EL SÍNDROME DE ULISES: el épico drama del héroe griego recreado en una pandemia actual.

Brasil 16 de marzo del presente 2020, un solo un día después de que nuestro presidente diera por iniciada la medida de “aislamiento social obligatorio” o también conocido por el popular termino de “la cuarentena”: Un peruano, como cualquiera de nosotros, llamado Gerardo Jesús Salgado se enteró que su vuelo de regreso había sido cancelado y al solicitar ayuda en el consulado de Perú en Rio de Janeiro fue notificado que todos los viajes de retorno tenían que ser pospuestos temporalmente. En ese mismo día la organización de periodismo Convoca.pe (2020) daba a conocer una situación similar en al menos 160 compatriotas varados en el país Carioca.


Ilustración 1: Fotografía de peruanos en el Aeropuerto de Río de Janeiro, Brasil.
Fuente: Vía Twitter, https://twitter.com/#PeruanosVaradosEnBrasil

Como se puede observar en la Ilustración pese a estar en una de las pandemias más grandes los últimos tiempos, algunos de los viajeros varados, ahora manifestantes, vulneraban algunos protocolos de seguridad como el metro de distancia y el uso de mascarilla en favor de organizar una denuncia por redes sociales, especialmente por Twitter (#PeruanosVaradosEnBrasil). Manifestación que no fue en vano pues días más tarde, el 20 de marzo, la misma agencia de noticias Convoca.pe (2020) daba a conocer que el gobierno peruano llegó a un acuerdo con tres aerolíneas brasileñas para que nuestros similares puedan abordar vuelos gratuitos y poder así ser repatriados. Se había logrado el objetivo, pero, algunos riesgos tuvieron que ser tomados.

Y es que no solo se trataba de los 160 pasajeros varados en Brasil aquel 16 de marzo. El Ministerio de Relaciones Exteriores informó que a mediados de junio 17 mil compatriotas lograron regresar a Perú y otros 12 mil se encontraban esperando el viaje de retorno. (Convoca.pe, 2020). ¿Por qué no aguardar la cuarentena en el país extranjero donde radican? Claro, la gran mayoría de estas 17 mil personas seguramente se trataban de simples viajeros temporales que se habían visto sorprendidos por medidas de aislamiento mientras vacacionaban o en algún viaje de negocios, por lo que querer regresar era la opción más lógica. Pero, ¿y el resto de personas?


Ilustración 2: Fotografía de una de una compatriota en el Aeropuerto de Río de Janeiro.
Fuente: Vía Twitter, https://twitter.com/#PeruanosVaradosEnBrasil

Queremos exponer la situación de aquellos compatriotas que no llevaban unos pocos días en tierras extranjeras, hablar de los peruanos que radicaban en otros países en calidad de trabajadores permanentes o estudiantes universitarios, personas que pese a ya haberse establecido algún tiempo atrás y tener una vida hecha en un país foráneo, vieron en la suspensión de sus trabajos o de sus clases la oportunidad de regresar a la patria que los vio nacer, proceso que por cierto no era nada sencillo. El emigrante peruano que quería regresar a nuestro país debía emprender un viaje ya de por si arriesgado por una posible exposición al Covid-19, seguido de esto era preciso aguardar un periodo de cuarentena en alguno de los hospedajes habilitados por el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo. Todo ello con la premisa del retorno a casa. Al oír todo esto uno no puede evitar recordar el poema épico de la Odisea, atribuida al poeta griego Homero, en el que se narran la travesía y desventuras de Odiseo, también llamado Ulises, por regresar a su isla natal, Ítaca.

Y es que incluso, muchas de las condiciones que experimentaban las personas migrantes en las épocas “pre-covid” eran tan adversas que no tenían nada que envidiar a las trágicas peripecias del héroe griego antes mencionado. Vivir en otro país nos puede poner a prueba más de lo que normalmente se piensa. En una situación crítica el migrante puede desarrollar un tipo de estrés crónico y múltiple, un estado que en Psicología se denomina como “Síndrome de Ulises”.

Ilustración 3: Pintura al óleo, «La balsa de la Medusa (Le Radeau de la Méduse)»
Fuente: Theódore Géricault (1819).

Joseba Achotegui, psiquiatra español acuñador del término, denominó de esta manera al duelo psicológico que sufren las personas migrantes al abandonar su país de origen para pasar a vivir permanentemente en un país extranjero. Migrar no es algo ajeno a nosotros, es una actividad que nos ha acompañado desde los albores de nuestra existencia como especie humana, sin embargo, el acto de adaptarse a un nuevo contexto es complejo y esta relacionado a condiciones y estresores que trataremos más adelante.

El síndrome de Ulises no es una enfermedad por sí mismo, es importante resaltar que este síndrome hace referencia a la patología de la situación en la que se encuentran las personas migrantes. J. Achotegui (2009) realiza una comparación parecida a la siguiente: Si de repente la temperatura del ambiente en el que te encuentras se elevaría hasta quedarse en al menos unos 40 grados centígrados ¿No sería lo normal experimentar cambios en nuestro cuerpo? Como mareos, calambres, incluso tal vez suscitar desmayos por descompensación ¿Nos encontramos enfermos por sufrir estos síntomas? Claro que no. Tan solo debemos salir de ese ambiente tan cálido, para progresivamente recuperar el equilibrio corporal. Es por eso que el Síndrome de Ulises debería de trabajarse principalmente desde el área de prevención de la salud mental más que como una enfermedad que necesita intervención clínica. El trabajo debe ser multidisciplinario no es una tarea exclusiva de los psicólogos, involucra también a trabajadores sociales, enfermeros, y demás profesionales asistenciales.

