Nueve consejos de una psicóloga infanto-juvenil

1. DIÁLOGO INTERNO:

Necesitamos enseñarles a los niños a escuchar con mayor atención su diálogo interno, a manejarlo, a hablarse con un tono de voz amable y amigable. Ten en cuenta el tono y ritmo de voz, las palabras de aliento, de reflexión y de consuelo que utilizas al hablarle.

El diálogo interno está relacionado con nuestra conciencia, autoconcepto y autoestima, y determina gran parte de nuestras emociones.

«Pensamientos –> Emociones y Sentimientos –> Conducta», la voz interna es una de las principales causas de la conducta infantil, por lo que, si buscamos modificar una conducta, es necesario partir por modificar los pensamientos.

Ten presente que en la infancia le estás enseñando cómo construir sus pensamientos.

2. AUTOIMAGEN Y AUTOCONCEPTO:

La diferencia entre autoconcepto y autoimagen es que el primero se refiere a la opinión que tenemos de nosotros mismos, mientras que la autoimagen se refiere a cómo nos vemos a nosotros mismos. En gran parte, en base a ambos se desarrollará la autoestima.

Autoimagen: Ten un espejo en casa a la altura de tu niño, para que pueda identificarse con su aspecto físico, reconociéndolo y valorándolo. Crea junto a él rutinas de aseo personal y de autocuidado, puedes descargar estas rutinas buscándolas como «pictogramas». Un álbum de fotografías le dará acceso a evocar algunos recuerdos de momentos agradables, pero especialmente a reconocerse en distintas etapas de vida.

Autoconcepto: Si quieres fomentar esto, empieza por observarlo, escucharlo y conocerlo con plena conciencia. Exprésale de distintas formas que es valioso, por ser quien es, tal y como es.

3. PALABRAS MÁGICAS:

Enséñale a pedir perdón cuando corresponda, enfatiza que es un acto de humildad, de toma de conciencia, explícale que pedir perdón cuando nos equivocamos nos abre la posibilidad de mejorar como personas. Del mismo modo, encontrar motivos para sentirnos agradecidos es una virtud que se desarrolla desde la niñez, mediante el ejemplo.

Northrup (2012) menciona que cuando ponemos en práctica la gratitud durante quince o veinte segundos, nuestro organismo experimenta varios cambios fisiológicos sutiles y beneficiosos, como la disminución de los niveles de estrés y el fortalecimiento del sistema inmunológico, entre otras.

4. TOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN:

Cuando se equivoque, no le juzgues ni critiques, recuerda que tienes los siguientes cinco minutos, aproximadamente, para ser su guía.

Ayúdale a expresar sus emociones desagradables (como el miedo, la tristeza o el enojo) en un entorno de seguridad y confianza.

Enséñale a analizar las consecuencias de sus actos, a buscar soluciones, y a ser proactivo. Esto a la vez estimulará en ti la escucha activa, comprensión, paciencia y gestión del estrés.

5. EXPRESIÓN EMOCIONAL:

Llorar es una estrategia de desahogo, es parte de nuestra liberación emocional, fomenta la empatía y la solidaridad en los demás, entre muchos otros beneficios. Por eso, llora delante de él cuando el sentimiento sea auténtico, muéstrale en primera persona que llorar está bien y que tienes la confianza de hacerlo en su presencia.

Una vez que las emociones se han expresado, el siguiente paso es averiguar exactamente cuál fue el problema.

6. INTELIGENCIA EMOCIONAL:

Crea junto a él un diccionario de emociones, no solo con las emociones básicas, sino también con las que se desprenden de estas.

Coloca ejemplos y narra lo acontecido en tu día a día, nombrando la emoción identificada, explícale cómo se siente esta emoción y en qué parte del cuerpo se siente.

También puedes utilizar recursos de apoyo como las películas, para tener un diálogo reflexivo breve sobre la conducta de determinados personajes.

Jugar junto a él te brindará apertura para entender su mundo interno; estimula su imaginación, hazle preguntas reflexivas, crea junto a él una rutina de lectura y lean cuentos e historietas todas las noches.

7. APRENDIZAJE:

Permítele descubrir el mundo con todos sus sentidos. Este punto es muy importante, porque cuanto más grande sea la conexión con sus sentidos, habrán más probabilidades de que tenga paz emocional.

Huele cosas junto a él, velas aromáticas, flores y frutas; escuchen música, ayúdale a descubrir los sonidos que le relajen y los que le activan; bailen juntos por casa. Si te escucha cantar por las mañanas, por ejemplo, mientras manejas de camino al colegio, su voz tendrá mayor libertad.

Alienta su originalidad y creación de ideas, con proyectos personales como, por ejemplo: “Piensa en una idea de emprendimiento», «Piensa en una actividad sobre reciclaje”, “Crea un cuento sobre algún personaje de un cuento que ya conozcas, como el Capitán Garfio”.

8. EDUCACIÓN SEXUAL:

Para poder brindarle una adecuada educación sexual es necesario psico-educarte: busca libros, videos y material específico acorde a su rango de edad.

Ten presente lo siguiente para prevenir un abuso sexual: Si el niño no quiere tener contacto físico con alguien, por ejemplo, dar un beso al saludar a esa persona, no le presiones y no permitas que terceros lo hagan. Por el contrario, dale soporte a su postura. Enséñale a respetar su espacio personal y el de otros. Repítele, mediante ejemplos, que los secretos a esa edad, no están permitidos. Mírale a los ojos cada vez que vuelvan a encontrarse, el contacto visual es una estrategia maravillosa para reconocer cuando los niños están incómodos, confundidos o heridos por distintas situaciones. Asimismo, motiva su autonomía en cuanto a su higiene personal.

9. EDUCACIÓN PARA LA VIDA:

Dale responsabilidades en el hogar y, conforme pase el tiempo, cámbialas por otras de mayor dificultad; fomenta la lectura; la escritura de un diario personal; ayúdale a identificar sus talentos, y bríndale las herramientas para potenciarlos.

Recuerda que el hogar es el principal centro educativo: enséñale sobre la naturaleza y sobre el manejo de propinas, construye una relación saludable con la alimentación, con el ejercicio y con el hábito de sueño, y, de igual manera, enséñale el arte de apreciar y de permanecer —mental, emocional y conductualmente— en el presente.

REFERENCIAS:

Northrup C. (2012). Cuerpo de mujer, sabiduría de mujer (Crecimiento personal).

El Universo del Autismo Infantil: Descubriendo Síntomas, Diagnósticos, Tratamientos y Vínculos Familiares

Introducción:

En el vasto universo de la mente, hay un fenómeno que brilla con una luz única y enigmática: el autismo infantil. Como astrónomos de la mente, nos adentramos en este cosmos fascinante para descubrir las estrellas y constelaciones que componen este intrigante paisaje neurodiverso. 

