Soledad “la gran aliada”

¿Qué pensarías si te dijera que la soledad no es mala compañía? Sino que es algo para guerreros. Lee el artículo hasta el final. 

Vivimos en tiempos donde se necesita “sentir” para creer realmente que estamos vivos, es una contradicción de la naturaleza humana; porque cuando mucho sentimos, puede haber un colapso en nosotros, ya sea por exceso de adrenalina, emociones, sustancias, etc. Y nuestro cerebro no puede tomar las decisiones correctas. 

La soledad tiene diferentes interpretaciones desde donde se la vea, para mí, es una prueba de fuego en la vida de cualquier hombre, porque te invita a ser fuerte. Allí es donde sabes que solo te vales por ti mismo; te haces más independiente; no tienes que esperar la opinión de otros; y solo escuchas tu voz interior.

En mi defensa por la soledad, diría que es un momento de paz, muchas veces con amigos se presentan los falsos elogios o halagos disforzados, nunca me sentí cómoda con ellos; admito que a veces siento gran desconfianza por la especie humana y de allí nace mi placer por tener momentos conmigo misma.

Ilustración 1: momentos de soledad

¿Por qué le tenemos miedo a la soledad?

Desde la Psicología: El origen del miedo a la soledad está relacionado con los estilos de apego y el aprendizaje de vida de cada persona.

En el miedo a la soledad hay creencias incorrectas o pensamientos distorsionados que se repiten con frecuencia, se destacan tres esenciales:

1.- Pensamientos de tipo catastrofista: “Nunca encontraré a nadie. Esta es mi última oportunidad. Cada vez es más difícil encontrar a alguien adecuado”.

2.- Creencias absolutas del estilo “todo o nada” sobre la pareja y el amor. “Estar en pareja es el único modo de ser feliz. Tengo que encontrar a mi media naranja. Estar solo o sola, significa que nadie me quiere, que no soy válido o válida”

3.- Pensamientos relacionados con una elevada auto-exigencia: “Si la relación ha fallado es por algo que he hecho mal”. “Tengo que conseguir que esto funcione”

4.- Creencias anticipatorias en relación a nosotros mismos y a los demás: “No sabré estar sola o solo” (Franco, 2018)

Corbera (2019), señala que: “El sentimiento de soledad está relacionado con la desconexión emocional con el entorno, es independiente del número de personas que nos rodean. Siempre hay algo o alguien con quien podrías encontrar compañía, lo complicado es abrirse a ello”.

Recordemos la palabra de Dios, para resistir los momentos de soledad :

“Y yo le pediré al padre y él les dará otro consolador para que los acompañe siempre: el Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede aceptar porque no lo ve ni lo conoce. Pero ustedes sí lo conocen, porque vive con ustedes y estará en ustedes. No los voy a dejar huérfanos; volveré a ustedes”. (Juan 14:16-18)

Esta cita bíblica nos quiere decir que nunca estamos solos, pero nosotros nos sentimos así por el vacío y el desierto espiritual que sembramos por estar alejados de Dios. Todas las personas pasan por esto, se tiene que pasar un desierto para crecer, son momentos en donde no sentimos amor por nadie, ni para nosotros mismos, ni para Dios (Morera Rivera, 2021)

ilustración 2: desierto espiritual

Buscar el equilibrio

Lo mejor es buscar el equilibrio, no es bueno estar completamente solo y tampoco es bueno desperdiciar el tiempo con demasiada gente. Para cumplir nuestros sueños requiere que nos enfrasquemos muchas veces en nuestros proyectos “solos”.

Nosotros como seres humanos tenemos energía y vibración, mientras más personas contactemos, diferentes energías vendrán a uno, esto lo sabe muy bien un vendedor, un psicólogo… Y de allí es importante tener momentos de soledad para restaurarnos y recuperar fuerzas.

