Freud en otra mirada: Cartas de amor

Sigmund Freud, fundador del psicoanálisis. Para bien o para mal, precursor de la Psicologí­a. Criticado por muchos y estimado por otros tantos, pero no se trata de eso, lo que les quiero compartir en esta ocasión.

Una vez, mientras estaba viendo libros en descuento en una librerí­a muy conocida de mi ciudad, encontré dos libros recopilatorios de Freud: Tres ensayos sobre la teorí­a sexual, y Cartas de amor, una selección de 46 cartas que el polémico doctor le escribió a su, en ese entonces, prometida, Martha Bernays (cabe mencionar que Freud le escribió más de mil quinientas cartas durante toda su vida).

Martha y Sigmund

Compré ambos, pero el libro de las cartas fue el que más me llamó la atención por un par de motivos: No esperaba encontrarme con un epistolario romántico perteneciente a Freud; el título tan sencillo pero a la vez atractivo y no menos importante, la portada del libro. En ella podemos ver a los futuros esposos: Martha luce formal, con una mirada fija y seria, a pesar de ser una jovencita. Y luego está Freud, también jovencí­simo, muy diferente al clásico retrato que la mayorí­a de nosotros tenemos en la mente, su cabello está más poblado y no peina canas, su barba es más frondosa, y lo más resaltante, su mirada es muy diferente a la que tiene en el semblante duro y casi amargo, de su más famoso retrato. Se puede ver cierta inocencia aun no arrebatada, en unos ojos inspirados, llenos de vitalidad, centrados en las grandes metas que el joven se proponí­a. También son los ojos de alguien que tiene la seguridad que brinda el saberse amado por la mujer amada.

La fotografí­a original

Las cartas compiladas, desarrollan todo lo que les he descrito. En ellas podemos ver a Freud sembrando las semillas de sus objetivos, no solo en lo sentimental como te harí­a pensar el título del libro, sino también en lo profesional, en lo económico, en lo social, etc. Pero todo compartido con su amada novia, y casi todo motivado por el amor. Pues el amor, quizás es el motor más fuerte de todos (sin duda alguna, el más bello).

En el contenido de las misivas pude ver que Freud era un romántico sin remedio, lo que me sorprendió pues no me imaginaba que alguien con su reputación hubiera sido así. Y ni que decir sobre su teorí­a sexual, que no es un estudio «muy sensible» por así decirlo, por supuesto que tampoco pretendía serlo.

Después de todo, el doctor terminó siendo como casi todo hombre, alguien que cuando está enamorado, se da el permiso de perder el seso, aunque sea un poco. En su caso, nos da distintos resultados, unos con calidad artí­stica, unos conmovedores y otros inquietantes; que hicieron preguntarme qué hubiera ocurrido si Sigmund Freud se hubiera dedicado al verso o a la prosa, en lugar de la labor académica. Aquí les comparto unas lí­neas notables:

Empecemos con fuerza

«Yo me sentaré en la silla redonda y hablaremos de nuestro futuro, cuando ya no exista diferencia entre el día y la noche, y cuando ni las molestias ajenas, ni las despedidas, puedan ya volver a separarnos». (Freud, 2017, p. 20)

«Hoy no te dejarí­a separarte de mi lado aunque cayera sobre mí­ la mayor maldición y tuviese que cargar su peso sobre mis espaldas y no te olvides del desdichado al que hiciste tan increí­blemente feliz». (p. 22)

«Marty, ¿te aburre, que te hable de estas cosas? Estoy seguro que no. Eres tan buena y, entre nosotros, escribes con tanta inteligencia y eficacia, que me das un poco de miedo. Todo esto contribuye a demostrar una vez más la superioridad de la mujer sobre el hombre. Y no tengo nada que perder en este aspecto». (p. 46)

En efecto, todo un romántico

«Si supieras cuántas locuras se alborotan dentro de mí­ a cada momento… No obstante, trataré de llegar hasta a ti con la necesaria cordura». (p. 25)

