Soledad “la gran aliada”

¿Qué pensarías si te dijera que la soledad no es mala compañía? Sino que es algo para guerreros. Lee el artículo hasta el final. 

Vivimos en tiempos donde se necesita “sentir” para creer realmente que estamos vivos, es una contradicción de la naturaleza humana; porque cuando mucho sentimos, puede haber un colapso en nosotros, ya sea por exceso de adrenalina, emociones, sustancias, etc. Y nuestro cerebro no puede tomar las decisiones correctas. 

La soledad tiene diferentes interpretaciones desde donde se la vea, para mí, es una prueba de fuego en la vida de cualquier hombre, porque te invita a ser fuerte. Allí es donde sabes que solo te vales por ti mismo; te haces más independiente; no tienes que esperar la opinión de otros; y solo escuchas tu voz interior.

En mi defensa por la soledad, diría que es un momento de paz, muchas veces con amigos se presentan los falsos elogios o halagos disforzados, nunca me sentí cómoda con ellos; admito que a veces siento gran desconfianza por la especie humana y de allí nace mi placer por tener momentos conmigo misma.

Ilustración 1: momentos de soledad

¿Por qué le tenemos miedo a la soledad?

Desde la Psicología: El origen del miedo a la soledad está relacionado con los estilos de apego y el aprendizaje de vida de cada persona.

En el miedo a la soledad hay creencias incorrectas o pensamientos distorsionados que se repiten con frecuencia, se destacan tres esenciales:

1.- Pensamientos de tipo catastrofista: “Nunca encontraré a nadie. Esta es mi última oportunidad. Cada vez es más difícil encontrar a alguien adecuado”.

2.- Creencias absolutas del estilo “todo o nada” sobre la pareja y el amor. “Estar en pareja es el único modo de ser feliz. Tengo que encontrar a mi media naranja. Estar solo o sola, significa que nadie me quiere, que no soy válido o válida”

3.- Pensamientos relacionados con una elevada auto-exigencia: “Si la relación ha fallado es por algo que he hecho mal”. “Tengo que conseguir que esto funcione”

4.- Creencias anticipatorias en relación a nosotros mismos y a los demás: “No sabré estar sola o solo” (Franco, 2018)

Corbera (2019), señala que: “El sentimiento de soledad está relacionado con la desconexión emocional con el entorno, es independiente del número de personas que nos rodean. Siempre hay algo o alguien con quien podrías encontrar compañía, lo complicado es abrirse a ello”.

Recordemos la palabra de Dios, para resistir los momentos de soledad :

“Y yo le pediré al padre y él les dará otro consolador para que los acompañe siempre: el Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede aceptar porque no lo ve ni lo conoce. Pero ustedes sí lo conocen, porque vive con ustedes y estará en ustedes. No los voy a dejar huérfanos; volveré a ustedes”. (Juan 14:16-18)

Esta cita bíblica nos quiere decir que nunca estamos solos, pero nosotros nos sentimos así por el vacío y el desierto espiritual que sembramos por estar alejados de Dios. Todas las personas pasan por esto, se tiene que pasar un desierto para crecer, son momentos en donde no sentimos amor por nadie, ni para nosotros mismos, ni para Dios (Morera Rivera, 2021)

ilustración 2: desierto espiritual

Buscar el equilibrio

Lo mejor es buscar el equilibrio, no es bueno estar completamente solo y tampoco es bueno desperdiciar el tiempo con demasiada gente. Para cumplir nuestros sueños requiere que nos enfrasquemos muchas veces en nuestros proyectos “solos”.

Nosotros como seres humanos tenemos energía y vibración, mientras más personas contactemos, diferentes energías vendrán a uno, esto lo sabe muy bien un vendedor, un psicólogo… Y de allí es importante tener momentos de soledad para restaurarnos y recuperar fuerzas.

Conclusiones

Es cierto que cada persona tiene una perspectiva diferente de la soledad, querer entenderla en una sola sesión es una búsqueda inalcanzable.

Cuando se distorsiona el recto sentido de la soledad, se forma una especie de vacío, y un distanciamiento de Dios, quien es un árbol fuerte con grandes raíces, de quien podríamos sostenernos en momentos de incertidumbre.

No regales tu fuerza ni energía a personas que no están en la misma frecuencia vibratoria que tú. Asimismo, recuerda que uno también se siente solo cuando da todo de sí, sin recibir nada  a cambio.

Lo mejor es buscar el equilibrio, con momentos de calma en soledad para comprender y analizar nuestros pensamientos y buscar estar con los demás para compartir.

Referencias

Corbera, E. (2019). Enric Corbera. Obtenido de https://www.facebook.com/EnricCorberaOficial/photos/el-sentimiento-de-soledad-est%C3%A1-relacionado-con-la-desconexi%C3%B3n-emocional-con-el-e/2323767654385126/

Franco, N. (2018). Área Humana-Investigacion, Innovacion y experiencia en Psicología. Obtenido de https://www.areahumana.es/miedo-a-la-soledad/

Morera Rivera, F. (mayo de 2021). Frank Morera Rivera Apologética. Obtenido de https://www.facebook.com/112365216349108/photos/a.112368186348811/611069116478713/

Estrés en estudiantes universitarios

El desarrollo académico convencional se compone de 3 etapas principales, la educación primaria, secundaria y profesional. Las dos primeras se dan en colegios, tienen el fin de formar los aspectos más esenciales, complejizando los temas acordes se desarrolla el alumno. En cambio, la educación profesional es optativa por lo que se profundiza en temas mas específicos. Por tanto, la duración como la certificación se definen acorde a la especialización deseada. 

El aprendizaje universitario presenta un gran reto, puesto que se requiere que los estudiantes sean maduros emocionalmente, las exigencias que supone la formación universitaria, puede generar efectos adversos (Rosas-Santiago et al., 2016). No obstante, en la actualidad se espera que apenas se concluya con la educación secundaria se inicie con la profesional, situación que en muchas ocasiones acarrea confusión y ansiedad. Estudios realizados durante el 2015 en la universidad de sierra sur México, muestra que de 539 estudiantes al menos 121 refiere sentirse triste gran parte del tiempo, y 9 de ellos expresan sentirse superados por la tristeza, llegando a referir que no pueden soportarlo (Rosas-Santiago et al., 2016).

Enfrentan universidades desafíos en salud emocional ante COVID-19 |  Tecnológico de Monterrey

Estrés estudiantil.

Se puede afirmar que el término estrés es uno de los temas más estudiados en la historia de la psicología. Debido a que esta puede afectar a todas las personas, sin importar el sexo, raza o creencia (Matalinares et al., 2016). El desarrollo de la patología está ligada a su entorno, por lo que el estrés tiene cabida en el ámbito universitario. Más específicamente, en la fricción que puede generar el estudio de materia complicadas, el intercambio social, el desarrollo académico y problemas financieros (El Ansari et al., 2014).

Consumo de sustancias.

El consumo de sustancias en la época universitaria, mayormente se ven condicionados a factores internos y externos. Entre los internos se denota el estrés, la ansiedad y la depresión como principales factores, y entre los externos, se resalta el ámbito social y familiar. Estudios realizados en la universidad de Sevilla durante el año 2007, revelan que el consumo de cigarrillos y café se ven incrementados durante el periodo de exámenes (Monzón, 2007). Así mismo, el consumo de alcohol, cannabis, entre otras drogas, se ve incrementado como respuesta a factores emocionales. Estudios realizados en Colombia sugieren que una correlación positiva entre el uso de sustancias y la depresión, estrés académico y la ideación suicida en estudiantes universitarios (Restrepo et al., 2018).  

Consumo de Drogas y Sustancias Psicoactivas (SPA): Mitos y Realidades

Por otra parte, el uso de nootrópicos, llamados también drogas inteligentes, a aumentado en los últimos años, puesto que los efectos estimulantes resultan atractivos para los estudiantes, quienes por el cansancio o la carga laboral requieren de mayor estimulo (CEDRO, s. f.). Sin embargo, estudios realizados en estudiantes universitarios de Lima Metropolitana, sugieren que, tras el uso de dichas sustancias, al menos el 56% de los estudiantes presentan nauseas, cefaleas, insomnios y fatiga crónica. Lo que significa que el organismo resiente el esfuerzo, demostrando un mayor índice de estrés (Aliaga Sánchez, 2019).  Cabe resaltar que, en dicho estudio, no se comprende el efecto a largo plazo que pueda conllevar el uso de dichas sustancias.

Ciertamente el consumo de sustancias psicoactivas resulta en un efecto nocivo sobre la salud física y mental. Irónicamente, son empleados como métodos para el afrontamiento del estrés, lo que contribuye a un rendimiento académico deficiente (Becerra, s. f.). Situación que retroalimenta dicho comportamiento.

 Afrontamiento del estrés

Los estudiantes en el curso de sus actividades académicas suelen estar expuestos al estrés. Dado que no se puede evitar realizar dichas actividades, el afrontamiento se centra en la utilización de estrategias que faciliten el ejercicio de competencias asertivas, mediante un adecuado manejo interpersonal de situaciones sociales y sentimentales aporten tranquilidad y optimismo (Velásquez et al., 2008).

