LA DESPEDIDA EN VIDA: Cuando entierras el dolor

Dolor y sufrimiento son situaciones vivenciales distintas. Sí sentimos dolor, respondemos con una sensación generalmente táctil que, dependiendo del impacto, puede cesar pronto, o tras la intervención de algún fármaco. A nivel emocional, suceden otras situaciones, que iremos revisando progresivamente.

Y es que vale la pena distinguir algunas categorías de sensación de dolor, algunas personas tras recibir el impacto se afligen y retuercen levantándose tiempo después, pero, existen otros que prolongan por largo tiempo este choque emocional, y es aquí cuando entramos al profundo mar de sufrimiento; de este mar y sus corrientes estaremos hablando.

Es en esta instancia donde el suspiro es la bocanada de aire fresco que el antiguo afligido inhala tras escapar del mar desesperante de llanto donde su nariz y pecho se ahogaban antes. “No hay mayor causa de llanto que no poder llorar” (Séneca, citado por Molina, 2017).

¿Cómo llegar a tierra firme?

            El camino es largo y alberga tempestades. Despedirse, en primer lugar, reviste varias nociones importantes, la primera de ellas es detectar que existe un dolor y como seres hedonistas que somos, este impacto contranatural puede ser bastante sorpresivo y voraz, más cuando se trata de alguien cercano.

            Es como una llama incandescente que en su brillante flama exhibe preguntas como: ¿Por qué me haces daño?, ¿por qué sí confié en ti?, ¿para qué me haces esto?, ¿por qué no te detienes? Comprender lo profundo de estas preguntas es cosa fácil, más de una vez nos la habremos hecho, pero, más difícil es respondérnoslas ya que el “acusado” a quien se le interroga no está verdaderamente en el banquillo, dado que el juicio está en nosotros, con el objetivo de sentenciarlo a la despedida real, aquella que se aprende con el tiempo, donde lo amargo de la ignorancia se asimila como el primer sorbo de alcohol tras alzar la copa.

Sí, es la ignorancia la verdadera despedida, hay quien la cita como el peor de los castigos y ¿cómo no serlo? Sí requiere desconocer la existencia de alguien. Ignorar, según Oxford Languages denota la cualidad de desconocer, al mismo tiempo en otra acepción incluye la capacidad de no dar importancia, y es justo en esta acepción donde el centro de la tierra firme se asienta.

“No tienes poder sobre mí”

            Es una frase viralizada por memes en la web, pero, en contextos de la vida diaria fuera de las pantallas y los likes, en los que se pone en relieve las relaciones humanas y su funcionamiento, resulta que todo el contenido de esta frase engloba una autonomía indescriptible. Aquel que influía en el alma con su mirada repulsiva y violenta, aquel que con voz de trueno apagaba toda esperanza de un sueño tranquilo reemplazándolo por llanto, aquel que con su presencia enturbiaba el agua del manantial del hogar, ya no tiene fuerza, influencia, poder o decisión, cómo desees llamarlo, simplemente, ya no más.

            Sin embargo, muchas veces te atacaran pensamientos recelosos que te llevaran a evocar situaciones tensas y tu primera estrategia será evadirlo, no obstante, cuando integres esta nueva habilidad de la ignorancia en vida, esto es, restar importancia y validez a los embates del otro, notarás que surge un mecanismo sabio que te dice:

 ¡Llámalo! Y yo, me enfrentaré a él, 
 ¡llámalo! Y podré defenderte,
 ¡llámalo! Y te liberarás de la angustia.
 ¡llámalo! Y lo silenciaré.
 ¡llámalo! Tu aprendizaje es avasallante.
 Llámalo y de mi mano, destiérralo    conmigo.
 Deja que parta tras convocarlo,
 En paz y agradecimiento porque tu desdicha,
 Ahora es un camino fértil para la vida. 
 

Las despedidas en vida son dolorosas, no solo porque implican apartarse de quien hizo daño por tanto tiempo y de forma sistemática acostumbrándonos a la desidia y la miseria, sino que además evoca otras conductas igual de amargas que el dolor, se trata de despedirse sin el cuerpo. Para muchos, apartarse de esta forma de vivir implica la nada, dado que no conocen un mundo más allá de las fronteras de la tristeza y el miedo.

