TLP y Sufrimiento: ¿El dolor es el hogar de mi TLP?

Alguna vez te has preguntado por qué, al tener TLP, piensas cosas como: ¿Por qué necesito reemplazar el dolor emocional con dolor físico? ¿Por qué siento que cada vez que ocurre un problema es mi culpa y debo pagar por eso? ¿Por qué siento al dolor como algo tan familiar, como si fuera mi hogar? ¿Realmente me gusta sufrir? ¿Lo merezco?

Bueno, en este artículo intentaremos responder a esas preguntas, desde una perspectiva profesional y personal, para entender por qué se siente tan cómoda la idea del dolor.

Para comenzar, debemos tener una concepción sobre lo que es el trastorno límite de la personalidad (TLP). Según el Manual de diagnóstico y estadístico de trastornos mentales (DSM-V, 2014), este trastorno de personalidad es caracterizado por un “patrón general de inestabilidad de las relaciones interpersonales, la autoimagen, y los afectos. Además muestra una notable impulsividad que comienza antes de la edad adulta y está presente en una variedad de contextos”. 

Es decir, que se trata de un trastorno complejo, el cual afecta todas las áreas de la vida tanto de manera interpersonal como intrapersonal. En esta se acentúa la inestabilidad afectiva, debido a un profundo miedo al abandono que produce un vacío crónico en quien lo padece, lo que hace que el “humor” cambie repentinamente por estímulos pequeños que puedan estar prediciendo el abandono de alguien cercano, lo que hace que uno sienta un dolor indescriptible. Este dolor es tan grande que se ha llegado a comparar por especialistas como una “quemadura de tercer grado”, asimismo, se encuentra un enojo y control de ira inapropiado, el mismo que provoca disputas que llegan a alejar a personas cercanas, las cuales desencadenan un sentimiento enorme de culpa, y esto nos regresa al primer punto, el miedo al abandono.

Entonces se genera la interrogante: ¿Una persona con TLP vive en un ciclo constante donde el dolor es su único acompañante? 

¿De dónde viene el TLP?

Este tiene su base en un factor genético y un factor ambiental. Cuando hablamos de un factor genético, nos referimos a lo que nos pudieron transmitir nuestros progenitores o familiares cercanos, al tener ciertas condiciones de salud mental a través de los genes, mientras que al hablar del factor ambiental, tenemos que tocar temas como los estilos de crianza, el apego y el ambiente invalidante. 

En cuanto al apego, nos remontamos a los primeros momentos de vida, cuando aprendemos a distinguir lo bueno y lo malo, al hacer comparaciones radicales sobre lo placentero y displacentero, este proceso es llamado escisión y fue un término brindado por la corriente psicoanalítica. 

Este proceso intenta explicar que todo inicia desde la infancia, pues, el recién nacido crea dos versiones de una misma persona. Por ejemplo, un bebé, al distinguir a su mamá, crea dos versiones de ella: a la “madre buena”, la cual cumple con sus necesidades fisiológicas y a la “madre mala”, que no lo atiende e ignora sus necesidades, dividendo a una misma persona en dos para poder entender algunas complicaciones de la vida. No obstante, en el futuro, el menor  logrará unir a estas dos personas en un mismo ser. Pero si la madre siguiera con un patrón de invalidación o negligencia, el cerebro del hijo seguirá usando el mismo pensamiento dicotómico para entender la realidad y así, se convertirá en un mecanismo de defensa para el TLP.  (Arango, 2018). A partir de la escisión surgen cuestiones como:   ¿Todo o nada? o, ¿blanco o negro?  

Durante la niñez, se tiene un sentido innato de buscar protección en nuestros cuidadores principales, lo cual no se cumpliría si es que se crece en un ambiente “invalidante”, mismo término que Linehan (1993) define como: “Las características  del  entorno  que  niega  o  responde  de  modo  no  adecuado  a  las  experiencias  privadas  de  los  sujetos”.  En ese contexto,  no se podría cumplir con esta necesidad básica y el niño se encontraría  en un “miedo irresoluble”; esto ya que muchas personas con TLP viven situaciones traumáticas de mayor o menor grado, he incluso les impide pedir ayuda, ya sea porque las personas que ocasionan el trauma son parte de quienes este  consideraría como “seres  queridos”, o que estos minimicen el hecho traumático e incluso lo culpen por la producción del trauma; esto hará que la persona se sienta en un dolor constante, del cual no ve salida. Según Causera y Peris (2015), “todos podemos funcionar a nivel borderline, pero la duración e intensidad de experiencias que impiden al niño establecer una relación segura con el objeto amado, hacen que éste actúe de forma crítica en un nivel borderline”.

Entonces, el ser criado en un entorno de negligencia o abuso puede provocar que, posteriormente, se cree un apego inseguro o desorganizado, siendo este último el de mayor gravedad y que dará mayor predictibilidad a vivenciar episodios disociativos. Por lo que, al vivir en un entorno sin la protección necesaria, es que se desarrollará un apego basado en el miedo.

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Apegos en el Trastorno Límite de la Personalidad

Apego Inseguro:

Para desarrollar el apego inseguro, el padre, la madre o ambos actuarán de forma inestable al ejercer su paternidad, e incluso mostraran cierto rechazo, lo que ocasionará que, muchas veces, el menor no pueda contar con ellos; una consecuencia de esto, será que cuando este crezca, mantendrá cierto rechazo a sus cuidadores. Asimismo, al tener este tipo de apego se requerirá constante validación del amor, ya que no lo percibirá como un sentimiento real y genuino; por lo que, ante cualquier mínima señal de abandono, el cerebro mandará una alerta roja que ocasionará un estado de crisis y ansiedad en la persona que vive con este apego, todo ello debido a su constante miedo al abandono, que le lleva a tomar acciones impulsivas que muchas veces podrían atemorizar a sus seres queridos y provocar que se vayan.

Apego desorganizado:

Al hablar del apego desorganizado, nos encontramos con una niñez donde la incoherencia de los estados afectivos de los padres prima por sobre todo, es decir, que estos provocan un estado de amenaza por el abuso y protección excesiva al mismo tiempo. Lo que generará que estas personas tengan una estrategia de apego incoherente, donde si bien se mantendrá el mismo sentimiento de miedo al abandono, también provocarán una evitación hacia las personas que sean importantes para ellos, ya que su subconsciente pensará en: “Si no me relaciono de forma cercana a alguien, no podrá abandonarme”. Y el vivir dentro de un constante círculo de amor-evitación, será desgastante y doloroso para quien lo padezca, lo que hará que reviva constantemente su miedo al abandono, que muchas veces será provocado por él mismo (Causera & Peris, 2015). 

En conclusión, el ambiente en el que nos criamos desde el nacimiento será precursor del posible desarrollo de un trastorno mental. Ya que cuando la “invalidación” por parte de nuestros cuidadores prime durante el desarrollo, aumentará la posibilidad de generar un posible TLP, y ya desde entonces, empezará a crearse la idea del “dolor” como parte de nuestra vida, el mismo que seguirá repitiéndose indefinidas veces por ser parte de nuestro apego. Sin embargo, a esto también se le suma los estilos de crianza, caracterizados por un excesivo control y poca protección, lo cual se denota en la falta de reconocimiento e invalidación, junto a un alto nivel de exigencia con castigos de bastante dureza, que pueden ser físicos o psicológicos.

Aquí es donde se resalta la teoría del doble vínculo de Gregory Bateson, la cual habla de un dilema de comunicación donde hay una confusión en el mensaje, con una notoriedad especial en el empleo de castigos. 

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Un ejemplo de este, sería en los castigos psicológicos: cuando se le quita toda atención al niño y sus necesidades por un periodo de tiempo, en el cual el dolor por el miedo al abandono será de gran intensidad. Aunque después de unas horas, regresé la madre y reafirme el amor con palabras corteses y preste atención a sus necesidades, ella incluso podría llegar a culpar a su hijo por hacer que tenga que castigarle. En este ejemplo se dio una primera comunicación no verbal amenazadora a la vida del menor, donde se le mostraba que no se le quería y se le quitaba la protección, mientras que, en la posterior comunicación verbal, se le muestra que sí le quiere y que la culpa de perder el amor es del propio niño. Entonces, su cerebro entiende que merece sufrir, ya que es su culpa, y la única forma de conseguir amor es sufriendo antes, aquí empezamos a relacionar un pensamiento dicotómico: Placer – Dolor. 

A continuación, se procederá a responder aquellas preguntas por las que este artículo te interesó, pero, a diferencia de lo explicado anteriormente, se hará en primera persona, pues quien les habla, vive con este trastorno desde hace muchos años, y lo que busca, es ayudar a comprender ciertas cuestiones que nos planteamos sobre nosotros mismos. Entonces, desarrollemos las siguientes preguntas. 

¿Necesito sentir dolor para sentir placer? 

