¿Alguna vez haz creído estar a la deriva? ¿Un día estuviste muy feliz porque te hicieron sentir que eras una de las personas más valiosas del mundo, pero, irónicamente, al día siguiente te hicieron sentir que eras la persona más mala de todas? La respuesta es que podríamos estar ante una persona con un trastorno de la personalidad pasiva-agresiva.
Estas personas te hacen comentarios pasivos, que no parecieran malos a simple vista, pues lo hacen sutilmente. Como ejemplo tendríamos: “María, te ves muy mayor, ¿qué ha pasado?, ¿te lo digo por tu bien”; “¿Qué más sabes hacer aparte de cocinar?, solo pregunto”, “¿Cómo vas a hablar así? Deberías informarte más”.
No conocen la asertividad
En pocas palabras, así se definiría a estás personas, no conocen sobre normas sociales, no saben hablar asertivamente, solo fingen la empatía, y muchas veces, caen en el exceso de vanagloriarse a ellos mismos y sus logros, por ese lado tienen mucha semejanza con el trastorno narcisista.
A continuación, una lista de acciones que ejecutan.
Son ambiguos con sus acciones, en un momento te pueden decir que harán una cosa y al final no la cumplen, alegando que se olvidaron de ello.
Son los eternos incomprendidos: dicen que nadie los escucha, cuando ellos no muestran empatía, ni saben comunicarse con respeto hacia los demás.
Solo llenan de elogios a los demás cuando quieren grandes favores.
Critican mucho a los demás, piensan en blanco o negro, no hay puntos medios.
Critican cualquier pequeña acción (una mirada, alguien que no les contesto, no contestarle las llamadas, etc.); demonizan a las personas, empiezan una verborrea psicológica contra ellas, haciéndoles sentir mal emocionalmente.
No dan libertad, quieren aprisionar a las pocas personas que pueden controlar a su alrededor.
Son lindos y te hacen favores, pero todo es a cambio de algo.
No expresan su ira y la sueltan de forma indirecta, con agresiones sutiles.
No son buenos compañeros de trabajo
Tienen actitudes obstruccionistas para las personas que padecen este trastorno, es importante que los que lo rodean no obtengan lo que quieren. Actúan como si les estuvieran dando lo que quieren, pero rara vez seguirán adelante ni darán lo que se les pide. Es muy confuso tener a alguien que aparenta dar y no lo hace en realidad. Por tanto, habrá disputas no solo en lo laboral, sino en cualquier ámbito social. (Guerri, 2022)
Método de la piedra gris para llevarse con estas personas
Si ya no tienes más alternativa que vivir con una persona que padece este trastorno, lo mejor es aplicar el método de la piedra gris, este consiste en volvernos unas personas netamente neutrales en todo sentido: en nuestras respuestas y en nuestra manera de actuar. Responderemos al pasivo-agresivo con monosílabos de sí o no, o daremos respuestas cortas, que este no pueda refutar, tampoco empezaremos conversaciones sobre nuevas cosas. El principal objetivo es parecer aburridos para esta persona, para que de ese modo, ya no nos vea como su blanco de críticas.
En algunas ocasiones, se puede percibir que personas cargadas emocionalmente (con ansiedad) se vean provocadas a que tengan el comportamiento compulsivo por comer demasiadas cosas. Pero la vida nos sorprende con otro lado, aunque comparten el hecho de comer cosas no nutritivas, llega al punto de que lo que ingieren ni siquiera es un alimento, estamos hablando de la “pica”. Esto consiste en “ingerir sustancias no nutritivas y no alimentarias” (Guía de Consulta de los criterios diagnósticos del DSM-5, 2014).
Dichas sustancias pueden ser el papel, barro, suciedad, cabello, hielo, entre otras. Ahora bien, este signo puede presentarse acompañando a un trastorno de la salud mental, en dicho caso, se deberá diagnosticar de acuerdo al trastorno en cuestión, pero en otros casos, se presenta solo. Para ser diagnosticado propiamente como pica, se deben cumplir algunos criterios explicados en el siguiente ejemplo:
Julián, de cuatro años, va a la guardería en la mañana, donde las encargadas deben desaparecer el papel higiénico, porque él tiene la costumbre de que cada vez que lo avista, empieza a comérselo y corre para que no se lo quiten. Algo similar pasa en casa, cada vez que el pequeño se encuentra aburrido o viendo la televisión, la mamá lo ve comiendo papel higiénico en un estado de tranquilidad. Esto es una constante desde que él tenía un año y medio de edad. Nadie más de su entorno lo practica y no es algo socialmente aceptable.
Para ser más específicos, los criterios son que el niño debe ser mayor de los dos años, este signo no debe acompañar ningún otro trastorno mental (excepto retraso mental); esta conducta debe presentarse, mínimamente, dos veces por semana, durante un mes o más. Adicionalmente, no debe ser una práctica impulsada por su entorno o sociedad.
Si bien este es un signo de alarma para diversos trastornos como ansiedad, retraso mental, autismo, entre otros; también puede ser un problema conductual que, aun cuando se pueda controlar con indicaciones y reforzadores, si no se trabaja de forma adecuada, solo mutará. En nuestro ejemplo, los padres de Julián controlaron esta conducta con golpes y gritos, tales como: “Deja de hacer eso”, “¿cuándo vas a cambiar?”, “siempre es lo mismo contigo y el papel”.
Luego de mucho tiempo, Julián ya es un adulto de treinta años, que cada vez que llega a casa después de trabajar, va a su refrigeradora, saca una docena de cubos de hielo y se sienta a ver alguna película mientras mastica hielo, no sabe por qué lo hace, pero esto le relaja y se siente bien.
