Conoce a tu hijo a través del Eneagrama

¿Por qué mi hijo no puede quedarse en un solo sitio? o ¿Por qué no juega en grupo como los demás? Si observamos a nivel general a las personas vemos que desde bebés se van marcando diferencias, y son estas características las que van dando forma a la personalidad del niño.

Para conocer un poco más sobre este tema, debemos definir el Eneagrama como un manual de instrucciones que nos explica en base a nueve tipos de personalidad, las motivaciones profundas de nuestras conductas y actitudes. Estas nueve categorías nos servirán como un mapa que nos orientará a conocer las metas y los miedos de nuestros hijos. Es importante tener en cuenta, que el propósito del eneagrama no es encasillar al niño en uno de los modelos, sino el conocer las razones de su actuar para guiarlo con mayor seguridad durante su desarrollo. Sin más introducción pasamos a explicar cada eneatipo con sus características generales centradas en la niñez.

Esquema de relaciones entre los nueve tipos del eneagrama.

Eneatipo 1: El perfeccionista

Ilustración de Ray Caesar

Son perfeccionistas, eso los vuelve críticos consigo mismos y con los demás. Se sienten imperfectos y tienen la necesidad de compensar esa sensación de insuficiencia e inconscientemente crean un ideal de cómo debería de ser las cosas.

Infancia

Relacionan la búsqueda de afecto a través de la perfección, sienten que necesitan sobre pasar las exigencias de sus padres y temen no ser considerados lo suficientemente buenos. Desde niños empiezan un camino de perfección siendo buenos, limpios e inmaculados.

Consejo:

En un estado positivo se forman como personas responsables, organizadas, con mucha seriedad en su trabajo y compromisos. Cuando su desarrollo es insano pueden exagerar sus cualidades llegando al perfeccionismo extremo, sin sentir placer y espontaneidad en su vida.

  • Es necesario que aprendan a relajarse y a ignorar la voz del juez interior que resalta sus errores.
  • Dejar de sobre exigirse y ser conscientes de sus límites, tener presente que las cosas que hagas no deben ser perfectas, sino que deben ser honestas.
  • Escuchar más al otro, dejar la prepotencia y aprender de los demás.

Eneatipo 2: El que da

Ilustración de Ray Caesar

Prestan más atención a los demás, en sus necesidades y en cómo ayudarlos; requieren sentirse necesitados y apreciados volviéndose indispensables para otras personas. Son entregados a satisfacer las necesidades de los demás y no las suyas, pero interiormente esperan agradecimiento a cambio.

Infancia

Anteponen las necesidades de sus padres y hermanos; e incluso recuerdan haber aprendido que el afecto, el cariño y el amor eran premios que se ganaban siendo buenos y generosos con los demás. Así, poco a poco interiorizaron que ocuparse de uno mismo era un acto egoísta impropio de las “buenas personas”.

Consejo:

En su estado sano son personas muy altruistas y saben dar apoyo a quien lo necesita. En su estado insano pueden desconocer sus propias necesidades sin pedir apoyo, creyendo que es más importante las necesidades de los demás.

  • Deben aprender a estar solos, reencontrándose consigo mismos y reforzando su autoestima con propio amor.
  • Fortalecer su desarrollo personal, explorándose a sí mismos conociendo sus gustos y disfrutando de su mundo interior; entrando en contacto con sus talentos y desarrollarlos.
  • Amarse a si mismos, valorarse como las personas más importantes de sus vidas.

Eneatipo 3: El ejecutor

Ilustración de Ray Caesar

Buscan el éxito y el reconocimiento, son muy trabajadores y competitivos. Por su eficiencia y laboriosidad pueden mostrarse vanidosos, estando pendientes de su imagen y lo que proyectan a los demás.

Infancia

Aprendieron a ser queridos por sus éxitos, un claro ejemplo es que después de la escuela se les preguntaba que tal lo habían hecho en lugar de como se encontraban. Reprimieron sus propias emociones centrando su atención en adquirir estatus.

Consejo:

En su estado sano pueden superar todos sus desafíos perseverando al éxito. En un estado negativo pueden sobre esforzarse en su trabajo sacrificando otros aspectos de su vida, incluso llegar a engañar manteniendo las apariencias de éxito.

  • Deben tener presente que lo importante es lo que piensan de sí mismos, lo que les gusta y les motiva, dejando de lado las opiniones de los demás.
  • Desarrollar las cosas que les gustaría hacer en su tiempo libre, saber que el ocio no es una perdida de tiempo e incluso les permitirá recargar energías.
  • Conocerse a sí mismos los hará valorarse por lo que son, sin falsas apariencias.
  • Aceptar sus propias frustraciones y debilidades, les ayudará a identificarse a sí mismos.