Afrontamiento de la Ansiedad | Clínica de la Ansiedad

Los estilos de afrontamiento requieren de esfuerzos cognitivos y conductuales, dado que el estrés no suele estar relacionada a una única variable. Dichos esfuerzos pueden ser funcionales a corto o largo plazo, puesto que el objetivo es reducir el impacto del estresor estos afectan de distinta forma la calidad de vida, la salud mental y el bienestar psicológico (Espinosa et al., 2009).

Aplicación de estrategias de afrontamiento de estrés.

El cuestionario de Afrontamiento al estrés (CAE), elaborado por Sandín y Chorot constituye uno de los principales instrumentos para la evaluación de los niveles de estrés (Sandín & Chorot, 2003). Este se compone de siete subescalas de evaluación:

  1. Búsqueda de apoyo social

Referencia la búsqueda de amigos o familia como apoyo y fuente de información.

2. Expresión emocional abierta

Referencia la facilidad para exteriorizar los sentimientos relacionados el suceso de estrés.

3. Religión

Referencia la utilización de métodos religiosos, tanto en comunidad como de forma personal.

4. Focalizado en la solución del problema

Referencia la utilización de estrategias para dar solución a problemas, resaltando los pasos que se requieren.

5. Evitación

Referencia la tendencia a reducir el estrés, poniendo atención a otros factores.

6. Auto focalización negativa

Referencia la tendencia a juzgarse, reconociendo la incapacidad de resolver los problemas.

Reevaluación positiva

Referencia la tendencia, reconociendo la dificultad del problema y la capacidad de resolver los problemas.

Estudios realizados en la universidad privada de Argentina empleando el instrumento anteriormente nombrado revelaron que, de 126 estudiantes se evidenció que la estrategia más utilizada es la reevaluación positiva, mientras que la religión fue el recurso menos elegido. Lo que sugiere que los estudiantes buscan aprender de las dificultades, sobre la atribución a factores externos. Así mismo, la población que recurre principalmente a la religión son las personas mayores, y precisamente este grupo poblacional es el que tiene un nivel de autoeficacia más alto (Piergiovanni & Depaula, s. f.).

Conclusión

En base a lo anteriormente expuesto, se puede concluir que el estrés en el ámbito universitario es una constante. Por lo que, se requiere de asesoría y prevención para evitar el desarrollo de cuadros clínicos. Así mismo, el uso de sustancias supone un factor a tomar en cuenta, puesto que se evidencia mayor uso de estas en periodos de estrés académicos. Por otra parte, la investigación es de sumar importancia, puesto que facilita la creación de campañas de prevención.

Referencias

Aliaga Sánchez, B. A. (2019). Relación entre el consumo de nootrópicos y estrés académico en universitarios de Lima Metropolitana. Universidad Peruana Unión. https://repositorio.upeu.edu.pe/handle/20.500.12840/3009

Becerra, S. (s. f.). Rol de estrés percibido y su afrontamiento en las conductas de salud de estudiantes  universitarios de Lima. Recuperado 24 de noviembre de 2021, de https://core.ac.uk/download/pdf/196537131.pdf

CEDRO. (s. f.). El Problema de las drogra en el Perú. Recuperado 24 de noviembre de 2021, de http://repositorio.cedro.org.pe/bitstream/CEDRO/378/1/CEDRO.Problema%20de%20las%20drogas.2018.pdf

El Ansari, W., Oskrochi, R., & Haghgoo, G. (2014). Are Students’ Symptoms and Health Complaints Associated with Perceived Stress at University? Perspectives from the United Kingdom and Egypt. International Journal of Environmental Research and Public Health, 11(10), 9981-10002. https://doi.org/10.3390/ijerph111009981

Espinosa, J. C., Contreras, F. V., & Esguerra, G. A. (2009). Afrontamiento al estrés y modelo psicobiológico de la personalidad en estudiantes universitarios. Diversitas, 5(1). https://doi.org/10.15332/s1794-9998.2009.0001.07

Matalinares, M. L., Díaz, G., Arenas, C., Raymundo, O., Baca, D., Uceda, J., & Yaringaño, J. (2016). Afrontamiento al estrés y bienestar psicológico en estudiantes universitarios de Lima y Huancayo. Revista de Investigación en Psicología, 19(2), 123-143. https://doi.org/10.15381/rinvp.v19i2.12894

Monzón, I. M. M. (2007). Estrés académico en estudiantes universitarios. 25, 14.

Piergiovanni, L. F., & Depaula, P. D. (s. f.). ESTUDIO DESCRIPTIVO DE LA AUTOEFICACIA Y LAS ESTRATEGIAS DE AFRONTAMIENTO AL ESTRÉS EN ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS ARGENTINOS. 20.

Restrepo, J. E., Amador, O., Calderón Vallejo, G., Castañeda Quirama, L., Osorio, Y., & Cardona, P. D. (2018). Depression and its relationship with the consumption of psychoactive substances, academic stress and suicidal ideation in Colombian university students. 18, 227-239.

Rosas-Santiago, F. J., Siliceo-Murrieta, J. I., Tello-Bello, M. A. J., Temores-Alcántara, M. G., & Martínez-Castillo, A. A. (2016). Ansiedad, Depresión y Modos de Afrontamiento en Estudiantes Pre Universitarios. Revista Salud y Administración, 3(7), 3-9.

Sandín, B., & Chorot, P. (2003). Cuestionario de afrontamiento del estrés (CAE): Desarrollo y validación preliminar. Revista de Psicopatología y Psicología Clínica, 8(1), 39-53. https://doi.org/10.5944/rppc.vol.8.num.1.2003.3941

Velásquez, C., Montgomery, W., Montero, V., Pomalaya, R., Dioses, A., Araki, R., & Reynoso, D. (2008). Bienestar psicológico, asertividad y rendimiento académico en estudiantes universitarios sanmarquinos. Revista de Investigación en Psicología, 11(2), 139-152. https://doi.org/10.15381/rinvp.v11i2.3845

Hilos de colores

Nuestra percepción sobre las relaciones que forjemos depende especialmente del vínculo que establezcamos con las mismas. Los vínculos son como hilos que van de un lugar hacia otro, y muchas veces retornan. Imaginemos que, con cada persona «importante» para nosotros, nació un nuevo color de la gran e interminable paleta de sentimientos y emociones.

Un vínculo seguro, se caracteriza porque la otra persona fomentó la satisfacción adecuada de las necesidades emocionales. Son las personas que te devuelven todo aquello que tu das, y más. Y es maravilloso, porque ocurre sin necesidad de pedir algo a cambio.

Hay personas que elegimos como parte de nuestro círculo primario de apoyo, a quienes volvemos en busca de una mirada, de una sonrisa, de un abrazo, en búsqueda de un hogar.

Esas personas se van haciendo espacio en nuestros momentos de mayor serenidad, y son a quienes, cuando hay dificultades, uno recurre justamente para volver a ese estado, pero ¿Qué hacemos cuando el vínculo ya no es bidireccional?

Perder a algún ser amado resulta tan doloroso que es difícil explicarlo con palabras. Tras muchos cuestionamientos, avances y retrocesos, uno llega a «aceptar». Aprende que el «perder», no se consolida en un resultado, si mientras duró pesaron más todas y cada una de las ganancias acumuladas.

Se nos vienen pérdidas de todos los tipos, una de ellas, y probablemente una de las más complejas, es la muerte. Tema en el que me centraré en este artículo.

El duelo es un proceso no lineal, uno avanza tres pasos, retrocede dos, y de pronto parece una danza a oscuras.

La fase de negación puede reaparecer en las temporadas más grises, cuando más «se le necesita», y no deja de sorprenderme como vamos buscando nuevas sensaciones de amor con esa persona, tal cual niños(as) buscando a alguien en el juego de las escondidas, aunque en el fondo, sabemos que esta vez no vamos a encontrar lo que buscamos, o por lo menos no, de la forma en la que insistimos en hacerlo.

El notar que quien sostenía el «hilo», ya no está más, deja muchos sentimientos «en el aire». El miedo y la angustia, que no eran parte de esa relación compuesta por un apego seguro, se vuelven novedad. Pero tengamos presente, que esto no lo genera la persona que falleció, ni nosotros mismos, es un proceso tan natural y espontáneo, que en diversas oportunidades nos encontraremos de frente con cada uno de los sentimientos, y allí, entenderemos que el color del hilo especial que tuvimos, se ha quedado grabado, en uno o varios cuadros de nuestra vida, tal como si nos hubiesen tejido, hacia lo más profundo de nuestra forma de ser, con ese hilo.

En este proceso entran a tallar diversos factores, uno de ellos son los conceptos que le vamos dando a la muerte, en todas nuestras etapas de vida: Las experiencias previas, el haber tenido o no la oportunidad de despedirnos, nuestra propia filosofía de vida, y también el como observamos que las personas que nos rodean asumen su propio duelo.

Algo que con el tiempo reconforta, es el empezar a agradecer por las experiencias compartidas, pasearnos por la mente como recolectores de bondad.

Este es el punto de inicio para comenzar a reconciliarnos con la muerte.

Por otro lado, ¿Qué sucede cuándo el vínculo nunca fue bidireccional?

El duelo ante relaciones en las que se estableció un apego inseguro (Evitativo, ambivalente o desorganizado), deja un sinsabor, ya que en este caso, probablemente no logramos asignarle un «color al vínculo».