El autismo infantil es un trastorno del neurodesarrollo que afecta a la comunicación, las habilidades sociales y el comportamiento que presenta un desafío complejo para los niños, sus familias y la comunidad médica en general. En este artículo, exploraremos a fondo los diversos aspectos del autismo infantil, desde su identificación temprana hasta las estrategias de intervención y el impacto en las familias.

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Síntomas del Autismo Infantil:

El autismo infantil se manifiesta de diferentes maneras en cada niño, lo que dificulta su diagnóstico y tratamiento. Los síntomas pueden incluir dificultades en la comunicación verbal y no verbal, como la falta de desarrollo del lenguaje o el uso inusual del mismo, al igual que dificultades en la interacción social, como la incapacidad para establecer relaciones con sus pares o la falta de reciprocidad emocional. Además, muchos niños con autismo muestran comportamientos repetitivos o estereotipados, así como intereses restringidos y actividades obsesivas.

Métodos de Diagnóstico:

El diagnóstico del autismo infantil es un proceso multidisciplinario que requiere la participación de profesionales de la salud mental, pediatras, neurólogos y otros especialistas. Se basa en la observación clínica, en la recopilación de información de los padres y cuidadores, y en la aplicación de herramientas de evaluación específicas, como el ADOS y el ADI-R. Además, es importante considerar el historial médico y el desarrollo del niño en su totalidad para llegar a un diagnóstico preciso y completo.

Tratamiento del Autismo Infantil:

El tratamiento del autismo infantil es individualizado y adaptado a las necesidades específicas de cada niño. 

1. Terapia Conductual:

La terapia ABA (Análisis Aplicado del Comportamiento) es uno de los enfoques terapéuticos más comunes y efectivos para el autismo infantil. Se basa en principios científicos del aprendizaje y se enfoca en enseñar nuevas habilidades y reducir comportamientos problemáticos, a través de técnicas de refuerzo positivo y moldeamiento. Los terapeutas ABA trabajan individualmente con cada niño, utilizando procedimientos estructurados y repetitivos para enseñar habilidades sociales, de comunicación, académicas y de vida diaria. El programa de intervención se diseña específicamente para abordar las necesidades únicas de cada niño y se ajusta regularmente según su progreso.

2. Terapia del Lenguaje:

La terapia del habla y lenguaje es fundamental para los niños con autismo que presentan dificultades en la comunicación verbal y no verbal. Los terapeutas del habla y lenguaje trabajan con los niños para desarrollar habilidades de comunicación funcional, como el habla, el lenguaje expresivo y receptivo, la pragmática del lenguaje (uso social del lenguaje) y la comprensión del lenguaje. Utilizan una variedad de técnicas y actividades, como juegos interactivos, imágenes visuales, tarjetas de comunicación y dispositivos de comunicación aumentativa y alternativa (AAC), para ayudar a los niños a comunicarse de manera efectiva en diferentes contextos y situaciones.

3. Desarrollo de Habilidades Sociales y Emocionales:

Una parte importante del tratamiento del autismo infantil es el desarrollo de habilidades sociales y emocionales. Los niños con autismo a menudo tienen dificultades para comprender y responder adecuadamente a las señales sociales, como el contacto visual, las expresiones faciales y las señales emocionales de los demás. Los terapeutas utilizan técnicas de juego estructurado, modelado de comportamientos sociales apropiados, roleplaying y actividades grupales para enseñar habilidades sociales y emocionales básicas, como tomar turnos, compartir, expresar emociones y resolver conflictos de manera constructiva. También se enfocan en el desarrollo de la empatía y la comprensión de las emociones propias y de los demás.

Qué es la terapia ABA?

4. Desarrollo de Habilidades Académicas y de Autonomía:

Además de las habilidades sociales y del lenguaje, es importante desarrollar habilidades académicas y de autonomía en los niños con autismo. Los terapeutas trabajan en estrecha colaboración con los niños para enseñar habilidades académicas básicas, como la lectura, la escritura, las matemáticas y la resolución de problemas. También se centran en el desarrollo de habilidades de vida diaria, como la higiene personal, la organización, la planificación y la independencia en las actividades cotidianas. Utilizan técnicas de modelado, instrucción directa, reforzamiento positivo y generalización para ayudar a los niños a adquirir y generalizar estas habilidades en diferentes entornos y situaciones.

5. Apoyo Continuo y Participación de la Familia:

El éxito del tratamiento del autismo infantil depende en gran medida del apoyo continuo de los padres y cuidadores. Los terapeutas trabajan estrechamente con las familias para brindarles las herramientas y estrategias necesarias para apoyar el desarrollo de sus hijos en el hogar y en la comunidad. Esto puede incluir la capacitación en técnicas de manejo del comportamiento, la creación de un ambiente estructurado y predecible, el establecimiento de rutinas consistentes y la promoción de la comunicación y la interacción social en el hogar.

Impacto en la Familia:

El autismo infantil puede tener un impacto significativo en las familias, tanto emocional como financieramente. Los padres y cuidadores enfrentan desafíos únicos, como el estrés emocional, la falta de apoyo social y las dificultades para acceder a servicios adecuados para sus hijos. Además, el autismo puede afectar la dinámica familiar y las relaciones entre los miembros de la familia, lo que requiere adaptaciones y estrategias de afrontamiento efectivas. Es importante que las familias tengan acceso a recursos y apoyo adecuados, como grupos de apoyo, terapia familiar y servicios de intervención temprana, para ayudarles a enfrentar estos desafíos de manera efectiva.

Consideraciones Éticas y Sociales:

Además de los aspectos clínicos del autismo infantil, también es importante considerar las implicaciones éticas y sociales de este trastorno. La inclusión y aceptación de las personas con autismo en la sociedad son fundamentales para garantizar su bienestar y calidad de vida. Reducir el estigma asociado con el autismo y promover la igualdad de oportunidades para todos los niños, independientemente de sus habilidades o discapacidades, es un objetivo crucial en la lucha por la inclusión y la equidad.

Conclusión:

A medida que continuamos explorando el autismo infantil, la investigación y el desarrollo de intervenciones más efectivas y accesibles para los niños y sus familias, es fundamental. Además, se debe aumentar la conciencia pública y reducir el estigma asociado con el autismo, para promover una mayor inclusión y aceptación en la sociedad. Con un enfoque multidisciplinario y colaborativo, podemos trabajar juntos para mejorar la calidad de vida de las personas con autismo y sus familias.

Referencias 

Díaz Atienza, F. (2018). El autismo. Del diagnóstico a la intervención. Editorial Síntesis.

Fernández, L. (2016). Guía de intervención en los trastornos del espectro autista. TEA Ediciones.

Rivière, A., Martos, J. (2005). Autismo: el niño y su mundo. Ediciones Pirámide.

Rodríguez, S. (2014). Autismo y síndrome de Asperger: una guía para comprenderlos y tratarlos. Ediciones Paidós.