Eneatipo 4: El individualista

Ilustración de Ray Caesar

Poseen una sensibilidad muy especial y particular. Se ven a sí mismos como diferentes de su entorno y se les es difícil encajar, sintiéndose a menudo incomprendidos por sus familias y amigos.    

Infancia

Durante la infancia han sentido que sus padres no se fijaban en ellos e incluso manifiestan que a través de sus cualidades y atributos especiales obtendrían la atención que buscaban. Así, poco a poco interiorizaron que no estaba bien ser demasiado práctico.

Consejo:

En un estado positivo se orientan a buscar belleza y dar su toque creativo; son conscientes de sus emociones intensas y de su mundo interior. En un estado negativo van comparándose con los demás, centrándose en las virtudes que les falta.  

  • Es bueno que sepan admirar las cualidades positivas de otras personas y aprender de ellos, tomarlas como motivación para desarrollar sus propias virtudes y aceptar sus defectos.
  • El escapar de la realidad se puede volver un problema a una solución, haciéndole difícil concentrarse en el presente.
  • Debe establecer rutinas, y enseñarles a ser organizados en sus trabajos. El orden ayuda a liberar la infinita creatividad que tienen.

Eneatipo 5: El investigador

Ilustración de Ray Caesar

Son considerados introvertidos y tienen dificultades para establecer relaciones emocionales con los demás. Llegan a ser reservados e incluso solitarios; les cuesta salir de su mundo interno hasta sentirse plenamente seguros, con los conocimientos que acumulen, sobre el mundo exterior.

Infancia

Se sintieron agobiados de recibir mucho cuidado por parte de sus padres, quienes llegaron a invadir su espacio e intimidad. Ante tal presión decidieron refugiarse en sus mentes, aprendiendo poco a poco que para sentirse seguros debían aislarse del mundo, evitando relacionarse   emocionalmente con los demás.

Consejo:

Con un desarrollo sano se vuelven visionarios y pioneros en el campo que les agrade. Con un desarrollo insano se desapegan de sus emociones adoptando una actitud de superioridad y arrogancia.

  • Les son de mucha ayuda practicar deportes, bailar o hacer ejercicio físico; deben conectar con sus cuerpos y salir de la mente.
  • Deben compartir lo que sienten con las personas de confianza, como su familia o amigos, los ayudará a salir de su aislamiento.
  • Tienen que poner en práctica todo lo que han aprendido, no solo deben absorber la información teórica y ser un observador.

Eneatipo 6: El leal

Ilustración de Ray Caesar

Desconfían de sí mismos siendo normalmente ansiosos e inseguros. Suelen ser muy fieles y leales, eso los vuelve excelentes asistentes y amigos ya que priorizan las necesidades del grupo. Les interesa la verdad y no se conforman con falsas apariencias.

Infancia

Tienen temor de no contar con el apoyo de sus padres para orientarse en la vida. Incluso pueden buscar la confianza y seguridad en personas que simbolicen autoridad para ellos perdiendo la confianza en sí mismos.

Consejos:

Ante un desarrollo sano aprende a transformar su cobardía en coraje, formando su autoconfianza y tomando decisiones propias. Ante un desarrollo insano pueden volverse ciegamente obedientes.

  • Deben aprender a relajar sus mentes, calmar sus pensamientos a través de la meditación o el yoga. Reflexionando sobre ideas recurrentes que los agobien y cuestionarlos.
  • Fortalecer su auto confianza y seguridad, tomando sus propias decisiones y asumiendo los resultados.
  • Confiar en la vida les enseñará que las cosas que pasan a veces no salen como las queremos, pero son las que necesitamos para crecer y seguir evolucionando.

Eneatipo 7: El entusiasta

Ilustración de Ray Caesar

Son optimistas, aventureros, atraídos por el placer y llenos de alegría. Se caracterizan por ser entretenidos, suelen llenarse de planes con mucho entusiasmo y dejarlo cuando se aburren. Tienden a la desorganización y constantemente huyen del presente.

Infancia

Sintieron que sus padres no los atendieron lo suficiente, aprendiendo a buscar seguridad a través de experiencias atractivas y personas estimulantes. Se acostumbraron a evitar la tristeza y el dolor, olvidando los recuerdos negativos de su vida.

Consejos:

Con un desarrollo sano sus mentes despiertas y ágiles son capaces de explorar nuevas ideas y concretarlas en proyectos. Con un desarrollo insano pueden ser impulsivos y muchas veces no llegan a terminar sus objetivos.