Imagina perder a un padre / madre que fue ausente emocional y físicamente durante toda tu vida. En este caso, el dolor se basa más, en que con la muerte, se agotan esperanzas, se interpreta la imposibilidad de lograr establecer una conexión que retribuyese.

En este tipo de relaciones, ya se percibía angustia, malestar, aunque la muerte, trae de vuelta y refuerza el vacío.

En estos casos, perdonar y agradecer la ausencia, podrían ser grandes aliados para sanar el duelo… ¿Agradecer la ausencia?, Reaprendamos que no todos «tienen que estar», sea cual sea el rol asignado. Hay veces en la vida en las que la ausencia, resulta menos dolorosa que la presencia.

Aunque no deja de ser importante el reconocer, que hubo una relación con esa persona, y con ello, un conjunto de sentimientos y emociones, que con el transcurso del proceso del duelo, serán más claras y podremos dejarlas ir.

Este es el punto de inicio para comenzar a reconciliarnos con la vida.

Luego de una pérdida significativa, uno ya no es el de antes, y en ninguna de las fases del duelo encontrará una identidad definitoria. Solo hay que seguir caminando, mientras nos vamos reconociendo de a pocos. Siendo más conscientes del gran significado que tiene la muerte sobre la vida, y viceversa.

Síndrome de indefensión aprendida

En los años setenta Martin Seligman, reconocido psicólogo, efectuó un proceso de análisis sobre un fenómeno en el que veía reincidir a sus pacientes, al cual más adelante denominó como: “El síndrome de la indefensión aprendida”.

Inicialmente, Seligman junto a Overmier (1964), efectuaron diversos experimentos de laboratorio con animales (Aprendizaje clásico, aprendizaje operante), identificando este síndrome primeramente en ellos. Posteriormente, correlacionó principios que aplicaban también a las personas.

Básicamente, la indefensión aprendida, nos lleva a suponer que somos incapaces de cambiar una situación que causa dolor, en cualquiera de sus modalidades.

Todo esto tiene un trasfondo centrado en las experiencias aversivas previas que fueron incontrolables e inevitables por las personas; lo que generó que desarrollaran un autoconcepto negativo, en donde creyeron que no existía posibilidad alguna de defenderse, ni de liberarse.

Del mismo modo, al no haber logrado encontrar una solución a los problemas vivenciados. Al haberse «rendido», no encuentran bases de experiencias positivas que los lleven a confiar en sí mismos, contradiciendo esta primera creencia.

La indefensión aprendida es una celda invisible que nosotros mismos hemos construido, en donde cada uno de los barrotes han sido colocados por las atribuciones negativas de los demás mediante actos de manipulación, coacción, etc. Hechos que al ser sostenibles en el tiempo generaron la creencia de no poder liberarse de dicha situación o problema. Aun cuando quizá, al inicio se intentó nadar a contracorriente.

La indefensión aprendida es un fenómeno psicológico que puede afectar cognitiva, afectiva y conductualmente.

Cambia nuestro pensamiento, nuestra percepción, el modo de ver el mundo e incluso a nosotros mismos. Nos convertimos en las marionetas de nadie.

La percepción de indefensión, puede llegar a generalizarse hacia otros aspectos de vida, aunque no estuviesen relacionados al hecho por el cual se sufre.

La sensación de perder el control sobre la propia vida, en una forma desmedida, inhibe a la persona, la hace tener un rol de pasividad inducida, tal como si fuera un mero espectador, de la que se supone, es su vida.

Durante el proceso del desarrollo de la indefensión aprendida, hay una lucha entre el «querer hacer», y la negativa percepción con el «poder hacer». Esto resuena como una de las más grandes disonancias de la vida, y genera que la persona tenga una grave dificultad para aprender, y por ende, para reaprender.

Entrar en este síndrome, es tan destructivo, como estar en medio de un tornado, y el salir, también denota las claras secuelas, en donde una de las principales, vuelve a ser la «culpa» de no haber logrado «salir a tiempo».

Un aliado de este síndrome, son los pensamientos rumiantes, los cuales son abruptos, constantes, son ecos mentales de mensajes que refuerzan la creencia de no ser lo suficientemente capaces de tener una vida digna, ni merecedores de la misma.

Es como que, tantas veces les dijeron que no podían, que las palabras se tatuaron en el lóbulo frontal.

Mientras no se quiten la «venda de los ojos», para observar dentro de los nuevos paisajes, los tantos caminos que se empiezan a abrir.

Para identificar este síndrome, es necesario tener en cuenta la interpretación que cada persona le otorga a la falta de relación entre la respuesta emitida y la consecuencia obtenida.

Con este síndrome, el estado psicológico se coloca en riesgo, ya que al percibir que no hay escapatoria, uno se termina por conformar.

Se pueden pasar años, en una misma situación, como por ejemplo, la violencia doméstica. En donde, se requiere un tratamiento psicológico constante, para que llegue el despertar, la motivación y el accionar.

El Misterio de la Experiencia del Dolor Humano a la Luz de la Fe

En la vida del hombre se deslumbra un peregrinar del sufrimiento, que se manifiesta a través de experiencias tangibles y palpables. Estas a su vez  aparece una incógnita constante que nos persigue y es  ¿por qué? 

En el mundo, se presenta como un hecho personal y concreto. Este terreno es mucho más vasto, mucho más variado. El hombre sufre de modos diversos. El dolor es algo todavía más amplio que la enfermedad, más complejo y a la vez aún más profundamente en la humanidad misma. Toma distinción como fundamento de la doble dimensión del ser humano, tanto el elemento corporal y espiritual como el inmediato o directo sujeto de padecimientos. Porque no solo se transmite de forma corpórea sino que traspasa el alma, lo más hondo de nuestro ser, lo transgrede y lo hiere.

Vemos que el dolor es un componente muy ligado a la existencia humana. Pero más que ser una experiencia íntima y personal se convierte en una experiencia colectiva que nos invita a todos a reflexionar en la solidaridad y en la generosidad. Todos padecemos de similares males y somos propensos a ellos por múltiples razones que aún no entendemos. A veces cuestionamos si es cosa de un mero destino ya antes escrito o predestinado para toda la humanidad, si es obra de una inteligencia superior o resultado del libre albedrío del hombre, es la constante pregunta que se debe esclarecer.

Nos vemos también transcurrir en el espacio y en el tiempo, sentimos que a veces algunos dolores son tan duraderos que son más grandes que hasta nuestra propia voluntad. Esta misma ausencia de bienestar hace que nuestro espíritu de lucha se desvanezca… pero vale preguntarse, ¿Realmente vale la pena que sea así? 

Y llegamos a más incógnitas consecutivamente, para caer en un ¿Para qué?, es decir, un volver al sentido, la razón, un contenido, un concepto, un sustento, estamos en la búsqueda constante de ese algo que amortigüe este padecimiento. No es nada fácil encontrar una respuesta satisfactoria para tan grande abismo que se nos representa en frente y que por ende se debe de enfrentar.

Es pues, el dolor que siempre ha sido un asunto crucial dentro de la variedad de cuestiones que ocupan los pensamientos del ser humano, y jamás debe ser ajeno para nosotros.

La miseria del mundo se hace más denso debido a lo complejo que se ha vuelto, y a los diversos sucesos y acontecimientos que han surgido a lo largo de la historia que vamos transformando a la humanidad misma, es decir, somos nosotros parte de este proceso. Pero es necesario esclarecer que no todo padecer procede por cuestiones intrínsecas a los hombres sino más bien que son intrínsecas.

El mismo hecho de la libertad humana y el uso que le damos y ejercemos gracias a ellas es lo que puede ser crucial en esta premisa.  ¿Pero en algún  momento nos hemos preguntado qué sería de nosotros sin la experiencia del dolor? Realmente no sería el mundo tal como lo conocemos, y quizás muchas otras cosas no existirían si fuese así: la generosidad, la solidaridad, la caridad, incluso el mismo amor.

¿Qué sentido podría tener realmente? Vemos algo que existe que se quebró, se corrompió dentro del hombre y quedó como una marca cuando se clava una tachuela en la madera y al sacarla se deja una huella, una señal de que algo pasó justo ahí. Es por el pecado como todos los males entran en la existencia del hombre y que en nuestra finitud se hace sentir fielmente. 

Quedamos desamparados en la nada, arrojados, frente al mundo que se desmorona y se derrumba en el dolor que no abre paso a salvación alguna.  Se presenta ante nosotros un vacío existencial al cual estamos expuestos y propensos; lacerados estamos frente a una acidia. Pero el panorama se amplía a través de la fe, de aquella de la cual nos habíamos olvidado.

Entra la fe al rescate, en medio de la miseria en donde el ser humano está inmerso.  Una pequeña fuerza misteriosa que empuja. Fuente de esperanza. Niña pequeñita, dueña de nada.  

Se ejerce pues aceptación  del dolor que no es pasivo, o de una resignación frente a la adversidad. La aceptación es activa y nace de la fe. Así, antes que los hechos ocurran, debemos hacer todo lo posible por lograr lo deseado y lo que suponemos favorable, pero ante los acontecimientos dolorosos ya ocurridos debemos aceptarlos. 

Presupone la fe en una ilimitada totalidad de sentido, la fe en que el universo en su conjunto descansa dentro de un contexto de sentido. Sólo desde ahí tiene razón preguntar sobre el sentido del dolor en nuestras vidas. Tal pregunta se plantea ante todo allí donde se cree en un Dios omnipotente y bueno, es decir, allí donde, por tanto, es posible preguntar: cómo se armoniza ese hecho con la existencia del dolor en el mundo?

