¿Por qué es importante llevar a mi hijo adolescente a la Psicóloga?

La etapa de transición de vida de la niñez a la adolescencia es una fase compleja, como puente está la pubertad. El otro día pensaba que todos vivimos cierto duelo al dejar de ser niños, y al mismo tiempo, lo viven nuestros padres y/o cuidadores, quienes nos acompañan en el proceso.

De un día al otro, los padres caen en cuenta que sus hijos tienen decisiones propias, que están muchas veces buscando diferenciarse de las ideas impartidas, que son diferentes a lo que fueron, que empiezan a retarlo todo.

Escribir sobre mis pacientes adolescentes, me hace pensar en lo increíble que resulta ver el miedo en su mirada, ese miedo de sentirse inadecuados. Es terreno nuevo para ellos asumir esta nueva identidad, y solo están tratando de protegerse. Los adolescentes sienten miedo de no ser aceptados, y ya no solo se trata de su familia, el rol social empieza a cubrir una gran importancia.

Se miran a sí mismos, y están diferentes, comienzan a aparecer cambios en su aspecto físico, que con el tiempo irán entendiendo. Pero lo más complejo es lo abstracto, el plano psicológico, su mente cambia, inician un proceso de creación, en base a las experiencias. Se trata de una transformación creadora de la interpretación que le fueron dando a sus acontecimientos de vida, este es un proceso sujeto a constantes auto- críticas, lo que los hace pasar de fases inhibitorias a fases de bloqueo en cuestión de segundos.

Mis pacientes adolescentes, vienen con una armadura a la primera cita, y están la mayor parte del tiempo a la defensiva, he notado que están cansados de esa comunicación vertical. Entonces, lo primero que hago, es colocarnos en una misma posición: «Vamos a conocernos, entonces haremos un juego de preguntas, puedes preguntarme lo que tu desees, y luego de responderte, será mi turno de preguntar, ¿Estás de acuerdo con iniciar de este modo?», sus preguntas son claves, podemos iniciar hablando de cine, música, de arte, de sus mascotas, de sus pasatiempos, de cosas de las que realmente les interesa hablar, y que a mi realmente me interesa escuchar.

Me encantaría que los padres vieran ese primer desenlace, los adolescentes se sienten escuchados, no hay juicios, se siente un suspiro de alivio, y de pronto, compartimos algo de música, o vemos por minutos algunas escenas de películas o series importantes para ellos. Casi siempre, luego de eso, nos vamos al patio, jugamos con las mascotas, las alimentamos, o subimos a hornear galletas, o a pintar un poco, a jugar videojuegos.

Y es allí, en ese ambiente desestructurado, donde se comienzan a mostrar como son, una vez retirada la armadura, se ve su indefensión, sus pensamientos comienzan a ordenarse, empiezan a retomar el permitirse sentir, el permitirse simplemente ser. Es un requisito fundamental analizar sus procesos psicoafectivos y su vinculación.

Soy tan afortunada de que me permitan ser espectadora mientras se quitan la máscara, muchos de ellos refieren no sentirse comprendidos, percibirse solos, alejados de los demás, distantes. Eso me permite explicarles que los padres aún son niños grandes, que ellos también vivieron esa transición, y cuando les confieso, «¿Sabías que papá, mamá, también están asustados? Esto también es nuevo para ellos, que estén teniendo problemas de comunicación y confianza, no significa que no esté presente el amor, tus padres están aquí, contigo, para que podamos ayudarlos a entenderte. Ellos están dejando de lado su orgullo, han venido aquí a escuchar sus errores, pero no creo que todo sea oscuridad, porque estás aquí brillando de ilusiones, y una cuota de todo esto, la han puesto ellos».

Conversamos de tantas cosas, sus gestos son claros, es maravillosa la forma en la que empiezan a ver el mundo, mantienen la mirada inocente de un niño, y la valentía de querer descubrir las cosas por sí mismos de un adulto, y este es uno de los principales problemas en la comunicación con los padres, ya que muchos de ellos aún sienten que deben dirigirlos, pero no, en la adolescencia, hay que acompañarlos, escucharlos y guiarlos. Es momento de permitir que nuevas competencias parentales empiecen a marcar el camino.

El rol del padre o madre líder se afianza en este periodo de vida. Sé que aparece el duelo de perder al hijo(a) niño(a), pero no olvidemos que la voz de nuestros padres suena en nuestras mentes para toda la vida, algo así como una canción o varias, ya que forman parte de nuestro diálogo interno. Tengamos confianza en que las canciones cantadas por tantos años se mezclaran con la voz interna, para construir una melodía propia, basada en los valores inculcados. Y en que, si entendemos su nuevo ritmo, podremos seguir siendo escuchados.

De pronto en la sesión, el tiempo se hace corto, y es momento de despedirnos. Creo que la sinceridad y la humildad son los recursos más efectivos para desarrollar un vínculo de confianza con los adolescentes. Por eso, al finalizar la cita, les consulto si están de acuerdo en que converse con los padres nuevamente, señalando algunas conclusiones. Tengo claro que son menores de edad, y que es necesario hablar con los padres al finalizar, pero que importante es obtener su consentimiento.

Luego de varias sesiones individuales, y de encontrar fortalezas, y resaltarlas, luego de trabajar en la introspección, y mejorar el autoconocimiento, luego de explicarles con tanto cariño que el niño(a) interior no se irá a ningún lado, que no teman avanzar, que será su gran compañero(a) hasta los 100 años, si aprenden a cuidarlo(a). Le van perdiendo el miedo a lo desconocido, y se llenan de valentía. De esa valentía que te invade y te hace sentir más despierto que nunca.

Entonces, empezamos a hablar de los episodios de niñez que nos han herido o aquellos que no hemos concluido, claro que para este momento, ya se han desarrollado paralelamente sesiones individuales con cada uno de los padres, cuidadores, hermanos, esto para tener una visión más clara de la dinámica familiar. Es indispensable entender el sentir de cada miembro de la familia, sus expectativas, sus heridas, sus fortalezas, los aspectos por mejorar, sentimientos, entre muchas otros factores.

Continuando con el proceso psicoterapéutico, los recursos psicológicos, nos permiten identificar cuando estamos listos para pasar a las sesiones familiares, y se arma un plan estratégico, para luego desarrollar las sesiones entre el adolescente y cada integrante de la familia, hasta llegar al todo.

