En ocasiones, dentro de un divorcio, uno de los progenitores opta por un enfoque destructivo, dentro de este se presenta una forma de abuso emocional conocida como alienación parental.
Se trata de una manipulación emocional en la cual uno de los progenitores continúa la batalla contra su expareja más allá de la separación, poniendo a los hijos en contra de él o ella, esto ocasiona daños graves en la relación padre-hijo y se puede ver afectada la reconstrucción de una nueva y sana vida después de la separación (Aguilar, 2004).
También se le señala como una triangulación peligrosa, en la que los hijos son partícipes de los juegos relacionales disfuncionales de sus padres. Según Linares (2006), es una forma de maltrato de un padre al otro, privándolo del afecto de sus hijos, y también hacia los hijos, quienes son alejados de su otro progenitor y se les obstaculiza una relación sana con él.
El término alienación parental fue utilizado por primera vez por Richard Gardner (1985), quien lo definió como “un trastorno caracterizado por un conjunto de síntomas que derivan del proceso por el cual un progenitor transforma la conciencia de sus hijos, mediante diferentes estrategias, con el objetivo de impedir, obstaculizar o destruir sus vínculos con el otro progenitor”; los niños suelen desarrollar desprecio y desaprobación (en mayor o menor grado) hacia uno de sus padres, esto deriva del cúmulo de indirectas y comentarios negativos de forma sutil o no del otro progenitor (generalmente el que convive con los hijos).
Esta manipulación se puede dar de forma abierta con comentarios directos, culpando al progenitor fuera del hogar (el padre de la no tenencia) o también de forma sutil, lanzando comentarios que parecen ser positivos, pero no lo son.
Aguilar (2004) comenta que hay tres fases en el proceso de alienación que pueden alcanzar diversos grados: leve (primera y segunda fase); moderado (tercera fase); grave (cuarta fase).
LEVE
Primera fase: el padre alienador elige uno o varios temas con los que se iniciará la creación de rechazo. El tema escogido empezará a ser asimilado por el o los hijos.
Segunda fase: el tema o motivo se vuelve más claro y se afianza, lo que ocasiona una conexión más fuerte entre el hijo y el padre alienador, así como sentimientos de confabulación y entendimiento entre ambos, esto impulsa la proximidad y lealtad.
MODERADO
Tercera fase: el hijo empieza a exhibir conductas sutiles de negación, enfrentamiento y temor cuando llega el momento de relacionarse con el otro progenitor, esto genera aún más lazos con el padre alienador y se refuerza la programación. Así mismo, al volver de cada visita con el otro padre, el alienador verificará si la lealtad del hijo sigue siendo suya y lo alentará a tomar partido en la situación, cuestionando la conducta del otro progenitor. Todo ello sin que el padre alienador reconozca su propia estabilidad.
SEVERO
Cuarta fase: al llegar a esta fase, las conductas de rechazo del hijo se volverán más intensas, al mismo tiempo en el que preserva el rechazo u odio hacia el progenitor alienado y defiende de manera absoluta y sin dudar al progenitor alienador, este evitara toda responsabilidad y culpará de la conducta del hijo al supuesto trato inadecuado por parte del otro padre.
Habiendo pasado por estas fases, Sureda (2007) menciona que está en la naturaleza de los hijos necesitar de ambos padres, sin embargo, al observar que uno se va y los abandona (padre alienado) y el otro cuida de ellos y se queda (padre alienador), interpretan que el primero es irresponsable y no representa un lugar seguro para ellos; por otro lado, el segundo es una fuente de cariño y cuidados. Fariña (2002) dice que el temor de perder también al progenitor que consideran seguro es el factor más relevante en la alienación parental.
Referencias
Aguilar, J.M. (2004). S.A.P. Síndrome de alienación parental. Córdoba: Almuzara.
Linares, J.L. (2006). Las formas del abuso. La violencia física y psíquica en la familia y fuera de ella. Barcelona: Paidós.
Fariña, F., Seijo, D., Arce, R. & Novo,M. (2002). Psicología Jurídica de la Familia: Intervención de casos de Separación y Divorcio. Barcelona: Cedecs
Sureda, M. (2007). Cómo afrontar el divorcio. Guía para padres y educadores. Madrid: Wolters Kluwer.
De generación en generación las familias desarrollan ciertos patrones de comportamiento, así como aspectos prohibidos o mal vistos por la sociedad según sus miembros. El Instituto Vasco de Estadística, define una familia como un grupo de personas vinculadas entre sí, generalmente por lazos de parentesco; dentro de este conjunto de personas es común que se presente un individuo que guía sus acciones e implanta creencias, patrones, tradiciones y secretos que se respetaran dentro del sistema familiar.
Alarcón de Soler (2013) y Mansilla (2019) refieren a los secretos familiares como parte importante de la dinámica familiar, además, constituyen un fragmento de la intimidad de cada uno de sus miembros. La temática de estos secretos es capaz de ir cambiando a través de épocas y tiempos, hacen referencia a ciertos acontecimientos traumáticos (violación, incesto, maltrato, aborto, adopciones, trastornos mentales, etc.) ocurridos en una familia que son escondidos porque se avergüenzan o se culpan de ellos y se ocultan con tanto cuidado y recelo que pueden ocasionar problemas psicosociales a través de las generaciones.
Los secretos se refieren a algo oculto, ignorado, escondido y separado de la vista o del conocimiento de los demás (RAE, 2022). Así mismo, Rober, Walravens y Versteynen, en el 2012, definieron a los secretos familiares como el ocultamiento consciente de alguna información o algún acontecimiento por uno o mas miembros de la familia, que pueden verse afectados por ésta.
La generación que inicia el secreto familiar controla esta información, ya sea implícita o explícitamente, el ocultamiento se da de una manera colectiva y se muestra una realidad diferente para miembros externos a la familia.
Cuando un evento traumático no llega a simbolizarse de un modo adecuado, no puede expresarse en palabras y continua dentro de la familia mediante actitudes y comportamientos, pero no mediante el habla; causa vergüenza, rechazo, censura, desaprobación y humillación, por ello, es doloroso para la familia y somete a cada miembro a una fuerte presión psicológica (Mansilla, 2019).
Al silenciarse, se reprime la posibilidad de expresión y demostración de emociones negativas relacionadas al evento escondido, termina formando parte del inconsciente y puede emerger en siguientes generaciones; a raíz de esto suelen darse las problemáticas psicológicas y de disfunción familiar. A demás, puede vivirse como una situación destructiva que genera desgaste emocional y ansiedad que crecerá con el tiempo, pudiendo llegar a la somatización (Termini, 2018).
Cada miembro de la familia crea vínculos entre sí, pero también con sus antepasados, por ello, los mantienen unidos con los traumas silenciados, por medio de una identificación inconsciente. Por ende, es importante identificar estos secretos que causan angustia y problemas psicológicos para trabajarlos y poder mejorar la situación de la familia y cada uno de sus integrantes.
Referencias:
Alarcón de Soler, M. (2013). Secretos familiares: Interrogantes y reflexiones. PSIMONART, 5(1-2), 23-35
Mansilla Izquierdo, F. (2019). Aproximación a los secretos familiares. INTERPSIQUIS
Rober, P., Walravens, G., Versteynen, L. (2012). In search os tale they can live with: About Loss, family secrets, and selective disclosure. Journal of marital and family therapy, 38(3), 529-41.
Termini, F. (2018). Family secrets: Clasification and consequences. Euromediaterranean Biomedical Journal, 13(23): 98-103
Casi siempre, cuando hablamos de la parentalidad, nos enfocamos en la madre y su rol vital en el desarrollo bio-psico-social del niño, se idealiza la figura de la madre, y no quiero decir que esté injustificado. Sin embargo, en muchas ocasiones las mamás se convierten en el mundo entero de sus hijos, ya que son el pilar principal, tanto emocional como económico del hogar, cargando sobre sus hombros la enorme responsabilidad de intentar cumplir dos roles al mismo tiempo.
Cuando la madre lleva al hijo de ambos en el vientre, sería ideal que el padre sea el sostén, proporcionándole los cuidados y atenciones que ella necesite: “Es importante que el padre pueda contener su gestación y más tarde, al bebé” (Cortés, 2018).
En nuestro contexto, hemos normalizado la imagen de un papá proveedor, trabajador, protector y dador de seguridad, tal vez a muchos de nosotros nos cueste recordarlo de otra manera, más aún cuando en el pasado los roles dentro de las familias estaban muy marcados desde lo que se creía “era cosa de hombres o cosa de mujeres” , alejando al padre de un rol tierno, amoroso y sentimental; felizmente en la actualidad esto está cambiando;
los padres se muestran más involucrados en el crecimiento de sus hijos, los cargan, cambian y dan de comer, los llevan al parque y juegan con ellos, sin duda son padres más presentes. Y si bien los roles actuales están evolucionando, aún no se da en general, ya que algunas formas de crianza se mantienen y repiten de generación en generación, y marcan paternidades que defienden el rol del padretradicional en función a garantizar la seguridad, economía, protección, fortaleza, fuerza, reglas, valores familiares y cultura. Estas características fortalecen el vínculo con el niño y proveen a este de herramientas necesarias para enfrentar los desafíos de la vida, pero mantener estos roles rígidos y como únicas formas de relacionarse con los hijos también pueden mantener modelos basados en la distancia emocional de años pasados, en donde se tenía la creencia de que eras mejor padre mientras tus hijos te tuvieran más miedo y sean más obedientes. Incluso la Psicología tuvo con Watson, el desliz desafortunado de difundir la idea de una crianza en la que los padres no toquen a su hijo con demasiada frecuencia y que mantengan una distancia emocional para no malcriarlos, pues según él: “jugar con los niños interrumpiría sus rutinas ya que un niño feliz, no llora ni busca atención”. Su libro «El cuidado psicológico del bebé y el niño» se volvió un éxito de ventas, algunos gobiernos occidentales empezaron a difundir la idea, mediante folletos, de que no se podía besar a los hijos. Watson que tuvo una infancia difícil, quería ser un buen padre, y aplicó dichas enseñanzas con sus propios hijos, lamentablemente las consecuencias solo dañaron a sus hijos que desarrollaron severos problemas psicológicos… Tal vez aquí encontramos algún origen del por qué las paternidades se desarrollaron así en el pasado, mas allá de un modelo basado en el machismo en el que se vivía en esos tiempos que afectaba, no solo a mujeres sino a toda la familia, como podemos ver muchos años después.