En otras palabras, cuando la solución ya no está en nuestras manos, llegó la hora del abandono, que no es fatalismo sino una entrega confiada a la voluntad de Dios. En realidad, la genuina aceptación cristiana brota del convencimiento de que el hombre no sabe lo que le conviene a su experiencia. Pero es a través de esa fe muestra de amor infinito fuente de salvación eterna en la tribulación.

Es por eso que la vida y sobre todo la cristiana exige que el hombre transite con valor su propia existencia, lo que implica, indudablemente, asumir el dolor. Existe, además, una oculta conexión entre el dolor y la dicha; entre la agonía y la felicidad, y es por eso que ambas experiencias hacen posible la esperanza.

El sentido del dolor y del padecer humano es, en definitiva, un misterio que, al igual que el propósito de la propia existencia terrenal, escapa a la comprensión.

Es en la experiencia del dolor cuando el hombre puede percibir mejor su condición de criatura finita. Pero si bien esta carencia puede acercarnos a Dios, también puede alejarnos y así ante el dolor muy intenso, y nos puede ser presas de la confusión. 

La vida, en el fondo, es un permanente desafío hacia el auto-crecimiento y, vista de este modo, sin la existencia de la desdicha o del dolor, se desvanecerá la experiencia terrenal del hombre como un acontecer carente de sentido. Así, un mundo sin pecado sería un mundo estático, donde la existencia del hombre se convertiría en un hecho inútil y en una vida sin lucha ni que combatir. 

Y quien dio pie de lucha por amor fue Jesús en el madero, Él ya venció la agonía del dolor a través de la cruz. El nos introduce a la vida eterna y a su acción salvífica. Esta liberación debe ser realizada por el Hijo unigénito mediante su propio sacrificio. Y en ello se manifiesta el amor, el amor infinito, tanto de ese Hijo unigénito como del Padre, que por eso  da  a su Hijo. Este es el amor hacia el hombre, el amor por el  mundo, el amor salvífico. El hombre muere, cuando pierde  la vida eterna. Lo contrario de la salvación no es, pues, solamente el sufrimiento temporal, no cualquiera, sino el definitivo: la pérdida de la vida eterna, el ser rechazados por Dios, la condenación.

Como resultado de la obra salvífica de Cristo, el hombre existe sobre la tierra con la esperanza de la vida y de la santidad eternas. Y aunque la victoria sobre el pecado y la muerte, conseguida por Cristo con su cruz y resurrección no suprime los dolores temporales de la vida humana, ni libera del padecer toda la dimensión histórica de la existencia humana, sin embargo, esta victoria proyecta una luz nueva, que es la luz de la salvación. Cristo se acercó al mundo  porque lo asumió en todas sus formas, hasta la muerte, para alcanzar la salvación del hombre. La cruz de Cristo se ha convertido en una fuente de la que brotan manantiales de agua viva.  Es en ella donde el cristiano tiene que plantearse el sentido. El evento de la Cruz de Cristo, que revela el “modo de ser” de Dios, y es por tanto fuente de sabiduría para el hombre.

Todo hombre en su cruz puede hacerse partícipe de la cruz de Cristo. Por este motivo todo hombre tiene su participación en la redención y está llamado a participar con su pasión. Desde este punto de vista, desde la fe, el dolor adquiere un nuevo significado. Es una prueba a la que se ve sometida la humanidad de la que brota la esperanza. El hombre al descubrir por la fe el  redentor, Cristo, descubre al mismo tiempo en él sus propias carencias, las revive mediante la fe, enriquecidos con un nuevo contenido y con un nuevo significado. Y está en nosotros la virtud de la constancia al soportar el malestar con la convicción de que el dolor no prevalecerá. Es así como, a los que sufren y participan en los sufrimientos de Cristo lo hacen por el reino de Dios, y por ello, les da la esperanza de aquella gloria de la resurrección, unida a la Pasión. El hombre, al descubrir por la fe el sufrimiento redentor de Cristo, descubre al mismo tiempo en él sus propias cruces,  los revive mediante la fe, enriquecidos con un nuevo contenido y con un nuevo significado.

Coexiste una lógica o razón que se convertiría en irracionalidad si se obstinaba en permanecer en las cosas que no puede ella descubrir por su propia luz y en cerrar los ojos ante una luz superior que le hace verlas. Porque lo que la revelación nos comunica no es simplemente algo incomprensible sino un significado comprensible que no puede ser percibido ni probado por hechos naturales, ya que esto es algo inagotable, que cada vez nos hace conocer de sí mismo lo que quiere, pero en sí mismo es transparente y para nosotros lo es en la medida en que nosotros recibimos la luz, y es fundamento para un nuevo entendimiento de los hechos naturales que se revelan como hechos que no son únicamente naturales. 

Es así como la inteligencia natural percibe que hay algo más de lo que ella puede llegar a ver sola, pero que a la vez, eso que está más allá, no lo puede conocer sin ayuda de otra luz, la de la fe. 

Jesucristo mismo nos indica así el camino: Si alguno quiere venir en pos de mí, tome su cruz y sígame. El dolor ofrece al cristiano la ocasión de dar testimonio de su fe. El Evangelio habla ante todo del sufrimiento por Cristo, por  su causa, por su nombre. De igual manera, el hombre que descubre en los padeceres propios los dolores de Cristo, les da contenido y significado.

Yo podré tomar cualquier cosa que el médico me mande para aguantar el dolor, pero la fe me da la certeza, aunque muchas veces yo no lo entienda, de que existe un significado. Nosotros los cristianos más bien lo que hacemos es aprender a soportar los padecimientos que nos toquen en la vida. En los casos en que la gente hace penitencias, no es tampoco porque buscan gozo en sufrir, sino para tal vez purificarse o asemejarse a la pasión de Cristo…aunque las carencias de la vida ya son suficientes en su medida. 

Definitivamente, la vida humana está destinada a un fin que trasciende al pecado, y Dios permite el mal para sacar de él un bien mayor. La experiencia del hombre en el mundo, entonces, no es su realidad última sino sólo la condición penúltima de su destino sobrenatural. , una posible salvación: aceptar la propia situación, dar un enérgico sí a los hechos y autoafirmarse por la acción y por la lucha. Es la aceptación de la contingencia y de la finitud, y su superación por un vivir en presencia de la muerte, no basándonos en una filosofía de tragedia y de desesperación sino en una filosofía esperanzadora y llena no solo de existir sino de vitalidad, de fuerza, de aguante, aquel soporte que solo la fe nos da.

Para creer, para fortalecer la fe, basta Jesús crucificado. El papel del cristiano en el mundo es precisamente combatir el miedo y el dolor, encarnado en la historia del Evangelio y su alegre mensaje de amor, de vida y de redención.   Cristo se acercó sobre todo al mundo del sufrimiento humano por el hecho de haber asumido este sufrimiento en sí mismo. Él, aunque inocente, se carga con los sufrimientos de todos los hombres, porque se carga con los pecados de todos.

Dios sabe que nuestra felicidad sólo está en Él y permanentemente nos ofrece su amor y su amistad. Pero lo que ocurre es que no escuchamos habitualmente su íntimo llamado por el bullicio de nuestros pensamientos como tampoco podemos recibirlo cuando estamos “llenos” de vanidad y de deseos exclusivos de placer mundano. Es entonces cuando Dios a través del sufrimiento nos advierte de nuestros errores y defectos que algún día tendremos que descubrir si queremos liberarnos de este “falso personaje” que impide al hombre percibir la belleza y dignidad de su existencia original. Es, en realidad, nuestra mente la que debe ser crucificada para poder renacer en Cristo a través del amor y con la gracia del Espíritu Santo. Visto de este modo, el efecto redentor del sufrimiento está abierto a la libre voluntad del hombre de someter o no, su rebeldía y su orgullosa autosuficiencia a los superiores designios del propósito divino.

Para un cristiano que ama a Jesús en su corazón existe otra perspectiva ante el dolor y ésta es la de compartir y co-participar   en el sufrimiento redentor de Cristo. Es así como su muerte y su resurrección se proyectan sobre todos los hombres y los cristianos sabemos que en nuestros dolores estamos completando  en alguna medida este misterio de salvación, colaborando en la redención del mundo. Juan Pablo II ha hablado, en este sentido, de un Evangelio del Sufrimiento señalando que, en el dolor humano, hay una particular fuerza que acerca interiormente al hombre a Cristo y agrega que el sufrimiento, más que cualquier otra cosa, abre el camino a la gracia que transforma a las almas. Es por eso que quien quiere ser un verdadero discípulo de Cristo debe levantar su propia cruz y asumir con valor, y aun con alegría, su tristeza y su dolor. 

En realidad, cada sufrimiento aceptado por amor a Jesús es una parte de su cruz que sostenemos; una pequeña porción del dolor humano que compartimos con Él, y si pudiéramos percibir la gratitud de su mirada sentiríamos que el peso que nos agobia se atenúa y que también nuestra espalda es ancha y nuestra carga es ligera. La historia de la humanidad es historia de sufrimiento y en un sentido más trascendental en la historia de la salvación.