Ser el nexo para que ambas partes puedan comunicarse, significa traducir al idioma del otro la necesidad de cada uno, significa activar la compasión y asertividad en todo momento. «Vas a escuchar la versión de papá / mamá, puede que no la sientas al 100% afín a la tuya, pero son perspectivas. Es como si todo este tiempo hubieran estado viviendo en medio de una película, pues bien, cada uno tenía su propia filmadora, el lente con el que tu observabas algo, es muy diferente al que usaron tus padres, vamos a escuchar no para defendernos, dar la contra, o discutir, simplemente vamos a escuchar para entender la película que filmaron tus padres, y luego de ello, tu vas a poder contarles cuales han sido tus tomas favoritas, y cuales te lastimaron, no vamos a poder cambiar la película, pero si la moraleja».

La mayor parte del tiempo, estas sesiones terminan en un «perdón», de ambas partes, seguido de un abrazo sincero. Es ahí, donde me retiro un momento de la cita, por dos motivos, primero para darles un espacio privado, y en segundo lugar, porque estos momentos me conmueven hasta el alma, y suelo salir al patio a mirar el cielo y a agradecer por mi vocación, que me permite disfrutar de un te quiero, de un te perdono, te entiendo, que aún siendo ajenos, se vuelven tan propios.

El niño que llevamos dentro

Érase un niño. Érase nuestro niño. O mejor, érase un nosotros niño.

El nosotros niño -que tiene tu nombre- vivía (o vive) dentro de una madre, un padre, de un adolescente o de un anciano. Vive dentro de ese que tú dices ser hoy -aunque quizás aun no lo definas del todo-, digamos que vive dentro y a través de ese que los demás ven en ti.

Sucede que los años, las circunstancias, las experiencias nos han ocultado de nosotros niños. Encima del niño se entretejen teorías, autoengaño, heridas intensas y profundas, máscaras y superficialidades de todo tipo: diplomas, fiestas, amoríos, libros, físico e infinitos etcétera. Los años -que es la forma con la que llamamos al discurrir de la vida- se untan como petróleo encima del niño. Y, sin embargo, nunca desaparece. Todo el amasijo que está sobre él tiene su forma, parte de su molde.

Ese niño es nuestra clave de lectura. De lectura interna. De introspección. Son sus miedos y sus seguridades las que se esconden detrás de nuestras formas de sentir el mundo. Si tengo miedo de que me abandonen, si creo que los demás no importan, si me siento seguro con los que me quieren y quiero.

Empezar a buscarlo, nos embarca en un camino de autodescubrimiento que implica reconocer la propia debilidad, los errores que mantenemos por años. Implica decir: «Sí, estoy herido. Me hirieron. Puede hasta que tenga pus. Pero ahora me toca curarme».

Por eso es necesario hurgar hasta el niño de cada uno. Para curarse. Y porque nadie va a hacer el trabajo por nosotros. Revolver toda la oficina hasta encontrarlo. Hasta abrazarlo. Hasta descubrir sus heridas, sus miedos, sus dolores, sus amores, su encanto por la vida, su ternura y su naturalidad. Porque existen dos niños: el que era antes de todo, el que se asombraba, el que no tenía vergüenza de nada, el que aún no comprendía la maldad; y aquel que aprendió a callar para no ser ignorado, o a portarse como adulto desde muy temprano, o el que llamaba la atención a diestra y siniestra, o el que se aislaba. Consolando los dolores del segundo, podemos hallar los colores del primero.

Abrazar al niño interior no es abrazar la impulsividad o la inmadurez porque sí. No se trata de abrazar un niño interior aleatorio, idealizado. No es «el niño que todos llevamos dentro». Es tu niño. Sólo tuyo. ¿Quién eras?, ¿Qué pasó?, ¿Cómo llegaste aquí? Cada niño tiene una forma diferente de ver el mundo: suspicaz o confiada en los otros, seguro de sí o anulándose. A este patrón le llamamos apego en psicología. Pero lo interesante no es el nombre, sino lo útil de esto.

Piénsalo un poco, si tienes miedo de que te abandonen, eres insegura sobre el afecto de tus amigos o familia; si, por el contrario, prefieres aislarte porque temes a la opinión de los otros; o si lo haces porque nadie vale la pena tanto como tú. Todo viene desde que eras pequeño y te tocó atravesar lo que cayó en suerte.

Padres ausentes, negligencia o sobre-exigencia familiar, crianza ególatra, muertes cercanas, violencia, fuertes carencias. Forman un patrón de pensamiento que quizás no has tenido claro hasta hoy. Más allá de esto, las relaciones que sostienes con varones o mujeres pueden ser reflejo (por semejanza u oposición) a tus experiencias infantiles.

No te embarques solo, recorre esto con una compañía. Que no te estanques en observar y apiadarte de tu pasado, es solo la transición a una mirada más consciente, más madura del mundo. Un amigo, un familiar, un profesional (especialmente si te han tocado situaciones más complejas de lo usual) puede sostenerte. Mostrarte la ruta despejada si te comienzas a apagar.

Por encima de todo, que nos recuerde que siempre lo hemos tenido dentro, que la curiosidad, naturalidad y cariño nunca se ha ido del todo. Que aún podemos tomarnos la vida menos en serio y más de verdad.

A partir de aquí, un largo camino comienza.



							

La adultez tardía, una de las mejores etapas de la vida

A medida que pasan los años, podemos cuestionarnos y creernos el papel que la sociedad nos asigna de acuerdo a cada etapa de nuestra vida. Respecto a esto, una de las etapas más estigmatizadas es la adultez tardía, que comprende desde los 60 años en adelante, y que a diferencia de lo que se cree, podría ser una de las mejores etapas del desarrollo del ser humano. Como datos interesantes. Estudiosos en el tema dicen que, de los 60 años en adelante, se da algo parecido a una segunda infancia, porque las preocupaciones laborales quedan atrás y se tiene más tiempo para la realización personal, respecto a retomar metas pausadas o iniciarse en algo que siempre se quiso pero que no se tuvo la oportunidad. Asimismo, respecto a la memoria y a los olvidos constantes característicos de esta etapa, Pascual Leone, neurólogo especializado en el tema, nos dice que, estos van asociados a una mayor capacidad de ver relaciones más distantes que se traducirían en la consecución de la llamada sabiduría, por lo que cambiar con la edad desde el punto de vista cerebral no es malo, ya que te permite ampliar la mirada. A continuación, trataremos con más profundidad esta etapa y daremos algunos consejos para un mejor aprovechamiento de la misma.

