El Misterio de la Experiencia del Dolor Humano a la Luz de la Fe

En la vida del hombre se deslumbra un peregrinar del sufrimiento, que se manifiesta a través de experiencias tangibles y palpables. Estas a su vez  aparece una incógnita constante que nos persigue y es  ¿por qué? 

En el mundo, se presenta como un hecho personal y concreto. Este terreno es mucho más vasto, mucho más variado. El hombre sufre de modos diversos. El dolor es algo todavía más amplio que la enfermedad, más complejo y a la vez aún más profundamente en la humanidad misma. Toma distinción como fundamento de la doble dimensión del ser humano, tanto el elemento corporal y espiritual como el inmediato o directo sujeto de padecimientos. Porque no solo se transmite de forma corpórea sino que traspasa el alma, lo más hondo de nuestro ser, lo transgrede y lo hiere.

Vemos que el dolor es un componente muy ligado a la existencia humana. Pero más que ser una experiencia íntima y personal se convierte en una experiencia colectiva que nos invita a todos a reflexionar en la solidaridad y en la generosidad. Todos padecemos de similares males y somos propensos a ellos por múltiples razones que aún no entendemos. A veces cuestionamos si es cosa de un mero destino ya antes escrito o predestinado para toda la humanidad, si es obra de una inteligencia superior o resultado del libre albedrío del hombre, es la constante pregunta que se debe esclarecer.

Nos vemos también transcurrir en el espacio y en el tiempo, sentimos que a veces algunos dolores son tan duraderos que son más grandes que hasta nuestra propia voluntad. Esta misma ausencia de bienestar hace que nuestro espíritu de lucha se desvanezca… pero vale preguntarse, ¿Realmente vale la pena que sea así? 

Y llegamos a más incógnitas consecutivamente, para caer en un ¿Para qué?, es decir, un volver al sentido, la razón, un contenido, un concepto, un sustento, estamos en la búsqueda constante de ese algo que amortigüe este padecimiento. No es nada fácil encontrar una respuesta satisfactoria para tan grande abismo que se nos representa en frente y que por ende se debe de enfrentar.

Es pues, el dolor que siempre ha sido un asunto crucial dentro de la variedad de cuestiones que ocupan los pensamientos del ser humano, y jamás debe ser ajeno para nosotros.

La miseria del mundo se hace más denso debido a lo complejo que se ha vuelto, y a los diversos sucesos y acontecimientos que han surgido a lo largo de la historia que vamos transformando a la humanidad misma, es decir, somos nosotros parte de este proceso. Pero es necesario esclarecer que no todo padecer procede por cuestiones intrínsecas a los hombres sino más bien que son intrínsecas.

El mismo hecho de la libertad humana y el uso que le damos y ejercemos gracias a ellas es lo que puede ser crucial en esta premisa.  ¿Pero en algún  momento nos hemos preguntado qué sería de nosotros sin la experiencia del dolor? Realmente no sería el mundo tal como lo conocemos, y quizás muchas otras cosas no existirían si fuese así: la generosidad, la solidaridad, la caridad, incluso el mismo amor.

¿Qué sentido podría tener realmente? Vemos algo que existe que se quebró, se corrompió dentro del hombre y quedó como una marca cuando se clava una tachuela en la madera y al sacarla se deja una huella, una señal de que algo pasó justo ahí. Es por el pecado como todos los males entran en la existencia del hombre y que en nuestra finitud se hace sentir fielmente. 

Quedamos desamparados en la nada, arrojados, frente al mundo que se desmorona y se derrumba en el dolor que no abre paso a salvación alguna.  Se presenta ante nosotros un vacío existencial al cual estamos expuestos y propensos; lacerados estamos frente a una acidia. Pero el panorama se amplía a través de la fe, de aquella de la cual nos habíamos olvidado.

Entra la fe al rescate, en medio de la miseria en donde el ser humano está inmerso.  Una pequeña fuerza misteriosa que empuja. Fuente de esperanza. Niña pequeñita, dueña de nada.  

Se ejerce pues aceptación  del dolor que no es pasivo, o de una resignación frente a la adversidad. La aceptación es activa y nace de la fe. Así, antes que los hechos ocurran, debemos hacer todo lo posible por lograr lo deseado y lo que suponemos favorable, pero ante los acontecimientos dolorosos ya ocurridos debemos aceptarlos. 

Presupone la fe en una ilimitada totalidad de sentido, la fe en que el universo en su conjunto descansa dentro de un contexto de sentido. Sólo desde ahí tiene razón preguntar sobre el sentido del dolor en nuestras vidas. Tal pregunta se plantea ante todo allí donde se cree en un Dios omnipotente y bueno, es decir, allí donde, por tanto, es posible preguntar: cómo se armoniza ese hecho con la existencia del dolor en el mundo?

En otras palabras, cuando la solución ya no está en nuestras manos, llegó la hora del abandono, que no es fatalismo sino una entrega confiada a la voluntad de Dios. En realidad, la genuina aceptación cristiana brota del convencimiento de que el hombre no sabe lo que le conviene a su experiencia. Pero es a través de esa fe muestra de amor infinito fuente de salvación eterna en la tribulación.

Es por eso que la vida y sobre todo la cristiana exige que el hombre transite con valor su propia existencia, lo que implica, indudablemente, asumir el dolor. Existe, además, una oculta conexión entre el dolor y la dicha; entre la agonía y la felicidad, y es por eso que ambas experiencias hacen posible la esperanza.

El sentido del dolor y del padecer humano es, en definitiva, un misterio que, al igual que el propósito de la propia existencia terrenal, escapa a la comprensión.

Es en la experiencia del dolor cuando el hombre puede percibir mejor su condición de criatura finita. Pero si bien esta carencia puede acercarnos a Dios, también puede alejarnos y así ante el dolor muy intenso, y nos puede ser presas de la confusión. 

La vida, en el fondo, es un permanente desafío hacia el auto-crecimiento y, vista de este modo, sin la existencia de la desdicha o del dolor, se desvanecerá la experiencia terrenal del hombre como un acontecer carente de sentido. Así, un mundo sin pecado sería un mundo estático, donde la existencia del hombre se convertiría en un hecho inútil y en una vida sin lucha ni que combatir. 

Y quien dio pie de lucha por amor fue Jesús en el madero, Él ya venció la agonía del dolor a través de la cruz. El nos introduce a la vida eterna y a su acción salvífica. Esta liberación debe ser realizada por el Hijo unigénito mediante su propio sacrificio. Y en ello se manifiesta el amor, el amor infinito, tanto de ese Hijo unigénito como del Padre, que por eso  da  a su Hijo. Este es el amor hacia el hombre, el amor por el  mundo, el amor salvífico. El hombre muere, cuando pierde  la vida eterna. Lo contrario de la salvación no es, pues, solamente el sufrimiento temporal, no cualquiera, sino el definitivo: la pérdida de la vida eterna, el ser rechazados por Dios, la condenación.

Como resultado de la obra salvífica de Cristo, el hombre existe sobre la tierra con la esperanza de la vida y de la santidad eternas. Y aunque la victoria sobre el pecado y la muerte, conseguida por Cristo con su cruz y resurrección no suprime los dolores temporales de la vida humana, ni libera del padecer toda la dimensión histórica de la existencia humana, sin embargo, esta victoria proyecta una luz nueva, que es la luz de la salvación. Cristo se acercó al mundo  porque lo asumió en todas sus formas, hasta la muerte, para alcanzar la salvación del hombre. La cruz de Cristo se ha convertido en una fuente de la que brotan manantiales de agua viva.  Es en ella donde el cristiano tiene que plantearse el sentido. El evento de la Cruz de Cristo, que revela el “modo de ser” de Dios, y es por tanto fuente de sabiduría para el hombre.

