Deséame

La dulce crónica de un pedido

Hoy, como una musa curiosa, me integro a la mente de una fémina quien piensa sigilosamente, a través de sonrisas, caricias agradables y sutiles muestras de afecto. Sin embargo, dentro de sí esconde un huracán que azota toda estabilidad amorosa, ahora, como fiel cronista romántica y hueca, me propongo llenarme de su esencia y describir algunas cuestiones que pueden suceder cuando la planicie matrimonial hace su entrada. Desde una mujer ,claro, de ellos, la musa se transformará después para descubrirlos. Por hoy, esto fue lo que me encontré:

«Cuándo me levanto, veo recuerdos echados a mi lado, aquellos que en su momento evocaron sonrisas y ahora solo despiertan muecas de resignación, y a veces, hasta de repudio por lo que hemos gestado hasta ahora, un gesto malsano que explota desde lo más profundo de mí».

«Sentimientos con sabor a hiel se forman e impregnan mi boca de amargura, esta cavidad que ahora dudo si te pertenece tiene gruesas telarañas esperando que dentro de sus tinieblas, la caverna sea descubierta. Pero, es muy temprano para tales cosas, mejor empiezo el día de una vez, un día que, irónicamente gira en torno a ti, en atenderte, evocarte, y pelear contra los recuerdos que llenos de nostalgia me abrazan haciéndome ver que esa vida que tuvimos ya no está aquí».

¿De dónde viene el deseo en las mujeres?

«En mi caso, conocer a una persona y que está sea inteligente, empática, curiosa y que huela bien. Si on top of that es good looking, me muero»

«Para mi, es especialmente atractivo que sean súper confident»

«Yo lo siento como un estímulo que va desde lo visual hasta el contacto»

«Del calentamiento global. Para mí el atractivo o «deseo» es la inteligencia, la creatividad, no caer en la monotonía, de ahí nace el deseo»

Cuando eres una musa romántica y hueca, impregnarte de la psiquis de muchas, a modo de encuesta, te permite apreciar bastantes cosas. De las frases más interesantes que he podido acoger para descubrir este mundo humano sobre el deseo encontré estas reseñas. Sabrán disculpar el spanglish, pero, cuando la encuestada determina sus gustos, para ella, los idiomas se vuelven pequeños para determinar aquello que su mente quiere expresar recurriendo de este modo a más de algún recurso extra. Eso le da paso inclusive, al humor, como la última encuestada.

El deseo, si nos aproximamos en el simbolismo que engloba, encontramos que se compone de anhelar, acciones para llegar a la ansiada satisfacción y, una sensación casi inmediata de satisfacción por haber cumplido. Este tópico es de esas pocas cosas humanas que el solo hecho de concebirlas ya significa una actividad placentera. Volvamos al plano de la informante del inicio, qué aspectos ha podido descubrir ella sobre su deseo y tal vez, pecar por una vez de manera graciosa, en generalizar hacia otras.

«El deseo, devino de un querer reivindicar mis teorías sobre lo que aprendí que estaba bien y lo que estaba correcto, influenciado además por ciertas ideas sobre el status, estilos de vida y lo que entendí, era comodidad. De este modo, quedé enmarcada en un torbellino de significados y significantes, aquí un resumen ínfimo al respecto:

  • Barba: sí la tiene, orgánicamente hay testosterona, si no la tiene, ese «maquillaje» que figura en la cara de ellos a modo de vellos se torna en algo totalmente en su contra, pero, puede implicar además un estímulo cosquilludo y dulce dentro de lo áspero que es, para que en noches cálidas sirva de acopio en un cuello helado. Así, he aprendido que se «usan» las barbas.
  • Manos grandes: entendí sobre ellas que independientemente de como luzcan y midan, mientras sepan acercarse y adormecer entre ellas un alma agitada, pueden verse con total libertad, el anhelo de tenerlas cercas es en sí mismo una fruta madura que pide a gritos ser comida.
  • Piernas: con o sin depilar, existe capacidad de decisión allí. No hay mayor relevancia, no obstante, cuando hablamos de un asiento cómodo en el que reposar, se descubre entonces un jugueteo y complicidad que no se aprende, se vive.»

Como se vislumbra, cuando miramos con la lupa de quien piensa en términos de deseo, los significantes tienen un significado totalmente opuesto a lo que pudiera describirse en otras ocasiones. Para verlo más claro, esta espiada mujer al hablar de: manos, barba y piernas, en lugar de pensar en la anatomía especifica que nuestro significante mental puede adjudicar, lo que hace es pensar en términos del objeto que desea, en él; a quien echa de menos aún teniendo en sus mañanas su respiración al costado. Esto es, pensar dentro del deseo, nótese además la contradicción en muchas de sus formas, es solo un ápice de cómo funciona este mecanismo en nosotros.

Particularmente, en mi posición de musa invisible e intangible, creo fielmente que este elemento funciona a través de lo aprendido, «lo que me dieron a probar alguna vez de forma satisfactoria y entendí que era bueno para mí lo buscaré muchas veces y de varias maneras». Así pues, el deseo en una mujer, e inclusive en muchos seres, puede tal vez deberse a lo que hemos entendido que es grato, aquello, que al haberlo volteado en múltiples formas fantasiosas en la imaginación, hemos decidido que, de tenerlo sería altamente placentero.

¿Se puede forzar el deseo?

Teóricamente, aunque nos parezca maquiavélico, sí. A través del deseo instrumental que muchos habrán escuchado en alguna revista o en esas clases ociosas del colegio donde reprendían más que enseñar, podemos dilucidar fácilmente como es esto. Ejemplo simple: Moni, necesita encontrar una estación de gasolina, el deseo de hallar este servicio deviene de que su auto se queda sin gasolina por lo que de un momento a otro quedará varada. ¿Me explico? Se que sí.

De este modo, vemos que existen algunos trucos para favorecerlo, en ámbitos tal vez más sociales la cosa no vendría tan sencilla, cuando intentamos discernir cómo funciona, es posible decir que grandes y suntuosas riquezas tangibles tanto corporales como las de objetos (dinero, mansiones etc.) pueden despertar cierto interés, una importancia que tal vez está más cercana a la ambición, pero deseo al final del día. ¿Podemos juzgar y señalar a alguien por esto? Depende de cada humano, pero, sí me lo preguntan, creo que el deseo legítimo se basa en querer aquello que no se tiene, aquello que sabemos va a satisfacer, así que, juzgar placeres no viene al caso.

¿Cómo quiero que me desees?

Volvamos a husmear en la memoria y pensamientos que, como autopista en hora pico están en su apogeo en la mente de ella.

«Cuando me miras, existe costumbre, es un cuaderno de notas abierto, donde cada palabra habla en un tono gris todo lo aburrido y tedioso que llevamos aquí a cuestas. Se que tal vez muchas de mis actitudes se han escurrido a lo largo de los años, pero, sigo aquí, ardiente y esperando ser bonita para ti. Para mi, a veces lo soy, ahora, tal vez lo dudo más que antes, pero, mi esencia de quererte, anhelarte y saber que será satisfactorio aún brilla y se llena de esperanza»

Al mismo tiempo, se que muchas de nuestras historias tienen encuentros que han hecho sacar de cada uno lados oscuros, por suerte, cada uno muy reversible, aún recuerdo que me pedías a gritos ciertas horas para dedicártelas, recuerdo a su vez todas las veces que a solas dijiste que mi nombre, aún siendo común, se lleno de júbilo por ser yo quien lo tenía. ¿Alguna vez, hoy, pensaste en eso? Me gustaría que recordaras que yo a modo de ofrenda entregué mi cariño y miradas no por obligación, ni por ambición desmedida, sino por el deseo de saber que estabas para todos, pero en especial para mí, quiero que me desees y sepas de manera incontrolable e intuitiva que sí nos unimos, más que un placer orgánico, existe una unión de quien desea poseer al otro no con fines de guerra y ganancia, sino con el objetivo de reafirmar que te escogí por sobre todo, y por sobre todo te sigo eligiendo, pese a los trucos del deseo. Así, quiero que me desees».

Finalmente, descubrimos que el deseo más allá de un babydoll, evoca actitudes, formas de llevar a cabo las cosas y saber que tras cada una de ellas, existe una bocanada de satisfacción ¿Cómo te gusta que te deseen?, ¿Qué cosas has aprendido que producen en ti deseo? Esta quimera humana, que ha surgido de nuestra inquietante y por siempre infranqueable necesidad de querer más, suele transformarse, reavivarse, reponerse tras momentos duros y por sobre todo, nunca perece.

Confesiones de un K-nino

Hoy, me desvisto de mis corazas, me adentro al clima nublado y brumoso que enmarca esta ciudad desolada que hoy me invade, como hombre, me siento en contacto por primera vez con mis memorias, nombres, razones y motivos secretos, aquí, de rodillas y con la cabeza deshecha confieso mis penas que en otro momento fueron hazañas según me comentaron otros que, sin conocerme realmente, ahora me ven como un héroe. ¡Ilusos! Solo soy quién se enfundó en un disfraz del supuesto hombre moderno. Esto, es solo una mentira.

Yo, me identifico con quien se le adjudica el peyorativo de “perro”, más adelante, me permitiré dar mi opinión sobre esto. Antes de iniciar este descalabro, me permito expresar que sí algún otro semejante llega a leer estas líneas, que sepas que te acepto, te comprendo; puede que no comparta tus acciones ni las haga mías, pero, por encima de ello, sin condiciones te doy la mano.

¿Quién soy?

La apariencia no importa, aquí se irá transformando en lo que vayas leyendo. Una cara, un gesto, una acción…todo se irá cambiando, hablo en mi nombre, pero realmente soy muchos a los que puedo enmarcar.

Esto es tan así que si te digo que acepto por fin que soy un perro, un maldito perro, a tu cabeza se te viene una imagen de alguien que te afligió y te sigue afligiendo, sino es así, entonces ¿por qué lo recuerdas? Finalmente, solo diré que para definir quién soy, comenzaré describiéndome por partes.

¿De dónde vengo?

Yo, vengo de un hogar cultivado por la tradición y la convencionalidad, aún no tengo progenie, pero, sin lugar a dudas yo sería incapaz de inculcar la ceguera voluntaria. Esta cualidad así bautizada por mi madre, refiere a todas las acciones que ella decide secuestrar en nombre de la familia, según ella, apoyada por estilos de crianza y una sociedad distorsionada, mi padre, solo podía estar al tanto de un puñado de cosas, no obstante, las que tienen que ver con un acercamiento emocional a nosotros, sus hijos, era un deber innecesario, inexistente. De este modo, me forjé en la misión de creer que la comida y sus preparaciones siempre estaban prestas, dado que sin importar los achaques de mamá, ella se ocuparía, sí me dolía el corazón la forma correcta de afrontarlo era ahogándolo en videojuegos o licores bajo el amparo de “noche de amigos” y no en la sabia conversación con alguien mayor y más experimentado, pero, ¿Cómo podía encontrar dicha experiencia sí mi padre castigaba a mi madre con silencio cuando tenía ella sus pequeñas contestaciones en breves arrebatos?, ¿Cómo confiar en los míos sí al momento de hablar de cómo me sentía y cuán presionado estaba se me tildaba de desviado, gay y demás ademanes?, ¿Cómo confiar sí papá solo estaba para castigar, reprimir y demostrar dominancia sin contemplaciones y mamá solo estaba para bajar la cabeza? De aquí vengo y esto es lo que me ha traído.

Sacrificio, manos atadas y daño materno

Al recordar mis memorias, evado la cruda refulgencia de mis emociones, de cuánto anhelaba la comprensión en mi niñez y solo encontraba una espalda fría que decía que los niños como yo no debíamos comportarnos así. De este modo, aprendí que mi madre estaba hecha para ceder a los disfrutes que según ella yo merecía: salir de fiesta desde los doce, beber desde los trece, tener novias desde la primaria, entre otras cosas, que asumí como completamente normal, hasta que vi con desencanto que mis hermanas no podían si quiera mencionar la palabra fiesta porque ya eran tildadas de “rebusconas y fáciles”. Bajo esa premisa, me acostumbré a ver a mis primeras enamoradas como eso: chicas rebusconas que me hacían valedero de mis primeros apodos de “cazador”. Ahora, con mis años encima, ¿Qué sentido tiene que a una mujer, una humana como yo, sea entendida como una presa? Es incomprensible y hasta perverso.

Las manos atadas vinieron cuando me acostumbré también a la idea que mayor capacidad de “enamoramiento de chicas hacia mi” equivalía a mayor valía. Todo suena grotesco y más cuando fue de mi padre de quien aprendí dicha creencia. Así, me adapté mentalmente a subsanar todo resquebrajo que tuvo, en otras palabras, a saber, de sus infidelidades y convertirme inclusive en su confidente cuando “se le cruzaban las fechas” y debía usar una tapadera. Lo veía como un gesto natural de padre e hijo, sobre mi madre, solo pensaba que se lo había buscado dado que ya hacía mucho tiempo solo se ocupaba del hogar y no de sí misma ni de su esposo, mi padre. Pensar en esto ahora, y ver que aún se hace con total impunidad me revuelve mis entrañas, pero, eso aprendí.

¿Cómo fueron mis relaciones amorosas?

No hace falta ser un sabio para saber que fueron un destrozo, causado por mí, por ellas, por el efecto que les causé y se volvieron en mi contra. Hoy, con mi soledad en brazos recapacito acerca de mis prácticas, aisladas de toda compasión, entendimiento y ternura. Las mujeres, solo fueron para mí un rato, momentos que se llenaron de encuentros sexuales para satisfacerme por completo a mis anchas, luego, se convirtieron en satisfacción para ellas, pues, en mi retorcida lógica llegué a contemplar que mientras mejor se sentían conmigo, mejor fama iba a tener para atrapar a otras. Una porquería de sistema, lo sé. Lo que ocurría tras unos encuentros es totalmente sabido: me desaparecía, no llamadas, ni mensajes de texto, solo ignoraba su existencia una vez lograda la “conquista”, una forma errónea más de ver el acto de acercarme a alguien. Para mí, se trataba de poder, el acercarme a las mujeres y con palabras, sonrisas, halagos y regalos llevarla a donde me apeteciera se volvió un juego más.

Después de la universidad y luego del trabajo, ya tenía un par de citas agendadas, por sí alguna no daba la talla, “mojigatas” las hacía llamar a aquellas que me ignoraban a mí, con mi ego herido, comenzaba a despotricar con mis amigos sobre ellas, inventando excusas y situaciones para no admitir jamás que ellas me rechazaron a mí por tenerme como un patán. Tenían razón.

Ni que decir de las innumerables galerías virtuales que a modo de catálogos deslumbraban mis ojos cuando necesitaba llenar mi vacío emocional, ellas, las disponibles a todas horas, estaban allí, clasificadas, ordenadas y calificadas de acuerdo a mis arrebatos. Una pena. Sin embargo, así accedí a ellas por mucho tiempo haciéndolas esperar incluso cuando me llamaban a mí, solo yo importaba, nadie más.

