¿Qué temores aparecen cuando escuchamos la palabra suicidio? Tal vez lo que más se nos aproxime es imaginar uno de los escenarios más complejos donde nos podamos encontrar: la muerte súbita y repentina de un ser querido.
¿Qué encierra el suicidio?
Según la Organización Mundial de la Salud, lo define como el acto deliberado inicial y realizado por una persona en pleno conocimiento de su propia expectativa de un desenlace fatal.
Según sus estadísticas, la OMS data que alrededor de 800,000 personas en todo el mundo mueren por suicidio cada año, con mayor predominancia en hombres que en mujeres (la tasa de mortalidad media en el 2012: 11.4 por cada 100,000; 15 para hombres y 8 para mujeres; OMS, 2014; es decir, una muerte cada 40 segundos).
Mitos y verdades
Dentro de un fenómeno tan complejo como el suicidio vemos que el estigma y las barreras de los estereotipos, los prejuicios y la discriminación hacen más difícil la búsqueda de ayuda y de superación a dicho problema. Es cuando buscar los recursos de apoyo, información en líneas de ayuda y en sitios web para la prevención del suicidio, así como otras herramientas disponibles para la comunidad, es sumamente imprescindible. A continuación desglosamos algunos mitos y verdades:
MITO
REALIDAD
Hablar del suicidio es una mala idea y puede interpretarse como un estímulo para quitarse la vida.
Está demostrado que hablar sobre el suicidio, en vez de incitar, provocar o introducir en esa idea, reduce el peligro de llevarlo a cabo y puede ser la única posibilidad que se le ofrezca el sujeto para el análisis de sus propósitos.
El riesgo de suicidio es hereditario, por lo tanto, no se puede prevenir.
Recordemos que el comportamiento suicida tiene múltiples causas. Aunque se puedan encontrar varios miembros de una misma familia que hayan fallecido por este motivo, cada caso está influido por factores bio-psico-sociales particulares.
Solo las personas con trastornos mentales son suicidas.
Los problemas de salud mental pueden ser un factor de riesgo de presentar estos comportamientos; sin embargo, no se les puede atribuir la causa directa (como si la relación entre problemas de salud mental-conducta suicida fuera lineal, evidente y unívoca).
El que intenta un suicidio es un cobarde o un valiente.
Este criterio pretende equiparar el fenómeno del suicidio con una cualidad negativa/positiva de la personalidad; cuando en realidad es una condición transitoria a causa de un fuerte sufrimiento.
La mayoría de los suicidios suceden repentinamente sin advertencia previa.
La mayoría de las muertes por suicidio han sido precedidas de signos de advertencia verbal o conductual (el 80%), solo algunos ocurren sin advertencia previa. Es por esto que es muy importante conocer los signos de alerta.
Solo las personas mayores se suicidan, los niños no se suicidan.
Si bien el grupo de riesgo en nuestro país se encuentra entre los jóvenes, se han registrado muertes en las diferentes etapas de la vida, como por ejemplo, en niñas, niños y adolescentes.
Una vez entendidos los mitos y verdades que engloba el suicidio, podemos comprender con un mejor panorama las señales de alerta. Algunas de ellas son las siguientes:
Sentir desesperanza, impotencia, falta de valor, tristeza.
Perder interés en actividades que, por lo general, se consideran agradables.
Cambiar patrones de alimentación y de sueño.
Sentirse ansioso, irritable, inquieto.
Padecer dolor físico sin una causa física.
Bajar el rendimiento escolar o laboral.
Tener dificultad para concentrarse o tomar decisiones.
No querer estar en contacto con otras personas.
Tener pensamientos suicidas o relacionados con la muerte.
Tener cambios de personalidad o de humor repentinamente.
Descuidar la apariencia o higiene.
Regalar pertenencias significativas.
Atender asuntos del final de la vida, como crear un testamento o poner en orden el seguro de vida.
Despedirse de amigos y seres queridos.
Si alguna de estas señales te hacen ruido y las has podido presenciar en un ser querido o en ti mismo, ¡no estás sólo! Frente a estas características podemos vernos en un contexto complejo, pero la intervención inmediata es esencial y para poder prevenir el suicidio aquí hay una lista de acciones a tomar en cuenta:
Escuchar con apertura y respeto, ante una declaración como quisiera morir, uno puede sentir mucho nerviosismo, pero lo mejor siempre es continuar escuchando y mantener toda la atención a la persona que en confianza nos revela dicha información.
Generar un ambiente de comunicación franca en donde la persona que sé que manifiesta el riesgo de suicidio pueda explayarse con libertad y soltura, sin valores de juicio o alguna inseguridad que haga difícil la comunicación.
Mostrar empatía y sensibilidad frente a los comentarios o ideas que se pueden estar presentando, ya que también ayuda explorar y tener una mejor comprensión respecto al sufrimiento de la otra persona y los motivos por los cuales quiere quitarse la vida.
Evitar juzgar o interrumpir a la persona, ya que entendemos que, por el nerviosismo o por recabar la información dentro de ese contexto, podamos ser un poco intrusivos al momento de dialogar un tema tan complejo como es el suicidio. Esto podría ser que se retroceda en la intención de poder compartir su dolor y sería perjudicial ya que la comunicación se vería interrumpida y la persona se encontraría aún más vulnerable.
Explorar la disponibilidad del apoyo social, siendo este tan importante, podemos hacerle notar que existen otras opciones de las cuales puede recibir ayuda, ya sean familiares o amigos.
Exponer la posibilidad de recibir ayuda profesional, esta es una gran alternativa, ya que la consulta con un especialista podría ser beneficiosa para abordar el problema, mediante herramientas y técnicas terapéuticas o incluso con la intervención hospitalaria o de fármacos.
Promueva factores protectores, en este sentido, podemos hacerle notar a la persona que entienda que hay cosas que tienen mucho valor y significado en su entorno, o que incluso existen propósitos y metas que se verían truncadas por el acto de quitarse la vida. Por ejemplo: terminar la carrera, obtener un ascenso en el trabajo, dejar a las mascotas desamparadas, etcétera.
El suicidio es sinónimo de sufrimiento. No importa la temporalidad del dolor, los tormentos del pasado, las preocupaciones del presente o la desesperanza del futuro, siempre se busca intentar con muchas estrategias, aminorar el dolor. Sea cual sea el caso, se debe propiciar un ambiente de comprensión, sin juicios de valor que hagan más difícil aun el momento que transita la persona y que experimenta la ideación suicida, o que pone de manifiesto la posibilidad de morir hasta acabar con su dolor por medio del suicidio.
Las redes de apoyo son fundamentales, pero también el propio autocuidado. Al ser esto una estrategia para poder anticiparnos al suicidio, podemos:
Fomentar relaciones sociales saludables.
Gestión del estrés.
Realizar actividades físicas y culturales.
Fomentar la comunicación en casa y estar alerta frente a los cambios sobre todo conductuales.
Facilitar a los jóvenes (población de riesgo) los contactos de especialistas en atención de gestión de emociones/toma de decisiones.
Contar con un personal capacitado para poder detectar y actuar ante el comportamiento de riesgo suicida en las instituciones educativas.
Promover hábitos de vida saludable y los servicios de salud mental.
La prevención del suicidio es tarea de todos, porque representa uno de los fenómenos más insidiosos en nuestra sociedad. Todos somos miembros de una misma cultura donde la conciencia y la comprensión pública debe estar sumamente involucrada en la lucha frente a los pensamientos suicidas, debe haber una intervención a tiempo, prevención y la reducción del estigma.
Los medios de comunicación también conforman una gran ayuda y los grupos de apoyo desempeñan un papel muy importante debido a la difusión masiva, lo que garantiza el cuidado y la prevención ante conductas que atenten contra la vida. Este es un avance fundamental en la reducción de las barreras que solo nosotros somos capaces de superar. Salvar vidas al prevenir el suicido no solo nos hace una sociedad más empática, sino eficiente frente a un fenómeno que va en aumento.
Referencias
Organización Mundial de la Salud (2014). Preventing Suicide: A Global Imperative. Ginebra: WHO Press.
Contreras-Cordova, C., Atencio-Paulino, J., Sedano, C., Ccoicca-Hinojosa, F., & Paucar, W. (2022). Suicidios en el Perú: Descripción epidemiológica a través del Sistema Informático Nacional de Defunciones (SINADEF) en el periodo 2017-2021. Revista de Neuro-Psiquiatría, 85(1), 19-28. http://www.scielo.org.pe/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0034-85972022000100019
“La soledad me consume, incluso cuando estoy rodeada de tanta gente”, “Siento que estoy perdiendo la batalla contra mis propios pensamientos”, “Qué sentido tiene levantarse de la cama si todo parece tan oscuro, me duele”, “A veces desearía poder simplemente desaparecer y dejar de sentir todo”, “No puedo recordar la última vez que me sentí genuinamente feliz”, “Me pregunto si alguna vez podré salir de este agujero oscuro en el que estoy”.
¡Estas son frases que las personas que tienen depresión dicen y sienten! Necesitan un abrazo, lo necesitan de nosotros, ¡pero, a la vez, no! ¿Sabes por qué? Porque con el transcurso del tiempo él o ella ya asoció el interés y valor de su persona hacia el resto como si no importara nada, porque en el momento no indicado, no estuvieron presentes y ahora permanece preguntándose e hiriéndose con esas preguntas. Está sensible y se siente irreparable, necesita verdaderamente tu apoyo y mi apoyo, porque cada día se está agobiando más y más, y si no llegaras en su auxilio pronto, si no te das cuenta, ¡lo lamentarás! Sí sospechas de alguien que necesite ese abrazo, dáselo, porque un abrazo nunca está de más… Un día, yo, tú escritora, lo necesité, espero que este artículo te pueda motivar a tomar esa iniciativa de ayuda.
¡La depresión es una realidad compleja que toca los corazones de millones en todo el mundo! Desde los síntomas más evidentes, hasta las causas más profundas, su impacto puede ser abrumador y difícil de entender para quienes no la han enfrentado. Pero aquí, en este artículo, nos embarcaremos en un viaje de descubrimiento y esperanza. ¡Vamos a explorar los matices de la depresión, desde su definición hasta las estrategias de apoyo! A lo largo de esta travesía, iluminaremos un tema que, a menudo, se ve envuelto en sombras, ofreceremos perspectivas y recursos para aquellos que están luchando. ¡La luz está al final del túnel y juntos la encontraremos!
Sigmund Freud fue el primero en diferenciar los procesos psicológicos que toman lugar en el duelo de los síntomas de la depresión melancólica. Él argumentó que la pérdida de autoestima, manifestada por autorreproches, es característica de la melancolía. Más tarde, el modelo cognitivo-conductual de la depresión propuso la presencia de pensamientos distorsionados o erróneos, conscientes sobre la interpretación de experiencias (Botto, Acuña, & Jiménez, 2021).