Todo hombre en su cruz puede hacerse partícipe de la cruz de Cristo. Por este motivo todo hombre tiene su participación en la redención y está llamado a participar con su pasión. Desde este punto de vista, desde la fe, el dolor adquiere un nuevo significado. Es una prueba a la que se ve sometida la humanidad de la que brota la esperanza. El hombre al descubrir por la fe el  redentor, Cristo, descubre al mismo tiempo en él sus propias carencias, las revive mediante la fe, enriquecidos con un nuevo contenido y con un nuevo significado. Y está en nosotros la virtud de la constancia al soportar el malestar con la convicción de que el dolor no prevalecerá. Es así como, a los que sufren y participan en los sufrimientos de Cristo lo hacen por el reino de Dios, y por ello, les da la esperanza de aquella gloria de la resurrección, unida a la Pasión. El hombre, al descubrir por la fe el sufrimiento redentor de Cristo, descubre al mismo tiempo en él sus propias cruces,  los revive mediante la fe, enriquecidos con un nuevo contenido y con un nuevo significado.

Coexiste una lógica o razón que se convertiría en irracionalidad si se obstinaba en permanecer en las cosas que no puede ella descubrir por su propia luz y en cerrar los ojos ante una luz superior que le hace verlas. Porque lo que la revelación nos comunica no es simplemente algo incomprensible sino un significado comprensible que no puede ser percibido ni probado por hechos naturales, ya que esto es algo inagotable, que cada vez nos hace conocer de sí mismo lo que quiere, pero en sí mismo es transparente y para nosotros lo es en la medida en que nosotros recibimos la luz, y es fundamento para un nuevo entendimiento de los hechos naturales que se revelan como hechos que no son únicamente naturales. 

Es así como la inteligencia natural percibe que hay algo más de lo que ella puede llegar a ver sola, pero que a la vez, eso que está más allá, no lo puede conocer sin ayuda de otra luz, la de la fe. 

Jesucristo mismo nos indica así el camino: Si alguno quiere venir en pos de mí, tome su cruz y sígame. El dolor ofrece al cristiano la ocasión de dar testimonio de su fe. El Evangelio habla ante todo del sufrimiento por Cristo, por  su causa, por su nombre. De igual manera, el hombre que descubre en los padeceres propios los dolores de Cristo, les da contenido y significado.

Yo podré tomar cualquier cosa que el médico me mande para aguantar el dolor, pero la fe me da la certeza, aunque muchas veces yo no lo entienda, de que existe un significado. Nosotros los cristianos más bien lo que hacemos es aprender a soportar los padecimientos que nos toquen en la vida. En los casos en que la gente hace penitencias, no es tampoco porque buscan gozo en sufrir, sino para tal vez purificarse o asemejarse a la pasión de Cristo…aunque las carencias de la vida ya son suficientes en su medida. 

Definitivamente, la vida humana está destinada a un fin que trasciende al pecado, y Dios permite el mal para sacar de él un bien mayor. La experiencia del hombre en el mundo, entonces, no es su realidad última sino sólo la condición penúltima de su destino sobrenatural. , una posible salvación: aceptar la propia situación, dar un enérgico sí a los hechos y autoafirmarse por la acción y por la lucha. Es la aceptación de la contingencia y de la finitud, y su superación por un vivir en presencia de la muerte, no basándonos en una filosofía de tragedia y de desesperación sino en una filosofía esperanzadora y llena no solo de existir sino de vitalidad, de fuerza, de aguante, aquel soporte que solo la fe nos da.

Para creer, para fortalecer la fe, basta Jesús crucificado. El papel del cristiano en el mundo es precisamente combatir el miedo y el dolor, encarnado en la historia del Evangelio y su alegre mensaje de amor, de vida y de redención.   Cristo se acercó sobre todo al mundo del sufrimiento humano por el hecho de haber asumido este sufrimiento en sí mismo. Él, aunque inocente, se carga con los sufrimientos de todos los hombres, porque se carga con los pecados de todos.

Dios sabe que nuestra felicidad sólo está en Él y permanentemente nos ofrece su amor y su amistad. Pero lo que ocurre es que no escuchamos habitualmente su íntimo llamado por el bullicio de nuestros pensamientos como tampoco podemos recibirlo cuando estamos “llenos” de vanidad y de deseos exclusivos de placer mundano. Es entonces cuando Dios a través del sufrimiento nos advierte de nuestros errores y defectos que algún día tendremos que descubrir si queremos liberarnos de este “falso personaje” que impide al hombre percibir la belleza y dignidad de su existencia original. Es, en realidad, nuestra mente la que debe ser crucificada para poder renacer en Cristo a través del amor y con la gracia del Espíritu Santo. Visto de este modo, el efecto redentor del sufrimiento está abierto a la libre voluntad del hombre de someter o no, su rebeldía y su orgullosa autosuficiencia a los superiores designios del propósito divino.

Para un cristiano que ama a Jesús en su corazón existe otra perspectiva ante el dolor y ésta es la de compartir y co-participar   en el sufrimiento redentor de Cristo. Es así como su muerte y su resurrección se proyectan sobre todos los hombres y los cristianos sabemos que en nuestros dolores estamos completando  en alguna medida este misterio de salvación, colaborando en la redención del mundo. Juan Pablo II ha hablado, en este sentido, de un Evangelio del Sufrimiento señalando que, en el dolor humano, hay una particular fuerza que acerca interiormente al hombre a Cristo y agrega que el sufrimiento, más que cualquier otra cosa, abre el camino a la gracia que transforma a las almas. Es por eso que quien quiere ser un verdadero discípulo de Cristo debe levantar su propia cruz y asumir con valor, y aun con alegría, su tristeza y su dolor. 

En realidad, cada sufrimiento aceptado por amor a Jesús es una parte de su cruz que sostenemos; una pequeña porción del dolor humano que compartimos con Él, y si pudiéramos percibir la gratitud de su mirada sentiríamos que el peso que nos agobia se atenúa y que también nuestra espalda es ancha y nuestra carga es ligera. La historia de la humanidad es historia de sufrimiento y en un sentido más trascendental en la historia de la salvación.

BIBLIOGRAFÍA: 

  1. Catecismo de la Iglesia Católica (Sección segunda N° 324).
  1. APÉNDICE II La Filosofía- Existencial  De Martin Heidegger-  Ser y Tiempo
  1. C.S.Lewis. El problema del dolor (Editorial Universitaria, Santiago, 1990)
  1. Juan Pablo II. Evangelium Vitae (Cap. Y, 15) (Ed. Paulinas, Santiago, 1995).
  1. Juan Pablo II. Carta Apostólica Salvici Doloris. (Sección VI. El Evangelio del Sufrimiento. N°27).

Biopoder: la apuesta de las luchas políticas

En medio de la guerra revolucionaria de los años 60 y 70 el filósofo francés Michel Foucault se convierte en el pensador más célebre del mundo moderno, con una  intelectual versátil y polifacética de sus ideas.

Tenía un destino marcado, pero su negativa a seguir los mandatos familiares de género, profundos amarguras a una edad muy temprana donde, descubrió su homosexualidad y también su profunda empatía por los seres que se mueven en los márgenes de está realidad, además de digno exponente de la modernidad, da como resultado deiluminar las zonas de sombra de la sociedad y al mismo tiempo, celebrar con alegría lo que llamó «La fiesta del pensamiento» estudio del sistema de que parte del análisis de las cárceles.

MODELO

Foucault, tomó el modelo de disciplinamiento social y lo amplía de manera inquietante a todo el espectro de los estudios sociales. A partir del tópico, saber es poder, se pregunta cómo actúa el saber para articularlo, un grupo que establece que es la verdad pero no existe la verdad absoluta entonces…¿Qué significa saber? se pregunta; la respuesta a esta incógnita sería qué, es ver lo que un grupo de gente comparte y que decide qué es la verdad. La verdad, define lo correcto y lo incorrecto, la bondad y la maldad, lo normal y lo patológico. A través de esta verdad disciplinaria controla la voluntad y el pensamiento en un proceso que él llama: normalizar

Normalizar implica enumerar y controlar a los individuos para que cumplan su rol dentro del cuerpo social por medio del lenguaje.

Estás reflexiones están incluidas en su arqueología del saber donde afirma que aunque no los saberes o discursos son fruto de determinadas condiciones, las prácticas sociales han creado un lenguaje que se apoya en definida área de discurso sobre la locura producido por psiquiatras, psicólogos trabajadores sociales y otros.

