Mamá Grita: En defensa de las madres

En un día habitual, mamá regresa del trabajo, deja la cartera y demás cachivaches de protección contra cierto virus y se dirige al baño a asearse, sin respetar, los 20 segundos que recomiendan para el lavado de manos porque unas voces demandantes, persistentes, aparentemente indolentes y muy directas la acechan desde su llegada. 

Le reclaman su atención, le recriminan su ausencia, se quejan de sus decisiones y actos apenas los ejecuta, cuestionan sus razones y además de eso, le señalan cada error pasado y le anticipa todos los deseos a cumplir hacia el futuro inmediato. 

Esa voz inquisitiva es la de su hijo. 

«¿Por qué llegas a esta hora, mamá?», «siempre dices que llegaras temprano, mentirosa». ¿Dónde está mi mochila?, ¿ya saldremos?, ¿vas a cocinar ahora? ¡Tengo hambre! 

Ante esta escena, que más parece crónica de un desesperante texto de revista de suspenso antes de la ejecución de un crimen, resulta más bien una anécdota. 

Y eso, sin contar situaciones que pasan debajo de mesa y según quienes las viven son más «adaptativas»

– «Partes de la cotidianidad Brenda, por favor, acostúmbrate»- me dice la mamá crispada por mi cara de horror- hago mención también a situaciones tales como: «mamá, vete, no quiero tu opinión, el profesor ha dicho que debo hacerlo así todo, ¡no me digas más nada!». Y ante esta escena que me deja también estupefacta, la sonrisa nerviosa de la mamá se asoma con un: «tranquilito hijito, ya, ya lo hago». Increíble.

Ante este panorama, hay quienes se detienen a señalar desde lo alto de un pedestal de concreto cuál medida es mejor tomar en esos casos para los “impíos que osan privar de su paciencia al adulto”, cuál castigo a modo de ejecución total estarían dispuestos a tomar, otros, llevando su cabeza de lado a lado saborean desde su “privilegiada” inexperiencia mil maneras de increpar a la madre por su “blandengue” inactividad tras el arrebato de su hijo. Pero, ¿quién es el valiente que se impulsa a diseccionar el cadáver de la situación y desmiembra sección por sección los factores y pormenores de lo que sucede, lo que sucedió y sucederá? Muy pocos, realmente. 

No obstante, hoy, de la mano conmigo vamos a levantar la escena del crimen que se ha dado y descubriremos quién mató la paciencia de mamá, quién finiquitó realmente esas ganas de solicitar un por favor y devolver un gracias, quién realmente obstruyó esas ganas de levantarse a diario con la intención de cuidar mediante el mimo y no sobre la necesidad de calmar el palpito de urgencia por creer que ese pequeño fulanito está mal. Básicamente, veremos más allá del crimen (gritar) y observaremos el anecdotario y las pistas que, desperdigadas anuncian la consumación de este hecho, para algunos, en extremo repudiable. 

Asimismo, desde la base, veremos que el grito a modo de arma decapitó por unos instantes las emociones de una madre y de su hijo.

“Te concebí, eres mío”

Desde que recibió su muestra de embarazo positiva, desde que sus síntomas se fueron acrecentando y notó la transformación de su cuerpo, dio a luz antes de tiempo, simplemente, alumbró un par de ideas: Mi/su cuerpo, ya no será mío/de él, ahora, es nuestro.

Cada latido, cada mueca, cada sonrisa, sensación de placer, dolor y angustia fueron compartidos desde ese día, un sentido de pertenencia abismal, que dura en muchas madres hasta que se despiden de la vida. Inclusive, demuestran un nivel de fortaleza ante adversidades muy superior a lo que habían demostrado antes, dándose casos muy lamentables donde se toleran las más terribles injusticias en nombre de ellos, los hijos. Bajo este respecto, me es bastante familiar recordar este verso de una canción de Rosalía (cantautora española) que, en su álbum número dos titulado “El mal querer” (2018) interpreta: “Bueno, yo por amor, uff, bueno, hasta bajé al infierno. Eso sí, como subí con dos ángeles” (0:25).

Esta referencia, hace mención a una serie de abusos recibidos durante la vida matrimonial, llegando a rescatar como algo positivo el tener dos hijos. Para algunos un precio ampliamente cuestionable de pagar, para otros, existe una justificación enorme. En torno a esto, una realidad que inclusive viven muchas personas, más de las que imaginamos. ¿De dónde surge este sentido de pertenencia aún por sobre la vida de la “procreadora”? 

Badinter (1993) citado por Recciuti (2020), presenta este concepto como un saber espontáneo de toda madre que surge con un conjunto de saber hacer que viene de manera genética en la mujer, haciéndola la mejor cuidadora posible en la tarea de maternar. Pero, ¿Realmente es así?, ¿es cultura o es biología?, ¿cuánto es de uno y cuánto es de lo otro?

Si nos adherimos a la definición anterior, encontramos una perspectiva biologicista, donde la anatomía de la mujer ya determina lo que sucederá en la vida, a través del tiempo sin trascender aparentemente. Realmente, muchas veces no ocurre así y es un error inexcusable solo apegarnos a estas instancias, ya que muchas veces la cultura y la educación pueden llevar a caminos distintos, como ejemplo clave: la división de tareas y de “roles” en tanto que hombres ahora están en instancias “privadas” del hogar y mujeres en el trabajo, activando la cultura y política de su entorno. Sí bien es un tema que hoy en día se toma con pinzas, es necesario revisar que muchas de estas concepciones no solo eran de unas generaciones atrás sino que en muchas civilizaciones todavía se persiguen como un ideal.  Por lo tanto, dejando la mente abierta a encarar ideas y discursos dispares a los habituales, observemos estos dos caminos: en primer lugar, cuidar y soportar molestias por un tema de dificultad educativa, carencias económicas y afectivas para sí mismas, resignación ante la situación y noción del castigo como un elemento de aprendizaje necesario. En segundo lugar, cuidar y tolerar situaciones a veces de incomodidad extrema por considerar que el problema es irresoluble y “así debe ser” por patrones familiares arrastrados, rechazo a tomar la iniciativa para innovar nuevas estrategias para afrontar los problemas y fatiga crónica ante el estrés constante. Veamos un caso ilustrativo.

Sasi en Barrio Bajo y Lili en Villa Arco 

Una, es una chica menor a los 35 años, tiene dos hijos, educación primaria a duras penas terminada y es ama de casa, no demuestra esmero en su vestimenta diaria ni para celebraciones, su casa, su lugar de trabajo diario y no remunerado está impecable, con la comida siempre a la hora y sus hijos inmaculadamente bien cuidados. 

Para el desayuno, el cual hace cuando el sol aún no alcanza la alborada siempre está pensado para los demás antes que su propia nutrición, su esposo e hijos merecen “la gran presa” ella… ya tendrá alguito más. 

Asimismo, tolera explosiones de ira de su pareja ante cualquier cosa como una toalla mal colgada o una camisa sin planchar. Ante esto, el día a día con los hijos se torna una lucha de supervivencia, alimentarlos, asearlos, educarlos ante travesuras y reforzarles durante las tareas lo visto en la escuela aun con los escasos conocimientos que tiene y, además, tener algo de paciencia para sí misma y ellos.

Mantiene cada respiro de su existencia con base al alivio que llegará el día que sus hijos puedan levantarse por sí mismos, cuidarse y cuidarla y así alejarse de las penurias que la vida conyugal le ha proporcionado. No hay que ser muy listo para deducir que muchas de sus instrucciones son del tipo: “eso te pasa por estúpido, hazlo de nuevo”, “si no mejoras acabaras limpiando, estando como yo, mantenida y pobre”. 

Mucho resentimiento, frustración y deseos de expiar cada dolor mantenido durante años no son la excusa para palabras tan crudas, pero, existen y son distintivas de situaciones tan desesperanzadoras como la descrita. Ahora, veamos el caso de Sasi.

Hermosa, bien portada, muy cuidada en sus maneras, discreta y sonriente fuera de casa. Tiene 3 hijos, uno más travieso que el anterior, vivaces y muy audaces para conseguir lo que desean. No están enmarcados dentro de la habitual familia que vive bajo el mismo techo, al contrario, son familia pero viven de a temporadas en casa de cada progenitor, que, gracias a sus profesiones pueden permitirse una casa en un buen lugar de la ciudad.

La vida en estas instancias no está tan diluida en mieles y azúcares como pudiéramos imaginarnos, resulta que la cotidianidad de Sasi es la de ir arreando a su pequeña tropa, si, arreando porque en su casa no se mueve un dedo sino lo demarcan unos altos decibelios en más de cinco llamados, resulta que sus hijos luchando entre ellos por atención desarrollaron ciertas conductas que buscan de la manera que sea la atención de la dulce Sasi, cuya casa está destinada al azar y la aventura, lo primordial es el trabajo “para mantenerlos adecuadamente sin tanta ayuda del padre”.

Ante esto, el empuje para criarlos levantándose cada mañana, el de poder corregirlos ante quien esté, mimándolos cada que puede bien sea por capricho de ellos y su facilidad para “domesticarla” o porque simplemente le surgía de su interior, ella, es una fuerza arrolladora que al mismo tiempo de sacar la colada de la lavandería se cuestiona ¿lo haré bien?, ¿por qué conmigo no obedecen y con el papá sí?, ¿y sí los dejo con mi hermana y me voy de vacaciones un fin de semana?, ¿seré una mala madre por esto? y tras breves segundos de introspección surge nuevamente el llamado de la cotidianidad exigiendo algo baladí a lo que la respuesta que surge de su garganta son del calibre de: “nunca ves nada, está allí, ¡ciego!”, “jamás se te ha ocurrido buscar acá, es que no piensas”, “acostúmbrate a hacerlo tú solito, ya estás grande, no puedo hacerlo todo yo siempre”, “el día que me vaya tú tendrás que valerte por ti mismo, aprende de una vez”.

Ambas instancias, una más altisonante que la otra (para algunos) nos denotan dos realidades de las múltiples que existen, son comunes, pero no significan que sean aceptables dentro de los deseos de lo saludable y de bienestar, primordialmente porque están repletas de desdichas y reproches que lejos de levantarlas de la situación las hunde todavía más. 

Gritar para sentir

A este punto, gracias por no aferrarte a un paradigma y seguir explorando el tema que trasciende el grito de una persona, en este caso, de una madre, que desde esta postura las vislumbra como seres que han estado en observación y de los que se detallan estas características, para los padres, ya existirá otro momento para hablar sobre ellos donde hay mucha tela que cortar también. 

Entonces, siguiendo la línea de la comprensión y no de la excusa, ya sabemos qué trasfondos existen y que sucede allí entorno al grito y es que existen muchos disparadores que pueden predisponer todavía más una situación de crisis, vamos a enunciarlos y hagamos un pequeño ejercicio, sí respondes más de cinco “sí” por favor, busca apoyo, no serás señalado, anímate a revertir la situación. Empecemos.