Conozcamos los principales conceptos de esta etapa

La idea de que el envejecimiento es sinónimo de decadencia se ha ido apartando y le ha dado paso a modelos exitosos de envejecimiento, que tienen como base la evitación de la enfermedad, el mantenimiento de un elevado funcionamiento físico – cognitivo, y la participación constante en actividades sociales. Es así que, existen teorías que respaldan este concepto, como son. La teoría de la retirada, que consiste en la reducción gradual de la participación social y una mayor preocupación por uno mismo. Teoría de la actividad, que sostiene que cuanto más activos permanezcan los ancianos, mejor envejecen. Teoría de la continuidad que desarrolla como un estilo de vida alto, ayuda a conservar un auto-concepto similar a través de los años.

La adultez tardía es una etapa en la que se intensifica la manera de comportarse, la manera de pensar, la manera de relacionarse, entre otros; por lo que existen tres factores importantes. El primero es el tiempo para poner todos los aspectos de la vida en orden. El segundo son los recursos internos y externos, relacionadas a las emociones y los pensamientos. El tercer factor está relacionado con la promoción del bienestar, que tiene como fin que todo sea positivo. Esta etapa se hace más evidente desde los 60 años y según Erikson, consiste en comprender el sentido de integridad del yo basado en la reflexión sobre la propia vida.

Un ámbito importante en esta etapa es el manejo del concepto de la muerte. Según Kuber-Ross, existen cinco etapas en el proceso de aceptación de la muerte, como son: la negación, la ira, el negociar por tiempo extra, la depresión y la aceptación. Por otra parte, pueden darse cambios emocionales a consecuencia del deterioro físico como la disminución de los sentidos y la aparición de enfermedades, los cambios sociales y familiares, y el deterioro cognitivo. Asimismo, la búsqueda de actividades y la compañía de personas que les proporcionen gratificación emocional se vuelve primordial, así como la satisfacción con la vida y su relación con la religión.

Estimula tu cerebro para vivir más y mejor

Álvaro Pascual Leone, gran científico que investiga la estimulación no invasiva del cerebro, mediante la Estimulación Magnética Transcraneal, una técnica que permite mejorar ciertos aspectos de la cognición, nos dice que el cerebro es un órgano eléctrico lleno de cables que utiliza electricidad para traducirlo en una reacción química concreta para de nuevo activar electricidad, entonces la idea de usar electricidad directamente para activar esos cableados es una idea antigua. Asimismo, respecto a la adultez tardía agrega que respecto a nuestra capacidad de memoria, a lo largo de nuestro desarrollo el cerebro va cambiando y la eficacia de los mecanismos de su plasticidad se deterioran, como el hecho de perder la capacidad para asociar cosas cercanas como el nombre del objeto o de la persona es decir la memoria concreta, esto va asociado a una mayor capacidad de ver relaciones más distantes que se traducirían en la obtención de la llamada sabiduría, por lo que cambiar con la edad desde el punto de vista cerebral no es malo, ya que te permite ampliar la mirada. En relación a esto Pascual menciona que, “ves el bosque y el coste es dejar de ver las hojas”.

Entonces, el verdadero objetivo de la neurología para el futuro es prevenir el escenario de la edad como un factor de riesgo para el desarrollo de enfermedades neurológicas, detectando el patrón de salud general a tiempo y brindándonos estrategias que nos ayuden a mantener sano el cerebro a lo largo de su desarrollo, es decir no tratar la enfermedad sino prevenirla. Cuerpo sano en mente sana o quizás sea mejor decir, cuerpo sano porque tu cerero está sano.

La plasticidad cerebral

La plasticidad cerebral se refiere a la capacidad del sistema nervioso para cambiar su estructura y su funcionamiento a lo largo de su vida, como reacción a la diversidad del entorno. La neuroplasticidad permite a las neuronas regenerarse tanto anatómica como funcionalmente y formar nuevas conexiones sinápticas. Los procesos mediante los cuales el cerebro adulto es capaz de repararse y reorganizarse han sido motivo de investigación en los últimos años, teniendo resultados alentadores. En caso de lesión cerebral difusa, para que las personas piensen y perciban mejor, se trabaja en las zonas de procesamiento del cerebro, llamadas mapas cerebrales, que representan el mundo externo, y que pueden crecer y fortalecerse con el ejercicio de memoria y que motive al cerebro a pensar, memorizar, entre otros. Como consecuencias, se pueden ver cambios, como en una mejor atención, una mejor coordinación en la terapia del movimiento, un mejor aprendizaje, entre otros; desencadenando cambios plásticos en el cerebro. Asimismo, el pensamiento se puede transformar en genes en el interior de las neuronas, esto a través de psicoanalíticas que han cambiado la estructura del cerebro, al cambiar la estructura del pensamiento. También se puede observar casos como el de “la mano fantasma”, en la cual se siente que al tocar el rostro tocan también una mano que ya no existe. Así mismo, debido a la plasticidad cerebral se ha demostrado que es posible conseguir un desarrollo cerebral importante en cerebros con traumas graves.

Algunos consejos para mejorar la plasticidad neuronal.

1.- Ver cosas nuevas, como leer, escuchar audios en los que se da información que no se conoce, ir a una exposición, estar con gente que nos cuenta cosas nuevas. En resumen, el acceso a la novedad o a lo diferente conlleva la activación de tus circuitos neuronales, tus patrones de funcionamiento del cerebro que empieza a activar la neuroplasticidad.

2.- Las interacciones sociales son muy importantes para el desarrollo de la neuroplasticidad. El estar con personas diferentes, el tener que poner en práctica ciertas habilidades para hablar, conversar, escuchar, mirar e identificar el lenguaje no verbal genera neuroplasticidad.

3.- Tener una conversación con alguien sobre temas de los que no estemos acostumbrados a hablar, o hablar con personas de ámbitos diferentes, que se dedican a cosas distintas.

4.- Innovar y arriesgarse a salir de lo acostumbrado, ya que conlleva la estimulación de diferentes partes del cerebro, que a vez estimula distintos circuitos neuronales. Por ejemplo, suele ser habitual que cada miembro de la familia tenga asignado su sitio en la mesa o en el sofá, podríamos cambiar de sitio de vez en cuando. También, aventurarse a ir por caminos o rutas nuevas, dándonos así la oportunidad de explorar, entre otros.

5.- No utilizar la mano no dominante, es decir, la izquierda si somos diestros o la derecha si somos zurdos. Y no sólo al escribir, sino para todas las actividades cotidianas que tendemos a realizar con la mano dominante, como puede ser comer o lavarse los dientes.

