Dame la clave de tu celular

Las nuevas tecnologías nos han traído nuevas formas de comunicación, como las redes sociales o dispositivos más modernos, que nos permiten interactuar con mayor facilidad con las demás personas; pero también nos han aproximado a situaciones complicadas respecto a la privacidad y a los sentimientos que emergen de esta; inclusive con consecuencias trágicas. Es así que hablamos de situaciones en las que se exige como base de una relación basada en la confianza, el poder acceder al celular del otro, cual caja fuerte de secretos, que se tiene que controlar para asegurar la permanencia de la relación en el tiempo. En este sentido, la psicología y el derecho, nos ofrecen un análisis interesante de las implicancias de esta práctica, así como posibles diagnósticos para poder llegar a una solución de consenso.

Palabras clave: Confianza, seguridad, autoestima, relación, pareja.

Desde hace un tiempo, Ana ve que su esposo, llamado Carlos, llega del trabajo a escribir en su celular, siempre lo ve sonriendo y respondiendo mensajes, por lo que piensa que quizás la está engañando. Ya en la noche espera pacientemente a que se duerma para poder tomar su celular y ver lo que pasa, pero no logra dar con la clave. Al otro lado de la ciudad, José siente que Margarita, su enamorada, ya no le da la importancia que le daba antes, la siente distante y está muy preocupado, así que un día en el calor de una discusión, le arrebata su celular a la fuerza y acto seguido, comienza a revisarlo, a pesar que su enamorada le dice que no tiene derecho a hacerlo.

De los casos expuestos, se deduce que ya no es necesario contratar un detective privado u aplicar otras técnicas de reglaje para obtener información personal de una persona en específico; ahora solo basta con poder acceder a su celular para saber si está pasando algo irregular que merezca tu atención, pero ¿Qué puede reflejar esta práctica en la vida cotidiana? A continuación, desde el punto de vista de la psicología, nos centraremos en tres conceptos importantes como son: la confianza, la seguridad en uno mismo y la autoestima; para después dar una explicación rápida acerca de las implicancias que puede traer este hábito, y finalmente ofrecer una explicación desde la perspectiva del derecho, así como una pequeña reflexión y recomendaciones.

Si tú has sido víctima de esto, o haz realizado este modo de control sobre tu pareja, espero poder darte los alcances necesarios, para que puedas determinar y analizar conscientemente tu relación, y yendo más allá si fuera el caso, a ti mismo.

Posibles trastornos

En una buena relación, las personas que la conforman confían uno en el otro y respetan su derecho a la privacidad, y espacio personal; más allá del tiempo que puedan pasar juntos. Por lo que, la necesidad de invadir la esfera de individualidad de la pareja, puede deberse a problemas que van más allá de la relación, y ser un llamado silencioso sobre situaciones pasadas no superadas que pueden estar reflejándose en la exigencia de saberse amado, ante la falta de la capacidad de creerse valorado naturalmente.

Desde la perspectiva de la psicología

Si bien la revisión del celular puede ser consensuada entre las personas que conforman una relación, es decir de mutuo acuerdo, lo cual es muy válido; también podría darse con exigencia y sin el consentimiento de la otra parte, lo cual constituye una violación del espacio personal e íntimo. Para esto existen tres conceptos determinantes que nos van a ayudar a un mejor análisis de este problema.

La confianza

La confianza es la base de una relación saludable. Existen diferentes tipos de confianza, siendo los más conocidos la confianza en uno mismo y la confianza en los demás. Según Bandura, en su teoría del aprendizaje social, la confianza en uno mismo o autoeficacia, implica la autovaloración respecto a las expectativas que se tienen sobre el futuro y la capacidad de lograr los objetivos propuestos. Por otro lado, tenemos la confianza en los demás, que ha sido clasificada por la psicología como “confianza social”, y que según Yañez y otros (2005) se describe, “como una expectativa generalizada de que las promesas de un individuo o grupo van a ser cumplidas” (p.p. 11). De este último término se desprende la “desconfianza social”, que no es un concepto negativo, si se entiende a la confianza como un mecanismo adecuado para manejar la complejidad y la incertidumbre que no podemos controlar, respecto de nuestro entorno y las personas que nos rodean. Asimismo, Yañez y otros nos dicen que, “Las primeras experiencias relacionadas a la confianza y la posterior socialización serían los determinantes claves para la predisposición a confiar” (p.p. 11). De aquí es importante resaltar como las buenas y malas experiencias nos van a hacer más proclives a una mejor reacción ante situaciones que impliquen un engaño o una infidelidad.

De lo expuesto, podemos deducir que una persona que pide continuamente saber que hay en el celular de su pareja, puede tener graves problemas de confianza, en relación a malas experiencias confiando en los demás o en anteriores relaciones, y que no han sido superadas.

El sentimiento de seguridad

Es el sentirse a salvo de una forma universal, es un sentimiento que se requiere tanto en la esfera psicológica como física; siendo que, desde la psicológica, es el equilibrio y la sensación de bienestar permanente, en relación a nuestra vida y a nosotros mismos; sin que nada nos perturbe. Como nos dice Aragón (2019), “La seguridad psicológica y también física, la buscamos porque nuestras vidas suponen un conflicto, que escapa de nuestro control en la mayoría de ocasiones, y no sabemos cómo reaccionar ni cómo dar respuesta a multitud de complicaciones y adversidades” (s.p.). Por lo que es importante ver este sentimiento no como una necesidad constante de sentirnos queridos y aceptados, si estamos actuando desde la carencia de la validación de lo que somos y hemos logrado desde el punto de vista de nuestros sentimientos; sino como el estar en la capacidad de saber afrontar los cambios que puedan ocurrir en nuestra vida desde cualquier esfera, en este caso la afectiva.

De lo explicado podemos concluir, que la poca seguridad, podría deberse a la falta de capacidad de enfrentar los cambios, o al miedo de salirse de esa zona de confort que se ha logrado; debido a un fracaso, un abandono o una decepción profunda; creando dentro de uno, la exigencia de permanente validación por parte de los demás, para así poder sentirse querido y aceptado, en este caso a través de la revisión constante de los datos almacenados en el celular de la pareja con la que se comparte una relación, en búsqueda de algún indicio de engaño. Clemente nos dice, “Así, una crianza y educación autoritaria, crítica e incluso abusiva da forma a perfiles inseguros” (s.p.). Se desprende de esto que la inseguridad de revisar el celular del otro, va más allá de la relación en sí misma y abre paso a un problema más personal, como el sentirse vulnerable ante la amenaza de lo que no se puede controlar, debido a que la pérdida no es algo que puedan manejar ni aceptar, por la constante evaluación social a la que en algún momento se han visto sometidos.

La autoestima

La autoestima a diferencia de la confianza, es la valoración de uno mismo, pero de forma global, y no solamente sobre sus capacidades.

Branden (1987) nos menciona que:

La autoestima es la experiencia de ser aptos para la vida y para sus requerimientos. Más concretamente consiste en tener confianza en nuestra capacidad de pensar, de afrontar los desafíos de la vida y en nuestro derecho a ser felices. El sentimiento de ser dignos, de merecer, de tener derecho a afirmar nuestras necesidades y a gozar de los frutos de nuestros esfuerzos (p. 21).

