¡Qué bien estás desde que te quieres tanto!

Eran las tres de la mañana, mi celular empezó a vibrar. A oscuras lo busqué en la mesa de noche, vi una luz fuerte reflejando un número desconocido medio dormida, contesté.

–¿Hola?

–Hola Meli –dijo–. Escucha (dejó sentir toda la bulla de la discoteca, así como su lengua adormecida), quiero verte –agregó–.

–No gracias, ya tengo amor propio –Respiré profundo y colgué–.

Es raro, si hubiera sido esa llamada hace años atrás, ya me hubiera levantado y alistado a esperarlo. Pero esa noche sentí tanta felicidad y seguridad en mi interior, que dormí tranquila. Al despertar no podía creer lo que había respondido, que después de tanto tiempo complaciendo a los demás por buscar afecto, al fin pude decir que no. Y es que cuando tienes amor propio se nota, es más fácil poner límites, disfrutas tú tiempo a solas, reconoces y validas tus emociones. Te aceptas con tus luces, incluso sombras, y dejas de buscar culpables haciéndote cargo de tu vida.

Cuando estoy en consulta me perciben como una persona segura, estable emocionalmente, “alto autoestima”; que tengo amor propio. Pero la verdad es que para encontrarlo tuve que pasar situaciones tormentosas, relaciones dañinas, ideas destructivas y aceptar que vivía en negación. Negación de mi historia, de las heridas de la infancia, de conflictos no resueltos en la familia que se iban arrastrando de generación en generación. El no quererte también se nota, cuando te involucras con alguien por carencia en vez de por amor, cuando aceptas todo y te cuesta decir no, al querer complacer a los demás por busca de aprobación y cuando sabes que estás involucrada en algo no sano pero eres incapaz de soltar.

Todos tenemos una imagen mental de lo que somos, el aspecto que tenemos y qué tan buenos somos haciendo ciertas cosas. Buena parte de esa autopercepción es la que contribuye a formar nuestra autoestima y amor propio. Este debe ser nuestro primer gran amor. A veces cuesta mucho encontrarlo, es cierto, pero cuando llega es pleno, pues está lejos del ego y del egoísmo y cerca de la aceptación e imperfección. Como todo lo que nos importa es necesario cuidarlo, alimentarlo y engreírlo porque también puede irse, y cuando desaparece no solo perdemos nosotros sino también todos los que están a nuestro alrededor.

Para mí no fue fácil hallarlo. De hecho, no fue hace mucho que aprendí a amarme tal cual soy. Con todos mis defectos que son los que me hacen única y mis virtudes que, aunque no son tantas, he tratado de potenciarlas al máximo para sentirme orgullosa de mí, todos los días. Antes de ello me culpaba mucho y era muy crítica. Sin embargo, hallé el amor propio cuando aprendí a estar bien y cómoda conmigo misma, cuando comprendí que no necesitaba de nadie para sentirme en paz y estar en paz. Cuando comencé a sonreír mientras me miraba al espejo. Cuando logré aceptar que el tiempo pasa y que con él inevitablemente llegan las imperfecciones, pero que sabiendo verlas bien se pintan de experiencias que nos hacen madurar.

¿Cómo encontrar el amor propio? No lo sé, no tengo la receta exacta ni las coordenadas de donde se encuentra para llegar fácilmente a él. Lo que sí sé es que se necesita de mucho valor y de gran honestidad para hallarlo. De un baño de verdad que, aunque al comienzo pueda parecer que va a tumbarnos, a la larga no hace más que fortalecernos. Es que si de por sí no es fácil digerir cuando alguien nos señala o hace ver nuestros errores y defectos, es mucho más difícil todavía el aceptarlos. ¡Y aún más complejo reconocerse a sí mismo como un ser imperfecto! Pero es absolutamente liberador. Quiero mencionar que, trabajar en él es cómo construir un edificio, tenemos que hacerlo desde los cimientos e ir poniendo ladrillo tras ladrillo para que vaya tomando forma, debemos empezar por el autoconocimiento.

Conocimiento de sí mismo como también podemos llamarlo, es preguntarnos quién soy, qué características tengo, cuáles son mis cualidades, así como mis áreas por desarrollar, eso incluye lo físico, así como lo mental, implica tu historia, todo esto hay que observarlo, sin juicios ni culpas. Ahora viene el proceso de la “auto aceptación”, tal cual dice su nombre es poder aceptarnos, reconocer nuestras heridas, las cosas que me pasan así como las que me han pasado y me han ido construyendo. El objetivo es entender quién soy y aceptarlo de una manera compasiva y amorosa; para esto debemos ser honestos con nosotros mismos, ver si tengo que perdonar o si tengo que pedir perdón. Al combinar estos dos pasos doy apertura a trabajar en lo que quiero conservar, en lo quiero mejorar, preguntándome qué necesito, cómo lo voy hacer; asimismo, debo aceptar que hay cosas que no van a poder cambiar y está bien, de eso se trata aceptarnos.

En este punto puedo hablar sobre mi autoestima, si es alta, si me siento contenta con lo que veo en el espejo. O por lo contrario, la percibo baja; y si es así no pasa nada, es más, nos abre camino a trabajar en eso. Una vez que esa respuesta es positiva y estamos trabajando en la construcción de nosotros mismos, pasamos a los dos pisos importantes del “amor propio”, el autocuidado y la autoprotección. Empecemos por el autocuidado, que tiene que ver con cuánto sabemos escuchar a nuestro cuerpo, cómo cuido mis emociones, observar mis hábitos, analizar con qué alimento mi mente, en términos de información, redes sociales o de las personas con que te vinculas; evaluar cuánto influyen en mi estabilidad emocional o toma de decisiones. Este primer piso se trabaja cuidándote, estableciendo espacios saludables para ti y  tomando distancia con lo que nos hace mal. Ahora vamos a pasar al segundo piso, que es la “autoprotección”, la cual es entender que nadie me va a querer, cuidar y proteger cómo lo hago yo. Este piso es más complicado porque nos enseñaron que las fuentes de protección vienen de afuera, que el amor de la vida es algo externo, que debemos ser rescatados  por “la persona ideal” del cual había que depender u ofrecer todo hacia afuera.

Cuando empecé a comprender que soy yo quien me debo cuidar, que no necesito de los demás para sentirme protegida, que soy capaz de tomar mis propias decisiones sin depender de los demás, que soy humana susceptible y me equivoco, pero un error o característica no me define, fue recién que pude establecer relaciones sanas no desde la necesidad ni la carencia, más bien, de mis ganas de compartir. En ese entonces descubrí lo que es trabajar en tu amor propio. Y no es un acto de egoísmo, es muy distinto, porque en la medida que yo estoy satisfecha conmigo misma con todas las inestabilidades que pueda llegar a tener, puedo dar lo mejor de mí para los otros. Cuando te nace el amor propio eres capaz de dar cariño desinteresadamente y la gente a tu alrededor fluye, se motiva y te conviertes en un generador de buena energía para los demás. Tienes la capacidad de decir “me equivoqué” y “perdón” de manera frecuente y no te hace sentir mal reconocerlo. Esta fidelidad a ti mismo te hace inmune a los que quieren verte caer y te da la capacidad de sonreírles, demostrarles de qué estás hecho y superar las piedras del camino.

Si hay algo con lo que me quedo de haber encontrado la auto afirmación en mi vida, es aquella capacidad de empezar a mirar el mundo y a la gente que habita en él de manera diferente. De adentro hacia afuera y no al revés. Ahora me quedo con lo mejor de los seres humanos y desecho lo que no quiero a mi alrededor. Cada día que pasa juzgo menos, doy paso al aprendizaje y estoy trabajando en ser más tolerante, agradecida y feliz. Recuerda que es válido  pensar en ti primero, buscar ayuda, decir no de vez en cuando, empezar de nuevo, descansar de todo y todos así como  está bien,  no estar bien.

Y tú, ¿te animas a trabajar en tu amor propio?.

Adolescencia: Desprenderse del yo infantil

A medida que más se ingresa a la adolescencia, más amplia se va haciendo la distancia emocional con la niñez, motivo por el cual en esta etapa suelen aparecer abruptamente episodios de tristeza, de enojo, irritabilidad, aislamiento, entre otros.

Durante las sesiones psicológicas, muchos padres y/o cuidadores se cuestionan desesperadamente por el cambio drástico en la forma de ser de sus hijos, tratando de identificar causas externas, pero en realidad, la causa base, es que los adolescentes estarían atravesando por las fases de duelo psicológico, al estar «perdiendo» en cierto modo, su imagen, identidad y forma de relacionamiento de la etapa previa, de la niñez.


La pubertad es aquella etapa que vendría a ser el puente entre la niñez y la adolescencia. Y en donde podríamos argumentar que el duelo se inicia y estanca en la fase de negación. Los púberes tienden a presentar problemas en el manejo de las emociones, aún cuando ya habían logrado cierta madurez emocional. Es la etapa en la que usualmente ya no se quiere crecer más, por lo que ronda de cerca la emoción del miedo, se vuelve a viejos apegos, aparecen dificultades para compartir, y en algunos casos el conocido «Síndrome de Peter Pan», que se caracteriza tal como el cuento, por una evasión a tomar conciencia de la nueva fase de vida, rechazándose a sí mismos. 

En esta transición de la niñez/pubertad/adolescencia, se tiene que atravesar por varios ciclos, como los son por ejemplo los cambios en el aspecto físico, psicosocial y los cambios en la relación con los demás.

Respecto a los cambios en el aspecto físico, Aberastury y Knobel (1997), lo denominan «Duelo por el cuerpo infantil», y describen que se trataría de la forma en la que los adolescentes ven todos los cambios físicos por los que atraviesan de una forma pasiva, como meros espectadores, hecho que genera una sensación de pérdida de control sobre la apariencia física. El crecimiento del cuerpo, genera en la mayoría cierta torpeza al caminar, al tener que manipular algún objeto, dado que se están acostumbrando a las distintas proximidades.

En esta etapa de vida, aparece el rechazo a verse frente al espejo o a aparecer en fotografías o videos. Esto porque no hay un entendimiento claro de los cambios físicos. Una vez una púber me dijo: «No me gustan las fotos porque me recuerdan lo distinta que soy, no me reconozco». Muchos de ellos también se niegan a mantener sus hábitos de higiene personal, en donde se vuelve un motivo de discusión constante, el «no me quiero bañar», no solo se trata de una manifestación de cierto estado depresivo (en donde se remarca el descuido al aspecto físico). Si no también de un rechazo a tener que verse desnudos, y en el camino, reconocerse. 