  • Tienen que aprender a darse un tiempo para sentarse y respirar, enfrentando el silencio del vacío interior.
  • Practicar la lectura, los ayudará a conectarse con su mundo interior.
  • Deben aprender a reconocer sus emociones ya sean desagradables o incómodas para ellos.

Eneatipo 8: El desafiador

Ilustración de Ray Caesar

Se caracterizan por ser seguros de sí mismos, con fuerte carácter y capaces de imponerse. Tienden a ser protectores con las personas que quieren y suelen ser de los que asumen el mando de su entorno.

Infancia

A una temprana edad tuvieron que enfrentar una situación conflictiva que los obligo a endurecerse, Puede que hayan sentido cierto abandono por parte de sus padres, dejando de lado su vulnerabilidad y enfrentándose a la vida con fuerza.   

Consejos:

Con un desarrollo sano son líderes que protegen al débil y se esfuerzan por la justicia. En un estado insano ocultan sus vulnerabilidades actuando agresivamente y siendo controladores.  

  • Deben de conectar su corazón con sus sentimientos, cuanto más sientan sus emociones menos trataran de ocultarlo.
  • Tienen que saber qué a veces pueden pasar cosas que nos hacen daño, tales sucesos son lecciones de vida y nadie es culpable de ello.
  • Aprender a practicar el perdón, sobre todo hacia las personas que consideran que hayan sido injustas o que sienten que les hicieron daño.

Eneatipo 9: El pacificador

Ilustración de Ray Caesar

No les gusta el conflicto y con frecuencia huyen de uno. Son complacientes, bondadosos y se acomodan con facilidad en cualquier grupo; pueden llegar a ser demasiado permisivos con los demás para mantener la paz.

Infancia

Desde muy pequeños buscan la armonía en su hogar aprendiendo a mantenerse alejados de los problemas casi invisibles ante sus padres, con pocas exigencias para no preocuparlos.

Consejo:

Con un desarrollo sano son dinámicos en sus trabajos manteniendo un ritmo gradual, tienen un sentido altamente integrado de sí mismos y del bien grupal. Cuando su desarrollo es insano pueden ocultar sus opiniones y preferencias para mantener una aparente paz.

  • Deben aprender a decir “no”, eso les da más libertad para que escojan las opciones que quieran y manifestar sus verdaderas opiniones.
  • Dejar de infravalorar sus ideas y ponerse en segundo plano, tener presente que dentro de cada uno hay muchas cualidades que nos hacen ser especiales.
  • Establecer rutinas productivas, que los obligue a moverse, también es bueno que aprendan a hacer actividades que desarrollen sus talentos.

Conclusión

El largo trabajo de conocernos puede comenzar antes de lo que creemos y según va pasando el tiempo o las experiencias que nos sucedan; vamos aprendiendo más sobre nuestro “yo” interno, como niveles de un juego que se van desbloqueando cuando más tiempo pasamos jugándolo. Durante estos procesos de descubrimiento nos podemos apoyar en herramientas como el Eneagrama que nos trazarán nueve bocetos con los cuales podremos identificarnos pero sería erróneo pensar que esto nos definiría en nuestra totalidad, esto solo es una herramienta que nos indicarán en que punto nos encontramos en nuestra evolución pero no nos marcará el camino que debemos seguir, eso es decisión de cada uno y como padres debemos proporcionar las herramientas necesarias para que puedan desarrollarlo a su propia manera.

Referencias

Borja Villaseca (2019). Eneagrama. 21/05/2019: Borja Vilaseca. Sitio web: https://borjavilaseca.com/eneatipo-9/

Don Richard Riso & Russ Hudson. (1999). La sabiduría del Eneagrama. España: Urano.

Jordi Pons. (2017). Eneagrama. 01/03/2019 Psicólogo-Barcelona. Sitio web: https://www.psicologo-barcelona.cat/#jordi

Personarte (s.f.). Eneagrama: Personarte. Sitio web: https://eneagrama.personarte.com/eneatipos/eneatipo-9/

Visión integral (s.f.). Eneatipo: Visión Integral Sitio web: https://www.visionintegral.org/content/category/10-psicologia-integral

CAPÍTULO III: «Cuando las aulas escolares se volvieron del tamaño de las pantallas»

Este artí­culo esta inspirado en una investigación sostenida en las consultas psicológicas con los distintos padres y niños. Por lo que, voy a presentar a un personaje, de nombre José Gabriel, construido para permitirme hacer una simulación de lo que sucede en la vida de los niños mientras cursan sus clases virtuales.

