El Síndrome de la cabaña en tiempos de coronavirus

¿Qué es el Síndrome de la cabaña?

Antes de la aparición del COVID-19, ya se había mencionado al Síndrome de la Cabaña, pero nunca antes se había investigado tanto como ahora que el confinamiento ha sido masivo.

Un síndrome es el conjunto de síntomas cognitivos, emocionales y conductuales, generado por uno o varios eventos y/o circunstancias que impliquen un cambio en las condiciones de vida de las personas.

Una persona o un colectivo social con este síndrome presentan pensamientos catastróficos, ya que perciben como altamente peligrosa la exposición, ya sea mental (imaginaria) o real, al tener que salir de un espacio concreto (desconfinamiento), y en consecuencia, sienten un malestar significativo. Por este motivo, prefieren continuar recluidos en casa o en el espacio de cuatro paredes que perciben como su «Lugar seguro».

¿Cómo surge este término?

Tal cual su nombre lo indica, el «Síndrome de la cabaña» viene de la percepción de seguridad que otorga el permanecer encerrados en nuestras propias «cabañas». No se trata de un trastorno mental, ya que debido a sus características se categorizaría como un síndrome.

El origen de este término, tiene dos vertientes, cada una de ellas compuesta por grupos de trabajadores que pasaron largas temporadas resguardados dentro de chozas o cabañas (las cuales les servían de protección ante el clima, depredadores, etc.), en zonas lejanas a su hogar. La primera se remonta al siglo XIX, y se refiere a los buscadores de oro en EEUU. La segunda se remonta a los inicios del siglo XX, y se refiere a un grupo de exploradores destinados a trabajar en el polo norte. En ambos casos, al retornar a sus hogares, la mayoría de los trabajadores tuvieron dificultades para adaptarse a sus anteriores rutinas de vida, mostrando cierto rechazo a la civilización, ansiedad y otros síntomas que se atribuyeron al miedo a salir de casa. (BBC Mundo, 2020).

El Síndrome de la Cabaña y el COVID-19

La sintomatología percibida por los grupos de trabajadores mencionados previamente, coincide con los síntomas que experimenta la población mundial actual, ya que en ambos casos la lucha más importante esta direccionada a sobrevivir ante una situación adversa.

Es interesante analizar que inicialmente el hecho de tener que estar en confinamiento, generó que se experimentaran sensaciones de insatisfacción, aburrimiento, desosiego, necesidad de romper la rutina e irritabilidad en la mayoría de la población. (BBC Mundo, 2020).

Actualmente la causa principal de este síndrome es el miedo a contraer el virus, hasta cierto punto este miedo puede considerarse adaptativo ya que nos mantiene alerta para sostener conductas que fomenten la higiene y salud. Sin embargo, este miedo se podría convertir en desadaptativo al momento de tomar ciertas decisiones que limiten nuestras experiencias de contacto social, académicas, laborales, de exploración y pasatiempos.

Estar encerrados por mucho tiempo en un mismo lugar, genera que, como mecanismo de adaptación, seleccionemos de nuestra mente, todas las cosas buenas de permanecer ahí, empleando auto-afirmaciones como: «Acá estoy a salvo», «Nada malo puede pasarme estando en este espacio». Y lo hacemos de una forma repetitiva y constante, así como también, filtramos todos los argumentos negativos del riesgo que implicaría salir de casa.

Así mismo, cuando van pasando los meses, se origina el acostumbramiento a espacios reducidos, y la adaptación a la nueva rutina de vida, es entonces cuando el pensar en la libertad de movilización se convierte en el problema central.

Esta pandemia ha confinado a la población mundial, y de cierto modo el hogar se ha transformado en un espacio de resguardo y seguridad. En esta situación actual, los argumentos de no salir de casa, tienen un sustento de protección real, que es validado por la sociedad.

El Síndrome de la cabaña en las cárceles y hospitales

Antes de la pandemia COVID-19, ya se había analizado el Síndrome de la cabaña en casos de personas que habían tenido que estar recluidas por un tiempo considerable, como por ejemplo, en convictos que estaban por recuperar su libertad y en pacientes de hospitales que estaban por ser dados de alta, o que ya se encontraban en casa, pero continuaban arrastrando los síntomas.

Algunos de los principales temores en convictos o ex convictos, se centran en la reinserción social, en el riesgo de volver a delinquir por escases económica, por retornar a una familia disfuncional, por recaer en el abuso de sustancias, etc. Mientras que, para las personas que son dadas de alta en los hospitales, se encuentra el temor a reincidir en algunos síntomas de la enfermedad previamente detectada, angustia por no tener a disposición al personal de salud para controles constantes, como a los que estaban acostumbrados, entre otras.

¿Qué nos hace más vulnerables a este síndrome?

