«La amiguita esa»: La culpa como persona.

Acto I: El encuentro.

Cinco de la tarde en punto y estoy esperando cabizbaja a que mi cita llegue, generalmente, sus llamados son espontáneos y me sacan de más de un momento ameno. Ella es así, no puedo controlarla, no se cómo podría hacerlo, siempre me ha acompañado, así que supongo que es tarde para decirle que sus «formas y manías» me asfixian un poco; inclusive, me parece la más toxica de mis amistades.

Nuestros encuentros suelen ser así, desesperantes, intensos y llenos de murmuraciones, es como si ella entrara en mi cabeza e hiciera y deshiciera mi vida y experiencias, y luego, como si nada, se va, me hace ghosting y ni se preocupa en indagar si quedé bien con nuestro encuentro. A veces, tan solo quisiera que se preocupara un poco, y no me señalara ni juzgara. Me deja deshecha; y, todavía con eso, apenas siento su presencia, ya salgo corriendo y detengo el mundo para venir a su encuentro.

No la veo llegar bamboleándose con su sonrisa de victoria que sabe que lo logró otra vez, pero su esencia de lo que ella representa ya me inquieta, es como un dolor de cabeza ligero que, sí no le prestas atención se va, y si piensas en ello, o algo te lo recuerda, viene como un rayo, fiero y altanero. Pero, además, debo mencionar lo del estómago, en otros amigos en común, me he enterado que les provoca un hambre voraz y luego un episodio diarreico terrible, mientras que a otros amigos simplemente les quita la ilusión de consentirse, hacerse algo rico y saludable, prefiriendo entonces agazaparse y enrollarse en su madriguera como si de un conejo miedoso se tratara, llegando a extremos de pasar días enteros sin bocado o, solamente, con los necesarios para no marearse y funcionar.

Ya la veo llegar, estacionándose donde todo el mundo pueda notarla y verla en su esplendor, le gusta hacerse notar, cuando ella llega todos deben saber que me frecuento con la culpa, no hay manera de doblar la esquina y desviarme, siempre me consigue. Nuestra agitada conversación de minutos, que se siente como una eternidad inicia así:

—Te veo bastante tranquila. Me enteré de esas reprogramaciones con tu familia, no lo entiendo, tenías tiempo ¿Por qué no aceptaste?

—Bueno, es que yo me sentía…

—Si, tú y tus excusas, es que tu pretendes resolver el problema del universo ignorando a todos, las cosas no son así, te conozco, tú no eres así. Además, esas nuevas actitudes tuyas de querer desprestigiar y no aceptar lo que la gente hace por ti. ¡Aprende a valorar lo que otros te dan!

—Precisamente, he cambiado y pienso que…

—Mira, de verdad que cansas, te quedarás sola de seguir así, tu madre siempre espera que la llames, que le invites cosas, ni que decir de tu padre quien te adora y extraña. Hasta tu adorado hermano, al que dices que extrañas y te importa, siempre huyes, ¿no te da vergüenza tanto desdén?

—Tengo mis razones y estas son…

—¿Sabes qué? Déjalo así, eres una traidora, tu círculo familiar está mejor sin ti y tus cargas. No entiendo como puedes dejar desbancada a la gente, pensar en ti a estas alturas con la supuesta idea de querer «trascender» me resulta una tontería ¿Quién te crees que eres para decirle a la gente tus opiniones e ideas y hacer lo contrario? Te desconozco, tu siempre estabas para todos, conoces lo bonito de esa sensación, no entiendo porqué la dejas de lado. En fin, quédate allí, con tus ideas extrañas, pero eso sí, espero que pienses en lo que te dije.

Acto II: La agitación en casa

Ella se ha marchado y fue una bomba lo que dejó en mi. Me molesta mi mascota, detesto la ropa que cargo, ¿qué estoy haciendo con mi vida?, definitivamente no debí besar a ese chico en esa reunión, ¿en qué estaba pensando? Definitivamente soy un desastre, ella tiene razón.

A veces, pensar en mi me aísla, ¿o estaré haciendo lo correcto? Quizás aquella vez que no contesté la llamada de mi exjefa, aún hoy tendría una puerta abierta, pese a ya no querer trabajar allí, ¿habré hecho lo correcto? No tiene sentido que en este momento me esté reformulando todos los reproches que Culpa me ha dicho en toda mi vida. Necesito que mi cerebro se apagué, dormiré. No me importa tener los dientes sucios, el estómago vacío y la ropa de la calle, solo quiero olvidar.

Acto III: Aceptación y búsqueda de terapia.

Me cansé, ya no soporto estos vaivenes ni ser tratada como una muñeca que debe obedecer a todos, sin embargo, cuando intento zafarme, algo ocurre y vuelvo a entrar en el bucle de castigo, como si mereciera no comer porque expresé lo que pensaba. Necesito ayuda.

Acto IV: En el consultorio. Entendiendo a la «amiga»

—Ella, más que una amiga es un quiste, es una acumulación que se ha formado a partir de los comentarios de otros. De hecho, es muy valiente de tu parte que la hayas reconocido, y sobre todo, aceptado que se trata de un problema en tu vida, muchas personas la toman como su filosofía para seguir con vida, engañándose, pensando que una vida bajo sus lineamientos involucra cero dolor, y es falso. La complacencia desmedida, el servilismo oportuno y siempre disponible agota, y es una fachada terrible que anuncia que, interiormente, estamos tan deshechos que preferimos encargarnos de otros antes que de nosotros mismos. ¿Te suena familiar?

—¿Cómo que otros la han conformado en mi?

—Definitivamente, la culpa no es un sentimiento que surja de primera mano en nosotros, se constituye cuando socialmente creamos normas y formas de proceder, es decir, lo que para nuestro entorno y contexto es normal como bailar merengue bien apretado y juntando las manos, en otros países puede considerarse inapropiado o solo reservado para parejas. ¿lo ves? Las normas son relativas, pero, cuando se inculcan en nosotros, es difícil reconocerlas como tal, creemos que son parte nuestra, y no, no es así.

—Entiendo, en mi caso, siempre fui la niña idónea que podía cumplir con todo. Nunca pensaba en mí y cuando lo hacía, lo posponía, lo excusaba, simplemente me desdibujé para dibujar una sonrisa en otros.

—La culpa nos lleva a eso, es como dos instancias donde una está juzgando con soberbia y altanería a la contraparte que está mísera y llena de amargura. En tal caso, estas dividida en dos, un juez que te corroe y un preso que clama por su libertad y decisiones. ¿Te resulta familiar?

—¡Eso! Justamente así estoy, no puedo dejar de sentir que tengo que defenderme de mí misma. Tengo muchos pensamientos en mi contra que me dicen que no puedo comprarme nada, que no merezco si quiera un halago, que no puedo salir y hacer mis actividades porque vengo yo en mi mente a gritarme que estas cosas no son para mí, por razones externas o internas. «No salgas a la calle porque si te pasa algo, tú te lo buscaste», «no hables con esos hombres porque tú sabes lo que buscan y sí ocurre algo tú eres la culpable», «no gastes en ropa, tú familia necesita cosas y tu pensando en tonterías»… Es una historia de nunca acabar.

—¿Qué pasaría sí a esta disputa de dos, incluimos un tercero?

—Buen punto, supongo que traería el equilibrio. Sí somos dos, no hay punto de inflexión, pero, el tercero traería el desempate, ¿no es así?

—Exactamente, incluiríamos la culpa que sana a esto, lo podemos llamar Responsabilidad. ¿Qué es para ti la responsabilidad?

Acto V: Poniéndote a prueba

—Ha pasado mucho tiempo. Qué gusto verte de nuevo en sesión. ¿Qué tal tu semana?

—Ha sido un revoltijo total. Me he sentido triste y desanimada, pero, al mismo tiempo, con la esperanza de que las cosas han estado yendo por el cauce que siempre anhelé. Mi amiga, ya sabes cuál, me llamó. Resulta que se enteró que planeo salir de mi trabajo actual. Como siempre, nos citamos y ella llegó bamboleante, altanera y máxima. Y recordé que la responsabilidad es el poder asumir lo que está en mis manos y en mi capacidad de resolución. La situación fue así:

—¿Qué tal? He visto que has salido con otra amiga, «la psicóloga» la llamas. ¿Acaso te ayudará?, estas perdiendo la plata. Aquí lo que funciona es contrariarte de la serie de sandeces que estas cometiendo. No estás aprovechando…

—No te dejaré hablar, lo que hago ahora, lo que hice y lo que haré, está con base a mi bienestar y no el de otros, primero estoy yo y las consecuencias, no la que los demás determinen.

—¿Ah? ¿Cómo te atreves a decir que los demás no tienen necesidades y opiniones? Yo creo que…

—Aburres, los demás pueden hacer de su vida un teatro, yo haré de la mía una obra de arte, con tantas tonalidades que me atreveré por fin a perderme entre ellas y asumir lo consecuente. Responsabilizarme y no victimizarme, o culparme, es el mejor regalo que puedo darme y puedo ofrecer. Adiós, si te veo de nuevo, créeme que será una charla como está, racional, equilibrada, sin disculpas por actos que no cometí o de los que no soy responsable, pero, por sobre todo, con base central en mí. ¿Culpa, te quedas o te vas?

La prisión de oro: La nulidad

Cuando Esther y Fausto se casaron, creyeron encontrar en el otro todo lo que necesitaban, aplaudían vivamente las horas que pasaban juntos y gracias a ello surgieron los frutos de su amor, la cúspide de la familia según la sociedad que los enmarca, así, tuvieron 2 hijos, una chica, Fernanda, y, un chico José. 

Eran la familia convencional, acomodados siempre bajo cortinas inamovibles de rectitud, valores, cierta riqueza y mucho movimiento social, es decir, participaban activamente de convenciones, fiestas, reuniones, todo lo que involucra pertenecer con cierto status a un nivel en la sociedad.

Sin embargo, los años se fueron sucediendo, y comenzaron a marcarse surcos en las amplias y relucientes frentes, los hijos se alargaron y marcharon a construirse sus propios destinos, y allí, entre libros, papeles, trabajos y viajes, los padres, aguardaban solos, quedándose sentados y cruzados de brazos añorando nuevas vivencias. Comenzaron a desconocer que entre ellos aún podían fabricarlas.