BIBLIOGRAFÍA: 

  1. Catecismo de la Iglesia Católica (Sección segunda N° 324).
  1. APÉNDICE II La Filosofía- Existencial  De Martin Heidegger-  Ser y Tiempo
  1. C.S.Lewis. El problema del dolor (Editorial Universitaria, Santiago, 1990)
  1. Juan Pablo II. Evangelium Vitae (Cap. Y, 15) (Ed. Paulinas, Santiago, 1995).
  1. Juan Pablo II. Carta Apostólica Salvici Doloris. (Sección VI. El Evangelio del Sufrimiento. N°27).

Cuando le crees todo a mamá

Los pilares también se quiebran


Muchos quebraderos de cabeza, dolores, manías y compulsiones pueden tener una luz de origen en el seno familiar, para nadie es un secreto que varias de las actitudes o aptitudes que nos ayudan a desenvolvernos en la vida la pudimos haber heredado de ellos (los padres), sin embargo, nunca dejemos de lado ese vasto imperio derruido que se conforma de las “malas ideas”, y si, están entre comillas porque definen lo que sucede con un pensamiento que tras mucho rodar por la vida termina espichado y sin brillo. Ahora, toma un asiento muy cómodo y vamos a quejarnos y simular al menos por una vez, que la responsabilidad culpa no es nuestra.

¿Cómo y cuándo una idea se vuelve “mala”?

Si nos desligamos del área fisiológica y vamos a hechos más accesibles, podemos comprender que unas ideas al aparejarse a otras configuran una creencia, y esta, al aplicarse a diversas situaciones y dar resultados (la mayoría de las veces, agradables) provoca un reforzamiento. Siendo esto así, sí nos volcamos a usar el mismo plan para casi todas las situaciones de la vida ¿qué crees que ocurra? Antes de continuar, tómate un espacio, reflexiona, respóndete y luego sigue leyendo, quizás tengamos una grata coincidencia.

Ahora que te has detenido y pensado, hablemos un poco de la suspicacia a modo de ejemplo de lo anterior. Ese arte fino de dudar, de ver entre líneas negativamente lo que no se ha dicho de forma clara, esa forma de quien entre cierra los ojos, ladea la cabeza y dice que algo no está del todo bien. Nos parece una cualidad importante, y lo es, pero, ¿sí la empleamos a todo?, ¿qué resultaría? Básicamente, la búsqueda y resolución de un crimen que no se ha cometido, una saña contra inocentes que se ven criminales por no poder leerles la mente, una incansable cacería para obtener “la razón” cuando el otro se harta y nos traiciona víctima de tantas injurias y señalamientos. Como vemos, no es aplicable a todo ni a todos. Es así como llegamos a una “mala idea” el uso excesivo de una fortaleza se convierte en debilidad en la medida que se aplica a todo.

Mamá dice: «cuídate, no salgas”

Para cualquiera que lea esta frase le parecerá una buena sugerencia, una muestra de cariño y de querer la seguridad completa para su prole, pero, no olvidemos el centro de esto “las malas ideas” cuando una creencia se establece y es usada en todo y para todo.

Partiendo de esto, cuando existe una creencia sobre la seguridad, donde el mundo se aprecia como hostil, la incertidumbre se apodera de la persona con total tranquilidad, y no es para menos: “si sales a la calle, pueden atropellarte, sí contestas el teléfono de un número desconocido puede que te estafen, sí hablas con desconocidos pueden hacerte daño”. ¿te suena? Vivir con “el Cristo en la boca” es decir, vivir con un estado de incertidumbre constante, es algo que no solo se les confiere a los trastornos por fobias sociales generalizadas, muchas veces, estas creencias exacerbadas viven con nosotros y nos cubren en cada ámbito de la vida.

          Un ejemplo anecdotario de este tipo de creencias son las que encontró Rebe Secura cuando entendió desde muy pequeña que salir en toalla por el pasillo de su casa no era conveniente a todas horas, pues, debía cerciorarse que su tío quien tenía serios problemas con las drogas no estuviera en casa. De este modo, Rebe comprendía a todas horas el hecho de tener que mantenerse alerta, sí la dejaban sola en casa no podía asomarse por la ventana, sí iba a comprar el pan debía evitar los callejones y lugares con muchos hombres como la licorería de la esquina, sí llovía no podía ampararse bajo la marquesina del local vecinal porque ¿quién sabe que podía ocurrir? Un “instinto” muy fino que fue tergiversándose hasta llegar a ideas erróneas en la adultez.

          Algunas de las características que hacen orgullosa a Rebe es la del “scanner comportamental emocional” este refinado recurso que parece sacado de una película de ficción no es más que la finura actualizada de su creencia anterior. Aquí, utiliza señales mínimas para interpretar el entorno, sobre todo a las personas con las que entra en contacto, bajo una callada mirada se queda pensativa sobre la mueca que acaba de hacer su interlocutor, su mirada gacha y su tono de voz bajo casi neutro le son indicios a Rebe de que algo no anda bien, por lo que activa su segundo programa al que denomina: estabilización de situación.

          Esta aplicación orgánica la utiliza para dos casos muy bien diferenciados: protegerse, replegándose sobre sí misma; estabilizar la situación para no sentirse anímicamente amenazada.

          Personas como Rebe cundan en muchos sitios, sus relaciones se basan en tener siempre cuidado, énfasis en esta palabra, siempre, porque es allí cuando las conductas adaptativas se convierten en patrones que en un futuro son casi inamovibles. En esta situación, Rebe se ha visto envuelta en muchos “cuidados” que como dogmas se han extendido por ejemplo al área sexual, donde estar con alguna persona ya se consideraba un gesto de ligereza y de mal futuro a vistas de otros quienes ya tachaban negativamente su reputación, se le acostumbró a ir siempre por el camino de en medio, evitando conflictos y no manteniendo posturas, no volcarse a otros caminos desconocidos ni qué decir de aceptar llamadas de números extraños, eso es, claramente, impensable. Por ende, no es de extrañar que el malhumor y maltrato de otros era algo que ella asimilaba como una tarea propia, la de apaciguar.

          Es precisamente, esta labor observadora la que la hace presa de sí misma, de no atreverse a la espontaneidad luego de ver un rostro serio, de no envalentonarse cuando alguien está abusando de otros o inclusive de sí misma. Simplemente, se repliega y muerde su queja. “Ten cuidado Rebe, ten cuidado del mundo”.

Mamá dice: «no hay”

Las dificultades económicas no le son ajenas a buena parte de la población, de hecho, muchas veces puede constituirse como una lección importante de vida como antídoto para evitar las superficialidades de la misma. Sin embargo, cuando esta idea existe de una manera totalmente arraigada, encontramos a un individuo lleno de precaución que rechazan un soplo de alivio y de gusto en nombre de los “malos momentos”, donde el gastar no es solo una contención arbitraria y constante, sino que además se vuelve en una forma de apego, quieren desde la carencia.

De este modo, Rafael se movía por la vida, precavido con el dinero, precavido con el amor, precavido en amistades, precavido en todo. Invertir en una relación de pareja es para él una consideración casi que, de vida o muerte, se le metió en la cabeza desde muy pequeño que para engalanarse y coquetear no debía ser austero, al contrario, debía invertir tiempo y dinero. Y aunque para muchos esto es una realidad incuestionable, resulta que no es así al menos no con todo el mundo. Quien desea estar contigo, lo estará y aceptará una cita en un parque con un lunch. Pero Rafael, no piensa así, gastar y gastar es la moneda máxima para estar en el juego de la vida.

“Tener que levantarme y asearme por alguien, a quien tengo que llevar algún día a casa, tener ropa adecuada para mostrarme, aplazar pendientes y dedicarle espacio…no, paso” se dice Rafael cuando de amor se trata, no gusta de relaciones, aunque las anhela, simplemente teme salir de su restringida nube de barrotes sólidos en la que se encuentra, pero, su preocupación constante en no invertir porque es una pérdida le carcome. Esa necesidad que pide en silencio ser satisfecha nunca llega, dado que se acostumbró a lo que hay, nada más, conformarse y resignarse. Por ende, ama de forma lejana, desde el deseo no cumplido.

Esta misma falta de iniciativa comenzó desde casa, donde desechaban ideas tan simples como ir a la playa un fin de semana de forma exprés, inclusive, cuando brindaba algunas tácticas de paseo accesible como, por ejemplo, salir ya almorzados o con comida hecha en casa, comprar boletos antes y con promociones y demás artimañas, todas y cada una eran desechadas a veces sin razón alguna por lo que su espíritu de intento quedó cercenado. Así, su vida es eso, una idea amputada tras otra. “No gastes Rafael, no hay, esto es lo que nos tocó y así hay que vivir, poquito pero divino”.

Mamá dice: «eres especial, nadie es como tú”

Estas ideas de valoración absoluta de los hijos son muy lindas y apropiadas, hasta que llega el momento de contemplarlos a ellos como divinidades que son criadas con esmero y total atención que, al momento de relacionarse con otras familias cuyos sistemas y valores son distintos, existe un choque descomunal como si de supernovas se tratara. Y queda entonces el polvo fino luminiscente de asperezas.

