EL MARAVILLOSO MUNDO DE EDOS

De cómo enfrentar los miedos y superar la nostalgia

El mundo infantil está plagado de un romanticismo arrollador, donde todo se pinta de manera rosada, con un sabor pastel y un sonido similar a campanas que tintinean gustosamente a pie del oído pero, sabemos que no es así.

En sesión, muchas veces nos topamos con situaciones extraordinarias, de parte de madres y padres e inclusive cuidadores que acuden a nuestra sala de citas para recibir un soplo de esperanza y muchas de veces de valentía para tomar aquella decisión que tanto aqueja. Cuando acuden con niños la cosa se pone peliaguda porque no solo es hablar en el idioma nativo sino que además, debe ser comprensible, realista pero al mismo tiempo cuidadoso para no malograr la ya inquietante experiencia.

¿Cómo hablarle a los niños?

En otra época, los niños callaban y mordían su recelo. Muchas veces inclusive se veían privados de su expresión porque un manotazo injusto se iba contra ellos, pero, muchas de estas actitudes en la crianza (sí es que se le puede hablar así) ya hoy no son del todo tan habituales de conseguir.

Enhorabuena papá o cuidador que estás leyendo esto, gracias por preocuparte por no dañar una vida o por buscar una alternativa al «eso no te interesa porque eres un niño», y más bien hacer un puente como quien dice: «ven, siéntate aquí que vamos a hablar sobre aquello que paso con tu hermanita y el tío Gustavo».

Muchas veces, verter un poco de minutos y segundos en está vida pueden ser una inversión costosa, sin embargo, cuando se trata de hacerle ver a un niño una realidad que le concierne, esa inversión se convierte más adelante en una ganancia absoluta. Así que, respira profundo, recuéstate bien de tu silla y reflexiona sobre estas sugerencias:

  • Aclara en tu mente las aguas emocionales. ¿Cómo es esto? Sencillo, hablando se entiende la gente, por lo tanto, hablar con un humano y no con un ogro ya es mucho. No es juzgar ni tirarle piedras a otros por efecto de la cólera, es hablar, y para ello, el tema debe tener un inicio, desarrollo y cierre, ármalo en tu cabeza y luego en ese orden, exprésalo.
  • Habla en un idioma comprensible. «Las células plasmáticas del área del intersticio de tu abuelito están en una variación sistémica….» ¿lo entiendes? yo, honestamente no, así que probablemente un chiquito, tampoco. Habla en términos adecuados, pero, siempre cercanos a la realidad, y sí es de decir: pene o vagina, dilo tú, que eres confiable, no esperes que Youtube u otra persona con otras intenciones lo haga.
  • Disfruta. Es difícil decirlo y todavía más hacerlo, y aunque muchas veces son temas acalorados, complicados y dolorosos, es un momento donde dos almas se conectan, para compartir un saber. No todo debe ser doloroso o complejo, pero en momentos como estos, donde escapar sería más valioso que el oro, el enfrentar con coraje y con un amigo de apenas un metro, es muchísimo más satisfactorio a mediano y largo plazo. Tómate tu tiempo, estabilízate y ve de la mano con él o ella a una resolución realista y esperanzadora.

Un ejemplo vale más que mil palabras, lo mismo que una imagen, así que aquí traigo ambos, una pequeña historia de cómo encarar de forma melosa algunos episodios que en vida pueden ser complejos llegando a quitarnos las palabras, sucesos como el sentirse desamparado, con miedo, a punto de enfrentar un obstáculo temible y la tan aterradora nostalgia, se pueden convertir en quimeras de poliestireno siempre y cuando logremos expresarla adecuadamente.

En las coloridas calles de Calabacín 503-Cercado, una gran ráfaga de viento llevó la casa de Chiquinquirá hasta el misterioso mundo de Deva, un lugar fantástico donde habitan los Ezas, además de los Edos, un tanto más allá los GRRRR, y en sana paz los Iuhgg y Algos.