El discurso sobre la locura producido por psiquiatras y psicólogos trabajadores sociales y otros expertos define la locura como anormal, la locura es anormal, por lo tanto, define la normalidad porque lo normal es que sean excluidos, no significa que no sean importantes. La gente normal se ocupa de estudiar la normalidad, de manera incesante y obsesiva a través de la anormalidad por lo tanto se establecen las relaciones de poder en una sociedad.

La persona normal tiene poder sobre la anormal, el psicólogo define a los pacientes y los abogados son la contracara de los delincuentes. Esas reflexiones nacen en Suecia dónde vive una suerte de exilio voluntario a principios de los años 50, así escribe «Historia de la locura» en la época clásica la locura implica la destrucción de cierta gente a través del confinamiento y el encierro y lo que llama el gran confinamiento.

Escribe que en el siglo XVIII y uno de cada 100 parisinos fue encerrado y hasta epilépticos fueron confinados en «Vigilar y Castigar» aquí describe los pormenores del suplicio y descuartizamiento de un condenado en 1757 en París, espectáculo horroroso que cambia en la modernidad democrática.

Resulta ser una solución más civilizada la cárcel. Para esto, Foucault cree que las prisiones fascinan porque ciudadanos y reprochables pueden ejercer o permitir el castigo y el aislamiento, lo que él llama «El mal sin límites«. La sociedad no solo tolera sino que exige que al delincuente se lo haga sufrir. El formato de las cárceles se expande luego a los asilos y los hospitales y finalmente a la institución escolar. La microfísica de la misma confirma, que el capitalismo se perpetúa gracias al ejercicio de poderes que se hallan presentes por todo el cuerpo social lo llama micropoderes.

El poder no pasa por el enfrentamiento entre dominantes y dominados como decía Marx. Está presente en cada parte del entramado social, el estado y los grupos sociales, estos hacen uso del poder, pero este se ejerce de manera sutil en instituciones, espacios productivos, organizaciones políticas, vínculos familiares. Esta reflexión condujo a Foucault al concepto de sociedad disciplinaria: sólo las mentes y los cuerpos disciplinados pueden garantizar la productividad y aceptación de las normas y pensamiento metódico requeridos por el capitalismo occidental.

BIOPOLÍTICA

Este modelo de las sociedades de control fue cambiado con la llegada de la posmodernidad, el control está depositado en la seducción el hedonismo del consumo, incluso las biotecnologías para definir ese ambiguo sistema de relaciones entre el poder y la vida cotidiana se creó el término biopolítica.

Foucault plantea que la ideología requiere del control del cuerpo, del individuo. En este sentido, a un paso delante de la teoría del control social para la sociedad capitalista lo más importante de todo esto biopolítico. La función de la biopolítica es tratar de que los cerebros se autorregulan y se auto controlen. Se podría definir a la biopolítica como la implementación de acciones políticas sobre la vida tanto en cuerpos individuales como en poblaciones el estado y las teorías económicas se ocuparon en potenciar las capacidades biológicas e intelectuales de los individuos.

El mercado toma decisiones desmembradas en toda autoridad ajustes de precios y tarifas, transferencias de dinero y distribuciones antojadizas.

Los individuos no cumplen ningún papel, no es la explotación que denunciaba más, sino de la exclusión progresiva de masa de indigentes a los que se niega identidad. Según Foucault, las relaciones de poder varían debido a la resistencia, la libertad, ética siendo estos un modo de resistencia a la trama de la biopolítica.

Foucault coincidía con lo que un siglo antes había dicho su admirado Friedrich Nietzsche, El hombre de la modernidad es un ser centrado en sí mismo incapaz de grandes deseos,  delicado en preservarse y a evitar el dolor. Ahora bien, resistir implica que el sujeto se tome como una obra de arte por eso Foucault preconiza el arte de vivir y  muere a los 58 años.

Era portador del virus VIH Sida cuando esa enfermedad era incurable. Para ese momento era el pensador más leído e influyente del mundo sea de que el poder es una red compleja y bidireccional continua y azarosa define claramente el escenario internacional del nuevo siglo.

A lo largo de los años se dedicó a reformular conceptos para generar otra perspectiva de los mismos como es el caso de la biopolítica o de lo que denominó el discurso este último, hace referencia aquello que se encarga de producir la verdad y generar aceptación sobre lo que es bueno correcto moral, decente y bello temas que trata profundidad en su libro La arqueología del saber.

Con todo esto en mente debemos identificar la línea descosida de fútbol como una red de tramas que se relacionan entre sí, que son complementarios y necesarios para entender la idea de la manipulación en nuestra sexualidad de vuelta la discusión del libro se expresa que antiguamente el derecho de vida y de muerte era un privilegio individual para cada persona pero que ahora está condicionado por la defensa del soberano y de su propia supervivencia se le considera un derecho de simétrico porque no ejerce el derecho de vida sino cuando debe poner en acción su derecho a matar o al bien si se entiende mejor el derecho a la vida no es más que el derecho de hacer morir o dejar vivir por su parte el poder.

Se convierte en el control, la vigilancia y la mejor organización de las cosas. El tiempo, los cuerpos y sobre todo del área en este sentido tanto el derecho, se hacen complementarios para administrar y gestionar la vida en conjunto. El ejemplo que propone Foucault sobre este tema significativo, la guerra no se hace en nombre ya el soberano tiene de la existencia de todos nosotros se educan a poblaciones enteras para que se maten mutuamente en nombre de la necesidad que tienen de ir ese principio de matar para vivir.

Se ha vuelto una clave estratégica entre los estados modernos. El autor nos propone que el poder sobre la vida se desarrolló específicamente desde el siglo XVII de dos formas principales no precisamente contrarias:

  • La primera fue el cuerpo como ballena también conocido como anatomopolítica está se centró en el disciplinamiento del cuerpo a través de la educación, el aumento de sus aptitudes el despojo de sus fuerzas el crecimiento paralelo de su utilidad y docilidad. Finalmente integrándose hacia sistemas de control eficaces y económicos.
  • La segunda se basó en el cuerpo y su especie entendiendo que cuerpo se transita por la mecánica de lo viviente y de lo que sirve de soporte a los procesos biológicos como la proliferación los nacimientos, el nivel de salud, la duración de la vida y la longevidad. Con todas aquellas condiciones que pueden hacerlos variar esos problemas se le aplicaron hacer intervenciones y controles reguladores una biopolítica de la población.

En resumen la vida en se volvió la apuesta de las luchas políticas y se ve atravesada principalmente por dos ejes:

El disciplinamiento de cuerpo y la regulación de las poblaciones lo que da lugar a todo micropoder sobre el cuerpo y a medidas masivas, aquello indispensable para entender el desarrollo y arraigo del capitalismo en nuestra sociedad. Por otra parte Foucault argumenta que el sexo es la matriz por la cual las disciplinas, el principio de las regulaciones acceden hacia la vida del cuerpo y de la especie.

 Le da la importancia de lo que denomina las cuatro grandes líneas de acción en las que quedan solo la política del sexo desde dos principales enfoques:

  • Hacia el adiestramiento y disciplinamiento del cuerpo y las otras dos hacia el control y regulación de las poblaciones.

La primera vía fue la sexualización del niño como una campaña por la salud de la raza constituyendo la idea de un texto marcado por el fuego esencial de la presencia y la ausencia,lo culto y lo manifiesto. Esto hace referencia a las prácticas y mentalidades que debe adquirir el niño y la niña dependiendo de su género.

  • La segunda via fue la secualizacíon de las mujeres es decir denominando las como cuerpos íntegramente cargados de sexualidad a lo que por supuesto se le trata como patología propia de la mujer eso se llevó a cabo supuestamente nombre la responsabilidad respecto a la salud mental de sus hijos la solidez de la institución familiar y la salvación de la sociedad en este proceso de esterilización se define el sexo como lo que es como una lombriz a la mujer o cómo lo que le pertenece por excelencia al hombre y por falta a la mujer pero también presentar los comportamientos normales y los extraños para que nosotros mismos nos encargaremos de juzgar aquellos que actúan diferente.
  • En la última había un elemento importante y los mecanismos del poder en sus manifestaciones y sus rituales. La sangre constituyó este valor esencial los nuevos procedimientos elaborados durante en acción en el siglo XIX hicieron pasar a nuestras sociedades de una pesquisa simbólica de la sangre a una analítica de la sexualidad.