De igual modo, la depresión es un trastorno psicológico que se define por un estado emocional bajo, falta de interés en actividades que antes resultaban placenteras, y una sensación persistente de agotamiento. Estos síntomas impactan negativamente en la calidad de vida y pueden causar dificultades en el ámbito familiar, laboral y social de quienes la padecen (MINSA, 2023).
Supone una de las patologías más frecuentes en Atención Primaria, y es la primera causa de atención psiquiátrica y de discapacidad derivada de problemas mentales. Los tratamientos que combinan psicofármacos y psicoterapia suelen aliviar, parcial o totalmente, los síntomas de la depresión en la mayoría de los casos, y después de superar los síntomas, es recomendable continuar con el tratamiento antidepresivo durante el tiempo necesario para prevenir recaídas, que en algunos casos puede ser de por vida (Pla Vidal, 2023).
¡La batalla contra la depresión es una enfermedad emocional! Lahaye (2013) afirmó que, en las encuestas que hacía de manera masiva, la respuesta que recibía a la pregunta: “¿Hay entre los presentes alguno que nunca, en toda su vida, haya sufrido una depresión?, era que ninguna de las personas abordadas se había visto libre de este problema, aunque cabe agregar que mucha de esa gente, al responder esa pregunta, se refería a estados depresivos en términos leves, lo que algunos llaman “estar en la luna” o —como dijo una mujer encuestada— “tener un nudo en la garganta”.
La depresión aparte de ser una enfermedad mundial, no hace acepción de personas. Ninguna ocupación está exenta de la depresión, tanto amas de casa, comerciantes, obreros de construcción, maestros, contratistas, etc. Muchos temen que el hecho de confesar que están deprimidos, equivale a reconocer que padecen de una minusvalía mental (Lahaye, 2013).
Recomendaciones:
Aquí tienes algunas estrategias de apoyo que pueden ser útiles para alguien que está luchando contra la depresión:
1. Escucha activa: Estar presente y escuchar sin juzgar puede ser enormemente reconfortante para alguien con depresión. Hazle saber que estás allí para él/ella y que puedes ser un hombro en el cual apoyarse.
2. Ofrece tu compañía: Invita a la persona a participar en actividades sociales o simplemente pasar tiempo juntos, incluso si es solo para estar en silencio. La compañía puede proporcionar un sentido de conexión y pertenencia.
3. Anima la búsqueda de ayuda profesional: Apoya a tu ser querido para que busque ayuda profesional, ya sea animándole a hablar con un médico, psicólogo o psiquiatra. Incluso podrías acompañarle a las citas, si es necesario.
4. Ayuda con las tareas cotidianas: La depresión puede hacer que incluso las tareas más simples parezcan abrumadoras. Ofrece tu ayuda con las tareas domésticas, la preparación de comidas o la gestión de responsabilidades diarias para aliviar algo de su carga.
5. Fomenta la actividad física: Anima a la persona a realizar actividades físicas suaves, como pasear, practicar yoga o nadar, ya que el ejercicio regular puede tener un impacto positivo en el estado de ánimo y en la salud mental en general.
6. Evita minimizar sus sentimientos: Es importante validar los sentimientos de la persona y evitar minimizar su experiencia. Escucha con empatía y muestra comprensión sin intentar arreglar o solucionar sus problemas.
7. Ofrece información y recursos: Indaga más sobre la depresión y comparte recursos útiles, como libros, artículos o grupos de apoyo en línea, que puedan proporcionar información adicional y un sentido de comunidad.
8. Se paciente y compasivo: La recuperación de la depresión puede llevar tiempo y esfuerzo. Reconoce que tu ser querido está luchando contra una enfermedad legítima y que necesita apoyo continuo.
Recuerda que cada persona es única y puede responder de manera diferente a las estrategias de apoyo. Lo más importante es mostrarle a esa persona que tanto aprecias, que estás allí para ella, para brindarle tu apoyo incondicional y para alentarle en su camino hacia la recuperación.
Francés, inglés, español, alemán y chino, si escuchamos hablar a alguien en un idioma completamente diferente al nuestro, probablemente no entenderemos lo que nos quieren comentar, ni tampoco podremos devolver una respuesta clara o que se pueda comprender en su totalidad.
Cuando nos encontramos dentro de una relación de pareja, nuestra forma de demostrar afecto y brindar importancia a la relación, tiende a ser particular de cada quien; a muchos les habrán preguntado: ¿Qué tipo de persona buscas como pareja?, algunos habrán respondido: «busco una persona que sepa escuchar y sea atento/a», otros: «alguien con quien pueda pasar el rato y sentirme a gusto», y otros: «¡alguien que me de regalos y detalles por montón!».
En los primeros compases del enamoramiento, la persona suele parecernos de lo más perfecta, nuestros ojos no pueden ver más allá del velo de idealismo que nosotros mismos hemos construido, además, creemos que si la relación no está en una perfecta estabilidad, no demorará mucho en alcanzarla, sin embargo, cuando las cosas empiezan a avanzar, este velo cae inevitablemente y los problemas aparecen, dejando al descubierto los defectos de nuestra media naranja.
Gary Chapman (1996) se refiere a los lenguajes del amor como lo que satisface la necesidad de sentirse amado; estos tienen como finalidad la interpretación de acciones dentro de la relación que nos hacen sentir apreciados y queridos, así como, expresar nuestros sentimientos por el otro.
Según Chapman, los lenguajes del amor son cinco:
El primero son las palabras, se trata de expresar nuestro amor de forma verbal, con palabras de amor, apoyo, ánimo, halagos, amabilidad, humildad, etc. No todas las parejas conocen el poder de este lenguaje, no se trata de hablar únicamente, si no de expresar lo que sentimos de acuerdo a lo que hemos observado que nuestra pareja necesita escuchar, se necesita observación, empatía y paciencia; para las personas de pocas palabras, el tema de la comunicación presenta algunas dificultades, pero no hay necesidad de dar frases complicadas o rebuscadas, un “ hoy te ves muy bien” podría hacer una gran diferencia.
Buscando una mirada a la exquisita experiencia de encontrarse el uno al otro, se presenta el tiempo de calidad, lo que abre paso a la atención entre la pareja, este lenguaje se trata de pasar tiempo juntos, conociéndose y compartiendo, así como darse ese espacio sin distracciones del entorno, por ejemplo: ir a cenar y poder conversar abiertamente de temas importantes para cada quien y para la relación. Cada vez se ha hecho menos frecuente este tipo de lenguaje, ya que, en en la actualidad, las distracciones y las necesidades materiales se han sobrepuesto a ello.
Tratando de volver al amor en algo un poco más tangible, nos encontramos con los regalos, un detalle de este tipo es algo que podemos mostrar a los demás para decir: “Mira, estaba pensando en tí”; sin embargo, no es tan simple como parece, las personas le dan diferentes significados y esperan regalos de tipos variados, algunos, manualidades, otros, presentes costosos y otros, regalos que sean afines a sus gustos, independientemente del precio.
Cuando le sirves una taza de café al regresar del trabajo por la noche, cuando le compras su postre favorito, cuando la/le ayudas en algo que es importante para ella/él… Todas estas demostraciones de afecto se traducen como actos de servicio, se trata de acciones que favorezcan a la otra persona, como diría Chapman: «No es una necesidad ni una obligación, sino algo que se hace de manera generosa para ayudar al otro».
Considerada la forma de comunicación más directa y sencilla, esta el contacto físico, no todos tenemos la propensión a un contacto físico prolongado, sin embargo, en otros casos, este lenguaje es el principal, por lo que es importante fijar el tipo de contacto dentro de la relación y los momentos en los que se da, normalmente, esto ocurre de una manera implícita. Champan considera que el contacto físico puede producir o romper una relación, ya que permite comunicar amor u odio.
Si algo ha quedado claro es que, al iniciar una relación, es importante comunicar, escuchar y observar, al entender el lenguaje de las dos partes (el propio y el de nuestra pareja) y poder compenetrar estas necesidades, se dará un entendimiento que probablemente lleve la relación hacia el éxito.
Referencias
Chapman, G (1996). Los lenguajes del amor. Florida: Editorial Unilit.
Entre conversaciones que tuvimos en un salón de clases, surgió un tema bastante peculiar: el duelo y el miedo a perder. Comentamos acerca de cómo sería la vida si moríamos o si perdíamos a las personas o mascotas que más amábamos. En el transcurso, observaba los rostros de mis compañeros, mientras conversaban sobre ello y en muchos casos, había cierto miedo, tristeza, incomodidad e incluso poca apertura para intervenir, a lo que el profesor encargado sugirió la siguiente dinámica: Nos pidió escribir una carta anónima de despedida a aquella persona, mascota o proyecto significativo, para la cual nos brindó un tiempo prudente. Seguido de ello, pidió que todas las cartas por fila, sean mezcladas para que otros compañeros puedan escribir palabras amorosas de consuelo y acompañamiento.
Al finalizar, cada estudiante por fila buscó, entre las cartas, la que había escrito, y deseosos empezaron a leer las palabras de consuelo y amor; muchos de los estudiantes se mostraron sensibles y otros se rehusaban a leer en el salón, comentaron que era una situación complicada, para evitar sentirse vulnerables.
Esta anécdota me sirvió mucho para poder comprender que el perder a alguien o algo, nos resulta una experiencia diferente para cada uno. Algunas personas pueden aceptar y recibir apoyo, otras no saben cómo actuar ante ello para no sentirse vulnerables o porque aún no ha habido un cierre o un fin para el duelo, pues existen muchos sentimientos, recuerdos y experiencias de por medio.
El duelo es una experiencia universal, natural y emocional a la pérdida significativa, ya sea la muerte de un ser querido, la ruptura de una relación, la pérdida de un empleo o cualquier otro cambio importante en nuestras vidas. En su esencia, el duelo es un proceso de adaptación a la ausencia, donde se experimentan una variedad de emociones complejas y se navega por un viaje de ajuste emocional, cognitivo y espiritual.
«Cuando se habla de pérdidas y en especial de las pérdidas relacionadas a una persona, es una experiencia que necesita ser compartida, acompañada y respetada. Es normal que se necesite saber que el dolor, tiene un impacto en los demás; así que, por lo general, las personas que han tenido una pérdida suelen valorar mucho la presencia y la compañía de las personas que aprecian». (Fundasil, s/f).
Es relevante considerar que cuando el duelo se presenta, la personalidad, la psique de la persona, su historia, sus experiencias de vida y el sistema de afrontamientos que posee, más allá de las circunstancias de la muerte, tendrán que ver con la forma de asimilar el duelo. Por ello, al presentarse el duelo, será importante dejar que la persona pueda sentir el dolor junto a todas las emociones que ello conlleva. Aceptar, que ese ser amado ya no está y que la pérdida es irreparable, será un momento inicial y crucial para el fortalecimiento de la persona.