Usualmente las palabras como amor, cuidado, preocupación, ternura, de manera intrínseca, se asocian al concepto de mamá ¿Y si tendríamos que hacer el mismo ejercicio con el concepto de papá? Consultando a varios padres e hijos, anoté algunas palabras, entre ellas las que más se repitieron fueron:
PAPÁ: Confianza, independencia, trabajo, sentido de vida, estructura, objetividad, valores, seguridad, carácter, resguardo, el que lo puede todo, validez, reglas, respaldo.
¿Ustedes qué creen? (pueden dejarlo en los comentarios)
Se me ocurrió hablar del padre, ya que este mes lo celebramos como cada año. Y después de una pandemia que se llevó a muchos de ellos (en condiciones en las que nos fue difícil procesar o que continuamos haciendo) es justo valorar su aporte, su esfuerzo, su sabiduría, sus palabras y hasta sus sermones… ¿por qué no? Honremos también a todos esos abuelos, tíos y hermanos que nos brindan esa imagen paternal que los llevó a ser un ejemplo, que no pidieron, pero que seguramente realizan con muchísimo amor.
En consulta se puede ver cómo ante parejas que no pudieron permanecer juntas, la paternidad se ausenta con el término de la relación, tal vez debamos difundir más la idea de que la relación padre-hijo debe ser construida, alimentada y atendida con mayor esmero porque como sabemos, en esta relación no existe ese vinculo fisiológico que sí existe con la madre. Carl Jung decía que la madre se ocupaba del mundo interno emocional del niño/a y que el padre se hacía cargo del mundo exterior, el de proteger, contener, educar, guiar y dar seguridad. Se dice que el padre aprende a serlo cuando conoce a su hijo e interactúa con él, cuando el bebé toma su mano o lo mira y persigue llamándolo papá, en los juegos y en las explicaciones de los primeros «¿porqués?», cuando el papá ayuda al hijo con algo pesado o complejo, cuando el niño extraña al papá que se va a trabajar, muchas veces lejos, para darle lo mejor. Lamentablemente, muchos padres al no haber sufrido ningún cambio fisiológico, ni ser la fuente de alimento del bebé, no desarrollan la paternidad necesaria para que su hijo se sienta, visto, querido y válido, lo cual influye en cómo se ve así mismo.
De acuerdo al estudio de Torres (2004), el padre aprende a serlo dentro de la familia “Y en la relación con el padre es donde el varón tiene su primer contacto con la masculinidad”, por lo que si un hijo toma como modelo su forma de pensar y hacer las cosas como el de la madre, puede que desarrolle una personalidad “menos masculina”.
La idea avasalladora con la que el niño debe lidiar cuando le preguntan por su papá ausente, es muy dura para un ser tan pequeño: ¿porqué no puede quererme? Se preguntan, muchas veces en silencio, creyendo que no tienen el derecho de cuestionárselo a sus padres, pensamientos y sentimientos que luego se convierten en ira y rencor, en rebeldía, desinterés y muchas veces autosaboteo por baja estima. Pues sí, esto produce el no tener a papá cerca o no haberlo conocido, o ver que tiene otra familia de la que está más cerca.
Sin duda, son temas delicados y muy personales que muchas veces no queremos tocar, pero que están instalados muy dentro de nuestra cultura y que incluso usamos en bromas, como si nos tuviéramos que acostumbrar a la idea de que no podemos cambiarlo, pero es que resulta muy complejo cambiar algo que no queremos ver, cuestionar y sanar, nuestros padres hacen lo mejor que pueden hacer con lo que tienen y les dieron a ellos, recordemos que son los únicos que tenemos, no podemos cambiar ese hecho, lo que sí depende de nosotros, es intentar decidir qué padre quiero ser, que sí y que no quiero imitar de ellos, ¿Qué me han trasmitido que hoy considero valioso? ¿Qué aún duele? Y si hay cosas que aún no he resuelto por amor a mí, trabajaré en eso para no repetirlo y viviré con los propósitos que en el camino me siga trazando, es cierto que en un momento dependemos y somos responsabilidad de nuestros padres, más luego crecemos y nos toca a nosotros hacernos cargo de la forma en la que queremos vivir.
Referencias:
La Teoría del Conductismo de Watson.
Bigelow, K. M., & Morris, E. K. (2001). John B. Watson’s advice on child rearing: Some historical context.Behavioral Development Bulletin, 10(1), 26–30. https://psycnet.apa.org/fulltext/2014-55587-006.html
La larga y oscura noche del conductismo. http://robothink.blogspot.com/2005/09/long-dark-night-of-behaviorism.html
Me gusta mucho empezar cada artículo, buscando sinónimos que me ayuden a ordenar mis ideas. Empecemos con el significado de compensar para luego hacer una diferenciación.
Si buscamos los sinónimos de compensar encontramos…
Al parecer compensar es una palabra que denota un significado positivo, algo que podemos hacer si nos equivocamos o dañamos algo o alguien. Sin embargo, cuando hablamos de sobrecompensar, es como si buscáramos volver a arreglar lo ya reparado, y como consecuencia, lo podríamos volver a descomponer.
Como ya hemos escuchado, todo en exceso daña, pareciera que hacer esto voluntariamente o con intención, es absurdo, pero seguramente viene del miedo a sentir que alguien que queremos tanto (como es el caso de nuestros hijos) experimenten un dolor similar al que nosotros vivimos en el pasado, creyendo que la forma de ser mejor que nuestros padres, es darles todo lo que ellos no pudieron darnos, juzgando por dolor, que todo lo que vivimos fue malo, jurando que cuando seamos padres no haremos los mismo. Así, nos dejamos guiar por el dolor que nos causó vivir con carencias, que nos olvidamos de aquellas cosas que sí nos sirvieron para enfrentar la vida de manera satisfactoria, en donde incluso, aprendemos y cultivamos hábitos y actitudes muy valiosas como son los valores de cada familia, que provienen de generación en generación, los cuales son importantes para desarrollar el sentido de pertenencia. A continuación, voy a contarles una historia para ilustrar mejor mis ideas.
Susan y Juan Diego son dos esposos que están casados desde los 19 años, tienen cuatro hijos, y viven en un pueblo alejado de la capital. Cuando nació el primero de sus hijos, ellos trabajaban en lo que podían, eran padres responsables, en casa nunca falta comida, distinto de cuando hablamos de ropa nueva cada mes, o de comprar los mejores juguetes para sus hijos. Vamos a contarles sobre las vivencias del primero de ellos, Mateo. Cuando Mateo creció, relata haber tenido una niñez un poco triste, pues desde muy pequeño tuvo que ayudar a sus papás en el trabajo para los gastos de la casa, siempre estuvo preocupado por el dinero, los días de infancia fueron complejos y cansados también, porque debía levantarse temprano y regresar de noche, excepto los domingos, que podía salir a jugar o pasear. Con el tiempo, Mateo logró tener una carrera técnica y se volvió un profesor muy capaz, hábil y entregado a su trabajo. Todos destacan su buen vestir y excelente metodología para enseñarle a los niños, le gustaba mucho promover el juego y los aprendizajes cantando y divirtiéndose, muchos veían en él a un niño más cuando estaba con sus alumnitos, los cuales lo adoraban. A base de esfuerzo, y enfocado en el estudio logra ir a la capital y postular a un trabajo en un asentamiento humano, ya que sabía que existían plazas disponibles porque nadie quería ir a trabajar tan lejos, pero él lo hacía con la finalidad de lograr su tan ansiado nombramiento, hasta que un día… lo logra. Pese a demorar diez años como profesor de primaria, por la inexperiencia y con la seguridad de tener un trabajo fijo, sin darse cuenta, empieza a gastar más de lo que tiene, emocionado por su gran logro, ayuda a sus hermanos a estudiar y postular a la universidad, y al mismo tiempo, ayuda a sus padres. Pero empieza a comprar cosas que sobregiran su gasto mensual, sin decirle nada a nadie, dejando de alimentarse saludablemente. ¡Ah, pero eso sí! Siempre dándole prioridad a su look y luciendo muy bien. Cuando sus hermanos logran hacerse profesionales, ya él, a la edad de 39 años, conoce a Laura, su esposa, a quien conquista con su inteligencia y simpatía, juntos tienen un niño, a quien llamaron Miguel. Miguelito tiene la fortuna de crecer en una casa en la que no hace falta trabajar de sol a sol, porque sus padres pueden proveerle comida sin que él los ayude. Laura también es profesora de primaria, con ambos trabajando, Miguelito llega a casa y siempre tiene el plato que desea comer, pues Mateo no va a permitir que coma platos que no le gusten, es así como Miguelito se vuelve muy selectivo con la comida, por otro lado, Laura al no poder estar presente junto a su hijo por las demandas de su trabajo, todos los sábados lo lleva a comprarse toda la ropa que él quiera aunque esta es muy costosa (poniendo en serios problemas a la economía del hogar) y ni hablar de los juguetes, que cuando era niño, no podía terminar de usar, le aburrían muy rápido, por lo que los rompía y no tenía mucho cuidado con ellos, porque sabía que puede tener unos nuevos “rápido y fácil”. Creo que todos podemos pronosticar el adolescente en el que se convertiría Miguelito… demandante, poco considerado, muy intolerante a la frustración y con serios problemas para aceptar la realidad económica en la que vive. A Miguel se le dificulta mucho enfrentar los retos y crisis de la vida y prefiere evitar solucionarlos, tomando decisiones que lo hacen sufrir a él y a sus padres.
