Un grupo de autoayuda

Un hábito negativo se había apoderado de mi vida” 

Como un factor no positivo del Trastorno Límite de Personalidad es que, al presentar anhedonia, facilitó a que busque experimentar placer por medio de experiencias y acciones no saludables (Cervera et al., 1999), pero hoy, solo por hoy, disfruto de mi libertad gracias a los grupos de autoayuda.

Los grupos de autoayuda nacen por los años cuarenta con el movimiento de autoayuda, donde se funda Alcohólicos Anónimos (AA) que tenían como único objetivo, el brindar un medio social como una alternativa de solución frente a una enfermedad. Es así que, las personas con diferentes problemas empezaron a realizar esta práctica y fomentar la ayuda mutua. 

En los grupos de autoayuda y diferentes asociaciones se encuentran: mujeres maltratadas, homosexuales, enfermos de sida, madres solteras, familiares y allegados de enfermos mentales, personas con problemas de diferentes tipos de patología (alcoholismo, adicciones, depresiones, trastornos de alimentación, etc.), diabetes, cáncer y entre otros (Rivera et al, 2000).

Es por ello que considero como una herramienta complementaria a un grupo de apoyo que me ayudó a reconectarme con la espiritualidad. Porque además de mi psicoterapeuta y psiquiatra, necesitaba conocer el lado espiritual para sentirme serena, y tranquila en mi recuperación a causa de un mal hábito que había gobernado mi vida por muchos años. De igual manera con la identificación con los miembros del grupo, lo cual me hace saber que no soy la única que atraviesa dicho problema. 

En cuanto a la espiritualidad, es aquella experiencia personal expresada a través de la creatividad, sentimiento, cuerpo y pensamiento, donde permite a la persona el poder conocerse a sí mismo por medio de la reflexión (Culliford, 2006).  

La espiritualidad y el bienestar psicológico tienen una estrecha relación al cumplir un papel indispensable en la salud mental y física de las personas con un problema en el proceso de recuperación que se encuentren, ya que esta recuperación es personal. Asimismo permite un favorable resultado en sus tratamientos o al afrontar algún síndrome de abstinencia (Vives, 2016).

En los grupos de autoayuda se mantiene un sentido espiritual más no religioso, es decir, cada quien puede recurrir a un Poder Superior a quien brindarle culto o agradecimiento.

Algunos autores mencionan que la religión vive en el pasado y en el futuro mientras que la espiritualidad vive en el presente, en el hoy (Rubio, 2018). Pero al fin y al cabo, y como dice la frase atribuida al sacerdote jesuita Pierre Tielhard de Chardin: “No somos seres humanos que pasan por una experiencia espiritual… Somos seres espirituales que pasan por una experiencia humana”. Muchas personas prefieren vivir cada 24 horas y, en cada día de hoy, pensar en una plena recuperación, disfrutar la vida, confiar en las nuevas amistades, no faltar a las reuniones, y ver el cambio en el día a día en esta nueva forma de vida (NA, 2010). 

Referencias

Cervera, G., Boliches, F. y Valderrama, JC. (1999). Trastornos de la personalidad y drogodependencias. Trastornos Adictivos. https://www.elsevier.es/es-revista-trastornos-adictivos-182-articulo-trastornos-personalidad-drogodependencias-13010685

Culliford, L. (2006). Spirituality and the Healthy Mind: Science, Therapy and the Need for Personal Meaning. PubMed Central (PMC). https://www.ncbi.nlm.nih.gov

Rivera, A., Salido, G., Martín, L. y Morandé, G. (2000). Las aportaciones de los grupos de autoayuda a la salud mental. Clínica y Salud, https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=180618250004

Vives, E. (2016). La Espiritualidad: factor protector en salud mental. Repositorio Institucional CEU. https://repositorioinstitucional.ceu.es/bitstream/10637/11074/6/Espiritualidad_Vives_2016.pdf 

Rubio, F. (2018). Religión y Espiritualidad. La prensa gráfica. http://www.repo.funde.org/id/eprint/1508/1/OPINI%C3%93N-31-12-18.pdf

Narcotics Anonymus (2010). Narcotics Anonymus World Services https://na.org/admin/include/spaw2/uploads/pdf/litfiles/cs/CS_3108.pdf

Elaborar la propia historia de vida: Un ejercicio que sana

¿Quién no conoce su vida? 

Todos en algún momento hemos narrado y compartido con alguien nuestros orígenes y relatos de experiencias malas o buenas, valorizando cada hecho a partir de una emoción que puede ser gratificante y placentera, o por el contrario, dolorosa y amarga. Nuestras experiencias pueden ser momentos que nos dejen huellas o heridas que nos perturbarán a lo largo de la vida.

Epícteto, filósofo griego, dijo: “Lo que nos perturba no son los hechos, sino lo que pensamos sobre ellos”. Es a través de nuestros propios constructos y registros como vamos elaborando nuestra historia. Establecemos significados diversos para variedad de hechos como: familia, amor, amistad, trabajo, matrimonio, religión, fe, entre muchos otros. 

Empezar a elaborar un relato de la propia vida en función a recuerdos no es algo fácil, hay que trabajar en ello, pues sólo evocarlo puede despertar miedos y angustias que, incluso pudieron haber sido borradas de la memoria justamente por ser muy perturbadoras. De ahí el trauma o herida que interferirá negativamente a lo largo de la propia vida.

Carrera de Psicología | Pregrado UPC

El hacer terapia psicológica, posibilita a la persona a transitar por sus historias acompañada, en un ambiente que brinde respeto, contención y seguridad; revalorizando y reelaborando estos constructos dolorosos de tal forma que le devuelva una visión distinta de ésta. En donde, además, descubra que hubieron ganancias, ganancias que de otra forma no se hubieran logrado. 

Otro beneficio de elaborar nuestra propia historia en terapia, es el descubrir cómo nos construimos en ella. Al escucharnos, evidenciamos relatos donde, por ejemplo, sentimos que somos merecedores de afecto, que nuestros actos y sentimientos pierden valor frente a algún hecho en sí, o de cuánto podemos percibirnos como dueños de lo que hacemos y sentimos, etc. 

Es el psicoterapeuta, preparado para escuchar y acompañar a la persona en su relato, ayudarla a descubrir que existen, por ejemplo, partes del relato sin contenido, partes fragmentadas, partes poco comprensibles, partes olvidadas, partes dolorosas, partes silenciadas que alimentan la culpa, y vacíos difíciles de ser llenados, etc. El lograr reelaborar todo este bagaje de información, permitirá unir a todas estas partes en una continuidad de historia que la integra y sana. 