Inclusión: ¿Cómo apoyar a los niños con discapacidad dentro del aula?

Los niños con discapacidad deben tener las mismas oportunidades para poder fomentar su desarrollo dentro del aula, para ello tenemos que tener una capacitación constante de cómo poder ayudarlos y brindarles el apoyo necesario, según sea el caso o la discapacidad que presenten.

Para lograrlo, primero se debe identificar las distintas dificultades de aprendizaje que se pueden encontrar dentro del aula:

  • Discapacidad motriz:  Niños que presentan alguna discapacidad física.
  • Trastornos del aprendizaje: Niños que suelen tener dificultad para escribir o leer, también presentan problemas en la ortografía.
  • Dificultades emocionales: Niños con autoestima baja, que no cumplen normas o reglas, generalmente presentan mal comportamiento.
  • Discapacidad intelectual: Niños que tienen Síndrome de Down o algún retraso intelectual.
  • Dificultades sociales: Niños que no pueden expresar o manifestar sus emociones, no suelen hacer amigos, ni mucho menos relacionarse.
  • TDAH: Trastorno de déficit de atención e hiperactividad.
  • Trastornos generalizados del desarrollo o TGD: Suelen afectar el desarrollo del cerebro e impiden la interacción con otros niños, asimismo, dificultan la comunicación y expresión de emociones, suelen ser autismo y Síndrome de Asperger.
  • TOC: Trastorno Obsesivo Compulsivo.
  • Trastornos de comunicación y lenguaje: Niños con dificultad para la adquisición de lenguaje y dificultad para escribir.
  • Alto rendimiento: Rendimiento por encima de los demás niños.
  • Discapacidad sensorial: Discapacidad visual y auditiva.
  • Trastorno de ansiedad: Miedo y preocupación constante.

Una vez que identifiquemos qué tipo de discapacidad tiene el niño, seremos capaces de hacer un plan para ayudarle: podemos identificarlo a través de la observación, cómo se integra a los demás niños o si se aleja de ellos. También podemos indagar dentro de la familia, si tiene ciertos comportamientos que relacionemos con alguna discapacidad, o si el niño ya recibió un diagnostico apropiado.

Pero ¿cómo ayudar a un niño con discapacidad sin descuidar a los demás niños en el aula? Para ello, hay distintas estrategias que podemos utilizar sin descuidar el aprendizaje de los demás.

Estrategias para trabajar con los niños con discapacidad dentro del aula

  • Se una guía: Los niños con discapacidad necesitan que una persona este ahí, para dirigirlos en las distintas tareas del día a día, a veces, esto nos resulta frustrante, pero debemos dejar que tengan libertad sin que perjudique su aprendizaje. Podemos utilizar una agenda o un tablero para que vayan anotando las distintas actividades que completen en el día. Una rutina es ideal para que el niño pueda iniciar y terminar una tarea, así se acostumbrará poco a poco a los diferentes retos de cada día.}

  • Ten paciencia: Es complicado en EBR (Educación Básica Regular) tener un niño con discapacidad dentro del aula, pero tenemos que intentar incluirle, más allá de los días frustrantes, cuando obtienen un aprendizaje, es lo más gratificante con el tiempo, y con apoyo, pueden obtener muchos aprendizajes para su vida diaria.

  • Fomenta su autoestima: Felicitarle o elogiarle por cada logro, es significativo para ellos, ya que sienten que están más cerca de la meta, Aunque su aprendizaje sea el mínimo, la motivarle es fundamental para que pueda obtener mayores logros.

  • Retroalimentación: Dar una retroalimentación de lo que se trabajó el día anterior es necesario para continuar con otro tema, es necesario ayudar al niño a que no se olvide de los logros que consiguió el día anterior, así su aprendizaje será mayor y no se le olvidará.

  • Recursos: Si sabemos que el niño se distrae o no aprende como los demás niños, es necesario cambiar la metodología dentro del aula, por ejemplo: si un cuento no funciona, ¿por qué no reemplazarlo por un video? Sabemos que los niños con discapacidad son más visuales y si acaso tengan alguna discapacidad visual o auditiva, es necesario empezar con la lengua de señas y el sistema Braille.

  • Promover la inclusión: Es necesario promover la inclusión en nuestra vida diaria, no solo en el aula, sino también en la calle, quitar esos prejuicios, aprender que todos merecemos respeto y que existen personas diferentes.

  • Ayuda a controlar sus emociones: Podemos ayudarnos de técnicas de relajación o técnicas de expresión de emociones, debemos identificar qué emoción es la que está pasando (temor, alegría, tristeza, etc.) y de acuerdo a ello, dirigirle hacia la manera correcta de expresarla, por ejemplo: la alegría, puede expresarla a través de un abrazo a su compañerito o si no podemos utilizar el dado de las emociones, para que él mismo se dé cuenta de qué emoción experimenta en ese momento.

  • Dales tiempo para terminar las tareas: No todos terminan las actividades a la par, tenemos que ser tolerantes con el tiempo, ellos necesitan más tiempo que los demás, por eso no hay que hacerlos pasar por situaciones frustrantes, como por ejemplo, decir: “Quien termina primero tiene un premio”, mejor adaptemos eso a “Quien termina primero, ayuda a sus compañeros”, así promovemos la inclusión en el aula.

  • Material didáctico: Estos materiales nos ayudan a facilitar la enseñanza dentro del aula, por eso es necesario incluirlo en la lista de útiles, algunos pueden estimular a los niños para que su aprendizaje sea más dinámico.

  • Ser un modelo: Cuando los padres dejan al niño en el aula, las maestras automáticamente somos un modelo para ellos, por eso, debemos comportarnos a la altura, no frustrarnos, mas bien tomarlo todo con alegría, a veces es complicado por los problemas que pasamos todos, pero recibirlos con sonrisas, amor y cariño es esencial, ellos lo agradecerán porque así se convertirá en un aprendizaje significativo.

  • Sensibilización: Preparar charlas para informar sobre estos trastornos en la escuela de padres o alguna reunión es lo ideal, así los padres estarán informados y podrán aportar más inclusión en sus hogares.

  • Evaluación: No necesariamente se debe identificar su nivel de aprendizaje a través de un examen, al conocer su discapacidad, podemos buscar otra alternativa para evaluar su aprendizaje dentro del aula.  

Estas estrategias nos pueden facilitar la experiencia de tener un niño con discapacidad dentro del aula, es indispensable ponerlas en práctica e ir buscando cuáles más serían oportunas para adaptar al aula, como maestros o psicólogos nos resulta complicado, pero es nuestra labor ayudarle y necesitamos estar capacitados, tener conocimiento, manejo de aula y una estructura didáctica para facilitar el desarrollo del niño.