  • Discuto constantemente con mi pareja, familiares cercanos y me irrito fácilmente.
  • Veo las noticias y la situación país me altera, provocando que me moleste y hable de cualquier modo con mis hijos.
  • No me detengo a pensar qué consecuencias puede desencadenar el que les grite y ellos se callen.
  • Casi nunca les pregunto a mis hijos cómo se sienten tras una discusión.
  • Me siento rebasado casi todo el tiempo, ante el mínimo estímulo “estallo” con todos en casa.
  • No ofrezco disculpas casi nunca o nunca.
  • Los problemas de mi familia se resuelven en casa, pienso que las cosas suceden por etapas, se disipan solas.
  • Si todo está en calma no vuelvo a tocar el tema de la anterior discusión, si nadie habla, ya se resolvió.
  • Acepto que muchas veces hablo a mis familiares con improperios y descalificaciones en lugar de ir al meollo de los problemas tratados.
  • Al ver un problema, juzgo, señalo, increpo al que lo cometió culpandolo inmediatamente de la situación en lugar de comprender y resolver.
  • Busco culpables de las situaciones para regodearme en lo que han hecho para sentirme mejor.
  • Espero que mis hijos siempre sean ordenados y condescendientes respecto al trabajo y rol que desempeño en casa más que por mi persona. 
  • Me molesto fácilmente si me mencionan alguno de mis errores, más si lo hace alguno de mis hijos.

¿Turbio, ¿no?  estas situaciones arriba enunciadas a modo de cuestionario son muchas de las instancias que en terapia se visualizan de manera casi total cuando a terapia familiar se refiere, y no lo comentan los padres o madres angustiadas, no, lo hace ese hijo que no se concentra en clase, que no puede acercarse a otros por problemas de confianza, entre otros, sí, son los hijos los síntomas de la situación de fondo que atraviesan los padres. 

Una baja autoestima, una necesidad casi eterna por desear descansar física y emocionalmente, incapacidad para controlar las reacciones emocionales, pobre capacidad para gestionar excesos conductuales de parte de los niños, esto es, lo que tradicionalmente llamamos “berrinches” pueden ser detonantes de una serie de desgastes familiares que traen como consecuencias los gritos desaforados de quién se siente responsable total por la vida de sus infantes.

Finalmente, algunas sugerencias de la mano de las revistas Healthy Children (2020) y Guía Infantil (Padilla, 2021) demuestran algunas estrategias importantes a considerar, aquí un resumen de ellas:

  • Tómate un momento para visualizar quejas, en papel, por escrito en el teléfono o en la pc, lo importante es poder saber qué sucede y cuántas veces se repiten estas situaciones y cómo resolverlas.
  • Sí bien el trabajo es vital, no puede llevarse a casa siempre. Un terreno de esparcimiento, un refugio ante la vida arrolladora es lo que debe significar un hogar, procura no evadir las situaciones de casa empleando como excusa el tener mucho trabajo.
  • procura mantenerte atenta a los placeres de la vida, que aunque se vean pequeños y cotidianos pueden significar un momento de meditación activa muy reconfortante, tal como el apreciar un aroma de la comida que consumes, apreciar la sonrisa que tus hijos te devuelven, agradecer por las cosas que te has podido proveer, entre otras.
  • Piensa que no todos tienen un mismo objetivo dentro de la familia, bien sea por la diferencia de edad, pensamiento, cultura, educación etc. todos son distintos, por lo tanto, no todos perseguirán la misma meta, no obstante, que esto no signifique hacer planes familiares, escucha la opinión de todos y en familia conduce el camino.
  • Piensa antes de estallar ¿esto lo amerita? Hay cosas que no son estrictamente necesarias para resolver de inmediato, puedes aplazar actividades en pro de una jerarquía más funcional, como el relajarte unos instantes y luego retomar las tareas de casa; en lugar de gritar e irritarte porque no están las cosas tal como las prefieres.
  • En situaciones sociales, destaca lo positivo, una reunión familiar amena no tiene por qué volverse un centro de quejas, al contrario, gózalo y disfrútalo, en otro momento, apropiado y privado compártelo y desahoga tus vivencias, hay un contexto para todo.
  • Comprende la conducta de tus hijos, vuélvete más observadora, muchas de las actividades que pueden irritarte pueden ser causa de un sentimiento de aburrimiento y de querer llamar tu atención sobre ellos, de manera negativa, pero atención al fin, de modo que, redirige la conducta, una actividad entretenida y educativa que pueda satisfacerlos a ellos y te sientas tranquila tú.
  • halagos, mimos y afecto. No dudes en dar los abrazos que siempre quisiste recibir, estimula el proveer afecto sin razón aparente más allá que la del amor, de ese modo, los lazos afectivos serán todavía más profundos y lograrás mayor cohesión familiar y por sobretodo te sentirás alegre de dar dulzura frente a los embates de la vida.
  • Finalmente, si estás en una situación de violencia, recurre a los organismos de apoyo, tus hijos no tienen por qué ser una barrera entre tú y tu estabilidad física, emocional y mental, además que no tienen que recibir el maltrato y abuso que por tu frustración arrastra, al contrario, contágiate de la fortaleza que ellos pueden darte y sal adelante, busca apoyo y brilla.

Referencias 

Vila, Rosalía. (2018). Preso (Cap.6: Clausura) [Canción]. El mal querer. Sony

Recciuti, P. Los artificios del instinto materno : representaciones de la madre universal [en línea]. Trabajo final de grado. Montevideo : Udelar. FP, 2020.

American Academy of Pediatrics. (2020). La crianza de los hijos durante una pandemia: consejos para mantener la calma en el hogar. Revista digital Healthy Children. Disponible en: https://www.healthychildren.org/Spanish/health-issues/conditions/COVID-19/Paginas/Parenting-in-a-Pandemic.aspx

Padilla, M. (2021). 12 prácticas necesarias para madres y padres estresados. 12 meses, 12 propuestas destinadas a fortalecer la familia. Revista digital Guía Infantil. Disponible en: https://www.guiainfantil.com/familia/padres/12-practicas-necesarias-para-madres-y-padres-estresados/

Canciones para la vida

“Me gusta estar al lado del camino” dice Fito Páez en su canción. Antes de iniciar con este artículo, te invito a darte cuenta de cómo estás respirando ¿sientes que te oxigenas o solo respiras por respirar?, ¿estás al lado del camino…mirando como todo pasa? Concientiza qué sucede contigo y más importante aún revaloriza tus sentidos, como si se trataran de valores en la bolsa económica.

Revalorizar, implica otorgar la estimación que se encontraba ausente. Qué tanto valoramos nuestros sentidos y su utilidad en la vida diaria, puede ser cosa que ahora nos parezca una nimiedad, pero, gracias a ellos nos damos cuenta de qué sucede en el mundo, sin gusto ni olfato, por ejemplo, no podemos conectar nuestras emociones de alegría ni de placer gracias a ese guisado espléndido que prepara mamá; o, sin sentido auditivo, no podemos erizarnos al ritmo de “Creo en mí” de Natalia Jiménez. De este modo, hoy quiero exponer la necesidad de indagar cuál es la playlist de muchos de mis conocidos y amigos, si bien es una muestra pequeña, la escogencia de temas invita a la reflexión, aquí, más que simples menciones de canciones y su posible significado subjetivo, ofrezco una perspectiva de que es necesario “vivenciar” en lugar de simplemente “estar” en un espacio.

Viktor Frankl comentaba de un modo personal y realista que el escape es hacia dentro, en el mundo de la música tenemos un camino perceptivo similar, la melodía comienza ingresando por nuestros canales auditivos y nuestro procesamiento nos lleva a traducir en sensaciones gratas o molestas. Sin embargo, el punto importante que evoca a Frankl es sobre el poder de abstraerse pese a circunstancias y aunque suene como una actitud compleja que solo es competencia de Buda, con la música podemos hacerlo sin relativo problema.

Observemos por ejemplo los siguientes casos: Kiki Rodríguez tiende a molestarse cuando va a un restaurante, no le gusta escuchar a los niños rechinando sus dientes, tampoco el masticar de otros ni mucho menos tolera los malos modales en la mesa. Aquí, el tema sensorial es vital, reflexionar sobre esto es importante no solo para evitar etiquetar a otros de “quisquillosos”, sino para comprender el entramado mundo de la música.

Cuando hablamos de integración sensorial, Ayres citado por Del Moral, Pastor, Sanz (2013) encontramos que se trata del proceso neurológico que organiza las sensaciones del medio ambiente y del cuerpo para usarlo efectivamente en el entorno. Para procesar esto de mejor manera, consideremos el caso de Kiki ¿quién desearía comer en un lugar donde los estímulos influyen de tal modo en su estabilidad emocional que al final no hay motivo más allá del de llenarse? El mundo sensorial nos invita a hacernos estos cuestionamientos.

Ahora bien, en el plano musical ¿cuántas veces no hemos hecho miradas de reprobación ante un género o un sonido? ¿no tenemos un poco de Kiki cuando por azares de la vida nos metemos en una situación que tiene un sonido que no nos agrada? ¿cuánto más estaríamos dispuestos a tolerar sí comprendiéramos más el enfoque del gusto musical en lugar de juzgar? Creo, de forma realista y sin aspirar a grandes cambios que, la tolerancia sería mejor lo cual traería consigo personas que seguirían en lo suyo sin tanto desgaste emocional.

¿Qué importa hoy día en la música?

En un estudio reciente, se reseñó la identificación en dos revistas españolas de gran tiraje que lo que preocupa en este segmento de la humanidad al que llamamos historia es lo referente a la mujer trabajadora, compromiso social, ecología entre otros temas, ahora, medita ¿Qué buscas cuando escuchas? Sí es “camina siempre hacia adelante” de Alberto Cortez ¿existe alguna reacción en tus sentimientos? ¿Qué tanto cambia tu perspectiva sobre un tema tan complejo como es la familia escuchar “amor y control” de Rubén Blades? Así como en estos tiempos las canciones pueden perfilarse como de poco contenido o “mucho texto” siempre debemos recordar que algo está diciendo, del contexto, de la historia, la sociedad. Movilízate.

La música como mediador emoción-conducta

Tal vez el siguiente ejemplo pueda suscitar algunas muecas de desagrado para algunos, pero, te invito a expandir tu entendimiento y comprender la riqueza que puede otorgarte lo siguiente: ¿Qué ha hecho de revolucionario Lady Gaga? O ¿por qué alguien consideraría como su canción bandera Corazón Encantado de Dragón Ball GT?

La respuesta, por más evidente que pueda sonar es sencilla: significado emocional o relevancia emocional. Del Amo, en su crítica al más reciente álbum de Lady Gaga “Chromatica” (2020), nos habla de cómo logró mezclar su “Yo” vulnerable revelando detalles de su padecimiento de antipsicóticos a partir de sufrir de fibromialgia, una enfermedad descrita como “dolor musculoesquelético generalizado, aumento de la sensibilidad al dolor, rigidez, fatiga, entendida como cansancio continuo y sueño no reparador” (López y Mingote, 2008). Y esto me lleva a considerar, no es acaso la expresión emocional la herramienta terapéutica más importante cuando hablamos de bienestar emocional, no es el poder decir crudas verdades una estrategia de supervivencia óptima para transformar el entorno, y, más relevante todavía es pensar que con esto, miles lograron alzar su voz por sentirse respaldados.

Remontémonos a nuestra adolescencia, momentos de construcción de identidad, donde esa melena al aire libre sin peinar constituía una huella de identidad sin importar los señalamientos de nuestros “mayores”. Así, como en ese momento la felicidad se asomaba por mantener una estética genuina a nuestro yo del momento, la música nos da un atributo más, que en momentos difíciles nos hacen menguar desde el más profundo duelo hasta una estabilidad aceptable.

En sesiones de terapia, un ente conector magnífico es una melodía pegajosa que despierte en el paciente una nueva perspectiva o estado de consciencia tal y como pudiera serlo “Nostalgia” del reconocido Binomio de Oro, “The Climb” de Miley Cyrus e inclusive “Diabla” de Fanny Lu, todas mencionadas por conocidos y algunos pacientes. 