La forma de los padres al abordar el problema, sea con castigos o gritos, debe ser un método controlado porque el contenido de los gritos presentados en el ejemplo, puede provocar problemas emocionales personales (como afectar la autoestima), lo que genera muchos conflictos internos, probablemente, el niño obedezca y deje de hacer esto, pero, quedará una herida emocional de la infancia. En nuestro ejemplo la pica solo mutó con el reemplazo de la sustancia ingerida a una “más aceptable”, pero esta se presenta en altas cantidades, debido a que ya no hay alguien que controle a Julián, y siente que puede hacer lo que quiera en su casa. Esto se debe a que cuando era niño, no llegó a comprender por qué lo hacía, ni por qué debía dejar de hacerlo, simplemente, el mensaje que recibió es que era un mal niño por comer papel.
Llevar a los pequeños a terapia es preocuparnos por su salud mental y tomar la decisión de mantener una crianza responsable, si no es posible llevarle a un especialista, se puede averiguar, e investigar sobre el tema antes de hacer un juicio propio sin apoyo argumentativo. Hay soluciones y la mayoría de cosas que ocurren en los niños ya tienen explicación y un abordaje apropiado, abrirnos a una nueva forma de tratarlos será un gran avance para cada padre.
Referencias
Asociación Americana de Psiquiatría, (2014). Guía de consulta de los criterios diagnósticos del DSM-5. Washington DC, Londres.
Livingstone, C. (2000). Guía de bolsillo de la clasificación CIE-10. Clasificación de los trastornos mentales y del comportamiento con glosario y criterios diagnósticos de investigación. Madrid: Editorial medica Panamericana
También conocido como fobia social, es un miedo intenso y persistente en una o más situaciones sociales en las que el sujeto esta expuesto ante personas desconocidas o a la posible evaluación por parte de los demás.
Si bien se sabe que no hay una buena causa específica de la ansiedad social, las primeras experiencias vividas durante nuestra niñez son esenciales para favorecer o reducir la predisposición biológica para desarrollar dicha ansiedad. Estas primeras experiencias de aprendizaje, generalmente, la vamos a vivir en el hogar, luego, entramos en contacto con pares de nuestra edad, que se suele dar en el colegio.
¿Qué causa el trastorno de ansiedad social?
Los médicos no saben que es lo que causa este dicho trastorno de ansiedad social. Posiblemente sea hereditario, pero no están muy seguros de que si es debido a una cuestión genética o a una respuesta a una dicha situación traumática (Healthwise, 2023).
¿Cuáles son los síntomas?
Los principales síntomas físicos de la ansiedad social son: Palpitaciones, es decir, la dificultad para respirar que puede sentirse la incapacidad para llenar los pulmones suele ser un síntoma que asusta mucho a la persona; dolor de cabeza; temblor; tensión muscular; ruborización facial que a su vez trae consigo la preocupación de la persona que puede ser notada por los demás que la observan, finalmente, síntomas de calor y frío pueden estar presentes.
La ansiedad social se divide en dos subtipos:
1) Ansiedad social generalizada:
En esta ansiedad hay un temor constantemente a la posible evaluación negativa de los demás en cualquier situación social, estas situaciones puede ser como la idea o acción de ir a una fiesta, de hablar con personas de autoridad, de iniciar y mantener conversaciones con personas que la cual no tenemos mucha confianza, también, el hecho de hacer una llamada telefónica a gente desconocida, o incluso caminar por la calle suele ser situación desencadenante de preocupaciones referidas a cuál aspecto negativo de nosotros está siendo pensado, criticado o evaluando por los demás.
2) Ansiedad especifica:
Esta es menos grave para las personas. Se caracteriza por el miedo a situaciones precisas que implica la interacción con otras personas, por ejemplo:
Comer o beber en público.
Conocer personas nuevas (socializar).
Iniciar o mantener una conversación con personas desconocidas.
Hablar en público o por teléfono.
Asistir a eventos, reuniones o fiestas (incluso por el propio cumpleaños).
Una historia de trastorno de ansiedad social:
Mi nombre es Ana, tengo mucho miedo a hacer amigos y socializar. Me cuesta conocer personas nuevas, hablar en público o por teléfono, me bloqueo y se me nubla la mente; no me gusta asistir a eventos sociales, tampoco me gusta festejar mi cumpleaños. Gracias a eso, lastimosamente, perdí muchos trabajos, amigos y me olvide del mundo social. Me preocupa bastante y no se que hacer, ¡necesito ayuda! Siento palpitaciones, dificultad para respirar, mi corazón se acelera… Me pasa desde el colegio, recuerdo que, durante mi época escolar, mis notas eran muy bajas porque me costaba trabajar en grupo con mis compañeros, así como hacer exposiciones en público, simplemente, me alejaba de todos mis compañeros y me pusieron el apodo de «rara», entonces me sentí mal, pero lo dejé pasar. Ahora siento que me persigue y me perjudica en el ámbito laboral, ¡necesito ayuda!
Ana debió buscar ayudar en ese momento, pero «lo dejó pasar» y se prolongó y sus consecuencias llegaron incluso al ámbito laboral, si a ustedes les pasa lo mismo, no lo pasen por alto, busquen ayuda profesional.
¿Cómo se trata?
El tratamiento del trastorno de ansiedad social requeriría la intervención psicológica, como la terapia cognitivo conductual. En casos específicos, se optaría por medicamentos antidepresivos, dependiendo de cuán grave sea el nivel de dicho trastorno.
Si quieres dominar la ansiedad de la vida, vive el momento, vive en la respiración.
