Deséame

La dulce crónica de un pedido

Hoy, como una musa curiosa, me integro a la mente de una fémina quien piensa sigilosamente, a través de sonrisas, caricias agradables y sutiles muestras de afecto. Sin embargo, dentro de sí esconde un huracán que azota toda estabilidad amorosa, ahora, como fiel cronista romántica y hueca, me propongo llenarme de su esencia y describir algunas cuestiones que pueden suceder cuando la planicie matrimonial hace su entrada. Desde una mujer ,claro, de ellos, la musa se transformará después para descubrirlos. Por hoy, esto fue lo que me encontré:

«Cuándo me levanto, veo recuerdos echados a mi lado, aquellos que en su momento evocaron sonrisas y ahora solo despiertan muecas de resignación, y a veces, hasta de repudio por lo que hemos gestado hasta ahora, un gesto malsano que explota desde lo más profundo de mí».

«Sentimientos con sabor a hiel se forman e impregnan mi boca de amargura, esta cavidad que ahora dudo si te pertenece tiene gruesas telarañas esperando que dentro de sus tinieblas, la caverna sea descubierta. Pero, es muy temprano para tales cosas, mejor empiezo el día de una vez, un día que, irónicamente gira en torno a ti, en atenderte, evocarte, y pelear contra los recuerdos que llenos de nostalgia me abrazan haciéndome ver que esa vida que tuvimos ya no está aquí».

¿De dónde viene el deseo en las mujeres?

«En mi caso, conocer a una persona y que está sea inteligente, empática, curiosa y que huela bien. Si on top of that es good looking, me muero»

«Para mi, es especialmente atractivo que sean súper confident»

«Yo lo siento como un estímulo que va desde lo visual hasta el contacto»

«Del calentamiento global. Para mí el atractivo o «deseo» es la inteligencia, la creatividad, no caer en la monotonía, de ahí nace el deseo»

Cuando eres una musa romántica y hueca, impregnarte de la psiquis de muchas, a modo de encuesta, te permite apreciar bastantes cosas. De las frases más interesantes que he podido acoger para descubrir este mundo humano sobre el deseo encontré estas reseñas. Sabrán disculpar el spanglish, pero, cuando la encuestada determina sus gustos, para ella, los idiomas se vuelven pequeños para determinar aquello que su mente quiere expresar recurriendo de este modo a más de algún recurso extra. Eso le da paso inclusive, al humor, como la última encuestada.

El deseo, si nos aproximamos en el simbolismo que engloba, encontramos que se compone de anhelar, acciones para llegar a la ansiada satisfacción y, una sensación casi inmediata de satisfacción por haber cumplido. Este tópico es de esas pocas cosas humanas que el solo hecho de concebirlas ya significa una actividad placentera. Volvamos al plano de la informante del inicio, qué aspectos ha podido descubrir ella sobre su deseo y tal vez, pecar por una vez de manera graciosa, en generalizar hacia otras.

«El deseo, devino de un querer reivindicar mis teorías sobre lo que aprendí que estaba bien y lo que estaba correcto, influenciado además por ciertas ideas sobre el status, estilos de vida y lo que entendí, era comodidad. De este modo, quedé enmarcada en un torbellino de significados y significantes, aquí un resumen ínfimo al respecto:

  • Barba: sí la tiene, orgánicamente hay testosterona, si no la tiene, ese «maquillaje» que figura en la cara de ellos a modo de vellos se torna en algo totalmente en su contra, pero, puede implicar además un estímulo cosquilludo y dulce dentro de lo áspero que es, para que en noches cálidas sirva de acopio en un cuello helado. Así, he aprendido que se «usan» las barbas.
  • Manos grandes: entendí sobre ellas que independientemente de como luzcan y midan, mientras sepan acercarse y adormecer entre ellas un alma agitada, pueden verse con total libertad, el anhelo de tenerlas cercas es en sí mismo una fruta madura que pide a gritos ser comida.
  • Piernas: con o sin depilar, existe capacidad de decisión allí. No hay mayor relevancia, no obstante, cuando hablamos de un asiento cómodo en el que reposar, se descubre entonces un jugueteo y complicidad que no se aprende, se vive.»

Como se vislumbra, cuando miramos con la lupa de quien piensa en términos de deseo, los significantes tienen un significado totalmente opuesto a lo que pudiera describirse en otras ocasiones. Para verlo más claro, esta espiada mujer al hablar de: manos, barba y piernas, en lugar de pensar en la anatomía especifica que nuestro significante mental puede adjudicar, lo que hace es pensar en términos del objeto que desea, en él; a quien echa de menos aún teniendo en sus mañanas su respiración al costado. Esto es, pensar dentro del deseo, nótese además la contradicción en muchas de sus formas, es solo un ápice de cómo funciona este mecanismo en nosotros.

Particularmente, en mi posición de musa invisible e intangible, creo fielmente que este elemento funciona a través de lo aprendido, «lo que me dieron a probar alguna vez de forma satisfactoria y entendí que era bueno para mí lo buscaré muchas veces y de varias maneras». Así pues, el deseo en una mujer, e inclusive en muchos seres, puede tal vez deberse a lo que hemos entendido que es grato, aquello, que al haberlo volteado en múltiples formas fantasiosas en la imaginación, hemos decidido que, de tenerlo sería altamente placentero.

¿Se puede forzar el deseo?

Teóricamente, aunque nos parezca maquiavélico, sí. A través del deseo instrumental que muchos habrán escuchado en alguna revista o en esas clases ociosas del colegio donde reprendían más que enseñar, podemos dilucidar fácilmente como es esto. Ejemplo simple: Moni, necesita encontrar una estación de gasolina, el deseo de hallar este servicio deviene de que su auto se queda sin gasolina por lo que de un momento a otro quedará varada. ¿Me explico? Se que sí.