En pareja, es natural tener muchos impasses y ver la vida marital conjugada en una canción tal como sucede con “conteo” de Gilberto Santa Rosa, y ponernos a reflexionar y dar ese paso que aunque nos hace temblar las piernas, sabemos que es necesario y le decimos adiós al ser amado.

En individual, recapitular hechos pasados y pensarlos como profundas decepciones o grandes victorias también pueden ser parte de un track musical, como es el caso de la canción “el guerrero de la vida” de Nash, donde ejecuta en agudos versos una realidad sobre cómo hacer frente a los embates del destino.

De este modo, te invito a que musicalices tu vida y resuenes en torno a ella. Bailando, contemplando, sintiendo y aguardando, porque ante todo, “confiá, confiá” (Fito Páez).

Referencias

Sergio del Amo (01 de enero de 2020). Chormatica. Mondo Sonoro. https://normas-apa.org/referencias/citar-pagina-web/ 

Del Moral, Orro G, Pastor Montaño Ma, Sanz Valer P. Del marco teórico de integración sensorial al modelo clínico de intervención. TOG (A Coruña) [revista en Internet]. 2013 [6/11/2021]; 10(17): [25 p.]. Disponible en: (PDF) DEL MARCO TEÓRICO DE INTEGRACIÓN SENSORIAL AL MODELO CLÍNICO DE INTERVENCIÓN FROM THE SENSORY INTEGRATION THEORETICAL FRAMEWORK TO A CLINICAL MODEL OF INTERVENTION | PAULA VEJAR – Academia.edu

Frankl, V. (1946). El hombre en busca de sentido. Barcelona, España: Herder,

APROXIMACIONES CUANDO ESTÁS SIN ALIENTO

GUÍA PARA DESFALLECIDOS

Una herida no es simplemente una abertura que emana molestias y dolor, muchas veces se puede representar como aquel recuerdo que llega y arde o aquel sentimiento que irrumpe y desacomoda la vida diaria. “Quiero morir” para esos sujetos que piensan en palabras y una “vista” de venas abiertas para otros quienes piensan en imágenes, para cualquiera de los dos casos, sufrir se traduce en no poder actuar y simplemente encerrarse en un bucle de tareas rutinarias que silenciosamente roban la vida y suspiros de mejora ya que en cada momento de ocio el dolor hace su acto de presencia.

No poder concentrarse, no querer comer, aunque el hambre ataque y haga de las costillas su saco de boxeo, no desear ir al sanitario y esperar que el esfínter empuje a regañadientes a la víctima para que pueda por obligación hacerse cargo mínimamente de sí mismo, no peinarse dado que es una serie de actividades que devoran las energías, no hablar porque profundiza la agonía de soportar la de uno mismo y ahora la del otro que se preocupa. Así, se vive a grandes rasgos un proceso de enfermedad cuando un estado de ánimo alicaído derrumba el sistema inmune.

El gran imperio que otrora se erguía orgulloso ahora ve cómo se derrumba tras cada negativa por buscar alivio ¡es que cuesta tanto! ¿Cómo levantarte y telefonear al médico si no estás ni seguro de poder/querer mejorar? Es lanzar todo por la borda en un proceso que para otros puede ser insignificante, y esa distorsión cognitiva que carcome y hace pequeña la enfermedad impide ver focos de esperanza. Qué complicada la conciencia de enfermedad. Ahora, revisemos puntos claros, un croquis de un proceso febril que deja como secuela un alma rota que se recupera aliento tras aliento.

El lugar de los hechos

El altar, la habitación en podredumbre o la oficina del alto edificio. En cualquier lugar un proceso de enfermedad puede ocurrir, se gestó en un lugar distinto posiblemente, pero, se vive en aquel donde se pasa más tiempo, convirtiéndolo en un refugio hostil. La luz molesta, el sonido familiar y predecible retumba como grandes elefantes en el pasillo y lo que antes era encantador como el orden, la limpieza o los ventanales ahora no son más que obstáculos que usurpan la paz. Al mismo tiempo, es un refugio encantador, porque es mejor que estar apabullado del ronroneo inquisidor de todos en una fiesta, por ejemplo, tolerando esos ¿cómo te va? O “te ves fatal”, de muchos quienes notan el pesar.

La vida evolutiva

Como en el examen mental de cualquier especialista, la alimentación, el sueño y hasta el sexo se ven cuestionados en el interín mental. ¿Para qué comer si el organismo ruge por la molestia? No obstante, el ánimo empuja al ayuno, ¿para qué despertarse? si el sueño es ese placebo que calma el tintineo de la muerte, o, al contrario, para qué dormir si las pesadillas y el malestar corporal acompañado de espasmos y dolencias quitan a Morfeo de la lista de placeres. Y finalmente, el deseo y la libido son simples recursos de mala calidad que ni siquiera se atraviesan porque la anhedonia (incapacidad para experimentar placer) se apoderó obsesionada de la persona, como una amante en celo que se impulsa por aniquilar a su huésped.

El organismo descompuesto

            Como si de Kafka se tratara, comienza una nueva apreciación de uno mismo. Poco a poco nos desprendemos de la piel en una metamorfosis de la salud al deterioro total, empieza por el aspecto físico.

            “Qué cara traes hoy hija, maquillate”, “esta ropa se hace tan incómoda, ni me queda bien”, “el sol no calienta suficiente hoy, qué clima tan hostil”. Y así vamos sumando quejas sobre el entorno. Luego, pasamos al ámbito mental, el más escabroso.

“¿Cuándo se acabará esto?”, “doy todo por estar en casa acurrucado, esto de fingir desgasta”, “ahora viene aquel con su energía cocainómana ¿de dónde sale tal actividad?”. Y así en más, todo lo que involucra procesos de planificación se ven totalmente anonadados por el medio y las exigencias.

Finalmente, en la destrucción de la podredumbre, tenemos la capacidad inhibida de lo emocional. Viene representada por dos momentos que muchas veces pueden ligarse, lo cual puede traer consigo algunas inquietudes.

El tipo irritable: “no me ayudes, ya para molestia estoy yo solo”: son aquellos que repudian el contacto con otros, ven a los semejantes como entes que pululan sin ton ni son, en el fondo, existe un repudio por el estado de salud y bienestar que según ellos poseen. Además, existe el deseo de no querer tolerar sus maneras, ni gestos, porque involucra responderles y no hay cabeza para ello. Al mismo tiempo, los problemas del mundo hasta el más grave se ven como un acto insolente “¡qué me importan otros si yo estoy hasta…! Una característica importante es que no desean abiertamente recibir ayuda aunque muchas veces sepan que la necesitan, simplemente se regodean en el dolor confiando en sus desfallecidas fuerzas y esperando además que el otro comprenda que su dolor es tan grande que no tendrá cura (al menos no tan pronto).

El tipo victima: “te necesito, desfallezco sin tu apoyo”: son aquellos que a viva voz expresan su malestar y dolor, piensan que contándoles a otros su pena esta será distribuida equitativamente y de ese modo la mejora llegará. Claramente sociables, no repudian la compañía la ansían y muchas veces en su estado lo multiplican para hacerse aún más merecedores de apoyo y cariño. En cuanto a la percepción de sus problemas y el de los otros, comprenden que existen más dolencias en el mundo, pero las de ellos está en primer lugar “sí, a la Tía Feli le sucedió, ahora yo me siento peor, y además que a mí se me empeoro porque tuve mala suerte…” más leña al fuego. Se caracterizan primordialmente por su afán de esperar cuidados y mimos, quedándose profundamente dolidos si no lo reciben o si no es de la manera que esperan.

El tipo mixto: “necesito ayuda, pero si lo digo me van a cuestionar, si me preguntan digo lo que sucede”: estos tipos que se ven mezclados en sus expresiones de enfermedad son muy comunes. Por un lado, les molesta las injerencias que otros puedan tener sobre su enfermedad “eso te sucedió porque tu no hiciste, dejaste de hacer o seguramente permitiste…” es decir, se vuelven ariscos ante las arremetidas de terceros que lo responsabilizan del proceso de enfermedad; al mismo tiempo, arremeten contra otros porque se sienten pesimistas sobre su recuperación sobre todo considerando los datos que tienen sobre el mundo “no me recuperare, la tasa de muertos por X enfermedad supera la de los recuperados y yo con mis problemas no voy a poder…”, ante esta actitud evitan también contar lo que les sucede y así ahorrarse las penurias negativas de otros. Pero, así como se acuartelan en su malestar, también añoran los mimos y cuidados de otros, se sienten desprotegidos por su cerco social que ellos ayudaron a formar, sin embargo, sí existe una mano piadosa, la toman aunque con reservas, pues, gustan de sentirse respaldados ante la adversidad.

¿Qué sucede cuando no me siento enfermo pero tengo diagnóstico?

            En primer lugar, podemos hacer referencia a una acomodación mental, es decir, el organismo se hace a la idea de que el estado de bienestar anterior, ya no será “pleno” sino que tendrá que enfrentar obstáculos. Sucede por ejemplo en enfermedades crónicas como la diabetes, donde la persona debe contemplar la idea de tener que ajustar su ritmo de vida, hábitos alimenticios y tener actividades físicas regulares para lograr mantener una vida estable. Pero esto, es apenas el inicio.

¿Y, si no quiero?

Para nadie es un secreto que estar enfermo para algunos puede significar una alegría malsana pero agradable, por ejemplo, si calificamos y tildamos a algunos de “perversos” podemos decir que hay personas que gustan de ser cuidados y regodearse en el dolor por sentirse incapaces de no hacerse consigo mismos. Entonces, de esta “especie” humana surge una aleación muy compacta de cuidador-enfermo, provocando serios problemas de dependencia en ambos.

            De igual manera, existen los del tipo que desean con todas sus fuerzas el clamor de la vida y buscan alternativas a toda costa: homeópatas, medicina oriental, occidental ¡lo que sea! Y consiguen en su camino aliados e incluso admiración, logrando a veces el cometido: vivir.

            Al mismo tiempo, están los que se resignan a su diagnóstico y lo abrazan, no estamos hablando de personas que quieran directamente fallecer, que los hay, pero, en este momento haremos referencia a aquellos que ya dan la batalla por perdida debido al peso que supone. Para ustedes, los que en el fondo quieren dejarse de lado y dar todo por vencido, mis palabras:

“Me permití decidir no comer, hasta que mi organismo no fabricó el hambre.
 Decidí no dormir, hasta que la vida me empujo a bostezar.
 Me permití no relacionarme, para evitar más dolor, me censuré duramente.
 Descubriendo así el abandono y desamparo.
 Decidí cerrar mi alma, hasta que me vi sola y con sed de ternura.
 Me permití hacerme la fuerte, y de pronto descubrí que soy solo de carne y hueso.
 Descubrí la importancia de percibir el aroma del peligro, cuando dejé de notarlo.
 Y así más instancias, en un momento optadas, las fui perdiendo.
 Dándome cuenta después, que no eran opciones.
 Era mi vida, latiendo.
 Vive, lucha.”
 

“Cuando era niña”

Desdóblate ante la vida, abre, despliega todos los recursos posibles: arte, comunicación (quejarse, para resolver también es válido), drenar con deportes entre otros, es una medida totalmente aceptable para que el dolor no gane la batalla, es justo y necesario sentirlo, para darle un significado que enriquezca nuestra existencia, analiza y acepta tus arrebatos.