Cuando hablamos de “intercambiar dolor psicológico interno y vago por un dolor físico claro pero controlado puede ser una explicación para la paradoja que une placer y dolor” (Puértolas Argüelles, 2018). Es por ello que debemos tener en cuenta que muchas de las personas con TLP tienen alteraciones estructurales y funcionales en la red frontolímbica la cual incluye a la corteza cingulada, la ínsula y la amígdala con sus respectivas conexiones, lo que reduce la sensibilidad ante estímulos nociceptivos fásicos o la percepción del dolor, así se da una relación entre la experiencia de este con la liberación de endorfinas, las cuales son neurotransmisores que modulan la experiencia del dolor e incrementan la sensación de placer. A causa de ello, generan un estado de ánimo alterado en base a los estímulos provocados por una persona, que le permiten tener una percepción de control sobre el dolor, produciendo sentimientos de orgullo, logro, catarsis e identidad positiva. 

Aunque también se ha podido ver por otros investigadores que, al generar un dolor físico, se puede escapar del “yo”, y aliviar la autoconciencia durante un corto periodo de tiempo. Esta forma de manipular el concepto de “dolor” por nuestro cerebro, hace que veamos a estímulos aversivos como más agradables si alivian un dolor mayor como lo es el emocional (Puértolas Argüelles, 2018).

¿Me gusta sufrir?

La respuesta es que a veces sufrimos tanto que ya no encontramos más salida que las conductas impulsivas que liberen las endorfinas que nos hagan sentir “vivos”. En muchas ocasiones, al tener mucho dolor cargado, empezamos a disociar el dolor, y nos quedamos con un estado de ánimo aplanado, que nos hace sentir completamente solos, y es en ese momento cuando solo buscamos sentir algo que nos libere de ese vacío, aunque se comience con un acto mínimo, si funciona, buscaremos repetirlo para seguir sintiendo lo mismo, aunque las exigencias vayan en incremento. 

No quiero llamar la atención: tengo TLP - Salud con lupa

El sentimiento de placer que buscamos para desahogar el dolor es mucho más grande al que sentiría una persona sin este tipo de trastorno, ya que, no solo se disminuye el dolor, sino que se siente una salvación de cualquier estímulo negativo que podría haber pasado hasta el momento. 

Para desarrollar esta idea, podemos imaginar el siguiente escenario: “Haberse perdido hace años, y que alguien te regrese a la realidad, sanando cada herida que pudiste tener, por más que sea superficial, y, a pesar de que al final te vuelvas a perder, tener esa sensación, aunque sea durante un corto periodo de tiempo, resulta en algo glorioso”. 

Como dice en la canción “Pain” de Three Days Grace: Prefiero sentir dolor a no sentir nada en absoluto.

Mi bestie el TLP

Es por todo lo que hemos revisado que podemos decir que, desde la infancia, el dolor ha sido algo que se crio con nosotros, es parte de nuestro día a día, y por eso, ahora se siente como “nuestro hogar”, el lugar seguro en el que siempre estuvimos, por eso es que se siente tan familiar y cómodo el sentirlo cuando lo provocamos nosotros mismos, ya que nos da la sensación de poder controlar algo de nuestra vida, algo muy fuerte que vive con nosotros, y que produce calma, al darnos la falsa sensación de controlar nuestras emociones. 

Pero, en realidad, este dolor no es exactamente nuestro hogar, nosotros hemos vivenciado muchas más cosas que nos llevan a ser quienes somos hoy en día, vivimos experiencias nuevas y gratificantes en cada momento, y así como podemos sentir un dolor crónico, en otras ocasiones nos podemos sentir con muchos ánimos que nos llevan a cumplir muchos objetivos propios. El dolor es parte de nosotros, pero no es toda nuestra vida, no es nuestra casa, pero sí podemos decir que es el hogar donde se crio nuestro TLP.

¿Merezco sufrir?

No, no merecemos sufrir, aunque nuestro cuerpo esté acostumbrado a la sensación de dolor y nuestra mente parezca necesitarlo para “funcionar” adecuadamente, la realidad es que esta necesidad de dolor es la que nos coloca en diversas situaciones de riesgo como las conductas suicidas y autolesivas, que incluso dificultan llevar un tratamiento psicoterapéutico, e interfieren con nuestra calidad de vida, al impedir que nos desarrollemos adecuadamente con nosotros mismos, así como con los demás. 

Marsha M. Linehan

¿Qué hago con mi dolor?

El tratamiento psiquiátrico y psicoterapéutico es esencial para el tratamiento del trastorno límite de la personalidad, y ambas son completamente necesarias para trabajar en nuestro estado, pero quisiera resaltar la importancia de la psicoterapia con el Modelo Dialéctico Conductual, la cual fue creada y desarrollada por Marsha Linehan, quien creó su modelo teórico en base a su propia experiencia con el TLP, donde pudo identificar todos estos factores que interfieren en nuestra vida afectada por este trastorno.

En su modelo terapéutico se trabaja desde una visión de aceptación y cambio, ya que, como hemos podido revisar, pasamos por cosas muy difíciles durante toda nuestra vida, que provocan que ahora busquemos solucionar ciertos problemas de formas desadaptativas. Por ejemplo, pensar que, por haber discutido con nuestra pareja, todo es nuestra culpa, y por lo tanto, merecemos castigarnos con algo físico, como el acto de cortarse para dejar de sentir el dolor emocional. Esto es una acción que podemos aceptar, porque aprendimos a solucionar las cosas de esta forma, sin embargo, no significa que esté bien y es aquí donde comienza el cambio, así como el reeducar a nuestro cerebro para aprender a enfrentar la vida de forma adaptativa.

En este modelo se trabaja con diversos formatos como las terapias individuales, grupales (para desarrollar habilidades y estrategias de afrontamiento), el coaching telefónico (para mantener estas habilidades en un contexto de vida normal), así como el manejo de un equipo de consulta para el cuidado de los terapeutas.

Trastorno Límite de la Personalidad - Osasun Eskola

Una vez que se consignan todos los formatos de intervención, podemos trabajar diversos objetivos. Se iniciará principalmente con la terapia individual, desarrollando la reducción de conductas suicidas y autolesivas en una primera instancia, junto a la reducción de las conductas que interfieran en la terapia, como puede ser el tratar con una dependencia al alcohol que podría interferir en la realización de las sesiones, para, después de un tiempo, comenzar a trabajar la reducción de las conductas que interfieran en la calidad de vida y tratar más a fondo con el paciente, otros padecimientos como del estado de ánimo o el trauma que, como pudimos revisar, es bastante común en el desarrollo; mientras que al mismo tiempo, se busca incrementar y generalizar la puesta en práctica de las habilidades sociales y estrategias impartidas en el formato grupal como: La atención plena, la regulación emocional, la tolerancia al malestar y la eficacia interpersonal. Por último, en esta terapia también se trabaja con la espiritualidad, para lo que se maneja mucho el mindfulness como técnica terapéutica para mantener un estado de vida más equilibrado y funcional (Laffite Cabrera et al., 2022).

Entonces, podemos ver que las personas con TLP tenemos muchas heridas por sanar, que incluso nos dificulta saber si nos permitirán vivir en algún momento sin dolor, pero el primer paso es reconocer que necesitamos ayuda, que merecemos una buena vida, tal y como lo deseamos muchas veces de pequeños, y cumplir con todos esos objetivos propios que, a veces, creemos inalcanzables por el diagnostico. La terapia dialéctico conductual es la más recomendada para el TLP, pero no es la única, mucho dependerá de nuestra personalidad propia el decidir a qué rama acercarnos más, pero si no sabes por dónde comenzar, este podría ser un buen lugar.

En conclusión, el dolor es algo tan familiar que duele pensar que eso sea cierto, y duele aún más cuando lo confirmas, a veces, parece que no hay salida para lo que sientes, aunque siempre procuramos buscarlo, ya sea a través de situaciones de riesgo que nos ponen en peligro, al intentar desfogar un poco nuestros sentimientos, pero que al final, nos dejan con el mismo sentimiento de culpa, desesperación y tristeza que tuvimos al inicio.

Recordando una parte de una canción que me identifica mucho, pienso que cuando describo el dolor se puede sentir algo así:

Hoy mis lágrimas se quieren suicidar, acurrucadas morir en tu piel, han nacido secas tienen sed, mi llanto hoy se quiere morir.
Mago de Oz – La cantata del diablo

Cuando entendemos que el dolor propio no solo nos hace daño a nosotros, sino que también al resto, intentamos reprimir nuestras emociones hasta quedarnos solos, patinando en un lago de hielo que se está resquebrajando poco a poco, y nos terminará por hundir en un mar de sufrimiento donde ya no hay nadie para salvarnos, entonces son reales las preguntas: ¿En verdad merezco esto?, ¿debo estar sola? Y la respuesta es: no, no merecemos esto, y las decisiones que tomamos para deshacernos del dolor son en base a las herramientas que cada uno aprendió para protegerse. Debido al tipo de apego que se pueda tener, es que muchas veces alejamos al resto, y nos terminamos aislando a nosotros mismos, sin embargo, debemos resaltar que, muchas veces, estas herramientas no serán las adecuadas y necesitaremos cambiarlas. 