Sabemos que los niños con discapacidad necesitan apoyo, pero también hay que dejar que sean libres y que aprendan a ser autónomos, no es necesario sobreprotegerlos, debemos brindarles la seguridad para que creen experiencias significativas por si mismos, no hay que ver estas experiencias como algo de temor o riesgo, debemos tener seguridad para poder enseñar.

Para fomentar la inclusión es importante tener una buena relación con los padres de familia, comunicarles lo que su hijo aprendió, cómo se comunicó o simplemente qué comió, todo esto es significativo para la familia, ya que es un avance para su desarrollo. Es complicado tener un niño con discapacidad tanto en el aula como en la familia, por eso hagamos que esta experiencia sea más llevadera a través de la comunicación.

Para finalizar, hagamos que el ambiente educativo inclusivo sea positivo para la educación de ese niño, llevemos un ambiente de paz y tranquilidad, sin temor, sin prejuicios y lleno de valores, estos niños tienen los mismos derechos y responsabilidades, tratemos de que sus experiencias sean únicas.

Referencias

Meza, A. (2022). Niños con discapacidad: cómo promover la inclusión desde el aula. https://www.lucaedu.com/ninos-con-discapacidad-como-promover-la-inclusion-desde-el-aula/

Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad

«No para de moverse y cuando para, está pensando en la inmortalidad del mosquito»

Todos hemos oído el término TDAH, hoy en día son siglas que, en su contenido, se han vuelto parte del vocabulario cotidiano. Probablemente han escuchado comentarios como “qué hiperactivo es” o “seguro tiene déficit de atención”. 

Como las bases son el principio de la diversión, en el siguiente apartado se presentará un poco de la historia del término TDAH. 

​​La primera mención del  término puede ser conferida al médico alemán Melchior Adam Weikard, en un artículo sobre trastornos de la atención en el año 1775, teniendo como referencia el libro Der Philosophische Artz, Weikard citó la primera descripción médica del trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH).

Más tarde en el año 1798, Alexander Crichton, médico escoses, describe un cuadro clínico que enseña las principales características de lo que hoy llamamos TDAH con predominancia de déficit de atención, cabe mencionar que también describió que el trastorno podría presentarse desde el nacimiento o desarrollarse a partir de un accidente, pero que sería resuelto antes de llegar a la edad adulta, aunque actualmente se considera que en muchos casos continúa en esta etapa.

Sin embargo, la primera referencia científica no llega sino hasta el Siglo XX, en 1902, cuando el pediatra George F. Still describió en una publicación el caso de 43 niños que presentaban diferentes problemas de conducta, emociones, atención y control de la ira, y se relacionaban con el trastorno en cuestión. 

En 1965, se agregó a los compendios de psiquiatría con el nombre «síndrome hipercinético de la infancia»; años más tarde, en 1980, adopta la denominación «trastorno por déficit de atención, con o sin hiperactividad»; luego, en 1994, con la publicación del DSM-IV (Manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales) se introdujo el término «trastorno por déficit de atención e hiperactividad» y se definen los tres subtipos que se mantienen hasta hoy. 

Finalmente, en 2013, después de años de pedidos sobre un panorama más claro relacionado con el desarrollo del trastorno en la adultez, se introducen diferentes cambios y se incorporan criterios específicos para el diagnóstico del trastorno en la edad adulta, además, se modificó también la edad mínima de inicio de los síntomas a «antes de los doce años». 

Ahora que sabemos un poco más del camino por el que recorrió el TDAH, mencionaremos conceptos base para entender las siglas que lo representan:

Déficit: Según la RAE, la palabra hace referencia a la falta o escasez de algo que se considera necesario. 

Atención: Es la capacidad de controlar y orientar la actividad que realizamos de manera consciente (Tudela,1992).

Hiperactividad: La RAE lo describe como una conducta caracterizada por un exceso de actividad.

Trastorno: Según la Clínica Universidad de Navarra es un término que se utiliza para describir una alteración o anomalía de una función mental o física. 

Los síntomas del TDAH, se dividen en dos categorías: inatención e hiperactividad-impulsividad. Ambas tienen nueve criterios diagnósticos; y el trastorno se pueden dividir en tres subtipos:

Predominantemente hiperactivo-impulsivo

  • La mayoría de los síntomas (seis o más) se encuentran en la categoría de hiperactividad- impulsividad.
  • Se presentan menos de seis síntomas de inatención, aunque esta puede estar presente en cierto grado. 

Predominantemente inatento

  • La mayoría de los síntomas (seis o más) se encuentran en la categoría de la inatención y se presentan menos de seis síntomas de hiperactividad- impulsividad; aunque también puede estar presente hasta cierto punto.
  • Los niños que tienen este tipo no suelen demostrarlo, o pasan por dificultades para llevarse bien con otros niños. Pueden mostrarse tranquilos, aunque esto no quiere decir que estén atentos a la actividad que puedan estar realizando. 

Por ello, es posible que los padres y maestros pasen por alto la conducta de inatención.

Combinación hiperactivo-impulsivo e inatento. 

  • Están presentes seis o más síntomas de inatención y seis o más síntomas de hiperactividad-impulsividad. 
  • La mayoría de los niños padecen el tipo combinado de TDAH.

Actualmente, el trastorno de déficit de atención e hiperactividad es considerado como un trastorno común pero complicado, ya que tiende a ser diagnosticado prematuramente y sin mayor evaluación; como padres, tíos, abuelos o hermanos, estar informados es importante, recuerda siempre buscar la opinión y el diagnóstico de un profesional. 

Referencias

Corrales, M (2022). Breve recorrido por la historia del TDAH. Recuperado de: https://tdah.som360.org/es/articulo/breve-recorrido-historia-tdah

DSM-IV-TR workgroup. The Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, Fourth Edition, Text Revision. Washington, DC: American Psychiatric Association.

National Institute of mental health. Trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Recuperado de: https://www.ocecd.org/Downloads/adhd_booklet_spanish_cl5082.pdf

Real Academia Española. (2014). Diccionario de la lengua española (23a ed.).

Tudela, P. (1992). Atención. En J. Mayor y J. L. Pinillos, (Eds.), Tratado de Psicología General. Vol. 3, Atención y Percepción, 119-162. Madrid: Alhambra. 

Padres sobreprotectores

Deseo de control

“Sentido de extrema protección”, algunos padres usan la hiperpaternidad para con sus hijos. Cuando queremos controlar todo, se esconde detrás un gran sentido de inseguridad contra la vida, además se busca cubrir carencias desde tiempos remotos. En este caso, los padres tuvieron infancias difíciles, y en su deseo de que sus hijos no pasen lo mismo, creen erróneamente que “sobre-ayudando” harán una buena tarea.  Esta situación, además, denota cierto egoísmo en los progenitores, detrás de esto, se encuentran padres narcisistas, con probable trastorno de la personalidad “pasivo-agresivo”, dependientes emocionales, víctimas, etc. Se usan frases como: “Lo hice por ti”, “sufrí mucho al tenerte”, “eres todo para mí”, “viniste a salvarme”, etc.