El Síndrome de Ulises o también llamado “Duelo del migrante” se puede distinguir del concepto tradicional de duelo (asociado a la muerte de algún familiar o una perdida semejante) debido a que el duelo que experimenta la persona es: Parcial, el país de origen no desaparece, los peruanos en Brasil o en otras locaciones del mundo aún pueden entrar en contacto con nuestra patria a través de expresiones culturales como la música, cine noticias y demás. Este duelo también es Recurrente, justamente el proceso de entrar en contacto con la patria puede reavivar consciente o inconscientemente el anhelo por querer volver. Sumado a esto es Múltiple, ya que ninguna perdida de un ser querido provocara tantos cambios para la persona como la migración. Mas aún si el destino a arribar es distante o la cultura muy diferente.

Ilustración 4: Fotografía del Dr. Joseba Achotegui, acuñador del termino «Síndrome de Ulises»
Fuente: Universidad de Barcelona

También se debe reconocer que cada persona afronta el proceso adaptativo de diferente manera y que el acto de migrar como casi cualquier actividad tiene pros y contras para el viajero. Es por eso que el autor anteriormente nombrado, J. Achotegui, distingue los distintos tipos de duelo migratorio de las siguientes maneras:

  • Simple, en el que el proceso adaptativo se da en condiciones favorables, la persona cuenta con los recursos monetarios y personales (capacidad de resiliencia, contar con redes de apoyo, conocimiento del idioma, entre otros) suficientes para desenvolverse en el nuevo país, por ende, su adaptación es sencilla de llevar.
  • Complicado, el migrante encuentra un problema o dos que entorpecen su proceso adaptativo pudiendo ser: La barrera del idioma, el desconocimiento del idioma nativo dificulta enormemente un natural desenvolvimiento. También podría ser que el individuo extrañé en demasía a los familiares y amigos que ha dejado atrás, así como a su tierra natal y todas sus expresiones culturales (música, comida, las ceremonias tradicionales, etc.) Aunque estos problemas pueden provocar episodios de congoja o algún otro problema de somatización (convertir un malestar psicológico en un síntoma físico), estos por si solos no imposibilitan el proceso adaptativo, tan solo lo complican. 
  • Extremo, se da cuando la persona es víctima de ataques racistas en el nuevo país en el que radica, es posible que el sujeto no cuente con recursos monetarios por lo que ahora tenga que vivir como un refugiado o deba desempeñar trabajos muy arriesgados para solventarse, en suma, todos aquellos estresores que no solo ponen en riesgo el proceso adaptativo, sino que también exponen la salud o la vida del migrante (en los casos más extremos). Hablamos de pacientes en situaciones excepcionales que requieren atención profesional.
Ilustración 5: Fotografía de uno de los carteles de la manifestación.
Fuente: Página Web Convoca.pe (2020).

1. Los Estresores de la Migración

Achoategui (2009) el ya antes mencionado autor. Habla de estresores presentes en los 7 duelos producidos por la migración. El termino estresor hace referencia a las circunstancias que afectan a las personas después de emigrar. Las dificultades que ha afrontado en su nuevo espacio vital, y son:

1.1 Familia y Amigos: El más notorio, la ausencia de los seres queridos produce episodios de congoja dentro de la persona, incluso la comunicación por medios y/o redes sociales, no hacen sino avivar la melancolía del viajero. Sentimiento que no es exclusivo de las personas que viajan. Las personas que se han dejado atrás en este proceso también desarrollan sentimientos frente al ahora ausente miembro familiar o amical.

1.2 Lengua: El idioma es un aspecto importante a tomar en cuenta, el desconocimiento parcial o total de la lengua del país es causa de incontables problemas para un viajero. En el caso presentado al comienzo de este articulo por ejemplo, pese a que el español y portugués desciendan del latín antiguo, son idiomas que obedecen a reglas de gramática y pronunciación totalmente diferentes. Sin tener que ir más lejos, nosotros mismos somos testigos de que una mala pronunciación, el uso de muletillas o el denominado “mote” puede ser causa de burla, rechazo o discriminación a la persona, entorpeciendo el proceso de adaptación del individuo.

Ilustración 6; Pintura al óleo, «La Utopía del Lenguaje Universal»
Fuente: Vassily Kandinsky (1913).

1.3 Cultura: Las costumbres, maneras y expresiones de una sociedad la distinguen del resto. Incluso dentro de comunidades aledañas existen pequeñas diferencias, se dice que cada persona es diferente, por lo que no es utópico pensar que su sociedad también lo sea. Elevándose estas distinciones aun mas en las escalas de países y sus denotaciones culturales: La samba tropical brasileña dista bastante de la melancolía de un huayno peruano, la dulzura de una Caipirinha de la tozudez de un Pisco norteño, podrían establecerse comparaciones así en cada aspecto pequeño de cultura que, aunque puedan parecer minúsculos, un migrante es capaz de resentirlos consciente o inconscientemente.