Cabe aclarar, que la idea del sexo es erigida por el dispositivo de sexualidad y en las 4 grandes formas:

  • La histeria
  • El organismo
  • El fetichismo
  • El coito interrumpido

Hace aparecer a este instinto, como un sometido al juego del todo. Así se formó poco a poco el armazón de una teoría general para culminar la idea del texto es necesario resaltar tres funciones que le son clave:

  • En primer lugar la noción, permite agrupar en una unidad artificial elementos anatómicos, funciones biológicas, conductas, sensaciones, placeres y permitió el funcionamiento como principio y causa de esa misma unidad ficticia.
  • En segundo lugar, la noción asegurado un vuelco esencial que permitió invertir la representación de las relaciones  con la sexualidad y hacer que está aparezcan en su relación esencial y positiva con el, sino como un ancla en una instancia específica e irreductible que el poder intenta dominar, cómo puede así como la idea del que permite esquivar aparentemente lo que quiere obtener.
  •  por último fue la subordinación que trató de inscribir en nosotros el dispositivo de la sexualidad intercambiado en nuestra vida entera contra la naturaleza del mismo acto sexual y su verdadera noción que cada quien debe repensar para acceder a su propia inteligibilidad de la totalidad de su cuerpo e identidad.

Como para concluir y resumir todo lo dicho, es preciso entender, que los mecanismos de poder van dirigidos al cuerpo a la vida a lo que hace proliferar lo que refuerza la especie su vigor su capacidad de dominar por su actitud de ser utilizada y puede admitirse que la sexualidad. No sea respecto del poder un dominio exterior en el que estés impondría, sino en efecto es un instrumento que arregló sus maniobras.

Se puede mostrar cómo hoy en día el sexo se formó a través de las diferentes estrategias de poder y qué papel definió y  desempeño en estos hechos.

Referencias:

-Foucault, M. (1990). Critique et Aufklärung. Bulletin de la Societe Française de Philosophie, 84 (2), 35-63.-Foucault, M. (1994). La philosophie analytique de la politique. En M.-Foucault, Dit et ecrits: 1954-1988. París: Gallimard. -Foucault, M. (1995). El sujeto y el poder. En H. Dreyfus, & P. ​​Rabinow (Org.), Michel Foucault, una trayectoria filosófica: Más allá del estructuralismo y la hermenéutica. Río de Janeiro: Universidad Forense. -Foucault, M. (1999). En defensa de la sociedad: Curso impartido en el Collège de France (1975-1976). São Paulo: Martins Fontes. -Foucault, M. (2002). Vigilar y castigar: Nacimiento de la prisión. Petrópolis, RJ: Voces. (Publicado originalmente en 1975). -Foucault, M. (2008b). Nacimiento de la biopolítica: Curso impartido en el Collège de France (1978-1979). São Paulo: Martins Fontes. -Foucault, M. (2010a). Historia de la sexualidad: La voluntad de saber (Vol. 1). São Paulo: Ediciones Graal. (Originalmente publicado en 1976).

El origen de lo ineludible

Palabras clave: Albert Camus, el dilema,El mito de Sísifo, suicidio, el absurdo, el salto de fe.

¿Qué pensarías sí te digo que al día en la ciudad de Arequipa se está registrando de dos a tres intentos de suicidio y la situación se está volviendo mucho más caótica y preocupante respecto a la salud mental? El médico psiquiatra Edwin Casaverde, del hospital Honorio Delgado ya nos estaba advirtiendo de esta situación y nos comenta que se está agravando por la inestabilidad política y la crisis económica y también por los cuadros depresivos en la población tanto adolescente y adulta joven.

Ahora bien, mi cometido en esta oportunidad es precisamente solventar esta disyuntiva acudiendo a un autor francés del siglo XX cuyos escritos marcaron está época. Albert Camus. ¿Estás preparado para afrontar verdades dolorosas inminentes?

El dilema del «para qué», si la respuesta es afirmativa, es cuestión de abrir el telón y demos comienzo al espectáculo. La mejor manera de comenzar con las peripecias que hoy nos atañan es relatando un mito narrativo trascendental en la filosofía de Albert Camus.

«El mito de Sísifo»

Así pues, según la mitología griega Sísifo fue el primer rey de la ciudad de Efira, actualmente conocida como Corinto en La Ilíada y la Odisea de Homero. El gobernante es descrito como un personaje ambicioso, déspota y cruel pues no se resistía a emplear la violencia en pos de mantenerse en el poder y conservar su influencia ante adversarios, además muestra poco o  ningún resentimiento al engañar y asesinar a quién fuera necesario. Bien es cierto, que Sísifo hizo algo que nadie tuvo la osadía de hacer: imponer su voluntad infringiendo las normas de los dioses para con el resto de mortales. De tal modo que, los dioses decidieron en conjunto la sentencia que se le adjudicará, ¿La humillación eterna? ¿Desempeñar alguna labor útil para ellos? ¡pues nada de eso! la pena que debía cumplir el hombre era experimentar de primera mano el sinsentido durante el resto de la eternidad…

Para ellos el castigo que se le impuso a empujar una gran piedra redonda desde la base de una montaña hasta el punto de partida para volverla a subir una y otra vez, fue la perfecta humillación para el rey burlón.

Este relato despertó la curiosidad del pensador francés, quién publicó en el año de 1942 un ensayo titulado «El mito de Sísifo» donde se realiza un comentario crítico acerca del mismo fundamentado con las máximas y principios básicos de su particular corriente filosófica: el absurdismo.

Este término acorde a Camus explica los esfuerzos realizados por el ser humano para encontrar un significado dentro del universo mediante los fracasos estrepitosos por definición puesto que no existe una explicación racional capaz de unificarlo todo (mucho ojo) no es que el mundo parezca absurdo,ni tampoco el hombre como tal es absurdo, sino es cuando la apetencia por buscar un efecto para cada causa, una razón para cada hecho y un todo para cada parte se encuentra ductilidad a un principio racional y razonable y creemos que sabemos.

Sin embargo, nuestro conocimiento es una mota de polvo en comparación a lo que ignoramos. Bajo dichas circunstancias, lo más sensato habría sido lo contrario a negarse rotundamente a esa rebelión, es decir, el absurdo. De manera análoga, al mito de Sísifo, gran parte de nuestra existencia,  la esperanza en el mañana, es que estemos un paso más cerca de la muerte, por ello, el preciso instante en el que uno realiza un profundo acto de introspección y se percata del carácter maquinal de la vida en primera persona es sumamente impactante.

Mientras redacto las líneas, pensaba en la segunda Guerra mundial, ya que ésta construyó un caldo de cultivo para la gestación de las ideas del pensamiento absurdista. Especialmente en las devastadas ideas de este concepto en el modus vivendi contemporáneo, sin duda el ejemplo más destacable que nos ofrece el pensador es el del obrero, ya qué llegó un momento en el que el escenario vital cae por su propio peso: levantarse, manejar, trabajar,  comer rápidamente, trabajar otras tantas horas, cenar, dormir y repetir el ciclo lunes, martes…es jueves, viernes y sábado durante todas las semanas hasta que un día cualquiera surge el inevitable ¿para qué? Y es entonces cuando se acentúa esa condición teñida de repugnancia.

Así mismo es menester destacar la referencia de Simone de Beauvoir con respecto al castigo de la piedra. Pocas tareas se asemeja más a la tortura de Sísifo, el trabajo doméstico con su infinita repetición. Lo limpio se ensucia y lo sucio se limpia, una y otra vez; jornada tras jornada. Actividades tan mundanas como comer, dormir, hacer ejercicio o mantener relaciones sexuales, tampoco se escapan a esta dinámica.

El remedio

Albert Camus

Además el francés nos ofrece arquetipos bastante representativos del hombre absurdo que merece la pena repasar.