De este modo, vemos que existen algunos trucos para favorecerlo, en ámbitos tal vez más sociales la cosa no vendría tan sencilla, cuando intentamos discernir cómo funciona, es posible decir que grandes y suntuosas riquezas tangibles tanto corporales como las de objetos (dinero, mansiones etc.) pueden despertar cierto interés, una importancia que tal vez está más cercana a la ambición, pero deseo al final del día. ¿Podemos juzgar y señalar a alguien por esto? Depende de cada humano, pero, sí me lo preguntan, creo que el deseo legítimo se basa en querer aquello que no se tiene, aquello que sabemos va a satisfacer, así que, juzgar placeres no viene al caso.

¿Cómo quiero que me desees?

Volvamos a husmear en la memoria y pensamientos que, como autopista en hora pico están en su apogeo en la mente de ella.

«Cuando me miras, existe costumbre, es un cuaderno de notas abierto, donde cada palabra habla en un tono gris todo lo aburrido y tedioso que llevamos aquí a cuestas. Se que tal vez muchas de mis actitudes se han escurrido a lo largo de los años, pero, sigo aquí, ardiente y esperando ser bonita para ti. Para mi, a veces lo soy, ahora, tal vez lo dudo más que antes, pero, mi esencia de quererte, anhelarte y saber que será satisfactorio aún brilla y se llena de esperanza»

Al mismo tiempo, se que muchas de nuestras historias tienen encuentros que han hecho sacar de cada uno lados oscuros, por suerte, cada uno muy reversible, aún recuerdo que me pedías a gritos ciertas horas para dedicártelas, recuerdo a su vez todas las veces que a solas dijiste que mi nombre, aún siendo común, se lleno de júbilo por ser yo quien lo tenía. ¿Alguna vez, hoy, pensaste en eso? Me gustaría que recordaras que yo a modo de ofrenda entregué mi cariño y miradas no por obligación, ni por ambición desmedida, sino por el deseo de saber que estabas para todos, pero en especial para mí, quiero que me desees y sepas de manera incontrolable e intuitiva que sí nos unimos, más que un placer orgánico, existe una unión de quien desea poseer al otro no con fines de guerra y ganancia, sino con el objetivo de reafirmar que te escogí por sobre todo, y por sobre todo te sigo eligiendo, pese a los trucos del deseo. Así, quiero que me desees».

Finalmente, descubrimos que el deseo más allá de un babydoll, evoca actitudes, formas de llevar a cabo las cosas y saber que tras cada una de ellas, existe una bocanada de satisfacción ¿Cómo te gusta que te deseen?, ¿Qué cosas has aprendido que producen en ti deseo? Esta quimera humana, que ha surgido de nuestra inquietante y por siempre infranqueable necesidad de querer más, suele transformarse, reavivarse, reponerse tras momentos duros y por sobre todo, nunca perece.

¿Qué haces cuando dices que amas?

Últimamente ha estado rondando por mi cabeza muchas preguntas sobre por qué a veces dejamos que alguien más, pero, sobre todo, nuestras parejas nos hagan daño, nos limiten, no nos acepten cómo somos y aún más, no nos amen.

La forma en que expresamos amor como ya lo hemos comentado en artículos anteriores, que viene del amor que hemos recibido y visto de nuestros padres y cuidadores, luego con esas herramientas vamos al mundo a presentarnos, algunos comenzando a saber quiénes son… cómo son… y cómo aman. Otros en cambio, al no estar seguros de quiénes son, no saben si merecen amor o no: ¿cómo son?, ¿la forma en la que aman está bien? Al no encontrar respuesta se someten, sin querer, a que los demás, basados en sus propias experiencias, rosen la superficie de lo que mostramos ser y nos ubiquen en un lugar que muchas veces no merecemos, pero aceptamos porque creemos que, si el otro puede verlo, y decide darle un poco de lo que tanto necesita, debe amarlo ¿verdad?

¿En qué momento olvidamos qué merecemos o qué cosas no debemos permitir ni un poco? O tal vez sería mejor preguntar: ¿Lo sabemos? ¿Nos lo han enseñado? ¿De dónde nace la necesidad de agradar primero al otro, antes que a mí mismo?

¿Y tú qué haces cuando dices que te amas?

Esta reflexión no es de mi autoría, pues la plantea Nilda Chiaraviglio en sus diplomados sobre pareja, y sin querer respondió lo que a diario escucho en consulta, mujeres y hombres que se hacen daño, unos haciéndolo a otros y otros haciéndoselo a sí mismos, cayendo en el ciclo de violencia continua, sometiéndose a malos tratos, incluso a veces, cuestionándose actos que no cometieron, pero que deben aceptar para no quedarse solos.

¿Por qué?

¿En qué punto una persona al estar en pareja y por “pertenecer a ella” permite humillación, culpa y castigos?

¿Por qué? La única lealtad que deberíamos defender sobre nosotros mismos, la regalamos.

¿Por qué estamos dispuestos a creerle a otra persona quiénes somos?

¿Por qué pretendemos encontrar la validación de qué somos en la pareja?

¿Por qué me traiciono, porqué soy más leal al otro que a mí mismo?


Tal vez porque no sabemos cómo amamos y es por eso que aceptamos, aquello que sin saber necesito y no llego a cuestionar si eso es lo que merezco.
Entonces me di cuenta que no hay que buscar mucho más allá, es algo menos complicado y que conocemos bien, la escuchamos siempre y se llama autoestima, ¿es importante la autoestima cuando empezamos una relación?
 Desde luego oír no es sinónimo de comprender, menos de hacer, por lo que sostengo que, cada vez que escuchamos: “ámate”, “quiérete” y “valórate”, no estamos entendiendo qué es lo que nos están pidiendo, porque no nos basta con repetirlo como un mantra milenario, si en el momento que, mi pareja viene y cuestiona mis valores, yo, inmediatamente los cambio por otros, los suyos, porque yo no los tengo.
 Pero ¿realmente no los tengo?, ¿o los ignoro constantemente?
¿Será porque verlos y defenderlos alejaría de mí el amor que necesito del otro? ¿Y ese amor solo puede venir desde afuera? ¿Y si primero lo construyo yo, para mí?