1.4 Estatus Social: O también conocido como la percepción que la sociedad tiene de la persona. Es muy diferente el trato que recibe un migrante legal de uno ilegal. Y este puede resentir la pérdida del estatus que poseía en su país de origen frente al que recibe ahora, lo que agravaría el duelo en la persona. Es importante considerar el dinero como un factor determinante en este apartado, los recursos monetarios facilitan el ingreso y costear la vivencia de una persona en cualquier país. Y su ausencia, dificultaría enormemente el proceso adaptativo, como bien resume el dicho popular: “El pobre es extranjero hasta en su propia tierra”.

1.5 Grupo Étnico: Todas las creencias erróneas a las que puede verse expuesta la persona migrante debido a su lugar de origen, pertenecer a un determinado grupo étnico o causas parecidas. El migrante incluso puede llegar a ser víctima de ataques que atenten contra su vida debido a la xenofobia presente en el nuevo lugar que ahora reside. Es algo desconcertante tener que hablar de racismo en pleno 2020. pero noticias como la de George Floyd en mayo del presente año, no hacen sino demostrar como las personas estamos tendientes a la segregación con nuestros semejantes. Ojala y pueda llegar el día en el que los seres podamos aprender el sencillo arte de vivir como hermanos, idea que tan bien expresó Martin Luther King (1963).

Ilustración 7: Fotografía de una mujer mirando una pintura de George Floyd en una pared.
Fuente: AFP, TVN noticias. (2020).

1.6 Integridad Física: Involucra el posible miedo recurrente de la persona a ser detenido y las represalias que puede sufrir por su calidad de indocumentado, el individuo también es proclive a trabajar en actividades demasiado riesgosas que requieren que exponga su salud, o el tener su domicilio en barrios o lugares con altos índices de delincuencia, como los jóvenes peruanos en Rio de Janeiro que residen en favelas como Vidigal o “favela cool”, lugar conocido por albergar estudiantes que no pueden costear una residencia en otros espacios más seguros. En esta favela el mayor peligro al que se exponen los habitantes no es a ser víctima de un robo, ya que los capos brasileños tienen prohibida esta actividad dentro sus territorios porque ahuyenta a los turistas interesados en consumir sus sustancias narcóticas, en cambio el mayor peligro allá es morir por una bala perdida en una trifulca entre bandas rivales que se disputan el territorio o por enfrentamientos entre los narcotraficantes y la policía.

Y claro en estas épocas en los que escuchar cifras de contagios y decesos son el pan de cada día, y que el permanecer en casa es un privilegio destinado para algunos. Los migrantes en Brasil, lugar que actualmente ya ha superado los 132 mil muertos y más de 4 millones de contagios (Rpp.pe, 2020.), seguramente han de estar viviendo con la preocupación constante de que posiblemente ellos puedan ser parte de alguna de esas estadísticas.

1.7 Tierra: Tal vez el estresor que más difícil sea de entender. Pongámoslo de esta manera. Un habitante de la región Puna de los Andes Peruanos occidentales, más de 4000 msnm, seguramente encontrara difícil poder acostumbrarse, al menos durante los primeros días, al ambiente tropical, cálido y húmedo que predomina en Brasil. Y no solamente el clima, incluso las tonalidades verdes propias de la flora brasileña le resultaran ajenas frente a sus acostumbrados paisajes llenos de festuca y pajonales andinos, y las especies de animales exóticos del trópico brasileño distaran de los camélidos sudamericanos propios de su región.

Hemos escrito remarcando las diferencias entre Perú y Brasil en aspectos que Joseba Achoategui considera relevantes en el estudio del Síndrome de Ulises, solo con la intensión de relacionar el articulo con el caso presentado al principio, no porque sea un caso exclusivo entre migrantes peruanos de Brasil. Ya que de esta misma manera se puede llegar a hacer un análisis y establecer las mismas comparativas con los migrantes de cualquier nacionalidad en un país ajeno al suyo.

Para finalizar este articulo quisiera terminar parafraseando una reflexión del autor antes mencionado sobre los migrantes: “Si para sobrevivir se ha de ser nadie, se ha de ser permanentemente invisible, no habrá identidad, ni autoestima, ni integración social y así tampoco puede haber salud mental.” (Joseba, A., 2009, p.9) La pongo textualmente ya que no creo poder expresar mejor la importancia y esencia de este tema, definitivamente J. Achoategui es una eminencia en el tema y los exhorto a leer alguno de sus trabajos que se pueden encontrar en línea.

Ilustración 8: Busto de Ulises en el Museo Baticano.
Fuente: Página Web Flickr (2006).

No es mi intención dar a entender que todos los 160 pasajeros de ese vuelo, ni los otros 15 mil peruanos que regresaron de países extranjeros han sufrido un episodio de este Síndrome lo suficientemente fuerte que los haya obligado a retornar al Perú, ya que seguramente sin esta pandemia, estas personas seguirían viviendo en el extranjero desempeñándose como estudiantes o trabajadores viviendo el día a día como cualquier persona de bien en este vasto mundo.

No obstante, también es posible afirmar que casi la entera totalidad de estos y todos los migrantes, han experimentado en mayor o menor medida los estresores y los duelos explicados anteriormente. Y tal vez, haya algunos que sufrieron la misma congoja que Odiseo, quien sentado en una roca y mientras contemplaba el infinito mar lloraba ante la imposibilidad de regresar a su amada Ítaca. Ahora usted sabe que no es solamente fantasía escrita por Homero, es algo que nos concierne como ciencia. Se trata del duelo de los migrantes, se trata del Síndrome de Ulises.    