De lo expuesto se puede resaltar, que la autoestima implica la confianza y la seguridad en un mismo concepto, por lo que, de forma general, va a ser muy importante en el desarrollo de una relación de pareja, ya que una persona que no tiene confianza y seguridad en uno mismo, va a sentir la necesidad de asegurar el amor de la otra persona, a pesar de que el amor no es algo asegurable ni exigible, sino más bien algo voluntario que se refuerza a través del tiempo y de las experiencias vividas.

Desde la perspectiva del derecho

Desde el punto de vista normativo, el mirar el celular de tu pareja es un delito, dependiendo de la manipulación de los datos a los que tengas acceso, ya que en nuestra legislación aún no existe una tipificación orientada a la invasión de la privacidad específicamente en este tipo de dispositivos. Es así que contamos con la ley de delitos informáticos, en donde se estipula lo siguiente, “El que deliberada e ilegítimamente accede a todo o parte de un sistema informático, siempre que se realice con la vulneración de las medidas de seguridad, será sancionado con pena privativa de la libertad no menor de 1, ni mayor de 4 años”. De esto se desprende que los celulares corren por un sistema informático y que, si yo ingreso indebidamente o vulnerando las medidas de seguridad impuestas para que este acceso ajeno a mi consentimiento no suceda, podría estar inmerso en este delito; siendo lo contrario cuando el celular en cuestión no tenga ninguna medida de seguridad para acceder al mismo.

Es relevante enfatizar casos en los que este control desmedido ha llegado a consecuencias graves, siendo la figura del feminicidio en nuestro país un tema actual y de preocupación nacional, en donde se llega hasta el punto de matar a una mujer debido a celos o a que no se quiere retomar la relación; en donde sus victimarios creen tener el dominio y la superioridad sobre sus parejas.

Revisar el celular de tu pareja en contra de su voluntad y sin un acuerdo previo, para ver con quiénes conversa o intercambia mensajes, representa una forma de violencia debido a que se vulnera la intimidad y la privacidad de las personas; y se impone la posición de uno sobre el otro.

Para finalizar, es importante que seamos conscientes de que el querer revisar el celular de la persona con la que compartimos una relación, no es saludable y puede ser el indicador de muchos problemas internos, como son: la falta de confianza y de seguridad que se resumen en una baja autoestima. Asimismo, si se siente una sospecha fundada sobre una probable infidelidad, se debe buscar el diálogo y la validación de los sentimientos; pero si esto no es posible lo mejor es dejar ir y seguir adelante, porque nadie se merece vivir bajo la sospecha y las dudas de lo que podría estar sucediendo cuando no se está presente. En este contexto, no se trata de dar sin recibir nada a cambio, ni poner a uno por encima de las necesidades del otro, sino que los dos ganen y puedan construir una relación saludable que pueda permanecer en el tiempo.

Es necesario tener muy en claro que la persona con la que se mantiene una relación, no es un objeto, sino un ser humano con sentimientos y sobre todo derechos, como el de decidir con quien compartir y no compartir sobre su vida privada. Si tú eres de las personas que exige revisar el celular de alguien como prueba de confianza, es importante que te auto examines y así seas consciente de los posibles problemas que estarían siendo la causa de este tipo de conductas. Despeja tu vista de lo que no te permite ver tu valor como persona; y que como tal puedes ser amada y respetada sin necesidad de exigirlo, sino a voluntad propia. Asimismo, puede ser el caso que el problema no seas tú, sino la otra persona que no está en la capacidad de darte el amor y el respeto que tú te mereces.

El amor no se exige, es algo natural que se da a voluntad propia y que si se llega al extremo de exigirse es porque algo no anda bien y es momento de revaluar la relación. La próxima vez que sientas la necesidad de ver el celular de tu pareja o ella te exija ver el tuyo, piensa que es mejor hablar directamente acerca de sus sentimientos; y si no se puede llegar a un acuerdo, lo mejor es decirle adiós y darte una nueva oportunidad en un nuevo comienzo.

Bibliografía

Aragón, R. (11 de agosto del 2019). La seguridad psicológica es un mito [Mensaje en un blog]. Recuperado de https://lamenteesmaravillosa.com/la-seguridad-psicologica-mito/

Branden, N. (1987). El poder de la autoestima. Barcelona: Editorial Paidós Ibérica.

Clemente, S. (24 de octubre del 2019). La inseguridad y como vencerla [Mensaje en un blog]. Recuperado de https://lamenteesmaravillosa.com/la-inseguridad-y-como-vencerla/

Yañez, R., Ahumada, L. y Cova, F. (2005). CONFIANZA Y DESCONFIANZA: DOS FACTORES NECESARIOS PARA EL DESARROLLO DE LA CONFIANZA SOCIAL. Revista Univ. Psychol. Bogotá (Colombia), 5(1), 9-20. Recuperado de http://www.scielo.org.co/pdf/rups/v5n1/v5n1a02.pdf

La discriminación, una forma de inferioridad

Existen conceptos de valor negativos que tienen como único objetivo la afectación de la persona y la desintegración social; y que están dirigidos contra aquellos que son considerados equívocamente como diferentes y hasta inferiores. A este tipo de conducta se le denomina discriminación y todo lo que este concepto implica también es un tema de estudio para la psicología, desde donde se sugiere atender este problema partiendo de sus orígenes, que se encuentran en la mente y las emociones del ser humano. La exteriorización de creencias contrarias a lo moral y lo legalmente permitido, para luego expandirse a círculos más grandes como la sociedad y el Estado vulneran el modo democrático de convivencia en el que aspiramos vivir. La extinción de conceptos como la discriminación, y sus derivados como: el prejuicio, el estereotipo, el racismo, entre otros; no solo nos dan la tarea de formar a los niños en valores y en principios básicos que les permitan diferenciar entre lo bueno y lo malo, también implica el diagnóstico de trastornos que se encuentran detrás de este tipo de pensamiento, que se da a conocer a través de una conducta que puede esconder más de lo que parece.

Palabras clave: Discriminación, prejuicio, estereotipo, racismo. 

El Perú es uno de los países donde existe más diversidad cultural, esto debido a una historia de constantes cambios, revoluciones; el carisma y la amabilidad de sus habitantes. Esta mistura de colores y sabores nos ha posicionado en el top número uno en muchos aspectos, siendo uno de ellos nuestra gastronomía, que es reconocida mundialmente por su calidad y la fusión de variados sabores. Pero ¿Qué pasa cuando empezamos a distinguir esta fusión de una forma negativa? Según Prevert y otros (2011), “desde la psicología social sabemos que la discriminación corresponde a la traducción en actos de los prejuicios. Se trata de un comportamiento negativo en contra de los miembros de un grupo que es objeto de una imagen negativa”. (p.p. 9). Por lo que podemos asumir que los prejuicios, los estereotipos y la discriminación se presentan juntos, y que no son más que el resultado de una herencia penosa que se ha pasado de generación y generación, y que ya es hora de dejar atrás. A continuación, explicaré el concepto de discriminación, así como sus variantes, como son los prejuicios y los estereotipos, para después dar hablar del racismo y finalmente dar una reflexión acerca de esta problemática. Si tú eres de esas personas que piensa que el envase vale más que el contenido, después de leer este artículo, espero hacerte cambiar de opinión y que te des cuenta, que solo es una etiqueta impuesta por una sociedad a la defensiva que ha sido sometida desde el principio de su historia por la violencia.