Claves para alcanzar una buena autoestima según Rojas (2001)

El juicio personal: Se trata de la aceptación integral de mi personalidad, lo valioso y en lo que aún me falta trabajar, debemos entender que siempre será más productivo enfocarnos en las cualidades que tenemos constituidas y de las cuales nos sentimos más orgullosos.

La aceptación de uno mismo: Se alcanza un estado de paz relativa en la que uno se acepta a pesar de los errores, en el fracaso, en el éxito, cuando merezco algo, así, sostengo un estado de plenitud cuando asumo quién soy, cuando consigo lo que quiero y cuando aprendo a aceptar lo que no estaba planeado.

El aspecto físico: Debemos integrar la aceptación de nuestra imagen al concepto de autoestima, las características fisiológicas, enfermedades físicas o psicológicas congénitas y adquiridas; se trata de aceptar lo que no me gusta y potenciar aquellas cosas que me gustan como nuestros rasgos y belleza.

El patrimonio psicológico: Podemos ser conscientes de nuestro patrimonio psicológico cuando admiramos y asimilamos nuestra autenticidad, que está compuesta por un estilo personal que comprende nuestra inteligencia, creatividad, estilo, nuestra fuerza de voluntad, la manera en que expresamos nuestro ser, cómo hablamos, cuáles son nuestros pasatiempos, qué interpretación y qué sentido le damos a nuestra existencia y un largo etcétera…

El trabajo: Es importante la identificación con el trabajo que se realiza y que tratemos de hacerlo con compromiso, amor y dedicación. La suma y validación de nuestros logros, fortalecen nuestro autoconcepto.

El entorno sociocultural: Es el ámbito en donde se desarrollan los recursos para la comunicación y la relación con los demás y ponemos en práctica nuestra autoestima: ¿Qué es lo que creo de mi en relación a los demás?

Evitar la envidia o compararse con los demás: Es importante entender que el compararse o querer lo mismo que otro, es una característica humana natural ya que en esencia no es negativo, más bien, nos brinda información: “Ese es un camino que me gustaría seguir, en vez de menospreciar lo que ahora tengo, lo analizo y me preparo para conseguir, lo propio, lo que también quiero lograr, porque confío en que mí mismo”.

Hacer algo positivo por los demás: El acto de entrega a los demás, de dar algo por propia voluntad que el otro necesita, es motivo de cierta armonía interior; siempre y cuando no implique la anulación personal o un autosacrificio distorsionado.

Desarrollar la empatía el ponerse en el lugar del otro: Para entender mejor la empatía, debemos, tener en cuenta el concepto de la compasión, que es mirar al otro con amor y al mismo tiempo validando su sufrimiento, así desaparecen los juicios y las críticas y le damos el paso a una verdadera empatía, la que más próxima esté de ponerse en el lugar de los demás, sabiendo que solo podremos lograrlo si lo aplicamos hacia nosotros mismos también.

Un signo de madurez es la capacidad para saber perdonarse y perdonar a quienes nos rodean” (Rojas, 2001).

Entonces, sí podría empezar reconociendo mis valores y mis principios, con qué me siento cómoda y plena, podría empezar a respetar mis formas y procesos; escuchando y validando mis logros y fracasos, es decir, conociéndome a mí misma/o. Ya que así puedo cambiar o mejorar, lo que reconozco, lo asimilo como mío, como parte de mí.

Si teniendo en cuenta lo anterior, decido no hacer el esfuerzo de conocer más sobre mí, tal vez me encuentre frecuentemente en relaciones en las que constantemente me sienta poco amada/o.

Según Chiaraviglio, (2021) y otros autores, el enamoramiento, no es igual que amar a mi pareja, el enamoramiento es un proceso en el cual la corteza prefrontal se ve inundada de muchos neurotransmisores, oxitocina, dopamina, serotonina, etc. Que mantienen su vigencia durante uno o dos años, lo que nos da paso a la idealización del otro; ya que al estar enamorados somos las mejores versiones de nosotros mismos (al principio), luego de este periodo, empezamos a ver al otro como realmente es, como lo vimos siempre. Sin embargo, después de años de relación por lo general, los gestos y detalles disminuyen, lo cotidiano nos visita, y nos enfrentamos a nuevos retos como pareja; sumado a esto, se van agotando los efectos “mágicos” y amortiguadores de los neurotransmisores ya mencionados. ¿Qué nos queda ahora?

Decidir si amar o no
 
Para Chiaraviglio (2021), amar es un verbo, un trabajo, que implica realizar conductas que construyen el amor día con día; como cuando me planteo una meta a la cual quiero llegar, con la diferencia que existen metas que se trazan en conjunto, respetando la libertad del otro de ser quién es y cómo desea ser amado. Si yo entiendo que mi pareja tiene los mismos derechos que yo, sería importante ser consciente y llegar a la conclusión de que, por mucho que yo lo ame y desee que mi pareja me ame también, lo que yo le ofrezco puede o no satisfacer su demanda de amor. Entonces mi amor tiene cierto límite, no puedo complacer las demandas de todas las personas que quieran ser mis parejas (en caso haya tomado la decisión de amar).

Pongamos un ejemplo, de esos que me gustan tanto:

Pareja:

  • “Amor te amo, tanto, tanto, tanto, que te voy a proteger siempre”.

Análisis: ¿Qué hace mi pareja cuando me dice que me va a proteger? ¿Y si proteger significa decidir por mí? ¿Y si en su intento de protegerme, me invalida? ¿Y si me acostumbro a que mi pareja me proteja, qué haré cuando no esté? ¿Realmente quiero depender de mi pareja?

Nosotros:

  • “Está bien amor, yo también te amo tanto que te quiero solo para mí todo el tiempo”.

Análisis: ¿Qué hago cuando digo que amo? ¿querrá mi pareja que lo ame así? ¿Tendremos problemas por mi forma de querer? ¿Podré cumplir siempre, eso que estoy ofreciendo?