En un inicio, Esther fanfarroneaba de ser la mujer maravilla, trabajaba, estudiaba, era agente activa del grupo de conservación de su urbanización, era la niña de oro de sus padres, y, aunque tenía hermanas, ella era la que tenía esa especie de luz bendita que la hacía sobresalir, sus esquemas de trabajo eran insoportables para cualquier mortal. Solo ella toleraba más de doce horas de trabajo y luego otras cinco de fiesta. Logró graduarse con honores de la universidad, su profesión fue, en su momento, su más grande tesoro. Luego, al casarse comprendió que con la maternidad era normal estar ocupada, pero, se vio en la encrucijada de encontrarse sin salidas, llamadas de amigos y sin trabajo, pues, por sugerencias médicas lo anuló de su vida para dedicarse al hogar.

Para todos fue un hecho natural, es evidente que una mujer en gestación y luego ejerciendo su maternidad no puede reintegrarse al ágil mundo social. ¡Tonterías! La misma sociedad quien le enseñó sin cuestionamientos que debía ser una chica de oro la excluyó de sus filas y dejó al mando de cuatro paredes y un techo. Tenía más accesorios, por supuesto, pero, ¿acaso valían más la pena que su propia libertad y desarrollo? Tal parece que sí, presa de convicciones añejas y un dolor casi silente, nunca se percató que las barreras de su mente lejos de ser flexibles después de su recorrido de vida, lo que hicieron fue ensancharse y provocar horribles realidades mentales, en las que se sumergió con tanta fuerza y dependencia, que se las creyó y ahora vive en ellas.

Fausto, el otrora magnate, vive lánguidamente aprovechando oportunidades, concurre regularmente a eventos sociales, entrevistas de trabajo y claro, con sus amigos a tomar «un café», de estos «marrones» con sabor a Irlanda, que de café tenían poco. Su vida, lejos de anularse e impregnarse de gris, más bien estaba con un nuevo tinte, no era un boom hollywoodense como el de su esposa en sus momentos de lujo y alto alcance, pero si manifestaba energía y ganas de vivir las experiencias que la vida aún podía ofrecerle. Es por estos rumbos, que comenzó a notarse más la decadencia.

-Fausto, amigo ¿cómo te va? Y, ¿Esther?

-Se ha quedado en casa, ya sabes, descansando un poco.

-Hace tiempo que no la vemos, ni se pasea por el club, es más, Marco, el estilista, hace años no le hace sus retoques de raíz.

-Ya la conoces, todo es cuando ella quiere. Y, últimamente se queda en casa relajándose, no le gusta salir a ningún lado.

La realidad era otra, décadas parecían haber pasado en el sillón de la sala de estar que hasta habían esculpido su ahora descuidada figura, alrededor, se respiraba un aire profano de quien cambió sus virtudes por un anillo vacío que en un inició simbolizo el reinicio de una buena vida. Además, el ambiente estaba impregnado de una sombra de quebranto y añoranza por los días pasados, ese olvido obligado a los días de fiesta y reuniones con amigas que la habían excluido por tener hijos y poco tiempo, finalmente, el olor a desánimo y poca voluntad para hacerse cuidados a sí misma, la gloria pasada era inexistente. 

Sus hijos, sus dos grandes constelaciones eran mudos, ciegos y sordos ante tal vorágine de destrucción pasiva. Ellos, decidieron contemplar la visión paternalista de que así sucede, así es la vida y los matrimonios. Si bien ellos nacieron en una época cercana a nosotros, fueron criados con las mismas pesadas mantas de nulidad de criterio «así es mamá y así lo ha sido siempre», «quejumbrosa, falta de luz», «pocos anhelos y muchos consuelos: la televisión, cigarrillos, dormir, y esas píldoras de colores del psiquiatra»

La revancha

Falso. Ninguna vida inicia sin dulzura ni arte para trazar una historia, lo que le sucedió a Esther es la vida de muchas y muchos que deciden no existir por sumergirse en los propósitos externos, personas que rehúyen de la responsabilidad divina de decidir con convicción cada día qué hacer consigo mismos. Los cuidados que estas personas ameritan tienen que ver con grandes sumas de realidad, una dosis para elefantes que les haga ver aún con dolor que las excusas para no salir a la vida y refugiarse en la penuria no son más que fantasmas que pueden exorcizarse, con apoyo, claro, pero, existen probabilidades y una gran suma de éxito sí el «ritual» se hace apropiadamente.

La depresión, que arrastra pesadas rutinas de días vacíos y monótonos son una instancia habitual. Aquí, los gustos y placeres que antes hacían volar la cabeza son un terreno desconocido, nada tiene lugar para el disfrute porque la abulia ha hecho su nido y entendió sus raíces a todo el sistema, es decir, el sujeto carece de voluntad hasta para verse en el espejo. Es aquí, en el universo del «me da igual» que preparaciones y cuidados respecto a la ingesta poco valen, o se disminuye el apetito o hay un incremento desmesurado, total, que eso no les interesa, la vida se apaga y es todo lo que existe.

Del mismo modo, parece que el tiempo avanza despacio, y es que hay un enlentecimiento y disminución de tareas, lo que antes se afanaba en el quehacer ahora «la chica de la limpieza» se encarga. De este modo, progresamos al terreno hostil y casi delirante de la culpa excesiva, una ensoñación de pesadilla de creerse inútiles y completos ineptos a las tareas profesionales o de la vida misma, la muralla de excusas es tan inexpugnable que ni siquiera se acercan para ver qué hay más allá. De este modo, observamos que la terapia más que una opción, es una exigencia.

Cuando un ser querido opta por exigencias del medio, por creencias obsoletas y finalmente por cuestión social, anularse, sólo le queda algo: vacío. Podemos sentirlo y notarlo cada día, pero no hacemos nada al respecto, y es allí donde fallamos. Como familiares, es nuestro deber y derecho ser agentes de cambio, voceros que puedan extender una mano gentil para amortiguar y revertir el veneno. 

¿Hay escapatoria? Si.

Sin embargo, no será fácil, y tendrá que recurrirse a diversas estrategias, la terapia es aquí la primordial aliada, el profesional puede brindarte asesorías sobre conductas usuales que el anulado suele repetir, construyendo a pasos pequeños cada día una una nube de oportunidades que dejará caer después gotas de bienestar, solicita ayuda y rescata de la jaula de oro al esclavo de la soledad. Las negativas son parte de la muralla oscura de pesar y costumbre, sin embargo, nada es perpetuo, y hay que recordar y hacerles recordar, que esas murallas no siempre estuvieron allí.

Celos y relatoterapia

Gilmará tiene una personalidad compuesta por las tres primeras letras de su nombre, no me malinterpreten soy su amiga y la conozco desde que nació, tanto así que inclusive compartimos día y mes de nacimiento, por ende, sé con certeza que nuestras vidas iban a estar juntas como dos ríos que si bien marcaban independencia por diversos cauces y desembocaduras, iban a estar cercanos, aunque sin mezclarse, ya saben, la autonomía es necesaria. 

Ella, es hermosa, con unas caderas envidiables, un cabello que aprendió a valorar hace poco y un alma en exceso pura, una carcasa de fuego y hierro, nadie entra fácilmente, es tan difícil que sí estás dentro nunca llegarás a saberlo realmente, este límite es tan profundo que su dolor casi siempre es individual, injusto y la carcome. Esto es debido a que nosotras fuimos criadas con reglas de silencio, los celos, los callas, los muerdes, disimulas y sonríes. Nada ha pasado, eres libre, solo eres un amigo. A esto me refiero, a que lo gil pasa como un atributo más de personalidad.

Las relaciones del silencio

Amistad, solo eso, así resume mi querida Gilmará a todos cuando ve llegar un obsequio, cuando nota mayores atenciones de quien se le ve notoriamente interesado, pero ella, externamente lo minimiza, no quiere develar que por dentro le importa, que se cae de bruces por un beso, por esos buenos días, y que además le importa muchísimo lo que dirán sobre su nuevo prospecto, ella, primeramente controla las habladurías y las asimila, aunque por dentro estalle en cohetes, en otras palabras, es la amiga que en silencio ya se imagina de capa y velo, pero jamás lo confesará.

El problema con esto, es que se convierte en un monstruo que tal cual el Rey Midas que pidió contemplaciones a los dioses, comienza a comerse a sí misma, a fallecer poco a poco porque las imaginaciones no se cumplen, o los intereses se van solo a lo carnal y ella queda relegada otra vez, queda como la amiga linda, sexy y confidente que escucha divertida cada una de las más sucias aventuras, todo chill, nada le interesa, total ¿somos amigos, ¿no? Pero, yo que soy su amiga, se la verdad, le duele, está celosa y necesita saber más después de cada historia de aventuras, que claramente, no fueron con ella.

La adicción cognitiva

Ese hábito insano es nuevo para ella, lo acaba de descubrir hace relativamente poco tiempo, descubrió que es un hambre insaciable que le perjudica, pero, como toda adicción no puede conducirse adecuadamente, la voluntad le flaquea y se vuelve Sherlock Holmes y requiere nombres, saber de orgasmos, si pasó más de una vez o sí es serio o un arrimón de una noche. Ella requiere saberlo todo. Se convierte en una quimera, no la descubres, no la lees, tiene su fino arte de ocultar lo que siente muy bien domesticado, y si es a distancia ¡Uff, es imperceptible!

Ella, se disfraza de una confidente fiel y leal, incapaz de juzgar, pero, lo cierto, es que se invade de envidias y celos asquerosos que le corroen la piel, a continuación, lo que hace es buscar validación externa: usa escotes, se bambolea al caminar, frente y mentón en alto, sonrisa jocosa, ropa atractiva que le haga sentirse poderosa, sin embargo, esta forma de manejar el despecho que ella misma se inventó la rompe en mil pedazos, la ilusión deshecha de lo que ella se fabricó se esfumó, y lo peor, es que sin llegar a nada, realmente.

No lo comenta, se lo sacas a cucharadas.

-Gilmará, sé que no estás bien, habías decidido avanzar con él, hacerle regalos y abrirte emocionalmente, inclusive, le perdonaste esos arranques verbales que tuvo cuando te sentiste mal, le diste una oportunidad diciéndole cómo conducirse contigo en momentos así, para que no se repitiera, es decir, invertiste emociones y esfuerzos en encauzar la cosa, pero, aun así, le decidiste seguir llamándolo amigo.