Al final, la verdad es que las personas con TLP hemos vivido situaciones deshumanizantes desde que nacimos, ya sea por factores hereditarios o ambientales, pero nadie nos enseñó a vivir una vida “sana”, con herramientas adecuadas para enfrentar al dolor. Muchas veces, esperamos que alguien nos “salve”, pero al final terminamos alejando al resto para que no caigan en el mismo abismo que nosotras. ¿Eso nos vuelve malas personas? Bueno, de hecho, es lo contrario, sentimos gran amor por las personas que nos han ayudado, tanto que a veces es «intoxicante», o algo exagerado y muchas veces, vamos a decidir cuidar al resto en vez de cuidarnos a nosotras mismas. Y eso ocurre porque no sabemos manifestar el amor de forma sana, nuestros cuidadores tampoco supieron enseñarnos esta forma de amor, muy probablemente porque tampoco lo aprendieron. Aquí llega lo difícil, romper con este patrón de dolor que viene cargado incluso generaciones atrás. 

Aprender a amar es difícil, especialmente cuando no sabes cómo te sentirás en unas horas, parece no ser primordial, ya que muchas veces, lo más importante es pasar el día sin hacer alguna conducta de riesgo. No obstante, no es algo justo para uno mismo, es por ello que me gustaría compartir con ustedes, el título del libro de Marsha Linehan, Construyendo una vida digna de ser vivida, la cual me hizo reflexionar sobre cómo se estaba desarrollando mi vida, y es que hemos vivido tanto tiempo “sobreviviendo” que nos hemos olvidado de “vivir”, y la verdad, es que nunca aprendimos este concepto, por eso, debemos hacer un trabajo extra al de otras personas, el cual es crear un ambiente en el que nos sintamos seguros y cómodos, donde podamos vivir la vida que deseamos de la forma más sana posible, y esto se desarrollará en gran parte durante terapia. Pero comencemos por aceptar que merecemos algo bueno, que somos humanos y que nos vamos a equivocar muchas veces, pero eso no quita que merecemos vivir mejor. 

The Secret Dr. Marsha Linehan Kept for Five Decades | Parvati Magazine

Por otra parte, sabemos que podemos vivenciar el dolor de varias formas, pero, en lo personal, la más peligrosa se puede dar cuando nos encontramos ante un episodio largo del dolor: empezamos a disociar las emociones y entrar en contacto directo con el vacío, es aquí cuando nos encontramos más propensos a mostrar conductas de riesgo, ya que intentamos bajar hasta lo más profundo del dolor para sentir algo, para que luego, cuando sintamos algo placentero en contraste, todo nuestro cuerpo sienta un estado eufórico que mejore el ánimo, aunque sea aparente y nos permita regresar a un estado más “funcional”.

No siempre sufrimos porque nos guste, pero es lo único que conocemos para lograr que las cosas funcionen y conseguir algo bueno, aunque sea solo durante unos segundos. Escapar de una realidad tan complicada y desgastante como es la de un TLP no es tan raro, si lo piensas bien, de hecho, es una función básica de cualquier humano cuando se encuentra ante el peligro, cosas que te podrían parecer tan descabelladas como el uso de sustancias, las conductas sexuales de riesgo e incluso los intentos de suicidio, son solo algunas formas que encontramos para huir del sufrimiento. Pero que, sin embargo, no le quitan lo desadaptativo y, aunque son válidas, no significa que sean correctas. 

Recuerda que el tener un trastorno no es sinónimo de merecer una vida dolorosa y caótica, todos merecemos vivir de forma adecuada, en ambientes sanos y amorosos, así que permítete gozar de esta calma que tanto necesitas, y acude a terapia. Mi mayor recomendación es que no dejes tu tratamiento y si lo has hecho puedes retomarlo, es un proceso que toma tiempo, pero que resulta gratificante cuando ves los resultados, yo llevo varios años en terapia con distintos especialistas de diferentes ramas, pero gracias a eso, ahora me considero una persona mucho más funcional, que sigue generando logros y alcanzando metas, y que puede escribir este artículo que reúne muchos conocimientos y reflexiones obtenidos con el paso de los años. 

No obstante, si te identificaste y aun no tienes un diagnóstico, acude con un especialista para que pueda evaluar tu situación personal. En Warayana podemos ayudarte con ello, tú también mereces una vida digna de ser vivida. 

Referencias

American Psychological Association. (2014). Manual de diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5).

Arango, J. D. (2018). LA ESCISIÓN. PSICOLOGÍA DINÁMICA. https://psicologiadinamicahoy.blogspot.com/2015/04/32-la-escision.html#:~:text=La%20escisi%C3%B3n%20es%20la%20separaci%C3%B3n,como%20lo%20desea%20el%20infante

Linehan, M. M. (1993). Skills Training Manual for Treating Borderline Personality Disorder. New York: Guilford

Prades, I., Romero, M. (2015). Tras las Huellas Borderline: Rastreando el Apego de Personas con Trastorno Límite de Personalidad. Revista REDES, (32), 59–70. https://redesdigital.com/index.php/redes/article/view/179

Puértolas Argüelles, M. (s. f.). La búsqueda de placer a través del dolor: revisión acerca de la relación entre TLP y BDSM [Trabajo Final de Máster, Universitat ramon llull]. https://dau.url.edu/bitstream/handle/20.500.14342/242/MERITXELL%20PU%C3%89RTOLAS%20ARG%C3%9CELLES.pdf?sequence=5&isAllowed=y

Laffite, H., Rodríguez, F., Alonso, R., Medina, T., & Díaz, J. A. (2022). TERAPIA DIALÉCTICO-CONDUCTUAL. UNA BREVE REFERENCIA A SU ESTRUCTURA Y AL ABORDAJE INDIVIDUAL. Interpsiquis, 23. https://psiquiatria.com/congresos/pdf/1-10-2022-20-tem1.pdf

Narciso y yo: Trastorno de personalidad narcisista

En mi círculo de amigos he conocido amigas que han tenido relaciones amorosas con rupturas que dejaron un antes y un después en sus vidas. Cuando las escuchaba hablar sobre los comportamientos de manipulación o la disonancia cognitiva, siempre pensé que se podía poner un límite, y que darse cuenta sería muy fácil. Realmente, no lo es.

Desde un aspecto personal y profesional profundicé más mis conocimientos sobre el trastorno de personalidad narcisista, y pude hallar que, actualmente, hay mucha especulación en redes sociales sobre el diagnóstico. Un ejemplo serían los controversiales podcasts de “Un tal Alfredo”, donde muchas mujeres influencer cuentan parte de su relación amorosa con personas con características de sociopatía, egocentrismo y narcisismo.

Pero ¿qué es el trastorno de personalidad narcisista?

Según el DSM-V, el trastorno de personalidad narcisista (F60.81) se describe como un patrón dominante de grandeza, necesidad de admiración y falta de empatía, que comienza en las primeras etapas de la vida adulta, como la exageración de logros y talentos, donde el individuo se encuentra absorto en fantasías de éxito, poder, brillantez o amor ideal ilimitado, siente que es especial y único, que solo pueden comprenderle o relacionarse con personas especiales o de alto estatus, experimenta sentimientos de un trato especialmente favorable que cumpla sus expectativas, explota las relaciones interpersonales al aprovecharse de los demás, siente envidia de otros o cree ser envidiado y muestra comportamientos arrogantes o de superioridad.

Así mismo, la Terapia Cognitiva de Beck considera que sus raíces se encuentran en la infancia y deriva de una serie de creencias disfuncionales sobre uno mismo, el mundo y el futuro producido por un exceso de favoritismo, adulación e indulgencia por la familia o figuras significativas o como un mecanismo de compensación a experiencias de exclusión, desvalorización o rechazo que refuerzan los esquemas de verse superior o especial.

Esquemas básicos del narcisismo (pensamientos):

  • “Soy especial, soy superior y merezco un trato igual”.
  • “A mi no me gustan las reglas que otros siguen”.
  • “Necesito ser reconocido”.
  • “Es intolerable que no se me tenga el debido respeto”.
  • “La gente no tiene derecho a criticarme”.
  • “Mis necesidades son importantes, incluso sobre las de los demás”.
  • “Tengo toda la razón sobre las grandes cosas que me esperan”.
  • “Solo me comprenden personas inteligentes, como yo”.
  • “Si los demás no me respetan, merecen ser castigados”.

Además, Beck menciona la función de dos autoimágenes: una muy positiva y otra muy negativa que se alternan. Cuando hay una autoimagen de grandiosidad y no se puede mantener, se activa la imagen negativa, entonces prevalece hasta volver a la autoimagen de grandiosidad, siendo más implícita y explicita respectivamente, lo que se complementa con un carácter de impulsividad no llevada de forma adaptativa.

Para Freud, el narcisismo es parte normal del desarrollo psicológico, pero, al tener una prolongación en la edad adulta, el individuo no podrá mantener relaciones satisfactorias con los demás.