Conclusiones

Es cierto que cada persona tiene una perspectiva diferente de la soledad, querer entenderla en una sola sesión es una búsqueda inalcanzable.

Cuando se distorsiona el recto sentido de la soledad, se forma una especie de vacío, y un distanciamiento de Dios, quien es un árbol fuerte con grandes raíces, de quien podríamos sostenernos en momentos de incertidumbre.

No regales tu fuerza ni energía a personas que no están en la misma frecuencia vibratoria que tú. Asimismo, recuerda que uno también se siente solo cuando da todo de sí, sin recibir nada  a cambio.

Lo mejor es buscar el equilibrio, con momentos de calma en soledad para comprender y analizar nuestros pensamientos y buscar estar con los demás para compartir.

Referencias

Corbera, E. (2019). Enric Corbera. Obtenido de https://www.facebook.com/EnricCorberaOficial/photos/el-sentimiento-de-soledad-est%C3%A1-relacionado-con-la-desconexi%C3%B3n-emocional-con-el-e/2323767654385126/

Franco, N. (2018). Área Humana-Investigacion, Innovacion y experiencia en Psicología. Obtenido de https://www.areahumana.es/miedo-a-la-soledad/

Morera Rivera, F. (mayo de 2021). Frank Morera Rivera Apologética. Obtenido de https://www.facebook.com/112365216349108/photos/a.112368186348811/611069116478713/

Cuando le crees todo a mamá

Los pilares también se quiebran


Muchos quebraderos de cabeza, dolores, manías y compulsiones pueden tener una luz de origen en el seno familiar, para nadie es un secreto que varias de las actitudes o aptitudes que nos ayudan a desenvolvernos en la vida la pudimos haber heredado de ellos (los padres), sin embargo, nunca dejemos de lado ese vasto imperio derruido que se conforma de las “malas ideas”, y si, están entre comillas porque definen lo que sucede con un pensamiento que tras mucho rodar por la vida termina espichado y sin brillo. Ahora, toma un asiento muy cómodo y vamos a quejarnos y simular al menos por una vez, que la responsabilidad culpa no es nuestra.

¿Cómo y cuándo una idea se vuelve “mala”?

Si nos desligamos del área fisiológica y vamos a hechos más accesibles, podemos comprender que unas ideas al aparejarse a otras configuran una creencia, y esta, al aplicarse a diversas situaciones y dar resultados (la mayoría de las veces, agradables) provoca un reforzamiento. Siendo esto así, sí nos volcamos a usar el mismo plan para casi todas las situaciones de la vida ¿qué crees que ocurra? Antes de continuar, tómate un espacio, reflexiona, respóndete y luego sigue leyendo, quizás tengamos una grata coincidencia.

Ahora que te has detenido y pensado, hablemos un poco de la suspicacia a modo de ejemplo de lo anterior. Ese arte fino de dudar, de ver entre líneas negativamente lo que no se ha dicho de forma clara, esa forma de quien entre cierra los ojos, ladea la cabeza y dice que algo no está del todo bien. Nos parece una cualidad importante, y lo es, pero, ¿sí la empleamos a todo?, ¿qué resultaría? Básicamente, la búsqueda y resolución de un crimen que no se ha cometido, una saña contra inocentes que se ven criminales por no poder leerles la mente, una incansable cacería para obtener “la razón” cuando el otro se harta y nos traiciona víctima de tantas injurias y señalamientos. Como vemos, no es aplicable a todo ni a todos. Es así como llegamos a una “mala idea” el uso excesivo de una fortaleza se convierte en debilidad en la medida que se aplica a todo.

Mamá dice: «cuídate, no salgas”

Para cualquiera que lea esta frase le parecerá una buena sugerencia, una muestra de cariño y de querer la seguridad completa para su prole, pero, no olvidemos el centro de esto “las malas ideas” cuando una creencia se establece y es usada en todo y para todo.