Pero antes que nada Camus examina minuciosamente la posibilidad del problema filosófico dónde el hombre se vuelve consciente de su miseria, la auténtica tragedia a la par que los pensamientos que sucumben al volver de la oficina, al limpiador tras terminar trapear el suelo, al seductor nada más que conquista otra mujer, al actor jugar su papel y la fugacidad de la vida en combinación con la impotencia que uno atraviesa cada vez que grita desesperadamente al vacío para hallar una respuesta y se topa con el más absoluto y atronador silencio, eso es en definitiva…El absurdo.

Probablemente muchos de nosotros pensarán ¡Qué horror de vida! ¡Esto es insufrible!  y con razón pues la primera parte de la reflexión no invita precisamente al optimismo qué hacemos entonces pues no nos queda más remedio que seguir con el hilo conductor del francés para averiguar cuáles son las opciones a nuestra disposición concretamente son tres los caminos que podríamos adoptar para con esta problemática tan apremiante.

Camus examina minuciosamente la posibilidad del suicidio. De ello el autor considera que el único problema filosófico realmente serio es el suicidio, el resto de cuestiones tales como lo real, qué es la justicia, existe el libre albedrío, existe Dios o hay algo después la muerte, son pasatiempos secundarios en comparación con el asunto que precede con observación a lo expuesto anteriormente. Cabría pensar que está alternativa no resulta tan descabellada como parece desde fuera a fin de cuentas si el problema radica en la toma de conciencia acerca de la fatal condición de la existencia humana. ¿No sería acaso una buena idea suprimir dicha existencia? ¿No sería la solución más coherente eliminarnos del mapa? ¿qué fácil verdad? pues no. El pensador defiende que al quitarse la vida uno confiesa subrepticiamente que no merece la pena vivir en sí y eso es falso.

Para Camus, no hay nada que refuerce más el absurdo que el hecho de acabar con la vida voluntariamente debido a la presencia del absurdo, darse es equivalente a confesar que la vida no supera o directamente que no la hemos entendido al no hallar una respuesta inexistente. Encierra una contradicción querer marcharnos por el absurdo pero hacerlo implicaría una resignación total ante el absurdo lo cual es el absurdo en el apego de un hombre a su vida, puesto que hay algo más poderoso que todas las miserias del mundo en un juicio corporal equivale a lo espiritual en consecuencia el cuerpo retrocede ante el aniquilamiento, el hombre es al absurdo como el absurdo es al hombre, se puede vivir con él. No obstante, ¿Cómo podría uno convivir con el absurdo sin hundirse ante su presencia? ¿Acaso estamos capacitados para soportarlo?

«Sobre todo mirarlo«

Monumento de Søren Kierkegaard

El autor, a su vez, plantea «el salto de fe» como elección moral y epistemológica, que consiste la adopción de un sistema de creencia religioso espiritual cuyas ideas estén justificadas por la existencia de un sentido vital divino o trascendente y absoluto, esto es una concepción de la realidad bajo un marco desde que trascienda. Según el filósofo Søren Kierkegaard, el padre del existencialismo, nos propone un salto de fe hacia lo intangible y empíricamente indemostrable, puede ser considerado como una postura sumamente irracional pero también necesaria, ya que vivir es lo más sensato cuánto menos que depositar nuestras esperanzas en un ente omnipotente y omnipresente que otorga una respuesta definitoria, puesto que es contraproducente o inútil. ¿Qué nos queda entonces?

La posición del escritor advierte que uno no ha de imaginar a Sísifo como un ser miserable pues el héroe ya es perfectamente consciente de su castigo y por tanto no espera que su situación vaya a  mejorar. Tampoco ruega a los dioses a la desesperada para que le vuelvan de sus cargos ni mucho menos se inventa esquema mentales que excusan su sufrimiento en su lugar al final comprende a cabalidad que haga lo que haga nada tiene sentido lo único que le queda es sublevarse en contra de los dioses bajando al pie de la montaña para empujar hacia arriba de nuevo la tarea es inútil su destino es inevitable en lo sabe y aún así continúa haciéndolo.

Es precisamente el reconocimiento de la verdad lo que acaba conquistando porque lo que buscaban los dioses desde un principio no era que cargara con la piedra sin más, sino que se cuestionara porque tenía que hacerlo una y otra vez. La verdadera tortura es ese «para que»  nunca fue desde el momento en el que Sísifo disfrute de su castigo sin cuestionarse lo que lo sobrepasa y es liberado del mismo ya que el castigo deja de ser castigo y lo más pertinente es que se vuelve en aceptación. Un estado en el que el individuo no solo reconoce la estampa absurdista sino que se apropia de ella. Le toma gusto, la vive en paz da entierro al problema y este se confronta por medio de la ciencia de sabiduría y paciencia  transformando en regla de vida lo que antes era una invitación a la muerte, ahora bien cómo puede uno encarar dicha verdad y coger el toro por los cuernos, es mejor que darle las espaldas. 

Pero hay que tener cuidado,  la noción de aceptación que el escritor proclama es un tanto difícil de entender pues está viene acompañada de la resignación y al mismo tiempo de una actitud activa y lúcida, por lo tanto constituye una aparente contradicción, si el absurdo está ahí y lo acepto pero esto no implica que no deba despreciarlo, desafiarlo o rebelarse contra él, en el acto de rebeldía el sujeto admiten conscientemente la puesta en escena del absurdo y a la par manifiesta expresamente su disposición a encararlo el autor declara vivir una experiencia, un destino.  Implica aceptarlo plenamente pero no viviremos tal destino sino hacemos todo lo posible para actualizar nuestra conciencia frente al absurdo, darle vida es sobre todo mirarlo.

La rebeldía consiste en la confrontación perpetua y directa del hombre con su propia oscuridad, es cuestionar el mundo a cada segundo. No hay aspiración, esperanza, deseo, ya que su única verdad es el desafío y la decisión más importante que toma cada día es la de no eliminarse.

El origen de lo ineludible es admitir que podamos reírnos de pensamientos que puedan parecer escalofriantes, deprimentes y asoladores, más pobre del ser humano que jamás se haya cuestionado estos interrogantes o peor aún, que los haya barajado sin atreverse a confrontarlos debidamente.

Referencias

  • Camus, A. (1942) El Mito de Sísifo. Madrid: Alianza.
  • Kierkegaard, S. (1984) La desesperación es “la enfermedad  mortal”. Madrid: Sarpe S.A.
  • Navarro, L. (2004) El malentendido de Albert Camus. Madrid: Alianza.

Psicología paliativa y la negativa del dolor: Parte II

“El poseer no existe, existe solamente el ser: ese ser que aspira hasta el último aliento, hasta la asfixia”

Franz Kafka – El escritor checoslovaco

Haciendo un hilito de donde nos quedamos en la falta de esa psicología negativa, que nos ayude a experimentar el dolor de un modo mucho más audaz, llega el concepto de resiliencia, pero no una resiliencia que sea realmente consciente del dolor, sino que desprecia esta carencia de una manera acérrima y feroz.

RESILIENCIA NEOLIBERAL

El entrenamiento de la resiliencia vuelve más bien al ser humano, en un ser de rendimiento (cuestión que va logrando notablemente) y que podemos corroborar en nuestra experiencia de vida.

Vivimos en la cultura de la complacencia que nos lleva a ocultarnos debajo de aquella positividad.

Y como ya previamente se habló de esto, no hay espacio para el dolor, por ende, este silencio llega a otras esferas en donde gracias a esta cultura de la complacencia se enfrasca en el comercio, el arte y por ende al consumo.

La vida que rechaza el dolor es una vida cosificada.

Sin embargo, grandes personajes del arte ponen de manifiesto este amor-dolor que se vislumbra en la sociedad, pero más íntimamente en nuestra condición humana.

En palabras de Heidegger: «Siempre y continuamente sube la marea del sufrimiento»; pero «la esencia del dolor se esconde» (Heidegger, 1994, p. 57).

Para Kafka la escritura es una dulce recompensa a cambio de un sufrimiento, en su misma vida podemos corroborar que fue de tal modo; relaciones sentimentales fallidas, matrimonios no consolidados, un padre opresivo y cruel, imposiciones en su   profesional y enfermedades recurrentes. Estos cinco elementos, paradójicamente, potenciaron la capacidad creativa y de escritura del novelista checo. Escribe en aquella angustia que no le dejaba dormir.