Un segundo tipo de duelo, se debe a cambios en el aspecto psicológico, dado que gran parte de la identidad del que hasta hace poco era niño(a) está quedando en el pasado. Y se activa la incertidumbre respecto al ¿Quién soy? Otro aspecto que influye en este duelo, se refleja de sus acciones contradictorias en sus expectativas de autonomía, un adolescente puede sentirse en la capacidad de tomar más decisiones, pero a la vez, evade la responsabilidad de las consecuencias que no esperaba conseguir. Existen más características que se alteran en este proceso de crecimiento, tales como la evolución afectivo- sexual y la inmadurez psicosocial.

Un tercer tipo de duelo durante la transición, se refiere a la forma en la que cambian las relaciones interpersonales. Es bastante sencillo de darnos cuenta, no le hablamos igual a un niño que a un adolescente, y es justamente este desprendimiento forzoso del mundo infantil lo que los motiva a desconfiar del resto. Están centrados en reconocer el nuevo lenguaje, la nueva forma de trato, las exigencias, límites, etc.

Es necesario señalar que, los padres y/o cuidadores también experimentan un duelo al dejar de tener un hijo(a) que curse la fase de niñez, en donde se podía percibir una relación más protectora, de mayor cuidado, de menos responsabilidad para los hijos(as), incluso de mayor paciencia.

Ojalá notáramos más la gran necesidad de entendimiento que tienen los adolescentes. En este periodo es donde las heridas de infancia salpican, y si no tienen a una persona con quien hablar, aprenderán a disimular socialmente, sintiendo la incongruencia que se siente al no permitirse ser, quien realmente uno es.

Ser conscientes de esto nos podría servir para incrementar la empatía, aún cuando la brecha generacional tiende a obstaculizar la comprensión. Consejería a un adolescente en terapia: «Entiendo tu temor, tristeza, enojo, es difícil dejar de vernos, de pensar, sentir y comportarnos, de la única forma a la que estábamos acostumbrados. Es un proceso que va a tomar unos años, hasta que logres adaptarte. En realidad, el niño(a) interior no tendría que desaparecer, y eso va a depender únicamente de ti. Está bien crecer, no tienes que ir tan rápido, puedes hacerlo a tu ritmo. Pero no te detengas porque hay un mundo precioso también en la mente de los adolescentes, sobre todo de aquellos que nunca dejan de ser niños(as)».

Bibliografía:
Aberastury, A. y M. Knobel (1997). La adolescencia normal. Buenos Aires, Paidós

Confesiones de un K-nino

Hoy, me desvisto de mis corazas, me adentro al clima nublado y brumoso que enmarca esta ciudad desolada que hoy me invade, como hombre, me siento en contacto por primera vez con mis memorias, nombres, razones y motivos secretos, aquí, de rodillas y con la cabeza deshecha confieso mis penas que en otro momento fueron hazañas según me comentaron otros que, sin conocerme realmente, ahora me ven como un héroe. ¡Ilusos! Solo soy quién se enfundó en un disfraz del supuesto hombre moderno. Esto, es solo una mentira.

Yo, me identifico con quien se le adjudica el peyorativo de “perro”, más adelante, me permitiré dar mi opinión sobre esto. Antes de iniciar este descalabro, me permito expresar que sí algún otro semejante llega a leer estas líneas, que sepas que te acepto, te comprendo; puede que no comparta tus acciones ni las haga mías, pero, por encima de ello, sin condiciones te doy la mano.

¿Quién soy?

La apariencia no importa, aquí se irá transformando en lo que vayas leyendo. Una cara, un gesto, una acción…todo se irá cambiando, hablo en mi nombre, pero realmente soy muchos a los que puedo enmarcar.

Esto es tan así que si te digo que acepto por fin que soy un perro, un maldito perro, a tu cabeza se te viene una imagen de alguien que te afligió y te sigue afligiendo, sino es así, entonces ¿por qué lo recuerdas? Finalmente, solo diré que para definir quién soy, comenzaré describiéndome por partes.

¿De dónde vengo?

Yo, vengo de un hogar cultivado por la tradición y la convencionalidad, aún no tengo progenie, pero, sin lugar a dudas yo sería incapaz de inculcar la ceguera voluntaria. Esta cualidad así bautizada por mi madre, refiere a todas las acciones que ella decide secuestrar en nombre de la familia, según ella, apoyada por estilos de crianza y una sociedad distorsionada, mi padre, solo podía estar al tanto de un puñado de cosas, no obstante, las que tienen que ver con un acercamiento emocional a nosotros, sus hijos, era un deber innecesario, inexistente. De este modo, me forjé en la misión de creer que la comida y sus preparaciones siempre estaban prestas, dado que sin importar los achaques de mamá, ella se ocuparía, sí me dolía el corazón la forma correcta de afrontarlo era ahogándolo en videojuegos o licores bajo el amparo de “noche de amigos” y no en la sabia conversación con alguien mayor y más experimentado, pero, ¿Cómo podía encontrar dicha experiencia sí mi padre castigaba a mi madre con silencio cuando tenía ella sus pequeñas contestaciones en breves arrebatos?, ¿Cómo confiar en los míos sí al momento de hablar de cómo me sentía y cuán presionado estaba se me tildaba de desviado, gay y demás ademanes?, ¿Cómo confiar sí papá solo estaba para castigar, reprimir y demostrar dominancia sin contemplaciones y mamá solo estaba para bajar la cabeza? De aquí vengo y esto es lo que me ha traído.

Sacrificio, manos atadas y daño materno

Al recordar mis memorias, evado la cruda refulgencia de mis emociones, de cuánto anhelaba la comprensión en mi niñez y solo encontraba una espalda fría que decía que los niños como yo no debíamos comportarnos así. De este modo, aprendí que mi madre estaba hecha para ceder a los disfrutes que según ella yo merecía: salir de fiesta desde los doce, beber desde los trece, tener novias desde la primaria, entre otras cosas, que asumí como completamente normal, hasta que vi con desencanto que mis hermanas no podían si quiera mencionar la palabra fiesta porque ya eran tildadas de “rebusconas y fáciles”. Bajo esa premisa, me acostumbré a ver a mis primeras enamoradas como eso: chicas rebusconas que me hacían valedero de mis primeros apodos de “cazador”. Ahora, con mis años encima, ¿Qué sentido tiene que a una mujer, una humana como yo, sea entendida como una presa? Es incomprensible y hasta perverso.

Las manos atadas vinieron cuando me acostumbré también a la idea que mayor capacidad de “enamoramiento de chicas hacia mi” equivalía a mayor valía. Todo suena grotesco y más cuando fue de mi padre de quien aprendí dicha creencia. Así, me adapté mentalmente a subsanar todo resquebrajo que tuvo, en otras palabras, a saber, de sus infidelidades y convertirme inclusive en su confidente cuando “se le cruzaban las fechas” y debía usar una tapadera. Lo veía como un gesto natural de padre e hijo, sobre mi madre, solo pensaba que se lo había buscado dado que ya hacía mucho tiempo solo se ocupaba del hogar y no de sí misma ni de su esposo, mi padre. Pensar en esto ahora, y ver que aún se hace con total impunidad me revuelve mis entrañas, pero, eso aprendí.

¿Cómo fueron mis relaciones amorosas?

No hace falta ser un sabio para saber que fueron un destrozo, causado por mí, por ellas, por el efecto que les causé y se volvieron en mi contra. Hoy, con mi soledad en brazos recapacito acerca de mis prácticas, aisladas de toda compasión, entendimiento y ternura. Las mujeres, solo fueron para mí un rato, momentos que se llenaron de encuentros sexuales para satisfacerme por completo a mis anchas, luego, se convirtieron en satisfacción para ellas, pues, en mi retorcida lógica llegué a contemplar que mientras mejor se sentían conmigo, mejor fama iba a tener para atrapar a otras. Una porquería de sistema, lo sé. Lo que ocurría tras unos encuentros es totalmente sabido: me desaparecía, no llamadas, ni mensajes de texto, solo ignoraba su existencia una vez lograda la “conquista”, una forma errónea más de ver el acto de acercarme a alguien. Para mí, se trataba de poder, el acercarme a las mujeres y con palabras, sonrisas, halagos y regalos llevarla a donde me apeteciera se volvió un juego más.

Después de la universidad y luego del trabajo, ya tenía un par de citas agendadas, por sí alguna no daba la talla, “mojigatas” las hacía llamar a aquellas que me ignoraban a mí, con mi ego herido, comenzaba a despotricar con mis amigos sobre ellas, inventando excusas y situaciones para no admitir jamás que ellas me rechazaron a mí por tenerme como un patán. Tenían razón.

Ni que decir de las innumerables galerías virtuales que a modo de catálogos deslumbraban mis ojos cuando necesitaba llenar mi vacío emocional, ellas, las disponibles a todas horas, estaban allí, clasificadas, ordenadas y calificadas de acuerdo a mis arrebatos. Una pena. Sin embargo, así accedí a ellas por mucho tiempo haciéndolas esperar incluso cuando me llamaban a mí, solo yo importaba, nadie más.

Claramente, nunca había presentación a amigos o a la familia. Mi madre siempre me preguntaba por la falta de formalidad en mi vida amorosa, y yo salía de esos “apuros” a punta de estar ocupado en mi carrera, no tener tiempo en invertir en una relación, tolerar los berrinches de ellas…en fin, patrañas para no decir a vox populi que su hijo era incapaz de ser vulnerable con alguien, que le dolía inmensamente confesar que no sabía estar solo, y que siempre tuvo a alguien agendado porque desde los 16 (tiempo en que estuve por primera vez con alguien) no sabía mantener una conversación cercana con una mujer si no era para llevarla  a la cama; indudablemente, me era imposible.

Una vez

Solo una vez me enteré de la valía de una buena compañía, de la necesidad de estar para alguien no por mi billetera, ni por mis halagos sino por mi persona. Ella, con su ímpetu de estar siempre revoloteando en sus ámbitos y vivir siempre en su soledad tan feliz me parecieron un atractivo inigualable, estaba en la universidad a mitad de carrera, con un promedio estable, sin fiestas alocadas y un sentido del humor excelente, ella, fue en quien posé mis ojos por primera vez sin ansias de llenar mi vacío ego.