Amit Ray
No anticipes los problemas ni te preocupes por lo que pueda suceder: mantente bajo la luz del sol.
Tener momentos de intensos de ira no es fácil, tienes que “controlarte”, pero a veces es difícil evitarlo, uno se enoja rápido y eso causa mucho estrés.
Vamos a proponer una palabra clave, agresividad. ¿Qué entendemos por agresividad? Es una conducta emocional de odio y rabia, es un enojo que no se puede contener y que se transmite a terceras personas, hacia objetos materiales, incluso hacia si mismos, pero esta agresividad no es solamente un «voy y te grito», «te doy un golpe y se acabó». No, existe un daño, tanto físico como psicológico, ¿pero qué es lo que este trastorno tiene como punto importante? Que la conducta impulsiva se da o se puede provocar de la nada, la persona está bien, y, a la mínima provocación, «estalla», es más, es posible que ni siquiera hay una provocación para que suceda.
El TEI también se presenta por arrebatos repentinos, pero con mayor agresividad, y, frecuentemente, en la vida de la persona que padece este trastorno. Es imprescindible informarnos acerca de este comportamiento, para poder reconocerlo y tener en cuenta las características que se presentan durante el mismo.
Si observamos a una persona que suele tener episodios de ira con frecuencia y la reacción que presenta es rápida y excesiva ante problemas muy pequeños, estamos presenciando una característica que no podemos pasar por alto, si esta misma hiere a los animales o una persona, física y verbalmente, ya se convierte en una de las características más comunes de problemas de ira, aquí también se involucra el arrepentimiento frecuente de lo que hace o dice al momento de sentir ira, y la manera más común de hacerlo notar es con el llanto y la angustia, sin duda es un impacto perjudicial en las relaciones amicales, sentimentales, laborales, etc. Pero también se pueden presentar daños materiales en las descargas de ira, un ejemplo sería el romper objetos cuando se está enojado. Con tan solo imaginar este acto, hace que nos pongamos a analizar nuestro comportamiento y recordar algunos episodios de nuestra vida, si es que hubiera alguna similitud.
Muchos se preguntarán el punto de partida de este trastorno, cómo surge, a partir de qué edad inicia y quiénes lo padecen más, si acaso son los hombres o las mujeres. Bien, pues, es más frecuente en varones y es probable que se origine a partir de los seis o siete años, aproximadamente, sin embargo, podemos decir que donde realmente se manifiesta es durante la adolescencia, los factores de riesgo que encontramos son el maltrato físico en niños y los diversos sucesos traumáticos que puedan acaecer.
Si la ira es un sentimiento de enfado muy grande y violento, entonces tenemos que aprender a lidiar con ella, porque, después de todo, es un comportamiento aprendido. Debemos desaprender el responder de manera furiosa e incontrolable ante situaciones que nos parecen injustas y nos frustran, asimismo, debemos aprender a identificar las situaciones de ira y desarrollar un plan, en caso de que nos expongamos a estas situaciones, como podría ser: alejarme o evitar las situaciones que puedan desatar mi ira; salir a caminar es una muy buena idea; llamar a un amigo, cuando se siente que tal situación se va a dar; tratar de calmarse y relajarse; mejorar el cuidado personal; evitar el consumo de café en altas concentraciones, así como del alcohol y las drogas.
Entonces, si te identificas con estos aspectos, o si conozcas a personas que sufran ataques de ira con frecuencia, busca ayuda psicológica, porque la ira sin control solo genera violencia, y, sobre todo, te destruye a ti y todos los que te rodean.
Sabemos que el alcohol es un inhibidor, entonces, por medio de él, muchas personas están reprimiendo su alegría, su optimismo, sus ganas de hacer algo, y cuando lo consumen, esto a flote porque no hay un control del superyó, ya que este te regula y evita que seamos muy expresivos con tus emociones. Hay un cierto desequilibrio cuando bebemos, lo que hace que actuemos muy alegres, emotivos, graciosos, etc. Pero, también hay personas que tienen muchas emociones negativas, estas suelen ser testarudas, se enojan con facilidad, son muy prepotentes, al beber, esto sale a relucir como ira y rabia con ganas de atacar, destruir y dañar a las demás personas.
Científicamente, ¿qué le hace el alcohol a nuestro cuerpo y cerebro?
El único alcohol que puede ingerir el ser humano es el alcohol etílico, mejor conocida como etanol, que puede ser obtenido de dos formas: por la fermentación de frutas o granos, y mediante la destilación. Ingresa por la boca y degustamos los sabores de cada botella, y, a través de la mucosa bucal, se absorbe una parte muy pequeña de alcohol que va directamente a la sangre, luego, pasa por la garganta donde algunos te harán sentir que te quema. El esófago se encarga de llevar el alcohol al estómago donde se absorbe la primera parte del alcohol entre un 10 y 15 % que irá a la sangre, de ahí, nos vamos a sentir un poco mas agitados con tan solo unos cuantos tragos.
Continuará su trayecto por el intestino delgado, donde pasa al torrente sanguíneo la mayor parte del alcohol que consumimos (casi un 80 %), si tenemos el estómago vacío, el alcohol actuará con rapidez y sentiremos sus efectos más pronto.
Bien pues, si tu amigo te dice que le «chocó» el alcohol mucho más rápido porque bebió sin haber comido, será cierto; pero eso no justifica el comportamiento que haya tenido.
Al estar en la sangre, el alcohol llega al hígado (el segundo órgano más grande y el más extraordinario, ya que se regenera a sí mismo y desintoxica el cuerpo, no solo del alcohol sino de otras toxinas que absorbe el intestino).