La vida de las gemelas que veremos a continuación transcurrieron bajo las siguientes líneas: “no iremos a casa de tus tíos de nuevo, dice que se comportan como unas malcriadas, son unos exagerados. Prohibirles cosas a mis hijos es un abuso ¡locos!” dice la mamá enojada porque la tía impidió que las gemelas Roy y Susan jugaran con el nacimiento navideño de porcelana. ¡Les compraré otro si se rompe! – Era su respuesta a cada travesura que sus especiales e inmaculadas hijas provocaban.

El sentimiento de autovaloración es importante cuando hablamos de saber quiénes somos y de qué estamos hechos, en momentos de adversidad profunda es lo que nos ayuda a envalentonarnos y encontrar valor para reafirmarnos y no dejarnos llevar por la desidia. En situaciones sociales incómodas donde hay personas que gozan de extinguir cualquier opacidad intencional o inconsciente, saber quiénes somos y no doblegarnos resulta un as bajo la manga, muy efectivo, dado que todos somos distintos y gozamos de ese privilegio sin igual que consiste en no pensar igual, gracias a eso, el mundo camina y progresa. Pero, ¿cuándo se convierte en debilidad el que nos creamos especiales y únicos?

Volviendo a las gemelas y su ahora vida como adultas universitarias, existe un extraño ambiente en sus experiencias, un vacío que las une pese a estar separadas en sus actividades, se describen en intimidad como personas que no encajan, que no pueden establecerse en un sitio o encontrar su nicho porque todo escapa a sus expectativas, y esto, las lleva a un sin sabor enorme, un sentido de soledad abismal donde las más triviales conversaciones se sienten como paja en un establo, algo más que tratar en una noche que se supone era divertida. De este modo, pasaron de sentirse geniales y hasta superiores a ser “un bicho raro” que cuando intenta relacionarse no sabe cómo interpretar el suceso externo y huye para no afrontarlo.

“Siempre serán mis soles, mis gemelas únicas, especiales e insuperables, nadie es como ustedes, nadie las querrá como lo merecen, mis niñas Roy y Susan”.

Finalmente, antes de pasar a las recomendaciones y reflexiones, es necesario acotar que las madres muchas veces están en ocasiones al frente de la crianza de los hijos, algunas por decisión propia, otras por obligación, algunas más bajo la presión social del “deber”, sin embargo, lo importante de lo aquí recalcado, es que estas vivencias han venido bajo la inspiración de procesos personales extraídos de terapia,  al mismo tiempo, también se han concebido gracias al apoyo invaluable de pacientes que, tras cada sesión fueron expresando tales dificultades de vida que fueron acuñadas en sí mismos desde tempranas etapas debido a la crianza que su progenitora les había provisto.

Por supuesto que hay madres excepcionales, hay un escrito que inclusive las concibe de ese modo e intenta arrojar luz sobre sus conductas, pero, tampoco puede obviarse aquellas circunstancias donde sus acciones, aunque “buenas” (en su mayoría) no hicieron más que mella en sus hijos. Agradezco en este punto, el libro que en su momento no significó nada, sin embargo, ahora con la madurez y sabiduría que da la terapia valoro entrañablemente llamado “Cuando mamá lastima” de Rayo Guzmán (2015), el cual narra historias de perdón altamente valiosas.

¿Qué puedo hacer?

  • Derriba paradigmas. Enlista tus fundamentos, las banderas que te definen y cuestiónate sobre ellas.
  • Revisa tus relaciones. La manera en cómo te relacionas tiene que ver mucho en cómo piensas, para nadie es un secreto que el apego deviene de cómo aprendiste a recibir y dar cariño, de modo que, indaga sobre tus ideas respecto al amor.
  • Humillas o te dejas humillar. Sí tus emociones son un vaivén incontrolable, revisa de manera incansable a quién pertenece dicho rasgo, hazte cargo de esta cualidad ahora que hace mella en ti y reencáusala.
  • Toma las riendas de tu existencia. Ya responsabilizamos a mamá, sin embargo, ella y tus familiares definieron tu crianza de acuerdo a lo que ellos sabían. Pero, ahora, tú, ser consciente y presto a la comprensión de los hechos ¿Qué harás al respecto?

 

Piromanía: Incendio mental

Pyrós. Es una palabra griega, que hace referencia al fuego. Este elemento ha llegado a simbolizar energía, dinamismo, calor, afecto y pasión, pero también odio, rencor y destrucción.

Existen algunas personas que presentan una fijación excesiva en el fuego, a quienes, acorde a los manuales diagnósticos de problemas de la salud mental CIE-10 y DSM-V, se les cataloga como pirómanos. Diagnóstico incluído en el grupo de Trastornos del control de impulsos.

Las personas con piromanía perciben una fuerte necesidad de encender fuego, quemar o incendiar cosas, bienes inmuebles, naturaleza, animales o hasta a otras personas.

Los pirómanos manifiestan un incremento de la tensión interna antes de la ejecución del acto. Al consumarlo contemplan las consecuencias del mismo y sienten inmediatamente un poderoso efecto de relajación, de satisfacción y/o de excitación psicofisiológica.

Una persona con esta enfermedad mental, tiene una grave dificultad para regular sus emociones, y por ende, para controlar sus impulsos. Recordemos que los impulsos son mecanismos inconscientes que buscan reducir la tensión interna.

Es más, la sensación de alivio o placer suele aparecer antes de la ejecución del evento relacionado con el fuego. El simple acto de imaginación y planeación también se convierte en un fuerte aliciente para las personas con esta enfermedad.

Es importante resaltar que no existiría una motivación ajena al mero hecho de experimentar con este elemento. Koson y Dvoskin (1982).

En la adultez la piromanía puede ser crónica o episódica. En caso fuese esta última, lo hacen especialmente en períodos de impactante estrés.

PERFIL PSICÓLOGICO:

Son la niñez temprana o adolescencia las etapas de vida en donde usualmente se activa la atracción desmedida hacia este elemento de la naturaleza.

Un estudio desarrollado por la criminóloga Elena Tortora en el 2017, analizó el perfil psico-criminológico de los pirómanos. Sus hallazgos revelan una alta incidencia de disfuncionalidad familiar, factores ambientales, tales como, abusos físicos, psicológicos (abandono o rechazo emocional) y sexuales en la etapa de infancia. Así como problemas de aprendizaje significativos.

También se ha llegado a relacionar el desarrollo de este trastorno en adultos, que en su edad temprana presentaron recurrentes episodios de enuresis nocturna, severas dificultades en sus habilidades sociales y tendencia a presentar conductas autoagresivas.

Se va remarcando a lo largo del trayecto de vida, un gran interés y curiosidad sobre diversos aspectos asociados con la contemplación del fuego y con las consecuencias de un incendio.

Los pirómanos pueden partir de pequeños actos, tales como: prender fósforos, encender hornillas de la cocina, coleccionar encendedores, ver películas relacionadas al tema.

Existe también una gran motivación por participar como bomberos voluntarios. Canalizando ciertamente su deseo de ver arder las cosas, ya que también suelen percibir satisfacción por los equipos y actividades que combaten el fuego.

En general, la fascinación esta presente en el antes, durante y después, de la conducta incendiaria. Es su obra de arte, les fascina observar, intentan no alejarse del lugar, tomar fotografías, documentar el evento en videos, ya que de esa manera podrán volver a repetir en cierta medida, la sensación de poder.

Jackson (1987), planteó la hipótesis del desplazamiento de la agresividad en personas con este trastorno, quienes provocarían el fuego como medio de activación o arousal apropiado.

Algunas personas con este trastorno ejecutarían la conducta bajo los efectos de alguna sustancia psicoactiva, mediante los cuales se sentirían desinhibidos, lo que favorecería el dar rienda suelta a los impulsos.

EPIDEMIOLOGÍA

Resulta complejo lograr establecer la incidencia de este trastorno en la población general. La piromanía suele ser de difícil detección, ya que, mayormente cuando son detenidos por una conducta incendiaria ocultan su motivación real para eludir la ley. Por ende, sus testimonios son de dudosa fiabilidad.

A pesar de estas dificultades, en los estudios que han intentado detectar la prevalencia del diagnóstico en la población, se ha determinado que el inicio de la piromanía suele darse en la infancia o adolescencia, siendo más frecuente en varones.

Debido a la menor incidencia del género en la piromanía, entre el 10 y el 18%, existe poca información sobre el desarrollo de estudios científicos. A pesar de ello, Bourget y Bradford (1989), encontraron en las mujeres una alta incidencia en el desarrollo de eventos de cleptomanía (otro de los trastornos del control de los impulsos), así como también una mayor asociación a conductas suicidas

DIAGNÓSTICO DIFERENCIAL

Según los autores Geller (1987), Kolko y Kazdin (1992), las conductas incendiarias pueden manifestarse como un síntoma en el contexto de otros diagnósticos, como por ejemplo, la esquizofrenia, manía, trastorno de personalidad, alcoholismo, demencias (síndromes amnésicos), y personas con discapacidad mental. Por lo que es importante hacer la exclusión de los distintos criterios diagnósticos.

Por último, es importante considerar a la pirofilia en el diagnóstico diferencial, ya que la pirofilia se refiere a la sensanción de placer netamente sexual al incendiar cualquier cosa.

BIBLIOGRAFÍA:

American Psychiatric Association. (2014). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. 5ª Edición. Ed Panamericana

Bourget D, Bradford JM. (1989). Female arsonists: a clinical study. Bull Am Acad Psychiatry Law; 17 (3): 293-300.

