No importa que tan pequeña creas que sea la medida de tu enojo, de no controlarse puede ser perjudicial para ti y para tu entorno. Tampoco está mal sentir una emoción, el problema radica en que haremos con respecto a ella, de nosotros depende cómo manejar nuestro fuego interior, podemos hacer que nos ilumine o que nos queme.
En esa línea de pensamiento, con respecto a la ira, podemos decir es un combustible, una fuente de energía en un estado volátil que nos podría dañar, pero, de igual manera, nos puede llevar a ponernos en acción, en cambiar las cosas que hicieron que termináramos por albergar dicho sentimiento, y que podamos transferir toda la ebullición emocional latente en actividades que puedan sernos de provecho en cualquier plano de nuestro desenvolvimiento personal y social.
Aristóteles decía que la persona dada a la ira “se encolerizan pronto, con quienes no deben, por motivos que no deben y más de lo que deben, pero se is apaciguan pronto, y esto es lo mejor que tiene”, y agrega que “se desquitan abiertamente a causa de su impulsividad, y luego se aplacan”. Ahí está la clave, hay que reconocer que la ira no es un estado que se deba conservar, más bien hay que discernir los momentos y lugares donde soltarla, y procurar dejarla atrás para alcanzar la mansedumbre, la virtud que Aristóteles contraponía a la ira, la virtud que nos permite alcanzar la serenidad, no dejarnos llevar por nuestras pasiones y ser adecuadamente indulgentes y sosegados (1985, pp. 226, 227).
En definitiva, la ira (y ningún sentimiento o emoción similar) no debe reprimirse, más bien debe controlarse con el poder de la fuerza de voluntad, de lo contrario, será como una bomba que nos explotará en las manos. Si bien hay ocasiones en que la ira puede irse o aplacarse con solo el poder de la mente, uno siempre puede recurrir a diferentes alternativas fuera de uno mismo: la atención de un amigo prudente, el consejo paternal, la intervención profesional en la psicoterapia, el ejercicio físico en un gimnasio, o… los cuartos des ira.
¿Qué es un cuarto de ira?
Es un lugar donde podemos soltar todo el enojo, tensión, frustración y cualquier otra emoción negativa, a través de actos como lanzar, aplastar, golpear y romper objetos de todo tipo (que ya se encuentren en un estado desechable, o que hayan sido diseñados precisamente para tales actos). La ventaja que ofrece un cuarto de ira es que permite que actos que, de darse en otras circunstancias, serían signos de un pobre autodominio o incluso de problemas psicológicos, puedan tener lugar dentro de un ambiente controlado y especialmente diseñado para ello.
En efecto, los actos destructivos causados por el rencor, la amargura, el enojo etc., ya sea que se susciten dentro de la privacidad del hogar o en plena plaza pública, serán objeto de censura y reprobación, y jamás se debería permitir que surjan en dichos lugares o momentos… Pero un cuarto de ira nos ayudará a canalizar el acto con carga violenta para, precisamente, soltar en gran medida dicha negatividad.
Si vives en la ciudad de Arequipa, la Clínica de Salud Mental – Consultora Warayana te recomienda probar el cuarto de ira “Crash”, donde podrás encontrar instalaciones debidamente implementadas para soltar toda esa carga emocional de la que buscas deshacerte. Y no solo eso, también encontrarás un área de relajación donde, luego de una sesión de romper y aplastar a diestra y siniestra, podrás reencontrar o apreciar mejor esa paz y calma que precisamente se desea obtener, porque el acto no debe terminar en el exacerbación de las pulsiones agresivas, sino en la tranquilidad de una mente serena. Y por supuesto, no hace falta estar bajo el agobio de un episodio de ira para asistir a un lugar como este, también puedes ir si deseas probar algo nuevo, ¡o simplemente divertirte!
Como mencioné en líneas anteriores, la ira puede ser un gran combustible, ¡pero hay que usarlo y agotarlo! Conservarla y dejar que ocupe mucho espacio en nuestro interior es agotador y penoso. Ya lo había señalado Marco Aurelio Denegri (2018): el rencor es la ira envejecida o el enojo retenido, y también señaló que la palabra en latín, ráncor, es denotativa tanto para “rencor” como para “rancio”. Este vínculo etimológico no es ninguna coincidencia, y en definitiva, esa ranciedad no nos dejaría desenvolvernos correctamente en otras situaciones de mayor importancia, podría contaminar nuestro interior y causarnos dificultades en nuestras actividades cotidianas, en nuestras responsabilidades, nuestros propósitos o, incluso en nuestras actividades recreativas.
Si la ira se presenta en tu interior, haz que sirva de alimento para una antorcha que guíe nuestros pasos en los senderos de la vida, y que, justamente a causa de ello, seas, cada vez, menos proclive a caer en ella. Finalmente, es oportuno recordar que la ira no se elimina con ira, y que la mansedumbre requiere un cultivo y ejercicio constante.
Referencias
Aristóteles (1985). Ética Nicomáquea. Madrid: Editorial Gredos S. A. https://posgrado.unam.mx/filosofia/pdfs/Aristoteles__Etica-a-Nicomaco-Etica-Eudemia-Gredos.pdf
Denegri, M. A. (2018). Rencor. https://elcomercio.pe/luces/libros/impreso-marco-aurelio-denegri-columna-rencor-noticia-499980-noticia/
Bonus
Aquí tienen una guía informativa —visual, práctica y breve— para el control de la ira diseñada por la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas. https://www.upc.edu.pe/servicios/orientacion-psicopedagogica/documentos/guia-pautas-para-el-manejo-de-la-ira.pdf





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