Referencias:

Achotegui, J. (2009). Migración y salud mental. El síndrome del inmigrante con estrés crónico múltiple (síndrome de Ulises). Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3119470

Aparences. (2019). La Odisea contada por los pintores. Recuperado de: https://www.aparences.net/es/tematicos/mitologia-y-pintura/la-odisea-contada-por-los-pintores/

Convoca.pe (2020. Coronavirus: Autoridades peruanas llegan a acuerdo con aerolíneas para repatriar peruanos en Brasil. Lima, Perú. Convoca.pe. Recuperado de: https://convoca.pe/agenda-propia/coronavirus-autoridades-peruanas-llegan-acuerdo-con-aerolineas-para-repatriar

Manco, A. & Pérez, L. (2020). Peruanos varados en el exterior: Información útil y guía para facilitar el retorno. Lima, Perú: Convoca.pe. Recuperado de: https://convoca.pe/agenda-propia/peruanos-varados-en-el-exterior-informacion-util-y-guia-para-facilitar-el-retorno

Manco, A. & Salazar, M. (2020). La odisea de 160 peruanos por retornar desde Brasil antes del cierre de fronteras por la pandemia del Covid-19. Lima, Perú: Comnvoca.pe. Recuperado de: https://convoca.pe/agenda-propia/la-odisea-de-160-peruanos-por-retornar-desde-brasil-antes-del-cierre-de-fronteras-por

Marxist Internet Archive. (2006). “Tengo un sueño”. Discurso en Washington D.C. Recuperado de: https://www.marxists.org/espanol/king/1963/agosto28.htm

Rpp.pe (2020). Brasil supera los 4,3 millones de contagios y 131 000 muertes por COVID-19. Lima, Perú: Rpp.Noticias. Recuperado de: https://rpp.pe/mundo/latinoamerica/coronavirus-brasil-supera-los-43-millones-de-contagios-y-131-000-muertes-por-covid-19-noticia-1292195 

Imágenes:

AFP. (2020). Una mujer observa una pintura de George Floyd sobre una pared. Revista TVN Noticias. Recuperado de: https://www.tvn-2.com/mundo/revista-Nature-huelga-cientificos-racismo

_0_5598940053.html  

Convoca.pe. (2020). Fotografía de un cartel de manifestación. Recuperado de: https://convoca.pe/agenda-propia/la-odisea-de-160-peruanos-por-retornar-desde-brasil-antes-del-cierre-de-fronteras-por

Flickr. (2006). Busto de Ulises en el Museo Vaticano. Recuperado de: https://www.flickr.com/photos/36363991@N00/365047707

Kandinsky, V. (1913). La Utopía del Lenguaje Universal. [óleo sobre tela]. Recuperado de: https://es.m.wikipedia.org/wiki/Archivo:Vassily_Kandinsky,_1913_-_Composition_7.jpg

Théodore, G. (1819). La balsa de la Medusa (Le Radeau de la Méduse). [Pintura al óleo]. Recuperado de: https://es.wikipedia.org/wiki/La_balsa_de_la_Medusa 

Universidad de Barcelona. (s.f.). Fotografía de Prof. Joseba Achotegui. Recuperado de: http://www.ub.edu/personal/docencia/profes99_2000/achoteguij.htm

Valdivia S. (2020). Fotografía del Aeropuerto Internacional de Rio de Janeiro. Recuperado de: https://twitter.com/valsi_silvia/status/1239622228104359937

Valdivia S. (2020). Fotografía de Silvia Valdivia. Recuperado de: https://twitter.com/valsi_silvia/status/1239633274395385856/photo/1

CAPÍTULO III: «Cuando las aulas escolares se volvieron del tamaño de las pantallas»

Este artí­culo esta inspirado en una investigación sostenida en las consultas psicológicas con los distintos padres y niños. Por lo que, voy a presentar a un personaje, de nombre José Gabriel, construido para permitirme hacer una simulación de lo que sucede en la vida de los niños mientras cursan sus clases virtuales.

José Gabriel, será caracterizado como un niño de nueve años, estudiante del 3er grado de primaria en un colegio mixto, colegio al que asiste desde que tiene 3 añitos. Vive en un departamento en el 4to piso de un edificio, junto a su hermana Clarita, de 4 años, y a sus dos padres. Su madre trabaja a medio tiempo, vendiendo productos de estética por internet, y su padre es agente inmobiliario.

Normalmente, el padre de José Gabriel lo despierta a las 7am, luego de eso, él se asea, va al comedor a desayunar junto a sus padres y hermanita, y posteriormente, se traslada al espacio asignado para poder hacer sus clases virtuales.

Y así, empieza, su nueva rutina de vida: Hacer click, abrir la plataforma, ingresar su usuario y contraseña, colocarse los audí­fonos, escuchar y observar al profesor(a), hacer las actividades que se indican, como por ejemplo, escribir, dibujar, pintar, leer, resolver, analizar, y en todo el proceso, tratar de aprender.

Nuestro hogar es un espacio privado en el que guardamos todo lo que necesitamos para nuestra supervivencia (alimentos, abrigo, medicinas…), lo solemos complementar con aparatos electrónicos que nos faciliten cumplir con nuestras funciones de vida (cocina/cocinar, lavadora/lavar, televisor/entretenimiento). Aparte de ello, recurrimos a decorarlo con objetos que nos evoquen emociones agradables, como por ejemplo, fotografí­as, cuadros, flores, plantas, etc.