¿Cuáles son los tipos de pérdida a los que podríamos enfrentarnos?
De acuerdo a Pangrazzi (s/f), son:
Pérdida de la vida: Es un tipo de pérdida total, ya sea de otra persona o de la propia vida.
Pérdidas de aspectos de sí mismo: Pérdidas que tienen que ver con la salud, por ejemplo, pérdida de las capacidades sensoriales, cognitivas, así como psicológicas, por ejemplo, la autoestima, valores, ideales, ilusiones, etc.
Pérdidas de objetos externos: Pérdidas materiales, un trabajo, un hogar, ciertas pertenencias y objetos vinculados o importantes para cada persona.
Pérdidas emocionales: Rupturas con la pareja o amistades debido a que el contacto físico se ve limitado.
Pérdidas ligadas con el desarrollo: Pérdidas relacionadas al propio ciclo de la vida, por ejemplo, el el paso por las distintas etapas o edades, infancia, adolescencia, juventud, menopausia, vejez, etc.
¿De qué manera nos afectan las pérdidas?
Las manifestaciones a causa de las pérdidas no son universales, varían de persona a persona y de las actividades que se realicen para sobrellevarlas.
Torres (2020) nos menciona las dimensiones en las que nos afectan las pérdidas:
Dimensión física: Molestias físicas, sensación de “vacío” en el estómago, nudo en la garganta, sequedad en la boca, alteraciones de sueño y alimentación, sensación de opresión en el pecho, palpitaciones, falta de energía, etc.
Dimensión emocional: Experimentar sentimientos de tristeza, enojo, miedo, culpa, soledad, ansiedad, impotencia, añoranza, desesperanza, alivio y liberación, amargura, etc.
Dimensión cognitiva: Dificultad para concentrarse, falta de interés por las cosas, confusión, entre otras.
Dimensión conductual: Cambios en el comportamiento, por ejemplo, aislamiento social, retraimiento, aumento en el consumo de tabaco o alcohol.
Dimensión social: Aislamiento, rechazo hacia los demás.
Dimensión espiritual: Se puede presentar como el replanteamiento de las propias creencias, podemos llegar a cuestionarnos a nosottos mismos y pensar: “¿Por qué a mí?”
¿Cuales son los mitos en relación al duelo?
En el manual sobre el duelo de Unicef (2020), nos menciona los siguientes:
Mito 1: El duelo se resuelve aproximadamente en un año
El duelo es un proceso en sí muy complejo y personal. El periodo de tiempo para “resolverlo”, varía en función de múltiples factores.
Mito 2: El duelo es como una depresión
Aunque ambos comparten ocasionalmente ciertas manifestaciones tales como la desilusión, tristeza profunda, llanto, desapego de la vida, apatía, entre otras, debemos recordar que la depresión es una enfermedad mental con criterios diagnósticos y el duelo es una respuesta adaptativa.
Mito 3: Dentro de los diferentes tipos de muerte, hay unas que son peores que otras
No es una competencia sobre quién ha tenido la peor desgracia y quién está sufriendo más. Cada proceso y cada persona es diferente, sus vivencias son válidas y deben respetarse.
Mito 4: Cuando la muerte es “natural”, sobre todo de una persona mayor, no genera duelo
En el duelo, lo que importa es la vinculación que se tenía con quien se ha perdido, cada persona lo procesará de diferente manera, según cuán significante ha sido y según las experiencias o vivencias que tenemos de ello.
Mito 5: Los hombres lo llevan mejor, para ellos es diferente, se recuperan antes
No es una cuestión de género, cada persona, independientemente de ello, es libre de sentir la pérdida y organizar su experiencia como pueda y como sepa sobrellevarla.
El duelo y sus etapas según Kubler-Ross
1. Negación
El shock y la incredulidad por nuestra pérdida en un momento o un día, puede ser disfuncional e intentará convencernos de que el ser querido no ha muerto. Sin embargo, la incapacidad de comprender la pérdida durante un tiempo no es algo de lo que haya que salir rápidamente, pues es una reacción normal.
2. Ira
Kessler (s/f) refiere que la ira es el guardaespaldas y una expresión del dolor. Además, debajo de la ira puede haber sentimientos de desesperanza o impotencia que en circunstancias provoca la culpa y la culpa que algunas personas utilizan para mantener una ilusión de control o expresar frustración. La culpa puede verse acompañada de pensamientos como: “si yo hubiera estado, si yo hubiera hecho…”. Se estará buscando el factor causante de la pérdida.
3. Negociación
Las intenciones de volver el tiempo atrás es un deseo frecuente en esta etapa, la persona se queda pensando en el pasado para intentar negociar la salida de la herida, mientras se piensa en lo diferente o maravilloso que sería todo si el ser querido o la pérdida no hubiese pasado.
La frase que resume esta etapa es: “¿Qué hubiera sucedido si…?”
4. Depresión
La persona empieza a asumir de forma definitiva la realidad de la pérdida, y genera sentimientos de tristeza y de desesperanza junto con otros síntomas típicos de los estados depresivos, como el aislamiento social o la falta de motivación para realizar actividades rutinarias o de ocio.
5. Aceptación
La aceptación no significa que te parezca bien que tu ser querido se haya ido. Consistirá en aceptar la realidad de la pérdida, de aprender a convivir con ella y crecer a través del conocimiento de los sentimientos.
¿Las etapas son rígidas o siempre deben seguir una secuencia?
No, las etapas no son rígidas o lineales. Debemos comprender que tales etapas pueden aparecer en diferente orden, intensidad o incluso puede que no se presenten en el duelo de una persona.
¿Cómo afrontar la pérdida y el duelo?
Te presentamos algunas indicaciones de autocuidado:
Permítete estar de duelo, date un espacio y permiso para sentir cada emoción. Quizás pienses que es mejor no sentir el dolor, o distraerte para evitarlo, sin embargo de todas maneras, con el tiempo, lo más probable es que el dolor salga a la superficie.
Si buscas o deseas estar un momento solo o sola, procura meditar y expresar emociones en privado, pero sin que esto signifique aislarse de los otros. Será muy importante que lo comuniques a los que están a tu alrededor, para que entiendan esos espacios y los respeten.
Abre tu corazón al dolor, es importante para expresar lo que sientes, ya sea la tristeza, la rabia o el miedo por lo perdido. Recuerda que tenemos la libertad y el derecho de llorar cuando sintamos que sea necesario. Llorar es tan exclusivamente humano como reír.
Anímate a pedir ayuda, da la oportunidad a tus amigos y seres queridos de estar cerca. “No es más sabio ni más evolucionado el que no precisa ayuda, sino el que tiene conciencia y valor para pedirla cuando la necesita”. (Bucay, 2003).
Confía en tus recursos para salir adelante y respeta tu propio ritmo de sanación, puedes conseguir ayuda profesional para fortalecer tales recursos y aprender estrategias para gestionar situaciones difíciles.
Comprende que el duelo no es olvidar, al contrario, nos permite buscar para tu ser querido el lugar que merece en tu corazón. Es poder pensar en él, y no sentir ya ese latigazo de dolor. Es recordarlo con ternura y comprender que el tiempo que compartiste con él o con ella, fue un gran regalo.
¿Cómo ayudar a alguien en duelo?
Para poder acompañar saludablemente a un familiar o amigo que ha perdido algo o a alguien valioso, debemos considerar lo siguiente:
Actitudes que ayudan
Dejar que se desahogue: recuerda que sentir y expresar el dolor, la tristeza, la rabia o el miedo frente a la muerte de un ser querido es el mejor camino que existe para cerrar y curar la herida por la pérdida.
Escuchar y acompañar a la persona en duelo puede ayudar a que se sienta aliviada y validada.
No temas en sentirte vulnerable, no hay nada de malo en mostrar tus sentimientos, o en mostrar que también te afecta lo que ha pasado.
Respeta el tiempo y procesos: el afronte es individual, cada persona cerrará el duelo en el tiempo que vea necesario.
Actitudes que no ayudan
No intentes buscar una justificación para lo que ha ocurrido.
No te empeñes en animar ni tranquilizar insistentemente a la persona en duelo, es posible que lo que más necesite en ese momento, es que solo la escuches.
No le restes importancia a lo que ha sucedido al hablarle de lo que todavía le queda.
Comentar las siguientes frases: «Ya olvídalo», «Fue mejor así», «Deja de sufrir», «El tiempo todo lo cura», «Mantente fuerte por lo demás», «Es la ley de la vida».
Invalidar sus sentimientos, por ejemplo, decir que llorar no sirve o que es de débiles y que solo empeorará el dolor.
Me gustaría comentar que el duelo es una respuesta adaptativa universal que puede manifestarse de diversas maneras, recuerden que no hay una manera correcta de vivir un duelo, cada uno lo vivirá como lo sienta, y está bien. Por ello les animo a comprender los sentimientos de los demás, a respetar los espacios y a ser una red de apoyo. Si te encuentras pasando por una situación de duelo, no dudes en pedir apoyo o acompañamiento, recuerda que siempre habrá ayuda disponible.
Para finalizar, los invito a escuchar los siguientes podcast que retratan muy bien los procesos de la pérdida y el duelo. Al escucharlos, podrán esclarecer sus dudas y sentir alivio.
Alguna vez te has preguntado por qué, al tener TLP, piensas cosas como: ¿Por qué necesito reemplazar el dolor emocional con dolor físico? ¿Por qué siento que cada vez que ocurre un problema es mi culpa y debo pagar por eso? ¿Por qué siento al dolor como algo tan familiar, como si fuera mi hogar? ¿Realmente me gusta sufrir? ¿Lo merezco?
Bueno, en este artículo intentaremos responder a esas preguntas, desde una perspectiva profesional y personal, para entender por qué se siente tan cómoda la idea del dolor.
Para comenzar, debemos tener una concepción sobre lo que es el trastorno límite de la personalidad (TLP). Según el Manual de diagnóstico y estadístico de trastornos mentales (DSM-V, 2014), este trastorno de personalidad es caracterizado por un “patrón general de inestabilidad de las relaciones interpersonales, la autoimagen, y los afectos. Además muestra una notable impulsividad que comienza antes de la edad adulta y está presente en una variedad de contextos”.
Es decir, que se trata de un trastorno complejo, el cual afecta todas las áreas de la vida tanto de manera interpersonal como intrapersonal. En esta se acentúa la inestabilidad afectiva, debido a un profundo miedo al abandono que produce un vacío crónico en quien lo padece, lo que hace que el “humor” cambie repentinamente por estímulos pequeños que puedan estar prediciendo el abandono de alguien cercano, lo que hace que uno sienta un dolor indescriptible. Este dolor es tan grande que se ha llegado a comparar por especialistas como una “quemadura de tercer grado”, asimismo, se encuentra un enojo y control de ira inapropiado, el mismo que provoca disputas que llegan a alejar a personas cercanas, las cuales desencadenan un sentimiento enorme de culpa, y esto nos regresa al primer punto, el miedo al abandono.