Estereotipos y prejuicio

En mi opinión contrastada con la de otros estudiosos del tema, el problema de la discriminación comienza con dos juicios de valor negativos de diferente naturaleza, como son los prejuicios y los estereotipos. En primer lugar, los prejuicios son los sentimientos y emociones derivadas de una creencia, en forma de evaluaciones positivas o negativas, que se tienen sobre una persona o personas. Desde la perspectiva de la psicología Casas (2008) nos dice, “no es solamente una declaración de opinión o de creencia, sino una actitud que incluye sentimientos tales como el desprecio, disgusto o total repudio”. (p.p. 151). Por lo que, prejuzgar representa, tener ideas y conceptos por lo general negativos hacia una persona, solo por su apariencia o por lo que creemos conocer acerca de ella sin conocerla realmente; y que han sido previamente implantados en un ambiente de intimidad que no comprende el verdadero valor humano. De esta manera, los prejuicios nos hacen juzgar a los demás, por la creencia injustificada que tenemos y no por sus méritos y acciones. En efecto, la discriminación se encuentra vinculada con el prejuicio, como la actitud arraigada en el ámbito de las convicciones personales que considera a un determinado grupo humano como inferior.

Respecto a los estereotipos, se tiene que son ideas organizadas derivadas de creencias, sobre las características asociadas a diferentes grupos sociales: aspecto físico, intereses, ocupaciones, etnias, entre otros. Respecto a este concepto Casas (2008) nos explica, “El término “estereotipo” hace referencia a reproducciones mentales de la realidad sobre las cuales se generaliza acerca de miembros u objetos de algún grupo”. (p.p. 151). En este punto es importante recalcar, que tanto los prejuicios como los estereotipos pueden ser positivos o negativos, siendo por lo general negativos.

Algunos ejemplos

 Al comenzar la carrera de psicología uno de los primeros temas que conocemos, son los prejuicios, pero ¿por qué? Bueno, como profesionales de la salud mental encaminados a evaluar el comportamiento de las personas para dar un diagnóstico adecuado, debemos dejar de lago el hecho de la evaluación a primera vista, porque si bien este aspecto forma parte del resultado final, no lo es todo, ya que lo más importante está en el diálogo y el acercamiento que nos permita el paciente para empezar a conocerlo verdaderamente.

Algo muy importante de recalcar, es la diferencia entre prejuicio y estereotipo, respondiendo el primero a una evaluación más emocional, mientras que el segundo a algo más cognitivo, es decir más mental. Desde la Psicología todos tenemos prejuicios y estereotipos, ya que nuestra mente está hecha para organizar conceptos en categorías. Es relevante decir que los conceptos que podemos armar que responden al concepto de prejuicio o estereotipo, no son siempre negativos, también pueden ser positivos, y es algo a tomar muy en cuenta, aunque ahora solo abordaremos el lado negativo.

Un ejemplo de prejuicio:

Ana es una chica que está un poco subida de peso, es el primer día de clases y quiere verse bien, ella está muy emocionada por hacer nuevos amigos, ya que es muy sociable. Ya en la clase, sus compañeros no son muy amigables, en especial Gloria que la mira con desagrado porque piensa que Ana esta gorda porque no se quiere, sino haría ejercicio y cuidaría más su aspecto. Lo que no sabe Gloria, es que Ana tiene una enfermedad que la ha hecho subir de peso y que es algo que esta fuera de su control. Cuando Gloria se entere de la verdad, se va a sentir muy culpable.

Un ejemplo de estereotipo:

Todos dicen que Claudia es una chica muy bonita, pero algunas personas la han encasillado en el papel de “bonita tonta”, dicen que es de las que se arregla mucho porque no tiene nada en la cabeza. Lo que no saben es que Claudia está estudiando medicina y es una de las mejores de su clase. Esperemos que las personas que piensan que solo es una cara bonita se den cuenta pronto de su error, porque es un poco vergonzoso pensar de esa manera.

La psicología específicamente en su rama social, nos aclara que tanto los prejuicios y los estereotipos tienen un origen social. Según Prevert y otros (2011) nos dicen al respecto, “la discriminación debe reubicarse dentro del marco de un análisis de las estructuras sociales fundadas en diversas formas de desigualdad de poder, de medios materiales, de reconocimiento, etc.”. (p.9). Por lo que trataremos el tema de la discriminación como cuestiones aprendidas mediante la observación; y que son la consecuencia de generalizaciones muy difundidas sobre los miembros de un grupo cercano o social, que nos llama a buscar un lugar en un grupo para ser aceptados, así que una personalidad formada y criterio propios son muy importantes.

Otro punto muy importante es que los prejuicios también pueden ir contra nosotros mismos. Por ejemplo: Si soy el inteligente de la clase solo debo juntarme con los inteligentes; como me dijeron que soy el perdedor de la clase no puedo juntarme con personas con una mejor etiqueta; y si soy el más popular no puedo juntarme con cualquiera. No debemos subestimarnos, no usemos los prejuicios en nuestra contra, eso es un auto ataque, y si no puedes remediar eso en ti mismo, no vas a poder remediarlo en los demás.

Algo de suma importancia, es que esta categorización puede representar a personas que tienen muy interiorizado el concepto social de jerarquías; pero también puede suponer un problema interno más allá de un simple juicio de valor, como el tener que hacer sentir inferiores a los demás para no sentirse inferior uno mismo. En consecuencia, las personas que discriminan a diestra y siniestra, pueden tener graves problemas internos no resueltos, y su forma despectiva de actuar sometiendo y tratando se hacer sentir inferiores a los demás, solo podría ser la máscara de un problema muy grande en su interior.

La discriminación

Ya hemos hablado de lo que significan los términos de prejuicio y estereotipo, pero para recordar, estos son la idea de algo que en concreto no es cierto, ya que solo son creencias guiadas por emociones o la organización de ideas en relación a alguien, respectivamente. En efecto, la discriminación viene a ser el poner en marcha estas creencias y realizar acciones reflejadas en una conducta y en un hecho sólido, o más comúnmente, es llevar la idea a la práctica. En este sentido, la discriminación es el trato diferenciado basado en motivos injustificados; que van en contra de los principios y valores morales, y el ordenamiento jurídico; y que tiene como resultado la anulación o menoscabo de la persona en la que se aplica esta práctica. Más exactamente, el acto de discriminar a alguien, se basa en ideas de prejuicio o estereotipo negativo que hacen que los miembros de un grupo sean tratados como seres diferentes, en el sentido de ser inferiores; yendo en contra de la dignidad y la naturaleza humana de toda persona.

