CLEPTOMANÍA. ROBAR PARA SENTIR

Hace unos días, empecé a buscar una serie nueva en Netflix, y encontré «Trinkets», que trata de un grupo de adolescentes que se conocen en terapia grupal «Ladrones anónimos», que brinda tratamiento a personas diagnosticadas con cleptomanía. La cleptomanía es un trastorno psicológico del grupo de trastornos del control de los impulsos, una persona con cleptomanía reúne la siguiente sintomatología: Obsesiones (pensamientos o imágenes intrusivas), compulsiones, ansiedad extrema, impulsividad, inadecuada regulación social.

Me resulta muy interesante analizar esta serie, ya que estos casos no son muy comunes en la consulta privada porque la mayor parte de ellos se descubren al cometer el acto delictivo y son derivados a terapia psicológica del estado por asuntos legales.

Esta serie está basada en la novela «Cleptómanas» de Kirsten «Kiwi» Smith (2013), quien describe la vida de tres adolescentes, Tabitha, Elodie y Moe, quienes inician un proceso de introspección y de apoyo grupal por tener conductas de cleptomanía.

Revisando investigaciones de estudios de casos con cleptomanía, se han identificado reacciones cíclicas, las cuáles grafiqué de la siguiente manera:

Se trata de un círculo vicioso, en dónde el robo se convierte en un canal de escape a la realidad vivenciada por las personas con cleptomanía. Por ejemplo, en el caso de Eloy, el personaje protagonista de la serie, quien tuvo que lidiar con la experiencia traumática de perder a un ser amado.

«La primera vez que robé fue por accidente. Salí de la tienda con un paquete de caramelos Starbust en la mano que había olvidado pagar. Mi madre ya llevaba meses enferma y aquel día estaba de mal humor. Podría haber vuelto a la tienda pero sentí que merecía un regalo, un obsequio, algo bueno, porque si existen unas fuerzas que deciden llevarse a la gente al azar, también debería haber fuerzas que decidieran dar cosas gratis al azar». Fragmento extraído del libro «Cleptómanas» de Kirsten «Kiwi» Smith (2013)

Se recurre al robo como canalizador de emociones negativas, como si luego de caminar largo rato en el desierto se pudiese beber un poco de agua. Y es justamente esa sensación «revitalizante», la que genera la adicción a este comportamiento. Sienten ansiedad antes del robo, la cual se va transformando en excitación, alivio o placer durante el mismo.

En este contexto, la mayor parte de las veces, la acción de robar no es planificada, ya que corresponde a un momento de arrebato. En dónde a más compleja sea la sustracción del bien(es) sin ser descubierto(a), mayor dificultad para resistirse al impulso.

Es cierto que, una vez cometido el robo baja la intensidad de la ansiedad o del malestar en general, en el transcurso de un breve tiempo, aparecerá una sensación de culpa por no haber ganado la lucha para oponerse al impulso, por haber vuelto a incurrir, en algo que se sabe, está mal. Así como una sensación de vergüenza y miedo.

«El problema de recurrir a la cleptomanía para aliviar tus problemas es que necesita ser activada una y otra vez». Fragmento extraído del libro «Cleptómanas» de Kirsten «Kiwi» Smith (2013)

Estos objetos hurtados no suelen ser elegidos por su costo o por su prestigio de marcas, en algunos casos aquello que se roba es algo simbólico a una necesidad o carencia netamente emocional.

Independientemente del valor económico, en un caso de cleptomanía está en juego el valor emocional, me refiero a la vinculación que se forja con el objeto robado, que viene a ser como un reconocimiento, un premio a la astucia, al no dejarse descubrir, al poder engañar, al poder controlar.

«Las razones por las que hurtamos son diversas, pero todas tienen en común la euforia que siente un adicto al tomar su dosis de droga… Para algunos de nosotros el hurto está motivado por la pérdida. Cuando perdemos a una persona, el puesto de trabajo, los ingresos… sentimos un vacío interior, y robar lo llena. Para otros, robar es un acto de rebeldía contra un mundo que no podemos controlar». Fragmento extraído del libro «Cleptómanas» de Kirsten «Kiwi» Smith (2013)

La persona con cleptomanía es consciente de que robar es una acción negativa, ilegal, rechazada socialmente, etc. por lo que la experiencia le parece incongruente consigo mismo (ego-distónica) (APA, 1995). Aún así, es probable que cada vez la persona busque condiciones más extremas para efectuar el robo, ya que esta conducta se va convirtiendo en su principal mecanismo de alivio a la activación interior generada por el malestar inicial.

«Al tener un mal día, me daba un premio yendo a una tienda a robar algo. Eso era lo que me daba la felicidad». Fragmento extraído del libro «Cleptómanas» de Kirsten «Kiwi» Smith (2013)

Pero, ¿Qué ocurre con los objetos robados? Con frecuencia no los utilizaran, los acumularan en un rincón del armario o se desharán de ellos, regalándolos o votándolos. Esto porque lo que realmente les importa es el proceso del robo, no la permanencia del objeto.