Es como un refugio en donde tratamos de guardar lo que necesitamos, y realmente pasamos tanto tiempo ahí, que ya hemos perdido la cuenta, y lo sentimos hasta como parte nuestra. Es más, si la vida fuese una pelí­cula, para la mayorí­a, nuestro hogar serí­a una de las escenografí­as más frecuentadas.

Hasta antes de la cuarentena, para los niños el hogar podrí­a ser visto cómo un espacio de comodidad. Sin embargo, actualmente, se trata del contexto espacial en donde se han ido materializando todas sus actividades.

Las paredes del colegio, se han pintado del color de nuestra sala, habitación, cuarto de estudios, etc. Resulta interesante reconocer que hoy en día, la casa es el nuevo colegio.

Por todo lo mencionado anteriormente, podemos afirmar que, en nuestros hogares existen muchas distracciones, especialmente para los niños(as) y adolescentes, como por ejemplo, la TV, el celular, los juguetes. Es más, quizá muchos de estos objetos los adquirimos en algún momento de nuestras vidas justamente para «distraer» a nuestros hijos(as).

Continuaré describiendo el caso de José Gabriel, quien desde que inicio la cuarentena, viene desarrollando sus labores académicas en la mesa del comedor. Uno de los motivos de consulta, fue que, él se distraí­a constantemente desde que se sentaba, incluso se tomaba mucho más tiempo del habitual en responder los ejercicios.

Un día de terapia, le pedí­ a su madre que se sentará en el lugar de estudios de José Gabriel, y que hiciera de forma «impulsiva» todo lo que le provocara. Ella inició mirando los cuadraditos de los individuales, luego los levantó y con la mano izquierda pellizco y doblo cada esquina. Después de unos instantes, se sirvió un vaso con jugo color naranja, y se inclinó para mirar hacia abajo de la mesa, notando que, bajo la silla de José Gabriel, habí­a una cajita de madera, enseguida recordó y dijo en voz alta: «Esta es la cajita en dónde le regalamos soldaditos la navidad pasada». Seguido a ello, comenzó a apoyar los pies en la cajita, y notó que la distancia entre la laptop y sus ojos era muy lejana, por lo que, trató de acercarla, pero entonces, no habría espacio para el cuaderno de estudios. Luego de resignarse, comenzó a pintar en una hoja reciclada, y cuándo el lápiz se quedó sin punta, inició la búsqueda del tajador en una cartuchera de interminables útiles de estudio. Luego, se puso de pie, dirigiéndose hacia la cocina, en búsqueda de un tacho de basura… Y así, nos pasamos una hora, ella «sintiéndose niña», y yo, cómo un «detective entendiendo la encrucijada».

«Definitivamente no es lo mismo», pensé. La distancia entre las cosas, la mesa larga y grande, la silla de adultos, la cajita de soldados usada como una especie de apoyo pisa-tierra, la distribución espacial del material académico, la cantidad de estí­mulos…

Del mismo modo, antes de culminar la sesión narrada, la madre de José Gabriel, habí­a tomado dos vasos de jugo, y se habí­a comido dos panecillos. Lógico, pensé, comer es lo que hacemos en la mesa del comedor. Es por esto que, hay que analizar el espacio asignado a nuestros hijos, observar la diferencia en la funcionalidad del ambiente previo, y tratar de disfrazar este nuevo espacio.

Como es evidente, los niños necesitan un espacio tranquilo y agradable donde logren concentrarse para hacer las actividades escolares.

En terapia, con ambos padres de José Gabriel, empezamos retirando los objetos distractores identificados previamente, aplicando la «Técnica de control de estí­mulos», que intenta controlar cualquier estimulo que provoca una conducta, con el objetivo de limitar o retirar las condiciones en las que surge la dificultad conductual.

Aparte de ello, hicimos una lluvia de ideas para «re-decorar» el espacio de estudio, hecho que luego los padres de José Gabriel concretizaran en casa. Y así, quedó fijada como una rutina preestablecida, el tener que hacerlo, antes de iniciar la jornada académica, así cómo el tener que, retornarlo a su forma original cada momento de comida.

Ahora bien, si tenemos un escritorio destinado únicamente para las labores académicas en casa, repensamos si su ubicación facilita el aprendizaje. Normalmente escogemos un rincón de su habitación para colocarlo, pero a veces puede ser interesante, especialmente cuando son más pequeños, reservar un espacio en la sala para ello, así, los podremos supervisar con mayor frecuencia.

Así mismo, para que los niños sientan que cambian de rutina, puedes crearles dos ambientes de estudio. De esa forma, podrán ir alternando en el transcurso del día, acorde a los cursos que lleven en sus clases virtuales, esto también ayuda a mantenerlos en movimiento, y a flexibilizar, de cierto modo, su rutina.

La luz es otro factor clave, la mayorí­a de clases virtuales se dicta en turno diurno, esto facilita que los estudiantes realicen sus actividades con luz natural, aseguremos que la ubicación del escritorio o mesa de estudio, obtenga el mayor beneficio de recibir la luz del día, en base a su posición. Es más frecuente que, en las tardes hagan las tareas escolares, por lo que, resultarí­a interesante, tal cuál se lo sugerí a los padres de José Gabriel, se sienten a leer un libro, a distintas horas del día y comprueben la eficacia de la luz en la consecución de sus objetivos.

