Las psicólogas también lloran

Gran parte de los pacientes que acuden a pedir ayuda psicológica tienen como expectativa “no estar tristes”, y muchos al verme sentada como toda una profesional tendrán pensamientos reflejados en frases como “seguro su vida es perfecta”, “debe saber manejar sus emociones”, “mi psicóloga nunca está triste”, etc.  Y aquí vengo a responderles desde una línea horizontal que no, yo también lloro, tengo días en que siento que la tristeza me invade y me inhabilita, y que muchas veces me encierro en mi baño, me meto una lloradita intensa y luego veo las cosas con mayor luz.

“Ya no llores”, “no estés triste”, “pero tú eres fuerte”, “hay que salir para que se te pase”. Seguro que, a lo largo de la vida, nos han dicho estas mismas frases montones de veces, y nosotros se las hemos dicho a otros. Vivimos en una cultura de idealizar el bienestar que aborrece todo lo que no sea la felicidad y el placer inmediato, y que, incluso, ha terminado por llamar negativas a todas las emociones donde no se experimente dicho placer. Es más, no solo rechazamos nuestro propio dolor, sino que nos aterra y nos incomoda verlo en los demás, de ahí el recurrir a frases rápidas y aprendidas de memoria como las de arriba. Necesitamos que el otro deje de llorar porque no nos gusta el sufrimiento de ningún tipo, ni siquiera el empático —aunque no sea propio—, y casi sin pensarlo, como un resorte, le decimos que él puede con eso y con más. No podemos juzgar a las personas que nos han visto tristes por no saber lidiar con nuestra tristeza, lo más probable es que tampoco ellos sepan manejar la suya.

Los medios nos bombardean con las sensaciones placenteras, hemos de ser atractivos, exitosos, amados, divertidos, alegres y «siempre felices»; pero ser feliz eternamente es sencillamente imposible para una persona, y tratar de lograrlo constantemente, agotador. No es posible sentir felicidad siempre, de la misma manera en que no es posible sentir permanentemente una misma emoción, por ejemplo, el asco; porque la maravillosa complejidad del ser humano radica en nuestro cambio constante de emociones, no en seleccionar una y experimentarla sin descanso.

Como dato curioso y trágico de la influencia de los medios, hay aldeas en África donde los padres de familia se gastan el poco dinero que tienen en comprar Coca Cola a sus hijos, para que crezcan alegres y vitales como los niños de los anuncios; y aunque esto solo les traiga desnutrición y perder dientes, siguen comprándola para lograr lo prometido. Hay personas que combaten su sufrimiento comprando artículos cuyos anuncios muestran gente feliz, y personas que solo adquieren productos en los que hay escritas frases positivas para no permitirse que decaiga el ánimo.

¿Pero la tristeza tan mala es?

Ciertamente, ni es buena ni es mala; como toda emoción, cumple una función necesaria. La tristeza reduce la actividad, a la vez que disminuye la atención en el mundo externo para focalizarla en el mundo interno. Esto favorece el auto-diálogo, la reflexión y el análisis, necesarios tras una pérdida o fracaso. Además, esta paralización facilita la restauración de energía después de épocas de mucho desgaste. Otra de sus funciones es procurarnos la ayuda de los demás, ya que despierta la cercanía y la atención de los otros, o el apaciguamiento de las reacciones de agresión, que se reducen al ver a la persona triste.

¿Y por qué es tan importante conocerla? Porque, así como cuando otras personas no saben lidiar con su tristeza (o con cualquier emoción desagradable) y terminan por decirnos cosas que no nos gustan o no nos funcionan, pues, si tu no la sabes manejar, evidentemente, tampoco vas a poder acompañar a otros de una forma adecuada.

Hemos pasado, de generación en generación, formas de llevarla que no nos fueron funcionales; todo lo que sabíamos antes está resultando obsoleto para la forma en que vivimos la tristeza hoy en día. No solo tenemos la responsabilidad de crear nuevos recursos emocionales para las nuevas generaciones, para llevarla mejor, sino que nosotros mismos también los necesitamos. Desde que somos pequeños nos invalidan esa emoción, cada vez que nos pasa algo se nos dice “no pasa nada”, o el clásico “los niños buenos no lloran”. Igualmente, ocurre cuando vamos creciendo y enfrentándonos a distintos grados de tristeza, como un suspenso, el primer corazón roto en la adolescencia, perder al abuelo… A menudo tratamos de demostrarles que la vida sigue igual, que el dolor no nos va a parar, y es también con nuestro propio ejemplo, como de nuevo aprenden a invalidar esta emoción. Cuando sean mayores, muchos se unirán al club de los adultos con problemas depresivos que no se explican cómo pueden ser tan débiles, si lo tienen «todo».

¿Qué debo hacer entonces?

Lo primero que tenemos que hacer es dejar de ver a la tristeza como algo malo, si la pasas mal cuando te sientes triste, es porque no sabes atravesar esa emoción de la forma adecuada;  no quiero que se malinterprete y que, cuando tenga algún bajón emocional diga: “ay que lindo la paso cuando me pongo triste”, sino que no sea muy incómodo, porque no está bien estar peleados con ninguna emoción, todo eso puede solucionarse cuando aprendemos a conocernos en ese estado; como cuando tienes que hacer cola en el banco y sabes que va ser aburrido, entonces llevas tus audífonos con tu playlist favorita para que se haga mas llevadero. De igual forma, tenemos que hacerle frente a la tristeza, y si no te gusta sentirla, pues te tengo una mala noticia: la vas a sentir toda la vida en distintos momentos, no para siempre ni para toda la vida, pero la tristeza es nuestra fiel amiga. Entonces evadirla o ponerle un curita a la herida no va a evitar que te desangres, y llevarte mal con ella es una crónica de muerte anunciada porque significa que cada vez que la sientas va a ser una pesadilla.

En segundo lugar, debemos empezar a crear recursos emocionales, ¿y qué son? Los recursos emocionales son las habilidades que tenemos para poder enfrentar y sobrellevar emociones incómodas. Se dice que las grandes obras maestras, como los poemas de Pablo Neruda, las canciones de Romeo, las pintura de Van Gogh, y los grandes eventos de la vida, tienen cómo esencia la tristeza, todas parten de ahí. Escribir, dibujar, y contar lo que se siente pueden ser herramientas para empezar a manejarla. Así como cuando hacemos catarsis con otras personas, encontramos refugio y consuelo en sus palabras; en nosotros mismos, deberíamos encontrar un hogar seguro, como un castillo con todos los lujos para poder atravesar tranquilos esta emoción. Y está bien si cuando estas cruzándote con ella, te quieres quedar metido en tu habitación sin hablar con nadie, si quieres llorar un día entero escuchando esas canciones que traen recuerdos o abren heridas, o si quieres salir de fiesta todos los días, mientras sepas lo que funciona para ti.

Ello debe ser seguido por la búsqueda de referentes. Alguien alguna vez ya se sintió como tú, probablemente ya lo sobrellevaron antes que tú de formas que puedan funcionarte. Por eso, cuando viene a visitarte la tristeza, es bueno que puedas apoyarte en otras personas, en libros, o canciones. Infórmate, busca las cosas que te daban felicidad antes de este encuentro y hagamos el esfuerzo de retomarlas, conócete en la tristeza, puede que sea una herramienta con la cual podamos enseñar a las otras personas a transitar por esta emoción en paz. Para finalizar este artículo, quiero dejarte algunas ideas útiles para acompañar a alguien cuando se siente afligido:

  • Preguntemos, ¿qué puedo hacer por ti? A veces no sabemos cómo ayudar y está bien no saber, es mucho mejor que le demos espacio a esa persona y que nos comunique cómo ser de ayuda.
  • ¿Quieres estar sola o quieres compañía? Si nos responde que quiere estar sola, hay que respetar su decisión, dándole la seguridad de que estaremos ahí ante cualquier mensaje o llamada. Si indica querer compañía, podemos preguntarle si quiere hablar de lo que está pasando o si necesita que le ayudemos a distraerse.