Con frecuencia, resulta complicado ser padre, ya que vamos a transmitir con nuestras acciones, pensamientos y emociones, mucho de lo que aprendimos de nuestros padres lo que se convierte en una forma desentir la parentalidad cuando a nosotros nos toca ejercer nuestra labor de padres (si digo sentir, es porque se trata del cómo yo sentí mis experiencias de infancia).
Si yo siento que mi niñez fue injusta, sentiré que no puedo permitir que él viva lo que yo viví, esto pasa con frecuencia cuando nos convertimos en padres con infancias complejas no resueltas, llenas de carencias tanto emocionales, físicas como materiales, en dónde haremos todo lo necesario para que a nuestros hijos no les pase lo mismo, es un acto que intenta protegerlos. Pero que no viene con maldad o con la intención de herirlos, esto sucede de forma inconsciente y proviene de dos posibles causas: desde nuestros traumas de infancia, o porque sentimos culpa. Culpa que intentamos aliviar tratando de dar más de lo que el niño necesita, y se da por motivos que a veces el padre por desconocimiento comete, como: demostrar poco afecto, comprar regalos demasiado grandes o caros, cuando siempre es permisivo, diciendo que sí a todo para obtener la aceptación de los hijos, etc. (algo muy común cuando una pareja atraviesa un divorcio, que los podría llevar a sobrecompensar). Es por eso que, si tomamos decisiones basadas en la culpa y el dolor, inevitablemente sobrecompensaremos, al hacerlo, tendremos la tendencia de sobreproteger y al parecer este acto se ve como menos nocivo. Sin embargo, esta acción poco reflexionada, se disfraza en acciones pasivas y negligentes que comienzan a mal formar a los niños.
Entonces… ¿Vivir experiencias dolorosas, solo nos dan consecuencias negativas?
Les propongo apreciar estas experiencias como una oportunidad de cambio, de mejora, si las vemos desde un lado más objetivo, también nos brindaron herramientas con las que hemos logrado lo que somos hoy. Pues, a pesar de las carencias, también nos llenó de valores y enseñanzas prácticas que nos han dado la experiencia de vivir aprendizajes por uno mismo, enseñándonos valores como la tenacidad, la autonomía y habilidades como la solución de problemas, te enseñó a ser creativo, a apreciar las cosas, a ser proactivo, demostrándote que eres resiliente a la adversidad (claro que sin duda, no todos los casos son iguales, como cuando hablamos de los niños que desarrollan trauma complejo, por mencionar un caso, sin embargo, felizmente no todos hemos tenido que atravesar por experiencias tan crueles y adversas en nuestras vidas). Si reflexionamos sobre los hechos de la vida y vemos que al mismo tiempo, mis padres me dieron lo mejor que tuvieron y se mantuvieron junto a mí a pesar de todo, lo más probable es que cuando sea padre, le daré a mis hijos lo mejor que tengo; a veces, le daré la oportunidad de que se frustre, para que aprenda que puede empezar de nuevo, le pediré que espere para que aprenda a desarrollar paciencia, le compraré lo que realmente necesite, para que entienda que no tengo que comprarle todo lo que quiere y podrá valorar sus cosas, aprenderá a ser creativo cuando le permita enfrentarse a desafíos que pueda manejar, y al mismo tiempo, desarrollará su inteligencia).
En pocas palabras le daré experiencias que guiaré desde cerca, para que cree sus propios recursos y se sienta muy valioso y útil, porque la valía de una persona se gesta cuando obtenemos logros, logros que hemos construido por nosotros mismos desde pequeños que pueden ser simples pero constantes en el tiempo.
Es importante valorar todas nuestras experiencias, incluso aquellas que fueron difíciles, porque nos permitieron forjar un temperamento fuerte, para evitar sobrecompensar con tus hijos y al relacionarte con los demás, trabajar en esas frustraciones sería lo más sano, así podrás ejercer una paternidad responsable.
Para vivir mejor, date la oportunidad de sanar.
Fuentes:
Taller de Machy Guerrero: “límites con amor” (06/0522)..
Actualmente hemos convertido nuestro pensamiento en algo “normal” ¿pero qué es algo normal?, ¿algo tradicional o algo que no esté fuera de lo común? Definitivamente lo que se hace llamar normal es lo tradicional, la escuela, la crianza, la vida diaria o seguir los estándares que tenemos desde que fuimos pequeños.
Pero qué pasa cuando nos topamos con algo “anormal” algo fuera de lo común o simplemente “diferente”, nos sorprendemos o lo apartamos. Eso es lo que sucede con una persona con habilidades especiales, personas con discapacidades intelectuales o personas de “inclusión”, son aquellas personas que tienen diferente manera de expresarse, actuar o desarrollarse.
¿Pero por qué nos genera tanto asombro ver este tipo de personas?¿porque antes no habían o antes no existían? Siempre existieron… Los niños que veíamos en los salones y los señalamos de malcriados porque no podían realizar una tarea de la manera “correcta”, o las personas que siempre les gustaba estar solas los catalogamos de “antisociales”, pero no sabíamos que poseían un trastorno o trauma detrás de cada una de ellas. Aunque siempre existieron nunca nos dimos cuenta de que ellos eran diferentes, simplemente decidimos juzgarlos porque no se expresaban o actuaban igual, no obstante viven entre nosotros, comen como nosotros, aman como nosotros y piensan diferentes cosas como nosotros; en nuestra más profunda esencia, todos somos iguales, pero ellos necesitan más apoyo en el ámbito de su aprendizaje porque decidimos que aprender los cursos básicos del colegio es algo “normal”, tener una profesión es algo normal o simplemente trabajar nos hace normales.
Sin embargo este tipo de personas tienen otras necesidades en su vida, como por ejemplo comer, tomar agua o respirar, no significa que sean diferentes, nosotros también lo hacemos. La realidad es que siempre aprendemos algo nuevo, conocemos algo nuevo y creamos algo nuevo, ellos también lo hacen, por eso significa que somos iguales, y al mismo tiempo diferentes.
Cada persona es única, es un mundo distinto lleno de conocimiento, aprendizajes y desarrollo a su propio ritmo. La enseñanza alternativa está enfocada en eso. Crecer de distinta manera, tener libertad de expresión y libertad de aprendizajes. Fueron creadas para ayudar a las personas con habilidades distintas y aprender a su ritmo, como el método Montessori, especializado en el desarrollo vivencial de niño, que todas las cosas estén a su altura para que él viva la realidad día a día (Britton, 2000), o el método cognitivo conductual que ayuda al niño a establecer límites dentro de él mismo. (Bunge, 2009)
Cuando tenemos la oportunidad de conocer a una persona con habilidades especiales es sorprendente, vemos la libertad que tiene de expresarse o actuar, y nos preguntamos qué estará pensando, por qué pensará así, o qué diría en el contexto en el que nos encontremos. Pero también existe el miedo de lo desconocido y es completamente normal, demos la oportunidad, así como la quisiéramos nosotros, para conocer e implicarnos en la vida de ese ser humano.
Al momento, las escuelas alternativas brindan atención a niños o adolescentes que tengan distintas habilidades, para que puedan aprender a entenderse y comprenderse, conocerse a sí mismos, fomentando la autoestima y detectando peligros alrededor suyo, poniéndo límites que muchas veces no miden. Los padres de los niños y adolescentes con diferentes habilidades se preguntan “¿cómo hará mi hijo para integrarse al sistema educativo o postular a una universidad?”. Mantengamos la mente abierta a que la vida no es solo estudiar o preocuparse por una carrera, los niños deben formarse en muchas otras áreas; gracias a las escuelas de educación alternativa, los pequeños pueden prepararse para el sistema educativo, enseñándoles las normas de convivencia, el abecedario o decir frases como “por favor” o “gracias”.
Dichos pequeños aprenden muchas cosas dentro de las escuelas alternativas, como el desarrollo psicomotriz, enriquecimiento del lenguaje, y los valores como el respeto, el amor, la amistad, la responsabilidad, la honestidad, etc. Pero tampoco pierden la inocencia de la infancia que se puede ver reflejada en el juego, y precisamente jugar es la base de las maestras de nivel inicial para implementar los aprendizajes en los niños pequeños.
Asimismo, los padres de familia aprenden lo que es entender a su hijo o qué es lo que necesita (cómo lo puedo llamar sin que se altere o cómo puedo calmarlo si se altera, por ejemplo). Tener un hijo con habilidades especiales muchas veces es complicado, pero tenemos que quitarnos la venda de los ojos e intentar aprender cómo nosotros podemos ayudarlos, empezar a involucrarnos en su desarrollo y no solo dejarlos en las escuelas. Ser padres es una responsabilidad que tenemos que asumir con responsabilidad y con la mente abierta.
Muchos tememos a lo desconocido, pero es hora de aprender y saber que hay personas con diferentes habilidades entre nosotros, cada uno es diferente e igual en algunos aspectos, pero no hay que dividirnos entre nosotros juzgando o catalogando a las personas, aprendamos todos juntos a vivir en un ambiente de nuevos aprendizajes para que las futuras generaciones no se estanquen en modelos que no sean compatibles con los niños que requieren un abordaje distinto en cuanto a su enseñanza.
