¿Cómo aprendí a querer?

Deberíamos hacernos esta pregunta más seguido y tal vez podríamos descubrir que podemos modificar y restablecer la forma en la que nos relacionarnos con los demás, una forma que se adapte más a nuestro presente.

Para entenderme en relación a los demás y cómo es que los “quiero” es importante entenderme primero como individuo. Según la teoría del apego, el niño aprende a entenderse como un individuo a partir de los dos años en adelante, cuando empieza a desplazarse y experimentar su autonomía, en definitiva, aún no entiende conceptos abstractos, por lo que la simbología que contiene su lenguaje es aún muy limitada, sin embargo; su mundo emocional es abundante e intenso. Sin siquiera terminar de comprender el lenguaje es a través de la profunda y estrecha relación con sus figuras de apego, padres o cuidadores, que establece una conexión vincular por la cual adquiere (durante el primer año de vida) el núcleo necesario para experimentar, expresar y modular sus emociones. (Di Bartolo, 2016).

La mentalización como la intérprete sensible de nuestras emociones.

¿Qué quiere decir mentalizar al otro?

Es la capacidad de una persona de interpretar sus estados mentales, con la noción de que posee y experimenta emociones, y así, a su vez, reconoce que el otro también las vive, por lo tanto, al identificarlas, las refleja y permite al otro ser consciente de las suyas propias.

Ya ¿Y en simple?

Por ejemplo: es como si la madre le prestara a su hijo, su mente para ayudarlo a reconocer, regular y organizar sus primeras emociones. (Di Bártolo, 2016).

  • “Cuando no tienes ganas de jugar con tus juguetes favoritos, es porque estás triste”
  • “¿Pasó algo que te pusiera triste?”
  • “Es válido que te sientas triste por eso, porque es importante para ti.”
  • “Cuando uno está triste a veces llora o no tiene muchos ánimos.”
  • “A mí me pone triste, cuando sin querer te haces daño y te duele.”

Como vemos en los ejemplos anteriores, la madre interpreta lo que el niño está sintiendo y se lo cuenta, también ayuda mucho cuando ella misma valora y expresa sus sentimientos con naturalidad y se permite sentirlos sin culpa ni vergüenza.

Pero conforme crecemos y vamos adquiriendo mayores responsabilidades y afrontamos nuevos retos, las emociones tienden a ponerse un poquito más complicadas de asimilar, como cuando sentimos decepción, frustración, irritabilidad, ira o cuando necesitamos consuelo. En estas ocasiones será determinante la observación sensible del cuidador, ya que si no logra reconocer y regular sus emociones cuando vive situaciones estresantes, no podrá ser el modelo adecuado para su hijo.

¿Cuántos de nosotros vivimos así?

 . . .

El inicio del desarrollo afectivo

Los primeros referentes emocionales son nuestros principales cuidadores, nuestras bases seguras, desde las cual voy a prendiendo a explorar el mundo para ver cuán seguro es, si me encuentro ante situaciones difíciles y complicadas. Pero sé que puedo volver a un lugar seguro (padres o cuidadores), aprenderé a confiar en mí mismo y en mis capacidades, por lo que mi forma de responder a los demás estará basada en el amor y confianza. Si por el contrario, al explorar, cuando voy en busca de seguridad, encuentro figuras, indiferentes, negligentes, abusivas e injustas; el miedo y la preocupación conducirán mi vida. Y no solo terminaré creyendo que el mundo es un lugar atemorizante e inseguro si no que aprenderé algo que dejará una huella firme y casi permanente en la formación de mi autoconcepto, ya que por lo general estas circunstancias de maltrato se mantienen y dan paso a la contundente y silenciosa idea de sentir que: No soy suficiente.

Ya el niño desde las primeras interacciones dentro de la barriga puede saber que tan disponible se muestra la madre a sus demandas, por lo que al primer año de vida puede entender cómo debe relacionarse con sus padres para conseguir satisfacer sus necesidades básicas tanto emocionales como físicas. ¿Es acaso el niño capaz de preguntarse a esa edad, o si la manera en la que recibe amor y se relaciona con los demás es la correcta? ¿lo hace alguna vez?

Puede ser que siga teniendo la misma imagen de mí mismo, desde de niño sin haberla nunca cuestionado.

Mucho de cómo somos al crecer, viene desde nuestra infancia, en la que se formaron nuestras bases emocionales que nos dieron una idea de quienes creemos que somos, bases que nunca cuestionamos porque no somos conscientes de cómo se formaron, siendo muy difícil de precisar en qué momento comenzaron a existir o de si podemos cambiarlas.

¿Cómo aprendí a querer? Esta pregunta de carácter filosófico nos regala una gran reflexión y sobre todo una gran oportunidad: la de reinterpretar nuestras propias narrativas, sí, esas que llevamos años contándonos a nosotros mismos, tal vez la pregunta por sí misma no sea suficiente para develar “el gran secreto”, pero si nos permite cuestionarnos, tal vez por primera vez: ¿Cómo es que yo quiero? ¿A dónde me ha llevado mi forma de querer? ¿Me quiero, como quiero? ¿Cómo estoy dejando que me quieran?

Puede que no conecte con la respuesta al instante, pero me dará una pista, ya que si no me siento contento con cómo estoy entendiendo el amor, ni encuentro una forma en la que relacionarme con los demás me sea cómoda, es posible que pueda hacerme cargo y buscar reestructurar mis pensamientos y creencias por otras con las que me sienta más a gusto, puedo tomar el control y decidir trabajar en nuevas formas de relacionarme con los demás.

Ya que hace poco conmemoramos es Día de la Salud Mental es importante tener en cuenta que la intervención de los profesionales psicólogos, es oportuna y necesaria ya que es la guía que necesitamos para construir nuevos y mejores caminos teniendo como meta alcanzar el bienestar emocional y por lo tanto social, de uno mismo y hacia los demás.

“Ya que el fin de la terapia no es solo comprender y explicar, es construir, a través de la sintonía emocional, la relación de apego dañada”.

Inés Di Bártolo

Palabras clave: desarrollo afectivo, infancia, relaciones interpersonales, vínculo afectivo.

  • Fuentes:
  • Di Bártolo I. (2016). El apego, cómo nuestros vínculos nos hacen quienes somos. Buenos Aires: Lugar editorial.
  • Cortés C. (2018). Mírame, siénteme. Estrategias para la reparación del apego en niños. España: Editorial Desclée De Brouwer.

El Síndrome de Guillain-Barré, desde la perspectiva de la psicología

El Síndrome de Guillain-Barré es una enfermedad del sistema neurológico que se presenta mediante la parálisis de miembros superiores e inferiores; es una afección poco conocida cuyas consecuencias pueden ser fatales y que se observa habitualmente en personas con cuadros infecciosos graves en desarrollo, siendo el caso más extremo la parálisis de músculos fundamentales como el corazón o los pulmones, hecho que puede causar la muerte del paciente.

El Perú no es ajeno a esta enfermedad, según datos del Centro Nacional de Epidemiología Prevención y Control de Enfermedades del Ministerio de Salud, actualizado al 08 de enero del 2020, entre el 2018 y 2019 se registraron 1382 casos de Síndrome de Guillain-Barré en todo el Perú, de los cuales 12 se dieron en la ciudad de Arequipa. Así también se encuentra que entre el 2019 y principios del 2020 se registraron 39 defunciones, a nivel nacional.

Según la Organización Mundial de la Salud (2020), el Síndrome de Guillain-Barré “… es un trastorno en el que el sistema inmunitario del organismo ataca el sistema nervioso periférico, que puede ser desencadenado por diversas infecciones…”. (p. 1). Por otro lado, la OMS (2020) define a las enfermedades infecciosas como: “… afecciones causadas por microorganismos patógenos como las bacterias, los virus, los parásitos o los hongos. Estas enfermedades pueden transmitirse, directa o indirectamente, de una persona a otra…”. (s.p.).

Contexto de la enfermedad

El Síndrome de Guillain-Barré es una enfermedad poco conocida, que si no se diagnostica a tiempo puede causar la muerte de la persona que la padece, por lo que debe considerarse como una emergencia médica y más aún en personas que tienen algún tipo de cuadro infeccioso grave, debido a que estudios actuales, esto podría influir para que este síndrome avance de forma rápida.

Posibles situaciones en las que el SGB puede desarrollarse

La falta de prevención ante la presencia de síntomas iniciales, confundiéndolos como la consecuencia de hacer mucha actividad física, esperando que se alivien en el transcurso de los días mientras la enfermedad avanza.

Pensar el que el SGB es una enfermedad aislada y que no es la consecuencia de una enfermedad infecciosa más grave.

No tratar el SGB como una emergencia médica (mal diagnostico), y el desconocimiento de las personas acerca de que el estado garantiza el tratamiento gratuito para pacientes con SGB.

Aleatoriamente se han identificado las posibles circunstancias que pueden causar estas situaciones, como son la desinformación acerca de cómo reconocer los síntomas iniciales, la falta de fuentes de información que expliquen la asociación entre el SGB con otras enfermedades infecciosas graves, atención y personal deficiente en los centros de salud y por último la falta de difusión por parte del gobierno y el MINSA sobre el tratamiento gratuito que brindan los establecimientos de salud pública, en casos de SGB, ya que el costo del tratamiento en una clínica privada puede llegar a ser de cincuenta mil soles.

Criterios de diagnóstico médico

El Síndrome de Guillain-Barré (SGB) es un trastorno poco frecuente que puede ser desencadenado por una infección grave en proceso, en donde el sistema inmunitario ataca los nervios que transmiten las señales al cerebro, lo que provoca debilidad, entumecimiento o parálisis, conduciendo a la muerte de la persona que lo padece. Este síndrome generalmente avanza en un plazo de dos a cuatro semanas después de que comienzan sus primeros síntomas, pero han existido variaciones en donde puede desarrollarse plenamente sólo en los primeros días de haberse manifestado. Respecto a su tipología podemos resaltar dos formas, como la debilidad muscular progresiva que comienza en la parte inferior del cuerpo y se extiende hacia arriba del mismo, y la segunda forma en la cual la parálisis comienza en los ojos, partiendo desde la cara hacia las manos y se expande por todo el cuerpo.

Para el diagnóstico clínico de un paciente con SGB generalmente se consideran criterios como, el hormigueo progresivo, la debilidad progresiva tanto en brazos y piernas, una marcha inestable o incapacidad para caminar o subir escaleras, dificultad con los movimientos oculares o faciales como hablar o tragar, dolor fuerte que puede sentirse como dolores o calambres, dificultad para controlar la vejiga o la función intestinal, frecuencia cardíaca acelerada y dificultad para respirar. Como nos explica Rebolledo, Gonzales y Salgado (2018) “Según los factores de pronóstico, puede existir diarrea en las cuatro semanas que precedieron al inicio de la debilidad” (p. 79). Esta manifestación diarreica está estrechamente relacionada con una infección vírica generalmente leve, pero que en nuestro caso de estudio, podría significar la respuesta a diversas enfermedades de origen infeccioso, lo que apoya una vez más que la aparición y desarrollo del Síndrome de Guillain-Barré tendría efectivamente un origen infeccioso.