Después de camuflarme en su vida como un amigo, ella empezó a sentirse cómoda en mis manos, sin embargo, el desastre llegó. ¿Cómo brindo amor y cercanía si no lo tengo? Lo acepto, no me conozco, mi fama y lo que se dé mí es porque otros me lo han dicho, a solas, tiemblo por escuchar mis pensamientos ingratos y banales contra mí. Por lo que, al acercarme con ella de una manera que sentía que mi alma estaba desnuda, me aterroricé. Lo presintió, estoy seguro, me llamaba y mensajeaba, adoraba leer que se preocupaba por mí, pero, mi miedo a no afrontar mi vulnerabilidad con alguien más me paralizó. Debía tomar medidas extremas para sacarla de mi vida, por su bien, más que por el mío, así lo vi en aquel entonces y finalmente, una noche sin premeditarlo, en una fiesta, me escapé con su mejor amiga, el resto ya lo intuyen. Quedamos destrozados, pero, me resguardé de expresar mis ineptitudes.

Luego de ello, comencé a darme cuenta que la vida en relaciones amorosas no era para mí, al menos no con el sentido que le estaba dando, así que tomé mis maletas, las emocionales y las físicas, me fui a un lugar nuevo y comencé de nuevo mis andanzas para entender el amor y entenderme a mí. ¡vaya estrago!

Del amor al odio, conocí la dependencia y la sumisión

Decidí hacerlo todo distinto, vestirme, engalanarme, agraciarme con ellas, todo diferente. El problema de hacer estos cambios es que no solo no era yo, sino que, además, yo no era equilibrado conmigo mismo, seguía detrás de una fachada, esta vez, la de un hombre sensible, un hombre que se resbala por una mujer, en un sentido más patético que Johnny Bravo porque no podía siquiera decir que «no» por miedo a la soledad, a que me dejaran y me hicieran ver como un don nadie en la vereda. Simplemente, me fui al lado opuesto, sin saberlo, me convertí en un hombre que tenía sus carnes fuera, para convertirse en carroña ante la primera que, por compasión decidiera estar conmigo.

Así, inicia la historia de mis amoríos extremos, donde detectaba a una mujer como una casa hogar que pudiera darme techo, yo, un desesperado de cariño comencé a tambalear mis cimientos y me resquebraje: “no soy suficiente”, “no puedo proveerlas de lo que necesitan”, “úsame por una noche o todas las que quieras”, “quiéreme”. Así, como lo veo ahora, yo estaba en la postura que hacía años atrás muchas mujeres estaban conmigo. Probé claramente la hiel del desprecio y de cómo mi ego más desestructurado que nunca lloró por creerse insuficiente hasta de vivir.

Terapia y mentiras

Al ser un pesimista no confeso, me adapté a la idea de sobrevivir a mis peripecias solo, sin ayuda, siempre con una vela al aire ondeando las olas sin rumbo alguno, esperando que la fortuna se apiade de mi destino. Sin embargo, al volcarme en desilusiones que me dejaron en bancarrota, sin ánimos de querer intentar suspirar por la vida ni andar sobre mis pasos para buscar refugio, comencé a detestar profundamente la solvencia femenina, esa que les da pie a ellas de llorar cuando quieren y por lo que quieren, de prestar atención a lo que sienten y exclamarlo a viva voz, de reunirse con sus amigas y juguetear a fantasear una vida tranquila sin preocuparse de que su trabajo no es vanagloriado por una serie de tontos que al igual que yo se creen proveedores de todo el universo. Las envidiaba profundamente.

En este pozo profundo me encontraba hasta que, cabizbajo y sin una moneda en mis bolsillos me volví un desalmado. Pedía a mis amigos, los pocos que me quedaban, unas cuántas monedas para embriagarme, claramente, les decía que era para vivir, para la casa y mi familia, pero mentía, no era capaz de aceptar mi derrota, hasta que un accidente de tránsito donde laceré la vida una mujer y su hija me llevaron a juzgados, la prensa y lo que para mí fue en su momento peor: terapia.

¿Cómo era posible esto? Finalmente, mi familia luego de que se enterasen de toda mi vida y lograran solventar mis malvadas acciones, accedí a ir a terapia, a regañadientes y por orden de un juez. Era de una comunidad bastante ajetreada por lo que estaba en el pasillo esperando que fuera mi turno, finalmente llega, y es una mujer. Es lo que hay, el sistema público es así, mis despilfarros no lograban pagar a un particular ni mucho menos lograban agilizar mi cambio a otro profesional de mí mismo sexo. Así que allí estuve, renuente, terco, grosero y quebrado.

El milagro del desalmado

La gente suele opinar que las ideas suicidas son solo cuestión de horas antes de cometer el hecho, que simplemente llegan y concretas. Además, muchos piensan que morirán de la misma manera en cómo han vivido siempre, inclusive con las mismas ideas y creencias. Yo, tras largos años me di cuenta que no, es falso y soy testigo de ello.

No sé a quién agradecerle sí a la sombra de mi vida que se hacía más amplia, sí a Calamaro, Riso o Bumbury por sus letras reflexivas o a mi psicóloga, ella, quién con una mordacidad atroz y una voluntad firme cumplió con su deber enseñándome que la vida no fue la culpable de todas mis desdichas, ni mi familia fue un motor activador de mis penurias, aprendí la decisión más valiente y aguerrida que pude conocer jamás: mi responsabilidad.

Pasé de ser un perro desalmado a alguien que entendió que las personas, al igual que yo, siente, se afligen y son vulnerables a los actos de otros, aprendí que muchas de mis faltas no son por cuestiones económicas sino porque en mi vida interior estaba tan vacía que ni mil arcas de oro podían llenar mi desacuerdo conmigo mismo. Además, aprendí que respirar cada día sabiendo que puedo tener amigas al lado, esas que, como ángeles asexuados se encariñan de mi presencia y no de mi virilidad, son los tesoros más grandes que cualquier «conquista» que pude tener anteriormente.

Finalmente, entendí que soy un hombre, vulnerable, de carne y hueso, que siente, se ilusiona y es capaz de proyectar y dar amor, de sentirlo sin compromiso de que va a llenar un campo de fútbol de regalos, entendí que una familia no se consolida con mentiras, ni siquiera valen la pena para mantener «la unión familiar» , simplemente entendí que mis hijos, si llego a tenerlos, merecen el reconocimiento de sus emociones, conectar más allá de lo físico y vincularse con otros como lo que son: humanos.

Un perro, no es una descripción para un ser humano, empezando porque es contradictorio, él es leal y fiel, ciegamente en muchas ocasiones. Nosotros, podemos dilucidar, no, no fui ni soy un perro, solo fui un humano plagado de ideas y comportamientos erróneos que decidí en su momento, no atacar y avanzar.

Precisamente por eso, me agradezco y me compadezco, me miro con ternura y me reafirmo como un ser libre que piensa, siente y ama desde lo más profundo de su alma y con plena seguridad de su masculinidad, que cargo siempre conmigo para recordar con una sonrisa que este, en verdad, soy yo.

Mi querida amiga «Ansiedad»

Y todo comenzó así…

¡Hola! Sé que hubieras preferido que no escriba esta carta pero aquí estoy, he llegado con más fuerza, anteriormente te visitaba pero solías ignorarme, creo que aún no tienes idea de quién soy. Me presento, soy tu amiga Ansiedad, no te asustes hoy vengo en son de paz, por cierto ¿por qué no me aceptas?

Lo digo porque la última vez que me acerqué a ti me ignoraste por completo, tuve que manifestarme con un dolor de pecho o una migraña pero me pasaste por encima. Te di muchas señales para que pararas y no fuiste capaz ni querías, seguías atendiendo llamadas, diciendo sí a todo, tratando de demostrar a los demás quién eres, pensando en lo que no va a pasar…. Por eso hoy, aunque no me gusta actuar así, me he puesto firme y he cogido valor para presentarme. Sé que me odias y yo en cambio te quiero proteger. Sé que dices que ojalá no me hubieras conocido y yo sin embargo desespero cuando ni caso me haces. He venido para alertarte; a veces me paso, lo sé, pero si respiraras mejor, si hicieras lo que te apeteciera, si fueras menos exigente… nos lo harías más fácil a las dos y eso lo sabes.

¿Recuerdas esa vez que te dio un dolor de cabeza? ¿O cuando tuviste insomnio por más de dos horas? ¿O qué tal esa vez que, sin apetito te metiste un atracón de chocolates?, todas esas veces era yo tratando que me escucharas pero seguías con tu ritmo de vida, seguiste con tu misma manera de pensar… Entonces intenté algo más fuerte, hice que te temblara el ojo, que te diera gastritis  y que te sudaran las manos… pero tampoco lo percibiste. Bueno no te sientas recriminada , sólo quiero pedirte un favor…

¿Quieres hacer el favor de parar de trabajar cuando te envío señales?, ¿de actuar con asertividad y no decir «sí» a todo?, ¿de dejar de preocuparte por lo que aún no ha llegado y seguramente no pase? Cuídate, atiende a tu cuerpo, a tu emoción. Toma mis visitas como avisos de que es tiempo de conectar contigo misma. De que cuando ocultas tu rabia, tu ira, tu tristeza… favoreces a que yo aparezca, lo único que llevo tratándote de decir todo este tiempo, es que… ya es tiempo de evolucionar, necesitas hacerlo, no hay de otra. Necesitas crear cambios muy profundos dentro de ti, pues en realidad no estás disfrutando de tu vida y no te sientes plena.  Por eso pretendo ayudarte a recuperar tu esencia y para lograrlo, tendrás que deshacerte de lo que te impide contactarla.

Deseo ayudarte a ver precisamente qué te impide contactar con tu sentido de vida, con tu pasión por vivir, con tu alegría y con tu verdadero ser que es tu esencia.  Cada vez que yo aparezca en tu vida, será porque por ti misma no te has dado cuenta que no estás siendo plena y feliz, así es que si vuelvo a aparecer, no te asustes… mejor agradéceme que llegué y escúchame….

