el simbolismo que engloba, encontramos que se compone de anhelar, acciones para llegar a la ansiada satisfacción y, una sensación casi inmediata de satisfacción por haber cumplido. Este tópico es de esas pocas cosas humanas que el solo hecho de concebirlas ya significa una actividad placentera. Volvamos al plano de la informante del inicio, qué aspectos ha podido descubrir ella sobre su deseo y tal vez, pecar por una vez de manera graciosa, en generalizar hacia otras.

«El deseo, devino de un querer reivindicar mis teorías sobre lo que aprendí que estaba bien y lo que estaba correcto, influenciado además por ciertas ideas sobre el status, estilos de vida y lo que entendí, era comodidad. De este modo, quedé enmarcada en un torbellino de significados y significantes, aquí un resumen ínfimo al respecto:

  • Barba: sí la tiene, orgánicamente hay testosterona, si no la tiene, ese «maquillaje» que figura en la cara de ellos a modo de vellos se torna en algo totalmente en su contra, pero, puede implicar además un estímulo cosquilludo y dulce dentro de lo áspero que es, para que en noches cálidas sirva de acopio en un cuello helado. Así, he aprendido que se «usan» las barbas.
  • Manos grandes: entendí sobre ellas que independientemente de como luzcan y midan, mientras sepan acercarse y adormecer entre ellas un alma agitada, pueden verse con total libertad, el anhelo de tenerlas cercas es en sí mismo una fruta madura que pide a gritos ser comida.
  • Piernas: con o sin depilar, existe capacidad de decisión allí. No hay mayor relevancia, no obstante, cuando hablamos de un asiento cómodo en el que reposar, se descubre entonces un jugueteo y complicidad que no se aprende, se vive.»

Como se vislumbra, cuando miramos con la lupa de quien piensa en términos de deseo, los significantes tienen un significado totalmente opuesto a lo que pudiera describirse en otras ocasiones. Para verlo más claro, esta espiada mujer al hablar de: manos, barba y piernas, en lugar de pensar en la anatomía especifica que nuestro significante mental puede adjudicar, lo que hace es pensar en términos del objeto que desea, en él; a quien echa de menos aún teniendo en sus mañanas su respiración al costado. Esto es, pensar dentro del deseo, nótese además la contradicción en muchas de sus formas, es solo un ápice de cómo funciona este mecanismo en nosotros.

Particularmente, en mi posición de musa invisible e intangible, creo fielmente que este elemento funciona a través de lo aprendido, «lo que me dieron a probar alguna vez de forma satisfactoria y entendí que era bueno para mí lo buscaré muchas veces y de varias maneras». Así pues, el deseo en una mujer, e inclusive en muchos seres, puede tal vez deberse a lo que hemos entendido que es grato, aquello, que al haberlo volteado en múltiples formas fantasiosas en la imaginación, hemos decidido que, de tenerlo sería altamente placentero.

¿Se puede forzar el deseo?

Teóricamente, aunque nos parezca maquiavélico, sí. A través del deseo instrumental que muchos habrán escuchado en alguna revista o en esas clases ociosas del colegio donde reprendían más que enseñar, podemos dilucidar fácilmente como es esto. Ejemplo simple: Moni, necesita encontrar una estación de gasolina, el deseo de hallar este servicio deviene de que su auto se queda sin gasolina por lo que de un momento a otro quedará varada. ¿Me explico? Se que sí.

De este modo, vemos que existen algunos trucos para favorecerlo, en ámbitos tal vez más sociales la cosa no vendría tan sencilla, cuando intentamos discernir cómo funciona, es posible decir que grandes y suntuosas riquezas tangibles tanto corporales como las de objetos (dinero, mansiones etc.) pueden despertar cierto interés, una importancia que tal vez está más cercana a la ambición, pero deseo al final del día. ¿Podemos juzgar y señalar a alguien por esto? Depende de cada humano, pero, sí me lo preguntan, creo que el deseo legítimo se basa en querer aquello que no se tiene, aquello que sabemos va a satisfacer, así que, juzgar placeres no viene al caso.

¿Cómo quiero que me desees?

Volvamos a husmear en la memoria y pensamientos que, como autopista en hora pico están en su apogeo en la mente de ella.