Claramente, nunca había presentación a amigos o a la familia. Mi madre siempre me preguntaba por la falta de formalidad en mi vida amorosa, y yo salía de esos “apuros” a punta de estar ocupado en mi carrera, no tener tiempo en invertir en una relación, tolerar los berrinches de ellas…en fin, patrañas para no decir a vox populi que su hijo era incapaz de ser vulnerable con alguien, que le dolía inmensamente confesar que no sabía estar solo, y que siempre tuvo a alguien agendado porque desde los 16 (tiempo en que estuve por primera vez con alguien) no sabía mantener una conversación cercana con una mujer si no era para llevarla  a la cama; indudablemente, me era imposible.

Una vez

Solo una vez me enteré de la valía de una buena compañía, de la necesidad de estar para alguien no por mi billetera, ni por mis halagos sino por mi persona. Ella, con su ímpetu de estar siempre revoloteando en sus ámbitos y vivir siempre en su soledad tan feliz me parecieron un atractivo inigualable, estaba en la universidad a mitad de carrera, con un promedio estable, sin fiestas alocadas y un sentido del humor excelente, ella, fue en quien posé mis ojos por primera vez sin ansias de llenar mi vacío ego.

Después de camuflarme en su vida como un amigo, ella empezó a sentirse cómoda en mis manos, sin embargo, el desastre llegó. ¿Cómo brindo amor y cercanía si no lo tengo? Lo acepto, no me conozco, mi fama y lo que se dé mí es porque otros me lo han dicho, a solas, tiemblo por escuchar mis pensamientos ingratos y banales contra mí. Por lo que, al acercarme con ella de una manera que sentía que mi alma estaba desnuda, me aterroricé. Lo presintió, estoy seguro, me llamaba y mensajeaba, adoraba leer que se preocupaba por mí, pero, mi miedo a no afrontar mi vulnerabilidad con alguien más me paralizó. Debía tomar medidas extremas para sacarla de mi vida, por su bien, más que por el mío, así lo vi en aquel entonces y finalmente, una noche sin premeditarlo, en una fiesta, me escapé con su mejor amiga, el resto ya lo intuyen. Quedamos destrozados, pero, me resguardé de expresar mis ineptitudes.

Luego de ello, comencé a darme cuenta que la vida en relaciones amorosas no era para mí, al menos no con el sentido que le estaba dando, así que tomé mis maletas, las emocionales y las físicas, me fui a un lugar nuevo y comencé de nuevo mis andanzas para entender el amor y entenderme a mí. ¡vaya estrago!

Del amor al odio, conocí la dependencia y la sumisión

Decidí hacerlo todo distinto, vestirme, engalanarme, agraciarme con ellas, todo diferente. El problema de hacer estos cambios es que no solo no era yo, sino que, además, yo no era equilibrado conmigo mismo, seguía detrás de una fachada, esta vez, la de un hombre sensible, un hombre que se resbala por una mujer, en un sentido más patético que Johnny Bravo porque no podía siquiera decir que «no» por miedo a la soledad, a que me dejaran y me hicieran ver como un don nadie en la vereda. Simplemente, me fui al lado opuesto, sin saberlo, me convertí en un hombre que tenía sus carnes fuera, para convertirse en carroña ante la primera que, por compasión decidiera estar conmigo.

Así, inicia la historia de mis amoríos extremos, donde detectaba a una mujer como una casa hogar que pudiera darme techo, yo, un desesperado de cariño comencé a tambalear mis cimientos y me resquebraje: “no soy suficiente”, “no puedo proveerlas de lo que necesitan”, “úsame por una noche o todas las que quieras”, “quiéreme”. Así, como lo veo ahora, yo estaba en la postura que hacía años atrás muchas mujeres estaban conmigo. Probé claramente la hiel del desprecio y de cómo mi ego más desestructurado que nunca lloró por creerse insuficiente hasta de vivir.

Terapia y mentiras

Al ser un pesimista no confeso, me adapté a la idea de sobrevivir a mis peripecias solo, sin ayuda, siempre con una vela al aire ondeando las olas sin rumbo alguno, esperando que la fortuna se apiade de mi destino. Sin embargo, al volcarme en desilusiones que me dejaron en bancarrota, sin ánimos de querer intentar suspirar por la vida ni andar sobre mis pasos para buscar refugio, comencé a detestar profundamente la solvencia femenina, esa que les da pie a ellas de llorar cuando quieren y por lo que quieren, de prestar atención a lo que sienten y exclamarlo a viva voz, de reunirse con sus amigas y juguetear a fantasear una vida tranquila sin preocuparse de que su trabajo no es vanagloriado por una serie de tontos que al igual que yo se creen proveedores de todo el universo. Las envidiaba profundamente.

En este pozo profundo me encontraba hasta que, cabizbajo y sin una moneda en mis bolsillos me volví un desalmado. Pedía a mis amigos, los pocos que me quedaban, unas cuántas monedas para embriagarme, claramente, les decía que era para vivir, para la casa y mi familia, pero mentía, no era capaz de aceptar mi derrota, hasta que un accidente de tránsito donde laceré la vida una mujer y su hija me llevaron a juzgados, la prensa y lo que para mí fue en su momento peor: terapia.

¿Cómo era posible esto? Finalmente, mi familia luego de que se enterasen de toda mi vida y lograran solventar mis malvadas acciones, accedí a ir a terapia, a regañadientes y por orden de un juez. Era de una comunidad bastante ajetreada por lo que estaba en el pasillo esperando que fuera mi turno, finalmente llega, y es una mujer. Es lo que hay, el sistema público es así, mis despilfarros no lograban pagar a un particular ni mucho menos lograban agilizar mi cambio a otro profesional de mí mismo sexo. Así que allí estuve, renuente, terco, grosero y quebrado.

El milagro del desalmado

La gente suele opinar que las ideas suicidas son solo cuestión de horas antes de cometer el hecho, que simplemente llegan y concretas. Además, muchos piensan que morirán de la misma manera en cómo han vivido siempre, inclusive con las mismas ideas y creencias. Yo, tras largos años me di cuenta que no, es falso y soy testigo de ello.

No sé a quién agradecerle sí a la sombra de mi vida que se hacía más amplia, sí a Calamaro, Riso o Bumbury por sus letras reflexivas o a mi psicóloga, ella, quién con una mordacidad atroz y una voluntad firme cumplió con su deber enseñándome que la vida no fue la culpable de todas mis desdichas, ni mi familia fue un motor activador de mis penurias, aprendí la decisión más valiente y aguerrida que pude conocer jamás: mi responsabilidad.

Pasé de ser un perro desalmado a alguien que entendió que las personas, al igual que yo, siente, se afligen y son vulnerables a los actos de otros, aprendí que muchas de mis faltas no son por cuestiones económicas sino porque en mi vida interior estaba tan vacía que ni mil arcas de oro podían llenar mi desacuerdo conmigo mismo. Además, aprendí que respirar cada día sabiendo que puedo tener amigas al lado, esas que, como ángeles asexuados se encariñan de mi presencia y no de mi virilidad, son los tesoros más grandes que cualquier «conquista» que pude tener anteriormente.

Finalmente, entendí que soy un hombre, vulnerable, de carne y hueso, que siente, se ilusiona y es capaz de proyectar y dar amor, de sentirlo sin compromiso de que va a llenar un campo de fútbol de regalos, entendí que una familia no se consolida con mentiras, ni siquiera valen la pena para mantener «la unión familiar» , simplemente entendí que mis hijos, si llego a tenerlos, merecen el reconocimiento de sus emociones, conectar más allá de lo físico y vincularse con otros como lo que son: humanos.

Un perro, no es una descripción para un ser humano, empezando porque es contradictorio, él es leal y fiel, ciegamente en muchas ocasiones. Nosotros, podemos dilucidar, no, no fui ni soy un perro, solo fui un humano plagado de ideas y comportamientos erróneos que decidí en su momento, no atacar y avanzar.

Precisamente por eso, me agradezco y me compadezco, me miro con ternura y me reafirmo como un ser libre que piensa, siente y ama desde lo más profundo de su alma y con plena seguridad de su masculinidad, que cargo siempre conmigo para recordar con una sonrisa que este, en verdad, soy yo.

Cuando le crees todo a mamá

Los pilares también se quiebran


Muchos quebraderos de cabeza, dolores, manías y compulsiones pueden tener una luz de origen en el seno familiar, para nadie es un secreto que varias de las actitudes o aptitudes que nos ayudan a desenvolvernos en la vida la pudimos haber heredado de ellos (los padres), sin embargo, nunca dejemos de lado ese vasto imperio derruido que se conforma de las “malas ideas”, y si, están entre comillas porque definen lo que sucede con un pensamiento que tras mucho rodar por la vida termina espichado y sin brillo. Ahora, toma un asiento muy cómodo y vamos a quejarnos y simular al menos por una vez, que la responsabilidad culpa no es nuestra.

¿Cómo y cuándo una idea se vuelve “mala”?

Si nos desligamos del área fisiológica y vamos a hechos más accesibles, podemos comprender que unas ideas al aparejarse a otras configuran una creencia, y esta, al aplicarse a diversas situaciones y dar resultados (la mayoría de las veces, agradables) provoca un reforzamiento. Siendo esto así, sí nos volcamos a usar el mismo plan para casi todas las situaciones de la vida ¿qué crees que ocurra? Antes de continuar, tómate un espacio, reflexiona, respóndete y luego sigue leyendo, quizás tengamos una grata coincidencia.

Ahora que te has detenido y pensado, hablemos un poco de la suspicacia a modo de ejemplo de lo anterior. Ese arte fino de dudar, de ver entre líneas negativamente lo que no se ha dicho de forma clara, esa forma de quien entre cierra los ojos, ladea la cabeza y dice que algo no está del todo bien. Nos parece una cualidad importante, y lo es, pero, ¿sí la empleamos a todo?, ¿qué resultaría? Básicamente, la búsqueda y resolución de un crimen que no se ha cometido, una saña contra inocentes que se ven criminales por no poder leerles la mente, una incansable cacería para obtener “la razón” cuando el otro se harta y nos traiciona víctima de tantas injurias y señalamientos. Como vemos, no es aplicable a todo ni a todos. Es así como llegamos a una “mala idea” el uso excesivo de una fortaleza se convierte en debilidad en la medida que se aplica a todo.

Mamá dice: «cuídate, no salgas”

Para cualquiera que lea esta frase le parecerá una buena sugerencia, una muestra de cariño y de querer la seguridad completa para su prole, pero, no olvidemos el centro de esto “las malas ideas” cuando una creencia se establece y es usada en todo y para todo.

Partiendo de esto, cuando existe una creencia sobre la seguridad, donde el mundo se aprecia como hostil, la incertidumbre se apodera de la persona con total tranquilidad, y no es para menos: “si sales a la calle, pueden atropellarte, sí contestas el teléfono de un número desconocido puede que te estafen, sí hablas con desconocidos pueden hacerte daño”. ¿te suena? Vivir con “el Cristo en la boca” es decir, vivir con un estado de incertidumbre constante, es algo que no solo se les confiere a los trastornos por fobias sociales generalizadas, muchas veces, estas creencias exacerbadas viven con nosotros y nos cubren en cada ámbito de la vida.

          Un ejemplo anecdotario de este tipo de creencias son las que encontró Rebe Secura cuando entendió desde muy pequeña que salir en toalla por el pasillo de su casa no era conveniente a todas horas, pues, debía cerciorarse que su tío quien tenía serios problemas con las drogas no estuviera en casa. De este modo, Rebe comprendía a todas horas el hecho de tener que mantenerse alerta, sí la dejaban sola en casa no podía asomarse por la ventana, sí iba a comprar el pan debía evitar los callejones y lugares con muchos hombres como la licorería de la esquina, sí llovía no podía ampararse bajo la marquesina del local vecinal porque ¿quién sabe que podía ocurrir? Un “instinto” muy fino que fue tergiversándose hasta llegar a ideas erróneas en la adultez.

          Algunas de las características que hacen orgullosa a Rebe es la del “scanner comportamental emocional” este refinado recurso que parece sacado de una película de ficción no es más que la finura actualizada de su creencia anterior. Aquí, utiliza señales mínimas para interpretar el entorno, sobre todo a las personas con las que entra en contacto, bajo una callada mirada se queda pensativa sobre la mueca que acaba de hacer su interlocutor, su mirada gacha y su tono de voz bajo casi neutro le son indicios a Rebe de que algo no anda bien, por lo que activa su segundo programa al que denomina: estabilización de situación.

          Esta aplicación orgánica la utiliza para dos casos muy bien diferenciados: protegerse, replegándose sobre sí misma; estabilizar la situación para no sentirse anímicamente amenazada.

          Personas como Rebe cundan en muchos sitios, sus relaciones se basan en tener siempre cuidado, énfasis en esta palabra, siempre, porque es allí cuando las conductas adaptativas se convierten en patrones que en un futuro son casi inamovibles. En esta situación, Rebe se ha visto envuelta en muchos “cuidados” que como dogmas se han extendido por ejemplo al área sexual, donde estar con alguna persona ya se consideraba un gesto de ligereza y de mal futuro a vistas de otros quienes ya tachaban negativamente su reputación, se le acostumbró a ir siempre por el camino de en medio, evitando conflictos y no manteniendo posturas, no volcarse a otros caminos desconocidos ni qué decir de aceptar llamadas de números extraños, eso es, claramente, impensable. Por ende, no es de extrañar que el malhumor y maltrato de otros era algo que ella asimilaba como una tarea propia, la de apaciguar.

          Es precisamente, esta labor observadora la que la hace presa de sí misma, de no atreverse a la espontaneidad luego de ver un rostro serio, de no envalentonarse cuando alguien está abusando de otros o inclusive de sí misma. Simplemente, se repliega y muerde su queja. “Ten cuidado Rebe, ten cuidado del mundo”.

Mamá dice: «no hay”

Las dificultades económicas no le son ajenas a buena parte de la población, de hecho, muchas veces puede constituirse como una lección importante de vida como antídoto para evitar las superficialidades de la misma. Sin embargo, cuando esta idea existe de una manera totalmente arraigada, encontramos a un individuo lleno de precaución que rechazan un soplo de alivio y de gusto en nombre de los “malos momentos”, donde el gastar no es solo una contención arbitraria y constante, sino que además se vuelve en una forma de apego, quieren desde la carencia.

De este modo, Rafael se movía por la vida, precavido con el dinero, precavido con el amor, precavido en amistades, precavido en todo. Invertir en una relación de pareja es para él una consideración casi que, de vida o muerte, se le metió en la cabeza desde muy pequeño que para engalanarse y coquetear no debía ser austero, al contrario, debía invertir tiempo y dinero. Y aunque para muchos esto es una realidad incuestionable, resulta que no es así al menos no con todo el mundo. Quien desea estar contigo, lo estará y aceptará una cita en un parque con un lunch. Pero Rafael, no piensa así, gastar y gastar es la moneda máxima para estar en el juego de la vida.