Y es aquí, cuando arranca y con la mirada más fiera y tenebrosa te dice en un brote de furia con mesura: “Era obvio, menos mal que fue así, porque mientras yo me ilusionaba él se acostó con otra, sí, ese día antes de que pasará lo de mi “mal día”, sí días antes ocurrió. Y yo allí, malgastándome diciéndole cómo me gustaría que me arrullara, ¿Qué no te das cuenta de lo inservible que es seguir?, ¿Qué aquí no vale decirle lo que siento porque él solito se encargó de manosearlo y tirarlo después? Abre los ojos tú”.

La falacia

Se hace la dura, lo dice convencida, pero, en el fondo, está dolida hasta la médula, ella es así, una mujer fuerte pero excesiva consigo misma, ciega a darse cuenta que su valor está por encima de la valoración de sus tacones y su melena, y que, el hacedor de ilusiones que cree es su prospecto idóneo realmente no lo es, es simplemente un payaso que en un acto de abrir y cerrar de ojos destruyó las ilusiones de alguien que pudo darle una calidad de vida y bienestar alto, pero, ya sabes lo que dicen sí no estás listo, no importa lo que tengas al frente, no lo valorarás.

Entonces, para ti Gilmará que se identifica con la historia, o la amiga que la acompaña, te brindo un soplo con aroma a alivio. Celos es querer o anhelar lo que sentiste fue tuyo y se te arrebató. No, nadie es de nadie, las ilusiones en un recipiente equivocado brindan una confusión del demonio, que en un inicio sabía a elixir de vida, te nutría, salvaba del cataclismo existencial, pero es falso, tomabas la salvia de una fachada que jamás se concretó en la realidad, apégate a la idea de que es mentira y no lo mereces. 

Cuida de ti misma, evita el control, los largos cuestionarios, los interrogatorios disfrazados no sirven para acallar la duda, al contrario, afinan el ímpetu de corroborar lo que para ti es una infamia. La deslealtad no se cura con base a detalles absurdos y sin contexto, se hace desde el plano de replantear el lugar donde están y quieren estar, y para eso, se requiere de dos entes bien enterados y comprometidos. Ese proceso de odiar, perdonar, amar y herir que solo tú provocas en la mente, no funciona, reconciliarse sola no tiene sentido, la realidad es lo que está machacando tus entrañas, que lo suavices con la mente solo hará que la mentira perdure.

Protégete y resguárdate de la tormenta de pensamientos de recordar sus palabras que comunicaron el hecho. No vale la pena darle tantas vueltas, no sirve molestarte por mucho tiempo y sufrir por ello, lo que queda es decidir ¿Qué harás con la ira? O construyes o te marchitas.No se trata de fingir, no me malentiendas, se trata de que los celos cuando son desmedidos, cuando no se ha dado nada realista, que solo están «tonteando», «vacilando» o simplemente es una situación de «saliditas sin más» date la oportunidad de hacer un alto y revisarte, y, en segunda instancia, revisar qué sucede allí afuera, ¿realmente quieres seguir invirtiendo energías y empecinarte en quién te está dando todas las señales de que emocionalmente no está disponible? Cuestionarte duele y salva, no hay puntos medios, pero, es necesario.

¿La soltería es un castigo? Parte II

Hoy desaprenderemos las experiencias pasadas y descubriremos cómo es el «ejercicio de la soltería», ese que no se juzga por la sociedad, ni por uno mismo, y que además, no se encadena a la memoria de una realidad ya lejana que no existe.

Hagamos un repaso leve, en la primera parte, encontramos las diferentes relaciones y formas de pensar de una serie de individuos, los cuales, gracias a sus trampas vitales buscaban en el otro un cobijo idóneo, un bunker anti-sentimientos para escapar de sensaciones nuevas. Al mismo tiempo, había otros atrincherados en la poderosa fantasía de que preferían la soledad porque así se evitaban inconvenientes; nada más lejos de la realidad, pues, la soledad y la fachada de mentiras que esta yergue ya los había embebido.

¿Por qué duele tanto separarnos?

Juguemos un poco con la imaginación. Identifica ese supermercado que tiene todo, carnes de primera, verduras frescas, frutas de temporada en excelente estado, electrodomésticos de última generación y con fascinantes cuotas de pago, al mismo tiempo, la atención es genuinamente agradable, pero, sin llegar a la servidumbre. Con semejantes instalaciones, ¿buscarías otro establecimiento comercial? Raras veces podemos decir que sí. Esto es lo que precisamente sucede con el amor borracho, donde se desborda la satisfacción por un solo elemento, porque ya la persona no existe, nuestra mente lo ha transformado en ese satisfactorio centro de placer, al que ya conocemos en días malos, el que podemos encontrar como refugio de lava en momentos cálidos y, por sobre todo, como ese techo que tras la tormenta de la cotidianidad nos da refugio. ¿A qué duele despegarse de esa idea?

Cuando distorsionamos el amor y lo volvemos un mecanismo de satisfacción plena, nos desdibujamos, nuestra existencia gira en torno a un eje que no es estable ni perennemente fiel, porque ningún ser humano está dispuesto a eso, a menos que así lo decida, y esa elección es diaria y a cada instante. ¨Pero, el humano necio y enjuto se empeña en creer que si será así y se intoxica con el «para toda la vida», borrando del horizonte el futuro cambiante.

Por estas razones, separarse es una quimera. Despegar al debilucho de la botella de agua por la que da su vida por un sorbo más, así sea de poca calidad es una cuestión que le rompe y destruye.

Entendiendo el cataclismo

Si enlistamos todos los apelativos o frases con los que se describe la soltería, de seguro acabaríamos mas tarde que temprano, sin embargo, vamos a mencionar algunos de la mano de Cañedo (2022):

  • «Dulce tesoro que esconde tranquilidad».
  • «Al fin tiempo para mí».
  • «Ya no dependo del amor de otro».
  • «Puedo seguir mis sueños».
  • «Ahora soy rica, soy soltera».
  • «En relación, pero con la libertad».
  • «Vivir bajo mis términos».

Detente. ¿No te parece curioso que estas ideas maravillosas no estén unidas a las de una pareja? ¿Qué clase de relaciones has tenido que crees que amar a otro implica adherencia y un falso sometimiento?

El sentimiento de declive es normal, en tanto podamos apreciarlo como una tristeza que envuelve el duelo de haber perdido una relación. Inclusive, te invito a hacer inventario sobre aquello que posiblemente sientes que ya no está:

  • Pérdida del sentimiento de cercanía.
  • Pérdida de un compañero a quién preguntarle cómo está.
  • Pérdida de una realidad en conjunto con alguien más.
  • Pérdida de identidad, no se quién soy.
  • Pérdida del amor, creer que ya no hay para nadie más.
  • Pérdida de la noción del sentido de vida: ¿Qué haré de mi vida ahora?
  • Pérdida de gusto sexual. Si no es con esa persona ya no tiene caso.
  • Pérdida del gusto por vivir.

Como vemos, el sentimiento de declive es total, arrasa con todo lo que la persona concibe como propio, resultando en una amarga realidad cuyas paredes estaban construidas en torno a otro. Por esto y más ideas distorsionadas, la soltería resulta un precio demasiado alto que muchas personas deciden no pagar, concibiendo este estado como un castigo.

Revisa las trampas de conejo, cuidado con caer en ellas

¿Qué hice de más? ¿Qué tanto diste que te desdibujaste y perdiste la esencia de quién eras?

¿Qué hice de menos? Hazte responsable de las actividades que dejaste de lado en pareja o en soledad y que pudieron significar un paso más hacia la insatisfacción.

¿Alguna vez culpé al otro sobre lo que sentía? Lo que surge de ti es cosa tuya. ¿Cómo pudiera algún otro repararlo, si es algo que es de tu entera responsabilidad?

Yo aguanto, yo me desdibujo, yo me sacrifico. Si consideras que amar es sufrir en cada paso de la construcción de la relación, el no tener por quién sufrir implica un dolor de cabeza más que un alivio, te adaptaste a la tristeza como forma de amar, y resulta que esto, no es amor.

Preguntas importantes: ¿Qué hago para reconstruir después del cataclismo?

Nilda Chiaraviglio en una de sus conferencias mencionaba, a grandes rasgos, lo siguiente: Cuando me separo y sufro, el dolor del rompimiento es natural, es una manifestación profunda de incomodidad, tristeza, muchas veces inclusive de frustración, pero, si esto se profundiza y estos embates perduran; entonces, ya no hablamos de dolor por la separación en sí, aquí, hablamos de nosotros mismos, profundizando en el dolor y regodeándonos en él sin querer (queriendo).

Partiendo de este punto, cabe preguntarse: ¿Sí yo amé así y este es el resultado cómo elijo amar ahora? Aquí, cabe acotar, que amar es un verbo que involucra acciones. Entonces, reflexiona: ¿Cuáles serán tus nuevas medidas para activar un amor sano y que provea bienestar en lugar de remover carencias?

Además, ¿cuál es el concepto de amor que voy a elegir para mi vida? Es decir, ¿cómo decidiré cuáles serán las pautas de amor que el otro establecerá conmigo?

¿Cómo amo? ¿Qué me gusta hacer? ¿Qué hago cuando digo que voy a amarte? ¿Qué cosas me harán reforzar la idea diaria de que el siguiente día lo quiero pasar contigo? Y, muy importante, ¿cómo me gustaría que me quieras?

Las relaciones se construyen, pero, antes de colocar los primeros cimientos con otros, construye en ti mismo la base que soportará los obstáculos que puedan presentarse, instruye en ti mismo el marco para navegar a puerto seguro cuando creas que el clima afuera es desfavorable. La tristeza, aunque ahora no lo veas, trae este regocijo que parece mínimo al inicio, y es el de tener un espacio reflexivo, un comodín antes del exterminio de toda esperanza, alzar la vista y querer vivir sabiendo que el dolor se disipará porque se están tomando acciones para ello.

¿Para qué sirve el dolor de no estar en una relación? Para enterarme que necesito reencontrarme y reaprender a sentir lo que significa tenerme para mi, de forma genuina y no por partes. Redescubrirme.

Carta a la soltería, lo que quiero escuchar y quiero saber y no me animo a preguntar

Referencias

Cañedo, C. (2022, 24 junio). 30 frases sobre la soltería que te inspirarán. Cosmopolitan. https://www.cosmopolitan.com/es/sexo-amor/amor-pareja/g38854642/mejores-frases-solteras/

Chiaraviglio, N. (2022). Link de video no disponible [Vídeo]. Conferencia privada derivada de la página web: https://www.nilda.com.mx/

¿La soltería es un castigo? Parte I

¡Ey tú!, no te voltees que vengo a encararte, tal como lo hace tu tía Chona en Navidad, logrando incomodarte, preguntándote por tu vida amorosa frente a todos, sí, esa seré yo.