Nuestra consciencia occidental nos súplica el acto simbólico de arrojar la ropa al balcón, lanzar los objetos antes preciados por ser regalos en una vil bolsa de basura, o más actual aún bloquear de cuánta red social hayamos compartido. En líneas generales, implica acciones simbólicas y contundentes: terminé, ya cambié mi foto de WhatsApp.

Pero no todo el mundo es así. En la cultura oriental, los antiquísimos dogmas de muchos pueblos apostados a la sombra de gigantes montañas nos hablan del provechoso proceso interno del desprendimiento. Y para ello, no implica ser un monje con absoluta devoción y privilegio de abandonar voluntariamente la ostentación, todo lo contrario. Se trata más bien de dejar pasar las circunstancias en la medida que se van desenvolvimiento, es decir, evitando el vulgar enganche.

Sí ya estamos allí, genial, ya lo reconociste ¿que llevas mucho tiempo? Bueno, aún estas con vida, el suspiro aún te aguarda en el corazón. “El dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional” dice la religión budista (Molina, 2017).

No desesperemos ni perdamos la calma, llegar a la despedida en vida es asunto de asimilar; palabra curiosa que implica aceptar como sí de uno mismo se tratara algún hecho o cosa ¡Qué barbaridad, tanto tiempo evitando el dolor mientras sufrimos para que no duela más y resulta que debíamos asimilar! Sí, es una paradoja tremenda.

Volviendo a uno de los puntos anteriores, cuando el dolor es de alguien cercano y lo cuestionamos y acusamos, se expide una hiel horrida, acompañada de insultos y vejaciones, está bien, hazlo, durante el juicio, muchos de los que tienen que subir al estrado son caras nuestras que, en su momento desearon rugir improperios para defender su ser, pero, no consiguieron destrabar la lengua y solo pudieron morder su queja.

Además de esto, cuando los sapos y culebras broten, vendrá un pequeño oficial de policía radio en mano con un playlist bastante conocido, cuyo álbum del momento lo titula: Reproches Vol. I, entre sus éxitos tiene:

  • ¿Cómo te atreves a decirle zángano a tu padre sí te dio la vida?
  • ¿Por qué ignoras a ese que para bien o para mal te dio casa?
  • Como hija eres un desastre, juzgas sin comprender ft. ¿Qué te pasa?

Entre otros, ¿te suena? Es un playlist lleno de disclaimers en contra de tu pasado altanero que deseó levantarse en armas contra la opresión, pero, su golpe de Estado no dió frutos pues, sus hombres (o sea, tú mismo) fueron maniatados y controlados, su ira fue extinta con una agresión mayor. No había recursos para aguantar el estado de sitio.

Pero, ¿qué sucede sí no lo conocemos?, ¿sí es alguien fuera del mundo afectivo cercano y hasta consanguíneo? La respuesta en sencilla y viene desde el más profundo deseo autocompasivo: ¡Corre por tu vida, hay dolor, no hay que soportarlo, hay que resolverlo!

Como un marinero que saca apresuradamente de la chalupa, mililitros de agua para evitar hundirse, la cosa es la misma: No estás solo, no te rindas. El jefe, el vecino soez, el sol a mediodía, todo puede aquejar en un día donde el dolor se instauró pesadamente sobre la cabeza, y claro está, responsabilizar al jefe del padecimiento que aqueja al alma es complicado, y ni que decir sí subimos al estrado al sol ¿cómo se disculparía?

La trampa de la espera, no, no se disculpará

Sí María Antonieta hubiera quedado esperanzada en que su verdugo la abrazaría y perdonaría su vida en un último minuto; sin lugar a dudas hubiera quedado para la posteridad como la representación total de la ingenuidad. No, ella subió al patíbulo y cuentan quienes recogieron vistas de aquella época que, pese a la sombría expresión de su cara demacrada, había un aire de solemnidad frente al abucheo de los ciudadanos. He allí la cuestión: la solemnidad.

Para que nos podamos comprender, ser solemnes implica contar con todos los formalismos necesarios para una ceremonia o acto. Mi pregunta ahora es: ¿Cuentas con la certeza que se disculparan porque te han hecho daño?

Es duro preguntarse esto porque pudieras responder: ¡Claro! Me ha hecho sentir que no valía nada, que mi vida era un infierno, era un dolor insoportable, merezco que me ofrezcan disculpas. Ante esto, yo te digo: Sí. Sí, tienes razón pasaste por momentos duros que te hicieron crecer purulentas llagas, pero, que te merezcas unas disculpas, no significa que vayas a tenerlas. Si lo pensaste, felicidades, eres María Antonieta Edición Ingenuo o Ingenua.