Recuerda no preocuparte tanto por lo que vas a decir o por brindar las soluciones para aliviar el malestar; presta más atención en escuchar; en estar presente; pregunta; ofrece ayuda y compañía; y eso va ser suficiente. Tenemos la inclinación a sentirnos con cierta responsabilidad de arreglar a la otra persona como si el estar triste fuera algo como estar enfermo o descompuesto, y no es así, es mucho más significativo acompañar. Así como hemos aprendido que es importante sentir la tristeza y no evadirla; es de igual importancia para los demás que se permitan experimentarla de forma segura, sin juicios, ni apuro. Si podemos aprender algo de la tristeza, me gustaría decir que es una herramienta; a mí me ha servido muchas veces para crear, replantear mi vida, amarme un poco más. Cuando tocas fondo sé que es doloroso y se siente interminable, pero eres consciente de que no puedes ir mas abajo y que en algún momento vamos a tener que subir; entonces no le tengamos miedo a la tristeza y aprendamos a pedir ayuda cuando sabemos que ya no podemos por nuestra propia cuenta; es más fácil transitarla con una red de apoyo.

¿Inmadurez o TDAH en adultos?

Iremos directo al punto en este tema, para la tranquilidad de las personas que crean que tienen el trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH), o en el caso de que tengan la sospecha de que lo tenga algún familiar o conocido. Como bien sabemos, esto es solo una guía, pues el correcto diagnóstico se hace con apoyo profesional.

Hay muchas personas que tienen más problemas que otros para adaptarse a los múltiples requerimientos que, actualmente, pide la sociedad con el propósito de considerarnos “eficientes y eficaces”. Especialmente cuando se presenta inatención, impulsividad, pereza constante, movimientos acelerados en extremidades, etc., será oportuno leer el artículo.

Veamos el caso de Angela: ella habla sobre su hermano:

“Emmanuel es un joven de 24 años, apenas puede hacer un quehacer del hogar y demora en ello, como si estuviera distraído todo el tiempo, creo que lo hace a propósito”.

“El otro día, le conté un problema que estaba pasando en mi trabajo y no me dijo nada, no escuchó nada de lo que le dije, es un egoísta”.

“Emmanuel no tiene constancia para trabajar, para metido en su cuarto por horas mirando la televisión, definitivamente es inmaduro”.

En este caso podremos entender la molestia de Angela, si su hermano fuera una persona libre de trastornos diagnosticados sería válido atribuirle inmadurez, pero no el caso, Emmanuel tiene TDAH.

Ilustración no. 1

No se estableció clínicamente la existencia del TDAH adulto hasta el 2014. Eso hizo muy difícil que un profesional pudiera contemplar la existencia del trastorno en dicha etapa de la vida; y que los infantes y adolescentes que habían sido diagnosticados se descolgaran de la sanidad pública, sin obtener un seguimiento en la vida adulta (Top Doctors España, 2022).

Es importante recordar el listado de los criterios diagnósticos para el TDAH según el DSM-5. Incluyen nueve signos y síntomas de falta de atención y nueve signos y síntomas de hiperactividad e impulsividad. El diagnóstico con estos criterios requiere cinco o más síntomas y signos de un grupo o de otro. Además, se necesita que estos síntomas estén presentes durante un periodo mínimo de seis meses, que estén presentes desde antes de los 12 años de edad, que se den en al menos dos contextos de su vida (familiar, social, laboral, etc.), y que haya una interferencia clara en su funcionamiento cotidiano (Top Doctors España, 2022).

Criterios de hiperactividad/impulsividad

1. Mueve o retuerce nerviosamente las manos o los pies, o no se puede quedar quieto en una silla.

2. Tiene dificultad para permanecer sentado.

3. Corre o trepa de manera excesiva (agitación extrema en adultos).

4. Incapaz de jugar o de ocuparse tranquilamente en actividades recreativas.

5. Actúa como si lo impulsara un motor.

6. Habla en exceso.

7. Responde antes de que se haya terminado de formular las preguntas.

8. Dificultad para esperar o tomar turnos.

9. Interrumpe a los demás cuando están hablando.

Criterios de inatención

1. Falla en prestar la debida atención a los detalles o por descuido se cometen errores en las tareas escolares, en el trabajo o durante otras.

2. Tiene dificultades para mantener la atención en tareas o actividades.

3. Parece no escuchar cuando se le habla directamente.

4. No sigue las instrucciones y no termina las tareas escolares, los quehaceres o los deberes laborales.

5. Tiene dificultad para organizar tareas y tiempos.

6. Evita, le disgusta o se muestra poco entusiasta en iniciar tareas que requieren un esfuerzo mental.

7. Pierde cosas necesarias para tareas o actividades.

8. Se distrae con facilidad por estímulos externos (para adolescentes mayores y adultos, puede incluir pensamientos no relacionados).

9. Olvida las actividades cotidianas.

Ilustración no. 2

Como hemos podido apreciar el TDHA, a grandes rasgos se centra en una inatención en forma constante, y esto es el causante de llevar una vida desorganizada; por tanto, estas personas son más proclives a presentar adicciones, peleas en la calle, atrasos en estudios, despidos en trabajos, etc.

Debemos destacar que los individuos que lo padecen suelen ser muy inteligentes, por la forma en que fue constituido su cerebro, los hace pensar de manera diferente a los demás.

Son muy audaces, pueden asombrar con alguna cualidad artística; son muy graciosos, buenos para improvisar, por ejemplo; destacan en los deportes y cualquier actividad que requiera de una rigurosa minuciosidad; por su enfoque de atención magnificada, pueden ser buenos relojeros, buenos reparadores de celulares, etc.

Como ayudar a un adulto con TDAH:

  • Primero debemos empaparnos con toda la información a nuestro alcance, para estar más seguros de un posible diagnóstico.
  • Llevar al familiar a un psiquiatra, para que pueda determinarse con seguridad si posee dicho trastorno, y le brinde el tratamiento debido.
  • Las personas con TDAH, necesitan mucha contención por parte de la familia, pareja, y personas que entiendan su condición, para no juzgar. Ya que, cuando se hace esto, se pueden cerrar más en sí mismas, ser calladas y no comunicar ningún malestar durante mucho tiempo, haciendo la convivencia mucho más difícil.
  • Hacer entender al paciente que esto no es por su culpa, pues solo es una condición que se dio en su cerebro desde el nacimiento. De padres con TDAH, es probable que uno de cada cuatro hijos presenten el mismo trastorno.
  • Estas personas solo escuchan cuando verdaderamente se les habla con amor y con conceptos sencillos que puedan asimilar.
  • Hacer ejercicio con ellos, acompañarlos en sus actividades más difíciles, como trámites, colas, etc. puede ayudarlos mucho a sentirse más seguros.

La detección temprana de este trastorno ayudará mucho, es verdad que no necesariamente bajará la intensidad de los síntomas; pero sí se contribuirá a aprender a vivir con esta condición, y no dejar que afecte en otras esferas sociales del paciente, ya que el mismo podría ser muy autodestructivo.

ilustración nro 3

 ¿Porque no se focaliza la atención?:

Suena en mi cabeza lo siguiente: “No hay memoria sin atención”, es así como podría argumentar que, en los individuos con TDAH, su inatención es una protección para no tener recuerdos. Me parece interesante como ciertas áreas del cerebro pueden funcionar para lo que cada persona es capaz de soportar.

Aún continúan los estudios para saber con más certeza el origen del trastorno, pero por ahora solo podemos tener paciencia, amor y contención.

Referencias

Moya, I. [Top Doctors España]. (2022, septiembre 20). TDAH en adultos: «Existen muchas personas sin diagnosticar» – Entrevista Isabel Moya | Top Doctors [Archivo de video]. https://www.youtube.com/watch?v=2q835jtGXUk

Dependencia emocional y TLP

No todo es color de rosa…

En una relación de pareja, debe existir un espacio para crecer, cada quien por separado y en equipo, la cual debe basarse en los siguientes pilares básicos (Congost, s. f.):

  • Amor.
  • Confianza.
  • Respeto.
  • Aceptación.

Sin embargo, existe la dependencia emocional, que es un tipo de adicción hacia otra persona, usualmente generado en parejas; cuando una persona se encuentra en esta dependencia, va desarrollando la necesidad imperiosa del otro, en donde renuncia a su libertad e inicia un camino desagradable y de tortura en que cada litro de lágrimas es equivalente a un minuto falso de felicidad (Congost, s. f.). Es cuando un individuo permite que otros afecten sus sentimientos y emociones, pasan a depender de ellos para sentirse felices; esta acción impacta negativamente a la autoestima cuando está en formación, llegando a depender de terceros.