«Me siento alegre hoy sin otra razón que la que me proporciona tu carta, y me gustarí­a oí­rte hablar y cerrarte la boca de cuando en cuando con un beso». (p. 58)

«Necesito el alivio y la expansión de tenerte nuevamente en mis brazos con la misma continuidad con que preciso beber y alimentarme». (p. 66)

Una simpática manifestación de amor

«Y con tus cartas, el mundo se torna de nuevo cálido, alegre y fácil de comprender. Mi dulce amada, no eres una alucinación ni tienes que ser objeto de una experimentación quí­mica». (p. 48)

Pensando en el mañana con realismo y seriedad

«Solo me duele mi incapacidad para poder demostrarte mi amor, pero mientras mantengas la fe en mí­ y me ames, y sé que en ambas cosas eres honesta, no hay duda que nos llevaremos bien y seremos capaces de gozar tiempos mejores». (p. 32)

«Hay gente que sólo sabe, seguir su senda en circunstancias favorables. Nosotros, tú y yo, miraremos hacia adelante y aunque estemos separados y no nos acompañe la suerte». (p. 52)

No todo son maravillas, aquí un momento de crisis

«Querida, ¿es posible que sólo seas afectuosa en verano y que en invierno te congeles? Siéntate y contéstame sobre esto inmediatamente, pues aún estoy a tiempo de salir y buscarme una novia para los inviernos». (p. 83)

Y ante las pruebas; el consuelo y la esperanza

«Por el contario, me sentiré feliz prescindiendo de lo trivial, de lo incierto y de lo ambiguo, para elegir algo tan digno, estimulante y fructí­fero como el compartir mi vida contigo». (p. 63)

«¿Te das cuenta de toda la clases de limitaciones que amenaza a la felicidad humana y que sólo con pensar en esto nos sentimos desdichados? Mantengámonos unidos y así podremos ayudar a las personas queridas». (p. 97)

Estas lí­neas expuestas, y seguramente muchí­simas de las mil quinientas cartas escritas, son testimonio del amor de Freud por su mujer. Lamentablemente, hay espinas en los caminos de rosas, y este matrimonio, puede que haya tenido una espina muy dolorosa. El fantasma de la infidelidad, acecha esta historia de amor; la duda y sospecha de que Sigmund haya engañado a Martha hiere todo lo construido por ambos. ¿Estos rumores empezados por Carl Jung -otro referente de la Psicologí­a y antiguo discí­pulo- habán sido ciertos? Los estudiosos de Freud todaví­a lo debaten, lo innegable es que la pareja jamás se separó y fueron esposos hasta la tágica muerte del doctor.

Quizás nunca ocurrió nada; quizás Martha, en un acto de virtud o resignación, perdonó la infidelidad, no lo sé. Sigmund Freud fue un hombre apasionado y no se puede decir exactamente cuan grave fue el daño de las llamas de sus pulsiones, tanto a sí­ mismo como a sus seres queridos y su alrededor. No podemos leer los corazones de la gente, pero sí­ podemos aprender de los aciertos de otros, así mismo podemos prevenirnos de cometer los errores de otros; para dirigir rectamente nuestra propia historia.

Escribamos cartas de amor con puño y letra, y con nuestras vidas.   

Fuente: Freud, S. (2017). Cartas de amor. Barcelona: Olmak Trade S.L.


El amor a la luz de Eric Fromm y Marco Aurelio Denegri

Resumen

Ya que hablar de amor es algo prácticamente inagotable, en este pequeño artí­culo, vamos a concentrarnos en algunas de las ideas más resaltantes de la cosecha de Fromm y Denegri. Empezando por los tipos de amor de Fromm, luego por las formas del amor compartidas por Dengri, seguidamente de un rápido análisis lingüístico de la palabra amor, para concluir con unas reflexiones personales.

Palabras clave: Amor, amare, diligere, propósito, humanidad

«El jardí­n del Amor» de Pedro Pablo Rubens

Fromm y el amor

Eric Fromm

Eric Seligmann Fromm (1900-1980), fue un psicoanalista, psicólogo social y filósofo humanista nacido en Alemania. Fue uno de los que renovaron el psicoanálisis en el Siglo XX.

