No importa que tan pequeña creas que sea la medida de tu enojo, de no controlarse puede ser perjudicial para ti y para tu entorno. Tampoco está mal sentir una emoción, el problema radica en que haremos con respecto a ella, de nosotros depende cómo manejar nuestro fuego interior, podemos hacer que nos ilumine o que nos queme.
En esa línea de pensamiento, con respecto a la ira, podemos decir es un combustible, una fuente de energía en un estado volátil que nos podría dañar, pero, de igual manera, nos puede llevar a ponernos en acción, en cambiar las cosas que hicieron que termináramos por albergar dicho sentimiento, y que podamos transferir toda la ebullición emocional latente en actividades que puedan sernos de provecho en cualquier plano de nuestro desenvolvimiento personal y social.
Aristóteles decía que la persona dada a la ira “se encolerizan pronto, con quienes no deben, por motivos que no deben y más de lo que deben, pero se is apaciguan pronto, y esto es lo mejor que tiene”, y agrega que “se desquitan abiertamente a causa de su impulsividad, y luego se aplacan”. Ahí está la clave, hay que reconocer que la ira no es un estado que se deba conservar, más bien hay que discernir los momentos y lugares donde soltarla, y procurar dejarla atrás para alcanzar la mansedumbre, la virtud que Aristóteles contraponía a la ira, la virtud que nos permite alcanzar la serenidad, no dejarnos llevar por nuestras pasiones y ser adecuadamente indulgentes y sosegados (1985, pp. 226, 227).
En definitiva, la ira (y ningún sentimiento o emoción similar) no debe reprimirse, más bien debe controlarse con el poder de la fuerza de voluntad, de lo contrario, será como una bomba que nos explotará en las manos. Si bien hay ocasiones en que la ira puede irse o aplacarse con solo el poder de la mente, uno siempre puede recurrir a diferentes alternativas fuera de uno mismo: la atención de un amigo prudente, el consejo paternal, la intervención profesional en la psicoterapia, el ejercicio físico en un gimnasio, o… los cuartos des ira.
¿Qué es un cuarto de ira?
Es un lugar donde podemos soltar todo el enojo, tensión, frustración y cualquier otra emoción negativa, a través de actos como lanzar, aplastar, golpear y romper objetos de todo tipo (que ya se encuentren en un estado desechable, o que hayan sido diseñados precisamente para tales actos). La ventaja que ofrece un cuarto de ira es que permite que actos que, de darse en otras circunstancias, serían signos de un pobre autodominio o incluso de problemas psicológicos, puedan tener lugar dentro de un ambiente controlado y especialmente diseñado para ello.
En efecto, los actos destructivos causados por el rencor, la amargura, el enojo etc., ya sea que se susciten dentro de la privacidad del hogar o en plena plaza pública, serán objeto de censura y reprobación, y jamás se debería permitir que surjan en dichos lugares o momentos… Pero un cuarto de ira nos ayudará a canalizar el acto con carga violenta para, precisamente, soltar en gran medida dicha negatividad.
Si vives en la ciudad de Arequipa, la Clínica de Salud Mental – Consultora Warayana te recomienda probar el cuarto de ira “Crash”, donde podrás encontrar instalaciones debidamente implementadas para soltar toda esa carga emocional de la que buscas deshacerte. Y no solo eso, también encontrarás un área de relajación donde, luego de una sesión de romper y aplastar a diestra y siniestra, podrás reencontrar o apreciar mejor esa paz y calma que precisamente se desea obtener, porque el acto no debe terminar en el exacerbación de las pulsiones agresivas, sino en la tranquilidad de una mente serena. Y por supuesto, no hace falta estar bajo el agobio de un episodio de ira para asistir a un lugar como este, también puedes ir si deseas probar algo nuevo, ¡o simplemente divertirte!
Como mencioné en líneas anteriores, la ira puede ser un gran combustible, ¡pero hay que usarlo y agotarlo! Conservarla y dejar que ocupe mucho espacio en nuestro interior es agotador y penoso. Ya lo había señalado Marco Aurelio Denegri (2018): el rencor es la ira envejecida o el enojo retenido, y también señaló que la palabra en latín, ráncor, es denotativa tanto para “rencor” como para “rancio”. Este vínculo etimológico no es ninguna coincidencia, y en definitiva, esa ranciedad no nos dejaría desenvolvernos correctamente en otras situaciones de mayor importancia, podría contaminar nuestro interior y causarnos dificultades en nuestras actividades cotidianas, en nuestras responsabilidades, nuestros propósitos o, incluso en nuestras actividades recreativas.
Si la ira se presenta en tu interior, haz que sirva de alimento para una antorcha que guíe nuestros pasos en los senderos de la vida, y que, justamente a causa de ello, seas, cada vez, menos proclive a caer en ella. Finalmente, es oportuno recordar que la ira no se elimina con ira, y que la mansedumbre requiere un cultivo y ejercicio constante.
La muerte es un suceso trascendental que pone fin a nuestros días, para muchos, el final en este plano de existencia es causa de reflexiones, temores y cuestionamientos, y por esto, obliga a los hombres a ser más profundos.
La Magdalena penitente de Francesco Lupicini
Memento mori, recuerda que morirás, es una frase que proviene del latín y que nos recuerda la finitud de la condición humana, se dice que en un sentido que pretende evocar humildad en la persona. Se encuentra también en escritos de filósofos estoicos como Séneca y Marco Aurelio, quienes tenían reflexiones sobre lo efímero de la existencia, y es en este sentido donde yo creo que la frase tiene más relevancia, en que la reflexión sobre la muerte nos llame a vivir de forma significativa y con conciencia, de forma virtuosa como decían los filósofos estoicos.
La vida y la muerte
Me encantan las reflexiones sobre la vida que tiene esta nueva generación, es parte de la adolescencia el hacerse preguntas y cuestionar las cosas, las reglas y lo que los adultos les dicen. Como una persona que le da importancia a filosofar, nada me merece más respeto que esta necesidad de cuestionar. Esta nueva generación con más libertad, se da el permiso de ser graciosa, de hacer bromas de sus miedos, de su dolor, y muchos (no todos) están preocupados en cuestionar y enojarse con la gente que se burla de otros, que hablan de físicos ajenos o que discriminan y son intolerantes a las diferencias. Mis ojos brillan al ver a los adolescentes.
Uno de los «eventos canónicos», como bien dirían ellos, fue cuando vi una tendencia donde los jóvenes se quejaban de haber nacido, de que nadie les había pedido permiso para traerlos a este mundo. Así como lo leen, queridos lectores. No hay nada más interesante y gracioso, pues son cosas que pensé, pero que nunca pude expresar, y, al tener a mi adolescente interior tan presente, yo dije: «los acompaño en su dolor, en el dolor de este despertar». Sé que para muchos la actitud de estos jóvenes será ridícula y una actitud ingrata, pero no es más que un despertar profundo a lo que significa la vida, a la insoportable levedad del ser.
Venimos aquí para morir, venimos a un mundo de dificultades, un mundo que nos exige, nos critica y que no se cansa de pedir cosas, con estándares de éxito y de belleza. La vida y la muerte nos hace pensar en todo esto, ¿qué sentido tiene el estar vivos?, ¿acaso se trata de quién sufre menos?
Los Duelos
La ira
El proceso por el que pasamos en cada pérdida es el duelo, y los duelos que pueden llegar a ser más significativos son aquellos que nos enfrentan a la muerte, a dejar de ver vivos a nuestros seres queridos, o a saber que nosotros mismos dejaremos este mundo. Lo cierto es que enfrentaremos muchos finales con el paso del tiempo: el final de nuestra niñez, el final de nuestras amistades, el final de nuestras relaciones amorosas, entre otras pérdidas, y todas nos obligan a reinventarnos.
Uno de los finales que nos trae de forma obligada una reinvención es la adolescencia. El empezar a apreciar la vida con los ojos de un adulto que ve como muere su niñez, es una de nuestras primeras pérdidas. Y para muchos adolescentes, puede hacer que empiecen lo que sería la segunda etapa del duelo, la ira, pues la vida puede ser injusta y las personas crueles.
En mi propia experiencia de vida, recuerdo descubrir, por primera vez, que la gente le podía hacer daño a otros seres vivos solo por diversión, recuerdo cómo podía ver a muchos adultos minimizar cosas que eran espantosas. Bajo mi mirada, asimilar estas cosas y otras más personales, fue todo un proceso, del que no era del todo consciente.
Como adulta y profesional de la psicología, puedo decir que dudo que exista un solo ser humano (con capacidad de sentir) que pueda decir que no pasó por situaciones desagradables y dolorosas; y sé que cada profesional que se dedica a alguna vocación donde tenga que ver las situaciones personales de otros seres humanos, entiende que los casos varían y que, aunque todos sufrimos y tenemos una historia, estamos frente a una escalera de males y dolores que van desde el escalón de lo triste hacia el escalón de lo inenarrable. La etapa de ira, probablemente, será tan grande como tan alto nos haya tocado estar en la escalera de los males.