Elaborar una historia de vida, se entiende como una mirada sobre los hechos, con un enorme potencial para revestirla y con la posibilidad de darle un sentido de identidad propio e integrado. En donde la ganancia está en que la persona surge y sale de ese capullo convertido en mariposa para elevar sus alas y darle color y belleza a su propia existencia y a la vida en sí.

Referencias

  • Albornoz Carrillo, Andrés, & Mardones Ibacache, Rodrigo (2014). UNA REFLEXIÓN SOBRE LA TERAPIA NARRATIVA EN CONTEXTO DE FORMACIÓN Y APLICACIÓN. Ajayu. Órgano de Difusión Científica del Departamento de Psicología de la Universidad Católica Boliviana «San Pablo», 12(1),100-119.[fecha de Consulta 14 de Septiembre de 2022]. ISSN: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=461545457006
  • Jiménez Morago, J.; Martínez Cabeza, R..; Mata Fernández, E. (2010) Guía para trabajar la historia de vida con niños y niñas. Sevilla: Consejería para la Igualdad y Bienestar social. Junta de Andalucía.
  • Raquel, L. R. (29 de junio de 2022). lamenteesmaravillosa.com. https://lamenteesmaravillosa.com/5-frases-de-epicteto-para-dejar-de-sufrir/

Entendiendo la identidad

Entendiendo la identidad

Para dejarlo claro de entrada, la identidad siempre está presente en toda persona, solo que, en ocasiones, no la potenciamos y nos abatimos por las dificultades, pero siempre tendremos características, que nos distingan del resto. Pero entonces, ¿por qué pareciera que hay una falta de identidad en algunas personas? Pues esto no es más que una pérdida temporal de nuestras habilidades y rasgos que sucede por diversas situaciones de nuestra vida, especialmente se da en familias disfuncionales y en situaciones estresantes, que nos llevan al límite.

LA IDENTIDAD Y MI PROPÓSITO

La identidad va ligada con nuestro propósito de vida, y para saber este, se debe contestar con sinceridad las siguientes preguntas:

¿Quién soy?

¿En qué creo? ¿Sigo alguna religión? Sí o no, y por qué.

¿Cuáles son mis valores morales?

¿Qué me gusta de la vida? ¿Qué podría hacer sin recibir dinero?

¿Qué me hace feliz? ¿Dónde estaría más feliz? ¿Me gusta mi alrededor?

Por lo tanto, una persona que conoce su identidad, debe ver forzosamente el tema espiritual, porque te orienta al camino que deseas seguir en la vida. Tiene mayor facilidad para alcanzar sus metas porque, en primer lugar, sabe lo que quiere, y tal vez aprendió a través de sus errores. Es entonces importante considerar que las personas se sienten sin identidad, cuando no aprenden de sus yerros. Y muchas veces sus padres son sobreprotectores, los que, al protegerlos de cualquier daño posible, los hacen débiles; o quizás, del otro lado de la moneda, tienen padres tan autoritarios que los vuelven personas muy críticas con ellos mismos, y en busca de esa aprobación ausente, pierden parte de su identidad. Es muy fácil caer en esto, sobre todo en la adolescencia, en la que aún no se ha formado completamente el carácter, y la familia es una guía fundamental en nuestra vida.

Carl Jung: Sombra, ego e identidad

El inconsciente es nuestra sombra, lucha por mostrarse, pero es reprimido por el ego, esto claramente es una causa de una crisis de identidad; cuando reprimimos emociones, no sacamos a flote nuestro verdadero yo (Giardini et al, 2017).

ilustracion 1: Carl Jung, sombra-ego

Identidad y alma

El alma, según todos sabemos, es lo que queda cuando el cuerpo muere y va al cielo, al infierno o al purgatorio; asimismo, para otros esto aún es un misterio. Quizá para los que no creen en estos lugares celestiales y de sufrimiento, les sea más difícil tomar conciencia de sus acciones diarias, quizá pueden vivir el día a día, llenos de miedos, angustias y obsesiones; no obstante, los creyentes tampoco están exentos de estas dificultades

Como premisa, el que tiene identidad, busca ayuda… Quien busca ayuda está bien. ¿Por qué? Porque reconoce que no es perfecto, que hay momentos donde nos marchitamos; pero entiende que volverá a florecer con ayuda de otros y confiará cada vez más en sí mismo.

ilustracion 2: identidad y alma

EJERCICIOS PARA COMPRENDER NUESTRA IDENTIDAD:

  • Escribir quién eres, lo importante del ejercicio es no pensarlo mucho y ser lo más sinceros posibles, y leerlo en voz alta; pues hablar sana, y en voz alta, mucho más; por ello las terapias con psicólogos se hacen hablando y escuchando. Nuestras palabras tienen poder.
  • Trabajar la inseguridad, por cualquier arista se puede empezar a mejorar, no hay una lista exacta de cosas a hacer. Para comenzar a mejorar, en cualquier aspecto que perjudique nuestra identidad, puedes usar tu imaginación, esta ha sido una muy buen arma ante las más grandes dificultades a lo largo de la Historia.
  • Otra herramienta que incrementa nuestra seguridad y fortalece la identidad es leer, el conocimiento es la buena amiga que nos ayuda a tener más cultura y adentrarnos en el mundo.
  • Dejar de lado la alienación, el uso excesivo de redes sociales y el miedo; allí se pierde el alma, la identidad. Hay que volver a las bases, al principio hacer cosas que, por sentido común, sabes que son buenas. ¿Qué es lo más simple que te puede hacer feliz? Podría ser sentarnos a tomar sol; mirar las plantas; rezar; dormir temprano; escuchar atentamente lo que otro nos dice sin pensar en nosotros mismos; poner nuestros pies descalzos en la hierba; escribir en una hoja todos tus miedos y luego leerla en voz alta para después quemarla; tomar un baño con agua caliente y dejar que el agua arrastre tu tristeza; etc.
  • Seguir nuestra intuición, si estamos en una situación complicada, por muchos consejos que recibamos, tenemos que seguir nuestra intuición, porque esta nunca se equivoca, aunque está presente el riesgo de confundirla con una falsa creencia de seguridad y podemos terminar tomando decisiones desde el apego, desde la duda, o desde el miedo.
  • «¿Puede haber un yo sin un tú? La existencia de uno depende de la del otro. Yo soy yo, en la medida en que puedo distinguirme de otro y puedo reafirmarme como un individuo diferente y singular, con su propia historia y con su propio bagaje de sentidos e interpretaciones. Mi identidad se construye gracias a la alteridad”. (Padilla, 2022)

Referencias

Padilla, J. (marzo de 2022). La mente es maravillosa. Obtenido de https://lamenteesmaravillosa.com/que-es-identidad-personal-como-se-construye/

Giardini, A.; Baiardini, I.; Cacciola, B.; Maffoni, M.; Ranzini, L. y Sicuro, F. (2017). Comprende la Psicologí­a. Carl Gustav Jung: El inventor de la psicología analítica. Barcelona: Editorial Salvat, S.L.