Según la Organización Mundial de la Salud (2016), “Para definir los casos de SGB se deben utilizar los criterios de Brighton, que se basan en la clínica y en pruebas complementarias como los estudios neurofisiológicos y la punción lumbar” (p. 2). Según este criterio los pacientes pueden ser categorizados, en tres niveles de certeza, siendo el nivel 1 el nivel con mayor certeza diagnostica, y el nivel 3 el que presenta menor certeza diagnostica, a partir de hallazgos clínicos y la disponibilidad de realizar análisis de LCR y estudios neurofisiológicos.

Para el tratamiento se recomienda utilizar la plasmaféresis o inmunoglobulina endovenosa. El soporte vital del paciente en la Unidad de Cuidados Intensivos de un hospital y la plasmaféresis o el uso de inmunoglobulina intravenosa, son generalmente la decisión clínica más recomendada, siendo que la plasmaféresis se refiere a la extracción de la sangre, de un volumen determinado de plasma, ya que esta contiene defensas naturales o anticuerpos que bloquean anticuerpos dañinos, obstruyendo así el avance del Síndrome de Guillain-Barré en el paciente. En segundo lugar, el uso de inmunoglobulinas que también contienen anticuerpos y que se emplean con éxito en el tratamiento de virus respiratorios. Siguiente este argumento, podemos asegurar que el SGB, va a tratarse mediante el bloqueo de anticuerpos que darían cuenta de una infección en proceso, en el cuerpo de la persona con este síndrome, por lo que es evidente que se requiere el antepuesto de una enfermedad infecciosa, para el desenvolvimiento de este trastorno neurológico.

Comportamiento clínico

Las enfermedades infecciosas presentan una relación etiológica respecto al Síndrome de Guillian-Barré, ya que es posible que un agente infeccioso modifique las células del sistema nervioso, provocando que el sistema inmune las identifique como externas y las destruya, afectando los nervios periféricos y ocasionando parálisis, debilidad y disminución de reflejos, lo que caracteriza el inicio de esta enfermedad.

Uno de los síntomas que acompaña este síndrome es la parestesia, que consiste en una parálisis leve que comprende la pérdida de la función muscular normal o debilidad de las contracciones musculares. La ataxia, describe la falta de control o coordinación de los movimientos voluntarios debido a la perturbación de las funciones del sistema nervioso. Es un signo de una condición subyacente, en este caso nos referimos a la presencia de la infección previa que daña los nervios periféricos que conectan el cerebro con los músculos.

Como resultado del daño a las células nerviosas, provocado por la respuesta inmunológica, derivada del cuadro infeccioso previo, los reflejos disminuyen en la mayoría de casos. Las lesiones también se producen a las neuronas motoras inferiores, que son las células que controlan la actividad muscular voluntaria esencial, que se encuentran en el tallo cerebral y en la médula espinal, afectan las células de la asta anterior, la raíz espinal y el nervio periférico. Provocando la presencia de las primeras características del síndrome, como la arreflexia. Por ende, estas infecciones afectan directamente los nervios craneales y periféricos. Es así que, podemos explicar que el hallazgo de la afectación a los pares craneales se debe a la oportuna realización de la punción lumbar, ya que mediante este procedimiento se puede extraer una muestra del líquido cefalorraquídeo para posteriormente analizarlo en el laboratorio. El nivel elevado de proteína en el líquido cefalorraquídeo, provoca dolor y es signo de la inflamación de varios nervios o pares craneales o la médula espinal, por deterioro de la cubierta de mielina, provocada por la infección. 

Un tema de suma importancia para encontrar la relación de este síndrome con un origen infeccioso, es el estudio del sistema nervioso periférico, el cual está formado por los pares craneales, los nervios espinales y millones de células nerviosas. Estos nervios periféricos conectan el sistema nervioso central, es decir, el cerebro y la médula espinal con el resto del cuerpo. En consecuencia, una lesión nerviosa afectaría todo el sistema nervioso, distorsionando o interrumpiendo la capacidad de comunicación del cerebro con los músculos y los órganos.

Rehabilitación

Es necesario recalcar que los pacientes que padecen SGB requieren un tratamiento rehabilitador de la discapacidad provocada por este síndrome, de acuerdo a las características clínicas y necesidad de cada paciente, ya que una vez tratado y detenido el progreso de este trastorno, al estar dañados los nervios que sirven de conducto para que el cerebro pueda mandar el movimiento de los músculos, se necesita de una larga recuperación de la capacidad motriz en el paciente, la cual puede durar entre 6 meses hasta 3 años, en los que la persona que ha tenido esta enfermedad, estará postrado en cama sin lograr moverse, ya que lo hará progresivamente, de acuerdo al nivel de daño que se haya producido a causa del avance de este trastorno y a su severidad.

Apoyo psicológico y psiquiátrico

Esta enfermedad puede producir múltiples cambios en el estilo de vida de la persona, potencialmente estresantes, como por ejemplo, renunciar a actividades que solía disfrutar o adaptarse a nuevas limitaciones físicas y necesidades especiales, lo que predispone a la persona a experimentar ansiedad, depresión u otro tipo de afección psicológica.Por lo que, el soporte emocional al paciente y su familia hace parte del tratamiento, siendo recomendable una educación que brinde información sobre este síndrome, al paciente y sus familiares.

Respecto al acompañamiento psicológico, es aquel que se realiza cuando una persona está pasando por algún momento difícil, y tiene como consecuencia la afectación de su esfera emocional. Es así que, el comportamiento clínico de esta enfermedad, suele requerir paciencia y mucha comprensión de la situación, por parte del paciente y su familia, debido a que la recuperación es muy lenta, y puede tardar como ya mencionamos de 1 a 3 años, de acuerdo al tipo y grado de esta enfermedad, por lo que hablar con un psicólogo sobre lo que esta enfermedad les hace sentir, tanto a la persona que padece de esta enfermedad, como a la familia, puede ser muy alentador. Asimismo, como ya mencionamos anteriormente, es muy recurrente que en la primera semana de recuperación después del alta hospitalaria, se le brinden al paciente pastillas contra la ansiedad y la depresión, debido a que estamos hablando de una enfermedad neurológica que puede repercutir también en la composición química del cerebro. En este caso particular, los antidepresivos pueden utilizarse como adyuvante para el manejo de los trastornos del sueño, dolor y consecuencias emocionales. Es así que en conjunto con los fármacos para tratar la enfermedad que ha provocado la infección, puede desencadenar alucinaciones continuas e insomnio, en este sentido, es muy importante el apoyo de la familia y del círculo más cercano del paciente, como soporte emocional y puedan ser pilares de apoyo en todo el transcurso de la recuperación.

Respecto a la situación del paciente, en relación a un proceso de recuperación prolongado, si estamos hablando de una sub clasificación del síndrome más grave, una buena alternativa, suele ser acudir a grupos de apoyo, donde el paciente pueda sentir que no está solo, y que hay otras personas que también están pasando por lo mismo que él. De no ser posible, es recomendable, darle a conocer casos similares al suyo, donde hay una recuperación exitosa, para que no se sienta solo, y pueda desarrollar en él un sentido de autosuperación personal.

Finalmente, el análisis de mecanismos y comportamientos patógenos, así como el estudio de los agentes causales relacionados con la aparición del SGB, nos han confirmado que este síndrome es una enfermedad de origen autoinmune, desencadenada por la infección de microorganismos y que si bien el agente causal genético puede predisponer a una persona con una enfermedad infecciosa en proceso a desarrollar este síndrome, no significa que lo origine, ya que las enfermedades infecciosas son en su mayoría las que influencian en el origen y desarrollo de este síndrome en la persona. Asimismo, aparte de la rehabilitación física, el apoyo emocional a la persona que sufre de este síndrome, así como a personas cercanas a él, es muy importante; este debe darse por parte de un psicólogo con experiencia en atención a pacientes con enfermedades crónicas, debido a la naturaleza de la enfermedad y a la susceptibilidad del paciente, por los fármacos proporcionados para su recuperación, y por el contexto de su situación, que suele ser para la persona que enfrenta esta situación, en gran medida desalentadora, al ser la recuperación de la motricidad en la mayoría de los casos, muy lenta, con una duración de hasta 3 años, en los cuales el paciente lograría realizar una marcha lenta y ser capaz de realizar sus actividades con cierta normalidad, sin contar, en el peor de los casos con secuelas, como partes del cuerpo que no lograron recuperar el movimiento del todo. Es de primer orden, fomentar una actitud positiva y ser pilares emocionales permanentes en la vida de las personas afectadas por esta enfermedad, ya que la tristeza prolongada, la incertidumbre, el pesar de este síndrome, entre otros; pueden llevar a la persona a tener pensamientos negativos, como el suicidio para ya no sentir dolor, o para no seguir siendo una carga para su familia o sus cuidadores, debido a su discapacidad.

Bibliografía

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Del Carpio, L., Pola, M., García, S, Mata, M., Perfecto, M, Solís, I. y Gonzáles, E. (2018). Agentes causales más frecuentes del síndrome de Guillain-Barré en un hospital de Veracruz, Revista de Neurología, 67(06), 203-209. doi: 10.33588/rn.6706.2018084

GBS/CIDP Foundation International. (2010). Síndrome de Guillain-Barré polineuropatía desmielinizante inflamatoria aguda (PDIA) y sus variantes. Panorama general para la persona sin conocimientos médicos. GBS/CIDP Foundation International. Recuperado de https://www.gbs-cidp.org/wp-content/uploads/2012/01/OverviewSPA.pdf

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Huamán, A. y Aparcana, J. (2019). Síndrome de Guillain-Barré: Comportamiento Actual En El Perú. Revista Ecuatoriana de Neurología ,28 (2), 1-2. Recuperado de http://scielo.senescyt.gob.ec/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S2631-25812019000200011

IETSI EsSalud. (2019) Guía de Práctica Clínica para el diagnóstico y tratamiento de personas con Síndrome de Guillain-Barré. Guía de Práctica Clínica, 23, 1-25. Recuperado de http://www.essalud.gob.pe/ietsi/pdfs/tecnologias_sanitarias/GPC_SGB_Version_corta2019.pdf

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Organización Mundial de la Salud. (2020). Temas de salud.  Recuperado de https://www.who.int/topics/infectious_diseases/es/

Phillips, O. (2019). Actualización en el Síndrome de Guillain-Barré.Revista Médica Sinergia, 4(11). DOI: https://doi.org/10.31434/rms.v4i11.290

Rebolledo, D., González, P. y Salgado, I. (2018). Síndrome de Guillain-Barré: viejos y nuevos conceptos. Medicina Interna de México, 34(1), 72-81. Recuperado de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0186-48662018000100009&lang=es

El fenómeno de las emociones

Hasta el trabajo de Wukmir (1967), nadie ha sabido dar una explicación definitiva acerca del fenómeno de la emoción. Todo lo que se ha dicho de ella y se sigue diciendo, son descripciones de sus efectos muy generales. En este artículo, queremos resumir la aportación de Wukmir al esclarecimiento definitivo del fenómeno emocional. Esperamos que la lectura detenida y reflexiva de este artículo pueda ayudar al lector la cuestión aludida.