De forma general la discriminación se define como la conducta diferenciada con el objetivo de disminuir a un grupo social o uno de sus miembros. Desde la psicología hay una concepción un poco divergente. Según Casas (2008) la discriminación se da cuando, “el sujeto se siente amenazado de perder poder y dominio sobre aquello que no comprende, valora o desconoce”. (p.p. 159). Así vemos tristemente que nuestra sociedad en la búsqueda de competitividad, reconoce indirectamente el dominio sobre los demás como un valor. Entonces, ¿las personas que discriminan son malas personas? Pues no, ya que considerablemente solo son el reflejo de una sociedad competitiva, y del desconocimiento y una falta de comprensión sobre lo que significa igualdad y valor humano. Asimismo, es importante pensar en la situación de cada sujeto y en los factores que pueden estarlo llevando por este mal juzgamiento de los demás. Quizás una infancia terrible con padres clasistas y con un aprendizaje estereotipado asimilado, tendrá como resultado un niño que crece pensando que discriminar a los demás es lo correcto porque sus padres, su máxima autoridad moral, aprueban esto. Es necesario desaprender y romper con eso más adelante.

La discriminación y el racismo

El racismo, al igual que la homofobia, el machismo o el hembrismo, es una manera aislada de discriminación, dirigida a personas con características específicas, en el caso del racismo, relacionada al origen andino, a si habla quechua o aymara o emplea una vestimenta tradicional. Un ejemplo claro nos lo da Ardito (s.a.) que nos explica, De otro lado, la mayoría de personas de rasgos andinos padecen maltratos racistas cuando, además, son pobres, tienen apellido indígena, han nacido en una comunidad, usan su vestimenta tradicional, tienen baja estatura, escaso nivel educativo, hablan quechua o tienen un marcado acento indígena”. (s.p.). Sin duda existen muchas formas de discriminación, una más inaceptable que la otra, pero considero que el racismo es la que más se ha mantenido y ha pasado a formar parte de nuestra cultura popular e identidad, por lo que líneas más abajo hablaremos un poco de este concepto.

En el Perú, la discriminación como un esquema de intolerancia, ha permitido la exclusión como una forma permitida de descartar a determinadas personas con la etiqueta de inferiores. La marcada diferencia entre la superioridad de determinadas identidades étnicas o raciales, modelos culturales, estéticos y religiosos sobre otras, han sido una amenaza constante para las personas originarias de nuestro Perú, que no han tenido otra alternativa que bajar la cabeza y esconderse ante los abusos de los borrachosamente superiores que no eran más que ignorantes de la materia. La discriminación en nuestro país, ha sido y es un problema grave, una semilla de opresión que ha dado frutos de rechazo e invisibilidad de los más débiles, afectando a la sociedad en general, como una persona que día a día esta desaprendiendo y curándose de un aprendizaje obligado e impuesto por los primeros invasores.

Un poco de historia

La preponderancia de las ideas racistas en el Perú, tuvieron su apogeo durante la República Aristocrática. Manrique (2008) nos dice, “La cuestión de cómo debía insertarse a la población india que iba a forjarse fue un problema desde la propia fundación de la República”. (s.p.). En esta etapa los oligarcas representaban el poder absoluto, la raza negra la esclavitud y los indígenas la pobreza y la opresión. Manrique (2008) también nos habla del impuesto indígena, “la restauración del tributo indígena colonial, bajo el nuevo nombre de contribución personal”. (s.p.). En este sentido, “ser indio”, como llamaban en esos tiempos a los peruanos originarios, sólo significaba una condición fiscal, ya que a pesar de su pobreza extrema, estaban llamados a contribuir con lo poco que tenían; en tanto los criollos y los blancos no tenían esta obligación, por su superioridad natural. Asimismo, nuestros primeros ancestros estaban obligados a trabajar gratuitamente en las obras estatales y bajo el sometimiento de los gamonales, que eran los encargados de supervisar su trabajo en las tierras de los oligarcas, que eran una especie de señores feudales andinos.

La élite de esta etapa, estaba integrada sólo por blancos venidos de Europa, los cuales se arrepentían de no poder exterminar a los indígenas como se había hecho en muchos países de América. La idea de desprecio se refleja en el sermón del 28 de julio de 1846, por el 25 aniversario de la independencia, en donde Manrique (2008) nos recuerda las palabras dadas por el sacerdote Bartolomé Herrera, “El sufragio selectivo debía apartar a los indios del voto, puesto que su incapacidad natural los hace inelegibles para ciudadanos”. (s.p.). Por lo que, convencidos de su inferioridad natural étnica, tanto los blancos y los criollos, los últimos en su mayoría los intelectuales del momento; buscaron otras formas de exterminio. Los programas de “integración del indio a la nación”, consistían en la “regeneración biológica gradual” a través de la mezcla de razas, por lo cual se abrió la puerta del Perú a la inmigración blanca, con la idea de un “país vacío que era necesario repoblar”. Al no ver resultados eficaces, y dar cuenta que la clase indígena representaba un problema porque eran mayoría en el país, se apostó por otra alternativa, como fue la eliminación cultural, o etnocidio cultural. Medida que en la actualidad lamentablemente parece haber rendido fruto.

Otro momento de racismo en la historia de nuestro país, es la violencia ocurrida durante las décadas de 1980 y 1990 que tuvo componentes de discriminación hacia la población campesina e indígena de los departamentos más pobres del país. El uso insultante, denigratorio y deshumanizante de la palabra “indio” o “cholo” estuvo presente en los abusos y arbitrariedades que se cometían contra los campesinos de las comunidades andinas. Estas expresiones se usaban frecuentemente de manera despectiva con la finalidad de disminuir y menospreciar la condición humana de las personas.

En la actualidad, todavía podemos ver algunos matices de racismo, en las noticias, en las redes sociales o en nuestro día a día, inclusive podemos haber sido víctima o quien sabe victimarios. Lo cierto es que es una práctica que poco a poco está desapareciendo, como una sociedad enferma que esta sanando de a pocos de todas las arbitrariedades y la violencia; que solo sabe defenderse formando parte de una élite superior, porque prefiere ser victimario antes de víctima, y así protegerse de no ver menoscabados sus derechos más básicos, una sociedad a la defensiva, que no está dispuesta a volver a ser disminuida.

La discriminación es un fenómeno que contiene diversos componentes y engloba en sí una variedad de sentidos que complican su eliminación en la persona y de la sociedad. En este sentido, entenderla mejor permitirá enfrentar de manera integral sus consecuencias y enfocarse en los elementos constitutivos que la causan. Para la psicología la mejor medida es el respeto, la tolerancia, la comprensión y la crítica constructiva.

Un poco de tolerancia

El concepto general de tolerancia, es la comprensión por el otro, yo tolero a alguien porque debo comprender diferentes factores que han tenido un papel en la forma de ser o de actuar de un individuo, para que se comporte de una determinada manera. Entonces aquí diferencio tres equipos, el primero de los discriminados, el segundo de los que discriminan y el tercero, vamos a llamarlos, el de los juzgadores. Sin duda no existe una tolerancia por parte de los que discriminan hacia los que son discriminados, porque están programados en automático para ser de esa manera, pero probablemente y en su mayoría, son personas que no se saben equivocadas, al tratar a una persona de forma despectiva por ideas o creencias equivocadas. Por otro lado, tenemos a los que han sido discriminados, los cuales por lo general han sido disminuidos en su calidad humana. Finalmente, están los juzgadores, entre los cuales quizás tú te has encontrado alguna vez; son esas personas que cuando sucede un acto de discriminación levantan su voz y demuestran su indignación, bien, es correcto, pero ¿son los que juzgan tolerantes? Al juzgar a la persona que ha discriminado inmediatamente nos cegamos por la ira de lo que ha hecho y no pensamos en lo que está detrás de ese comportamiento, como una mala formación en valores y principios, el desconocimiento de la ley o un ambiente tóxico que desde niño le ha hecho creer que está bien discriminar; que no es más que la expresión de una errónea forma de pensar que puede ser corregida.