Sin embargo, llegamos a una anestesia social que nos hace llegar al ocaso de la poética del dolor. Los anestésicos, la sedan. El dolor es interrumpido antes que se convierta en aquella narrativa que nos salve.

SOCIEDAD PREMODERNA Y LA NARRATIVA DEL DOLOR

Los espacios de poder rebosaban de ese grito de dolor, ya que el dolor era un grito de poder, y los cuerpos martirizados eran los trofeos que resaltan y engrandecen esta condición, peor al momento de pasar a la sociedad disciplinaria, se vuelca esta condición, se aplica el dolor de una manera más discreta y sutil aparece el cuerpo productivo, que es obediente y disciplinado, bajo jornales interminables de trabajo y sumamente arduos.

En la actual sociedad de rendimiento el cuerpo ya no resulta ser la víctima, ni siquiera un medio de producción, dino que llega hacerse un cuerpo hedonista llevado por sus pasiones e instintos.

El dolor pierde referencia con el poder y se despolitiza y se convierte meramente en un asunto médico, la nueva forma de dominación es ser feliz, la nueva positividad rechaza la existencia de dicho dolor.

FELICIDAD PALIATIVA

La felicidad sirve como motor de rendimiento. El imperativo de ser feliz genera una presión mÁs devastadora. Sin embargo, se vuelve elegante y no vuelve, seduciendo y aparentando ser libertad, y esta no se reprime sino se expresa.

De igual modo la vigilancia total, el desnudamiento pornográfico, comunicamos nuestros deseos, un infierno en nuestro propio circulo sin preguntarnos como se contratan los otros en sus propios círculos.

Pero ahora nuevamente la psicología positiva causa el fin de esta revolución ya que se privatiza el dolor centrándonos ya no en la sociedad y en la genuina preocupación por el otro, sino en este individualismo enfermizo del cual estamos pendiendo de un hilo.

La sociedad paliativa se inmuniza mediante medicamentos, fármacos y otros medios. Así como la felicidad hoy también privatizada llevada solo al despilfarro de uno mismo, pasa de tal manera igual con el dolor, este se privatiza.

Pero al estar solos como afrontamos el dolor, es cuando ya no es una revolución (placer) sino es una depresión (dolor). La vida que rechaza el dolor es una vida cosificada.

“Todo hombre es una historia médica”, recita un fragmento póstumo. Ciertamente, el propio Nietzsche es el primero en darse cuenta de que «su propia historia es la historia de una enfermedad y también de una curación», y esto no solo es cierto para él, sino para todos los que experimentan el sufrimiento de cerca. Esta experiencia de dolor, tan íntima que parece difícil de expresar con palabras, no encierra en uno mismo, sino que sirve para introducir una discusión sobre la propia subjetividad y como ocasión para una aventura moral en las profundidades de la propia vida y existencia.

Referencias:

ASSOUN, P. L. (19849. Freud et Nietzsche Paris, PUF, 1980. Trad. México, FCE.

JOHNSTON, W. H. (1972) The Austrian mind Univ. of California Press.

VENTURELLI, A. (1983). Nietzsche in Bergasse 19 Univ. de Urbino.

LACAN, J. (1986). L’éthique de la psychanalyse Paris, Seuil.

HEIDEGGER, M. (1997) Introducción a la Metafísica Barcelona, Gedisa.

El Yo y la conciencia de ser uno mismo

La cuestión del autoconocimiento es una carrera larguísima y sumamente exigente. Entender al ser humano como especie, y entendernos a nosotros mismos como individuos diferenciados, es una misión que nunca se ha dejado de lado, por supuesto que unas personas le dan más tiempo a ella que otras. Pero la inquietud es universal, está en todos nosotros y por más que se encuentre relegada u opacada por otros intereses (o preocupaciones); sabe hacerse presente durante nuestra vida y hay que estar preparados para esos momentos.

En este artículo abordaremos el pensamiento del filósofo y sociólogo Karl Popper y el psicólogo Wolfgang Kohler, que tuvieron ideas con una lucidez avasalladora que nos pueden ayudar en la empresa de conocernos a nosotros mismos.

Karl Popper
Wolfgang Kohler

Será obvio decirlo, pero es necesario hacerlo, el Yo existe (más adelante tocaremos esta afirmación). Todos tenemos un Yo, que nos da individualidad y tú eres quien mejor debería conocerlo. De igual manera, tu Yo debería ser el mejor conocedor de tus virtudes, sentimientos, temores, esperanzas, tristezas y alegrías.

La propiedad

Así como el Yo, hay muchas cosas que le son propias al ser humano, como su cuerpo y su mente que son parte definitoria de quién es. Pero también hay cosas como la personalidad y el carácter (que son igual de importantes en la definición de nuestro ser), que se presentan de forma bastante igual en muchísimas otras personas en todas partes del mundo (Popper, 2013, pp. 294, 295). Esto no significa que deje de ser algo propio, más bien es algo compartido que demuestra que nuestra individualidad no nos aísla o no tendría por qué aislarnos.

¿Cómo ser Yo?

Aprender, conocer, observar a tu alrededor nos ayuda mucho para saber de nosotros mismos, pero con ello no basta. Es la acción junto con el pensamiento lo que perfecciona este proceso (Popper, 2013, p. 295).

“La reproduction interdite” de Rene Magritte, el cuadro puede simbolizar como lo exterior puede reflejarse (reproducirse) sin mayor inconveniente, véase la caja en el cuadro, pero a la hora de ver el reflejo (el conocimiento) del hombre, es algo que a veces queda limitado o mal asimilado

La acción se basa en la interpretación de lo observado y Popper sugiere que esa interpretación dependerá de la formación intelectual que uno tenga (2013, p. 296) y razón no le falta, la inteligencia elevada ayuda mucho a entender las cosas. Pero la sabiduría, que no está necesariamente ligada a la inteligencia desarrollada académicamente; esa sabiduría que podemos encontrar tanto en almas cultas como en las almas más modestas, sin duda alguna contribuye con un aporte valioso e imprescindible.

La conciencia

Desde la más tierna infancia, el ser humano tiene el interés y una especie de comprensión del otro (Popper, 2013, p. 296). Dadas las circunstancias adecuadas la persona tomará conciencia de sí misma y de los otros. Y es interesante ver que iniciamos con los otros; un bebé empieza a conocer a sus padres (o apoderados) antes que a sí mismo.

El rostro juega un papel fundamental en ello: la mirada, la sonrisa y demás expresiones faciales, entran e influyen en el bebé y durante el resto de vida. Sólo es cuestión de ponerse a pensar en cuántos rostros han despertado en nosotros las más diversas sensaciones, e impresiones. El rostro (y los ojos en particular, diría yo) invita a entrar por la puerta del interior de las personas.

Volviendo al bebé, es curiosa la reacción que tienen cuando se ven por primera vez en el espejo. ¿Acaso verán el reflejo como si fuese alguien más?, de todos modos y sin duda alguna, con el tiempo sabrán que el reflejo es suyo. No digo más, para que ustedes mismos saquen sus conclusiones a partir de este ejemplo:

Ciertamente, verse en el espejo (o en un reflejo) es un ejercicio que vamos a repetir infinidad de veces y en bastantes de ellas, seguiremos sorprendiendonos de lo que veremos. Y no hablo solo de la apariencia, me atrevo a decir que en más de una ocasión hemos podido ver nuestro Yo, aún más, nuestra propia alma en el reflejo, y los resultados seguro que fueron de lo más variados, ¿Cuántas veces habremos salido alegres o tristes, satisfechos o frustrados, serenos o preocupados? La ocurrencia de esas impresiones depende de nosotros mismos y de nuestras acciones.

“Filósofo frente al espejo” de José de Ribera. Otro cuadro que representa el eterno deseo del conocimiento de uno mismo. En esta ocasión el conocimiento llega de forma correcta, y el pensador logra saber quién es.

Yo y el espacio-tiempo

Popper nos comenta que el filósofo Inmanuel Kant afirmaba la existencia del “Yo puro”, libre de la “contaminación” de la experiencia, y que el también filósofo, David Hume sostenía que el Yo no existe, que solo existían experiencias que en conjunto podían ser algo parecido a un Yo. Popper no estaba satisfecho con estas posturas y por su cuenta, dijo que el Yo es la combinación de lo innato con lo aprendido (2013, p. 298).