Asimilar que nadie escoge venir al mundo, que nadie escoge a sus padres, ni la condición económica de los mismos, ni su genética, ni el entorno en donde nos toca crecer, puede ser más o menos difícil, según el caso, y sin duda, podría hacer que nos llenemos de enojo y nos cuestionemos: ¿Por qué? Esto es muy válido, pero no superar esta etapa puede volvernos personas resentidas. Yo lo llamo el duelo patológico de estar vivos.
La negociación
Esta etapa del duelo es donde las personas, ante una pérdida, después de estar en negación y de pasar por la ira, intentan hacer un pacto: personas que profesan una religión o fe, lo hacen con Dios, otros, con la vida misma. En esta etapa se intenta sopesar nuestras opciones para superar la pérdida por la que se atraviesa. En el caso de estar ante el duelo del final de la inocencia y de la despreocupación de nuestra condición de infantes, después de pasar por la ira o indignación, podemos ver a muchos pasar por esta etapa de negociación, pues no son pocos los adolescentes que se suman o se acoplan a ciertas causas, que encuentran personas a quienes admirar y escuchar, porque comparten sus ideas y con quienes crean relaciones parasociales, hacen de algunas causas, sus causas, y pueden llevar esto hasta el punto de modificar sus acciones, hábitos y estilos de vida. Como por ejemplo, un jovencito que, después de una serie de cuestionamientos, decide hacerse vegano, o una jovencita que, después de lo mismo, decide estar en cada marcha feminista y empaparse de la literatura sobre el tema.
Toda decisión que implique que las personas tomen acciones y procuren cambios, implica una negociación con la vida, para que lo malo mejore. Los adolescentes más comprometidos, a veces, tienen toda la intención de cambiar el mundo, de cambiar lo que es injusto.
La depresión
Al enfocarnos en el paso de la adolescencia a la adultez, se vive la depresión cuando entendemos que no podemos cambiar a otros, o que no podemos cambiarlo todo de acuerdo a nuestras expectativas. Diré que este es uno de los últimos golpes antes de que se determine qué clase de adultos seremos, el golpe definitivo.
Al igual que en la antigua leyenda de los indios Cherokee, donde se nos ejemplifica cómo en la vida nos encontramos ante la dualidad, el dolor de la vida nos puede llevar a caminos diferentes y opuestos, tan opuestos como lo serían un lobo bueno y un lobo malo. Según el relato indio, en nuestro corazón luchan estos dos lobos y ganará al que más alimentemos: El lobo malo representa el miedo, la ira, la envida, la pena, el arrepentimiento, la avaricia, la arrogancia, la culpa, el resentimiento, la inferioridad, las mentiras, el falso orgullo, la superioridad y el ego; y el otro lobo bueno representa la alegría, la paz, el amor, la esperanza, el compartir, la serenidad, la amabilidad, la benevolencia, la amistad, la generosidad, la verdad y la fe.
Entonces, ¿qué determinará nuestro camino, después de llorar ante la realidad de nuestras limitaciones, de las limitaciones de nuestros esfuerzos?
Nos determinará todo lo que nos ha alimentado durante este proceso. Son aquellos amigos que hicimos en el camino, aquel profesor que nos inspiró respeto, a quien diferenciamos de otros, porque se sabía real su interés por sus alumnos; aquellos momentos donde vimos gestos genuinos de nuestra familia o de alguna persona de nuestro entorno; el recuerdo de estar ilusionados, de cómo nos podía emocionar la sonrisa de un amor platónico; aquella canción que nos hizo llorar, y toda pequeña cosa, incluso si fuese insignificante, pero, sobre todas las cosas, ese algo que nos hizo entender que la vida no se trata de quién sufre menos, sino de qué es lo que hacemos ante el sufrimiento.
Ese algo puede venir en forma de un libro, en forma de una película, puede venir a través de la voz de alguien a quien admiramos y respetamos, o a través de una experiencia donde logramos ser cruciales en la ayuda a un compañero o amigo, o a un pequeño ser vivo que logramos salvar, porque no podemos cambiar el mundo, pero podemos cambiar vidas, tenemos impacto sobre otros, y, en alguna medida, sobre la sociedad, porque es esta la suma de sus individuos.
La aceptación
Todos tenemos dos vidas, y la segunda inicia cuando te das cuenta de que solo tienes una. Confucio
La aceptación no es solo saber y entender algo, es tener paz con lo que sabes, es hacer las paces con la realidad. ¿Recuerdan algún momento en su vida donde lloraron tanto que ya no habían más lagrimas?, ¿alguna vez donde se desahogaron de tal manera que, después, solo los inundó un profundo silencio? Esa es la calma después de la tormenta.
Si no has tenido el infortunio de que alguien te haya transmitido constantemente la idea de que la vida es para estar enfocándolo todo en lograr algo —podría ser el dinero, una carrera, éxito de algún tipo, alcanzar estándares sociales a nivel obsesivo— sin descanso alguno, podrás volver a encontrar aquello que creíste que habías perdido, pues al igual que cuando perdemos a un padre, a una madre o a alguien significativo, aunque esas personas no estén más en esta vida, viven en nosotros, cada recuerdo, cada abrazo y el amor que aún les tenemos están presentes, por ello, tratar de no pensar o de olvidar la muerte, es hacer mal el duelo. A todos los que nos importan y nos dieron felicidad, hay que darles un lugar siempre, y, cuando ya no podamos encontrarlos en carne y hueso, hay que encontrar un lugar donde podamos, simbólicamente, acercarnos para honrarlos y decirles que los amamos. Hay que darles un lugar en nuestras vidas, porque solo desaparecerán cuando nosotros ya no podamos recordarlos, cuando nosotros ya no podemos amarlos.
Aquello que perdiste al finalizar tu niñez, fue tu capacidad de enamorarte de estar vivo, de vivir cada cosa aparentemente insignificante, pero que detrás de ello, podías sentir pequeños y hermosos momentos por los cuales vale la pena vivir. Ajeno al miedo a no ser lo suficientemente bueno, puedes tener perspectiva para ver que ninguna meta es el propósito de la vida y, por tanto, que el fracaso no te condena a no vivir una vida feliz.
Por su puesto que las metas y objetivos son importantes, estas nos dan orden, y el orden dota de belleza a todo. Las metas nos encaminan a mejorar e incluso a ser mejores personas, pero no son el propósito de la vida en sí mismas.
Hay un viejo poema que ejemplifica el poder de las metas en cuanto a nuestro propósito, con el que me despido, no sin antes expresar la frase que inspiró todas estas palabras: “Recuerda que morirás y recuerda cada momento por el que vale la pena vivir”.
Ítaca
Cuando emprendas tu viaje a Ítaca pide que el camino sea largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias. No temas a los lestrigones ni a los cíclopes ni al colérico Poseidón, seres tales jamás hallarás en tu camino, si tu pensar es elevado, si selecta es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo. Ni a los lestrigones ni a los cíclopes ni al salvaje Poseidón encontrarás, si no los llevas dentro de tu alma, si no los yergue tu alma ante ti.
Pide que el camino sea largo. Que muchas sean las mañanas de verano en que llegues —¡con qué placer y alegría!— a puertos nunca vistos antes. Detente en los emporios de Fenicia y hazte con hermosas mercancías, nácar y coral, ámbar y ébano y toda suerte de perfumes sensuales, cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas. Ve a muchas ciudades egipcias a aprender, a aprender de sus sabios.
Ten siempre a Ítaca en tu mente. Llegar allí es tu destino. Mas no apresures nunca el viaje. Mejor que dure muchos años y atracar, viejo ya, en la isla, enriquecido de cuanto ganaste en el camino sin aguantar a que Ítaca te enriquezca.
Ítaca te brindó tan hermoso viaje. Sin ella no habrías emprendido el camino. Pero no tiene ya nada que darte.
Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado. Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia, entenderás ya, qué significan las Ítacas.
Hace un par de semanas fue el Día de San Valentín o el Día del Amor. Cuando iba camino al consultorio, pude visualizar en las calles una gran cantidad de comercios que vendían objetos relacionados a esta fecha, como globos, flores, chocolates, peluches, entre otras cosas. También vi parejas de enamorados que se hacían más “visuales” en este día. Además de los especiales que había tanto en la televisión como en plataformas digitales, todo lleno de películas románticas o las romcoms clásicas y nuevas, todas alusivas al amor romántico o de pareja. Todo esto me hizo pensar en cómo pueden llegar a vivir esta fecha las personas solteras (que no quieren estarlo), algo que puede llegar a ser difícil y que, personalmente, conozco.
Llevo soltera un aproximado de cuatro años, de los cuales los tres primeros realmente quería estar en una relación, lo cual obviamente no se dio. Fue en el último año —o incluso en los últimos meses— que empecé a “amistarme” con la idea de estar soltera; y es algo que ahora me llena de paz y tranquilidad, llegando a amar mi soltería y mi espacio. Más tuvieron que pasar tres años para poder sentir esa paz que tanto anhelaba, y, en un momento, pensé que una pareja me podía o tenía que dar, porque realmente existe diferencia entre estar soltero y feliz a estar soltero y sentirse desolado.