Bruscos recuerdos llegan a mi memoria, no es necesario camuflarlos ni excusarse con que son “días difíciles”, no, solo están allí y se reproducen en cuanto la lupa se posa sobre ellos y es entonces cuando esa luminiscencia los activa. En esta ocasión, he hecho surgir recuerdos y una relación causa-efecto, algo así como un insight fantasmal, ha renacido. Bueno, si a eso vamos, todo insight podría ser fantasmagórico porque trae un tornado emocional como todo espectro que surge de la nada, pero, al mismo tiempo, cuando noto que su naturaleza incorpórea no me hará daño, sino que golpeará con su naturaleza comprensiva, es allí cuando me calmo y aprecio el golpe de realidad. Así lo he decidido.

A medida que repaso estas líneas en mi cabeza, surge un bloqueo monstruoso: no recuerdes, procrastina. ¡Evade! Entierra el impulso y calla. 

Pero no, me resisto, me combato y venzo porque reconozco que muchas veces soy mi propia enemiga. Mucho tiempo he sucumbido ante mis súplicas para quedarme en inactividad y sofocar mis sueños, aún lo hago, pero, despierto antes de la pesadilla saboteadora y gano. 

Es un pasaje bien aprendido de la niñez, vamos a explorarlo en retrospectiva, quien narra es una Brenda que duda aún si decirlo o no, que le tiembla la nariz y le aprieta la garganta, no obstante, con su voz aprendida e impostada de “niña de Discovery kids” bien portada, comienza a narrar. 

Primer acto: resuélvelo tú sola, Brenda

En un día caluroso, de esos vacíos y típicos del trópico destaca una niña que por su simpleza y muchas veces cobardía está atrincherada en una cama; pensando; tiene menos de doce años y más de seis, y sabe que está sola en esto, es su deber resolverlo ella misma porque pedir ayuda es quedarse muda esperando una respuesta que nunca llega, es saber que se pone en tela de juicio su capacidad, es saber que no hay disposición porque “es un tema menor”, porque es un miedo que debe superar, una circunstancia más.

Situaciones importantes que todo padre debía velar, pero, del que no repararon en su tiempo y se limitaron a espetar: “le teme a las matemáticas”, “qué floja, solo sabe escribir historias, para lo que es buena ella”. No, repasar el contenido exacto de esto no es relevante, vayamos a las entrelíneas, según me di cuenta después, lo que buscaba excesivamente con mi voz, actitud y calificaciones en las demás asignaturas era no fracasar ante todos porque la imagen impostada que creé y me crearon no me lo permitían  (sobre todo ante las matemáticas, ¡qué susto!). 

Ella, o sea yo, tuvo que aprender a resolverlo, “se buena aquí y allá” así cuando fracases, es decir, no obtengas, un 20 sino un 15, 11 o 10 nadie dirá que no te esfuerzas, pero, ya lo sabes, debes ser más inteligente ¿cómo todos multiplican y tú no?, ¿resta, tonta qué esperas? Y así aprendí a resolver sin hacerlo realmente, solo impostaba, tolerando arrebatos de otros y algunos otros míos, refugiándome en mundos mágicos de lecturas donde aprendí el valor de sumergirme en las líneas de libros y enriqueciendo esta particular jerga y entonación de “niña extraña”.

Además de eso, aprendí a callarme, escuchaba todo, sentía el dolor de otros como mío, pero no me defendía ni defendía a otros, solo pensaba desde mi trinchera y, me cuestionaba: ¿por qué le preguntas eso? es solo un niño, cuando un semejante era víctima de una injusticia de mano de los “grandes”.  De ese modo, aprendí a resolver que ante la injuria de la “autoridad” marcada por gritos, era admisible, aunque lo repudiara y estuviera en desacuerdo. 

No, no fui golpeada, pero vi a otros padecerlo. 

Segundo acto: la protección y seguridad son constructos creados por ti misma, Brenda ¡Dha! 

Los gritos afuera en el pasillo simulando truenos; están los mayores haciendo de rinocerontes ciegos intentando consolidar quién es el macho que manda: el ávido de estupefacientes o el gordo agresivo. Una batalla campal con tres espectadores, y entre tanto, acobijada después de la juerga de golpes y gritos: la sábana, cuántos sollozos ahogados, cuántos abrazos rodeando las costillas no pudo ver la sábana, muchas fueron las veces que, aún todavía hoy, han sido un placebo que invitan a dormir dejándome cubierta de pies a cabeza.

Qué plácido es tener el beneficio de un sueño sin la conspiración inconsciente de llenarte la cinta onírica de retorcidas y amargas historias, no, que yo recuerde, no tenía pesadillas tras percibir un encuentro hostil.

Gracias doy por eso.

Finalmente, aprendí de este manto protector que el calor y cubrirse es lo que necesito para afrontar la vida.

Tercer acto: la encrucijada y presente aquejado.

¿Llanto y molestia? Ha refugiarse en oscuridad y calor. ¿ansiedad y sentimientos de desamparo? La sábana te arropa, así como esas palmadas que me doy. Así, hecha hoy, soy un adulto. Es la representación de como un recurso infantil retumbó hasta el tuétano convirtiéndose casi en imprescindible, es lo que sí puedo hacer cuando no existen oídos amplios y comprensibles, o, más bien, cuando no confías en los disponibles, total, yo resuelvo sola ¿recuerdas? 

Por tal motivo, fue importante incluir el relato anterior. Sin embargo, no, querido lector, no me mal entiendas, también aprendí a encarar los problemas ¡cómo no! sola, con las piernas temblando y lacerando mentalmente todo mi ser, y pese a esto, han sido tantas las exposiciones que aquella habilidad antes impostada ahora es natural, la descalificación existe como pensamiento en bucle y se detecta y redirige. Ya no permito que gobierne más la distorsión cognitiva de creer poder hacerlo todo y deber actuar obligada a todo.

Cuesta mucho, pero se consigue, aunque he de confesar que me refugio en la procrastinación y la sábana, muchas veces es desde allí donde tomo impulso para seguir, “porque decir adiós es crecer” decía Cerati, y siento más que pienso, que es así, en la medida que rechazo los agravios creados por mí misma, más me entrego a la idea autocompasiva de que merezco un abrazo, no se de quién porque aún no se cómo aceptarlos o recibirlos, no obstante, sí son de mi misma los avalo, descanso las aguas del manantial del espíritu y avanzo, supongo, a eso se refería Cerati en esa precisa oración.

Yo protagonista

Generalmente, esperamos en un lugar como este un artículo con carácter informativo y hasta académico, que seamos relatores, pero, hoy, decidí relatarme a mí. Es una labor extraordinaria y diaria, el pensar sobre lo que hago; no obstante, si les soy honesta es la primera vez que es público, gracias por acompañarme.

Aunado a lo anterior, pienso que en la medida que recitemos lo que ocurre en el vaivén mental y demos respuestas, es posible que otros también encuentren las suyas. El acto de relatar, consiste en vivir una experiencia, crearla a partir de la chispa de otros o de uno mismo y expresarla, por ello, al momento de escribir, inspirar en otros, es el éxtasis. 

A donde quiero llegar, es que cuando escuchamos a otros, surgen interrogantes que por diversos factores omitimos indagar, y pasa en terapia: el tiempo, las emociones suscitadas, el estado de ánimo etc. impide recapitular a gusto, por ende, esta vez decidí exponerme, reflejarme en mi misma y hasta manifestarme vulnerable, porque ahora conoces mis dos bastiones para afrontar la vida: pensar en resolver… mientras me cubro como un tamal. Por otra parte, no hay mejor “sujeto de pruebas” que uno mismo, y antes de invalidar la privacidad de un paciente, prefiero darme a mí el permiso de escarbar hasta donde sea necesario.

Sonrío ahora que reparo en esto, gracias totales por no abandonarme, y antes de ponerme seria, te invito a conseguir tus bastiones de fortaleza, de seguro los tienes pero están invisibles, a veces los usamos tanto que nos parecen rutilantes, pero ¡ey! Destácalos, ese tic cuando dices algo turbio, ese apretón de estómago antes de ejecutar esa difícil decisión, que, aunque no haya un sanitario cerca, igual la tomas, esos, son bastiones, conductas que ayudan al organismo a reorganizarse. Ahora bien, qué dicen los autores al respecto, aquí un breve resumen teórico pues, de ejemplos estamos llenos en los párrafos anteriores.

Hablemos de autorregulación emocional, en los niños

La regulación supone el manejo  de  la  emoción  a  favor  de  un  mejor  funcionamiento  del  individuo  en  una  situación  dada” (Ato, Gónzalez, Carranza, 2004) en otras palabras, resume que la adaptación de las emociones a la situación supone sacar un mayor provecho de ellas, no solo de las “negativas” sino también de las llamadas “positivas” aunque, si vamos a hechos meramente teóricos ninguna emoción es positiva o negativa, pues, ellas tan solo anuncian lo que sucede en el ambiente. 

Además de lo anterior, debemos manejar conceptos tales como temperamento, el cual es hereditario y demarca esa parte más natural y primitiva de la personalidad, la cual viene acompañada a su vez por el carácter, el cual se asienta sobre las nociones aprendidas en sociedad. Todo esto me lleva a considerar ahora en la adultez, que estos dos ingredientes se unieron y dieron fruto a una persona que si bien se maneja con llamaradas ardientes de pasión alternándose con la gelidez de un témpano, también sabe muy bien (gracias a varios choques pasados) cuando ceder y turnar el mando para que un dragón voraz no lo dañe ni haga daño. Pero esto no vino solo.

Rodríguez (2014), habla de madurez cognitiva entre otros procesos que acompañan el desarrollo de los niños, a grandes rasgos, ya que en niños enmarcados dentro de un trastorno del neurodesarrollo no podemos decir lo mismo con tanta exactitud la mayoría de las veces. Aclarado lo anterior, hablemos ahora sobre algunos mecanismos atencionales, de forma muy sucinta.

Si te atiendo, me molesto

Muchos padres se sentirán vinculados a esta experiencia: un niño de menos de seis años es atrapado in fraganti jugando con las llaves del auto. Su padre, se lo quita porque el niño lo mordisquea y para evitarle un daño mayor al infante, a lo que el niño responde con una rabieta colosal ¡que es por tu bien, niño! ¿Te ha ocurrido? de seguro que sí.

Esto ocurre porque la red atencional que nos pone alerta ante eventos externos está en su nivel máximo de activación, siguiendo el caso anterior, supongamos que el niño se entretenía con el sonido de la alarma del auto, entonces, disfrutaba de la red atencional y se veía reforzado, es decir, le gustaba mantener la conducta. Pero, sí el niño es un poco más grande, entraría en juego la red de orientación que lleva la atención a un segundo estímulo, ejemplo: papá después de retirar las llaves del auto, le da una maraca para que la agite. Y esto, por simple que parezca, es un mecanismo excelente de autorregulación dado que permite a que el bebé pase de un primer estímulo a otro, dándose la capacidad de alternar sin desgastarse. Bastante inteligente ¿no?

Finalmente, hay dos ingredientes más, el primero es la red atencional ejecutiva que en niños un poco mayores se desarrolla en conjunción con el lenguaje y permite que la persona pueda inhibir otros estímulos y enfocarse en una tarea. Por otro lado, la maduración cerebral integral da la oportunidad de desenvolverse en diversos ámbitos siendo capaz de no dejarnos llevar por las peripecias de la vida y buscar con coraje una vuelta a las cosas. En resumidas cuentas, utiliza tus poderes atencionales para enfocar lo realmente valioso.