A continuación, se muestra una lista de características que presenta una persona con dependencia emocional:

  • La persona depende de un miedo constante de abandono.
  • Se siente inseguro y ansioso.
  • Tener presente un miedo de rechazo.
  • Tiene una necesidad incesante de seguridad.
  • Ve la verdadera felicidad como el depender de una pareja romántica.
  • No sabe cómo satisfacer sus necesidades emocionales de manera solitaria.
  • A veces, puede llegar a pensar que no vale la pena vivir sin su pareja.

Asimismo, la Asociación Psicoanalítica de Psiquiatría define el sentimiento de vacío (lo cual es muy marcado en personas con TLP), como:

Estado mental subjetivo caracterizado por un sentimiento doloroso de empobrecimiento de los propios sentimientos, fantasías y deseos, así como una falta de respuesta a estímulos externos o una mera respuesta automática. Convicciones, entusiasmo y la relación con los demás parecen perdidos y son reemplazados por sentimientos de inercia, aburrimiento y superficialidad. La persona que se queja de vacío, a menudo se siente cambiada, distinta a los demás, sin esperanza por una felicidad futura, incapaz de amar o preocuparse por los demás o responder apropiadamente al cariño y la atención. Los sentimientos de vacío pueden ser fugaces, periódicos, o, especialmente en algunos pacientes límite y narcisistas, pueden definir la propia experiencia subjetiva básica. El vacío aparece a menudo junto con depresión, aburrimiento y despersonalización; a veces puede parecer la totalidad de la experiencia, excluyendo dolorosamente cualquier otro sentimiento. (Moore y Fine, 1990, en Mora, 2022)

Dicho lo anterior, una persona con TLP tiene un miedo obsesivo de abandono, lucha con adoptar una adecuada regulación emocional, ve a su pareja como un objeto para satisfacer sus necesidades y sufre de sentimientos crónicos de vacío. Si alguien sufre de dependencia emocional, puede tener conversaciones negativas de manera interna, lo que contribuye a que se quede preso en ese ciclo contraproducente, y que pueda desarrollar afecciones crecientes de ansiedad y tristeza. Un requisito previo para el cambio es encontrarse a uno mismo, con amabilidad y aceptación; la crueldad interna solo mantiene a la persona atrapada, donde crea emociones desagradables.

Congost, S. (s. f.). Manual de dependencia emocional afectiva [Archivo PDF]. Psicopedia.org. http://www.psicopedia.org/http://www.psicopedia.org/wp-content/uploads/2014/02/GUIA-DEPENDENCIA+EMOCIONAL.pdf

Mora, N. P. (2022, 26 enero). El sentimiento de vacío en el Trastorno Límite de la Personalidad: construcción de un cuestionario sobre sentimiento de vacío en el TLP. https://www.academia.edu/es/69477798/El_sentimiento_de_vac%C3%ADo_en_el_Trastorno_L%C3%ADmite_de_la_Personalidad_construcci%C3%B3n_de_un_cuestionario_sobre_sentimiento_de_vac%C3%ADo_en_el_TLP

Jinetes de lo imposible: Madres (borderline). Simplemente madres

Para todas las mamás en días de cielo nocturno, 

en especial para Elva y Eve 

en admiración y agradecimiento, 

para Alma porque hago lo mejor que puedo, 

aunque no sea suficiente…

¿Qué es ser una buena madre? Y, ¿qué es no serlo?

Podría jurar, pensar o maldecir, pero ninguno de los multiuniversos/escenarios imaginarios servirán para definirla, porque toda o ninguna abarcaría en su complejidad lo difícil que es ser mamá y aún más siéndolo con TLP/DRE…

Creo que solo quiero permitirme ser real, espontánea (en este artículo y fuera de él), evidentemente responsable, no ser juzgada pero sí ser audaz, y lo suficientemente resuelta, astuta e inteligente para ser capaz de superar cada valla que se me atraviesa como al caballo o al jinete en las competencias. Pero en mi propia competencia, porque no estoy luchando contra nadie que no sea conmigo misma, que no sea con mi maternidad cargando a cuestas una condición médica, física, o un diagnóstico de patología mental osease la adversidad con la que salí sorteada. No compito con nadie… atravieso el fuego. 

Maternidad y TLP/ DRE (Desregulación Emocional)

Marco contextual: datos generales 

El Trastorno límite de la personalidad (TLP) se caracteriza por un patrón de relaciones intensas y ambivalentes, ira incontrolable, control deficiente de los impulsos, inestabilidad afectiva, trastornos cognitivos y de identidad, y conducta suicida recurrente. Es probable que las personas con TLP se enfrenten a una serie de resultados negativos, incluida una mala respuesta al tratamiento y malos resultados sociales, laborales y académicos (Bagge, Nickell, Stepp, Durrett, Jackson y Trull, 2004; Bender et al., 2001; Skodol et al, 2002). 

El día a día de las personas con este trastorno está plagado de altos niveles de miseria, que a menudo persiste incluso después de que remitan los síntomas de impulsividad y las conductas suicidas (Zanarini, Frankenburg, Hennen y Silk, 2003). En entornos clínicos, el 75% de los que tienen un diagnóstico de TLP son mujeres (Skodol y Bender, 2003), y se estima que hay más de seis millones de mujeres en los Estados Unidos diagnosticadas con TLP (Friedel, 2004). Es probable que haya un gran número de mujeres con TLP que también son madres, lo que, combinado con las amplias deficiencias funcionales asociadas con este trastorno, representa un problema de enorme preocupación pública. Por lo tanto, es algo sorprendente que los efectos del TLP materno en los resultados de los niños hayan sido el foco de poca atención empírica o esfuerzos de desarrollo de tratamientos. Dado que la crianza impacta tanto a la madre como al niño, creemos que, desarrollar una intervención de crianza específicamente para esta población de alto riesgo, es un esfuerzo particularmente importante.

En los estudios revisados, se postula que la madre tiene estrategias de crianza caracterizadas por oscilaciones entre la participación excesiva y la participación insuficiente. Vemos estas oscilaciones como extremas formas de inconsistencia. Tales como las que se presentan en prácticas de socialización de las emociones, así como en las estrategias de disciplina y vigilancia parecen contribuir al desarrollo del TLP (Bezirganian et al., 1993).

Enfoque de la crianza en TLP/DRE:

Los hijos de madres con TLP están en riesgo de problemas psicosociales. Los resultados y la transmisión de esta vulnerabilidad pueden deberse a ciertos déficits en las habilidades de crianza. No existen intervenciones diseñadas específicamente para madres con TLP y sus hijos; sin embargo, los autores han hecho recomendaciones generales a favor de las terapias de apego. (cf., Macfie, Fitzpatrick, Rivas y Cox, 2008).

Programas de psicoeducación familiar, para las personas con enfermedades mentales graves, han recibido un amplio apoyo empírico para reducir las tasas de recaída y la reducción del estrés familiar y carga (para una revisión ver Cohen et al., 2008). El impacto de la psicoeducación familiar para las personas con TLP ha sido inferior al de otras formas de enfermedad mental grave, especialmente esquizofrenia. Gunderson, Berkowitz y Ruiz-Sancho (1997) abogan por un enfoque psicoeducativo familiar.

Aproximación al tratamiento del TLP

El desarrollo de un programa piloto de Grupos Familiares Múltiples (MFG)  informó mejoras en la comunicación familiar y carga familiar después de seis meses de tratamiento. Ahí son tres los tratamientos que incluyen la psicoeducación familiar como uno de los componentes del modelo de tratamiento y han publicado al menos un artículo empírico sobre la efectividad de la intervención para familias con TLP: Familia Conexiones (FC; Fruzzetti & Hoffman, 2004), Sistemas de Capacitación para la Previsibilidad Emocional y la Resolución de Problemas (STEPPS; Blum, Pfohl, St. John, Monahan y Black, 2002), y Entrenamiento de Habilidades Familiares Multigrupales como parte de Terapia dialéctica conductual para adolescentes (Miller, Rathus y Linehan, 2006).