¿Aprender cuenta como un hobby?

Empiezo esta vez con un compilado en el que he intentado resumir un concepto de todas las personas que decidieron aportar con lo que creían era el significado de hobby de manera personal.

“Es una distracción de tu rutina que genera satisfacción, es una actividad que, aunque no tengan un fin productivo realizamos con la intensión de divertirnos; es una oportunidad para hacer algo que nos guste; algo que elijo hacer por placer es más una actividad desarrollada en un espacio de descanso de los deberes y obligaciones, que nos recarga de energía, para poder mantenernos estables y sostener las cargas de la vida, te desestresa y te causa mucho placer realizarlo; es darle tiempo para hacer aquello que también amas que, aunque no te dedicas a eso, un hobby es lo que te gusta hacer en tu tiempo libre y está más relacionado al ocio.” (gracias a Kevin, Natalia, Miss Ingrid, Anita, Carlos, Jesús, Alejandra, Lau, Cesar, espero no olvidar a nadie).

Cuando busqué el concepto formal o académico de un pasatiempo el concepto no fue muy preciso, no me ayudó a resolver mis dudas, por eso recurrir a la opinión de los demás fue muy valiosa porque a mí, por ejemplo, me es complicado (al menos un poquito) pensar en uno es particular, y caí en cuenta de lo importantes que son para nuestra vida, para escapar un poco de los deberes y encontrar un refugio en disfrutar de una actividad o reunirse con personas que también compartan ese gusto particular. Realmente pareciera que los hobbies están subestimados o dados por sentado, y tal vez, como yo, existen más personas que aún no lo han encontrado o reconocido, entonces cuando quieren recargarse de energías o despejar un poco la mente y sentirse mejor, no encuentran en sus hobbies una salida.

Entonces… ¿Qué gano cuando le dedico tiempo a mi pasatiempo favorito?

1. Regalarte un tiempo para ti.

2. Nos ayuda a pasar momentos difíciles.

3. Desarrollas una faceta.

4. Realizas un esfuerzo que produce un aprendizaje.

5. Desconectas.

6. Sumas logros.

7. Puedes o no, conectar con otros.

8. No te interesa ser el mejor en eso.

9. Aumenta nuestra atención y concentración.

10. Mantiene el cerebro activo y sano.

Los hobbies nos ayudan a tener una vida más feliz y más sana ya que los disfrutamos y cuando coinciden con nuestras capacidades, se vuelven realmente enriquecedoras al requerir de cierto esfuerzo, porque generan habilidades y conocimientos al momento de dedicarles de nuestro tiempo, asimismo, poseen un valor importante para un envejecimiento saludable.
Está bien pasar tiempo haciendo cosas que te gustan:
Aunque suene obvio, muchas veces nos olvidamos que un tiempo de ocio o un pasatiempo es también un momento productivo, necesario para descansar y evitar caer en burnout en el trabajo, para saber de qué trata el burnout entérate en el siguiente enlace:

https://doi.org/10.33539/avpsicol.2014.v22n1.274


Escapar de la rutina y disfrutar de otras facetas de uno mismo.

¿Aprender cuenta como un hobby?

uSi bien estamos hablando de pasatiempos entretenidos y que disfrutamos, ver la televisión, una serie, una película, o comer, son actividades que no necesariamente son pasatiempos productivos ya que, si el consumo es netamente pasivo, posiblemente el beneficio que obtendremos de ellos será muy bajo porque no obtendremos un aprendizaje o no podrá ayudarte a desarrollar habilidades nuevas. Por ejemplo, si usamos la televisión o el Internet para un fin académico, de investigación o producción de textos y lo disfrutas y dedicas parte de tu tiempo de descanso a esto, entonces se convertirá en un hobby mayor valor.

Retomando el título de este artículo, cuando yo busqué el repertorio de mis hobbies… no encontré ninguno, aparentemente. Porque descubrí que pasaba gran parte de mi tiempo libre, buscando, viendo y escuchando entrevistas, podcast, seminarios, congresos, todo relacionado a Psicología y Humanidades, tomando nota de todo lo que aprendía para aplicarlo ya sea a mi vida o en mi trabajo y descubrí que se cumplen al menos, tres principios básicos para que aprender sea mi hobby favorito: Me relaja, lo disfruto y obtengo habilidades. Personalmente creo que existen algunas desventajas de no reconocer cuáles son nuestros pasatiempos, tales como: estar estresados, tristes o atravesando momentos complejos y no saber qué hacer para sentirme mejor y conectado conmigo mismo. Otra cosa que puede pasar es que, como no me conozco, puedo optar por otras actividades más dañinas para “buscar sentirme mejor” como fumar, tomar, comer y jugar excesivamente, o mantenerse en un sedentarismo, lo que puede producir un notable deterioro de nuestra salud mental y física.

Por si no tienes un hobby definido y quisieras empezar con uno, te comparto un link para que puedas conocer más de cien hobbies diferentes que tal vez te puedan interesar para volverlos parte de tu rutina:

Referencias:

L. Arias, W., Masía, A., & Justo, O. (2014). Felicidad, Síndrome de Burnout y estilos de afrontamiento en una empresa privada. Avances En Psicología, 22(1), 75–88. https://doi.org/10.33539/avpsicol.2014.v22n1.274

Wikipedia contributors. (2022). Hobby. Wikipedia.

https://en.wikipedia.org/wiki/Hobby#Psychological_role

Tus buenos momentos. [tus buenos momentos]. (12,07,2018). Cómo elegir un hobby [archivo de video].

Lean Molina. [Lean Molina]. (26, enero, 2021). Como encontrar un HOBBIE sino te gusta nada, Usa esta técnica. [archivo de video].

https://www.youtube.com/watch?v=_Xtn0hGo3QI

Hobby y Afición [Hobby&Aficion]. (2020, mayo 18). Qué es un hobby o afición y sus beneficios. Hobbies en un minuto [Archivo de video]. https://www.youtube.com/watch?v=KTP1VJ_4shU

https://tusbuenosmomentos.com/hobbies-caseros/

Palabras clave:

Hobby, pasatiempo, ocio, habilidades, aprendizaje, desconectar.