Y aquí, tu cabeza sintió la fría cuchilla y cayó al canasto para, segundos después ser exhibida al vulgo quien goza del acto. Sí, sé que es muy gráfico, pero, me permito serlo para que la realidad haga su entrada; hay que distinguir que quien te hace sufrir en un arranque de ira, frustración, miedo o porque realmente quiere verte herido no parece realmente tener cara de ofrecer disculpas, al menos, no unas sinceras.

¿Cómo sé esto?

Bueno, la vida y sus experiencias explican que el perro que ladra advierte que no hay que acercársele mucho. Pero, esto es muy simple, no obstante, al aplicarlo al mundo humano, esto se traduce en desear repeler. Sin embargo, ¿y si nos vamos más allá, a la fosa oceánica?

¿Qué esconden los que hieren?

Hagamos un ejercicio, tras respirar profundamente un par de veces y conseguir que tus oídos y cerebro se oxigenen, permítete cerrar los ojos y vislumbra en tu mente cómo es un tirano. Por definición, sabemos que un tirano es quien abusa desmesuradamente de su poder al relacionarse con otros de forma cruel y despiadada.

Por ende, sabemos que esta persona actúa controlando a través del miedo que evoca en otros, puede ser miedo a través del control económico, quitándote la independencia: «Cállate, yo lo pago todo en esta casa y me parto el lomo por ti» .

Controla mediante el miedo, despojándote de tu privacidad: «En este lugar yo lo se todo sobre ti, no pueden existir secretos» .

Controla por medio del miedo atacando con insultos tu autoestima: «¿Quién te querrá siendo tan poca cosa? Agradece que estás conmigo» .

Todas estas consignas distorsionadas de control provocan en la víctima un dolor tan inmenso que llega a ser incapacitante. Pero ahora, piensa: ¿Qué es el gobernador sin sus gobernados? Es decir, sí el presidente de la ciudad ficticia «Tamarindo City» naufraga y queda atrapado en una isla desierta ¿sigue siendo un gobernante? Sí es así ¿sobre quién gobernaría?, ¿los cocos?, ¿una tilapia? NADIE.

Cuando osamos revertir la situación, y tomamos la sartén por el mango ya no hay marcha atrás. El gobernante cruel se alimenta del miedo que produce a otros para no evidenciar el miedo que siente él mismo, lo esconde con rabia expresada en frustración.

Pensemos lo siguiente: Sí alguien es feliz ¿tendría tiempo para descalificar? No realmente, porque es incoherente la felicidad se expresa de maneras diversas no causando daño. Sí una persona con bondad en su corazón humilla a quien “ama” frente a otros, realmente ¿es bondadosa? No, porque la bondad es la inclinación por hacer el bien, por lo tanto, es incoherente. Una persona quien grita para ordenar que le obedezcan ¿tiene ganas de escuchar a otros? No, porque el grito es ruido, es la articulación de los que no tienen argumentos y cuando el argumento es de mala calidad el ruido del grito compensa, entonces, finalmente, no, no es coherente.

Entendiendo esto, se hace más clarificador el considerar que no te ofrecerán disculpas, porque quien carece de ese regalo dotado por el intelecto que son los valores no tiene oportunidad de ofrecer disculpas, no se da lo que no se tiene.

Los valores, son principios y los principios son lo primero, dirían Les Luthiers en uno de sus espectáculos. Por estas razones antes mencionadas, ser solemnes es primordial, se requiere que dos personas se conecten de tal manera que sientan el impulso de escucharse y asimilen sus vivencias, no olvidarlas, sino, crecer pese a ellas, como testimonios de desavenencias que, en un acto sagrado y humano deciden no repetir por las consecuencias nefastas que suscitan. Sí las condiciones no están dadas, es negativo esperar, pues, resta energías en crecer y evolucionar.

Por otra parte, si, si cabe la posibilidad de que en algún momento se disculpen con tu afligido corazón, pero, dependerá de ellos, no de ti. Y es posible que hayas sanado y asimilado tanto que cuando finalmente se disculpen te des cuenta que ya no era necesario.