“Tener que levantarme y asearme por alguien, a quien tengo que llevar algún día a casa, tener ropa adecuada para mostrarme, aplazar pendientes y dedicarle espacio…no, paso” se dice Rafael cuando de amor se trata, no gusta de relaciones, aunque las anhela, simplemente teme salir de su restringida nube de barrotes sólidos en la que se encuentra, pero, su preocupación constante en no invertir porque es una pérdida le carcome. Esa necesidad que pide en silencio ser satisfecha nunca llega, dado que se acostumbró a lo que hay, nada más, conformarse y resignarse. Por ende, ama de forma lejana, desde el deseo no cumplido.

Esta misma falta de iniciativa comenzó desde casa, donde desechaban ideas tan simples como ir a la playa un fin de semana de forma exprés, inclusive, cuando brindaba algunas tácticas de paseo accesible como, por ejemplo, salir ya almorzados o con comida hecha en casa, comprar boletos antes y con promociones y demás artimañas, todas y cada una eran desechadas a veces sin razón alguna por lo que su espíritu de intento quedó cercenado. Así, su vida es eso, una idea amputada tras otra. “No gastes Rafael, no hay, esto es lo que nos tocó y así hay que vivir, poquito pero divino”.

Mamá dice: «eres especial, nadie es como tú”

Estas ideas de valoración absoluta de los hijos son muy lindas y apropiadas, hasta que llega el momento de contemplarlos a ellos como divinidades que son criadas con esmero y total atención que, al momento de relacionarse con otras familias cuyos sistemas y valores son distintos, existe un choque descomunal como si de supernovas se tratara. Y queda entonces el polvo fino luminiscente de asperezas.

La vida de las gemelas que veremos a continuación transcurrieron bajo las siguientes líneas: “no iremos a casa de tus tíos de nuevo, dice que se comportan como unas malcriadas, son unos exagerados. Prohibirles cosas a mis hijos es un abuso ¡locos!” dice la mamá enojada porque la tía impidió que las gemelas Roy y Susan jugaran con el nacimiento navideño de porcelana. ¡Les compraré otro si se rompe! – Era su respuesta a cada travesura que sus especiales e inmaculadas hijas provocaban.

El sentimiento de autovaloración es importante cuando hablamos de saber quiénes somos y de qué estamos hechos, en momentos de adversidad profunda es lo que nos ayuda a envalentonarnos y encontrar valor para reafirmarnos y no dejarnos llevar por la desidia. En situaciones sociales incómodas donde hay personas que gozan de extinguir cualquier opacidad intencional o inconsciente, saber quiénes somos y no doblegarnos resulta un as bajo la manga, muy efectivo, dado que todos somos distintos y gozamos de ese privilegio sin igual que consiste en no pensar igual, gracias a eso, el mundo camina y progresa. Pero, ¿cuándo se convierte en debilidad el que nos creamos especiales y únicos?

Volviendo a las gemelas y su ahora vida como adultas universitarias, existe un extraño ambiente en sus experiencias, un vacío que las une pese a estar separadas en sus actividades, se describen en intimidad como personas que no encajan, que no pueden establecerse en un sitio o encontrar su nicho porque todo escapa a sus expectativas, y esto, las lleva a un sin sabor enorme, un sentido de soledad abismal donde las más triviales conversaciones se sienten como paja en un establo, algo más que tratar en una noche que se supone era divertida. De este modo, pasaron de sentirse geniales y hasta superiores a ser “un bicho raro” que cuando intenta relacionarse no sabe cómo interpretar el suceso externo y huye para no afrontarlo.

“Siempre serán mis soles, mis gemelas únicas, especiales e insuperables, nadie es como ustedes, nadie las querrá como lo merecen, mis niñas Roy y Susan”.

Finalmente, antes de pasar a las recomendaciones y reflexiones, es necesario acotar que las madres muchas veces están en ocasiones al frente de la crianza de los hijos, algunas por decisión propia, otras por obligación, algunas más bajo la presión social del “deber”, sin embargo, lo importante de lo aquí recalcado, es que estas vivencias han venido bajo la inspiración de procesos personales extraídos de terapia,  al mismo tiempo, también se han concebido gracias al apoyo invaluable de pacientes que, tras cada sesión fueron expresando tales dificultades de vida que fueron acuñadas en sí mismos desde tempranas etapas debido a la crianza que su progenitora les había provisto.

Por supuesto que hay madres excepcionales, hay un escrito que inclusive las concibe de ese modo e intenta arrojar luz sobre sus conductas, pero, tampoco puede obviarse aquellas circunstancias donde sus acciones, aunque “buenas” (en su mayoría) no hicieron más que mella en sus hijos. Agradezco en este punto, el libro que en su momento no significó nada, sin embargo, ahora con la madurez y sabiduría que da la terapia valoro entrañablemente llamado “Cuando mamá lastima” de Rayo Guzmán (2015), el cual narra historias de perdón altamente valiosas.

¿Qué puedo hacer?

  • Derriba paradigmas. Enlista tus fundamentos, las banderas que te definen y cuestiónate sobre ellas.
  • Revisa tus relaciones. La manera en cómo te relacionas tiene que ver mucho en cómo piensas, para nadie es un secreto que el apego deviene de cómo aprendiste a recibir y dar cariño, de modo que, indaga sobre tus ideas respecto al amor.
  • Humillas o te dejas humillar. Sí tus emociones son un vaivén incontrolable, revisa de manera incansable a quién pertenece dicho rasgo, hazte cargo de esta cualidad ahora que hace mella en ti y reencáusala.
  • Toma las riendas de tu existencia. Ya responsabilizamos a mamá, sin embargo, ella y tus familiares definieron tu crianza de acuerdo a lo que ellos sabían. Pero, ahora, tú, ser consciente y presto a la comprensión de los hechos ¿Qué harás al respecto?

 

El uniforme del alma (Parte II)

Una opinión de por qué somos como somos (continuación)

El buñuelo, con su traje esmerado y pulcro con una capa de rudeza

Lejos de describir una figura con grasa, circular y llena de gozo por ser una muestra culinaria que es accesible a todos los paladares. La figura del buñuelo es muy particular, de las clásicas figuras del alma, esta es la más compleja de describir, más que una caracterización de traje o armadura, es una actitud. Dicha postura ante las circunstancias, pescan a incautos que ante el pecado de sucumbir en la traición o de dar desdicha, son capaces de volverse raudos e inflexibles, algo así como cuando dejamos un buñuelo mucho tiempo en la intemperie ¿qué le sucede? se daña, se atrofia, no vuelve a ser quien era, su postura aunque refinada y aparentemente accesible no vuelve a ser la misma ni desea serlo, es fiel creyente a sí mismo y se escabulle ante el daño, es diplomático en sus maneras pero firme en sus convicciones.

¿Por qué un buñuelo? sencillo, ¿Quién se atreve a decirle que no a un delicioso y accesible buñuelo? es de las almas más accesibles cuyo uniforme pulido y perfumado invitan a conocerlo. Piensa, aquella persona que conociste en algún momento de la vida y te pareció sumamente amable, bondadosa, recta en sus actos, convencida en lo que piensa y seguro de sus maneras ¿la tienes? ahora, piensa ¿Cómo luce regularmente? Esto, ya te lo dejo a tu cargo. Ahora bien ¿Cómo surgen los buñuelos?

En un mundo donde la soga del juego de la vida siempre está halándose de un lado a otro, es común ver que alguien ceda y haga caer a todo el equipo, no por el sentido del deber y por sacrificio como nuestra alma anterior, no, lo hace desde el punto de vista de los ideales, y lejos de verlo como una derrota, lo contempla como una manera amena de relacionarse a través de las ideas, genera familiaridad de grupo cuando persuade a otros para que vean más allá de lo aparentemente evidente. Esta alma, desde muy pequeña se adaptó a observar y tomar acciones rápidas y prácticas para vivir, más que sobrevivir, apreciando el mundo que le rodea, obtuvo para sí la dicha de ver que las personas mejoran desde las buenas maneras, desde las palabras, evitando conflictos en lo máximo y dando la cara cuando es necesario. 

Asimismo, valoró como posibilidad magnífica la de ir por la vida adoptando posturas ajenas, como bien diplomático (el mejor de ellos), se las arregla para no ceder en sus ideas, pero, convencerte a ti de las suyas. Su esencia, es desperdigar carisma, bondad y aceptación. Pero, a veces, tras de sí guarda una faceta que a veces le disgusta.

Resulta que muchas veces la actitud de estar abierto a otros le juega en contra, y sufre reveses, le traicionan, surgen rumores sobre su forma desairada de proceder, recriminan su aparente falta de frivolidad, no se permite en ocasiones extender la mano a quién no ha observado en “buenos caminos”. Como un agente de negocios, sabe qué recursos dar y cuando, sin embargo, el problema yace en por cuánto tiempo los seguirá dando, al igual que la armadura de acero del deber, en muchas oportunidades, se pierde en una dulce nube de sonrisas, olvidándose de cómo proveerse a sí misma. Es aquí cuando esta alma sucumbe a presiones y se desgasta en dejar todo en orden y de manera cálida ¿qué le ocurre después? bueno, lo que le ocurre a un buñuelo al dejarlo tiempo demás en el fuego.

El mastranto seco, la armadura corroída

Quizás el uniforme de alma más apesadumbrada.  Todo mal, todo terrible, todo es caos, fuego lúgubre y deceso mientras vive. Su gestación es de lo más curiosa, de las almas descritas, aquí, tal vez no exista un desarrollo traumático desde el inicio, no, se trata más bien de cómo configura en su ser cada estímulo, tanto los “buenos” como los “aversivos”, este tipo de alma puede volverlos en su contra. 

El niño que desde pequeño comprendió a su modo que ser consentido era sinónimo de ser un desfavorecido que necesita siempre muestras de afecto o aquel que siendo pequeño fue puesto a prueba innumerables veces y aceptó para sí la idea que para ser respetado y valorado requiere pruebas de desgaste altísimas, puede convertirse en un mastranto seco. Así, encontramos a aquellas almas que en su adultez malinterpretan los acontecimientos de la vida bajo una lupa distorsionada, como si vieran a través de un espejo opaco, oscuro y sin rastros de espacios de alegría y luz.

Son excelentes previsores de lo malo, pues, al verlo todo mal, son ellos los primeros en ver la quinta pata al gato, defectos en otros y en sí mismos son nombrados en infernales listas que se repiten constantemente como mantra para seguir corrompiéndose, la lista de aparentes castigos nunca cesa, más bien, se incrementa, en una temporada es la apariencia, en otra, es sobre los logros, más allá en el tiempo, son las mujeres o los hombres, y luego ¿qué más? lo que sea, lo vital es quejarse, malinterpretar lo que sucede allá afuera, verlo desde el caos, entenderlo como una lucha de poderes inalcanzables que sólo se apacigua con aquel más “fuerte”, básicamente con aquel capaz de zanjar temas a su paso a través de la dominación sin contemplaciones.

 Se debe rescatar al mismo tiempo, que son amantes de lo bello, del arte, las manifestaciones de lo estrictamente hermoso (según los criterios de ellos); y tal postura no debe impresionarnos, dado que al no ver casi nunca la luz al final del túnel o el vaso medio lleno sino siempre vacío, observan a lo lejos como voyeurs distantes los pocos tintes bellos que la vida les da, y generalmente, es el arte puro quien se los da.

Del mismo modo, en la vida relacional, no pueden ser de otra manera, su malherida esencia se ve tan vulnerable que respaldan toda muestra de cariño que dan como una manera de anteponerse por encima de otros, no es amor, ni cariño real, es cariño y amor por la dominación, por fingir (a veces) que realmente quieren y son queridos y aceptados, lo cual es la parte más importante y lo que constantemente buscan, pues, como hemos visto, el repudio ante sí mismos es elevado. 

De esta manera, cada soplo vivencial, lejos de ser un aprendizaje para el futuro, una enseñanza de cómo proceder de mejor y de manera más sabia se convierte realmente en una tortura interna de pena y recriminación constante, un concierto de gritos e improperios para sí misma que lo único que hacen es dejar un alma desnutrida, sin fuerzas, que mientras más se hunde, más fuerte y raudo se hace por fuera, qué mejor manera de esconder vulnerabilidad que mostrándose con rejas y abarrotes de hierro, no obstante, no se dan cuenta que dichas estructuras, con el tiempo y embate de los cambios, se corroe y se rompe, tal como ellos, que, de no cuidarse y entablar el rumbo a un lugar más estable sucumben a sus impulsos o los de otros y son neutralizados de manera violenta o “apacible”, es decir, tras cada “derrota” se embotan en sí mismos, siendo incapaces después de sentirse fuertes quedándose estancados para siempre.

¿Cómo se relacionan entre ellas?

Las almas van por allí uniéndose de la manera más impensable, pero, a mi modo de ver, existe una relación interesante entre el buñuelo y el soldado de élite del deber ¿razón? muy sencilla, uno le muestra la ligereza con que se puede tomar la vida y el otro le enseña cómo manejarse de manera recta acompañada del placer de cumplir, se enseñan y contribuyen en muchas ocasiones, no obstante, se restan y eclipsan cuando existen desfases en cuanto al placer, por un lado, la armadura del buñuelo grita hedonismo y el soldado de élite pregunta ¿por cuánto tiempo? Es decir, no desdibuja del horizonte el sentido de cumplir. Entre malabares y cariño, se van conectando y triunfa, si lo hacen lo suficientemente bien, el amor.

Pero, el mastranto seco ¿cómo surge y con quién? Por un lado, con el soldado de élite del deber, puede llegar a contemplar por un lado la idea de dar y sentir satisfacción, sin embargo, verá a corto plazo, cómo obtener algo más que eso. De ese modo, la relación puede que se estanque y al estar el soldado pavimentando el camino y el mastranto simplemente quejándose de todo lo que debe hacer, todo acabe muy pronto. Aquí el sentimiento de héroe vencido del deber será el que de el primer paso después de múltiples oportunidades. 

El mastranto y el buñuelo, son una pieza casi idílica. No se sabe cómo, ni se sabe porqué, pero la dulzura del buñuelo puede penetrar la barrera  dura y fría del mastranto, con carisma, alegría por la vida y muestras de cariño puede que ceda un poco ante los manjares que pueda ofrecerle, no obstante, la tirantez y estado de ánimo de quejas constantes, una postura casi eterna y en contra del disfrute pueden hacer que se socave la idea del amor y cariño. Simplemente, uno se marchará por creer al otro demasiado inflado de aire y que está volando contra la gravedad y la realidad de la vida apesadumbrada que existe, mientras que el otro, lo ve como una manifestación amorfa de lo malo, donde no hay momentos para compartir ni sentirse aceptado ante los pequeños placeres de la vida. Simplemente, no es para mucho tiempo.