Si la cantidad de alcohol es muy alta, el hígado no puede tratarlo por completo, se impregnará el los tejidos, haciendo que viaje por el torrente sanguíneo, llegará al corazón, y de ahí, a todo el cuerpo.
Llegará a los pulmones, los cuales, al contraerse y expandirse, evaporan el etanol, este sube por el tracto respiratorio, lo que hace que su presencia se sienta en el aliento.
Del corazón viaja al cerebro, donde interactúa con neurotransmisores como la dopamina, la que nos hace sentir más complacidos y relajados; la serotonina, que nos hace sentir más eufóricos; la gaba y el glutamato, que causan lentitud en nuestro movimientos y pensamientos, además que nos desinhiben y nos vuelven más emocionales. Asimismo, afecta la secreción de endorfinas y entonces, ese trago hará que hagas cosas como llamar a tu expareja o escribirle un mensaje, además de todo lo que normalmente no harías, lo que demuestra que nuestra capacidad de toma de decisiones saltó por la borda.
También se afecta nuestro sistema hormonal en el eje hipotalámico pituitario. El hipotálamo monitorea constantemente el cuerpo, y al beber alcohol se empieza a ajustar en funciones del etanol, le dice a la glándula pituitaria que controle tus glándulas suprarrenales, que secretan cortisol (hormona del estrés y adrenalina), esta también ralentizará la secreción de la hormona antidiurética, que es la que mantiene el agua en el cuerpo y tiene efecto en los riñones, estos se deshacen del agua y el alcohol, y al hacerlo, causan deshidratación. Esa es la razón de por qué se va al baño frecuentemente mientras se bebe. En la resaca estás deshidratado por la pérdida de electrólitos.
Todo este proceso nos hace entender mejor una borrachera:
Perdemos el control de nuestras emociones.
También de nuestros movimientos.
Y de nuestra vejiga.
Por último, todo esto nos deja con dolores de cabeza, náuseas y deshidratación. La evidencia solo ha encontrado una solución eficaz para la resaca y esa es el tiempo, no queda otra cosa mas qué soportar y esperar.
Sabías que…
Cuando tomamos no actuamos como normalmente lo hacemos, cambiamos, podemos ser más callados, podemos volvernos más efusivos o agresivos… Y después, al despertar, nos cuentan nuestras locuras o lo que dijimos durante esa noche de copas.
Un estudio de la Association for Psychological Science, publicado en SAGE journals, dice que no actúas de forma diferente cuando estás sobrio y cuando hay alcohol de por medio, simplemente, te permites bajar las defensas y ser tú mismo.
Llegar a un punto en el que ya no puedes más… Llegaste a tu limite y en ese camino, te rompiste e incluso te hartaste de todo, del mundo, del trabajo, de la familia, de la pareja, de todo. Muchas veces, debido al orgullo al miedo al rechazo y a la burla, o por la creencia de que debemos resolverlo todo por nosotros mismos. A menudo, intentamos demostrar que somos fuertes y que podemos con todo, sin la ayuda de nadie; pero en realidad no es así, buscar el apoyo es necesario.
Es completamente normal querer y necesitar apoyo, no hay nada vergonzoso en pedir ayuda y empezar a aceptar que somos humanos, que todos sentimos miedo, cansancio, enojo, resentimiento, frustración, decepción, etc. Frecuentemente, escuchamos decir —y quizá ya nos dijeron— frases como: ¡no es para tanto!, ¡ya supéralo! Pero sanar toma tiempo, se puede tener recaídas y cada uno lo vive diferente, no permitas que aceleren tu proceso de sanación. Además, pedir ayuda no es sinónimo de debilidad es un acto de valentía.
En Perú, de enero a julio del presente año, los diferentes establecimientos del Ministerio de Salud (Minsa) atendieron 911,330 casos por trastornos de salud mental y problemas psicosociales. En los cuales, las patologías más frecuentes figuran la ansiedad (231 874), depresión (139 121), síndrome del maltrato (132 980), trastorno emocional y del comportamiento en la niñez y adolescencia (111 364) y trastorno del desarrollo psicológico (109 679), entre otros.
Las enfermedades mentales como la depresión, la ansiedad y los diferentes trastornos puede afectar cómo te sientes, como piensas y hacer más difícil tu quehacer cotidiano. Es por ello que la salud mental es fundamental, para formar vínculos saludables, manejar el estrés, trabajar de forma productiva y vivir de forma plena.
¿Cuándo pedir ayuda?
Si reconoces que no te sientes bien: Si experimentas alguno de estos síntomas y no desaparece después de algunas semanas, podría ser el momento de buscar ayuda:
-Te sientes triste, sin esperanza o irritable. -Sientes una ansiedad que no desaparece (esto puede incluir sentirse tenso, nervioso o inquieto, y tener aceleración de la frecuencia cardíaca). -Has perdido interés en las actividades que antes disfrutabas. -Te sientes sin energía, con pereza o cansancio. -Tienes problemas con el sueño (no duermes lo suficiente o duermes demasiado). -Haz tenido cambios en el apetito y el peso. -Haz pensado en hacerte daño.
Pedir ayuda me hace ser justo conmigo mismo, ya que me enseña a mirar dentro de mí y apreciar mis debilidades y mis miedos, pero también mis capacidades, mis recursos y mi habilidad para llevar la vida que quiero llevar.