Por otro lado, es necesario que la mesa y la silla de estudios, mantengan unas proporciones adecuadas a las medidas del niño(a), y este punto es uno de los más importantes para garantizar la permanencia del niño en el espacio fí­sico, dado que, si se siente incómodo, evadirá la situación, levantándose cada que pueda.

En ese momento de la terapia, ya organizando lo que se pudiera ver de forma externa al proceso de aprendizaje, consideré instruir a José Gabriel, y a sus padres, en la técnica de autoobservación, la que utilizamos para identificar las conductas no observables externamente. Una vez efectuado el entrenamiento, se le entrega una ficha que él pintarí­a con sus diseños favoritos, para que allí anotara cada que, algún hecho o situación acerca de su espacio de estudio le incomodará. A los 5 dí­as de seguimiento, tení­amos tres fichas completas, con datos no previstos, como: «Me da hambre el olor de la comida cuando mamá la prepara», «Suena el timbre de la clí­nica que está al frente a cada rato, y ladran mis perritos», «Me duele la espalda, porque la silla es dura», «No me gusta que atrás mí­o esté la pared y no me pueda mover», etc.

A raíz de estos comentarios, cada día fuimos mejorando el espacio escolar de José Gabriel, y Clarita, su pequeña hermana, quien tuvo la iniciativa de unirse a nuestros objetivos, justo al momento en el que pensábamos en que nombre colocarle a este espacio de estudio, en donde fluyeron las siguientes ideas: «Cuarto de cuadernos», «Colegio en casa», «Espacio de astronautas», etc. A estas alturas, el objetivo es que interioricen el concepto del nuevo espacio.

Una de nuestras últimas aventuras junto a José Gabriel, y su familia, fue emplear la técnica de Arteterapia, para relajarnos y crear decoraciones adecuadas para su espacio académico (Dibujos, notas motivadoras, estante con trofeos, una mascota vegetal, etc.).

Durante este proceso de acomodación del espacio académico, recordemos ir alternando el juego con la comunicación, para consolidar el ví­nculo de confianza con el niño(a).

Hace unos meses, la situación era completamente distinta, cómo hemos podido analizar, la diferencia entre las clases virtuales y las clases presenciales es abismal, y no sólo para José Gabriel. Por esto, es necesario que cambiemos de expectativa, una clase virtual no va a cumplir los mismos criterios que se tomaban en consideracion en una clase presencial, y viceversa.

Tratemos de continuar favoreciendo la adaptación de nuestros niños(as) enfocados en sus necesidades.

CAPÍTULO II: «Ser padres en tiempos de Coronavirus»

Érase una vez, luego de estar a punto de iniciar una nueva semana, que las puertas de casa se cerraron, y los niños se escondieron de un virus invisible por un tiempo indeterminado. Así, el mundo empezó a cambiar cada día un poco más.

Luego, la vida en casa, se convirtió en el único escenario para los niños, los personajes que representan a algunos familiares, serían también su único medio para transmitir abrazos, la realidad cada día se volví­a más virtual, el contacto fí­sico cada vez más lejano, y ya ni podían explorar su increí­ble poder para camuflarse en la naturaleza mientras jugaban, como pequeñas criaturas salvajes.

Pero, mientras lo de afuera estaba en silencio, lo de adentro se escuchaba cantar cada vez más fuerte.

Érase una vez, que el mundo de afuera estaba censurado, y el mundo de adentro tení­a la oportunidad de ser explorado.

En este cuento que leerán, los niños se convertirán en la generación con mayor poder imaginativo, y quizá cuando el mundo se vuelva a detener en un futuro, ellos sepan cómo hacerlo mejor.

Para que, en tu cuento, alcancen este mismo desenlace, es necesario que escribas desde AHORA las mejores lí­neas para ellos.

Pero, para escribir, resulta inspirador leer primero, informarnos, estudiar, analizar y reflexionar.

Confianza y Comunicación:

Ten presente que, esta temporada de confinamiento, te convierte en la principal fuente de referencia sobre lo que ocurre tras sus ventanas.

El primer paso es que te tomes un tiempo en seleccionar y revisar información sobre el tema, orientada a los niños como, por ejemplo, algunos dibujos, cuentos, experimentos, vídeos y otras actividades que permitan iniciar la conversación.

Para explicarles sobre esta situación, el segundo paso es pedirles su opinión, no podemos construir algo, sin revisar primero los cimientos, ¿Cierto? Necesitamos saber qué es lo que ellos saben de esta pandemia.

No se deberí­a tratar de una conversación alarmante, pero si puedes guiarlos a razonar, a qué traten de sacar sus propias conclusiones.

Recuerda esto: Los padres son los principales facilitadores de pensamientos para sus hijos.

Observa:

Las respuestas que buscas, están frente a ti, observa la conducta de tu hijo(a), analiza qué cambios se han dado estas últimas semanas, puedes tratar de responder las siguientes interrogantes: ¿Cómo describes su hábito de sueño?, ¿Duerme tranquilo(a) o tiene pesadillas?, ¿Tiene insomnio?, ¿Cómo calificas su apetito?, ¿Se mantiene en el mismo peso?, ¿Se muestra más irritable?, ¿Tiene momentos de juego imaginativo?… Si notas alguna variación significativa, o tienes dudas y buscas orientación, aní­mate y busca apoyo psicológico.