Mis últimas palabras para ti querido lector que llegaste hasta aquí es agradecerte y sugerirte que hagas resonar en ti la capacidad de poder desdoblarte ante la vida, abre, despliega todos los recursos posibles: arte, comunicación (quejarse, para resolver también es válido), drenar con deportes entre otros, es una medida totalmente aceptable para que el dolor no gane la batalla, es justo y necesario sentirlo, para darle un significado que enriquezca nuestra existencia, analiza y acepta tus arrebatos, te aseguro que te conocerás más que nunca. Cuando te cuestionas, abres un mundo de alternativas donde todas pueden ser y al mismo tiempo no, todo lo decide la elección que escojas. Todo depende de esto último. Por lo que atrévete a alternar, estar molesto, enfadado y demás está bien, pero no por mucho, alterna, así que si atiendes por mucho tiempo esa molestia es posible que te enfurezcas más, no dejes que gane, combate y vence.

Referencias

Ato Lozano, E., González Salinas, C., Carranza Carnicero, J. A. (2004). ASPECTOS EVOLUTIVOS DE LA AUTORREGULACIÓN EMOCIONAL EN LA INFANCIA. Anales de Psicología / Annals of Psychology, 20(1), 69-80. Recuperado a partir de https://revistas.um.es/analesps/article/view/27581/26751 

Rodríguez S., (2014). Desarrollo de la autorregulación en la infancia. (Trabajo de Grado en Maestro de Educación Infantil). Universidad Pública de Navarra, España.

 

EL MARAVILLOSO MUNDO DE EDOS

De cómo enfrentar los miedos y superar la nostalgia

El mundo infantil está plagado de un romanticismo arrollador, donde todo se pinta de manera rosada, con un sabor pastel y un sonido similar a campanas que tintinean gustosamente a pie del oído pero, sabemos que no es así.

En sesión, muchas veces nos topamos con situaciones extraordinarias, de parte de madres y padres e inclusive cuidadores que acuden a nuestra sala de citas para recibir un soplo de esperanza y muchas de veces de valentía para tomar aquella decisión que tanto aqueja. Cuando acuden con niños la cosa se pone peliaguda porque no solo es hablar en el idioma nativo sino que además, debe ser comprensible, realista pero al mismo tiempo cuidadoso para no malograr la ya inquietante experiencia.

¿Cómo hablarle a los niños?

En otra época, los niños callaban y mordían su recelo. Muchas veces inclusive se veían privados de su expresión porque un manotazo injusto se iba contra ellos, pero, muchas de estas actitudes en la crianza (sí es que se le puede hablar así) ya hoy no son del todo tan habituales de conseguir.

Enhorabuena papá o cuidador que estás leyendo esto, gracias por preocuparte por no dañar una vida o por buscar una alternativa al «eso no te interesa porque eres un niño», y más bien hacer un puente como quien dice: «ven, siéntate aquí que vamos a hablar sobre aquello que paso con tu hermanita y el tío Gustavo».

Muchas veces, verter un poco de minutos y segundos en está vida pueden ser una inversión costosa, sin embargo, cuando se trata de hacerle ver a un niño una realidad que le concierne, esa inversión se convierte más adelante en una ganancia absoluta. Así que, respira profundo, recuéstate bien de tu silla y reflexiona sobre estas sugerencias:

  • Aclara en tu mente las aguas emocionales. ¿Cómo es esto? Sencillo, hablando se entiende la gente, por lo tanto, hablar con un humano y no con un ogro ya es mucho. No es juzgar ni tirarle piedras a otros por efecto de la cólera, es hablar, y para ello, el tema debe tener un inicio, desarrollo y cierre, ármalo en tu cabeza y luego en ese orden, exprésalo.
  • Habla en un idioma comprensible. «Las células plasmáticas del área del intersticio de tu abuelito están en una variación sistémica….» ¿lo entiendes? yo, honestamente no, así que probablemente un chiquito, tampoco. Habla en términos adecuados, pero, siempre cercanos a la realidad, y sí es de decir: pene o vagina, dilo tú, que eres confiable, no esperes que Youtube u otra persona con otras intenciones lo haga.
  • Disfruta. Es difícil decirlo y todavía más hacerlo, y aunque muchas veces son temas acalorados, complicados y dolorosos, es un momento donde dos almas se conectan, para compartir un saber. No todo debe ser doloroso o complejo, pero en momentos como estos, donde escapar sería más valioso que el oro, el enfrentar con coraje y con un amigo de apenas un metro, es muchísimo más satisfactorio a mediano y largo plazo. Tómate tu tiempo, estabilízate y ve de la mano con él o ella a una resolución realista y esperanzadora.

Un ejemplo vale más que mil palabras, lo mismo que una imagen, así que aquí traigo ambos, una pequeña historia de cómo encarar de forma melosa algunos episodios que en vida pueden ser complejos llegando a quitarnos las palabras, sucesos como el sentirse desamparado, con miedo, a punto de enfrentar un obstáculo temible y la tan aterradora nostalgia, se pueden convertir en quimeras de poliestireno siempre y cuando logremos expresarla adecuadamente.

En las coloridas calles de Calabacín 503-Cercado, una gran ráfaga de viento llevó la casa de Chiquinquirá hasta el misterioso mundo de Deva, un lugar fantástico donde habitan los Ezas, además de los Edos, un tanto más allá los GRRRR, y en sana paz los Iuhgg y Algos.

Chiquinquirá llegó a conocerlos un día que su casa se levantó por los cielos y fue a parar junto a aquel lugar, pero no estaba sola, había una linda voz que la acompañaba, no tenía forma, ni pesaba, pero sí que hablaba, se llama Lara, y siempre la aconsejaba, aunque a veces Chiquinquirá decidía por sí misma y hacía lo contrario, pero no era todo el tiempo.

Este misterioso viento, dejó a Chiquinquirá en medio de un lugar lleno de plantas altísimas como edificios, no estaba mamá para ayudarla, por lo que sintió miedo, y tras salir de casa y andar por todos lados, su voz interior, es decir, Lara le dijo: como no sabemos dónde estamos ni a dónde ir, vamos avanzando hasta llegar a algún lugar. Chiquinquirá aceptó, y tras muuuucho caminar, llegó al fin a una gran muralla de hierro.

Chiquinquirá estaba solita, estaba con mucho miedo, se sentía desamparada, pero, al llegar a una gran muralla de hierro, estaba contenta, porque pensó que sí tocaba la puerta alguien la ayudaría.

Toc toc, se escuchó. Un señor desde lo alto, vestido de morado y con lentes enormes del mismo color se asomó muy temeroso. Chiquinquirá le saludó muy alegre y con voz fuerte, se armó de valor y gritó a lo alto: ¡Holaaaaa!, necesito ayudaaaaa. El señor, que estaba amurallado, temblando de miedo, comenzó a dar la voz de alarma: ¡un intruso! Y todos comenzaron a buscar refugio.

De repente, el rey de la ciudad Edos, pues así se llamaba aquel lugar dijo con voz miedosa: no debe entrar ¿o sí debería entrar?, no, no debe ¿pero, y sí es buena? O tal vez no lo sea ¿pero, y si me ayuda? O tal vez nos coma, ¡qué terrible!

Mientras tanto, Chiquinquirá no se daba por vencida, estaba decidida a encontrar ayuda y Lara insistente le decía: vámonos, suficiente de insistir. No obstante, Chiquinquirá, recordaba a su mamá diciéndole que, con buenos modales había posibilidad de tener éxito. Entonces, Chiquinquirá limpió su voz –cof, cof- y dijo: ¡Hoooolaaaa! Soy muy buena y alegre, pueden abrir la puerta ¿por favor?

El rey, que estaba escuchándolo todo a través de sus mensajeros de la muralla, reflexionó: uhmmm, sí es un monstruo, no diría por favor. Pero, ¿y sí es una trampa?, ¿qué debo hacer? ¡qué miedo, qué miedo! El país de Edos jamás había tenido tantos problemas, pero… ¿y sí me ayuda?

Chiquinquirá, afuera de la muralla, y cada vez más decidida a entrar, siguió esperando pacientemente, hasta que, desde arriba, un hombrecito morado como su rey, le dijo en una voz tan pequeña como un ratoncito: ssssseñorita, ¿qué quiere?

Y Chiquinquirá muy emocionada respondió: señor, buenos días o tardes, aún no sé qué hora es, porque no tengo reloj ¿usted tiene un reloj o perritos? Bueno, un momento, quería preguntar ¿dónde estoy?, ¿quién eres? ¿me ayuda? Por favor-dijo con una gran sonrisa.

El hombrecito morado, fue corriendo a decirle al mensajero del rey, y éste al saberlo, se dijo muy confiado: es una niñita, una niñita chiquitita, de seguro no nos comerá ¿y sí come ciudadanos moraditos de Edo al vapor? ¡Ay! Qué miedo. Pero, ¿y sí no? Mmmm, es una niña, mejor sí que entre y así nos ayuda y yo la ayudo, y quedamos bien ayudados-pensaba temeroso el rey, hasta que resueltamente dijo- Señor Mensajero Real, le ordeno que traiga a esa niña ante mí, y dígale a mi Mayordomo Real que traiga mi armadura, nunca se sabe qué comen los niños de hoy en día.

De este modo, el Rey de Edos se preparó con su armadura de guerra morada, llena de placas de hierro, más que armadura, parecía un caparazón de tortuga. Y finalmente, el gran momento, Chiquinquirá entró por la pequeñita puerta de la muralla, casi a gatas, le dieron sus anteojos morados y comenzó a recorrer la morada y vacía ciudad.

– ¿Por qué todo es chiquitito?, ¿por qué no hay nadie? ¿por qué todo es morado? Mis manos, pies, cabello, el cielo, todo es morado ¡POR QUÉ! – con esta última pregunta, su voz retumbó por todo el país, y los ciudadanos morados de Edos temblaron de miedo. Luego de caminar un poco, llegó con el Rey Morado Edos, quien estaba debajo de la mesa.

-Señor, ¿qué le pasa? Un rato, hmmm, ¿por qué es tan pequeñito y moradito? ¿Por qué…? –

– ¡Basta niña feroz!, soy el Rey del País Edos, dime, ¿nos comerás? Y se honesta, te lo digo, no tenemos buen sabor- Chiquinquirá, respondió:

-jajajajajja, yo no como personas ¿qué le pasa? Me ayuda a encontrar mi casa ¿por fis? – dijo muy sonriente y divertida. El rey, muy asustado, pero no tanto como antes, sacó la cabeza de la mesa y dijo:

– ¿Así que no me comerás? Bien, te ayudare, sí me ayudas tu a mí, de ese modo, nos ayudaremos ayudaradamente, ¿bien? – Ante esto, Chiquinquirá dudó, ¿qué tipo de ayuda le daría una niña a un rey tan miedoso? Pero, su voz interior Lara, le señaló: escucha antes de hablar, averigua qué desea y luego, decidimos. Ante esto, Chiquinquirá dijo:

-Bueno, ¿qué quieres? -muy dudosa caminó hacia la puerta-  estoy perdida, no sé a dónde ir, cómo llegar a casa, extraño a mis padres.

– ¡oh!, estás perdida, te ayudaré, los niños necesitan que los cuiden- dijo el rey finalmente saliendo de la mesa con su enorme caparazón- sí, te ayudaremos, somos el País de Edos, somos miedosos, pero bondadosos; ese es nuestro lema. Te propongo que, sí tú capturas al Gran Rugidor, te ayudaremos a llegar a casa, el Gran Sabio siempre lo sabe todo, él sabrá cómo llevarte a casa. Mi mayordomo te llevará a alistarte. – Y con aire tranquilo, llamó-: ¡Gran Mayordomo! Lleve a la pequeña a prepararse para el combate contra el Gran Rugidor.