Justificación y aclaraciones

Hace mucho tiempo, entendí en la labor pública del ejercicio, que hablar es una cosa que debe tomarse con pinzas ¿cómo hablarle de esquemas y de estructuras mentales a aquel que solo sabe de su trabajo y de nada más?, ¿cómo llegarle a aquel adolescente que por su característica intrínseca solo quiere irse y no escuchar nada? Ante estas instancias, comprendí que existe un idioma aparentemente universal: las narraciones. Si, por supuesto, con embellecedores y adjetivos a morir, claro que sí (pero solo aquí, por ahora). 

No obstante, cuando son bien aplicadas pueden dar a luz a quien antes solo veía tedio de asistir con el “especialista”. Y esta última palabra queda entre comillas porque, a mi parecer, no es especialista quien tiene un pergamino italiano que lo afirma, no, es quien puede emplear todo su saber en quien lo necesita y así, sí este lo decide, mejorar y trascender. Hasta aquí la justificación.

Ahora, como breve y última aclaración, el término uniforme me parece apropiado sí tomo como punto de partida, un elemento que es invariable. Así, el alma es muchas veces intransigente, se queda en una misma posición y forma de ver, a menos que claro, contemple su existencia y decida elevarse por encima de sus circunstancias, pero, sabemos que no siempre es así. De este modo, me despido, recordándote que no todo está perdido, que no todo es teórico y no todo se puede explicar con términos precisos, muchas veces, necesitamos contar como si de niños se tratara  y así, ver al otro como un igual que me enseña y no me hace menos. Finalmente, ¿Cuál es tu uniforme de alma?, ¿te diste cuenta de que existe?, ¿Cómo la caracterizas y que harás de ella?

El uniforme del alma: una opinión de por qué somos como somos (Parte I)

Empecemos con una alerta importante, este artículo que más tiene de ensayo que de otra cosa, se apropia de una idea y es la de describir desde mi punto de vista, cómo muchas personas actúan según su esencia. Por ende, al ser un aspecto tan subjetivo y tan poco apegado al sentido teórico que nos caracteriza, te invito a ti, estimado lector a tomarte este asunto como si fuera la vida: suave, sin darle mucho a la cabeza y sin tomártelo muy a pecho. Empecemos.

En primer lugar, quiero definir lo que comprendo por alma, y ante esto, reflexiono a partir de tres instancias: ¿cómo surge?, ¿cómo existe en nosotros?, ¿qué sucede tras perecer? Siendo así, tú, que estás delante de este escrito ¿qué respondes?, ¿qué opinas?

Primordialmente, creo que surge a partir de las vivencias, se va configurando desde la más temprana sensación. Es decir, desde que nos gestan, el intercambio madre-hijo deja una huella neuronal que va marcando un ritmo, una forma de ser. Algunas veces es Hakuna Matata y otras veces es “córtenle la cabeza”.

Ante el desfile de la vida, marcha sin descanso, jadeante y con la mente en alto quién todo esfuerzo lo ve como cualquier cosa, es esa persona cuya máxima  siempre es defender, es asiduo seguidor de aquella célebre frase que dice “en la vida, he sido un hombre afortunado, pues, nada se me ha hecho fácil”. Sí bien a veces reniega de tantos esfuerzos, muchas veces, ésta es su única moneda de cambio.

De este modo, el surgimiento de cómo nos movemos en la vida, lo que nos hace ser nosotros, para mí, viene desde que integramos experiencias a nuestro ser. Así, se va desenvolviendo paso a paso mientras nos desdoblamos en la vida, y sí tomamos consciencia de esta “esencia” de cómo nos ayuda a guiarnos en diferentes situaciones entonces podemos decir que existe, ya que ¿cómo es posible decir que tenemos algo sí no hay consciencia de ello? Podemos verbalizar un “no sé qué” y allí, decidimos indagar y podemos comenzar a darle forma.

Queda, por último, resolver el asunto del después ¿qué ocurre luego? Y aquí me adhiero a algunas perspectivas que hace no mucho escuché de parte de un gran amigo, sobre una visión celta que habla más que del alma, de la reputación, cuando la cosechamos de una manera prodigiosa, con esmero, independientemente de lo que podamos tildar de “bueno o malo” esta quedará por siempre en la vida de aquellos a quienes se les contactó. Y más allá de eso, sí quedan registros de los productos de nuestras acciones, entonces, habrá una prolongación más allá de aquellos a quienes conocimos en persona. Esto es, por ejemplo, cuando tenemos contacto con ese sentimiento de bondad que podemos recoger cuando leemos un texto de parte de un personaje, o, por el contrario, ese repudio y rechazo que obtenemos al ver en los medios sobre aquella persona que cometió una serie de atrocidades. Estas personas, aunque hayan fallecido generan algo en nosotros, develan con sus actos de qué forma se dieron a conocer ante la vida y sus semejantes.

Así pues, relaciono los conceptos de alma y reputación en uno similar, ya que al no ser ninguno algo que podamos tomar con nuestras manos y ver sus características de manera figurativa, si existe un paralelismo en cuánto su importancia, su capacidad de ser “percibido” por quien repara en ellos, y así, se da cuenta de su existencia.

Algunas tipologías

A continuación, veremos algunas manifestaciones un tanto clásicas en su versión fortaleza y en su manifestación de defecto. Te darás cuenta apreciado lector, que muchas veces aquello que más nos caracteriza, si lo empleamos en exceso puede convertirse en un artificio en nuestra contra, por ejemplo, cuando nos excedemos en regar a nuestras plantas ¿Qué ocurre? El exceso de un recurso en detrimento de otros se vuelve en contra y perece aquello que queríamos cuidar. De igual manera, es conveniente comentar que pueden existir mezclas, es lo más natural del mundo, pero, habrá algunos indicios de una tipología más marcada que otras.

“Me Gustan Uniformados” El deber con Su Uniforme Lustrado

Indaguemos. En una temprana infancia, el alma aún desnuda fue bastante observadora, se dio cuenta que su medio no era de fiar, había compromisos de los que no podía zafarse, debía responder, debía satisfacer, debía sobrevivir. Así, se dio cuenta que “deber” y “querer” se forjaron como uno solo, comenzó a creer que el hacer cosas por y para otros no era descabellado, que había gozo en cumplir. Tomó las obligaciones de manera plácida, para todos fue siempre la persona espléndida, que lejos de dar problemas, se ocupaba de ellos ¡caramba, qué coincidencia! Un soldado de élite. Enfermo a veces por las reglas y porque los demás las cumplan.

Esta alma, se vio envuelta en presiones muy altas, denotaba a profundidad las complicaciones de la familia, aquellas mentiras de las que debió hacerse cargo porque parecía que nadie quería ocuparse, por lo que el clima familiar sentía que recaía sobre sus hombros pequeños. De este modo, se forjó para sí misma hombreras antes que un vestido para tapar su desnudez, de tal manera que sus compromisos por muy pesados le hicieran seguir caminando. Sin embargo, también notó, que requirió botas de combate, dado que el piso por donde debía correr sin querer realmente hacerlo, era pedregoso, muchos obstáculos había como para ir a pie descalzo, de igual manera, requirió un yelmo, alto, con penachos, pues, su inteligencia para ocuparse de los problemas era su mayor logro, así que al enorgullecerse de sí mismo decidió decorar aquello que aprendió que le haría feliz. 

Al desarrollarse y llegar a la adultez, esta alma, ya con heridas de guerra, suspicacia en sus ojos, mucho sosiego ante los improperios de otros, recato al actuar y dulzura contada solo para algunos pocos se yergue orgullosa. Mira el amanecer de todos a los que socorrió, pero ¿dónde está su propia vida? Se pregunta. La verdad nadie lo sabe. Se ocupó tanto de cumplir, de ser quién está dispuesta a servir que no sabe qué hacer por sí misma. 

Comprarse cosas, mimarse, pensar en ella antes que, en otros, anteponer sus deseos alocados antes que el qué dirán le resulta un desafío, el más peligroso que jamás ha presenciado y apenas y sabe combatirlo. No hace falta decir que le duele todo su ser cuando de pedir un favor se trata o pedir lo que sea, simplemente el recibir no está bien adaptado en su diccionario. 

Aquí, se dio cuenta que su primera divisa se devaluó ¿Qué herramientas puede emplear ahora? Su lustrosísima armadura no tiene nada similar, pero, con errores y aciertos contempló como armadura el poder decir que no sin que esté en juego su criterio y virtudes, se permitió volcar su consciencia a la locura y hacer lo que le antojaba según el momento, además dejó de darle todos sus recursos a otros y pudo darse aquellos que sintió que merecía tanto material como inmaterial, y por sobre todo, se dio el tiempo para contemplar la posibilidad que tal vez el amor que merece y quiere recibir van más allá de lo que pueda hacer, notó que la noción de cariño y amor viene por quién es, y no solo por aquello que puede fabricar en cuestión de minutos. Esta fue, la armadura del deber, su uniforme dentro de las almas era la más pesada de todas.

Hasta luego

Me despido por ahora, en el siguiente apartado comentaremos sobre el simpático buñuelo y la armadura corroída, espera paciente la segunda parte.

Mamá Grita: En defensa de las madres

En un día habitual, mamá regresa del trabajo, deja la cartera y demás cachivaches de protección contra cierto virus y se dirige al baño a asearse, sin respetar, los 20 segundos que recomiendan para el lavado de manos porque unas voces demandantes, persistentes, aparentemente indolentes y muy directas la acechan desde su llegada. 

Le reclaman su atención, le recriminan su ausencia, se quejan de sus decisiones y actos apenas los ejecuta, cuestionan sus razones y además de eso, le señalan cada error pasado y le anticipa todos los deseos a cumplir hacia el futuro inmediato. 

Esa voz inquisitiva es la de su hijo. 

«¿Por qué llegas a esta hora, mamá?», «siempre dices que llegaras temprano, mentirosa». ¿Dónde está mi mochila?, ¿ya saldremos?, ¿vas a cocinar ahora? ¡Tengo hambre! 

Ante esta escena, que más parece crónica de un desesperante texto de revista de suspenso antes de la ejecución de un crimen, resulta más bien una anécdota. 

Y eso, sin contar situaciones que pasan debajo de mesa y según quienes las viven son más «adaptativas»

– «Partes de la cotidianidad Brenda, por favor, acostúmbrate»- me dice la mamá crispada por mi cara de horror- hago mención también a situaciones tales como: «mamá, vete, no quiero tu opinión, el profesor ha dicho que debo hacerlo así todo, ¡no me digas más nada!». Y ante esta escena que me deja también estupefacta, la sonrisa nerviosa de la mamá se asoma con un: «tranquilito hijito, ya, ya lo hago». Increíble.

Ante este panorama, hay quienes se detienen a señalar desde lo alto de un pedestal de concreto cuál medida es mejor tomar en esos casos para los “impíos que osan privar de su paciencia al adulto”, cuál castigo a modo de ejecución total estarían dispuestos a tomar, otros, llevando su cabeza de lado a lado saborean desde su “privilegiada” inexperiencia mil maneras de increpar a la madre por su “blandengue” inactividad tras el arrebato de su hijo. Pero, ¿quién es el valiente que se impulsa a diseccionar el cadáver de la situación y desmiembra sección por sección los factores y pormenores de lo que sucede, lo que sucedió y sucederá? Muy pocos, realmente. 

No obstante, hoy, de la mano conmigo vamos a levantar la escena del crimen que se ha dado y descubriremos quién mató la paciencia de mamá, quién finiquitó realmente esas ganas de solicitar un por favor y devolver un gracias, quién realmente obstruyó esas ganas de levantarse a diario con la intención de cuidar mediante el mimo y no sobre la necesidad de calmar el palpito de urgencia por creer que ese pequeño fulanito está mal. Básicamente, veremos más allá del crimen (gritar) y observaremos el anecdotario y las pistas que, desperdigadas anuncian la consumación de este hecho, para algunos, en extremo repudiable. 

Asimismo, desde la base, veremos que el grito a modo de arma decapitó por unos instantes las emociones de una madre y de su hijo.

“Te concebí, eres mío”

Desde que recibió su muestra de embarazo positiva, desde que sus síntomas se fueron acrecentando y notó la transformación de su cuerpo, dio a luz antes de tiempo, simplemente, alumbró un par de ideas: Mi/su cuerpo, ya no será mío/de él, ahora, es nuestro.

Cada latido, cada mueca, cada sonrisa, sensación de placer, dolor y angustia fueron compartidos desde ese día, un sentido de pertenencia abismal, que dura en muchas madres hasta que se despiden de la vida. Inclusive, demuestran un nivel de fortaleza ante adversidades muy superior a lo que habían demostrado antes, dándose casos muy lamentables donde se toleran las más terribles injusticias en nombre de ellos, los hijos. Bajo este respecto, me es bastante familiar recordar este verso de una canción de Rosalía (cantautora española) que, en su álbum número dos titulado “El mal querer” (2018) interpreta: “Bueno, yo por amor, uff, bueno, hasta bajé al infierno. Eso sí, como subí con dos ángeles” (0:25).

Esta referencia, hace mención a una serie de abusos recibidos durante la vida matrimonial, llegando a rescatar como algo positivo el tener dos hijos. Para algunos un precio ampliamente cuestionable de pagar, para otros, existe una justificación enorme. En torno a esto, una realidad que inclusive viven muchas personas, más de las que imaginamos. ¿De dónde surge este sentido de pertenencia aún por sobre la vida de la “procreadora”? 

Badinter (1993) citado por Recciuti (2020), presenta este concepto como un saber espontáneo de toda madre que surge con un conjunto de saber hacer que viene de manera genética en la mujer, haciéndola la mejor cuidadora posible en la tarea de maternar. Pero, ¿Realmente es así?, ¿es cultura o es biología?, ¿cuánto es de uno y cuánto es de lo otro?

Si nos adherimos a la definición anterior, encontramos una perspectiva biologicista, donde la anatomía de la mujer ya determina lo que sucederá en la vida, a través del tiempo sin trascender aparentemente. Realmente, muchas veces no ocurre así y es un error inexcusable solo apegarnos a estas instancias, ya que muchas veces la cultura y la educación pueden llevar a caminos distintos, como ejemplo clave: la división de tareas y de “roles” en tanto que hombres ahora están en instancias “privadas” del hogar y mujeres en el trabajo, activando la cultura y política de su entorno. Sí bien es un tema que hoy en día se toma con pinzas, es necesario revisar que muchas de estas concepciones no solo eran de unas generaciones atrás sino que en muchas civilizaciones todavía se persiguen como un ideal.  Por lo tanto, dejando la mente abierta a encarar ideas y discursos dispares a los habituales, observemos estos dos caminos: en primer lugar, cuidar y soportar molestias por un tema de dificultad educativa, carencias económicas y afectivas para sí mismas, resignación ante la situación y noción del castigo como un elemento de aprendizaje necesario. En segundo lugar, cuidar y tolerar situaciones a veces de incomodidad extrema por considerar que el problema es irresoluble y “así debe ser” por patrones familiares arrastrados, rechazo a tomar la iniciativa para innovar nuevas estrategias para afrontar los problemas y fatiga crónica ante el estrés constante. Veamos un caso ilustrativo.