Entonces se genera la interrogante: ¿Una persona con TLP vive en un ciclo constante donde el dolor es su único acompañante?
¿De dónde viene el TLP?
Este tiene su base en un factor genético y un factor ambiental. Cuando hablamos de un factor genético, nos referimos a lo que nos pudieron transmitir nuestros progenitores o familiares cercanos, al tener ciertas condiciones de salud mental a través de los genes, mientras que al hablar del factor ambiental, tenemos que tocar temas como los estilos de crianza, el apego y el ambiente invalidante.
En cuanto al apego, nos remontamos a los primeros momentos de vida, cuando aprendemos a distinguir lo bueno y lo malo, al hacer comparaciones radicales sobre lo placentero y displacentero, este proceso es llamado escisión y fue un término brindado por la corriente psicoanalítica.
Este proceso intenta explicar que todo inicia desde la infancia, pues, el recién nacido crea dos versiones de una misma persona. Por ejemplo, un bebé, al distinguir a su mamá, crea dos versiones de ella: a la “madre buena”, la cual cumple con sus necesidades fisiológicas y a la “madre mala”, que no lo atiende e ignora sus necesidades, dividendo a una misma persona en dos para poder entender algunas complicaciones de la vida. No obstante, en el futuro, el menor logrará unir a estas dos personas en un mismo ser. Pero si la madre siguiera con un patrón de invalidación o negligencia, el cerebro del hijo seguirá usando el mismo pensamiento dicotómico para entender la realidad y así, se convertirá en un mecanismo de defensa para el TLP. (Arango, 2018). A partir de la escisión surgen cuestiones como: ¿Todo o nada? o, ¿blanco o negro?
Durante la niñez, se tiene un sentido innato de buscar protección en nuestros cuidadores principales, lo cual no se cumpliría si es que se crece en un ambiente “invalidante”, mismo término que Linehan (1993) define como: “Las características del entorno que niega o responde de modo no adecuado a las experiencias privadas de los sujetos”. En ese contexto, no se podría cumplir con esta necesidad básica y el niño se encontraría en un “miedo irresoluble”; esto ya que muchas personas con TLP viven situaciones traumáticas de mayor o menor grado, he incluso les impide pedir ayuda, ya sea porque las personas que ocasionan el trauma son parte de quienes este consideraría como “seres queridos”, o que estos minimicen el hecho traumático e incluso lo culpen por la producción del trauma; esto hará que la persona se sienta en un dolor constante, del cual no ve salida. Según Causera y Peris (2015), “todos podemos funcionar a nivel borderline, pero la duración e intensidad de experiencias que impiden al niño establecer una relación segura con el objeto amado, hacen que éste actúe de forma crítica en un nivel borderline”.
Entonces, el ser criado en un entorno de negligencia o abuso puede provocar que, posteriormente, se cree un apego inseguro o desorganizado, siendo este último el de mayor gravedad y que dará mayor predictibilidad a vivenciar episodios disociativos. Por lo que, al vivir en un entorno sin la protección necesaria, es que se desarrollará un apego basado en el miedo.
Apegos en el Trastorno Límite de la Personalidad
Apego Inseguro:
Para desarrollar el apego inseguro, el padre, la madre o ambos actuarán de forma inestable al ejercer su paternidad, e incluso mostraran cierto rechazo, lo que ocasionará que, muchas veces, el menor no pueda contar con ellos; una consecuencia de esto, será que cuando este crezca, mantendrá cierto rechazo a sus cuidadores. Asimismo, al tener este tipo de apego se requerirá constante validación del amor, ya que no lo percibirá como un sentimiento real y genuino; por lo que, ante cualquier mínima señal de abandono, el cerebro mandará una alerta roja que ocasionará un estado de crisis y ansiedad en la persona que vive con este apego, todo ello debido a su constante miedo al abandono, que le lleva a tomar acciones impulsivas que muchas veces podrían atemorizar a sus seres queridos y provocar que se vayan.
Apego desorganizado:
Al hablar del apego desorganizado, nos encontramos con una niñez donde la incoherencia de los estados afectivos de los padres prima por sobre todo, es decir, que estos provocan un estado de amenaza por el abuso y protección excesiva al mismo tiempo. Lo que generará que estas personas tengan una estrategia de apego incoherente, donde si bien se mantendrá el mismo sentimiento de miedo al abandono, también provocarán una evitación hacia las personas que sean importantes para ellos, ya que su subconsciente pensará en: “Si no me relaciono de forma cercana a alguien, no podrá abandonarme”. Y el vivir dentro de un constante círculo de amor-evitación, será desgastante y doloroso para quien lo padezca, lo que hará que reviva constantemente su miedo al abandono, que muchas veces será provocado por él mismo (Causera & Peris, 2015).
En conclusión, el ambiente en el que nos criamos desde el nacimiento será precursor del posible desarrollo de un trastorno mental. Ya que cuando la “invalidación” por parte de nuestros cuidadores prime durante el desarrollo, aumentará la posibilidad de generar un posible TLP, y ya desde entonces, empezará a crearse la idea del “dolor” como parte de nuestra vida, el mismo que seguirá repitiéndose indefinidas veces por ser parte de nuestro apego. Sin embargo, a esto también se le suma los estilos de crianza, caracterizados por un excesivo control y poca protección, lo cual se denota en la falta de reconocimiento e invalidación, junto a un alto nivel de exigencia con castigos de bastante dureza, que pueden ser físicos o psicológicos.
Aquí es donde se resalta la teoría del doble vínculo de Gregory Bateson, la cual habla de un dilema de comunicación donde hay una confusión en el mensaje, con una notoriedad especial en el empleo de castigos.
Un ejemplo de este, sería en los castigos psicológicos: cuando se le quita toda atención al niño y sus necesidades por un periodo de tiempo, en el cual el dolor por el miedo al abandono será de gran intensidad. Aunque después de unas horas, regresé la madre y reafirme el amor con palabras corteses y preste atención a sus necesidades, ella incluso podría llegar a culpar a su hijo por hacer que tenga que castigarle. En este ejemplo se dio una primera comunicación no verbal amenazadora a la vida del menor, donde se le mostraba que no se le quería y se le quitaba la protección, mientras que, en la posterior comunicación verbal, se le muestra que sí le quiere y que la culpa de perder el amor es del propio niño. Entonces, su cerebro entiende que merece sufrir, ya que es su culpa, y la única forma de conseguir amor es sufriendo antes, aquí empezamos a relacionar un pensamiento dicotómico: Placer – Dolor.
A continuación, se procederá a responder aquellas preguntas por las que este artículo te interesó, pero, a diferencia de lo explicado anteriormente, se hará en primera persona, pues quien les habla, vive con este trastorno desde hace muchos años, y lo que busca, es ayudar a comprender ciertas cuestiones que nos planteamos sobre nosotros mismos. Entonces, desarrollemos las siguientes preguntas.
¿Necesito sentir dolor para sentir placer?
Cuando hablamos de “intercambiar dolor psicológico interno y vago por un dolor físico claro pero controlado puede ser una explicación para la paradoja que une placer y dolor” (Puértolas Argüelles, 2018). Es por ello que debemos tener en cuenta que muchas de las personas con TLP tienen alteraciones estructurales y funcionales en la red frontolímbica la cual incluye a la corteza cingulada, la ínsula y la amígdala con sus respectivas conexiones, lo que reduce la sensibilidad ante estímulos nociceptivos fásicos o la percepción del dolor, así se da una relación entre la experiencia de este con la liberación de endorfinas, las cuales son neurotransmisores que modulan la experiencia del dolor e incrementan la sensación de placer. A causa de ello, generan un estado de ánimo alterado en base a los estímulos provocados por una persona, que le permiten tener una percepción de control sobre el dolor, produciendo sentimientos de orgullo, logro, catarsis e identidad positiva.
Aunque también se ha podido ver por otros investigadores que, al generar un dolor físico, se puede escapar del “yo”, y aliviar la autoconciencia durante un corto periodo de tiempo. Esta forma de manipular el concepto de “dolor” por nuestro cerebro, hace que veamos a estímulos aversivos como más agradables si alivian un dolor mayor como lo es el emocional (Puértolas Argüelles, 2018).
¿Me gusta sufrir?
La respuesta es que a veces sufrimos tanto que ya no encontramos más salida que las conductas impulsivas que liberen las endorfinas que nos hagan sentir “vivos”. En muchas ocasiones, al tener mucho dolor cargado, empezamos a disociar el dolor, y nos quedamos con un estado de ánimo aplanado, que nos hace sentir completamente solos, y es en ese momento cuando solo buscamos sentir algo que nos libere de ese vacío, aunque se comience con un acto mínimo, si funciona, buscaremos repetirlo para seguir sintiendo lo mismo, aunque las exigencias vayan en incremento.
El sentimiento de placer que buscamos para desahogar el dolor es mucho más grande al que sentiría una persona sin este tipo de trastorno, ya que, no solo se disminuye el dolor, sino que se siente una salvación de cualquier estímulo negativo que podría haber pasado hasta el momento.
Para desarrollar esta idea, podemos imaginar el siguiente escenario: “Haberse perdido hace años, y que alguien te regrese a la realidad, sanando cada herida que pudiste tener, por más que sea superficial, y, a pesar de que al final te vuelvas a perder, tener esa sensación, aunque sea durante un corto periodo de tiempo, resulta en algo glorioso”.
Como dice en la canción “Pain” de Three Days Grace: Prefiero sentir dolor a no sentir nada en absoluto.
Mi bestie el TLP
Es por todo lo que hemos revisado que podemos decir que, desde la infancia, el dolor ha sido algo que se crio con nosotros, es parte de nuestro día a día, y por eso, ahora se siente como “nuestro hogar”, el lugar seguro en el que siempre estuvimos, por eso es que se siente tan familiar y cómodo el sentirlo cuando lo provocamos nosotros mismos, ya que nos da la sensación de poder controlar algo de nuestra vida, algo muy fuerte que vive con nosotros, y que produce calma, al darnos la falsa sensación de controlar nuestras emociones.
Pero, en realidad, este dolor no es exactamente nuestro hogar, nosotros hemos vivenciado muchas más cosas que nos llevan a ser quienes somos hoy en día, vivimos experiencias nuevas y gratificantes en cada momento, y así como podemos sentir un dolor crónico, en otras ocasiones nos podemos sentir con muchos ánimos que nos llevan a cumplir muchos objetivos propios. El dolor es parte de nosotros, pero no es toda nuestra vida, no es nuestra casa, pero sí podemos decir que es el hogar donde se crio nuestro TLP.