¿Cómo ayudar a quien no pide ayuda? La ayuda psicológica continúa siendo un tema tabú en nuestra sociedad: los problemas mentales se asocian erróneamente a persona débiles o necesitadas, y muy poca gente se atreve a hablar abiertamente sobre sus percances de salud mental. Para poder ayudar a una persona que no quiere ayuda es importante que, ante todo, practiques la empatía. Aprender a ponerte en su lugar es esencial para que puedas apoyarla realmente. No debemos imponernos, ni forzarla a que esté mejor, porque si no lo está, no lo está. Que sienta que le brindas tu compañía, pero de forma respetuosa: -Manten una actitud empática. -Ponte en su lugar. -Recomiéndale ir a un terapeuta. -Demuéstrale que es una persona importante para ti. -Tiéndele la mano para que sepa que cuenta contigo.
Todos enfrentamos desafíos y es natural necesitar el apoyo de otros en algún momento, no estás solo/a. Empecemos a hablar de nuestras emociones. Pero también es importante que respetes tus momentos de soledad e intimidad. Muchas veces, si estamos pasando por una mala época, no nos apetece estar con gente. Sin embargo, si esto es demasiado frecuente, es necesario que busques apoyo psicólogo para evitar que la situación empeore todavía más.
Y en cuanto a la ayuda al otro, tu papel, como amigo/a, deberá ser estar a su lado, estar pendiente de esa persona, pero sin presionar. Así es como realmente la ayudarás.
Desde que somos pequeños nuestros padres nos decían que no debemos de llorar, que debemos de ser fuertes y aguantar. Pero no es malo llorar si realmente nos sentimos mal, hablo de ese dolor de pecho, de esa presión, y un gran dolor de cabeza.
Nuestro cerebro es tan maravilloso que, cuando nosotros estamos enojados o tristes, se acumula una hormona llamada cortisol. En momentos de estrés, nuestro organismo pone en marcha un sistema de defensa para contrarrestar el daño que pueda causar la sensación de ansiedad. Este sistema se activa mediante el cortisol. Y nuestras lágrimas poseen cortisol. Por ende, al momento de llorar estas liberando cortisol, y acompañado de una buena respiración, ayuda a poder liberar cortisol.
“Llorar y honrar tus propias necesidades y sensibilidades es una parte fundamental del autocuidado y de amarse a sí mismo, ser consciente de las necesidades y honrarlas para beneficiar la salud del cuerpo, de la mente y del espíritu”, destacó la Dra. Judith Orloff, autora de The Empath’s Survival Guide: Life Strategies for Sensitive People y psiquiatra de la Facultad de Psiquiatría Clínica de la Universidad de California. Si bien el llanto está asociado al dolor o al sufrimiento, desde el punto de la perspectiva de la ciencia, existen razones para considerar que llorar reporta beneficios.
¿El estrés puede salir través de nuestras lágrimas?
Pues sí, cuando nuestro cuerpo siente que nos sentimos estresados o ansiosos, es posible que lloremos automáticamente, pues es un tipo de defensa que nuestra constitución física pide.
Si estás acostumbrado a reprimir tus emociones, permitirte llorar podría crear ansiedad cuando tus sentimientos salgan a la superficie, durante las primeras veces. Pero es algo normal, cambiar la perspectiva y darte gusto según sea necesario, puede ayudar a superar gradualmente cualquier molestia. Puedes tomar el proceso con calma. “Tienes que regresar y trabajar un poco con tu niño interior, porque el niño interior es quien apagó (esta expresión) cuando no era seguro llorar”, agrega Orloff.
Al llorar, nos permitimos ser vulnerables. Y eso puede ser bueno, ya lo decía Sideroff: «Porque no puedes estar en guardia todo el tiempo. El cuerpo siempre se apoya en dimensiones diferentes para estar en un lugar de equilibrio. Ser vulnerable y bajar la guardia es una forma de recuperarse, en cierto sentido, del estrés y la tensión».
Usualmente, las personas sostienen que se sienten mejor después de llorar. Eso podría deberse a que el llanto nos obliga a prestar atención a lo que lo desencadenó y a trabajar a través de nuestras emociones y pensamientos (Bylsma). Llorar también podría ayudarnos a comprender lo que es importante para nosotros, especialmente, si los hacemos por algo que nos molesta inesperadamente.
Sabias que…
Cada 24 de julio se celebra el Día Internacional del Autocuidado, para promover y mantener nuestra salud física y mental, cuidándonos a nosotros mismos. Este día nos invita a fomentar estilos de vida saludables, hoy y todos los días.
❖ Antecedentes familiares: Cuando en la familia se cuenta con antecedentes previos en trastornos de ansiedad, es muy probable que tu niño sea más propenso a padecerlos. ❖ Eventos familiares estresantes: Los acontecimientos que suceden en la familia afectan directamente al niño. Cuando el núcleo familiar atraviesa un momento difícil, como la enfermedad de uno de sus seres queridos, la pérdida de trabajo, una separación de los padres, la violencia intrafamiliar, la muerte de uno de sus integrantes, etc. ❖ Conductas aprendidas: Observar ansiedad en la familia, o ver miedos excesivos presentes, también le pueden generar ansiedad al pequeño. ❖ Los cambios pueden generar ansiedad infantil: Situaciones como cambiarlo de colegio, mudarse a otra ciudad, o cambiar de casa, son algunas de las causas que le pueden generar ansiedad infantil al niño.