Por supuesto, no queremos insinuar que enamorarse sea algo negativo, de hecho, debemos vivirlo al máximo, sin embargo, cuando empiezo a sentirme incomodidad en la relación, quizá debamos evaluar si nuestras diferencias al amar son demasiado altas y costosas a nivel emocional, laboral, social, que empieza a socavar nuestra autonomía. Quizá sea hora de decidir terminar la relación, agradecer las experiencias compartidas, decirnos adiós y seguir cada uno, nuestros caminos…

¡O! por el contrario… entregarnos a la experiencia del maltrato psicológico, físico y lo violento que es amar idealmente (tipo Hollywood) y someternos a exigencias que no podemos cumplir y que pisoteen nuestra autoestima por no ser la persona que necesitan que seamos y que, por cuestiones inherentes a nosotros mismos, no somos.

Por otro lado, existen personas que están dentro de una relación, en la que, balanceando, los pros y los contras, estos se encuentran al mismo nivel, por lo que, se podría tomar la decisión de continuar y revaluar, siendo conscientes de que llegaron a un punto en el que la relación necesita tomar un nuevo rumbo, con el esfuerzo y compromiso de ambos.

No nos olvidemos que, como seres humanos, tenemos la capacidad de decidir y que, normalmente, somos nosotros los que nos damos, lo que sentimos merecer, y que sí depende de nosotros sostener la relación que deseamos en nuestras vidas. Podemos lograrlo reconociendo y construyendo quiénes queremos ser, y cómo queremos amar y que nos amen.

Pues como decía Sócrates: “el fin último del ser humano es conocerse a sí mismo”.



Palabras clave: amor, autoestima, pareja, relaciones.
Referencias:
–          Branden N. Los 6 pilares de la autoestima. Editorial Paidós.
–          Cortés C. (2018). Mírame, siénteme. Estrategias para la reparación del apego en niños. España, Editorial Desclée De Brouwer.
–          Chiaraviglio N. (2021, 9 de noviembre). Relaciones de pareja sanas. Se Regalan Dudas Podcast.
–          Rojas E. (2001). ¿Quién eres? Ediciones Temas de hoy S.A.

Dame la clave de tu celular

Las nuevas tecnologías nos han traído nuevas formas de comunicación, como las redes sociales o dispositivos más modernos, que nos permiten interactuar con mayor facilidad con las demás personas; pero también nos han aproximado a situaciones complicadas respecto a la privacidad y a los sentimientos que emergen de esta; inclusive con consecuencias trágicas. Es así que hablamos de situaciones en las que se exige como base de una relación basada en la confianza, el poder acceder al celular del otro, cual caja fuerte de secretos, que se tiene que controlar para asegurar la permanencia de la relación en el tiempo. En este sentido, la psicología y el derecho, nos ofrecen un análisis interesante de las implicancias de esta práctica, así como posibles diagnósticos para poder llegar a una solución de consenso.

Palabras clave: Confianza, seguridad, autoestima, relación, pareja.

Desde hace un tiempo, Ana ve que su esposo, llamado Carlos, llega del trabajo a escribir en su celular, siempre lo ve sonriendo y respondiendo mensajes, por lo que piensa que quizás la está engañando. Ya en la noche espera pacientemente a que se duerma para poder tomar su celular y ver lo que pasa, pero no logra dar con la clave. Al otro lado de la ciudad, José siente que Margarita, su enamorada, ya no le da la importancia que le daba antes, la siente distante y está muy preocupado, así que un día en el calor de una discusión, le arrebata su celular a la fuerza y acto seguido, comienza a revisarlo, a pesar que su enamorada le dice que no tiene derecho a hacerlo.

De los casos expuestos, se deduce que ya no es necesario contratar un detective privado u aplicar otras técnicas de reglaje para obtener información personal de una persona en específico; ahora solo basta con poder acceder a su celular para saber si está pasando algo irregular que merezca tu atención, pero ¿Qué puede reflejar esta práctica en la vida cotidiana? A continuación, desde el punto de vista de la psicología, nos centraremos en tres conceptos importantes como son: la confianza, la seguridad en uno mismo y la autoestima; para después dar una explicación rápida acerca de las implicancias que puede traer este hábito, y finalmente ofrecer una explicación desde la perspectiva del derecho, así como una pequeña reflexión y recomendaciones.

Si tú has sido víctima de esto, o haz realizado este modo de control sobre tu pareja, espero poder darte los alcances necesarios, para que puedas determinar y analizar conscientemente tu relación, y yendo más allá si fuera el caso, a ti mismo.

Posibles trastornos

En una buena relación, las personas que la conforman confían uno en el otro y respetan su derecho a la privacidad, y espacio personal; más allá del tiempo que puedan pasar juntos. Por lo que, la necesidad de invadir la esfera de individualidad de la pareja, puede deberse a problemas que van más allá de la relación, y ser un llamado silencioso sobre situaciones pasadas no superadas que pueden estar reflejándose en la exigencia de saberse amado, ante la falta de la capacidad de creerse valorado naturalmente.

Desde la perspectiva de la psicología

Si bien la revisión del celular puede ser consensuada entre las personas que conforman una relación, es decir de mutuo acuerdo, lo cual es muy válido; también podría darse con exigencia y sin el consentimiento de la otra parte, lo cual constituye una violación del espacio personal e íntimo. Para esto existen tres conceptos determinantes que nos van a ayudar a un mejor análisis de este problema.