Aproximación a la emoción

En cada instante experimentamos algún tipo de emoción o sentimiento. Nuestro estado emocional varía durante el día en función de lo que nos ocurre y de los estímulos que percibimos. Otra cosa es que tengamos siempre conciencia de ello, es decir, que sepamos y podamos expresar con claridad lo que sentimos en un momento dado.

Estas tienen una naturaleza muy compleja y para expresarlas utilizamos una gran variedad de términos, además de gestos y actitudes. De hecho, podemos utilizar muchísimas de las palabras del diccionario para expresarlas y, por lo tanto, es complicado hacer una descripción y clasificación total de lo que podemos experimentar. Sin embargo, el vocabulario usual para describirlas es mucho más reducido y ello permite que las personas de un mismo entorno cultural puedan compartirlas. En la siguiente tabla se muestran algunas tanto en sus vertientes positivas como negativas.

Emociones positivasEmociones negativas
Me siento …Siento …Me siento …Siento …
BienBienestarMalMalestar
FelizFelicidadDesgraciadoDesgracia
SanoSaludEnfermoEnfermedad
AlegreAlegríaTristeTristeza
FuerteFortalezaDébilDebilidad
AcompañadoCompañíaSoloSoledad
etc.etc.etc.etc.

Las emociones están acompañadas de un proceso multifactorial o multidimensional. Uno siempre tiene la impresión de que le faltan palabras para describirlas con precisión.

Pero debajo de esta complejidad subyace un factor común: cada una expresa una cantidad o magnitud en una escala positivo/negativo. Así, experimentamos emociones positivas y negativas en grados variables y de intensidad diversa. Podemos tener cambios de intensidad, bruscos o graduales, bien hacia lo positivo o bien hacia lo negativo.

En el lenguaje cotidiano, las expresamos dentro de una escala positivo-negativo y en magnitudes variables, como «me siento bien», «me siento muy bien», «me siento extraordinariamente bien» (intensidades o grados del polo positivo) o «me siento mal», «me siento muy mal», «me siento extraordinariamente mal» (intensidades o grados del polo negativo).

Según sea la situación que provoca la emoción, escogemos unas palabras u otras como ‘amor’, ‘amistad’, ‘temor’, ‘incertidumbre’, ‘respeto’, etc., que, además, señala su signo (positivo o negativo). Y según sea la intensidad, escogemos palabras como ‘nada’, ‘poco’, ‘ bastante’, ‘muy’, etc. y así, componemos la descripción de la misma. Decimos, por ejemplo, «me siento muy comprendido» (positiva) o «me siento un poco defraudado» (negativa).

En consecuencia, podemos reconocer en toda emoción dos componentes bien diferenciados. Por un lado, el cuadro siguiente trata de reflejar estos a ambos.


Emoción como valoración o medida de la probabilidad de supervivencia:

Ahora nos falta determinar a qué se refiere este componente cuantitativo (magnitud positiva o negativa) que contiene toda emoción. ¿Qué es lo que miden? ¿Qué significa ‘positivo’ y ‘negativo’ en ellas?

Los organismos vivos disponen de mecanismos perceptivos que les permiten reconocer aquellos estímulos que son significativos para su supervivencia: para obtener comida, para protegerse de un ataque, etc. Pero la percepción cubre sólo una parte del problema; tiene como objeto reconocer los estímulos y saber que son.

Esto no es suficiente para un ser vivo. Además, necesita saber si esto que ha asimilado (que ya ha reconocido) le es útil y favorable para su supervivencia o no. ¿Qué mecanismos tienen los seres vivos para determinar si lo que han percibido es favorable para su supervivencia o no?

Wukmir (1967) planteó que tales mecanismos son las emociones, que son una respuesta inmediata del organismo que le informa del grado de favorabilidad de un estímulo o situación. Si la situación le parece favorecer su supervivencia, experimenta una emoción positiva (alegría, satisfacción, deseo, paz, etc.) y sino, experimenta una emoción negativa (tristeza, desilusión, pena, angustia, etc.). De esta forma, los organismos vivos disponen de este mecanismo para orientarse, a modo de brújula, en cada situación, buscando aquellas situaciones que son favorables a su supervivencia y alejándose de las negativas para esta.

Por ejemplo, cuando entramos en una reunión, lo primero que hacemos es reconocer (percibir) a las personas que están en la sala y casi simultáneamente, empezamos a experimentar nuevas emociones relacionadas con la nueva situación. Si lo que sentimos es positivo y agradable significa que nuestro mecanismo emocional valora que la situación, lo que allí ocurre, es favorable para nuestra supervivencia (negocios, afecto, conocimientos, etc.). Por el contrario, si nos sentimos mal, inquietos, forzados, etc., cree que la situación puede perjudicarnos.

Esta valoración se realiza mediante mecanismos físico-químicos muy diversos dependiendo de la complejidad del organismo. Los de un organismo unicelular son simples para evaluar si una situación o estímulo le es favorable o desfavorable, mientras que los de un mamífero, son mucho más intrincados, en los que su sistema nervioso juega el papel fundamental.

Con la aparición y desarrollo del córtex, los procesos cognitivos participan de forma fundamental en la elaboración de las emociones. En particular, la importancia del neocórtex en la especie humana es tal que, los procesos cognitivos las determinan en gran medida. Pero el hecho de que el córtex y neocórtex participen en la creación, no significa que sea de forma consciente. Esta elaboración es un proceso no voluntario, del que se puede ser sólo parcialmente consciente.

A menudo se habla de controlar las emociones como una habilidad necesaria para el buen desarrollo de nuestras relaciones sociales. En este caso, controlarlas significa que uno sea capaz de no mostrar las emociones que está experimentando. Es decir, no tenemos control sobre las mismas sino sobre su manifestación externa.

En definitiva, queremos decir que, por medio de la emoción, un organismo sabe, consciente o inconscientemente, si una situación es más o menos favorable para su supervivencia.

Ahora bien, cualquier organismo puede equivocarse en su valoración emocional. Todo proceso de medida puede ser erróneo en grados variables. Los mecanismos emocionales, al igual que los perceptivos, son limitados y están sometidos a múltiples incidencias, tanto internas como externas, que disminuyen su eficacia. En consecuencia, lo que sentimos puede no corresponder a la realidad de la situación y producir graves perjuicios al organismo. Es decir, una situación puede ser valorada positivamente, aunque en realidad, sea muy perjudicial para el organismo.

Un ejemplo típico es el efecto droga. La droga es un estímulo capaz de engañar al sistema emocional, es decir, hacer que el organismo valore dicho estímulo como positivo para su supervivencia, cuando, en realidad es todo lo contrario. De hecho, en la vida de los seres vivos, estos errores son frecuentes. Nuestra subjetividad nos enseña que muchas emociones experimentadas son incorrectas y que sólo mediante un gran esfuerzo de introspección podemos conocer cuáles son las que corresponden con nuestra realidad. Saber lo que sentimos verdaderamente es algo difícil de lograr. Esto no tendría mayores consecuencias si no fuese porque participan directamente nuestro comportamiento y el error nos sitúa en una posición de riesgo.

En resumen, Wukmir planteó que siendo la vida y la supervivencia lo positivo para un ser vivo, las emociones son el resultado de una medida (o valoración) subjetiva de la posibilidad o probabilidad de supervivencia del organismo en una situación dada o frente a unos estímulos determinados. Estas informan al organismo acerca de la favorabilidad de cada situación. Diríamos, pues, que se comportan como una variable de estado intensiva (el valor total es igual al promedio de las partes). A cada estado de nuestro organismo le corresponde una emoción, que es más positiva cuando se trata de un estado más saludable, más orientado hacia la vida (orexis) y es más negativa cuando nuestro estado se acerca más a la enfermedad y la muerte (anorexis). Pero, como todo proceso de medida, está sujeta a errores que acaban perjudicando al organismo.

Referencias:

Alonso-Recio, A., Serrano-Rodríguez, J., Carvajal-Molina, F. Calder, A.J., Young, A.W., Perrett, D.I., & Etcoff, N.L. (1996). Categorial perception of Morphed Facial Expressions, Cognition. 3(2), 81-117.

M.P. González, E. Barrull, C. Pons y P. Marteles (1998). Loeches-Alonso,A. (2012). Reconocimiento de expresiones faciales de emociones en la enfermedad de Parkinson: una revisión teórica. Revista de Neurología, 54(8), 479-489.

Wukmir, V. J., (1967): Emoción y Sufrimiento. Barcelona: Labor.

Estimulación Sensorial: Sentir para Aprender

Vamos a imaginar que somos unos niños(as) y que vamos a aprender las partes de la planta. Para lo cual nos dan a escoger dos opciones que se mencionan a continuación:

Primera Opción: Se nos brindará una clase donde estemos sentados en nuestro pupitre, escuchando la explicación del docente mientras señala un dibujo de una flor y sus partes.

Segunda Opción: Ir al jardín observar las flores con detenimiento su color, su forma y sentir su aroma. Después pasar la mano por cada parte de la flor y descubrir lo suave de sus pétalos, lo rugoso de sus hojas y la dureza de su tallo.

Si fueras un niño(a) ¿Cuál de estas dos opciones escogerías para aprender las partes de la planta? Estoy segura que la gran mayoría se inclinaría por la segunda alternativa.

En ocasiones, los adultos olvidamos esa mirada de niño donde todo nos causaba impresión y admiración. Así, este artículo pretende revisar acerca de la importancia de usar los sentidos como vía de aprendizaje y sobretodo resaltar la importancia de la estimulación sensorial en edades tempranas.


Hay una gama de objetos que estimulan los sentidos de forma integral, tales como: botellas, cajas, cubos y tableros sensoriales.

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CÓMO HACER BOTELLAS SENSORIALES PARA NIÑOS - 5 IDEAS FRASCOS DE LA CALMA -  YouTube

De hecho, varios de estos objetos están basados en la propuesta educativa de María Montessori, quien no sólo señala la importancia de la estimulación temprana en de 0 a 3 años, también hace hincapié en brindar experiencias sensoriales a los niños, tal como indica en la siguiente frase:

“El niño que tiene libertad y oportunidad de manipular y usar su mano en una forma lógica, con consecuencias y usando elementos reales, desarrolla una fuerte personalidad.”