Para reflexionar…

En resumen, las vulnerabilidades genéticas y ambientales ponen en riesgo a los hijos de madres con TLP y psicopatología relacionada. Un contexto ambiental que puede conferir riesgo, es la crianza de los hijos. Las madres con BPD (Borderline Personality Disorder) pueden encontrar desafíos únicos de crianza, especialmente a la luz de la falta de eficacia que sienten como padres. La estrategia de crianza que sería más perjudicial para los hijos de madres con BPD puede ser oscilaciones entre formas extremas de control y pasividad, que dan poca consistencia a la experiencia del día a día del niño. Al abordar habilidades de crianza, esperamos ver mejoras en las interacciones entre padres e hijos, lo que conducirá a la reducción de la angustia de la madre y el niño. Con base en una minuciosa revisión de la literatura, podremos esbozar varios puntos para una intervención de crianza, a saber, psicoeducación, consistencia en la programación y el seguimiento, la coherencia en calidez y cuidado, así como la aplicación de estrategias de crianza basadas en la atención plena.

“Morir no duele mucho:

nos duele más la vida.

Pero el morir es cosa diferente,

tras la puerta escondida:

la costumbre del sur, cuando los pájaros

antes que el hielo venga,

van a un clima mejor. Nosotros somos

pájaros que se quedan:

los temblorosos junto al umbral campesino,

que la migaja buscan,

brindada avaramente, hasta que ya la nieve

piadosa hacia el hogar nos empuja las plumas”.

-Emily Dickinson-

Bibliografía: 

Cohen, P. (1996). Childhood risks for young adult symptoms of personality disorder: Method and substance. Multivariate Behavioral Research, 31, 121–148

Gunderson, J. G., Berkowitz, C., & Ruiz-Sancho, A. (1997). Families of borderline patients: A psychoeducational approach. Bulletin of the Menninger Clinic, 61, 446 – 457.

Linehan, M. M. (1993). Cognitive-behavioral treatment of borderline personality disorder. New York, NY: Guilford Press.

¿La soltería es un castigo? Parte II

Hoy desaprenderemos las experiencias pasadas y descubriremos cómo es el «ejercicio de la soltería», ese que no se juzga por la sociedad, ni por uno mismo, y que además, no se encadena a la memoria de una realidad ya lejana que no existe.

Hagamos un repaso leve, en la primera parte, encontramos las diferentes relaciones y formas de pensar de una serie de individuos, los cuales, gracias a sus trampas vitales buscaban en el otro un cobijo idóneo, un bunker anti-sentimientos para escapar de sensaciones nuevas. Al mismo tiempo, había otros atrincherados en la poderosa fantasía de que preferían la soledad porque así se evitaban inconvenientes; nada más lejos de la realidad, pues, la soledad y la fachada de mentiras que esta yergue ya los había embebido.

¿Por qué duele tanto separarnos?

Juguemos un poco con la imaginación. Identifica ese supermercado que tiene todo, carnes de primera, verduras frescas, frutas de temporada en excelente estado, electrodomésticos de última generación y con fascinantes cuotas de pago, al mismo tiempo, la atención es genuinamente agradable, pero, sin llegar a la servidumbre. Con semejantes instalaciones, ¿buscarías otro establecimiento comercial? Raras veces podemos decir que sí. Esto es lo que precisamente sucede con el amor borracho, donde se desborda la satisfacción por un solo elemento, porque ya la persona no existe, nuestra mente lo ha transformado en ese satisfactorio centro de placer, al que ya conocemos en días malos, el que podemos encontrar como refugio de lava en momentos cálidos y, por sobre todo, como ese techo que tras la tormenta de la cotidianidad nos da refugio. ¿A qué duele despegarse de esa idea?

Cuando distorsionamos el amor y lo volvemos un mecanismo de satisfacción plena, nos desdibujamos, nuestra existencia gira en torno a un eje que no es estable ni perennemente fiel, porque ningún ser humano está dispuesto a eso, a menos que así lo decida, y esa elección es diaria y a cada instante. ¨Pero, el humano necio y enjuto se empeña en creer que si será así y se intoxica con el «para toda la vida», borrando del horizonte el futuro cambiante.

Por estas razones, separarse es una quimera. Despegar al debilucho de la botella de agua por la que da su vida por un sorbo más, así sea de poca calidad es una cuestión que le rompe y destruye.

Entendiendo el cataclismo

Si enlistamos todos los apelativos o frases con los que se describe la soltería, de seguro acabaríamos mas tarde que temprano, sin embargo, vamos a mencionar algunos de la mano de Cañedo (2022):

  • «Dulce tesoro que esconde tranquilidad».
  • «Al fin tiempo para mí».
  • «Ya no dependo del amor de otro».
  • «Puedo seguir mis sueños».
  • «Ahora soy rica, soy soltera».
  • «En relación, pero con la libertad».
  • «Vivir bajo mis términos».

Detente. ¿No te parece curioso que estas ideas maravillosas no estén unidas a las de una pareja? ¿Qué clase de relaciones has tenido que crees que amar a otro implica adherencia y un falso sometimiento?

El sentimiento de declive es normal, en tanto podamos apreciarlo como una tristeza que envuelve el duelo de haber perdido una relación. Inclusive, te invito a hacer inventario sobre aquello que posiblemente sientes que ya no está:

  • Pérdida del sentimiento de cercanía.
  • Pérdida de un compañero a quién preguntarle cómo está.
  • Pérdida de una realidad en conjunto con alguien más.
  • Pérdida de identidad, no se quién soy.
  • Pérdida del amor, creer que ya no hay para nadie más.
  • Pérdida de la noción del sentido de vida: ¿Qué haré de mi vida ahora?
  • Pérdida de gusto sexual. Si no es con esa persona ya no tiene caso.
  • Pérdida del gusto por vivir.

Como vemos, el sentimiento de declive es total, arrasa con todo lo que la persona concibe como propio, resultando en una amarga realidad cuyas paredes estaban construidas en torno a otro. Por esto y más ideas distorsionadas, la soltería resulta un precio demasiado alto que muchas personas deciden no pagar, concibiendo este estado como un castigo.

Revisa las trampas de conejo, cuidado con caer en ellas

¿Qué hice de más? ¿Qué tanto diste que te desdibujaste y perdiste la esencia de quién eras?

¿Qué hice de menos? Hazte responsable de las actividades que dejaste de lado en pareja o en soledad y que pudieron significar un paso más hacia la insatisfacción.

¿Alguna vez culpé al otro sobre lo que sentía? Lo que surge de ti es cosa tuya. ¿Cómo pudiera algún otro repararlo, si es algo que es de tu entera responsabilidad?

Yo aguanto, yo me desdibujo, yo me sacrifico. Si consideras que amar es sufrir en cada paso de la construcción de la relación, el no tener por quién sufrir implica un dolor de cabeza más que un alivio, te adaptaste a la tristeza como forma de amar, y resulta que esto, no es amor.

Preguntas importantes: ¿Qué hago para reconstruir después del cataclismo?

Nilda Chiaraviglio en una de sus conferencias mencionaba, a grandes rasgos, lo siguiente: Cuando me separo y sufro, el dolor del rompimiento es natural, es una manifestación profunda de incomodidad, tristeza, muchas veces inclusive de frustración, pero, si esto se profundiza y estos embates perduran; entonces, ya no hablamos de dolor por la separación en sí, aquí, hablamos de nosotros mismos, profundizando en el dolor y regodeándonos en él sin querer (queriendo).

Partiendo de este punto, cabe preguntarse: ¿Sí yo amé así y este es el resultado cómo elijo amar ahora? Aquí, cabe acotar, que amar es un verbo que involucra acciones. Entonces, reflexiona: ¿Cuáles serán tus nuevas medidas para activar un amor sano y que provea bienestar en lugar de remover carencias?

Además, ¿cuál es el concepto de amor que voy a elegir para mi vida? Es decir, ¿cómo decidiré cuáles serán las pautas de amor que el otro establecerá conmigo?

¿Cómo amo? ¿Qué me gusta hacer? ¿Qué hago cuando digo que voy a amarte? ¿Qué cosas me harán reforzar la idea diaria de que el siguiente día lo quiero pasar contigo? Y, muy importante, ¿cómo me gustaría que me quieras?