Sasi en Barrio Bajo y Lili en Villa Arco 

Una, es una chica menor a los 35 años, tiene dos hijos, educación primaria a duras penas terminada y es ama de casa, no demuestra esmero en su vestimenta diaria ni para celebraciones, su casa, su lugar de trabajo diario y no remunerado está impecable, con la comida siempre a la hora y sus hijos inmaculadamente bien cuidados. 

Para el desayuno, el cual hace cuando el sol aún no alcanza la alborada siempre está pensado para los demás antes que su propia nutrición, su esposo e hijos merecen “la gran presa” ella… ya tendrá alguito más. 

Asimismo, tolera explosiones de ira de su pareja ante cualquier cosa como una toalla mal colgada o una camisa sin planchar. Ante esto, el día a día con los hijos se torna una lucha de supervivencia, alimentarlos, asearlos, educarlos ante travesuras y reforzarles durante las tareas lo visto en la escuela aun con los escasos conocimientos que tiene y, además, tener algo de paciencia para sí misma y ellos.

Mantiene cada respiro de su existencia con base al alivio que llegará el día que sus hijos puedan levantarse por sí mismos, cuidarse y cuidarla y así alejarse de las penurias que la vida conyugal le ha proporcionado. No hay que ser muy listo para deducir que muchas de sus instrucciones son del tipo: “eso te pasa por estúpido, hazlo de nuevo”, “si no mejoras acabaras limpiando, estando como yo, mantenida y pobre”. 

Mucho resentimiento, frustración y deseos de expiar cada dolor mantenido durante años no son la excusa para palabras tan crudas, pero, existen y son distintivas de situaciones tan desesperanzadoras como la descrita. Ahora, veamos el caso de Sasi.

Hermosa, bien portada, muy cuidada en sus maneras, discreta y sonriente fuera de casa. Tiene 3 hijos, uno más travieso que el anterior, vivaces y muy audaces para conseguir lo que desean. No están enmarcados dentro de la habitual familia que vive bajo el mismo techo, al contrario, son familia pero viven de a temporadas en casa de cada progenitor, que, gracias a sus profesiones pueden permitirse una casa en un buen lugar de la ciudad.

La vida en estas instancias no está tan diluida en mieles y azúcares como pudiéramos imaginarnos, resulta que la cotidianidad de Sasi es la de ir arreando a su pequeña tropa, si, arreando porque en su casa no se mueve un dedo sino lo demarcan unos altos decibelios en más de cinco llamados, resulta que sus hijos luchando entre ellos por atención desarrollaron ciertas conductas que buscan de la manera que sea la atención de la dulce Sasi, cuya casa está destinada al azar y la aventura, lo primordial es el trabajo “para mantenerlos adecuadamente sin tanta ayuda del padre”.

Ante esto, el empuje para criarlos levantándose cada mañana, el de poder corregirlos ante quien esté, mimándolos cada que puede bien sea por capricho de ellos y su facilidad para “domesticarla” o porque simplemente le surgía de su interior, ella, es una fuerza arrolladora que al mismo tiempo de sacar la colada de la lavandería se cuestiona ¿lo haré bien?, ¿por qué conmigo no obedecen y con el papá sí?, ¿y sí los dejo con mi hermana y me voy de vacaciones un fin de semana?, ¿seré una mala madre por esto? y tras breves segundos de introspección surge nuevamente el llamado de la cotidianidad exigiendo algo baladí a lo que la respuesta que surge de su garganta son del calibre de: “nunca ves nada, está allí, ¡ciego!”, “jamás se te ha ocurrido buscar acá, es que no piensas”, “acostúmbrate a hacerlo tú solito, ya estás grande, no puedo hacerlo todo yo siempre”, “el día que me vaya tú tendrás que valerte por ti mismo, aprende de una vez”.

Ambas instancias, una más altisonante que la otra (para algunos) nos denotan dos realidades de las múltiples que existen, son comunes, pero no significan que sean aceptables dentro de los deseos de lo saludable y de bienestar, primordialmente porque están repletas de desdichas y reproches que lejos de levantarlas de la situación las hunde todavía más. 

Gritar para sentir

A este punto, gracias por no aferrarte a un paradigma y seguir explorando el tema que trasciende el grito de una persona, en este caso, de una madre, que desde esta postura las vislumbra como seres que han estado en observación y de los que se detallan estas características, para los padres, ya existirá otro momento para hablar sobre ellos donde hay mucha tela que cortar también. 

Entonces, siguiendo la línea de la comprensión y no de la excusa, ya sabemos qué trasfondos existen y que sucede allí entorno al grito y es que existen muchos disparadores que pueden predisponer todavía más una situación de crisis, vamos a enunciarlos y hagamos un pequeño ejercicio, sí respondes más de cinco “sí” por favor, busca apoyo, no serás señalado, anímate a revertir la situación. Empecemos.

  • Discuto constantemente con mi pareja, familiares cercanos y me irrito fácilmente.
  • Veo las noticias y la situación país me altera, provocando que me moleste y hable de cualquier modo con mis hijos.
  • No me detengo a pensar qué consecuencias puede desencadenar el que les grite y ellos se callen.
  • Casi nunca les pregunto a mis hijos cómo se sienten tras una discusión.
  • Me siento rebasado casi todo el tiempo, ante el mínimo estímulo “estallo” con todos en casa.
  • No ofrezco disculpas casi nunca o nunca.
  • Los problemas de mi familia se resuelven en casa, pienso que las cosas suceden por etapas, se disipan solas.
  • Si todo está en calma no vuelvo a tocar el tema de la anterior discusión, si nadie habla, ya se resolvió.
  • Acepto que muchas veces hablo a mis familiares con improperios y descalificaciones en lugar de ir al meollo de los problemas tratados.
  • Al ver un problema, juzgo, señalo, increpo al que lo cometió culpandolo inmediatamente de la situación en lugar de comprender y resolver.
  • Busco culpables de las situaciones para regodearme en lo que han hecho para sentirme mejor.
  • Espero que mis hijos siempre sean ordenados y condescendientes respecto al trabajo y rol que desempeño en casa más que por mi persona. 
  • Me molesto fácilmente si me mencionan alguno de mis errores, más si lo hace alguno de mis hijos.

¿Turbio, ¿no?  estas situaciones arriba enunciadas a modo de cuestionario son muchas de las instancias que en terapia se visualizan de manera casi total cuando a terapia familiar se refiere, y no lo comentan los padres o madres angustiadas, no, lo hace ese hijo que no se concentra en clase, que no puede acercarse a otros por problemas de confianza, entre otros, sí, son los hijos los síntomas de la situación de fondo que atraviesan los padres. 

Una baja autoestima, una necesidad casi eterna por desear descansar física y emocionalmente, incapacidad para controlar las reacciones emocionales, pobre capacidad para gestionar excesos conductuales de parte de los niños, esto es, lo que tradicionalmente llamamos “berrinches” pueden ser detonantes de una serie de desgastes familiares que traen como consecuencias los gritos desaforados de quién se siente responsable total por la vida de sus infantes.

Finalmente, algunas sugerencias de la mano de las revistas Healthy Children (2020) y Guía Infantil (Padilla, 2021) demuestran algunas estrategias importantes a considerar, aquí un resumen de ellas:

  • Tómate un momento para visualizar quejas, en papel, por escrito en el teléfono o en la pc, lo importante es poder saber qué sucede y cuántas veces se repiten estas situaciones y cómo resolverlas.
  • Sí bien el trabajo es vital, no puede llevarse a casa siempre. Un terreno de esparcimiento, un refugio ante la vida arrolladora es lo que debe significar un hogar, procura no evadir las situaciones de casa empleando como excusa el tener mucho trabajo.
  • procura mantenerte atenta a los placeres de la vida, que aunque se vean pequeños y cotidianos pueden significar un momento de meditación activa muy reconfortante, tal como el apreciar un aroma de la comida que consumes, apreciar la sonrisa que tus hijos te devuelven, agradecer por las cosas que te has podido proveer, entre otras.
  • Piensa que no todos tienen un mismo objetivo dentro de la familia, bien sea por la diferencia de edad, pensamiento, cultura, educación etc. todos son distintos, por lo tanto, no todos perseguirán la misma meta, no obstante, que esto no signifique hacer planes familiares, escucha la opinión de todos y en familia conduce el camino.
  • Piensa antes de estallar ¿esto lo amerita? Hay cosas que no son estrictamente necesarias para resolver de inmediato, puedes aplazar actividades en pro de una jerarquía más funcional, como el relajarte unos instantes y luego retomar las tareas de casa; en lugar de gritar e irritarte porque no están las cosas tal como las prefieres.
  • En situaciones sociales, destaca lo positivo, una reunión familiar amena no tiene por qué volverse un centro de quejas, al contrario, gózalo y disfrútalo, en otro momento, apropiado y privado compártelo y desahoga tus vivencias, hay un contexto para todo.
  • Comprende la conducta de tus hijos, vuélvete más observadora, muchas de las actividades que pueden irritarte pueden ser causa de un sentimiento de aburrimiento y de querer llamar tu atención sobre ellos, de manera negativa, pero atención al fin, de modo que, redirige la conducta, una actividad entretenida y educativa que pueda satisfacerlos a ellos y te sientas tranquila tú.
  • halagos, mimos y afecto. No dudes en dar los abrazos que siempre quisiste recibir, estimula el proveer afecto sin razón aparente más allá que la del amor, de ese modo, los lazos afectivos serán todavía más profundos y lograrás mayor cohesión familiar y por sobretodo te sentirás alegre de dar dulzura frente a los embates de la vida.
  • Finalmente, si estás en una situación de violencia, recurre a los organismos de apoyo, tus hijos no tienen por qué ser una barrera entre tú y tu estabilidad física, emocional y mental, además que no tienen que recibir el maltrato y abuso que por tu frustración arrastra, al contrario, contágiate de la fortaleza que ellos pueden darte y sal adelante, busca apoyo y brilla.

Referencias 

Vila, Rosalía. (2018). Preso (Cap.6: Clausura) [Canción]. El mal querer. Sony

Recciuti, P. Los artificios del instinto materno : representaciones de la madre universal [en línea]. Trabajo final de grado. Montevideo : Udelar. FP, 2020.

American Academy of Pediatrics. (2020). La crianza de los hijos durante una pandemia: consejos para mantener la calma en el hogar. Revista digital Healthy Children. Disponible en: https://www.healthychildren.org/Spanish/health-issues/conditions/COVID-19/Paginas/Parenting-in-a-Pandemic.aspx

Padilla, M. (2021). 12 prácticas necesarias para madres y padres estresados. 12 meses, 12 propuestas destinadas a fortalecer la familia. Revista digital Guía Infantil. Disponible en: https://www.guiainfantil.com/familia/padres/12-practicas-necesarias-para-madres-y-padres-estresados/

Canciones para la vida

“Me gusta estar al lado del camino” dice Fito Páez en su canción. Antes de iniciar con este artículo, te invito a darte cuenta de cómo estás respirando ¿sientes que te oxigenas o solo respiras por respirar?, ¿estás al lado del camino…mirando como todo pasa? Concientiza qué sucede contigo y más importante aún revaloriza tus sentidos, como si se trataran de valores en la bolsa económica.

Revalorizar, implica otorgar la estimación que se encontraba ausente. Qué tanto valoramos nuestros sentidos y su utilidad en la vida diaria, puede ser cosa que ahora nos parezca una nimiedad, pero, gracias a ellos nos damos cuenta de qué sucede en el mundo, sin gusto ni olfato, por ejemplo, no podemos conectar nuestras emociones de alegría ni de placer gracias a ese guisado espléndido que prepara mamá; o, sin sentido auditivo, no podemos erizarnos al ritmo de “Creo en mí” de Natalia Jiménez. De este modo, hoy quiero exponer la necesidad de indagar cuál es la playlist de muchos de mis conocidos y amigos, si bien es una muestra pequeña, la escogencia de temas invita a la reflexión, aquí, más que simples menciones de canciones y su posible significado subjetivo, ofrezco una perspectiva de que es necesario “vivenciar” en lugar de simplemente “estar” en un espacio.

Viktor Frankl comentaba de un modo personal y realista que el escape es hacia dentro, en el mundo de la música tenemos un camino perceptivo similar, la melodía comienza ingresando por nuestros canales auditivos y nuestro procesamiento nos lleva a traducir en sensaciones gratas o molestas. Sin embargo, el punto importante que evoca a Frankl es sobre el poder de abstraerse pese a circunstancias y aunque suene como una actitud compleja que solo es competencia de Buda, con la música podemos hacerlo sin relativo problema.

Observemos por ejemplo los siguientes casos: Kiki Rodríguez tiende a molestarse cuando va a un restaurante, no le gusta escuchar a los niños rechinando sus dientes, tampoco el masticar de otros ni mucho menos tolera los malos modales en la mesa. Aquí, el tema sensorial es vital, reflexionar sobre esto es importante no solo para evitar etiquetar a otros de “quisquillosos”, sino para comprender el entramado mundo de la música.

Cuando hablamos de integración sensorial, Ayres citado por Del Moral, Pastor, Sanz (2013) encontramos que se trata del proceso neurológico que organiza las sensaciones del medio ambiente y del cuerpo para usarlo efectivamente en el entorno. Para procesar esto de mejor manera, consideremos el caso de Kiki ¿quién desearía comer en un lugar donde los estímulos influyen de tal modo en su estabilidad emocional que al final no hay motivo más allá del de llenarse? El mundo sensorial nos invita a hacernos estos cuestionamientos.

Ahora bien, en el plano musical ¿cuántas veces no hemos hecho miradas de reprobación ante un género o un sonido? ¿no tenemos un poco de Kiki cuando por azares de la vida nos metemos en una situación que tiene un sonido que no nos agrada? ¿cuánto más estaríamos dispuestos a tolerar sí comprendiéramos más el enfoque del gusto musical en lugar de juzgar? Creo, de forma realista y sin aspirar a grandes cambios que, la tolerancia sería mejor lo cual traería consigo personas que seguirían en lo suyo sin tanto desgaste emocional.

¿Qué importa hoy día en la música?

En un estudio reciente, se reseñó la identificación en dos revistas españolas de gran tiraje que lo que preocupa en este segmento de la humanidad al que llamamos historia es lo referente a la mujer trabajadora, compromiso social, ecología entre otros temas, ahora, medita ¿Qué buscas cuando escuchas? Sí es “camina siempre hacia adelante” de Alberto Cortez ¿existe alguna reacción en tus sentimientos? ¿Qué tanto cambia tu perspectiva sobre un tema tan complejo como es la familia escuchar “amor y control” de Rubén Blades? Así como en estos tiempos las canciones pueden perfilarse como de poco contenido o “mucho texto” siempre debemos recordar que algo está diciendo, del contexto, de la historia, la sociedad. Movilízate.