Validar las emociones:

Conversa con tus hijos, háblales acorde a su edad cronológica, te recomiendo que el mensaje que vayas a expresarles emplee palabras claras, frases concretas, y que abarque un solo tema a la vez.

También ayuda que les manifiestes algunas de tus emociones. Si empiezas a quitarte la armadura, ellos te mirarán, y lo terminarán haciendo también.

Esto porque, hablar de tener miedo o acerca de sentirse triste, con los niños, podrá ayudarlos a expresar lo que sienten, y a validar sus propias emociones, llegando a sentirse más seguros.

Vamos a colocar un ejemplo, Graciela, una niña de 8 años, a quién le encanta dibujar dinosaurios, tiene miedo de tener el virus, y por lo menos, unas cinco veces al día coloca la palma de su mano derecha sobre su frente, luego de haberlo hecho con la frente de su hermanita, para tratar de comparar su temperatura, y ya se imaginarán cómo reacciona cuando percibe tener una temperatura más alta, lo más difí­cil para ella, no es el tener ansiedad, ni el manifestar una constante necesidad de comprobación de sus sí­ntomas, sino que, lo más difí­cil para Graciela es el pensar que no puede compartir lo que le pasa con sus padres.

Información selectiva:

Filtra la información que lees, escuchas y observas, y hazlo tan seguido que se convierta en un habito.

Verifica lo que tus hijos están escuchando, hay mucha información de fuentes de diversa í­ndole, en torno a la enfermedad del coronavirus.

Vamos a colocar otro ejemplo, imaginemos que, un sábado en la mañana, esta desayunando una familia, de pronto la madre se muestra ciertamente distraída, parece no estar prestando atención a lo que sucede en la mesa, sino que, esta totalmente atenta a las noticias que mira desde su celular, lo que genera curiosidad en sus dos hijos, de 4 y 6 años, quienes no le quitan la mirada por un largo periodo, y mientras esto sucede, la madre cada que lee una noticia, presenta los gestos de temor en ascenso. De pronto, la madre decide compartir una de las tantas noticias, es más, la lee tal cual delante de su esposo e hijos…

Con este ejemplo pretendo recordar que, muchas veces los medios textuales no exponen una categorí­a PG13, como los medios televisivos, por ejemplo en el caso de las pelí­culas que son solo para adultos.

En general, las noticias del periódico, TV, celular, radio, etc., tienen contenido únicamente para adultos. Quizá algunas páginas puedan ser revisadas por los adolescentes, pero esto luego de que los padres seleccionen dichos contenidos.

Actitud:

La visión que vayan a desarrollar los niños sobre la situación actual, no depende únicamente de la información que sus padres les transmitan, sino especialmente de la forma en la que lo hagan.

La actitud que manifestemos generará una respuesta en los niños, que vendrí­an a ser nuestros receptores primarios.

Tolerancia a la incertidumbre:

Cuando sucede algo, solemos regresar al pasado para evaluar situaciones en un contexto similar. La coyuntura actual, no lo permite, se trata de una situación atípica y lo que prima es la incertidumbre.

Aceptar que no sabemos lo suficiente sobre lo que va a ocurrir, es un paso que nos invita al silencio, a la reflexión, a analizar todas las posibilidades, y esta bien, pero todo eso nos distrae de disfrutar del presente.

¿Habías escuchado alguna vez sobre la técnica de Mindfulness?, esta técnica sugiere que mantengamos una atención plena dirigida al momento presente. La mejor manera de hacerlo es percibiendo las sensaciones.

Vamos a colocar un último ejemplo, imaginemos que estamos cenando, y que mientras lo hacemos estamos sentados en la mesa, junto a nuestra pareja, estamos presencialmente, es cierto, pero no estamos conectados con el momento, ya que en esa media hora, estamos teniendo una serie de pensamientos catastróficos sobre la pandemia. Lo que necesitamos es retornar al presente, el futuro es lejano e incierto.

El Mindfulness aplicado a esta situación sugeriría que la persona se permita «sentir», disfrutar de esa taza de café caliente, percibir el olor, la temperatura, el sabor, observar la escena de compartir ese momento junto a su pareja, escucharla, mirarla a los ojos… vivir el presente.

Es importante aprender a aplicarlo, para que a través nuestra propia vivencia, logremos transmitirlo a nuestros hijos.

Recordemos que, usualmente los niños se encuentran más posicionados en el presente, en lo inmediato, y le sacan el mayor provecho especialmente mientras juegan, así que, tal vez nos hace falta observarlos más, para ser también nosotros quienes aprendemos de ellos. Por eso jugar siendo adultos, se convierte en una estrategia de salud mental, jugar suele llamarse «tener un pasatiempo», ya sean hacia las plantas, la cocina, bordado, la carpintería, armar rompecabezas, coleccionar…

Altruismo:

Efectúen una lluvia de ideas, sobre la mejor forma de ayudar a los demás, estas actividades pueden ir desde acciones simples, como que te ayude a explicarle lo que sucede a niños más pequeños, mediante una carta, o un dibujo, hasta acciones más complejas, en donde podrán formular ideas para ayudar a otras personas, si tus hijos se centran en ayudar, estarán canalizando adecuadamente parte de sus emociones.

También resulta motivador que le cuentes a tus hijos noticias positivas, especialmente las que tienen que ver con personas ayudando a otras personas.