Unos progenitores con buena salud mental siempre querrán que sus hijos se defiendan por sí mismos ante las adversidades, dándoles la libertad adecuada.

Ilustración 1: caricaturización de la sobreprotección.

Algunas de las características del estilo educativo sobreprotector:

  • Impiden que sus hijos exploren el mundo.
  • No se les permite ser independientes y eligen las actividades que harán, incluso deciden que vestimenta tendrán.
  • Les privan de expresar sus sentimientos y deseos, pensando por ellos.
  • Los padres evitan que los niños experimenten situaciones incómodas o difíciles, y no dejan que el niño se defienda por sí mismo.
  • Para ejercer el control, generan miedo al decirles que no son capaces de hacer algo.
  • Alojan sentimientos de culpa por falta de tiempo con sus hijos.

Consecuencias de la sobreprotección:

Consecuencias en el área biológica:

  • Demora en el control de esfínteres.
  • Demora en caminar.
  • Demora en comer solo.

Consecuencias en el área psicológica:

  • Fobias.
  • Inseguridad.
  • Bruxismo.
  • Agresividad.
  • Timidez.
  • Celos excesivos.
  • Baja tolerancia al fracaso.

Consecuencias en el área social:

  • Dependencia de otros.
  • Dificultad en habilidades sociales.
  • Baja autoestima.
  • Niño inhibido y retraído con los demás. (Cisneros, 2017)
Ilustración 2: Pensamiento de Jodorowski.

Unos padres felices criarán hijos felices:

¿Amor o desamor? El amor verdadero no causa daño, ¿o sí lo hace?

El amor verdadero es planificado. La llegada de una de las alegrías más grandes de la vida (como podría ser para muchos la idea de tener hijos) debe ser correctamente preparada. Pues si los padres se encuentran extenuados con la crianza y sienten que dieron más de lo que debían, resurgirán ideas de victimismo, y con ello, se transmitirá, consciente o inconscientemente, el propio dolor a los hijos, buscando llenar vacíos, y uno sería el de la extrema protección.

Se debe tener primero las necesidades básicas cubiertas para con uno mismo (techo, comida, salud, paz) y los propósitos que puedan ir más allá (porque no solo de pan y agua vive el hombre), como una profesión, deseos de la vida, viajes, etc., antes de la llegada de hijos. Cuando estemos felices con nosotros mismos recién podremos hacer felices a los demás. Por ello, resolver tempranamente nuestros conflictos internos, emocionales, sociales y económicos, nos brindará ese camino deseado, y podremos dar amor de calidad a los demás.

Fuente: Cisneros, J. (2017). ColegioArcangelRafael.com.

La carencia afectiva en los niños

Desde antes de su nacimiento, el ser humano tiene la necesidad de cuidados, protección, atención y apego. Uno de los motivos básicos e «instintivos» de la experiencia humana es la búsqueda y conservación de un fuerte vínculo emocional con otra persona. Necesitamos de muestras de amor: abrazos, besos, palabras cálidas, caricias, etc., que son una parte esencial para conseguir un correcto desarrollo y maduración cerebral. Si hay una ausencia de dichas muestras afectivas por parte de los padres o cuidadores, el bebé no podría llegar a desarrollarse debidamente, lo que alteraría no solo el aspecto afectivo, sino también el físico y el mental, provocando sensaciones de soledad y vacío. 

«El niño desde el principio de su existencia está recibiendo sensaciones, percepciones, respuestas a sus reacciones impregnados de connotaciones» Singly (1976).

Repercusiones de la falta de afecto

¿Cómo afecta psicológicamente la ausencia o percepción de ausencia?

La ausencia de estimulación afectiva a los niños por parte de los adultos que juegan un rol relacional afectivo importante, provoca la aparición de trastornos, no solo de la maduración, también genera síntomas clínicos que se expresan en trastornos somáticos, afectivos y conductuales. El término de «carencia afectiva», señala tanto la causa (déficit de estimulación afectivo-maternal) como la consecuencia (clínica somática, afectiva y conductual con retraso en la maduración afectiva del niño).

La percepción de esta carencia afectiva provoca malestar, sensación de soledad y vacío producido por esa necesidad afectiva no cubierta, y la búsqueda de aprobación constante para satisfacer esa necesidad.

“Me gustaría que en las noches, cuando llegan mis papás de trabajar, se sienten conmigo a hablar sobre lo que nos pasó en el día, pero no se puedo hablar con ellos porque llegan muy cansados de trabajar” (RJRR).

Síntomas que presentan los niños que tienen estas carencias:

Algunos síntomas son: desconfianza, deficiente habilidad social, ansiedad, depresión infantil, etc. 

Según su edad, el niño puede presentar diferentes síntomas:

  • Bebés:  Suelen llorar mucho y pueden tener enfermedades infecciosas.
  • Edad infantil: Trastornos en el lenguaje.
  • Edad escolar: Baja autoestima, trastornos de aprendizaje, celos, y fracaso escolar.
  • Pubertad: Trastornos del comportamiento, retraimiento, problemas en las relaciones sociales, y hostilidad.
  • Adolescencia: Consumo de sustancias, conductas impulsivas, incumplimiento de normas, baja autoestima, y ansiedad.

Estos síntomas se suelen mantener hasta la vida adulta, y afectan nuestras habilidades, de igual modo generan dependencia emocional. En la edad adulta afecta a la capacidad de adaptación, seguridad, autoestima y estabilidad en las relaciones personales. Además, en muchos casos, presentan ansiedad y sintomatología depresiva.

Niños de alta demanda: cómo son y qué necesitan

En conclusión, el niño necesita experimentar afecto de sus padres o cuidadores para cultivar su autoestima y la seguridad necesaria para alcanzar su autonomía personal.

Referencias

Centre Londres 94 (1976). Carencia afectiva. http://www.centrelondres94.com/files/carencia_afectiva_0.pdf

Psicólogos Málaga (s/f). Síndrome de la carencia afectiva. https://www.psicologos-malaga.com/sindrome-carencia-afectiva/#:~:text=La%20carencia%20afectiva%20se%20define,por%20falta%20de%20la%20misma

Sánchez, L. A. (2018). Carencia afectiva y desarrollo socioemocional de estudiantes de décimo grado del Instituto Nacional de Segovia Leonardo Matute, de Ocotal, Nueva Segovia segundo Semestre 2018 (Tesis). http://riul.unanleon.edu.ni:8080/jspui/bitstream/123456789/7438/1/243355.pdf

Singly F. (1976). La lutte conjugale pour le pouvoir domestique. La influencia del entorno educativo en el niño. Ma. P. Bandres, Francia.