¿Cuándo fue la última vez que saliste con alguien? Reformulo, ¿cuándo fue la última vez que te depilaste antes de salir con alguien? Sé que sonríes… Pero, antes que respondas, te tengo otra pregunta, ¿cuándo fue la última vez que sentiste atracción por otro y que además, ese otro, también quería algo contigo? Porque una cosa es querer a Cillian Murphy en Peaky Blinders y otra muy distinta, es querer a Fulanito Normalis ¿Entiendes? Y, finalmente, ¿cuándo fue la última vez que viste el amor como una oportunidad de alegría y estabilidad que también suma en el abanico de instancias de la vida? Se que está pregunta es rebuscada y larga, pero, te la puedo sintetizar: ¿Cuándo fue la última vez que contemplaste el enamorarte? ¡Auch! Eso fue requete incómodo; lo percibo hasta aquí, y no es para menos, ya te explicaré el porqué.

En resumen, lo que veremos en las siguientes líneas es la típica reunión de patas después del trabajo, un viernes por la noche, conversando, algunos pesadumbrandos y otros fingiendo desinterés sobre sus truculentas vivencias  amorosas. Aquí, notaremos los vaivénes sociales de cómo se aprecia la soltería, aún en estas épocas de Tinder y Grinder, dónde, pese a hablar libremente de ellas, más se sobrepone la idea de la hipocresía, de que sí no estamos acompañados, estamos en la goma. ¡Vamos!, que hasta el amigo vikingo (por lo de la cornamenta, nada que ver con virilidad o ser pelirrojo) tiene más valor social “porque está con su esposa pese a todo” que ese amigo solvente en casi todo pero que a sus 46 años sigue soltero ¿será gay?

Este y otros prejuicios sobre las personas solteras los estaremos develando en está primera parte. Y, al mismo tiempo, te entregaré par de luces necesarias para que descubras por qué estás soltero y para qué es útil estarlo, tanto como estar en pareja. Así que empezamos.

En las mesas del bar en Cercado, están todos los de la oficina reunidos, más aquellos dos ingenieros municipales que, para evitar la convivencia fatídica de sus familias, aplazan unas horas el llegar a casa y desenfundan la tarjeta para apañarse con unos cuántos tragos de “lo de siempre”; nótese el hábito. 

Quién habla, es una libélula que de forma insospechada entre la nicotina revolotea y escucha. Chisme gratis, aquí se los cuento.

Abandono: “la relación es estable, nos entendemos bien, pero seguro alguna bandera roja saldrá y nos dejaremos”.

Martina, quién se pedía siempre una piña colada baja en alcohol se quejaba nuevamente de su suerte en el amor. Su herida de abandono la llevaba a pensar que todo el mundo la iba a dejar. ¿Te ha pasado algo similar? Cuestiónate, pero, sigamos echándole un ojo a lo que ella decía. 

Sobre esto último, solía agregar:

Todos los amigos la ven con una cara suspicaz, Martina suele quejarse cuando la relación pasa a estabilizarse, para ella, sus señales de alarma son el crecer en rutinas de parejas, no tolera que la atención no vaya tras de sí, le disgusta el sentirse sola cuando se queda consigo misma por “demasiado tiempo” que a veces, puede ser una ida a la ducha por más de una hora. Si había algo que especialmente le parecía mortal, era no sentir atención en un evento, y no es para menos, sus padres, quienes la visitaban casi a diario en su casa, la tratan como la esquirla más dorada de la casa, nunca aprendió a manejar las dificultades de la vida sola, al contrario, siempre había un apoyo paterno.

¿Te suena? estas vivencias son muy comunes, y nos invitan a reflexionar:

● ¿Mi deseo de pareja es para sentirme unido a alguien y así sentir confort?

● ¿Exijo tiempo de calidad exclusivo sin miramientos de cómo está la otra

persona solo para satisfacerme?

● ¿Prefiero tolerar abusos e irrespetos para no estar solo frente a otros, y conmigo mismo?

Dependencia: “ojalá esto se de, he pasado demasiado tiempo solo y ninguna se queda al final, necesito que esta vez funcione, lo necesito”.

Marco, es un joven políglota, excesivamente amable, digno ejemplar de la vieja escuela de llevar serenatas, dar detalles costosos y sobre todo, esa cualidad tan suya de cercenarse un brazo sí hace falta, todo, por su chica. Para él, no hay medias tintas, o lo da todo, o no da nada. Y esto, no tiene que ser recíproco, con que lo “aguanten” tal como él dice, es suficiente. Su relato inicia así:  

Tales palabras envueltas en miel son típicas de Marco, independientemente de que las hayamos escuchado con las últimas tres chicas anteriores, él las sigue repitiendo, parece que no se da cuenta que lo que busca es una compañera formidable que lo acepte como una diosa soberana y contemplativa donde él es el máximo súbdito a costa de su propia piel, algo así como un Smithers promedio.

Si bien su armadura es sólida en lo que trabajo y bienes se refiere, su personalidad pende de un hilo. No gusta de salir solo a menos que sea con alguna de sus chicas o con el grupo de amigos, si va a tomar una decisión respecto a su vida todos se enteran, incluida su pareja, por más reciente que sea. Para él, cada proceso de alternativas tiene que ser sometido a votación, el sentimiento de incompetencia que lo envuelve es masivo y empeora cuando se suma a la necesidad estrecha de que debe conseguir a una mujer cueste lo que cueste.

Los preguntas que vienen al caso con una situación así, serían algo como:

  • ¿Qué tan cómodo es para tu vida el sentirte como el pequeño de la casa?
  • ¿Te gusta que otros tomen decisiones por ti o simplemente crees que eres un incompetente perdido?
  • ¿Qué tan a gusto te sientes de hacer cosas distintas, crees que tu configuración para el amor es la idónea en todo momento y circunstancia?

Normas inalcanzables: El desgaste. «No estoy seguro si ella me querrá. Trabajo, soy independiente, vivimos con nuestros gustos, pero, algo falla, creo que no funcionará si no me esfuerzo lo suficiente esta vez».

Erick, es ese hombre que cuando pasa deja una estela aromática que provoca muchas miradas con sigilo para contemplar con detenimiento tal huracán. Sin embargo, muchas de sus noches son una eterna tonada sobre una queja respecto a sí mismo y lo insuficiente que se siente respecto a su vida social y amorosa.

El portentoso Erick está encerrado en las normas inalcanzables, alli, ha construido una cárcel en la que cree que esforzándose lo suficiente va a conseguir bienestar no sólo para él mismo sino para todos en su sistema, engañándose con que la última tarea es el último esfuerzo, sin darse cuenta que simplemente abre una puerta más hacia una nueva meta, enrrollándose así en una serie de objetivos que no tienen fin y que nunca terminan de satisfacerlo con el agravante extra de que su sistema lejos de mejorar, se deteriora progresivamente. Bajo esta premisa cabe preguntarse:

  • ¿Qué tan dispuesto estás a callarte con tal de quedar bien con otros?
  • ¿El amor que recibes está condicionado a lo que das, casi siempre?
  • ¿Cumplir con las expectativas de otros es tu prioridad?

Grandiosidad: «bueno, necesito un verdadero hombre, ¿sabes?, ese quién pueda darme lo que yo necesito y cómo lo necesito. No soy quisquillosa, sólo pido lo que me corresponde y que además, lo hagan bien. Mis padres no criaron a una mediocre».

Esta señorita es Patty Velásquez,  de los de Velásquez de Vallecito, ojo no te confundas, porque esta mujer es capaz de encender su furia en tu contra. Y no es para menos, su familia,  especiales reforzadores sociales, la han acostumbrado a ejercer el hábito de la exigencia, incluyendo el amor. Su madre, la señora intachable y sobria, siempre ocupa la seccion de sociales con su marido «es mi deber acompañarlo. Detrás de un gran hombre de negocios, hay una mujer que decidió quedarse cómodamente  en casa», solía decir con cierto aire de resignación,  dichos valores fueron transmitidos a sus hijos. Por tales motivos, cabe preguntarse:

  • ¿Las relaciones amorosas qué son para ti, una consolidación de un estatus perdido o por obtener?
  • ¿Las relaciones son para ti un deporte de caza que cesa cuando ya tienes el «objetivo» / «trofeo» entre tus manos?
  • ¿Para ti, las gratificaciones en pareja deben ser siempre inmediatas y nunca construidas en plazos por ambos?

 Subyugación: «mi matrimonio genial, ciertamente he cedido algunas cosas, pero es lo normal ¿no? Prefiero que ella tenga la carga de decisiones, así estoy tranquilo. En serio.»

El lacónico Felipe siempre dubitativo e íntimo en compartir ideas y formas de ver la vida con Marco, después de unos tragos se anima finalmente a apuntar sobre sus ya pesados 20 años de relación marital, comenta lo siguiente:

Nuestro Felipe, es el típico personaje que agacha la cabeza cuando sus defectos son dichos a viva voz, como animalito en problemas rehuye de todo conflicto, nunca confronta, encara ni resuelve, todo engulle, para, finalmente, sacarlo como si mordiera la queja y refutando toda posibilidad de mejora, está subyugado y parece que su concepto de las relaciones de pareja es rendirse al fuerte, ese, a quien él mismo dotó de tal poder que se le ha escapado de las manos y no encuentra forma de escapar, consiguiendo en su celda un paraíso evasor de responsabilidades. ¿A quién te recuerda? 

  • ¿Cuántas de tus relaciones amorosas o afectivas han perdurado sólo porque tú te callas y permanecer subyugado al otro?
  • ¿Permites que te controlen?
  • ¿Doy más a los otros de lo que ellos me devuelven/me demuestran?

Vulnerabilidad: «no se en qué limbo estoy, a veces nos vemos y la pasamos bien, pero él a veces me aleja, luego, quiero irme a mis vacaciones y conocer a otros hombres y él casualmente regresa respondiendo alguna publicación en Instagram, siento que si hablo de lo que siento por él, me rechazará».