La confianza

La confianza es la base de una relación saludable. Existen diferentes tipos de confianza, siendo los más conocidos la confianza en uno mismo y la confianza en los demás. Según Bandura, en su teoría del aprendizaje social, la confianza en uno mismo o autoeficacia, implica la autovaloración respecto a las expectativas que se tienen sobre el futuro y la capacidad de lograr los objetivos propuestos. Por otro lado, tenemos la confianza en los demás, que ha sido clasificada por la psicología como “confianza social”, y que según Yañez y otros (2005) se describe, “como una expectativa generalizada de que las promesas de un individuo o grupo van a ser cumplidas” (p.p. 11). De este último término se desprende la “desconfianza social”, que no es un concepto negativo, si se entiende a la confianza como un mecanismo adecuado para manejar la complejidad y la incertidumbre que no podemos controlar, respecto de nuestro entorno y las personas que nos rodean. Asimismo, Yañez y otros nos dicen que, “Las primeras experiencias relacionadas a la confianza y la posterior socialización serían los determinantes claves para la predisposición a confiar” (p.p. 11). De aquí es importante resaltar como las buenas y malas experiencias nos van a hacer más proclives a una mejor reacción ante situaciones que impliquen un engaño o una infidelidad.

De lo expuesto, podemos deducir que una persona que pide continuamente saber que hay en el celular de su pareja, puede tener graves problemas de confianza, en relación a malas experiencias confiando en los demás o en anteriores relaciones, y que no han sido superadas.

El sentimiento de seguridad

Es el sentirse a salvo de una forma universal, es un sentimiento que se requiere tanto en la esfera psicológica como física; siendo que, desde la psicológica, es el equilibrio y la sensación de bienestar permanente, en relación a nuestra vida y a nosotros mismos; sin que nada nos perturbe. Como nos dice Aragón (2019), “La seguridad psicológica y también física, la buscamos porque nuestras vidas suponen un conflicto, que escapa de nuestro control en la mayoría de ocasiones, y no sabemos cómo reaccionar ni cómo dar respuesta a multitud de complicaciones y adversidades” (s.p.). Por lo que es importante ver este sentimiento no como una necesidad constante de sentirnos queridos y aceptados, si estamos actuando desde la carencia de la validación de lo que somos y hemos logrado desde el punto de vista de nuestros sentimientos; sino como el estar en la capacidad de saber afrontar los cambios que puedan ocurrir en nuestra vida desde cualquier esfera, en este caso la afectiva.

De lo explicado podemos concluir, que la poca seguridad, podría deberse a la falta de capacidad de enfrentar los cambios, o al miedo de salirse de esa zona de confort que se ha logrado; debido a un fracaso, un abandono o una decepción profunda; creando dentro de uno, la exigencia de permanente validación por parte de los demás, para así poder sentirse querido y aceptado, en este caso a través de la revisión constante de los datos almacenados en el celular de la pareja con la que se comparte una relación, en búsqueda de algún indicio de engaño. Clemente nos dice, “Así, una crianza y educación autoritaria, crítica e incluso abusiva da forma a perfiles inseguros” (s.p.). Se desprende de esto que la inseguridad de revisar el celular del otro, va más allá de la relación en sí misma y abre paso a un problema más personal, como el sentirse vulnerable ante la amenaza de lo que no se puede controlar, debido a que la pérdida no es algo que puedan manejar ni aceptar, por la constante evaluación social a la que en algún momento se han visto sometidos.

La autoestima

La autoestima a diferencia de la confianza, es la valoración de uno mismo, pero de forma global, y no solamente sobre sus capacidades.

Branden (1987) nos menciona que:

La autoestima es la experiencia de ser aptos para la vida y para sus requerimientos. Más concretamente consiste en tener confianza en nuestra capacidad de pensar, de afrontar los desafíos de la vida y en nuestro derecho a ser felices. El sentimiento de ser dignos, de merecer, de tener derecho a afirmar nuestras necesidades y a gozar de los frutos de nuestros esfuerzos (p. 21).

De lo expuesto se puede resaltar, que la autoestima implica la confianza y la seguridad en un mismo concepto, por lo que, de forma general, va a ser muy importante en el desarrollo de una relación de pareja, ya que una persona que no tiene confianza y seguridad en uno mismo, va a sentir la necesidad de asegurar el amor de la otra persona, a pesar de que el amor no es algo asegurable ni exigible, sino más bien algo voluntario que se refuerza a través del tiempo y de las experiencias vividas.

Desde la perspectiva del derecho

Desde el punto de vista normativo, el mirar el celular de tu pareja es un delito, dependiendo de la manipulación de los datos a los que tengas acceso, ya que en nuestra legislación aún no existe una tipificación orientada a la invasión de la privacidad específicamente en este tipo de dispositivos. Es así que contamos con la ley de delitos informáticos, en donde se estipula lo siguiente, “El que deliberada e ilegítimamente accede a todo o parte de un sistema informático, siempre que se realice con la vulneración de las medidas de seguridad, será sancionado con pena privativa de la libertad no menor de 1, ni mayor de 4 años”. De esto se desprende que los celulares corren por un sistema informático y que, si yo ingreso indebidamente o vulnerando las medidas de seguridad impuestas para que este acceso ajeno a mi consentimiento no suceda, podría estar inmerso en este delito; siendo lo contrario cuando el celular en cuestión no tenga ninguna medida de seguridad para acceder al mismo.

Es relevante enfatizar casos en los que este control desmedido ha llegado a consecuencias graves, siendo la figura del feminicidio en nuestro país un tema actual y de preocupación nacional, en donde se llega hasta el punto de matar a una mujer debido a celos o a que no se quiere retomar la relación; en donde sus victimarios creen tener el dominio y la superioridad sobre sus parejas.

Revisar el celular de tu pareja en contra de su voluntad y sin un acuerdo previo, para ver con quiénes conversa o intercambia mensajes, representa una forma de violencia debido a que se vulnera la intimidad y la privacidad de las personas; y se impone la posición de uno sobre el otro.

Para finalizar, es importante que seamos conscientes de que el querer revisar el celular de la persona con la que compartimos una relación, no es saludable y puede ser el indicador de muchos problemas internos, como son: la falta de confianza y de seguridad que se resumen en una baja autoestima. Asimismo, si se siente una sospecha fundada sobre una probable infidelidad, se debe buscar el diálogo y la validación de los sentimientos; pero si esto no es posible lo mejor es dejar ir y seguir adelante, porque nadie se merece vivir bajo la sospecha y las dudas de lo que podría estar sucediendo cuando no se está presente. En este contexto, no se trata de dar sin recibir nada a cambio, ni poner a uno por encima de las necesidades del otro, sino que los dos ganen y puedan construir una relación saludable que pueda permanecer en el tiempo.