En alguna oportunidad, en una reunión entre amigos, recuerdo una frase que alguien dijo: “pero bueno, algún día me tendré que enamorar, no puedo ser feliz para siempre”, en su momento todos rieron. Ahora analizo un poco más a fondo esa frase, y, en realidad, esta persona estaría diciendo, de manera objetiva, que estar enamorado es ser infeliz y estar soltero es estar feliz, como si fuera una regla. Claro que hay personas que estando en pareja son infelices y personas solteras que son felices, como también lo contrario, es decir, el estar en pareja o estar solteros no nos garantiza la felicidad, sino desde qué punto nosotros decidimos relacionarnos.
Retomando lo anterior, la diferencia más grande que viene entre la desolación en la soltería y una soltería feliz, es pretender que necesitamos una pareja. Entendamos “necesidad” como “algo que el ser humano requiere de manera indispensable para permanecer vivo” (Dorsch, 1991), como lo sería el respirar, el comer o el dormir. Muchas personas sienten que necesitan a una pareja para ser felices; incluso nos han vendido el cuento de “la media naranja” o “el alma gemela”, y que, si no lo conseguimos o no lo encontramos, estamos incompletos, y no hay peor mentira que ello.
Absolutamente todo sobre el amor romántico que se nos vende en la televisión, películas, canciones, poemas, etc., nos lo muestran con un matiz muy grande de drama; y lo peor de todo es que varios de nosotros nos hemos comprado ese cuento sobre el amor de pareja, e incluso aspiramos a tenerlo.
Diario de una pasión (2004). New Line Cinema.
Por ejemplo, en la película, Diario de una pasión o El diario de Noah, nos presentan a Noah como un joven que se enamora de Allie, y hace de todo para conseguir su atención y amor, cuando, en realidad, la manipula. Por ejemplo, en la escena en la que se queda colgado de una rueda de la fortuna, amenazando con lanzarse si ella no acepta salir con él.
Entonces, la primera cita que ellos tienen fue porque Allie fue coaccionada y no porque fuera 100 % consensuada. Después en la película, se ven bastantes discusiones, drama y mucha pero mucha manipulación. Un gran número de personas piensan que el amor de pareja realmente es así, y como dije anteriormente, no hay nada más alejado de lo que es un amor sano a eso que nos pintan.
La canción de Pat Benatar, Love is a Battlefield (El amor es un campo de batalla), literalmente dice que el amor es luchar, y, por cultura general, sabemos que una lucha o una batalla conlleva pérdidas y posibles muertes. Incluso hay frases como esta: “si amas a esa persona, lucha por ella”. Dicha expresión nos haría tergiversar lo que sería estar en una relación sana, porque, a veces, ese “luchar” involucraría perdernos a nosotros mismos para amar a la otra persona, entonces, ¿por qué tendríamos que “luchar” por alguien? Sería más sano el poder trabajar por una relación de pareja en la base del respeto, compasión y límites saludables. Porque, en efecto, una relación sana necesita de límites claros para poder respetar la autonomía, valores e integridad de cada individuo dentro del vínculo de pareja.
Por otra parte, nos pintan también la idea de que, para poder tener una relación sana, tenemos que “sí o sí” amarnos a nosotros mismos, nuevamente, como si esto fuera una regla. Si bien es cierto que el amor propio constituye uno de los fundamentos de una relación de pareja sana y sólida, no es un lugar o una meta a la cual se llega, sino que es el camino que día a día transitamos, es decir, hay que entender que incluso amarnos a nosotros mismos de manera incondicional, a veces, es complicado, y, más allá de aceptarnos incondicionalmente, se trata de ser compasivos y respetuosos con nosotros mismos y con nuestros procesos; y, adicional a ello, también hay que saber que, independientemente del camino del amor propio en donde nos encontremos, merecemos ser amados, pero nadie puede dar lo que no tiene.
Si nuestra búsqueda de pareja se da desde la necesidad, hay que tener por asegurado que vamos a sufrir, es dar un paso hacia ser dependientes emocionalmente de otra persona, y caer en un ciclo eterno de manipulación. Más si decidimos relacionarnos desde la madurez, porque la otra persona nos motiva y nos inspira, la probabilidad de que esa relación sea sana y fructífera será mucho mayor, claro que se necesita trabajo, puesto que el amor no se encuentra por arte de magia, sino que se construye.
El deseo de estar en una relación de pareja es algo completamente válido, pero tenemos que empezar a cuestionarnos desde qué punto queremos estar con alguien, ¿cuál sería el objetivo de estar en pareja?
Referencia: Dorsch, F. (1991). Diccionario de psicología. Barcelona: Herder.
La muerte de Marat (1793). Autor: Jacques-Louis David. Técnica: Óleo sobre lienzo.
Una gran problemática y que aún se mantiene vigente tanto en niños y adolescentes es el suicidio, el cual es la principal causa de muerte en esta etapa de la vida. Poder identificar los factores de riesgo y también —a su momento— un tratamiento efectivo, es lo más preocupante dentro de las políticas de salud.
La suicidalidad nos refiere y da grandes luces frente a las actividades bajo este contexto, incluyendo los pensamientos, acciones u omisiones de las mismas. Esto nos ayuda a entender las cogniciones por las cuales atraviesa la persona que tiene esta conducta.
Suicidio
Según la RAE (La Real Academia de la Lengua Española), el suicidio es el acto voluntario por el que un a persona pone fin a su existencia.
Epidemiología
Según las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud, alrededor de 800,000 personas en todo el mundo mueren por suicidio cada año; siendo más predominantes en hombres que en mujeres (la tasa de mortalidad media en el 2012: 11.4 por cada 100,000; 15 para hombres y 8 para mujeres; OMS, 2014; es decir, una muerte cada 40 segundos.
Esto se debe al uso de medios letales, los cuales son más violentos en varones (como las armas de fuego) y también por patrones de riesgo que se ven relacionados a los varones, como la agresividad, la impulsividad y el abuso de sustancias.
Género: Sin embargo, respecto a los intentos suicidas, son mucho más frecuentes en mujeres, lo que genera una paradoja respecto al género.
Factores sociodemográficos: Entre los factores relacionados respecto a las regiones o países, el suicidio se refleja con variabilidad en los factores de riesgo y factores protectores que se ven inmersos dentro de una sociedad y cultura determinada. Los patrones que se sugieren dentro de los factores que influencian, pueden verse reflejados en:
La desventaja económica.
El cambio cultural.
El clima.
La geografía.
El acceso a medios letales.
El consumo de drogas.
Las creencias religiosas.
Tiende a presentarse en momentos de crisis y donde, generalmente, se requieren ciertos factores para poder facilitar dicha conducta, tales como:
Predisposición: genética, patologías mentales, condición orgánica o biológica.
Desencadenante: situaciones de conflicto con otras personas.
Facilitador: factores de riesgo con los que el joven está influenciado. Pueden ser las drogas, alguna imagen de admiración, como famosos, o incluso los antecedentes dentro de la familia.
Oportunidad y métodos: se requiere acceso a métodos que sean aceptables para poder encaminar la conducta, es decir, tener una idea clara de cómo incrementar la posibilidad, por ejemplo: el acceso a medios letales.
Prevención
El Programa de Prevención del Suicidio de la Organización Mundial de la Salud (SUPRE, por sus siglas en inglés) manifiesta la importancia de reducir la mortalidad, morbilidad y otras consecuencias de las conductas suicidas:
Minimizar el acceso a los métodos de suicidio (p. ej., sustancias tóxicas, armas de fuego).
Por medio de una identificación temprana y tratamiento de los trastornos mentales.
Reportando responsablemente los suicidios por parte de los medios de comunicación.
Si bien es cierto que la evidencia empírica de verdad en las intervenciones preventivas de suicidio es escasa, en los últimos años ha aumentado significativamente dentro de las estrategias de intervención:
Restringir el acceso a los medios letales.
Implementación de tratamientos farmacológicos y psicológicos.
La búsqueda directa de casos de los estudiantes, mediante una detección adecuada de los factores que merman en su salud mental.
Acuerdos con los medios de comunicación para no causar una visión distorsionada del suicidio; comunicar con responsabilidad.
Programas educativos para docentes, padres y alumnos.
Formación de los profesionales de salud (psicoeducación).
Suicidio vs. autolesiones no suicidas
Muchos dudarán cómo funcionan las autolesiones no suicidas, un comportamiento recurrente en los jóvenes a escala global. Se suele confundir con la alta intencionalidad y aquella desesperanza desbordante que pone de manifiesto esta conducta. Sin embargo, la aparición de este fenómeno tiene ciertas características a tomar en cuenta.
¿Qué son las autolesiones no suicidas?
Son aquellas conductas que no tienen el objetivo suicida y que afecta a los adolescentes dentro de una prevalencia del 17 al 18 %. Las lesiones se presentan principalmente en las extremidades y el abdomen. Dentro de la patología, prima la desregulación emocional en busca de disminuir el dolor emocional mediante el dolor físico.
¿Por qué causa confusión?
