EL MARAVILLOSO MUNDO DE EDOS

De cómo enfrentar los miedos y superar la nostalgia

El mundo infantil está plagado de un romanticismo arrollador, donde todo se pinta de manera rosada, con un sabor pastel y un sonido similar a campanas que tintinean gustosamente a pie del oído pero, sabemos que no es así.

En sesión, muchas veces nos topamos con situaciones extraordinarias, de parte de madres y padres e inclusive cuidadores que acuden a nuestra sala de citas para recibir un soplo de esperanza y muchas de veces de valentía para tomar aquella decisión que tanto aqueja. Cuando acuden con niños la cosa se pone peliaguda porque no solo es hablar en el idioma nativo sino que además, debe ser comprensible, realista pero al mismo tiempo cuidadoso para no malograr la ya inquietante experiencia.

¿Cómo hablarle a los niños?

En otra época, los niños callaban y mordían su recelo. Muchas veces inclusive se veían privados de su expresión porque un manotazo injusto se iba contra ellos, pero, muchas de estas actitudes en la crianza (sí es que se le puede hablar así) ya hoy no son del todo tan habituales de conseguir.

Enhorabuena papá o cuidador que estás leyendo esto, gracias por preocuparte por no dañar una vida o por buscar una alternativa al «eso no te interesa porque eres un niño», y más bien hacer un puente como quien dice: «ven, siéntate aquí que vamos a hablar sobre aquello que paso con tu hermanita y el tío Gustavo».

Muchas veces, verter un poco de minutos y segundos en está vida pueden ser una inversión costosa, sin embargo, cuando se trata de hacerle ver a un niño una realidad que le concierne, esa inversión se convierte más adelante en una ganancia absoluta. Así que, respira profundo, recuéstate bien de tu silla y reflexiona sobre estas sugerencias:

  • Aclara en tu mente las aguas emocionales. ¿Cómo es esto? Sencillo, hablando se entiende la gente, por lo tanto, hablar con un humano y no con un ogro ya es mucho. No es juzgar ni tirarle piedras a otros por efecto de la cólera, es hablar, y para ello, el tema debe tener un inicio, desarrollo y cierre, ármalo en tu cabeza y luego en ese orden, exprésalo.
  • Habla en un idioma comprensible. «Las células plasmáticas del área del intersticio de tu abuelito están en una variación sistémica….» ¿lo entiendes? yo, honestamente no, así que probablemente un chiquito, tampoco. Habla en términos adecuados, pero, siempre cercanos a la realidad, y sí es de decir: pene o vagina, dilo tú, que eres confiable, no esperes que Youtube u otra persona con otras intenciones lo haga.
  • Disfruta. Es difícil decirlo y todavía más hacerlo, y aunque muchas veces son temas acalorados, complicados y dolorosos, es un momento donde dos almas se conectan, para compartir un saber. No todo debe ser doloroso o complejo, pero en momentos como estos, donde escapar sería más valioso que el oro, el enfrentar con coraje y con un amigo de apenas un metro, es muchísimo más satisfactorio a mediano y largo plazo. Tómate tu tiempo, estabilízate y ve de la mano con él o ella a una resolución realista y esperanzadora.

Un ejemplo vale más que mil palabras, lo mismo que una imagen, así que aquí traigo ambos, una pequeña historia de cómo encarar de forma melosa algunos episodios que en vida pueden ser complejos llegando a quitarnos las palabras, sucesos como el sentirse desamparado, con miedo, a punto de enfrentar un obstáculo temible y la tan aterradora nostalgia, se pueden convertir en quimeras de poliestireno siempre y cuando logremos expresarla adecuadamente.

En las coloridas calles de Calabacín 503-Cercado, una gran ráfaga de viento llevó la casa de Chiquinquirá hasta el misterioso mundo de Deva, un lugar fantástico donde habitan los Ezas, además de los Edos, un tanto más allá los GRRRR, y en sana paz los Iuhgg y Algos.

Chiquinquirá llegó a conocerlos un día que su casa se levantó por los cielos y fue a parar junto a aquel lugar, pero no estaba sola, había una linda voz que la acompañaba, no tenía forma, ni pesaba, pero sí que hablaba, se llama Lara, y siempre la aconsejaba, aunque a veces Chiquinquirá decidía por sí misma y hacía lo contrario, pero no era todo el tiempo.

Este misterioso viento, dejó a Chiquinquirá en medio de un lugar lleno de plantas altísimas como edificios, no estaba mamá para ayudarla, por lo que sintió miedo, y tras salir de casa y andar por todos lados, su voz interior, es decir, Lara le dijo: como no sabemos dónde estamos ni a dónde ir, vamos avanzando hasta llegar a algún lugar. Chiquinquirá aceptó, y tras muuuucho caminar, llegó al fin a una gran muralla de hierro.

Chiquinquirá estaba solita, estaba con mucho miedo, se sentía desamparada, pero, al llegar a una gran muralla de hierro, estaba contenta, porque pensó que sí tocaba la puerta alguien la ayudaría.

Toc toc, se escuchó. Un señor desde lo alto, vestido de morado y con lentes enormes del mismo color se asomó muy temeroso. Chiquinquirá le saludó muy alegre y con voz fuerte, se armó de valor y gritó a lo alto: ¡Holaaaaa!, necesito ayudaaaaa. El señor, que estaba amurallado, temblando de miedo, comenzó a dar la voz de alarma: ¡un intruso! Y todos comenzaron a buscar refugio.

De repente, el rey de la ciudad Edos, pues así se llamaba aquel lugar dijo con voz miedosa: no debe entrar ¿o sí debería entrar?, no, no debe ¿pero, y sí es buena? O tal vez no lo sea ¿pero, y si me ayuda? O tal vez nos coma, ¡qué terrible!