José Gabriel, será caracterizado como un niño de nueve años, estudiante del 3er grado de primaria en un colegio mixto, colegio al que asiste desde que tiene 3 añitos. Vive en un departamento en el 4to piso de un edificio, junto a su hermana Clarita, de 4 años, y a sus dos padres. Su madre trabaja a medio tiempo, vendiendo productos de estética por internet, y su padre es agente inmobiliario.

Normalmente, el padre de José Gabriel lo despierta a las 7am, luego de eso, él se asea, va al comedor a desayunar junto a sus padres y hermanita, y posteriormente, se traslada al espacio asignado para poder hacer sus clases virtuales.

Y así, empieza, su nueva rutina de vida: Hacer click, abrir la plataforma, ingresar su usuario y contraseña, colocarse los audí­fonos, escuchar y observar al profesor(a), hacer las actividades que se indican, como por ejemplo, escribir, dibujar, pintar, leer, resolver, analizar, y en todo el proceso, tratar de aprender.

Nuestro hogar es un espacio privado en el que guardamos todo lo que necesitamos para nuestra supervivencia (alimentos, abrigo, medicinas…), lo solemos complementar con aparatos electrónicos que nos faciliten cumplir con nuestras funciones de vida (cocina/cocinar, lavadora/lavar, televisor/entretenimiento). Aparte de ello, recurrimos a decorarlo con objetos que nos evoquen emociones agradables, como por ejemplo, fotografí­as, cuadros, flores, plantas, etc.

Es como un refugio en donde tratamos de guardar lo que necesitamos, y realmente pasamos tanto tiempo ahí, que ya hemos perdido la cuenta, y lo sentimos hasta como parte nuestra. Es más, si la vida fuese una pelí­cula, para la mayorí­a, nuestro hogar serí­a una de las escenografí­as más frecuentadas.

Hasta antes de la cuarentena, para los niños el hogar podrí­a ser visto cómo un espacio de comodidad. Sin embargo, actualmente, se trata del contexto espacial en donde se han ido materializando todas sus actividades.

Las paredes del colegio, se han pintado del color de nuestra sala, habitación, cuarto de estudios, etc. Resulta interesante reconocer que hoy en día, la casa es el nuevo colegio.

Por todo lo mencionado anteriormente, podemos afirmar que, en nuestros hogares existen muchas distracciones, especialmente para los niños(as) y adolescentes, como por ejemplo, la TV, el celular, los juguetes. Es más, quizá muchos de estos objetos los adquirimos en algún momento de nuestras vidas justamente para «distraer» a nuestros hijos(as).

Continuaré describiendo el caso de José Gabriel, quien desde que inicio la cuarentena, viene desarrollando sus labores académicas en la mesa del comedor. Uno de los motivos de consulta, fue que, él se distraí­a constantemente desde que se sentaba, incluso se tomaba mucho más tiempo del habitual en responder los ejercicios.

Un día de terapia, le pedí­ a su madre que se sentará en el lugar de estudios de José Gabriel, y que hiciera de forma «impulsiva» todo lo que le provocara. Ella inició mirando los cuadraditos de los individuales, luego los levantó y con la mano izquierda pellizco y doblo cada esquina. Después de unos instantes, se sirvió un vaso con jugo color naranja, y se inclinó para mirar hacia abajo de la mesa, notando que, bajo la silla de José Gabriel, habí­a una cajita de madera, enseguida recordó y dijo en voz alta: «Esta es la cajita en dónde le regalamos soldaditos la navidad pasada». Seguido a ello, comenzó a apoyar los pies en la cajita, y notó que la distancia entre la laptop y sus ojos era muy lejana, por lo que, trató de acercarla, pero entonces, no habría espacio para el cuaderno de estudios. Luego de resignarse, comenzó a pintar en una hoja reciclada, y cuándo el lápiz se quedó sin punta, inició la búsqueda del tajador en una cartuchera de interminables útiles de estudio. Luego, se puso de pie, dirigiéndose hacia la cocina, en búsqueda de un tacho de basura… Y así, nos pasamos una hora, ella «sintiéndose niña», y yo, cómo un «detective entendiendo la encrucijada».

«Definitivamente no es lo mismo», pensé. La distancia entre las cosas, la mesa larga y grande, la silla de adultos, la cajita de soldados usada como una especie de apoyo pisa-tierra, la distribución espacial del material académico, la cantidad de estí­mulos…

Del mismo modo, antes de culminar la sesión narrada, la madre de José Gabriel, habí­a tomado dos vasos de jugo, y se habí­a comido dos panecillos. Lógico, pensé, comer es lo que hacemos en la mesa del comedor. Es por esto que, hay que analizar el espacio asignado a nuestros hijos, observar la diferencia en la funcionalidad del ambiente previo, y tratar de disfrazar este nuevo espacio.