6.- Una rutina de ejercicio físico caminando a diario, ya que salir a caminar estimula el desarrollo de ciertas áreas del cerebro, como el factor del crecimiento del cerebro. El BDNF o factor de crecimiento derivado del cerebro, que favorece el desarrollo de nuevas conexiones entre las células del sistema nervioso y con ello mejores circuitos por las que se envía y recibe información en determinadas áreas del cerebro, en particular en áreas relacionadas con la memoria. 

Estimulación cognitiva en enfermedades neurodegenerativas

La estimulación cognitiva tiene por finalidad estimular las capacidades cognitivas existentes para mejorar el funcionamiento cognitivo y disminuir la dependencia del adulto mayor, enlenteciendo el proceso de deterioro, trabajando las capacidades que aún se conservan y mejorando el funcionamiento cognitivo de las personas con deterioro cognitivo o demencia. Como primer paso se encuentra el entrenamiento, de las personas mayores, en sus actividades, para ayudar a evitar ralentizar el deterioro cognitivo. Este entrenamiento debe ir dirigido a la obtención de objetivos específicos, como el mantenimiento de las capacidades mentales el máximo tiempo posible, la potenciación de la autonomía y la autoestima de la persona, la mejora de la interacción de esta con su entorno y la disminución de la ansiedad y la confusión, así como otras reacciones psicológicas adversas. El trabajo en grupo es esencial para la estimulación cognitiva, ya sea hablando de la realidad, contando recuerdos, miedos, deseos, etc. Los grupos de conversación son el modo idóneo de estimular a nivel cognitivo a las personas mayores. Además, favorecen la socialización para evitar el aislamiento, la comunicación verbal, no verbal y calman ansiedad, estrés u otras patologías. Entre las principales técnicas podemos observar la estimulación de las habilidades cognitivas para mantener las habilidades intelectuales con el fin último de conservar la máxima autonomía de los sujetos en su vida diaria. Finalmente es importante Mantener las habilidades intelectuales, crear un ambiente estimulante y mejorar las relaciones interpersonales de los adultos mayores, ya que esto va a favorecer a su autoestima y al mantenimiento de lo cognitivo y emocional.

Para finalizar, Álvaro Pascual Leone, neurólogo reconocido, nos brinda tres recomendaciones esenciales para estimular el cerebro.

1.- Comer la cantidad de calorías mínima para no perder peso ni lo máximo para no ganas peso, es decir tener un equilibrio en la ingesta alimenticia.

2.- Practicar ejercicio físico vigoroso durante 15 a 20 minutos para poner en marcha el corazón y el cerebro, para aumentar la capacidad de las zonas cerebrales y que estas tengan mayor control inhibidor, como resistir tentaciones y tomar mejores decisiones.

Infancia feliz, vida feliz

La educación en valores es el pilar fundamental en el desarrollo personal del niño, ya que esta lo llevará a comprender porque los preceptos morales son necesarios para vivir en sociedad. Es así que una correcta internalización de lo que está permitido y no lo está, respetando a los demás y correspondiendo al orden social, lo llevará a convertirse más adelante en un adulto de bien para los demás y para él mismo, pero ¿qué pasa cuando la forma de que el niño logre aprender como sobrellevar estos principios y valores morales es un problema? Actualmente se ha visto muy latente una inclinación por parte de los adultos a una educación apoyada en la violencia o “mano dura”, debido a las nuevas generaciones que no son del agrado de sus antecesoras. Entonces podemos ver férreos defensores de que la violencia es la mejor salida ante los antivalores y la mala educación en los niños pequeños, ya que esto con seguridad los hará más adelante hombres y mujeres de bien. Al contrario de esto, desde el punto de vista de la psicología lo mejor es una educación sin violencia pero que aplique una disciplina positiva; en la que se le brinda la confianza necesaria al niño, para que sepa que cuenta con nosotros ante cualquier problema, sin dejar de lado la enseñanza cuando suceden comportamientos que no son negociables y que van en contra de lo aceptable, que es muy importante en el proceso formativo, pero más aún el hecho de que una infancia feliz puede ser la respuesta a una vida feliz.

La infancia como la clave de la salud mental

La psicología respalda que los recuerdos felices de la infancia son la motivación que nos impulsará a realizarnos plenamente en la edad adulta, esto debido a que en la niñez se empiezan a formar conceptos muy importantes en el desarrollo del ser humano, como la autoestima, el autoconcepto, el creer en uno mismo, el sentirse capaz de realizar lo que se proponga, todo esto de la mano del refuerzo de los padres o de las figuras parentales. Por lo que, un niño que es contantemente felicitado por sus logros y reconocido por sus padres y en su entorno, adoptará una postura positiva hacia la vida; en cambio un niño que es constantemente abrumado por sus padres porque a su criterio lo hace todo mal o es comparado con otros niños que a la vista de sus padres son mejores, probablemente se convierta en un adulto con miedo al fracaso, que no se sienta capaz de realizar las tareas que se le encargan, y es por ese miedo que, podría verse afectado en la esfera laboral o educativa al no poder incorporarse adecuadamente. Es así que los pilares que se formen en el niño, serán el bienestar y el equilibrio psicológico en el adulto del mañana. Asimismo, según un estudio realizado por investigadores de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins Bloomberg (Estados Unidos), las personas que tienen una infancia feliz, basada en relaciones afectuosas y cariñosas con la familia y los amigos, tienen un menor riesgo de padecer depresión y enfermedades mentales en la edad adulta y, además, suelen tener relaciones más saludables. Por el contrario, las experiencias adversas durante la infancia, como los abusos, violencia o los conflictos familiares, pueden tener un impacto negativo para toda la vida, y generar adultos depresivos y ansiosos.

La adolescencia también cuenta

Si bien la niñez es muy importante, no debemos dejar de lado la adolescencia, como una etapa en la que el niño seguirá desarrollándose, pero de una forma más vulnerable, ya que aún es alguien que está construyéndose una personalidad; está buscando una identidad que lo diferencia de los demás y lo haga sentir un ser individual. Es por esto que, si bien la niñez es fundamental en el desarrollo del bienestar, la adolescencia será la continuación y el reforzamiento de la niñez, en donde se debe prestar atención a aspectos que se pudieron dejar pasar por alto en la anterior etapa, para así tener como resultado, un adolescente en sus últimos años de la etapa, listo para recibir la siguiente etapa como es la adultez emergente.

Unos buenos pilares hechos de valores, principios y una buena moral sentaran la base de sus decisiones posteriores; y una buena autoestima, lo llevará a cuidar de si mismo y no buscar la aceptación ni la aprobación de los demás.