Para la teoría Gestalt, un narcisista es dependiente de la actitud positiva de los demás hacia ellos, consideran al ambiente únicamente para apoyarlos, no los ven como seres autónomos, y no perciben que puedan tener necesidades, pues creen que el mundo entero es el lugar donde manifiestan insatisfacción y crueldad hacia los demás.

El narcisista está atrapado en una imagen de quien imagina que es y no posee limites claros, a causa de ello, exterioriza impulsos sin contenerse. Uno de los antecedentes puede deberse a la proyección de la figura materna sobre su narcisismo hacia el niño o la carencia del cuidado a nivel emocional y la necesidad constante de sentirse especiales. En terapia, casi siempre se muestra como miembro de una “familia perfecta”, pero mientras se avanza, el paciente menciona haberse sentido privado de libertad, incomprendido e invisible.

En un estudio realizado en Barcelona, que medía la comorbilidad del trastorno narcisista de la personalidad y el trastorno límite de la personalidad, describe un porcentaje de prevalencia. Por otro lado, los factores asociados son el trastorno disocial de la personalidad, el trastorno antisocial de la personalidad, trastorno obsesivo compulsivo, ansiedad, adicción al sexo, depresión, consumo de sustancias y ludopatía.

Para las neurociencias, el investigador chino Yu Mao menciona que hay una reducción del grosor y el volumen de la corteza prefrontal, donde hay una afección en el control ejecutivo del cerebro, lo que favorece a la desregulación emocional. Se observó también una disminución de la materia gris en una región del cerebro que corresponde a la compasión y la empatía.

Bruce Stevens, en su artículo A nine headed Hydra (2000), menciona nueve tipos de clasificación de la personalidad narcisista:

  1. El dependiente: Necesidad de ser amado y jamás estar satisfecho.
  2. El amante: Idealiza el amor y siente decepción, llevan consigo heridas de relaciones pasadas y no toleran las imperfecciones de su pareja.
  3. El poderoso: Enamorado del poder, desprecia a sus inferiores y exhibe su éxito constantemente.
  4. El cuerpo: Importancia a la imagen corporal, la perfección física es la cura de sus males.
  5. El furioso: Muestra estallidos de rabia ante cualquier ofensa real o imaginada, y, debajo de ella, se esconde tristeza, vergüenza o desesperación.
  6. El estafador: Una persona encantadora que solo pretende utilizar a los demás, no existen normas morales.
  7. El fantasioso: Se encuentra en fantasías de éxito, admiración o amor, y no desean salir de ello, el deseo de ordenar es el protagonista, de igual modo, se muestran solitarios, se identifican con héroes de videojuegos o personajes, confundiendo la fantasía con la realidad.
  8. El mártir: Su identidad se construye en base a ser una víctima: “nadie sufre como yo”. Esto con el objetivo de afrontar problemas reales de su vida y de sí mismo.
  9. El salvador: “Solo yo puedo ayudarte”, dedica tiempo a “los que le necesitan”, pero siempre por algo a cambio.

Como redactora del presente artículo, al recopilar toda esta información, llegué a la consideración de que todos poseemos un cierto grado de egocentrismo, diferente al narcisismo. En comparación con las redes sociales, podemos evidenciar que es una condición que se desarrolla en la infancia y que se consolida en la edad adulta, siendo esta etapa de la vida un tiempo de concientizar la enfermedad para una posterior consciencia de cambio, en ello, los tipos de terapia que abordan esta condición y pueden sernos de ayuda son: la Terapia Dialéctica Conductual y la Terapia Psicodinámica.

Recapitulando lo mencionado al principio del artículo, es importante informarse sobre lo que vemos o escuchamos en las redes sociales y abordarlo con bases científicas. Debemos establecer límites saludables, puesto que el trastorno antisocial de la personalidad puede generar aspectos negativos -incluso dañinos- en las relaciones interpersonales, donde claramente no existe alguna justificación para las conductas que puedan vulnerar a la familia, amigos o pareja.

Es necesario realizar un autoanálisis para generar la consciencia de cambio y poder tener una mejor calidad de vida.

Referencias

Arosemena, M. (2017). Los nueve tipos de narcisismo. https://www.psyciencia.com/las-9-cabezas-de-hidra-y-del-narcisismo/

García, S. R. (s/f). El narcisismo y sus tipos de vinculación según Freud. https://saludpsi.mx/el-narcisismo-y-sus-tipos-de-vinculacion-segun-freud/

Hörz-Sagstetter, S., Diamond, D., Clarkin, J. F., Levy, K. N., Rentrop, M., Fischer-Kern, M., Cain, N. M., Doering, S. (2020). Características clínicas del trastorno comórbido de la personalidad narcisística en pacientes con trastorno límite de la personalidad. RET, Revista de Toxicomanías. 84. España. https://www.cat-barcelona.com/wp-content/uploads/RET-84-4.pdf

Instituto Ananda (s/f). PSICOPATOLOGÍA – NARCISISMO Y GESTALT. https://institutoananda.es/psicopatologia-narcisismo-y-gestalt/

Ita. Especialistas en salud mental (s/f). Tratamiento Trastorno Narcisista de la Personalidad (TNP). https://itasaludmental.com/tratamientos/trastorno-narcisista-personalidad#

Ochoa Buitrago, S. M. y Peláez Gómez, A. M. (2023). Revisión documental de los trastornos, narcisista, antisocial de la personalidad y trastorno disocial de la conducta. [Trabajo de grado, Corporación Universitaria Minuto de Dios]. Repositorio institucional UNIMINUTO. https://repository.uniminuto.edu/bitstream/10656/18018/1/T.P_OchoaBuitragoSarahMelissa_2023.pdf

Depresión: La Pandemia Invisible

La depresión es tan antigua como la humanidad, durante muchos siglos fue manejada por amigos, brujos, sacerdotes, etc., y tratada con todo tipo de pócimas, brebajes, baños, cambios de ambiente y demás recursos.

Según datos de la OPS, hay cien millones de nuevos casos de depresión cada año en el mundo. Encontramos una alta prevalencia en el adulto, con 15 % de hombres y 24 % de mujeres, generalmente, estas se presentan en edades de 18 a 45 años.

La definición académica sitúa esta enfermedad como el síndrome caracterizado por una tristeza profunda y la inhibición de casi todas las funciones psíquicas, que da lugar a cinco series de síntomas: físicos, psicológicos, de conducta, cognitivos (intelectuales), asertivos y sociales.

La OMS define a la depresión como un trastorno mental afectivo común y tratable, muy frecuente en el mundo y caracterizado por cambios en el ánimo con síntomas cognitivos y físicos. Estos pueden manifestarse de manera primaria o secundaria a enfermedades de base (cáncer, enfermedad cerebro-vascular, infartos agudos al miocardio, diabetes, VIH, enfermedad de Parkinson, trastornos alimenticios y abuso de sustancias).

Se identifican un amplio grupo de factores de riesgo personales, cognitivos, sociales, familiares y genéticos que intervienen en la patología; la presencia de estos aumenta la probabilidad de padecer de ella. Se estima que, al menos, se va a tener un episodio en la vida, y la repercusión en cada persona va a depender de su grado de inteligencia emocional y resiliencia.

El enfermo con trastornos afectivos debe ser visto con la interacción mente-cuerpo, los cuales no se pueden desligar, en su manejo no solo se debe tratar el eje nuclear afectivo, ya que la tristeza que envuelve al sujeto puede llegar a afectar todas las esferas de su relación intrapersonal e interpersonal, y hacer que emerjan otros estados emocionales como la irritabilidad y la ansiedad, que se destacan en las depresiones neuróticas y tardías.

Por lo tanto, su manejo no se basa en “alentar” al paciente. En la sociedad, se ha construido la idea de que basta con pensar positivo y tener fuerza de voluntad para combatir la depresión, por ende, constantemente se utilizan frases que invalidan lo que una persona depresiva siente, vive y piensa, influyendo en que esta se sienta incomprendida, inútil y frustrada.

Como ejemplo, se puede establecer frases como: “Tu problema es de actitud”, “Métele ganas”, “Todo está en tu cabeza es cuestión de tener fuerza de voluntad”. Aunque estas frases, a los ojos de los demás, parecen alentadoras, las personas con depresión no ponen de su parte, no porque no quieran, como mucha gente cree, sino porque la enfermedad se lo impide; en el fondo, quieren salir de allí, pero no saben cómo.

Por lo tanto, aquellos que sufren de esta enfermedad mental, además de necesitar ayuda médica y psicológica, necesitan apoyo moral, sin embargo, la cultura y la falta de concientización en estos temas conlleva a que se utilicen expresiones incorrectas que, para quien padece de depresión, son un factor ansiógeno y de desesperanza.