«Cuando me miras, existe costumbre, es un cuaderno de notas abierto, donde cada palabra habla en un tono gris todo lo aburrido y tedioso que llevamos aquí a cuestas. Se que tal vez muchas de mis actitudes se han escurrido a lo largo de los años, pero, sigo aquí, ardiente y esperando ser bonita para ti. Para mi, a veces lo soy, ahora, tal vez lo dudo más que antes, pero, mi esencia de quererte, anhelarte y saber que será satisfactorio aún brilla y se llena de esperanza»

Al mismo tiempo, se que muchas de nuestras historias tienen encuentros que han hecho sacar de cada uno lados oscuros, por suerte, cada uno muy reversible, aún recuerdo que me pedías a gritos ciertas horas para dedicártelas, recuerdo a su vez todas las veces que a solas dijiste que mi nombre, aún siendo común, se lleno de júbilo por ser yo quien lo tenía. ¿Alguna vez, hoy, pensaste en eso? Me gustaría que recordaras que yo a modo de ofrenda entregué mi cariño y miradas no por obligación, ni por ambición desmedida, sino por el deseo de saber que estabas para todos, pero en especial para mí, quiero que me desees y sepas de manera incontrolable e intuitiva que sí nos unimos, más que un placer orgánico, existe una unión de quien desea poseer al otro no con fines de guerra y ganancia, sino con el objetivo de reafirmar que te escogí por sobre todo, y por sobre todo te sigo eligiendo, pese a los trucos del deseo. Así, quiero que me desees».

Finalmente, descubrimos que el deseo más allá de un babydoll, evoca actitudes, formas de llevar a cabo las cosas y saber que tras cada una de ellas, existe una bocanada de satisfacción ¿Cómo te gusta que te deseen?, ¿Qué cosas has aprendido que producen en ti deseo? Esta quimera humana, que ha surgido de nuestra inquietante y por siempre infranqueable necesidad de querer más, suele transformarse, reavivarse, reponerse tras momentos duros y por sobre todo, nunca perece.

Amor y buena voluntad en la Navidad

La obra de Hermann Hesse tiene un profundo entendimiento del ser humano. Y como se podría inferir, el factor psicológico se hace presente en las ideas que plasmó en el papel. Entre ellas tiene unas reflexiones acerca de la Navidad.

Este es el libro que contiene las reflexiones de Hesse.

A Hesse le tocó vivir cuatro Navidades dentro de la I Guerra Mundial, en la que se ocupó de atender caritativamente a los prisioneros de guerra. Pensó que para ellos, la Navidad sería una «fiesta de la nostalgia, la fiesta del recuerdo de las cosas perdidas: El hogar, la infancia, la paz, y la dicha que de la paz nace» (2007, p. 134). De igual modo, los prisioneros en campo enemigo y toda las víctimas de la Guerra anhelarían con todo su corazón la «paz en la tierra» que el evangelio de la natividad anuncia (Hesse, 2007, p.134).

Por supuesto, no hace falta ser una víctima de tan terrible categoría, sentirse afligido, triste, melancólico o simplemente con un bajón emocional. La naturaleza humana está siempre insatisfecha, pero, estar insatisfecho no significa que se menosprecie lo que está presente. Una inquietud honesta, que se identifique con un deseo -o nostalgia- de infinito o de bondad, es totalmente legítima.

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«Nostalgia de Infinito» de Giorgio de Chirico. Mi interpretación personal de la pintura es que existe un tipo de felicidad eterna e incomparablemente, más grande que nosotros mismos, y que alguna vez fuimos partícipes de ella, estuvimos en ella. Ahora estamos afuera, pero no estamos lejos de ella, y aún hay posibilidad de volver.

A veces el descontento se puede acentuar más en épocas navideñas, ¿pero por qué? Quizá sea debido a que muchos olvidan o descuidan el auténtico significado de la Navidad, que es por supuesto el nacimiento de Cristo y todo lo que implica. Pero esto no significa que la felicidad de la Navidad tenga un acceso restringido solo para los creyentes. En tanto una persona tenga apertura al amor y a los demás, basta para que sea bienvenida a este día del año que suele opacarse debido a los problemas de los otros 364.