¿Merezco sufrir?
No, no merecemos sufrir, aunque nuestro cuerpo esté acostumbrado a la sensación de dolor y nuestra mente parezca necesitarlo para “funcionar” adecuadamente, la realidad es que esta necesidad de dolor es la que nos coloca en diversas situaciones de riesgo como las conductas suicidas y autolesivas, que incluso dificultan llevar un tratamiento psicoterapéutico, e interfieren con nuestra calidad de vida, al impedir que nos desarrollemos adecuadamente con nosotros mismos, así como con los demás.
Marsha M. Linehan
¿Qué hago con mi dolor?
El tratamiento psiquiátrico y psicoterapéutico es esencial para el tratamiento del trastorno límite de la personalidad, y ambas son completamente necesarias para trabajar en nuestro estado, pero quisiera resaltar la importancia de la psicoterapia con el Modelo Dialéctico Conductual, la cual fue creada y desarrollada por Marsha Linehan, quien creó su modelo teórico en base a su propia experiencia con el TLP, donde pudo identificar todos estos factores que interfieren en nuestra vida afectada por este trastorno.
En su modelo terapéutico se trabaja desde una visión de aceptación y cambio, ya que, como hemos podido revisar, pasamos por cosas muy difíciles durante toda nuestra vida, que provocan que ahora busquemos solucionar ciertos problemas de formas desadaptativas. Por ejemplo, pensar que, por haber discutido con nuestra pareja, todo es nuestra culpa, y por lo tanto, merecemos castigarnos con algo físico, como el acto de cortarse para dejar de sentir el dolor emocional. Esto es una acción que podemos aceptar, porque aprendimos a solucionar las cosas de esta forma, sin embargo, no significa que esté bien y es aquí donde comienza el cambio, así como el reeducar a nuestro cerebro para aprender a enfrentar la vida de forma adaptativa.
En este modelo se trabaja con diversos formatos como las terapias individuales, grupales (para desarrollar habilidades y estrategias de afrontamiento), el coaching telefónico (para mantener estas habilidades en un contexto de vida normal), así como el manejo de un equipo de consulta para el cuidado de los terapeutas.
Una vez que se consignan todos los formatos de intervención, podemos trabajar diversos objetivos. Se iniciará principalmente con la terapia individual, desarrollando la reducción de conductas suicidas y autolesivas en una primera instancia, junto a la reducción de las conductas que interfieran en la terapia, como puede ser el tratar con una dependencia al alcohol que podría interferir en la realización de las sesiones, para, después de un tiempo, comenzar a trabajar la reducción de las conductas que interfieran en la calidad de vida y tratar más a fondo con el paciente, otros padecimientos como del estado de ánimo o el trauma que, como pudimos revisar, es bastante común en el desarrollo; mientras que al mismo tiempo, se busca incrementar y generalizar la puesta en práctica de las habilidades sociales y estrategias impartidas en el formato grupal como: La atención plena, la regulación emocional, la tolerancia al malestar y la eficacia interpersonal. Por último, en esta terapia también se trabaja con la espiritualidad, para lo que se maneja mucho el mindfulness como técnica terapéutica para mantener un estado de vida más equilibrado y funcional (Laffite Cabrera et al., 2022).
Entonces, podemos ver que las personas con TLP tenemos muchas heridas por sanar, que incluso nos dificulta saber si nos permitirán vivir en algún momento sin dolor, pero el primer paso es reconocer que necesitamos ayuda, que merecemos una buena vida, tal y como lo deseamos muchas veces de pequeños, y cumplir con todos esos objetivos propios que, a veces, creemos inalcanzables por el diagnostico. La terapia dialéctico conductual es la más recomendada para el TLP, pero no es la única, mucho dependerá de nuestra personalidad propia el decidir a qué rama acercarnos más, pero si no sabes por dónde comenzar, este podría ser un buen lugar.
En conclusión, el dolor es algo tan familiar que duele pensar que eso sea cierto, y duele aún más cuando lo confirmas, a veces, parece que no hay salida para lo que sientes, aunque siempre procuramos buscarlo, ya sea a través de situaciones de riesgo que nos ponen en peligro, al intentar desfogar un poco nuestros sentimientos, pero que al final, nos dejan con el mismo sentimiento de culpa, desesperación y tristeza que tuvimos al inicio.
Recordando una parte de una canción que me identifica mucho, pienso que cuando describo el dolor se puede sentir algo así:
Hoy mis lágrimas se quieren suicidar, acurrucadas morir en tu piel, han nacido secas tienen sed, mi llanto hoy se quiere morir. Mago de Oz – La cantata del diablo
Cuando entendemos que el dolor propio no solo nos hace daño a nosotros, sino que también al resto, intentamos reprimir nuestras emociones hasta quedarnos solos, patinando en un lago de hielo que se está resquebrajando poco a poco, y nos terminará por hundir en un mar de sufrimiento donde ya no hay nadie para salvarnos, entonces son reales las preguntas: ¿En verdad merezco esto?, ¿debo estar sola? Y la respuesta es: no, no merecemos esto, y las decisiones que tomamos para deshacernos del dolor son en base a las herramientas que cada uno aprendió para protegerse. Debido al tipo de apego que se pueda tener, es que muchas veces alejamos al resto, y nos terminamos aislando a nosotros mismos, sin embargo, debemos resaltar que, muchas veces, estas herramientas no serán las adecuadas y necesitaremos cambiarlas.
Al final, la verdad es que las personas con TLP hemos vivido situaciones deshumanizantes desde que nacimos, ya sea por factores hereditarios o ambientales, pero nadie nos enseñó a vivir una vida “sana”, con herramientas adecuadas para enfrentar al dolor. Muchas veces, esperamos que alguien nos “salve”, pero al final terminamos alejando al resto para que no caigan en el mismo abismo que nosotras. ¿Eso nos vuelve malas personas? Bueno, de hecho, es lo contrario, sentimos gran amor por las personas que nos han ayudado, tanto que a veces es «intoxicante», o algo exagerado y muchas veces, vamos a decidir cuidar al resto en vez de cuidarnos a nosotras mismas. Y eso ocurre porque no sabemos manifestar el amor de forma sana, nuestros cuidadores tampoco supieron enseñarnos esta forma de amor, muy probablemente porque tampoco lo aprendieron. Aquí llega lo difícil, romper con este patrón de dolor que viene cargado incluso generaciones atrás.
Aprender a amar es difícil, especialmente cuando no sabes cómo te sentirás en unas horas, parece no ser primordial, ya que muchas veces, lo más importante es pasar el día sin hacer alguna conducta de riesgo. No obstante, no es algo justo para uno mismo, es por ello que me gustaría compartir con ustedes, el título del libro de Marsha Linehan, Construyendo una vida digna de ser vivida, la cual me hizo reflexionar sobre cómo se estaba desarrollando mi vida, y es que hemos vivido tanto tiempo “sobreviviendo” que nos hemos olvidado de “vivir”, y la verdad, es que nunca aprendimos este concepto, por eso, debemos hacer un trabajo extra al de otras personas, el cual es crear un ambiente en el que nos sintamos seguros y cómodos, donde podamos vivir la vida que deseamos de la forma más sana posible, y esto se desarrollará en gran parte durante terapia. Pero comencemos por aceptar que merecemos algo bueno, que somos humanos y que nos vamos a equivocar muchas veces, pero eso no quita que merecemos vivir mejor.
Por otra parte, sabemos que podemos vivenciar el dolor de varias formas, pero, en lo personal, la más peligrosa se puede dar cuando nos encontramos ante un episodio largo del dolor: empezamos a disociar las emociones y entrar en contacto directo con el vacío, es aquí cuando nos encontramos más propensos a mostrar conductas de riesgo, ya que intentamos bajar hasta lo más profundo del dolor para sentir algo, para que luego, cuando sintamos algo placentero en contraste, todo nuestro cuerpo sienta un estado eufórico que mejore el ánimo, aunque sea aparente y nos permita regresar a un estado más “funcional”.
No siempre sufrimos porque nos guste, pero es lo único que conocemos para lograr que las cosas funcionen y conseguir algo bueno, aunque sea solo durante unos segundos. Escapar de una realidad tan complicada y desgastante como es la de un TLP no es tan raro, si lo piensas bien, de hecho, es una función básica de cualquier humano cuando se encuentra ante el peligro, cosas que te podrían parecer tan descabelladas como el uso de sustancias, las conductas sexuales de riesgo e incluso los intentos de suicidio, son solo algunas formas que encontramos para huir del sufrimiento. Pero que, sin embargo, no le quitan lo desadaptativo y, aunque son válidas, no significa que sean correctas.
Recuerda que el tener un trastorno no es sinónimo de merecer una vida dolorosa y caótica, todos merecemos vivir de forma adecuada, en ambientes sanos y amorosos, así que permítete gozar de esta calma que tanto necesitas, y acude a terapia. Mi mayor recomendación es que no dejes tu tratamiento y si lo has hecho puedes retomarlo, es un proceso que toma tiempo, pero que resulta gratificante cuando ves los resultados, yo llevo varios años en terapia con distintos especialistas de diferentes ramas, pero gracias a eso, ahora me considero una persona mucho más funcional, que sigue generando logros y alcanzando metas, y que puede escribir este artículo que reúne muchos conocimientos y reflexiones obtenidos con el paso de los años.
No obstante, si te identificaste y aun no tienes un diagnóstico, acude con un especialista para que pueda evaluar tu situación personal. En Warayana podemos ayudarte con ello, tú también mereces una vida digna de ser vivida.
Referencias
American Psychological Association. (2014). Manual de diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5).
Laffite, H., Rodríguez, F., Alonso, R., Medina, T., & Díaz, J. A. (2022). TERAPIA DIALÉCTICO-CONDUCTUAL. UNA BREVE REFERENCIA A SU ESTRUCTURA Y AL ABORDAJE INDIVIDUAL. Interpsiquis, 23. https://psiquiatria.com/congresos/pdf/1-10-2022-20-tem1.pdf
En 1950, el psicoanalista estadounidense Erik Erikson, planteó la teoría del Desarrollo Psicosocial. En ella, identifica estadios de tiempo en los cuales se presentan peculiares conflictos internos que van de acuerdo a la edad y etapa de desarrollo en que la persona se encuentre. Estos conflictos surgen de fuerzas intrapsíquicas que se contraponen, generando una crisis que, si es superada, desarrollará una virtud o, de no ser superada, producirá un estancamiento.
Aquí, un cuadro de las etapas:
Fuente: UNED, Universidad Nacional de Educación a Distancia
Para Erickson, en la etapa seis, comprendida entre los 20 a los 40 años de edad, la prioridad de la persona consiste en cumplir con su entorno, dicho de otra forma, su prioridad está en encajar y también afianzar su identidad a través de poner ciertos límites que no está dispuesto a negociar, ceder, ni contentar. Esto no debe ser visto como una rebeldía para diferenciarse del otro, como sucede en la adolescencia (etapa anterior), más bien, como un hecho activo que afianza su «yo» o su self (1950).