María Montessori

¿Por qué es importante la estimulación sensorial en edades tempranas?

De acuerdo con Gómez y Fenoy (2016), la estimulación sensorial en edades tempranas, es importante porque el infante aprende de su entorno a través de los sentidos.

La estimulación sensorial  está relacionada al desarrollo cognitivo y es que cuando entras en contacto con un objeto recibes una información completa del entorno. veamos este funcionamiento a través del siguiente ejemplo.

Un niño de 2 años tiene en sus manos un tomate, se le guía a que sienta su color, textura, sabor y olor. También se le invita a descubrir su peso si es liviano o pesado.

A través de la actividad y con las pautas indicadas por parte de un adulto, hemos introducido varios conceptos importantes como el color rojo, cantidad, textura, etc. También se ha logrado aumentar el vocabulario del bebé.

Toda esta información detallada, se dirige al cerebro en especial a las áreas relacionadas con el aprendizaje y cognición.

¿Qué beneficios trae la estimulación sensorial?

De acuerdo con Arch, Lino y Alfaro (2013), indican que las experiencias que estimulan las vías sensoriales potencian las conexiones sinápticas en el cerebro y contribuyen a la maduración de funciones especializadas del cerebro. Además de mencionar que aquellos aprendizajes donde los niños experimenten haciendo uso de sus sentidos genera la integración de ambos hemisferios cerebrales.

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A través de la Estimulación Sensorial las conexiones sinápticas del cerebro se fortalecen

Los sentidos son un medio para recibir información del entorno, mientras la percepción ayuda a procesar dicha información. Por ello, una estimulación sensorial genera aprendizaje significativo, ya que se conjugan las sensaciones y las percepciones (Agudelo y otros, 2017).

Receta para la estimulación sensorial: Autumn -
Las experiencias sensoriales generan que el niño tenga un aprendizaje significativo

El niño entra en contacto con el material: lo huele, pinta, toca y observa los colores. Durante la estimulación sensorial el alumno toma un papel activo en el aprendizaje genera sus propios conceptos

En resumen, a nivel neurofisiológico la estimulación sensorial fortalece a varias áreas del cerebro. A nivel cognitivo, el infante desarrolla un aprendizaje significativo, es decir, se hacen más sólidos y perennes sus conocimientos. Además de generar autonomía, ya que el niño descubre por sí solo la información de su entorno.

¿Cómo se puede propiciar una estimulación sensorial eficaz?

  1. Generar una experiencia completa

En primer lugar, tomar en cuenta que no sólo se puede usar el tacto, ya que los receptores de sensibilidad se extiende en toda la piel, de ahí la importancia de que el niño o bebé no solo manipule un determinado material también lo puede oler o pasarlo por su rostro (Agudelo y otros, 2017).

2. Asociar la experiencia a emociones positivas

Por otro lado, es importante saber que toda experiencia sensorial está ligada con las emociones:

“La oportunidad de percibir genera en el sujeto la capacidad de emocionarse”

Gómez y Fenoy, 2016

Las percepciones están unidas a una emoción. Al entrar en contacto con un objeto se pueden suscitar diversas emociones tanto negativas como positivas. En realidad va a depender de la forma en cómo vive la experiencia el niño, por ello es importante el rol y guía del adulto en el proceso. De ello va a depender  crear un vínculo sólido de la experiencia sensorial y emoción.

3. Considerar el factor motivacional

Para que esta experiencia resulte positiva es importante tomar en cuenta el factor motivación. Lo primero es fijarse en los intereses de los niños para que de esa manera ellos se sienta motivados a realizar su actividad,

Una propuesta de Gómez y Fenoy (2016) es que el niño realice un dibujo de un mapa señalando la ruta hacia el lugar de su interés por ejemplo el parque, el mercado o un jardín cercano.

Conclusiones

Para que la experiencia sensorial sea sólida es vital la participación del adulto , ya que se encargara de guiar al niño en usar todos sus sentidos y asociar emociones positivas durante la realización de la actividad.

La estimulación sensorial genera grandes beneficios en el desarrollo cognitivo y fortalece al cerebro. Además de ser una experiencia divertida, usar los sentidos para aprender genera autonomía y aprendizaje significativo, es decir, todo aquella información que se registró con los sentidos va a quedar grabado para siempre en la memoria del bebé o infante.

Referencias

Agudelo, L., Pulgarín, L., y Tabares, C. (2017). La Estimulación Sensorial en el Desarrollo Cognitivo de la Primera Infancia. Fuentes. 19 (1), 79-83. Recuperado de:

https://idus.us.es/bitstream/handle/11441/72890/05-EstSensDesarCognPrimInf.pdf?sequence=1&isAllowed=y

Arch, E., Lino, A., y Alfaro, A., (2013). La importancia de la estimulación de las áreas implicadas en el procesamiento y sus efectos en el neurodesarrollo. Medigrahic, 81(1), 69-73. Recuperado de: https://www.medigraphic.com/pdfs/circir/cc-2013/cc131l.pdf

Gómez, C., y Fenoy, B. (2016). La sensorialidad como estrategia para la educación patrimonial en el área de educación infantil. Roderic. 7(10), 54-69. Recuperado de: 

https://roderic.uv.es/bitstream/handle/10550/56130/5715293.pdf?sequence=1&isAllowed=y

Duelo en niños

La muerte, aunque fue un tema tabú en siglos pasados, ha sido ampliamente estudiada desde diferentes disciplinas, y como parte de este estudio, la Psicología ha buscado enfocarse en la forma en la que esta es enfrentada por la persona humana y cuáles son sus distintos comportamientos frente a ella. Aunque las investigaciones de esta disciplina abarcan temas variados, el proceso de duelo es uno de los que capta mayor interés debido a su complejidad y a los efectos adversos que trae consigo al no afrontar de forma adecuada tal proceso (Pérez y Robayo, 2017).

El duelo es considerado como un grupo de representaciones mentales y conductas vinculadas con una pérdida afectiva, teniendo como objetivo aceptar la realidad de dicha pérdida y adaptarse al nuevo entorno (De Hoyos, 2015). También Freud (1996) habla del tema y señala que el duelo es un estado del alma, es decir una reacción normal de todo ser humano ante la pérdida de un ser amado, ya que se han establecido vínculos primordiales de identificación para poder elaborar la realidad psíquica en el caso de los infantes, pues estos ven a sus padres como objetos amorosos para identificarse (Varela, Hernández, Esparza & Pilar, 2013).

De igual forma, Tizón (2004) señala que el duelo incluye procesos tanto psicológicos como psicosociales que ocurren luego de la pérdida de alguien con quien se tiene un vínculo (Moreno, 2016). Otros autores la han definido como la reacción consecuente a la muerte de un ser querido manifestado en la esfera psicológica, biológica y social (Ordoñez & Lacasta 2006). Es una reacción normal ante una pérdida la cual va a suponer la readaptación ante la situación nueva que afronta, sin embargo, este puede volverse patológico si no se resuelve de la manera adecuada y requerirá de la intervención del profesional (Meza et al., 2008).

TERAPIA DE LA CONDUCTA INFANTIL: EL DUELO EN LOS NIÑOS

Sobre los tipos de duelo, la autora Moreno (2014) menciona que existen dos en general: el duelo normalizado y el duelo complicado. El primero se refiere a aquel proceso que ha sido atravesado de forma adecuada logrando la adaptación a la nueva realidad en la que vive y recordando a la persona fallecida sin dolor profundo y con cierta sensación de tranquilidad. El duelo normalizado además se caracteriza por un estado de perplejidad suscitada por el fallecimiento de su ser querido, dolor intenso junto con malestar, sensación de ser una persona débil, pérdida tanto del apetito y de peso como de sueño, dificultad para mantener la atención, culpa, rabia, episodios de negación, ilusiones, alucinaciones e identificación constante con el ser querido que ya no está (Cabodevilla, 2007).

Por otro lado, el duelo complicado se refiere al proceso inadecuado de adaptación en el que la persona se ve desbordada por la situación, sin poder por sus propios medio lograr afrontar la situación de forma adecuada. De igual forma, Flórez (2002) menciona que el inadecuado abordaje del duelo, puede convertirse en duelo patológico, el cual se presenta como una ausencia o retraso en su aparición o como un duelo demasiado intenso y prolongado. Por su parte Cabodevilla (2007) también menciona diferentes tipos de duelo entre las que tenemos el duelo anticipatorio, el duelo crónico, el duelo retrasado o retardado, el duelo enmascarado, el duelo exagerado, el duelo ambiguo y el duelo normal.

Según lo referido en la revista Duelo en Oncología, la intervención en el proceso de duelo puede ser a nivel individual, grupal y familiar. En la intervención individual se ha propuesto dividirla en cuatro tareas las cuales son: “aceptar la realidad de la pérdida”, “trabajar las emociones y el dolor de la pérdida”, “adaptarse a un medio en el que el fallecido está ausente”, “recolocar emocionalmente al fallecido y continuar viviendo” (Alberola, Asuara & Reina, 2008). Además estos mismos autores mencionan que es recomendable utilizar técnicas como “el libro de recuerdos, imaginación guiada, uso de símbolos, lenguaje evocador, rol-playing, dibujar” entre otros en el proceso de asesoramiento al deudo.

Duelo en niños y niñas en esta situación de confinamiento y pandemia

En la intervención grupal se hace mención de los grupos de apoyo en los que se consideran diferentes objetivos terapéuticos como el cambiar la forma en que el deudo se expresa y vive el duelo, exploración de la relación que se poseía con el fallecido y la resolución de los asuntos sin resolver entre otros más que se han asociado a las diferentes fases del duelo (Payás, 2008). Por último, la intervención familiar que tiene como objetivos específicos el “aumentar la realidad de la pérdida, ayudar a expresar emociones del deudo y ayudar a vencer los obstáculos que evitan el reajuste después de la pérdida” (Virizuela, Aires & Duque, 2008).

Aunque es un proceso complejo y difícil de afrontar en personas de cualquier edad los efectos negativos a largo plazo son mucho más altos en niños. Según Guillén, Gordillo Montaño, Gordillo Gordillo, Ruiz y Gordillo Solanes (2013) el 40% de los niños que han atravesado por un proceso de duelo padecen de un trastorno psicológico. Además García y Bellver (2019) mencionan que un dolor muy profundo en los niños podrían interferir en su correcto funcionamiento y desarrollo provocando síntomas como miedo nocturno, dolores crónicos, bajo rendimiento escolar y comportamientos que impliquen una regresión. Es por ello que ahora pasaremos a hablar un poco más sobre la niñez.

La niñez es un periodo de crecimiento acelerado entre los 0 a los 11 años, la cual se ve influencia por el ambiente y la genética (Papalia, 2014). Esta etapa se puede dividir en primera (0-5 años) y segunda infancia (6-11 años) según Mansilla (2000) quien además menciona que esta última supondría una “edad crítica” ya que las consecuencias de una inadecuada satisfacción de las necesidades psicosociales podrían traer consigo efectos negativos que alteren su normal desarrollo.