Se suelen confundir mucho con las conductas netamente suicidas, al ser estas muy difíciles de distinguir. Los siguientes puntos son los más importantes:
La intención: en la lesión es casi siempre un referente “sentirse mejor” o, por lo menos, disminuir el dolor emocional, en el caso del suicidio, tiene la finalidad de acabar con esos sentimientos de por medio.
Los métodos a utilizar y el nivel de letalidad: los métodos para las autolesiones no suicidas causan un daño superficial al cuerpo, por el contrario, los métodos relacionados al suicidio son significativamente más letales.
Frecuencia: las autolesiones se pueden ver inmersas dentro de lo que es el manejo al estrés y otro tipo de regulación emocional, los comportamientos relacionados al suicidio son más infrecuentes.
Aspectos cognitivos: las personas que pasan por tendencias suicidas, suelen experimentar un pensamiento más polarizado, es decir, “todo o nada”, donde la intensidad del pensamiento blanco y negro es más grave en estos individuos a diferencia de aquellos que utilizan las autolesiones como un medio para poder afrontar experiencias negativas.
Muy importante: Hay que entender que los métodos dentro del daño autoinfligido que sean no letales, son variados en relación a lesiones cutáneas, por ejemplo: cortarse la piel; hacerse una herida hasta sangrar; quemarse; arrancarse pelos; golpearse a sí mismo; etc., a diferencia de los mecanismos más letales que presentan intención suicida. Desde el ámbito clínico, es de gran relevancia para diferenciar entre los intentos de suicidio y las lesiones no suicidas.
Conclusiones
La importancia de evaluar los factores diferenciales en ambas conductas nos ayudará a poder identificar mejor la conducta suicida y las lesiones autolesivas.
Encaminar a los jóvenes y a la sociedad a una cultura de autocuidado y bienestar, mediante el estudio de estas variables que van en aumento, a través de la promoción de valores, autoasistencia, respeto por la vida, estrategias de afrontamiento, tolerancia a la frustración y redes de apoyo.
Nunca es suficiente, pero generar acciones preventivas, sin tabúes o prejuicios, es el primer paso para hacer que germine la semilla de la comprensión de ambas conductas que afectan a la construcción de un proyecto de vida con sentido.
Ofelia, cuadro de John Everett Millais (1852), conservado en la galería Tate Britain. Esta pintura influyó en el Hamlet de Kenneth Branagh.
Referencias
Organización Mundial de la Salud (2014). Preventing Suicide: A Global Imperative. Ginebra: WHO Press.
Organización Mundial de la Salud (2008). Preventing Suicide: A Resource for Media Professionals. Ginebra: World Health Organization.
Organización Mundial de la Salud (1996). Multiaxial classification of child and adolescent psychiatric disorders. The ICD-10 classification of mental and behavioral disorders in children and adolescents. Cambridge University Press: Cambridge, New York.
Jacobson, C., Muehlenkamp, J., Miller, A. et al (2008). Psychiatric impairment among adolescents engaging in different types of deliberate self-harm, Journal of Clinical Child and Adolescent Psychology, 37:363–375.
Wilkinson, P., Goodyer, I. (2011). Non-suicidal self-injury. European Child & Adolescent Psychiatry, 20:103–108.
En mi círculo de amigos he conocido amigas que han tenido relaciones amorosas con rupturas que dejaron un antes y un después en sus vidas. Cuando las escuchaba hablar sobre los comportamientos de manipulación o la disonancia cognitiva, siempre pensé que se podía poner un límite, y que darse cuenta sería muy fácil. Realmente, no lo es.
Desde un aspecto personal y profesional profundicé más mis conocimientos sobre el trastorno de personalidad narcisista, y pude hallar que, actualmente, hay mucha especulación en redes sociales sobre el diagnóstico. Un ejemplo serían los controversiales podcasts de “Un tal Alfredo”, donde muchas mujeres influencer cuentan parte de su relación amorosa con personas con características de sociopatía, egocentrismo y narcisismo.
Pero ¿qué es el trastorno de personalidad narcisista?
Según el DSM-V, el trastorno de personalidad narcisista (F60.81) se describe como un patrón dominante de grandeza, necesidad de admiración y falta de empatía, que comienza en las primeras etapas de la vida adulta, como la exageración de logros y talentos, donde el individuo se encuentra absorto en fantasías de éxito, poder, brillantez o amor ideal ilimitado, siente que es especial y único, que solo pueden comprenderle o relacionarse con personas especiales o de alto estatus, experimenta sentimientos de un trato especialmente favorable que cumpla sus expectativas, explota las relaciones interpersonales al aprovecharse de los demás, siente envidia de otros o cree ser envidiado y muestra comportamientos arrogantes o de superioridad.
Así mismo, la Terapia Cognitiva de Beck considera que sus raíces se encuentran en la infancia y deriva de una serie de creencias disfuncionales sobre uno mismo, el mundo y el futuro producido por un exceso de favoritismo, adulación e indulgencia por la familia o figuras significativas o como un mecanismo de compensación a experiencias de exclusión, desvalorización o rechazo que refuerzan los esquemas de verse superior o especial.
Esquemas básicos del narcisismo (pensamientos):
“Soy especial, soy superior y merezco un trato igual”.
“A mi no me gustan las reglas que otros siguen”.
“Necesito ser reconocido”.
“Es intolerable que no se me tenga el debido respeto”.
“La gente no tiene derecho a criticarme”.
“Mis necesidades son importantes, incluso sobre las de los demás”.
“Tengo toda la razón sobre las grandes cosas que me esperan”.
“Solo me comprenden personas inteligentes, como yo”.
“Si los demás no me respetan, merecen ser castigados”.
Además, Beck menciona la función de dos autoimágenes: una muy positiva y otra muy negativa que se alternan. Cuando hay una autoimagen de grandiosidad y no se puede mantener, se activa la imagen negativa, entonces prevalece hasta volver a la autoimagen de grandiosidad, siendo más implícita y explicita respectivamente, lo que se complementa con un carácter de impulsividad no llevada de forma adaptativa.
Para Freud, el narcisismo es parte normal del desarrollo psicológico, pero, al tener una prolongación en la edad adulta, el individuo no podrá mantener relaciones satisfactorias con los demás.
Para la teoría Gestalt, un narcisista es dependiente de la actitud positiva de los demás hacia ellos, consideran al ambiente únicamente para apoyarlos, no los ven como seres autónomos, y no perciben que puedan tener necesidades, pues creen que el mundo entero es el lugar donde manifiestan insatisfacción y crueldad hacia los demás.
El narcisista está atrapado en una imagen de quien imagina que es y no posee limites claros, a causa de ello, exterioriza impulsos sin contenerse. Uno de los antecedentes puede deberse a la proyección de la figura materna sobre su narcisismo hacia el niño o la carencia del cuidado a nivel emocional y la necesidad constante de sentirse especiales. En terapia, casi siempre se muestra como miembro de una “familia perfecta”, pero mientras se avanza, el paciente menciona haberse sentido privado de libertad, incomprendido e invisible.
En un estudio realizado en Barcelona, que medía la comorbilidad del trastorno narcisista de la personalidad y el trastorno límite de la personalidad, describe un porcentaje de prevalencia. Por otro lado, los factores asociados son el trastorno disocial de la personalidad, el trastorno antisocial de la personalidad, trastorno obsesivo compulsivo, ansiedad, adicción al sexo, depresión, consumo de sustancias y ludopatía.
Para las neurociencias, el investigador chino Yu Mao menciona que hay una reducción del grosor y el volumen de la corteza prefrontal, donde hay una afección en el control ejecutivo del cerebro, lo que favorece a la desregulación emocional. Se observó también una disminución de la materia gris en una región del cerebro que corresponde a la compasión y la empatía.
Bruce Stevens, en su artículo A nine headed Hydra (2000), menciona nueve tipos de clasificación de la personalidad narcisista:
El dependiente: Necesidad de ser amado y jamás estar satisfecho.
El amante: Idealiza el amor y siente decepción, llevan consigo heridas de relaciones pasadas y no toleran las imperfecciones de su pareja.
El poderoso: Enamorado del poder, desprecia a sus inferiores y exhibe su éxito constantemente.
El cuerpo: Importancia a la imagen corporal, la perfección física es la cura de sus males.
El furioso: Muestra estallidos de rabia ante cualquier ofensa real o imaginada, y, debajo de ella, se esconde tristeza, vergüenza o desesperación.
El estafador: Una persona encantadora que solo pretende utilizar a los demás, no existen normas morales.
El fantasioso: Se encuentra en fantasías de éxito, admiración o amor, y no desean salir de ello, el deseo de ordenar es el protagonista, de igual modo, se muestran solitarios, se identifican con héroes de videojuegos o personajes, confundiendo la fantasía con la realidad.
El mártir: Su identidad se construye en base a ser una víctima: “nadie sufre como yo”. Esto con el objetivo de afrontar problemas reales de su vida y de sí mismo.
El salvador: “Solo yo puedo ayudarte”, dedica tiempo a “los que le necesitan”, pero siempre por algo a cambio.