Este adulto joven, cuando logra establecer su identidad (su self), se encontrará listo para el compromiso, para formar relaciones íntimas y recíprocas. Así, estará dispuesto a adquirir responsabilidades y deberes que requieran sacrificios. Sin embargo, si no alcanzara esta capacidad, el resultado de la crisis sería el aislamiento. Por tanto, superada la crisis, el fruto sería el “amor”.
Han pasado más de setenta años y con los avances tecnológicos, surge la ocasión de que cuestionemos la vigencia de esta vieja teoría y busquemos nuevas respuestas a la crisis de identidad y al hedonismo social actual. Sociólogos, filósofos, psicólogos y pensadores contemporáneos ven, en los adultos jóvenes, una serie de cambios en su cosmovisión y los perciben con un padecimiento existencial.
Zygmunt Bauman fue un destacado sociólogo y filósofo
Zygmunt Bauman (2002) acuñó el término de modernidad líquida a los tiempos contemporáneos. Bauman explica que vivimos una época de constante cambio, donde lo líquido hace referencia a algo que corre fácilmente y no se detiene, que es maleable y escurridizo. Expresa que el mundo acelerado que se vive, se asemeja a una costra volcánica que se endurece, para luego fundirse y cambiar de forma en comparación con la solidez de la vida pasada, de décadas atrás, que era más predecible y controlable.
Así mismo, critica la modernidad y plantea que, bajo este escenario, el sujeto se vuelca en una búsqueda de identidad y su tarea es construirse para poder integrarse a un mundo global, cambiante y maleable, en donde debe inventarse y moldearse a partir de máscaras para sobrevivir, por lo tanto, ya no existe una visión colectiva, un sentido de pertenencia, sino una notoria individualidad.
En esa línea, las relaciones interpersonales que predominan en esta “modernidad líquida”, las llama “amor líquido” y tienen algunas características como el hedonismo, la satisfacción inmediata y una búsqueda insaciable de goce.
Este “amor líquido” es superficial y frágil, idealizado, afectado por la insatisfacción e individualidad, siendo un amor efímero, algo así como simples conexiones y vínculos superficiales (Bauman, 2005). La posibilidad de casarse, tener hijos, o crear compromisos sobre el otro son reemplazados por vitrinas de consumo, no hay cabida para el sacrificio o la frustración.
A partir de esto, ¿qué podría decir como profesional de la salud mental? ¿Está vigente aquella etapa específica del desarrollo psicosocial en tiempos de crisis y caos? ¿Puede un joven en esta etapa de su vida vivir según la virtud del amor y darle un lugar protagónico? O más bien, ¿se resistirá a la intimidad, al relacionamiento significativo con el otro y a forjar relaciones duraderas?
La falta de compromiso se ve en diferentes esferas, en lo laboral: alta rotación de trabajadores; en lo personal: el embarazo se aplaza o desestima cada vez más; en la pareja: la vivienda pasa a ser parte del ajuar de novios o la dote del matrimonio. Sin embargo, concuerdo en que la teoría de Erikson sigue siendo significativa y vigente, a pesar de la realidad actual. La intimidad vista como el relacionamiento con uno mismo y con los demás, debe ser rescatada y fomentada, además de que es un factor de protección frente a otras aflicciones.
Bauman propone, en la persona, lograr constituirse bajo una responsabilidad reflexiva y autónoma frente al otro, dirigida a la inclusión y la autorrealización, en contraposición con el aislamiento que sería la carencia de intimidad que produce una sensación de estancamiento o de no poder avanzar.
Byung-Chul Han (2023), filósofo contemporáneo, sugiere abandonar la hiperactividad de la época y recuperar el sentido, el equilibrio y la vida interior. Incluir momentos contemplativos en el día a día que faciliten esta tarea.
Entender la intimidad y procurarla, dará como fruto al “amor”, esto no cambia a pesar de los tiempos, y le da vigencia a esta teoría, específicamente, en esta etapa del desarrollo psicosocial. Tener intimidad con uno mismo es darse el tiempo para cultivar una relación vigorosa y sana con uno mismo, con los demás, y, si eres creyente, con Dios.
Referencias
Bauman, Z. (2002). Modernidad líquida. Fondo de Cultura Económica.
Bauman, Z. (2005). Amor líquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos. Madrid: Fondo de Cultura Económica.
Erikson, E. (2000). El ciclo vital completado. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica.
HAN, B. C. (2023). VIDA CONTEMPLATIVA, ELOGIO DE LA INACTIVIDAD. ESPAÑA: TAURUS.
Universidad Nacional del Nordeste. (2014). CORRIENTES DEL PENSAMIENTO. CUADERNO DE CÁTEDRA, 93-98. https://hum.unne.edu.ar/academica/departamentos/educa/catedras/cpc.htm
La depresión, en la actualidad, la comprendemos y estudiamos como una enfermedad mental debilitante que afecta a millones de seres humanos en todo el mundo. El propósito del presente artículo es explorar cómo vivir con depresión, para ello, exploraremos sus conceptos básicos, antecedentes históricos, teorías contemporáneas, recomendaciones de manejo y brindaremos unas conclusiones finales sobre su gran impacto en la vida cotidiana de las personas con dicha condición.
El concepto de depresión:
La Organización Panamericana de la Salud la define como: “una enfermedad común pero grave que interfiere con la vida diaria, con la capacidad para trabajar, dormir, estudiar, comer y disfrutar de la vida. La depresión es causada por una combinación de factores genéticos, biológicos, ambientales y psicológicos”. En síntesis, hablar de la depresión es entenderla como un trastorno del estado de ánimo caracterizado por una tristeza persistente, sentimientos de desesperanza y con conductas manifiestas como la pérdida de interés en actividades que antes disfrutaba. La enfermedad afecta no solo el estado emocional de una persona, sino también al funcionamiento a nivel cognitivo y físico (somatización).
Antecedentes históricos:
Para Zoch (2002) los precedentes en relación a la depresión refieren a una cosmovisión mágica/religiosa de explicar en el hombre primitivo, al avance de la humanidad salen personajes como Hipócrates (450 a. C.), quien hizo estudios sobre la melancolía (bilis negra), lo que fue un primer vistazo a la conceptualización de la sintomatología presente en la depresión como un término a expresarse.
Como podemos ver, la comprensión de la depresión ha evolucionado en el transcurso de la historia. Los síntomas de la depresión han sido documentados en diversas culturas desde la antigüedad, sin embargo, en el Siglo XX, la melancolía comenzó a ser reconocida como una enfermedad mental legítima, lo que llevó al desarrollo de tratamientos psicológicos y farmacológicos.
Teorías:
Duncan y Antonuccio (2011) ven la depresión y su curso desde una perspectiva cognitivo conductual, basado en ello mismo, mucho del manejo del curso del tratamiento tiene dicho enfoque, y apoyado a su vez, en el método de ensayo y error, experimentación y documentación de los hallazgos.
Las teorías contemporáneas sobre la depresión abarcan una variedad de enfoques, que van desde aspectos biológicos y genéticos hasta aspectos psicosociales y ambientales. Por un lado, las teorías biológicas sugieren que un desequilibrio químico en el cerebro (como la falta de serotonina) es la principal causa de la depresión, por otro lado, las teorías psicosociales enfatizan la importancia del estrés, las experiencias traumáticas y los factores ambientales en el desarrollo y mantenimiento de la depresión.
La vida universitaria:
Es una época de constantes desafíos, aprendizajes y adaptación. Para algunos, es una etapa de crecimiento personal, descubrimiento y nuevas experiencias. En cambio, para quienes luchan contra la depresión, esta fase puede parecer extremadamente complicada. Las presiones académicas, las expectativas sociales y la transición a la edad adulta pueden exacerbar los síntomas de depresión y hacer que cada día parezca una lucha. Vivir con ello representa un desafío único.
La depresión puede afectar la concentración y la motivación, asimismo, las interacciones sociales pueden ser agotadoras, ya que la depresión puede hacer que una persona se sienta aislada o fuera de lugar. La falta de comprensión de parte de la red de apoyo (padres, tutores, etc.) puede empeorar las cosas. Muchos estudiantes enfrentan el estigma asociado con la salud mental, lo que dificulta la búsqueda de ayuda.
La cultura universitaria, a menudo, promueve la idea de que el estrés y la ansiedad son una parte natural e inevitable de la realidad y que se naturaliza, lo que puede hacer que quienes luchan contra la depresión se sientan aún más solos y aislados. Se debe comprender que la depresión en la universidad no es una debilidad o un fracaso personal. La depresión es una enfermedad mental grave que requiere tratamiento y apoyo adecuados.
Propuesta de gestión:
Vivir con depresión es una situación difícil y confusa, pero existen estrategias efectivas para afrontarla. La terapia cognitivo-conductual (TCC) y los medicamentos (como los antidepresivos) son tratamientos comunes, recomendados por los profesionales de la salud mental. Además, un estilo de vida saludable, que incluya ejercicio regular, una dieta equilibrada y técnicas de relajación, puede ayudar a reducir los síntomas de la depresión. Cuidar de nuestra salud física y alimentación, tener una adecuada red de apoyo, técnicas de autocuidado y ayuda especializada pueden no solo mejorar sino permitir que se lleve una vida de calidad.
Conclusión:
En resumen, vivir con depresión es una experiencia difícil que puede afectar significativamente la vida diaria de una persona. Una comprensión más profunda de sus conceptos, antecedentes históricos y teoría contemporánea, así como la implementación de recomendaciones de manejo efectivas, pueden reducir los efectos negativos de la depresión y mejorar la calidad de vida de los pacientes deprimidos. Sin embargo, es importante enfatizar la necesidad de aumentar la conciencia pública, el acceso a los servicios de salud mental y el apoyo continuo a las personas que padecen esta enfermedad.
Recuerda que no te tienes que encasillar en una etiqueta, tú eres valioso y merecedor de ayuda.
Duncan, B., Antonuccio, D. (2011). A Patient Bill of Rights for Psychotropic Prescription: A Call for a Higher Standard of Care. International Journal of Clinical Medicine, 2(4), pp. 353-359. doi: 10.4236/ijcm.2011.24061.
La compasión y la violencia, esta es la dicotomía que hoy quiero traer a sus mentes, queridos lectores. Al hablar de compasión, lo que viene con esta (que es la capacidad de empatizar con el otro), y hacer algo al respecto para aliviar su dolor, también tenemos que hablar de la violencia, algo que caracteriza muchas de las dinámicas del ser humano, que incluso puede llegar hasta el sadismo.