Partiendo de las etapas del desarrollo planteadas por Piaget (1975) se distingue que en el periodo sensorio motriz (hasta los 2 años) los niños son capaces de notar la ausencia de la persona de apego, posteriormente se da la adquisición del lenguaje, por lo que la posibilidad de que pregunten por la persona es posible adquieren la capacidad de identificar el estado de ánimo de otras personas, por lo que se ven influenciados por las emociones que sus cuidadores transmiten tras el fallecimiento del ser querido.

El duelo en niños: cómo comunicarles la muerte de un ser querido

Así mismo en el periodo pre-operacional (3 a 6 años) y con conceptos de temporalidad, reversibilidad, universalidad y funciones vitales en proceso de establecerse aún creen que el ser querido muerto puede despertar o volver tarde o temprano (García & Bellver, 2019). Posteriormente en el periodo de las operaciones concretas (7-10/11 años) se da un mayor concepto de irreversibilidad, se dan preguntas como ¿Cause la muerte? ¿Me pasará también a mí? ¿Quién me va a cuidar? (Ordoñez & Lacasta, 2007).

A partir de los 7 años un pensamiento, aunque infantil, lógico, flexible y reflexivo por lo que sus capacidades le permiten entender un poco mejor el concepto de muerte a diferencia de los niños menores a esta edad donde se le otorga características mágicas o se le relaciona con una sensación de ausencia (Durán, 2011). A esta ambigua comprensión de la muerte se le debe añadir la poca habilidad de los adultos para comunicar al niño la pérdida de algún ser querido y que muchas veces se prefiere evitar el tema con el objetivo de proteger a los niños creyendo que no entienden lo que pasan (Guillen et al., 2013).

Tomando en cuenta las particularidades del duelo en niños, Flórez (2002) menciona tres fases del duelo infantil, en primer lugar, está la protesta en la que el niño añora amargamente al familiar perdido rogando que vuelva a estar con esa persona. En seguida, está la fase de la desesperanza, en donde el niño inicia un proceso de abandono de esperanzas de que el familiar perdido vuelva con él, por lo que queda sumergido en un estadío de abandono y apatía acompañado de un llanto intermitente. Finalmente, en la fase de la ruptura del vínculo, el niño comienza a romper el vínculo emocional con el fallecido y vuelca poco a poco su interés por el mundo exterior.

Las víctimas silenciosas del covid: los niños y su duelo | ActitudFem

Es importante mencionar que cuando no se hace partícipe a un niño de la enfermedad o muerte de algún ser amado para él, al no llevarle al funeral o el no compartir la pena por el fallecimiento de un familiar, sería perjudicial para el niño él, ya que esto podría generar dificultad en iniciar el duelo y en el elaborar el duelo (Zañartu & Krämer, 2008). Flórez (2002) también reconoce la importancia de manejar la reacción de duelo de los niños, ya que se ha evidenciado que los trastornos depresivos y los intentos suicidas usualmente se presentan en adultos que durante su infancia vivenciaron el fallecimiento de uno de sus padres. Queda claro entonces que el duelo en niños se presenta como un factor de riesgo para futuros trastornos psicológicos y justamente por ello es necesario la intervención psicológica trabajado no solo con el niño sino también con la persona a cargo del cuidado del niño y otras cercanas al niño.

Referencias

  • De Hoyos, M. C. (2015). ¿ Entendemos los adultos el duelo de los niños. Acta Pediátrica Española [revista en internet], 73(2), 27-32. Recuperado de http://actapediatrica.com/images/pdf/Volumen-73—Numero-2—Febrero-2015.pdf#page=7
  • Cabodevilla, I. (2007). Las pérdidas y sus duelos. Anales del Sistema Sanitario de Navarra. Vol. 30, Suplemento 3 , 163-176. Recuperado de http://scielo.isciii.es/pdf/asisna/v30s3/original11.pdf De Hoyos, M. C. (2015). ¿ Entendemos los adultos el duelo de los niños. Acta Pediátrica Española [revista en internet], 73(2), 27-32. Recuperado de http://actapediatrica.com/images/pdf/Volumen-73—Numero-2—Febrero-2015.pdf#page=7
  • Ordoñez, A., Lacasta, M., (2007) El duelo en los niños (La pérdida del padre/madre). En Camps C, Sánchez PT. (Ed). Duelo en oncología. SEOM. Madrid. Recuperado de: http://www.seom.org/seomcms/images/stories/recursos/sociosyprofs/documentacion/manuales/duelo/duelo11.pdf
  • Pérez Suesca, J. A., & Robayo Muñoz, D. Y. (2017). Cartilla para niños y niñas de 6 a 9 años en proceso de duelo (tesis de licenciatura). Universidad Cooperativa de Colombia. Obtenido de https://repository.ucc.edu.co/bitstream/20.500.12494/14268/1/2017_duelo_ninos_acompanamiento.pdf
  • Varela, C., Hernández, V., Esparza, E., & Pilar, S. (2013). El duelo en niños, su abordaje desde la clínica del lazo social. In Contreras y Andrade. Congreso Interdisciplinario de Cuerpos Académicos. Ciencias Administrativas y Sociales. Buenos Aires. Recuperado de http://dialnet. unirioja. es/servlet/articulo

El camino del héroe

Históricamente hablando, la figura del héroe se relaciona íntimamente con el estereotipo de un semi dios o de un super héroe (Kerenyi, s. f.). Es decir, la de un hombre o mujer, que tras experimentar situaciones adversas logra resolver el conflicto, empleando sus esfuerzos y virtudes (ASALE & RAE, s. f.). En la ficción, la figura del héroe es un tema recurrente, ampliamente tratado en novelas, películas y juegos. Esto porque un personaje plano, que no tenga margen de mejora resulta aburrido.

Partiendo de los estudios de Jung, el inconsciente como medio subjetivo propuso la creación de “arquetipos”, los que relacionaban imágenes, símbolos e ideas en relación con un patrón recurrente. Por tanto, para Jung estos conceptos son concepciones universales, que se arraigan a la cultura y trascienden a la sociedad misma.

El camino del héroe, el elegido y del villano.

Continuando con el postulado de Jung, el uso de “arquetipos” facilita la creación de personajes. El héroe, es el abnegado que consigue sus objetivos con duro esfuerzo; el elegido, es el que resuelve el conflicto tras comprender su realidad; y el villano es quien al verse en la misma situación que el héroe y elegido, decide decantarse por otro camino.  “Solo se necesita un mal día para convertir al hombre más cuerdo, en un lunático” (Moore, s. f.).

En la actualidad, se busca un cierto alejamiento de los arquetipos clásicos, al brindar una nueva perspectiva más humana y menos idealizada de lo que significa ser un héroe. Un ejemplo, puede ser el tratamiento de los “antihéroes”, los cuales resuelven los mismos conflictos que el “héroe”, con la diferencia de que estos últimos no siguen códigos o reglas que limiten sus acciones. El fin justifica los medios.

Tras revisar películas como Matrix, en la que nos presenta una persona que tras reconocer su identidad como el elegido y asumir las dificultades que implica su desarrollo, logra resolver el conflicto central. Por tanto, no solo se requiere tener el potencial, si no el comprender que un paso importante para conseguir los resultados deseados es la introspección.

Recrean qué hubiera pasado si Neo hubiese escogido la pastilla azul en  Matrix

El patriotismo

Un recurso para influir en la conducta de las personas es apelar al patriotismo, esto se logran brindando ejemplos que reflejen los ideales que desean cumplir. Es normal que cuando se están cursando un conflicto armado, el estado recurra a reconocer héroes de guerra, puesto que estos sirven como propagada de los ideales que se busca defender.

Los ideales que defiende el curso de las acciones del héroe son planteados acorde a las necesidades o convenciones de la sociedad. Un claro ejemplo, es la representación fílmica de los super héroes. En esta se busca describir personajes que sirvan de referente para la gente, la posibilidad de empatizar y verse reflejados en los ideales que estos representan.

Fotomural Capitan America Denlante De Una Bandera Americana personajes

Conclusión

El concepto de héroe, elegido y villano son arquetipos clásicos,  ya que, representan ideales compartidos que engloban características propias que facilitan el empatizar con estos. Como resultado, se puede aprobar o rechazar las acciones. Estos pueden facilitar la reflexión personal de los ideales, que como individuos se tiene.

Finalmente como reflexión, los arquetipos de héroe, villano o antihéroe son vigentes. Depende de cada uno como persona, el escoger que camino seguir, entendiendo que quizás no se pueda cambiar el mundo, pero si el poder mejorarlo. Así mismo, también es importante resaltar el cambio del arquetipo clásico, al moderno. Este último, se caracteriza por enfrentar conflictos, tanto situacionales como del mismo villano. En cambio, el arquetipo clásico se decanta por resolver conflictos; como lo visto en la Ilíada.

Referencias

ASALE, R.-, & RAE. (s. f.). Héroe, heroína | Diccionario de la lengua española. «Diccionario de la lengua española» – Edición del Tricentenario. Recuperado 25 de septiembre de 2021, de https://dle.rae.es/héroe

Kerenyi, K. (s. f.). Los héroes griegos. Ediciones Atalanta. Recuperado 25 de septiembre de 2021, de https://www.edicionesatalanta.com/catalogo/los-heroes-griegos/

Moore, A. (s. f.). DC Comics Deluxe Batman Noir The Killing Joke. Smash Comics: Tienda de Comics. Recuperado 25 de septiembre de 2021, de https://www.smashcomics.com.mx/products/dc-comics-deluxe-batman-noir-the-killing-joke

Mamá Grita: En defensa de las madres

En un día habitual, mamá regresa del trabajo, deja la cartera y demás cachivaches de protección contra cierto virus y se dirige al baño a asearse, sin respetar, los 20 segundos que recomiendan para el lavado de manos porque unas voces demandantes, persistentes, aparentemente indolentes y muy directas la acechan desde su llegada. 

Le reclaman su atención, le recriminan su ausencia, se quejan de sus decisiones y actos apenas los ejecuta, cuestionan sus razones y además de eso, le señalan cada error pasado y le anticipa todos los deseos a cumplir hacia el futuro inmediato. 

Esa voz inquisitiva es la de su hijo. 

«¿Por qué llegas a esta hora, mamá?», «siempre dices que llegaras temprano, mentirosa». ¿Dónde está mi mochila?, ¿ya saldremos?, ¿vas a cocinar ahora? ¡Tengo hambre! 

Ante esta escena, que más parece crónica de un desesperante texto de revista de suspenso antes de la ejecución de un crimen, resulta más bien una anécdota. 