Debemos tener siempre presente que si queremos estar alegres (o mejor aún, felices), tenemos que saber el porqué de esa alegría (o felicidad). Cuando uno no sabe por qué intenta o pretende estar alegre, ese estado puede flaquear, y desvanecerse sin ofrecer mayor resistencia. Ojalá que los creyentes, siempre recordemos que la Navidad se trata de Cristo venido al mundo para redimirlo, que allí esté nuestro consuelo y esperanza. Y que los que tengan otras creencias o descreencias, recuerden que el amor al prójimo basta para sobreponerse (o empezar a sobreponerse) a cualquier cosa. Hesse (2007, p. 134) nos dice que la Navidad es el momento que nos une en el deseo universal de redención, y aunque esta pueda ser distinta en las personas, el pensamiento de redención por el amor es una posibilidad que vive en todo corazón humano. Asimismo, nos advierte que la Navidad no es solo un consuelo, tampoco es solamente añoro o agradecimiento de lo que hemos vivido; la Navidad es también un esfuerzo por despertar o fortalecer la buena voluntad.

Buena voluntad

Hesse nos menciona que tener buena voluntad es tener compromiso, es seguir la voz de nuestra conciencia, es despertar lo mejor y más vivo de nosotros mismos. Solo así podremos ver el valor y simbolismo de las luces, las campanas, las canciones y los regalos de la Navidad (2007, p. 135). Como pueden apreciar, ninguna persona queda excluida de esta posibilidad. Sea cual sea la manera de cómo uno ve la vida, independientemente de nuestros estados emocionales, siempre se puede obrar con buena voluntad y eso puede llevarnos a una auténtica felicidad.

Que esa atención de conciencia, esa honestidad, ese compromiso, acompañe y guíe a los buenos deseos y a las buenas intenciones. Los buenos deseos a veces no llegan a ningún lado por no ponerse en marcha, y las buenas intenciones pueden tener resultados contraproducentes; la buena voluntad, junto con el amor están para prevenir esos riesgos.

Donar órganos, un acto de buena voluntad - Periódico El Sol COLOMBIA

Coda

Y ya que líneas más arriba, Hesse mencionó a los regalos, él también nos sugiere cómo reaccionar ante ellos. Primero que apreciemos no solo al regalo en sí mismo, sino al esfuerzo hecho para que pueda ser entregado; imaginemos la historia que pudo estar detrás del mismo; hagamos que gracias a este podamos evocar a una persona, lugar o momento del pasado. Por último, esforzarse en hacerlo con cualquier tipo de regalo, ya sea un dibujo hecho por un niño; un libro, un ramo de flores, o una carta, ejemplos que el autor puso sobre la mesa (2007, p. 388, 391, 392). ¿Verdad que son regalos excelentes? Pero claro, todo lo obsequiado con buena voluntad también lo será.

¡Feliz Navidad!

Fuente: Hesse, H. (2007). Pequeñas alegrías. Madrid: Alianza editorial.

CONFESIONES DE UN K-NINO

Hoy, me desvisto de mis corazas, me adentro al clima nublado y brumoso que enmarca esta ciudad desolada que hoy me invade, como hombre, me siento en contacto por primera vez con mis memorias, nombres, razones y motivos secretos, aquí, de rodillas y con la cabeza deshecha confieso mis penas que en otro momento fueron hazañas según me comentaron otros que, sin conocerme realmente, ahora me ven como un héroe. ¡Ilusos! Solo soy quién se enfundó en un disfraz del supuesto hombre moderno. Esto, es solo una mentira.

Yo, me identifico con quien se le adjudica el peyorativo de “perro”, más adelante, me permitiré dar mi opinión sobre esto. Antes de iniciar este descalabro, me permito expresar que sí algún otro semejante llega a leer estas líneas, que sepas que te acepto, te comprendo; puede que no comparta tus acciones ni las haga mías, pero, por encima de ello, sin condiciones te doy la mano.

¿Quién soy?

La apariencia no importa, aquí se irá transformando en lo que vayas leyendo. Una cara, un gesto, una acción…todo se irá cambiando, hablo en mi nombre, pero realmente soy muchos a los que puedo enmarcar.

Esto es tan así que si te digo que acepto por fin que soy un perro, un maldito perro, a tu cabeza se te viene una imagen de alguien que te afligió y te sigue afligiendo, sino es así, entonces ¿por qué lo recuerdas? Finalmente, solo diré que para definir quién soy, comenzaré describiéndome por partes.

¿De dónde vengo?