Un dato curioso se encuentra en el hecho de que las depresiones evolucionan. Al menos así parece desprenderse de los estudios realizados durante las últimas décadas, aunque, a grandes rasgos, el trastorno es el mismo, también podemos observar diferencias notables entre las que se veían hace veinte o treinta años y las que tratamos hoy en día. Lo fundamental de las depresiones de hoy se consideraba secundario en las antiguas. Este cambio constatado por el análisis clínico ha desplazado el acento, hasta tal punto de que el psiquiatra y el psicólogo actuales deben sumergirse en la frondosidad del problema, si quieren establecer un diagnóstico correcto.

La enfermedad psíquica, igual que la somática, es algo vivo, en perpetuo movimiento, como la propia persona. Así pues, el diagnóstico nunca debe ser entendido como una cosa inamovible o un destino definitivo. Las depresiones se mueven, giran, alteran sus síntomas, cambian de expresión, etc.

Algunas de las prácticas que ayudan a prevenir la depresión son: contar con grupos de apoyo social activo, así como mantener un  vínculo activo con la familia, pues esta, como sistema y red de apoyo social informal, cumple con dos funciones básicas que son: asegurar la supervivencia, el bienestar físico, la suficiencia de alimento y vestido, y proporcionar los vínculos afectivos, no solo en la enfermedad, sino también en su rehabilitación.

Cabe agregar que la actividad física tiene efectos favorables sobre la disminución del riesgo de padecer de depresión. Y evitar el aislamiento social es un pilar fundamental para impedir el declive físico y mental.

Referencias

Corea, M. T. (2021). La depresión y su impacto en la salud pública. Rev Méd Hondur, 89(1).

Josué, L., Torres, V., Urrutia, E., Moreno, R., Font, I., & Cardona, M. (2006). Factores psicosociales de la depresión. Rev Cub Med Mil, 35(3).

Rojas, E. (2011). Adiós, depresión. Madrid: Ediciones Planeta Madrid.

Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad

«No para de moverse y cuando para, está pensando en la inmortalidad del mosquito»

Todos hemos oído el término TDAH, hoy en día son siglas que, en su contenido, se han vuelto parte del vocabulario cotidiano. Probablemente han escuchado comentarios como “qué hiperactivo es” o “seguro tiene déficit de atención”. 

Como las bases son el principio de la diversión, en el siguiente apartado se presentará un poco de la historia del término TDAH. 

​​La primera mención del  término puede ser conferida al médico alemán Melchior Adam Weikard, en un artículo sobre trastornos de la atención en el año 1775, teniendo como referencia el libro Der Philosophische Artz, Weikard citó la primera descripción médica del trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH).

Más tarde en el año 1798, Alexander Crichton, médico escoses, describe un cuadro clínico que enseña las principales características de lo que hoy llamamos TDAH con predominancia de déficit de atención, cabe mencionar que también describió que el trastorno podría presentarse desde el nacimiento o desarrollarse a partir de un accidente, pero que sería resuelto antes de llegar a la edad adulta, aunque actualmente se considera que en muchos casos continúa en esta etapa.

Sin embargo, la primera referencia científica no llega sino hasta el Siglo XX, en 1902, cuando el pediatra George F. Still describió en una publicación el caso de 43 niños que presentaban diferentes problemas de conducta, emociones, atención y control de la ira, y se relacionaban con el trastorno en cuestión. 

En 1965, se agregó a los compendios de psiquiatría con el nombre «síndrome hipercinético de la infancia»; años más tarde, en 1980, adopta la denominación «trastorno por déficit de atención, con o sin hiperactividad»; luego, en 1994, con la publicación del DSM-IV (Manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales) se introdujo el término «trastorno por déficit de atención e hiperactividad» y se definen los tres subtipos que se mantienen hasta hoy. 

Finalmente, en 2013, después de años de pedidos sobre un panorama más claro relacionado con el desarrollo del trastorno en la adultez, se introducen diferentes cambios y se incorporan criterios específicos para el diagnóstico del trastorno en la edad adulta, además, se modificó también la edad mínima de inicio de los síntomas a «antes de los doce años». 

Ahora que sabemos un poco más del camino por el que recorrió el TDAH, mencionaremos conceptos base para entender las siglas que lo representan:

Déficit: Según la RAE, la palabra hace referencia a la falta o escasez de algo que se considera necesario. 

Atención: Es la capacidad de controlar y orientar la actividad que realizamos de manera consciente (Tudela,1992).

Hiperactividad: La RAE lo describe como una conducta caracterizada por un exceso de actividad.

Trastorno: Según la Clínica Universidad de Navarra es un término que se utiliza para describir una alteración o anomalía de una función mental o física. 

Los síntomas del TDAH, se dividen en dos categorías: inatención e hiperactividad-impulsividad. Ambas tienen nueve criterios diagnósticos; y el trastorno se pueden dividir en tres subtipos:

Predominantemente hiperactivo-impulsivo

  • La mayoría de los síntomas (seis o más) se encuentran en la categoría de hiperactividad- impulsividad.
  • Se presentan menos de seis síntomas de inatención, aunque esta puede estar presente en cierto grado. 

Predominantemente inatento

  • La mayoría de los síntomas (seis o más) se encuentran en la categoría de la inatención y se presentan menos de seis síntomas de hiperactividad- impulsividad; aunque también puede estar presente hasta cierto punto.
  • Los niños que tienen este tipo no suelen demostrarlo, o pasan por dificultades para llevarse bien con otros niños. Pueden mostrarse tranquilos, aunque esto no quiere decir que estén atentos a la actividad que puedan estar realizando. 

Por ello, es posible que los padres y maestros pasen por alto la conducta de inatención.

Combinación hiperactivo-impulsivo e inatento. 

  • Están presentes seis o más síntomas de inatención y seis o más síntomas de hiperactividad-impulsividad. 
  • La mayoría de los niños padecen el tipo combinado de TDAH.

Actualmente, el trastorno de déficit de atención e hiperactividad es considerado como un trastorno común pero complicado, ya que tiende a ser diagnosticado prematuramente y sin mayor evaluación; como padres, tíos, abuelos o hermanos, estar informados es importante, recuerda siempre buscar la opinión y el diagnóstico de un profesional. 

Referencias

Corrales, M (2022). Breve recorrido por la historia del TDAH. Recuperado de: https://tdah.som360.org/es/articulo/breve-recorrido-historia-tdah

DSM-IV-TR workgroup. The Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, Fourth Edition, Text Revision. Washington, DC: American Psychiatric Association.

National Institute of mental health. Trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Recuperado de: https://www.ocecd.org/Downloads/adhd_booklet_spanish_cl5082.pdf

Real Academia Española. (2014). Diccionario de la lengua española (23a ed.).

Tudela, P. (1992). Atención. En J. Mayor y J. L. Pinillos, (Eds.), Tratado de Psicología General. Vol. 3, Atención y Percepción, 119-162. Madrid: Alhambra. 

Personalidad Pasivo-agresiva

¿Alguna vez haz creído estar a la deriva? ¿Un día estuviste muy feliz porque te hicieron sentir que eras una de las personas más valiosas del mundo, pero, irónicamente, al día siguiente te hicieron sentir que eras la persona más mala de todas? La respuesta es que podríamos estar ante una persona con un trastorno de la personalidad pasiva-agresiva.

Estas personas te hacen comentarios pasivos, que no parecieran malos a simple vista, pues lo hacen sutilmente. Como ejemplo tendríamos: “María, te ves muy mayor, ¿qué ha pasado?, ¿te lo digo por tu bien”; “¿Qué más sabes hacer aparte de cocinar?, solo pregunto”, “¿Cómo vas a hablar así? Deberías informarte más”.

No conocen la asertividad

En pocas palabras, así se definiría a estás personas, no conocen sobre normas sociales, no saben hablar asertivamente, solo fingen la empatía, y muchas veces, caen en el exceso de vanagloriarse a ellos mismos y sus logros, por ese lado tienen mucha semejanza con el trastorno narcisista.

A continuación, una lista de acciones que ejecutan.

  • Son ambiguos con sus acciones, en un momento te pueden decir que harán una cosa y al final no la cumplen, alegando que se olvidaron de ello.
  • Son los eternos incomprendidos: dicen que nadie los escucha, cuando ellos no muestran empatía, ni saben comunicarse con respeto hacia los demás.
  • Solo llenan de elogios a los demás cuando quieren grandes favores.
  • Critican mucho a los demás, piensan en blanco o negro, no hay puntos medios.
  • Critican cualquier pequeña acción (una mirada, alguien que no les contesto, no contestarle las llamadas, etc.); demonizan a las personas, empiezan una verborrea psicológica contra ellas, haciéndoles sentir mal emocionalmente.
  • No dan libertad, quieren aprisionar a las pocas personas que pueden controlar a su alrededor.
  • Son lindos y te hacen favores, pero todo es a cambio de algo.
  • No expresan su ira y la sueltan de forma indirecta, con agresiones sutiles.