¿Te gustó la carta? Creo que si la ansiedad nos hablara nos podría decir eso y más. Todos alguna vez en nuestra vida hemos sufrido de intranquilidad, angustia; algunos en nivel más elevado que otros pero al fin y al cabo todos hemos experimentado ese vacío en la panza, la aceleración de nuestro ritmo cardiaco, las ideas rumiantes, el exceso de futuro, entre otras señales que nos manda nuestra querida amiga “ Ansiedad”

Ya sea por la pandemia o por una sobredosis de redes sociales los niveles de ésta se pasean por las nubes. Vamos a empezar por definirla. Es una emoción normal que se experimenta en situaciones en las que el sujeto se siente amenazado por un peligro externo o interno. Muy a menudo confundimos el síntoma (angustia, inquietud, insomnio, etc…) con el problema en sí , es una señal de alerta, una advertencia de que algo no anda bien. Por poner un ejemplo sencillo, sería como la fiebre que aparece como reacción y defensa ante una infección en nuestro organismo. Habría que diferenciar entre miedo (la persona conoce el objeto externo y delimitado que le amenaza y se prepara para responder) y ansiedad (el sujeto desconoce el objeto, siendo la amenaza interna y existiendo una dificultad en la elaboración de la respuesta).

Es normal sentir agobio por mudarse, empezar un empleo nuevo o hacer un examen. Este tipo de sensación es desagradable, pero puede empujar a la persona a trabajar mas duro. Por otra parte, cuando se habla de una ansiedad sana ésta viene y va, pero no interfiere con el día a día de la persona. Debemos, por lo tanto, ver qué problema está tratando de resolver (aunque de forma poco acertada), qué función está cumpliendo, preguntándonos de dónde viene, qué necesitamos revisar y sobre qué está tratando de llamar nuestra atención. Ella puede traernos mensajes distintos a cada uno de nosotros, la clave está en ver cuáles son para iniciar a tratar su origen y no solamente eliminar de forma superficial las molestias que nos ocasiona.

¿Cuáles son las causas de la llegada de nuestra amiga ansiedad?

Las causas de los trastornos de ansiedad son complicadas. Muchas podrían ocurrir en el acto, algunas pueden conducir a otras. Entre las más comunes está el estrés ambiental, dificultades en  el trabajo, problemas en las relaciones interpersonales, querer controlar la situación, genética, se dice que las personas que tienen familiares con un trastorno de ansiedad son más propensas a experimentar uno ellas mismos. Además, se cree que las áreas cerebrales responsables del manejo del miedo pueden estar interferidas.

Se presenta con síntomas físicos que pueden variar de una persona a otra. En su manifestación más intensa, se dan las llamadas crisis de ansiedad en las que los síntomas son más agudos y en ocasiones pueden acompañarse de sensación de muerte, de locura o de pérdida de control. Todo ello provoca un intenso malestar más o menos continuado que puede derivar en un «miedo al miedo», es decir: lo que inicialmente causaba incomodidad se acaba transformando en temor a percibir los síntomas y malestares que provoca ella. Muchas veces nace a partir de emociones reprimidas o mal gestionadas.

Hay muchas razones para rechazar lo que sentimos, puede ser que en nuestra familia de origen no nos enseñaron a manejar nuestros afectos, puede que creamos que nos van a llevar a extremos que no podremos controlar, a lo mejor hace que nos juzguemos… En cualquier caso, las emociones rechazadas o mal gestionadas degeneran frecuentemente en molestias y problemas mayores. Conocer cómo vivimos éstas y aprender a realizar una gestión más sana de ellas es esencial para evitar que aparezcan en otras formas más perjudiciales.

Los síntomas generales son: Respiración rápida y poco profunda, aceleración de las pulsaciones del corazón, inquietud constante, problemas de concentración, dificultad para dormir, entre otros; estos síntomas pueden variar en intensidad y frecuencia debido a que cada uno reacciona de acuerdo a lo aprendido. Por otra parte, con respecto al diagnóstico, en muchas ocasiones se recorre un largo trayecto de pruebas médicas, visitas a urgencias del hospital y que al final del proceso te dicen: “Usted no tiene nada, tiene ansiedad, lo que tiene que hacer es relajarse y tomarse la vida de otra forma”. Y te preguntas… “¿Y eso? ¿Y ahora cómo lo hago?”. Desde muchos ámbitos, incluido el médico y sanitario en general, existe mucho desconocimiento sobre cómo tratarla psicoterapéuticamente, y se apela en frecuentemente a la fuerza de voluntad sin dar herramientas o estrategias de manejo.

Cuando nuestra «amiga» aparece en nuestra vida, lo natural es que queramos solucionarla lo antes posible. Ante nuestra “prisa” por estar mejor o resolver lo que nos preocupa podemos no darnos cuenta que es necesario un proceso que puede durar más tiempo del que nos gustaría. Ante casos agudos de ansiedad o algunos trastornos asociados a ella puede ser oportuno una medicación que nos ayude a rebajar el malestar o los momentos más intensos, pero debemos tener en claro que son un recurso que actúa sobre los síntomas pero no soluciona el problema de base.

La ansiedad no se cura con pastillas sino a través de un proceso de terapia con el que atenderemos el mensaje que viene a traernos, conocer el origen y darle su tiempo para tratarla a profundidad. Ser conscientes de que necesitamos un tiempo para mejorar, trabajar en sus causas  y aprender recursos con los qué gestionarla, serán los pasos para vencer la ansiedad, recuperar el equilibrio y prevenir futuras apariciones; aquí te menciono algunas actividades que nos pueden ayudar:

-Organiza cualquier actividad que te cause presión o alguna fecha límite, elabora listas para hacer que las tareas abrumadoras sean más manejables y comprométete a tomarte un tiempo libre del estudio o del trabajo.

– Ejercicios de relajación: Esto incluye meditación, practicar una respiración diafragmática o profunda, baños con aceites corporales o esencias agradables, pueden realizarse en una tina, descansar en un lugar oscuro y practicar mindfulness.

-Ejercicios para reemplazar pensamientos negativos por positivos: haz una lista de los pensamientos negativos que podrías estar teniendo como resultado de la ansiedad, y escribe otra lista junto a ella que contenga pensamientos positivos y creíbles para reemplazarlos.

-Red de apoyo: habla con personas conocidas que te apoyen, como un familiar o un amigo.

-Ejercicio: el esfuerzo físico puede mejorar la autoestima y liberar sustancias químicas en el cerebro que desencadenan sentimientos positivos.

Consejería: Buscar apoyo psicológico es una buena opción, el psicólogo te brindará las herramientas necesarias para que la puedas aceptar y convivir  con ella, recuerda que desde que aceptas tenerla ya te estás haciendo cargo.

Anímate a correr el riesgo de conocer y aceptar a nuestra amiga «Ansiedad».

El camino de la autoconfianza

Actualmente, vivimos con una alta demanda en casi todos los aspectos de la vida. Tales como conseguir un buen puesto de trabajo, subir de status social, encontrar pareja, etc. Además, esto se engrandece con las expectativas mostradas en redes sociales donde se ver lo que debería ser una “vida perfecta”.

El miedo al fracaso esta a la orden del día. Me entra a reflexión lo siguiente:¿Cuándo podemos considerar a una persona como alguien exitoso?¿Cómo podemos catalogar a alguien como ejemplo de confianza? Hay líderes o gerentes, con muchos años de experiencia, y siendo los mejores en su trabajo; pero se sienten inseguros y con miedo al fracaso. Entonces entendemos que poseer confianza no solo se debe a la suma de componentes que tienes a tu alrededor, los cuales te ayudan en la vida; sino que también es una mirada personal hacia uno mismo.

Cómo tener autoconfianza: Tres perspectivas diferentes:

1. Desde la Psicología:

La autoconfianza es el autoconcepto que una persona cree o piensa de sí misma. Está determinada por muchos aspectos; por nuestro pasado, nuestro presente y las expectativas de nuestro futuro. Todo lo que pasamos se queda en nuestro subconsciente almacenado y nos predispone a actuar de determinadas maneras en nuestro día a día.

Crea un mundo en el cual te sientas agusto

  • Créalo con tus reglas, donde a partir del conocimiento de tu persona sepas que cosas te afectan más que otras.
  • No te compares con los demás, es momento de alejar de tu mente de todo aquello que te cause dolor, de aquí la importancia de poner límites.
  • Intenta hacer cada día cosas que no te crees capaz de realizar; al hacer algo que pensamos que está fuera de nuestro alcance potenciara grandemente tu autoconfianza al cumplirla. Pero es importante ponerse metas realistas, como tender tu cama todas las mañanas. Si se empieza desde lo más básico, y así al cumplir estas metas, podremos agregar más y de mayor dificultad.
Hay que tener confianza en uno mismo

2. Una mirada cristiana:

Para obtener la bendición de una fuerza mayor, debemos salir primero de nosotros mismos y depositar nuestra confianza en Dios. Él nos dará una base en la que acogernos. Sin duda uno de mis textos preferidos para referirnos a este punto es: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo, Jesús” Filipenses 4:14-20. La Biblia es clara y concisa, con soluciones prácticas para nuestra vida, aquí agregaría el dicho “el que tenga oídos que oiga”.

Seguir nuestra vocación de vida nos da autoconfianza, pero muchos la confunden con hacer lo que a uno le gusta, o en lo que es bueno. Pero se refiere a aquello para lo que Dios te ha llamado a hacer en esta vida, por tanto, es un llamado, recordando también otro pasaje bíblico que dice “Pidan y se les dará”.

Confianza en Dios

3. Desde la bioneuroemoción:

La bioneuroemoción es una medicina alternativa, donde a todo tipo de malestar o enfermedad se le encuentra una causa netamente emocional y de esta manera busca sanarla.

Según (Batlló, s.f.), profesora del Enric Corbera Institute: Si un paciente va a una clínica y dice “tengo problemas de autoconfianza”, desde la bioneuroemoción lo que se le responde es: ¿Qué es lo que usted me quiere decir?, se busca la auto indagación del propio individuo. Se busca concretar y relacionar una dificultad en la vida de la persona, donde sufrió un choque emocional tan fuerte que busca hacerse visible en el cuerpo y/o actitudes. Si aplicamos esto al tema de la autoconfianza podemos ver cuál sería el detonante de este sentimiento.

Poner amor a lo que se está haciendo en el presente, sin muchas expectativas, nos hace tener confianza en lo que hacemos. Hay que preguntarse: ¿Qué imagen tengo de mi mismo? y ¿Quién creo que soy? Debemos observarnos profundamente… Pero… ¿Y qué hay de la confianza en el otro? En la Bioneuroemoción, el otro siempre es nuestro espejo, nos dice dónde estamos, al compararnos con este. El desarrollo de una persona se da en un ambiente de confianza y con alguien que haga de guía, dando una confianza de anclaje, para saber a dónde tienes que ir. Por otro lado, también necesitamos equivocarnos y asumir nuestros errores, resolverlos sin el juicio que nos haga sentir después culpables.