Mientras tanto, Chiquinquirá no se daba por vencida, estaba decidida a encontrar ayuda y Lara insistente le decía: vámonos, suficiente de insistir. No obstante, Chiquinquirá, recordaba a su mamá diciéndole que, con buenos modales había posibilidad de tener éxito. Entonces, Chiquinquirá limpió su voz –cof, cof- y dijo: ¡Hoooolaaaa! Soy muy buena y alegre, pueden abrir la puerta ¿por favor?

El rey, que estaba escuchándolo todo a través de sus mensajeros de la muralla, reflexionó: uhmmm, sí es un monstruo, no diría por favor. Pero, ¿y sí es una trampa?, ¿qué debo hacer? ¡qué miedo, qué miedo! El país de Edos jamás había tenido tantos problemas, pero… ¿y sí me ayuda?

Chiquinquirá, afuera de la muralla, y cada vez más decidida a entrar, siguió esperando pacientemente, hasta que, desde arriba, un hombrecito morado como su rey, le dijo en una voz tan pequeña como un ratoncito: ssssseñorita, ¿qué quiere?

Y Chiquinquirá muy emocionada respondió: señor, buenos días o tardes, aún no sé qué hora es, porque no tengo reloj ¿usted tiene un reloj o perritos? Bueno, un momento, quería preguntar ¿dónde estoy?, ¿quién eres? ¿me ayuda? Por favor-dijo con una gran sonrisa.

El hombrecito morado, fue corriendo a decirle al mensajero del rey, y éste al saberlo, se dijo muy confiado: es una niñita, una niñita chiquitita, de seguro no nos comerá ¿y sí come ciudadanos moraditos de Edo al vapor? ¡Ay! Qué miedo. Pero, ¿y sí no? Mmmm, es una niña, mejor sí que entre y así nos ayuda y yo la ayudo, y quedamos bien ayudados-pensaba temeroso el rey, hasta que resueltamente dijo- Señor Mensajero Real, le ordeno que traiga a esa niña ante mí, y dígale a mi Mayordomo Real que traiga mi armadura, nunca se sabe qué comen los niños de hoy en día.

De este modo, el Rey de Edos se preparó con su armadura de guerra morada, llena de placas de hierro, más que armadura, parecía un caparazón de tortuga. Y finalmente, el gran momento, Chiquinquirá entró por la pequeñita puerta de la muralla, casi a gatas, le dieron sus anteojos morados y comenzó a recorrer la morada y vacía ciudad.

– ¿Por qué todo es chiquitito?, ¿por qué no hay nadie? ¿por qué todo es morado? Mis manos, pies, cabello, el cielo, todo es morado ¡POR QUÉ! – con esta última pregunta, su voz retumbó por todo el país, y los ciudadanos morados de Edos temblaron de miedo. Luego de caminar un poco, llegó con el Rey Morado Edos, quien estaba debajo de la mesa.

-Señor, ¿qué le pasa? Un rato, hmmm, ¿por qué es tan pequeñito y moradito? ¿Por qué…? –

– ¡Basta niña feroz!, soy el Rey del País Edos, dime, ¿nos comerás? Y se honesta, te lo digo, no tenemos buen sabor- Chiquinquirá, respondió:

-jajajajajja, yo no como personas ¿qué le pasa? Me ayuda a encontrar mi casa ¿por fis? – dijo muy sonriente y divertida. El rey, muy asustado, pero no tanto como antes, sacó la cabeza de la mesa y dijo:

– ¿Así que no me comerás? Bien, te ayudare, sí me ayudas tu a mí, de ese modo, nos ayudaremos ayudaradamente, ¿bien? – Ante esto, Chiquinquirá dudó, ¿qué tipo de ayuda le daría una niña a un rey tan miedoso? Pero, su voz interior Lara, le señaló: escucha antes de hablar, averigua qué desea y luego, decidimos. Ante esto, Chiquinquirá dijo:

-Bueno, ¿qué quieres? -muy dudosa caminó hacia la puerta-  estoy perdida, no sé a dónde ir, cómo llegar a casa, extraño a mis padres.

– ¡oh!, estás perdida, te ayudaré, los niños necesitan que los cuiden- dijo el rey finalmente saliendo de la mesa con su enorme caparazón- sí, te ayudaremos, somos el País de Edos, somos miedosos, pero bondadosos; ese es nuestro lema. Te propongo que, sí tú capturas al Gran Rugidor, te ayudaremos a llegar a casa, el Gran Sabio siempre lo sabe todo, él sabrá cómo llevarte a casa. Mi mayordomo te llevará a alistarte. – Y con aire tranquilo, llamó-: ¡Gran Mayordomo! Lleve a la pequeña a prepararse para el combate contra el Gran Rugidor.

Chiquinquirá estaba muy alegre, saltaba de alegría, al fin llegaría a casa. Entonces, cerró el trato. Olvidó preguntar qué era el Gran Rugidor, ella solo quería llegar a casa, sentirse protegida y alegre, como de costumbre.

Chiquinquirá, solo pensaba en lo feliz que estaría de llegar a casa, por lo que solo caminaba tras el mayordomo. Cuando al fin alcanzaron una amplia habitación morada, le indicaron que debía vestirse con hombreras, cascos, una gran lanza, botas y una cota de malla, por supuesto, todo morado, entonces, Chiquinquirá se sorprendió y comenzó a sentir un gusanito en el estómago que subió hasta la garganta, hizo que sus piernas temblaran y se sintiera mal ¡estaba teniendo miedo!

Cuando Chiquinquirá se dirigió al camino que conducía al Gran Rugidor, su voz interior Lara, le decía que no la dejaría sola, que estaría para ella de forma incondicional, qué debía enfrentar sus miedos y que, sí sentía tristeza, debía sacudir su cabecita y dejar que la tristeza se fuera, es bueno sentirla porque indica que algo no está, pero, no hay que retenerla por mucho tiempo, le decía.

Cuando el Gran Mayordomo Real le indicó que debía ir al bosque encantado, a las afueras de la ciudad y allí en una cueva encontrar al Gran Rugidor, Chiquinquirá tembló de miedo, pero, la animó el hecho de reunirse de nuevo con su mamá, así que caminó con paso firme.

Mientras caminaba por el bosque, se distrajo. Flores, mariposas, una rana, dos troncos morados grandes, un saltamontes morado chiquitito…y así, iba mencionando todo lo que veía y sin darse cuenta pasó por encima de la temida cueva, al cabo de varios pasos, comenzó a sentir cómo el suelo temblaba.

– ¿¡QUÉ HACES AQUÍ?, ¡NIÑA, VETE! SOY EL GRAN RUGIDOR, RAWRSSSR. – dijo con voz grave y haciendo temblar a los troncos con cada palabra-

-yo soy Chiquinquirá, y si te venzo regresaré a casa con mi mamita, señor Monstruo, ¿Vive aquí? – replicó Chiquinquirá, con temor, aunque su curiosidad, pudo más que ella y no evitó preguntar-

-CLARO QUE VIVO AQUÍ, ES MI CASA. ¿ACASO NO TE DOY MIEDO? -expresó el Gran Rugidor confundido, pero igual de atemorizante-

-Un rato, si eres así de grande y tan peludo con esos colores rojos y amarillos, ¿por qué eres de colores y los otros son moraditos chiquitititos? – seguía preguntando Chiquinquirá- y, además, ¿por qué eres así de grande? ¿por qué estás tan molesto? ¿siempre fuiste así de grande y enojón? – a lo que el Gran Rugidor, respondió:

– ¡BASTA! PREGUNTAS DEMASIADO, SOPLARÉ TAN FUERTE QUE TE LLEVARÉ AL SIGUIENTE CONTINEN…-intentó decir el monstruo, pero Chiquinquirá, lo interrumpió.

– ¡Espera, espera! Sí te ayudo a que seas chiquito y enojón regresaré a casa y tú a la tuya, porque a lo mejor tienes una casita o una casota y una mamita con hermanos que te esperan ¿quieres?

Ante esto, el corazón del Gran Rugidor, que creía muerto hace mucho tiempo, comenzó a palpitar ¡claro, madre y hermanos! Los había olvidado. Cuando lo recordó, se hizo chiquitito, era un hombrecillo morado, que se quedó confundido y feliz, algo así como confeliz o confunliz, según le comentó a Chiquinquirá tiempo después.

Cuando Chiquinquirá notó el cambio en el ahora ex Gran Rugidor, le siguió preguntando, qué le había pasado, y este le respondió:

-Yo antes trabajaba para el reino entregando paquetes del correo, sí, aquí también tenemos mucha correspondencia. Y bueno, me despidieron y me enfurecí, llevaba muchos años así enfurecido hasta que un día no lo soporté más y grite y grité y grité tan fuerte, que me hice grande en mi último grito para el que tome aire en mis pulmones por cinco días, y me inflé. Luego de eso, me volví como loco, derrumbe casas y el rey me expulsó a las afueras en este bosque, y he vivido solo muchos años, sin mi mamita y hermanas ¿cómo estarán? Ahora me siento muy triste.

Ante esto, Chiquinquirá se acercó y le dio un abrazo y le dijo: -no te preocupes por lo que pasó, está pasado y en el pasado se quedará, ahora, tienes que ver lo que está sucediendo ahora, es algo muuuuuy bonito, eres libre y puedes regresar a casa, y ser feliz con tu familia o con una nueva, puedes tener ahora esposa e hijos. Aquí, rugiendo, no eras feliz, pero ahora, si puedes. Tu mamita y hermanas, habrán estado extrañándote, pero, siguieron con su vida intentando ser feliz nuevamente. Ahora, tu puedes serlo. Y sabes ¿qué te aconsejo? –

El ex gran Rugidor la miró con sus grandes ojos de hombrecito morado y preguntó muy intrigado: – ¿qué puedo hacer? Todo lo que has dicho tiene mucho sentido, ahora, quiero saber más-

Y Chiquinquirá respondió: – Crea tu trabajo haciendo juguitos felices, y así serás tu propio jefe, y comprarás helados para todos. Y bueno, no puedo decirte más, debo ir a casa con mi propia familia que me quiere y seguramente extraña, adiós ex Gran Rugidor, te daré mi número de teléfono y sí quieres, escribes y si no quieres, no escribas, seguramente yo estaré igual, lo importante, es que los dos estemos tranquilos y felices con nuestras familias ¿sí? –

El ex monstruo aceptó de inmediato, aunque algunas ideas le parecieron propias de una niña pequeña, estaba satisfecho, le dio todas las gracias del mundo a Chiquinquirá y tomó su número de teléfono escrito en una hoja de árbol, se fueron por caminos distintos y, nuestra heroína al llegar al pueblo victoriosa, encontró que todos aplaudían y gritaban: ¡CHIQUINQUIRÁ, VIVA CHIQUINQUIRÁ!

El rey la recibió y le dijo con tono solemne frente a todos: eres bienvenida a mi país siempre que quieras, Edos está muy agradecido, te doy ahora el código secreto del gran Mago, él sabrá cómo llevarte a casa.

Chiquinquirá estaba muy contenta, hizo nuevos amigos, un país entero la creía su heroína y lo más importante, accedió a verse con el Gran Mago y luego de las palabras mágicas: ¡AZUL MIAU, BALOO, JAJA! Llegó de inmediato a la puerta de su casa, allá en Calabacín 503-Cercado y se encontró con su mamá, quien la abrazó y le preguntó ¿dónde estaba? Y comenzó a relatarle toda la historia.

¿Qué sucedió con el ex Gran Rugidor? Bien, mientras a Chiquinquirá la vitoreaban en todo el país de Edos, el ex Gran Rugidor, se metió por un huequito en la muralla de las afueras del bosque y llegó a su casa, como todos estaban al pendiente de Chiquinquirá, le fue fácil llegar hasta su antiguo hogar sin ser visto.

Su madre y hermanas estaban en la Gran Plaza, todos estaban allí frente al gran acontecimiento, aunque tristes, pues, no vieron a su amado familiar. Cuando por fin llegaron y vieron a su amado perdido hace tanto tiempo, lloraron y rieron, se abrazaron y saltaron, eran en aquel momento más felices que antes.

Porque antes, eran felices, aprendieron que, cuando una persona no está, la vida debe seguir, existe un agujerito en el corazón, pero todo debe continuar.

El ex monstruo, le dijo todo lo que había pasado y tras recuperarse de la emoción inicial, comenzaron a comer en familia.

 Luego, el ex Rugidor inició un nuevo camino rehízo su vida, buscó empleo y lo encontró de la manera en que Chiquinquirá le había aconsejado, conoció a una señorita y se casó con ella, tuvo 15 hijos e hijas, y estaba muy contento, hacía mucho que Chiquinquirá no le escribía ni él a ella, pues, cada quien rehacía su vida, pero, en el corazón de ambos existía ese lugar especial para cada uno. No vivían juntos, pero, cada uno sabía de la existencia del otro, se deseaban bien, aunque no se hablaban, lo importante es que cada uno estaba contento con el lazo que los unía y con sus familiares con los que compartían día a día.

LA DESPEDIDA EN VIDA: Cuando entierras el dolor

Dolor y sufrimiento son situaciones vivenciales distintas. Sí sentimos dolor, respondemos con una sensación generalmente táctil que, dependiendo del impacto, puede cesar pronto, o tras la intervención de algún fármaco. A nivel emocional, suceden otras situaciones, que iremos revisando progresivamente.

Y es que vale la pena distinguir algunas categorías de sensación de dolor, algunas personas tras recibir el impacto se afligen y retuercen levantándose tiempo después, pero, existen otros que prolongan por largo tiempo este choque emocional, y es aquí cuando entramos al profundo mar de sufrimiento; de este mar y sus corrientes estaremos hablando.

Es en esta instancia donde el suspiro es la bocanada de aire fresco que el antiguo afligido inhala tras escapar del mar desesperante de llanto donde su nariz y pecho se ahogaban antes. “No hay mayor causa de llanto que no poder llorar” (Séneca, citado por Molina, 2017).

¿Cómo llegar a tierra firme?

            El camino es largo y alberga tempestades. Despedirse, en primer lugar, reviste varias nociones importantes, la primera de ellas es detectar que existe un dolor y como seres hedonistas que somos, este impacto contranatural puede ser bastante sorpresivo y voraz, más cuando se trata de alguien cercano.

            Es como una llama incandescente que en su brillante flama exhibe preguntas como: ¿Por qué me haces daño?, ¿por qué sí confié en ti?, ¿para qué me haces esto?, ¿por qué no te detienes? Comprender lo profundo de estas preguntas es cosa fácil, más de una vez nos la habremos hecho, pero, más difícil es respondérnoslas ya que el “acusado” a quien se le interroga no está verdaderamente en el banquillo, dado que el juicio está en nosotros, con el objetivo de sentenciarlo a la despedida real, aquella que se aprende con el tiempo, donde lo amargo de la ignorancia se asimila como el primer sorbo de alcohol tras alzar la copa.

Sí, es la ignorancia la verdadera despedida, hay quien la cita como el peor de los castigos y ¿cómo no serlo? Sí requiere desconocer la existencia de alguien. Ignorar, según Oxford Languages denota la cualidad de desconocer, al mismo tiempo en otra acepción incluye la capacidad de no dar importancia, y es justo en esta acepción donde el centro de la tierra firme se asienta.

“No tienes poder sobre mí”

            Es una frase viralizada por memes en la web, pero, en contextos de la vida diaria fuera de las pantallas y los likes, en los que se pone en relieve las relaciones humanas y su funcionamiento, resulta que todo el contenido de esta frase engloba una autonomía indescriptible. Aquel que influía en el alma con su mirada repulsiva y violenta, aquel que con voz de trueno apagaba toda esperanza de un sueño tranquilo reemplazándolo por llanto, aquel que con su presencia enturbiaba el agua del manantial del hogar, ya no tiene fuerza, influencia, poder o decisión, cómo desees llamarlo, simplemente, ya no más.

            Sin embargo, muchas veces te atacaran pensamientos recelosos que te llevaran a evocar situaciones tensas y tu primera estrategia será evadirlo, no obstante, cuando integres esta nueva habilidad de la ignorancia en vida, esto es, restar importancia y validez a los embates del otro, notarás que surge un mecanismo sabio que te dice:

 ¡Llámalo! Y yo, me enfrentaré a él, 
 ¡llámalo! Y podré defenderte,
 ¡llámalo! Y te liberarás de la angustia.
 ¡llámalo! Y lo silenciaré.
 ¡llámalo! Tu aprendizaje es avasallante.
 Llámalo y de mi mano, destiérralo    conmigo.
 Deja que parta tras convocarlo,
 En paz y agradecimiento porque tu desdicha,
 Ahora es un camino fértil para la vida. 
 

Las despedidas en vida son dolorosas, no solo porque implican apartarse de quien hizo daño por tanto tiempo y de forma sistemática acostumbrándonos a la desidia y la miseria, sino que además evoca otras conductas igual de amargas que el dolor, se trata de despedirse sin el cuerpo. Para muchos, apartarse de esta forma de vivir implica la nada, dado que no conocen un mundo más allá de las fronteras de la tristeza y el miedo.

Nuestra consciencia occidental nos súplica el acto simbólico de arrojar la ropa al balcón, lanzar los objetos antes preciados por ser regalos en una vil bolsa de basura, o más actual aún bloquear de cuánta red social hayamos compartido. En líneas generales, implica acciones simbólicas y contundentes: terminé, ya cambié mi foto de WhatsApp.

Pero no todo el mundo es así. En la cultura oriental, los antiquísimos dogmas de muchos pueblos apostados a la sombra de gigantes montañas nos hablan del provechoso proceso interno del desprendimiento. Y para ello, no implica ser un monje con absoluta devoción y privilegio de abandonar voluntariamente la ostentación, todo lo contrario. Se trata más bien de dejar pasar las circunstancias en la medida que se van desenvolvimiento, es decir, evitando el vulgar enganche.

Sí ya estamos allí, genial, ya lo reconociste ¿que llevas mucho tiempo? Bueno, aún estas con vida, el suspiro aún te aguarda en el corazón. “El dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional” dice la religión budista (Molina, 2017).

No desesperemos ni perdamos la calma, llegar a la despedida en vida es asunto de asimilar; palabra curiosa que implica aceptar como sí de uno mismo se tratara algún hecho o cosa ¡Qué barbaridad, tanto tiempo evitando el dolor mientras sufrimos para que no duela más y resulta que debíamos asimilar! Sí, es una paradoja tremenda.

Volviendo a uno de los puntos anteriores, cuando el dolor es de alguien cercano y lo cuestionamos y acusamos, se expide una hiel horrida, acompañada de insultos y vejaciones, está bien, hazlo, durante el juicio, muchos de los que tienen que subir al estrado son caras nuestras que, en su momento desearon rugir improperios para defender su ser, pero, no consiguieron destrabar la lengua y solo pudieron morder su queja.

Además de esto, cuando los sapos y culebras broten, vendrá un pequeño oficial de policía radio en mano con un playlist bastante conocido, cuyo álbum del momento lo titula: Reproches Vol. I, entre sus éxitos tiene:

  • ¿Cómo te atreves a decirle zángano a tu padre sí te dio la vida?
  • ¿Por qué ignoras a ese que para bien o para mal te dio casa?
  • Como hija eres un desastre, juzgas sin comprender ft. ¿Qué te pasa?

Entre otros, ¿te suena? Es un playlist lleno de disclaimers en contra de tu pasado altanero que deseó levantarse en armas contra la opresión, pero, su golpe de Estado no dió frutos pues, sus hombres (o sea, tú mismo) fueron maniatados y controlados, su ira fue extinta con una agresión mayor. No había recursos para aguantar el estado de sitio.

Pero, ¿qué sucede sí no lo conocemos?, ¿sí es alguien fuera del mundo afectivo cercano y hasta consanguíneo? La respuesta en sencilla y viene desde el más profundo deseo autocompasivo: ¡Corre por tu vida, hay dolor, no hay que soportarlo, hay que resolverlo!

Como un marinero que saca apresuradamente de la chalupa, mililitros de agua para evitar hundirse, la cosa es la misma: No estás solo, no te rindas. El jefe, el vecino soez, el sol a mediodía, todo puede aquejar en un día donde el dolor se instauró pesadamente sobre la cabeza, y claro está, responsabilizar al jefe del padecimiento que aqueja al alma es complicado, y ni que decir sí subimos al estrado al sol ¿cómo se disculparía?

La trampa de la espera, no, no se disculpará

Sí María Antonieta hubiera quedado esperanzada en que su verdugo la abrazaría y perdonaría su vida en un último minuto; sin lugar a dudas hubiera quedado para la posteridad como la representación total de la ingenuidad. No, ella subió al patíbulo y cuentan quienes recogieron vistas de aquella época que, pese a la sombría expresión de su cara demacrada, había un aire de solemnidad frente al abucheo de los ciudadanos. He allí la cuestión: la solemnidad.

Para que nos podamos comprender, ser solemnes implica contar con todos los formalismos necesarios para una ceremonia o acto. Mi pregunta ahora es: ¿Cuentas con la certeza que se disculparan porque te han hecho daño?

Es duro preguntarse esto porque pudieras responder: ¡Claro! Me ha hecho sentir que no valía nada, que mi vida era un infierno, era un dolor insoportable, merezco que me ofrezcan disculpas. Ante esto, yo te digo: Sí. Sí, tienes razón pasaste por momentos duros que te hicieron crecer purulentas llagas, pero, que te merezcas unas disculpas, no significa que vayas a tenerlas. Si lo pensaste, felicidades, eres María Antonieta Edición Ingenuo o Ingenua.

Y aquí, tu cabeza sintió la fría cuchilla y cayó al canasto para, segundos después ser exhibida al vulgo quien goza del acto. Sí, sé que es muy gráfico, pero, me permito serlo para que la realidad haga su entrada; hay que distinguir que quien te hace sufrir en un arranque de ira, frustración, miedo o porque realmente quiere verte herido no parece realmente tener cara de ofrecer disculpas, al menos, no unas sinceras.

¿Cómo sé esto?

Bueno, la vida y sus experiencias explican que el perro que ladra advierte que no hay que acercársele mucho. Pero, esto es muy simple, no obstante, al aplicarlo al mundo humano, esto se traduce en desear repeler. Sin embargo, ¿y si nos vamos más allá, a la fosa oceánica?

¿Qué esconden los que hieren?

Hagamos un ejercicio, tras respirar profundamente un par de veces y conseguir que tus oídos y cerebro se oxigenen, permítete cerrar los ojos y vislumbra en tu mente cómo es un tirano. Por definición, sabemos que un tirano es quien abusa desmesuradamente de su poder al relacionarse con otros de forma cruel y despiadada.

Por ende, sabemos que esta persona actúa controlando a través del miedo que evoca en otros, puede ser miedo a través del control económico, quitándote la independencia: «Cállate, yo lo pago todo en esta casa y me parto el lomo por ti» .

Controla mediante el miedo, despojándote de tu privacidad: «En este lugar yo lo se todo sobre ti, no pueden existir secretos» .

Controla por medio del miedo atacando con insultos tu autoestima: «¿Quién te querrá siendo tan poca cosa? Agradece que estás conmigo» .

Todas estas consignas distorsionadas de control provocan en la víctima un dolor tan inmenso que llega a ser incapacitante. Pero ahora, piensa: ¿Qué es el gobernador sin sus gobernados? Es decir, sí el presidente de la ciudad ficticia «Tamarindo City» naufraga y queda atrapado en una isla desierta ¿sigue siendo un gobernante? Sí es así ¿sobre quién gobernaría?, ¿los cocos?, ¿una tilapia? NADIE.

Cuando osamos revertir la situación, y tomamos la sartén por el mango ya no hay marcha atrás. El gobernante cruel se alimenta del miedo que produce a otros para no evidenciar el miedo que siente él mismo, lo esconde con rabia expresada en frustración.

Pensemos lo siguiente: Sí alguien es feliz ¿tendría tiempo para descalificar? No realmente, porque es incoherente la felicidad se expresa de maneras diversas no causando daño. Sí una persona con bondad en su corazón humilla a quien “ama” frente a otros, realmente ¿es bondadosa? No, porque la bondad es la inclinación por hacer el bien, por lo tanto, es incoherente. Una persona quien grita para ordenar que le obedezcan ¿tiene ganas de escuchar a otros? No, porque el grito es ruido, es la articulación de los que no tienen argumentos y cuando el argumento es de mala calidad el ruido del grito compensa, entonces, finalmente, no, no es coherente.

Entendiendo esto, se hace más clarificador el considerar que no te ofrecerán disculpas, porque quien carece de ese regalo dotado por el intelecto que son los valores no tiene oportunidad de ofrecer disculpas, no se da lo que no se tiene.

Los valores, son principios y los principios son lo primero, dirían Les Luthiers en uno de sus espectáculos. Por estas razones antes mencionadas, ser solemnes es primordial, se requiere que dos personas se conecten de tal manera que sientan el impulso de escucharse y asimilen sus vivencias, no olvidarlas, sino, crecer pese a ellas, como testimonios de desavenencias que, en un acto sagrado y humano deciden no repetir por las consecuencias nefastas que suscitan. Sí las condiciones no están dadas, es negativo esperar, pues, resta energías en crecer y evolucionar.

Por otra parte, si, si cabe la posibilidad de que en algún momento se disculpen con tu afligido corazón, pero, dependerá de ellos, no de ti. Y es posible que hayas sanado y asimilado tanto que cuando finalmente se disculpen te des cuenta que ya no era necesario.

Por último, para ignorar no hace falta “funar”, despedazar o escrachar; hace falta ser congruente, ser capaz de distinguir qué actos humanos entran a ti y cuáles dejar pasar, ignorar, porque carecen de importancia y porque ya no significan nada para ti, porque asimilaste una comprensión mayor: El grito no era para ti, él o ella no TE gritó, él o ella hizo ruido interiormente por no poder controlarse, atrévete a quitarle el “te” a esa oración ¿qué queda? “él o ella grito” y así, la energía se va, el antes naufrago llega a tierra firme, suspira, recuerda, agradece y vive en libertad.

Referencias

Molina, C. Emociones expresadas, emociones superadas (Barcelona, España) Editorial Planeta, S. A., 2017

Les Luthiers (17 de marzo de 2021). El día del final (Vídeo «Lutherapia»). Lutherpedia. https://lesluthiers.org/verversion.php?ID=315

Oxford Languages (17 de marzo de 2021) Ignorar. Oxford University Press. https://languages.oup.com/google-dictionary-es/

¿POR QUÉ TODO ME PASA A MÍ?

Levantarse cada mañana no es un simple hábito, para algunos, en especial los jóvenes, esto significa un viaje a través de una motivación perdida, un desgano monumental y una obligación inusitadamente grande que marca el compás de los pasos. No es levantarse para ver el sol salir, es abrir los ojos y pensar ¿para qué lo hago? En esta era los números hablan por sí solos, las diferencias entre oportunidades, creatividad e inclusive diversión nos llevan a caminos distintos dependiendo no solo de cómo se desenvuelven por el mundo las personas, sino que, hay algo más que las empuja a caminos bienaventurados y a otros, la gran mayoría, los conduce a senderos amargos. Pero, ¿Cómo se llega a esos caminos?, ¿qué estado mental nos hace entrar hacia un laberinto de tristeza?, ¿será que es posible escoger la miseria sobre la felicidad?

Dirigir la tormenta muchas veces es una labor imposible, pero, dirigirnos a nosotros es decisivo.