Es muy interesante la pregunta filosófica: ¿El ser humano es bueno o malo por naturaleza?, como toda pregunta de esta índole, trae más preguntas que respuestas, pero, para enfocarnos en la dicotomía de hoy, tomaré el punto de vista del registro histórico, en el cual vemos la crueldad sistemática y la reiteración en todas las culturas y civilizaciones de la violencia extrema, esta no sucede en circunstancias excepcionales, patológicas o criminales, sino que son aceptadas socialmente. Solo tenemos que ir a generaciones anteriores y retroceder, para ver como las cosas van escalando en cuanto a la crueldad: si tus padres tienen treinta años de edad, verás en muchos casos cómo la violencia psicológica fue notoria durante su crianza. Si tus padres tienen cincuenta años o más, verás como además de la violencia psicológica, estuvo presente la violencia física e incluso la violencia sexual, y, dicho sea de paso, en las partes más oriundas de nuestro país esto no está alejado del día de hoy.
La respuesta, entonces, sobre la violencia y su capacidad de estar presente en el ser humano es que sí, que el devenir histórico muestra que el ser humano tiene esa tendencia hacia la crueldad o la violencia como instrumento de dominación reiterada y universal.
La violencia y la inconsciencia
Cuanto más atrás vayamos y observemos la violencia, más fácil es reconocerla y condenarla, pero cuando retrocedemos solo décadas, las cosas cambian: la gravedad no esta tan clara para muchos, a veces las justificaciones se asoman y hasta la admiración a la violencia. Puesto que ver la violencia en uno, vernos a nosotros mismos como malas personas, egoístas y dañinas, es una de las cosas más dolorosas para una personas. El tema de la «generación de cristal», es uno de los más escuchados y que demuestra esta tendencia a la inconsciencia.
A una persona joven le falta asimilar —por su juventud— una premisa de vida que mucha gente no llega a integrar, incluso hasta el final de sus días, que es “no puedo controlar lo que otros hagan o digan, pero si mi reacción y la actitud que tomaré al respecto, soy dueño de mis palabras, dueño de mis silencios y dueño de mis acciones”. Si bien esta postura de vida requiere gran fortaleza, lo cierto es que los cuestionamientos de los jóvenes son más que legítimos, y vemos cómo muchos adultos no tienen capacidad alguna de introspección y que hay bastante inconsciencia.
¿Por qué necesitan insultarlos?
¿Por qué quieren criticarlos?
¿Por qué quieren comparar su vida con la suya?
¿Por qué quieren que se sientan mal por no vivir lo que otros si vivieron?
¿Por qué quieren que se sientan en deuda por vivir una vida tranquila?
¿Por qué quieren dejarles en claro que son débiles?
¿Por qué quieren burlarse de ellos?
Y sobre todo
¿Por qué creen que ellos deberían sentarse a escuchar burlas?
¿Por qué esa necesidad de decirles cómo deberían de verse y cómo deberían de sentirse?
Si alguien tiene tantas ideas negativas sobre alguien o sobre un grupo, ¿por qué necesitan increparlo? Si la otra persona está en una posición de entendimiento superior, sabe que llevar esas actitudes solo van a lograr más resentimientos que cambios, no van a hacer a nadie más fuerte, porque si el que es —supuestamente— fuerte “no es dueño de sus silencios”, y si hace todo lo anterior como un “burdo desahogo de sus ideas”, ¿con qué autoridad puede querer algo de un joven que está aprendiendo a vivir?
Si vemos esto en el caso de padres e hijos, vemos relaciones con profundas heridas. Existen casos donde la violencia estuvo muy presente en la infancia y el resentimiento sigue latente, a pesar de que los años y la vida trajeron cambios de actitud y, quizá, una faceta diferente por parte de esos padres que maltrataban y, ahora, son diferentes con sus nietos. Sin embargo, el cambio de actitud nunca incluyó abiertamente las disculpas y el reconocimiento de esos actos, todo se desenvuelve dentro de una nube gris de rencores e inconsciencia.
Perdonar a los monstruos
Perdonar es un acto sumamente complejo, para algunos, como dice Borges: cuando hay perdón ya no hay remordimiento y el olvido es una de las formas del perdón. Por eso yo les recuerdo a mis pacientes, por los cuales tengo una gran admiración y me siento afortunada de ser parte de sus procesos, que también es válido alejarse de las personas que les hicieron daño, que eso es una forma de perdonar: la lejanía y el olvido. En otros casos, esto no será necesario y podrá seguir existiendo un lazo entre las personas, a pesar de esta parte imperfecta que nos lleva, a veces, a dañar a otros. Cuando en el que ha cometido el agravio, encontramos ese proceso de hacer conscientes sus actos y de tener compasión, podemos incluso fortalecer la confianza que es parte del amor.
Quizá recuerden la historia del minotauro, un monstruo de la mitología griega, fruto de un escarceo amoroso entre la reina Pasifae y un hermoso toro blanco enviado por Poseidón. El destino del minotauro estuvo para siempre ligado a su encierro en un laberinto, donde devoraba cada año a catorce jóvenes atenienses, que eran entregados en sacrificio como pago por perder la guerra contra Minos de Creta. Finalmente, el monstruo solitario murió a manos del príncipe ateniense Teseo.
Este monstruo siempre fue víctima de las circunstancias. Como cada ser vivo, no pidió venir a este mundo y menos en la forma en que lo hizo, fruto de la venganza de Poseidón, el dios del mar, que al ver que el rey no cumplió su pedido de sacrificar en su honor a un hermoso toro blanco, se vengó utilizando a su esposa, haciendo que se enamore y mantenga relaciones con el toro. Las circunstancias destinaron al minotauro a ser un monstruo, cada año mataba a catorce inocentes, cada año, cuando le daban la oportunidad, dañaba a otros. Nuestro incomprendido minotauro, también conocido —pues ese era su nombre— como “Asterión”.
Asterión nos cuenta su propia historia, su perspectiva sobre su propia vida, de quién es él; al escucharle, lograremos entender y quizás perdonar su falta de consciencia, gracias al genial Jorge Luis Borges y su cuento La Casa de Asterión:
«Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo) son irrisorias. Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito) están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales. Que entre el que quiera. No hallará pompas mujeriles aquí, ni el bizarro aparato de los palacios, pero sí la quietud y la soledad. Asimismo hallará una casa como no hay otra en la faz de la Tierra.
«Hasta mis detractores admiten que no hay un solo mueble en la casa. Otra especie ridícula es que yo, Asterión, soy un prisionero. ¿Repetiré que no hay una puerta cerrada, añadiré que no hay una cerradura? Por lo demás, algún atardecer he pisado la calle; si antes de la noche volví, lo hice por el temor que me infundieron las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta. Ya se había puesto el Sol, pero el desvalido llanto de un niño y las toscas plegarias de la grey dijeron que me habían reconocido. La gente oraba, huía, se prosternaba; unos se encaramaban al estilóbato del templo de las Hachas, otros juntaban piedras. Alguno, creo, se ocultó bajo el mar. No en vano fue una reina mi madre; no puedo confundirme con el vulgo; aunque mi modestia lo quiera.
«El hecho es que soy único […] corro por las galerías de piedra hasta rodar al suelo, mareado. Me agazapo a la sombra de un aljibe o a la vuelta de un corredor y juego a que me buscan. Hay azoteas desde las que me dejo caer, hasta ensangrentarme. A cualquier hora puedo jugar a estar dormido, con los ojos cerrados y la respiración poderosa. (A veces me duermo realmente, a veces ha cambiado el color del día cuando he abierto los ojos). […]
«Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal. Oigo sus pasos o su voz en el fondo de las galerías de piedra y corro alegremente a buscarlos. La ceremonia dura pocos minutos. Uno tras otro caen sin que yo me ensangriente las manos. Donde cayeron, quedan, y los cadáveres ayudan a distinguir una galería de las otras. Ignoro quiénes son, pero sé que uno de ellos profetizó, en la hora de su muerte, que, alguna vez llegaría mi redentor. Desde entonces no me duele la soledad, porque sé que vive mi redentor y al fin se levantará sobre el polvo. Si mi oído alcanzara todos los rumores del mundo, yo percibiría sus pasos. Ojalá me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas. ¿Cómo será mi redentor?, me pregunto. ¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?».
Entonces, vemos como Asterión no se percibe a sí mismo como un monstruo, él nos cuenta de su soledad, del aburrimiento, nos revela que el no está encerrado pues, si no sale, es por la gente y cómo reacciona cuando le miran y las respuestas de la personas a su presencia le dan miedo. Él no se da cuenta que mata a los que entran a “visitarlo”, el va a jugar con ellos, y para él simplemente mueren, está esperando a alguien que lo libere (que lo mate) y ve a ese alguien como su redentor, pues si analizamos, para él, la la muerte es su liberación.
Cuantas personas no perciben la real magnitud de sus actos, catalogare estos como actos monstruosos, a fin de que se entienda la razón de traer este cuento sobre el minotauro para ilustrar cómo los seres humanos podemos ser inconscientes del daño que hacemos. Aquí pondré el ejemplo de los padres: si tuviste padres violentos, muchas veces podrás ver justificaciones, negación y hasta pedidos de admiración a sus actos violentos, con él tiempo, al escuchar cómo crecieron ellos, también entenderás por qué son fruto de sus circunstancias y de su propio sufrimiento, queda en ti el perdonarlos y el cómo perdonarlos. Pero, recuerda también tus propios actos monstruosos y el perdón a uno mismo.
Perdonarse es difícil, porque, en primera instancia, reconocer nuestra monstruosidad lo es en sí. Me es difícil verme a mi misma como una persona mala, una persona de actos crueles, pero si me reconozco, si en vez de esperar a mi redentor, me redimo yo misma, podré encontrar el camino para perdonarme.
No soy perfecta, soy Asterión, pero buscaré un espejo en el laberinto de mi vida. Para muchos, esa es la terapia, un espejo. Esta bien poner nuestros actos ante estos espejos para ver, frente a frente, nuestra violencia y todo aquello que nos aleja de la compasión.
En Warayana te invitamos a hacer uso de un recurso espléndido de catarsis, que son “los cuartos de la ira”, donde podrás echar todo el enojo, frustración y demás emociones negativa, liberarlas y permitirte, ya con todo esto volcado, mirarte en el espejo.
Me despido con esto, dejándoles un minotáurico saludo. Más abajo podrán encontrar toda la información de la magnífica institución con la que tenemos convenio, «Crash. Cuarto de ira».
En “Crash” podrás encontrar instalaciones debidamente implementadas para soltar toda esa carga emocional de la que buscas deshacerte.
Durante estos últimos días, antes de sentarme a escribir sobre la entrada del mes, estuve escuchando diversos podcasts, y los últimos abordaban temas en relación al cuerpo. Algo que realmente “tocó” fibras dentro de mí, y que considero que es conveniente poder sacar más este tema a palestra.