La música como mediador emoción-conducta

Tal vez el siguiente ejemplo pueda suscitar algunas muecas de desagrado para algunos, pero, te invito a expandir tu entendimiento y comprender la riqueza que puede otorgarte lo siguiente: ¿Qué ha hecho de revolucionario Lady Gaga? O ¿por qué alguien consideraría como su canción bandera Corazón Encantado de Dragón Ball GT?

La respuesta, por más evidente que pueda sonar es sencilla: significado emocional o relevancia emocional. Del Amo, en su crítica al más reciente álbum de Lady Gaga “Chromatica” (2020), nos habla de cómo logró mezclar su “Yo” vulnerable revelando detalles de su padecimiento de antipsicóticos a partir de sufrir de fibromialgia, una enfermedad descrita como “dolor musculoesquelético generalizado, aumento de la sensibilidad al dolor, rigidez, fatiga, entendida como cansancio continuo y sueño no reparador” (López y Mingote, 2008). Y esto me lleva a considerar, no es acaso la expresión emocional la herramienta terapéutica más importante cuando hablamos de bienestar emocional, no es el poder decir crudas verdades una estrategia de supervivencia óptima para transformar el entorno, y, más relevante todavía es pensar que con esto, miles lograron alzar su voz por sentirse respaldados.

Remontémonos a nuestra adolescencia, momentos de construcción de identidad, donde esa melena al aire libre sin peinar constituía una huella de identidad sin importar los señalamientos de nuestros “mayores”. Así, como en ese momento la felicidad se asomaba por mantener una estética genuina a nuestro yo del momento, la música nos da un atributo más, que en momentos difíciles nos hacen menguar desde el más profundo duelo hasta una estabilidad aceptable.

En sesiones de terapia, un ente conector magnífico es una melodía pegajosa que despierte en el paciente una nueva perspectiva o estado de consciencia tal y como pudiera serlo “Nostalgia” del reconocido Binomio de Oro, “The Climb” de Miley Cyrus e inclusive “Diabla” de Fanny Lu, todas mencionadas por conocidos y algunos pacientes. 

En pareja, es natural tener muchos impasses y ver la vida marital conjugada en una canción tal como sucede con “conteo” de Gilberto Santa Rosa, y ponernos a reflexionar y dar ese paso que aunque nos hace temblar las piernas, sabemos que es necesario y le decimos adiós al ser amado.

En individual, recapitular hechos pasados y pensarlos como profundas decepciones o grandes victorias también pueden ser parte de un track musical, como es el caso de la canción “el guerrero de la vida” de Nash, donde ejecuta en agudos versos una realidad sobre cómo hacer frente a los embates del destino.

De este modo, te invito a que musicalices tu vida y resuenes en torno a ella. Bailando, contemplando, sintiendo y aguardando, porque ante todo, “confiá, confiá” (Fito Páez).

Referencias

Sergio del Amo (01 de enero de 2020). Chormatica. Mondo Sonoro. https://normas-apa.org/referencias/citar-pagina-web/ 

Del Moral, Orro G, Pastor Montaño Ma, Sanz Valer P. Del marco teórico de integración sensorial al modelo clínico de intervención. TOG (A Coruña) [revista en Internet]. 2013 [6/11/2021]; 10(17): [25 p.]. Disponible en: (PDF) DEL MARCO TEÓRICO DE INTEGRACIÓN SENSORIAL AL MODELO CLÍNICO DE INTERVENCIÓN FROM THE SENSORY INTEGRATION THEORETICAL FRAMEWORK TO A CLINICAL MODEL OF INTERVENTION | PAULA VEJAR – Academia.edu

Frankl, V. (1946). El hombre en busca de sentido. Barcelona, España: Herder,

APROXIMACIONES CUANDO ESTÁS SIN ALIENTO

GUÍA PARA DESFALLECIDOS

Una herida no es simplemente una abertura que emana molestias y dolor, muchas veces se puede representar como aquel recuerdo que llega y arde o aquel sentimiento que irrumpe y desacomoda la vida diaria. “Quiero morir” para esos sujetos que piensan en palabras y una “vista” de venas abiertas para otros quienes piensan en imágenes, para cualquiera de los dos casos, sufrir se traduce en no poder actuar y simplemente encerrarse en un bucle de tareas rutinarias que silenciosamente roban la vida y suspiros de mejora ya que en cada momento de ocio el dolor hace su acto de presencia.

No poder concentrarse, no querer comer, aunque el hambre ataque y haga de las costillas su saco de boxeo, no desear ir al sanitario y esperar que el esfínter empuje a regañadientes a la víctima para que pueda por obligación hacerse cargo mínimamente de sí mismo, no peinarse dado que es una serie de actividades que devoran las energías, no hablar porque profundiza la agonía de soportar la de uno mismo y ahora la del otro que se preocupa. Así, se vive a grandes rasgos un proceso de enfermedad cuando un estado de ánimo alicaído derrumba el sistema inmune.

El gran imperio que otrora se erguía orgulloso ahora ve cómo se derrumba tras cada negativa por buscar alivio ¡es que cuesta tanto! ¿Cómo levantarte y telefonear al médico si no estás ni seguro de poder/querer mejorar? Es lanzar todo por la borda en un proceso que para otros puede ser insignificante, y esa distorsión cognitiva que carcome y hace pequeña la enfermedad impide ver focos de esperanza. Qué complicada la conciencia de enfermedad. Ahora, revisemos puntos claros, un croquis de un proceso febril que deja como secuela un alma rota que se recupera aliento tras aliento.

El lugar de los hechos

El altar, la habitación en podredumbre o la oficina del alto edificio. En cualquier lugar un proceso de enfermedad puede ocurrir, se gestó en un lugar distinto posiblemente, pero, se vive en aquel donde se pasa más tiempo, convirtiéndolo en un refugio hostil. La luz molesta, el sonido familiar y predecible retumba como grandes elefantes en el pasillo y lo que antes era encantador como el orden, la limpieza o los ventanales ahora no son más que obstáculos que usurpan la paz. Al mismo tiempo, es un refugio encantador, porque es mejor que estar apabullado del ronroneo inquisidor de todos en una fiesta, por ejemplo, tolerando esos ¿cómo te va? O “te ves fatal”, de muchos quienes notan el pesar.

La vida evolutiva

Como en el examen mental de cualquier especialista, la alimentación, el sueño y hasta el sexo se ven cuestionados en el interín mental. ¿Para qué comer si el organismo ruge por la molestia? No obstante, el ánimo empuja al ayuno, ¿para qué despertarse? si el sueño es ese placebo que calma el tintineo de la muerte, o, al contrario, para qué dormir si las pesadillas y el malestar corporal acompañado de espasmos y dolencias quitan a Morfeo de la lista de placeres. Y finalmente, el deseo y la libido son simples recursos de mala calidad que ni siquiera se atraviesan porque la anhedonia (incapacidad para experimentar placer) se apoderó obsesionada de la persona, como una amante en celo que se impulsa por aniquilar a su huésped.

El organismo descompuesto

            Como si de Kafka se tratara, comienza una nueva apreciación de uno mismo. Poco a poco nos desprendemos de la piel en una metamorfosis de la salud al deterioro total, empieza por el aspecto físico.

            “Qué cara traes hoy hija, maquillate”, “esta ropa se hace tan incómoda, ni me queda bien”, “el sol no calienta suficiente hoy, qué clima tan hostil”. Y así vamos sumando quejas sobre el entorno. Luego, pasamos al ámbito mental, el más escabroso.

“¿Cuándo se acabará esto?”, “doy todo por estar en casa acurrucado, esto de fingir desgasta”, “ahora viene aquel con su energía cocainómana ¿de dónde sale tal actividad?”. Y así en más, todo lo que involucra procesos de planificación se ven totalmente anonadados por el medio y las exigencias.

Finalmente, en la destrucción de la podredumbre, tenemos la capacidad inhibida de lo emocional. Viene representada por dos momentos que muchas veces pueden ligarse, lo cual puede traer consigo algunas inquietudes.

El tipo irritable: “no me ayudes, ya para molestia estoy yo solo”: son aquellos que repudian el contacto con otros, ven a los semejantes como entes que pululan sin ton ni son, en el fondo, existe un repudio por el estado de salud y bienestar que según ellos poseen. Además, existe el deseo de no querer tolerar sus maneras, ni gestos, porque involucra responderles y no hay cabeza para ello. Al mismo tiempo, los problemas del mundo hasta el más grave se ven como un acto insolente “¡qué me importan otros si yo estoy hasta…! Una característica importante es que no desean abiertamente recibir ayuda aunque muchas veces sepan que la necesitan, simplemente se regodean en el dolor confiando en sus desfallecidas fuerzas y esperando además que el otro comprenda que su dolor es tan grande que no tendrá cura (al menos no tan pronto).

El tipo victima: “te necesito, desfallezco sin tu apoyo”: son aquellos que a viva voz expresan su malestar y dolor, piensan que contándoles a otros su pena esta será distribuida equitativamente y de ese modo la mejora llegará. Claramente sociables, no repudian la compañía la ansían y muchas veces en su estado lo multiplican para hacerse aún más merecedores de apoyo y cariño. En cuanto a la percepción de sus problemas y el de los otros, comprenden que existen más dolencias en el mundo, pero las de ellos está en primer lugar “sí, a la Tía Feli le sucedió, ahora yo me siento peor, y además que a mí se me empeoro porque tuve mala suerte…” más leña al fuego. Se caracterizan primordialmente por su afán de esperar cuidados y mimos, quedándose profundamente dolidos si no lo reciben o si no es de la manera que esperan.

El tipo mixto: “necesito ayuda, pero si lo digo me van a cuestionar, si me preguntan digo lo que sucede”: estos tipos que se ven mezclados en sus expresiones de enfermedad son muy comunes. Por un lado, les molesta las injerencias que otros puedan tener sobre su enfermedad “eso te sucedió porque tu no hiciste, dejaste de hacer o seguramente permitiste…” es decir, se vuelven ariscos ante las arremetidas de terceros que lo responsabilizan del proceso de enfermedad; al mismo tiempo, arremeten contra otros porque se sienten pesimistas sobre su recuperación sobre todo considerando los datos que tienen sobre el mundo “no me recuperare, la tasa de muertos por X enfermedad supera la de los recuperados y yo con mis problemas no voy a poder…”, ante esta actitud evitan también contar lo que les sucede y así ahorrarse las penurias negativas de otros. Pero, así como se acuartelan en su malestar, también añoran los mimos y cuidados de otros, se sienten desprotegidos por su cerco social que ellos ayudaron a formar, sin embargo, sí existe una mano piadosa, la toman aunque con reservas, pues, gustan de sentirse respaldados ante la adversidad.

¿Qué sucede cuando no me siento enfermo pero tengo diagnóstico?

            En primer lugar, podemos hacer referencia a una acomodación mental, es decir, el organismo se hace a la idea de que el estado de bienestar anterior, ya no será “pleno” sino que tendrá que enfrentar obstáculos. Sucede por ejemplo en enfermedades crónicas como la diabetes, donde la persona debe contemplar la idea de tener que ajustar su ritmo de vida, hábitos alimenticios y tener actividades físicas regulares para lograr mantener una vida estable. Pero esto, es apenas el inicio.

¿Y, si no quiero?

Para nadie es un secreto que estar enfermo para algunos puede significar una alegría malsana pero agradable, por ejemplo, si calificamos y tildamos a algunos de “perversos” podemos decir que hay personas que gustan de ser cuidados y regodearse en el dolor por sentirse incapaces de no hacerse consigo mismos. Entonces, de esta “especie” humana surge una aleación muy compacta de cuidador-enfermo, provocando serios problemas de dependencia en ambos.

            De igual manera, existen los del tipo que desean con todas sus fuerzas el clamor de la vida y buscan alternativas a toda costa: homeópatas, medicina oriental, occidental ¡lo que sea! Y consiguen en su camino aliados e incluso admiración, logrando a veces el cometido: vivir.

            Al mismo tiempo, están los que se resignan a su diagnóstico y lo abrazan, no estamos hablando de personas que quieran directamente fallecer, que los hay, pero, en este momento haremos referencia a aquellos que ya dan la batalla por perdida debido al peso que supone. Para ustedes, los que en el fondo quieren dejarse de lado y dar todo por vencido, mis palabras:

“Me permití decidir no comer, hasta que mi organismo no fabricó el hambre.
 Decidí no dormir, hasta que la vida me empujo a bostezar.
 Me permití no relacionarme, para evitar más dolor, me censuré duramente.
 Descubriendo así el abandono y desamparo.
 Decidí cerrar mi alma, hasta que me vi sola y con sed de ternura.
 Me permití hacerme la fuerte, y de pronto descubrí que soy solo de carne y hueso.
 Descubrí la importancia de percibir el aroma del peligro, cuando dejé de notarlo.
 Y así más instancias, en un momento optadas, las fui perdiendo.
 Dándome cuenta después, que no eran opciones.
 Era mi vida, latiendo.
 Vive, lucha.”
 

“Cuando era niña”

Desdóblate ante la vida, abre, despliega todos los recursos posibles: arte, comunicación (quejarse, para resolver también es válido), drenar con deportes entre otros, es una medida totalmente aceptable para que el dolor no gane la batalla, es justo y necesario sentirlo, para darle un significado que enriquezca nuestra existencia, analiza y acepta tus arrebatos.

Bruscos recuerdos llegan a mi memoria, no es necesario camuflarlos ni excusarse con que son “días difíciles”, no, solo están allí y se reproducen en cuanto la lupa se posa sobre ellos y es entonces cuando esa luminiscencia los activa. En esta ocasión, he hecho surgir recuerdos y una relación causa-efecto, algo así como un insight fantasmal, ha renacido. Bueno, si a eso vamos, todo insight podría ser fantasmagórico porque trae un tornado emocional como todo espectro que surge de la nada, pero, al mismo tiempo, cuando noto que su naturaleza incorpórea no me hará daño, sino que golpeará con su naturaleza comprensiva, es allí cuando me calmo y aprecio el golpe de realidad. Así lo he decidido.

A medida que repaso estas líneas en mi cabeza, surge un bloqueo monstruoso: no recuerdes, procrastina. ¡Evade! Entierra el impulso y calla. 

Pero no, me resisto, me combato y venzo porque reconozco que muchas veces soy mi propia enemiga. Mucho tiempo he sucumbido ante mis súplicas para quedarme en inactividad y sofocar mis sueños, aún lo hago, pero, despierto antes de la pesadilla saboteadora y gano. 

Es un pasaje bien aprendido de la niñez, vamos a explorarlo en retrospectiva, quien narra es una Brenda que duda aún si decirlo o no, que le tiembla la nariz y le aprieta la garganta, no obstante, con su voz aprendida e impostada de “niña de Discovery kids” bien portada, comienza a narrar. 