No son buenos compañeros de trabajo

Tienen actitudes obstruccionistas para las personas que padecen este trastorno, es importante que los que lo rodean no obtengan lo que quieren. Actúan como si les estuvieran dando lo que quieren, pero rara vez seguirán adelante ni darán lo que se les pide. Es muy confuso tener a alguien que aparenta dar y no lo hace en realidad. Por tanto, habrá disputas no solo en lo laboral, sino en cualquier ámbito social. (Guerri, 2022)

Método de la piedra gris para llevarse con estas personas

Si ya no tienes más alternativa que vivir con una persona que padece este trastorno, lo mejor es aplicar el método de la piedra gris, este consiste en volvernos unas personas netamente neutrales en todo sentido: en nuestras respuestas y en nuestra manera de actuar. Responderemos al pasivo-agresivo con monosílabos de o no, o daremos respuestas cortas, que este no pueda refutar, tampoco empezaremos conversaciones sobre nuevas cosas. El principal objetivo es parecer aburridos para esta persona, para que de ese modo, ya no nos vea como su blanco de críticas.

Referencias

Guerri, M. (2023). Test pasivo-agresivo: comportamientos y características más comunes. https://www.psicoactiva.com/blog/la-personalidad-pasivo-agresiva-como-detectarla/

Tricotilomanía

¿Tiendes arrancarte el cabello o cualquier vello corporal recurrentemente? Lo más seguro es que sufras de tricotilomanía. “Trico” viene de cabello, “tilo” de depilar y “manía” de conducta o comportamiento. A veces, esta conducta puede llegar a ser automática y la persona, sin darse cuenta, empieza a arrancarse el cabello de la cabeza o cualquier parte del cuerpo.

Esta conducta suele incluirse dentro de los trastornos del espectro obsesivo-compulsivo, debido al factor de estar pensando en algo de manera repetitiva, que te produce ansiedad y que incluso puedes considerar un poco absurdo, y que cuando realizas este acto de arrancarte el cabello por un momento, te calma la ansiedad, incluso puedes sentirte a gusto, pero después, la incomodidad regresa y sigues con la misma rutina.

Causas

La conducta de jugar con el cabello es normal, incluso la conducta de arrancarlo puede aparecer en niños y podría ser considerada como parte de su desarrollo, pero si empieza en la pubertad, preocúpate porque tiende a hacerse un curso crónico, y puede agravarse con estímulos hormonales, que podrían ser causados por el embarazo o algunas alteraciones hormonales.

Hay que diferenciar la tricotilomanía de hacer juegos con el cabello con puros fines cosméticos, así como de conductas estereotipadas, en pacientes que están dentro del espectro autista, de los tics, o que tenga una explicación dentro de un delirio. O que se esté buscando como propósito el satisfacer una idea delirante en un trastorno psicótico.

La tricotilomanía no suele estar sola, suele venir acompañada de otros problemas de ansiedad, lo cierto es que suele pasar cuando hay una emoción muy intensa y desagradable como la ansiedad o la colera, por lo tanto, no es de extrañar que cuando una persona está pasando por una situación difícil (una crisis por ejemplo), esta conducta se puede hacer mucho más intensa y repetitiva.

Consecuencias

Le pasa a 1 % de la población, pero se ha medido que, en diez mujeres por cada hombre, se incrementa en periodos de estrés debido a la apariencia física. Se genera espacios de alopecia irregulares, además, se hace un daño irreversible en el crecimiento y calidad del cabello.

A veces, se complica con la conducta de comerse los cabellos, a esto se le llama “tricofagia” y después se forma la “tricobezoares” en el intestino, que a veces se puede confundir con otro tipo de tumores. Un “tricobezoar” es una bola de pelo que se forma dentro de los intestinos.

Tratamiento

Una herramienta importante para evitar esto es el mindfulness que justamente se centra en estar presente en el aquí y en el ahora, de tal manera que evitemos estar en piloto automático.

arrancarse el pelo

Si bien es cierto que no existe un tratamiento farmacológico específico para la tricotilomanía, sí tenemos algunos medicamentos para los trastornos de la ansiedad que pueden ayudar, sin embargo, la psicoterapia es el componente fundamental que necesitamos para esto, donde justamente encontramos el espacio donde se pueden aprender a manejar y a gestionar las emociones, y donde podemos ver algunas otras alternativas para lidiar con momentos complicados.

Como les comenté, las terapias son de gran ayuda, para este caso la terapia cognitiva conductual ha probado su eficacia en muchos pacientes y en la actualidad, esta psicoterapia es la de la elección, ya que se dirige específicamente a los síntomas del trastorno de arrancarse el cabello o vello; en ella se recomienda el entrenamiento para revertir los hábitos. Una terapia predominante conductual incluye lo siguiente:

  • Entrenamiento de sensibilización.
  • Control del estímulo.
  • Entrenamiento de respuesta competitiva.

Espero que esta información les sea de ayuda, y si lo necesitas, ya saben que debemos acudir a nuestro psicólogo de confianza.

Referencias

Sanitas (s/f). Tricotilomanía: síntomas y tratamiento. https://www.sanitas.es/biblioteca-de-salud/psicologia-psiquiatria/toc/tricotilomania

Instituto Quirurjico Capilar (2023). ¿Existe cura para la tricotilomanía?

Masticar por masticar

En algunas ocasiones, se puede percibir que personas cargadas emocionalmente (con ansiedad) se vean provocadas a que tengan el comportamiento compulsivo por comer demasiadas cosas. Pero la vida nos sorprende con otro lado, aunque comparten el hecho de comer cosas no nutritivas, llega al punto de que lo que ingieren ni siquiera es un alimento, estamos hablando de la “pica”. Esto consiste en “ingerir sustancias no nutritivas y no alimentarias” (Guía de Consulta de los criterios diagnósticos del DSM-5, 2014).

File:Pica (disorder) 2.jpg - Wikimedia Commons

Dichas sustancias pueden ser el papel, barro, suciedad, cabello, hielo, entre otras. Ahora bien, este signo puede presentarse acompañando a un trastorno de la salud mental, en dicho caso, se deberá diagnosticar de acuerdo al trastorno en cuestión, pero en otros casos, se presenta solo. Para ser diagnosticado propiamente como pica, se deben cumplir algunos criterios explicados en el siguiente ejemplo:

Julián, de cuatro años, va a la guardería en la mañana, donde las encargadas deben desaparecer el papel higiénico, porque él tiene la costumbre de que cada vez que lo avista, empieza a comérselo y corre para que no se lo quiten. Algo similar pasa en casa, cada vez que el pequeño se encuentra aburrido o viendo la televisión, la mamá lo ve comiendo papel higiénico en un estado de tranquilidad. Esto es una constante desde que él tenía un año y medio de edad. Nadie más de su entorno lo practica y no es algo socialmente aceptable.

Para ser más específicos, los criterios son que el niño debe ser mayor de los dos años, este signo no debe acompañar ningún otro trastorno mental (excepto retraso mental); esta conducta debe presentarse, mínimamente, dos veces por semana, durante un mes o más. Adicionalmente, no debe ser una práctica impulsada por su entorno o sociedad.

Si bien este es un signo de alarma para diversos trastornos como ansiedad, retraso mental, autismo, entre otros; también puede ser un problema conductual que, aun cuando se pueda controlar con indicaciones y reforzadores, si no se trabaja de forma adecuada, solo mutará. En nuestro ejemplo, los padres de Julián controlaron esta conducta con golpes y gritos, tales como: “Deja de hacer eso”, “¿cuándo vas a cambiar?”, “siempre es lo mismo contigo y el papel”.

Luego de mucho tiempo, Julián ya es un adulto de treinta años, que cada vez que llega a casa después de trabajar, va a su refrigeradora, saca una docena de cubos de hielo y se sienta a ver alguna película mientras mastica hielo, no sabe por qué lo hace, pero esto le relaja y se siente bien.

La forma de los padres al abordar el problema, sea con castigos o gritos, debe ser un método controlado porque el contenido de los gritos presentados en el ejemplo, puede provocar problemas emocionales personales (como afectar la autoestima), lo que genera muchos conflictos internos, probablemente, el niño obedezca y deje de hacer esto, pero, quedará una herida emocional de la infancia. En nuestro ejemplo la pica solo mutó con el reemplazo de la sustancia ingerida a una “más aceptable”, pero esta se presenta en altas cantidades, debido a que ya no hay alguien que controle a Julián, y siente que puede hacer lo que quiera en su casa. Esto se debe a que cuando era niño, no llegó a comprender por qué lo hacía, ni por qué debía dejar de hacerlo, simplemente, el mensaje que recibió es que era un mal niño por comer papel.

Llevar a los pequeños a terapia es preocuparnos por su salud mental y tomar la decisión de mantener una crianza responsable, si no es posible llevarle a un especialista, se puede averiguar, e investigar sobre el tema antes de hacer un juicio propio sin apoyo argumentativo. Hay soluciones y la mayoría de cosas que ocurren en los niños ya tienen explicación y un abordaje apropiado, abrirnos a una nueva forma de tratarlos será un gran avance para cada padre.