Como es evidente, los niños necesitan un espacio tranquilo y agradable donde logren concentrarse para hacer las actividades escolares.

En terapia, con ambos padres de José Gabriel, empezamos retirando los objetos distractores identificados previamente, aplicando la «Técnica de control de estí­mulos», que intenta controlar cualquier estimulo que provoca una conducta, con el objetivo de limitar o retirar las condiciones en las que surge la dificultad conductual.

Aparte de ello, hicimos una lluvia de ideas para «re-decorar» el espacio de estudio, hecho que luego los padres de José Gabriel concretizaran en casa. Y así, quedó fijada como una rutina preestablecida, el tener que hacerlo, antes de iniciar la jornada académica, así cómo el tener que, retornarlo a su forma original cada momento de comida.

Ahora bien, si tenemos un escritorio destinado únicamente para las labores académicas en casa, repensamos si su ubicación facilita el aprendizaje. Normalmente escogemos un rincón de su habitación para colocarlo, pero a veces puede ser interesante, especialmente cuando son más pequeños, reservar un espacio en la sala para ello, así, los podremos supervisar con mayor frecuencia.

Así mismo, para que los niños sientan que cambian de rutina, puedes crearles dos ambientes de estudio. De esa forma, podrán ir alternando en el transcurso del día, acorde a los cursos que lleven en sus clases virtuales, esto también ayuda a mantenerlos en movimiento, y a flexibilizar, de cierto modo, su rutina.

La luz es otro factor clave, la mayorí­a de clases virtuales se dicta en turno diurno, esto facilita que los estudiantes realicen sus actividades con luz natural, aseguremos que la ubicación del escritorio o mesa de estudio, obtenga el mayor beneficio de recibir la luz del día, en base a su posición. Es más frecuente que, en las tardes hagan las tareas escolares, por lo que, resultarí­a interesante, tal cuál se lo sugerí a los padres de José Gabriel, se sienten a leer un libro, a distintas horas del día y comprueben la eficacia de la luz en la consecución de sus objetivos.

Por otro lado, es necesario que la mesa y la silla de estudios, mantengan unas proporciones adecuadas a las medidas del niño(a), y este punto es uno de los más importantes para garantizar la permanencia del niño en el espacio fí­sico, dado que, si se siente incómodo, evadirá la situación, levantándose cada que pueda.

En ese momento de la terapia, ya organizando lo que se pudiera ver de forma externa al proceso de aprendizaje, consideré instruir a José Gabriel, y a sus padres, en la técnica de autoobservación, la que utilizamos para identificar las conductas no observables externamente. Una vez efectuado el entrenamiento, se le entrega una ficha que él pintarí­a con sus diseños favoritos, para que allí anotara cada que, algún hecho o situación acerca de su espacio de estudio le incomodará. A los 5 dí­as de seguimiento, tení­amos tres fichas completas, con datos no previstos, como: «Me da hambre el olor de la comida cuando mamá la prepara», «Suena el timbre de la clí­nica que está al frente a cada rato, y ladran mis perritos», «Me duele la espalda, porque la silla es dura», «No me gusta que atrás mí­o esté la pared y no me pueda mover», etc.

A raíz de estos comentarios, cada día fuimos mejorando el espacio escolar de José Gabriel, y Clarita, su pequeña hermana, quien tuvo la iniciativa de unirse a nuestros objetivos, justo al momento en el que pensábamos en que nombre colocarle a este espacio de estudio, en donde fluyeron las siguientes ideas: «Cuarto de cuadernos», «Colegio en casa», «Espacio de astronautas», etc. A estas alturas, el objetivo es que interioricen el concepto del nuevo espacio.

Una de nuestras últimas aventuras junto a José Gabriel, y su familia, fue emplear la técnica de Arteterapia, para relajarnos y crear decoraciones adecuadas para su espacio académico (Dibujos, notas motivadoras, estante con trofeos, una mascota vegetal, etc.).

Durante este proceso de acomodación del espacio académico, recordemos ir alternando el juego con la comunicación, para consolidar el ví­nculo de confianza con el niño(a).

Hace unos meses, la situación era completamente distinta, cómo hemos podido analizar, la diferencia entre las clases virtuales y las clases presenciales es abismal, y no sólo para José Gabriel. Por esto, es necesario que cambiemos de expectativa, una clase virtual no va a cumplir los mismos criterios que se tomaban en consideracion en una clase presencial, y viceversa.