Las personas pueden obrar mal, pero tenemos el deber de preguntarnos porque esa persona es así, ir más allá del dedo acusador y recordarnos que todos somos humanos y cometemos errores. En este punto quiero que quede claro que no estoy del lado de los malos elementos del sistema, aunque tan malos no son porque son la creación de una sociedad temerosa, pero si estoy del lado del respeto, consenso y la tolerancia, ya que las críticas no van a repercutir verdaderamente en una persona si no son constructivas y logran llegar al interior de su ser. Si el objetivo del castigo es la resocialización como manda la Constitución, te aconsejo que, desde cualquier situación, debes permitirte ser más abierto a escuchar.

Como solucionamos este problema

Desde el punto normativo, solucionaremos el problema de la discriminación aplicando las leyes, desde el punto social vamos a solucionar este problema a través de la exclusión de los que realizan esta práctica tan negativa, pero desde el punto de la psicología no es tan fácil. Como una ciencia que estudia los procesos internos del ser humano y de la expresión de estos en el comportamiento, la mejor solución es tratar de comprender ¿Por qué una persona tiene la necesidad constante de disminuir a los demás? ¿Qué es lo que sucede dentro de él para comportarse de esa manera? Y ¿Qué es lo que espera cuando lo hace? La discriminación como vimos más adelante, no es más que la consecuencia de un ambiente que no sabe acerca del valor de una persona y que solo te juzga por lo que cree cierto de ti. La internalización del concepto de que la apariencia, tu apellido, tu forma de vestirte y las cosas que adquieras te hacen mejor persona, es un concepto equivocado que debe desaparecer de tu interior y del de todos. Pregúntate ¿Por qué pienso de esa manera? ¿En qué momento empecé a pensar así? ¿puedo cambiar?

Para finalizar, si realmente queremos lograr un cambio, no debemos convertirnos en lo que juramos destruir. Desde la psicología, la mejor forma de lograr un cambio, es a través del respeto, la tolerancia, la comprensión y la crítica constructiva. No podemos intervenir poniéndonos al nivel del que ha insultado o herido, porque seremos igual que él, y no tendremos esa superioridad moral que nos ayudará a ayudarlo. Si no te agrada como se expresó alguien de otra persona o no te gusta lo que hizo, la mejor manera de lograr un cambio es llegar a él, desde su ser interior como alguien que quiere su bienestar y le dice que su forma de pensar es incorrecta, todo esto de una forma asertiva, con mucho respeto y consideración por las circunstancias.

Puede ser difícil, contener emociones de desahogo, que vienen de toda una cultura oprimida, que esta alerta al más mínimo insulto, para hacer la guerra y defenderse hasta morir, con tal de no volver al pasado, pero es mucho mejor construir desde lo bueno que desde lo malo, no existe la necesidad de volvernos inquisidores, si queremos una sociedad moderna, necesitamos mentes modernas que apuesten por el diálogo y no por la violencia.

Si tú eres una persona que ha prejuzgado a otra persona, o a estereotipado a alguien, por creencias o ideas que tenías acerca de lo que está bien, te comprendo y compréndete a ti mismo, busca en tu interior el problema que te hace o te ha hecho alguna vez ser de esa manera y soluciónalo, porque nadie mejor que uno mismo, que se conoce a sí mismo mejor que los demás, para tomar cartas en el asunto y hacer la diferencia. Nadie es perfecto, como seres humanos estamos inclinados a cometer errores, pero en el darse cuenta y hacer algo al respecto, se encuentra lo que nos diferencia de los demás. Nosotros mismos somos los encargados de romper con la tradición y poco a poco instaurar una nueva visión de lo que significa ser uno mismo, desde cualquier perspectiva, Está en nuestras manos el identificar estas situaciones y actuar para prevenirlas o, en último caso, remediarlas, siempre desde el respeto, la tolerancia, la comprensión y la crítica constructiva. Es el primer paso.

Bibliografía

Manrique, N. (2004). Enciclopedia temática del Perú: Sociedad (vol. 7). Lima: Empresa Editora El Comercio.

Prevert, A., Naarro, O. y Bogalska, E. (2011), La discriminación social desde una perspectiva psicosociológica. Revista de Psicología Universidad de Antioquía, 2(1), 7-20. Recuperado de http://pepsic.bvsalud.org/pdf/rpsua/v4n1/v4n1a2.pdf

Ardito, W. Recuperado de https://idehpucp.pucp.edu.pe/wp-content/uploads/2015/03/conferencias-descentralizadas-alfa-VF.pdf

Casas Martínez, María de la Luz (2008). PREJUICIOS, ESTEREOTIPOS Y DISCRIMINACIÓN. REFLEXIÓN ÉTICA Y PSICODINÁMICA SOBRE LA SELECCIÓN DE SEXO EMBRIONARIO. Acta Bioethica, 14 (2), 148-156. [Fecha de Consulta 5 de abril de 2021]. ISSN: 0717-5906. Disponible en:   https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=55412249004

La autoestima y la dignidad, dos conceptos de valor

La autoestima es un concepto que nos llama a valorarnos de una forma muy personal, en donde esta valoración puede darse de forma positiva o negativa, debido a que como seres humanos sentimos y pensamos de una manera propia y podemos guiarnos de un buen o un mal autoconcepto. La dignidad en cambio, como un concepto antecesor, nos da cuenta del valor de ser un ente moralmente autónomo que merece respeto y que goza de libertad, dilucidándose como el reconocimiento universal del valor humano desde tiempos antiguos. Es así que la autoestima y la dignidad se unen, y valorarnos deja de ser totalmente un concepto individual y psicológico, para ser un hecho religioso, filosófico y de derecho, que se ha desarrollado dentro de la humanidad como comunidad y que ha hecho posible que vivamos en sociedad. En la actualidad, la dignidad es un derecho fundamental y es la base de la sociedad. El Estado a través de su regulación normativa, tiene la obligación de garantizar un ambiente idóneo en el que todas las personas podamos vivir con dignidad y aprender a tomar consciencia de nuestro valor humano, es decir a tener autoestima. 

Palabras clave: Autoestima, dignidad, persona, Estado. 