Iniciaré con algunas preguntas: ¿Cuándo fue la primera vez que fuiste consciente de que tu cuerpo te gustaba o no?; ¿cuándo fue la primera vez que te sentiste incomoda(o) en el cuerpo en el que habitas?; ¿hiciste en algún momento algo para cambiarlo? (ejercicios, dietas, cirugías, etc.). Lo sé, responder a estas preguntas puede ser difícil, si necesitas tomarte un tiempo para procesarlo, estará bien.
Como respuesta personal, la primera vez que recuerdo ser consciente de mi corporalidad fue aproximadamente a los diez años de edad, cuando una profesora hizo un comentario a mi mamá sobre mi cuerpo (bajo el contexto de una actuación que tuvimos y que fuimos con ropa de calle); realmente, yo no había parado a verme en el espejo hasta esa vez, incluso recuerdo haberme confundido por no saber cómo sentirme ante mi cuerpo reflejado en el espejo. Por otra parte, la primera vez que recuerdo haberme sentido incómoda con mi cuerpo, fue a los quince años, cuando, probándome unos polos, me di cuenta que la talla S no me quedaba y además de ello, tuve vergüenza por tener que pedir una talla más. Y por último, la respuesta es sí, hice dietas incontables veces, ejercicio en forma compensatoria para “quemar” lo que había comido el día anterior, e incluso llegar a tener conductas poco saludables, tanto para mi salud física como para mi salud mental, por el temor aparentemente “irracional” de engordar (ese miedo no es irracional en absoluto, sigue leyendo).
Vivimos en una cultura de dieta, pero ¿qué significa este término? La cultura de dieta hace alusión a la incentivación de que las personas, en especial mujeres¸ se sometan a diversas dietas restrictivas, u otras prácticas, con el objetivo “tan preciado” de bajar de peso, y que encajen en un modelo hegemónico de belleza (tipo Barbie). Y es algo constantemente bombardeado por los medios de comunicación, incluidas las redes sociales, y se pueden ver camuflados como tendencias para comer “más saludable” o “combatir la obesidad”.
La sociedad, bajo el argumento de que “no se debe de promover la obesidad” (ignorando la diversidad corporal que existe), nos dice que no solamente un cuerpo es más bonito si es delgado, sino que solamente un cuerpo delgado es saludable. Y esto, mis queridos lectores, es falso.
La gordofobia se puede traducir como el miedo a la gordura o a ser gordo(a), ya que hay muchos estereotipos y discriminación hacia las personas que habitan un cuerpo gordo. Por lógica, nadie quiere ser discriminado, entonces, nadie quiere ser gordo. Y esto, ¿dónde deja a las personas que habitan un cuerpo gordo? Ellas suelen ser excluidas de poder gozar algún beneficio en alguna área de su vida (social, afectiva, laboral o deportiva). Esta exclusión va desde chistes, burlas, insultos, acoso médico y la falta de visibilización de cuerpos gordos en medios de comunicación (Allende, 2020).
Primero, hay que entender que la palabra gordo no es algo negativo, mas como sociedad, la palabra es vista como algo despectivo, inaceptable e inferior (Gallardo, 2021). Entonces, socialmente, por un lado, está presente la idea de creernos con derecho a opinar de los cuerpos de otras personas cuando estas suben de peso o son gordas: “¡uy!, hay que bajarle una papa al caldo”, “pero, ¿que te «panzó»?”, “más delgadita te veías más bonita”, “serías más bonita si bajaras de peso”. Y por el otro lado, elogiar la disminución de peso: “pásame tu dieta, te ves divina”, “te ves súper bien, seguro bajaste de peso”. Cuando ambos argumentos son sumamente violentos hacia la corporalidad de las personas.
Vemos entonces a la belleza como algo que solo las personas con cuerpo delgado podrían ser, y la verdad, es que no es así, ya que “la belleza esta en los ojos de quién mira”.
En conclusión, la relación con nuestro cuerpo puede llegar a ser complicada, ya que se ve influenciada por numerosos factores sociales, que van desde los comentarios de otras personas sobre nuestro cuerpo, como a los estándares sociales de belleza. El adoptar alguna conducta poco saludable para intentar ajustarnos a ese ideal inalcanzable es agotador, y en el camino nos podemos perder la dicha de habitar nuestro cuerpo.
La cultura de dieta perpetua la idea errónea de que solo los cuerpos delgados son saludables y bellos, ignorando la diversidad y promoviendo la gordofobia. Como sociedad es necesario empezar a cuestionar nuestras creencias y privilegios para deconstruirnos, para desafiar los prejuicios y reconocer la belleza en todas sus formas. Solo así podremos construir un mundo donde la belleza se vea a través de la lente de la diversidad y la autenticidad.
Escribir sobre esto es algo, en cierta forma, liberador, pero también muy vulnerable. Cuando uno elige la carrera de psicología, considero que no solo elige su trabajo si no que también se somete al juicio social de «cómo debería de ser un psicólogo». Ya saben, frases como: “¿Por qué te enojas? Y mira eso que eres psicóloga”, “¡Ay!, ¿pero cómo vas a tener problemas si tu estudiaste psicología?”, “¿Cómo que también has tenido algún problema con tu amor propio?, debería darte vergüenza ya que eres psicóloga”. En fin, poder dejar esa etiqueta de lado y también mostrarse como un ser humano que siente y que experimenta esta vida por primera vez, es necesario. Hay que reconocer a la persona más allá de su profesión.
Y para cerrar, les dejo una frase que cuando la leí, me encantó:
Y le dije a mi Cuerpo: “Quiero ser tu amiga”. Dio un respiro hondo, y me respondió: “Esperé toda mi vida para este momento…”
Siempre me siento satisfecha cuando realizo una actividad física (entrenamiento con pesas, pilates o running), sobre todo en la mañana, noto que tengo mayor productividad, me siento saludable, liviana, feliz y mantengo este estado anímico durante el día. Pero también noto que, muchas veces, suele ser difícil mantener el mismo ritmo de entrenamiento, ya que algunos días no tengo mucha energía, tiempo o motivación. Hace algunos años empecé con el hábito de los ejercicios físicos y me doy cuenta que las temporadas en las que más constante soy, me siento mejor conmigo misma.
A propósito de ello, hablemos de todos los beneficios que trae consigo realizar una actividad física, ejercitarte y mover el cuerpo de forma regular y persistente, hablemos sobre cómo puede ser un analgésico para lidiar y desfogar emociones, preocupaciones y tensión, para mantener el bienestar de la salud física y mental.
¿Actividad física y ejercicio físico son lo mismo?
Se suele usar los términos actividad física y ejercicio físico como sinónimos, sin embargo, la OMS define la actividad física como cualquier movimiento corporal producido por los músculos esqueléticos, con el consiguiente consumo de energía. Por un lado, la actividad física hace referencia a todo movimiento, por otro lado, el ejercicio físico es toda aquella práctica regular y sistemática de actividad física que da como resultado el mejoramiento de la aptitud física y motriz (Meneses Montero et al).
Entonces, todo ejercicio físico que se realiza es actividad física pero no toda actividad física es ejercicio físico. A partir de ello, podemos entender que la actividad física contiene un amplio significado y engloba tanto al ejercicio físico como a otras actividades, teniendo claro que, aunque no hagas ejercicios físicos, de todas maneras, si realizas una actividad física —ya sea desde dar una caminata lenta del parque a casa, pasear a la mascota o hacer limpieza en casa—, esta información te puede interesar.
Tipos de actividad física (AF)
Si bien no se hallan investigaciones para distinguir los tipos de AF y agruparlos, se pueden diferenciar de esta forma:
Actividades de resistencia y estilo de vida: Realizar caminatas y correr por periodos de tiempo de 20 a 40 minutos o más, bailar, las artes marciales, subir escaleras, entre otras.
Actividades de equilibrio y flexibilidad: Realizar yoga, pilates, saltar la cuerda, ciclismo, calistenia, y deportes como natación, fútbol, voleibol, básquetbol, tenis, entre otros.
Actividad de fortalecimiento de alto impacto: Entrenamientos con pesas, calistenia, barras y actividades de equilibrio y flexibilidad practicadas de forma persistente.
Claro que, de todas maneras, varias AF incluso podrían encajar en los tres tipos.
Beneficios de la constancia
La actividad física (ejercicios físicos) le trae muchos beneficios al cuerpo: mejora la circulación sanguínea, fortalece los músculos y lo libera de la tensión ósea, pero también contribuye a una mejor gestión de las emociones. Durante y después del ejercicio, el cuerpo libera endorfinas: neurotransmisores que actúan como analgésicos naturales y generan una sensación de bienestar y energía. Esto puede contribuir a una sensación general de felicidad y reducir el estrés y la ansiedad y por ende, liberarnos de algunas emociones complicadas.
La AF también puede también tener otras ventajas psicológicas y sociales, por ejemplo, la participación de los individuos en un deporte o en un ejercicio físico ayuda a construir una autoestima más sólida (Sonstroem, 1984), en este sentido, al lograr metas, ser constante y mantener una disciplina, mejora la percepción que tenemos de nuestro cuerpo y de nuestra convicción, lo que contribuye a percepción de una imagen corporal más positiva y una mayor autoaceptación.
Así mismo, practicar una AF regular puede mejorar la calidad del sueño y reducir los problemas de insomnio. Dormir bien es necesario para regular las emociones y mantener un buen estado de ánimo…
De igual modo, el ejercicio físico puede servir como una forma saludable de hacer frente a las preocupaciones, a la ansiedad o la tristeza y, en lugar de recurrir a comportamientos problemáticos de riesgo, como consumir alcohol o sustancias, la práctica de una AF constante te brindará una forma funcional de gestionar las emociones complicadas.
¿Cómo iniciar o sostener el hábito?
Busca una actividad que te guste: Probar con varias AF hasta encontrar alguna que te agrade y te sientas bien al realizarla.
Apóyate en un modelo que tenga los hábitos que tú deseas incorporar en tu rutina: Utilizar herramientas tecnológicas, como visualizar videos en YouTube, aplicaciones, o adquirir y rodearte de la información que te sea favorable será de gran provecho para construir los hábitos que anhelas.
Busca compañía: Contar con un compañero puede hacer que la actividad sea más divertida, incluso se comparte el compromiso, la constancia y fortalece la amistad.
Tómalo con calma: Todas las actividades físicas requieren de tiempo, enfoque y disciplina. Es importante que en el camino a la práctica constante, te permitas ser flexible contigo mismo, no pasa nada si un día —a lo mejor— no quieres seguir con tu rutina habitual.
Una gran flexibilidad soporta toda tormenta, se mueve y se dobla en armonía hacia donde los vientos se dirijan. Sea flexible consigo mismo, para no romperse. Fábula del roble y del bambú