Tratemos de continuar favoreciendo la adaptación de nuestros niños(as) enfocados en sus necesidades.

CAPÍTULO II: «Ser padres en tiempos de Coronavirus»

Érase una vez, luego de estar a punto de iniciar una nueva semana, que las puertas de casa se cerraron, y los niños se escondieron de un virus invisible por un tiempo indeterminado. Así, el mundo empezó a cambiar cada día un poco más.

Luego, la vida en casa, se convirtió en el único escenario para los niños, los personajes que representan a algunos familiares, serían también su único medio para transmitir abrazos, la realidad cada día se volví­a más virtual, el contacto fí­sico cada vez más lejano, y ya ni podían explorar su increí­ble poder para camuflarse en la naturaleza mientras jugaban, como pequeñas criaturas salvajes.

Pero, mientras lo de afuera estaba en silencio, lo de adentro se escuchaba cantar cada vez más fuerte.

Érase una vez, que el mundo de afuera estaba censurado, y el mundo de adentro tení­a la oportunidad de ser explorado.

En este cuento que leerán, los niños se convertirán en la generación con mayor poder imaginativo, y quizá cuando el mundo se vuelva a detener en un futuro, ellos sepan cómo hacerlo mejor.

Para que, en tu cuento, alcancen este mismo desenlace, es necesario que escribas desde AHORA las mejores lí­neas para ellos.

Pero, para escribir, resulta inspirador leer primero, informarnos, estudiar, analizar y reflexionar.

Confianza y Comunicación:

Ten presente que, esta temporada de confinamiento, te convierte en la principal fuente de referencia sobre lo que ocurre tras sus ventanas.

El primer paso es que te tomes un tiempo en seleccionar y revisar información sobre el tema, orientada a los niños como, por ejemplo, algunos dibujos, cuentos, experimentos, vídeos y otras actividades que permitan iniciar la conversación.

Para explicarles sobre esta situación, el segundo paso es pedirles su opinión, no podemos construir algo, sin revisar primero los cimientos, ¿Cierto? Necesitamos saber qué es lo que ellos saben de esta pandemia.

No se deberí­a tratar de una conversación alarmante, pero si puedes guiarlos a razonar, a qué traten de sacar sus propias conclusiones.

Recuerda esto: Los padres son los principales facilitadores de pensamientos para sus hijos.

Observa:

Las respuestas que buscas, están frente a ti, observa la conducta de tu hijo(a), analiza qué cambios se han dado estas últimas semanas, puedes tratar de responder las siguientes interrogantes: ¿Cómo describes su hábito de sueño?, ¿Duerme tranquilo(a) o tiene pesadillas?, ¿Tiene insomnio?, ¿Cómo calificas su apetito?, ¿Se mantiene en el mismo peso?, ¿Se muestra más irritable?, ¿Tiene momentos de juego imaginativo?… Si notas alguna variación significativa, o tienes dudas y buscas orientación, aní­mate y busca apoyo psicológico.

Validar las emociones:

Conversa con tus hijos, háblales acorde a su edad cronológica, te recomiendo que el mensaje que vayas a expresarles emplee palabras claras, frases concretas, y que abarque un solo tema a la vez.

También ayuda que les manifiestes algunas de tus emociones. Si empiezas a quitarte la armadura, ellos te mirarán, y lo terminarán haciendo también.

Esto porque, hablar de tener miedo o acerca de sentirse triste, con los niños, podrá ayudarlos a expresar lo que sienten, y a validar sus propias emociones, llegando a sentirse más seguros.

Vamos a colocar un ejemplo, Graciela, una niña de 8 años, a quién le encanta dibujar dinosaurios, tiene miedo de tener el virus, y por lo menos, unas cinco veces al día coloca la palma de su mano derecha sobre su frente, luego de haberlo hecho con la frente de su hermanita, para tratar de comparar su temperatura, y ya se imaginarán cómo reacciona cuando percibe tener una temperatura más alta, lo más difí­cil para ella, no es el tener ansiedad, ni el manifestar una constante necesidad de comprobación de sus sí­ntomas, sino que, lo más difí­cil para Graciela es el pensar que no puede compartir lo que le pasa con sus padres.

Información selectiva:

Filtra la información que lees, escuchas y observas, y hazlo tan seguido que se convierta en un habito.

Verifica lo que tus hijos están escuchando, hay mucha información de fuentes de diversa í­ndole, en torno a la enfermedad del coronavirus.