Respecto al curso de la cleptomanía, existen tres modalidades: La esporádica, en dónde suelen darse episodios breves con procesos de remisión, la episódica, en dónde los periodos de robo y remisión son más extensos, y la modalidad crónica. APA (1994).

En las sesiones de terapia es necesario ayudar al paciente a identificar las causas que se ocultan tras el acto de robar para poder neutralizarlas. Tomando en cuenta que a menudo personas con este diagnóstico presentan alteraciones en sus relaciones interpersonales, por lo que no cuentan con redes de apoyo estables.

Grant, Suck y Grosz (2003), establecen que el robo puede desencadenar problemas legales, arrestos, multas, sanciones. Hecho que incrementa sus síntomas depresivo – ansiosos, la culpa y la humillación.

Todas las explicaciones acerca del robo, independientemente del punto de fijación, nos hablan acerca de una expresión de necesidades infantiles no satisfechas, además de la evitación del dolor y la gratificación de los impulsos.

Otras teorías afirman que la conducta de hurto es una reacción a un profundo sentimiento de inferioridad, lo que le otorga a la persona una autoimagen momentánea de «fortaleza».

Grant propuso recientemente que el modelo de la conducta adictiva puede ser apropiado para los individuos con cleptomanía, por la compatibilidad e intensidad en algunos síntomas.

También se ha considerado a la cleptomanía como una forma de expresión de la agresividad interna. (McElroy et al., 1991b).

Los psicoanalistas interpretan el síndrome como un reflejo de una defensa inconsciente del ego contra la ansiedad, los instintos o deseos prohibidos, los conflictos no resueltos. Se le atribuyó un significado simbólico al acto en sí mismo, al objeto robado y a la víctima del robo.

Otros autores, han considerado esta conducta como una forma de auto-punición, castigo generado por las emociones que aparecen posterior al robo, o mediante una búsqueda de castigo externo mediante la humillación y demás riesgos.

«Algunos robamos porque nos parece una compensación justa ante lo mucho que hemos perdido». Fragmento extraído del libro «Cleptómanas» de Kirsten «Kiwi» Smith (2013)

La psicopatología más asociada a la cleptomanía son los trastornos de personalidad, depresivos, ansiosos, trastornos de la conducta alimentaria, trastorno obsesivo compulsivo, de acumulación, y con las disfunciones sexuales. Hudson y Pope (en Dannon et al.,2006).

La Terapia Cognitivo Conductual «TCC», suele ser una de las alternativas con mayor evidencia científica de eficacia, algunas de las actividades a desarrollar en las sesiones son: Llevar un diario que registre las principales experiencias y emociones percibidas con el objetivo de llegar a identificar los factores desencadenantes. identificar actividades placenteras que sean saludables, proveer de formas alternativas de satisfacción, deshacerse o destruir los objetos robados.

También se reconoce con un alto grado de efectividad la técnica de sensibilización conversiva, en la que se ayuda al paciente a visualizarse en la escena del robo, pero centrándose en consecuencias negativas, como por ejemplo la humillación social de ser descubierto. Así mismo, una de las técnicas más usadas es la desensibilización sistemática, en dónde mediante ejercicios de respiración y relajación el paciente imaginará que atraviesa por los episodios de impulsividad al robo, frenándolos mediante la reducción de los factores estresores.

Existen otras técnicas parte de la TCC, como la terapia de aversión, en la cuál se entrena al paciente a ejecutar técnicas levemente molestosas, incómodas, o hasta dolorosas, como por ejemplo, aguantar la respiración hasta que cese el impulso de robar.

En este tipo de casos es muy recomendable la terapia grupal, porque al escuchar relatos de personas con pensamientos similares, la sensación de culpa se reducirá.

BIBLIOGRAFÍA:

American Psychiatric Association. (1995). Diagnostic and statistical manual of mental disorders: dsm iv. Washington, DC: American Psychiatric Association

Fenichel O. (2009) Teoría Psicoanalítica de las Neurosis. Editorial Paidos. México

Fishbain DA. Kleptomania as risk-taking behavior in response to depression. Am J Psychother 41 (4):598-603, 1987.

Grant, J.E., Suck, W.K., Grosz, B.A (2003). Perceived stress in Cleptomania.
Psychiatric Quarterly, 74 (3), 251-258.

Grant JE. Understanding and treating kleptomania: new models and new treatments. Isr J psychiatry relat sci 43 (2): 81-87, 2006.

McElroy SL, Pope HG, Keck PE, Hudson JL, Phillips KA, Srtakowski SM. Are impulse-control disorders related to bipolar disorder? Copmr Psychiatry 37: 229-240, 1996.

McElroy SL, Pope HG, Hudson JI et al. Kleptomania: a report of 20 cases. Am J Psychiatry 1991b; 148: 652-657

Smith, K. (2019). Cleptómanas. Editorial Nube de Tinta. Chile

Turnbull JM. Sexual relationships of patients with kleptomania. South Med J 80 (8):995-998, 1987.

Maria Alejandra Muñoz Muñoz

Directora Consultora Warayana Psicóloga Clínica

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