Las relaciones se construyen, pero, antes de colocar los primeros cimientos con otros, construye en ti mismo la base que soportará los obstáculos que puedan presentarse, instruye en ti mismo el marco para navegar a puerto seguro cuando creas que el clima afuera es desfavorable. La tristeza, aunque ahora no lo veas, trae este regocijo que parece mínimo al inicio, y es el de tener un espacio reflexivo, un comodín antes del exterminio de toda esperanza, alzar la vista y querer vivir sabiendo que el dolor se disipará porque se están tomando acciones para ello.

¿Para qué sirve el dolor de no estar en una relación? Para enterarme que necesito reencontrarme y reaprender a sentir lo que significa tenerme para mi, de forma genuina y no por partes. Redescubrirme.

Carta a la soltería, lo que quiero escuchar y quiero saber y no me animo a preguntar

Referencias

Cañedo, C. (2022, 24 junio). 30 frases sobre la soltería que te inspirarán. Cosmopolitan. https://www.cosmopolitan.com/es/sexo-amor/amor-pareja/g38854642/mejores-frases-solteras/

Chiaraviglio, N. (2022). Link de video no disponible [Vídeo]. Conferencia privada derivada de la página web: https://www.nilda.com.mx/

El trauma y el cuerpo/La traición de Freud

Historia del trauma: Breve introducción

En los tiempos de Freud y Breuer, allá en 1895, cuando la psicología era considerada aún como “la cura de hablar”, se empezó a gestar lo que hoy conocemos dentro de la psicología clínica como psicoterapia o tratamiento psicológico, lo cual implicaba (más o menos) poner atención a las ideas, pensamientos, conductas, sentimientos y creencias sobre nosotros mismos y sobre nuestra vida. El trauma ha sido, sin duda una de los asuntos más controversiales de abordar, debido a su alta complejidad e incomprensión.

Para conocer las primeras conceptualizaciones sobre el trauma, remontémonos al Siglo XIX, cuando Freud junto a Pierre Janet empiezan sus estudios sobre los efectos del trauma en las mujeres, así, se devela que muchas de ellas tenían en común eventos traumáticos en la niñez. La llamada histeria femenina empezaba a tomar forma. Janet en Francia y Freud en Viena llegaron coincidentemente a resultados similares sobre el trauma y la histeria: 

“Tanto Janet como Freud reconocían que los síntomas somáticos de la histeria eran representaciones disfrazadas de acontecimientos intensamente perturbadores que habían sido borrados de la memoria”. Janet describió a sus pacientes histéricas como gobernadas por “ideas subconscientes fijas” derivadas de los recuerdos de hechos traumáticos. Breuer y Freud, en una recapitulación inmortal, escribieron que “las histéricas sufren principalmente de reminiscencias”. (Herman, 1997, pp. 32-33)

El ego por encima del dolor

Luego de tan valiosos descubrimientos, Freud, que ya era respetado y recibía aceptación de la burguesía de Viena, en 1886, se dio cuenta una y otra vez que, mientras más intentaba descubrir el origen de la histeria, más hechos sobre experiencias sexuales infantiles descubría. Freud escribió: “Por consiguiente, presento la tesis de que bajo cada caso de histeria hay una o más incidencias de experiencias sexuales prematuras”. Lamentablemente, cuando Freud escribió esto en un informe sobre 18 casos clínicos llamado: Etiología de la histeria, significó el fin de la investigación de toda un área clínica, ya que, tan solo un año después de haber publicado sus descubrimientos sobre el trauma femenino, y al caer en cuenta de que la histeria no desarrollaba solo en mujeres del proletariado sino también en mujeres de las “mejores familias” (en donde él radicaba principalmente), decidió retractarse ante la posibilidad de las fuertes repercusiones sociales que produciría su teoría, por lo que dejó de escuchar a sus pacientes, invalidando sus sentimientos de injusticia e indignación, centrándose en lo que ellas sentían sexualmente, para desarticular sus argumentos, tratando de atribuir forzosamente que ellas casi lo habían propiciado y deseado, concluyendo en poco tiempo que los relatos eran falsos: “Por fin me vi obligado a reconocer que estas escenas de seducción nunca habían tenido lugar y que tan solo eran fantasías que se habían inventado mis pacientes” (Herman, 1997). Dándole un final a todas las investigaciones sobre lo que las mujeres sufrían en ese momento y el descubrimiento del trauma infantil doméstico hasta esa época. “Freud creó el psicoanálisis sobre las ruinas de la teoría traumática de la histeria. La teoría psicológica dominante del siguiente siglo se basó sobre la negación de la realidad de las mujeres” (Herman, 1997).

Luego de saber un poco sobre la historia del trauma psicológico, es muy importante conocer los estudios pasados, sobre todo por las implicaciones clínicas, que hoy cobran vigencia, es por eso que el libro de Judith Herman, Trauma y Recuperación, es altamente recomendable porque en el que se recopila y analiza una amplia investigación en la que brinda al lector un detallado compilado de valiosa información sobre el trauma, sus orígenes y su impacto en nuestra sociedad, o como ella misma nos cuenta sobre su libro:

Es fruto de dos décadas de investigación y de trabajo clínico con víctimas de la violencia sexual y doméstica. También refleja una creciente experiencia con muchas otras personas traumatizadas, especialmente veteranos de guerra y víctimas de terror político. Este es un libro que habla de restaurar conexiones: entre el mundo público y el privado, entre el individuo y la comunidad, entre hombres y mujeres. Es un libro sobre puntos en común: entre supervivientes de violaciones y veteranos de guerra, entre mujeres maltratadas y prisioneros políticos, entre supervivientes de enormes campos de concentración creados por tiranos que gobiernan naciones y supervivientes de pequeños y escondidos campos de concentración creados por tiranos que gobiernan sus hogares (Herman, 1997).

«Sentir» el cuerpo:

Al seguir con la línea temporal sobre los estudios del trauma psicológico, apreciamos que no es sino hasta el estallido de las guerras mundiales que se empieza a investigar el trauma de forma “seria” y sin cuestionamientos, al mostrar los supervivientes de combate comportamientos traumáticos explícitos luego de regresar de la guerra, comportamientos que no discriminaban entre soldados comunes o héroes de guerra. Finalmente, el más reciente tipo de trauma es la violencia sexual y doméstica, que se ubica hasta hoy entre los más comunes, nos solo en adultos en situación vulnerable, sino también en niños. 

Respecto a Janet, olvidado o menos popular, continuó con las investigaciones sobre trauma y disociación. Gracias a la vehemencia de su trabajo, sus investigaciones han sido redescubiertas y se convirtió en uno de los pilares bajo el cual, se formularon muchos de los tratamientos para trabajar con personas traumatizadas en la actualidad.

El concepto de trauma viene del griego τραῦμα (traûma) que significa herida y  uno de los clínicos que dedicó su carrera a investigar sobre este tema fue el mencionado Pierre Janet: “Es un conjunto de ideas, recuerdos, representaciones de fuerte carga emocional, producto de un evento, que disocia la conciencia, queda relegada al subconsciente desde donde se generan diversos síntomas”, notemos que el trauma como dice el DSM-V puede derivar de eventos muy estresantes que pueden generar malestar psicológico intenso o prolongado y requiere la exposición a un evento que involucre la amenaza real o posible de muerte, como violencia o lesiones graves, en donde existe una gran posibilidad de activación si la persona vuelve a estar expuesta a factores internos o externos que simbolizan o se parecen al evento traumático vivido con anterioridad. Sin embargo, más que estudiar los eventos en sí mismos, se presta especial atención a los efectos derivados de la situación vivida, como por ejemplo los síntomas, dificultades y limitaciones de llevar una vida funcional con normalidad.

Por otro lado, si bien los tratamientos psicológicos han evolucionado mucho en las últimas décadas en cuanto a su efectividad clínica y adherencia al tratamiento, es curioso notar que hubo un inclinación por la terapia narrativa, aquella que se desarrolla de forma verbal, dándole énfasis al contenido más que a los procesos detrás o a la forma en la que el cuerpo se manifiesta; y con cuerpo me refiero al sistema nervioso responsable de mantenernos regulados y alertas para cuando sea necesario; en artículos pasados ya se ha hecho referencia sobre ello con referencia a la teoría polivagal:  https://warayana.com.pe/publicaciones/2021/11/09/un-agente-encubierto-el-sistema-autonomo-al-servicio-de-nuestra-seguridad/4

El enfoque en esta ocasión sería más referido a las terapias sensoriomotrices, en las que el cuerpo es el protagonista, sin dejar de lado las terapias narrativas que nos ayudan a esclarecer las hipótesis propuestas por los terapeutas en el tratamiento de personas con trauma.