Cuando una persona no tiene una buena autoestima, generalmente se relaciona a conceptos que nos proporciona la psicología, como un autoconcepto negativo de sí misma o la falta de autoaceptación que no le permite ser consciente de su especial naturaleza, pero ¿Acaso solo la psicología aborda este problema? La respuesta es no, ya que existen otras áreas de estudio como la filosofía, la religión y el derecho, que abordan el valor de la persona desde otro punto de vista muy similar a la autoestima, como es el de la dignidad. A continuación, explicaré el valor humano desde el concepto de la dignidad, sus orígenes, y su relación con la autoestima, agregando a esto algunas reflexiones a seguir frente a posibles pensamientos negativos que puedan estar rondando tu mente. Después de leer este artículo no va a quedarte duda de que eres un ser valioso, especial e irrepetible y que solo falta que tú te des cuenta de ello.

El concepto de dignidad humana

Como concepto general, la dignidad es el valor único, insustituible e intransferible que posee toda persona humana, es la base de todos los valores superiores y se fundamenta en la autonomía moral de la persona, característica que lo hace especial de entre otros seres vivos. Según Kant, “la dignidad tiene un valor intrínseco en la persona moral y este valor no admite equivalencias”.

La dignidad es un valor interno que no puede desprenderse de la persona, que tiene valor pero que no tiene precio y que está ligada a la libertad de poder hacer lo que pensamos y lo que sentimos, esto dentro de los límites del ordenamiento jurídico y los principios morales ya establecidos, porque como seres humanos somos poseedores de la autonomía moral, que no es más que la capacidad que nos hace valorar situaciones de carácter moral y tomar decisiones. 

La moral como base de la dignidad

El término “moral”, fue rescatado por los romanos y tiene sus raíces en el término griego “ética”, así que podemos decir que son términos equivalentes. Entonces, la moral se refiere a las expectativas o ideales que acogemos como correctos, respecto de nuestra comunidad, en torno a situaciones particulares que necesitan ser evaluadas en base a un criterio propio, para convivir en armonía. Es así que la moral es un modo de vida en la cual podemos ser buenos o malos.

Respecto a esto Cortina (2013) menciona que:

“Todos los seres humanos son más o menos altos o bajos, todos son morenos, rubios o pelirrojos, todos pesan más o menos, pero ninguno carece de estatura, volumen o color. Igual sucede con la ética, que una persona puede ser más moral o menos según determinados códigos, pero todas tienen alguna estatura moral”. (s.p.).

La moral se imprime en la dignidad, como la libertad que posee el ser humano, de hacer lo correcto de acuerdo a las circunstancias y a su conocimiento. Este es responsable de sus decisiones, sean buenas o malas y siendo la autonomía moral eso que nos hace especiales y que ningún otro ser vivo posee. Para más exactitud Cortina (2013) nos explica lo siguiente, “el núcleo del mundo moral consiste en reconocer, estimar, proteger y empoderar a los seres que merecen ser reconocidos como valiosos por sí mismos y, por lo tanto, tienen dignidad y no precio”. (s.p.).

La autonomía moral, es la esencia del concepto de la dignidad y significa que los seres humanos somos especiales porque en la libertad que nos otorgan nuestras facultades, como adquirir conocimientos y ser morales, para hacer lo correcto o incorrecto, reposa el valor de la dignidad, que nos hace dignos y merecedores debido a nuestra naturaleza humana, de entre otros seres vivos que conocemos.

Antecedentes de un concepto precursor de la autoestima

La historia de la dignidad empieza con el desplome de las jerarquías sociales, que solían ser la base del honor. Relacionado antiguamente con la desigualdad, tenía honor él que había sido reconocido públicamente, él que por alguna cualidad tenía el respeto de todos o él que era una persona moralmente correcta, por lo que era esta cualidad moral la que impulsaba a una persona a actuar dentro de lo permitido. Taylor (2010) nos dice, “Es obvio que el concepto de la dignidad es el único compatible con una sociedad democrática, y que era inevitable que el antiguo concepto del honor “cayera en desuso”. (s.p.).

La dignidad a diferencia del honor, se emplea en un sentido universalista e igualitario, en donde el honor le abre paso a la dignidad, como un concepto moderno que reconoce el valor de la persona de forma igualitaria para todos, es decir, todos somos dignos, todos somos valiosos sin importar nuestra apariencia física, nuestra condición social u otros factores, somos dignos porque somos humanos. 

Más adelante sucedería la Segunda Guerra Mundial, en donde se dieron a cabo hechos aberrantes, y es debido a los abusos cometidos y a un mundo conmocionado, que se renueva la teoría institucional que le dio a la dignidad humana el perfil de un principio constitucional y un derecho fundamental. En relación a esto Landa (2000) opina, “Después de la guerra, la dignidad de la persona y sus derechos humanos se convirtieron en el pilar vertebral de la nueva forma de organización democrática del Estado y de la comunidad internacional”. (p. 12).

La historia de la dignidad se basa en la lucha por el reconocimiento de la misma, como nos refiere Cortina (2013), “Han sido innumerables las revoluciones de los esclavos, los pobres y miserables, los siervos, las mujeres, los negros y los indígenas para lograr ser reconocidos como personas dignas de respeto, pertrechadas de una identidad que merece igualmente respeto”. (s.p.).

El respeto de la dignidad de las personas, es la base de una sociedad, en la que prima el respeto, la igualdad y la justicia.

El valor humano desde el punto de vista de la religión 

La idea de dignidad nace en el cristianismo, en la concepción de que el hombre es una creación de Dios, hecha a su imagen y semejanza. Según el Catecismo de la Iglesia Católica, “el hombre como creación, une al mundo material y espiritual y por lo tanto tiene la dignidad de la persona, ya que no es solamente algo, sino alguien”. Es relevante destacar que hablamos de hombre porque según la religión católica Dios creó primero al hombre y luego a la mujer, por lo que capítulos más adelante, se observa lo siguiente, “Ser hombre y ser mujer es una realidad buena y querida por Dios: el hombre y la mujer tienen una dignidad que nunca se pierde, que viene inmediatamente de Dios su creador (cf. Gn 2,7.22). El hombre y la mujer son, con la misma dignidad, «imagen de Dios». En su «ser-hombre» y su «ser-mujer» reflejan la sabiduría y la bondad del Creador”.

Además de agregar que el hombre y la mujer son los únicos que tienen el conocimiento y el amor en la vida de Dios, se hace referencia a su capacidad, como lo que hace de estos seres especiales, terminando con lo siguiente, “Para este fin ha sido creado y ésta es la razón fundamental de su dignidad”. 

El valor humano desde el punto de vista de la filosofía

El humanismo, un movimiento propio del Renacentismo, enfatizó la dignidad y la autonomía del hombre a través de la “dignitas homitis”, que define al hombre como un mundo interior que se sostiene en una forma de ser indeterminada, lo que lo hace autónomo, libre y responsable de sus actos, por lo que es capaz de modelar su propia naturaleza humana. Asimismo, se planteó la idea de este valor en la ley natural, una corriente de la filosofía y el derecho que postula la existencia de derechos fundamentales determinados en la especial naturaleza humana, ya que en cuanto a las relaciones inter humanas, esta corriente exige el respeto de la dignidad de cada persona, porque esto dará lugar al bien común de la sociedad, teniendo como base el respeto de la libertad y de la vida. En este contexto es importante resaltar a Kant, según el cual los seres humanos merecen un trato especial que posibilite su desarrollo como persona, en este sentido kant afirmaba, “el hombre es un fin en sí mismo, no un medio para usos de otros individuos”.