Raúl está en una encrucijada respecto al esquema de vulnerabilidad, sabe, porque se lo han enseñado,  que necesita compartir su vida con alguien. Más que por gusto, por miedo a estar desamparado. Sí bien gusta de coquetear y salir a buscar amores, se consume en la nada que sostiene con su «casi algo» con el que lucha por concretar y descifrar con base a likes y los encuentros fugaces que de madrugada concerta el otro, quién, sin miramientos lo llama, ilusiona y se desvanece. Lo curioso, es que pese a sus estrategias de «cacería» no logra desengancharse, o, al menos, decir lo que piensa, se acostumbró a estar presto a todo y para todos, él, yace olvidado de sus propias prioridades. Raúl, que te parece si:

  • ¿Acaso estás esperando que tu pareja sea el superhéroe que carga feliz con todas las decisiones e inclusive, con tu vida?
  • ¿No puedes tolerar tus propios temores e inseguridades y buscas quien se haga cargo de ellos, pero, irónicamente encuentras a personas ajenas a esto?
  • ¿Te molesta tu propia inseguridad, rehúyes de estar contigo mismo y verte vulnerable, prefieres la coraza del indiferente, pero, que sufre en soledad?

Fracaso: «para qué hacerme ideas sí no estoy segura de que funcionará, es decir, mira a ese chico, ¿Qué puede darme que yo no pueda brindarme a mi misma? definitivamente es una pérdida de tiempo porque con él no funcionará… igual que con los otros 22 chicos anteriores.»

Paula, derrotada por el simple hecho de existir, finalizaba la ronda de tragos explicando casi que a modo de excusa, porqué seguía soltera:

Como vemos, las ideas distorsionadas de Paula llegan de una voz muy extendida, muchas son las personas que como ella se refugian en prejuicios respecto a un género. Por otro lado, es palpable su coraza antipersonas, que esconde simplemente un anhelo hueco que no soporta aceptar, engañandose a sí misma explicándose que toma la decisión correcta apartandose o huyendo antes que otra persona pueda sí quiera reaccionar e intervenir, para ella las relaciones son unidireccionales: sólo ella siente y decide entre quedarse o no.

Para Paula y su herida de fracaso:

  • ¿Qué tan frecuente te sorprendes desvalorándote a ti o a otros?
  • ¿Te comparas respecto a las relaciones fallidas o exitosas de los demás?
  • ¿Prefieres mentirte sobre tener una relación porque así no lidias con la idea de construirla con otro?

Amor y oportunidades: ¿Cuándo sí y cuándo no?

En la vida diaria, es natural sumergirse en encrucijadas, las cuales nos impiden dar el primer paso. En la serie «The Sandman», hay un simbolismo muy claro respecto a esto, cuando el protagonista de la serie decide invocar a Las Moiras y de ese modo, averiguar el paradero de algunos objetos perdidos. Como recordarán, estos seres mitológicos están encargadas de saber el pasado, presente y futuro, y, por lo tanto, al encontrar en un sueño de un camboyano una situación con muchas alternativas, simbólicamente las materializa y las entrega como ofrenda a estas entidades para conseguir la ansiada respuesta (cita por La cachai, 2022).

De este modo, cuando nos adentramos en un mar de incertidumbre, surte un efecto magnético en nosotros que nos lleva a hacer revisiones de todos estos tiempos para conseguir sabiduría y saber qué decidir, pero, ¡oh, sorpresa! Nos adentramos en un océano casi inexpugnable de angustia e incertidumbre, donde, sin ofrendas que entregar, solo recibimos mas dudas que respuestas. El amor, o mejor dicho, la ideación sobre el amor, es esto mismo, un abanico de caminos cada cual más incierto que el otro. Sin embargo, son estas vacilaciones la que vuelven turbio al ser y lo convierten en un desdichado sin rumbo que clama y súplica por una respuesta que le asegure seguridad y alegría. ¡Qué ingenuidad!

Los peligros del amor

Si alguien llegase a preguntarme sí el amor es peligroso, sin lugar a dudas diría que no. De manera totalmente tajante respondería que es una emoción que pasa a ser sentimiento, y que mantiene como nobleza, el cuidado por el otro. Es una de esas pocas guindillas sobre la vida humana que nos hace ser puramente altruistas, no pensamos en nosotros mismos sino en un ente ajeno que, se gana nuestra contemplación; y es allí, en esa compañía por cuidar y resguardar al otro, que encontramos nuestra dicha y satisfacción. Por supuesto, no debemos dejar de lado el hecho de que este amor tan delicioso, y que nos mantiene cautivos de la búsqueda del bienestar, cuando lo recibimos, se convierte en el más dulce azahar. El amor es eso, un intercambio recíproco que tiene como base un par, un dos, una pareja, no hay amor sin otro, pero, al mismo tiempo, no hay amor sin uno.

El amor, sin embargo, puede volverse una figura retorcida, y aquí, permitiéndome otra licencia sobre el séptimo arte, tomaré como referencia la película «Coraline» (Drey Dareptil, 2020), donde una niña de convicciones aparentemente muy bien asentadas comienza a notar un vacío que crece en su interior sobre sentirse abandonada o descuidada por sus padres. Si bien estos siempre están con ella en casa, no hay verdadera calidad de tiempo compartido, ni mucho menos miradas de complicidad a la hora de la cena, simplemente hay instantes vacíos con salpicones de cercanía. Lo cual, lleva a la pequeña Coraline a entrar a un mundo de ensueño donde observa a una replica de lo que pudiera llegar a ser la madre «perfecta», la que le provee cuidados, cariño sin fin, mucha diversión y sobre todo, verdadera compañía. Llega a pensar que este mundo idílico es el que siempre le ha gustado tener y merece, pero, es una fachada, y al estar sedienta de abrazos cálidos y miradas complacientes, sucumbe a la idea de que la fantasía es una mejor opción a la realidad, sin darse cuenta del error garrafal que esta decisión representa.

Siguiendo la idea anterior, ¿Cuántas veces no estamos envueltos en ese contrapunteo de decidir vivir una dulce mentira que una cruel realidad? En el caso de Coraline, ella estaba en un dilema en torno a su familia, pero, si hablamos de parejas, acaso no hemos escuchado el típico argumento:

«Muchas cosas entre nosotros han cambiado pero, cuando estábamos iniciando, todo era hermoso, me importaba poco que se le estuviera cayendo el pelo, sus dientes con frenillos y sus pies deshechos. Me hacía reír y olvidarme de todo… Ahora, no es así de atento, pero, antes pasábamos una tarde feliz viéndonos la cara, era maravilloso»

Como vemos, todo esto está en pasado, y como si fuéramos Morfeo de la serie «The Sandman», estamos acudiendo al pasado para encontrar una respuesta, ya que vivimos en el presente sumergidos en una fantasía, por lo tanto, el pasado nos brinda un alivio temporal que evoca los tiempos mejores que ya hoy no existen. Es un placebo cruel y crónico que hace que las personas no ajusten ni reparen su presente por estar metidos en su mundo de fantasía de un pasado mejor. ¿No les resulta familiar vivir así, en un ensueño?

El mundo de ensueño «estamos en calma, todo chévere»

«Bueno, pero es que todo no es tan malo, o sea, el mes pasado si fue fatal, pero ahora está todo más tranquilo, nos hablamos durante el día, nos mandamos fotos de lo que estamos haciendo, inclusive comida, normal. Hasta ahora, no hemos peleado«

Frases así son típicas en sesiones de terapia individual o de pareja. Es una calma abismal que ni el paraíso de la religión más elaborada puede igualar. Generalmente, esta calma es la que vaticina un oscuro temporal. Según la psicóloga estadounidense Leonore Walker (citada por Uliaque, 2016), dicho momento refiere a la ausencia de pesadumbre según el maltratador, por lo que reina la sensación de paz.

Fase de tensión, «tengo que mantener la paz, para que seas feliz»

«Ciertamente fue mi culpa, o sea, todo estaba súper bien, como te dije, salimos un par de veces, comíamos, pasaba un tiempo con los peques, y bueno, el fin de semana pasado se me fue el tiempo con los oficios del hogar y se me pasó el almuerzo, tuve que improvisar, quemé sin querer el cuello de la camisa y al final, el domingo como me sentía mal no estuvimos juntos y allí comenzó a quejarse de todo otra vez. Pero en serio, te juro, estábamos muy bien.»

Este tipo de argumentos son cruelmente naturales, la victima narra con irónica sorpresa cómo después de días de calma absoluta, a través de pequeños detalles brota un conflicto bélico. Ese es su presente. Sin embargo, persiste la idea del pasado «estábamos bien» y peor aún, asume la responsabilidad de mantener la «paz del universo». Aquí, estamos en presencia de la fase de tensión, los pequeños contratiempos de la cotidianidad implican una sobrecarga para la víctima que no puede concentrarse y falla en su cometido de reestablecer la paz por encima de todo. Además aquí es natural esta serie de discursos verbales que hieren igual o inclusive más que un combate físico.

La violencia verbal es típica de escenarios tensos y para nada benéficos, y lo peor, es que el agresor busca desestabilizar a su victima para obtener su «victoria», siendo además salvado por el aval de la pareja que disminuye lo que sucede.

Fase del estallido, «o eres tú o soy yo»

No puede haber un ganador, aquí la estampida de palabrotas, inclusive, agresión física y/o sexual son parte del día. Nadie sale triunfante, solo un sometido y alguien que somete.

«Discutimos horrible otra vez, fue poco lo que duró pero se sintió como si estuviera en un ring de boxeo por años, nos dijimos cosas horribles. Y bueno claro, me culpó de todo lo que ocurrió, y no es para menos, yo también llegué a la casa toda alterada, reclamando que me ayudara con la casa y estallamos, pero bueno, ya ahorita regresa y hablamos para resolverlo, total, siempre es así, lo importante es que me envió un WhatsApp disculpándose y prometiendo que mejorará, pero que necesita tiempo.

Nótese los componentes de esta fase: minimizar la respuesta agresiva, culpabilizarse por lo sucedido además de esperanzarse sobre un futuro mejor. Esta última etapa, es justamente la que impulsa la siguiente y la sostiene pese a su crueldad.

«Sí, te acepto, para siempre» etapa de la luna de miel

La influencia malsana de una persona que utiliza los comentarios de otros como forma de ampliar su reputación se extiende hasta el mundo íntimo de la pareja. En otras palabras, se pavonea en detalles y atenciones frente a otros para obtener una buena apreciación o visto bueno, y así manipular el entorno, por ende, la pareja sucumbe.

«Aunque seguimos medio molestos, ayer fuimos a una comida con amigos. La pasamos bien, él es amable y encanta a todo el mundo, de eso me enamoré, porque es capaz de cruzar fronteras apenas se lo pido. Pero claro, siempre y cuando yo no meta la pata ni me ponga bruta como dice cuando se molesta lo importante es que me dice que esta vez reconoce que se excedió y que intentará arreglar su carácter.«

Promesas, juramentos y agasajos son el pan de cada día, pero no son más que un pequeño incentivo para retomar la misma actividad y llegar a la calma.