Imaginémonos no poder sentir el cuerpo, es decir perder el sentido de la propiocepción, cerrar los ojos y no poder saber dónde estás las manos, rodillas o cabeza, aunque un evento raro, sucede; y le pasó a un trabajador en 1975, Ian Waterman, perdió la capacidad de sentirse a sí mismo debido a una infección muy mal tratada que se complicó, lo que implicaba que él tuvo que aprender a moverse desde cero, calcular la fuerza, sentir los pies al caminar, etc. No sentir el cuerpo nos expone, no solo a sufrir accidentes físicos, sino también a no saber cuándo estoy tenso, nervioso, irritado y en ocasiones a no sentir ni el dolor y ¿qué pasaría si esto sucediera también a causa del estrés, ansiedad, depresión, trauma y disociación? 

El trauma es un evento que manifiesta mucho de sus efectos a nivel físico, por eso diversos autores (Pat Ogden, Peter Levine, Dan Siegel, Onno van der Hart, Bessel van der Kolk, Judith Herman, etc.), durante sus carreras, experiencias clínicas e investigaciones han determinado que, para el trabajo con personas sobrevivientes de trauma es muy beneficioso incorporar la experiencia somática e investigar la relación del trauma vivido con sus cuerpos, ya que muchos de los daños recibidos son físicos, lo que produce una desconexión de las sensaciones corporales, previniendo la activación de recuerdos vívidos o flashbacks (Ogden, Minton y Pain, 2009).

No solo por las huellas mnémicas que quedan en el cuerpo es que se debe trabajar en él, sino también por aquellos intentos muchas veces fallidos de escape, defensa o huida que las víctimas emprendieron repetidas veces sin evitar que el maltrato o abuso suceda: 

La esencia de la traumatización es la indefensión más absoluta combinada con el abandono por parte de los cuidadores supuestamente protectores. Probablemente, el mejor modelo animal de este fenómeno sea el del “shock inevitable” en el que las criaturas son torturadas sin que puedan hacer nada por alterar el curso de los acontecimientos (Van der Kolk, Greenberg, Boyd y Cristal, 1985). Ello hace que se derrumben y dejen de esforzarse por luchar o huir. En el caso de los seres humanos, el mejor predictor de que algo revestirá características traumáticas parece ser la situación en la que la persona implicada ya no puede imaginar ninguna posible salida; cuando luchar o huir dejan de ser una opción y la persona se siente desbordada y desvalida. Como ya señalara Darwin: las emociones correspondientes al miedo, el asco, la rabia o la depresión son señales para comunicarles a los demás que retrocedan, desistan, se detengan o que les protejan. Cuando una persona queda traumatizada, dichas emociones no generan los resultados esperados: el depredador no retrocede, ni desiste, ni protege, y cualquiera de las acciones que emprenda la persona traumatizada no logra restablecer la sensación de seguridad (Ogden et. al, 2009).

Hay todo un modelo neurobiológico que sostiene que, aunque el tratamiento de la terapia sensoriomotriz (que muchas veces excluye el tacto del terapeuta hacia el paciente) se trabaje con el cuerpo, no quiere decir que sea necesario el contacto, por eso, en las ocasiones que el terapeuta decida hacerlo, tiene que existir un consentimiento informado al respecto (Ogden et. al, 2009).

También se hace hincapié en el proceso de integración de la información, ya que el trauma, al producir un shock emocional que entumece o congela a la víctima, las memorias se almacenan en el cerebro de manera difusa, existiendo mucha confusión de por medio, recordándose sensaciones, imágenes, sonidos, recuerdos más que palabras, por lo que a veces una intervención terapéutica centrado solo en la narrativa frustra el acceso de recuerdos narrativos y activa el sistema nervioso, en modo defensivo para evitar lo que el cerebro interpreta como nueva exposición al hecho traumático. A causa de ello, se recomienda que trabajar en conciencia plena, respiración y mindfulness con pacientes que hayan aprendido a controlar sus activaciones corporales con respecto a los recuerdos, y así, puedan disfrutar de los beneficios de prácticas como la meditación, que ayudan bastante a llevar la atención al cuerpo en el presente y en el ahora, y a evitar ser presas de los recuerdos intrusivos o flashbacks

Algunas patologías como la ansiedad y depresión (y sus niveles), serían un ejemplo claro que mostraría como el trauma se refleja no solo a nivel psicológico, si no también a nivel físico, pues, dichos trastornos, dañan el funcionamiento cotidiano de la persona al interrumpir con sus labores diarias, por lo que aprender a “sentir” el cuerpo para rehabilitar la homeostasis natural del sistema nervioso, sería de gran utilidad dentro del contexto de la práctica clínica más específicamente en la psicoterapia.

Referencias

  • Herman J. (2004). Trauma y recuperación: Cómo superar las consecuencias de la violencia.
  • Ogden P., Minton K., Pain C. (2009). El trauma y el cuerpo. España, EDITORIAL DESCLÉE DE BROUWER, S.A.
  • Van der Hart, et al., (2003, 2006). El YO atormentado. España, Editorial desclée de brouwer, S.A.
  • Van der Kolkl (2014). El cuerpo lleva la cuenta: Cerebro, mente y cuerpo en la superación del trauma. España, EDITORIAL ELEFTHERIA, S.L.

Datos importantes sobre la depresión

Depresión… «dolor en el alma”…

Hay todavía, una incógnita aún pendiente, ¿por qué habrá personas más susceptibles a la depresión que otras? Recordemos, estar deprimido no significa estar estancado, ser un fracasado, etc.; tomémoslo como personas que se dejan llevar demasiado por su sentir, un sentir mal encausado…

Diferencias entre la depresión mayor, distimia y trastorno bipolar:

Depresión mayor:

Las personas se sienten mayormente tristes, casi a toda hora del día, tienen cambios en su apetito, pueden comer demasiado o muy poco, tienen problemas de insomnio marcados, pensamientos sobre la muerte y suicidio, perdida de deseo sexual, desencanto por pasatiempos que antes los hacían sentirse bien, ganas de llorar de manera continua, agitación nerviosa, y ansiedad.

Se comete el gran error de que cuando el paciente presenta distimia o depresión leve no se trate el asunto de raíz, que en cuestión de semanas y con pronto diagnostico se podría solucionar¸ lo cual complica mucho el tratamiento y llega a convertirse en depresión mayor.

Distimia o depresión leve:

Si en el transcurso de dos semanas (por lo menos) tenemos los siguientes signos es probable que se tenga distimia. (Publications, 2009)

  • Cansancio o falta de energía.
  • Comer en exceso o falta de apetito.
  • Baja autoestima.
  • Problemas para concentrarse o tomar decisiones.

Es así pues, que un gran número de personas pasamos por la distimia frecuentemente, pero debemos verlo como un estado de alerta en que debemos despertar , abrir los ojos, y pensar en salir cuanto antes de allí.

Trastorno bipolar:

El trastorno bipolar siempre incluye uno o mas episodios de manía caracterizados por un excelente ánimo, sensación de omnipotencia y conducta errática. Con frecuencia también incluye periodos de depresión. Durante un episodio maniaco usted podría sentirse exageradamente alegre, comunicativo o irritado durante una semana o más. También podría experimentar al menos tres de los siguientes síntomas: (Publications, 2009)

  • Sensación de omnipotencia o autoestima exageradamente elevada.
  • Necesidad de dormir mucho menor de lo habitual.
  • Necesidad urgente de hablar.
  • Pensamientos acelerados y facilidad para distraerse.
  • Aumento de la actividad que puede orientarse a lograr una meta o expresarse como agitación.
  • Urgencia por la búsqueda de placer que puede canalizarse en desenfreno sexual, gastar dinero en exceso, con consecuencias desastrosas.