Principales síntomas de la ansiedad infantil
➢ Manifiestan preocupación excesiva: Los niños que sufren de ansiedad, suelen ser muy exigentes con ellos mismos, les gusta que todo salga casi perfecto. ➢ Falta de confianza en sí mismos: Hace que el niño se siente de una forma extraña, y no logran comprender muy bien qué es lo que les pasa; esta situación puede causar que pierda la confianza en sí mismo. ➢ Pensamientos negativos y dificultad para concentrarse: La ansiedad lleva a que suelan pensar que están en peligro y que tengas problemas de atención. ➢ Nerviosismo: Es uno de los síntomas físicos más comunes, se aceleran los latidos del corazón, lo que causa taquicardia. ➢ Sudoración excesiva: Un ataque de ansiedad hace que el cuerpo produzca más sudor del normal. ➢ Dificultad para respirar: La respiración se acelera. En casos muy extremos, el niño se puede hiperventilar e incluso llegar a desmayarse. ➢ Mareos: Cuando el niño presenta aceleración en su pulso, sumada con la dificultad para respirar, su cerebro recibe menos oxígeno, lo que genera el riesgo de que pueda sufrir mareos. ➢ Dolor de estómago: Los nervios afectan directamente al estómago, por eso el dolor estomacal es muy común. ➢ Descontrol en las emociones: Es muy usual que la ansiedad deje al niño emocionalmente sensible, por tal razón pueden caer en el llanto o la ira excesiva.
¿Cómo controlar la ansiedad en los niños?
Para intervenir la ansiedad en niños podemos seguir los siguientes consejos:
➢ Cuando tengamos sospechas de la existencia de un trastorno de ansiedad en niños, el primer paso debe ser consultar con un especialista que nos pueda ayudar. ➢ Ante los miedos del niño, es importante no presionarle a enfrentarse al mismo o superarlo, pero tampoco evitarlo. Se trata de ayudar al niño a afrontar poco a poco a sus temores. ➢ Los niños con trastornos de ansiedad sufren mucho, y debemos evitar etiquetar, juzgar o criticar los síntomas o conductas asociados a la ansiedad.
Antes de escribir este artículo, me limitaban mucho mis ideas de exponer mi vida e imagen como profesional de la salud mental envuelta en esta situación. Quienes saben un poco más de mi, conocen mi historia familiar; soy casada, tengo dos hijas, una de once años, otra de seis, y un pequeño bebé con apenas días de nacido, que me ha llevado a conectar con mi vulnerabilidad y esa parte sensible que no me gusta reconocer en mí. Es más fácil mostrarse fría, tener las cosas bajo control, y con una respuesta que ayude a la esperanza. Pero, decidí hacerlo porque es una forma de sanar.
A quienes son mis pacientes, muchas veces, les dije que escribir es terapéutico, y que las veces en que he escrito artículos para el blog han sido durante momentos que necesitaba conectar conmigo y reconocer mis emociones. Espero poder ayudar a algunas mamás que estén pasando esta etapa. Ya seas primeriza o tengas tu cuarto hijo, cada experiencia es distinta.
Este tiempo he estado leyendo mucho sobre la depresión postparto, o artículos de cómo puede afectarnos la llegada de un nuevo ser a nuestra vida; nadie niega que no lo hayas esperado tanto y que deberías estar contenta y agradecida, porque ya está contigo; pero se olvidaron de decirnos que la maternidad duele. Duele ya no tenerlo en tu vientre, no poder hacer las cosas que hacías antes, dejar de sentirte reconocida en tu trabajo; duele dar de lactar; las malas noches; el cansancio; ver que tu cuerpo que ya no es el de antes; afecta esa carga hormonal que estaba a mil con el bebé dentro, y hoy, ya no está; frustra la ansiedad que sientes por si acaso podrás terminar tus cosas a tiempo, antes de que despierte el bebé; apena no tener tiempo de pareja, y pensar que tu relación puede llegar a su fin, porque eres invisible para él; destroza no tener el mismo tiempo, ni la sonrisa y energía para los tuyos cómo te veían antes… Y así, una lista interminable de la que no se habla mucho, porque se ha idealizado «la maternidad».
Según la sociedad, el fin y felicidad de toda mujer debe ser el tener una familia o casarse; cuanta mentira nos metieron las novelas y cuentos de hadas, desde esas creencias absurdas de que «el amor debe ser sufrido» y que «el matrimonio es para siempre, así tu salud mental o física esté en peligro», Todos esos mensajes equivocados han hecho que veamos el amor hacia el otro y no hacia uno mismo, lo que hace que anulemos o posterguemos nuestras necesidades y satisfagamos la de los otros. ¿Y por qué menciono esto? Porque al comienzo la maternidad puede verse así, dar de lactar o dar biberones antes de tomar desayuno, despertarse por alguien que necesita que lo atiendas, así no hayas pegado el ojo toda la noche… La maternidad, al inicio, es de alta demanda y sí se sufre; no pretendas que en el primer mes, puedas hacer todo lo que hacías antes, o estar súper-arreglada, bañarte todos los días, tener una sonrisa deslumbrante… Ideas completamente falsas; por eso, cuando nace un bebé, él estará protegido y con buenos cuidados, más sin embargo, quien necesita apoyo es la nueva mamá para manejar los cambios de su ser, de su cuerpo y de su antes vida.
Las redes sociales y medios de comunicación ponen imágenes de mamás puerperinas, alegres, sin ojeras y dando de lactar, completamente realizadas, poco real, ¿no? Eso te hace sentir como una extraterrestre, con miles de dudas de por qué yo no vivo mi maternidad así. Por qué me duele cada vez que doy teta, o por qué mi ropa termina manchada de leche; mi mirada anda perdida por extrañar mi yo de antes, y me pregunto, ¿qué estaría haciendo hoy, meses atrás? Pero la realidad no es esa, la realidad es que estoy en mi cuarto, metida las veinticuatro horas, siete días a la semana, atendiendo las necesidades de un ser pequeñito, tomando muchísimo líquido para tener leche, y, con mis emociones cómo una montaña rusa, que van desde sentir ternura, hasta querer desaparecer por un momento.