¿Qué sí o qué no?

Como hemos visto, vivir de la mano de la incertidumbre de cuándo es que estallará el conflicto, y peor, vivir pensando en el pasado hedonista lleno de placeres es una situación compleja. Sin embargo, si reconocemos que estas fases ocurren, podemos idear qué decisión tomar y desde dónde disminuir el nivel de incomodidad.

Ahora, aquí hay algunas sugerencias sobre qué hacer para tomar la resolución indicada, pero antes, que sepas qué «indicada» no es igual a
«menos dolor«. Las iniciativas correctas también duelen, y aquí te las ofrezco en formato de imagen para que se la compartas a quien más lo necesite y para que tú la tengas en cualquier momento:

Referencias:

undefined [La Cachai?]. (2022, 28 agosto). #shorts Morfeo recolecta ofrendas para las Moiras #sandman #tomsturridge #thesandman [Vídeo]. YouTube. Recuperado 11 de septiembre de 2022, de https://www.youtube.com/watch?v=JW36SIbBwFE (0:21″)

undefined [Drey Dareptil]. (2020, 11 octubre). CORALINE y LA PUERTA SECRETA: Un Cuento Demasiado CREEPY | Drey Dareptil [Vídeo]. YouTube. Recuperado 11 de septiembre de 2022, de https://www.youtube.com/watch?v=DT2vVECpQI0 (5:21′)

Moll, ​.U. & Moll, ​.U. (2016, 4 enero). ​El ciclo de la violencia en las relaciones de pareja. Recuperado 11 de septiembre de 2022, de https://psicologiaymente.com/forense/ciclo-violencia-relaciones-pareja

La multiorgásmica y demás maravillas

Hagamos una prueba, sí yo digo que las niñas no deben pensar en «eso» ¿A qué «eso» me estoy refiriendo? ¡Ah! Claro, es ese «eso”. La vida de la sexualidad femenina históricamente se forjó a través de la mirada masculina, Gallo (1999) nos habla de la forma en cómo el concepto de virginidad era un valor importante para asegurar una mujer apta para el matrimonio, en el sentido de alta moral y condición física.

Sin embargo, cabe preguntarse a qué se debe esto y denotar al mismo tiempo como persiste aún en la psique de algunas culturas independientemente del continente al que nos estemos refiriendo, así, el mismo autor denota que el ser el primero en la vida sexual de una mujer no solo apoya el sentimiento de orgullo y masculinidad afianzando así la seguridad en sí mismo, sino que además alimenta la sensación de poderío sobre la mujer al ser “ese primer recuerdo”, “la primera sensación” e inclusive, algunos, pueden llegar a manifestar con agrado el haber sido el primero en “haber hecho sentir mujer” a otra persona.

De ahora en adelante, los invito a acercarse al mundillo de la reflexión sobre sexualidad femenina, con toques de humor y lenguaje directo a fin de esclarecer y poner sobre la mesa un tema tan necesario para la salud mental y al mismo tiempo tan escondido, descubrir finalmente los misterios del multiorgasmo femenino, aclarando además que esto no es una guía, sino una invitación a la exploración y autoconocimiento.

Y es que estoy segura que más de una al igual que yo, fue criada bajo el precepto arcaico de que el sexo, el erotismo y demás temas asociados, poco o nada tenían que ver con una mujer. Y nada más lejos de la realidad. Para no hacernos más vueltas, que para eso ya tenemos al padre tartamudo explicando qué es un condón y otras variaciones del sistema de protección en el ámbito sexual, vislumbremos el caso de Dorita Spicy, el cual, usaremos a lo largo del trayecto para ejemplificar situaciones respecto al tema.

De este modo, empezamos por la típica tragicomedia de la primera vez, y es que Dorita comentó cierta vez en sesión que el descalabro mental que significa prepararse para algo donde no tienes ni idea de cómo se procede y dónde lo más elemental como el instinto toma forma a través del sentido común, inicia una charla mental que es de lo más paupérrima y vergonzosa (de admitir):

– Bueno, según las revistas y novelas de la tele, nadie lleva pelo ¿A “podarlo“, ¿no?

–  Ahora bien, el tema de qué hacer mientras se está en “eso” (nótese la aversión mental si quiera a mencionar la palabra con S) ¿Se lo dejo a él?, ¿Qué hace una chica allí?

– ¿Dónde averiguo qué hacer? El libro envuelto en periódicos del estante no es que ayude mucho, ni soy contorsionista ni quiero verme como un perro patas arriba ¿O será que así es el asunto?

Ante tales dudas, a la señorita Spicy se le ocurrió preguntarle al novio de turno el cual estaba más perdido que ella, de ese modo nuestra protagonista va donde Osda Perrier y en su insípida aparente insolencia, recomienda con tono severo y con aires de saber lo evidente: claro Dorita, sí sientes que te cuesta el tema tocarte y tocarnos, pues, usa porno.

          Ante tal sugerencia, el estado casi inexpugnable de la que jamás rompió el plato por temor a lo que significa toda furia de la autoridad no se pudo venir más arriba, es decir, le pareció lo más grotesco y vulgar del mundo. Estaba arisca como un gato a la idea, pero, si no fuera por la curiosidad que había en ella y ese estado innato que la lleva a probar, se lanzó al ruedo.

Y allí estaba ella, a media noche, claro, porque si es de día todos se enteran (según ella) y no es conveniente (aunque, cierta vez, la pillaron y fue uno de los tantos momentos donde pensar en ser succionada por el averno, lucía como una idea fantástica).

En fin, que tras muchas frustraciones y pensar que había algo malo en ella por no saber lo que era un orgasmo, se dio cuenta que el problema no era ella y su inexperiencia (al menos no en un 100%), sino la información paupérrima de páginas donde creen que las mujeres son una locomotora que hay que enchufarle cosas y amasar como si no hay un mañana y resulta que no es así.

Entonces, aquí, fruto de las aventuras de Dorita Spicy, amigas y pacientes, aquí un delicioso compilado, que espero, sea una revelación de porque este tema es idóneo y bello, en su complejidad:

-No lo pienses, no des más vueltas sí tu objetivo es un orgasmo, ya estás perdida, dado que el disfrute de todo el camino no será lo mismo. Cabalga para el placer continuo, no para un instante.

-Explórate, de la manera que sea y donde sea. No solamente el clítoris o el interior de la vagina es lo que debe estimularse. En opinión de muchos, comienza por la mente, limpia los tabúes y aprovecha las fantasías: un sujeto, dos morenas, lo que gustes. Si quieres un sustento teórico, aquí tenemos la definición de acuerdo a Plaud y Bigwood (1997, citados por Manrubia 2018) los cuales refieren que las fantasías sexuales son “una experiencia privada en la que la imaginación de una actividad sexual con una pareja resulta sexualmente deseable para el individuo.” Si con esto no aclaras ya lo idóneo de hacerlo, entonces, la solución es descubrirlo por ti mismo.

Por otro lado, es vital, que antes de entrar en juego contigo misma, vislumbres en tu imaginación la situación más acalorada, y, te propongo un ejercicio que mucho tiene que ver con lo visto anteriormente: en la fila del súper, en la reunión aburrida del trabajo, en tránsito tocando el claxon o en cualquier lugar donde puedas estar en silencio unos instantes, imagínate en un momento lleno de pasión, con alguien, a solas, como sea, tensa tus muslos, contrae el abdomen, mueve los dedos de tus pies, respira suavemente imaginando las envestidas, las lamidas o besos. Libera por unos segundos esa sensación que sube por tu vulva desde tu vagina. ¿Por qué en público? Sencillo, situaciones “adversas” ayudan a mejorar la concentración.

Por ende, cuando te independizas del silencio de la noche, de la pornografía y quietud, notarás que has ganado un súper poder.

-Finalmente, a solas o con tu pareja, inténtalo las veces que sean necesarias, no como una meta a lograr, sino como un camino lleno de sensaciones agradables, te darás cuenta progresivamente que cada que lo consigues, esa palpitación deliciosa querrás repetirla casi por instinto, y luego de allí, si lo haces, de la manera que gustas te encontraras de bruces con otro acalorado momento, y así, varias veces. Básicamente, tu tiempo de espera para alcanzar el siguiente se vuelve más pequeño y entonces, llegas al siguiente con igual o más intensidad. La definición precisa de acuerdo a Ramos (2004) ilustra que “son los picos de clímax espaciados que se suceden durante varios minutos”.

A continuación, algunos hechos curiosos sobre el orgasmo femenino avalados por la neurociencia y la biología:

  1. Alguna vez te has preguntado ¿por qué las mujeres tienen orgasmos? Según varios autores, revisados por Salazar y Salvador (2000), esto se trata de un hecho evolutivo, donde, la naturaleza intentó retener el esperma en el interior y de ese modo, lograr el objetivo de toda especie: mantenerse.
  2. ¿qué sucede con el embarazo y el sexo? Si bien este tópico está sujeto a la educación y deseo de cada una de las parejas, Labrador y Miyar (2018) describen que, de acuerdo a diversas culturas primitivas o actuales, la forma de ver el sexo y el embarazo siempre dista en tradiciones, sin embargo, mantienen una mirada en común y es preservar lo mejor posible el estado del feto, de este modo, encuentran civilizaciones que avalan el hecho coital durante el embarazo como un agente protector para el feto ya que, de acuerdo a sus creencias puede nutrirlo, dicho acto según ellos puede mantenerse hasta el penúltimo mes de gestación ya que, puede causar muerte o adelanto del alumbramiento, creencia además que se mantiene aún en nuestros días.

De igual manera, estos estudios recogen que el el último trimestre del embarazo muchas parejas desisten de sostener relaciones íntimas debido a la incomodidad del acto por la forma corporal que se tiene, lo cual puede representar una preocupación para la pareja y además, en muchos casos, inclusive, parecerle poco atractivo, disminuyendo así la líbido.

No obstante, si bien durante los primeros trimestres las incomodidades típicas del embarazo te envuelven, debes tener en cuenta que sí no tienes ninguna contraindicación de parte de tu médico, las relaciones íntimas son totalmente compatibles con el embarazo.

