Los celos: Colocándolos en su debido lugar

Los celos son un conjunto de emociones que, a lo largo de la Historia de Occidente, han sido manejados de una manera muy pobre, pues han causado muchos estragos que no tenían por qué ocurrir.

La solución a este problema no estaría en la inexistencia de los celos, eso es un ideal inalcanzable y algo antinatural (ya veremos las razones); tampoco en ignorarlos o huir de ellos. La respuesta se podría encontrar en la comprensión y control de los mismos.

Como mencioné los celos son emociones. Nosotros vivenciamos, experimentamos, y pasamos por infinidad de emociones en nuestro día a día. El asunto muchas veces queda ahí, no obstante, hay se saber entenderlas y explicarlas.

La palabra emoción deriva del latín, emovere (compuesto de ex, “fuera” y movere, “mover”) que significa “sacar, alejar” y en sentido amplio, sacudir, como pueden apreciar, la emoción es un remezón venido de afuera. Así mismo, son el fruto del proceso evolutivo que le ha permitido al hombre adaptarse al entorno en que vivimos y relacionarse con los demás. En líneas generales, son el modo más directo de expresión a nivel universal (Giardini et al, 2017, p.43, 47).

«Celos» de Edvard Munch

El celo y los celos

Según la Real Academia Española (2021), la primera acepción de celo es: Cuidado, diligencia, esmero que alguien pone al hacer algo. Y recién en la séptima acepción (reconocida como “celos”) significa: Sospecha, inquietud y recelo de que la persona amada haya mudado, o mude su cariño, poniéndolo en otra. Dicho sea de paso, la diferencia de significados debido al singular/plural, es muy interesante; otras palabras con esta característica son humanidad/humanidades, humo/humos, resto/restos, honor/honores.

Como ven el singular resulta ser algo muy bueno, el plural es cuando la cuestión puede complicarse más de lo debido.

Paul Ekman (según Giardini et al, 2017, p. 60), psicólogo dedicado en emociones y lenguaje no verbal, sostiene que las emociones más básicas son la alegría, la sorpresa, la tristeza, la ira, el asco y el miedo. A partir de estas se desarrollan muchísimas otras, más complejas, en distintos grados y combinaciones; y entre ellas los celos.

Agentes del FBI, de la CIA, e incluso el director de la película Intensa-Mente, han recurrido a la asesoría personal de Ekman.

El intelectual Marco Aurelio Denegri (2015, p.185). nos compartió una definición formal de celos: “Inquietud, desasosiego y preocupación de la persona que teme que aquella a quien ama dé la preferencia o conceda la primacía a otra”

Ni los filósofos, Aristóteles y Blas Pascal, ni el psicólogo pionero en el estudio de las emociones en América, William James (entre otros grandes pensadores) se molestaron en hacer un estudio acerca de los celos (Denegri, 2015, p.185).  

¿Por qué estos grandes personajes no se molestaron en estudiar los celos? ¿Será que los celos nunca debieron transformarse en la bestia que se encarga de desgarrar el alma de tantas personas? ¿Quizás en épocas de antaño no influían tanto en la vida del hombre?

Aristóteles (2014, p. 39) solo se ocupó de nombrarlos como una pasión del alma, junto con el deseo; la cólera; el miedo; el coraje; la envidia; la alegría; el sentimiento de amistad; el odio; la nostalgia; la piedad y toda afección acompañada por el placer o la pena.

Es oportuno tener en cuenta el arrebato de la pasión amorosa, en donde se suelen soltar frases como “Eres mía, solo mía” o “Eres mío, solo mío” o “Tú me perteneces, yo te pertenezco, nos pertenecemos”; y son muchos de los que viven la vida en pareja, que se sienten -erróneamente- propietarios. En el sexo hay posesión, en el amor erótico hay posesión, pero hay que tener muy presente que no todo poseedor es propietario (Denegri, 2015, p.187). Dicho esto, tanto el amor como los celos pueden ser objeto del arrebatamiento pasional.

Por ende, si en la relación de pareja hubiese una cierta posesión (en la dimensión sexual, por lo menos), no por ello se podría decir que un cónyuge de pronto se vuelva propietario del otro, por supuesto que no.

El psicoterapeuta existencial Rollo May (según Denegri, 2014, p. 189) sostiene que quizás, cierta medida de celos es normal y saludable, dirigiéndose al cuidado y preocupación por la otra persona -de similar manera al celo, según la RAE-; pero agrega que, lo que la mayoría entiende por celos es en cuestión la desmesura de los mismos. Y remata mencionando que esta posesividad generada por los celos aumenta mientras más grande sea la impotencia del celoso.

En otras palabras, May entiende a los celos como algo común y prácticamente inevitable; lo malo es el apasionamiento de los celos (afirmación que se relaciona con la descripción aristotélica), me refiero a la sospecha obsesiva, esclavizante e hiriente.

De manera muy similar, Montagud afirma que “los celos se sienten cuando percibimos una amenaza hacia algo que consideramos propio, que o bien le pueden hacer daño o nos lo pueden arrebatar. En su debida medida, puede ayudarnos a conseguir aquello que queremos, sin embargo, en la mayoría de los casos los celos surgen por una falta de autoestima y desconfianza”.

«Celos en el jardín» de Edvard Munch

Ni para ser desdichados, ni para enorgullecerse

¿Quién será capaz de controlarse infaliblemente? Como mencioné al principio, la solución para vencer los celos no son eliminarlos, tampoco ignorarlos. Sino en darles su lugar correspondiente, reconocer que cuando no están en apasionamiento, podrían ser hasta beneficiosos; la exageración cualquier emoción siempre termina en una desviación de la recta conducta.

Occidente le ha dado mucha importancia al amor entendido como sentimiento (no hablo del amor entendido como virtud, que ha sido muy ignorado y desestimado). Al exacerbar un sentimiento, es muy difícil que los otros que giran alrededor del mismo no sean acentuados también. Y es por ello que los celos están tan presentes en nuestra sociedad. Esto es ajeno y casi incomprensible para Oriente.

Dicho esto, me despido con unas líneas mordaces del maestro Denegri:

“El melodrama y la desdicha signan de antiguo la tradición amorosa de Occidente. Somos aficionadísimos a la pasión de sufrir, y sobre todo nos encanta el sufrimiento estéril; por eso los celos, desfigurantes radicales de nuestro arbitrio, son normalísimos en nuestra práctica amorosa”. (2015, p. 190)

Ahora que lo sabemos, tenemos la responsabilidad de ser constantes en la superación de esta afirmación.

Referencias

  • Aristóteles (2014). Ética Nicomaquea. México DF: Grupo Editorial Tomo S.A.
  • Denegri, M. A. (2015). Miscelánea Humanística. Lima: Fondo Editorial editorial de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega.
  • Giardini, A.; Baiardini, I.; Cacciola, B.; Maffoni, M.; Ranzini, L. y Sicuro, F. (2017). Comprende la Psicología: Stanley Schachter, Jerome Singer – La teoría de las emociones. Barcelona: Editorial Salvat, S.L.
  • Montagud, N. (S.f.). Emociones secundarias: qué son, tipos y características. Recuperado de: https://psicologiaymente.com/psicologia/emociones-secundarias
  • Real Academia Española (2021). Celo. Recuperado de: https://dle.rae.es/celo

Hernán León

Soy Bachiller en Psicologí­a. Tengo una especialidad en Psicologí­a educativa. Soy estudiante del Diplomado en antropologí­a cristiana y de la Maestría en humanidades por la UCSP. Admiro muchí­simo la Literatura universal.

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