Bioneuroemoción. Tomado de: https://sonria.com/bioneuroemocion/

Autoengaño y falsa autoconfianza

Pero cuando no hay un correcto análisis de la situación desde un punto de vista objetivo; cuando no reconocemos nuestros límites. Se busca encubrir carencias y aparece un miedo a enfrentarse a sí mismo; debido a abrazar ideas ilusorias.

“La falsa autoconfianza ayuda a producir un autoengaño que permite a la persona evadirse del verdadero estado interno de autoconfianza que en muchos casos está detrás de la “máscara”. Esta forma de evitación, la falsa autoconfianza, puede traer consigo graves consecuencias, pues te hace más débil y te aleja de la realidad”. (García Allen, 2021)

Autoengaño en los deportistas (Vease 1)

Conclusión

Existen muchas formas de llegar a la autoconfianza una de ellas es Dios, Él nos pone las cosas desde un punto de vista práctico y espiritual; y a través de la Biblia es como podemos guiar nuestros pasos en la vida, no por nada es el libro más leído en el mundo. Sin embargo, si este punto no resuena contigo, se puede comprender la autoconfianza desde la Psicología y la bioneuroemoción, que brindan un aporte valioso en el desarrollo personal.

Referencias

  • Batlló, M. (s.f.). Onda Cuantica. Obtenido de: https://www.youtube.com/watch?v=Fbi6gGZ_yHg
  • García Allen, J. (2021). Psicología y Mente. Obtenido de: https://psicologiaymente.com/psicologia/falsa-autoconfianza-autoengano

______________________________________________________________________________

  1. https://www.deportesaludable.com/deportes/el-autoengano-y-la-falsa-confianza-de-los-deportistas/

SOY MUJER

«QUE EL CAMINO QUE ELIGAS SEA DE APRENDIZAJE CONTINUO, CADA SUCESO, CADA TROPIEZO PUEDE SER UNA LECCION. DA LA BIENVENIDA AL CRECIMIENTO Y LA EVOLUCION DE SER TU, AUNQUE EN OCACIONES SEA INCOMODO».

CHAMALÚ.
circulo

Antes de empezar deseo aclarar que no me considero feminista, tampoco aludo personalmente contra alguien, pero identifico que mi educación en parte tiene una influencia machista, no de forma directa, pero frases de mi madre como lava los platos, limpia y ayuda en la casa porque tu hermano no lo puede hacer, tuvieron esta connotación, esta anécdota puede ser frecuente en más de un hogar.

En muchos entornos, desde que las mujeres llegan al mundo, su trato es diferente, desde pequeños detalles como el uso de los colores característicos de la decoración de la habitación y la ropa, el rosa para las mujeres y el celeste para los hombres. En una oportunidad escuché el comentario de una madre, a la cual le incomodaba que su hijo varón forrara un cuaderno de color rosado, ya que según decía ese color era para mujeres, esto un claro estereotipo.

Por todo lo señalado, considero interesante analizar los siguientes puntos:

CAPITULO I: EL GÉNERO FEMENINO.

Empecemos por definir el género, como un conjunto de características físicas y conductuales que distinguen a un grupo social del otros, en este caso el género femenino es definido como todo lo que tiene que ver con las mujeres y distintas características femeninas.

En cuanto a los roles de género, muchas veces desde pequeñas se nos brindaban regalos asociados a las actividades de la casa, tales como muñecas, cocinas, instrumentos de limpieza, impulsando de alguna manera a que estas actividades o juegos se asocien con el desenvolvimiento en casa.

Los cuentos o películas al que usualmente tenían acceso las niñas eran sobre princesas indefensas, incentivando en ellas que llegara el príncipe azul y las rescatara de alguna situación peligrosa.

La decoración de las habitaciones para las niñas solían tener objetos diferentes, la vestimenta con toques más femeninos, faldas, polos, zapatillas, collares coloridos, brillos, los cortes de cabello, peinados y detalles, son características mantenidas en los años, para supuestamente acentuar los rasgos y comportamientos femeninos.

Todo esto es parte de un enfoque socio-cultural, y es importante analizarlo. Así como también el plano socio-emocional.

En cuanto al manejo emocional, es importante tener en cuenta que con el paso del tiempo aprendemos mediante la observación e imitación, hecho conocido en psicología como el comportamiento vicario, esto se irá dando de forma progresiva, no solo las mujeres imitarán conductas del mismo género sino también de las personas con las que sienta mas cercanía. Es usual que las mujeres podamos sentir las emociones con mayor libertad, a excepción del enojo, ya que podría existir una tendencia a tener cuidado con expresar la ira.

Al hablar de «Femineidad», se menciona que está asociada a la observación detallada, que se puede usar al momento de escoger ropa, arreglarse y guiar alguna actividad en el hogar o en el trabajo, también en sus habilidades sociales.

Definitivamente, las diferencias pueden centrarse en un plano científico, como aquellas que demuestran que el cerebro de las mujeres nos permite tener adecuadas actitudes frente al lenguaje, velocidad para percibir las cosas y buena memoria visual. Entre muchos otros aspectos, que pueden involucrar el hecho que el sistema endocrino de las mujeres suele madurar antes y ser cambiante por el ciclo menstrual ya que involucra cambios hormonales.

CAPITULO II: EL MACHISMO.

En la actualidad el trato hacia la mujeres ha mejorado, pero aún no es suficiente, uno de las factores sociales que es un constante en contra de la igualdad y respeto a la mujer es el machismo, el cual por su rigidez, aún sigue practicándose por un gran porcentaje de la población mundial, incluyendo las diferencias de genero y el manejo del poder.

Las personas con una cultura machista suelen ser respetuosas y amables con las mujeres que presentan algún tipo de vínculo, pero eso no cambia que las sigan viendo, por lo menos por momentos, como objetos, y menospreciando sus acciones. Cuando una mujer no encaja con el perfil de lo correcto, es mayor la sensación de desagrado para con ella.

Desde el inicio de los tiempos se les brindó a los hombres reconocimientos y puestos políticos importantes, por otro lado a sus parejas labores de casa y cuidado de los hijos, que a pesar de no serlo, eran consideradas como tareas fáciles o de menor importancia.

Por muchos años las sociedades vivieron en negación sobre este hecho, considerando que los comportamientos machistas eran normales, por ello muchas generaciones siguieron aprendiendo y repitiendo estas acciones, haciendo que el fenómeno siga vigente, también algunos grupos religiosos o comunidades siguen practicando el machismo como parte de sus tradiciones.

CAPITULO III: REVOLUCIÓN FEMENINA:

La liberación femenina empezó en Europa, en la época de la revolución Francesa en el año de 1780, naciendo así el primer movimiento feminista, las pioneras de estas luchas fueron Lucrecia Molt y Elizabeth Candy Santón, las protestas masivas de grupos de mujeres alzando la voz y reclamando sus derechos, proponían el libre sufragio e igualdad política.

El código civil Napoleónico, posicionó a las mujeres considerándolas menores de edad sin derechos civiles, por ejemplo, los hijos y pertenencias de las pareja eran directamente de la figura masculina, las mujeres no podían acceder a educación superior. Las protestas en parte fueron un fracaso ya que la nación no reconocía a las mujeres más que hacia roles impuestos, como madres y esposas.

Durante la primera guerra mundial las mujeres fueron contratadas en el medio laboral por falta de personal. A partir de la segunda guerra mundial, se empezó a otorgar la libertad de sufragio a las mujeres en casi toda Europa.

Una vez formada la corriente feminista empieza a formarse el feminismo radical, este quería que las mujeres puedan tener la libertad de poder expresar su sexualidad, pudiendo tener una libre elección, el no tener solo la función de crianza de los hijos o las labores de la casa.

Gina Vargas (1998), identifica la llegada del feminismo a América Latina, iniciando así una lucha constante con los gobiernos autoritarios. Se lograron diálogos y acuerdos, para poder tener un espacio más igualitario en la sociedad.

En la actualidad las luchas feministas son constantes, algunas optan por el lado radical, otras con un enfoque más social, motivando así marchas y reuniones con fines mas políticos, haciendo que esos mensajes lleguen cada vez a más personas, notando con ello una influencia de la psicología de masas.

CAPITULO IV: DIA INTERNACIONAL DE LA MUJER.

Se pone como fecha el 8 de marzo, por un hecho lamentable que implicó la perdida de 129 mujeres en la fábrica de Cotton en Estados Unidos. Se habían declarado en huelga, solicitando que la jornada laboral sea de 10 de horas y un salario igual al que recibían los hombres, por ello el dueño no accedió solicitando que se cerrara la empresa y que se sacara a las mujeres de ella, como resultado murieron en su lucha.

En el año 1909 en New York el 28 de febrero se conmemoró el primer día Nacional de la mujer. En el año de 1910, se desarrolló la segunda Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, en Copenhague, el tema principal, hablar era el sufragio de la mujeres, con ello Clara Zetkin como líder considerando la opinión de más de 20 mil mujeres, declararon así el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer, en memoria de las mujeres caídas.

En el año de 1977 la Organización Mundial de la Salud, designó oficialmente el 8 de marzo como el Dia Internacional de la Mujer.

CONCLUSIONES.

En conclusión la vida de una mujer desde que llega al mundo si será diferente a la de los hombres por muchos factores psicosociales. Por ello considero que parte de igualdad, es obtener respeto tanto al intelecto como a las formas de su cuerpo, dejando de ver a la mujer como un objeto sexual o de posesión.

También es necesario generar el respeto mutuo entre las mujeres, dejando de lado algunas creencias, no insultando o faltando el respeto entre las féminas, buscando así una hermandad y protección.

Las mujeres son libres de elegir un estilo de vestimenta y lucir como les guste sin miedo al acoso o faltas de respeto, también son totalmente capaces de cumplir papeles muy importantes en la sociedad, y de poder hacer todo lo que se proponen ya que poseen muchas fortalezas, los porcentajes de mujeres profesionales, empresarias, científicas y deportistas destacadas cada vez son más, estos reconocimientos, son sinónimos de orgullo.