Así es cómo hoy me siento, y qué bueno es hablarlo con mi red de apoyo, porque no soy la única que vivió su postparto así. Debido a mi alta vulnerabilidad, conversé con muchas amigas mamás, donde tuve que quitarme el papel de psicóloga, mostrarme humana y frágil; al fin me sentí comprendida… Muchas pasaron depresión postparto, otras, melancolía postparto, varias la manejaron más rápido, y algunas ni la sintieron. Seguro que has escuchado de ese término…
Aquí te lo defino teóricamente: La depresión posparto o posnatal es diferente de la melancolía que se siente después del parto. Suele aparecer entre dos y ocho semanas después de dar a luz, pero puede darse hasta un año después del nacimiento del bebé. “Uno de los aspectos importantes de la depresión posparto es que no es solo un sentimiento de tristeza”. (Stuebe, en Rich, s/f). Los sentimientos de ansiedad intensa, también son una característica común de la depresión posparto.
Algunos síntomas de la depresión posparto, a los que debe prestarse atención, son la sensación de agobio, el llanto persistente, la falta de lazos de afecto con el bebé, y las dudas sobre la propia capacidad para cuidar de una misma y de la criatura.
“Todos nos preocupamos por nuestros hijos, pero [las mujeres que viven una depresión posparto] están tan preocupadas, que eso les impide disfrutar de su bebé y de su vida” (Stuebe, en Rich, s/f). La depresión posparto también puede dificultar el cuidado de una misma y el del pequeño. Ahora, que ya tenemos la definición, vamos a hablar de lo que yo pasé, muchos lo confunden con «depresión postparto», pero se le dice «melancolía postparto». ¿Melancolía posterior al parto?
Alrededor de dos o tres días después de dar a luz, son comunes los sentimientos de depresión y ansiedad. Es posible que llores sin motivo, tengas dificultades para dormir, o dudes de tu capacidad para cuidar a tu bebé recién nacido. “Esto se debe, sobre todo, al cambio en los niveles de progesterona», me lo explicó mi ginecólogo. Sin embargo, es poco probable que los cambios hormonales sean la única causa. Además de estos cambios, existen otros factores que pueden provocar esos sentimientos, tales como los períodos prolongados de cansancio o agotamiento, las dificultades con la lactancia, y otras complicaciones posparto.
Estos son otros factores que también pueden intervenir:
Problemas previos de salud mental.
Causas biológicas.
Falta de apoyo.
Experiencias difíciles durante la infancia.
Poca comunicación con tu pareja.
Sentirte invalidada emocionalmente.
Experiencias de abusos.
Baja autoestima.
Condiciones de vida estresantes.
Con un buen apoyo de la familia, los seres queridos y los amigos, estos sentimientos suelen desaparecer en unas dos semanas, sin necesidad de tratamiento. No estoy aun a mi 100 %, quizá estoy en un 30 o 40 % de mi esencia, pero déjame decirte que todo lo que sientes en esta etapa es válido. Es normal no querer ver a nadie durante un tiempo, así los quieras y sean parte de tu vida; a veces, una necesita una pausa, más aún cuando estamos transformándonos en cuidadoras; es normal llorar en el baño, al caer la noche o de día; recuerdo que hubo una vez en la que lloré mares, fue el día de bañarme después del parto… Me dolía todo, la herida de la cesárea, que hasta me daba miedo pasar mi mano por ahí; el pecho, por la angustia; la soledad… Todo.
No te juzgues si lloras una o trecientos sesenta y cinco veces por lo mismo, no seas tan dura y juiciosa contigo. Reconoce tus emociones, exprésalas; si no tienes una red de apoyo, puedes hacerlo mediante la escritura, la pintura, o el dibujo… Vivamos un día a la vez, hoy no es siempre. Para terminar, te dejo algunas ideas que, hoy en día, me sirven para sobrellevar este tiempo:
Agradece, a si sea por lo más mínimo.
Habla de lo que sientes, dilo una y mil veces sin prejuicios.
Desconéctate de redes sociales o grupos, si sientes que es necesario, pero al mismo tiempo, busca una red de apoyo que te sostenga.
Canta las canciones que siempre te ayudaron en momentos de tinieblas.
Ponte límites a ti misma, no estás con toda tu fuerza; prioriza lo que es necesario y delega si tienes oportunidad.
Poco a poco y según tus fuerzas, trata de volver a tu rutina de antes.
Confía y espera en Dios, si eres católica esto puede ayudarte.
Y por último, déjame recordarte que, aunque el bebé esté sano, así haya sido un parto increíble, y lleves una lactancia admirable; aunque tengamos todo lo necesario, dinero, comida y amor; aunque hayamos deseado con todas nuestras fuerzas a este bebé, aún lloramos, y eso está bien. Lloramos porque nuestro cuerpo duele, el cabello se nos cae, el tiempo y nuestra identidad se desvanece; lloramos por quién éramos hace apenas unos días atrás; lloramos porque nuestras hormonas se descontrolan y desconocíamos su poder sobre nuestra complexión física y sobre nuestras emociones; lloramos de cansancio, sí, lloramos de un agotamiento enorme. Pero somos fuertes, poderosas, creadoras, y también lloramos, eso es completamente sano, que nadie te diga lo contrario. Lo estás haciendo bien.