Chiquinquirá estaba muy alegre, saltaba de alegría, al fin llegaría a casa. Entonces, cerró el trato. Olvidó preguntar qué era el Gran Rugidor, ella solo quería llegar a casa, sentirse protegida y alegre, como de costumbre.

Chiquinquirá, solo pensaba en lo feliz que estaría de llegar a casa, por lo que solo caminaba tras el mayordomo. Cuando al fin alcanzaron una amplia habitación morada, le indicaron que debía vestirse con hombreras, cascos, una gran lanza, botas y una cota de malla, por supuesto, todo morado, entonces, Chiquinquirá se sorprendió y comenzó a sentir un gusanito en el estómago que subió hasta la garganta, hizo que sus piernas temblaran y se sintiera mal ¡estaba teniendo miedo!

Cuando Chiquinquirá se dirigió al camino que conducía al Gran Rugidor, su voz interior Lara, le decía que no la dejaría sola, que estaría para ella de forma incondicional, qué debía enfrentar sus miedos y que, sí sentía tristeza, debía sacudir su cabecita y dejar que la tristeza se fuera, es bueno sentirla porque indica que algo no está, pero, no hay que retenerla por mucho tiempo, le decía.

Cuando el Gran Mayordomo Real le indicó que debía ir al bosque encantado, a las afueras de la ciudad y allí en una cueva encontrar al Gran Rugidor, Chiquinquirá tembló de miedo, pero, la animó el hecho de reunirse de nuevo con su mamá, así que caminó con paso firme.

Mientras caminaba por el bosque, se distrajo. Flores, mariposas, una rana, dos troncos morados grandes, un saltamontes morado chiquitito…y así, iba mencionando todo lo que veía y sin darse cuenta pasó por encima de la temida cueva, al cabo de varios pasos, comenzó a sentir cómo el suelo temblaba.

– ¿¡QUÉ HACES AQUÍ?, ¡NIÑA, VETE! SOY EL GRAN RUGIDOR, RAWRSSSR. – dijo con voz grave y haciendo temblar a los troncos con cada palabra-

-yo soy Chiquinquirá, y si te venzo regresaré a casa con mi mamita, señor Monstruo, ¿Vive aquí? – replicó Chiquinquirá, con temor, aunque su curiosidad, pudo más que ella y no evitó preguntar-

-CLARO QUE VIVO AQUÍ, ES MI CASA. ¿ACASO NO TE DOY MIEDO? -expresó el Gran Rugidor confundido, pero igual de atemorizante-

-Un rato, si eres así de grande y tan peludo con esos colores rojos y amarillos, ¿por qué eres de colores y los otros son moraditos chiquitititos? – seguía preguntando Chiquinquirá- y, además, ¿por qué eres así de grande? ¿por qué estás tan molesto? ¿siempre fuiste así de grande y enojón? – a lo que el Gran Rugidor, respondió:

– ¡BASTA! PREGUNTAS DEMASIADO, SOPLARÉ TAN FUERTE QUE TE LLEVARÉ AL SIGUIENTE CONTINEN…-intentó decir el monstruo, pero Chiquinquirá, lo interrumpió.

– ¡Espera, espera! Sí te ayudo a que seas chiquito y enojón regresaré a casa y tú a la tuya, porque a lo mejor tienes una casita o una casota y una mamita con hermanos que te esperan ¿quieres?

Ante esto, el corazón del Gran Rugidor, que creía muerto hace mucho tiempo, comenzó a palpitar ¡claro, madre y hermanos! Los había olvidado. Cuando lo recordó, se hizo chiquitito, era un hombrecillo morado, que se quedó confundido y feliz, algo así como confeliz o confunliz, según le comentó a Chiquinquirá tiempo después.

Cuando Chiquinquirá notó el cambio en el ahora ex Gran Rugidor, le siguió preguntando, qué le había pasado, y este le respondió:

-Yo antes trabajaba para el reino entregando paquetes del correo, sí, aquí también tenemos mucha correspondencia. Y bueno, me despidieron y me enfurecí, llevaba muchos años así enfurecido hasta que un día no lo soporté más y grite y grité y grité tan fuerte, que me hice grande en mi último grito para el que tome aire en mis pulmones por cinco días, y me inflé. Luego de eso, me volví como loco, derrumbe casas y el rey me expulsó a las afueras en este bosque, y he vivido solo muchos años, sin mi mamita y hermanas ¿cómo estarán? Ahora me siento muy triste.

Ante esto, Chiquinquirá se acercó y le dio un abrazo y le dijo: -no te preocupes por lo que pasó, está pasado y en el pasado se quedará, ahora, tienes que ver lo que está sucediendo ahora, es algo muuuuuy bonito, eres libre y puedes regresar a casa, y ser feliz con tu familia o con una nueva, puedes tener ahora esposa e hijos. Aquí, rugiendo, no eras feliz, pero ahora, si puedes. Tu mamita y hermanas, habrán estado extrañándote, pero, siguieron con su vida intentando ser feliz nuevamente. Ahora, tu puedes serlo. Y sabes ¿qué te aconsejo? –

El ex gran Rugidor la miró con sus grandes ojos de hombrecito morado y preguntó muy intrigado: – ¿qué puedo hacer? Todo lo que has dicho tiene mucho sentido, ahora, quiero saber más-

Y Chiquinquirá respondió: – Crea tu trabajo haciendo juguitos felices, y así serás tu propio jefe, y comprarás helados para todos. Y bueno, no puedo decirte más, debo ir a casa con mi propia familia que me quiere y seguramente extraña, adiós ex Gran Rugidor, te daré mi número de teléfono y sí quieres, escribes y si no quieres, no escribas, seguramente yo estaré igual, lo importante, es que los dos estemos tranquilos y felices con nuestras familias ¿sí? –

El ex monstruo aceptó de inmediato, aunque algunas ideas le parecieron propias de una niña pequeña, estaba satisfecho, le dio todas las gracias del mundo a Chiquinquirá y tomó su número de teléfono escrito en una hoja de árbol, se fueron por caminos distintos y, nuestra heroína al llegar al pueblo victoriosa, encontró que todos aplaudían y gritaban: ¡CHIQUINQUIRÁ, VIVA CHIQUINQUIRÁ!

El rey la recibió y le dijo con tono solemne frente a todos: eres bienvenida a mi país siempre que quieras, Edos está muy agradecido, te doy ahora el código secreto del gran Mago, él sabrá cómo llevarte a casa.

Chiquinquirá estaba muy contenta, hizo nuevos amigos, un país entero la creía su heroína y lo más importante, accedió a verse con el Gran Mago y luego de las palabras mágicas: ¡AZUL MIAU, BALOO, JAJA! Llegó de inmediato a la puerta de su casa, allá en Calabacín 503-Cercado y se encontró con su mamá, quien la abrazó y le preguntó ¿dónde estaba? Y comenzó a relatarle toda la historia.

¿Qué sucedió con el ex Gran Rugidor? Bien, mientras a Chiquinquirá la vitoreaban en todo el país de Edos, el ex Gran Rugidor, se metió por un huequito en la muralla de las afueras del bosque y llegó a su casa, como todos estaban al pendiente de Chiquinquirá, le fue fácil llegar hasta su antiguo hogar sin ser visto.

Su madre y hermanas estaban en la Gran Plaza, todos estaban allí frente al gran acontecimiento, aunque tristes, pues, no vieron a su amado familiar. Cuando por fin llegaron y vieron a su amado perdido hace tanto tiempo, lloraron y rieron, se abrazaron y saltaron, eran en aquel momento más felices que antes.

Porque antes, eran felices, aprendieron que, cuando una persona no está, la vida debe seguir, existe un agujerito en el corazón, pero todo debe continuar.

El ex monstruo, le dijo todo lo que había pasado y tras recuperarse de la emoción inicial, comenzaron a comer en familia.

 Luego, el ex Rugidor inició un nuevo camino rehízo su vida, buscó empleo y lo encontró de la manera en que Chiquinquirá le había aconsejado, conoció a una señorita y se casó con ella, tuvo 15 hijos e hijas, y estaba muy contento, hacía mucho que Chiquinquirá no le escribía ni él a ella, pues, cada quien rehacía su vida, pero, en el corazón de ambos existía ese lugar especial para cada uno. No vivían juntos, pero, cada uno sabía de la existencia del otro, se deseaban bien, aunque no se hablaban, lo importante es que cada uno estaba contento con el lazo que los unía y con sus familiares con los que compartían día a día.

LA DESPEDIDA EN VIDA: Cuando entierras el dolor

Dolor y sufrimiento son situaciones vivenciales distintas. Sí sentimos dolor, respondemos con una sensación generalmente táctil que, dependiendo del impacto, puede cesar pronto, o tras la intervención de algún fármaco. A nivel emocional, suceden otras situaciones, que iremos revisando progresivamente.

Y es que vale la pena distinguir algunas categorías de sensación de dolor, algunas personas tras recibir el impacto se afligen y retuercen levantándose tiempo después, pero, existen otros que prolongan por largo tiempo este choque emocional, y es aquí cuando entramos al profundo mar de sufrimiento; de este mar y sus corrientes estaremos hablando.

Es en esta instancia donde el suspiro es la bocanada de aire fresco que el antiguo afligido inhala tras escapar del mar desesperante de llanto donde su nariz y pecho se ahogaban antes. “No hay mayor causa de llanto que no poder llorar” (Séneca, citado por Molina, 2017).

¿Cómo llegar a tierra firme?

            El camino es largo y alberga tempestades. Despedirse, en primer lugar, reviste varias nociones importantes, la primera de ellas es detectar que existe un dolor y como seres hedonistas que somos, este impacto contranatural puede ser bastante sorpresivo y voraz, más cuando se trata de alguien cercano.

            Es como una llama incandescente que en su brillante flama exhibe preguntas como: ¿Por qué me haces daño?, ¿por qué sí confié en ti?, ¿para qué me haces esto?, ¿por qué no te detienes? Comprender lo profundo de estas preguntas es cosa fácil, más de una vez nos la habremos hecho, pero, más difícil es respondérnoslas ya que el “acusado” a quien se le interroga no está verdaderamente en el banquillo, dado que el juicio está en nosotros, con el objetivo de sentenciarlo a la despedida real, aquella que se aprende con el tiempo, donde lo amargo de la ignorancia se asimila como el primer sorbo de alcohol tras alzar la copa.

Sí, es la ignorancia la verdadera despedida, hay quien la cita como el peor de los castigos y ¿cómo no serlo? Sí requiere desconocer la existencia de alguien. Ignorar, según Oxford Languages denota la cualidad de desconocer, al mismo tiempo en otra acepción incluye la capacidad de no dar importancia, y es justo en esta acepción donde el centro de la tierra firme se asienta.

“No tienes poder sobre mí”

            Es una frase viralizada por memes en la web, pero, en contextos de la vida diaria fuera de las pantallas y los likes, en los que se pone en relieve las relaciones humanas y su funcionamiento, resulta que todo el contenido de esta frase engloba una autonomía indescriptible. Aquel que influía en el alma con su mirada repulsiva y violenta, aquel que con voz de trueno apagaba toda esperanza de un sueño tranquilo reemplazándolo por llanto, aquel que con su presencia enturbiaba el agua del manantial del hogar, ya no tiene fuerza, influencia, poder o decisión, cómo desees llamarlo, simplemente, ya no más.