Este síndrome puede ser desarrollado mayormente en personas que hayan tenido dificultades previas a nivel emocional, especialmente aquellas centradas en la percepción de estímulos ansiógenos, tales como: El trastorno de Ansiedad Generalizada, Agorafobia, Misofobia o fobia a los gérmenes, Trastorno obsesivo compulsivo, especialmente el de tipo contaminación (Hace referencia a la obsesión por la limpieza o por la higiene personal). 

Genéticamente, se podría considerar a personas con neuroticismo (predisposición a vivenciar emociones desagradables).

También es importante resaltar que aquellas personas que estén haciendo una cuarentena estricta, y que no hayan salido de casa desde que la pandemia inició, tengan una mayor probabilidad a desarrollar el síndrome de la cabaña.

Por último, este síndrome tendría mayor oportunidad de desarrollo en personas que hayan sufrido de COVID-19, o que hayan tenido alguna pérdida familiar, esto podría verse asociado a un cuadro depresivo – ansioso.

¿Cuáles son los síntomas?

Sintomatología a nivel cognitivo: Pensamientos catastróficos, aparecen anticipaciones relacionadas con la posible aparición de una crisis de ansiedad. Así como también, pensamientos intrusivos (Ideas o imágenes no deseadas que aparecen de manera espontánea, pensamientos desagradables involuntarios y obsesivos).

Sintomatología a nivel fisiológico: Respiración rápida y sensación de ahogo (hiperventilación), sudoración, aturdimiento, mareos, taquicardia (frecuencia cardíaca acelerada), entumecimiento, hormigueo o temblores en las extremidades, escalofríos, enrojecimiento, malestar estomacal.

Sintomatología a nivel conductual: Prevalece la evitación al estímulo temido (salir de casa, contacto social presencial).

Sintomatología a nivel emocional: Irritabilidad, nerviosismo, angustia, sensación de pérdida de control, apatía (falta de motivación y de entusiasmo ante cualquier estímulo externo), agotamiento (sensación de cansancio), dificultades para concentrarse, insomnio (dificultad para conciliar el sueño), o alguna otra alteración en el estado de sueño.

¿Cuál es la diferencia con la Agorafobia?

Es importante diferenciar al Síndrome de la cabaña, con el Trastorno de Agorafobia, este último resulta ser una de las fobias más comunes.

Los síntomas típicos de la agorafobia comprenden el miedo a: Salir de casa solo, a las multitudes o esperar en una fila, a los espacios cerrados, como cines, ascensores o tiendas pequeñas, espacios abiertos, como estacionamientos, puentes o trenes, y a usar el transporte público, como autobuses, aviones o trenes.

Mientras que, en el síndrome de la cabaña aparece el temor a salir de un espacio en el que se permaneció por mucho tiempo para evitar una consecuencia negativa pero probable, como el contagio del virus; el mayor temor de una persona con Agorafobia, es el encontrarse en espacios abiertos en dónde hayan varias personas, y se pierda el control de lo que pueda suceder en situaciones que, por su propia naturaleza, no coinciden con el malestar.

A pesar de las diferencias entre ambos, los síntomas de este síndrome, podrían volverse más crónicos y desarrollar un trastorno por agorafobia. A continuación, se coloca un cuadro comparativo entre ambos:

¿Cómo afrontar este síndrome?

Por lo general, el síndrome de la cabaña debería desaparecer o al menos disminuir por sí mismo con el tiempo, a medida que la situación externa se normalice o se adapte a una nueva condición.

De todas maneras, se plantean las siguientes sugerencias:

-Reconocer la ansiedad, y los factores desencadenantes frente a este tema.

-Llevar un registro de pensamientos (tipo diario), para identificar los de tipo catastróficos, y posteriormente poder cuestionarlos.

-Elaborar un nuevo patrón de gestión individual, en base a sus propias características, identificando necesidades y recursos.

-Identificar los miedos, y empezar a exponerse a estos, en un inicio de forma imaginaria, y paulatinamente de forma presencial. Esto para poder afrontar los miedos, sin necesidad de evadirlos, esta estrategia permitirá que las personas corroboren por sí mismas que la intensidad de muchos temores no es congruente con la vivencia real.

Dichos aspectos se vinculan a un proceso de re-aprendizaje, en donde es importante considerar que todas nuestras emociones son adaptativas, y que podemos transformar el miedo en valentía.

En caso que los síntomas sean muy intensos, lo sugerible es asistir a terapia psicológica, especialmente para tener un abordaje centrado en la Terapia Cognitivo Conductual.

Bibliografía

American Psychiatric Association (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5ª ed.). Washington D. C.: American Psychiatric Association.

BBC Mundo. (2020). Obtenido de https://www.bbc.com/mundo/noticias-52091584

Clark, D. M. (1989). Anxiety states: panic and generalised anxiety. In K. Hawton, P. M. Salkovskis, J. Kirk Y D. M. Clark (Eds), Cognitive therapy for psychiatric problems: a practical guide. Oxford: Oxford University Press.

Maria Alejandra Muñoz Muñoz

Directora Consultora Warayana Psicóloga Clínica

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