Primer acto: resuélvelo tú sola, Brenda

En un día caluroso, de esos vacíos y típicos del trópico destaca una niña que por su simpleza y muchas veces cobardía está atrincherada en una cama; pensando; tiene menos de doce años y más de seis, y sabe que está sola en esto, es su deber resolverlo ella misma porque pedir ayuda es quedarse muda esperando una respuesta que nunca llega, es saber que se pone en tela de juicio su capacidad, es saber que no hay disposición porque “es un tema menor”, porque es un miedo que debe superar, una circunstancia más.

Situaciones importantes que todo padre debía velar, pero, del que no repararon en su tiempo y se limitaron a espetar: “le teme a las matemáticas”, “qué floja, solo sabe escribir historias, para lo que es buena ella”. No, repasar el contenido exacto de esto no es relevante, vayamos a las entrelíneas, según me di cuenta después, lo que buscaba excesivamente con mi voz, actitud y calificaciones en las demás asignaturas era no fracasar ante todos porque la imagen impostada que creé y me crearon no me lo permitían  (sobre todo ante las matemáticas, ¡qué susto!). 

Ella, o sea yo, tuvo que aprender a resolverlo, “se buena aquí y allá” así cuando fracases, es decir, no obtengas, un 20 sino un 15, 11 o 10 nadie dirá que no te esfuerzas, pero, ya lo sabes, debes ser más inteligente ¿cómo todos multiplican y tú no?, ¿resta, tonta qué esperas? Y así aprendí a resolver sin hacerlo realmente, solo impostaba, tolerando arrebatos de otros y algunos otros míos, refugiándome en mundos mágicos de lecturas donde aprendí el valor de sumergirme en las líneas de libros y enriqueciendo esta particular jerga y entonación de “niña extraña”.

Además de eso, aprendí a callarme, escuchaba todo, sentía el dolor de otros como mío, pero no me defendía ni defendía a otros, solo pensaba desde mi trinchera y, me cuestionaba: ¿por qué le preguntas eso? es solo un niño, cuando un semejante era víctima de una injusticia de mano de los “grandes”.  De ese modo, aprendí a resolver que ante la injuria de la “autoridad” marcada por gritos, era admisible, aunque lo repudiara y estuviera en desacuerdo. 

No, no fui golpeada, pero vi a otros padecerlo. 

Segundo acto: la protección y seguridad son constructos creados por ti misma, Brenda ¡Dha! 

Los gritos afuera en el pasillo simulando truenos; están los mayores haciendo de rinocerontes ciegos intentando consolidar quién es el macho que manda: el ávido de estupefacientes o el gordo agresivo. Una batalla campal con tres espectadores, y entre tanto, acobijada después de la juerga de golpes y gritos: la sábana, cuántos sollozos ahogados, cuántos abrazos rodeando las costillas no pudo ver la sábana, muchas fueron las veces que, aún todavía hoy, han sido un placebo que invitan a dormir dejándome cubierta de pies a cabeza.

Qué plácido es tener el beneficio de un sueño sin la conspiración inconsciente de llenarte la cinta onírica de retorcidas y amargas historias, no, que yo recuerde, no tenía pesadillas tras percibir un encuentro hostil.

Gracias doy por eso.

Finalmente, aprendí de este manto protector que el calor y cubrirse es lo que necesito para afrontar la vida.

Tercer acto: la encrucijada y presente aquejado.

¿Llanto y molestia? Ha refugiarse en oscuridad y calor. ¿ansiedad y sentimientos de desamparo? La sábana te arropa, así como esas palmadas que me doy. Así, hecha hoy, soy un adulto. Es la representación de como un recurso infantil retumbó hasta el tuétano convirtiéndose casi en imprescindible, es lo que sí puedo hacer cuando no existen oídos amplios y comprensibles, o, más bien, cuando no confías en los disponibles, total, yo resuelvo sola ¿recuerdas? 

Por tal motivo, fue importante incluir el relato anterior. Sin embargo, no, querido lector, no me mal entiendas, también aprendí a encarar los problemas ¡cómo no! sola, con las piernas temblando y lacerando mentalmente todo mi ser, y pese a esto, han sido tantas las exposiciones que aquella habilidad antes impostada ahora es natural, la descalificación existe como pensamiento en bucle y se detecta y redirige. Ya no permito que gobierne más la distorsión cognitiva de creer poder hacerlo todo y deber actuar obligada a todo.

Cuesta mucho, pero se consigue, aunque he de confesar que me refugio en la procrastinación y la sábana, muchas veces es desde allí donde tomo impulso para seguir, “porque decir adiós es crecer” decía Cerati, y siento más que pienso, que es así, en la medida que rechazo los agravios creados por mí misma, más me entrego a la idea autocompasiva de que merezco un abrazo, no se de quién porque aún no se cómo aceptarlos o recibirlos, no obstante, sí son de mi misma los avalo, descanso las aguas del manantial del espíritu y avanzo, supongo, a eso se refería Cerati en esa precisa oración.

Yo protagonista

Generalmente, esperamos en un lugar como este un artículo con carácter informativo y hasta académico, que seamos relatores, pero, hoy, decidí relatarme a mí. Es una labor extraordinaria y diaria, el pensar sobre lo que hago; no obstante, si les soy honesta es la primera vez que es público, gracias por acompañarme.

Aunado a lo anterior, pienso que en la medida que recitemos lo que ocurre en el vaivén mental y demos respuestas, es posible que otros también encuentren las suyas. El acto de relatar, consiste en vivir una experiencia, crearla a partir de la chispa de otros o de uno mismo y expresarla, por ello, al momento de escribir, inspirar en otros, es el éxtasis. 

A donde quiero llegar, es que cuando escuchamos a otros, surgen interrogantes que por diversos factores omitimos indagar, y pasa en terapia: el tiempo, las emociones suscitadas, el estado de ánimo etc. impide recapitular a gusto, por ende, esta vez decidí exponerme, reflejarme en mi misma y hasta manifestarme vulnerable, porque ahora conoces mis dos bastiones para afrontar la vida: pensar en resolver… mientras me cubro como un tamal. Por otra parte, no hay mejor “sujeto de pruebas” que uno mismo, y antes de invalidar la privacidad de un paciente, prefiero darme a mí el permiso de escarbar hasta donde sea necesario.

Sonrío ahora que reparo en esto, gracias totales por no abandonarme, y antes de ponerme seria, te invito a conseguir tus bastiones de fortaleza, de seguro los tienes pero están invisibles, a veces los usamos tanto que nos parecen rutilantes, pero ¡ey! Destácalos, ese tic cuando dices algo turbio, ese apretón de estómago antes de ejecutar esa difícil decisión, que, aunque no haya un sanitario cerca, igual la tomas, esos, son bastiones, conductas que ayudan al organismo a reorganizarse. Ahora bien, qué dicen los autores al respecto, aquí un breve resumen teórico pues, de ejemplos estamos llenos en los párrafos anteriores.

Hablemos de autorregulación emocional, en los niños

La regulación supone el manejo  de  la  emoción  a  favor  de  un  mejor  funcionamiento  del  individuo  en  una  situación  dada” (Ato, Gónzalez, Carranza, 2004) en otras palabras, resume que la adaptación de las emociones a la situación supone sacar un mayor provecho de ellas, no solo de las “negativas” sino también de las llamadas “positivas” aunque, si vamos a hechos meramente teóricos ninguna emoción es positiva o negativa, pues, ellas tan solo anuncian lo que sucede en el ambiente. 

Además de lo anterior, debemos manejar conceptos tales como temperamento, el cual es hereditario y demarca esa parte más natural y primitiva de la personalidad, la cual viene acompañada a su vez por el carácter, el cual se asienta sobre las nociones aprendidas en sociedad. Todo esto me lleva a considerar ahora en la adultez, que estos dos ingredientes se unieron y dieron fruto a una persona que si bien se maneja con llamaradas ardientes de pasión alternándose con la gelidez de un témpano, también sabe muy bien (gracias a varios choques pasados) cuando ceder y turnar el mando para que un dragón voraz no lo dañe ni haga daño. Pero esto no vino solo.

Rodríguez (2014), habla de madurez cognitiva entre otros procesos que acompañan el desarrollo de los niños, a grandes rasgos, ya que en niños enmarcados dentro de un trastorno del neurodesarrollo no podemos decir lo mismo con tanta exactitud la mayoría de las veces. Aclarado lo anterior, hablemos ahora sobre algunos mecanismos atencionales, de forma muy sucinta.

Si te atiendo, me molesto

Muchos padres se sentirán vinculados a esta experiencia: un niño de menos de seis años es atrapado in fraganti jugando con las llaves del auto. Su padre, se lo quita porque el niño lo mordisquea y para evitarle un daño mayor al infante, a lo que el niño responde con una rabieta colosal ¡que es por tu bien, niño! ¿Te ha ocurrido? de seguro que sí.

Esto ocurre porque la red atencional que nos pone alerta ante eventos externos está en su nivel máximo de activación, siguiendo el caso anterior, supongamos que el niño se entretenía con el sonido de la alarma del auto, entonces, disfrutaba de la red atencional y se veía reforzado, es decir, le gustaba mantener la conducta. Pero, sí el niño es un poco más grande, entraría en juego la red de orientación que lleva la atención a un segundo estímulo, ejemplo: papá después de retirar las llaves del auto, le da una maraca para que la agite. Y esto, por simple que parezca, es un mecanismo excelente de autorregulación dado que permite a que el bebé pase de un primer estímulo a otro, dándose la capacidad de alternar sin desgastarse. Bastante inteligente ¿no?

Finalmente, hay dos ingredientes más, el primero es la red atencional ejecutiva que en niños un poco mayores se desarrolla en conjunción con el lenguaje y permite que la persona pueda inhibir otros estímulos y enfocarse en una tarea. Por otro lado, la maduración cerebral integral da la oportunidad de desenvolverse en diversos ámbitos siendo capaz de no dejarnos llevar por las peripecias de la vida y buscar con coraje una vuelta a las cosas. En resumidas cuentas, utiliza tus poderes atencionales para enfocar lo realmente valioso.

Mis últimas palabras para ti querido lector que llegaste hasta aquí es agradecerte y sugerirte que hagas resonar en ti la capacidad de poder desdoblarte ante la vida, abre, despliega todos los recursos posibles: arte, comunicación (quejarse, para resolver también es válido), drenar con deportes entre otros, es una medida totalmente aceptable para que el dolor no gane la batalla, es justo y necesario sentirlo, para darle un significado que enriquezca nuestra existencia, analiza y acepta tus arrebatos, te aseguro que te conocerás más que nunca. Cuando te cuestionas, abres un mundo de alternativas donde todas pueden ser y al mismo tiempo no, todo lo decide la elección que escojas. Todo depende de esto último. Por lo que atrévete a alternar, estar molesto, enfadado y demás está bien, pero no por mucho, alterna, así que si atiendes por mucho tiempo esa molestia es posible que te enfurezcas más, no dejes que gane, combate y vence.

Referencias

Ato Lozano, E., González Salinas, C., Carranza Carnicero, J. A. (2004). ASPECTOS EVOLUTIVOS DE LA AUTORREGULACIÓN EMOCIONAL EN LA INFANCIA. Anales de Psicología / Annals of Psychology, 20(1), 69-80. Recuperado a partir de https://revistas.um.es/analesps/article/view/27581/26751 

Rodríguez S., (2014). Desarrollo de la autorregulación en la infancia. (Trabajo de Grado en Maestro de Educación Infantil). Universidad Pública de Navarra, España.

 

EL MARAVILLOSO MUNDO DE EDOS

De cómo enfrentar los miedos y superar la nostalgia

El mundo infantil está plagado de un romanticismo arrollador, donde todo se pinta de manera rosada, con un sabor pastel y un sonido similar a campanas que tintinean gustosamente a pie del oído pero, sabemos que no es así.

En sesión, muchas veces nos topamos con situaciones extraordinarias, de parte de madres y padres e inclusive cuidadores que acuden a nuestra sala de citas para recibir un soplo de esperanza y muchas de veces de valentía para tomar aquella decisión que tanto aqueja. Cuando acuden con niños la cosa se pone peliaguda porque no solo es hablar en el idioma nativo sino que además, debe ser comprensible, realista pero al mismo tiempo cuidadoso para no malograr la ya inquietante experiencia.

¿Cómo hablarle a los niños?

En otra época, los niños callaban y mordían su recelo. Muchas veces inclusive se veían privados de su expresión porque un manotazo injusto se iba contra ellos, pero, muchas de estas actitudes en la crianza (sí es que se le puede hablar así) ya hoy no son del todo tan habituales de conseguir.

Enhorabuena papá o cuidador que estás leyendo esto, gracias por preocuparte por no dañar una vida o por buscar una alternativa al «eso no te interesa porque eres un niño», y más bien hacer un puente como quien dice: «ven, siéntate aquí que vamos a hablar sobre aquello que paso con tu hermanita y el tío Gustavo».

Muchas veces, verter un poco de minutos y segundos en está vida pueden ser una inversión costosa, sin embargo, cuando se trata de hacerle ver a un niño una realidad que le concierne, esa inversión se convierte más adelante en una ganancia absoluta. Así que, respira profundo, recuéstate bien de tu silla y reflexiona sobre estas sugerencias:

  • Aclara en tu mente las aguas emocionales. ¿Cómo es esto? Sencillo, hablando se entiende la gente, por lo tanto, hablar con un humano y no con un ogro ya es mucho. No es juzgar ni tirarle piedras a otros por efecto de la cólera, es hablar, y para ello, el tema debe tener un inicio, desarrollo y cierre, ármalo en tu cabeza y luego en ese orden, exprésalo.
  • Habla en un idioma comprensible. «Las células plasmáticas del área del intersticio de tu abuelito están en una variación sistémica….» ¿lo entiendes? yo, honestamente no, así que probablemente un chiquito, tampoco. Habla en términos adecuados, pero, siempre cercanos a la realidad, y sí es de decir: pene o vagina, dilo tú, que eres confiable, no esperes que Youtube u otra persona con otras intenciones lo haga.
  • Disfruta. Es difícil decirlo y todavía más hacerlo, y aunque muchas veces son temas acalorados, complicados y dolorosos, es un momento donde dos almas se conectan, para compartir un saber. No todo debe ser doloroso o complejo, pero en momentos como estos, donde escapar sería más valioso que el oro, el enfrentar con coraje y con un amigo de apenas un metro, es muchísimo más satisfactorio a mediano y largo plazo. Tómate tu tiempo, estabilízate y ve de la mano con él o ella a una resolución realista y esperanzadora.

Un ejemplo vale más que mil palabras, lo mismo que una imagen, así que aquí traigo ambos, una pequeña historia de cómo encarar de forma melosa algunos episodios que en vida pueden ser complejos llegando a quitarnos las palabras, sucesos como el sentirse desamparado, con miedo, a punto de enfrentar un obstáculo temible y la tan aterradora nostalgia, se pueden convertir en quimeras de poliestireno siempre y cuando logremos expresarla adecuadamente.