Koson DF, Dvoskin J. Arson. (1982). A diagnostic study. Bull Am Acad Psychiatry Law; 10: 39-49

Wise MG, Tierney JG. (1995). Impulse control disorders not elsewhere classified. En: Hales RE, Yudofsky SC, Talbott JA, eds. Textbook of Psychiatry 2nd ed. Washington DC: American Psychiatric Press

Geller JL. (1987). Firesetting in the adult psychiatric population. Hosp Community Psychiatry; 38 (5): 501-6.

Kolko DJ, Kazdin AE. (1992). The emergence and recurrence of child firesetting: A one-year prospective study. J Abnorm Child Psychol; 20: 17-37

Showers J, Pickrell E. Child firesetters. (1987). A study of three populations. Hosp Community Psychiatry; 38 (5): 495-501.

O’Sullivan GH, Kelleher MJ. (1987). A study of firesetters in the south-west of Ireland. Br J Psychiatry; 151: 818-23.

Virkkunen M, Nuutila A, Goodwin FK, Linnoila M. (1987). CSF monoamine metabolite in arsonists. Arch Gen Psychiatry; 44: 241-247.

Anhedonia: Vivir anestesiados

¿Alguna vez has sentido que no tienes ganas de hacer nada?, ¿Qué nada te llama la atención?, ¿Qué estás en modo automático?, ¿Qué todo te aburre?, ¿Qué no encuentras satisfacción en lo que antes te gustaba hacer?

Existe un término para explicar este fenómeno psicológico: «Anhedonia». Se trata de un factor desadaptativo que genera la pérdida o reducción significativa de la capacidad para disfrutar de la vida y/o para experimentar placer. También se le considera como una baja activación emocional.

Es un déficit severo que genera la pérdida del interés, de la sensibilidad, del impulso y de la motivación ante estímulos que previamente eran gratificantes. Suele estar acompañada de un aplanamiento afectivo.

Es importante señalar que, existen grados de anhedonia, por lo que podemos ver personas con niveles graves de afección, en donde se trataría de una incapacidad total de disfrutar y obtener placer, y otras personas percibirán básicamente un descenso en dicha capacidad.

La anhedonia no es un trastorno en sí misma, pero es parte de la sintomatología de varios de ellos, los cuales se mencionan a continuación:

Théodule-Armand Ribot (1839), psicólogo francés, agregó el término «Anhedonia», para describir la pérdida patológica de la felicidad.

Esta palabra es el antónimo de la palabra «hedoné», que significa «felicidad», «placer». Ribot, empleó sus conocimientos mitológicos, para crear dicho término. Acorde a la mitología Hedoné, fue hija de Eros y Psiqué, y representó a un personaje que simbolizaba el placer (deseo y lujuría).

Fisiológicamente, se han evidenciado distintas causas por las que aparecería y se agudizaría la anhedonia:

Una de ellas, indicaría una alteración cerebral que impide que se genere la cantidad regular de dopamina, siendo la dopamina aquel neurotransmisor encargado de provocar las sensaciones placenteras y de relajación.

Otra de las posibles causas asignadas, se refiere a ciertas deficiencias en los centros de recompensa del Sistema Nervioso, esto sumado a factores genéticos y ambientales.

Otros investigadores identificaron la producción excesiva de galanina, una molécula de señalización neuronal responsable de la regulación emocional.

Un estudio publicado en la revista ‘JAMA Psychiatry’, revela que los niños con anhedonia presentan diferencias en la forma en que su cerebro integra la recompensa y la excitación y en la manera en que su cerebro se activa al anticipar las recompensas.

Existen dos tipos de clasificación de Anhedonia:

A continuación, se mencionarán los subtipos de anhedonia en base al estímulo percibido:

Anhedonia social:

Se refiere a la incapacidad para disfrutar de las relaciones interpersonales y por ende, por presentar interés en este relacionamiento. Esto podría conllevar al aislamiento social.

Anhedonia física:

El placer tiene un carácter multisensorial, puede ser olfativo, auditivo, visual, táctil y gustativo, por lo que una persona con anhedonia reduce o anula la sensibilidad positiva percibida, ya sea en alguna de las modalidades sensoriales de forma específica, o en su totalidad.

Las personas con anhedonia física, no logran disfrutar de placeres sensoriales, como por ejemplo, la música (anhedonia musical), los paisajes, las relaciones sexuales o la comida.

Algunos autores, mencionan un término específico «Anhedonia eyaculatoria», que se refiere a la dificultad para percibir un orgasmo durante la fase de eyaculación.

Por otro lado, la anhedonia en base al tiempo en el que surge, se cataloga de la siguiente manera:

La anhedonia anticipatoria:

La cual se caracteriza por la falta de ilusión y de interés antes de que ocurra cualquier estímulo previamente mencionado, o con tan solo imaginarlo. Se les dificulta visualizar que la experiencia será positiva.

La anhedonia consumatoria:

Relacionada con la falta de placer al experimentar en el presente cualquiera de los estímulos sociales o físicos, mencionados previamente.

La anhedonia recordativa:

También conocida como la anhedonia del recuerdo.

Se refiere a la dificultad para recordar satisfactoriamente sucesos previos que en su momento se vivenciaron de forma placentera, no brindándole la misma valoración que se percibió al momento de vivir las experiencias.

A continuación, se detallan los principales instrumentos psicotécnicos que nos permitirán medir esta dificultad emocional:

Estas escalas nos brindarán un mayor entendimiento del tipo de anhedonia, así como del nivel de gravedad y de afección en el paciente, aunque es necesario que estos datos sean corroborados en las entrevistas y sesiones psicológicas.

En primer lugar, hay que destacar la necesidad de diagnosticarla, identificar los tipos de anhedonia, y especialmente lograr conocer sus causas.

Una vez identificada la(s) causa(s), los objetivos de psicoterapia podrán ser focalizados en la(s) mismas, por ejemplo, cuando la anhedonia está causada por la depresión, los trastornos de ansiedad o consumo de sustancias psicoactivas, al mejorar estas enfermedades también irá desapareciendo o disminuyendo la anhedonia.

Como se mencionó previamente, la anhedonia es un síntoma de otra patología o trastorno, por lo que es necesario identificarlo de base para establecer un tratamiento idóneo.

Por último, es recomendable efectuar una derivación al psiquiatra, nutricionista, y de ser posible a algún entrenador(a) físico para trabajar en conjunto.

Matar mi juventud con dagas ansiosas; ostentar
la librea extravagante de esta edad mezquina;
dejar que cada mano vil se hunda en mi tesoro;
trenzar mi alma al cabello de una mujer
y ser sólo un siervo de Fortuna. Lo juro,
¡no me agrada! Todo eso es menos para mí
que la fina espuma que se inquieta en el mar,
menos que el vilano sin semilla
en el aire estival. Mejor permanecer lejos
de esos necios que con calumnias se burlan de mi vida,
aunque no me conozcan. Mejor el más modesto techo
para abrigar al peón más abatido
que volver a esa cueva oscura de guerras,
donde mi alma blanca besó por vez primera la boca del pecado.

Tedium Vitae (Tedio por la vida), Poema de: Oscar Wilde (1854-1900)

García-Rodríguez, M., Fernández-Company, J. F., Alvarado, J. M., Jiménez, V., & Ivanova-Iotova, A. (2021). “Pleasure in music and its relationship with social anhedonia”. Studies in Psychology, 1-26. https://doi.org/10.1080/02109395.2020.1857632

Isella, V.; Iurlaro, S.; Piolti, R.; Ferrarese, C.; Frattola, L.; Appollonio, I.; Melzi, P.; Grimaldi, M. 2003. Physical anhedonia in Parkinson’s disease. J. Neurol. Neurosur. Ps. 74: 1308–1311

Markou, A.; Kostenb, T.; Kooba, G. 1998. Neurobiological similarities in depression and drug dependence: a self-medication hypothesis. Neuropsychopharmacology 18: 135–174.

Rev. Latinoam. Psicopat. Fund., São Paulo, 17(4), 827-830, dez. 2014
Editorial La anhedonia Héctor Perez-Rincón* http://dx.doi.org/10.1590/1415-4714.2014v17n4p827.

Starkstein, S.E.; Jorge, R.; Mizrahi, R.; Robinson, R. 2005. The construct of minor and major depression in Alzheimer’s disease. Am. J. Psychiat. 162: 2086–2093.

Animales de asistencia y apoyo

Las personas con discapacidad pueden mejorar su calidad de vida con la ayuda de animales de servicio y apoyo emocional. Actualmente gran parte del mundo reconoce la importancia de su protección legal, integrando derechos civiles que protejan tanto a la persona como al animal de servicio. Sin embargo, por desconocimiento o la pobre adaptación de algunos negocios o instituciones se dificulta la labor.

Cómo gestionar el duelo de un animal de compañía | Fundación Affinity

Animales de servicio.

Organizaciones como ADA, reconocen que el animal de servicio es un animal altamente entrenado, capaz de realizar tareas de ayuda para personas con disparidad visual o motora. Principalmente se considera a los perros como primera opción, pero se puede optar por otras especies (ADA, s. f.-a).