La historia de la humanidad y nuestra historia personal, está dentro del tiempo. El lenguaje es un facilitador a la hora de aprender y transmitir las ideas y creencias que le van dando forma a nuestro Yo. Pero el Yo, en el tiempo, está presente antes del lenguaje e incluso antes de enterarnos que somos y tenemos un Yo.

¿Dónde estoy? Es la pregunta que suele surgir cuando alguien se recupera de un ataque o desmayo. Esta pregunta no se debe subestimar, tiene un valor muy importante para la existencia. No podemos andar con coherencia sin saber dónde estamos, es propio de nuestras identidad. Esta pregunta se debe responder teniendo en cuenta el lugar donde estamos parados, los tiempos que vivimos y una correcta interpretación de ambos.

Observar nuestro pasado es útil para conocernos o por lo menos para conocer quiénes fuimos. Apuntar al futuro motiva nuestros objetivos, nuestras esperanzas y ayuda a vivir nuestro presente. Hay que estar en constante relación con nuestro pasado y futuro.

A la hora de actuar

A todo esto, hay un inconveniente muy a tener en cuenta, muchas de nuestras conductas suceden sin que participe la conciencia.

Si hablamos de nuestras actividades rutinarias, las más simples y básicas, pues el asunto no es tan grave. Pero cuando no pensamos en los momentos en los que se debe pensar; en los momentos en que debemos estar plenamente conscientes de nosotros y de nuestros actos, es cuando las cosas pueden complicarse.

El ideal sería ser plenamente consciente, estar en permanente atención, en todo momento, para así conseguir el dominio casi total de sí mismo, pero está tarea es sumamente difícil de cumplir. Y ciertamente ha sido lograda por sólo un grupo selecto de personas: los Santos místicos del cristianismo, los monjes budistas del Tíbet o los grandes maestros de las artes marciales, entre otros, son ejemplos notables.

Aunque no podamos alcanzar el nivel tan alto de estos hombres excepcionales (que dicho sea de paso, dedican casi toda la vida a ello) no significa que nosotros no podamos conseguir un gran control y conciencia de nosotros mismos, junto con una buena capacidad de atención. El potencial está en todo ser humano, hay que desatarlo.

En sentido práctico y como fenómenos, la atención es muy similar a la conciencia (Popper, 2013, p. 302). Entonces, mientras más atentos estemos, más conscientes de las cosas y de nosotros mismos, seremos. El asunto es estar alerta y pensar, para abstraer la información de nuestro alrededor y tener con qué actuar.

“Acaso estemos inconscientes del tictac de un reloj, pero oímos cuando ese tictac se ha detenido” dice Popper. Él también nos invita a estar conscientes del tictac de nuestros pensamientos, de nuestros actos, y no sólo cuando se detienen (2013, p. 300).

Insight

El insight es un acto mental repentino, relacionado con lo aprendido y el razonamiento que ocurre cuando solucionamos un problema determinado (Giardini et al. 2017, p. 96).

Wolfgang Kohler (quien propuso el término insight, que significa “mirar dentro”) sostuvo que a la hora de aprender, no sólo actuamos con lo aprendido y captado por nuestros sentidos, sensaciones y emociones, sino también con las imágenes y reflexiones que hacemos en nuestra mente, al percibir, sentir, etc. Miramos dentro de nosotros mismos para actuar tanto dentro como fuera de nosotros mismos.

En un mundo, que está en constante cambio, que es impredecible y está lleno de disparidades, el insight reorganiza las situaciones para darles armonía y equilibrio. Todos tenemos la capacidad de desarrollar nuestro insight, pues nosotros podemos (y debemos) ver las situaciones que vivimos en su totalidad, analizar y tener en cuenta todos los factores que estén involucrados.

Tenemos la facultad de encontrar conexiones donde aparentemente no las hay y llenar esos espacios que a primera vista no se pueden llenar. Pero esto requiere un crecimiento paulatino, hay que cultivar nuestra inteligencia y razonamiento, hay que pedir ayuda a los demás, hay que crecer espiritualmente y ser sabios en nuestro proceder.

Los actos de insight que hagamos no siempre serán una gran demostración de genialidad o innovación, e incluso está presente la posibilidad de fallar y no concretarlos debido a pensamientos que, más que facilitar su afloramiento, los obstruyan. A pensar de ello, el ser capaz de resolver un problema de nuestra vida cotidiana tiene un valor que no se debe menospreciar. El objetivo es saber enfrentar las contingencias, para ayudarte a ti mismo y a los demás.

La próxima vez que resuelvas un imprevisto de manera que ni tú mismo te hayas podido explicar cómo ocurrió, es muy probable que haya sido tu insight.

Todo lo dicho, no resuelve misterio alguno, no descifra ningún código oculto al entendimiento humano. Pero son ideas que, desde sus respectivas disciplinas, ayudan a que el Yo, la individualidad y la conciencia plena, no sean vistas de forma vaga y que su misterio se vaya entendiendo cada vez, un poco más.

Referencias

Giardini, A., Baiardini, I., Cacciola, B., Maffoni, M., Ranzini, L., Sicuro, F. (2017). Comprende la Psicología. Wolfgang Kohler: La formulación del insight. Barcelona: Editorial Salvat, S. L.

Miller, D. (comp.) (2013). Popper: escritos selectos. México DF: Fondo de Cultura Económica.

Kohlberg y el Bushido: Enseñanzas morales del psicólogo y del código ético samurái

Moral y ética

Para empezar, establezcamos lo siguiente. Etimológicamente, moral viene del latín moralis, de mos moris (costumbre), que fue un calco hecho por Cicerón, del griego ethos que significa ética. Por lo tanto, desde esa perspectiva, es válido usarlos como términos equivalentes.

Psicología y moral

La psicología propone diversas aproximaciones al juicio y la conducta moral. Existen estudios acerca de los factores socioculturales involucrados y otros centrados principalmente en el hombre cuyo crecimiento moral va de la mano (en mayor o menor medida) con el paso de los años.

Kohlberg y la teoría del desarrollo moral

Lawrence Kohlberg

Fue el psicólogo Lawrence Kohlberg, quien se encargó de crear una teoría que va más allá de aquellos estudios enfocados y de las perspectivas de corrientes como  psicoanálisis o el conductismo. Y no solamente abarcando el ámbito académico, ya que su teoría está fundamentada por la teoría así como los propios dilemas morales que vivenció.

Kohlberg, cuando muchacho, fue problemático, le gustaba «romper las reglas». Fumar, beber y cortejar a muchas señoritas siendo menor de edad, era algo que hacía recurrentemente. Al crecer y madurar, dejó esa actitud pero aún se encontraría transgrediendo la ley. La ley británica en particular, pues luego de participar en la Segunda guerra mundial por el bando de Estados Unidos, se encontraba transportando ilegalmente a judíos sobrevivientes de campos de concentración, hacia Palestina. (Giardini et al.,2017, pp. 37,39). Es evidente la abismal diferencia de las motivaciones de Kohlberg en ambos casos. Así vivió más dilemas morales a lo largo de su vida, entorno a injusticias dadas debido a las mismas leyes establecidas. Es por ello que se preguntó si existía una moral que va más allá de lo jurídico, de lo sociocultural, de lo subjetivo y lo emocional. La respuesta parecía requerir una guía intelectual.

Sí bien Kohlberg recogió posturas del psicoanálisis, del conductismo y del cognitivismo. Construyó su teoría teniendo como piedra angular a la filosofía clásica occidental, a Sócrates y Platón en particular (Giardini, 2017, p. 55).

Platón, basado en el aspecto de Leonardo da Vinci. Detalle de «La escuela de Atenas» por Rafael Sanzio

Kohlberg (según Giardini, 2017, p. 56) nos menciona que los filósofos, entre sus conceptos fundamentales, están:

– La virtud es única y tiene una forma ideal, que se mantiene independientemente del contexto sociocultural.
– La forma ideal de la virtud está forjada por la justicia.
– El bien es uno solo, y la virtud constituye el conocimiento del bien.