Más adelante, en otros capí­tulos resumiré algunas estrategias para proteger el bienestar emocional de los niños. El contenido incluye ideas que he podido ir desarrollando en las sesiones terapéuticas (Modo consejería) con padres, madres, cuidadores y familiares.

CAPÍTULO I: «La mente de los niños en los tiempos del Coronavirus»

Estamos tomando decisiones a cada segundo, y ellos nos observan, nos escuchan, nos interpretan, me asusta pensar que no lo estemos haciendo del todo bien. Estamos marcando un precedente con nuestras acciones u omisiones, da lo mismo, ellos están traduciendo cada hecho, y se lo están tomando bastante personal.

Llevo casi 10 años como Psicóloga, de ese tiempo las mejores experiencias las he tenido en consultas con los niños(as), estos últimos dí­as realmente los estoy echando de menos, lo que más nostalgia me da, es el platicar con ellos mientras jugamos, su forma de ver la vida, tan práctica, tan simple, y a la vez tan profunda. Muchas veces me han dejado en desconcierto, y es que debo confesarlo, todo este tiempo, he sentido que soy yo la que aprende más de ellos.

Desde que inició la cuarentena estoy cuestionándome sobre la interpretación que ellos le están dando a estos dí­as, apartados del mundo exterior, imagino a muchos contentos de poder pasar ese tiempo tan anhelado con sus seres queridos, a otros disfrutando de haber sentido que las vacaciones se ampliaban, imagino también, con el pasar de los das, cierto temor en su mirada, dada la incertidumbre por la que atravesamos como sociedad. Estoy segura, cada uno tendría una gran historia que contar, para el día en el que nos reencontremos en el consultorio.

Las vidas de todos están ciertamente pausadas, y hoy busco hablar en nombre de los niños y niñas, a quienes tal vez les cueste un poco poder expresar lo que piensan por la complejidad del tema.

Para esto, podrí­amos empezar recordando aquella época de colegio, los estí­mulos, la profesora, los compañeros del salón, el recreo, la bulla, el camino de ida y vuelta a casa, la lonchera, las tareas, las risas de los amigos, los juegos, los colores. Ahora, imaginemos que, de haber empezado las clases, a los pocos dí­as, nos las quitan, no entendemos las razones, quizá nos acompaña una alegrí­a inicial, pensando que Las cosas serán como hace unos dí­as, con salidas al parque, centros comerciales, acompañar al trabajo a mamá o papá, visitar a los abuelos. pero resulta que no, que «Estos dí­as no podemos salir de casa, no vamos a poder patear la pelota en el parque, jugar con los amigos, acompañar a hacer las compras, respirar el aire de libertad».

Son sólo unos dí­as, nos explican, pero en nuestra maravillosa e inocente mente, vivimos del presente, y unos dí­as nos suenan a un lejano futuro. No queda de otra, a hacer lo que nuestros padres dicen, ¿no?, pero, ¿Lo dicen porque quieren, o porque lo dice el Presidente?, ¿!No entiendo!?, ¿Por qué no podemos salir?, Todos los adultos están raros, ¿Qué pasará con papá, ¿Por qué está sentado en la mesa con cara de preocupación?, ¿Por qué tenemos que quedarnos en casa?, ¿Y por qué todo el día hablan de un virus?, Estoy cansado de escuchar sobre el Coronavirus, es como la palabra más fea, y no sé porque me parece tan fea, Resulta que el virus es cómo la gripe, yo tuve gripe la semana pasada, ¿Y, si me he contagiado¿, ¿Qué pasará conmigo si me contagio?, Escuché que hay que quedarnos en casa por el bien de todos los abuelitos del mundo, ¿Y si al salir a la tienda mamá trae el virus a casa?, ¿Qué pasa con los niños, también enfermamos?, Escuché decir que no habí­a cura, ni vacunas, que ya no habí­an camas en los hospitales, Dice mi tí­a que en otras ciudades la gente está empezando a morir, ¿Qué es la muerte?, ¿He visto el noticiero, que en España las personas se despiden de los viejitos usando la Tablet, Yo ya no quiero salir porque me da mucho miedo la calle.

Mencioné lí­neas arriba que, hablarí­a en nombre de nuestros niños(as), y es que, literalmente lo acabo de hacer, todas las frases descritas en cursiva son nubecitas de pensamientos extraños de las terapias virtuales que cursamos en estos dí­as de aislamiento, en esta oportunidad les he puesto los subtítulos a sus pensamientos.

El impacto psicológico del confinamiento en nuestros niños, depende de la visión que ellos tengan sobre la situación actual. Es por ello que, este artí­culo pretende estimular una actitud más positiva frente a esta situación, por parte de los padres, familiares, maestros y/o cuidadores, esta es la fase inicial de todo proceso psicológico: «La concientización».

Es necesario que nos tomemos un momento para escuchar sus preguntas y miedos. así como también, para compartir los propios, claro, dentro de lo que corresponde a la edad del niño(a). Demostrándoles nuestra empatí­a, y por sobre todas las cosas, paciencia.

Es por esto que, hoy vuelvo a escribir otro artí­culo, porque siento que nuestros niños realmente nos necesitan trabajando en equipo. Hay que darles hoy una lección de vida, y ¡Hagamos que valga la pena!

Prometo hacer más rutinario el vicio de la escritura, y volver pronto con nuevas reflexiones.