Referencias

Asociación Americana de Psiquiatría, (2014). Guía de consulta de los criterios diagnósticos del DSM-5. Washington DC, Londres.

Livingstone, C. (2000). Guía de bolsillo de la clasificación CIE-10. Clasificación de los trastornos mentales y del comportamiento con glosario y criterios diagnósticos de investigación. Madrid: Editorial medica Panamericana

Trastorno de ansiedad social

¿Qué es el trastorno de ansiedad social?

También conocido como fobia social, es un miedo intenso y persistente en una o más situaciones sociales en las que el sujeto esta expuesto ante personas desconocidas o a la posible evaluación por parte de los demás.

Si bien se sabe que no hay una buena causa específica de la ansiedad social, las primeras experiencias vividas durante nuestra niñez son esenciales para favorecer o reducir la predisposición biológica para desarrollar dicha ansiedad. Estas primeras experiencias de aprendizaje, generalmente, la vamos a vivir en el hogar, luego, entramos en contacto con pares de nuestra edad, que se suele dar en el colegio.

¿Qué causa el trastorno de ansiedad social?

Los médicos no saben que es lo que causa este dicho trastorno de ansiedad social. Posiblemente sea hereditario, pero no están muy seguros de que si es debido a una cuestión genética o a una respuesta a una dicha situación traumática (Healthwise, 2023).

¿Cuáles son los síntomas?

Los principales síntomas físicos de la ansiedad social son: Palpitaciones, es decir, la dificultad para respirar que puede sentirse la incapacidad para llenar los pulmones suele ser un síntoma que asusta mucho a la persona; dolor de cabeza; temblor; tensión muscular; ruborización facial que a su vez trae consigo la preocupación de la persona que puede ser notada por los demás que la observan, finalmente, síntomas de calor y frío pueden estar presentes.

La ansiedad social se divide en dos subtipos:

1) Ansiedad social generalizada:

En esta ansiedad hay un temor constantemente a la posible evaluación negativa de los demás en cualquier situación social, estas situaciones puede ser como la idea o acción de ir a una fiesta, de hablar con personas de autoridad, de iniciar y mantener conversaciones con personas que la cual no tenemos mucha confianza, también, el hecho de hacer una llamada telefónica a gente desconocida, o incluso caminar por la calle suele ser situación desencadenante de preocupaciones referidas a cuál aspecto negativo de nosotros está siendo pensado, criticado o evaluando por los demás.

2) Ansiedad especifica:

Esta es menos grave para las personas. Se caracteriza por el miedo a situaciones precisas que implica la interacción con otras personas, por ejemplo:

  • Comer o beber en público.
  • Conocer personas nuevas (socializar).
  • Iniciar o mantener una conversación con personas desconocidas.
  • Hablar en público o por teléfono.
  • Asistir a eventos, reuniones o fiestas (incluso por el propio cumpleaños).

Una historia de trastorno de ansiedad social:

Mi nombre es Ana, tengo mucho miedo a hacer amigos y socializar. Me cuesta conocer personas nuevas, hablar en público o por teléfono, me bloqueo y se me nubla la mente; no me gusta asistir a eventos sociales, tampoco me gusta festejar mi cumpleaños. Gracias a eso, lastimosamente, perdí muchos trabajos, amigos y me olvide del mundo social. Me preocupa bastante y no se que hacer, ¡necesito ayuda! Siento palpitaciones, dificultad para respirar, mi corazón se acelera… Me pasa desde el colegio, recuerdo que, durante mi época escolar, mis notas eran muy bajas porque me costaba trabajar en grupo con mis compañeros, así como hacer exposiciones en público, simplemente, me alejaba de todos mis compañeros y me pusieron el apodo de «rara», entonces me sentí mal, pero lo dejé pasar. Ahora siento que me persigue y me perjudica en el ámbito laboral, ¡necesito ayuda!

Ana debió buscar ayudar en ese momento, pero «lo dejó pasar» y se prolongó y sus consecuencias llegaron incluso al ámbito laboral, si a ustedes les pasa lo mismo, no lo pasen por alto, busquen ayuda profesional.

¿Cómo se trata?

El tratamiento del trastorno de ansiedad social requeriría la intervención psicológica, como la terapia cognitivo conductual. En casos específicos, se optaría por medicamentos antidepresivos, dependiendo de cuán grave sea el nivel de dicho trastorno.

Si quieres dominar la ansiedad de la vida, vive el momento, vive en la respiración.

Amit Ray

No anticipes los problemas ni te preocupes por lo que pueda suceder: mantente bajo la luz del sol.

Benjamín Franklin

Referencia

Healthwise (2023). Trastorno de ansiedad social. https://www.cigna.com/es-us/knowledge-center/hw/temas-de-salud/trastorno-de-ansiedad-social-hw177276

Trastorno explosivo intermitente (TEI)

Tener momentos de intensos de ira no es fácil, tienes que “controlarte”, pero a veces es difícil evitarlo, uno se enoja rápido y eso causa mucho estrés.

Vamos a proponer una palabra clave, agresividad. ¿Qué entendemos por agresividad? Es una conducta emocional de odio y rabia, es un enojo que no se puede contener y que se transmite a terceras personas, hacia objetos materiales, incluso hacia si mismos, pero esta agresividad no es solamente un «voy y te grito», «te doy un golpe y se acabó». No, existe un daño, tanto físico como psicológico, ¿pero qué es lo que este trastorno tiene como punto importante? Que la conducta impulsiva se da o se puede provocar de la nada, la persona está bien, y, a la mínima provocación, «estalla», es más, es posible que ni siquiera hay una provocación para que suceda.

El TEI también se presenta por arrebatos repentinos, pero con mayor agresividad, y, frecuentemente, en la vida de la persona que padece este trastorno. Es imprescindible informarnos acerca de este comportamiento, para poder reconocerlo y tener en cuenta las características que se presentan durante el mismo.

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Si observamos a una persona que suele tener episodios de ira con frecuencia y la reacción que presenta es rápida y excesiva ante problemas muy pequeños, estamos presenciando una característica que no podemos pasar por alto, si esta misma hiere a los animales o una persona, física y verbalmente, ya se convierte en una de las características más comunes de problemas de ira, aquí también se involucra el arrepentimiento frecuente de lo que hace o dice al momento de sentir ira, y la manera más común de hacerlo notar es con el llanto y la angustia, sin duda es un impacto perjudicial en las relaciones amicales, sentimentales, laborales, etc. Pero también se pueden presentar daños materiales en las descargas de ira, un ejemplo sería el romper objetos cuando se está enojado. Con tan solo imaginar este acto, hace que nos pongamos a analizar nuestro comportamiento y recordar algunos episodios de nuestra vida, si es que hubiera alguna similitud.

Muchos se preguntarán el punto de partida de este trastorno, cómo surge, a partir de qué edad inicia y quiénes lo padecen más, si acaso son los hombres o las mujeres. Bien, pues, es más frecuente en varones y es probable que se origine a partir de los seis o siete años, aproximadamente, sin embargo, podemos decir que donde realmente se manifiesta es durante la adolescencia, los factores de riesgo que encontramos son el maltrato físico en niños y los diversos sucesos traumáticos que puedan acaecer.

Si la ira es un sentimiento de enfado muy grande y violento, entonces tenemos que aprender a lidiar con ella, porque, después de todo, es un comportamiento aprendido. Debemos desaprender el responder de manera furiosa e incontrolable ante situaciones que nos parecen injustas y nos frustran, asimismo, debemos aprender a identificar las situaciones de ira y desarrollar un plan, en caso de que nos expongamos a estas situaciones, como podría ser: alejarme o evitar las situaciones que puedan desatar mi ira; salir a caminar es una muy buena idea; llamar a un amigo, cuando se siente que tal situación se va a dar; tratar de calmarse y relajarse; mejorar el cuidado personal; evitar el consumo de café en altas concentraciones, así como del alcohol y las drogas.

Entonces, si te identificas con estos aspectos, o si conozcas a personas que sufran ataques de ira con frecuencia, busca ayuda psicológica, porque la ira sin control solo genera violencia, y, sobre todo, te destruye a ti y todos los que te rodean.

Referencias

Mayo Clinic (2021). Trastorno explosivo intermitente. https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/intermittent-explosive-disorder/symptoms-causes/syc-20373921

MFMER (2021). Trastorno explosivo intermitente. https://middlesexhealth.org/learning-center/espanol/enfermedades-y-afecciones/trastorno-explosivo-intermitente

Agud, C. (2021). ¿Qué es el trastorno explosivo intermitente o ira? https://www.salud.mapfre.es/cuerpo-y-mente/psicologia/trastorno-explosivo-intermitente-ira/

Trastorno del sueño y vigilia

Los trastornos del sueño pueden afectar la cantidad, calidad o duración del sueño debido a causas emocionales. Sabemos que el dormir es uno de los factores primordiales del ser vivo, y que durante el sueño reparamos nuestro organismo, así como nuestro sistema inmunológico. Sin embargo, hoy en día dormimos muy mal, ya sea por las pantallas, las preocupaciones, entre otras razones que nos alteran. No obstante, podemos de tener una vía de escape para esos momentos de estrés que mencionaré más adelante.