La teoría del desarrollo moral propone siete momentos clave y tres niveles, en donde el hombre va dando forma y perfecciona su moralidad. Este es un proceso fascinante que merece su propio artículo en una próxima ocasión. Por el momento iremos directamente al hombre que ha llegado al tercer nivel, este es el «hombre de principios», que posee el juicio y razonamiento moral más elevado.

Kohlberg (según Giardini, 2017, p. 80) afirma que, el hombre de principios tiene la facultad de ejercer su derecho individual; se desenvuelve en sociedad, siempre observando los contratos sociales y su entorno cultural, con mirada crítica. A su vez reconoce los principios éticos universales: El derecho a la vida, a la dignidad y a la libertad, lo cuales se deben respetar siempre, prescindiendo de la situación o la opinión de la mayoría.

El Bushido, código del samurái

Kanji para Bushido

Bu-shi-do, literalmente significa Militar-caballero-camino. Entonces, es el camino; los preceptos del noble guerrero.

Este código de principios morales debía ser aprendido y observado por todo samurái. No es un código escrito, tampoco un dogma, son unas pocas máximas que se transmitían oralmente y tenían un desarrollo netamente práctico (Nitobe, 2017, p. 24).

El Bushido bebe del budismo zen, y del sintoísmo. Cree en la bondad innata del ser humano y su conexión con lo Absoluto que se eleva más allá de las cosas humanas (Nitobe, 2017, p. 32).

El Bushido era acción, el hombre culto y el artista, no podían quedarse dentro de cuatro paredes, de ser así «sus conocimientos comenzarían a desprender un olor fétido» sin que pudiesen servir para nada (Nitobe, 2017, p. 37).

Y sí bien se incentivaba la sabiduría y el arte (en especial la poesía) en el guerrero. También llegaba a sostener que el hombre recto -cualidad sumamente difícil de conseguir- podia prescindir de cualquier otra cualidad (Nitobe, 2017, p. 44).

Se inculcaba la tranquilidad del espíritu, clara influencia del budismo zen, el samurái debía ser, inmutable en su interior, su espíritu no podía perturbarse por alegrías, penas, dolores, sorpresas, por nada en lo absoluto (Nitobe, 2017, p. 54).

Eso no significa que el samurái fuese una piedra, pues el buen humor, la cortesía, la piedad y la benevolencia eran recursos a los que siempre debía recurrir en lo posible. Tanto en su vida cotidiana, en sus rituales y en el campo de batalla, ya sea con el pobre, el oprimido y aún con el enemigo.

Un samurái no debía hablar, a menos que estuviese dispuesto a comprometerse totalmente con lo que salga de su boca. Tanto mentir como equivocarse son igualmente viles para el samurái, la veracidad era una facultad sobrenatural. Cabe agregar que la veracidad como valor cuasidivino, no podía dar frutos mundanos. El samurái no ambicionaba la riqueza, solo servir a su señor, a su patria y a su honor.

Nitobe pregunta «¿Qué la recompensa de la virtud no es la virtud misma?» (2017, p. 97).

Inazo Nitobe, figura emblemática de Japón y descendiente de samuráis

La lealtad era entendida, como algo más allá de la individualidad, hablamos de una lealtad con el colectivo, con la nación y la patria.

El samurái defendía su honor ante todo, incluso por encima de su propia vida. Su juez (y a veces, verdugo) era su propia conciencia. Es por ello que, de ver su honor mancillado podían recurrir al seppuku (incorrectamente llamado hara-kiri) (Nitobe, 2017, p. 143). El suicidio samurai es muy conocido en occidente, pero poco se difundió el saber que no era el único camino y que hubo uno más noble, aferrarse a la vida a pesar de toda adversidad.

«Y, sin embargo para un verdadero samurái, apresurar la muerte o buscarla era equivalente a una cobardía» (Nitobe, 2017, p. 154).

Nitobe afirma: «Esta pues, fue la enseñanza del Bushido. Sufrir y hacer frente a todas las calamidades y adversidades con paciencia y con la conciencia pura» (2017, p. 155).

El pensamiento del Bushido, pervive en el Japón, ya no como código, sino como legado cultural e histórico, esto tuvo consecuencias tanto buenas como malas (Nitobe, 2017, p. 205). Podemos tomar de ejemplo, la ambición nacionalista que alimentó su participación en la Segunda guerra mundial o su patriotismo que los inspiró a levantarse de las catástrofes causadas por aquella guerra.

«Escarbad ligeramente en un japonés de las ideas más avanzadas, y encontrareis un samurái» (Nitobe, 2017, p. 221).

Musashi Miyamoto, el samurái más famoso de Japón

Puntos en común y contraste

Mientras Kohlberg considera a la libertad, al respeto y a la vida, como derechos innegociables en cualquier situación, el Bushido disminuía la libertad individual en favor del colectivo: El cuerpo podía ser sometido a su señor feudal, pero la libertad del alma era imposible de anular. La vida según el Bushido estaba en una categoría menor al honor y la reputación por ejemplo, pero eso no significba el desprecio de la misma. Si bien en situaciones específicas se permitía el seppuku; en todo momento se animaba a conservar la vida, decisión más virtuosa. Nitobe (2017, p. 155) nos comparte un poema al respecto:

¡Venid! ¡Llegad sin descanso,
tristezas y dolores crueles!
Amontonaos sobre mis hombros abrumados;
¡Que no me falte ni una sola prueba
de las fuerzas que aún me restan!
-Samurái anónimo

Mientras la moral planteada por Kohlberg, invita a la mirada crítica y recomienda transgredir la ley cuando esta es injusta. El Bushido anima a obedecer a la autoridad y a la patria por encima de todo, aún a sabiendas de las ambigüedades morales por parte de la autoridad.

En occidente, el hombre, en la práctica moral, tropieza muchísimas veces y otras tantas procura enmendarse. El samurái, como ser excepcional que era, no podía permitirse aquello, faltar a su palabra era faltar a su honor (y ya sabemos en que lugar ubicaba al honor). Cabe decir que estar en esa atención permanente de si mismo, de las cosas y de su entorno era sin duda una actividad muy exigente y requería un estado de conciencia elevado.

La moral de Kohlberg es universal, procurando que, en teoría y práctica sea verificable y aplicable en cualquier persona, de manera progresiva. Por ejemplo un niño va desarrollando su moral a medida que crece. Por otro lado el Bushido era un código militar, reservado para una élite que entregaba la vida para el combate y el servicio marcial. Cuando la tecnología avanzó, y a su vez la tecnología bélica, la espada del samurai quedó muy mermada (así como la del caballero) para el combate. De este modo, impedido de actuar en su campo de acción principal, su llama fue debilitándose. No es así con la moral occidental, viable en cualquier área y disciplina de la vida. No obstante el Bushido permanece como legado en el inconsciente colectivo del pueblo japonés.

El Bushido y el samurái ardieron con una llama viva e intensa, tan fuerte que la leña que la alimentaba se consumió rápidamente y ahora sólo queda una pequeña flama, que aún se resiste a apagarse. Si seguimos con la analogía, la llama de la moral occidental es mesurada y constante, no arde violentamente y eso le permite permanecer. Su leña es el dogma y la tradición, ya sea de los clásicos griegos o de las páginas del evangelio. Y por más que parezca que el utilitarismo y el materialismo del mundo moderno, le quite brillo, realmente no es así. Kohlberg hombre académico, la defendía y Nitobe, descendiente de estirpe samurái, la admiraba, y reconoció su fuerza (2017, p. 224). Nosotros también debemos apreciarla, es nuestra herencia y legado. Asimismo, es bueno aprender de la sabiduría de oriente, siempre, con juicio crítico.

Bibliografía

Giardini, A.; Baiardini, I.; Cacciola, B.; Maffoni, M.; Ranzini, L. y Sicuro, F. (2017). Comprende la Psicologí­a. Lawrence Kohlberg: El desarrollo moral. Barcelona: Editorial Salvat, S.L.

Nitobe, I. (2017). Bushido: El código ético del samurái. España: Biblok Book Export, s.l.