Fromm (según Giardini et al., 2017, p. 105) nos dice que el amor es un acto social. El hombre que quiere ser libre y autónomo, debe abrirse al encuentro con los demás. Amar es juntar el tú con el «yo», esto hace que la identidad e integridad de la persona  que ama y la que es amada, se enriquezcan.

Entonces podemos ver al amor como la guí­a que hace que el hombre alcance su plenitud. Nuestro amar no debe reducirse a un cí­rculo pequeño e í­ntimo (si bien este cí­rculo es muy valioso para cada uno y no hay nada malo en amarlo con fervor), sino que debe ampliarse a toda la sociedad. Compartir y confraternizar con distintos grados y formas de amar, dirigidos a un solo propósito, darle sentido a la existencia del ser. El amor es un movilizador, que pone en marcha la voluntad y el alma.

  • Los rostros del amor
    • Así es como Fromm (según Giardini et al., 2017, p. 106), nos muestra los diferentes rostros del amor, con diferentes caracterí­sticas con respecto a lo que es amar. No son caretas del amor, son diferentes actitudes inmanentes a la capacidad de amar. El amor no es unidireccional es un cí­rculo virtuoso que da y genera más amor.
    • Según Fromm (1984, p. 56), el hombre posee la necesidad de trascender su propia naturaleza humana, el hombre no busca ser solo criatura sino también creador. Lo mejor que podemos crear es amor y el amor materno (Fromm, 1984, p. 54 y 55) es un ejemplo completí­simo de ello. Crear una vida que seá capaz de amar, que la madre esta dispuesta a entregarse toda ella a su bebé, que no es capaz de retribuir esa donación proporcionalmente, es una manifestación del amor circular virtuoso del que hablamos anteriormente. Un recto amor de madre prepara al hijo para la misión de amar y repartir más amor a la humanidad. El sentimiento -o dirí­a yo, virtud- de un amor puro y desinteresado es el verdadero aliciente para el hijo de una madre y posteriormente, para el prójimo del hombre.
    • Mientras Fromm habla del amor fraternal, universal para la humanidad, que «por él se entiende el sentido de cuidado, respeto y conocimiento con respecto a cualquier ser humano» (1984, p. 52). también menciona un amor exclusivo que no desentona con el anterior, hablamos del amor erótico (según Giardini et al., 2017, p. 108), que restringe a quien se ama según el deseo sexual pero que abre paso al amor respetuoso, atento, responsable y conocedor de la persona amada. El deseo sexual llevado con rectitud, puede abrir la puerta al amor a la propia esencia del ser a quien se ama, es decir, no ama solo su superficie sino también su alma, sus profundidades en un todo que no excluye nada de su identidad. Este amor está libre de la fugacidad y lo banal.
    • Fromm también nos habla del amor a uno mismo (Giardini et al., 2017, p. 109). Uno debe amar su propia naturaleza y su propia esencia, para poder amar a los demás. Tener deseos y buscar nuestra propia felicidad no es malo en lo absoluto, el error se encuentra en la corrupción de estos intereses, esto es el egoí­smo que ya no busca amarse a sí­ mismo para entrar en comunión con los demás, sino que nos encierra; estanca y embrutece. Que uno se vea reflejado en la humanidad y ame al otro como a sí­ mismo, es un paso más a la solución de la cuestión acerca de la existencia humana. El amor brinda significado y valor al hombre, tanto como individuo y como parte de la humanidad.
    • Fromm va incluso más allá de ello y nos presenta el amor a Dios (Giardini et al., 2017, p. 111), este amor se vislumbra a partir de nuestra existencia limitada, y la conciencia de lo corta que es nuestra duración en el mundo. Cuando hablamos del amor a Dios hablamos del amor y el anhelo de lo eterno, no porque Dios nos entregue cosas o haga esto o aquello sino porque lo amamos a él mismo, que nos ama infinitamente. El amor a Dios por el hombre y el amor del hombre a Dios, no deben separarse. No obstante el amor de Dios por el hombre nunca desfallece aún si el hombre no dirija su amor hacia él. Es el hombre consciente de su caducidad y sus propios lí­mites, el que es capaz de un recto amor por Dios (quien encarna los principios de verdad, justicia y amor, tan buscados por la humanidad).