Trastornos depresivos en niños y adolescentes

Es muy importante tomar en cuenta la conducta de nuestros niños y adolescentes, porque la depresión es un trastorno afectivo cada vez más frecuente en la sociedad, y ellos también puede pasar por esta situación, no obstante, su manifestación puede ser un poco distinta. Una persona podría sentirse triste y no significa que tenga depresión, sin embargo, la intensidad y frecuencia de dicha imitación son indicadores que deben tenerse en constante atención. El estado de ánimo decaído que dura semanas o meses, limita al niño o adolescente en su capacidad de funcionar con normalidad; es un signo de alerta. Los síntomas pueden aparecer sea cual sea la edad. Por ejemplo, en lo niños prepuberales se muestra irritabilidad, rabietas, o incumplimientos de normas, quejas somáticas, afecto reactivo, incluso comorbilidad con ansiedad o TDAH.

Los trastornos depresivos afectan a personas de cualquier edad, condición económica y nivel cultural, y suponen un gran coste para el individuo, la familia, el sistema sanitario y la comunidad en general. Asimismo, los estudios sobre prevalencia, diagnóstico y tratamiento de la depresión en la población infantil y adolescente pueden tener resultados variables, debido a la dificultad diagnóstica en esta edad, los criterios diagnósticos empleados o las técnicas de entrevista utilizadas. Dadas las peculiaridades de la depresión en la infancia y la adolescencia, se debe disponer de profesionales en atención primaria y en salud mental infanto-juvenil, que tengan formación y experiencia en el manejo del trastorno en estas edades, y contar con los recursos necesarios para su diagnóstico y tratamiento.

Hoy en día, la depresión durante la infancia continúa siendo infradiagnosticada, lo que se traduce en un mayor número de complicaciones y comorbilidades, así como el aumento del riesgo de cronicidad o de la aparición de enfermedades psiquiátricas en la edad adulta. A diferencia de los adultos, la depresión en los niños no se manifiesta tanto como un estado de ánimo alterado identificado claramente por el paciente, sino como un conjunto de síntomas variables en función del estado evolutivo, que abarcan desde alteraciones conductuales (conductas delictivas, agresividad, consumo de tóxicos), hasta el retraso del desarrollo psicomotor, disminución del rendimiento escolar o aparición de síntomas somáticos, lo que dificulta el diagnóstico.

El diagnóstico de la depresión infantojuvenil es clínico y ha de realizarse a través de una entrevista detallada, dirigida tanto al paciente como a sus cuidadores (que investigue sobre posibles estresores desencadenantes, personales o sociales; y antecedentes, personales y familiares, de enfermedad mental) y una exploración física y analítica que permita descartar enfermedades médicas que pueden manifestarse con síntomas depresivos.

La depresión es una de las mayores causas de riesgo de suicidio; por ello, es necesario preguntar siempre por ideas autolíticas o deseos de muerte, ya que, lejos de incitarlas, podremos evitar un paso al acto.

Sintomatología

La depresión infantil tiene una sintomatología un tanto diferente a la de adultos y adolescentes. Los niños suelen mostrar:

  • Irritabilidad, más que tristeza o desesperanza.
  • Reaccionan a la mínima provocación y de una manera desmedida.
  • Tienden a minusvalorarse.
  • Desarrollan fobias.
  • Sufren alteraciones del sueño.
  • Aumento de sensibilidad ante breves separaciones.
  • Empiezan a tener problemas en el colegio, suspenden y no hacen los deberes.
  • No les interesa jugar, pierden el apetito, tienen cansancio.

Hay que tener en cuenta que son propios de la infancia, los cambios muy rápidos en el estado de ánimo, de modo que en un momento los vemos tristes e irritables y luego, jugando muy felices, casi inmediatamente. Sin embargo, estas oscilaciones no invalidan el diagnóstico de una posible depresión durante la infancia.

Tratamiento

Hay diferentes variantes de tratamiento de la depresión infantil, no obstante, siempre debe ser individualizado, tiene que adaptarse al niño y a sus condiciones. En el mismo tratamiento es fundamental involucrar a los padres para que puedan intervenir en el entorno del paciente. Se puede tratar con acción psicoterápica, que debe extenderse al entorno familiar del niño; o en los casos más severos, con un tratamiento farmacológico.

En el plano psicológico, se incluyen técnicas congnitivo-conductales con las que el niño puede modificar su comportamiento frente a diferentes acontecimientos. El tratamiento precoz es fundamental, por ello, se debe actuar en cuento salten las alarmas.

Referencias

Escamilla, I. (2012). Depresión Infantil. https://www.topdoctors.es/diccionario-medico/depresion-infantil

De Castro, P. (s/f). Depresión en el niño y el adolescente. https://www.cun.es/enfermedades-tratamientos/enfermedades/depresion-infantil-adolescente

Ansiedad Infantil

Principales causas de ansiedad infantil

❖ Antecedentes familiares: Cuando en la familia se cuenta con antecedentes previos en trastornos de ansiedad, es muy probable que tu niño sea más propenso a padecerlos.
❖ Eventos familiares estresantes: Los acontecimientos que suceden en la familia afectan directamente al niño. Cuando el núcleo familiar atraviesa un momento difícil, como la enfermedad de uno de sus seres queridos, la pérdida de trabajo, una separación de los padres, la violencia intrafamiliar, la muerte de uno de sus integrantes, etc.
❖ Conductas aprendidas: Observar ansiedad en la familia, o ver miedos excesivos presentes, también le pueden generar ansiedad al pequeño.
❖ Los cambios pueden generar ansiedad infantil: Situaciones como cambiarlo de colegio, mudarse a otra ciudad, o cambiar de casa, son algunas de las causas que le pueden generar ansiedad infantil al niño.

Principales síntomas de la ansiedad infantil

➢ Manifiestan preocupación excesiva: Los niños que sufren de ansiedad, suelen ser muy exigentes con ellos mismos, les gusta que todo salga casi perfecto.
➢ Falta de confianza en sí mismos: Hace que el niño se siente de una forma extraña, y no logran comprender muy bien qué es lo que les pasa; esta situación puede causar que pierda la confianza en sí mismo.
➢ Pensamientos negativos y dificultad para concentrarse: La ansiedad lleva a que suelan pensar que están en peligro y que tengas problemas de atención.
➢ Nerviosismo: Es uno de los síntomas físicos más comunes, se aceleran los latidos del corazón, lo que causa taquicardia.
➢ Sudoración excesiva: Un ataque de ansiedad hace que el cuerpo produzca más sudor del normal.
➢ Dificultad para respirar: La respiración se acelera. En casos muy extremos, el niño se puede hiperventilar e incluso llegar a desmayarse.
➢ Mareos: Cuando el niño presenta aceleración en su pulso, sumada con la dificultad para respirar, su cerebro recibe menos oxígeno, lo que genera el riesgo de que pueda sufrir mareos.
➢ Dolor de estómago: Los nervios afectan directamente al estómago, por eso el dolor estomacal es muy común.
➢ Descontrol en las emociones: Es muy usual que la ansiedad deje al niño emocionalmente sensible, por tal razón pueden caer en el llanto o la ira excesiva.