Por último, para ignorar no hace falta “funar”, despedazar o escrachar; hace falta ser congruente, ser capaz de distinguir qué actos humanos entran a ti y cuáles dejar pasar, ignorar, porque carecen de importancia y porque ya no significan nada para ti, porque asimilaste una comprensión mayor: El grito no era para ti, él o ella no TE gritó, él o ella hizo ruido interiormente por no poder controlarse, atrévete a quitarle el “te” a esa oración ¿qué queda? “él o ella grito” y así, la energía se va, el antes naufrago llega a tierra firme, suspira, recuerda, agradece y vive en libertad.

Referencias

Molina, C. Emociones expresadas, emociones superadas (Barcelona, España) Editorial Planeta, S. A., 2017

Les Luthiers (17 de marzo de 2021). El día del final (Vídeo «Lutherapia»). Lutherpedia. https://lesluthiers.org/verversion.php?ID=315

Oxford Languages (17 de marzo de 2021) Ignorar. Oxford University Press. https://languages.oup.com/google-dictionary-es/

¿POR QUÉ TODO ME PASA A MÍ?

Levantarse cada mañana no es un simple hábito, para algunos, en especial los jóvenes, esto significa un viaje a través de una motivación perdida, un desgano monumental y una obligación inusitadamente grande que marca el compás de los pasos. No es levantarse para ver el sol salir, es abrir los ojos y pensar ¿para qué lo hago? En esta era los números hablan por sí solos, las diferencias entre oportunidades, creatividad e inclusive diversión nos llevan a caminos distintos dependiendo no solo de cómo se desenvuelven por el mundo las personas, sino que, hay algo más que las empuja a caminos bienaventurados y a otros, la gran mayoría, los conduce a senderos amargos. Pero, ¿Cómo se llega a esos caminos?, ¿qué estado mental nos hace entrar hacia un laberinto de tristeza?, ¿será que es posible escoger la miseria sobre la felicidad?

Dirigir la tormenta muchas veces es una labor imposible, pero, dirigirnos a nosotros es decisivo.

¿Realmente controlamos lo que pensamos

Dependiendo del autor al que leas, puede que sí y puede que no. Según la  Terapia de los Esquemas de Jeffrey Young y Janet Klosko, hay un porcentaje grande  de control que podemos tener frente a la rumiación ácida de la mente, pero, antes de  indagar sobre este proceso, debe quedar claro por qué debemos cuestionarnos esto.  

Resulta que para nadie es un secreto que muchas veces, y sobre todo en  periodos de “vacas flacas” las caras largas no se hacen esperar, que los anuncios de  muerte se abran de par en par como bocas que nos comen al igual que el coco de la  infancia, que muchas veces la fortuna en cualquiera de sus formas parece que se  escabulle y pasa la noche en un hotel de lujo y no al lado de un catre. Es como si todo  se moviera en pro de la miseria, y es aquí cuando muchos se detienen y piensan:  ¿Por qué a mí?, ¿qué hice para merecer esto?, ¿cómo llegue aquí?

Los relámpagos mentales no cesan en las noches, siguen de día y atraviesan  cada momento de la tarde, no controlamos lo que pueda suceder de parte de otros,  pensamos inclusive en el Fondo Monetario Internacional, el ozono, la plusvalía, no  obstante, nada de eso está en manos de los jóvenes ni de los mayores, pero aun así  estos pensamientos llegan y afligen hasta la médula. Es como si cada título obtenido  a lo largo de la vida se va a la basura, se lo comen los gusanos y termina en el fondo  del océano, al lado de la basura mental de otros que también lo piensan. Es una red  en la que muchas veces las grandezas escapan. Sin embargo, sí, se puede controlar  a la quimera mental, pero todo tiene un costo, y no es precisamente el honorario del  psicólogo. 

Los sucesos del pasado con inamovibles, pero, la libertad de actitud, puede transformarlos.

Los esquemas, grandes rutas hacia la virtud o la desgracia 

En el libro “Reinventa tu vida, cómo superar las actitudes negativas y sentirse  bien de nuevo” (Young y Klosko, 1992) ocurren dos impactos. Primero, es que para  algunas personas parece demasiado bueno para ser verdad, y el segundo y más  fuerte impacto es el que lleva a considerar que es tan bueno que no servirá de nada.  Ese autodesprecio, desgano y caída en picada a la Fosa Mariana de la negatividad  tiene nombre, y va más allá de la pesadumbre, y viene gestada desde antes de saber  usar Facebook.