Chiquinquirá llegó a conocerlos un día que su casa se levantó por los cielos y fue a parar junto a aquel lugar, pero no estaba sola, había una linda voz que la acompañaba, no tenía forma, ni pesaba, pero sí que hablaba, se llama Lara, y siempre la aconsejaba, aunque a veces Chiquinquirá decidía por sí misma y hacía lo contrario, pero no era todo el tiempo.

Este misterioso viento, dejó a Chiquinquirá en medio de un lugar lleno de plantas altísimas como edificios, no estaba mamá para ayudarla, por lo que sintió miedo, y tras salir de casa y andar por todos lados, su voz interior, es decir, Lara le dijo: como no sabemos dónde estamos ni a dónde ir, vamos avanzando hasta llegar a algún lugar. Chiquinquirá aceptó, y tras muuuucho caminar, llegó al fin a una gran muralla de hierro.

Chiquinquirá estaba solita, estaba con mucho miedo, se sentía desamparada, pero, al llegar a una gran muralla de hierro, estaba contenta, porque pensó que sí tocaba la puerta alguien la ayudaría.

Toc toc, se escuchó. Un señor desde lo alto, vestido de morado y con lentes enormes del mismo color se asomó muy temeroso. Chiquinquirá le saludó muy alegre y con voz fuerte, se armó de valor y gritó a lo alto: ¡Holaaaaa!, necesito ayudaaaaa. El señor, que estaba amurallado, temblando de miedo, comenzó a dar la voz de alarma: ¡un intruso! Y todos comenzaron a buscar refugio.

De repente, el rey de la ciudad Edos, pues así se llamaba aquel lugar dijo con voz miedosa: no debe entrar ¿o sí debería entrar?, no, no debe ¿pero, y sí es buena? O tal vez no lo sea ¿pero, y si me ayuda? O tal vez nos coma, ¡qué terrible!

Mientras tanto, Chiquinquirá no se daba por vencida, estaba decidida a encontrar ayuda y Lara insistente le decía: vámonos, suficiente de insistir. No obstante, Chiquinquirá, recordaba a su mamá diciéndole que, con buenos modales había posibilidad de tener éxito. Entonces, Chiquinquirá limpió su voz –cof, cof- y dijo: ¡Hoooolaaaa! Soy muy buena y alegre, pueden abrir la puerta ¿por favor?

El rey, que estaba escuchándolo todo a través de sus mensajeros de la muralla, reflexionó: uhmmm, sí es un monstruo, no diría por favor. Pero, ¿y sí es una trampa?, ¿qué debo hacer? ¡qué miedo, qué miedo! El país de Edos jamás había tenido tantos problemas, pero… ¿y sí me ayuda?

Chiquinquirá, afuera de la muralla, y cada vez más decidida a entrar, siguió esperando pacientemente, hasta que, desde arriba, un hombrecito morado como su rey, le dijo en una voz tan pequeña como un ratoncito: ssssseñorita, ¿qué quiere?

Y Chiquinquirá muy emocionada respondió: señor, buenos días o tardes, aún no sé qué hora es, porque no tengo reloj ¿usted tiene un reloj o perritos? Bueno, un momento, quería preguntar ¿dónde estoy?, ¿quién eres? ¿me ayuda? Por favor-dijo con una gran sonrisa.

El hombrecito morado, fue corriendo a decirle al mensajero del rey, y éste al saberlo, se dijo muy confiado: es una niñita, una niñita chiquitita, de seguro no nos comerá ¿y sí come ciudadanos moraditos de Edo al vapor? ¡Ay! Qué miedo. Pero, ¿y sí no? Mmmm, es una niña, mejor sí que entre y así nos ayuda y yo la ayudo, y quedamos bien ayudados-pensaba temeroso el rey, hasta que resueltamente dijo- Señor Mensajero Real, le ordeno que traiga a esa niña ante mí, y dígale a mi Mayordomo Real que traiga mi armadura, nunca se sabe qué comen los niños de hoy en día.