Como mujer, dejar de lado la sexualidad durante esta etapa por motivos sociales implica reprimir una etapa de ti, recuerda que si te sientes segura y confiada, y, por sobre todo, no hay riesgo médico para ti o el bebé, practicalo, Schiller (2016), comenta en su artículo “Algunas mujeres describen sus partos orgásmicos” cómo el acto de dar a luz lejos de ser doloroso y apesadumbrado por posibles complicaciones y el estrés que conlleva, existen mujeres que pueden expresar “...[un] trance, una sensación de euforia me inundó. Conforme exhalé, sentí inmediatamente una oleada de absoluta dicha. Aquello me dejó con una sensación que solo puedo describir como ‘sensibilidad vaginal post orgásmica’ que duró varias semanas«. Por esto y más, disfrutar de la sexualidad sin tapujos es un acto que involucra mucho más que imágenes eróticas y un acto con otra persona haciendo contorsiones, es, más bien, liberación del placer que el cuerpo puede fabricar por y para su bienestar. Hazlo.

Referencias

Gallo H. (1999) El tabú de la virginidad. Affectio Societatis Vol. 2 Núm. 5 Pág. 6

Manrubia Barrionuevo, M. D. G. (2018). Fantasías eróticas, satisfacción sexual y de pareja en función del tiempo en la relación.

Ramos, M. M. (2004). Diccionario de Cultura Sexual. El Abc de la Sexualidad. movimiento manuela ramos.

Salazar, F. G., & Salvador, G. P. (2000). El orgasmo femenino,¿ adaptación o subproducto de la evolución?. Gazeta de Antropología, 16.

González Labrador, I., & Miyar Pieiga, E. (2001). Sexualidad femenina durante la gestación. Revista cubana de medicina general integral, 17(5), 497-501.

Schiller R. (2016) Algunas mujeres describen sus partos orgásmicos.

El amor propio y el trabajo no son lo mío

Hola, me presento, soy Brenda y además soy psicóloga, hace unas semanas me he quedado a cuadros pensando en lo que me ha dicho mi psicóloga (sí, a nosotros también nos toca ir a terapia) y ha sido algo muy simple pero tajante: Brenda, que no tienes amor propio, lo que haces y cómo te sientes después no tiene otro camino que el de despreciarte.

Muy fuerte, y si te sientes mal imagínate cómo me sentí yo. Iniciando además por la parte donde yo he estudiado un montón y resulta que eso, que yo también se lo he llegado a decir a otros, también lo tengo yo.

Un poco de historia, para desempolvar lo que no parece tan evidente ahora. El inicio es muy clásico, una niña en un entorno de clase media baja que lucha constantemente porque la vean, la aprecien y, sobre todo, le digan lo que vale. A eso, le sumamos una adolescencia en un medio no muy seguro, acechado por la delincuencia y que, además, el hecho de estudiar y destacar es visto como una excusa para que te apedreen. En líneas generales, la búsqueda de un soplo de aprobación, de conseguir mi camino y mi rumbo se transformó en un pozo de los deseos concedidos, algo así como una lámpara mágica que cada que alguien la frotara (bueno, a mi nadie se me acercaba ni con un palo) se le concedía un deseo.

De este modo, me adapté a vivir dando, ofreciendo, proponiendo y ejecutando, por supuesto que sí, para todos, pero no para mí.

– ¿Dónde está Brenda? –

– En el coro, ensayando.

– No, que está en dirección aprendiendo a declamar para el festival.

-Para nada, está en la biblioteca preparando el periódico mural…

Y así, yo estaba metida en cuanta cosa se atravesara. Sí en casa no había reconocimiento, el profesor de lentes y mirada lasciva de seguro que sí aprovecharía mis talentos (gracias al cielo, nunca de manera sexual, al menos, no conmigo). De este modo llegamos a la adultez, la cual pinta a grandes rasgos así:

“Sí cobro demás por haberme quedado dos horas extras, estoy siendo terrible, mi jefe necesitaba que lo apoyara, no puedo ser una rata.

Pero ¿qué te pasa? ¡Calla! tonta, que no tienes jefes, que para algo en pandemia te independizaste y ya trabajas por tu cuenta ofreciendo tus servicios que para eso estudiaste y encima te especializaste.” (Brenda, diálogo mental en un día cualquiera, aplazando cobrar sus honorarios, 2017 en adelante) .

De esta manera, ridícula y lamentable te invito a reflexionar sí te ha pasado por la cabeza algo como esto:

  • Creer que sí no das, no serás apreciada.
  • Considerar que sí exiges una retribución justa entonces eres una mala persona, una rata.
  • Pensar que, si das tu opinión genuina, la gente se irá.
  • Preocuparte porque no encontrarás otro trabajo u otra persona que te quiera.
  • Convencerte de que tu valor no es lo suficiente y por eso mereces cualquier cosa.

En mi trabajo, cosas como estas pasan debajo de la mesa, no se nota a menos que en procesos de terapia se descubran como hallazgo de un fósil en Tierra del Fuego. Aquí, algunas de las cosas que he aprendido:

  1. Mi trabajo, como el de muchos, tiene que ser minucioso y con mis conocimientos, soy capaz de ofrecerlo. Pero eso no significa que tenga que devaluarse por una situación personal, mis asuntos los resuelvo yo, no en el momento de trabajar.
  2. Ser realista, las personas que estarán dispuestas a aprovecharse consciente o inconscientemente, lo harán sin miramientos. Así que, levántate en armas y sincérate sobre cómo te sientas, el riesgo es: quedarse sin esa persona y sentirte mejor por no sentirte un martillo que usan y luego dejan echado en la caja de herramientas.
  3. Sobre el dinero, no vives del aire ni del sol. Las plantas ya lo tienen ganado y, aun así, como el mango o el cocotero se esfuerzan en ascender y obtener la mejor luz. Tú, haz lo propio. Manda ese mensaje educadamente, cobra y lanza el teléfono al sofá, lee un libro o ve una serie, olvídate de esa presión estomacal y asume lo que venga.

Por último, recuerda que sí temes sentirte mal… mal ya estás ahora, ¿qué puede ser peor? ¿Qué te paguen, feliciten, te den la razón? No todas las alternativas son negativas, solo eso. Y bueno, me voy que tengo deudas que saldar ¿y tú?

El mejor disfraz del mundo

La depresión leve. Se esconde bajo facetas que hace que explicarla parezca un cuento de hadas para todos. Es como los hermanos pequeños a quienes la familia no les hace caso debido a sus niñerías. Sin embargo, quien las padece, lejos de simular ser un alma inocente y libre de angustias y sufrimiento, realmente demuestra un monstruo que sonríe y golpea con tal contundencia y arrogancia que sin que te des cuenta te lleva a las puertas de un abismo insondable y a veces sin recuperación real, como la muerte.

Por eso, es el mejor disfraz, tiene un camuflaje de persona activa, quien se bambolea a lo largo de la vida sin prisa y siendo eficaz. No obstante, a solas, con la casa vacía, llena de muebles y al son del viento de medianoche y un trabajo que rechazas se descubre en medio de la esquina como el coco que acecha al indefenso en la oscuridad una quimera terrible.

Según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM V), la caracteriza como:

Trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo… cuyo rasgo común es la presencia de un ánimo triste, vacío o irritable, acompañado de cambios somáticos y cognitivos que afectan significativamente a la capacidad funcional del individuo” (pág. 155)

Entonces, como se observa, hay una estancia que irrumpe cada sonrisa, sueño y vivencia entrañable, pasando de una explosión breve de alegría a una pesadumbre. Es como si la alegría y la felicidad no existieran, es más, no existe como estadía ni utopía, es que la felicidad no sabe a nada.

Describir un día de depresión leve es ir al trabajo pensando en querer dormir, en los momentos en que la hipersomnia está prevalente. O, por el contrario, el insomnio se manifiesta haciendo presente todos los escenarios macabros posibles. De este modo, la idea de trabajar se hace más por un deseo externo que una verdadera vocación o bocanada de motivación, la cual brilla por su existencia.

A esto le sumamos, que el desgano por el autocuidado es tal que lavarse los dientes, peinarse, depilarse o rasurarse parece una actividad de otro milenio. Asimismo, comer, es un vaivén que puede ir de extremos que rondan la inanición intermitente a momentos donde lo único que apaña el vacío de los pensamientos es comer.

¿Cómo es la vida familiar? Enmascarada, tal cual un carnaval veneciano, no existe la verdadera algarabía, y si la tristeza se sobrepasa y desborda, solo existen episodios de llanto, pero ninguna explicación plausible a lo que sucede.

¿Cómo verbalizar lo que no se sabe que se tiene?, ¿cómo explicar que pese a tener éxitos laborales todo carece de una brújula para llegar a una meta?, ¿cuál meta, qué objetivos?, ¿la pareja? ¡Por favor! Sí la ideación suicida ronda con más intensidad que la idea de una vida con alguien, ¿qué vida puede existir si lo que se añora inexplicablemente es acortarla?

De este modo, se puede ver en resumen cómo es la vida de la depresión leve, necesita ayuda, entendimiento, difusión y, sobre todo, comprender que también puede bordear límites peligrosos sí no se atiende prontamente. Vivir en tristeza no es normal, no tener motivación interna para ejecutar las actividades tampoco lo es, y mucho menos es natural tener que sonreír incomodos ante una vida llena de escenas grises, sin matices chispeantes que evocan al suspiro.

¿Qué haces cuando te duele el alma?

¿Qué haces cuándo el alma duele?, cuando su dolor es taciturno, tenue a la vista de otros, pero para ti, enunciarlo parece más bien gritos y alaridos desaforados en lugar de los pausados susurros que te dices y no terminan jamás de salir.

Qué haces cuándo el alma clama por justicia, pero no comprendes la diferencia entre dicho concepto y la venganza.

Qué haces cuándo tu alma pide como famélico que aclama al mendrugo un pedazo de escucha y solo recibe la carga incontenible de un sordo que de mudo no tiene nada.

Qué haces cuándo tu alma se apaga y nadie parece notarlo, cuando desaparecen las luces y solo hay oscuridad y un tren marchante que no cesa llamado responsabilidad.

Qué haces cuándo la ilusión de dormir y despertar con fuerzas más parece un martirio y un castigo más que una esperanza.

Qué haces cuándo tu alma reclama por una fantasía de estabilidad y te das cuenta con los ojos bien abiertos que no se puede, que simplemente no existe posibilidad, y la que hay es lejana, llena de astillas y púas.

Qué haces cuándo en la noche lúgubre te abraza la profunda tristeza y no tienes más que abrazarla y verla de frente, observando como ella gana en el tira y encoje de la soga.