Vamos a colocar otro ejemplo, imaginemos que, un sábado en la mañana, esta desayunando una familia, de pronto la madre se muestra ciertamente distraída, parece no estar prestando atención a lo que sucede en la mesa, sino que, esta totalmente atenta a las noticias que mira desde su celular, lo que genera curiosidad en sus dos hijos, de 4 y 6 años, quienes no le quitan la mirada por un largo periodo, y mientras esto sucede, la madre cada que lee una noticia, presenta los gestos de temor en ascenso. De pronto, la madre decide compartir una de las tantas noticias, es más, la lee tal cual delante de su esposo e hijos…

Con este ejemplo pretendo recordar que, muchas veces los medios textuales no exponen una categorí­a PG13, como los medios televisivos, por ejemplo en el caso de las pelí­culas que son solo para adultos.

En general, las noticias del periódico, TV, celular, radio, etc., tienen contenido únicamente para adultos. Quizá algunas páginas puedan ser revisadas por los adolescentes, pero esto luego de que los padres seleccionen dichos contenidos.

Actitud:

La visión que vayan a desarrollar los niños sobre la situación actual, no depende únicamente de la información que sus padres les transmitan, sino especialmente de la forma en la que lo hagan.

La actitud que manifestemos generará una respuesta en los niños, que vendrí­an a ser nuestros receptores primarios.

Tolerancia a la incertidumbre:

Cuando sucede algo, solemos regresar al pasado para evaluar situaciones en un contexto similar. La coyuntura actual, no lo permite, se trata de una situación atípica y lo que prima es la incertidumbre.

Aceptar que no sabemos lo suficiente sobre lo que va a ocurrir, es un paso que nos invita al silencio, a la reflexión, a analizar todas las posibilidades, y esta bien, pero todo eso nos distrae de disfrutar del presente.

¿Habías escuchado alguna vez sobre la técnica de Mindfulness?, esta técnica sugiere que mantengamos una atención plena dirigida al momento presente. La mejor manera de hacerlo es percibiendo las sensaciones.

Vamos a colocar un último ejemplo, imaginemos que estamos cenando, y que mientras lo hacemos estamos sentados en la mesa, junto a nuestra pareja, estamos presencialmente, es cierto, pero no estamos conectados con el momento, ya que en esa media hora, estamos teniendo una serie de pensamientos catastróficos sobre la pandemia. Lo que necesitamos es retornar al presente, el futuro es lejano e incierto.

El Mindfulness aplicado a esta situación sugeriría que la persona se permita «sentir», disfrutar de esa taza de café caliente, percibir el olor, la temperatura, el sabor, observar la escena de compartir ese momento junto a su pareja, escucharla, mirarla a los ojos… vivir el presente.

Es importante aprender a aplicarlo, para que a través nuestra propia vivencia, logremos transmitirlo a nuestros hijos.

Recordemos que, usualmente los niños se encuentran más posicionados en el presente, en lo inmediato, y le sacan el mayor provecho especialmente mientras juegan, así que, tal vez nos hace falta observarlos más, para ser también nosotros quienes aprendemos de ellos. Por eso jugar siendo adultos, se convierte en una estrategia de salud mental, jugar suele llamarse «tener un pasatiempo», ya sean hacia las plantas, la cocina, bordado, la carpintería, armar rompecabezas, coleccionar…

Altruismo:

Efectúen una lluvia de ideas, sobre la mejor forma de ayudar a los demás, estas actividades pueden ir desde acciones simples, como que te ayude a explicarle lo que sucede a niños más pequeños, mediante una carta, o un dibujo, hasta acciones más complejas, en donde podrán formular ideas para ayudar a otras personas, si tus hijos se centran en ayudar, estarán canalizando adecuadamente parte de sus emociones.

También resulta motivador que le cuentes a tus hijos noticias positivas, especialmente las que tienen que ver con personas ayudando a otras personas.

Más adelante, en otros capí­tulos resumiré algunas estrategias para proteger el bienestar emocional de los niños. El contenido incluye ideas que he podido ir desarrollando en las sesiones terapéuticas (Modo consejería) con padres, madres, cuidadores y familiares.

CAPÍTULO I: «La mente de los niños en los tiempos del Coronavirus»

Estamos tomando decisiones a cada segundo, y ellos nos observan, nos escuchan, nos interpretan, me asusta pensar que no lo estemos haciendo del todo bien. Estamos marcando un precedente con nuestras acciones u omisiones, da lo mismo, ellos están traduciendo cada hecho, y se lo están tomando bastante personal.