De este modo, el Rey de Edos se preparó con su armadura de guerra morada, llena de placas de hierro, más que armadura, parecía un caparazón de tortuga. Y finalmente, el gran momento, Chiquinquirá entró por la pequeñita puerta de la muralla, casi a gatas, le dieron sus anteojos morados y comenzó a recorrer la morada y vacía ciudad.

– ¿Por qué todo es chiquitito?, ¿por qué no hay nadie? ¿por qué todo es morado? Mis manos, pies, cabello, el cielo, todo es morado ¡POR QUÉ! – con esta última pregunta, su voz retumbó por todo el país, y los ciudadanos morados de Edos temblaron de miedo. Luego de caminar un poco, llegó con el Rey Morado Edos, quien estaba debajo de la mesa.

-Señor, ¿qué le pasa? Un rato, hmmm, ¿por qué es tan pequeñito y moradito? ¿Por qué…? –

– ¡Basta niña feroz!, soy el Rey del País Edos, dime, ¿nos comerás? Y se honesta, te lo digo, no tenemos buen sabor- Chiquinquirá, respondió:

-jajajajajja, yo no como personas ¿qué le pasa? Me ayuda a encontrar mi casa ¿por fis? – dijo muy sonriente y divertida. El rey, muy asustado, pero no tanto como antes, sacó la cabeza de la mesa y dijo:

– ¿Así que no me comerás? Bien, te ayudare, sí me ayudas tu a mí, de ese modo, nos ayudaremos ayudaradamente, ¿bien? – Ante esto, Chiquinquirá dudó, ¿qué tipo de ayuda le daría una niña a un rey tan miedoso? Pero, su voz interior Lara, le señaló: escucha antes de hablar, averigua qué desea y luego, decidimos. Ante esto, Chiquinquirá dijo:

-Bueno, ¿qué quieres? -muy dudosa caminó hacia la puerta-  estoy perdida, no sé a dónde ir, cómo llegar a casa, extraño a mis padres.

– ¡oh!, estás perdida, te ayudaré, los niños necesitan que los cuiden- dijo el rey finalmente saliendo de la mesa con su enorme caparazón- sí, te ayudaremos, somos el País de Edos, somos miedosos, pero bondadosos; ese es nuestro lema. Te propongo que, sí tú capturas al Gran Rugidor, te ayudaremos a llegar a casa, el Gran Sabio siempre lo sabe todo, él sabrá cómo llevarte a casa. Mi mayordomo te llevará a alistarte. – Y con aire tranquilo, llamó-: ¡Gran Mayordomo! Lleve a la pequeña a prepararse para el combate contra el Gran Rugidor.

Chiquinquirá estaba muy alegre, saltaba de alegría, al fin llegaría a casa. Entonces, cerró el trato. Olvidó preguntar qué era el Gran Rugidor, ella solo quería llegar a casa, sentirse protegida y alegre, como de costumbre.

Chiquinquirá, solo pensaba en lo feliz que estaría de llegar a casa, por lo que solo caminaba tras el mayordomo. Cuando al fin alcanzaron una amplia habitación morada, le indicaron que debía vestirse con hombreras, cascos, una gran lanza, botas y una cota de malla, por supuesto, todo morado, entonces, Chiquinquirá se sorprendió y comenzó a sentir un gusanito en el estómago que subió hasta la garganta, hizo que sus piernas temblaran y se sintiera mal ¡estaba teniendo miedo!

Cuando Chiquinquirá se dirigió al camino que conducía al Gran Rugidor, su voz interior Lara, le decía que no la dejaría sola, que estaría para ella de forma incondicional, qué debía enfrentar sus miedos y que, sí sentía tristeza, debía sacudir su cabecita y dejar que la tristeza se fuera, es bueno sentirla porque indica que algo no está, pero, no hay que retenerla por mucho tiempo, le decía.