Como redactora del presente artículo, al recopilar toda esta información, llegué a la consideración de que todos poseemos un cierto grado de egocentrismo, diferente al narcisismo. En comparación con las redes sociales, podemos evidenciar que es una condición que se desarrolla en la infancia y que se consolida en la edad adulta, siendo esta etapa de la vida un tiempo de concientizar la enfermedad para una posterior consciencia de cambio, en ello, los tipos de terapia que abordan esta condición y pueden sernos de ayuda son: la Terapia Dialéctica Conductual y la Terapia Psicodinámica.
Recapitulando lo mencionado al principio del artículo, es importante informarse sobre lo que vemos o escuchamos en las redes sociales y abordarlo con bases científicas. Debemos establecer límites saludables, puesto que el trastorno antisocial de la personalidad puede generar aspectos negativos -incluso dañinos- en las relaciones interpersonales, donde claramente no existe alguna justificación para las conductas que puedan vulnerar a la familia, amigos o pareja.
Es necesario realizar un autoanálisis para generar la consciencia de cambio y poder tener una mejor calidad de vida.
Hörz-Sagstetter, S., Diamond, D., Clarkin, J. F., Levy, K. N., Rentrop, M., Fischer-Kern, M., Cain, N. M., Doering, S. (2020). Características clínicas del trastorno comórbido de la personalidad narcisística en pacientes con trastorno límite de la personalidad. RET, Revista de Toxicomanías. 84. España. https://www.cat-barcelona.com/wp-content/uploads/RET-84-4.pdf
La depresión es tan antigua como la humanidad, durante muchos siglos fue manejada por amigos, brujos, sacerdotes, etc., y tratada con todo tipo de pócimas, brebajes, baños, cambios de ambiente y demás recursos.
Según datos de la OPS, hay cien millones de nuevos casos de depresión cada año en el mundo. Encontramos una alta prevalencia en el adulto, con 15 % de hombres y 24 % de mujeres, generalmente, estas se presentan en edades de 18 a 45 años.
La definición académica sitúa esta enfermedad como el síndrome caracterizado por una tristeza profunda y la inhibición de casi todas las funciones psíquicas, que da lugar a cinco series de síntomas: físicos, psicológicos, de conducta, cognitivos (intelectuales), asertivos y sociales.
La OMS define a la depresión como un trastorno mental afectivo común y tratable, muy frecuente en el mundo y caracterizado por cambios en el ánimo con síntomas cognitivos y físicos. Estos pueden manifestarse de manera primaria o secundaria a enfermedades de base (cáncer, enfermedad cerebro-vascular, infartos agudos al miocardio, diabetes, VIH, enfermedad de Parkinson, trastornos alimenticios y abuso de sustancias).
Se identifican un amplio grupo de factores de riesgo personales, cognitivos, sociales, familiares y genéticos que intervienen en la patología; la presencia de estos aumenta la probabilidad de padecer de ella. Se estima que, al menos, se va a tener un episodio en la vida, y la repercusión en cada persona va a depender de su grado de inteligencia emocional y resiliencia.
El enfermo con trastornos afectivos debe ser visto con la interacción mente-cuerpo, los cuales no se pueden desligar, en su manejo no solo se debe tratar el eje nuclear afectivo, ya que la tristeza que envuelve al sujeto puede llegar a afectar todas las esferas de su relación intrapersonal e interpersonal, y hacer que emerjan otros estados emocionales como la irritabilidad y la ansiedad, que se destacan en las depresiones neuróticas y tardías.
Por lo tanto, su manejo no se basa en “alentar” al paciente. En la sociedad, se ha construido la idea de que basta con pensar positivo y tener fuerza de voluntad para combatir la depresión, por ende, constantemente se utilizan frases que invalidan lo que una persona depresiva siente, vive y piensa, influyendo en que esta se sienta incomprendida, inútil y frustrada.
Como ejemplo, se puede establecer frases como: “Tu problema es de actitud”, “Métele ganas”, “Todo está en tu cabeza es cuestión de tener fuerza de voluntad”. Aunque estas frases, a los ojos de los demás, parecen alentadoras, las personas con depresión no ponen de su parte, no porque no quieran, como mucha gente cree, sino porque la enfermedad se lo impide; en el fondo, quieren salir de allí, pero no saben cómo.
Por lo tanto, aquellos que sufren de esta enfermedad mental, además de necesitar ayuda médica y psicológica, necesitan apoyo moral, sin embargo, la cultura y la falta de concientización en estos temas conlleva a que se utilicen expresiones incorrectas que, para quien padece de depresión, son un factor ansiógeno y de desesperanza.
Un dato curioso se encuentra en el hecho de que las depresiones evolucionan. Al menos así parece desprenderse de los estudios realizados durante las últimas décadas, aunque, a grandes rasgos, el trastorno es el mismo, también podemos observar diferencias notables entre las que se veían hace veinte o treinta años y las que tratamos hoy en día. Lo fundamental de las depresiones de hoy se consideraba secundario en las antiguas. Este cambio constatado por el análisis clínico ha desplazado el acento, hasta tal punto de que el psiquiatra y el psicólogo actuales deben sumergirse en la frondosidad del problema, si quieren establecer un diagnóstico correcto.
La enfermedad psíquica, igual que la somática, es algo vivo, en perpetuo movimiento, como la propia persona. Así pues, el diagnóstico nunca debe ser entendido como una cosa inamovible o un destino definitivo. Las depresiones se mueven, giran, alteran sus síntomas, cambian de expresión, etc.
Algunas de las prácticas que ayudan a prevenir la depresión son: contar con grupos de apoyo social activo, así como mantener un vínculo activo con la familia, pues esta, como sistema y red de apoyo social informal, cumple con dos funciones básicas que son: asegurar la supervivencia, el bienestar físico, la suficiencia de alimento y vestido, y proporcionar los vínculos afectivos, no solo en la enfermedad, sino también en su rehabilitación.
Cabe agregar que la actividad física tiene efectos favorables sobre la disminución del riesgo de padecer de depresión. Y evitar el aislamiento social es un pilar fundamental para impedir el declive físico y mental.
Referencias
Corea, M. T. (2021). La depresión y su impacto en la salud pública. Rev Méd Hondur, 89(1).
Josué, L., Torres, V., Urrutia, E., Moreno, R., Font, I., & Cardona, M. (2006). Factores psicosociales de la depresión. Rev Cub Med Mil, 35(3).
Rojas, E. (2011). Adiós, depresión. Madrid: Ediciones Planeta Madrid.
No sé en qué momento comencé a contemplar la maternidad. De hecho, no estoy segura si esta reflexión surgió como un deseo genuino o si fue influida por mi entorno: amigas y conocidas que empezaron a embarazarse (y ya no eran embarazos adolescentes), ¿o también podría se que la sociedad así lo demanda?
Puedo explicar, por medio de la siguiente metáfora, uno de los motivos por el cual maternar no esté en los planes de vida de algunas mujeres: Las personas que en alguna oportunidad hayamos viajado en avión, hemos escuchado el protocolo de seguridad que las aeromozas explican antes de despegar: en caso de despresurización en el vuelo, debemos colocarnos primero la máscara de oxígeno antes de ayudar a otros. A veces, en medio del caos, podríamos sentir la urgencia de ayudar a los demás antes que a nosotras mismos, con la posibilidad y el riesgo de sufrir algún tipo de descompensación o incluso la muerte. Y es esta enseñanza la que nos recuerda la necesidad de cuidarnos primero para estar en condiciones de cuidar a otros. Trasladando lo anterior a la maternidad, implica reconocer que intentar darles a nuestros futuros hijos algo que nosotras mismas carecemos (desde falta de estabilidad financiera, mental o emocional), podría resultar contraproducente. ¿Cómo brindaríamos cuidados a otro ser (que depende 100 % de una) si no nos cuidamos primero a nosotras mismas?
En el momento que me di cuenta de que la maternidad no figura entre mis prioridades actuales (ni siquiera cercanas) y comencé a compartir esta reflexión con personas de mi entorno, rápidamente me enfrente al juicio. Algunas personas me tildaron de “egoísta” o me dijeron frases como “cambiarás de opinión con el tiempo” o “tu instinto maternal llegará con los años”. Estas reacciones me llevaron a cuestionar dos cosas: ¿Realmente existe el “instinto maternal”?, ¿y por qué se consideraría egoísta la decisión de no querer traer hijos a este mundo?
La idea de querer tener hijos viene, en cierto punto, del deseo de supervivencia, asegurar nuestra continuidad y nuestro legado (tener a quien preceda nuestros apellidos, y herede nuestras pertenencias, “todo el trabajo duro que hicimos en vida”) para sentir que una parte de nosotros prevalece en la tierra, aun cuando nuestro cuerpo físico parta de esta dimensión y experiencia terrenal, sin embargo, ¿es esto realmente necesario? ¿Es justo esperar que otro ser nos dé sentido de trascendencia?