Desde hace mucho tiempo, las rutinas han cambiado, ya que aunque inicialmente por situaciones económicas las mujeres, tuvieron que salir a desempeñarse con más frecuencia en el mundo laboral, se fue reconociendo el plano vocacional. Se tuvieron que organizar en sus tiempos entre el lado laboral y la maternidad, en estos hogares las actividades comenzaron a ser compartidas, los hijos también colaboraron, estimulando a un cambio de percepción en las próximas generaciones.

Es importante mencionar que, las mujeres tienen la autonomía de decidir ser o no ser madres y de ser o no esposas sin ser criticadas o discriminadas por ello. Tal cual es el derecho de todas las personas en general.

Para terminar, los comportamientos de las niñas son instruidos desde su hogar inicialmente, por lo que es importante dar ejemplos de valentía y respeto mutuo, a la vez a sus ideales y sueños, sin dejar de lado su individualidad.



Kohlberg y el Bushido: Enseñanzas morales del psicólogo y del código ético samurái

Moral y ética

Para empezar, establezcamos lo siguiente. Etimológicamente, moral viene del latín moralis, de mos moris (costumbre), que fue un calco hecho por Cicerón, del griego ethos que significa ética. Por lo tanto, desde esa perspectiva, es válido usarlos como términos equivalentes.

Psicología y moral

La psicología propone diversas aproximaciones al juicio y la conducta moral. Existen estudios acerca de los factores socioculturales involucrados y otros centrados principalmente en el hombre cuyo crecimiento moral va de la mano (en mayor o menor medida) con el paso de los años.

Kohlberg y la teoría del desarrollo moral

Lawrence Kohlberg

Fue el psicólogo Lawrence Kohlberg, quien se encargó de crear una teoría que va más allá de aquellos estudios enfocados y de las perspectivas de corrientes como  psicoanálisis o el conductismo. Y no solamente abarcando el ámbito académico, ya que su teoría está fundamentada por la teoría así como los propios dilemas morales que vivenció.

Kohlberg, cuando muchacho, fue problemático, le gustaba «romper las reglas». Fumar, beber y cortejar a muchas señoritas siendo menor de edad, era algo que hacía recurrentemente. Al crecer y madurar, dejó esa actitud pero aún se encontraría transgrediendo la ley. La ley británica en particular, pues luego de participar en la Segunda guerra mundial por el bando de Estados Unidos, se encontraba transportando ilegalmente a judíos sobrevivientes de campos de concentración, hacia Palestina. (Giardini et al.,2017, pp. 37,39). Es evidente la abismal diferencia de las motivaciones de Kohlberg en ambos casos. Así vivió más dilemas morales a lo largo de su vida, entorno a injusticias dadas debido a las mismas leyes establecidas. Es por ello que se preguntó si existía una moral que va más allá de lo jurídico, de lo sociocultural, de lo subjetivo y lo emocional. La respuesta parecía requerir una guía intelectual.

Sí bien Kohlberg recogió posturas del psicoanálisis, del conductismo y del cognitivismo. Construyó su teoría teniendo como piedra angular a la filosofía clásica occidental, a Sócrates y Platón en particular (Giardini, 2017, p. 55).

Platón, basado en el aspecto de Leonardo da Vinci. Detalle de «La escuela de Atenas» por Rafael Sanzio

Kohlberg (según Giardini, 2017, p. 56) nos menciona que los filósofos, entre sus conceptos fundamentales, están:

– La virtud es única y tiene una forma ideal, que se mantiene independientemente del contexto sociocultural.
– La forma ideal de la virtud está forjada por la justicia.
– El bien es uno solo, y la virtud constituye el conocimiento del bien.

La teoría del desarrollo moral propone siete momentos clave y tres niveles, en donde el hombre va dando forma y perfecciona su moralidad. Este es un proceso fascinante que merece su propio artículo en una próxima ocasión. Por el momento iremos directamente al hombre que ha llegado al tercer nivel, este es el «hombre de principios», que posee el juicio y razonamiento moral más elevado.

Kohlberg (según Giardini, 2017, p. 80) afirma que, el hombre de principios tiene la facultad de ejercer su derecho individual; se desenvuelve en sociedad, siempre observando los contratos sociales y su entorno cultural, con mirada crítica. A su vez reconoce los principios éticos universales: El derecho a la vida, a la dignidad y a la libertad, lo cuales se deben respetar siempre, prescindiendo de la situación o la opinión de la mayoría.

El Bushido, código del samurái

Kanji para Bushido

Bu-shi-do, literalmente significa Militar-caballero-camino. Entonces, es el camino; los preceptos del noble guerrero.

Este código de principios morales debía ser aprendido y observado por todo samurái. No es un código escrito, tampoco un dogma, son unas pocas máximas que se transmitían oralmente y tenían un desarrollo netamente práctico (Nitobe, 2017, p. 24).

El Bushido bebe del budismo zen, y del sintoísmo. Cree en la bondad innata del ser humano y su conexión con lo Absoluto que se eleva más allá de las cosas humanas (Nitobe, 2017, p. 32).

El Bushido era acción, el hombre culto y el artista, no podían quedarse dentro de cuatro paredes, de ser así «sus conocimientos comenzarían a desprender un olor fétido» sin que pudiesen servir para nada (Nitobe, 2017, p. 37).

Y sí bien se incentivaba la sabiduría y el arte (en especial la poesía) en el guerrero. También llegaba a sostener que el hombre recto -cualidad sumamente difícil de conseguir- podia prescindir de cualquier otra cualidad (Nitobe, 2017, p. 44).

Se inculcaba la tranquilidad del espíritu, clara influencia del budismo zen, el samurái debía ser, inmutable en su interior, su espíritu no podía perturbarse por alegrías, penas, dolores, sorpresas, por nada en lo absoluto (Nitobe, 2017, p. 54).

Eso no significa que el samurái fuese una piedra, pues el buen humor, la cortesía, la piedad y la benevolencia eran recursos a los que siempre debía recurrir en lo posible. Tanto en su vida cotidiana, en sus rituales y en el campo de batalla, ya sea con el pobre, el oprimido y aún con el enemigo.

Un samurái no debía hablar, a menos que estuviese dispuesto a comprometerse totalmente con lo que salga de su boca. Tanto mentir como equivocarse son igualmente viles para el samurái, la veracidad era una facultad sobrenatural. Cabe agregar que la veracidad como valor cuasidivino, no podía dar frutos mundanos. El samurái no ambicionaba la riqueza, solo servir a su señor, a su patria y a su honor.

Nitobe pregunta «¿Qué la recompensa de la virtud no es la virtud misma?» (2017, p. 97).

Inazo Nitobe, figura emblemática de Japón y descendiente de samuráis

La lealtad era entendida, como algo más allá de la individualidad, hablamos de una lealtad con el colectivo, con la nación y la patria.

El samurái defendía su honor ante todo, incluso por encima de su propia vida. Su juez (y a veces, verdugo) era su propia conciencia. Es por ello que, de ver su honor mancillado podían recurrir al seppuku (incorrectamente llamado hara-kiri) (Nitobe, 2017, p. 143). El suicidio samurai es muy conocido en occidente, pero poco se difundió el saber que no era el único camino y que hubo uno más noble, aferrarse a la vida a pesar de toda adversidad.

«Y, sin embargo para un verdadero samurái, apresurar la muerte o buscarla era equivalente a una cobardía» (Nitobe, 2017, p. 154).

Nitobe afirma: «Esta pues, fue la enseñanza del Bushido. Sufrir y hacer frente a todas las calamidades y adversidades con paciencia y con la conciencia pura» (2017, p. 155).

El pensamiento del Bushido, pervive en el Japón, ya no como código, sino como legado cultural e histórico, esto tuvo consecuencias tanto buenas como malas (Nitobe, 2017, p. 205). Podemos tomar de ejemplo, la ambición nacionalista que alimentó su participación en la Segunda guerra mundial o su patriotismo que los inspiró a levantarse de las catástrofes causadas por aquella guerra.

«Escarbad ligeramente en un japonés de las ideas más avanzadas, y encontrareis un samurái» (Nitobe, 2017, p. 221).

Musashi Miyamoto, el samurái más famoso de Japón

Puntos en común y contraste

Mientras Kohlberg considera a la libertad, al respeto y a la vida, como derechos innegociables en cualquier situación, el Bushido disminuía la libertad individual en favor del colectivo: El cuerpo podía ser sometido a su señor feudal, pero la libertad del alma era imposible de anular. La vida según el Bushido estaba en una categoría menor al honor y la reputación por ejemplo, pero eso no significba el desprecio de la misma. Si bien en situaciones específicas se permitía el seppuku; en todo momento se animaba a conservar la vida, decisión más virtuosa. Nitobe (2017, p. 155) nos comparte un poema al respecto:

¡Venid! ¡Llegad sin descanso,
tristezas y dolores crueles!
Amontonaos sobre mis hombros abrumados;
¡Que no me falte ni una sola prueba
de las fuerzas que aún me restan!
-Samurái anónimo

Mientras la moral planteada por Kohlberg, invita a la mirada crítica y recomienda transgredir la ley cuando esta es injusta. El Bushido anima a obedecer a la autoridad y a la patria por encima de todo, aún a sabiendas de las ambigüedades morales por parte de la autoridad.

En occidente, el hombre, en la práctica moral, tropieza muchísimas veces y otras tantas procura enmendarse. El samurái, como ser excepcional que era, no podía permitirse aquello, faltar a su palabra era faltar a su honor (y ya sabemos en que lugar ubicaba al honor). Cabe decir que estar en esa atención permanente de si mismo, de las cosas y de su entorno era sin duda una actividad muy exigente y requería un estado de conciencia elevado.

La moral de Kohlberg es universal, procurando que, en teoría y práctica sea verificable y aplicable en cualquier persona, de manera progresiva. Por ejemplo un niño va desarrollando su moral a medida que crece. Por otro lado el Bushido era un código militar, reservado para una élite que entregaba la vida para el combate y el servicio marcial. Cuando la tecnología avanzó, y a su vez la tecnología bélica, la espada del samurai quedó muy mermada (así como la del caballero) para el combate. De este modo, impedido de actuar en su campo de acción principal, su llama fue debilitándose. No es así con la moral occidental, viable en cualquier área y disciplina de la vida. No obstante el Bushido permanece como legado en el inconsciente colectivo del pueblo japonés.