Yo, vengo de un hogar cultivado por la tradición y la convencionalidad, aún no tengo progenie, pero, sin lugar a dudas yo sería incapaz de inculcar la ceguera voluntaria. Esta cualidad así bautizada por mi madre, refiere a todas las acciones que ella decide secuestrar en nombre de la familia, según ella, apoyada por estilos de crianza y una sociedad distorsionada, mi padre, solo podía estar al tanto de un puñado de cosas, no obstante, las que tienen que ver con un acercamiento emocional a nosotros, sus hijos, era un deber innecesario, inexistente. De este modo, me forjé en la misión de creer que la comida y sus preparaciones siempre estaban prestas, dado que sin importar los achaques de mamá, ella se ocuparía, sí me dolía el corazón la forma correcta de afrontarlo era ahogándolo en videojuegos o licores bajo el amparo de “noche de amigos” y no en la sabia conversación con alguien mayor y más experimentado, pero, ¿Cómo podía encontrar dicha experiencia sí mi padre castigaba a mi madre con silencio cuando tenía ella sus pequeñas contestaciones en breves arrebatos?, ¿Cómo confiar en los míos sí al momento de hablar de cómo me sentía y cuán presionado estaba se me tildaba de desviado, gay y demás ademanes?, ¿Cómo confiar sí papá solo estaba para castigar, reprimir y demostrar dominancia sin contemplaciones y mamá solo estaba para bajar la cabeza? De aquí vengo y esto es lo que me ha traído.

Sacrificio, manos atadas y daño materno

Al recordar mis memorias, evado la cruda refulgencia de mis emociones, de cuánto anhelaba la comprensión en mi niñez y solo encontraba una espalda fría que decía que los niños como yo no debíamos comportarnos así. De este modo, aprendí que mi madre estaba hecha para ceder a los disfrutes que según ella yo merecía: salir de fiesta desde los doce, beber desde los trece, tener novias desde la primaria, entre otras cosas, que asumí como completamente normal, hasta que vi con desencanto que mis hermanas no podían si quiera mencionar la palabra fiesta porque ya eran tildadas de “rebusconas y fáciles”. Bajo esa premisa, me acostumbré a ver a mis primeras enamoradas como eso: chicas rebusconas que me hacían valedero de mis primeros apodos de “cazador”. Ahora, con mis años encima, ¿Qué sentido tiene que a una mujer, una humana como yo, sea entendida como una presa? Es incomprensible y hasta perverso.

Las manos atadas vinieron cuando me acostumbré también a la idea que mayor capacidad de “enamoramiento de chicas hacia mi” equivalía a mayor valía. Todo suena grotesco y más cuando fue de mi padre de quien aprendí dicha creencia. Así, me adapté mentalmente a subsanar todo resquebrajo que tuvo, en otras palabras, a saber, de sus infidelidades y convertirme inclusive en su confidente cuando “se le cruzaban las fechas” y debía usar una tapadera. Lo veía como un gesto natural de padre e hijo, sobre mi madre, solo pensaba que se lo había buscado dado que ya hacía mucho tiempo solo se ocupaba del hogar y no de sí misma ni de su esposo, mi padre. Pensar en esto ahora, y ver que aún se hace con total impunidad me revuelve mis entrañas, pero, eso aprendí.

¿Cómo fueron mis relaciones amorosas?

No hace falta ser un sabio para saber que fueron un destrozo, causado por mí, por ellas, por el efecto que les causé y se volvieron en mi contra. Hoy, con mi soledad en brazos recapacito acerca de mis prácticas, aisladas de toda compasión, entendimiento y ternura. Las mujeres, solo fueron para mí un rato, momentos que se llenaron de encuentros sexuales para satisfacerme por completo a mis anchas, luego, se convirtieron en satisfacción para ellas, pues, en mi retorcida lógica llegué a contemplar que mientras mejor se sentían conmigo, mejor fama iba a tener para atrapar a otras. Una porquería de sistema, lo sé. Lo que ocurría tras unos encuentros es totalmente sabido: me desaparecía, no llamadas, ni mensajes de texto, solo ignoraba su existencia una vez lograda la “conquista”, una forma errónea más de ver el acto de acercarme a alguien. Para mí, se trataba de poder, el acercarme a las mujeres y con palabras, sonrisas, halagos y regalos llevarla a donde me apeteciera se volvió un juego más.

Después de la universidad y luego del trabajo, ya tenía un par de citas agendadas, por sí alguna no daba la talla, “mojigatas” las hacía llamar a aquellas que me ignoraban a mí, con mi ego herido, comenzaba a despotricar con mis amigos sobre ellas, inventando excusas y situaciones para no admitir jamás que ellas me rechazaron a mí por tenerme como un patán. Tenían razón.