Agradezco a los profesionales de la salud que se especializan en los niños y no los dejan solos, luchando junto con ellos y aprendiendo mutuamente; también a las profesoras, no es su culpa no estar capacitadas para interactuar con ellos, pero si vemos que alguno necesita la ayuda correspondiente no lo dejemos solo, no le gritemos, estos pequeños sienten igual que nosotros y por ende tienen miedo como nosotros. Debemos informar a los padres de las necesidades que observamos, capacitémonos en distintos cursos de educación inclusiva para saber cómo actuar ante cualquier situación. Sigamos leyendo e informándonos, recordemos que nunca es tarde para adquirir algún nuevo conocimiento y sobre todo, innovar.
Referencias
Bunge, E., Gomar, M., Mandil, J. (2009). Terapia cognitiva con niños y adolescentes: Aportes técnicos. Buenos Aires: Librería Akadia Editorial.
Britton, L. (ed. 2000). Montessori Play and Learns. España – Barcelona.
Cuando una persona pierde algo valioso, se centra en el objeto perdido, desea tenerlo, se lamenta de no haberlo usado lo suficiente. Le asigna un valor económico, una significancia en cuanto a afecto y centra su anhelo en su búsqueda, en recuperarlo. Investiga y trata de entender cómo lo perdió.
Si la pérdida fue por negligencia y descuido habrá mucha culpa y enojo. Si la pérdida se dio por un asalto, habrá mucho miedo y angustia. Si la pérdida fue por un accidente habrá inconformidad y desesperanza. El valor que se le dé reforzará al proceso de duelo y el cómo gestione sus emociones.
En una familia, la pérdida de un ser querido pone a los dolientes en similar situación. Además del dolor que estará presente en todos y en cada uno de los miembros, se sumará la significancia que esta pérdida trae a sus vidas. Así, no es lo mismo perder al padre que perder a la madre; no es lo mismo perder al hijo que al hermano.
El fallecimiento de uno de los padres, sea en una edad adulta, afecta a la persona no solo por la misma pérdida, si no, además en su significancia. Para el experto David Kessler, los padres son nuestras primeras y más importantes conexiones que tenemos en la vida; nos enlazan con nuestras primeras experiencias, son nuestro primer amor.
La pérdida de un hijo, en cambio, es un duelo más difícil y doloroso. Un hijo involucra significado y propósito en la vida de sus progenitores. Como cuidadores, la culpa y la incapacidad de no haber protegido lo suficiente, se añade al dolor de la pérdida. Este proceso puede tomar más tiempo de lo esperado e incluso nunca superarlo. El dolor quiebra a la persona, separa a la pareja (ASCO.ORG, 2018).
La pérdida de un hermano a veces pasa desapercibida por sus seres queridos, generalmente son los padres quienes reciben mayor atención. Perder a un hermano es perder a un confidente y amigo, lo puede llevar a tener sentimientos de desvalorización de sí mismo frente a su núcleo familiar, confronta su propia existencia como menos valiosa que la del hermano que partió, y puede ponerse como tarea llenar el vacío que dejó. Su presencia puede sentirla diluida en el dolor de sus padres.
Cuando es la pareja, esposo o esposa la que fallece, la persona siente la pérdida desde una historia de vida, desde un pasado, un presente y un futuro que se extravió en la relación. La valoración que puede darse a esta pérdida se asocia a sentimientos de soledad y desprotección. Es la ausencia de apoyo; replantea su vida desde uno y ya no, desde dos.
En la familia hay que entender que el duelo es de todos y de cada uno, y que no siempre un dolor será como el del otro; esto nos hace más compasivos con nosotros mismos y con los demás. Entender que no hay duelo correcto o incorrecto, que no se juzga, hace que el duelo sea auténtico y más fácil de sobrellevar.
La psicoterapia familiar acompaña a la familia en este proceso desde el dolor de cada uno de sus miembros. Su trabajo está en la contención a lo largo de las etapas del duelo y motiva, a la familia, a seguir adelante llevados por la significancia y en virtud al propio crecimiento.
Finalmente, termino con las palabras de David Kessler (2021) con respecto a la pérdida: “no es una prueba, una lección, algo que manejar, un regalo o una bendición. La pérdida es lo que pasa en la vida. El significado es lo que hacemos que suceda después de una pérdida”.
Referencias
ASCO.ORG. (Marzo de 2018). Cancer.net. https://www.cancer.net/es/asimilaci%C3%B3n-con-c%C3%A1ncer/manejo-de-las-emociones/duelo-y-p%C3%A9rdida/duelo-por-la-p%C3%A9rdida-de-un-hijo#:~:text=Las%20reacciones%20del%20duelo%20despu%C3%A9s,de%20su%20hijo%20era%20esperada
Kessler, D. (08 de Abril de 2021). Cómo seguir adelante tras la pérdida. Sentido Común. (E. Bernstein, Entrevistador) Mexico. https://www.sentidocomun.com.mx/articulo-contribuidores.phtml?id_contrib=1963
Kessler, D. (s.f.). dignitymemorial.com. https://www.dignitymemorial.com/es-es/support-friends-and-family/grief-library/when-a-parent-dies-dealing-with-the-loss-of-your-mother-or-fatherKübler-Ross, E., & Kessler, D. (2005). On Grief and Grieving, Finding the Mining of Grief Through the Five Stage of Loss. New York: SCRIBNER.
A lo largo de estos dos años podríamos decir que las personas han vivido una serie de pérdidas, algunas más significativas que otras. Pérdidas como la de seres queridos, pérdidas como la de personas no tan cercanas pero que traen un impacto similar por ser conocidos, sea por su edad o por la significancia de los hechos y de con quienes empatizamos.
También se han presentado pérdidas más abstractas. Pérdidas como las del trabajo, la ruptura de un noviazgo o el alejamiento de un amor. Pérdidas como el dejar nuestros planes de viaje, de proyectos e inversiones o simplemente estancamiento de sueños.
Todos estos eventos traducidos o no como pérdidas, unas más significativas que otras, le siguen una serie de experiencias al interior de la persona que pueden afectar su sentido de vida en cuanto a significado y propósito.
Para la tanatóloga Elisabeth Kübler – Ross (1969) nos dice que las reacciones a la pérdida son experiencias únicas en cada persona y que el duelo es tan propio como nuestra propia vida. El cómo las personas vivencien sus pérdidas y elaboren sus duelos pueden afectar su calidad de vida futura.
Kübler – Ross dividió al proceso de duelo en cinco etapas: Negación, Ira, Negociación, Depresión y Aceptación. Estas etapas pueden manifestarse en ese orden o no necesariamente. La recuperación dependerá en gran medida de cómo la persona lleve su proceso y lo incorpore como una negociación con la vida para alcanzar el equilibrio. Al ser una experiencia dolorosa y única, la hace más compleja y cada quien lo vivenciará de una forma peculiar.
Sin embargo, no estamos hechos para el dolor y si sumamos que estamos inundados de una corriente positivista en donde es el placer quien le da sentido a la existencia y el dolor no tiene cabida, hace a este proceso más intolerante.
Bregar con el dolor requiere de la persona, fortaleza y valentía que dará como fruto el crecimiento personal. Darle cabida al dolor y conectar con él, es parte del proceso y un reto de estoicismo para el ser humano post-pandemia. Por el contrario, evadirlo como un mecanismo de defensa sólo lo posterga y abre una ventana a la angustia, la ansiedad o peor aún a la depresión.
El hablar de lo que pasó, y cómo pasó es parte de bregar con el dolor. Darle un espacio y una temporalidad en nuestra vida cotidiana, nos conecta con el dolor y le da un lugar como una forma de aceptación. Cuando nos negamos a esto por miedo a sufrir, regresará más tarde cual búmeran con un dolor magnificado. Se corre el riesgo de un quebrantamiento emocional activado por una siguiente pérdida de igual o menor significancia.
Las pérdidas no resueltas pueden manifestarse de muchas formas. Apegos a animales (sean o no mascotas), objetos, recuerdos, etc. Pueden generar conductas compulsivas (acumuladores, atracones de comida, etc.), conductas de riesgo, conductas adictivas, promiscuidad, relaciones casuales y/o superficiales, hipersensibilidad a la pérdida, etc. Acudir a un especialista en psicoterapia sea individual y/o familiar es lo conveniente para ayudar a superar el proceso.
Referencias
Kübler-Ross, E. (1969). On death and dying. New York: The Macmillan Company.
Muchos quebraderos de cabeza, dolores, manías y compulsiones pueden tener una luz de origen en el seno familiar, para nadie es un secreto que varias de las actitudes o aptitudes que nos ayudan a desenvolvernos en la vida la pudimos haber heredado de ellos (los padres), sin embargo, nunca dejemos de lado ese vasto imperio derruido que se conforma de las “malas ideas”, y si, están entre comillas porque definen lo que sucede con un pensamiento que tras mucho rodar por la vida termina espichado y sin brillo. Ahora, toma un asiento muy cómodo y vamos a quejarnos y simular al menos por una vez, que la responsabilidad culpa no es nuestra.
¿Cómo y cuándo una idea se vuelve “mala”?
Si nos desligamos del área fisiológica y vamos a hechos más accesibles, podemos comprender que unas ideas al aparejarse a otras configuran una creencia, y esta, al aplicarse a diversas situaciones y dar resultados (la mayoría de las veces, agradables) provoca un reforzamiento. Siendo esto así, sí nos volcamos a usar el mismo plan para casi todas las situaciones de la vida ¿qué crees que ocurra? Antes de continuar, tómate un espacio, reflexiona, respóndete y luego sigue leyendo, quizás tengamos una grata coincidencia.