Cuando el Gran Mayordomo Real le indicó que debía ir al bosque encantado, a las afueras de la ciudad y allí en una cueva encontrar al Gran Rugidor, Chiquinquirá tembló de miedo, pero, la animó el hecho de reunirse de nuevo con su mamá, así que caminó con paso firme.

Mientras caminaba por el bosque, se distrajo. Flores, mariposas, una rana, dos troncos morados grandes, un saltamontes morado chiquitito…y así, iba mencionando todo lo que veía y sin darse cuenta pasó por encima de la temida cueva, al cabo de varios pasos, comenzó a sentir cómo el suelo temblaba.

– ¿¡QUÉ HACES AQUÍ?, ¡NIÑA, VETE! SOY EL GRAN RUGIDOR, RAWRSSSR. – dijo con voz grave y haciendo temblar a los troncos con cada palabra-

-yo soy Chiquinquirá, y si te venzo regresaré a casa con mi mamita, señor Monstruo, ¿Vive aquí? – replicó Chiquinquirá, con temor, aunque su curiosidad, pudo más que ella y no evitó preguntar-

-CLARO QUE VIVO AQUÍ, ES MI CASA. ¿ACASO NO TE DOY MIEDO? -expresó el Gran Rugidor confundido, pero igual de atemorizante-

-Un rato, si eres así de grande y tan peludo con esos colores rojos y amarillos, ¿por qué eres de colores y los otros son moraditos chiquitititos? – seguía preguntando Chiquinquirá- y, además, ¿por qué eres así de grande? ¿por qué estás tan molesto? ¿siempre fuiste así de grande y enojón? – a lo que el Gran Rugidor, respondió:

– ¡BASTA! PREGUNTAS DEMASIADO, SOPLARÉ TAN FUERTE QUE TE LLEVARÉ AL SIGUIENTE CONTINEN…-intentó decir el monstruo, pero Chiquinquirá, lo interrumpió.

– ¡Espera, espera! Sí te ayudo a que seas chiquito y enojón regresaré a casa y tú a la tuya, porque a lo mejor tienes una casita o una casota y una mamita con hermanos que te esperan ¿quieres?

Ante esto, el corazón del Gran Rugidor, que creía muerto hace mucho tiempo, comenzó a palpitar ¡claro, madre y hermanos! Los había olvidado. Cuando lo recordó, se hizo chiquitito, era un hombrecillo morado, que se quedó confundido y feliz, algo así como confeliz o confunliz, según le comentó a Chiquinquirá tiempo después.

Cuando Chiquinquirá notó el cambio en el ahora ex Gran Rugidor, le siguió preguntando, qué le había pasado, y este le respondió:

-Yo antes trabajaba para el reino entregando paquetes del correo, sí, aquí también tenemos mucha correspondencia. Y bueno, me despidieron y me enfurecí, llevaba muchos años así enfurecido hasta que un día no lo soporté más y grite y grité y grité tan fuerte, que me hice grande en mi último grito para el que tome aire en mis pulmones por cinco días, y me inflé. Luego de eso, me volví como loco, derrumbe casas y el rey me expulsó a las afueras en este bosque, y he vivido solo muchos años, sin mi mamita y hermanas ¿cómo estarán? Ahora me siento muy triste.

Ante esto, Chiquinquirá se acercó y le dio un abrazo y le dijo: -no te preocupes por lo que pasó, está pasado y en el pasado se quedará, ahora, tienes que ver lo que está sucediendo ahora, es algo muuuuuy bonito, eres libre y puedes regresar a casa, y ser feliz con tu familia o con una nueva, puedes tener ahora esposa e hijos. Aquí, rugiendo, no eras feliz, pero ahora, si puedes. Tu mamita y hermanas, habrán estado extrañándote, pero, siguieron con su vida intentando ser feliz nuevamente. Ahora, tu puedes serlo. Y sabes ¿qué te aconsejo? –