            Sin embargo, muchas veces te atacaran pensamientos recelosos que te llevaran a evocar situaciones tensas y tu primera estrategia será evadirlo, no obstante, cuando integres esta nueva habilidad de la ignorancia en vida, esto es, restar importancia y validez a los embates del otro, notarás que surge un mecanismo sabio que te dice:

 ¡Llámalo! Y yo, me enfrentaré a él, 
 ¡llámalo! Y podré defenderte,
 ¡llámalo! Y te liberarás de la angustia.
 ¡llámalo! Y lo silenciaré.
 ¡llámalo! Tu aprendizaje es avasallante.
 Llámalo y de mi mano, destiérralo    conmigo.
 Deja que parta tras convocarlo,
 En paz y agradecimiento porque tu desdicha,
 Ahora es un camino fértil para la vida. 
 

Las despedidas en vida son dolorosas, no solo porque implican apartarse de quien hizo daño por tanto tiempo y de forma sistemática acostumbrándonos a la desidia y la miseria, sino que además evoca otras conductas igual de amargas que el dolor, se trata de despedirse sin el cuerpo. Para muchos, apartarse de esta forma de vivir implica la nada, dado que no conocen un mundo más allá de las fronteras de la tristeza y el miedo.

Nuestra consciencia occidental nos súplica el acto simbólico de arrojar la ropa al balcón, lanzar los objetos antes preciados por ser regalos en una vil bolsa de basura, o más actual aún bloquear de cuánta red social hayamos compartido. En líneas generales, implica acciones simbólicas y contundentes: terminé, ya cambié mi foto de WhatsApp.

Pero no todo el mundo es así. En la cultura oriental, los antiquísimos dogmas de muchos pueblos apostados a la sombra de gigantes montañas nos hablan del provechoso proceso interno del desprendimiento. Y para ello, no implica ser un monje con absoluta devoción y privilegio de abandonar voluntariamente la ostentación, todo lo contrario. Se trata más bien de dejar pasar las circunstancias en la medida que se van desenvolvimiento, es decir, evitando el vulgar enganche.

Sí ya estamos allí, genial, ya lo reconociste ¿que llevas mucho tiempo? Bueno, aún estas con vida, el suspiro aún te aguarda en el corazón. “El dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional” dice la religión budista (Molina, 2017).

No desesperemos ni perdamos la calma, llegar a la despedida en vida es asunto de asimilar; palabra curiosa que implica aceptar como sí de uno mismo se tratara algún hecho o cosa ¡Qué barbaridad, tanto tiempo evitando el dolor mientras sufrimos para que no duela más y resulta que debíamos asimilar! Sí, es una paradoja tremenda.

Volviendo a uno de los puntos anteriores, cuando el dolor es de alguien cercano y lo cuestionamos y acusamos, se expide una hiel horrida, acompañada de insultos y vejaciones, está bien, hazlo, durante el juicio, muchos de los que tienen que subir al estrado son caras nuestras que, en su momento desearon rugir improperios para defender su ser, pero, no consiguieron destrabar la lengua y solo pudieron morder su queja.

Además de esto, cuando los sapos y culebras broten, vendrá un pequeño oficial de policía radio en mano con un playlist bastante conocido, cuyo álbum del momento lo titula: Reproches Vol. I, entre sus éxitos tiene:

  • ¿Cómo te atreves a decirle zángano a tu padre sí te dio la vida?
  • ¿Por qué ignoras a ese que para bien o para mal te dio casa?
  • Como hija eres un desastre, juzgas sin comprender ft. ¿Qué te pasa?

Entre otros, ¿te suena? Es un playlist lleno de disclaimers en contra de tu pasado altanero que deseó levantarse en armas contra la opresión, pero, su golpe de Estado no dió frutos pues, sus hombres (o sea, tú mismo) fueron maniatados y controlados, su ira fue extinta con una agresión mayor. No había recursos para aguantar el estado de sitio.

Pero, ¿qué sucede sí no lo conocemos?, ¿sí es alguien fuera del mundo afectivo cercano y hasta consanguíneo? La respuesta en sencilla y viene desde el más profundo deseo autocompasivo: ¡Corre por tu vida, hay dolor, no hay que soportarlo, hay que resolverlo!

Como un marinero que saca apresuradamente de la chalupa, mililitros de agua para evitar hundirse, la cosa es la misma: No estás solo, no te rindas. El jefe, el vecino soez, el sol a mediodía, todo puede aquejar en un día donde el dolor se instauró pesadamente sobre la cabeza, y claro está, responsabilizar al jefe del padecimiento que aqueja al alma es complicado, y ni que decir sí subimos al estrado al sol ¿cómo se disculparía?

La trampa de la espera, no, no se disculpará

Sí María Antonieta hubiera quedado esperanzada en que su verdugo la abrazaría y perdonaría su vida en un último minuto; sin lugar a dudas hubiera quedado para la posteridad como la representación total de la ingenuidad. No, ella subió al patíbulo y cuentan quienes recogieron vistas de aquella época que, pese a la sombría expresión de su cara demacrada, había un aire de solemnidad frente al abucheo de los ciudadanos. He allí la cuestión: la solemnidad.

Para que nos podamos comprender, ser solemnes implica contar con todos los formalismos necesarios para una ceremonia o acto. Mi pregunta ahora es: ¿Cuentas con la certeza que se disculparan porque te han hecho daño?

Es duro preguntarse esto porque pudieras responder: ¡Claro! Me ha hecho sentir que no valía nada, que mi vida era un infierno, era un dolor insoportable, merezco que me ofrezcan disculpas. Ante esto, yo te digo: Sí. Sí, tienes razón pasaste por momentos duros que te hicieron crecer purulentas llagas, pero, que te merezcas unas disculpas, no significa que vayas a tenerlas. Si lo pensaste, felicidades, eres María Antonieta Edición Ingenuo o Ingenua.

Y aquí, tu cabeza sintió la fría cuchilla y cayó al canasto para, segundos después ser exhibida al vulgo quien goza del acto. Sí, sé que es muy gráfico, pero, me permito serlo para que la realidad haga su entrada; hay que distinguir que quien te hace sufrir en un arranque de ira, frustración, miedo o porque realmente quiere verte herido no parece realmente tener cara de ofrecer disculpas, al menos, no unas sinceras.

¿Cómo sé esto?

Bueno, la vida y sus experiencias explican que el perro que ladra advierte que no hay que acercársele mucho. Pero, esto es muy simple, no obstante, al aplicarlo al mundo humano, esto se traduce en desear repeler. Sin embargo, ¿y si nos vamos más allá, a la fosa oceánica?

¿Qué esconden los que hieren?

Hagamos un ejercicio, tras respirar profundamente un par de veces y conseguir que tus oídos y cerebro se oxigenen, permítete cerrar los ojos y vislumbra en tu mente cómo es un tirano. Por definición, sabemos que un tirano es quien abusa desmesuradamente de su poder al relacionarse con otros de forma cruel y despiadada.

Por ende, sabemos que esta persona actúa controlando a través del miedo que evoca en otros, puede ser miedo a través del control económico, quitándote la independencia: «Cállate, yo lo pago todo en esta casa y me parto el lomo por ti» .

Controla mediante el miedo, despojándote de tu privacidad: «En este lugar yo lo se todo sobre ti, no pueden existir secretos» .

Controla por medio del miedo atacando con insultos tu autoestima: «¿Quién te querrá siendo tan poca cosa? Agradece que estás conmigo» .

Todas estas consignas distorsionadas de control provocan en la víctima un dolor tan inmenso que llega a ser incapacitante. Pero ahora, piensa: ¿Qué es el gobernador sin sus gobernados? Es decir, sí el presidente de la ciudad ficticia «Tamarindo City» naufraga y queda atrapado en una isla desierta ¿sigue siendo un gobernante? Sí es así ¿sobre quién gobernaría?, ¿los cocos?, ¿una tilapia? NADIE.

Cuando osamos revertir la situación, y tomamos la sartén por el mango ya no hay marcha atrás. El gobernante cruel se alimenta del miedo que produce a otros para no evidenciar el miedo que siente él mismo, lo esconde con rabia expresada en frustración.

Pensemos lo siguiente: Sí alguien es feliz ¿tendría tiempo para descalificar? No realmente, porque es incoherente la felicidad se expresa de maneras diversas no causando daño. Sí una persona con bondad en su corazón humilla a quien “ama” frente a otros, realmente ¿es bondadosa? No, porque la bondad es la inclinación por hacer el bien, por lo tanto, es incoherente. Una persona quien grita para ordenar que le obedezcan ¿tiene ganas de escuchar a otros? No, porque el grito es ruido, es la articulación de los que no tienen argumentos y cuando el argumento es de mala calidad el ruido del grito compensa, entonces, finalmente, no, no es coherente.

Entendiendo esto, se hace más clarificador el considerar que no te ofrecerán disculpas, porque quien carece de ese regalo dotado por el intelecto que son los valores no tiene oportunidad de ofrecer disculpas, no se da lo que no se tiene.

Los valores, son principios y los principios son lo primero, dirían Les Luthiers en uno de sus espectáculos. Por estas razones antes mencionadas, ser solemnes es primordial, se requiere que dos personas se conecten de tal manera que sientan el impulso de escucharse y asimilen sus vivencias, no olvidarlas, sino, crecer pese a ellas, como testimonios de desavenencias que, en un acto sagrado y humano deciden no repetir por las consecuencias nefastas que suscitan. Sí las condiciones no están dadas, es negativo esperar, pues, resta energías en crecer y evolucionar.

Por otra parte, si, si cabe la posibilidad de que en algún momento se disculpen con tu afligido corazón, pero, dependerá de ellos, no de ti. Y es posible que hayas sanado y asimilado tanto que cuando finalmente se disculpen te des cuenta que ya no era necesario.

Por último, para ignorar no hace falta “funar”, despedazar o escrachar; hace falta ser congruente, ser capaz de distinguir qué actos humanos entran a ti y cuáles dejar pasar, ignorar, porque carecen de importancia y porque ya no significan nada para ti, porque asimilaste una comprensión mayor: El grito no era para ti, él o ella no TE gritó, él o ella hizo ruido interiormente por no poder controlarse, atrévete a quitarle el “te” a esa oración ¿qué queda? “él o ella grito” y así, la energía se va, el antes naufrago llega a tierra firme, suspira, recuerda, agradece y vive en libertad.

Referencias

Molina, C. Emociones expresadas, emociones superadas (Barcelona, España) Editorial Planeta, S. A., 2017

Les Luthiers (17 de marzo de 2021). El día del final (Vídeo «Lutherapia»). Lutherpedia. https://lesluthiers.org/verversion.php?ID=315

Oxford Languages (17 de marzo de 2021) Ignorar. Oxford University Press. https://languages.oup.com/google-dictionary-es/

¿POR QUÉ TODO ME PASA A MÍ?

Levantarse cada mañana no es un simple hábito, para algunos, en especial los jóvenes, esto significa un viaje a través de una motivación perdida, un desgano monumental y una obligación inusitadamente grande que marca el compás de los pasos. No es levantarse para ver el sol salir, es abrir los ojos y pensar ¿para qué lo hago? En esta era los números hablan por sí solos, las diferencias entre oportunidades, creatividad e inclusive diversión nos llevan a caminos distintos dependiendo no solo de cómo se desenvuelven por el mundo las personas, sino que, hay algo más que las empuja a caminos bienaventurados y a otros, la gran mayoría, los conduce a senderos amargos. Pero, ¿Cómo se llega a esos caminos?, ¿qué estado mental nos hace entrar hacia un laberinto de tristeza?, ¿será que es posible escoger la miseria sobre la felicidad?