Ahora que te has detenido y pensado, hablemos un poco de la suspicacia a modo de ejemplo de lo anterior. Ese arte fino de dudar, de ver entre líneas negativamente lo que no se ha dicho de forma clara, esa forma de quien entre cierra los ojos, ladea la cabeza y dice que algo no está del todo bien. Nos parece una cualidad importante, y lo es, pero, ¿sí la empleamos a todo?, ¿qué resultaría? Básicamente, la búsqueda y resolución de un crimen que no se ha cometido, una saña contra inocentes que se ven criminales por no poder leerles la mente, una incansable cacería para obtener “la razón” cuando el otro se harta y nos traiciona víctima de tantas injurias y señalamientos. Como vemos, no es aplicable a todo ni a todos. Es así como llegamos a una “mala idea” el uso excesivo de una fortaleza se convierte en debilidad en la medida que se aplica a todo.
Mamá dice: «cuídate, no salgas”
Para cualquiera que lea esta frase le parecerá una buena sugerencia, una muestra de cariño y de querer la seguridad completa para su prole, pero, no olvidemos el centro de esto “las malas ideas” cuando una creencia se establece y es usada en todo y para todo.
Partiendo de esto, cuando existe una creencia sobre la seguridad, donde el mundo se aprecia como hostil, la incertidumbre se apodera de la persona con total tranquilidad, y no es para menos: “si sales a la calle, pueden atropellarte, sí contestas el teléfono de un número desconocido puede que te estafen, sí hablas con desconocidos pueden hacerte daño”. ¿te suena? Vivir con “el Cristo en la boca” es decir, vivir con un estado de incertidumbre constante, es algo que no solo se les confiere a los trastornos por fobias sociales generalizadas, muchas veces, estas creencias exacerbadas viven con nosotros y nos cubren en cada ámbito de la vida.
Un ejemplo anecdotario de este tipo de creencias son las que encontró Rebe Secura cuando entendió desde muy pequeña que salir en toalla por el pasillo de su casa no era conveniente a todas horas, pues, debía cerciorarse que su tío quien tenía serios problemas con las drogas no estuviera en casa. De este modo, Rebe comprendía a todas horas el hecho de tener que mantenerse alerta, sí la dejaban sola en casa no podía asomarse por la ventana, sí iba a comprar el pan debía evitar los callejones y lugares con muchos hombres como la licorería de la esquina, sí llovía no podía ampararse bajo la marquesina del local vecinal porque ¿quién sabe que podía ocurrir? Un “instinto” muy fino que fue tergiversándose hasta llegar a ideas erróneas en la adultez.
Algunas de las características que hacen orgullosa a Rebe es la del “scanner comportamental emocional” este refinado recurso que parece sacado de una película de ficción no es más que la finura actualizada de su creencia anterior. Aquí, utiliza señales mínimas para interpretar el entorno, sobre todo a las personas con las que entra en contacto, bajo una callada mirada se queda pensativa sobre la mueca que acaba de hacer su interlocutor, su mirada gacha y su tono de voz bajo casi neutro le son indicios a Rebe de que algo no anda bien, por lo que activa su segundo programa al que denomina: estabilización de situación.
Esta aplicación orgánica la utiliza para dos casos muy bien diferenciados: protegerse, replegándose sobre sí misma; estabilizar la situación para no sentirse anímicamente amenazada.
Personas como Rebe cundan en muchos sitios, sus relaciones se basan en tener siempre cuidado, énfasis en esta palabra, siempre, porque es allí cuando las conductas adaptativas se convierten en patrones que en un futuro son casi inamovibles. En esta situación, Rebe se ha visto envuelta en muchos “cuidados” que como dogmas se han extendido por ejemplo al área sexual, donde estar con alguna persona ya se consideraba un gesto de ligereza y de mal futuro a vistas de otros quienes ya tachaban negativamente su reputación, se le acostumbró a ir siempre por el camino de en medio, evitando conflictos y no manteniendo posturas, no volcarse a otros caminos desconocidos ni qué decir de aceptar llamadas de números extraños, eso es, claramente, impensable. Por ende, no es de extrañar que el malhumor y maltrato de otros era algo que ella asimilaba como una tarea propia, la de apaciguar.
Es precisamente, esta labor observadora la que la hace presa de sí misma, de no atreverse a la espontaneidad luego de ver un rostro serio, de no envalentonarse cuando alguien está abusando de otros o inclusive de sí misma. Simplemente, se repliega y muerde su queja. “Ten cuidado Rebe, ten cuidado del mundo”.
Mamá dice: «no hay”
Las dificultades económicas no le son ajenas a buena parte de la población, de hecho, muchas veces puede constituirse como una lección importante de vida como antídoto para evitar las superficialidades de la misma. Sin embargo, cuando esta idea existe de una manera totalmente arraigada, encontramos a un individuo lleno de precaución que rechazan un soplo de alivio y de gusto en nombre de los “malos momentos”, donde el gastar no es solo una contención arbitraria y constante, sino que además se vuelve en una forma de apego, quieren desde la carencia.
De este modo, Rafael se movía por la vida, precavido con el dinero, precavido con el amor, precavido en amistades, precavido en todo. Invertir en una relación de pareja es para él una consideración casi que, de vida o muerte, se le metió en la cabeza desde muy pequeño que para engalanarse y coquetear no debía ser austero, al contrario, debía invertir tiempo y dinero. Y aunque para muchos esto es una realidad incuestionable, resulta que no es así al menos no con todo el mundo. Quien desea estar contigo, lo estará y aceptará una cita en un parque con un lunch. Pero Rafael, no piensa así, gastar y gastar es la moneda máxima para estar en el juego de la vida.
“Tener que levantarme y asearme por alguien, a quien tengo que llevar algún día a casa, tener ropa adecuada para mostrarme, aplazar pendientes y dedicarle espacio…no, paso” se dice Rafael cuando de amor se trata, no gusta de relaciones, aunque las anhela, simplemente teme salir de su restringida nube de barrotes sólidos en la que se encuentra, pero, su preocupación constante en no invertir porque es una pérdida le carcome. Esa necesidad que pide en silencio ser satisfecha nunca llega, dado que se acostumbró a lo que hay, nada más, conformarse y resignarse. Por ende, ama de forma lejana, desde el deseo no cumplido.
Esta misma falta de iniciativa comenzó desde casa, donde desechaban ideas tan simples como ir a la playa un fin de semana de forma exprés, inclusive, cuando brindaba algunas tácticas de paseo accesible como, por ejemplo, salir ya almorzados o con comida hecha en casa, comprar boletos antes y con promociones y demás artimañas, todas y cada una eran desechadas a veces sin razón alguna por lo que su espíritu de intento quedó cercenado. Así, su vida es eso, una idea amputada tras otra. “No gastes Rafael, no hay, esto es lo que nos tocó y así hay que vivir, poquito pero divino”.
Mamá dice: «eres especial, nadie es como tú”
Estas ideas de valoración absoluta de los hijos son muy lindas y apropiadas, hasta que llega el momento de contemplarlos a ellos como divinidades que son criadas con esmero y total atención que, al momento de relacionarse con otras familias cuyos sistemas y valores son distintos, existe un choque descomunal como si de supernovas se tratara. Y queda entonces el polvo fino luminiscente de asperezas.
La vida de las gemelas que veremos a continuación transcurrieron bajo las siguientes líneas: “no iremos a casa de tus tíos de nuevo, dice que se comportan como unas malcriadas, son unos exagerados. Prohibirles cosas a mis hijos es un abuso ¡locos!” dice la mamá enojada porque la tía impidió que las gemelas Roy y Susan jugaran con el nacimiento navideño de porcelana. ¡Les compraré otro si se rompe! – Era su respuesta a cada travesura que sus especiales e inmaculadas hijas provocaban.
El sentimiento de autovaloración es importante cuando hablamos de saber quiénes somos y de qué estamos hechos, en momentos de adversidad profunda es lo que nos ayuda a envalentonarnos y encontrar valor para reafirmarnos y no dejarnos llevar por la desidia. En situaciones sociales incómodas donde hay personas que gozan de extinguir cualquier opacidad intencional o inconsciente, saber quiénes somos y no doblegarnos resulta un as bajo la manga, muy efectivo, dado que todos somos distintos y gozamos de ese privilegio sin igual que consiste en no pensar igual, gracias a eso, el mundo camina y progresa. Pero, ¿cuándo se convierte en debilidad el que nos creamos especiales y únicos?
Volviendo a las gemelas y su ahora vida como adultas universitarias, existe un extraño ambiente en sus experiencias, un vacío que las une pese a estar separadas en sus actividades, se describen en intimidad como personas que no encajan, que no pueden establecerse en un sitio o encontrar su nicho porque todo escapa a sus expectativas, y esto, las lleva a un sin sabor enorme, un sentido de soledad abismal donde las más triviales conversaciones se sienten como paja en un establo, algo más que tratar en una noche que se supone era divertida. De este modo, pasaron de sentirse geniales y hasta superiores a ser “un bicho raro” que cuando intenta relacionarse no sabe cómo interpretar el suceso externo y huye para no afrontarlo.
“Siempre serán mis soles, mis gemelas únicas, especiales e insuperables, nadie es como ustedes, nadie las querrá como lo merecen, mis niñas Roy y Susan”.
Finalmente, antes de pasar a las recomendaciones y reflexiones, es necesario acotar que las madres muchas veces están en ocasiones al frente de la crianza de los hijos, algunas por decisión propia, otras por obligación, algunas más bajo la presión social del “deber”, sin embargo, lo importante de lo aquí recalcado, es que estas vivencias han venido bajo la inspiración de procesos personales extraídos de terapia, al mismo tiempo, también se han concebido gracias al apoyo invaluable de pacientes que, tras cada sesión fueron expresando tales dificultades de vida que fueron acuñadas en sí mismos desde tempranas etapas debido a la crianza que su progenitora les había provisto.