Toda esta variedad del amor, le da complejidad y hondura. Trabajar con este es un arte; el mismo amor es un arte y Fromm no se equivoca en catalogarlo como tal. Como todo arte, se debe cultivar con atención y cuidado, durante toda la vida. Buscar la belleza del amor y el conocimiento de uno mismo son cimientos fortí­simos para la vida del ser humano que con este apoyo puede combatir la soledad al mismo tiempo que consigue su libertad.

Denegri y el amor

Marco Aurelio Denegri

Marco Aurelio Denegri Santagadea (1938-2018) fue un destacado intelectual peruano. Hasta los últimos años de su vida se preocupó por preservar y difundir la cultura. él fue poseedor de un extenso y profundo conocimiento en muchí­simas disciplinas del saber humano.

Denegri (2015), nos comparte que el psicoanalista Theodor Reik, sostiene que cuando nacemos, somos tan capaces de amar como de leer, es decir, somos incapaces, por supuesto que eso se corrige con el tiempo y aprendemos a leer y amar. Dice Reik que para aprender a amar correctamente, para desenvolverlo y darle fruición debemos ser amados.

La capacidad del amar, afirma Denegri, se ve afectada por dicho factor. Y la intensidad y magnitud variaran dependiendo de la persona. Poder amar nos corresponde a todos, pero no se desenvuelve en todos de la misma manera. Cada individuo amaá de manera diferente, grande, pequeña, o quizá no ame casi nada. En este sentido el amor es un reflejo de nuestra personalidad. Es necesario desarrollar nuestra personalidad para poder desarrollar nuestra capacidad de amar y no quedarnos cortos, con poco o nada que ofrecer. Denegri habla de esta carencia como una indigencia y nos explica el uso de la palabra:

«El indigente, en tal sentido, es el pobre; pero a lo que yo me refiero, cuando digo indigente, es al ser humano carente de contenido, que no tiene intereses, ni inquietudes, ni valores, ni desarrollo; que ignora la expansión mental y desconoce la riqueza espiritual» (Denegri, 2014, p. 53)

Y concluye Denegri (2006, p. 31): «Esto quiere decir que el amor sin el conocimiento, si el conocimiento particularmente de uno mismo, es manco. Ya Bettelheim lo ha dicho: con el amor no basta«.

San Agustí­n de Hipona
  • Dos maneras de amar
    • Denegri (2018) nos da noticia que en el idioma latí­n, se diferencian dos verbos relacionados con el amor. Amare (amar; verbo admitido en el lexicón oficial del idioma español) y diligere (diligir; no admitido, aunque palabras como diligencia o diligente sí­ lo están). Es un gran vací­o que el español y otros idiomas solo admitan el verbo amar, pues admitir los dos verbos seá un gran facilitador para el entendimiento del amor.
    • Continuando con la idea, Denegrí­ (2016) nos explica que la muy famosa frase de San Agustí­n: «Ama, y haz lo que quieras«, si es leí­da en latí­n dice «Dilige, et quod vis fac«. Nos damos cuenta entonces, que una traducción más certera serí­a «Dilige, y haz lo que quieras«. Denegri también nos comenta que, en la Vulgata latina de San Jerónimo (la traducción al latí­n de la Biblia), el verbo amare se usa 51 veces pero diligere (y sus derivados) se usa 465 veces. La razón es muy simple, diligere calza mucho mejor con la concepción del amor predicado en la Biblia.
    • Agrega Denegri (2015) que amare es adhesivo, es el amor que desea, que se pega al otro, que busca posesión, carnal y pasional. Pero esto no significa que este amor sea malo, en un recto sentido, el interés propio, puede ser bien llevado a cabo, sin cosificar al ser amado. Y por otro lado, diligere es reflexivo, es el amor diligente, atento, responsable, y desinteresado, que busca al otro por su bien, por su desarrollo en valores y crecimiento espiritual. Hablamos de un amor tierno y puro, totalmente desinteresado.