¿Cómo controlar la ansiedad en los niños?

Para intervenir la ansiedad en niños podemos seguir los siguientes consejos:


➢ Cuando tengamos sospechas de la existencia de un trastorno de ansiedad en niños, el primer paso debe ser consultar con un especialista que nos pueda ayudar.
➢ Ante los miedos del niño, es importante no presionarle a enfrentarse al mismo o superarlo, pero tampoco evitarlo. Se trata de ayudar al niño a afrontar poco a poco a sus temores.
➢ Los niños con trastornos de ansiedad sufren mucho, y debemos evitar etiquetar, juzgar o criticar los síntomas o conductas asociados a la ansiedad.

Cuanto más sabes, menos necesitas

Yvon Chouinard. ecologísta y filántropo

Referencias

https://www.educapeques.com/escuela-de-padres/trastornos-de-ansiedad-ninos.html

Destruir una flor

A veces, hablar del siguiente tema puede ser difícil, pero les contaré un poco de lo que me tocó ver. Si yo no hubiera tenido estos conocimientos quizá hubiese sido solo una expectadora.

Conocí a una persona que, por no saber sobre estos temas, terminó destruyendo un futuro. Esta persona era madre de dos hijas, desde muy pequeñas las crio en un hogar donde había mucha violencia. Discutía demasiado con su esposo, delante de sus hijas, sin saber que ellas sufrían. 

Sabemos que las discusiones son parte de la vida. Y tenemos distintos tipos: desde las negociaciones en las que se intercambian ideas para llegar a un acuerdo, hasta las peleas en las que no faltan los agravios, las burlas y otras afrentas. Estas situaciones, sin embargo, dejan heridas en quienes participan de ellas, y también (a veces muy graves), en los niños que se ven involucrados.

El cerebro del niño por Alvaro Bilbao - Que tristeza se ve en la cara de los  niños testigos de peleas y discusiones. La razón es así de sencilla. Cada  niño lleva

¿Qué pasa cuando discutimos delante de nuestros hijos?

En su artículo, el profesor Harold concluye que una amplia selección de la investigación académica, desarrollada desde la década de 1930 en torno a la psicología del niño (junto a una variedad de trabajos experimentales y de seguimiento a largo plazo), demuestra que los menores expuestos al conflicto, pueden experimentar una mayor frecuencia cardíaca y tener desequilibrios en las hormonas relacionadas con el estrés. Todo eso puede ocurrir desde una edad tan temprana como los seis meses.

También es posible que sufran retrasos en el desarrollo del cerebro, problemas de sueño, ansiedad, depresión y problemas de comportamiento. Aquellos niños que ven peleas menos intensas, pero por un periodo continuado, también pueden desarrollar los mismos problemas.

El «maltrato leve» no existe

Cabe agregar que los niños y las niñas viven las disputas de forma distinta. El profesor Harold, en un artículo publicado en la revista de psicología El desarrollo del niño, sostiene que mientras los niños suelen experimentar problemas de comportamiento, las niñas se ven más implicadas emocionalmente.

Si estas discusiones se manejan de una manera adecuada, puede ser una gran oportunidad para que los hijos adquieran habilidades de cara a que, cuando ellos tengan que enfrentarse a esas mismas situaciones, puedan resolverlas de manera efectiva, y tengan control sobre sus emociones.

Si estas discusiones se realizan desde el respeto, sin alzar la voz, sin utilizar insultos, ni chantajes emocionales, los hijos podrán desarrollar destrezas para manejar estas situaciones de conflicto con otros niños, y, posteriormente, en su edad adulta.

En cambio, si estas discusiones son expresadas desde la agresión, los niños van a imitar estos comportamientos de los padres, y repetirán esas conductas en el trascurso su vida.

Nuestros hijos son como una esponja, y mucho más si son pequeños; ellos no solo hacen lo que nosotros hacemos, sino también lo que decimos.

“El aprendizaje es bidireccional: nosotros aprendemos del entorno, y el entorno aprende y se modifica gracias a nuestras acciones”

Albert Bandura

Investigaciones anteriores ya habían demostrado que las conductas agresivas pueden afectar al desarrollo del comportamiento. El famoso experimento de Albert Bandura, nos puede servir de ejemplo.

Experimento del muñeco Bobo: un modelo de agresión

Bandura no estaba de acuerdo con la postura de los conductistas, porque consideraba que subestimaban la dimensión social del comportamiento humano. Por ello, enfocó su estudio en la interacción entre el aprendiz y el entorno, para explicar los procesos de aprendizaje. Para ello, puso en marcha su famosa y mundialmente conocida investigación: el experimento del muñeco Bobo.

En el escenario del modelo agresivo, el adulto comenzaba jugando con los juguetes de la sala, durante un minuto aproximadamente. Después de este tiempo, el modelo agresivo iniciaba un comportamiento violento hacia el muñeco, pegándole o utilizando un martillo de juguete para golpearlo en la cara. En el modelo no agresivo, el adulto jugaba sin más con el muñeco. Y, por último, en el grupo control no existía observación previa de interacción con ningún modelo.

Más adelante, los niños fueron pasando, uno a uno, a la sala con los juguetes y el muñeco Bobo. Estos fueron grabados con cámaras para registrar su comportamiento tras haber contemplado las formas de actuar de los modelos adultos.

En cuanto a los resultados referidos a las diferencias de género, estos apoyaron firmemente la predicción de Bandura de que los niños estaban más influenciados por los modelos de su género.

Además, entre los niños que habían estado presentes en el escenario del modelo agresivo, el número de ataques físico exhibidos fue mayor en los niños que en las niñas. Es decir, los niños mostraron más agresividad cuando se expusieron a los modelos masculinos agresivos.

Imágenes del experimento del muñeco Bobo

«Prepara a tu hijo para la vida no la vida para tu hijo«

Tim Elmore

¿Qué esperamos de nuestros hijos? 

Debemos de tener claro que algo hay que ofrecerles, porque ellos lo esperan. Ellos nos observan constantemente, esperan ver aquello que le dé sentido a su vida, un “algo” donde apoyarse, para crecer con estabilidad y firmeza. Y de esta manera, crear su propio criterio de la vida, algo a partir de lo cual, puedan tomar sus propias decisiones. Entonces, ¿por qué no empezamos con nosotros mismos? Si hemos vivido en un hogar donde hubo violencia, cortemos esos lazos que nos conectan al pasado. Comencemos un hogar sano, sin violencia, sin discusiones. Hagamos la diferencia.