Lo que no debe decirse: Secretos familiares

De generación en generación las familias desarrollan ciertos patrones de comportamiento, así como aspectos prohibidos o mal vistos por la sociedad según sus miembros. El Instituto Vasco de Estadística, define una familia como un grupo de personas vinculadas entre sí, generalmente por lazos de parentesco; dentro de este conjunto de personas es común que se presente un individuo que guía sus acciones e implanta creencias, patrones, tradiciones y secretos que se respetaran dentro del sistema familiar.

Alarcón de Soler (2013) y Mansilla (2019) refieren a los secretos familiares como parte importante de la dinámica familiar, además, constituyen un fragmento de la intimidad de cada uno de sus miembros. La temática de estos secretos es capaz de ir cambiando a través de épocas y tiempos, hacen referencia a ciertos acontecimientos traumáticos (violación, incesto, maltrato, aborto, adopciones, trastornos mentales, etc.) ocurridos en una familia que son escondidos porque se avergüenzan o se culpan de ellos y se ocultan con tanto cuidado y recelo que pueden ocasionar problemas psicosociales a través de las generaciones.

Los secretos se refieren a algo oculto, ignorado, escondido y separado de la vista o del conocimiento de los demás (RAE, 2022). Así mismo, Rober, Walravens y Versteynen, en el 2012, definieron a los secretos familiares como el ocultamiento consciente de alguna información o algún acontecimiento por uno o mas miembros de la familia, que pueden verse afectados por ésta.

La generación que inicia el secreto familiar controla esta información, ya sea implícita o explícitamente, el ocultamiento se da de una manera colectiva y se muestra una realidad diferente para miembros externos a la familia.

Cuando un evento traumático no llega a simbolizarse de un modo adecuado, no puede expresarse en palabras y continua dentro de la familia mediante actitudes y comportamientos, pero no mediante el habla; causa vergüenza, rechazo, censura, desaprobación y humillación, por ello, es doloroso para la familia y somete a cada miembro a una fuerte presión psicológica (Mansilla, 2019).

Al silenciarse, se reprime la posibilidad de expresión y demostración de emociones negativas relacionadas al evento escondido, termina formando parte del inconsciente y puede emerger en siguientes generaciones; a raíz de esto suelen darse las problemáticas psicológicas y de disfunción familiar. A demás, puede vivirse como una situación destructiva que genera desgaste emocional y ansiedad que crecerá con el tiempo, pudiendo llegar a la somatización (Termini, 2018).

Cada miembro de la familia crea vínculos entre sí, pero también con sus antepasados, por ello, los mantienen unidos con los traumas silenciados, por medio de una identificación inconsciente. Por ende, es importante identificar estos secretos que causan angustia y problemas psicológicos para trabajarlos y poder mejorar la situación de la familia y cada uno de sus integrantes.

Referencias:

Alarcón de Soler, M. (2013). Secretos familiares: Interrogantes y reflexiones. PSIMONART, 5(1-2), 23-35

Mansilla Izquierdo, F. (2019). Aproximación a los secretos familiares. INTERPSIQUIS

Rober, P., Walravens, G., Versteynen, L. (2012). In search os tale they can live with: About Loss, family secrets, and selective disclosure. Journal of marital and family therapy, 38(3), 529-41.

Termini, F. (2018). Family secrets: Clasification and consequences. Euromediaterranean Biomedical Journal, 13(23): 98-103

¿Más te abrazo, más te quiero?

Al hablar de afecto, cariño o amor, todos podemos llegar a la conclusión de que no basta con demostrarlo de una manera meramente física, sino con otro tipo de procesos como lo son la atención, el interés y el respeto. Pero ¿por qué estos son necesarios para que otra persona sienta una demostración verdadera de afecto?

En Psicología se utiliza un término interesante para hablar de esto. Con el fin de entenderlo, regresaremos a cuando éramos niños, y a pesar de no saber decir una palabra, podíamos demostrar lo que sentíamos sin rodeos.

El apego es una palabra utilizada para describir la relación afectiva más íntima. Cuando somos bebés esta relación nos ayuda a desarrollar nuestra confianza y seguridad.

Durante años este concepto ha sido estudiado y conceptualizado, podríamos remontarnos a la Segunda Guerra Mundial, en la que los huérfanos e infantes sin hogar empezaron a presentar dificultades en diferentes aspectos, por lo que la ONU solicitó al psiquiatra y psicoanalista John Bowlby que desarrollara un panfleto sobre el tema, mismo que título Privación materna; posteriormente, con base en las teorías del amor de Freud y continuando con una investigación más profunda se refirió al apego como una conexión psicológica duradera que se da en los humanos de forma natural.  (Bretherton.1992; Jersild, 1978)

Bowlby (en Delgado, 2004) postuló tres claves en su teoría del apego:

1. La primera expuso que un niño presentará menos miedo al sentir plena confianza en que su cuidador siempre estará disponible para él.

2. Esta confianza se construye durante la infancia y la adolescencia (etapas críticas del desarrollo), también dependerá de las expectativas que el niño desarrolle, todo esto lo acompañará por el resto de su vida.

3. Por último, explicó que las expectativas antes mencionadas están directamente relacionadas con la experiencia de la persona; un niño esperará que su cuidador esté disponible para él si en el pasado ya lo ha estado.

A partir de esta información, podemos darnos cuenta de lo importante que es este vínculo en nuestras vidas. Según Erick Erickson (en Delgado, 2004), está relacionado a la confianza desconfianza en un entorno motivacional psicosocial, lo que nos hace pensar en que mientras mejor se desarrolle el apego con nuestro cuidador primario, gozaremos de más seguridad al momento de relacionarnos con nuestro entorno.

En 1964, Schaffer y Emerson (en Jersild, 2004) descubrieron hechos a partir de una investigación en un hospital, entre un grupo de niños con enfermedades graves más no virales, y otro de niños con tuberculosis. Con el primero, las enfermeras tuvieron sólo los cuidados necesarios y se permitieron visitas esporádicas de los padres; sin embargo, en el otro grupo no se permitían las visitas, pero las enfermeras les brindaron más atención y cuidados. Después de meses, observaron que, al reencuentro de los niños del primer grupo con sus madres, estos se presentaron más emocionados y ansiosos que los del grupo de tuberculosis Concluyeron que lo importante en relación al apego no es el contacto físico, sino la atención y la exposición a estímulos diferentes al presentar necesidades emocionales.