La disciplina positiva

Cuando decimos marcar límites significa poner normas, afirma el terapeuta Jesper Juul. Depende de la visión de la vida, los valores y las experiencias de los padres. El primer paso es que estén adaptadas a la edad de los niños y basadas en el beneficio de todos. Hacer reuniones familiares suele ser muy eficaz. Después se señala qué sucederá si no se respetan, lo que es negociable y lo que no. A su vez se garantiza que las reglas se aplicarán con firmeza, pero con amabilidad y respeto. Se trata de ser positivo, no permisivo.

Estilos educativos

Hiperprotector: Lo que necesita nosotros se lo procuraremos. Los padres hacen todo por sus hijos y estos pueden crecer débiles en cuando a no saber como actuar en determinadas situaciones.

Permisivo: Se busca la armonía. Se negocia, pero el incumplimiento no tiene consecuencias porque los padres evitan el conflicto. Los hijos crecen sin patrones de autoridad.

Autoritario: El más fuerte es el que manda. En la familia se promueve la obediencia más que la responsabilidad. Crecen rebeldes.

Intermitente: No tenemos claro cómo educar. Los padres pasan de la permisividad al autoritarismo. Se adoptan medidas, pero no se tiene paciencia de ver si resultan eficaces. Los hijos crecen inestables.

Asertivo: Los padres dan afecto y disciplina positiva. Se basa en el respeto mutuo y la cooperación. La educación es un proceso de aprendizaje recíproco, por lo que los padres también se cuidan a sí mismos. Los límites son muy importantes, se establecen con amabilidad, pero se hacen respetar con firmeza. Los hijos crecen con sentido de pertenencia.

Una infancia sistemática

Está claro que el sistema educativo actual y mayormente en el público, aún mantiene rasgos rígidos y desfasados, por lo que su principal objetivo es la productividad en el niño, pero no aborda una esfera muy importante, como es su felicidad, siendo este último concepto la clave para el bienestar presente y futuro del niño. Mudarse, establecerse en otra ciudad por un nuevo trabajo, etc., son situaciones en las que es muy común que nadie le pregunte al niño si está feliz con esa decisión, o que piensa de lo que está pasando, entonces el niño solo se acomoda a lo que sucede a su alrededor y desde ahí no es un niño pleno ni feliz. También está el caso de los niños que, por algún motivo, como pasar la frontera ilegalmente con sus padres, son detenidos y son enviados a refugios; nadie piensa en el daño que les causará estar fuera de su país de origen ni las consecuencias que tendrá en su desarrollo. Por otro lado, están los niños que viven en situación de calle o de padres con problemas de alcohol y de drogas y que no se hacen cargo de ellos o que si lo hacen son violentos y los maltratan, estos niños son felices si se van a un refugio o a un albergue, ya que, aunque no parece mucho, para ellos tener tranquilidad y un lugar seguro donde nadie le pegue es lo mejor.

Los niños que han vivido situaciones difíciles, en el futuro tendrán problemas en su comportamiento. Estos niños y futuros adultos, buscarán el amor y la aprobación de cualquier manera, es por ello que si roban y su madre les dice que está bien y se siente orgullosa por lo que ha traído, entonces lo volverá a hacer porque se genera en él un sentido de felicidad.

Respecto a lo académico, este sistema por lo general nos pide productividad y no felicidad. Existen refuerzos sociales para la sobre exigencia, y padres orgullosos de los logros que sus hijos hacen realidad, para hacerlos felices. Entonces el niño piensa que el sentirse bien, depende solamente de lo que haga felices a sus padres o a los demás, y no piensa en él mismo, esto puede traer como consecuencia adultos infelices y confundidos con su vida en el ámbito laboral y profesional. La auto exigencia desgasta mentalmente, y está mal si se aplica para que los demás te quieran y no porque te interesa verdaderamente ser el mejor.

Sé el adulto que necesitabas cuando eras niño

Si bien cada uno tiene su historia en particular, en la que se sintió amado, o por el contrario se sintió vulnerado y es algo que aún lo persigue en sus relaciones sociales, y en su ser interior; es algo que nunca es tarde para enfrentar, pero no tomando el pasado como ideología de vida, sino comprendiendo que el pasado es algo que ya quedo atrás, y por lo tanto no podemos cambiar; pero que, en cambio, tenemos el presente para vivir y el futuro para hacer planes. La cuestión está en romper las cadenas, ya que si de niño sentiste los golpes en el alma, no tienes que repetirlo con tus hijos o con los niños que tengas a tu cuidado, al contrario, recuerda cómo te sentías y pregúntate si quieres ser la persona que le haga sentir eso a un niño. Los adultos estamos para proteger y cuidar a los más pequeños, velando por su bienestar y su día a día, ya que por su vulnerabilidad aún no pueden hacerle frente a este sistema, pero nosotros sí. Recuerda, nadie está diciendo que no se debe disciplinar a un niño cuando hace algo que no está bien, pero lo primero siempre será explicarle porque lo que hizo no es correcto y lograr un entendimiento que lo haga no volverlo a hacer, enseñarle que lo que hizo afecto a alguien más y decirle porque sucedió esto. Los niños siempre buscaran la aprobación de sus padres, recuerda que te aman y que ven en ti a su superhéroe favorito. Haz que guarde los mejores recuerdos de su infancia y te aseguro que de adulto sabrá lo que vale y creerá en el mismo, dos conceptos muy importantes para lograr el éxito, en cualquier ámbito en el que se encuentre.

Fuentes:

López, O., Piñero, E., Sevilla, A. y Guerra, A. (2011). Psicología positiva en la infancia. Revista de Psicología1(1), 417-424. Recuperado de https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5097377

Puyana, Y. (1999). «QUIERO PARA MIS HIJOS UNA INFANCIA FELIZ». «SOCIALIZACIÓN Y CAMBIO EN TORNO A LAS REPRESENTACIONES SOCIALES SOBRE LA INFANCIA». Nómadas (Col) (11), 138-145. Recuperado de https://www.redalyc.org/pdf/1051/105114277013.pdf

La adolescencia, una etapa difícil para todos

Resumen o contenido:

La adolescencia puede ser una etapa muy complicada de tratar, especialmente para los padres, esto debido a que el adolescente pasa por situaciones y experiencias nuevas que le pueden causar confusión y cuestionamientos internos, respecto a quien es y sobre su sentido de existir. Es primordial asegurarse que el adolescente posea una buena autoestima, así como un buen autoconcepto, ya que esto le permitirá hacer frente a los obstáculos que pueda encontrarse en esta etapa, y a tener un mejor desarrollo de sí mismo, en relación a la construcción de su personalidad y su forma de percibir a las personas y al mundo que lo rodea.