Es necesario tener muy en claro que la persona con la que se mantiene una relación, no es un objeto, sino un ser humano con sentimientos y sobre todo derechos, como el de decidir con quien compartir y no compartir sobre su vida privada. Si tú eres de las personas que exige revisar el celular de alguien como prueba de confianza, es importante que te auto examines y así seas consciente de los posibles problemas que estarían siendo la causa de este tipo de conductas. Despeja tu vista de lo que no te permite ver tu valor como persona; y que como tal puedes ser amada y respetada sin necesidad de exigirlo, sino a voluntad propia. Asimismo, puede ser el caso que el problema no seas tú, sino la otra persona que no está en la capacidad de darte el amor y el respeto que tú te mereces.

El amor no se exige, es algo natural que se da a voluntad propia y que si se llega al extremo de exigirse es porque algo no anda bien y es momento de revaluar la relación. La próxima vez que sientas la necesidad de ver el celular de tu pareja o ella te exija ver el tuyo, piensa que es mejor hablar directamente acerca de sus sentimientos; y si no se puede llegar a un acuerdo, lo mejor es decirle adiós y darte una nueva oportunidad en un nuevo comienzo.

Bibliografía

Aragón, R. (11 de agosto del 2019). La seguridad psicológica es un mito [Mensaje en un blog]. Recuperado de https://lamenteesmaravillosa.com/la-seguridad-psicologica-mito/

Branden, N. (1987). El poder de la autoestima. Barcelona: Editorial Paidós Ibérica.

Clemente, S. (24 de octubre del 2019). La inseguridad y como vencerla [Mensaje en un blog]. Recuperado de https://lamenteesmaravillosa.com/la-inseguridad-y-como-vencerla/

Yañez, R., Ahumada, L. y Cova, F. (2005). CONFIANZA Y DESCONFIANZA: DOS FACTORES NECESARIOS PARA EL DESARROLLO DE LA CONFIANZA SOCIAL. Revista Univ. Psychol. Bogotá (Colombia), 5(1), 9-20. Recuperado de http://www.scielo.org.co/pdf/rups/v5n1/v5n1a02.pdf

PANDEMIC LOVE

Inolvidable nada más

Ni nada menos tú serás…

Inolvidable – Laura Pausini –

 

  El amor en cuarentena

Cuántas veces hemos sentido aquellas mariposas en el estómago cuando estamos enamorados o cuando el brillo de nuestros ojos nos delatan a más no poder…

Se nos hincha el pecho como de un gorrioncito al coger aire a punto de cantar. Es cierto, de sólo pensar en esa persona sonreímos, o bien, nos sonrojamos. 

Pero ahora en pandemia todo es mucho más complicado. El amor es una disciplina y el amar, es todo un arte; es por eso que una persona enamorada es un alquimista. Deseando descubrir o descifrar el encanto particular de aquella persona que le mueve el piso a más no poder. 

Hoy por hoy, esto tiene un truco, no como antiguamente se hacía; aunque todo es válido. Las cartas, las postales y las serenatas son infaltables y sobre todo infalibles. Pero eso era en tiempos de nuestros abuelos, ellos pueden dar fe de eso. Ahora lo último que está de moda son los  streaming, las videollamadas por diversas plataformas y las conversaciones cibernéticas en plena madrugada.

Aunque no quisiera ser la bruja del cuento (tengo que hacerlo) y romper (solo por un instante) tu mundo de fantasías y sueños. ¡Paciencia! ¡sólo tomará unos segundos!

¡Experimenta tu lado más dulce! 

¡Vamos a  ponernos melcochos! En especial si estamos en los veintes. En una etapa donde la distancia puede ser una pequeña piedrita en el zapato. Lo mejor para mantener nuestra relación de manera sana, es no perder esa alegría que se vive en el comienzo de ella. 

La psicóloga española Lola Fatás, especialista en terapia de pareja, nos indica: “Lo más importante, lo primordial, es mantener la comunicación emocional.” (2020). El desarrollo de nuestras emociones y su claro proceder en nuestras relaciones, es el fin más grande para poder generar esa homeostasis con nuestro entorno. 

Según Fatás, mantener las costumbres, es una muy buena vía para cultivar la sintonía con nuestros seres amados, especialmente con aquel que es el dueño o princesa de nuestro corazón.

 Los mensajes inesperados, no solo aquellos que posiblemente al verte con esa persona le dejabas muy bien escondido en su cartera o billetera, sino también los inbox en cualquier momento, acompañado de una foto especial, un pensamiento o algo que te recuerde a tu pareja, es un gran detalle en plena cuarentena. La belleza está en las cosas pequeñas y simples de la vida. ¡Recuerdalo siempre!

Si eres de escribir, ¡pues los poemas son perfectos para ti! En caso de ser hábil en el dibujo, sorprende a esa persona especial con tu talento. No hay nada mejor que sentirnos inspirados y el amor es aquel combustible volátil para estallar tu creatividad e imaginación. 

Rompe con la rutina 

Los medios de comunicación (además de la cuarentena) nos han dado el empujón certero a un abismo que vamos descubriendo y alumbrando con una pequeña lamparita. La relación casi transparente e inadvertida entre los medios masivos de comunicación y nuestras emociones es obvia. Saquémosle el jugo y el provecho a esto. La mejor forma para esto, es no perder el encanto, es decir, volver al inicio. Siempre debemos tener presente cómo era nuestra vida antes, para así poder reajustar los cabos sueltos. 

Usa aquella camisa que le gustaba, la blusa floreada, el vestido de noche si es una cena a la luz de las velas y también de la pantalla. Las noches de películas por Netflix son válidas también, viendo la pantalla al mismo tiempo en pijama y canchita con gaseosa, sabiendo que el otro está en la misma sintonía, es un triunfo. 