Para un mejor entendimiento Cortina (2013), nos dice lo siguiente, “Hay seres que no deben estar jamás en el mercado, seres a los que no se les puede fijar un valor de cambio, porque no hay nada equivalente por lo que podrían intercambiarse. Valen por sí mismos, no para otras cosas. Tienen dignidad, y no un simple precio”. (s.p).

El valor humano desde el punto de vista del ordenamiento jurídico

Los derechos humanos tienen como base a la dignidad, valor que asume como un fin en sí mismo. La Declaración Universal de los Derechos Humanos en su artículo primero nos dice lo siguiente, “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”.

En base a esta premisa, delitos como la trata de personas quebrantan la dignidad de la persona, pues le otorgan un precio, lo cual es inaceptable bajo el concepto de la dignidad. Como personas podemos dar marcha a nuestro proyecto de felicidad siempre y cuando respetemos la normativa legal y los principios morales, que buscan la convivencia en base a la dignidad y que nos llaman a practicar el respeto, la tolerancia y la libertad como valores supremos, en donde a partir del diálogo podamos relacionarnos a pesar de nuestras diferencias y nos ayuden a construir una sociedad moral y justa, donde la persona humana es valiosa y la dignidad es el eje central de la sociedad, del Estado y de nosotros mismos.

En en Perú, la Carta Magna también tiene a la dignidad como base fundamental del espíritu de las normas. El artículo primero del Capítulo I Derechos Fundamentales de la Persona, del Título I de la persona y de la sociedad de la Constitución Política del Perú de 1993, nos señala que “la defensa de la persona humana y el respeto de su dignidad son el fin supremo de la sociedad y del Estado”. Es así que el Estado reconoce el valor intrínseco de la persona, por lo que garantiza su realización plena, otorgándole las mismas capacidad y posibilidades de derecho a todos los peruanos. 

La autoestima y la dignidad, dos conceptos de valor

La autoestima está comprendida como el amor propio que se tiene una persona en sí misma. Respecto de esto Branden (1987) nos dice lo siguiente, “La autoestima consiste en tener confianza en nuestra capacidad de pensar, de afrontar los desafíos de la vida y en nuestro derecho a ser felices. El sentimiento de ser dignos, de merecer, de tener derecho a afirmar nuestras necesidades y a gozar de los frutos de nuestros esfuerzos”. (p. 21).

El reconocimiento mutuo de la dignidad, de la necesidad de amor y estima es indispensable para llevar adelante una vida buena y feliz, relacionándose a la autoestima como una pieza más grande, en donde la dignidad es la base, impuesta por corrientes del pensamiento a lo largo de la historia de la humanidad, y la autoestima es la última esfera, en donde el derecho a través del Estado nos conmina a valorarnos desde el interior humano, de la forma en la que se nos ha reconocido por ser nuestro derecho.

En relación a la dignidad y de la necesidad de su reconocimiento Cortina (2013) opina, “Si los demás no se lo reconocen, tienen conciencia de ser injustamente tratados y ven mermada su autoestima”. (s.p.). Por lo que el ser tratados con dignidad y el tener una vida digna, va a significar una buena autoestima a lo largo de nuestra vida, ya que nos vamos a saber valiosos y vamos a internalizar este concepto dentro de nosotros mismos hasta convertirlo en auto valoración y amor propio, es decir en autoestima.

Para finalizar, la autoestima es un concepto de suma importancia, pero es en la dignidad que vamos a encontrar el fortalecimiento de este amor propio, ya que nos va a permitir ser conscientes del valor que poseemos y de lo que merecemos. Valorarse uno mismo, es cuidarse de lo malo y permitirse una vida buena y feliz, es estar dispuesto a compartir momentos solo con las personas que vean en ti el valor que tu ves en ti, y apartarse de las que no lo hagan, porque todos somos dignos de ser amados y valorados de la forma en la que esperamos.

Cierra los ojos y mírate, abrázate con fuerza, reconcíliate contigo mismo y recuerda que el hecho de no reconocer que eres valioso te puede negar la posibilidad de saber cuando otra persona lo haga, por lo que debes tener en claro que, si no te tratas con amor, no vas a saber cuando otra persona lo haga. Quien mejor que tú para acariciarte el alma y darte el trato y el reconocimiento que como ser humano, por naturaleza y por derecho te mereces.

Bibliografía

Branden, N. (1987). El poder de la autoestima. Barcelona: Editorial Paidós Ibérica.

Taylor, Ch. (2010). El multiculturalismo y “la política del reconocimiento”. Recuperado de http://www.juntadeandalucia.es/empleo/recursos/material_didactico/comun/multiculturalidad/pdf/15.pdf

Landa Arroyo, C. (2000). Dignidad de la persona humana. IUS ET VERITAS, 10(21), 10-25. Recuperado de http://revistas.pucp.edu.pe/index.php/iusetveritas/article/view/15957

Cortina, Adela. (2013), ¿Para qué sirve realmente la Ética?. Barcelona: Editorial Paidós Ibérica.

La adolescencia, una etapa difícil para todos

Resumen o contenido:

La adolescencia puede ser una etapa muy complicada de tratar, especialmente para los padres, esto debido a que el adolescente pasa por situaciones y experiencias nuevas que le pueden causar confusión y cuestionamientos internos, respecto a quien es y sobre su sentido de existir. Es primordial asegurarse que el adolescente posea una buena autoestima, así como un buen autoconcepto, ya que esto le permitirá hacer frente a los obstáculos que pueda encontrarse en esta etapa, y a tener un mejor desarrollo de sí mismo, en relación a la construcción de su personalidad y su forma de percibir a las personas y al mundo que lo rodea.

Si tenemos un adolescente en casa o conocemos a alguno, sabemos lo difícil que puede resultar interactuar con ellos y comprender lo que piensan o cómo se sienten, esto debido a que la adolescencia es una etapa que se caracteriza por la confusión y cierta rebeldía, que no es más que la falta de comprensión por parte de los adultos a las nuevas necesidades del adolescente. Por ejemplo, el querer formar parte de un grupo, la asunción de nuevas responsabilidades o de situaciones que le son desconocidas, la búsqueda y construcción de su personalidad, y una forma de ser individual que le permitan diferenciarse de los demás como persona.

A continuación, estudiaremos la etapa de la adolescencia, lo que esta implica y algunas recomendaciones a seguir frente a posibles dificultades que puedan derivarse a lo largo de su progreso.

La adolescencia es una etapa del desarrollo humano que actúa como el preámbulo de la independencia personal. Se produce después de la niñez y antes de la edad adulta, es decir entre los 10 y 19 años de edad, esto según datos de la OMS (Organización Mundial de la Salud). Según la psicóloga clínica Dina Krauskopf, la adolescencia da inicio con la pre adolescencia desde los 10 hasta los 12 años y la adolescencia inicial desde los 13 hasta los 14 años. Así también nos da a conocer una fase media desde los 14 hasta los 16 años y una fase final desde los 17 hasta los 19 años.