Denegri (2015), sostiene que los antiguos Santos Padres de la Iglesia, hablaban del amor de concupiscencia y el amor de benevolencia. La concupiscencia es el deseo de bienes terrenos y la apetencia incoercible de placeres mundanos, es una corrupción del amor. Mientras que el amor de benevolencia es el mismo amor que se propone en la concepción de diligere, es decir, el amor desinteresado y virtuoso.

Tal y como sugiere Denegri, haciendo esta diferenciación lingüística, podremos comprender mucho mejor las ramificaciones del amor y distinguir al que esta guiado por la virtud y al que esta guiado por las pulsiones. también nos daremos cuenta con que tipo de amor estaremos actuando en nuestro día a día.

Podría decirse que, diligere debe darle recto sentido al amare, en especial cuando se trata de relaciones de pareja y aún más cuando se trata de parejas jóvenes. El fuego y pasión de una relación amorosa, debe ordenarse lo mejor que se pueda, para que el fuego no se apague rápidamente y para que no lastime a la pareja amada. Cuando amare quede debilitado y pequeño a causa del inevitable paso del tiempo, lo sostendrá diligere, que permanecer fuerte e íntegro.

Conclusiones

Nos hemos dado cuenta que Fromm y Denegri coinciden en muchos aspectos interpretados a su propio modo, el primero, concibiendo sus propias ideas y el segundo, brindando certeras reflexiones de los postulados de grandes figuras del mundo académico. Tales como, la universalidad del amor, el esfuerzo que conlleva amar, los distintos destinatarios del amor o la naturaleza trascendente del amor que va más allá del propio ser humano.

Podemos afirmar que los dos autores se complementan, Fromm hace énfasis en la variación del amor dentro del orden abstracto y psicológico; Denegri no olvida mencionar que nuestra capacidad de amar se verá afectada en mayor o menor medida, por nuestro contexto sociocultural. también nos ilumina con un análisis lingüístico de la palabra amor (regresando a sus raíces en el latí­n). Y ambos autores, hacen un gran énfasis en el autoconocimiento. Todo esto nos ayuda a aproximarnos al entendimiento de una cuestión tan compleja -y quizás, casi inexplicable- como el amor.

El tema da para mucho más y no duden de que revisitaremos la fructí­fera obra de Fromm y Denegri, en futuras entradas. Los dejo con un vídeo que contribuyó mucho a la inspiración de estas lí­neas.

https://www.facebook.com/watch/?v=1794972160538926

Referencias

  • Denegri. M. A. (2006). De esto y aquello. Lima: Universidad Ricardo Palma.
  • Denegri. M. A. (2014). Polimatí­a. Lima: Fondo editorial de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega.
  • Denegri, M. A. (23 de marzo del 2015). La necesidad de ser amado. El Comercio. Recuperado de https://elcomercio.pe/opinion/columnistas/necesidad-amado-marco-aurelio-denegri-345451-noticia/
  • Denegri, M. A. (4 de enero del 2016). Propercio y el amor. El Comercio. Recuperado de https://elcomercio.pe/opinion/columnistas/propercio-amor-marco-aurelio-denegri-259252-noticia/
  • Fromm, E. (1984). El arte de amar. Buenos Aires: Editorial Paidos.
  • Giardini, A.; Baiardini, I.;Cacciola, B.; Maffoni, M.; Ranzini, L. y Sicuro, F. (2017). Comprende la Psicologí­a. Eric Fromm: El divulgador de la Psicologí­a social. Barcelona: Editorial Salvat, S.L.
  • TV Perú. [TvPeruOficial]. (2018, mayo 14). La palabra: Amar y diligir [Archivo de video]. Recuperado de: https://www.facebook.com/watch/?v=1794972160538926