Qué haces cuándo te apaciguas porque ya no sabes llorar, porque te cansaste de intentar salir a flote y tus brazos ya se cansan de ver inamovibles la actitud de otros.

Qué haces cuándo te exprimen a tal nivel que aun cuando pides que cese intentas un cambio y ya todo da igual, y más bien pides más carga para regodearte en la pocilga y así decir que tienes razón, que nadie escucha. Algo de ilusión pasajera debe servir para algo, pero no es así.

Qué haces cuándo tu alma solo escucha un eco de sí misma y se ve obstinada en el otro que, aún con los ojos bien abiertos es incapaz de notar el dolor que causa su indiferencia, su incapacidad de notar el pedido de cobijo, porque de ayuda, no se habla.

Cómo le dices a tu alma que pida socorro si el único paramédico está incapacitado, está tonto, y simplemente no está.

Cómo callas a tu alma si cuando rememora sus buenos momentos solo encuentra un ápice de alegría y un listado enorme de quienes se hizo ave de presa, y la utilizaron.

Cómo descansar si los demonios persiguen a la pequeña y enjuta que corre a través de un bosque pavimentado de espinas y solo encuentra matorrales en medio de cientos de personas que, como espectadores zombies contemplan el final.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

American Psychiatric Association – APA. (2014). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales DSM-5 (5a. ed. –.). Madrid: Editorial Médica Panamericana.

Si pudiera crearme otra vez: El derecho de ser Yo

          En sesiones de consultas psicológicas es natural recibir a quién se siente afligido por heridas del pasado. Esa típica persona que tiene huellas imborrables y selladas con sangre que se le dificulta el hecho de procesar y elaborar aquello que vivió. Un acudiente que añora como el más fantasioso de los cuentistas, poder regresar al pasado y colocar todos los cimientos de manera perfecta y así decir en el futuro que todo saldrá bien. Son personas que juran y perjuran que actualmente son un desastre y que, de haber actuado de manera distinta, hoy, serían más felices.

          Pero, cuando asiste una persona que más que cambiar situaciones decide verse al espejo que refleja su alma y decirse que prefiere cambiarse a sí mismo, que no quiere alterar esos altercados con sus padres o ese desengaño con su pareja, sino que desea ser otra persona, encarnar a un personaje totalmente alejado de sus convicciones y principios cuya personalidad avasallante sea radicalmente distinta y, sobre todo, acertada. ¿Qué tan distinto es el panorama?

          Cabe resaltar que no estamos hablando de una situación como en películas de cambio de cuerpo o de un trastorno de personalidad múltiple (ahora, llamado trastorno de personalidad disociativa). Sino más bien, de sentir la misma identidad, de estar en la misma familia, comiendo lo mismo y compartiendo en los mismos círculos con ellos, pero, tal vez, siendo más altos, más iracundos y temerarios, o, por el contrario, más silenciosos, dubitativos y menos impulsivos, tener unas pulgadas demás, el cabello más liso, entre otras particularidades. Vamos a fantasear, veamos qué resulta.

Ejercicio de identidad

La Flaca Ramírez, asiste a sesiones de terapia debido a frecuentes náuseas que la aquejan desde la adolescencia, llegando a ausentarse de clases de la universidad y del trabajo debido a las mismas, con la consecuente fatiga y reproche que se hace a sí misma por no saberse ser de otra manera. Los resultados del servicio de gastroenterología y demás especialidades arrojan un cuadro totalmente conservado, normal, según los médicos.

Ese día, en que contactamos por segunda vez estaba especialmente pálida, encorvada y pesadumbrosa. Un mendrugo tendría más ánimo que esa chica cuyo cabello opaco hacía entrever unas pesadas ojeras y ojos cansados que advertían de una noche pegada al wáter. Empezó su relato así:

Es que, si yo hubiera sido otra, le hubiera gritado, le hubiera pegado, ¿cómo es posible que se enamorara de ella? Aceptó ser nuestro padrastro, nos cambió pañales, nos dio de comer, y mi hermana ahora tres años mayor que yo le parece el amor de su vida, es incomprensible, esto no es la vida de Woody Allen, es la realidad, y de solo pensarlo me revuelve el estómago”.

          De esta manera, tan cruenta y llena de garbo inició el proceso. ¿Cómo ser otros? Realmente, si estuviéramos en el tiempo cero de nuestra historia, y estamos parados frente a la tienda de habilidades y atributos de la vida, realmente ¿te crees tú, enteramente capaz de tomar todo lo que se necesita?, ¿Sin que falte absolutamente nada para atacar y defender la existencia? Detente, y piénsalo.

Con la Flaca Ramírez, cuyos años se habían acumulado, esta idea no había hecho más que crecer en lugar de aminorar. De este modo, se le preguntó:

  • ¿De dónde vienes?
  • ¿Qué hacen los tuyos cuando la madurez los alcanza?
  • ¿Cómo se mueven ustedes en la vida cuando hay amenaza de lluvia en el horizonte?
  • ¿Qué festejos proclama tu gente cuando sienten la vida recorrer por sus venas?

La manera de preguntar, que recuerda al viejo oeste con un anciano a las afueras del pueblo deviene de cimentar en la persona un sentido de identidad, que recuerde que no vino sola de la nada, sino que, es parte de un sistema, que inculca modos y procederes y ella no es ajena a estos, por lo tanto, sin esperar ánimos de víctima, se le recuerda que no es una pobre alma presa de las circunstancias, pero si es alguien que puede ser quién es aún pese a ellas. De allí el énfasis en hablar de “los suyos” y no tomarla a ella como un ser meramente individual, sino alguien que tiene una historia que está ligada a otros.

Considerando lo anterior, la Flaca Ramírez se retorcía mentalmente buscando sus respuestas. Fue para ella un proceso doloroso, un problema que aquejó en su ser la búsqueda de una verdad que según ella solo la escondía su mente. Sin embargo, al verse descubierta por la realidad que la arropaba comenzó gradualmente al cabo de un tiempo a reflexionar sobre las vivencias de su casa.

Más allá del ejercicio de identidad

Volvamos a la cuestión anterior, sí respondes la pregunta base sobre sí tendrías todo lo necesario para tu vida, ¿qué te asegura y da garantía total de que no necesitarás más nada?

La tortura de creerte una persona carente de habilidades y destrezas perpetúa la idea de saberte un inútil, un escupitajo de la vida que llegó a la tierra a tropezar sin talento alguno. De creerte un ser que lejos de ofrecer claridad solo oscurece la vida de todos y la de sí mismo, busca además estallar en frustraciones por sentir que no vale nada y que la vida es una pena que merece ser decapitada más que vivida y luchada.

A veces, para algunos, fantasear con ser otro resulta un escape adorable, una ilusión anodina que hace suspirar con la idea de que el pasto del vecino es más verde. Es un laberinto hedonista que eterniza la idea de sentir que se es nada. Esta realidad fantasiosa no es más que una trampa.

El mundo, se maneja como un sistema amplio de arbitrariedades y probabilidades, podemos estar en un momento de confort y de repente la tierra se estremece y quedamos de nuevo en cero. O, por el contrario, estamos en un pozo oscuro y con un toque de suerte y personas correctas surgimos y exploramos un estado de estabilidad que va más allá de riquezas y se muestra como una serie de disfrutes “simples” como sentirse querido, apreciado y valorado.

La trampa de querer ser otros

Cómo observamos, la Flaca Ramírez mantenía la ilusión de que siendo otra pudo haber advertido y protegido a su hermana mayor, trazar otro camino diferente al de su familia y ser además quien rompiera todas las cadenas que arrastraba su sistema familiar conforme siempre con las circunstancias que atravesaba. De este modo, mentalmente y lleno de oasis de fantasía creó una intrincada configuración que buscaba siempre escapar de la cruda realidad. Aquí, en este hueco cálido donde ella como protagonista siempre ganaba, se sentía segura, pensaba que podía dar soluciones y recibir siempre una palmada en la espalda por estar en lo correcto. Todas mentiras.

El camino largo de ser quien eres porque los otros “personajes” ya han sido tomados

Una vez, estando en la universidad en la asignatura dinámica de grupos un chico que tenía muchas particularidades entre ellas ser tajante, me escribió una pequeña nota a petición del profesor para una dinámica sobre opiniones y cómo vemos a otras personas. Cuando leí su nota, me quedé anonadada por lo que decía, en resumen, era: compórtate de manera genuina, revisa quién eres y no finjas.

Y ciertamente, todavía hoy me cuestiono qué había en mí y mi conducta que despertó esa idea en él, sí lo habían pensado otros, sí tal vez estaba equivocada en mi proceder, sí yo fuera otra tal vez me hubiese aceptado, en fin, muchos argumentos se dieron sin respuesta alguna, acompañados todos de dolor, por supuesto, llegando inclusive a romper la nota y dejarla en la basura, aunque, ciertamente el recuerdo seguía conmigo.

Hoy, avanzo un poco más y me doy cuenta que, si bien el recuerdo persiste, no había manera que yo fuera otra persona, mi lugar en el mundo no está determinado por su nota ni por la de nadie más. Esa idea extenuante de siempre proceder de acuerdo a otros no solo es una labor suicida, sino que además corroe la propia existencia, por lo que no hay manera de ser genuino ya que siempre estamos sobre el molde de lo que otros piden y quieren. Hoy, ciertamente soy distinta, me manejo con algunas barajas nuevas y persigo objetivos que antes eran totalmente fuera de serie.

De esta manera, logré consolidar la fantasía de ser otra persona, pero, siendo auténtica a mí, adquirí la capacidad de transformarme para mi bien cuando las circunstancias lo ameritan y no soy un disfraz endeble que se desvanece con los días de lluvia, al contrario, siendo yo como soy, puedo ser recordada por más habilidades de las que soy capaz de mencionar.

Finalmente, me aleccioné y noté que no puedo ser buena en todo, aunque lo anhele, que ser capaz en más de un área y no en todas me brinda mayores posibilidades de expansión y alegría que sobrecargar sobre mis hombros la idea de ser siempre idónea y quien sobresale en todo. Reafirmo el compromiso de que, aunque pertenezco a un modelo donde se barajan y entregan las cartas de una manera, soy yo la que decide qué hacer con cada opción que se me presenta, no seré hoy la persona hedonista que busca siempre destacar en la fantasía, sino que seré la mujer real que se transforma por su bien y para vivir en un mundo donde nada es absoluto y eso es lo más realista que hay.