Podríamos decir que la mejor forma de demostrar cariño es la proximidad emocional más no la física, ustedes se preguntarán ¿Cómo emocional? La edad en la que se da la máxima fijación por el cuidador principal son los siete meses, y a los ocho se presenta el máximo miedo a personas desconocidas, curiosamente se ha observado que los niños menores de dos años lloran o demuestran pena al separarse de su figura principal de apego más que cualquier otra persona, en cambio, a los cinco años, el niño se sentirá apenado por separarse de toda persona que sea de su agrado. Según Ainsworth et al (1978) podemos encontrar tres tipos de apego:

1. Apego seguro: Creado por una relación de respuesta inmediata a las necesidades emocionales y físicas del niño ( sueño, tristeza, dolor o frustración, etc.). Este tipo de apego le hará sentir al niño seguridad de explorar el mundo externo, ya que reconocerá que tiene un lugar al cual volver y se sentirá seguro de sí mismo y su cuidador.

2. Apego Inseguro – Evitativo: La relación en este tipo de apego es ajena a la unión, significa que el niño no tomará como base segura a su cuidador principal; podrá explorar, pero suelen ignorar la ayuda o atención de su cuidador. Ainsworth observó que tenían conductas similares a niños que habían tenido separaciones dolorosas.

3. Apego Inseguro – Ambivalente: Caracterizada por una preocupación del paradero del cuidador por parte del infante, lo que no deja que el niño disfrute de la experiencia de exploración. Asimismo, se presentan picos de emociones por parte del niño cuando el cuidador se aleja; cuando este vuelva encontrará una respuesta de irritabilidad, resistencia al contacto, al acercamiento, y las conductas de mantenimiento de contacto.

En los últimos dos casos, es probable que el niño perciba el mundo como un lugar peligroso; sentirá que no tiene un lugar seguro al cual volver

Garrido (2006) postula la importancia del apego en relación al control emocional y desarrollo de relaciones saludables, se piensa que un niño con apego seguro tendrá un mejor desarrollo en los dos puntos antes mencionados.

Respondiendo a la pregunta que nos llevó a dar este preludio, definitivamente no basta con un abrazo o un momento de cariño. Debe demostrarse la atención, interés, respeto y consideración hacia la persona en todo sentido, dando a entender que estamos presentes no solo física sino también emocionalmente.

Palabras clave: apego, atención, niño, desarrollo, confianza.

Bibliografía

Ainsworth, B., Blehar, M., Waters, E., Wall, S. (2015). Patterns of attachment: A psychological study of the strange situation. New York: Classic Editions.  

Bretherton, I. (1992). The origins of attachment theory: John Bowlby and Mary Ainsworth.

Developmental psychology, 28(5), 759.

Delgado, A. O. (2004). Estado actual de la teoría del apego. Revista de psiquiatría y psicología del niño y del adolescente, 4(1), 65-81.

Garrido-Rojas, L. (2006). Apego, emoción y regulación emocional. Implicaciones para la salud. Revista Latinoamericana de Psicología, 38, 3.

http://pepsic.bvsalud.org/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0120-05342006000300004#:~:text=Para%20Sroufe%20(2000a)%2C%20el,las%20emociones%20por%20el%20ni%C3%B1o

Gratiot-Alphandery. H., Razzo, R. (1972). Tratado de psicología del niño. Madrid: Ediciones

Morata.

Jersild, A. (1978). Psicología del Niño. Buenos Aires: Editorial Universitaria de Buenos Aires.

El amor propio y el trabajo no son lo mío

Hola, me presento, soy Brenda y además soy psicóloga, hace unas semanas me he quedado a cuadros pensando en lo que me ha dicho mi psicóloga (sí, a nosotros también nos toca ir a terapia) y ha sido algo muy simple pero tajante: Brenda, que no tienes amor propio, lo que haces y cómo te sientes después no tiene otro camino que el de despreciarte.

Muy fuerte, y si te sientes mal imagínate cómo me sentí yo. Iniciando además por la parte donde yo he estudiado un montón y resulta que eso, que yo también se lo he llegado a decir a otros, también lo tengo yo.

Un poco de historia, para desempolvar lo que no parece tan evidente ahora. El inicio es muy clásico, una niña en un entorno de clase media baja que lucha constantemente porque la vean, la aprecien y, sobre todo, le digan lo que vale. A eso, le sumamos una adolescencia en un medio no muy seguro, acechado por la delincuencia y que, además, el hecho de estudiar y destacar es visto como una excusa para que te apedreen. En líneas generales, la búsqueda de un soplo de aprobación, de conseguir mi camino y mi rumbo se transformó en un pozo de los deseos concedidos, algo así como una lámpara mágica que cada que alguien la frotara (bueno, a mi nadie se me acercaba ni con un palo) se le concedía un deseo.

De este modo, me adapté a vivir dando, ofreciendo, proponiendo y ejecutando, por supuesto que sí, para todos, pero no para mí.

– ¿Dónde está Brenda? –

– En el coro, ensayando.

– No, que está en dirección aprendiendo a declamar para el festival.

-Para nada, está en la biblioteca preparando el periódico mural…

Y así, yo estaba metida en cuanta cosa se atravesara. Sí en casa no había reconocimiento, el profesor de lentes y mirada lasciva de seguro que sí aprovecharía mis talentos (gracias al cielo, nunca de manera sexual, al menos, no conmigo). De este modo llegamos a la adultez, la cual pinta a grandes rasgos así:

“Sí cobro demás por haberme quedado dos horas extras, estoy siendo terrible, mi jefe necesitaba que lo apoyara, no puedo ser una rata.

Pero ¿qué te pasa? ¡Calla! tonta, que no tienes jefes, que para algo en pandemia te independizaste y ya trabajas por tu cuenta ofreciendo tus servicios que para eso estudiaste y encima te especializaste.” (Brenda, diálogo mental en un día cualquiera, aplazando cobrar sus honorarios, 2017 en adelante) .

De esta manera, ridícula y lamentable te invito a reflexionar sí te ha pasado por la cabeza algo como esto:

  • Creer que sí no das, no serás apreciada.
  • Considerar que sí exiges una retribución justa entonces eres una mala persona, una rata.
  • Pensar que, si das tu opinión genuina, la gente se irá.
  • Preocuparte porque no encontrarás otro trabajo u otra persona que te quiera.
  • Convencerte de que tu valor no es lo suficiente y por eso mereces cualquier cosa.

En mi trabajo, cosas como estas pasan debajo de la mesa, no se nota a menos que en procesos de terapia se descubran como hallazgo de un fósil en Tierra del Fuego. Aquí, algunas de las cosas que he aprendido:

  1. Mi trabajo, como el de muchos, tiene que ser minucioso y con mis conocimientos, soy capaz de ofrecerlo. Pero eso no significa que tenga que devaluarse por una situación personal, mis asuntos los resuelvo yo, no en el momento de trabajar.
  2. Ser realista, las personas que estarán dispuestas a aprovecharse consciente o inconscientemente, lo harán sin miramientos. Así que, levántate en armas y sincérate sobre cómo te sientas, el riesgo es: quedarse sin esa persona y sentirte mejor por no sentirte un martillo que usan y luego dejan echado en la caja de herramientas.
  3. Sobre el dinero, no vives del aire ni del sol. Las plantas ya lo tienen ganado y, aun así, como el mango o el cocotero se esfuerzan en ascender y obtener la mejor luz. Tú, haz lo propio. Manda ese mensaje educadamente, cobra y lanza el teléfono al sofá, lee un libro o ve una serie, olvídate de esa presión estomacal y asume lo que venga.

Por último, recuerda que sí temes sentirte mal… mal ya estás ahora, ¿qué puede ser peor? ¿Qué te paguen, feliciten, te den la razón? No todas las alternativas son negativas, solo eso. Y bueno, me voy que tengo deudas que saldar ¿y tú?

Cambio de chip

Generalmente, en la vida siempre estamos esperando que los demás cambien para que nosotros podamos mejorar, o para que le transformen la vida a uno. Por ejemplo, una relación sentimental, cuando estamos en ciertas dificultades con la pareja normalmente decimos, “es que si él o ella cambiara todo sería diferente”. Tarde o temprano  llegas a la conclusión de que la solución a esto es que tu pareja transmute. A partir de ese momento pones mucha energía e interés en presionarla, culpabilizarla y convencerla de que debe cambiar. Te dices a ti mismo: “Cuando esto lo consiga, mi sufrimiento acabará y seré por fin feliz”.

Lo primero es entender que a las personas hay que aceptarlas tal y como son, que cada uno piensa y siente de manera diferente, esa es nuestra riqueza.  A menudo nos empeñamos en cambiar actitudes o comportamientos de los demás sin tener en cuenta que el otro tiene una historia distinta, y que lo que para mí es importante quizá para él no lo es, y eso está bien.  Tendemos a generalizar nuestras creencias hasta el punto de hacernos inflexibles.  Aceptar que no podemos tener poder sobre los demás es el primer paso para mejorar en nuestras relaciones interpersonales.  Llegado este punto, piensa: ¿Para qué quieres que el otro se transforme? Puede que la respuesta sea para que él o ella sea más feliz o para que sufra menos, aunque si profundizas un poco más quizás llegues a reconocer que sería para que tu relación con él o ella mejore y no te genere sufrimiento a ti. 

Hoy me voy a enfocar en las relaciones de pareja. Idealizar a la pareja es uno de los errores más comunes, esto a menudo nos lleva a echar sobre las espaldas del otro la supuesta responsabilidad de ser fuente de gratificación de muchos de nuestros deseos. Algunas personas, además,  de forma inconsciente tratan de  curar heridas afectivas de su pasado infantil por medio de la relación de pareja. Nuestras decisiones tienen que ver con la repetición de modelos que hemos aprendido a través de los primeros vínculos con las figuras parentales, y también con la identidad. Al enamorarnos, idealizamos al otro y ponemos en él o ella todo lo que creemos que nos falta o nos sobra; y si no encaja a lo que deseo pues intento cambiarlo.  La teoría del apego, desarrollada por el psicoanalista inglés John Bowlby en la década de 1950, afirma que los seres humanos seguimos en la edad adulta los patrones de relación que aprendimos en la infancia. Formamos un apego seguro cuando nos han educado con afecto, atendiendo nuestras necesidades y emociones (sin sobreprotegernos) y poniéndonos unos límites claros y adecuados. Desde este estilo nos identificamos con el modelo y buscamos parejas similares, que nos traten de manera sana y satisfactoria. 

Pero ¿Qué sucede cuando la figura de apego es rígida e inflexible, o cuando muestra rechazo u hostilidad ante nuestras necesidades, o si unas veces las atiende y otras veces no? En esos casos podemos generar inseguridad, miedos y ansiedad, y es entonces cuando elegimos  parejas que mantengan estos estados y acabamos convirtiéndonos en personas que entienden las relaciones desde el conflicto, sintiéndonos incómodos a menudo, desconfiados o ansiosos. El estilo que elegimos para llevar nuestra relación es un aprendizaje, no un instinto por lo que tenemos margen de movimiento. Lo que aprendimos se puede desaprender, descubriendo otra manera de relacionarnos y abriéndonos a características diferentes. Pero repetimos el patrón si no somos conscientes de nuestros miedos e inseguridades; y si por miedo a la soledad “evitamos el ser juzgados”, aferrándonos a la idea de pareja a pesar de que nuestra salud mental pueda estar en juego. 

Debemos tener presente que algunos patrones o creencias no las hemos generado nosotros a través de vivencias, sino que pueden corresponder a algo que vimos en nuestras familias o en algún modelo que terminó influyendo en nosotros. Quiero que te tomes un tiempo para responder estas preguntas:

  • ¿Cómo recuerdas la relación de tus padres?
  • Cuando había problemas ¿cómo los solucionaban?
  • ¿Qué muestras de afecto tenían contigo?
  • ¿Qué rol tuve que jugar y sigo jugando para sentirme bien, o para obtener amor y aprobación?
  • ¿Qué estás llevando hoy a tu relación de lo que viviste con tus cuidadores?

Después de tener este diálogo interno, vamos a dar con la “creencia” y hacernos conscientes de ella. El poder dar con la raíz de nuestras inseguridades, siendo comprensivos y compasivos, nos ayudará a una reformulación  de pensamiento que nos permitirá tomar decisiones sanas, haciéndonos responsables de nuestra felicidad, sin esperar que los demás deban cambiar. Entonces ¿por qué pasamos nuestra vida pretendiendo que mi pareja transmute? La respuesta está en la actitud cómoda y fácil de culpabilizar al otro cuando las cosas no son o no ocurren como nos gustaría, y así, librarnos de la responsabilidad de afrontar con la mochila emocional que llevamos. 

Cuando estoy en sesiones de pareja, suelo preguntarles en qué medida creen que están contribuyendo cada uno de ellos a que la relación no funcione como les gustaría. Es interesante, porque ambos buscan autoculparse de aspectos propios que por supuesto conocen y no saben manejar de forma adecuada. Esto me alegra mucho, “son conscientes” me digo a mí misma… Pero unos segundos después aparece la afirmación del “pero”. “Yo sé que no la escucho mucho… pero si ella fuera más cariñosa conmigo, yo la escucharía más”. En este escenario son muchas las relaciones que terminan por romperse. El planteamiento es tan turbio que las conclusiones a las que suelen llegar son, por un lado, de refuerzo de la culpabilización (“la otra destruyó la relación por no cambiar”) y, por otro lado, de fracaso (“no fui capaz de hacerla cambiar”), cuando en realidad no hay culpables ya que ambos no son conscientes de la raíz del problema y el único fracaso es el planteamiento erróneo de querer convertir a tu pareja.

Aquí te dejo tres estrategias para no pretender cambiarle el chip a tu pareja si llevas una relación sana:

  • Ten una mirada compasiva y comprensiva hacia ti mismo y tu pareja. Interioriza esta creencia: “Todos hacemos lo que podemos, de la mejor forma con los recursos que tenemos”. No te tomes las acciones de los demás como algo personal y considera que detrás de ellas puede haber una historia que las justifique, más allá de una intención maliciosa.
  • Olvida el querer modificar a tu pareja, centra todos tus esfuerzos en cambiar tú. Contempla la posibilidad de que el comportamiento de tu pareja te está mostrando algún aspecto de tu personalidad que puedes mejorar.
  • Colócate como un aprendiz en la vida y déjate enseñar. Mostrar vulnerabilidad es el primer paso para comprender que no podemos con todo y que necesitamos ayuda, quien está caminando a tu lado puede brindarte grandes aprendizajes. 
  • Por último, adquiere la sabiduría para saber distinguir qué aspectos puedes trabajar en ti y aceptar los que no. Aprender a aceptar es una de las habilidades que mayores frutos pueden dar en tu crecimiento personal. En este caso, aceptas al otro tal cual es, sin pretender que cambie, y te aceptas a ti mismo, con tus luces y tus sombras.

Referencia:

Bowlby J. (1979) : Vínculos afectivos: formación, desarrollo y pérdida. España: Ediciones Morata

Hablar para no olvidarme de mí mismo

Esta vez más que un artículo, les traigo una reflexión sobre la importancia vital que tiene el hablar sobre lo que sentimos y compartir lo que nos pasa, esta vez no hay secretos ni consejos, es solo el reflexionar y decidir, al menos tomar una decisión y elegir en vez de seguir haciendo lo mismo de siempre, aunque nos haga sentir mal.

Es curioso que: Disimular, encubrir, enmudecer, incomunicar, guardarse para sí, olvidar sean sinónimos de callar, bueno al menos yo me sorprendí, ya que algunas de esas palabras (aunque no de manera explícita) describen el acto de no comunicar con intención.

Algunas personas son más reservadas que otras, debido a su personalidad, algún dolor, experiencia o aprendizaje. Sin embargo, hay quienes callan sin saber por qué, sin haberlo elegido, sin ver el potencial del efecto que esto les produce: la no aceptación de sí mismo.

Muchas veces no basta con racionalizar las cosas que nos pasan, hay que sentirlas también, aunque a veces sean muy dolorosas, tan solo con el permitirse confesar aquello que pensamos realmente, le damos paso a una posible limpieza emocional que nos otorga alivio y un poquito de paz, al menos por ese momento. Creo que está muy menospreciado el ejercicio de hablar, ya que para algunas personas no les incomoda hablar sobre sí mismos, es más quisiéramos que nos escuchen y nos irrita que hablen solamente de ellos. ¿Será que todos queremos ser escuchados? Tal vez en alguna ocasión no te sentiste escuchado, o sentiste que tus personas cercanas no te prestaron atención ni te preguntaron cómo estabas, si es así es comprensible que hayas perdido las ganas de contarle a alguien lo que te pasa, se entiende porque ya no lo has puesto en práctica, tal vez ahora podrías hacerlo por ti mismo, porque ya entendiste que lo mereces y que puedes darte la oportunidad de expresar concreta y directamente al otro: ¡quiero que me escuches!

Como vemos, también depende de uno entender que merece ser escuchado, recibir ayuda y consuelo, aunque la otra persona no haga nada más que escuchar atento, asintiendo, comprendiendo, validando lo que la otra persona siente. Damos por sentado el hablar, porque lo hacemos con frecuencia, le quitamos la importancia que tiene y nos olvidamos que necesitamos compartir con el otro, nuestros sentimientos, deseos, miedos, sueños, creencias, dolores…

Con el fin de incluir más opiniones que solo la mía, realicé una pequeña investigación “encuestal” con el objetivo de reunir algunas razones de por qué creen que las personas suelen guardarse para sí lo que les pasa, entre las respuestas más comunes están:

  • Miedo, miedo a que me juzguen.
  • Por desconfianza.
  • Porque nadie me entiende.
  • La gente es intolerante y poco empática.  
  • Por vergüenza.
  • Por mantener la apariencia.
  • Por temor a abrirme.
  • Nadie me escucha.
  • Porque a nadie le importan mis problemas. 
  • Porque no necesito contarle a nadie lo que me pasa. 
  • Porque no quiero cargar a los demás con mis problemas 
  • Porque no quiero que opinen y me digan qué tengo qué hacer.

Tal vez nos identifiquemos con muchas o todas estas razones, pero si reflexionamos con detenimiento, la única persona que se queda con todo lo que siente es uno mismo, pero ¿qué es lo peor de esto? ¿Por qué tengo que hablar con alguien más? Bueno en primera, no debes hacer nada que no quieras, por que si sale mal buscarás culpables, desde el momento en que decides abrirte, hacerse responsable con uno mismo es lo más comprometido puedes hacer. Luego al abrirte y empezar a confiar, te darás cuenta que existen muchos más beneficios, porque podrás aceptar lo que sientes, lo que piensas, porque sale de ti a través de palabras y que empieza a tomar forma, lo aceptas, por lo tanto, el dolor o problema existe, ya que te das cuenta de que sí hay algo que te está costando y que el confesarlo te alivia mucho, más si hay una escucha sensible y atenta por parte de otra persona que te valida y no juzga lo que sientes, al contrario lo recibe con empatía y comprensión.

Por ejemplo: piensa en algo que exista, que no tenga nombre o que no puedas poner en palabras… Es complicado ¿cierto? Entonces nos podemos dar cuenta que, la comunicación es muy poderosa, te permite conocerte, entenderte a ti y a los demás y darles un lugar a las emociones no procesadas. Es a través de la palabra que traemos al presente hechos pasados que, desde una mirada madura, podemos resignificar y conseguir que ya no duela tanto, podemos entender mejor los “para qués” de los problemas de la vida. Me atrevería a decir que existe mayor beneficio cuando uno habla, que cuando escucha.