Ni que decir de las innumerables galerías virtuales que a modo de catálogos deslumbraban mis ojos cuando necesitaba llenar mi vacío emocional, ellas, las disponibles a todas horas, estaban allí, clasificadas, ordenadas y calificadas de acuerdo a mis arrebatos. Una pena. Sin embargo, así accedí a ellas por mucho tiempo haciéndolas esperar incluso cuando me llamaban a mí, solo yo importaba, nadie más.

Claramente, nunca había presentación a amigos o a la familia. Mi madre siempre me preguntaba por la falta de formalidad en mi vida amorosa, y yo salía de esos “apuros” a punta de estar ocupado en mi carrera, no tener tiempo en invertir en una relación, tolerar los berrinches de ellas…en fin, patrañas para no decir a vox populi que su hijo era incapaz de ser vulnerable con alguien, que le dolía inmensamente confesar que no sabía estar solo, y que siempre tuvo a alguien agendado porque desde los 16 (tiempo en que estuve por primera vez con alguien) no sabía mantener una conversación cercana con una mujer si no era para llevarla  a la cama; indudablemente, me era imposible.

Una vez

Solo una vez me enteré de la valía de una buena compañía, de la necesidad de estar para alguien no por mi billetera, ni por mis halagos sino por mi persona. Ella, con su ímpetu de estar siempre revoloteando en sus ámbitos y vivir siempre en su soledad tan feliz me parecieron un atractivo inigualable, estaba en la universidad a mitad de carrera, con un promedio estable, sin fiestas alocadas y un sentido del humor excelente, ella, fue en quien posé mis ojos por primera vez sin ansias de llenar mi vacío ego.

Después de camuflarme en su vida como un amigo, ella empezó a sentirse cómoda en mis manos, sin embargo, el desastre llegó. ¿Cómo brindo amor y cercanía si no lo tengo? Lo acepto, no me conozco, mi fama y lo que se dé mí es porque otros me lo han dicho, a solas, tiemblo por escuchar mis pensamientos ingratos y banales contra mí. Por lo que, al acercarme con ella de una manera que sentía que mi alma estaba desnuda, me aterroricé. Lo presintió, estoy seguro, me llamaba y mensajeaba, adoraba leer que se preocupaba por mí, pero, mi miedo a no afrontar mi vulnerabilidad con alguien más me paralizó. Debía tomar medidas extremas para sacarla de mi vida, por su bien, más que por el mío, así lo vi en aquel entonces y finalmente, una noche sin premeditarlo, en una fiesta, me escapé con su mejor amiga, el resto ya lo intuyen. Quedamos destrozados, pero, me resguardé de expresar mis ineptitudes.

Luego de ello, comencé a darme cuenta que la vida en relaciones amorosas no era para mí, al menos no con el sentido que le estaba dando, así que tomé mis maletas, las emocionales y las físicas, me fui a un lugar nuevo y comencé de nuevo mis andanzas para entender el amor y entenderme a mí. ¡vaya estrago!

Del amor al odio, conocí la dependencia y la sumisión

Decidí hacerlo todo distinto, vestirme, engalanarme, agraciarme con ellas, todo diferente. El problema de hacer estos cambios es que no solo no era yo, sino que, además, yo no era equilibrado conmigo mismo, seguía detrás de una fachada, esta vez, la de un hombre sensible, un hombre que se resbala por una mujer, en un sentido más patético que Johnny Bravo porque no podía siquiera decir que «no» por miedo a la soledad, a que me dejaran y me hicieran ver como un don nadie en la vereda. Simplemente, me fui al lado opuesto, sin saberlo, me convertí en un hombre que tenía sus carnes fuera, para convertirse en carroña ante la primera que, por compasión decidiera estar conmigo.

Así, inicia la historia de mis amoríos extremos, donde detectaba a una mujer como una casa hogar que pudiera darme techo, yo, un desesperado de cariño comencé a tambalear mis cimientos y me resquebraje: “no soy suficiente”, “no puedo proveerlas de lo que necesitan”, “úsame por una noche o todas las que quieras”, “quiéreme”. Así, como lo veo ahora, yo estaba en la postura que hacía años atrás muchas mujeres estaban conmigo. Probé claramente la hiel del desprecio y de cómo mi ego más desestructurado que nunca lloró por creerse insuficiente hasta de vivir.