Es innegable que existe un rol social asignado a la mujer, un rol de reproducción, donde solemos ser vistas como complemento del varón (no se da de manera inversa), lo que le da un valor a la mujer asociado al rol de esposa y de madre (no de sí misma). En nuestra sociedad, hemos observado una dinámica donde el varón se establece como el proveedor del hogar, mientras que se asigna a la mujer el rol de cuidadora del esposo y los hijos, el cual es considerado como una obligación. Esto conlleva a una visión estereotipada de la mujer, lo cual la limita a únicamente al papel de madre (Recciutti, 2020). Este modelo permite que se pueda afirmar que la idea del instinto materno no es más que un constructo social, moldeado históricamente por el machismo. Las mujeres que se ven presionadas a conformarse con esta forma de maternidad, se arriesgan a sentirse culpables y transgresoras si no cumplen con el ideal maternal impuesto por la sociedad (Del Castillo y Polo, 2020); muchos hablan incluso de que el no tener hijos haría que la mujer no estaría cumpliendo con lo que “debería”, por lo tanto, no sería una “mujer completa”.Estas expectativas generan síntomas de ansiedad, impotencia y frustración por no encajar con la idea de ser “buenas madres”, más aún en una cultura machista que suele ver a las madres como “mujeres sacrificadas, puras, virtuosas y dignas”; y si una de ellas se sale de este estereotipo es rápidamente señalada y juzgada.
En este contexto, la mujer se encontraría restringida en su capacidad de elegir roles más allá de la maternidad, lo cual refleja una concepción arcaica. En el año 2024, la noción de que existe un instinto maternal “innato”, arraigado en la sociedad parece obsoleta y limitante.
En una perspectiva distinta, algunos sostienen que el deseo de no tener hijos es egoísta, disfrazado bajo la premisa de que “solo piensas en ti”. Sin embargo, ¿no es igualmente egoísta querer tener hijos con la expectativa de que cuidarán de nosotros en la vejez? Ya que se suele plantear la pregunta “¿quién te cuidará cuando envejezcas?” como una de las razones para elegir la maternidad. Pinilla y Sánchez (2020) analizaron el egoísmo en base al pensamiento de Hobbes, indicando que, desde la psicología, es la forma en la que una persona actúa solo en pro de sus intereses, y por ello, actúa de manera que “sea” o “parezca” conveniente, resaltando que existe una diferencia entre actuar en base a nuestros intereses personales y actuar en función de lo que nos interesa. El querer ejercer una maternidad, por lo tanto, tiene que nacer desde el interés real, no solo querer ser madres sino ejercer de manera presente.
Y otro punto a señalar es que otras personas (en especial mujeres que son madres) indican que la única forma en la que se experimenta el “verdadero amor” es solo siendo madres; en cierto punto, no dudo que sea así, es decir, las mujeres que se convierten en madres deben sentir un amor muy grande por sus hijos (por lo menos un porcentaje alto), sin embargo, desde mi perspectiva profesional y humana, creo firmemente que no es necesario ser madre para experimentar el “verdadero amor”.
El amor es uno de los sentimientos de más alta frecuencia, que nos permite vibrar ligeramente con la vida, y decir que solo se experimenta este sentimiento al ser madres es limitarlo (y el amor no tiene límites). Podemos sentir amor hacia nosotras mismo, nuestros padres, hermanos, hermanas, amigos, amigas, pareja, mascotas, incluso al contemplar un atardecer, o al tomar una taza de café o té; y no se trata de comparar que se ama más o menos, sino entender de que el amor tiene expresiones infinitas, y que ninguna es más o menos “verdadera”.
La maternidad puede dar lugar a experiencias que sean satisfactorias y empoderadoras, como también a experiencias traumáticas que pueden afectar el estado psíquico de la mujer que se convierte en madre, esto incluso puede llegar a afectar el vínculo que se pueda tener con el recién nacido (Del Castillo y Polo, 2020), aquí podríamos poner como ejemplo claro a la depresión post-parto. Es decir, algunas mujeres no atraviesan por ese “momento mágico” de dicha y felicidad, sino que algunas tienen miedo, ansiedad y frustración, emociones completamente válidas al viaje de la vida que empiezan: el cuidado de otro ser humano que depende completamente de una.
Decidir no tener hijos también es una elección valida, especialmente en una cultura que idealiza la maternidad. No ser madres no nos hace “menos mujer” o “mujeres incompletas”, todas somos igualmente valiosas, ya sea si elegimos maternar o no.
Para las personas que juzgan acerca de ello, es bueno comprender que nuestra verdad no siempre será replicable a otras personas o contextos, así que antes de emitir algún tipo de juicio mejor escuchemos con atención: si alguna mujer te comenta su deseo de no ser mamá, escucha con apertura y amor, respetando la opinión y decisión que tome.
El traer a alguien a esta vida es un milagro, de por si la vida misma es un milagro, sin embargo, ese “milagro” o coloquialmente llamado “bendición” requiere de cuidados, en especial en sus primeros años de vida (si no es en toda su vida o la vida de la madre), cuidados que tienen un coste económico, mental y emocional.
¿Qué ocurre si en ningún momento me llego a sentir preparada para asumir ese rol? Pues nada, soy una persona egoísta, y tacho esta palabra porque simplemente soy una persona que decide, con toda libertad, no ejercer la maternidad.
Por último, deseo aplaudir la responsabilidad y carga física, mental y emocional que las madres llevan (ya sea que lo hayan decidió o que les haya tocado). Criar a un ser humano es una tarea apoteósica y difícil por donde lo veamos, que requiere no solo de esfuerzo si no de mucho sacrificio; y fuera como se haya dado la situación, requiere a veces de posponer o dejar de lado por completo metas propias para proveer y criar a otra persona. Hay que entender que las madres, antes de serlo, son personas con sueños y metas propias que atraviesan un cambio emocional desde que se enteran del embarazo, además, es necesario reconocer y respetar su identidad más allá de la maternidad.
Referencias
Del Castillo, R., & Polo, C. (2020). Maternidad e identidad materna: deconstrucción terapéutica de narrativas. Rev. Asoc. Esp. Neuropsiq 40(138), 33 – 54. https://doi.org/ 10.4321/S0211-573520200020003
Pinilla, D., & Sánchez, P. (2020). El egoísmo en el pensamiento de Thomas Hobbes. Interpretación y racionalidad cooperativa. Cinta moebio, (69), 241 – 254. https://doi.org/10.4067/S0717-554X2020000300241
Recciutti, P. (2020). Los artificios del Instinto Materno. Representaciones de la madre universal. Universidad de la República – Uruguay. https://www.colibri.udelar.edu.uy/jspui/bitstream/20.500.12008/29363/1/tfg_paula_recciutti_2.pdf
Hemos escuchado muchas frases como “¿Por eso lloras?”, “¡No es para tanto!”, “Eres una exagerada” o “¡Qué sensible que eres!”. Todo esto se resume en una sola palabra: Invalidación. Estas son algunas frases o invalidaciones que incluso se presentan de manera temprana, al ser un patrón de los padres o cuidadores que deslegitima las emociones expresadas por el niño.
Según lo que nos señala el modelo Biosocial dentro de los factores que se toman en cuenta es la vulnerabilidad biológica que expone la sensibilidad e intensidad frente a los estímulos del ambiente.
Marsha Linehan
La creadora de la terapia dialéctica comportamental, Marsha Linehan, nos dice que las pacientes con desregulación emocional cumplen los siguientes criterios:
Alta sensibilidad a los estímulos.
Una alta reactividad emocional.
Un lento retorno a la calma.
Todo esto se debe a que el umbral de la respuesta es más bajo comparado a personas que no tienen este problema. Es por eso que se desarrolla la alta reactividad frente a algunos estímulos que van de la mano con la alta sensibilidad. Además la actividad emocional va en escala u aumento y cuesta de nuevo volver a ese retorno o a la calma que es la línea base.
Es idóneo poder imaginar cómo opera el proceso de invalidación, pues en un niño el cual se encuentra muy enojado porque alguien agarró su juguete favorito y un padre que bloquea dicha emoción, sin tener una razón aparente, cuando claramente el menor manifiesta el malestar como una forma muy sencilla de ser poco efectivo ante una necesidad tan básica de cualquier ser humano. Nadie nace sabiendo gestionar sus emociones y eso dista mucho del “sobre-control”. Es como un caño donde el agua corre y uno utiliza la llave de agua para poder modular el flujo, según se necesite, más no para cerrar abruptamente el agua y que no corra.
Uno de los problemas más graves en psicopatología infantil no visibilizada.
Y sucede que un niño que está siendo expuesto a un ambiente invalidante (exponencialmente) hace que se sienta más castigado por lo que siente o hace y resulta que sea “razonable”. Incluso en algunos casos mucho más severos puede ser víctima de abuso físico o sexual, haciéndolo dudar de su experiencia emocional por los mecanismos dónde se le vulnera, mientras que, al mismo tiempo, es ridiculizado, juzgado e ignorado.
El factor indiscutible son los padres…
En tal caso podemos decir que la vulnerabilidad se presenta tanto desde el aspecto biológico y esta transacción que se realiza con el ambiente. En un contexto que es invalidante podemos entender que, cuando las emociones no son comprendidas, no se enseñan las habilidades pertinentes para poder gestionarlas. A su vez, estas primeras relaciones donde debería mostrarse una genuina aproximación hacia las emociones se ve interrumpida por la forma inapropiada de las primeras experiencias que terminan por ser anuladas, minimizadas e incluso castigadas como antes se ha mencionado, lo que hace que la enseñanza en habilidades no sea eficiente, y, por lo tanto, se produzcaun aprendizaje, pero totalmente disfuncional.