¿Realmente controlamos lo que pensamos

Dependiendo del autor al que leas, puede que sí y puede que no. Según la  Terapia de los Esquemas de Jeffrey Young y Janet Klosko, hay un porcentaje grande  de control que podemos tener frente a la rumiación ácida de la mente, pero, antes de  indagar sobre este proceso, debe quedar claro por qué debemos cuestionarnos esto.  

Resulta que para nadie es un secreto que muchas veces, y sobre todo en  periodos de “vacas flacas” las caras largas no se hacen esperar, que los anuncios de  muerte se abran de par en par como bocas que nos comen al igual que el coco de la  infancia, que muchas veces la fortuna en cualquiera de sus formas parece que se  escabulle y pasa la noche en un hotel de lujo y no al lado de un catre. Es como si todo  se moviera en pro de la miseria, y es aquí cuando muchos se detienen y piensan:  ¿Por qué a mí?, ¿qué hice para merecer esto?, ¿cómo llegue aquí?

Los relámpagos mentales no cesan en las noches, siguen de día y atraviesan  cada momento de la tarde, no controlamos lo que pueda suceder de parte de otros,  pensamos inclusive en el Fondo Monetario Internacional, el ozono, la plusvalía, no  obstante, nada de eso está en manos de los jóvenes ni de los mayores, pero aun así  estos pensamientos llegan y afligen hasta la médula. Es como si cada título obtenido  a lo largo de la vida se va a la basura, se lo comen los gusanos y termina en el fondo  del océano, al lado de la basura mental de otros que también lo piensan. Es una red  en la que muchas veces las grandezas escapan. Sin embargo, sí, se puede controlar  a la quimera mental, pero todo tiene un costo, y no es precisamente el honorario del  psicólogo. 

Los sucesos del pasado con inamovibles, pero, la libertad de actitud, puede transformarlos.

Los esquemas, grandes rutas hacia la virtud o la desgracia 

En el libro “Reinventa tu vida, cómo superar las actitudes negativas y sentirse  bien de nuevo” (Young y Klosko, 1992) ocurren dos impactos. Primero, es que para  algunas personas parece demasiado bueno para ser verdad, y el segundo y más  fuerte impacto es el que lleva a considerar que es tan bueno que no servirá de nada.  Ese autodesprecio, desgano y caída en picada a la Fosa Mariana de la negatividad  tiene nombre, y va más allá de la pesadumbre, y viene gestada desde antes de saber  usar Facebook.

Los esquemas, son grandes andamios mentales que fijan en las personas  modos de proceder, sentir, pensar e inclusive imaginar. Si se tuviera que describir  cómo se fraguan, puede decirse que están hechos de experiencias, de situaciones  gratas e ingratas, personas significativas y otras que no lo son tanto, pero que sin  lugar a dudas han dejado una huella mnémica lo suficientemente amplia como para  imprimir en nuestro sistema un nuevo “modus operandi”. 

¿Por qué elijo la desgracia? 

Es una pregunta aceptable luego de lo anterior. Sí los esquemas nos conducen  a caminos distintos en la vida ¿cómo gestamos la tragedia? A través de los vínculos  sociales distorsionados, apadrinados por una maquinaria mental que intenta hacer lo  mejor posible para evitar el desastre ocasionándolo cada vez más. Un ejemplo  práctico arrojará luz sobre el tema: 

Frida, es una mujer voluptuosa con carrera brillante y un noviazgo que se  desborona con cada infidelidad de su pareja, cada vez que él se va, ella siente un  apetito casi irrefrenable por perseguirlo y sentirlo en sus brazos. Cada día es una discusión sobre el pasado o el presente, realmente, por cualquier cosa. Sin embargo,  al llegar la noche y encontrar a su pareja echado en la cama, siente una calma casi  absoluta. Frida se encuentra envuelta en el esquema de abandono, mientras más se  aleja su pareja más desea su presencia, la calidad de esta poco importa, solamente  interesa que esté allí, aunque sus esfuerzos infructuosos por retenerlo hagan una  espiral voraz de autodestrucción.  

Cuando el esquema de abandono se hace presente, es natural que entre las  muchas causas exista un cuadro de pérdidas significativas muy marcado, además de  fluctuaciones emocionales tan rápidas e intensas que hacen de la persona un amasijo  de “nervios” cuando la persona añorada se va.

Los esquemas son formas de ver la vida, generalmente aprendidos, por lo que se pueden desaprender, inténtalo.

Para esta situación, es prudente cuestionarse porqué seguir allí, pese al desespero e infelicidad, y la respuesta la trae una afirmación tan cruda pero constante en terapia: “sí se va, me desmorono, sí no está, estaré peor y no sé  cómo dejarlo. Lo tristemente irónico en estos casos es que existe una repetición constante que aviva el esquema y produce  que su “víctima” quede esclavizada soportando y proveyéndose abusos. 

La razón por la que probablemente está compulsión persiste es al aprendizaje  de patrones durante el desarrollo de la persona. En un momento fueron útiles, pero,  perdieron vigencia caducaron y la persona lo siguió empleando para recrearlos sin  darse cuenta en diversos escenarios de su vida. El niño abusado y humillado busca  en la adultez una pareja o jefe que lo veja y avergüenza en cada momento. Es una  realidad desconcertante pero genuina. 

Es necesario acotar que existen muchos otros esquemas, tales como: desconfianza y abuso, vulnerabilidad, dependencia, privación emocional, exclusión social, imperfección, fracaso, subyugación, normas inalcanzables, grandiosidad, entre otros, que veremos en otra oportunidad. Ahora bien, ¿Cómo lograrlo?