Llevo casi 10 años como Psicóloga, de ese tiempo las mejores experiencias las he tenido en consultas con los niños(as), estos últimos dí­as realmente los estoy echando de menos, lo que más nostalgia me da, es el platicar con ellos mientras jugamos, su forma de ver la vida, tan práctica, tan simple, y a la vez tan profunda. Muchas veces me han dejado en desconcierto, y es que debo confesarlo, todo este tiempo, he sentido que soy yo la que aprende más de ellos.

Desde que inició la cuarentena estoy cuestionándome sobre la interpretación que ellos le están dando a estos dí­as, apartados del mundo exterior, imagino a muchos contentos de poder pasar ese tiempo tan anhelado con sus seres queridos, a otros disfrutando de haber sentido que las vacaciones se ampliaban, imagino también, con el pasar de los das, cierto temor en su mirada, dada la incertidumbre por la que atravesamos como sociedad. Estoy segura, cada uno tendría una gran historia que contar, para el día en el que nos reencontremos en el consultorio.

Las vidas de todos están ciertamente pausadas, y hoy busco hablar en nombre de los niños y niñas, a quienes tal vez les cueste un poco poder expresar lo que piensan por la complejidad del tema.

Para esto, podrí­amos empezar recordando aquella época de colegio, los estí­mulos, la profesora, los compañeros del salón, el recreo, la bulla, el camino de ida y vuelta a casa, la lonchera, las tareas, las risas de los amigos, los juegos, los colores. Ahora, imaginemos que, de haber empezado las clases, a los pocos dí­as, nos las quitan, no entendemos las razones, quizá nos acompaña una alegrí­a inicial, pensando que Las cosas serán como hace unos dí­as, con salidas al parque, centros comerciales, acompañar al trabajo a mamá o papá, visitar a los abuelos. pero resulta que no, que «Estos dí­as no podemos salir de casa, no vamos a poder patear la pelota en el parque, jugar con los amigos, acompañar a hacer las compras, respirar el aire de libertad».

Son sólo unos dí­as, nos explican, pero en nuestra maravillosa e inocente mente, vivimos del presente, y unos dí­as nos suenan a un lejano futuro. No queda de otra, a hacer lo que nuestros padres dicen, ¿no?, pero, ¿Lo dicen porque quieren, o porque lo dice el Presidente?, ¿!No entiendo!?, ¿Por qué no podemos salir?, Todos los adultos están raros, ¿Qué pasará con papá, ¿Por qué está sentado en la mesa con cara de preocupación?, ¿Por qué tenemos que quedarnos en casa?, ¿Y por qué todo el día hablan de un virus?, Estoy cansado de escuchar sobre el Coronavirus, es como la palabra más fea, y no sé porque me parece tan fea, Resulta que el virus es cómo la gripe, yo tuve gripe la semana pasada, ¿Y, si me he contagiado¿, ¿Qué pasará conmigo si me contagio?, Escuché que hay que quedarnos en casa por el bien de todos los abuelitos del mundo, ¿Y si al salir a la tienda mamá trae el virus a casa?, ¿Qué pasa con los niños, también enfermamos?, Escuché decir que no habí­a cura, ni vacunas, que ya no habí­an camas en los hospitales, Dice mi tí­a que en otras ciudades la gente está empezando a morir, ¿Qué es la muerte?, ¿He visto el noticiero, que en España las personas se despiden de los viejitos usando la Tablet, Yo ya no quiero salir porque me da mucho miedo la calle.

Mencioné lí­neas arriba que, hablarí­a en nombre de nuestros niños(as), y es que, literalmente lo acabo de hacer, todas las frases descritas en cursiva son nubecitas de pensamientos extraños de las terapias virtuales que cursamos en estos dí­as de aislamiento, en esta oportunidad les he puesto los subtítulos a sus pensamientos.

El impacto psicológico del confinamiento en nuestros niños, depende de la visión que ellos tengan sobre la situación actual. Es por ello que, este artí­culo pretende estimular una actitud más positiva frente a esta situación, por parte de los padres, familiares, maestros y/o cuidadores, esta es la fase inicial de todo proceso psicológico: «La concientización».

Es necesario que nos tomemos un momento para escuchar sus preguntas y miedos. así como también, para compartir los propios, claro, dentro de lo que corresponde a la edad del niño(a). Demostrándoles nuestra empatí­a, y por sobre todas las cosas, paciencia.

Es por esto que, hoy vuelvo a escribir otro artí­culo, porque siento que nuestros niños realmente nos necesitan trabajando en equipo. Hay que darles hoy una lección de vida, y ¡Hagamos que valga la pena!

Prometo hacer más rutinario el vicio de la escritura, y volver pronto con nuevas reflexiones.