Partiendo de esto, cuando existe una creencia sobre la seguridad, donde el mundo se aprecia como hostil, la incertidumbre se apodera de la persona con total tranquilidad, y no es para menos: “si sales a la calle, pueden atropellarte, sí contestas el teléfono de un número desconocido puede que te estafen, sí hablas con desconocidos pueden hacerte daño”. ¿te suena? Vivir con “el Cristo en la boca” es decir, vivir con un estado de incertidumbre constante, es algo que no solo se les confiere a los trastornos por fobias sociales generalizadas, muchas veces, estas creencias exacerbadas viven con nosotros y nos cubren en cada ámbito de la vida.

          Un ejemplo anecdotario de este tipo de creencias son las que encontró Rebe Secura cuando entendió desde muy pequeña que salir en toalla por el pasillo de su casa no era conveniente a todas horas, pues, debía cerciorarse que su tío quien tenía serios problemas con las drogas no estuviera en casa. De este modo, Rebe comprendía a todas horas el hecho de tener que mantenerse alerta, sí la dejaban sola en casa no podía asomarse por la ventana, sí iba a comprar el pan debía evitar los callejones y lugares con muchos hombres como la licorería de la esquina, sí llovía no podía ampararse bajo la marquesina del local vecinal porque ¿quién sabe que podía ocurrir? Un “instinto” muy fino que fue tergiversándose hasta llegar a ideas erróneas en la adultez.

          Algunas de las características que hacen orgullosa a Rebe es la del “scanner comportamental emocional” este refinado recurso que parece sacado de una película de ficción no es más que la finura actualizada de su creencia anterior. Aquí, utiliza señales mínimas para interpretar el entorno, sobre todo a las personas con las que entra en contacto, bajo una callada mirada se queda pensativa sobre la mueca que acaba de hacer su interlocutor, su mirada gacha y su tono de voz bajo casi neutro le son indicios a Rebe de que algo no anda bien, por lo que activa su segundo programa al que denomina: estabilización de situación.

          Esta aplicación orgánica la utiliza para dos casos muy bien diferenciados: protegerse, replegándose sobre sí misma; estabilizar la situación para no sentirse anímicamente amenazada.

          Personas como Rebe cundan en muchos sitios, sus relaciones se basan en tener siempre cuidado, énfasis en esta palabra, siempre, porque es allí cuando las conductas adaptativas se convierten en patrones que en un futuro son casi inamovibles. En esta situación, Rebe se ha visto envuelta en muchos “cuidados” que como dogmas se han extendido por ejemplo al área sexual, donde estar con alguna persona ya se consideraba un gesto de ligereza y de mal futuro a vistas de otros quienes ya tachaban negativamente su reputación, se le acostumbró a ir siempre por el camino de en medio, evitando conflictos y no manteniendo posturas, no volcarse a otros caminos desconocidos ni qué decir de aceptar llamadas de números extraños, eso es, claramente, impensable. Por ende, no es de extrañar que el malhumor y maltrato de otros era algo que ella asimilaba como una tarea propia, la de apaciguar.

          Es precisamente, esta labor observadora la que la hace presa de sí misma, de no atreverse a la espontaneidad luego de ver un rostro serio, de no envalentonarse cuando alguien está abusando de otros o inclusive de sí misma. Simplemente, se repliega y muerde su queja. “Ten cuidado Rebe, ten cuidado del mundo”.

Mamá dice: «no hay”

Las dificultades económicas no le son ajenas a buena parte de la población, de hecho, muchas veces puede constituirse como una lección importante de vida como antídoto para evitar las superficialidades de la misma. Sin embargo, cuando esta idea existe de una manera totalmente arraigada, encontramos a un individuo lleno de precaución que rechazan un soplo de alivio y de gusto en nombre de los “malos momentos”, donde el gastar no es solo una contención arbitraria y constante, sino que además se vuelve en una forma de apego, quieren desde la carencia.