Es probable que entre un episodio y otro el paciente se sienta completamente normal durante meses e incluso años. O que tenga cambios rápidos en el estado de ánimo (lo que se conoce como “ciclo rápido”). El trastorno bipolar adopta muchas formas. Por ejemplo, los síntomas de la depresión y la manía pueden entremezclarse entre ciclos. O bien, también podría no presentar manía exagerada, sino que una versión mas leve conocida como hipomanía. Por lo general, el trastorno bipolar empieza en los primeros años de la adultez. Los índices de suicidio entre las personas con este trastorno son mayores que el promedio. (Publications, 2009)

Imagen 1: trastorno bipolar

Conciencia y depresión:

Parte de sanar es comprender nuestras heridas. ¿Pero si comprendemos, entonces, de dónde proviene todo el dolor que sentimos? El dolor es como una música penetrante que está constantemente en nuestro interior, podemos escucharla, aunque cueste y seguir el melodrama, lo cual es lo mejor. El dolor es una muralla echa para nuestra defensa, aunque suene contradictorio, nuestro cuerpo decide dormir más horas para protegernos de cierta manera, lloramos para darnos cuenta de algo, es así sencillo; porque después de cada tormenta podemos ver las cosas con claridad, aprender y tomar mejores decisiones. A raíz de todo esto, yo me quedo con el pensamiento de la magnífica escritora británica Virginia Woolf: “Me gusta que la gente sea infeliz, porque me gusta que tengan almas”.

Imagen 2: depresión.

Familia y depresión:

La familia, primer núcleo de encuentro que tiene el humano, es sin duda; el vehículo que vaciara todas las futuras emociones y respuestas de afrontamiento, en cada uno.

Por tanto, comprender que no solo basta con amor, para mantener a un nuevo ser; sino de un conjunto de estrategias para su satisfacción. Una persona antes de traer hijos al mundo, debe haber hecho todo lo posible por comprenderse, y lo más recomendable es que lo haya hecho con terapia, y haber curado heridas, haberlas, sobre todo, entendido y procesado para no cargar con estas limitaciones al próximo individuo en camino. Es algo que no se está acostumbrado a hacer (al menos en Latinoamérica), se ve como una ofensa contra la inteligencia y por lo mismo, hay tantos problemas en el matrimonio, con los miembros de la familia y la sociedad respectivamente. Aunque hay buenas noticias al respecto, cada día, se escucha (en la escuela, el trabajo, etc.) que los jóvenes ya no toman a la maternidad o paternidad como algo imprescindible en sus vidas, y sobre todo, están más conscientes de la gran responsabilidad que conlleva traer hijos al mundo; en la actualidad, se busca tener una realización personal y una estabilidad financiera (a pesar de todos los problemas económicos) antes de dar este paso.

imagen 3: familia y depresión

Referencias:

Publications, H. H. (2009). Entendiendo la Depresión. Santiago de Chile: Impact Media.

En busca de mi verdadero yo

Como seres humanos presentamos curiosidad por conocernos, en el artículo anterior se mencionó la esencia y el ego, lo que somos y lo que hemos creado a partir de las vivencias, cultura e influencias de nuestro entorno.

Muchos creen que con obtener riquezas materiales pueden ser quienes anhelan ser y que estas cosas valiosas harán de nosotros personas importantes, sin embargo, esto no es lo que realmente somos y como dijo Don Richard Riso en 1998, lo que realmente anhelan nuestros corazones es saber por qué y para qué estamos aquí. Pero pocas cosas en nuestra cultura nos impulsan a buscar respuestas para estas preguntas importantes.

Una excelente y poco conocida herramienta de autoconocimiento es el eneagrama, este es una figura geométrica que representa los 9 tipos de personalidad fundamentales de la naturaleza humana y sus interrelaciones, se trata de una representación visual de lo que somos y hacia qué nos inclinamos.

Para empezar el conocimiento de nosotros mismos es importante recalcar ciertos conceptos como identidad personal, autoconocimiento y autoestima. El equipo editorial etecé (2016), define la identidad como el conjunto de características que definen a un individuo y le permiten reconocerse a si mismo como alguien distinto y diferenciado de los demás.

Por otro lado, Navarro Suanes (2009) se refiere al autoconocimiento como la base de la autoestima, una capacidad de responder a la pregunta quién soy yo significa conocer nuestras fortalezas y debilidades. De igual modo, mencionan a la autoestima como la valoración de nuestro ser, así como un aspecto que determina nuestra manera de describirnos y moldear nuestra vida.

Estos conceptos nos ayudan a reconocer ciertos matices de lo que nos define, el eneagrama busca presentarnos a nosotros mismos de una manera sincera con la que podemos reconocernos transparentemente sin intención de ofensas.

Para poder interactuar con esta herramienta es importante sincerarnos y reconocer esas cosas que tal vez no nos gustan tanto de nosotros mismos, comprender nuestro tipo de personalidad y su dinámica con otros tipos nos ayudara a acceder a nuestro inconsciente y a las heridas que posiblemente no hemos curado todavía.

Descubrir nuestro verdadero yo nos mostrara la parte de nuestra personalidad que más nos hace caer, la cual solemos considerar innecesaria y contraproducente, esa que recae en nuestros comportamientos y nuestras reacciones. La finalidad de descubrir nuestra personalidad es entendernos, perdonarnos y afianzar nuestro autoconocimiento y amor propio.

Al identificarnos con nosotros mismos, podemos iluminar nuestro espíritu, sentir que estamos completos y somos conocedores de lo bueno y lo malo de nuestra propia existencia. Todo esto nos ayudará en nuestro encuentro personal y podremos identificarnos como el reformador, el ayudador, el triunfador, el individualista, el investigador, el leal, el entusiasta, el desafiador o el pacificador.

Consumo de sustancias psicoactivas

La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC, 2020) indicó que alrededor de 269 millones de personas en el mundo están guiadas por el uso y consumo de alguna sustancia y estos números están en aumento. Desde el 2009, Las 189 millones de personas que solían ser las registradas en función del uso de drogas, están aumentando en un 30% hasta la actualidad. Adicionalmente, 35 millones de usuarios sufren trastornos crónicos y progresivos por el uso y abuso de drogas; además, el aumento de escasez de trabajo y el desequilibrio económico por bajas oportunidades laborales causados por la pandemia, deja una sociedad vulnerable al consumo de sustancias psicoactivas, así como al tráfico y cultivo, con el fin de ganar dinero.

La adicción a sustancias psicoactivas en centros de rehabilitación peruanos, según el censo nacional del Instituto Nacional de Estadística e Informática y Poder Judicial del Perú (2016), es una dificultad que pone en peligro a la sociedad sin discriminar la edad, inclinación sexual, religión, condición, preferencias políticas y estado socioeconómico de las personas en las que se manifiesta que, el 59% consumieron alguna sustancia. Por ello se puede ver, entre otras cosas, que el inicio del consumo de sustancias ilícitas en el Perú se da entre los 13 a 15 años de edad, diferenciando a los hombres, que empiezan entre los 14 a 15 años, de las mujeres, que empiezan entre los 13 y 14 años.

El Perú es parte de los escasos países de la región Andina que persiste en una concepción conservadora reacia a cualquier dimensión política o normativa en los temas de estupefacientes. La política peruana sobre drogas y, especialmente, la relacionada a la salud mental y los usos problemáticos, permite identificar los límites, y los obstáculos prácticos que tiene que apostar por la continuidad del paradigma de la abstención y represión, así afrontar problemas asociados a drogas legales e ilegales (Garrido, 2015).

En cuanto a las terapias, la terapia tiene el propósito fundamental de crear una nueva perspectiva del problema con el cual se llega a consulta. En otras palabras, es un proceso más no un suceso, que se desarrolla a través de la experiencia del paciente en un tiempo que compete a la disposición del mismo (Arias Gallegos, 2015). Según la RAE (2020), la terapia es el conjunto de herramientas que se aplican para aliviar la enfermedad de una persona.

Las terapias cognitivo-conductuales como tratamientos en adicción de drogas, presentan disminución de adherencia y no tienen el efecto esperado a largo plazo, pero, a pesar de lo mencionado, los datos obtenidos dan aspectos positivos sobre esta terapia, como la disminución de recaídas cuya mejora aumenta en la medida que se combina contratamiento psicosocial adicional. En otras palabras, las terapias grupales adaptadas para ejecutarse en conjunto con terapias cognitivo-conductuales y motivacionales, son tratamientos que ayudan a reforzar comportamientos sociales que pueden ayudar a mantener al individuo un estilo de vida sin drogas y fomenta la abstinencia (Velazquez, 2014). 