Darle vuelta a cada situación de nuestra vida y con una sonrisa, es la mejor manera de afrontar cada obstáculo que se nos atraviesa en el camino. La actitud es lo que marcará la diferencia. La disposición y la apertura al cambio será positivo, siempre y cuando lo quieras así. No perder aquello que éramos y seguimos siendo, humanos. Darle a la virtualidad, a esa pantalla fría, un toque de calidez y amor. Sentir al otro, no debe ser una odisea cibernética, sino que, a pesar de la distancia física, el compartir momentos especiales no debe ser un impedimento por la coyuntura actual. 

Balanza del amor 

Evalúa tu relación 

Sabemos que no todo es miel sobre hojuelas, mucho menos color rosa pastel. El amor es como un carrusel, tiene sus altos y bajos. Poner en una balanza lo más importante para ti, en ocasiones puede ser difícil, pero es necesario.

Saber que siente el otro es fundamental. ¡Piensalo! No solo los momentos dulces de tu relación son los más importantes, sino también donde no hay luz, donde la oscuridad se hace presente. Es de este modo (quizás) que cupido quiera mostrarte o darte la oportunidad para entrar en el corazón de tu pareja, saber que no le deja dormir, soñar o incluso, pensar. 

Validar las emociones negativas (sobre todo) es muy importante, y aún más en estos momentos, donde nadie quiere mostrar esa vulnerabilidad a flor de piel. Evaluar cada aspecto de tu relación, traerá a ti (también a tu pareja) una madurez para entender si algo está pasando desapercibido en medio de tanto alboroto. El interés por llamarse por meet o zoom, los mensajes en la bandeja de entrada, la confianza de pedir ayuda cuando lo necesites o viceversa, entre tantos otros aspectos, serán puntos claves a tratar. Nadie mejor que tú, para saber si las cosas han cambiado. ¡Esperemos que para bien!

Lo más importante ¡También eres tú! Evalúa tu comportamiento 

Por último, la cereza del pastel. Eres importante (¡No sabes cuanto!) y es por eso que hacer un autoanálisis es muy positivo, no solo para crecer uno mismo, sino también para evolucionar y subir cada escalón y etapa de tu relación. 

Mira dentro de ti, (hacer introspección) es el mejor camino para dar el siguiente paso. Conocerte más. Es cuando, sobre todo, en la adversidad, que descubrimos de lo que estamos hechos. No, no solo de carne y huesos, sino también de sentimientos. Entender que en estos momentos difíciles para muchos, (en realidad para todos) no es fácil pensar más allá de las preocupaciones del día a día, pero en el silencio es mucho más sencillo oír el latir de nuestro corazón y la voz de nuestra conciencia. La ansiedad y la depresión pueden tocar nuestra puerta como huéspedes inesperados, más aún en situaciones como esta. ¡no temas! Ser honesto, decir la verdad ante todo, es el mejor camino al entendimiento de uno mismo, pero también al de los demás.

Abre tu corazón, es decir, recibir la ayuda no solo de tu familia, amigos y seres queridos es importante, sino también de un especialista. De ser necesario el psicólogo será un aliado idóneo al igual que tu círculo más íntimo y cercano. De igual modo, abrir tu mente a tu pareja, tener la confianza y el respeto suficiente será fundamental para que la distancia no afecte tu relación, pero por sobre todo, no dañe tu ser y lo más profundo y hondo de ti, tu alma y en especial, tu salud mental.  

Referencias:

Velasco, F. (2007). Amor, pareja y posmodernidad. En L. Eguiluz (2007) (comp.) Entendiendo a la pareja, (pp. 116- 140). México, D. F.: Pax.

Ricardo Treviño (20 de mayo del 2020). Noviazgo en tiempos de COVID: que la cuarentena no truene tu relación. Tecnológico de Monterrey. Recuperado de:  https://tec.mx/es/noticias/nacional/salud/noviazgo-en-tiempos-de-covid-que-la-cuarentena-no-truene-tu-relacion

Heraldo de Aragón. (10 de abril del 2020). Coronavirus: ¿cómo llevar una relación en cuarentena si no vivimos en la misma casa?. Recuperado de:  https://www.heraldo.es/noticias/aragon/2020/04/10/coronavirus-como-llevar-una-relacion-durante-la-cuarentena-si-no-vivimos-en-la-misma-casa-1368375.html

Psicoterapeutas.com (26 de marzo del 2020). Relación de pareja a distancia por el coronavirus. Recuperado de: http://www.psicoterapeutas.com/terapia_de_pareja/relacion_de_pareja_en_la_distancia.html

Freud en otra mirada: Cartas de amor

Sigmund Freud, fundador del psicoanálisis. Para bien o para mal, precursor de la Psicologí­a. Criticado por muchos y estimado por otros tantos, pero no se trata de eso, lo que les quiero compartir en esta ocasión.

Una vez, mientras estaba viendo libros en descuento en una librerí­a muy conocida de mi ciudad, encontré dos libros recopilatorios de Freud: Tres ensayos sobre la teorí­a sexual, y Cartas de amor, una selección de 46 cartas que el polémico doctor le escribió a su, en ese entonces, prometida, Martha Bernays (cabe mencionar que Freud le escribió más de mil quinientas cartas durante toda su vida).

Martha y Sigmund

Compré ambos, pero el libro de las cartas fue el que más me llamó la atención por un par de motivos: No esperaba encontrarme con un epistolario romántico perteneciente a Freud; el título tan sencillo pero a la vez atractivo y no menos importante, la portada del libro. En ella podemos ver a los futuros esposos: Martha luce formal, con una mirada fija y seria, a pesar de ser una jovencita. Y luego está Freud, también jovencí­simo, muy diferente al clásico retrato que la mayorí­a de nosotros tenemos en la mente, su cabello está más poblado y no peina canas, su barba es más frondosa, y lo más resaltante, su mirada es muy diferente a la que tiene en el semblante duro y casi amargo, de su más famoso retrato. Se puede ver cierta inocencia aun no arrebatada, en unos ojos inspirados, llenos de vitalidad, centrados en las grandes metas que el joven se proponí­a. También son los ojos de alguien que tiene la seguridad que brinda el saberse amado por la mujer amada.