Por supuesto que hay madres excepcionales, hay un escrito que inclusive las concibe de ese modo e intenta arrojar luz sobre sus conductas, pero, tampoco puede obviarse aquellas circunstancias donde sus acciones, aunque “buenas” (en su mayoría) no hicieron más que mella en sus hijos. Agradezco en este punto, el libro que en su momento no significó nada, sin embargo, ahora con la madurez y sabiduría que da la terapia valoro entrañablemente llamado “Cuando mamá lastima” de Rayo Guzmán (2015), el cual narra historias de perdón altamente valiosas.
¿Qué puedo hacer?
Derriba paradigmas. Enlista tus fundamentos, las banderas que te definen y cuestiónate sobre ellas.
Revisa tus relaciones. La manera en cómo te relacionas tiene que ver mucho en cómo piensas, para nadie es un secreto que el apego deviene de cómo aprendiste a recibir y dar cariño, de modo que, indaga sobre tus ideas respecto al amor.
Humillas o te dejas humillar. Sí tus emociones son un vaivén incontrolable, revisa de manera incansable a quién pertenece dicho rasgo, hazte cargo de esta cualidad ahora que hace mella en ti y reencáusala.
Toma las riendas de tu existencia. Ya responsabilizamos a mamá, sin embargo, ella y tus familiares definieron tu crianza de acuerdo a lo que ellos sabían. Pero, ahora, tú, ser consciente y presto a la comprensión de los hechos ¿Qué harás al respecto?
En un día habitual, mamá regresa del trabajo, deja la cartera y demás cachivaches de protección contra cierto virus y se dirige al baño a asearse, sin respetar, los 20 segundos que recomiendan para el lavado de manos porque unas voces demandantes, persistentes, aparentemente indolentes y muy directas la acechan desde su llegada.
Le reclaman su atención, le recriminan su ausencia, se quejan de sus decisiones y actos apenas los ejecuta, cuestionan sus razones y además de eso, le señalan cada error pasado y le anticipa todos los deseos a cumplir hacia el futuro inmediato.
Esa voz inquisitiva es la de su hijo.
«¿Por qué llegas a esta hora, mamá?», «siempre dices que llegaras temprano, mentirosa». ¿Dónde está mi mochila?, ¿ya saldremos?, ¿vas a cocinar ahora? ¡Tengo hambre!
Ante esta escena, que más parece crónica de un desesperante texto de revista de suspenso antes de la ejecución de un crimen, resulta más bien una anécdota.
Y eso, sin contar situaciones que pasan debajo de mesa y según quienes las viven son más «adaptativas»
– «Partes de la cotidianidad Brenda, por favor, acostúmbrate»- me dice la mamá crispada por mi cara de horror- hago mención también a situaciones tales como: «mamá, vete, no quiero tu opinión, el profesor ha dicho que debo hacerlo así todo, ¡no me digas más nada!». Y ante esta escena que me deja también estupefacta, la sonrisa nerviosa de la mamá se asoma con un: «tranquilito hijito, ya, ya lo hago». Increíble.
Ante este panorama, hay quienes se detienen a señalar desde lo alto de un pedestal de concreto cuál medida es mejor tomar en esos casos para los “impíos que osan privar de su paciencia al adulto”, cuál castigo a modo de ejecución total estarían dispuestos a tomar, otros, llevando su cabeza de lado a lado saborean desde su “privilegiada” inexperiencia mil maneras de increpar a la madre por su “blandengue” inactividad tras el arrebato de su hijo. Pero, ¿quién es el valiente que se impulsa a diseccionar el cadáver de la situación y desmiembra sección por sección los factores y pormenores de lo que sucede, lo que sucedió y sucederá? Muy pocos, realmente.
No obstante, hoy, de la mano conmigo vamos a levantar la escena del crimen que se ha dado y descubriremos quién mató la paciencia de mamá, quién finiquitó realmente esas ganas de solicitar un por favor y devolver un gracias, quién realmente obstruyó esas ganas de levantarse a diario con la intención de cuidar mediante el mimo y no sobre la necesidad de calmar el palpito de urgencia por creer que ese pequeño fulanito está mal. Básicamente, veremos más allá del crimen (gritar) y observaremos el anecdotario y las pistas que, desperdigadas anuncian la consumación de este hecho, para algunos, en extremo repudiable.
Asimismo, desde la base, veremos que el grito a modo de arma decapitó por unos instantes las emociones de una madre y de su hijo.
“Te concebí, eres mío”
Desde que recibió su muestra de embarazo positiva, desde que sus síntomas se fueron acrecentando y notó la transformación de su cuerpo, dio a luz antes de tiempo, simplemente, alumbró un par de ideas: Mi/su cuerpo, ya no será mío/de él, ahora, es nuestro.
Cada latido, cada mueca, cada sonrisa, sensación de placer, dolor y angustia fueron compartidos desde ese día, un sentido de pertenencia abismal, que dura en muchas madres hasta que se despiden de la vida. Inclusive, demuestran un nivel de fortaleza ante adversidades muy superior a lo que habían demostrado antes, dándose casos muy lamentables donde se toleran las más terribles injusticias en nombre de ellos, los hijos. Bajo este respecto, me es bastante familiar recordar este verso de una canción de Rosalía (cantautora española) que, en su álbum número dos titulado “El mal querer” (2018) interpreta: “Bueno, yo por amor, uff, bueno, hasta bajé al infierno. Eso sí, como subí con dos ángeles” (0:25).
Esta referencia, hace mención a una serie de abusos recibidos durante la vida matrimonial, llegando a rescatar como algo positivo el tener dos hijos. Para algunos un precio ampliamente cuestionable de pagar, para otros, existe una justificación enorme. En torno a esto, una realidad que inclusive viven muchas personas, más de las que imaginamos. ¿De dónde surge este sentido de pertenencia aún por sobre la vida de la “procreadora”?
Badinter (1993) citado por Recciuti (2020), presenta este concepto como un saber espontáneo de toda madre que surge con un conjunto de saber hacer que viene de manera genética en la mujer, haciéndola la mejor cuidadora posible en la tarea de maternar. Pero, ¿Realmente es así?, ¿es cultura o es biología?, ¿cuánto es de uno y cuánto es de lo otro?
Si nos adherimos a la definición anterior, encontramos una perspectiva biologicista, donde la anatomía de la mujer ya determina lo que sucederá en la vida, a través del tiempo sin trascender aparentemente. Realmente, muchas veces no ocurre así y es un error inexcusable solo apegarnos a estas instancias, ya que muchas veces la cultura y la educación pueden llevar a caminos distintos, como ejemplo clave: la división de tareas y de “roles” en tanto que hombres ahora están en instancias “privadas” del hogar y mujeres en el trabajo, activando la cultura y política de su entorno. Sí bien es un tema que hoy en día se toma con pinzas, es necesario revisar que muchas de estas concepciones no solo eran de unas generaciones atrás sino que en muchas civilizaciones todavía se persiguen como un ideal. Por lo tanto, dejando la mente abierta a encarar ideas y discursos dispares a los habituales, observemos estos dos caminos: en primer lugar, cuidar y soportar molestias por un tema de dificultad educativa, carencias económicas y afectivas para sí mismas, resignación ante la situación y noción del castigo como un elemento de aprendizaje necesario. En segundo lugar, cuidar y tolerar situaciones a veces de incomodidad extrema por considerar que el problema es irresoluble y “así debe ser” por patrones familiares arrastrados, rechazo a tomar la iniciativa para innovar nuevas estrategias para afrontar los problemas y fatiga crónica ante el estrés constante. Veamos un caso ilustrativo.
Sasi en Barrio Bajo y Lili en Villa Arco
Una, es una chica menor a los 35 años, tiene dos hijos, educación primaria a duras penas terminada y es ama de casa, no demuestra esmero en su vestimenta diaria ni para celebraciones, su casa, su lugar de trabajo diario y no remunerado está impecable, con la comida siempre a la hora y sus hijos inmaculadamente bien cuidados.
Para el desayuno, el cual hace cuando el sol aún no alcanza la alborada siempre está pensado para los demás antes que su propia nutrición, su esposo e hijos merecen “la gran presa” ella… ya tendrá alguito más.
Asimismo, tolera explosiones de ira de su pareja ante cualquier cosa como una toalla mal colgada o una camisa sin planchar. Ante esto, el día a día con los hijos se torna una lucha de supervivencia, alimentarlos, asearlos, educarlos ante travesuras y reforzarles durante las tareas lo visto en la escuela aun con los escasos conocimientos que tiene y, además, tener algo de paciencia para sí misma y ellos.
Mantiene cada respiro de su existencia con base al alivio que llegará el día que sus hijos puedan levantarse por sí mismos, cuidarse y cuidarla y así alejarse de las penurias que la vida conyugal le ha proporcionado. No hay que ser muy listo para deducir que muchas de sus instrucciones son del tipo: “eso te pasa por estúpido, hazlo de nuevo”, “si no mejoras acabaras limpiando, estando como yo, mantenida y pobre”.
Mucho resentimiento, frustración y deseos de expiar cada dolor mantenido durante años no son la excusa para palabras tan crudas, pero, existen y son distintivas de situaciones tan desesperanzadoras como la descrita. Ahora, veamos el caso de Sasi.
Hermosa, bien portada, muy cuidada en sus maneras, discreta y sonriente fuera de casa. Tiene 3 hijos, uno más travieso que el anterior, vivaces y muy audaces para conseguir lo que desean. No están enmarcados dentro de la habitual familia que vive bajo el mismo techo, al contrario, son familia pero viven de a temporadas en casa de cada progenitor, que, gracias a sus profesiones pueden permitirse una casa en un buen lugar de la ciudad.