Si tenemos un adolescente en casa o conocemos a alguno, sabemos lo difícil que puede resultar interactuar con ellos y comprender lo que piensan o cómo se sienten, esto debido a que la adolescencia es una etapa que se caracteriza por la confusión y cierta rebeldía, que no es más que la falta de comprensión por parte de los adultos a las nuevas necesidades del adolescente. Por ejemplo, el querer formar parte de un grupo, la asunción de nuevas responsabilidades o de situaciones que le son desconocidas, la búsqueda y construcción de su personalidad, y una forma de ser individual que le permitan diferenciarse de los demás como persona.

A continuación, estudiaremos la etapa de la adolescencia, lo que esta implica y algunas recomendaciones a seguir frente a posibles dificultades que puedan derivarse a lo largo de su progreso.

La adolescencia es una etapa del desarrollo humano que actúa como el preámbulo de la independencia personal. Se produce después de la niñez y antes de la edad adulta, es decir entre los 10 y 19 años de edad, esto según datos de la OMS (Organización Mundial de la Salud). Según la psicóloga clínica Dina Krauskopf, la adolescencia da inicio con la pre adolescencia desde los 10 hasta los 12 años y la adolescencia inicial desde los 13 hasta los 14 años. Así también nos da a conocer una fase media desde los 14 hasta los 16 años y una fase final desde los 17 hasta los 19 años.

Pre adolescencia (10 – 12)

En esta fase el adolescente piensa mucho en su apariencia física, empieza a examinar la relación que lleva con sus padres y tiene la necesidad de comunicarse con ellos. Asimismo, empieza a experimentar grandes cambios físicos, tiene más consciencia de sus necesidades y empieza a tomar una posición crítica respecto a determinaos puntos de vista. Algo que no debe pasar desapercibido, es el duelo que vive el adolescente al dejar de ser reconocido por los adultos como un niño para ser un adolescente.

Adolescencia inicial (13 – 14)

En esta fase al adolescente le preocupa mucho su ámbito social y menos el familiar. Le interesa como es percibido por su círculo de amigos o compañeros, se torna más interesado en el sexo opuesto, empieza a explorar su sexualidad y se interesa más por el amor de pareja; es más crítico y autónomo, se pregunta por el sentido de la vida y si es valioso e importante para los demás.

Adolescencia media (14 – 16)

En esta fase el adolescente tiene la necesidad de afirmar su atractivo sexual y social frente a los demás, especialmente entre su grupo de amigos porque influirán en su identidad personal, empieza a tener impulsos sexuales, busca una pareja para comprender mejor su sexualidad, autonomía e independencia. Tiene la capacidad de situarse frente al mundo que los rodea como una persona individual con sentimientos y necesidades.

Adolescencia Final (17 – 19) En esta fase el adolescente busca reafirmarse tanto de forma personal y social, tiene la necesidad de establecer un vínculo con su familia especialmente con sus padres. Reafirma su personalidad, busca grupos de amistad afines a sus intereses personales, y desea encontrar una pareja para establecer vínculos afectivos profundos.

La autoestima y el autoconcepto en el adolescente

Otro punto importante en el crecimiento del adolescente se puede reflejar en su autoestima que paralelamente al auto concepto, lo ayudarán a pasar esta etapa de una manera óptima.

Un adolescente puede dar a conocer cómo se siente no solo con sus palabras, sino también en sus acciones o en su forma de expresarse ante los demás. Esta forma diferente de pensar puede resultar conflictiva para sus padres o las personas que estén a su cargo, debido a que su comportamiento y preocupaciones pueden resultarles superfluas, pero que en realidad son inquietudes válidas que sentarán la base de una personalidad formada y de una  autoestima alta que van a abrirle paso a una adolescencia responsable. Se recomienda que los padres puedan resolver las dudas de sus hijos y traten de comunicarse con ellos de forma continua y abierta.

La autoestima y la auto aceptación

Son dos conceptos que van de la mano, ya que mientras el primero está dirigido a lo que es el amor propio, el segundo se orienta a ser auto responsable y a la integridad personal. Según la opinión de González, Núñez, Glez, y García (ca. 1997), “La autoestima estaría vinculada al auto concepto, respecto de lo que me gustaría ser, y de lo que a los demás les gustaría que yo fuese” (p. 273).

Branden (1987) menciona que:

La autoestima es la experiencia de ser aptos para la vida y para sus requerimientos. Más concretamente consiste en tener confianza en nuestra capacidad de pensar, de afrontar los desafíos de la vida y en nuestro derecho a ser felices. El sentimiento de ser dignos, de merecer, de tener derecho a afirmar nuestras necesidades y a gozar de los frutos de nuestros esfuerzos (p. 21).

El autoconcepto se entiende como la imagen que tiene uno de sí mismo. González, Núñez, Glez, y García (1997) explican:

En su dimensión conceptual, se aprecia una doble vertiente: la descriptiva o autoimagen (cómo percibo que soy) y la valorativa o autoestima (cómo valoro mi autoimagen). (p. 273).

Respecto a la importancia de la autoestima en el adolescente, Díaz, Fuentes y Senra (2018), nos dicen que, “Una adecuada formación de la autoestima conlleva al crecimiento de adolescentes estables, sanos y con herramientas adecuadas para asumir cambios propios del período evolutivo” (s.p.).

En relación a lo anterior, debemos deducir que la base para que un adolescente pueda desarrollarse y pasar esta etapa sin muchos conflictos internos y externos, es una infancia en la que haya aprendido que es valioso, que su familia lo ama y que es una persona importante para ellos y para sí mismo. Una buena autoestima y auto concepto van a sentar las bases de una infancia feliz, lo que va a dar paso a una adolescencia estable, en donde el adolescente va a reconocerse como valioso frente a él mismo y frente a los demás. Empezar con estos conceptos en la pre adolescencia también sentaría las bases para una adolescencia sin muchos conflictos tanto para el adolescente como para las personas que lo rodean.

Otro impacto importante de una autoestima y auto concepto bajos en el adolescente, podría reflejarse en trastornos psicológicos, como son: la anorexia, la bulimia, la dependencia emocional, la depresión, la obsesión por su imagen frente a los demás, entre otros trastornos del comportamiento. Un adolescente con baja autoestima pensará que solo tiene valor por lo que representa para los demás y no por su valor individual como ser humano. Por otro lado, una buena autoestima permitirá al adolescente interactuar socialmente con más facilidad y la superación de situaciones negativas que no estén de acuerdo a sus principios ni valores morales y que se traducen en su visión de la vida.