Referencias

BBC Mundo (2018). Qué efectos tienen sobre los hijos las peleas de sus padres frente a ellos. https://www.bbc.com/mundo/noticias-43618412

El Mundo (s/f). La crianza con violencia perjudica el desarrollo del cerebro de los niños y causa daños a largo plazo. https://saposyprincesas.elmundo.es/consejos/salud-infantil/crianza-violencia-cerebro-ninos/

Prieto, M. (2022). El experimento del muñeco Bobo y la agresividad. https://lamenteesmaravillosa.com/el-experimento-del-muneco-bobo-y-la-agresividad/

Soler, A. [Píldoras de Psicología] (2018). El experimento del muñeco bobo: un modelo de agresión [Archivo de video].

¿Autolisis Voluntaria?

El comportamiento suicida es un tema crítico y fundamental para la sociedad actual. ¿Por qué? Si tomamos los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) donde nos dice que el suicidio es la tercera causa de muerte en la población de 15 a 19 años, y que el 79 % de los suicidios consumados suceden en países de ingresos bajos y medios; asimismo, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) refiere que los adolescentes tienen una tasa de mortalidad de 9.1 por 100.000 habitantes (ONU, 2023).

Si hablamos sobre las principales condiciones de riesgo para cometer suicidio consideremos la comunicación poca o nula con los demás; problemas escolares; embarazos no deseados; falta de recursos emocionales, económicos o materiales; ausencia de relaciones afectivas estables; dificultades en relaciones con los padres; no pertenecer a un “círculo”; aislamiento; poca interacción con grupos de pares; carencia de relaciones sociales confiables y de apoyo, etc.

A la vez, se ha intentado esclarecer la relación entre causas neurológicas y el suicidio, si se considera que el funcionamiento irregular de las estructuras cerebrales responsables del estado de ánimo, impulsividad, inteligencia emocional y la toma de decisiones pueden predisponer, biológicamente, a una persona joven, o de cualquier otra edad, a cometer un suicidio.

Palabras claves: adolescentes, autolisis, suicidio

Contexto familiar y factores de riesgo

Si se presenta hogares con padres con baja o nula escolaridad; cambios drásticos en el nivel de vida; desempleo; hogar conflictivo; antecedentes de intentos o suicidios consumados realizados por familiares; desconfianza en los padres; ausencia de una figura de apoyo afectivo; dependencia de figuras parentales ajenas a la víctima; castigo físico, o enfermedad mental, hacen que haya riesgos relativos a la estructura del grupo familiar, con una alta probabilidad de afectar el área emocional y afectiva de jóvenes vulnerables (Dávila & Luna, 2019, Fonseca-Pedrero & Pérez de Albéniz, 2020).

Factores protectores

Se consideran tales como la presencia de una red social fuerte; dinámicas familiares que posibilitan una autoestima favorable; apoyo percibido de los padres; relaciones estables de pareja; las creencias y las prácticas religiosas; aceptación de defectos propios en el caso de los hombres; ausencia de percepción de rechazo en las mujeres; comunicación horizontal entre sus miembros; ausencia de agresiones psicológicas y físicas; adecuada contención emocional y apoyo, son condiciones fundamentales para disminuir el riesgo de suicidio (González-Sancho & Picado, 2020).

Hablemos sobre el suicidio

Ahora, al mencionar el “efecto de contagio” o “efecto Werther”, donde se indica que las noticias podrían influir en las conductas suicidas de las personas que tienen acceso a ellas y que, si sumamos los otros factores de riesgo, podrían tener influencia sobre el público (mayor efecto si el o la suicida es una persona famosa).

Si consideramos que a nivel mundial una persona se suicida cada cuarenta segundos, habría que ver realmente si este efecto es considerable estadísticamente o no. Porque también tenemos que ponernos en la otra posición; qué debemos hacer para prevenirlo, y claramente, es de vital importancia hablar de este tema en todos los ámbitos posibles, por eso es importante el efecto Papageno.

Entonces, es pertinente fomentar la psicoeducación para reducir el estigma y aumentar los conocimientos generales sobre el suicidio; entrenamiento en habilidades de afrontamiento; búsqueda de ayuda y resolución de problemas para reducir el estrés y los factores de riesgo del suicidio; además de los formación en el gatekeeper (especialista en salud mental que se encarga detectar, contener y evitar potenciales casos de suicidio). Cabe destacar que algunos de los programas incluidos en ambas revisiones coinciden, sobre todo los que han demostrado mejores resultados, como el SOS, el C-CARE, o el Yellow Ribbon (Soto-Sanz, y otros, 2019).

Referencias

Baños-Chaparro, J. (2022). Ideación suicida pasiva y activa: una breve descripción. Peruvian Journal of Health Care and Global Health, 6(1), 42-45. doi:10.22258/hgh.2022.61.111

Baños-Chaparro, J., Fuster, F. (2023). Evidencias psicométricas de la Escala de Ideación Suicida de Roberts en adolescentes peruanos. INTERDISCIPLINARIA, 40(1), 159-171. doi:doi.org/10.16888/interd.2023.40.1.10

Dávila, C., Luna, M. (2019). Intento de suicidio en adolescentes: Factores asociados. Revista chilena de pediatría, 90(6). doi:dx.doi.org/10.32641/rchped.v90i6.1012

Fonseca-Pedrero, E., Pérez de Albéniz, A. (2020). Papeles del Psicólogo. Evaluación de la conducta suicida en adolescentes: a propósito de la Escala Paykel de Suicidio, 41(2). doi:dx.doi.org/10.23923/pap.psicol2020.2928

Gonzalez, L. (2023). La Ideación suicida en adolescentes. Estado de la cuestión. Revista CoPaLa, 8(17). doi:https://doi.org/10.35600/25008870.2023.17.0270

González-Sancho, R., & Picado, M. (2020). Revisión sistemática de literatura sobre suicidio: factores de riesgo y protectores en jóvenes latinoamericanos 1995-2017. Actualidades en Psicología, 34(129). https://www.scielo.sa.cr/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S2215-35352020000200047

Nock, M., Green, J., Hwang, I., McLaughlin, K., Sampson, N., Zalacsky, A., & Kessler, R. (s.f.). Prevalence, correlates, and treatment of lifetime suicidal behavior among adolescents: results from the National Comorbidity Survey Replication Adolescent Supplement. JAMA Psychiatry, 70(3), 300-310. doi: 10.1001/2013.jamapsychiatry.55

ONU. (23 de Febrero de 2023). Noticias ONU. https://news.un.org/es/story/2023/02/1518852

Soto-Sanz, V., Ivorra-González, D., Alonso, J., Castellvi, P., Rodriguez-Marín, J., & Piqueras, J. (2019). Revisión sistemática de programas de prevención del suicidio en adolescentes de población comunitaria. Revista de Psicología Clínica con Niños y Adolescentes, 6(3), 62-75. doi:10.21134/rpcna.2019.06.2.1