Los esquemas, son grandes andamios mentales que fijan en las personas  modos de proceder, sentir, pensar e inclusive imaginar. Si se tuviera que describir  cómo se fraguan, puede decirse que están hechos de experiencias, de situaciones  gratas e ingratas, personas significativas y otras que no lo son tanto, pero que sin  lugar a dudas han dejado una huella mnémica lo suficientemente amplia como para  imprimir en nuestro sistema un nuevo “modus operandi”. 

¿Por qué elijo la desgracia? 

Es una pregunta aceptable luego de lo anterior. Sí los esquemas nos conducen  a caminos distintos en la vida ¿cómo gestamos la tragedia? A través de los vínculos  sociales distorsionados, apadrinados por una maquinaria mental que intenta hacer lo  mejor posible para evitar el desastre ocasionándolo cada vez más. Un ejemplo  práctico arrojará luz sobre el tema: 

Frida, es una mujer voluptuosa con carrera brillante y un noviazgo que se  desborona con cada infidelidad de su pareja, cada vez que él se va, ella siente un  apetito casi irrefrenable por perseguirlo y sentirlo en sus brazos. Cada día es una discusión sobre el pasado o el presente, realmente, por cualquier cosa. Sin embargo,  al llegar la noche y encontrar a su pareja echado en la cama, siente una calma casi  absoluta. Frida se encuentra envuelta en el esquema de abandono, mientras más se  aleja su pareja más desea su presencia, la calidad de esta poco importa, solamente  interesa que esté allí, aunque sus esfuerzos infructuosos por retenerlo hagan una  espiral voraz de autodestrucción.  

Cuando el esquema de abandono se hace presente, es natural que entre las  muchas causas exista un cuadro de pérdidas significativas muy marcado, además de  fluctuaciones emocionales tan rápidas e intensas que hacen de la persona un amasijo  de “nervios” cuando la persona añorada se va.

Los esquemas son formas de ver la vida, generalmente aprendidos, por lo que se pueden desaprender, inténtalo.

Para esta situación, es prudente cuestionarse porqué seguir allí, pese al desespero e infelicidad, y la respuesta la trae una afirmación tan cruda pero constante en terapia: “sí se va, me desmorono, sí no está, estaré peor y no sé  cómo dejarlo. Lo tristemente irónico en estos casos es que existe una repetición constante que aviva el esquema y produce  que su “víctima” quede esclavizada soportando y proveyéndose abusos. 

La razón por la que probablemente está compulsión persiste es al aprendizaje  de patrones durante el desarrollo de la persona. En un momento fueron útiles, pero,  perdieron vigencia caducaron y la persona lo siguió empleando para recrearlos sin  darse cuenta en diversos escenarios de su vida. El niño abusado y humillado busca  en la adultez una pareja o jefe que lo veja y avergüenza en cada momento. Es una  realidad desconcertante pero genuina. 

Es necesario acotar que existen muchos otros esquemas, tales como: desconfianza y abuso, vulnerabilidad, dependencia, privación emocional, exclusión social, imperfección, fracaso, subyugación, normas inalcanzables, grandiosidad, entre otros, que veremos en otra oportunidad. Ahora bien, ¿Cómo lograrlo?

Salir a flote 

Empezar el camino para encarar la verdad de las  creencias y esquemas distorsionados es una lucha entre una quimera y un mortal. Si piensas a este punto que es imposible,  ya perdiste la batalla, en terapia no estás solo y en la vida,  muchas veces, tampoco. Acércate a una vida tranquila, es posible. 

En primer lugar, etiqueta de la mejor manera qué vives, el conocimiento es  poder y otorga la capacidad de progreso, reclámate la posibilidad de saber dónde  estás parado y a dónde quieres ir. Caracteriza de la mejor manera qué sucede. 

Siente desde tus entrañas el origen, de dónde viene, qué dice el niño herido  (técnica tomada de la Psicoterapia Guestáltica), revivir el sufrimiento es atemorizante,  pero en sesión no estás solo. Atrévete a aconsejar, guiarlo, imaginar cómo lo llevas a  su objetivo, en el caso de Frida su vivencia infantil de abandono se revivió a partir de  la pérdida de uno de sus padres, ninguno de sus esfuerzos infantiles logró devolver a  su madre de las garras de la muerte, ni estabilizó la convivencia familiar tras ello.  Conecta con el niño interior herido, desprotegido, que sufre. 