Finalmente, es importante estar atentos a las señales que nos puede brindar el comportamiento habitual de un adolescente, debido a que en este podríamos ver reflejados sus inquietudes y sus conflictos. También que los adultos deben estar atentos, ser observadores y comunicativos respecto al comportamiento adolescente, ya que al surgir un dilema y no encontrar un adulto disponible, estos pueden buscar refugio en otros adolescentes como ellos, o en personas inescrupulosas, que los pueden llevar a tomar decisiones equivocadas. Somos nosotros los adultos los que tenemos el deber de interferir para el buen desarrollo y crecimiento en esta etapa; y lograr que el adolescente sea consciente que el valor de una persona está en uno mismo y en las personas que lo quieren de verdad, todo esto en base a la comprensión por el otro.

Bibliografía

Branden, N. (1987). Como mejorar su autoestima. Recuperado de https://www.ttmib.org/documentos/Branden-Autoestima.pdf

Branden, N. (1987). El poder de la autoestima. Barcelona: Editorial Paidós Ibérica.

Díaz, D., Fuentes, I. y Senra, N. (2019). ADOLESCENCIA Y AUTOESTIMA: SU DESARROLLO DESDE LAS INSTITUCIONES EDUCATIVAS. Conrado14(64), 98-103. Recuperado de http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1990-86442018000400098&lng=es&tlng=es.

González, J., Núñez, J., Glez, S., y García, M. (1997). Autoconcepto, autoestima y aprendizaje escolar. Revista Psicothema, 9(2), 271-289. Recuperado de   https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=727/72709204.

Krauskop, D. (1999). Los derechos y las características de la preadolescencia y adolescencia. Recuperado de: http://www.codajic.org/sites/www.codajic.org/files/Los%20derechos%20y%20las%20caracter%C3%ADsticas%20de%20la%20preadolescencia%20y%20adolescencia_0.pdf

Krauskopof, Dina. (1999). El desarrollo psicológico en la adolescencia: las transformaciones en una época de cambios. Adolescencia y Salud1(2), 23-31. Recuperado de http://www.scielo.sa.cr/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1409-41851999000200004&lng=en&tlng=es

AJEDREZ: PSICOLOGÍA EN BLANCO Y NEGRO

Capacidades Intelectuales:

Al ser cada partida de ajedrez distinta a cualquier otra, este deporte representa el enigma de diversas acciones y circunstancias de la vida, desarrollando determinados procesos intelectuales entre sus jugadores. Investigaciones como la efectuada por Krogius (1972), señalan que, procesos intelectuales como atención, memoria,  concentración, creatividad y razonamiento, entre otros,  se ven estimulados y potenciados por la práctica de dicha  disciplina.

Por este motivo, se brinda un análisis sobre la influencia ejercida por el ajedrez en estas capacidades intelectuales:

Memoria:

Para el ajedrecista, retener experiencias y conocimientos lo convierte en un jugador más competitivo. La reproducción de algo anteriormente aprendido en un partido de ajedrez, le permite al jugador desarrollar durante el partido las estrategias y movimientos ideales, así como también le ayuda a memorizar las posibles posiciones que su contrincante pudiese generar.

La práctica de este juego, estimula a la memoria sensorial, específicamente la icónica o visual. Así como también, a la memoria a corto plazo o memoria de trabajo, ya que es este procesamiento cognitivo el que permite el cumplimiento de tareas en las que interviene el razonamiento, la comprensión y la resolución de problemas. Dentro de la memoria a corto plazo, el sistema que integra la información y la representa de modo visual, espacial, verbal y temporal (Hechos que ocurren en las jugadas del ajedrez), es el almacenamiento episódico.

El estudio elaborado por el doctor Robert Freidland, publicado en la revista: “The New England Journal of Medicine”, demostró que personas mayores de 75 años que habían practicado actividades como el ajedrez estaban mucho mejor preparadas para luchar contra el Alzheimer, la demencia y otras enfermedades mentales ocasionadas por deficiencias en la capacidad de memoria.

Atención y Concentración:

Meza P. & Rodriguez, J. (2007), consideran que la concentración o atención selectiva es la persistencia de la atención sobre un objeto determinado. La atención capta cuantas informaciones vienen desde fuera o desde dentro del individuo y las gradúa con relación a su importancia. Es esta jerarquía de priorizaciones, la que permite a los jugadores un mejor desenvolvimiento en sus estrategias. Siendo la concentración, una de las capacidades promovidas desde un inicio por este deporte.

Para optimizar el rendimiento es necesario que se consideren los factores que afectan estos procesos, tales como el interés y la motivación que se mantiene, el estado emocional y físico positivo, y el ambiente adecuado con pocos distractores.

Creatividad e Imaginación:

Para el psicólogo, Papalia (2001), creatividad es aquella “Habilidad de ver las cosas bajo una nueva perspectiva e inventar luego soluciones nuevas, originales y eficaces”.

La creatividad es aquello que nos llena el cerebro de magia y nos permite plasmarla en acciones que nos hacen dueños de nuestros movimientos, y de las consecuencias de los mismos. Empleando esta capacidad, es que los jugadores pueden dar un giro a las situaciones de la partida, tal como lo recuerda la frase elaborada por James Mason, “Cada peón es potencialmente una reina”, la cual invita a reflexionar que son las mismas reglas del ajedrez, las que dan valor a la imaginación.

La imaginación creadora, surge cuando el ajedrecista debe imaginar posiciones distintas a las que ya existen en el tablero, y elaborar estrategias que le permitan alcanzarlas (Hecho que ocurre, en cada movimiento). De esta premisa podemos deducir que el ajedrez estimula constantemente la capacidad de creatividad e imaginación. Además, trae consigo una positividad implícita.

El estilo personal de juego que cada uno de los ajedrecistas manifiesta, este sello distintivo, se ve reflejado especialmente en la capacidad de creación.

Análisis y Síntesis:

Existe una interrelación entre ambas capacidades, ya que juegan un papel vital en el proceso del pensamiento ajedrecístico. La capacidad de análisis, se refiere a que a partir de un todo, segmentamos y analizamos detalladamente las partes que lo conforman. Por otro lado, la capacidad de síntesis, va en sentido inverso al análisis, ya que el inicio del proceso se da cuando se tienen identificadas las partes que conforman un todo, y al analizarlas se busca comprender el todo.