En las coloridas calles de Calabacín 503-Cercado, una gran ráfaga de viento llevó la casa de Chiquinquirá hasta el misterioso mundo de Deva, un lugar fantástico donde habitan los Ezas, además de los Edos, un tanto más allá los GRRRR, y en sana paz los Iuhgg y Algos.

Chiquinquirá llegó a conocerlos un día que su casa se levantó por los cielos y fue a parar junto a aquel lugar, pero no estaba sola, había una linda voz que la acompañaba, no tenía forma, ni pesaba, pero sí que hablaba, se llama Lara, y siempre la aconsejaba, aunque a veces Chiquinquirá decidía por sí misma y hacía lo contrario, pero no era todo el tiempo.

Este misterioso viento, dejó a Chiquinquirá en medio de un lugar lleno de plantas altísimas como edificios, no estaba mamá para ayudarla, por lo que sintió miedo, y tras salir de casa y andar por todos lados, su voz interior, es decir, Lara le dijo: como no sabemos dónde estamos ni a dónde ir, vamos avanzando hasta llegar a algún lugar. Chiquinquirá aceptó, y tras muuuucho caminar, llegó al fin a una gran muralla de hierro.

Chiquinquirá estaba solita, estaba con mucho miedo, se sentía desamparada, pero, al llegar a una gran muralla de hierro, estaba contenta, porque pensó que sí tocaba la puerta alguien la ayudaría.

Toc toc, se escuchó. Un señor desde lo alto, vestido de morado y con lentes enormes del mismo color se asomó muy temeroso. Chiquinquirá le saludó muy alegre y con voz fuerte, se armó de valor y gritó a lo alto: ¡Holaaaaa!, necesito ayudaaaaa. El señor, que estaba amurallado, temblando de miedo, comenzó a dar la voz de alarma: ¡un intruso! Y todos comenzaron a buscar refugio.

De repente, el rey de la ciudad Edos, pues así se llamaba aquel lugar dijo con voz miedosa: no debe entrar ¿o sí debería entrar?, no, no debe ¿pero, y sí es buena? O tal vez no lo sea ¿pero, y si me ayuda? O tal vez nos coma, ¡qué terrible!

Mientras tanto, Chiquinquirá no se daba por vencida, estaba decidida a encontrar ayuda y Lara insistente le decía: vámonos, suficiente de insistir. No obstante, Chiquinquirá, recordaba a su mamá diciéndole que, con buenos modales había posibilidad de tener éxito. Entonces, Chiquinquirá limpió su voz –cof, cof- y dijo: ¡Hoooolaaaa! Soy muy buena y alegre, pueden abrir la puerta ¿por favor?

El rey, que estaba escuchándolo todo a través de sus mensajeros de la muralla, reflexionó: uhmmm, sí es un monstruo, no diría por favor. Pero, ¿y sí es una trampa?, ¿qué debo hacer? ¡qué miedo, qué miedo! El país de Edos jamás había tenido tantos problemas, pero… ¿y sí me ayuda?

Chiquinquirá, afuera de la muralla, y cada vez más decidida a entrar, siguió esperando pacientemente, hasta que, desde arriba, un hombrecito morado como su rey, le dijo en una voz tan pequeña como un ratoncito: ssssseñorita, ¿qué quiere?

Y Chiquinquirá muy emocionada respondió: señor, buenos días o tardes, aún no sé qué hora es, porque no tengo reloj ¿usted tiene un reloj o perritos? Bueno, un momento, quería preguntar ¿dónde estoy?, ¿quién eres? ¿me ayuda? Por favor-dijo con una gran sonrisa.

El hombrecito morado, fue corriendo a decirle al mensajero del rey, y éste al saberlo, se dijo muy confiado: es una niñita, una niñita chiquitita, de seguro no nos comerá ¿y sí come ciudadanos moraditos de Edo al vapor? ¡Ay! Qué miedo. Pero, ¿y sí no? Mmmm, es una niña, mejor sí que entre y así nos ayuda y yo la ayudo, y quedamos bien ayudados-pensaba temeroso el rey, hasta que resueltamente dijo- Señor Mensajero Real, le ordeno que traiga a esa niña ante mí, y dígale a mi Mayordomo Real que traiga mi armadura, nunca se sabe qué comen los niños de hoy en día.

De este modo, el Rey de Edos se preparó con su armadura de guerra morada, llena de placas de hierro, más que armadura, parecía un caparazón de tortuga. Y finalmente, el gran momento, Chiquinquirá entró por la pequeñita puerta de la muralla, casi a gatas, le dieron sus anteojos morados y comenzó a recorrer la morada y vacía ciudad.

– ¿Por qué todo es chiquitito?, ¿por qué no hay nadie? ¿por qué todo es morado? Mis manos, pies, cabello, el cielo, todo es morado ¡POR QUÉ! – con esta última pregunta, su voz retumbó por todo el país, y los ciudadanos morados de Edos temblaron de miedo. Luego de caminar un poco, llegó con el Rey Morado Edos, quien estaba debajo de la mesa.

-Señor, ¿qué le pasa? Un rato, hmmm, ¿por qué es tan pequeñito y moradito? ¿Por qué…? –

– ¡Basta niña feroz!, soy el Rey del País Edos, dime, ¿nos comerás? Y se honesta, te lo digo, no tenemos buen sabor- Chiquinquirá, respondió:

-jajajajajja, yo no como personas ¿qué le pasa? Me ayuda a encontrar mi casa ¿por fis? – dijo muy sonriente y divertida. El rey, muy asustado, pero no tanto como antes, sacó la cabeza de la mesa y dijo:

– ¿Así que no me comerás? Bien, te ayudare, sí me ayudas tu a mí, de ese modo, nos ayudaremos ayudaradamente, ¿bien? – Ante esto, Chiquinquirá dudó, ¿qué tipo de ayuda le daría una niña a un rey tan miedoso? Pero, su voz interior Lara, le señaló: escucha antes de hablar, averigua qué desea y luego, decidimos. Ante esto, Chiquinquirá dijo:

-Bueno, ¿qué quieres? -muy dudosa caminó hacia la puerta-  estoy perdida, no sé a dónde ir, cómo llegar a casa, extraño a mis padres.

– ¡oh!, estás perdida, te ayudaré, los niños necesitan que los cuiden- dijo el rey finalmente saliendo de la mesa con su enorme caparazón- sí, te ayudaremos, somos el País de Edos, somos miedosos, pero bondadosos; ese es nuestro lema. Te propongo que, sí tú capturas al Gran Rugidor, te ayudaremos a llegar a casa, el Gran Sabio siempre lo sabe todo, él sabrá cómo llevarte a casa. Mi mayordomo te llevará a alistarte. – Y con aire tranquilo, llamó-: ¡Gran Mayordomo! Lleve a la pequeña a prepararse para el combate contra el Gran Rugidor.

Chiquinquirá estaba muy alegre, saltaba de alegría, al fin llegaría a casa. Entonces, cerró el trato. Olvidó preguntar qué era el Gran Rugidor, ella solo quería llegar a casa, sentirse protegida y alegre, como de costumbre.

Chiquinquirá, solo pensaba en lo feliz que estaría de llegar a casa, por lo que solo caminaba tras el mayordomo. Cuando al fin alcanzaron una amplia habitación morada, le indicaron que debía vestirse con hombreras, cascos, una gran lanza, botas y una cota de malla, por supuesto, todo morado, entonces, Chiquinquirá se sorprendió y comenzó a sentir un gusanito en el estómago que subió hasta la garganta, hizo que sus piernas temblaran y se sintiera mal ¡estaba teniendo miedo!

Cuando Chiquinquirá se dirigió al camino que conducía al Gran Rugidor, su voz interior Lara, le decía que no la dejaría sola, que estaría para ella de forma incondicional, qué debía enfrentar sus miedos y que, sí sentía tristeza, debía sacudir su cabecita y dejar que la tristeza se fuera, es bueno sentirla porque indica que algo no está, pero, no hay que retenerla por mucho tiempo, le decía.

Cuando el Gran Mayordomo Real le indicó que debía ir al bosque encantado, a las afueras de la ciudad y allí en una cueva encontrar al Gran Rugidor, Chiquinquirá tembló de miedo, pero, la animó el hecho de reunirse de nuevo con su mamá, así que caminó con paso firme.

Mientras caminaba por el bosque, se distrajo. Flores, mariposas, una rana, dos troncos morados grandes, un saltamontes morado chiquitito…y así, iba mencionando todo lo que veía y sin darse cuenta pasó por encima de la temida cueva, al cabo de varios pasos, comenzó a sentir cómo el suelo temblaba.

– ¿¡QUÉ HACES AQUÍ?, ¡NIÑA, VETE! SOY EL GRAN RUGIDOR, RAWRSSSR. – dijo con voz grave y haciendo temblar a los troncos con cada palabra-

-yo soy Chiquinquirá, y si te venzo regresaré a casa con mi mamita, señor Monstruo, ¿Vive aquí? – replicó Chiquinquirá, con temor, aunque su curiosidad, pudo más que ella y no evitó preguntar-

-CLARO QUE VIVO AQUÍ, ES MI CASA. ¿ACASO NO TE DOY MIEDO? -expresó el Gran Rugidor confundido, pero igual de atemorizante-

-Un rato, si eres así de grande y tan peludo con esos colores rojos y amarillos, ¿por qué eres de colores y los otros son moraditos chiquitititos? – seguía preguntando Chiquinquirá- y, además, ¿por qué eres así de grande? ¿por qué estás tan molesto? ¿siempre fuiste así de grande y enojón? – a lo que el Gran Rugidor, respondió:

– ¡BASTA! PREGUNTAS DEMASIADO, SOPLARÉ TAN FUERTE QUE TE LLEVARÉ AL SIGUIENTE CONTINEN…-intentó decir el monstruo, pero Chiquinquirá, lo interrumpió.

– ¡Espera, espera! Sí te ayudo a que seas chiquito y enojón regresaré a casa y tú a la tuya, porque a lo mejor tienes una casita o una casota y una mamita con hermanos que te esperan ¿quieres?

Ante esto, el corazón del Gran Rugidor, que creía muerto hace mucho tiempo, comenzó a palpitar ¡claro, madre y hermanos! Los había olvidado. Cuando lo recordó, se hizo chiquitito, era un hombrecillo morado, que se quedó confundido y feliz, algo así como confeliz o confunliz, según le comentó a Chiquinquirá tiempo después.

Cuando Chiquinquirá notó el cambio en el ahora ex Gran Rugidor, le siguió preguntando, qué le había pasado, y este le respondió:

-Yo antes trabajaba para el reino entregando paquetes del correo, sí, aquí también tenemos mucha correspondencia. Y bueno, me despidieron y me enfurecí, llevaba muchos años así enfurecido hasta que un día no lo soporté más y grite y grité y grité tan fuerte, que me hice grande en mi último grito para el que tome aire en mis pulmones por cinco días, y me inflé. Luego de eso, me volví como loco, derrumbe casas y el rey me expulsó a las afueras en este bosque, y he vivido solo muchos años, sin mi mamita y hermanas ¿cómo estarán? Ahora me siento muy triste.

Ante esto, Chiquinquirá se acercó y le dio un abrazo y le dijo: -no te preocupes por lo que pasó, está pasado y en el pasado se quedará, ahora, tienes que ver lo que está sucediendo ahora, es algo muuuuuy bonito, eres libre y puedes regresar a casa, y ser feliz con tu familia o con una nueva, puedes tener ahora esposa e hijos. Aquí, rugiendo, no eras feliz, pero ahora, si puedes. Tu mamita y hermanas, habrán estado extrañándote, pero, siguieron con su vida intentando ser feliz nuevamente. Ahora, tu puedes serlo. Y sabes ¿qué te aconsejo? –

El ex gran Rugidor la miró con sus grandes ojos de hombrecito morado y preguntó muy intrigado: – ¿qué puedo hacer? Todo lo que has dicho tiene mucho sentido, ahora, quiero saber más-

Y Chiquinquirá respondió: – Crea tu trabajo haciendo juguitos felices, y así serás tu propio jefe, y comprarás helados para todos. Y bueno, no puedo decirte más, debo ir a casa con mi propia familia que me quiere y seguramente extraña, adiós ex Gran Rugidor, te daré mi número de teléfono y sí quieres, escribes y si no quieres, no escribas, seguramente yo estaré igual, lo importante, es que los dos estemos tranquilos y felices con nuestras familias ¿sí? –

El ex monstruo aceptó de inmediato, aunque algunas ideas le parecieron propias de una niña pequeña, estaba satisfecho, le dio todas las gracias del mundo a Chiquinquirá y tomó su número de teléfono escrito en una hoja de árbol, se fueron por caminos distintos y, nuestra heroína al llegar al pueblo victoriosa, encontró que todos aplaudían y gritaban: ¡CHIQUINQUIRÁ, VIVA CHIQUINQUIRÁ!

El rey la recibió y le dijo con tono solemne frente a todos: eres bienvenida a mi país siempre que quieras, Edos está muy agradecido, te doy ahora el código secreto del gran Mago, él sabrá cómo llevarte a casa.

Chiquinquirá estaba muy contenta, hizo nuevos amigos, un país entero la creía su heroína y lo más importante, accedió a verse con el Gran Mago y luego de las palabras mágicas: ¡AZUL MIAU, BALOO, JAJA! Llegó de inmediato a la puerta de su casa, allá en Calabacín 503-Cercado y se encontró con su mamá, quien la abrazó y le preguntó ¿dónde estaba? Y comenzó a relatarle toda la historia.

¿Qué sucedió con el ex Gran Rugidor? Bien, mientras a Chiquinquirá la vitoreaban en todo el país de Edos, el ex Gran Rugidor, se metió por un huequito en la muralla de las afueras del bosque y llegó a su casa, como todos estaban al pendiente de Chiquinquirá, le fue fácil llegar hasta su antiguo hogar sin ser visto.

Su madre y hermanas estaban en la Gran Plaza, todos estaban allí frente al gran acontecimiento, aunque tristes, pues, no vieron a su amado familiar. Cuando por fin llegaron y vieron a su amado perdido hace tanto tiempo, lloraron y rieron, se abrazaron y saltaron, eran en aquel momento más felices que antes.

Porque antes, eran felices, aprendieron que, cuando una persona no está, la vida debe seguir, existe un agujerito en el corazón, pero todo debe continuar.

El ex monstruo, le dijo todo lo que había pasado y tras recuperarse de la emoción inicial, comenzaron a comer en familia.

 Luego, el ex Rugidor inició un nuevo camino rehízo su vida, buscó empleo y lo encontró de la manera en que Chiquinquirá le había aconsejado, conoció a una señorita y se casó con ella, tuvo 15 hijos e hijas, y estaba muy contento, hacía mucho que Chiquinquirá no le escribía ni él a ella, pues, cada quien rehacía su vida, pero, en el corazón de ambos existía ese lugar especial para cada uno. No vivían juntos, pero, cada uno sabía de la existencia del otro, se deseaban bien, aunque no se hablaban, lo importante es que cada uno estaba contento con el lazo que los unía y con sus familiares con los que compartían día a día.