El Bushido y el samurái ardieron con una llama viva e intensa, tan fuerte que la leña que la alimentaba se consumió rápidamente y ahora sólo queda una pequeña flama, que aún se resiste a apagarse. Si seguimos con la analogía, la llama de la moral occidental es mesurada y constante, no arde violentamente y eso le permite permanecer. Su leña es el dogma y la tradición, ya sea de los clásicos griegos o de las páginas del evangelio. Y por más que parezca que el utilitarismo y el materialismo del mundo moderno, le quite brillo, realmente no es así. Kohlberg hombre académico, la defendía y Nitobe, descendiente de estirpe samurái, la admiraba, y reconoció su fuerza (2017, p. 224). Nosotros también debemos apreciarla, es nuestra herencia y legado. Asimismo, es bueno aprender de la sabiduría de oriente, siempre, con juicio crítico.

Bibliografía

Giardini, A.; Baiardini, I.; Cacciola, B.; Maffoni, M.; Ranzini, L. y Sicuro, F. (2017). Comprende la Psicologí­a. Lawrence Kohlberg: El desarrollo moral. Barcelona: Editorial Salvat, S.L.

Nitobe, I. (2017). Bushido: El código ético del samurái. España: Biblok Book Export, s.l.

¿POR QUÉ TODO ME PASA A MÍ?

Levantarse cada mañana no es un simple hábito, para algunos, en especial los jóvenes, esto significa un viaje a través de una motivación perdida, un desgano monumental y una obligación inusitadamente grande que marca el compás de los pasos. No es levantarse para ver el sol salir, es abrir los ojos y pensar ¿para qué lo hago? En esta era los números hablan por sí solos, las diferencias entre oportunidades, creatividad e inclusive diversión nos llevan a caminos distintos dependiendo no solo de cómo se desenvuelven por el mundo las personas, sino que, hay algo más que las empuja a caminos bienaventurados y a otros, la gran mayoría, los conduce a senderos amargos. Pero, ¿Cómo se llega a esos caminos?, ¿qué estado mental nos hace entrar hacia un laberinto de tristeza?, ¿será que es posible escoger la miseria sobre la felicidad?

Dirigir la tormenta muchas veces es una labor imposible, pero, dirigirnos a nosotros es decisivo.

¿Realmente controlamos lo que pensamos

Dependiendo del autor al que leas, puede que sí y puede que no. Según la  Terapia de los Esquemas de Jeffrey Young y Janet Klosko, hay un porcentaje grande  de control que podemos tener frente a la rumiación ácida de la mente, pero, antes de  indagar sobre este proceso, debe quedar claro por qué debemos cuestionarnos esto.  

Resulta que para nadie es un secreto que muchas veces, y sobre todo en  periodos de “vacas flacas” las caras largas no se hacen esperar, que los anuncios de  muerte se abran de par en par como bocas que nos comen al igual que el coco de la  infancia, que muchas veces la fortuna en cualquiera de sus formas parece que se  escabulle y pasa la noche en un hotel de lujo y no al lado de un catre. Es como si todo  se moviera en pro de la miseria, y es aquí cuando muchos se detienen y piensan:  ¿Por qué a mí?, ¿qué hice para merecer esto?, ¿cómo llegue aquí?

Los relámpagos mentales no cesan en las noches, siguen de día y atraviesan  cada momento de la tarde, no controlamos lo que pueda suceder de parte de otros,  pensamos inclusive en el Fondo Monetario Internacional, el ozono, la plusvalía, no  obstante, nada de eso está en manos de los jóvenes ni de los mayores, pero aun así  estos pensamientos llegan y afligen hasta la médula. Es como si cada título obtenido  a lo largo de la vida se va a la basura, se lo comen los gusanos y termina en el fondo  del océano, al lado de la basura mental de otros que también lo piensan. Es una red  en la que muchas veces las grandezas escapan. Sin embargo, sí, se puede controlar  a la quimera mental, pero todo tiene un costo, y no es precisamente el honorario del  psicólogo. 

Los sucesos del pasado con inamovibles, pero, la libertad de actitud, puede transformarlos.

Los esquemas, grandes rutas hacia la virtud o la desgracia 

En el libro “Reinventa tu vida, cómo superar las actitudes negativas y sentirse  bien de nuevo” (Young y Klosko, 1992) ocurren dos impactos. Primero, es que para  algunas personas parece demasiado bueno para ser verdad, y el segundo y más  fuerte impacto es el que lleva a considerar que es tan bueno que no servirá de nada.  Ese autodesprecio, desgano y caída en picada a la Fosa Mariana de la negatividad  tiene nombre, y va más allá de la pesadumbre, y viene gestada desde antes de saber  usar Facebook.

Los esquemas, son grandes andamios mentales que fijan en las personas  modos de proceder, sentir, pensar e inclusive imaginar. Si se tuviera que describir  cómo se fraguan, puede decirse que están hechos de experiencias, de situaciones  gratas e ingratas, personas significativas y otras que no lo son tanto, pero que sin  lugar a dudas han dejado una huella mnémica lo suficientemente amplia como para  imprimir en nuestro sistema un nuevo “modus operandi”. 

¿Por qué elijo la desgracia? 

Es una pregunta aceptable luego de lo anterior. Sí los esquemas nos conducen  a caminos distintos en la vida ¿cómo gestamos la tragedia? A través de los vínculos  sociales distorsionados, apadrinados por una maquinaria mental que intenta hacer lo  mejor posible para evitar el desastre ocasionándolo cada vez más. Un ejemplo  práctico arrojará luz sobre el tema: 

Frida, es una mujer voluptuosa con carrera brillante y un noviazgo que se  desborona con cada infidelidad de su pareja, cada vez que él se va, ella siente un  apetito casi irrefrenable por perseguirlo y sentirlo en sus brazos. Cada día es una discusión sobre el pasado o el presente, realmente, por cualquier cosa. Sin embargo,  al llegar la noche y encontrar a su pareja echado en la cama, siente una calma casi  absoluta. Frida se encuentra envuelta en el esquema de abandono, mientras más se  aleja su pareja más desea su presencia, la calidad de esta poco importa, solamente  interesa que esté allí, aunque sus esfuerzos infructuosos por retenerlo hagan una  espiral voraz de autodestrucción.  

Cuando el esquema de abandono se hace presente, es natural que entre las  muchas causas exista un cuadro de pérdidas significativas muy marcado, además de  fluctuaciones emocionales tan rápidas e intensas que hacen de la persona un amasijo  de “nervios” cuando la persona añorada se va.

Los esquemas son formas de ver la vida, generalmente aprendidos, por lo que se pueden desaprender, inténtalo.

Para esta situación, es prudente cuestionarse porqué seguir allí, pese al desespero e infelicidad, y la respuesta la trae una afirmación tan cruda pero constante en terapia: “sí se va, me desmorono, sí no está, estaré peor y no sé  cómo dejarlo. Lo tristemente irónico en estos casos es que existe una repetición constante que aviva el esquema y produce  que su “víctima” quede esclavizada soportando y proveyéndose abusos. 

La razón por la que probablemente está compulsión persiste es al aprendizaje  de patrones durante el desarrollo de la persona. En un momento fueron útiles, pero,  perdieron vigencia caducaron y la persona lo siguió empleando para recrearlos sin  darse cuenta en diversos escenarios de su vida. El niño abusado y humillado busca  en la adultez una pareja o jefe que lo veja y avergüenza en cada momento. Es una  realidad desconcertante pero genuina. 

Es necesario acotar que existen muchos otros esquemas, tales como: desconfianza y abuso, vulnerabilidad, dependencia, privación emocional, exclusión social, imperfección, fracaso, subyugación, normas inalcanzables, grandiosidad, entre otros, que veremos en otra oportunidad. Ahora bien, ¿Cómo lograrlo?

Salir a flote 

Empezar el camino para encarar la verdad de las  creencias y esquemas distorsionados es una lucha entre una quimera y un mortal. Si piensas a este punto que es imposible,  ya perdiste la batalla, en terapia no estás solo y en la vida,  muchas veces, tampoco. Acércate a una vida tranquila, es posible. 

En primer lugar, etiqueta de la mejor manera qué vives, el conocimiento es  poder y otorga la capacidad de progreso, reclámate la posibilidad de saber dónde  estás parado y a dónde quieres ir. Caracteriza de la mejor manera qué sucede. 

Siente desde tus entrañas el origen, de dónde viene, qué dice el niño herido  (técnica tomada de la Psicoterapia Guestáltica), revivir el sufrimiento es atemorizante,  pero en sesión no estás solo. Atrévete a aconsejar, guiarlo, imaginar cómo lo llevas a  su objetivo, en el caso de Frida su vivencia infantil de abandono se revivió a partir de  la pérdida de uno de sus padres, ninguno de sus esfuerzos infantiles logró devolver a  su madre de las garras de la muerte, ni estabilizó la convivencia familiar tras ello.  Conecta con el niño interior herido, desprotegido, que sufre. 

Además, somete a escrutinio qué hechos validan tu esquema, cuántas veces  el esquema se aprobó y cuántas veces el esquema no se cumplió. Esto es, hechos a  favor y en contra. Cuestiónate ¿tu desprecio es innato o lo aprendiste?, ¿fue real en  tu infancia solamente o lo sigue haciendo ahora? Describe además tus opciones  ¿cómo cambiarlo? Enumera todas las posibilidades realistas e inclusive a alguien que  pueda colaborar, no estás solo.

Escribe quiénes favorecieron tus esquemas, “sin disclaimers” es decir, si tus  padres te humillaron y vejaron, expresa todo lo que visceralmente desearías decirles,  lo injustos que fueron contigo. Descarga emocionalmente aquello que en su momento  no lograste, hacia tu jefe, una ex pareja, un hermano, la escuela, quien sea. Desahoga  tu niño interior.  

Revisa, de forma concienzuda tu esquema, desarticula su funcionamiento,  conviértete en detective de cómo funciona, sigue los pasos hacia cómo son sus  desarrollos y desenlace, nadie más que tú lo sabe. Además, así como Holmes,  describe momentos contraproducentes, formas en las que sucumbes ante el esquema  donde te rindes fácilmente, y de nuevo, remarca cómo cambiarlo, tenlo siempre a la  mano, es tu arma ahora hacia un futuro brillante y esperanzador. 