Durante la partida, los jugadores deben establecer relaciones o conexiones entre diversas estrategias para descubrir los componentes de cada una, analizar múltiples alternativas de respuestas, construir nuevos conocimientos y sintetizar la jugada idónea.

Razonamiento Lógico-Matemático:

El razonamiento y el proceso de análisis empleados en el ajedrez son similares a los utilizados en las habilidades lógico – matemáticas. Siendo, el ajedrez considerado como una poderosa herramienta para resolver problemas complejos.

El sentido didáctico del Ajedrez, estimula el desarrollo de habilidades, procesos y operaciones del pensamiento, pudiendo considerársele de acuerdo a Blanco (1996), como alternativa a las matemáticas para el desarrollo las mismas.

Habilidades de Inteligencia Emocional:

Una reflexión sobre el perfil del jugador de ajedrez, pone en evidencia que las habilidades intelectuales, por sí solas, no garantizan el éxito en esta disciplina. Kelly (1985).

En este artículo, también detallaré cuales son las competencias socio-afectivas involucradas en el proceso. Las cuales se desarrollan con el entrenamiento continuo de este juego de mesa. Dando lugar al efecto de transferencia de estas competencias para otras áreas de la persona que práctica el deporte.

Habilidades Sociales:

La socialización es la interacción entre dos o más personas. En el ajedrez, si bien es cierto, el deporte es uno a uno, intervienen otros agentes como el entrenador, y los distintos compañeros que buscan un objetivo en común.

Por lo expuesto, el manejar con éxito las emociones en estas relaciones sociales, hará que el jugador pueda interactuar positivamente con los demás, reforzando así la habilidad de trabajo en equipo.

Es importante tener en consideración, que al desarrollarse en un ambiente agradable y seguro, donde son las habilidades ajedrecísticas las que serán puestas a prueba, más no la persona, este deporte promueve el desarrollo de amistades en personas introvertidas.

Cabe mencionar, que en este deporte, se juega mente a mente, no importando la edad, nacionalidad, idioma, condición social, ni cualquier otra característica excluyente para iniciar una relación social, esto fortalecería la capacidad de apertura mental a la cultura y a la experiencia.

Control emocional:

El Ajedrez desencadena una serie de emociones intensas entre sus participantes. Pudiendo ser, este deporte, la canalización perfecta para emociones negativas.

Por otro lado, la impotencia y la frustración son emociones negativas que conllevan a la falta de control emocional, pudiendo ofuscar al jugador y haciendo que fracase en el juego. Por lo señalado, es que, a los ajedrecistas se les enseña a tener conciencia de estas emociones, y se les entrena para combatirlas.

En el ajedrez, se practican también las metas de ejecución, las cuales hacen que la persona se enfoque no solo en el resultado, sino en el presente, en metas de corto y mediano plazo.

En conclusión, el manejo de emociones ante una mala jugada propia, hará que el ajedrecista no se desestabilice y pueda disimular el error cometido, no haciéndolo más evidente para el oponente. Y viceversa, ante una mala jugada del contrincante, la autorregulación del ajedrecista, hará que le sea factible dominar la razón por encima de las emociones.

Sentido de transparencia:

El Ajedrez tiene una serie de reglas estrictas, y el incumplimiento de cualquiera de estas, es penalizado de acuerdo a las normas de esta disciplina. En este sentido, durante cada partida, los deportistas deben ser honestos con sus jugadas, y mantener la ética del juego.

 Adaptabilidad:

Durante el desarrollo de una partida se presentan múltiples situaciones inesperadas, y el ajedrecista debe enfrentarse a cada una de estas, aceptarlas y replantearse nuevas estrategias. Es esta capacidad de adaptabilidad, la que permitirá que se generen nuevas ideas y que el jugador continúe buscando lograr el éxito durante el juego.

Motivación al logro: 

En el Ajedrez, la principal meta es ganar la partida, para lo cual los jugadores desarrollan la predisposición de sobresalir superando las dificultades que se pudiesen presentar. Además, esta motivación desarrolla en ellos la capacidad de auto-exigencia y de perseverancia.

Autoestima: 

Cuando se juega ajedrez, es inevitable separar nuestras acciones de nuestra autoestima, ya que el concepto y el sentimiento de valía que tenemos de nosotros mismos, será el impulsor en cada decisión.

Así mismo, el sabernos victoriosos de alguna partida, fortalecerá nuestra autoestima y nos conducirá a querer más victorias, no sólo en el ámbito del tablero, sino también, en nuestra vida fuera de él.

Empatía:

Es necesario considerar que hay presente un “Otro” que realiza jugadas al frente nuestro. Para comprender la estrategia del oponente y poder anticiparse a sus acciones, se debe emplear la capacidad de empatía, en donde hay que aprender a observar e interpretar la afectividad en una realidad ajena.

Resolución de problemas:

La capacidad de resolver problemas, se refiere a la agilidad y eficacia para dar soluciones a problemas detectados.

Durante la partida, el ajedrecista se enfrentará a distintos problemas, para los que debe definir y aplicar una estrategia de solución.  La solución de problemas involucra los siguientes pasos: Identificar y definir el problema, evaluar alternativas de solución y/o crearlas, analizar las consecuencias positivas y negativas de cada opción, elegir la más conveniente e implantarla en el tablero de juego.

Iniciativa:

El factor tiempo y competencia son una amenaza permanente contra el ajedrecista, por lo que la predisposición a emprender acciones y la proactividad del jugador serán vitales para el éxito.

Toma de decisiones:

Se conoce como toma de decisiones al proceso que consiste en realizar una elección entre distintas opciones. Durante la partida de ajedrez permanentemente son planteadas situaciones que los jugadores deben resolver, desarrollándose en ellos el hábito de meditar, es aquí donde se presenta el diálogo interno y la determinación de los jugadores.

Responsabilidad y Aceptación de reglas:

En el ajedrez se requiere el cumplimiento de una serie de reglas, y al ser las propias acciones las que traen consigo las consecuencias, el jugador estará siendo entrenado para asumir la responsabilidad total de las mismas.

Para finalizar, adjunto el enlace de un cortometraje al estilo de Pixar: https://www.youtube.com/watch?v=NPVhpzm2

Bibliografía:

Krogius, N. (1972). La psicología en ajedrez. Editorial: Ediciones Martínez Roca. Barcelona.

Meza P. & Rodríguez, J., (2007). Manual de Psicopatología General. Ediciones Pirámide.

Papalia, D. Desarrollo Humano. Ed. 8. McGraw Interamericana. México.