La fotografí­a original

Las cartas compiladas, desarrollan todo lo que les he descrito. En ellas podemos ver a Freud sembrando las semillas de sus objetivos, no solo en lo sentimental como te harí­a pensar el título del libro, sino también en lo profesional, en lo económico, en lo social, etc. Pero todo compartido con su amada novia, y casi todo motivado por el amor. Pues el amor, quizás es el motor más fuerte de todos (sin duda alguna, el más bello).

En el contenido de las misivas pude ver que Freud era un romántico sin remedio, lo que me sorprendió pues no me imaginaba que alguien con su reputación hubiera sido así. Y ni que decir sobre su teorí­a sexual, que no es un estudio «muy sensible» por así decirlo, por supuesto que tampoco pretendía serlo.

Después de todo, el doctor terminó siendo como casi todo hombre, alguien que cuando está enamorado, se da el permiso de perder el seso, aunque sea un poco. En su caso, nos da distintos resultados, unos con calidad artí­stica, unos conmovedores y otros inquietantes; que hicieron preguntarme qué hubiera ocurrido si Sigmund Freud se hubiera dedicado al verso o a la prosa, en lugar de la labor académica. Aquí les comparto unas lí­neas notables:

Empecemos con fuerza

«Yo me sentaré en la silla redonda y hablaremos de nuestro futuro, cuando ya no exista diferencia entre el día y la noche, y cuando ni las molestias ajenas, ni las despedidas, puedan ya volver a separarnos». (Freud, 2017, p. 20)

«Hoy no te dejarí­a separarte de mi lado aunque cayera sobre mí­ la mayor maldición y tuviese que cargar su peso sobre mis espaldas y no te olvides del desdichado al que hiciste tan increí­blemente feliz». (p. 22)

«Marty, ¿te aburre, que te hable de estas cosas? Estoy seguro que no. Eres tan buena y, entre nosotros, escribes con tanta inteligencia y eficacia, que me das un poco de miedo. Todo esto contribuye a demostrar una vez más la superioridad de la mujer sobre el hombre. Y no tengo nada que perder en este aspecto». (p. 46)

En efecto, todo un romántico

«Si supieras cuántas locuras se alborotan dentro de mí­ a cada momento… No obstante, trataré de llegar hasta a ti con la necesaria cordura». (p. 25)

«Me siento alegre hoy sin otra razón que la que me proporciona tu carta, y me gustarí­a oí­rte hablar y cerrarte la boca de cuando en cuando con un beso». (p. 58)

«Necesito el alivio y la expansión de tenerte nuevamente en mis brazos con la misma continuidad con que preciso beber y alimentarme». (p. 66)

Una simpática manifestación de amor

«Y con tus cartas, el mundo se torna de nuevo cálido, alegre y fácil de comprender. Mi dulce amada, no eres una alucinación ni tienes que ser objeto de una experimentación quí­mica». (p. 48)

Pensando en el mañana con realismo y seriedad

«Solo me duele mi incapacidad para poder demostrarte mi amor, pero mientras mantengas la fe en mí­ y me ames, y sé que en ambas cosas eres honesta, no hay duda que nos llevaremos bien y seremos capaces de gozar tiempos mejores». (p. 32)

«Hay gente que sólo sabe, seguir su senda en circunstancias favorables. Nosotros, tú y yo, miraremos hacia adelante y aunque estemos separados y no nos acompañe la suerte». (p. 52)

No todo son maravillas, aquí un momento de crisis

«Querida, ¿es posible que sólo seas afectuosa en verano y que en invierno te congeles? Siéntate y contéstame sobre esto inmediatamente, pues aún estoy a tiempo de salir y buscarme una novia para los inviernos». (p. 83)

Y ante las pruebas; el consuelo y la esperanza

«Por el contario, me sentiré feliz prescindiendo de lo trivial, de lo incierto y de lo ambiguo, para elegir algo tan digno, estimulante y fructí­fero como el compartir mi vida contigo». (p. 63)

«¿Te das cuenta de toda la clases de limitaciones que amenaza a la felicidad humana y que sólo con pensar en esto nos sentimos desdichados? Mantengámonos unidos y así podremos ayudar a las personas queridas». (p. 97)

Estas lí­neas expuestas, y seguramente muchí­simas de las mil quinientas cartas escritas, son testimonio del amor de Freud por su mujer. Lamentablemente, hay espinas en los caminos de rosas, y este matrimonio, puede que haya tenido una espina muy dolorosa. El fantasma de la infidelidad, acecha esta historia de amor; la duda y sospecha de que Sigmund haya engañado a Martha hiere todo lo construido por ambos. ¿Estos rumores empezados por Carl Jung -otro referente de la Psicologí­a y antiguo discí­pulo- habán sido ciertos? Los estudiosos de Freud todaví­a lo debaten, lo innegable es que la pareja jamás se separó y fueron esposos hasta la tágica muerte del doctor.

Quizás nunca ocurrió nada; quizás Martha, en un acto de virtud o resignación, perdonó la infidelidad, no lo sé. Sigmund Freud fue un hombre apasionado y no se puede decir exactamente cuan grave fue el daño de las llamas de sus pulsiones, tanto a sí­ mismo como a sus seres queridos y su alrededor. No podemos leer los corazones de la gente, pero sí­ podemos aprender de los aciertos de otros, así mismo podemos prevenirnos de cometer los errores de otros; para dirigir rectamente nuestra propia historia.

Escribamos cartas de amor con puño y letra, y con nuestras vidas.   

Fuente: Freud, S. (2017). Cartas de amor. Barcelona: Olmak Trade S.L.