Nuevamente mencionando a la autora Marsha Linehan, existen tres tipos de familia que suelen ser invalidantes:
– Las familias caóticas: caracterizadas por la negligencia y abuso.
– Las familias perfectas: la expresión de emociones “negativas” son mal vistas.
– Las familias normales: donde los niveles de invalidación siendo normales pueden generar conductas de regulación, pero por el alto grado de la vulnerabilidad genética.
De por sí, podemos entender que una vulnerabilidad agregada (como es la biológica) suele generar invalidación ante los otros que no comprenden directamente, ya que no la padecen.
Debemos entender que, indirectamente, tampoco no deberíamos menospreciar la invalidación, pues, en muchos casos, esta es efectiva frente a ciertas circunstancias donde es propicio invalidar. Es más, puede ser una conducta invalidante querer ayudar, pero puede que no sea lo más efectivo en ese momento y en otros contextos. Por supuesto que sí, la invalidación será sumamente poderosa para poder evitar un daño inminente a la persona en que estamos aplicando dicha conducta y ahí es cuando resultará efectiva. Por ejemplo, imaginemos que un niño quiere ayudar a servir el agua de la tetera, estando aún caliente, además de querer tomarla con apuro por estar muy sediento; frenaríamos automáticamente la conducta frente al peligro que se presenta, por más que de buenas a primeras el infante no lo entienda.
No todo es malo, porque no se trata de “liberarnos” de la invalidación, pero sí… ¡Sí es para tanto! Porque las emociones deben ser gestionadas desde la infancia, esto hará que sea mucho más sencillo transitar en el crecimiento y comprenderemos que incluso el rechazo a ciertas emociones que calificamos como negativas, en realidad, no lo son solamente porque nos produzcan una sensación que pueda ser adversativa. Muy en el fondo, en el corazón de ellas, ¡todas nuestras emociones son válidas!, y eso se debe abrazar sin duda alguna, pero entendiendo que debemos gestionar para operar en la conducta, porque estas quieren decirnos algo importante de nuestra persona, de nosotros mismos.
¿Exageramos?
Referencias
Haslam, M., Mountford, V., Meyer, C., & Waller, G. (2008). Invalidating childhood environments in anorexia and bulimia nervosa. Eating Behaviors 9: 313–318.
Sturrock, B. A., Francis, A., & Carr, S. (2009) Avoidance of affect mediates the effect of invalidating childhood environments on borderline personality symptomatology in a non-clinical sample. Clinical Psychologist, Vol. 13, No. 2, 41–51.
Van Dijk, S.; Jeffrey, J., & Katz, M. R. (2013) A randomized, controlled, pilot study of dialectical behavior therapy skills in a psychoeducational group for individuals with bipolar.
Si ya fuera poco (o mucho) lidiar con el dolor físico, a muchos se les hace más complejo superar una pérdida. Un objeto significativo, un recuerdo, algo que nos recuerde a alguien especial. Tal vez resulta sencillo, decirlo cuando uno puede ser el espectador en estos escenarios. No obstante, creemos que solamente el duelo se da por una pérdida física. En estas ocasiones se piensa que el duelo se experimenta de modo físico cuando, en realidad, hay muchos otros mecanismos o modalidades de cómo se vive o manifiesta.
Definición:
La palabra duelo bajo este contexto en su sentido etimológico, se expresa como dolus que significa dolor en latín, lo cual deriva el verbo dolere que se entiende como sufrir pena o doler.
¿Qué hago con todo esto?
Pensar en todo lo que perdimos podría resultar una ganancia, entendiendo si esto generó un cambio positivo, porque muchas veces nos negamos a la realidad debido a las altas expectativas que se pueda generar.
Debemos entender que en múltiples investigaciones, el duelo es considerado como un factor de riesgo, y que actualmente se ve avalado y considerado como un factor en diversas enfermedades. Es por eso que algunos autores han estimado que alrededor del 20 % de los pacientes atendidos en hospitales psiquiátricos tienden a un duelo no resuelto.
Estudios también realizados en distintos países han encontrado que la experiencia del duelo por muerte de familiares tiene un efecto sobre el sistema endocrino e inmune. Asimismo, un fenómeno frecuente es el miedo de los dolientes a encontrar la misma enfermedad que acabó con la vida del enfermo y tenemos que ver el duelo como un problema de salud en este sentido (elevando la morbilidad y la mortalidad de los dolientes).
Un claro ejemplo de pérdida y duelo es la relación entre los poetas Horacio Quiroga y Alfonsina Storni, quienes atravesaban el cáncer de manera simultánea en estado terminal. Una enfermedad que inspiró a la poeta argentina a dedicarle uno de los poemas más emotivos a su amigo. Tales líneas expresan el dolor del duelo por su muerte y el malestar que le generó a Alfonsina ya que sabemos el desenlace que esto significó.
Morir como tú, Horacio, en tus cabales, y así como siempre en tus cuentos, no está mal; un rayo a tiempo y se acabó la feria … Allá dirán.
No se vive en la selva impunemente, ni cara al Paraná. Bien por tu mano firme, gran Horacio … Allá dirán.
“No hiere cada hora –queda escrito-, nos mata la final.” Unos minutos menos … ¿Quién te acusa? Allá dirán.
Más pudre el miedo, Horacio que la muerte que a las espaldas va. Bebiste bien, que luego sonreías … Allá dirán.
Sé que la mano obrera te estrecharon, mas no si Alguno o simplemente Pan, que no es de fuertes renegar su obra … (Más que tú mismo es fuerte quien dirá.)
Alfonsina Storni
Etapas del duelo
Como toda experiencia humana el duelo es un proceso, el cual se comprende en cinco etapas:
Según la psiquiatra suiza Elisabeth Kübler-Ross, en su libro On death and dying (Sobre la muerte y el morir), estudio que se realizó en pacientes terminales en la Universidad de Chicago, nos explica también que este proceso resulta ser de forma sucesiva, sin embargo, insiste que el duelo no es un proceso que sea lineal o rígido.
Negación:
La pérdida es la reacción que se produce frente a un estado de shock y un embotamiento emocional incluso en un aspecto cognitivo esta fase del duelo implica una negación a dicha pérdida.
Ira:
Debido a la negación esto puede desencadenar sentimientos de frustración que van asociados a mucha impotencia respecto a la incapacidad de no poder cambiar o modificar las circunstancias de la pérdida, la frustración lleva a que el enfado, y la ira se vuelve un proceso mucho más complejo, asimismo, se atribuyen a sentimientos de culpa como mecanismos de poder salvaguardar el estado emocional de la persona.
Negociación:
Se expresa aquella esperanza que se experimenta y se desea por la pérdida se anhela volver a vivir la vida como era antes.
Depresión:
Es la manifestación más consciente de la pérdida y se puede expresar la tristeza y también el rechazo hacia los otros, mostrando la incertidumbre y el miedo es en este momento, donde se debe brindar más apoyo hacia la persona que está pasando una crisis notable frente al duelo.
Aceptación:
Según lo que nos comenta Kübler-Ross en el modelo, la aceptación es el último estadio de calma asociado a la comprensión de la pérdida o de los fenómenos asociados relacionados a esta última etapa inevitable de la pérdida o del proceso del duelo. Es un proceso de reflexión y retrospección acerca de esta etapa final.
Sabemos que el duelo no solo es por la pérdida de un ser querido, un objeto material de mucho valor simbólico, sino también se puede hablar de duelo por la patria que nos vio nacer. Tal es el caso de la poeta uruguaya Cristina Peri Rossi. Quien se exilió en España durante la dictadura de su país en 1972 abrazando un nuevo hogar en la madre patria, siendo más específicos en Barcelona, donde ha desarrollado la mayor parte de su carrera literaria. Años más tarde, en el 2021, sería galardonada con el premio Miguel de Cervantes por su amplia trayectoria, que, por supuesto, abarca los grandes conflictos y dilemas que ocasiona el exilio.
Dedicatoria
A Mercedes Costa
A todos aquellos navegantes
argonautas de un país en ruinas
desaparecidos en diversas travesías,
varias,
que un día emprendieron navegaciones
de inciertos desenlaces.
Cristina Peri Rossi
Por otra parte, entendemos que también el sufrimiento humano que se encuentra adherido a nuestra condición puede ser causado por diversas causas y supeditado por múltiples factores, siendo estos distintos. Sin embargo, es un proceso sumamente normal, en el cual se debe evitar el mayor daño y poder superarlo, o, en su defecto, vivir comprendiendo y entendiendo ese duelo en nuestra vida. Es por esto que el duelo representa pérdida en el sentido amplio de la palabra y se puede subdividir en distintos tipos de duelo.