Y por favor que no se malentienda, claro que es importante ir a terapia si deseas buscar una guía o soporte, pero puedes empezar compartiendo con tu círculo cercano de familia o amigos los importante es que aprendas a confiar en los demás, que seguramente estarán contentos de escucharte, y… tampoco estoy hablando sobre no tener privacidad e intimidad con uno mismo, todos merecemos ese espacio para nosotros. Solo que a veces, decirlo nos permite desenredar eso que no logramos solucionar, al compartir con otros lo que sentimos o lo que nos pasa, nos damos cuenta de que no estamos solos, que no nos ocurre particularmente a nosotros determinado problema o situación. Como mencionaba nos permite cambiar nuestra narrativa de vida, es decir, lo que pensamos sobre nosotros, los demás, y  sobre nuestra propia historia de vida. Muchas veces adquirimos la forma de valorarnos de acuerdo a lo que nos dijeron y no siempre esa es la verdad, y uno crece, avanza, madura y aprende y ya no es más esa versión antigua que se mostraba errada por falta de experiencia de vida. Hablar nos permite traernos al presente, y valorar lo que somos, y lo que tenemos hoy para empezar a vivir ahora y ya no en el pasado donde habían cosas que nos dolían. Ahora puedo cambiar las cosas, ahora depende de mí, ahora puedo tomar decisiones, valerme por mí mismo, tomar riesgos y construir la vida que quiero.

Medio bestias, pero al mismo tiempo, crías de arcángel: Sobre violencia y amor

“¡Así es todo y así somos todos en la vida: un poco ridículos y un poco genios, un poco bestias y, a la vez, cachorros de arcángel!»

José Ortega y Gasset (1957)

La persona va formándose en su paso por el mundo, nosotros somos un constante devenir. En busca de nuestro desarrollo personal que consiste en crecer en virtud, cultivarse en valores, buscar nuestro bien y el de los demás (dentro de nuestras posibilidades), desafortunadamente nos toparemos con muchos momentos en los que tropezaremos o veremos cómo tropiezan los demás. La violencia es una de las piedras con las que más ha tropezado el ser humano a lo largo de la historia.

Evidentemente a violencia se puede manifestar de muchas maneras, desde las bromas crueles, hasta los genocidios que en más de una ocasión se dieron en nuestra historia. Si me lo preguntan, yo diría que la violencia puede estar acompañada de la estupidez, en más ocasiones que de la maldad, y por supuesto, tampoco son pocas las veces en que las tres estén juntas simultáneamente. En efecto, la violencia ocurre se puede desatar en las personas más necias así como en las mentes más astutas pero maquiavélicas.

Entre otras cuestiones que se ocupan del hecho de saber por qué tenemos conductas violentas (y conductas malvadas en general), está la reflexión acerca de si nuestra bondad es innata, o si por el contrario lo es la maldad. Religiones como el Cristianismo católico o el Bushido (el código Samurái) afirman que nuestra bondad es innata y que la maldad es una inclinación viciosa que no está en nuestra esencia. Por otro lado, filósofos como Immanuel Kant o Arthur Schopenhauer piensan que nosotros somos malos por naturaleza (pero ambos explican, a su manera, que no debemos quedarnos en el mal). Ciertamente, se puede decir que hay un consenso general, el cual es que hay una lucha entre el bien y el mal constante

Denegri (2012) sostiene que con la invención de las armas, el ser humano se ha podido desensibilizar de todo el conflicto emocional que implica la violencia. Antes de ellas el hombre atacaba con su propias manos; después, con un palo o piedra pudo distanciarse un poco; con las armas de fuego la violencia a sangre fría se hizo mucho más sencilla de perpetrar; y ni se diga con los grandes avances en la tecnología bélica que permitieron matar a miles de personas, a miles de kilómetros de distancia, y hacerlo sin reparo emocional alguno, tan solo con “apretar un botón”. Las armas facilitaron al hombre su ejercicio en la violencia fatal

Realmente existe el botón nuclear?
«Apretar el botón», en sentido figurado, representa el poder inmediato que se tiene para hacer algo.

Ante esta situación y escenario lúgubre ¿Qué debemos hacer? Pues seguir obrando acorde a nuestro libre albedrío y educando nuestra voluntad. Si bien estaremos inclinados al mal, debido a nuestra concupiscencia (que es el deseo de bienes materiales o terrenos) no significa que no podamos controlarla y moderarla. Regresemos a esa figura tan llamativa de Ortega y Gasset que dice que somos medio bestias, pero cachorros de arcángeles a fin de cuentas. Siguiendo este simbolismo, podemos decir que, a pesar de que el mal estará presente en nosotros, también lo está la bondad, y más aún, que venimos de esta. El mal nos invade, pero no venimos de este, nosotros pertenecemos desde nuestro origen como especie, al bien.

Todos los seres humanos tenemos la oportunidad de reconciliarnos en el amor. Estamos llamados a tenerlo y darlo, porque repartir amor nunca te dejará sin amor; cuando uno reparte balazos la munición se acaba, cuando uno reparte dinero -aún por fines nobles- inevitablemente se va agotando. Dicho esto, podemos afirmar sin temor alguno que lo más valioso a cultivar es el amor, de hacerlo correctamente su cosecha será abundante, tanto para nosotros mismos como para todos los que sean alcanzados por él.

Ante la preponderancia de la violencia malvada y estúpida en el mundo, le hace frente el amor. Que si bien puede pasar por desapercibido en muchas ocasiones; donde sea que esté, dejará huella y su obra no perecerá. Midamos el amor por su calidad primero, luego observaremos que puede llegar a una cantidad inagotable.

Fe en la humanidad - Liverdades

Como decía Eric Fromm (1966):

  • No hay razón para maravillarse de que la historia muestre tanta crueldad y destrucción. Si hay algo que nos puede sorprender —y alentar— es el hecho de que la raza humana, a pesar de lo acontecido, ha mantenido —y desarrollado— aquellas cualidades de dignidad, valor, decencia y bondad que observamos en todo el curso de la historia, y actualmente, en innumerables individuos.

La violencia seguirá presente en lo que le queda a la humanidad en este mundo, pero de igual manera lo hará el amor y por más discreto que este último sea, es precisamente el que se encarga de que la especie humana no se destruya a sí misma de una vez por todas, sino que la reconforta y eleva.

Referencias

  • Denegri, M. A. (2012). Normalidad y Anormalidad, y el Asesino Desorganizado. Lima: Fondo Editorial de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega.
  • Fromm, E. (1966). El miedo a la libertad. Buenos Aires: Editorial Paidós.
  • Ortega, J. (1957). Meditación del pueblo joven.

Si deseas saber más sobre el amor desde la Psicología, te recomiendo leer este artículo que escribí tiempo atrás.

https://warayana.com.pe/publicaciones/2020/10/02/el-amor-a-la-luz-de-eric-fromm-y-marco-aurelio-denegri/