Además, somete a escrutinio qué hechos validan tu esquema, cuántas veces  el esquema se aprobó y cuántas veces el esquema no se cumplió. Esto es, hechos a  favor y en contra. Cuestiónate ¿tu desprecio es innato o lo aprendiste?, ¿fue real en  tu infancia solamente o lo sigue haciendo ahora? Describe además tus opciones  ¿cómo cambiarlo? Enumera todas las posibilidades realistas e inclusive a alguien que  pueda colaborar, no estás solo.

Escribe quiénes favorecieron tus esquemas, “sin disclaimers” es decir, si tus  padres te humillaron y vejaron, expresa todo lo que visceralmente desearías decirles,  lo injustos que fueron contigo. Descarga emocionalmente aquello que en su momento  no lograste, hacia tu jefe, una ex pareja, un hermano, la escuela, quien sea. Desahoga  tu niño interior.  

Revisa, de forma concienzuda tu esquema, desarticula su funcionamiento,  conviértete en detective de cómo funciona, sigue los pasos hacia cómo son sus  desarrollos y desenlace, nadie más que tú lo sabe. Además, así como Holmes,  describe momentos contraproducentes, formas en las que sucumbes ante el esquema  donde te rindes fácilmente, y de nuevo, remarca cómo cambiarlo, tenlo siempre a la  mano, es tu arma ahora hacia un futuro brillante y esperanzador. 

Rompe el esquema a través de pasos manejables, no vayas por lo que  socialmente te exigen, escoge trabajar en el esquema que más repercute en tu vida  sin morir en el intento. Se trata de sanar, no de herirte con más furia. Escoge pasos  que puedas superar y sean realistas con tu estilo de vida, a fin de que las veces que  “metas la pata” sean menores, y si suceden, puedas salir más deprisa y sin un coste  emocional que corte tu estabilidad en dos. Poco a poco, pero, persistente. 

Visibiliza a los agentes que ocasionaron el reforzamiento de estos esquemas,  y está vez, en lugar de hablarles, cuestiónalos ¿son ellos niños heridos al igual que  tú con esquemas disfuncionales?, ¿son ellos verdaderas quimeras furiosas o son  personas que equivocadamente te trataron? Cuestiona.  

Muchas veces, la grandiosidad con la que observamos  a estos agentes reforzadores impide que el esquema  sea superado, es por ello, que debemos verlo de forma racional y hasta objetiva, llegando inclusive, si quieres  y estás listo, a perdonarlos, sin presión, esto es tu  decisión, te apoyaremos. 

Ante las nubes grises, la apreciación y agradecimiento por lo realistamente bueno, es vital.

Existen obstáculos y pueden superarse 

Contraatacar el esquema, darle más importancia o veracidad de la que tiene  puede ser un problema, para ello, es necesario abandonar las armas y defender la  integridad de uno mismo. El esquema perjudica y debe dejarse. 

Escapar del dolor parece razonable, hasta que te das cuenta que el vejador y  la víctima eres tú mismo. No encarar el esquema es huir de la posibilidad de una  esperanza de vida estable, es huir de acercarte a las personas de manera sana, es  evitar que tus problemas se aminoren o al menos, puedas reconocerlos con mayor  facilidad. Piensa en la recompensa, si deseas verlo con mayor claridad.  Finalmente, por qué todo a ti no es una simple frase, puede esconder una serie  de defectos que son complicados de asimilar, puede a su vez implicar que lo que  hacemos lo hemos manejado de manera inadecuada, que la situación es abrumadora  y nuestro sistema decidió activar el “modo automático”. Sin embargo, no hay lugar a  dudas que cuando sentimos el dolor y razonamos lo que sucede allá afuera y aquí  dentro, grandes cambios pueden darse, agradeces la negación del empleo o de la  chica linda de la tercera cita, y aprendes que no todo es una situación de todo o nada, hay matices, y puedes aprender a manejarlos y crecer.

Referencias 

Young, J. & Klosko J. (1992). “Reinventa tu vida. Cómo superar las actitudes negativas  y sentirse bien de nuevo”. Disponible  en https://d1wqtxts1xzle7.cloudfront.net/48146676/Reinventa_Tu_Vida_Jeffrey_E_Young.pdf ?1471525025=&responsecontentdisposition=inline%3B+filename%3DReinventa_Tu_Vida_Jeffrey_E_Young.pdf&Expires=1612 735299&Signature=E5O3UPs6sgTc-Fb-y9eZA85ntS