Y eso, sin contar situaciones que pasan debajo de mesa y según quienes las viven son más «adaptativas»

– «Partes de la cotidianidad Brenda, por favor, acostúmbrate»- me dice la mamá crispada por mi cara de horror- hago mención también a situaciones tales como: «mamá, vete, no quiero tu opinión, el profesor ha dicho que debo hacerlo así todo, ¡no me digas más nada!». Y ante esta escena que me deja también estupefacta, la sonrisa nerviosa de la mamá se asoma con un: «tranquilito hijito, ya, ya lo hago». Increíble.

Ante este panorama, hay quienes se detienen a señalar desde lo alto de un pedestal de concreto cuál medida es mejor tomar en esos casos para los “impíos que osan privar de su paciencia al adulto”, cuál castigo a modo de ejecución total estarían dispuestos a tomar, otros, llevando su cabeza de lado a lado saborean desde su “privilegiada” inexperiencia mil maneras de increpar a la madre por su “blandengue” inactividad tras el arrebato de su hijo. Pero, ¿quién es el valiente que se impulsa a diseccionar el cadáver de la situación y desmiembra sección por sección los factores y pormenores de lo que sucede, lo que sucedió y sucederá? Muy pocos, realmente. 

No obstante, hoy, de la mano conmigo vamos a levantar la escena del crimen que se ha dado y descubriremos quién mató la paciencia de mamá, quién finiquitó realmente esas ganas de solicitar un por favor y devolver un gracias, quién realmente obstruyó esas ganas de levantarse a diario con la intención de cuidar mediante el mimo y no sobre la necesidad de calmar el palpito de urgencia por creer que ese pequeño fulanito está mal. Básicamente, veremos más allá del crimen (gritar) y observaremos el anecdotario y las pistas que, desperdigadas anuncian la consumación de este hecho, para algunos, en extremo repudiable. 

Asimismo, desde la base, veremos que el grito a modo de arma decapitó por unos instantes las emociones de una madre y de su hijo.

“Te concebí, eres mío”

Desde que recibió su muestra de embarazo positiva, desde que sus síntomas se fueron acrecentando y notó la transformación de su cuerpo, dio a luz antes de tiempo, simplemente, alumbró un par de ideas: Mi/su cuerpo, ya no será mío/de él, ahora, es nuestro.

Cada latido, cada mueca, cada sonrisa, sensación de placer, dolor y angustia fueron compartidos desde ese día, un sentido de pertenencia abismal, que dura en muchas madres hasta que se despiden de la vida. Inclusive, demuestran un nivel de fortaleza ante adversidades muy superior a lo que habían demostrado antes, dándose casos muy lamentables donde se toleran las más terribles injusticias en nombre de ellos, los hijos. Bajo este respecto, me es bastante familiar recordar este verso de una canción de Rosalía (cantautora española) que, en su álbum número dos titulado “El mal querer” (2018) interpreta: “Bueno, yo por amor, uff, bueno, hasta bajé al infierno. Eso sí, como subí con dos ángeles” (0:25).

Esta referencia, hace mención a una serie de abusos recibidos durante la vida matrimonial, llegando a rescatar como algo positivo el tener dos hijos. Para algunos un precio ampliamente cuestionable de pagar, para otros, existe una justificación enorme. En torno a esto, una realidad que inclusive viven muchas personas, más de las que imaginamos. ¿De dónde surge este sentido de pertenencia aún por sobre la vida de la “procreadora”? 

Badinter (1993) citado por Recciuti (2020), presenta este concepto como un saber espontáneo de toda madre que surge con un conjunto de saber hacer que viene de manera genética en la mujer, haciéndola la mejor cuidadora posible en la tarea de maternar. Pero, ¿Realmente es así?, ¿es cultura o es biología?, ¿cuánto es de uno y cuánto es de lo otro?

Si nos adherimos a la definición anterior, encontramos una perspectiva biologicista, donde la anatomía de la mujer ya determina lo que sucederá en la vida, a través del tiempo sin trascender aparentemente. Realmente, muchas veces no ocurre así y es un error inexcusable solo apegarnos a estas instancias, ya que muchas veces la cultura y la educación pueden llevar a caminos distintos, como ejemplo clave: la división de tareas y de “roles” en tanto que hombres ahora están en instancias “privadas” del hogar y mujeres en el trabajo, activando la cultura y política de su entorno. Sí bien es un tema que hoy en día se toma con pinzas, es necesario revisar que muchas de estas concepciones no solo eran de unas generaciones atrás sino que en muchas civilizaciones todavía se persiguen como un ideal.  Por lo tanto, dejando la mente abierta a encarar ideas y discursos dispares a los habituales, observemos estos dos caminos: en primer lugar, cuidar y soportar molestias por un tema de dificultad educativa, carencias económicas y afectivas para sí mismas, resignación ante la situación y noción del castigo como un elemento de aprendizaje necesario. En segundo lugar, cuidar y tolerar situaciones a veces de incomodidad extrema por considerar que el problema es irresoluble y “así debe ser” por patrones familiares arrastrados, rechazo a tomar la iniciativa para innovar nuevas estrategias para afrontar los problemas y fatiga crónica ante el estrés constante. Veamos un caso ilustrativo.

Sasi en Barrio Bajo y Lili en Villa Arco 

Una, es una chica menor a los 35 años, tiene dos hijos, educación primaria a duras penas terminada y es ama de casa, no demuestra esmero en su vestimenta diaria ni para celebraciones, su casa, su lugar de trabajo diario y no remunerado está impecable, con la comida siempre a la hora y sus hijos inmaculadamente bien cuidados. 

Para el desayuno, el cual hace cuando el sol aún no alcanza la alborada siempre está pensado para los demás antes que su propia nutrición, su esposo e hijos merecen “la gran presa” ella… ya tendrá alguito más. 

Asimismo, tolera explosiones de ira de su pareja ante cualquier cosa como una toalla mal colgada o una camisa sin planchar. Ante esto, el día a día con los hijos se torna una lucha de supervivencia, alimentarlos, asearlos, educarlos ante travesuras y reforzarles durante las tareas lo visto en la escuela aun con los escasos conocimientos que tiene y, además, tener algo de paciencia para sí misma y ellos.

Mantiene cada respiro de su existencia con base al alivio que llegará el día que sus hijos puedan levantarse por sí mismos, cuidarse y cuidarla y así alejarse de las penurias que la vida conyugal le ha proporcionado. No hay que ser muy listo para deducir que muchas de sus instrucciones son del tipo: “eso te pasa por estúpido, hazlo de nuevo”, “si no mejoras acabaras limpiando, estando como yo, mantenida y pobre”. 

Mucho resentimiento, frustración y deseos de expiar cada dolor mantenido durante años no son la excusa para palabras tan crudas, pero, existen y son distintivas de situaciones tan desesperanzadoras como la descrita. Ahora, veamos el caso de Sasi.

Hermosa, bien portada, muy cuidada en sus maneras, discreta y sonriente fuera de casa. Tiene 3 hijos, uno más travieso que el anterior, vivaces y muy audaces para conseguir lo que desean. No están enmarcados dentro de la habitual familia que vive bajo el mismo techo, al contrario, son familia pero viven de a temporadas en casa de cada progenitor, que, gracias a sus profesiones pueden permitirse una casa en un buen lugar de la ciudad.

La vida en estas instancias no está tan diluida en mieles y azúcares como pudiéramos imaginarnos, resulta que la cotidianidad de Sasi es la de ir arreando a su pequeña tropa, si, arreando porque en su casa no se mueve un dedo sino lo demarcan unos altos decibelios en más de cinco llamados, resulta que sus hijos luchando entre ellos por atención desarrollaron ciertas conductas que buscan de la manera que sea la atención de la dulce Sasi, cuya casa está destinada al azar y la aventura, lo primordial es el trabajo “para mantenerlos adecuadamente sin tanta ayuda del padre”.

Ante esto, el empuje para criarlos levantándose cada mañana, el de poder corregirlos ante quien esté, mimándolos cada que puede bien sea por capricho de ellos y su facilidad para “domesticarla” o porque simplemente le surgía de su interior, ella, es una fuerza arrolladora que al mismo tiempo de sacar la colada de la lavandería se cuestiona ¿lo haré bien?, ¿por qué conmigo no obedecen y con el papá sí?, ¿y sí los dejo con mi hermana y me voy de vacaciones un fin de semana?, ¿seré una mala madre por esto? y tras breves segundos de introspección surge nuevamente el llamado de la cotidianidad exigiendo algo baladí a lo que la respuesta que surge de su garganta son del calibre de: “nunca ves nada, está allí, ¡ciego!”, “jamás se te ha ocurrido buscar acá, es que no piensas”, “acostúmbrate a hacerlo tú solito, ya estás grande, no puedo hacerlo todo yo siempre”, “el día que me vaya tú tendrás que valerte por ti mismo, aprende de una vez”.

Ambas instancias, una más altisonante que la otra (para algunos) nos denotan dos realidades de las múltiples que existen, son comunes, pero no significan que sean aceptables dentro de los deseos de lo saludable y de bienestar, primordialmente porque están repletas de desdichas y reproches que lejos de levantarlas de la situación las hunde todavía más. 

Gritar para sentir

A este punto, gracias por no aferrarte a un paradigma y seguir explorando el tema que trasciende el grito de una persona, en este caso, de una madre, que desde esta postura las vislumbra como seres que han estado en observación y de los que se detallan estas características, para los padres, ya existirá otro momento para hablar sobre ellos donde hay mucha tela que cortar también. 

Entonces, siguiendo la línea de la comprensión y no de la excusa, ya sabemos qué trasfondos existen y que sucede allí entorno al grito y es que existen muchos disparadores que pueden predisponer todavía más una situación de crisis, vamos a enunciarlos y hagamos un pequeño ejercicio, sí respondes más de cinco “sí” por favor, busca apoyo, no serás señalado, anímate a revertir la situación. Empecemos.

  • Discuto constantemente con mi pareja, familiares cercanos y me irrito fácilmente.
  • Veo las noticias y la situación país me altera, provocando que me moleste y hable de cualquier modo con mis hijos.
  • No me detengo a pensar qué consecuencias puede desencadenar el que les grite y ellos se callen.
  • Casi nunca les pregunto a mis hijos cómo se sienten tras una discusión.
  • Me siento rebasado casi todo el tiempo, ante el mínimo estímulo “estallo” con todos en casa.
  • No ofrezco disculpas casi nunca o nunca.
  • Los problemas de mi familia se resuelven en casa, pienso que las cosas suceden por etapas, se disipan solas.
  • Si todo está en calma no vuelvo a tocar el tema de la anterior discusión, si nadie habla, ya se resolvió.
  • Acepto que muchas veces hablo a mis familiares con improperios y descalificaciones en lugar de ir al meollo de los problemas tratados.
  • Al ver un problema, juzgo, señalo, increpo al que lo cometió culpandolo inmediatamente de la situación en lugar de comprender y resolver.
  • Busco culpables de las situaciones para regodearme en lo que han hecho para sentirme mejor.
  • Espero que mis hijos siempre sean ordenados y condescendientes respecto al trabajo y rol que desempeño en casa más que por mi persona. 
  • Me molesto fácilmente si me mencionan alguno de mis errores, más si lo hace alguno de mis hijos.