De este modo, Rafael se movía por la vida, precavido con el dinero, precavido con el amor, precavido en amistades, precavido en todo. Invertir en una relación de pareja es para él una consideración casi que, de vida o muerte, se le metió en la cabeza desde muy pequeño que para engalanarse y coquetear no debía ser austero, al contrario, debía invertir tiempo y dinero. Y aunque para muchos esto es una realidad incuestionable, resulta que no es así al menos no con todo el mundo. Quien desea estar contigo, lo estará y aceptará una cita en un parque con un lunch. Pero Rafael, no piensa así, gastar y gastar es la moneda máxima para estar en el juego de la vida.

“Tener que levantarme y asearme por alguien, a quien tengo que llevar algún día a casa, tener ropa adecuada para mostrarme, aplazar pendientes y dedicarle espacio…no, paso” se dice Rafael cuando de amor se trata, no gusta de relaciones, aunque las anhela, simplemente teme salir de su restringida nube de barrotes sólidos en la que se encuentra, pero, su preocupación constante en no invertir porque es una pérdida le carcome. Esa necesidad que pide en silencio ser satisfecha nunca llega, dado que se acostumbró a lo que hay, nada más, conformarse y resignarse. Por ende, ama de forma lejana, desde el deseo no cumplido.

Esta misma falta de iniciativa comenzó desde casa, donde desechaban ideas tan simples como ir a la playa un fin de semana de forma exprés, inclusive, cuando brindaba algunas tácticas de paseo accesible como, por ejemplo, salir ya almorzados o con comida hecha en casa, comprar boletos antes y con promociones y demás artimañas, todas y cada una eran desechadas a veces sin razón alguna por lo que su espíritu de intento quedó cercenado. Así, su vida es eso, una idea amputada tras otra. “No gastes Rafael, no hay, esto es lo que nos tocó y así hay que vivir, poquito pero divino”.

Mamá dice: «eres especial, nadie es como tú”

Estas ideas de valoración absoluta de los hijos son muy lindas y apropiadas, hasta que llega el momento de contemplarlos a ellos como divinidades que son criadas con esmero y total atención que, al momento de relacionarse con otras familias cuyos sistemas y valores son distintos, existe un choque descomunal como si de supernovas se tratara. Y queda entonces el polvo fino luminiscente de asperezas.

La vida de las gemelas que veremos a continuación transcurrieron bajo las siguientes líneas: “no iremos a casa de tus tíos de nuevo, dice que se comportan como unas malcriadas, son unos exagerados. Prohibirles cosas a mis hijos es un abuso ¡locos!” dice la mamá enojada porque la tía impidió que las gemelas Roy y Susan jugaran con el nacimiento navideño de porcelana. ¡Les compraré otro si se rompe! – Era su respuesta a cada travesura que sus especiales e inmaculadas hijas provocaban.

El sentimiento de autovaloración es importante cuando hablamos de saber quiénes somos y de qué estamos hechos, en momentos de adversidad profunda es lo que nos ayuda a envalentonarnos y encontrar valor para reafirmarnos y no dejarnos llevar por la desidia. En situaciones sociales incómodas donde hay personas que gozan de extinguir cualquier opacidad intencional o inconsciente, saber quiénes somos y no doblegarnos resulta un as bajo la manga, muy efectivo, dado que todos somos distintos y gozamos de ese privilegio sin igual que consiste en no pensar igual, gracias a eso, el mundo camina y progresa. Pero, ¿cuándo se convierte en debilidad el que nos creamos especiales y únicos?

Volviendo a las gemelas y su ahora vida como adultas universitarias, existe un extraño ambiente en sus experiencias, un vacío que las une pese a estar separadas en sus actividades, se describen en intimidad como personas que no encajan, que no pueden establecerse en un sitio o encontrar su nicho porque todo escapa a sus expectativas, y esto, las lleva a un sin sabor enorme, un sentido de soledad abismal donde las más triviales conversaciones se sienten como paja en un establo, algo más que tratar en una noche que se supone era divertida. De este modo, pasaron de sentirse geniales y hasta superiores a ser “un bicho raro” que cuando intenta relacionarse no sabe cómo interpretar el suceso externo y huye para no afrontarlo.