Pre adolescencia (10 – 12)

En esta fase el adolescente piensa mucho en su apariencia física, empieza a examinar la relación que lleva con sus padres y tiene la necesidad de comunicarse con ellos. Asimismo, empieza a experimentar grandes cambios físicos, tiene más consciencia de sus necesidades y empieza a tomar una posición crítica respecto a determinaos puntos de vista. Algo que no debe pasar desapercibido, es el duelo que vive el adolescente al dejar de ser reconocido por los adultos como un niño para ser un adolescente.

Adolescencia inicial (13 – 14)

En esta fase al adolescente le preocupa mucho su ámbito social y menos el familiar. Le interesa como es percibido por su círculo de amigos o compañeros, se torna más interesado en el sexo opuesto, empieza a explorar su sexualidad y se interesa más por el amor de pareja; es más crítico y autónomo, se pregunta por el sentido de la vida y si es valioso e importante para los demás.

Adolescencia media (14 – 16)

En esta fase el adolescente tiene la necesidad de afirmar su atractivo sexual y social frente a los demás, especialmente entre su grupo de amigos porque influirán en su identidad personal, empieza a tener impulsos sexuales, busca una pareja para comprender mejor su sexualidad, autonomía e independencia. Tiene la capacidad de situarse frente al mundo que los rodea como una persona individual con sentimientos y necesidades.

Adolescencia Final (17 – 19) En esta fase el adolescente busca reafirmarse tanto de forma personal y social, tiene la necesidad de establecer un vínculo con su familia especialmente con sus padres. Reafirma su personalidad, busca grupos de amistad afines a sus intereses personales, y desea encontrar una pareja para establecer vínculos afectivos profundos.

La autoestima y el autoconcepto en el adolescente

Otro punto importante en el crecimiento del adolescente se puede reflejar en su autoestima que paralelamente al auto concepto, lo ayudarán a pasar esta etapa de una manera óptima.

Un adolescente puede dar a conocer cómo se siente no solo con sus palabras, sino también en sus acciones o en su forma de expresarse ante los demás. Esta forma diferente de pensar puede resultar conflictiva para sus padres o las personas que estén a su cargo, debido a que su comportamiento y preocupaciones pueden resultarles superfluas, pero que en realidad son inquietudes válidas que sentarán la base de una personalidad formada y de una  autoestima alta que van a abrirle paso a una adolescencia responsable. Se recomienda que los padres puedan resolver las dudas de sus hijos y traten de comunicarse con ellos de forma continua y abierta.

La autoestima y la auto aceptación

Son dos conceptos que van de la mano, ya que mientras el primero está dirigido a lo que es el amor propio, el segundo se orienta a ser auto responsable y a la integridad personal. Según la opinión de González, Núñez, Glez, y García (ca. 1997), “La autoestima estaría vinculada al auto concepto, respecto de lo que me gustaría ser, y de lo que a los demás les gustaría que yo fuese” (p. 273).

Branden (1987) menciona que:

La autoestima es la experiencia de ser aptos para la vida y para sus requerimientos. Más concretamente consiste en tener confianza en nuestra capacidad de pensar, de afrontar los desafíos de la vida y en nuestro derecho a ser felices. El sentimiento de ser dignos, de merecer, de tener derecho a afirmar nuestras necesidades y a gozar de los frutos de nuestros esfuerzos (p. 21).

El autoconcepto se entiende como la imagen que tiene uno de sí mismo. González, Núñez, Glez, y García (1997) explican:

En su dimensión conceptual, se aprecia una doble vertiente: la descriptiva o autoimagen (cómo percibo que soy) y la valorativa o autoestima (cómo valoro mi autoimagen). (p. 273).

Respecto a la importancia de la autoestima en el adolescente, Díaz, Fuentes y Senra (2018), nos dicen que, “Una adecuada formación de la autoestima conlleva al crecimiento de adolescentes estables, sanos y con herramientas adecuadas para asumir cambios propios del período evolutivo” (s.p.).

En relación a lo anterior, debemos deducir que la base para que un adolescente pueda desarrollarse y pasar esta etapa sin muchos conflictos internos y externos, es una infancia en la que haya aprendido que es valioso, que su familia lo ama y que es una persona importante para ellos y para sí mismo. Una buena autoestima y auto concepto van a sentar las bases de una infancia feliz, lo que va a dar paso a una adolescencia estable, en donde el adolescente va a reconocerse como valioso frente a él mismo y frente a los demás. Empezar con estos conceptos en la pre adolescencia también sentaría las bases para una adolescencia sin muchos conflictos tanto para el adolescente como para las personas que lo rodean.

Otro impacto importante de una autoestima y auto concepto bajos en el adolescente, podría reflejarse en trastornos psicológicos, como son: la anorexia, la bulimia, la dependencia emocional, la depresión, la obsesión por su imagen frente a los demás, entre otros trastornos del comportamiento. Un adolescente con baja autoestima pensará que solo tiene valor por lo que representa para los demás y no por su valor individual como ser humano. Por otro lado, una buena autoestima permitirá al adolescente interactuar socialmente con más facilidad y la superación de situaciones negativas que no estén de acuerdo a sus principios ni valores morales y que se traducen en su visión de la vida.

Finalmente, es importante estar atentos a las señales que nos puede brindar el comportamiento habitual de un adolescente, debido a que en este podríamos ver reflejados sus inquietudes y sus conflictos. También que los adultos deben estar atentos, ser observadores y comunicativos respecto al comportamiento adolescente, ya que al surgir un dilema y no encontrar un adulto disponible, estos pueden buscar refugio en otros adolescentes como ellos, o en personas inescrupulosas, que los pueden llevar a tomar decisiones equivocadas. Somos nosotros los adultos los que tenemos el deber de interferir para el buen desarrollo y crecimiento en esta etapa; y lograr que el adolescente sea consciente que el valor de una persona está en uno mismo y en las personas que lo quieren de verdad, todo esto en base a la comprensión por el otro.

Bibliografía

Branden, N. (1987). Como mejorar su autoestima. Recuperado de https://www.ttmib.org/documentos/Branden-Autoestima.pdf

Branden, N. (1987). El poder de la autoestima. Barcelona: Editorial Paidós Ibérica.

Díaz, D., Fuentes, I. y Senra, N. (2019). ADOLESCENCIA Y AUTOESTIMA: SU DESARROLLO DESDE LAS INSTITUCIONES EDUCATIVAS. Conrado14(64), 98-103. Recuperado de http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1990-86442018000400098&lng=es&tlng=es.

González, J., Núñez, J., Glez, S., y García, M. (1997). Autoconcepto, autoestima y aprendizaje escolar. Revista Psicothema, 9(2), 271-289. Recuperado de   https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=727/72709204.

Krauskop, D. (1999). Los derechos y las características de la preadolescencia y adolescencia. Recuperado de: http://www.codajic.org/sites/www.codajic.org/files/Los%20derechos%20y%20las%20caracter%C3%ADsticas%20de%20la%20preadolescencia%20y%20adolescencia_0.pdf

Krauskopof, Dina. (1999). El desarrollo psicológico en la adolescencia: las transformaciones en una época de cambios. Adolescencia y Salud1(2), 23-31. Recuperado de http://www.scielo.sa.cr/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1409-41851999000200004&lng=en&tlng=es