¿Turbio, ¿no?  estas situaciones arriba enunciadas a modo de cuestionario son muchas de las instancias que en terapia se visualizan de manera casi total cuando a terapia familiar se refiere, y no lo comentan los padres o madres angustiadas, no, lo hace ese hijo que no se concentra en clase, que no puede acercarse a otros por problemas de confianza, entre otros, sí, son los hijos los síntomas de la situación de fondo que atraviesan los padres. 

Una baja autoestima, una necesidad casi eterna por desear descansar física y emocionalmente, incapacidad para controlar las reacciones emocionales, pobre capacidad para gestionar excesos conductuales de parte de los niños, esto es, lo que tradicionalmente llamamos “berrinches” pueden ser detonantes de una serie de desgastes familiares que traen como consecuencias los gritos desaforados de quién se siente responsable total por la vida de sus infantes.

Finalmente, algunas sugerencias de la mano de las revistas Healthy Children (2020) y Guía Infantil (Padilla, 2021) demuestran algunas estrategias importantes a considerar, aquí un resumen de ellas:

  • Tómate un momento para visualizar quejas, en papel, por escrito en el teléfono o en la pc, lo importante es poder saber qué sucede y cuántas veces se repiten estas situaciones y cómo resolverlas.
  • Sí bien el trabajo es vital, no puede llevarse a casa siempre. Un terreno de esparcimiento, un refugio ante la vida arrolladora es lo que debe significar un hogar, procura no evadir las situaciones de casa empleando como excusa el tener mucho trabajo.
  • procura mantenerte atenta a los placeres de la vida, que aunque se vean pequeños y cotidianos pueden significar un momento de meditación activa muy reconfortante, tal como el apreciar un aroma de la comida que consumes, apreciar la sonrisa que tus hijos te devuelven, agradecer por las cosas que te has podido proveer, entre otras.
  • Piensa que no todos tienen un mismo objetivo dentro de la familia, bien sea por la diferencia de edad, pensamiento, cultura, educación etc. todos son distintos, por lo tanto, no todos perseguirán la misma meta, no obstante, que esto no signifique hacer planes familiares, escucha la opinión de todos y en familia conduce el camino.
  • Piensa antes de estallar ¿esto lo amerita? Hay cosas que no son estrictamente necesarias para resolver de inmediato, puedes aplazar actividades en pro de una jerarquía más funcional, como el relajarte unos instantes y luego retomar las tareas de casa; en lugar de gritar e irritarte porque no están las cosas tal como las prefieres.
  • En situaciones sociales, destaca lo positivo, una reunión familiar amena no tiene por qué volverse un centro de quejas, al contrario, gózalo y disfrútalo, en otro momento, apropiado y privado compártelo y desahoga tus vivencias, hay un contexto para todo.
  • Comprende la conducta de tus hijos, vuélvete más observadora, muchas de las actividades que pueden irritarte pueden ser causa de un sentimiento de aburrimiento y de querer llamar tu atención sobre ellos, de manera negativa, pero atención al fin, de modo que, redirige la conducta, una actividad entretenida y educativa que pueda satisfacerlos a ellos y te sientas tranquila tú.
  • halagos, mimos y afecto. No dudes en dar los abrazos que siempre quisiste recibir, estimula el proveer afecto sin razón aparente más allá que la del amor, de ese modo, los lazos afectivos serán todavía más profundos y lograrás mayor cohesión familiar y por sobretodo te sentirás alegre de dar dulzura frente a los embates de la vida.
  • Finalmente, si estás en una situación de violencia, recurre a los organismos de apoyo, tus hijos no tienen por qué ser una barrera entre tú y tu estabilidad física, emocional y mental, además que no tienen que recibir el maltrato y abuso que por tu frustración arrastra, al contrario, contágiate de la fortaleza que ellos pueden darte y sal adelante, busca apoyo y brilla.

Referencias 

Vila, Rosalía. (2018). Preso (Cap.6: Clausura) [Canción]. El mal querer. Sony

Recciuti, P. Los artificios del instinto materno : representaciones de la madre universal [en línea]. Trabajo final de grado. Montevideo : Udelar. FP, 2020.

American Academy of Pediatrics. (2020). La crianza de los hijos durante una pandemia: consejos para mantener la calma en el hogar. Revista digital Healthy Children. Disponible en: https://www.healthychildren.org/Spanish/health-issues/conditions/COVID-19/Paginas/Parenting-in-a-Pandemic.aspx

Padilla, M. (2021). 12 prácticas necesarias para madres y padres estresados. 12 meses, 12 propuestas destinadas a fortalecer la familia. Revista digital Guía Infantil. Disponible en: https://www.guiainfantil.com/familia/padres/12-practicas-necesarias-para-madres-y-padres-estresados/

La Psicología de «La Noche Estrellada» de Vincent van Gogh

La Noche Estrellada de Vincent van Gogh es la obra más conocida del pintor. Es reconocida y apreciada por los sumergidos en el mundo y por los admiradores casuales de los lienzos. Considero ello que se debe a la simpleza de sus figuras (la luna, las estrellas, un pueblo, las montañas, un árbol); a lo llamativo que es el trazo y la forma de haberlos pintado; y a la belleza tan sencilla de apreciar en un cuadro que permite a cualquiera vislumbrar el reflejo de la vida misma que es tan propio de la pintura como bella arte. A esto debo agregar que la sobreexposición mediática y comercial que ha tenido tanto la obra como el autor es solo una consecuencia circuncidante a lo verdaderamente importante del artista y su obra.

En efecto “con la ayuda de sus pinceles chorreantes de color y vigor, van Gogh transformó los paisajes, los personajes, los objetos y la luz de cada día en una materia completamente nueva” (El Mundo, 2016, p. 29).

La psicología que está detrás 

Del autor y su obra en general

El arte de van Gogh tuvo una nueva manera de apreciar la estética, dirigiéndola a conceptos más abstractos. El jugar con lo abstracto fue el factor innovador, capaz de llevar la pintura a direcciones que no estaban tomadas en cuenta antes de él.

Los colores impactantes en intensos, el énfasis de las pinceladas, las formas de su obra son altamente expresivas e incluso excesivamente emocionales. Pero a su vez eso no lo dejó exento de padecer los momentos de oscuridad que traían consigo sentimientos de soledad y desesperación (Dahlan, 2014, p. 333).

«Autorretrato de 1889». El fondo comparte las formas de los espirales de luz de «La Noche Estrellada»

Van Gogh podía actuar de manera errática y de difícil manejo; y a pesar de sufrir colapsos y depresiones, el artista estaba muy lejos del mito que se armó a su alrededor como si se tratase de una persona lunática (Dahlan, 2014, p. 333).

El deseo de impresionar y apasionarse en su obra, hizo que se reflejara el mundo interior del artista, y no me refiero solo a sus puntos bajos sino también a los más altos y luminosos. Porque a través de su arte -y de todo bello arte que cale en nuestro corazón-, podemos darnos cuenta de las maravillas de la realidad. Y que a pesar de las contingencias que puedan ocurrir uno nunca está totalmente desamparado, la misma vida de van Gogh, llena de amarguras, renuncias y tragedia es testimonio de ello.

La Noche Estrellada

Este cuadro en particular se presta totalmente a un análisis psicológico puesto que lo que se ve es un estado intermedio entre la realidad y la imaginación, entre lo concreto y lo abstracto.

Van Gogh hizo la pintura cuando estaba internado voluntariamente en el hospital para enfermos mentales de Saint-Rémy, en Francia. El paisaje es una combinación de la imaginación del artista con la vista que tenía desde la ventana de su habitación. Podría decirse que representa la mirada y el anhelo de algo incluso mayor a la libertad, desde un estado de confinamiento que imposibilita o refrena muchos anhelo con la excepción necesidad creadora y la necesidad de sentido propios del ser humano.

En 1889, y a pesar de su debilidad mental y física, a pesar del dolor, la agonía y la melancolía, van Gogh pintó su Noche Estrellada que surgió por inspiración y en la que halló consuelo al contemplarla terminada. Asimismo, van Gogh era además de artista, un hombre intensamente religioso y se puede apreciar en muchas obras suyas y en el análisis de otras tantas, incluida La noche estrellada (Dahlan, 2014, p. 336).

La obra maestra

Al ver el cielo inmenso y luminoso; representante del infinito y la otra vida; y que ocupa la gran mayoría del lienzo; comparado a la pequeñez y lejanía del pueblo, que representa en parte, a la vida en el mundo terreno; uno puede darse cuenta de los deseos de van Gogh por elevar su humanidad.

El pueblo ocupa solo una parte del tercio inferior del cuadro, las luces de las casas es una modesta respuesta a la apoteosis de las estrellas celestiales. “Solo el estirado pináculo del campanario de la iglesia surge como un desafiante y a la vez frágil vinculo de uno entre el cielo y el hombre” (El Mundo, 2016, p. 31).

¿Y qué significa el ciprés en primer plano? Si bien al ciprés se le asocia con la muerte en algunas culturas europeas, es probable que van Gogh solo se interesase en el árbol por el desafío artístico que le representaba. En una carta a su hermano Theo, escribió lo siguiente: «Los cipreses aun me inquietan. Me gustaría hacer algo con ellos como con los lienzos de los girasoles, porque me sorprende que todavía nadie los haya hecho de la manera como yo los veo». Y previamente, en la misma carta: ​»dos estudios de cipreses de ese complicado tono verde botella» (van Gogh Museum, 1990)

Además, en el mismo año, van Gogh sintió el deseo de hacer sus propias versiones de cuadros de sus artistas favoritos, entre ellos tenemos su versión de «La Piedad» de Delacroix, lo que hace más que evidente el papel de la religión en su arte.

«La Piedad» según van Gogh. Nótese la similitud del uso de colores con La Noche estrellada; y la similitud del rostro de Cristo con el de van Gogh,

Van Gogh fue aficionado a la poesía y a la música. Se cree que el poema “Canto a mi mismo” de Walt Whitman (1.) fue una gran influencia para la creación de la Noche estrellada y hay suficientes pruebas para estar seguro de ello (Dahlan, 2014, p. 336).

El siguiente fragmento del poema es prácticamente una descripción del cuadro:

«Sonríe, tierra voluptuosa de fresco aliento,
Tierra de los árboles dormidos y húmedos,
Tierra del sol que ya se ha ido, tierra de las montañas de cumbre nebulosa,
Tierra del cristalino fluir de la luna llena, apenas tocada de azul,
Tierra del brillo y de la sombra manchando la corriente del río,
Tierra del gris límpido de las nubes que resplandecen y se aclaran
para que yo no las vea,
Tierra yacente y extendida, rica tierra de azahares
Sonríe, porque llega tu amante».