La vida en estas instancias no está tan diluida en mieles y azúcares como pudiéramos imaginarnos, resulta que la cotidianidad de Sasi es la de ir arreando a su pequeña tropa, si, arreando porque en su casa no se mueve un dedo sino lo demarcan unos altos decibelios en más de cinco llamados, resulta que sus hijos luchando entre ellos por atención desarrollaron ciertas conductas que buscan de la manera que sea la atención de la dulce Sasi, cuya casa está destinada al azar y la aventura, lo primordial es el trabajo “para mantenerlos adecuadamente sin tanta ayuda del padre”.
Ante esto, el empuje para criarlos levantándose cada mañana, el de poder corregirlos ante quien esté, mimándolos cada que puede bien sea por capricho de ellos y su facilidad para “domesticarla” o porque simplemente le surgía de su interior, ella, es una fuerza arrolladora que al mismo tiempo de sacar la colada de la lavandería se cuestiona ¿lo haré bien?, ¿por qué conmigo no obedecen y con el papá sí?, ¿y sí los dejo con mi hermana y me voy de vacaciones un fin de semana?, ¿seré una mala madre por esto? y tras breves segundos de introspección surge nuevamente el llamado de la cotidianidad exigiendo algo baladí a lo que la respuesta que surge de su garganta son del calibre de: “nunca ves nada, está allí, ¡ciego!”, “jamás se te ha ocurrido buscar acá, es que no piensas”, “acostúmbrate a hacerlo tú solito, ya estás grande, no puedo hacerlo todo yo siempre”, “el día que me vaya tú tendrás que valerte por ti mismo, aprende de una vez”.
Ambas instancias, una más altisonante que la otra (para algunos) nos denotan dos realidades de las múltiples que existen, son comunes, pero no significan que sean aceptables dentro de los deseos de lo saludable y de bienestar, primordialmente porque están repletas de desdichas y reproches que lejos de levantarlas de la situación las hunde todavía más.
Gritar para sentir
A este punto, gracias por no aferrarte a un paradigma y seguir explorando el tema que trasciende el grito de una persona, en este caso, de una madre, que desde esta postura las vislumbra como seres que han estado en observación y de los que se detallan estas características, para los padres, ya existirá otro momento para hablar sobre ellos donde hay mucha tela que cortar también.
Entonces, siguiendo la línea de la comprensión y no de la excusa, ya sabemos qué trasfondos existen y que sucede allí entorno al grito y es que existen muchos disparadores que pueden predisponer todavía más una situación de crisis, vamos a enunciarlos y hagamos un pequeño ejercicio, sí respondes más de cinco “sí” por favor, busca apoyo, no serás señalado, anímate a revertir la situación. Empecemos.
Discuto constantemente con mi pareja, familiares cercanos y me irrito fácilmente.
Veo las noticias y la situación país me altera, provocando que me moleste y hable de cualquier modo con mis hijos.
No me detengo a pensar qué consecuencias puede desencadenar el que les grite y ellos se callen.
Casi nunca les pregunto a mis hijos cómo se sienten tras una discusión.
Me siento rebasado casi todo el tiempo, ante el mínimo estímulo “estallo” con todos en casa.
No ofrezco disculpas casi nunca o nunca.
Los problemas de mi familia se resuelven en casa, pienso que las cosas suceden por etapas, se disipan solas.
Si todo está en calma no vuelvo a tocar el tema de la anterior discusión, si nadie habla, ya se resolvió.
Acepto que muchas veces hablo a mis familiares con improperios y descalificaciones en lugar de ir al meollo de los problemas tratados.
Al ver un problema, juzgo, señalo, increpo al que lo cometió culpandolo inmediatamente de la situación en lugar de comprender y resolver.
Busco culpables de las situaciones para regodearme en lo que han hecho para sentirme mejor.
Espero que mis hijos siempre sean ordenados y condescendientes respecto al trabajo y rol que desempeño en casa más que por mi persona.
Me molesto fácilmente si me mencionan alguno de mis errores, más si lo hace alguno de mis hijos.
¿Turbio, ¿no? estas situaciones arriba enunciadas a modo de cuestionario son muchas de las instancias que en terapia se visualizan de manera casi total cuando a terapia familiar se refiere, y no lo comentan los padres o madres angustiadas, no, lo hace ese hijo que no se concentra en clase, que no puede acercarse a otros por problemas de confianza, entre otros, sí, son los hijos los síntomas de la situación de fondo que atraviesan los padres.
Una baja autoestima, una necesidad casi eterna por desear descansar física y emocionalmente, incapacidad para controlar las reacciones emocionales, pobre capacidad para gestionar excesos conductuales de parte de los niños, esto es, lo que tradicionalmente llamamos “berrinches” pueden ser detonantes de una serie de desgastes familiares que traen como consecuencias los gritos desaforados de quién se siente responsable total por la vida de sus infantes.
Finalmente, algunas sugerencias de la mano de las revistas Healthy Children (2020) y Guía Infantil (Padilla, 2021) demuestran algunas estrategias importantes a considerar, aquí un resumen de ellas:
Tómate un momento para visualizar quejas, en papel, por escrito en el teléfono o en la pc, lo importante es poder saber qué sucede y cuántas veces se repiten estas situaciones y cómo resolverlas.
Sí bien el trabajo es vital, no puede llevarse a casa siempre. Un terreno de esparcimiento, un refugio ante la vida arrolladora es lo que debe significar un hogar, procura no evadir las situaciones de casa empleando como excusa el tener mucho trabajo.
procura mantenerte atenta a los placeres de la vida, que aunque se vean pequeños y cotidianos pueden significar un momento de meditación activa muy reconfortante, tal como el apreciar un aroma de la comida que consumes, apreciar la sonrisa que tus hijos te devuelven, agradecer por las cosas que te has podido proveer, entre otras.
Piensa que no todos tienen un mismo objetivo dentro de la familia, bien sea por la diferencia de edad, pensamiento, cultura, educación etc. todos son distintos, por lo tanto, no todos perseguirán la misma meta, no obstante, que esto no signifique hacer planes familiares, escucha la opinión de todos y en familia conduce el camino.
Piensa antes de estallar ¿esto lo amerita? Hay cosas que no son estrictamente necesarias para resolver de inmediato, puedes aplazar actividades en pro de una jerarquía más funcional, como el relajarte unos instantes y luego retomar las tareas de casa; en lugar de gritar e irritarte porque no están las cosas tal como las prefieres.
En situaciones sociales, destaca lo positivo, una reunión familiar amena no tiene por qué volverse un centro de quejas, al contrario, gózalo y disfrútalo, en otro momento, apropiado y privado compártelo y desahoga tus vivencias, hay un contexto para todo.
Comprende la conducta de tus hijos, vuélvete más observadora, muchas de las actividades que pueden irritarte pueden ser causa de un sentimiento de aburrimiento y de querer llamar tu atención sobre ellos, de manera negativa, pero atención al fin, de modo que, redirige la conducta, una actividad entretenida y educativa que pueda satisfacerlos a ellos y te sientas tranquila tú.
halagos, mimos y afecto. No dudes en dar los abrazos que siempre quisiste recibir, estimula el proveer afecto sin razón aparente más allá que la del amor, de ese modo, los lazos afectivos serán todavía más profundos y lograrás mayor cohesión familiar y por sobretodo te sentirás alegre de dar dulzura frente a los embates de la vida.
Finalmente, si estás en una situación de violencia, recurre a los organismos de apoyo, tus hijos no tienen por qué ser una barrera entre tú y tu estabilidad física, emocional y mental, además que no tienen que recibir el maltrato y abuso que por tu frustración arrastra, al contrario, contágiate de la fortaleza que ellos pueden darte y sal adelante, busca apoyo y brilla.
Referencias
Vila, Rosalía. (2018). Preso (Cap.6: Clausura) [Canción]. El mal querer. Sony
Recciuti, P. Los artificios del instinto materno : representaciones de la madre universal [en línea]. Trabajo final de grado. Montevideo : Udelar. FP, 2020.
«El cuidado de la vida y la felicidad humana y no su destrucción es el primer y único objeto legítimo del buen gobierno«
Thomas Jefferson
En el lenguaje corriente, aborto es la muerte del feto por su expulsión, natural o provocada, en cualquier momento de su vida intrauterino.
Fuente: «EL ABORTO»
Conferencia Episcopal Española
Comité para la Defensa de la Vida
Madrid, 25 de marzo de 1991
Teniendo en claro (por lo menos en un lenguaje apto para todo público). Podemos adentrarnos en lo que son las secuelas o consecuencias de este hecho doloroso, pero a su vez también real e innegable. Hablar de aborto, no resulta facil. Sin embargo, vayamos a los actos y así a sus consecuencias.
Solo para mencionar algunas de estas secuelas (psicológicas), diremos que el aborto causa:
Evitación de situaciones relacionadas con el mismo evento.
Sentimientos reprimidos además de aislamiento.
Sensación de revivir la experiencia.
Presenta ataques de angustia.
Recelo hacia sus hijos vivos.
Falta de energía, desinterés, llanto frecuente, conductas autodestructivas, etc.
Conceptos previos que nos pueden ayudar:
•La OMS (2007) define la DEPRESIÓN
Vista como una enfermedad que se caracteriza por una tristeza persistente y por la pérdida de interés en las actividades con las que normalmente se disfruta, así como por la incapacidad para llevar a cabo las actividades cotidianas, durante al menos dos semanas. La depresión es el resultado de interacciones complejas entre factores sociales, psicológicos y biológicos. Quienes han pasado por circunstancias vitales adversas (desempleo, luto, traumatismos psicológicos) tienen más probabilidades de sufrir depresión. A su vez, la depresión puede generar más estrés y disfunción, y empeorar la situación vital de la persona afectada y, por consiguiente, la propia depresión.