Dirigir la tormenta muchas veces es una labor imposible, pero, dirigirnos a nosotros es decisivo.

¿Realmente controlamos lo que pensamos

Dependiendo del autor al que leas, puede que sí y puede que no. Según la  Terapia de los Esquemas de Jeffrey Young y Janet Klosko, hay un porcentaje grande  de control que podemos tener frente a la rumiación ácida de la mente, pero, antes de  indagar sobre este proceso, debe quedar claro por qué debemos cuestionarnos esto.  

Resulta que para nadie es un secreto que muchas veces, y sobre todo en  periodos de “vacas flacas” las caras largas no se hacen esperar, que los anuncios de  muerte se abran de par en par como bocas que nos comen al igual que el coco de la  infancia, que muchas veces la fortuna en cualquiera de sus formas parece que se  escabulle y pasa la noche en un hotel de lujo y no al lado de un catre. Es como si todo  se moviera en pro de la miseria, y es aquí cuando muchos se detienen y piensan:  ¿Por qué a mí?, ¿qué hice para merecer esto?, ¿cómo llegue aquí?

Los relámpagos mentales no cesan en las noches, siguen de día y atraviesan  cada momento de la tarde, no controlamos lo que pueda suceder de parte de otros,  pensamos inclusive en el Fondo Monetario Internacional, el ozono, la plusvalía, no  obstante, nada de eso está en manos de los jóvenes ni de los mayores, pero aun así  estos pensamientos llegan y afligen hasta la médula. Es como si cada título obtenido  a lo largo de la vida se va a la basura, se lo comen los gusanos y termina en el fondo  del océano, al lado de la basura mental de otros que también lo piensan. Es una red  en la que muchas veces las grandezas escapan. Sin embargo, sí, se puede controlar  a la quimera mental, pero todo tiene un costo, y no es precisamente el honorario del  psicólogo. 

Los sucesos del pasado con inamovibles, pero, la libertad de actitud, puede transformarlos.

Los esquemas, grandes rutas hacia la virtud o la desgracia 

En el libro “Reinventa tu vida, cómo superar las actitudes negativas y sentirse  bien de nuevo” (Young y Klosko, 1992) ocurren dos impactos. Primero, es que para  algunas personas parece demasiado bueno para ser verdad, y el segundo y más  fuerte impacto es el que lleva a considerar que es tan bueno que no servirá de nada.  Ese autodesprecio, desgano y caída en picada a la Fosa Mariana de la negatividad  tiene nombre, y va más allá de la pesadumbre, y viene gestada desde antes de saber  usar Facebook.

Los esquemas, son grandes andamios mentales que fijan en las personas  modos de proceder, sentir, pensar e inclusive imaginar. Si se tuviera que describir  cómo se fraguan, puede decirse que están hechos de experiencias, de situaciones  gratas e ingratas, personas significativas y otras que no lo son tanto, pero que sin  lugar a dudas han dejado una huella mnémica lo suficientemente amplia como para  imprimir en nuestro sistema un nuevo “modus operandi”. 

¿Por qué elijo la desgracia? 

Es una pregunta aceptable luego de lo anterior. Sí los esquemas nos conducen  a caminos distintos en la vida ¿cómo gestamos la tragedia? A través de los vínculos  sociales distorsionados, apadrinados por una maquinaria mental que intenta hacer lo  mejor posible para evitar el desastre ocasionándolo cada vez más. Un ejemplo  práctico arrojará luz sobre el tema: 

Frida, es una mujer voluptuosa con carrera brillante y un noviazgo que se  desborona con cada infidelidad de su pareja, cada vez que él se va, ella siente un  apetito casi irrefrenable por perseguirlo y sentirlo en sus brazos. Cada día es una discusión sobre el pasado o el presente, realmente, por cualquier cosa. Sin embargo,  al llegar la noche y encontrar a su pareja echado en la cama, siente una calma casi  absoluta. Frida se encuentra envuelta en el esquema de abandono, mientras más se  aleja su pareja más desea su presencia, la calidad de esta poco importa, solamente  interesa que esté allí, aunque sus esfuerzos infructuosos por retenerlo hagan una  espiral voraz de autodestrucción.  

Cuando el esquema de abandono se hace presente, es natural que entre las  muchas causas exista un cuadro de pérdidas significativas muy marcado, además de  fluctuaciones emocionales tan rápidas e intensas que hacen de la persona un amasijo  de “nervios” cuando la persona añorada se va.

Los esquemas son formas de ver la vida, generalmente aprendidos, por lo que se pueden desaprender, inténtalo.

Para esta situación, es prudente cuestionarse porqué seguir allí, pese al desespero e infelicidad, y la respuesta la trae una afirmación tan cruda pero constante en terapia: “sí se va, me desmorono, sí no está, estaré peor y no sé  cómo dejarlo. Lo tristemente irónico en estos casos es que existe una repetición constante que aviva el esquema y produce  que su “víctima” quede esclavizada soportando y proveyéndose abusos. 

La razón por la que probablemente está compulsión persiste es al aprendizaje  de patrones durante el desarrollo de la persona. En un momento fueron útiles, pero,  perdieron vigencia caducaron y la persona lo siguió empleando para recrearlos sin  darse cuenta en diversos escenarios de su vida. El niño abusado y humillado busca  en la adultez una pareja o jefe que lo veja y avergüenza en cada momento. Es una  realidad desconcertante pero genuina. 

Es necesario acotar que existen muchos otros esquemas, tales como: desconfianza y abuso, vulnerabilidad, dependencia, privación emocional, exclusión social, imperfección, fracaso, subyugación, normas inalcanzables, grandiosidad, entre otros, que veremos en otra oportunidad. Ahora bien, ¿Cómo lograrlo?

Salir a flote 

Empezar el camino para encarar la verdad de las  creencias y esquemas distorsionados es una lucha entre una quimera y un mortal. Si piensas a este punto que es imposible,  ya perdiste la batalla, en terapia no estás solo y en la vida,  muchas veces, tampoco. Acércate a una vida tranquila, es posible. 

En primer lugar, etiqueta de la mejor manera qué vives, el conocimiento es  poder y otorga la capacidad de progreso, reclámate la posibilidad de saber dónde  estás parado y a dónde quieres ir. Caracteriza de la mejor manera qué sucede. 

Siente desde tus entrañas el origen, de dónde viene, qué dice el niño herido  (técnica tomada de la Psicoterapia Guestáltica), revivir el sufrimiento es atemorizante,  pero en sesión no estás solo. Atrévete a aconsejar, guiarlo, imaginar cómo lo llevas a  su objetivo, en el caso de Frida su vivencia infantil de abandono se revivió a partir de  la pérdida de uno de sus padres, ninguno de sus esfuerzos infantiles logró devolver a  su madre de las garras de la muerte, ni estabilizó la convivencia familiar tras ello.  Conecta con el niño interior herido, desprotegido, que sufre. 

Además, somete a escrutinio qué hechos validan tu esquema, cuántas veces  el esquema se aprobó y cuántas veces el esquema no se cumplió. Esto es, hechos a  favor y en contra. Cuestiónate ¿tu desprecio es innato o lo aprendiste?, ¿fue real en  tu infancia solamente o lo sigue haciendo ahora? Describe además tus opciones  ¿cómo cambiarlo? Enumera todas las posibilidades realistas e inclusive a alguien que  pueda colaborar, no estás solo.

Escribe quiénes favorecieron tus esquemas, “sin disclaimers” es decir, si tus  padres te humillaron y vejaron, expresa todo lo que visceralmente desearías decirles,  lo injustos que fueron contigo. Descarga emocionalmente aquello que en su momento  no lograste, hacia tu jefe, una ex pareja, un hermano, la escuela, quien sea. Desahoga  tu niño interior.  

Revisa, de forma concienzuda tu esquema, desarticula su funcionamiento,  conviértete en detective de cómo funciona, sigue los pasos hacia cómo son sus  desarrollos y desenlace, nadie más que tú lo sabe. Además, así como Holmes,  describe momentos contraproducentes, formas en las que sucumbes ante el esquema  donde te rindes fácilmente, y de nuevo, remarca cómo cambiarlo, tenlo siempre a la  mano, es tu arma ahora hacia un futuro brillante y esperanzador. 

Rompe el esquema a través de pasos manejables, no vayas por lo que  socialmente te exigen, escoge trabajar en el esquema que más repercute en tu vida  sin morir en el intento. Se trata de sanar, no de herirte con más furia. Escoge pasos  que puedas superar y sean realistas con tu estilo de vida, a fin de que las veces que  “metas la pata” sean menores, y si suceden, puedas salir más deprisa y sin un coste  emocional que corte tu estabilidad en dos. Poco a poco, pero, persistente. 

Visibiliza a los agentes que ocasionaron el reforzamiento de estos esquemas,  y está vez, en lugar de hablarles, cuestiónalos ¿son ellos niños heridos al igual que  tú con esquemas disfuncionales?, ¿son ellos verdaderas quimeras furiosas o son  personas que equivocadamente te trataron? Cuestiona.  

Muchas veces, la grandiosidad con la que observamos  a estos agentes reforzadores impide que el esquema  sea superado, es por ello, que debemos verlo de forma racional y hasta objetiva, llegando inclusive, si quieres  y estás listo, a perdonarlos, sin presión, esto es tu  decisión, te apoyaremos. 

Ante las nubes grises, la apreciación y agradecimiento por lo realistamente bueno, es vital.

Existen obstáculos y pueden superarse 

Contraatacar el esquema, darle más importancia o veracidad de la que tiene  puede ser un problema, para ello, es necesario abandonar las armas y defender la  integridad de uno mismo. El esquema perjudica y debe dejarse. 

Escapar del dolor parece razonable, hasta que te das cuenta que el vejador y  la víctima eres tú mismo. No encarar el esquema es huir de la posibilidad de una  esperanza de vida estable, es huir de acercarte a las personas de manera sana, es  evitar que tus problemas se aminoren o al menos, puedas reconocerlos con mayor  facilidad. Piensa en la recompensa, si deseas verlo con mayor claridad.  Finalmente, por qué todo a ti no es una simple frase, puede esconder una serie  de defectos que son complicados de asimilar, puede a su vez implicar que lo que  hacemos lo hemos manejado de manera inadecuada, que la situación es abrumadora  y nuestro sistema decidió activar el “modo automático”. Sin embargo, no hay lugar a  dudas que cuando sentimos el dolor y razonamos lo que sucede allá afuera y aquí  dentro, grandes cambios pueden darse, agradeces la negación del empleo o de la  chica linda de la tercera cita, y aprendes que no todo es una situación de todo o nada, hay matices, y puedes aprender a manejarlos y crecer.

Referencias 

Young, J. & Klosko J. (1992). “Reinventa tu vida. Cómo superar las actitudes negativas  y sentirse bien de nuevo”. Disponible  en https://d1wqtxts1xzle7.cloudfront.net/48146676/Reinventa_Tu_Vida_Jeffrey_E_Young.pdf ?1471525025=&responsecontentdisposition=inline%3B+filename%3DReinventa_Tu_Vida_Jeffrey_E_Young.pdf&Expires=1612 735299&Signature=E5O3UPs6sgTc-Fb-y9eZA85ntS