¿Qué es?

El estudio del sueño es un fenómeno complejo que demanda un abordaje interdisciplinario. La conducta vinculada al sueño y los trastornos que de ella pueden derivar, son un fenómeno influido por diversos factores económicos, sociales, de salud física y mental, así como hábitos individuales (Zapata et al. 2021). Collado (2016) refiere que las altas tasas de morbilidad vinculadas a trastornos del sueño, se han convertido en un problema de salud pública.

Para que entendamos un poco más, les comentaré sobre las cuatro fases del sueño (Lonzi, 2017):

  1. Fase 1: Somnolencia.
  2. Fase 2: Sueño ligero.
  3. Fase 3: Sueño profundo.
  4. Fase 4: Sueño muy profundo.

Les daré un ejemplo: Cuando nosotros estamos a punto de dormir, empezamos a cerrar los ojos, así entramos a la Fase 1, y de repente, estamos durmiendo. Varios de nuestros órganos dejan de funcionar como lo hacían y entramos en la Fase 2, en la cual descansamos. De ahí, empezamos la Fase 3, la mas corta, y se da cuando entramos al sueño profundo donde nuestro cuerpo está en un estado de relajación profundo. Por último, llega la Fase 4, esta es la etapa mas importante de nuestro sueño, verás que es muy difícil de despertar de esta fase.

También se considera una quinta fase, la llaman Fase del sueño REM, pero preferiremos explicarlo por separado, ya que estas son funciones normales que suceden dentro de las fases conocidas como REM y NO REM.

Funciones del sueño

  • REM (MOR): significa Movimiento Ocular Rápido, donde el cerebro y el organismo se energizan, y es cuando se sueña.
  • NO REM: donde se ayuda al cuerpo a reparar tejidos, reconstruir huesos, músculos, y, a fortalecer su sistema inmunológico.

En la psicología tenemos libros que nos hablan del trastorno del sueño, tal y como el CIE-10. En este libro tiene como título «trastorno no orgánico del sueño» (F51).

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Dentro del CIE 10

F51.0 Insomnio no orgánico

Se caracteriza por una cantidad o calidad de sueño insatisfactorio, que persiste durante un período considerable de tiempo, e incluye dificultad para conciliar y mantener el sueño, o despertar precoz. Es el tipo más frecuente de trastorno.

Este tipo de trastorno, a veces, suele pasar por tener pensamientos rumiantes, tales como: «No tengo para pagar el colegio», «no tengo para el alquiler», «no tengo para las compras». Pero, literalmente, tú puedes elegir esos pensamientos, y tú los puedes cambiar.

F51.1 Hipersomnia no orgánico

La principal característica de la hipersomnia idiopática es la somnolencia excesiva durante el día, al menos, durante un mes, evidenciado por un sueño prolongado (mayor de ocho horas) con la calidad del sueño normal, dificultad al despertar, somnolencia en las horas habituales de vigilia, por lo que hay siestas intencionadas y sueños inadvertidos.

El síndrome de Kleine Levin es una hipersomnia recurrente en donde los individuos pueden llegar a tener 18 a 24 horas de sueño, se asocian con desinhibición como hipersexualidad y episodios de ingesta excesiva y compulsiva y ganancia de peso. (Consejo de Salubridad de México, 2020)

Una enfermedad dentro de la hipersomnia: Narcolepsia

Esta se caracteriza por una excesiva somnolencia dentro del día, acompañada, por lo general, en la mayoría de los casos de cataplejías, estos son episodios repentinos de debilidad muscular.

F51.2 Trastorno no orgánico del ciclo sueño-vigilia

También llamado «trastorno del ritmo circadiano», es un ritmo biológico, este no nos permite estar despiertos durante el día y dormidos durante la noche.

  1. Retraso de la fase de sueño: Conocido como «ave nocturna», con una dificultad para poder dormir temprano por las noches y siempre se levantará tarde al día siguiente.
  2. Desfase por cambio de horarios (jetlag): las personas que viajan y cambian de horario repentino.
  3. Trabajos en turnos: cambios de turno de trabajo.
  4. Ritmo distinto de 24 horas: Suele pasar en pacientes con ceguera con trastornos hormonales o ambientales, que hace que su ritmo cambie todos los días entre una a dos horas por motivos desconocidos (estos pacientes tienen un día de 25 horas).

F51.3 Sonambulismo

Ocurre en el primer tercio de la noche, cuando predomina el sueño NREM, y, en particular, las fases 3 y 4, el sujeto que lo padece inicia una deambulación nocturna inconsciente, unida a diversos comportamientos “complejos”. (Almenar y Campillo, s/f)

En la fase en la que ocurre, la persona esta en un sueño profundo y constituyente. Es posibles que las causas sean la fatiga, ansiedad, falta de sueño, alcohol, medicamentos o un factor hereditario. En la mayoría de casos, suele pasarles a los niños más que a los adultos, y no genera riesgos. En cambio, en cuanto a los adultos mayores, esto podría ser un síntoma de un trastorno neurocognitivo que afecte las funciones mentales.

F51.4 Terrores del sueño

Se caracterizan por ser episodios nocturnos de terror y pánico que se acompañan de gritos, movimientos bruscos e hiperactividad vegetativa.

A diferencia de una pesadilla, una vez que pasa, el niño se vuelve a dormir rápidamente y no recuerda nada. Estos podrían resultar alarmantes, pero no es una causa de preocupación ni una señal de un problema medico más serio (Rubik s/f). Un episodio puede durar entre cinco y quince minutos.

F51.5 Pesadillas

Experiencias oníricas acompañadas de ansiedad o miedo, existe un recuerdo muy detallado que implica una amenaza para la supervivencia, la seguridad o autoestima. Con frecuencia, suele repetirse el mismo tema. No existe amnesia al evento, ni problemas en la orientación. También incluye trastorno de ansiedad del sueño. (Varela, 2014)

En periodos de estrés aumentan las pesadillas, ensoñaciones con mucha carga emocional y vivencias con contenido desagradable que aparecen en la fase REM. (Callejo, 2020)

File:Man Sleeping in Bed Cartoon Vector.svg - Wikimedia Commons

¿Qué hacer para tener un buen sueño y vigilia?

  • Higiene del sueño.
  • No consumir alcohol ni drogas.
  • Tener un horario para poder levantarse y dormir.
  • Actividades de relajación.
  • No fumar.
  • Evitar luz de pantallas o celulares.
  • Evitar la cafeína.
  • Recurrir a los fármacos como último recurso.

Conclusiones

Si el trastorno corresponde a un síntoma de una enfermedad psiquiátrica o médica, esta deberá tratarse de acuerdo a los lineamientos específicos de la patología de base. Las parasomnias pueden ser esporádicas y reversibles.

Queda destacar que, en este grupo de edad ya mencionada, la mayor parte de los problemas de sueño son en realidad de origen extrínseco, es decir, generados ambientalmente por malos hábitos o conductas durante el sueño, lo cual pone de relieve la importancia que tiene la información y educación sobre este tema y sus consecuencias en este grupo de edad, como una medida preventiva a largo plazo que les permita disfrutar de una mejor calidad de vida. (Carrillo-Mora et al, 2018)

Referencias

Callejo, A. (2020). Pesadillas, ¿qué indican? https://cuidateplus.marca.com/bienestar/2020/05/14/pesadillas–indican-173471.html

Carrillo-Mora, P., Barajas-Martínez, K., Sánchez-Vázquez, I., Rangel-Caballero, M. (2018). Trastornos del sueño: ¿qué son y cuáles son sus consecuencias?. Revista de la Facultad de Medicina (México)61(1), 6-20. https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0026-17422018000100006

Organización Mundial de la Salud (1992). CIE-10.

Consejo de Salubridad General (2020). Catálogo maestro de guías de práctica clínica: IMSS-385-10. México. https://dcs.uqroo.mx/paginas/guiasclinicas/gpc/docs/IMSS-385-10-RR.pdf

Lonzi, J. P. (2017). ¿Sabes lo que ocurre en tu cuerpo cada noche? Todas las fases del sueño. https://muysaludable.sanitas.es/salud/fases-ciclos-sueno/

Rubik Centro de Terapia y Formación (s/f). Alteraciones del sueño. https://www.centrorubik.es/alteraciones-del-sueno-y-terrores-nocturnos

Varela, A. (2014). Trastorno del sueño. Pesadillas. Universidad Nacional de Costa Rica. https://www.studocu.com/latam/document/universidad-nacional-de-costa-rica/psicopatologia/trastorno-del-sueno-pesadillas/5170703

Zapata Salazar, J., Ríos, J., Ramirez, S. (2021). Confinamiento por COVID-19 y detección de trastornos no orgánicos del ciclo sueño-vigilia en deportistas de alto rendimiento. Nova scientia13(spe)Epub. https://doi.org/10.21640/ns.v13ie.2735