En conclusión, la prevención sobre el consumo de drogas en los jóvenes debe ajustarse a cada etapa de desarrollo en la que se encuentre el público objetivo. Como, por ejemplo, programas dirigidos a niños de primaria, adolescentes tempranos, adolescentes de mediana edad y adolescentes tardíos (Simone A. et al., 2016).

Referencias

Arias Gallegos, G. (2015). Carl R. Rogers y la Terapia Centrada en el Cliente. Universidad

            Femenina             del             Sagrado             Corazón             23(2),    141–147.

https://www.unife.edu.pe/publicaciones/revistas/psicologia/2015_2/

Garrido, R. S. (2015). Los usuarios de drogas en el Perú. Políticas, derechos y problemas. http://www.drogasyderecho.org/wp-content/  

Instituto Nacional de Estadística e Informática & Poder Judicial del Perú. (2016). Perú: Primer Censo Nacional De Población En Los Centros Juveniles De Diagnóstico Y Rehabilitación. https://www.inei.gob.pe/media/MenuRecursivo/publicaciones_digitales

Real Academia Española, 2020: Diccionario de la lengua española, 23 ed.

https://dle.rae.es

Simone A. Onrust, Roy Otten, Jerien Lammers, Filip Smit, 2016. School-based programmes to reduce and prevent substance use in different age groups: What works for whom? Systematic review and meta-regression analysis. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2015.11.002

UNODC. (26 de 06 de 2020). Oficina de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito.

https://www.unodc.org/mexicoandcentralamerica/es/webstories/2020/06_26_Informe

Velazquez, M. C. (2014). Abuso de Drogas: Generalidades Neurobiológicas y

            Terapéuticas.                Actualidades                en                Psicología,       21-25. https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=133232675005

Me siento gorda

¿Acostumbras a usar esta expresión? O mejor dicho ¿la utilizas para evitar conectar realmente con mis emociones? Si busco en el diccionario la palabra «gorda» definitivamente no es calificada como una emoción, es un adjetivo que se usa para describir o referirse a una persona, y lo peor es que, en su uso coloquial, tiene una connotación despectiva. Recuerdo algunas conversaciones con mi mamá cuando estaba en la universidad, en la que ella me preguntaba cómo me sentía o qué pasaba porque veía mi poco deseo por hacer las cosas, y yo respondía de muy mal humor: «Es que me siento gorda». Quizá así me sentía, pero detrás de esa «gordura» hay muchos más sentimientos que expresar, creo que era más cómodo culpar a mi cuerpo que poder hacer un viaje a mi interior y descubrir con valentía lo que realmente ocurría.

Hoy en día me he visto usando esta frase de nuevo, y la escucho a menudo en consulta cuando atiendo a mis pacientes. Vamos a recrear una escena, voy de compras, elijo ropa que me gusta, entro al probador, me veo en el espejo, y digo: «me siento gorda». Como la gordura no es una emoción, ¿qué creen que quiero decir?, ¿cómo me siento realmente cuando veo que la ropa no me queda?, ¿será que siento rabia o frustración por no encontrar ropa de mi talla, o que me quede cómo yo esperaba?

Debido a la poca inclusión del lenguaje emocional en el hogar, no encontramos las palabras exactas para describir lo que ciertamente estamos sintiendo. El tiempo y los libros de Ciara Molina me han enseñado que, si aprendo a reconocer mis emociones, será más sencillo gestionarlas. Sigamos con el ejemplo anterior, si ante ese espejo lo que siento es rabia y lo reconozco, manejaré lo que estoy experimentando de una manera funcional.

Hasta cierto punto el decir «me siento gorda», puede ser utilizado como un mecanismo de defensa, así evito contactar con emociones desagradables que atemoriza afrontar. Esta evasión se debe a no querer desbordarse por sentir tristeza ante heridas no curadas, o por la posibilidad de ser muy cruel e hiriente al exhibir mi rabia.

El cuerpo y la mente buscan protegernos de todo lo que genere malestar, y es así que, al expresar esta frase tan cotidiana, la mente nos protege de hacer conexión con ciertas emociones. y desplazamos lo que estamos sintiendo por algo tangible, que creo poder manejar y controlar, que es el peso. De tal modo que, si mi problema es el sobrepeso, entonces puedo hacer dieta, ejercicio, o seguir un plan de alimentación, pensando que ese malestar interior va a desaparecer.

Lamentablemente esto no va ser así porque «el malestar interno» no viene por la forma de tu cuerpo ni la talla, está más relacionado a nuestra historia, autoconcepto, autoestima, valores y creencias. Este sobrepeso quizá camina con nosotros con la función inconsciente de escudo, para salvaguardar nuestro equilibrio mental y nuestra poca tolerancia al malestar; porque si me quedo con todas mis emociones al desnudo y no sé cómo gestionarlas, voy a empezar a enfermarme, o a buscar otra frase como excusa para evitar la incomodidad, preferible eso a caer en depresión o sentir ansiedad. A todo esto, se suma el hecho de que tenemos un estereotipo de belleza que ensalza la delgadez, mientras que la palabra gorda está asociada al rechazo, a la soledad y al fracaso. Haciendo una retrospectiva, afirmo que yo uso esta frase cuando me siento poco productiva o excluida.

Años atrás, llegué a pensar que mis conflictos se acabarían al bajar algunos kilos, pero así estuviera en mi peso ideal no dejaba de sentirme «gorda». La sociedad me reafirmó que siendo delgada me sentiría amada, reconocida y aceptada. Pude comprender que las industrias nos venden todo tipo de tratamiento para bajar de peso, fajas y cirugías, con la única razón de sentir estos nutrientes emocionales vitales que son señalados líneas arriba. Si bien todo ser humano necesita de estos componentes, tenemos que entender que podemos obtenerlos por otros medios y no solo a través de la delgadez; no es justo que pongamos nuestra felicidad en algo tan variable como lo es nuestra apariencia. Sé que sentirnos a gusto con nuestro cuerpo otorga confianza, pero esa seguridad debe venir de adentro, desde valorar mis logros por más pequeños que sean, sentirme capaz de amarme, de cuidarme, de permitir equivocarme para dar paso al aprendizaje; y eso debe mantenerse así tenga diez kilos más o diez kilos menos.

En la actualidad se observa muchos movimientos, así como publicidad, que se dirigen a la aceptación de todo tipo de cuerpos;  hay un grupo de modelos curvy que incluye la belleza y diversidad corporal, resaltando que el ser bonita no depende de tu talla, ni peso, ni altura, sino que es una cuestión de actitud, así como una forma de cuidado a nuestro cuerpo y mente. Pienso que el sentirnos a gusto con nuestro cuerpo no regirse por el resultado de la balanza, sino de la relación que llevamos con nosotros mismos, y que sea una conexión sana, compasiva, amorosa, y de aceptación; es eso finalmente, lo que nos va a llevar a sentirnos, interiormente, en paz.  Volviendo al término «me siento gorda», te quiero invitar a que observes qué hay detrás de ese mensaje, y cuando precisamente lo sientas, darte la oportunidad de conocer tus emociones, y aceptarlas tal y cómo se expresen, aún si son difíciles de manejar… toda emoción, entendida y manejada, nos orienta a una transformación para bien.

Así como esa frase nos lleva a una invitación, también el concepto de «delgadez» nos regala un mensaje; a lo mejor no es solo sentirnos esbeltas sino que se trata de reflexionar lo que proyectamos al decir: «quiero sentirme delgada». ¿Será que deseamos sentirnos amadas, capaces, libres, reconocidas, tranquilas? Lo importante de identificar el mensaje oculto, es que abre posibilidad al cambio. Si yo sé que quiero sentirme amada, ¿qué puedo hacer para demostrarme a mí misma ese amor anhelado?, ¿acaso será poner límites? Trabajar en mi autoconcepto, permitirme momentos de soledad donde tenga un diálogo interno sano y apacible, ser leal conmigo misma, y aprender que, ponerme en primer lugar en los momentos indicados, no me hace egoísta. Cuando defina cómo me quiero sentir, dejaré de depositar todo mi poder en el peso, y empezaré a tomar responsabilidad de la vida que quiero tener. ¿Vas a esperar estar «delgada» para sentirte libre?