Rompe el esquema a través de pasos manejables, no vayas por lo que  socialmente te exigen, escoge trabajar en el esquema que más repercute en tu vida  sin morir en el intento. Se trata de sanar, no de herirte con más furia. Escoge pasos  que puedas superar y sean realistas con tu estilo de vida, a fin de que las veces que  “metas la pata” sean menores, y si suceden, puedas salir más deprisa y sin un coste  emocional que corte tu estabilidad en dos. Poco a poco, pero, persistente. 

Visibiliza a los agentes que ocasionaron el reforzamiento de estos esquemas,  y está vez, en lugar de hablarles, cuestiónalos ¿son ellos niños heridos al igual que  tú con esquemas disfuncionales?, ¿son ellos verdaderas quimeras furiosas o son  personas que equivocadamente te trataron? Cuestiona.  

Muchas veces, la grandiosidad con la que observamos  a estos agentes reforzadores impide que el esquema  sea superado, es por ello, que debemos verlo de forma racional y hasta objetiva, llegando inclusive, si quieres  y estás listo, a perdonarlos, sin presión, esto es tu  decisión, te apoyaremos. 

Ante las nubes grises, la apreciación y agradecimiento por lo realistamente bueno, es vital.

Existen obstáculos y pueden superarse 

Contraatacar el esquema, darle más importancia o veracidad de la que tiene  puede ser un problema, para ello, es necesario abandonar las armas y defender la  integridad de uno mismo. El esquema perjudica y debe dejarse. 

Escapar del dolor parece razonable, hasta que te das cuenta que el vejador y  la víctima eres tú mismo. No encarar el esquema es huir de la posibilidad de una  esperanza de vida estable, es huir de acercarte a las personas de manera sana, es  evitar que tus problemas se aminoren o al menos, puedas reconocerlos con mayor  facilidad. Piensa en la recompensa, si deseas verlo con mayor claridad.  Finalmente, por qué todo a ti no es una simple frase, puede esconder una serie  de defectos que son complicados de asimilar, puede a su vez implicar que lo que  hacemos lo hemos manejado de manera inadecuada, que la situación es abrumadora  y nuestro sistema decidió activar el “modo automático”. Sin embargo, no hay lugar a  dudas que cuando sentimos el dolor y razonamos lo que sucede allá afuera y aquí  dentro, grandes cambios pueden darse, agradeces la negación del empleo o de la  chica linda de la tercera cita, y aprendes que no todo es una situación de todo o nada, hay matices, y puedes aprender a manejarlos y crecer.

Referencias 

Young, J. & Klosko J. (1992). “Reinventa tu vida. Cómo superar las actitudes negativas  y sentirse bien de nuevo”. Disponible  en https://d1wqtxts1xzle7.cloudfront.net/48146676/Reinventa_Tu_Vida_Jeffrey_E_Young.pdf ?1471525025=&responsecontentdisposition=inline%3B+filename%3DReinventa_Tu_Vida_Jeffrey_E_Young.pdf&Expires=1612 735299&Signature=E5O3UPs6sgTc-Fb-y9eZA85ntS

El método Kaizen como una alternativa para evitar la procrastinación en casa

Todos los cambios que estamos pasando actualmente, nos están obligando a modificar nuestro estilo de vida para adaptarnos a lo que llamamos ahora la nueva normalidad. Si vemos este escenario desde un punto de vista más amplio podríamos compararlo con antiguos sucesos que afectaron la historia de la humanidad, obligando a que antiguas épocas se muevan en otra dirección, en vez de la que estábamos acostumbrados. Algunos de estos cambios fueron generados por las secuelas de guerras, ya que como es sabido, su producción y mantenimiento puede absorber la economía y las vidas de países enteros, sería innecesario mencionar ejemplos, pero justamente este método nace a partir de un conflicto bélico que casi acabó con Japón.

Si investigamos sobre el método Kaizen, tenemos que hablar sobre la situación de Japón a finales de la segunda guerra mundial, se encontraba en una de sus peores crisis; añadiendo también que, es un archipiélago con pocos recursos naturales y en ese tiempo su producción industrial carecía, ciertamente, de calidad, era casi imposible pronosticar un futuro con economía sostenible y mucho menos ubicarse entre los países de potencia mundial como lo es ahora. Claro que no fue de la noche a la mañana, tuvieron que tomarse su tiempo para desarrollarlo, se inspiraron en las ideas de profesionales industriales estadounidenses, que realizaban charlas sobre la administración del control de calidad en las empresas, las adaptaron a su filosofía y fue tomada como una norma que debía ser cumplida por todos los empleados logrando transformar el futuro de su país, un proceso que duró más de 30 años. 

Su definición en sencilla, está compuesta por dos vocablos japoneses: Kai que significa cambio y Zen que significa bondad, una traducción aproximada sería cambio a mejor o lo parecido a un mejoramiento progresivo y continuo; contando cada pequeño paso que sumados nos acercan a una meta. Mostrando que los logros no se obtienen si te sientas a esperar, a nadie le pasó eso, ni mucho menos podríamos pensar que viene al instante que empecemos a hacer algo. Esta perspectiva nos enseña que, en vez de mirar la meta debemos centrarnos en cómo nos desenvolvemos en el camino identificando las cosas que nos proporcionan apoyo y quitando las que nos hacen perder tiempo, esfuerzo y espacio. 

Aunque este método se utiliza mucho en el ámbito empresarial, su estilo y modo de trabajo puede ser de ayuda, al momento de querer adquirir algún hábito o mejorar en algún ámbito de nuestra vida ya sea familiar, laboral o personal; el avance que hagamos un día a la vez hecha de manera disciplinada trae beneficios para nosotros mismos. Empecemos con cambios pequeños como despertar temprano o cambiar algunos alimentos por algo más saludable, evitemos dar un giro completo a los hábitos desde el comienzo. Si queremos realizarlo correctamente tenemos que conocer sus dos componentes principales:


  1. Mantenimiento 
Ilustración de Ray Caesar

En pocas palabras nos indica que toda actividad nueva que queramos añadir a nuestra rutina, tiene que ser realizada a diario con disciplina; parece un poco complicado pero solo necesitas adaptar el cuerpo y la mente a pequeñas dosis para habituarse, tomemos como ejemplo el caso de una persona que quiere incrementar su tiempo de estudio media hora más, para que logre tal meta podría por una semana añadir 5 minutos al tiempo que normalmente dedicaba a estudiar, y de acuerdo a como va acostumbrándose al cambio va incrementando más los tiempos hasta llegar a los 30 minutos, desarrollado de esta manera no se ve tan difícil.


  1. Mejoramiento
Ilustración de Ray Caesar

Este componente es el siguiente paso a la rutina diaria y la disciplina, ya que el propósito de este método no solo es adquirir un hábito nuevo, también nos pide mejorar para alcanzar nuevos estándares, en otras palabras tenemos que evaluar la realización de la actividad diaria y fijarnos en los elementos que nos traen más resultados positivos; siguiendo con el ejemplo anterior, ya no solo nos centramos en cumplir todos los días con los tiempos de estudio asignados, podemos empezar a organizar los temas que debemos repasar adaptándolo a nuestra forma de trabajo, puede ser de acuerdo al nivel de atención que nos exija o de acuerdo al nivel de complejidad, probamos cuales elementos nos podrían apoyar y nos vamos habituando a ello.

Hay una herramienta que puede servirte de guía, se la conoce como el ciclo PHRA (Planificar-Hacer-Revisar- Actuar), son una serie de pasos que nos servirán bastante al momento de mantener un mejoramiento continuo en nuestras actividades. 

  • Planificar: estudiamos la situación en la que nos encontramos y definimos cual es el problema, lo analizamos determinando sus causas para luego formular un plan que nos ayude a mejorar. 
  • Hacer: con el plan ya realizado, el siguiente paso es ponerlo en práctica. 
  • Revisar: se verifica o se confirma si se está produciendo la mejoría deseada.
  • Actuar: si nos da mejores resultados, pasa a ser normalizada como un hábito, la cual puede seguir siendo mejorada.

Ilustración de Ray Caesar

Aunque parezca innecesario, el espacio en el que pasamos la mayor parte del tiempo es una pieza clave al momento de querer realizar algo, fíjate en las cosas que hay alrededor tuyo, observa como está ordenado y pregúntate si necesita mejorarse, a veces con ver un escritorio desordenado nos dejamos desmotivar y abandonamos el hábito que ya estábamos adquiriendo. Si queremos realizar algún cambio en este aspecto podemos contar con el apoyo de la técnica de las 5s o Los cinco pasos del housekeeping, estas son:

  • Seiri (selección o clasificación): Primero debemos seleccionar los elementos necesarios y eliminar los que consideramos innecesarios. 
  • Seiton (organización): Después de cumplir el primer paso y haber despejado vuestro espacio, es importante que dispongas un lugar para cada cosa, así minimizar el tiempo que tardas en encontrarlo. 
  • Seiso (limpieza): Si ya hemos ordenado y organizado nuestro ambiente, es importante que se mantenga constantemente limpio, para esta actividad si se vive en familia, es muy recomendable que se deleguen los deberes y así todos colaboran con el cuidado del hogar.
  • Seiketsu (estandarizar): Se debe practicar los tres pasos anteriores como una rutina diaria, de la misma manera aplicar estos pasos a otros aspectos de la vida.
  • Shitsuke (seguimiento y disciplina): El resultado final es la búsqueda de autodisciplina y habituarse a aplicar con compromiso las 5s. 

Conclusión 

A veces podemos sentirnos desorientados, que el tiempo nos va abandonando sin piedad, y tan pronto nos llega la necesidad de mantener el orden en nuestras vidas terminamos dejándola de lado para luego volver a sentirnos o través a la deriva, son sucesos que pueden pasarle a varias personas, usualmente tenemos esa costumbre de compararnos con otras y empezamos a   preocupamos por las cosas que nos faltan hacer y eso nos abruma más, esta es la razón por la que empezamos a buscar métodos que nos ayuden a seguir un horario. El que se describió es una de varias opciones que nos pueden ayudar, cada persona es distinta y su forma de realizar las cosas va variar; el propósito de este artículo es querer presentar una pequeña muestra de las opciones que podríamos encontrar si queremos mejorar nuestros hábitos y acercarnos a nuestras metas, cuál sea la forma en la que nos organicemos es importante tener presente las importancias de ser perseverante y constantes en tus actos.  


Referencias 

Estrucplan. (2021). Kaizen la clave del cambio: Estrucplan. Recuperado de https://articulospm.files.wordpress.com/2012/05/kaizen-la-clave-del-cambio.pdf