“Siempre serán mis soles, mis gemelas únicas, especiales e insuperables, nadie es como ustedes, nadie las querrá como lo merecen, mis niñas Roy y Susan”.

Finalmente, antes de pasar a las recomendaciones y reflexiones, es necesario acotar que las madres muchas veces están en ocasiones al frente de la crianza de los hijos, algunas por decisión propia, otras por obligación, algunas más bajo la presión social del “deber”, sin embargo, lo importante de lo aquí recalcado, es que estas vivencias han venido bajo la inspiración de procesos personales extraídos de terapia,  al mismo tiempo, también se han concebido gracias al apoyo invaluable de pacientes que, tras cada sesión fueron expresando tales dificultades de vida que fueron acuñadas en sí mismos desde tempranas etapas debido a la crianza que su progenitora les había provisto.

Por supuesto que hay madres excepcionales, hay un escrito que inclusive las concibe de ese modo e intenta arrojar luz sobre sus conductas, pero, tampoco puede obviarse aquellas circunstancias donde sus acciones, aunque “buenas” (en su mayoría) no hicieron más que mella en sus hijos. Agradezco en este punto, el libro que en su momento no significó nada, sin embargo, ahora con la madurez y sabiduría que da la terapia valoro entrañablemente llamado “Cuando mamá lastima” de Rayo Guzmán (2015), el cual narra historias de perdón altamente valiosas.

¿Qué puedo hacer?

  • Derriba paradigmas. Enlista tus fundamentos, las banderas que te definen y cuestiónate sobre ellas.
  • Revisa tus relaciones. La manera en cómo te relacionas tiene que ver mucho en cómo piensas, para nadie es un secreto que el apego deviene de cómo aprendiste a recibir y dar cariño, de modo que, indaga sobre tus ideas respecto al amor.
  • Humillas o te dejas humillar. Sí tus emociones son un vaivén incontrolable, revisa de manera incansable a quién pertenece dicho rasgo, hazte cargo de esta cualidad ahora que hace mella en ti y reencáusala.
  • Toma las riendas de tu existencia. Ya responsabilizamos a mamá, sin embargo, ella y tus familiares definieron tu crianza de acuerdo a lo que ellos sabían. Pero, ahora, tú, ser consciente y presto a la comprensión de los hechos ¿Qué harás al respecto?

 

¿CÓMO APRENDÍ A QUERER?

Deberíamos hacernos esta pregunta más seguido y tal vez podríamos descubrir que podemos modificar y restablecer la forma en la que nos relacionarnos con los demás, una forma que se adapte más a nuestro presente.

Para entenderme en relación a los demás y cómo es que los “quiero” es importante entenderme primero como individuo. Según la teoría del apego, el niño aprende a entenderse como un individuo a partir de los dos años en adelante, cuando empieza a desplazarse y experimentar su autonomía, en definitiva, aún no entiende conceptos abstractos, por lo que la simbología que contiene su lenguaje es aún muy limitada, sin embargo; su mundo emocional es abundante e intenso. Sin siquiera terminar de comprender el lenguaje es a través de la profunda y estrecha relación con sus figuras de apego, padres o cuidadores, que establece una conexión vincular por la cual adquiere (durante el primer año de vida) el núcleo necesario para experimentar, expresar y modular sus emociones. (Di Bartolo, 2016).

La mentalización como la intérprete sensible de nuestras emociones.

¿Qué quiere decir mentalizar al otro?

Es la capacidad de una persona de interpretar sus estados mentales, con la noción de que posee y experimenta emociones, y así, a su vez, reconoce que el otro también las vive, por lo tanto, al identificarlas, las refleja y permite al otro ser consciente de las suyas propias.

Ya ¿Y en simple?

Por ejemplo: es como si la madre le prestara a su hijo, su mente para ayudarlo a reconocer, regular y organizar sus primeras emociones. (Di Bártolo, 2016).

  • “Cuando no tienes ganas de jugar con tus juguetes favoritos, es porque estás triste”
  • “¿Pasó algo que te pusiera triste?”
  • “Es válido que te sientas triste por eso, porque es importante para ti.”
  • “Cuando uno está triste a veces llora o no tiene muchos ánimos.”
  • “A mí me pone triste, cuando sin querer te haces daño y te duele.”

Como vemos en los ejemplos anteriores, la madre interpreta lo que el niño está sintiendo y se lo cuenta, también ayuda mucho cuando ella misma valora y expresa sus sentimientos con naturalidad y se permite sentirlos sin culpa ni vergüenza.

Pero conforme crecemos y vamos adquiriendo mayores responsabilidades y afrontamos nuevos retos, las emociones tienden a ponerse un poquito más complicadas de asimilar, como cuando sentimos decepción, frustración, irritabilidad, ira o cuando necesitamos consuelo. En estas ocasiones será determinante la observación sensible del cuidador, ya que si no logra reconocer y regular sus emociones cuando vive situaciones estresantes, no podrá ser el modelo adecuado para su hijo.

¿Cuántos de nosotros vivimos así?

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El inicio del desarrollo afectivo

Los primeros referentes emocionales son nuestros principales cuidadores, nuestras bases seguras, desde las cual voy a prendiendo a explorar el mundo para ver cuán seguro es, si me encuentro ante situaciones difíciles y complicadas. Pero sé que puedo volver a un lugar seguro (padres o cuidadores), aprenderé a confiar en mí mismo y en mis capacidades, por lo que mi forma de responder a los demás estará basada en el amor y confianza. Si por el contrario, al explorar, cuando voy en busca de seguridad, encuentro figuras, indiferentes, negligentes, abusivas e injustas; el miedo y la preocupación conducirán mi vida. Y no solo terminaré creyendo que el mundo es un lugar atemorizante e inseguro si no que aprenderé algo que dejará una huella firme y casi permanente en la formación de mi autoconcepto, ya que por lo general estas circunstancias de maltrato se mantienen y dan paso a la contundente y silenciosa idea de sentir que: No soy suficiente.

Ya el niño desde las primeras interacciones dentro de la barriga puede saber que tan disponible se muestra la madre a sus demandas, por lo que al primer año de vida puede entender cómo debe relacionarse con sus padres para conseguir satisfacer sus necesidades básicas tanto emocionales como físicas. ¿Es acaso el niño capaz de preguntarse a esa edad, o si la manera en la que recibe amor y se relaciona con los demás es la correcta? ¿lo hace alguna vez?

Puede ser que siga teniendo la misma imagen de mí mismo, desde de niño sin haberla nunca cuestionado.

Mucho de cómo somos al crecer, viene desde nuestra infancia, en la que se formaron nuestras bases emocionales que nos dieron una idea de quienes creemos que somos, bases que nunca cuestionamos porque no somos conscientes de cómo se formaron, siendo muy difícil de precisar en qué momento comenzaron a existir o de si podemos cambiarlas.

¿Cómo aprendí a querer? Esta pregunta de carácter filosófico nos regala una gran reflexión y sobre todo una gran oportunidad: la de reinterpretar nuestras propias narrativas, sí, esas que llevamos años contándonos a nosotros mismos, tal vez la pregunta por sí misma no sea suficiente para develar “el gran secreto”, pero si nos permite cuestionarnos, tal vez por primera vez: ¿Cómo es que yo quiero? ¿A dónde me ha llevado mi forma de querer? ¿Me quiero, como quiero? ¿Cómo estoy dejando que me quieran?

Puede que no conecte con la respuesta al instante, pero me dará una pista, ya que si no me siento contento con cómo estoy entendiendo el amor, ni encuentro una forma en la que relacionarme con los demás me sea cómoda, es posible que pueda hacerme cargo y buscar reestructurar mis pensamientos y creencias por otras con las que me sienta más a gusto, puedo tomar el control y decidir trabajar en nuevas formas de relacionarme con los demás.

Ya que hace poco conmemoramos es Día de la Salud Mental es importante tener en cuenta que la intervención de los profesionales psicólogos, es oportuna y necesaria ya que es la guía que necesitamos para construir nuevos y mejores caminos teniendo como meta alcanzar el bienestar emocional y por lo tanto social, de uno mismo y hacia los demás.

“Ya que el fin de la terapia no es solo comprender y explicar, es construir, a través de la sintonía emocional, la relación de apego dañada”.

Inés Di Bártolo

Palabras clave: desarrollo afectivo, infancia, relaciones interpersonales, vínculo afectivo.

  • Fuentes:
  • Di Bártolo I. (2016). El apego, cómo nuestros vínculos nos hacen quienes somos. Buenos Aires: Lugar editorial.
  • Cortés C. (2018). Mírame, siénteme. Estrategias para la reparación del apego en niños. España: Editorial Desclée De Brouwer.

El Vuelo de las Abejas

Existe un dato interesante acerca de las abejas, según algunos estudios realizados ¡la abeja no debería volar! Y sucede que el sus alas son muy pequeñas en relación a su cuerpo, lo cual haría imposible su acción de vuelo.

A pesar de estos estudios, las abejas evidentemente vuelan y logran:

«Suspenderse en el aire, luchar contra el viento, evadir a los depredadores y alzar el vuelo incluso si van cargadas con néctar o polen».

(National Geographic, 2018)

Es increíble, las bellas lecciones que podemos obtener de la naturaleza, en este caso de la abeja quien se las arregló para abrir sus alas y volar.

¿Y si aprendemos del vuelo de las abejas? Es decir, que no todo está dicho, escrito y determinado. Que es posible deshacerse de esas creencias que te limitan y te hacen pensar que no eras capaz de alcanzar tus sueños y por qué no de volar (claro que en un sentido metafórico).

Es así que, el objetivo del presente artículo se basa en explorar el concepto de creencias limitantes, su origen y en dar énfasis en que se pueden transformar en potenciadoras.

¿Qué son las creencias?

Si desde niños hemos escuchado “no puedes” “no lo lograrás”, empezamos a creer que estas frases, que constantemente resuenan en nuestra cabeza, son ciertas. Dejando enterrado tus sueños y olvidadas tus metas.

De acuerdo con Barragán (2012), menciona que las creencias son una serie de principios que rigen varios aspectos de la vida de uno mismo. Este sistema de creencias influyen en las relaciones interpersonales (con otras personas) e intrapersonales (con uno mismo).

Las creencias actúan en diferentes aspectos del ser humano. Las creencias están relacionadas con el sistema límbico, esta parte del cerebro está ligada a las emociones del ser humano. Por tanto, es que estar convencidos de determinada creencia provoca en el cuerpo reacciones fisiológicas

Además, el sistema de creencias está relacionado con las decisiones, organizándolas y cumpliéndolas. Por ejemplo “una persona que de verdad crea que tiene una enfermedad comenzará organizar su vida y sus actos en torno a dicha creencia” (Dilts, 2003).

Por otro lado, Covarruvias y Cuevas (2020) el sistema de creencias está conformado por elementos que hacen que el ser humano se relaciones con su entorno y lo que percibe de él. Las creencias se construyen a partir del contacto con la otra persona.

Las creencias tienen cuatro funciones psicológicas (Covarruvias y Cuevas, 2020)

  1. Emocional.  Las creencias sirven directamente para manejar emociones tales como miedo, esperanza, enojo, sorpresa, incertidumbre existencial, amor ideal, entre otras.
  2. Cognitivo.  Dan estructura cognitiva, la cual proporciona un sentimiento de control sobre la vida.
  3. Moral.  Funcionan para regular la distribución de la responsabilidad moral entre la persona y el grupo.
  4. De grupo. Sirven para promover la solidaridad del grupo al otorgar a las personas una identidad común.

Las creencias influyen en la eficacia cotidiana. Ahora bien, estas creencias pueden convertirse en valiosos recursos para lograr alcanzar nuestras metas o simplemente se transforman en trabas que nos impiden ver de lo que somos capaces

Creencias Limitantes y Potenciadoras

Se instalan desde la infancia, y de acuerdo con Barragán (2012) no hay creencias positivas o negativas, al contrario, se clasifican en limitantes o potenciadoras.

Las creencias potenciadoras contribuyen a regular de forma eficaz las conductas del ser humano. Te brinda una visión más clara cuando la persona se encuentra en problemas.

Mientras que las creencias limitantes afectan de forma negativa en la vida del ser humano.

Transformación de las creencias limitantes en potenciadoras

Tal como se ha observado, las creencias tienen una interrelación con el accionar de los individuos, ya que, éstas permiten la regulación del comportamiento de las personas y de las relaciones que establecen con los demás.

Al ser tan importantes, es necesario saber que es posible convertir las creencias limitantes en potenciadoras. Según, Barragán (2012), es posible si se toma en cuenta los siguientes pasos:

  • Primero se debe identificar qué es lo que te limita, una vez que se obtengan las respuestas, vas a identificar las creencias que rigen tu vida.
  • Segundo, es la transformación de estas creencias limitantes en potenciadoras. A través de la visualización de metas, en donde poco a se va ir cambiando la creencia del “no puedo” al “lo lograré”.
  • Tercero, empezar a entender que las creencias potenciadoras se deben llevar al campo de la acción. Convertir los pensamientos en acciones.

Conclusiones

Sabemos, que las creencias influyen en varios aspectos de la vida del ser humano, así que sí es importante detenerse un momento para mirarse e identificar tus creencias limitantes,

Si en caso, sientes que demasiados “no puedo” en tu vida, es necesario hacer una breve revisión interna, identificar esas creencias que enceguecen e impiden ver nuestro potencial.

El vuelo de las abejas, es una gran lección de superación. Sí, las abejas se las ingeniaron para volar, en nuestro caso podemos hacerlo si aprendemos a deshacernos de creencias limitantes que cortan nuestras alas. En especial, si somos conscientes de los recursos o potencial que tenemos para alcanzar nuestros sueños.

Referencias

Asombroso. (11 de marzo del 2020). Una Poderosa Lección Que Podemos Aprender de las Abejas. https://www.youtube.com/watch?v=rsIF7ZAvEuI&ab_channel=Asombroso

Barragán, R. (2012). Nuestras creencias ¿limitantes o potenciadoras? Universidad Iberoamericana de Puebla. Recuperado de:

http://repositorio.iberopuebla.mx/bitstream/handle/20.500.11777/1673/Nuestras+creencias,+limitantes+o+potenciadoras.pdf?sequence=1

Covarrubias, M., y Cuevas, A. (2020). Creencias limitantes y potenciadoras en la formación profesional del psicólogo: un estudio sociocultural, 13(1). Recuperado de: https://periodicos.ufam.edu.br/index.php/educamazonia/article/view/7657/5354

Dilts, R. (2003). El poder de la palabra. Urano S.A. https://eliascoach.files.wordpress.com/2014/08/el-poder-de-la-palabra-robertb-dilts.pdf

National Geographic (9 de agosto del 2018). Cómo aletean las abejas. https://www.ngenespanol.com/fotografia/como-aletean-abejas/