Salir a flote 

Empezar el camino para encarar la verdad de las  creencias y esquemas distorsionados es una lucha entre una quimera y un mortal. Si piensas a este punto que es imposible,  ya perdiste la batalla, en terapia no estás solo y en la vida,  muchas veces, tampoco. Acércate a una vida tranquila, es posible. 

En primer lugar, etiqueta de la mejor manera qué vives, el conocimiento es  poder y otorga la capacidad de progreso, reclámate la posibilidad de saber dónde  estás parado y a dónde quieres ir. Caracteriza de la mejor manera qué sucede. 

Siente desde tus entrañas el origen, de dónde viene, qué dice el niño herido  (técnica tomada de la Psicoterapia Guestáltica), revivir el sufrimiento es atemorizante,  pero en sesión no estás solo. Atrévete a aconsejar, guiarlo, imaginar cómo lo llevas a  su objetivo, en el caso de Frida su vivencia infantil de abandono se revivió a partir de  la pérdida de uno de sus padres, ninguno de sus esfuerzos infantiles logró devolver a  su madre de las garras de la muerte, ni estabilizó la convivencia familiar tras ello.  Conecta con el niño interior herido, desprotegido, que sufre. 

Además, somete a escrutinio qué hechos validan tu esquema, cuántas veces  el esquema se aprobó y cuántas veces el esquema no se cumplió. Esto es, hechos a  favor y en contra. Cuestiónate ¿tu desprecio es innato o lo aprendiste?, ¿fue real en  tu infancia solamente o lo sigue haciendo ahora? Describe además tus opciones  ¿cómo cambiarlo? Enumera todas las posibilidades realistas e inclusive a alguien que  pueda colaborar, no estás solo.

Escribe quiénes favorecieron tus esquemas, “sin disclaimers” es decir, si tus  padres te humillaron y vejaron, expresa todo lo que visceralmente desearías decirles,  lo injustos que fueron contigo. Descarga emocionalmente aquello que en su momento  no lograste, hacia tu jefe, una ex pareja, un hermano, la escuela, quien sea. Desahoga  tu niño interior.  

Revisa, de forma concienzuda tu esquema, desarticula su funcionamiento,  conviértete en detective de cómo funciona, sigue los pasos hacia cómo son sus  desarrollos y desenlace, nadie más que tú lo sabe. Además, así como Holmes,  describe momentos contraproducentes, formas en las que sucumbes ante el esquema  donde te rindes fácilmente, y de nuevo, remarca cómo cambiarlo, tenlo siempre a la  mano, es tu arma ahora hacia un futuro brillante y esperanzador. 

Rompe el esquema a través de pasos manejables, no vayas por lo que  socialmente te exigen, escoge trabajar en el esquema que más repercute en tu vida  sin morir en el intento. Se trata de sanar, no de herirte con más furia. Escoge pasos  que puedas superar y sean realistas con tu estilo de vida, a fin de que las veces que  “metas la pata” sean menores, y si suceden, puedas salir más deprisa y sin un coste  emocional que corte tu estabilidad en dos. Poco a poco, pero, persistente. 

Visibiliza a los agentes que ocasionaron el reforzamiento de estos esquemas,  y está vez, en lugar de hablarles, cuestiónalos ¿son ellos niños heridos al igual que  tú con esquemas disfuncionales?, ¿son ellos verdaderas quimeras furiosas o son  personas que equivocadamente te trataron? Cuestiona.  

Muchas veces, la grandiosidad con la que observamos  a estos agentes reforzadores impide que el esquema  sea superado, es por ello, que debemos verlo de forma racional y hasta objetiva, llegando inclusive, si quieres  y estás listo, a perdonarlos, sin presión, esto es tu  decisión, te apoyaremos. 

Ante las nubes grises, la apreciación y agradecimiento por lo realistamente bueno, es vital.

Existen obstáculos y pueden superarse 

Contraatacar el esquema, darle más importancia o veracidad de la que tiene  puede ser un problema, para ello, es necesario abandonar las armas y defender la  integridad de uno mismo. El esquema perjudica y debe dejarse. 

Escapar del dolor parece razonable, hasta que te das cuenta que el vejador y  la víctima eres tú mismo. No encarar el esquema es huir de la posibilidad de una  esperanza de vida estable, es huir de acercarte a las personas de manera sana, es  evitar que tus problemas se aminoren o al menos, puedas reconocerlos con mayor  facilidad. Piensa en la recompensa, si deseas verlo con mayor claridad.  Finalmente, por qué todo a ti no es una simple frase, puede esconder una serie  de defectos que son complicados de asimilar, puede a su vez implicar que lo que  hacemos lo hemos manejado de manera inadecuada, que la situación es abrumadora  y nuestro sistema decidió activar el “modo automático”. Sin embargo, no hay lugar a  dudas que cuando sentimos el dolor y razonamos lo que sucede allá afuera y aquí  dentro, grandes cambios pueden darse, agradeces la negación del empleo o de la  chica linda de la tercera cita, y aprendes que no todo es una situación de todo o nada, hay matices, y puedes aprender a manejarlos y crecer.

Referencias 

Young, J. & Klosko J. (1992). “Reinventa tu vida. Cómo superar las actitudes negativas  y sentirse bien de nuevo”. Disponible  en https://d1wqtxts1xzle7.cloudfront.net/48146676/Reinventa_Tu_Vida_Jeffrey_E_Young.pdf ?1471525025=&responsecontentdisposition=inline%3B+filename%3DReinventa_Tu_Vida_Jeffrey_E_Young.pdf&Expires=1612 735299&Signature=E5O3UPs6sgTc-Fb-y9eZA85ntS