Terapia y mentiras

Al ser un pesimista no confeso, me adapté a la idea de sobrevivir a mis peripecias solo, sin ayuda, siempre con una vela al aire ondeando las olas sin rumbo alguno, esperando que la fortuna se apiade de mi destino. Sin embargo, al volcarme en desilusiones que me dejaron en bancarrota, sin ánimos de querer intentar suspirar por la vida ni andar sobre mis pasos para buscar refugio, comencé a detestar profundamente la solvencia femenina, esa que les da pie a ellas de llorar cuando quieren y por lo que quieren, de prestar atención a lo que sienten y exclamarlo a viva voz, de reunirse con sus amigas y juguetear a fantasear una vida tranquila sin preocuparse de que su trabajo no es vanagloriado por una serie de tontos que al igual que yo se creen proveedores de todo el universo. Las envidiaba profundamente.

En este pozo profundo me encontraba hasta que, cabizbajo y sin una moneda en mis bolsillos me volví un desalmado. Pedía a mis amigos, los pocos que me quedaban, unas cuántas monedas para embriagarme, claramente, les decía que era para vivir, para la casa y mi familia, pero mentía, no era capaz de aceptar mi derrota, hasta que un accidente de tránsito donde laceré la vida una mujer y su hija me llevaron a juzgados, la prensa y lo que para mí fue en su momento peor: terapia.

¿Cómo era posible esto? Finalmente, mi familia luego de que se enterasen de toda mi vida y lograran solventar mis malvadas acciones, accedí a ir a terapia, a regañadientes y por orden de un juez. Era de una comunidad bastante ajetreada por lo que estaba en el pasillo esperando que fuera mi turno, finalmente llega, y es una mujer. Es lo que hay, el sistema público es así, mis despilfarros no lograban pagar a un particular ni mucho menos lograban agilizar mi cambio a otro profesional de mí mismo sexo. Así que allí estuve, renuente, terco, grosero y quebrado.

El milagro del desalmado

La gente suele opinar que las ideas suicidas son solo cuestión de horas antes de cometer el hecho, que simplemente llegan y concretas. Además, muchos piensan que morirán de la misma manera en cómo han vivido siempre, inclusive con las mismas ideas y creencias. Yo, tras largos años me di cuenta que no, es falso y soy testigo de ello.

No sé a quién agradecerle sí a la sombra de mi vida que se hacía más amplia, sí a Calamaro, Riso o Bumbury por sus letras reflexivas o a mi psicóloga, ella, quién con una mordacidad atroz y una voluntad firme cumplió con su deber enseñándome que la vida no fue la culpable de todas mis desdichas, ni mi familia fue un motor activador de mis penurias, aprendí la decisión más valiente y aguerrida que pude conocer jamás: mi responsabilidad.

Pasé de ser un perro desalmado a alguien que entendió que las personas, al igual que yo, siente, se afligen y son vulnerables a los actos de otros, aprendí que muchas de mis faltas no son por cuestiones económicas sino porque en mi vida interior estaba tan vacía que ni mil arcas de oro podían llenar mi desacuerdo conmigo mismo. Además, aprendí que respirar cada día sabiendo que puedo tener amigas al lado, esas que, como ángeles asexuados se encariñan de mi presencia y no de mi virilidad, son los tesoros más grandes que cualquier «conquista» que pude tener anteriormente.

Finalmente, entendí que soy un hombre, vulnerable, de carne y hueso, que siente, se ilusiona y es capaz de proyectar y dar amor, de sentirlo sin compromiso de que va a llenar un campo de fútbol de regalos, entendí que una familia no se consolida con mentiras, ni siquiera valen la pena para mantener «la unión familiar» , simplemente entendí que mis hijos, si llego a tenerlos, merecen el reconocimiento de sus emociones, conectar más allá de lo físico y vincularse con otros como lo que son: humanos.

Un perro, no es una descripción para un ser humano, empezando porque es contradictorio, él es leal y fiel, ciegamente en muchas ocasiones. Nosotros, podemos dilucidar, no, no fui ni soy un perro, solo fui un humano plagado de ideas y comportamientos erróneos que decidí en su momento, no atacar y avanzar.

Precisamente por eso, me agradezco y me compadezco, me miro con ternura y me reafirmo como un ser libre que piensa, siente y ama desde lo más profundo de su alma y con plena seguridad de su masculinidad, que cargo siempre conmigo para recordar con una sonrisa que este, en verdad, soy yo.