•TRASTORNO DEL ESTADO DEL ÁNIMO
Son trastornos que tienen como característica la alteración del humor de las personas. El DSM IV (2002) divide este tipo de psicopatología en trastornos depresivos (trastorno depresivo mayor, trastorno distímico y trastorno depresivo no identificado), trastornos bipolares (trastorno bipolar I, trastorno bipolar II, trastorno ciclotímico y trastorno bipolar no identificado) y dos trastornos basados en la etiología (trastornos del estado de ánimo debido a una enfermedad médico e inducido por sustancias).
•EPISODIO DEPRESIVO MAYOR
Se caracteriza por un episodio que dura al menos dos semanas durante en el que hay un estado de ánimo deprimido o una pérdida de interés en casi todas las actividades que normalmente realizaba la persona. Esto debe acompañarse de un malestar clínico significativo y alteraciones en la funcionalidad de la persona en las dimensiones sociales, laborales y otras áreas importantes. El estado de ánimo de una persona que está pasando por esta situación, se presenta como triste, desanimado. También puede manifestarse en el aspecto físico, irritabilidad e inestabilidad. Incluso existe la inhibición del deseo sexual y el apetito disminuye considerablemente. En cuanto al sueño, este tipo de episodio se asocia al insomnio sin aparente razón. Otros síntomas pueden ser fatiga, falta de energía, sentimientos de culpa e inutilidad.
•EL ESTRES- POST ABORTO
Se vincula con el tabaquismo. Las mujeres que abortan tienen el doble de probabilidades de convertirse en grandes fumadoras y de sufrir los correspondientes riesgos sobre la salud. Las mujeres que han abortado tienen también mayor probabilidad de continuar fumando durante los posteriores embarazos deseados, con el riesgo añadido de muerte neonatal o anomalías a causa de esta adicción.
• DESÓRDENES ALIMENTICIOS:
Para algunas mujeres al menos, el estrés post-aborto se asocia con desórdenes en la ingestión de alimentos tales como comer compulsivamente, bulimia, y anorexia nerviosa.
Ahora mencionaremos las físicas y diremos que:
Las principales complicaciones de un aborto son:
Sangrados severos (por los desgarros)
Cancer ( 60% mayor de probabilidades de padecer)
Infecciones (en el peor de los casos desencadenar peritonitis)
Lesiones en vagina y útero
También pueden darse consecuencias a largo plazo que afecten a embarazos futuros
La infertilidad o mayores probabilidades de padecer cáncer.
Finalmente la muerte
Seguidamente desglosamos las antes mencionadas y diremos que:
• CÁNCER DE MAMA:
El riesgo de cáncer de mama casi se dobla después de un aborto e incluso se incrementa aún más con dos o más abortos.
• CÁNCER DE OVARIOS, HÍGADO Y CERVICAL:
Las mujeres con un aborto se enfrentan a un riesgo relativo con el cáncer cervical, en comparación con las mujeres que no han abortado. Riesgos igualmente elevados de cáncer de ovario e hígado se ligan con el aborto único o múltiple. Estos porcentajes incrementados de cáncer para el caso de mujeres que han abortado se relacionan aparentemente a la interrupción no natural.
• PERFORACIÓN DE ÚTERO:
Entre un 2 y un 3 % de las pacientes de aborto pueden sufrir perforación del útero, la mayoría de estas lesiones quedarán sin ser tratadas. El daño en el útero puede complicarse y de por sí puede conllevar diversas complicaciones adicionales y lesiones que incluyen la osteoporosis.
• MUERTE:
Las primeras causas de muerte en relación con el aborto son hemorragia, infección, embolia, anestesia, y embarazos ectópicos sin diagnosticar. El aborto legal constituye la quinta causa de muerte de gestantes en los EE. UU, aunque de hecho se sabe que la mayoría de muertes relacionadas con el aborto no son registradas oficialmente como tal.
Cáncer cervical
A Continuación veremos con datos de lo que estamos hablando.
Teniendo en cuenta estas características mencionaremos a continuación las estadísticas:
Para Reardon, Strahan, Thorp y Shuping (2004) las mujeres que han experimentado un aborto tienden al suicidio 3.7 veces más que las mujeres que nunca se han embarazado.
En otros estudios similares para Fergusson, Horwood y Ridder (2006) encontraron en su estudios realizado con 630 mujeres en Nueva Zelanda que quienes sufren una pérdida gestacional, arrojo que el 78.56% de las mujeres que experimentaron un aborto sufrieron de depresión mayor, mientras que el 64% de ellas presentaron un cuadro de ansiedad.
Mientras que por su lado, en Noruega, Pedersen (2008) realizó un estudio con 5768 mujeres, del cual concluye que las mujeres que se sometieron a un aborto tienen un riesgo del 95% de sufrir una depresión mayor.
Por su parte, Yilmaz, Kanat-Pektas, Kilic y Gulerman (2010) realizaron un estudio en Turquía a mujeres que se practicaron abortos quirúrgicos o con medicamento, del cual concluyen que el 34.3% de las mujeres que emplearon el método quirúrgico padecieron estados depresivos.
Y para el estudio de Rousset, Brulfert, Séjourné, Goutaudier y Chabrol (2011) se encontró que de 86 mujeres que habían pasado por la practica de un aborto, el 38% presentaban síntomas de TEPT. Las cifras hablan por sí solas.
Cáncer de mama
Por las secuelas psicologicas del aborto se dan coductas muy dañinas en la mujer y se dan otros severos problemas, estas son las siguientes:
REFUERZO DEL HÁBITO DE FUMAR CON LOS CORRESPONDIENTES EFECTOS NEGATIVOS PARA LA SALUD:
• ABUSO DEL ALCOHOL:
El aborto se vincula de forma significativa con un riesgo doble, añadido al abuso del alcohol entre las mujeres. El aborto seguido de abuso del alcohol se vincula con conductas violentas, divorcio o separacion, accidentes de tráfico, y pérdida del trabajo.
• ABUSO DE LAS DROGAS:
El aborto se encuentra significativamente ligado a abuso posterior de las drogas. Además de los costes psicosociales que supone tal abuso, la adicción a las drogas se vincula con el riesgo sumado de contraer infecciones por VIH/SIDA, malformaciones congénitas y conducta agresiva.
• DESCUIDO DE LOS NIÑOS O CONDUCTA ABUSIVA HACIA ELLOS:
El aborto se vincula con mayores niveles de depresión, conducta violenta, abuso del alcohol y de las drogas y relajación de los lazos que unen a las madres con los hijos habidos posteriormente. Estos factores se asocian estrechamente con el trato abusivo hacia los niños y parecen confirmar particulares valoraciones clínicas que vinculan el trauma post-aborto con abuso infantil subsiguiente.
•DISFUNCIÓN SEXUAL:
Entre el 30 y 50 % de mujeres que han abortado mencionan sufrir disfunciones sexuales, estos comienzan después de dichos abortos. Pueden darse uno o varios problemas: ausencia de placer en las relaciones, dolor añadido, aversión al sexo incluso mucho mas preocupante aversión a los hombres en general.
• DIVORCIO Y PROBLEMAS CRÓNICOS DE RELACIÓN:
Para la mayor parte de las parejas, un aborto crea problemas imprevistos en su relación. Las parejas que han recurrido al aborto están más expuestas a divorciarse o a separarse. Muchas mujeres que abortan desarrollan una mayor dificultad para establecer lazos duraderos con un compañero. Esto puede deberse a que el aborto se relaciona con reacciones tales como baja autoestima, mayor desconfianza hacia los hombres, disfunción sexual, abuso de substancias y niveles incrementados de depresión, ansiedad, etc.
Para terminar, les dejo un testimonio de una de las mejores voces (como tiene que ser), un testimonio de valentía, pero también un ejemplo de que si perdemos una sola vida, podríamos estar perdiendo una estrella entre miles, un talento, privando al mundo, de un sol, una luz, una esperanza.
Andrea Bocelli, quien tiene una historia personal muy singular con el aborto.
En palabras suyas, nos cuenta: “cómo su progenitora recibió tras un ataque de apendicitis durante la gestación un tratamiento que podría haberle causado graves malformaciones fetales, por lo que le recomendaron que pusiera término a su embarazo. Sin embargo, la madre del tenor italiano optó por no seguir dichas recomendaciones”. Es por esto, que hasta el día de hoy gozamos de la prodigiosa voz de este icono del canto lírico.
Andrea Bocelli y su esposa Veronica Berti
Bibliografía:
American Psychological Association Task Force on Mental Health and Abortion. Report of the American Psychological Association Task Force on Mental Health and Abortion. APA, 2008.
Bradshaw, Z, Slade, P. The effects of induced abortion on emotional experiences and relationships: a critical review of the literature. Clin Psychol Rev 2003; 23: 929–58
Coleman, PK. Induced abortion and increased risk of substance use: a review of the evidence. Curr Women’s Health Rev 2005; 1: 21–34.
Kaunitz. «Causes of Maternal Mortality in the United States,» Obstetrics and Gynecology, 65(5) May 1985.
H.L. Howe, et al. «Early Abortion and Breast Cancer Risk Among Women Under Age 40,» International Journal of Epidemiology 18(2):300-304 (1989); L.I. Remennick, «Induced Abortion as A Cancer Risk Factor: A Review of Epidemiological Evidence,» Journal of Epidemiological Community Health, (1990); M.C. Pike, «Oral Contraceptive Use and Early Abortion as Risk Factors for Breast Cancer in Young Women,» British Journal of Cancer 43:72 (1981).