El ex gran Rugidor la miró con sus grandes ojos de hombrecito morado y preguntó muy intrigado: – ¿qué puedo hacer? Todo lo que has dicho tiene mucho sentido, ahora, quiero saber más-

Y Chiquinquirá respondió: – Crea tu trabajo haciendo juguitos felices, y así serás tu propio jefe, y comprarás helados para todos. Y bueno, no puedo decirte más, debo ir a casa con mi propia familia que me quiere y seguramente extraña, adiós ex Gran Rugidor, te daré mi número de teléfono y sí quieres, escribes y si no quieres, no escribas, seguramente yo estaré igual, lo importante, es que los dos estemos tranquilos y felices con nuestras familias ¿sí? –

El ex monstruo aceptó de inmediato, aunque algunas ideas le parecieron propias de una niña pequeña, estaba satisfecho, le dio todas las gracias del mundo a Chiquinquirá y tomó su número de teléfono escrito en una hoja de árbol, se fueron por caminos distintos y, nuestra heroína al llegar al pueblo victoriosa, encontró que todos aplaudían y gritaban: ¡CHIQUINQUIRÁ, VIVA CHIQUINQUIRÁ!

El rey la recibió y le dijo con tono solemne frente a todos: eres bienvenida a mi país siempre que quieras, Edos está muy agradecido, te doy ahora el código secreto del gran Mago, él sabrá cómo llevarte a casa.

Chiquinquirá estaba muy contenta, hizo nuevos amigos, un país entero la creía su heroína y lo más importante, accedió a verse con el Gran Mago y luego de las palabras mágicas: ¡AZUL MIAU, BALOO, JAJA! Llegó de inmediato a la puerta de su casa, allá en Calabacín 503-Cercado y se encontró con su mamá, quien la abrazó y le preguntó ¿dónde estaba? Y comenzó a relatarle toda la historia.

¿Qué sucedió con el ex Gran Rugidor? Bien, mientras a Chiquinquirá la vitoreaban en todo el país de Edos, el ex Gran Rugidor, se metió por un huequito en la muralla de las afueras del bosque y llegó a su casa, como todos estaban al pendiente de Chiquinquirá, le fue fácil llegar hasta su antiguo hogar sin ser visto.

Su madre y hermanas estaban en la Gran Plaza, todos estaban allí frente al gran acontecimiento, aunque tristes, pues, no vieron a su amado familiar. Cuando por fin llegaron y vieron a su amado perdido hace tanto tiempo, lloraron y rieron, se abrazaron y saltaron, eran en aquel momento más felices que antes.

Porque antes, eran felices, aprendieron que, cuando una persona no está, la vida debe seguir, existe un agujerito en el corazón, pero todo debe continuar.

El ex monstruo, le dijo todo lo que había pasado y tras recuperarse de la emoción inicial, comenzaron a comer en familia.

 Luego, el ex Rugidor inició un nuevo camino rehízo su vida, buscó empleo y lo encontró de la manera en que Chiquinquirá le había aconsejado, conoció a una señorita y se casó con ella, tuvo 15 hijos e hijas, y estaba muy contento, hacía mucho que Chiquinquirá no le escribía ni él a ella, pues, cada quien rehacía su vida, pero, en el corazón de ambos existía ese lugar especial para cada uno. No vivían juntos, pero, cada uno sabía de la existencia del otro, se deseaban bien, aunque no se hablaban, lo importante es que cada uno estaba contento con el lazo que los unía y con sus familiares con los que compartían día a día.

Brenda Margaret Flores Geldes

Soy psicóloga y una fiel creyente de la importancia del ocio y la recreación para fomentar una vida estable. Leo desde que tenía miedo a la oscuridad y sigo leyendo ahora donde los miedos son mayores y a veces reales, pero, más importante que eso, escribo para reflexionar, el entretenimiento es solo un agregado. Carpe díem, aprovecha el momento, no lo malgastes.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *