¿Disociar para sobrevivir?

Todo lo que sucede en nuestra mente, es como la proyección de una película en dónde somos los protagonistas, aunque también existe el detrás de cámaras, al que no siempre tenemos acceso.

¿Qué significa poseer una mente integrada?

Es el saber que somos nosotros mismos en el transcurso de nuestra vida, en todas y cada una de las situaciones y contextos en las que nos podamos encontrar. Se refiere a la integración de nuestra conciencia.

Pase lo pase, actúes como actúes, a pesar de los cambios que se puedan suscitar en el tiempo, el ser siempre la misma persona, y el saber que lo eres.

¿Qué significa poseer una mente fragmentada?

Lo contrario a tener una mente integrada se denomina disociación, y ocurre básicamente cuando nos sucede algo que nuestra mente no es capaz de tolerar, entonces se fragmenta, como si de pronto se desarmara el rompecabezas que traíamos completo y extraviáramos alguna(s) piezas.

Al disociar se producen momentos en los que no estamos siendo conscientes de nuestra forma de ser, dejamos de procesar consistentemente pensamientos, sensaciones, emociones, etc. Y se dispersan, como desconectándose de nuestra consciencia, por lo que se pierde la capacidad de evocar recuerdos sólidos voluntariamente.

Algunos autores, manifiestan que existen dos tipos de disociaciones. Estas alteraciones pueden ser repentinas o graduales, transitorias o crónicas.

Las que son «naturales», y ciertamente normales, ocurren por ejemplo cuando manejamos, o realizamos alguna actividad cotidiana «En automático», en dónde podemos perder la noción del tiempo u otros. Por otro lado, un segundo tipo se refiere a una condición extrema, episodios recurrentes, que pueden llegar a ponernos en distintas situaciones de riesgo. En este último grupo, encontraríamos a personas diagnosticadas con Trastorno de Identidad Disociativo (TID), conocido anteriormente como personalidad múltiple, aunque la disociación también podría estar presente en otros trastornos que detallaré más adelante.

¿Qué significa disociar?

Los seres humanos tenemos tres mecanismos para poder enfrentar un evento que suponga algún tipo de peligro: La lucha o defensa, la huida, y la parálisis o disociación.

Cabe mencionar que un niño pocas veces puede huir de la situación agobiante, por los pocos recursos de autonomía que posee, así como tampoco se les hace fácil defenderse, por lo que, el mecanismo de parálisis o disociación, suele ser uno de los más comunes.

De todo lo mencionado proviene el título de este artículo, disociar para sobrevivir, el «No vivir conscientemente para evadir el sentir». La disociación ocurre porque la persona evita asociar la realidad consciente y el entendimiento del yo, con el objetivo de que no se conecten, para insensibilizarse.

En estos casos la disociación sería un intento de la mente por protegerse de algo que no puede tolerar, algo que, si lo viviéramos plenamente, nos lastimaría profundamente. Esto se conoce como una defensa disociativa.

Cualquier evento considerado como traumático podría generar ciertas disociaciones, como por ejemplo, la muerte de un ser querido, el haber atravesado una situación de riesgo de vida, enfermedad o accidente, el abuso sexual, etc.

¿Por qué disocia la mente?

La disociación o los trastornos disociativos presentan una relación significativa con el trauma en la niñez, el cual puede incluir, situaciones de abuso (físico, emocional y/ o sexual), y de negligencia (abandono o descuido).

Desde que nacemos necesitamos a figuras de apego que nos ayuden a desarrollar una imagen unificada de nuestra forma de ser. Los problemas iniciales surgen cuando los niños(as) tienen inconsistencias para entender quienes son.

Caso 1: Ximena / 24 años / abogada / soltera

Ximena en una sesión refiere lo siguiente: «Cuando era niña me portaba mal, era muy traviesa, y para corregirme, mis padres me daban correazos. Tengo grabadas las dos primeras fechas en las que me pegaron mis papás, pero luego de eso, es muy borroso. A mis 4 años, me gustaba la canción de la sirenita de Disney, me la sabía casi de memoria, y recuerdo empezar a cantarla en mi cabeza, cuando veía la correa acercarse a mi piel. Al cantarla sentía que me iba a otro lugar, y creo que por eso no recuerdo más allá de las dos primeras veces que me pegaron. Sé que han sido muchas más, porque recuerdo despertar al día siguiente con morados en las piernas y dolor en la espalda, pero no sé cómo pasó».

Es decir, cuando iniciaban los episodios de violencia física, como forma de afrontamiento, Ximena evocaba el sonido de la canción de la sirenita, que para ella simbolizaba una sensación de paz, tranquilidad y seguridad, ya que solía ver esa película antes de dormir, mientras descansaba en su cama, estando abrazada de su hermana mayor.

Actualmente, Ximena tiene episodios de disociación recurrentes, hace unas semanas volvió en sí, mientras estaba en el bus camino al trabajo, y de pronto notó que se había pasado de la ruta, y que no recordaba porque tenía una revista en su maletín.

Se logró identificar que, ante episodios de estrés, que solían darse especialmente cuando Ximena tenía que relacionarse con figuras de «Autoridad», como su jefe del trabajo, ella disociaba.

Es importante reconocer que existe un inicio, que hay un punto de quiebre, el cual es necesario identificar en terapia, para luego buscar hipótesis que permitan relacionarlo al presente, las cuáles se irán validando en el transcurso de las sesiones.

Caso 2: Mariela / 45 años / Ama de casa

Mariela vivió un evento traumático, al sufrir de un accidente vehicular, en este suceso falleció su prima. Tras vivir esta experiencia, que la impactó gravemente, cada que ella narra el suceso no refleja ningún sentimiento. Esto se conoce como «Embotamiento emocional», y es justamente una de las principales características de un Trastorno por estrés postraumático.

«Siento que soy una espectadora más cuando recuerdo el accidente, como si hubiera salido de mi cuerpo y pudiese mirar todo desde afuera».

Caso 3: Gabriel / 19 años / estudiante de Diseño gráfico

«Recuerdo haber tenido 8 o 9 aproximadamente cuando mi mamá me dijo que sus cambios de estado de ánimo se debían a un problema psicológico, que se llamaba bipolaridad, ella me dijo que a veces podía sentirse con mucha energía como una pila recién estrenada, y que podía con todo, pero que otras veces, estaba desgastada, y hacer el menor esfuerzo era agotador. No lo entendí muy bien, hasta que pude empezar a relacionar sus episodios de depresión vs. episodios maníacos. Lo más difícil de toda esta situación fue que ella me trataba de dos formas totalmente diferentes, a veces yo era para ella un hijo maravilloso, podíamos pasarnos toda la noche jugando en el parque, comer hasta el cansancio, comprarme todos los juguetes que quisiera, sin embargo, muchas otras veces, no tenía quien me ayudase a preparar la comida, ni quien se sentase a cenar junto a mi, habían muchos gritos, y en ocasiones violencia, en esos días yo no lograba, por más que me esforzaba, hacerla feliz».

Actualmente, Gabriel tiene episodios de disociación recurrentes, uno de los factores desencadenantes identificados es cuando discute con su pareja, hecho que no le permite llevar una relación que pueda afrontar los conflictos que se presenten.

Estos casos, en los que los hijos(as) tienen a una madre o padre con un estilo de crianza incongruente, y con problemas psicológicos, generan un patrón de apego del tipo Desorganizado-Desorientado, que no les permitirá desarrollar un concepto claro y estable, sobre su personalidad.

Del mismo modo, visualizar a una de las figuras parentales como fuentes de afecto y al mismo tiempo de amenaza, genera una ambivalencia en las emociones y conductas contradictorias, llegando a recurrir a «Estrategias» disociativas para mantener algún tipo de consistencia interna y para poseer cierta coherencia identitaria.

Cuando la disociación se convierte en patología

En general, la disociación sería un amortiguador que emplea nuestra mente para protegerse del impacto de un evento traumático, o también podría darse como consecuencia al trauma.

Cuando los eventos traumáticos, especialmente de una misma temática (Trauma acumulativo), se repiten, el sujeto corre el riesgo de que, el estado de disociación se vuelva crónico o que desarrolle alguna patología que impida el funcionamiento normal de la persona, reduciendo considerablemente sus capacidades de afrontamiento, ya que las disociaciones se van generalizando a diversas situaciones.

Este proceso desadaptativo, es un generador de dificultades en la capacidad de regulación emocional, de impulsividad, problemas en la capacidad de memoria y atención. Influye negativamente especialmente en la autopercepción.

En estos casos, el adulto narra tener vacíos mentales, en dónde no tiene recuerdos de lo que pudo haber sucedido. Es sorprendente para ellos que a veces les cuenten cosas que hicieron que no recuerdan haber hecho, y muchas veces son cosas que normalmente no harían, es angustiante que personas «desconocidas», afirmen no serlo, porque justo los conocieron en estos episodios de disociación, o «reaccionar» estando en un lugar, sin identificar como se llegó allí.

Una característica dé los distintos fenómenos disociativos es la alteración de las funciones integradoras de la conciencia, la identidad, la memoria y la percepción del entorno, manifestando un distanciamiento de la realidad. Todo esto causa problemas con el funcionamiento diario.

La disociación presenta cinco patologías, las cuáles iré desarrollando en futuros artículos.

  • Amnesia disociativa.
  • Despersonalización.
  • Desrealización.
  • Confusión de la identidad.
  • Alteración de la identidad.

¿Cómo funciona la psicoterapia en estos casos?

Entendiendo que los síntomas disociativos aparecen como consecuencia de la ruptura o desconexión que se produce durante el trauma, el objetivo primordial del plan psicoterapéutico es la integración de los elementos disociados, fomentando que el sujeto tenga una forma de afrontamiento más sana y adaptativa.

En líneas generales, el abordaje terapéutico busca lograr la estabilización del paciente, incluyendo técnicas de psicoeducación, desarrollo de recursos psicológicos, dar tratamiento al trauma, y finalmente alcanzar la integración de la personalidad.

Maria Alejandra Muñoz Muñoz

Directora Consultora Warayana Psicóloga Clínica

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