Van Gogh no podía pintar en su habitación, por ello, a partir de las imágenes retenidas su la mente, y con su propia imaginación, fue que plasmó lo que ahora podemos ver en el cuadro. Este proceso de crear a partir del recuerdo sin duda alguna tuvo que ver en el resultado final en lienzo. 

Lo que vieron los ojos, y lo que vio el corazón

Son la memoria y la observación las que tradujeron lo que vio al arte abstracto de la pintura. Las ideas se transforman a un contexto visual. Y un ejemplo evidente de ello son los bocetos y cuadros que van Gogh hizo en Saint-Rémy. (Dahlan, 2014, p. 336).

La Noche estrellada involucra la poesía, la lucha espiritual, e incluso la astronomía. Sus inspiraciones y las múltiples interpretaciones se deben a la interacción de la psique humana con el poder de la existencia (Dahlan, 2014, p. 336). Son las personas profundas, con substancia y complejidad, las que pueden hacer creaciones que se presten a muchas interpretaciones. Van Gogh y su genio es la prueba fehaciente de ello.

“Es verdad: desde el punto de vista de su significación histórica y social, el pintor es el hombre que enseña a los demás hombres a ver, según arte, la realidad, el maestro y el técnico del saper vedere -saber ver-” (Lain, 2018, p. 49).

Referencias

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1. «Canto a mí mismo» de Walt Whitman, poema completo traducido por Jorge Luis Borges:

https://revistas-colaboracion.juridicas.unam.mx/index.php/derechos-humanos-emx/article/view/23855/21338

El niño que llevamos dentro

Érase un niño. Érase nuestro niño. O mejor, érase un nosotros niño.

El nosotros niño -que tiene tu nombre- vivía (o vive) dentro de una madre, un padre, de un adolescente o de un anciano. Vive dentro de ese que tú dices ser hoy -aunque quizás aun no lo definas del todo-, digamos que vive dentro y a través de ese que los demás ven en ti.

Sucede que los años, las circunstancias, las experiencias nos han ocultado de nosotros niños. Encima del niño se entretejen teorías, autoengaño, heridas intensas y profundas, máscaras y superficialidades de todo tipo: diplomas, fiestas, amoríos, libros, físico e infinitos etcétera. Los años -que es la forma con la que llamamos al discurrir de la vida- se untan como petróleo encima del niño. Y, sin embargo, nunca desaparece. Todo el amasijo que está sobre él tiene su forma, parte de su molde.

Ese niño es nuestra clave de lectura. De lectura interna. De introspección. Son sus miedos y sus seguridades las que se esconden detrás de nuestras formas de sentir el mundo. Si tengo miedo de que me abandonen, si creo que los demás no importan, si me siento seguro con los que me quieren y quiero.

Empezar a buscarlo, nos embarca en un camino de autodescubrimiento que implica reconocer la propia debilidad, los errores que mantenemos por años. Implica decir: «Sí, estoy herido. Me hirieron. Puede hasta que tenga pus. Pero ahora me toca curarme».

Por eso es necesario hurgar hasta el niño de cada uno. Para curarse. Y porque nadie va a hacer el trabajo por nosotros. Revolver toda la oficina hasta encontrarlo. Hasta abrazarlo. Hasta descubrir sus heridas, sus miedos, sus dolores, sus amores, su encanto por la vida, su ternura y su naturalidad. Porque existen dos niños: el que era antes de todo, el que se asombraba, el que no tenía vergüenza de nada, el que aún no comprendía la maldad; y aquel que aprendió a callar para no ser ignorado, o a portarse como adulto desde muy temprano, o el que llamaba la atención a diestra y siniestra, o el que se aislaba. Consolando los dolores del segundo, podemos hallar los colores del primero.

Abrazar al niño interior no es abrazar la impulsividad o la inmadurez porque sí. No se trata de abrazar un niño interior aleatorio, idealizado. No es «el niño que todos llevamos dentro». Es tu niño. Sólo tuyo. ¿Quién eras?, ¿Qué pasó?, ¿Cómo llegaste aquí? Cada niño tiene una forma diferente de ver el mundo: suspicaz o confiada en los otros, seguro de sí o anulándose. A este patrón le llamamos apego en psicología. Pero lo interesante no es el nombre, sino lo útil de esto.

Piénsalo un poco, si tienes miedo de que te abandonen, eres insegura sobre el afecto de tus amigos o familia; si, por el contrario, prefieres aislarte porque temes a la opinión de los otros; o si lo haces porque nadie vale la pena tanto como tú. Todo viene desde que eras pequeño y te tocó atravesar lo que cayó en suerte.

Padres ausentes, negligencia o sobre-exigencia familiar, crianza ególatra, muertes cercanas, violencia, fuertes carencias. Forman un patrón de pensamiento que quizás no has tenido claro hasta hoy. Más allá de esto, las relaciones que sostienes con varones o mujeres pueden ser reflejo (por semejanza u oposición) a tus experiencias infantiles.

No te embarques solo, recorre esto con una compañía. Que no te estanques en observar y apiadarte de tu pasado, es solo la transición a una mirada más consciente, más madura del mundo. Un amigo, un familiar, un profesional (especialmente si te han tocado situaciones más complejas de lo usual) puede sostenerte. Mostrarte la ruta despejada si te comienzas a apagar.

Por encima de todo, que nos recuerde que siempre lo hemos tenido dentro, que la curiosidad, naturalidad y cariño nunca se ha ido del todo. Que aún podemos tomarnos la vida menos en serio y más de verdad.

A partir de aquí, un largo camino comienza.



							

¿Por qué el “sentimiento” es más fuerte que yo?

Exactamente… ¿Qué es ese sentimiento? ¿lo has pensado? ¿Qué es lo que realmente hace que quieras actuar de la misma forma una y otra vez? Aunque sepas que no es la mejor decisión porque termina haciéndote daño o porque terminas complaciendo a los demás y satisfaciendo nuestro sistema de recompensas, responsable también, de mantener muchas de nuestras conductas dañinas, ya que nos provee gratificación instantánea; sin embargo, no necesariamente nos convienen a largo plazo. (Chiaraviglio, 2020).

¿Te ha pasado?

Tal vez es porque automatizas un pensamiento o creencia, es decir, es tan automático que ya no lo puedes ni percibir. A veces la emoción es tan fuerte y repentina que solo te concentras en lo que sientes, (aún no has hecho consciente el pensamiento que refuerza que la creencia exista y se quede en tu cabeza) y de forma reactiva, provoca una emoción.

Las creencias se forman basadas en las emociones, si hago un juicio es porque existe una emoción.

“Hace frío afuera, en el frío debo abrigarme”.

Esta es una afirmación y una declaración porque viene de una experiencia, algo que has comprobado por repetición. Por lo general, puedes confiar en que es cierta.


“Si los demás se dan cuenta que fallé, me van a juzgar, van a creer que soy tonto o poco inteligente”.


Esta es una afirmación o declaración basada en una creencia que se puedo, o no comprobar, pero tanto como la primera, se toman como ciertas sin haberlas cuestionado, como el cerebro es especialista en simplificar procesos, te ahorrará el análisis de cada pensamiento. Es por eso que muchas veces nos cuesta ser conscientes de las cosas que pensamos y más bien creemos que solo las sentimos, que aparecen sin saber por qué, casi como con una necesidad compulsiva de responder a ese estímulo sin detenernos a analizar si es real o no.

Muchas de estas creencias las adquirimos de niños y las asimilamos así, como ciertas.                        

«No puedo dejar de sentirme así»

La forma en la que te sientes en relación a todo lo que te pasa, es igual a las imágenes que te haces en la cabeza y las palabras que te dices a ti mismo.
La crítica, el autosabotaje, la procrastinación, la desmotivación, etc. son algunas de las tendencias que adoptamos al actuar.

¿Por qué las repetimos?

No solo por costumbre, también lo hacemos porque no hemos encontrado otra forma de resolver nuestros conflictos, volviéndose familiar, por lo que desarrollamos tolerancia al dolor normalizando el sufrimiento y cayendo en un bucle, en donde creemos que no podemos hacer algo para sentirnos mejor, ya que no hemos descubierto el origen. Y es probable que no podamos hacerlo porque no hemos entendido la importancia y trascendencia que le daría a nuestras vidas hacernos cargo y decidir hacer algo al respecto. En vez de hacer eso analizamos tortuosamente nuestra vida cayendo en la victimización.
Por eso cuando de pronto descubrimos que nos estamos sintiendo mal, debemos hacer el ejercicio de mirar hacia atrás hasta llegar a los posibles pensamientos que sustentan estas creencias, que están controlando nuestras decisiones. Tú tienes el poder para decidir reestructurar tu pensamiento, tienes la capacidad de tomar decisiones que te ayuden a motivarte, a ir por lo que realmente quieres, por la vida que mereces.

Si aplicamos esto a las relaciones amorosas, podríamos empezar con las siguientes preguntas: ¿Cómo aprendimos a querer? ¿Cómo aprendí a relacionarme en pareja? ¿Es mía la creencia sobre el amor?

Si estas creencias me fueron heredadas de mis padres, por ejemplo, el tipo de relación que ellos formaron, creó una emoción que dio paso a mi creencia sobre cómo debe ser el amor. Explicándolo así, muchas veces podemos observar con reflexión que lo que aprendemos desde pequeños, dentro de nuestras primeras interacciones, son el inicio de lo que después serán nuestras creencias, nuestros principios, sistemas de valores, etc. pues son estas las que regirán nuestras vidas ¿cierto?

Pero… ¿me siento realmente cómodo con eso? ¿puedo crear mis propios juicios?

¡Claro que sí!

(sin dañar a nadie en el proceso, por supuesto.)

Desde luego, después de trabajar en uno mismo, encontrando esos escurridizos pensamientos que refuerzan creencias que ni si quiera son nuestras y que se camuflan como verdades rígidas y absolutas, las cuales, no se adaptan para todas las etapas de la vida ni con todos los roles que cumplimos como adultos.

Cómo bien decía Viktor Frankl:

Tus creencias son subconscientes  
Lo que tú crees controla lo que sientes,
Lo que sientes controla lo que piensas,
Lo que piensas controla lo que haces.
Marisa Peer.


Palabras clave: creencias, emociones, sentimiento, pensamientos, sistemas.

  • Fuentes:
  • Chiaraviglio N. (2020, 26 de junio). ¿Por qué nadie puede llenar tu vacío?
  • Frankl V. (2004). El hombre en busca de sentido. Herder Editorial.
  • Peer M. [Marisapeertherapy] (2020). How to change limiting beliefs.