Referencia
Rich, M. (s/f). ¿Qué es la depresión posparto? Aprende cuáles son las señales y cómo encontrar apoyo. https://www.unicef.org/parenting/es/salud-mental/que-es-la-depresion-posparto
No, no te equivocas neuroentusiasta, has leído correctamente, precrastinación y no procrastinación. La mayoría estamos familiarizados con el segundo término, que sin profundizar, significa: postergar hasta mañana, hacer algo en contra de nuestro mejor juicio. Pero entonces, ¿qué es precrastinación?, ¿qué significa? A continuación vamos a responder estas preguntas y revisaremos las similitudes entre ambos conceptos, las implicaciones psicológicas y el impacto que tienen en nuestras vidas.
Con la globalización de la información y el boom de las redes sociales, las personas han comenzado a interesarse (naturalmente) por la psicología y todos los temas que giran en torno a esta ciencia. Por ejemplo, en TikTok (la sexta red social con más usuarios en el mundo, y con mayor proyección de crecimiento con respecto a otras) existen mas de un centenar de hashtags relacionados a la psicología, solo en español, donde «#psicologia» tiene más de veintiocho mil billones (28,000,000,000,000) de visualizaciones. Esto ha acercado mucho a la gente hacia conceptos psicológicos que antes estaban reservados solo a los profesionales del área, como el propuesto por el psicólogo Joseph R. Ferrari en la década de los ochenta: procrastinación.
Por su parte, la precrastinación es la tendencia de algunas personas a completar tareas o responsabilidades de manera inmediata, incluso si hacerlo implica un esfuerzo adicional o innecesario, este concepto fue propuesto en el 2014 por David Rosenbaum, en su artículo «Precrastination: A more haste, less speed approach to tackling tasks» («Precrastinación: Un enfoque de más prisa, menos velocidad para abordar las tareas»). En él postula, después de realizar una serie de experimentos y observaciones, que hay personas que pueden sentir una urgencia interna para completar las tareas de inmediato, aunque esto no sea necesariamente eficiente, efectivo, e incluso pueda perjudicar el desarrollo de otras actividades. Esto puede estar relacionado a la necesidad de aliviar la ansiedad, de sentirse productivo, experimentar orientación temporal o cumplir con expectativas sociales, entre otros posibles factores que se asocian a este fenómeno.
¿Cuántos de nosotros no sabíamos que éramos procrastinadores hasta que nos informamos al respecto?, ¿cuántos seremos precrastinadores y no lo sabemos?
Y es que ambos fenómenos están estrechamente vinculados, al ser comportamientos opuestos en la gestión ineficiente del tiempo. Tanto los procrastinadores como los precrastinadores pueden tener dificultades para equilibrar sus responsabilidades y prioridades, lo que puede afectar negativamente su productividad y bienestar general. La procrastinación puede llevar a la acumulación de tareas, estrés y resultados por debajo de lo esperado, mientras que la precrastinación puede llevar a dedicar tiempo y energía a tareas menos importantes, en detrimento de las más críticas.
En la sociedad actual, todos experimentamos lo vertiginoso del pasar del tiempo; y entre la familia, la pareja, los amigos, el trabajo y los estudios, muchos no encontramos espacio para desarrollar nuestros hobbies o simplemente para tomar una pausa. Por esta razón nuestro tiempo es valioso y cómo lo gestionamos es determinante para procurarnos una experiencia de vida plena. Por tanto, lo primero que podemos hacer, si es que identificamos varias conductas que se aproximan a las asociadas a la procrastinación y precrastinación, es consultar con un psicólogo para que nos de claridad sobre el tema. Con base en ello, podemos reestructurar nuestras rutinas, apoyarnos en un horario, una agenda, incluso en apps para la organización de nuestro tiempo y tareas.
La clave para una gestión del tiempo efectiva y una realización de tareas óptima, es encontrar un equilibrio entre estos extremos. Esto implica identificar las tareas prioritarias, establecer plazos realistas, manejar la motivación y la planificación adecuadas, y buscar estrategias de gestión del tiempo que se adapten a las necesidades y preferencias individuales. Lo más importante es explorar el tema reflexivamente, informarnos, mientras contamos con la supervisión de un profesional.
Es pertiente destacar que la precrastinación no es necesariamente negativa, ya que puede ayudar a algunas personas a sentirse más productivas y aliviar su estrés. Sin embargo, también puede ser contraproducente si se realiza a expensas de tareas más importantes o si impide una planificación adecuada, por eso no debemos autodiagnosticarnos, ni preocuparnos de antemano.
Cuidar de nuestra salud mental es vital, mas aún en la actualidad, donde el mundo se enfrenta a turbulencias globales que van desde la última pandemia hasta los conflictos económicos entre naciones, así como cambios en nuestra forma de interactuar con el avance de la tecnología y las inteligencias artificiales, que impactan en casi todas las áreas de desarrollo humano y que se relacionan, directamente, con el aumento de casos de ansiedad y depresión, así como de los fenómenos tratados en este artículo.
Si bien en el Perú hay cien mil profesionales en Psicología, se necesitarían más de trecientos mil para cubrir los servicios de salud mental básicos; sin embargo, podemos encontrar espacios para consulta en el sistema de salud pública, en clínicas, policlínicos, consultorios privados o centros psicológicos especializados como Warayana, con posibilidades de atención presencial y virtual. Podemos elegir las opciones que más se ajusten a nuestras necesidades, pero lo que no debemos hacer es postergarnos, sino cuidarnos lo mejor posible.
López-López, A. , Pérez, L. T. , Gutiérrez, J. L. G. , Pompa, B. M. y Fernández, M. A. (2020). Reducción de la procrastinación académica mediante la Terapia de Aceptación y Compromiso: un estudio piloto. Clínica Contemporánea, 11, artículo e4. https://doi.org/10.5093/cc2020a3