  • Animales guías, principalmente son perros cuidadosamente entrenados para facilitar el viaje de una persona que tiene impedimentos visuales.
  • Animales oído o señal, principalmente son perros entrenados para alertar a la persona ante un golpe significativo, ruido o señal sonora de emergencia.
  • Animales de servicio psiquiátrico, son animales entrenados para reconocer el inicio de episodios psiquiátricos, reduciendo sus efectos. Así mismo, se le puede entrenar para que recuerde las horas designadas para la toma de medicamentos, como los controles de seguridad.
  • Animales de señal social o sensorial, son animales entrenados para ayudar a personas con autismo a reducir sus conductas repetitivas.
  • Animales que responden a convulsiones, como su nombre lo indica son animales entrenados para reconocer el inicio de un episodio, asistiendo a la persona durante y después. Estos perros son capaces de buscar ayuda.

Animales de apoyo o terapia

Los animales de apoyo o terapia, como su nombre lo sugiere, son animales entrenados para dar asistencia emocional como parte del plan de tratamiento médico. Sin embargo, estos no son comprendidos como animales de servicio, por lo que, si bien son reconocidos en instituciones médicas, legalmente no se encuentran protegidos como los animales de servicio.

Actualmente se encuentra en desarrollo la inclusión terapéutica de especies animales, claramente se aprecia los beneficios que tiene la integración a protocolos tradicionales, puesto que se reduce la brecha con el profesional, crea lazos afectivos y de seguridad (Abellán, 2008).

Es importante resaltar, que si bien no todas las especies están reconocidas como animales de apoyo o servicio. Estos animales proporcionan compañía, alivian la soledad e incluso facilitan el tratamiento de depresión, ansiedad y ciertas fobias.

Especies y razas reconocidas.

Las intervenciones terapéuticas, educativas, recreativas y motivacionales que empleen animales en su protocolo de atención, deben de considerar la especie y raza mas adecuada para cumplir dicho fin. Puesto que si bien con entrenamiento, los animales pueden desarrollar actividades específicas, puede que el estrés que suponga dicha actividad deteriore su bienestar (Trossero & Sm, s. f.). No es lo mismo integrar a un grupo de niños un perro altamente sociabilizado, que un gato o caballo.

Los perros, gatos, caballos, monos capuchinos son las especies con mayor aceptación internacional como animales de servicio. Sin embargo, puede existir distinciones de país en país. Por ejemplo, solo se reconoce a los perros para brindar asistencia en lugares públicos (ADA, s. f.-b).

Efectos relacionados

Ciertamente se han demostrado los efectos positivos en la calidad de vida de las personas que cuentan con animales de asistencia y apoyo emocional. Sin embargo, también es cierto que no se ha profundizado lo suficiente, esto se debe a la juventud de estos programas. Si revisamos los primeros programas de adestramiento canino con fines terapéuticos, datan de hace 30 años.

En base a la observación conductual, los perros y gatos son capaces de reconocer las emociones de sus cuidadores, demostrando un acercamiento más notado cuando este es de tristeza. “La sensibilidad es la ventana por la que los animales se asoman al mundo” (Zamarra, s. f.).

Conclusiones.

Los animales asistencia y apoyo emocional son claves para el tratamiento y la independencia de las personas con dificultades. Así mismo, es importante resaltar que no todos los animales son iguales, muchos tienen naturalezas o características que los hacen aptos como animales de asistencia. Por otra parte, es importante resaltar la falta de investigaciones formales.

Referencias

Abellán, R. M. (2008). La terapia asistida por animales: Una nueva perspectiva y línea de investigación en la atención a la diversidad. Indivisa: Boletín de estudios e investigación, 9, 117-146.

ADA. (s. f.-a). Animales de servicio y animales de apoyo emocional | ADA National Network. Recuperado 15 de noviembre de 2021, de https://adata.org/guide/animales-de-servicio-y-animales-de-apoyo-emocional

ADA. (s. f.-b). Service_Anima_lBooklet_Spanish.pdf. Recuperado 15 de noviembre de 2021, de http://southwestada.org/html/publications/Spanish/Service_Anima_lBooklet_Spanish.pdf

Trossero, B., & Sm, G. (s. f.). Venciendo prejuicios. 2.

Zamarra, S. J. (s. f.). Terapia asistida por animales.pdf. Recuperado 15 de noviembre de 2021, de https://www.psicoterapiaequina.cl/pdf/Terapia%20asistida%20por%20animales.pdf

También camino sobre el fuego y encanto serpientes

Después del accidente la vida no es la misma. Los tejidos se reestructuran. Donde hubo piel, a veces hay cicatrices. Algunos huesos quedan expuestos y no siempre se encuentra quien los reacomode. Quizás, luego, haya que operar. Es cierto que cuando le ocurre a un niño, él se cura mejor. Todo se regenera más rápido y se adapta a vivir con las secuelas que a veces recuerdan el pasado.

A veces, los accidentes no son físicos, (ninguno es sólo físico) sino, principalmente, internos. Y a veces no son accidentes, sino traumas («golpes») constantes. Contra la identidad, la seguridad, las creencias internas. A esto le llamamos trauma complejo. Cuando la cronicidad normaliza un estado de supervivencia en adultos o niños.

Into the Abyss, Achraf Baznani(2014)

Tal como ocurre en los accidentes físicos, la mente se adapta a las nuevas condiciones (más rápido en niños que en adultos) y construye mecanismos de defensa para evitar más sufrimiento. Por eso, tenemos distintas manifestaciones de «callosidades»: dependen de las características de la «piel» de cada paciente, las predisposiciones genéticas, el tipo de daño, etc. Así como se construye una costra que protege una herida de la contaminación y evita que se extienda mientras está fresca, el cerebro puede construir una costra para sus heridas internas, aislando eventos dolorosos hasta que pase el estado de alerta. Cuando el estado de alerta se prolonga, esta cicatriz se queda de forma permanente protegiéndose y protegiendo al resto de la mente de contagiarse de su dolor.

A este tipo de aislamiento le llamamos disociación. Los estados de disociación son temporales normalmente, y no surgen siempre en forma de «cura» para situaciones dolorosas. También pueden darse por agotamiento como una forma de reducir el gasto cognitivo o simplemente como una capacidad de concentración que aisla la experiencia para lograr más eficacia en alguna tarea. De aquí que el espectro de disociación oscile entre una discontinuidad ligera del proceso de integración perceptiva y la radical disociación en múltiples identidades (varias conciencias de «yo» con experiencias perceptivas, emocionales, sensoriales y de memoria propias).

My small world, Achraf Baznani(2014)

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Espacio para profesionales:

Las recientes tendencias sobre rasgos transdiagnósticos que plantean un abordaje distinto sobre la clasificación de patologías respecto a la forma clásica de los manuales, postula la posibilidad de considerar la disociación como una clave que refiere también a la «evitación existencial» y que se encuentra presente en patologías muy diversas: trastornos de conducta alimentaria, trastorno obsesivo compulsivo, evitativo, ansioso, fóbico, de estrés postraumático, bipolar, límite, somatomorfo y alexitimia. Además de una buena cantidad de evidencia que estudia esta asociación, la experiencia clínica permitirá percibir un patrón cognitivo común de evitación en estas alteraciones que da origen a obsesiones, desórdenes emocionales, comportamientos compulsivos y descontrolados o aparentes afecciones somáticas.

De aquí también la importancia creciente, por ser eficaz, que toma en las terapias de tercera generación (EMDR, Aceptación y Compromiso, Dialéctico Conductual, Activación Conductual, etc.) la aceptación de las emociones desagradables y su tolerancia a lo largo del proceso terapéutico.

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Paperman, Achraf Baznani(2014)

La disociación es una forma compleja y útil de respuesta a los eventos traumáticos que puede atravesar una persona. Se presenta con mayor radicalidad y complejidad cuando el trauma es continuo y ocurre en edades tempranas. Esto podría deberse a que los mecanismos de tolerancia al estrés no han sufrido un proceso de maduración gradual y porque la búsqueda de supervivencia se considera superior a la integración de la experiencia. Recordemos que en un niño, la percepción sensorial y su internalización a través de funciones ejecutivas es un proceso desgastante; un adulto posee, en comparación, muchísima más capacidad de inferencia acerca del mundo a partir de la experiencia.

Se trata precisamente de una forma extraordinaria de respuesta al miedo. Tal como encantar serpientes y caminar sobre el fuego. Tan maravillosa es nuestra mente que nos permite atravesar la guerra sin pensar en el dolor para sobrevivir. Los pacientes que han atravesado por trauma; independiente de su edad, condición y la gravedad del mismo; son también veteranos. Las consecuencias son difíciles, y el proceso terapéutico tiene la función de dar a estos superhéroes de su propia historia, la capacidad de controlar su superpoder.

Porque "un gran poder conlleva una gran responsabilidad"
El tío Ben

Referencias:

Peiró (01 de marzo, 2021). Terapias de tercera generación. Economipedia.com. https://economipedia.com/definiciones/terapias-de-tercera-generacion. economipedia.com/definiciones/terapias-de-tercer-generacion.html#:~:text=Las%20terapias%20de%20tercera%20generaci%C3%B3n,en%20sus%20conductas%20y%20sintomatolog%C3%ADa.

Vera (s.f.) ¿Qué son las terapias de tercera generación y cuales hay?. Grulla, psicología y nutrición. https://grullapsicologiaynutricion.com/blog/terapias-tercera-generacion