Duelo: El duelo normal como lo conocemos, se caracteriza por ese estado de pensamientos repetitivos que nos recuerdan con particularidad aquellos sucesos antes, durante, e incluso, después de la pérdida; habitualmente, es un proceso que alcanza la superación en un plazo no superior entre los seis meses a un año.
Duelo anticipado: Como su nombre lo dice, se manifiesta antes de que ocurra la pérdida, un ejemplo de esto es cuando se diagnostica alguna enfermedad: la persona comienza a experimentar de manera prolongada y anticipada el sufrimiento inevitable de la pérdida, y requiere el apoyo de seres queridos para poder superar el dolor físico emocional o intelectual que este le puede causar en el futuro más próximo.
Duelo sin resolver: Este tipo de duelo se sigue manifestando aún cuando el tiempo haya pasado de manera prolongada, entre un periodo de 18 a 24 meses (periodo normal de duelo). El dolor que se puede presentar incapacita a la persona a que sea capaz de seguir con su vida y asimile los cambios que ocasiona la pérdida, incluso es probable que conserve muchas cosas o propiedades de la persona que se fue, lo que podría producir conductas asociadas que generarían aún más complicaciones.
Duelo crónico: El dolor crónico es muy parecido al duelo prolongado, sin embargo, este manifiesta una duración excesiva que nunca llega a una conclusión satisfactoria. La persona que lo sufre es muy consciente de que no consigue terminar con el dolor que padece por la pérdida, incluso manifiesta el malestar hasta la propia muerte o término de su vida.
Dolor ausente: Se produce cuando la persona está en una constante negación sobre dicha pérdida y manifiesta esperanza de modo infundado, padece un intenso cuadro de ansiedad y queda detenida en la primera parte de la evolución del duelo, es decir, en la negación.
Duelo retrasado o aplazado: El individuo muestra una reacción insuficiente al momento de la pérdida, muchas veces, luce como una persona aparentemente fuerte capaz de lidiar con la situación, y esto se debe a que puede presentar una falta de apoyo social, así como sentirse abrumado frente a la pérdida. Sin embargo, también podría reaccionar de forma exagerada por contener todo el dolor que se acumula en dicha circunstancia.
Duelo inhibido: A diferencia del duelo ausente, este no se manifiesta como un mecanismo de defensa para evitar o rehusar el dolor de la pérdida, sino más bien, se presentan problemas de índole somático, incluso diversas manifestaciones o limitaciones del individuo le piden expresar el duelo.
Muchas veces, el proceso de duelo es una oportunidad de transformación. Ese es el caso del poeta argentino Juan Gelman, quien, a fines de 1989, recibió la grata noticia (pese a una larga espera de trece años) de que gracias al equipo de antropología forense argentino y mediante investigaciones y exhumaciones, identificaron a su hijo Marcelo Ariel, quien fue secuestrado junto con su hermana Nora Eva, y también la esposa de su hijo, María Claudia, y un amigo de su familia, quienes habían sido retenidos y llevados al centro clandestino de detención de Orletti, en el barrio porteño de Floresta. María se encontraba con siete meses de embarazo al momento del secuestro; fue llevada al Uruguay donde fue asesinada luego de dar a luz. Sin tener conocimiento del sexo de su nieto o nieta, Juan Gelman le dedica una linda carta:
Carta abierta a mi nieto (fragmento)
Me resulta muy extraño hablarte de mis hijos como tus padres que no fueron. No sé si sos varón o mujer. Sé que naciste…
Ahora tenés casi la edad de tus padres cuando los mataron y pronto serás mayor que ellos. Ellos se quedaron en los 20 años para siempre. Soñaban mucho con vos y con un mundo más habitable para vos. Me gustaría hablarte de ellos y que me hables de vos. Para reconocer en vos a mi hijo y para que reconozcas en mí lo que de tu padre tengo: los dos somos huérfanos de él. Para reparar de algún modo ese corte brutal o silencio que en la carne de la familia perpetró la dictadura militar. Para darte tu historia, no para apartarte de lo que no te quieras apartar. Ya sos grande, dije.
Escrita en 1995 y publicada en Brecha, el 23 de diciembre de 1998.
Finalmente, en el 2000, el poeta y periodista conoció a su nieta, Macarena, de 24 años.
Recordemos que superar el duelo no es sinónimo de resignación, sino la aceptación hacía nuevos cambios en nuestra vida. Muy por el contrario, lo que perdimos se hará presente, de alguna u otra manera, y comenzar a disfrutar de nuevo nuestras rutinas no es una traición a ese recuerdo, sino una reafirmación a algo mucho mejor, el camino a la felicidad desde otra arista del cristal. Confiemos en los procesos.
Cuando el año termina, trae consigo muchos pensamientos y reflexiones sobre lo que no pudimos realizar o lo que dejamos inconcluso, lo que puede influenciar de manera perjudicial a nuestra salud mental.
Por ello, cuando terminamos el año es necesario tomar algunas precauciones para no sobrepensar las cosas de manera despectiva, sino para tomar motivación para seguir adelante.
Pero ¿cómo podemos dejar de sobrepensar tanto las cosas negativas y enfocarnos en las positivas? Para ello debemos hacer un análisis completo de lo que queremos lograr este año y lo que no pudimos hacer en años anteriores, dejando de lado la frustración o el estrés, y enfocarse solamente en los objetivos que queremos lograr con la ayuda de la motivación
Recomendaciones para despejar la mente este fin de año:
1. Empatía con nosotros mismos: A veces se nos olvida pensar en nosotros cuando se trata de entablar una conversación, es necesario reconocer lo que hicimos bien durante el año, para poder tener motivación y así alcanzar las metas del próximo año.
2. Perdonar: Pedir perdón o aceptar el perdón de los demás es necesario para poder avanzar y así, dejar atrás cualquier tipo de disputa que sucedió el anterior año, eso nos ayudará a despejar la mente.
3. Brindar afecto: A veces, sucede que no sabemos cómo expresar nuestros sentimientos a través de las palabras, pero lo podemos hacer de distintas maneras. Un abrazo o un beso a las personas con las cuales compartimos en las festividades, nos ayudarán a tener un confort con nosotros mismos y a ellos de igual manera.
4. Retoma viejas amistades: Atraer gente con la cual no hablamos hace mucho tiempo, puede ser muy beneficioso para nosotros, nos ayuda a entender que nosotros estamos viviendo una vida al igual que ellos. Compartir esos pensamientos y experiencia con ellos, es gratificante para despejar la mente
5. Desconéctate de las redes sociales: Actualmente, usamos el celular todo el tiempo, es una herramienta para poder comunicarnos, pero mantenernos constantemente en frente de una pantalla nos impide visualizar lo que hay a nuestro alrededor, nos perdemos de muchas cosas, por eso es necesario prestar atención a los momentos importantes.
Recomendaciones para iniciar bien el año
1. Organizar: Planificar correctamente nuestro horario, esto nos ayudará a lograr mas actividades en menos tiempo. Es necesario saber cómo hacerlo por medio del uso de una agenda o un planner todo lo que haremos durante el año.
2. Manifestar: Hablar de nuestros sueños o metas de este año es necesario para poder motivarnos y lograr lo que nos propongamos, por eso animémonos a compartir con las personas mas cercanas a nosotros aquellas cosas que queremos lograr este año y cómo es que las podríamos conseguir.
3. Conocer nuevos lugares: Vivir nuevas experiencias renueva nuestra manera de pensar, no hacer adoptar nuevos hábitos y conocer muchas personas. Eso nos ayuda a tener mayor motivación para lograr nuestros objetivos o tal vez modificarlos.
4. Priorizar: Si nosotros dejamos de lado un sueño o algo por realizar en años anteriores, es necesario priorizarlo en el año nuevo para dejar de aplazarlo y dejar de procrastinar con ello.
5. Limpiar: Deshacernos de todo lo viejo, o lo que no usamos, hace que nuestra mente se despeje, y, por ende, podamos seguir adquiriendo nuevas cosas o experiencias. Podemos limpiar nuestra casa o nuestro espacio; donar lo que ya usamos nos hará sentir mejor.
6. Relajación y meditación: La relajación de la mente es necesaria para poder eliminar el estrés, por la mañana, al levantarnos, podemos inhalar y exhalar en periodos de cinco segundos para poder calmar la mente. La meditación nos ayuda a destensar los músculos y relajar la mente, es recomendable que nos apoyemos con música o algún video para poder hacerlo.
6. Agradecer: Cuando nosotros decimos «gracias» por todo lo que nos pasó en el día o en el año, estamos siendo considerados con nosotros mismos, por eso, al levantarnos podemos escribir en un diario todo por lo que estamos agradecidos, ello nos ayuda a tener compasión hacia nosotros.
Ten en cuenta que si no lograste lo que te propusiste este año, ya vendrán más. Trata de ser mas agradecido contigo mismo, tu cuerpo y mente lo apreciarán, cuídate mucho y trata de vivir con mas calma, pues el mundo no se va acabar mañana.
Referencia
Quintero, S. (2023). Salud mental: claves para cuidarla en el fin de año. https://www.vivirbiencolmedica.com/2023/12/19/salud-mental-claves-para-cuidarla-en-el-fin-de-ano/