Hipocondría: Enfermedades imaginarias

«Doctor: Las hipocondrías, las falsas y las verdaderas, nos enseñan a conocer a nuestro prójimo y algo, no excesivamente, a conocernos a nosotros mismos, doctor. Un hipocondríaco es un enfermo, falso o verdadero, hipersensible que siempre está alerta, agresivo y temeroso al mismo tiempo, porque desconfía del mundo y de sí mismo».

Fuente: Cartas de un Hipocondriaco a su médico de cabecera. Chúmez Ch. (2000)

En estos tiempos de pandemia, han incrementado considerablemente los casos con diagnóstico de hipocondría / hipocondriasis, o como se le denomina actualmente según el Manual Diagnóstico DSM V: Trastorno de ansiedad por enfermedad «AS».

Se trata de un miedo irracional a estar enfermos, miedo sobre cual terminan girando sus vidas. En estos pacientes el miedo a contraer el Coronavirus es significativamente mayor al de la la población en general.

Hay que tener en cuenta que, existen distintas variables en esta situación, ya que el abordaje difiere en base al análisis de cada caso, en donde bajo este contexto, se podrían presentar los siguientes casos:

– Paciente que fue diagnosticado con este trastorno previamente al desenlace de la pandemia, o que, a pesar de no haber llegado a tener un diagnóstico, se identifica durante la recopilación de antecedentes que la hipocondría ya tenía un desarrollo previo.

– Paciente en el que se empiezan desencadenar los síntomas de hipocondría a raíz de las experiencias personales, sobreinformación y el miedo colectivo que trae consigo la pandemia.

Por todo lo señalado, considero importante darle un mayor estudio a este fenómeno. A continuación, se mencionan los criterios de diagnóstico (DSM-V), acompañados de un análisis detallado:

A. Preocupación por padecer o contraer una enfermedad grave.

«No me puedo concentrar en nada más que en mi dolor de estómago», «Mi dolor de cabeza podría tratarse de un tumor», «Basta con que tenga un síntoma de gripe, para que me aísle, pensando que es Covid», «He leído las estadísticas del cáncer de mama en mujeres y creo que podría ser parte de ese número, no me parece que sea suficiente con el chequeo».

La mente de una persona con este trastorno reúne las siguientes características:

– Ampliación somatosensorial: Acorde a Barsky (1992), el malestar psicológico genera una hipersensibilidad con cada síntoma de malestar fisiológico.

– Atribución errónea a la patología: Esta extrema sensibilidad cenestésica trae como consecuencia, que los pacientes focalicen agudamente su atención «Atención selectiva» al plano corporal, y que relacionen las sensaciones somáticas (Ej. una molestia en la garganta), a causas patológicas (Ej. tener cáncer).

– Se activan esquemas cognitivos sobre enfermedades, los pacientes tienen la convicción de padecer una enfermedad. Estas ideas sobrevaloradas podrían generar a su vez, ciertas somatizaciones referentes a la ansiedad percibida (Ej. Sequedad en la boca, palpitaciones, sudoración, etc.) síntomas que reafirmarían en los pacientes la idea de que «Algo no anda bien».

«Doctor: Las enfermedades y la tragicomedia de la hipocondría son máscaras de la muerte. Siempre triunfan aunque pierdan algunas pequeñas batallas. Yo no soy un hipocondríaco. Yo soy, y siempre lo he sido, un muestrario de calamidades y temores fundados».

Fuente: Cartas de un Hipocondriaco a su médico de cabecera. Chúmez Ch. (2000)

– Se trata de pensamientos rumiantes e intrusivos, con ideas obsesivas acerca de enfermedades con una interpretación catastrófica.

– Salkovskis et al. (2003), menciona que las expectativas negativas, disminuyen en los pacientes la esperanza de poder sanarse, hecho que, incrementa la sensación de pérdida de control, y el malestar en general.

– En este tipo de pacientes se suele encontrar poco insight, es decir, no logran identificar a sus pensamientos como irracionales. Las creencias disfuncionales giran en torno a la
salud y la enfermedad.

– Gingras, P. ( 2016), detectó cuatro tipos de cogniciones que parecen determinar este trastorno: Percepción de que existe la posibilidad de contraer o haber contraído una enfermedad, percepción de que tener una enfermedad es algo horrible, percepción de incapacidad para afrontar una enfermedad, y la percepción de que los recursos médicos son ineficaces para tratar su enfermedad.

– Aunque en un menor grado, también se llegan a preocupar por la salud de los demás. Sin embargo, la gran preocupación surge al compararse con la persona enferma, y al empezar a encontrar similitudes.

B. No existen síntomas somáticos o, si están presentes, son únicamente leves. Si existe otra afección médica o un riesgo elevado de presentar una afección médica (p. ej., antecedentes familiares importantes), la preocupación es claramente excesiva o desproporcionada.

«He ido a cinco doctores diferentes este último mes, todos me han dicho que me duele la cabeza por estrés, pero siento que podría tratarse de algo más grave», «A pesar de ver que en la radiografía no tengo nada, siento que hay algo que no esta bien y no puedo dormir hace días por pensar en eso», «Mi madre tiene diabetes, desde que lo supe he entrado a una dieta estricta, aunque creo que lo más probable es que igual ya tenga la enfermedad».

Estas preocupaciones por encontrarse enfermos(as) interfieren en la funcionalidad de vida de las personas. Aún cuando tras someterse a estudios, análisis, y chequeos con distintos profesionales de la salud, no se encuentran evidencias justificables o diagnósticos que las validen. En general, la problemática radicaría en un problema psicológico, más que en un problema fisiológico.

C. Existe un grado elevado de ansiedad acerca de la salud, y el individuo se alarma con facilidad por su estado de salud.

«Las ultimas semanas me despierto y me falta la respiración, me sudan las manos, mi corazón late rápidamente, he ido a la clínica y me dicen que se trata de un ataque de ansiedad», «No puedo estudiar ni trabajar, siento que debería dejar de hacer muchas cosas para ocuparme de mi salud».

Los principales temores identificados en este tipo de pacientes están direccionados a padecer la enfermedad, al progreso de la misma, ya que automáticamente se infiere que es de gravedad. Temores hacia la equivocación en el diagnóstico, al dolor, al sufrimiento, a complicaciones de la enfermedad en sí, y a las consecuencias que el mismo tratamiento podría acarrear, inclusive temor al riesgo de mortalidad.

«Doctor: Mi problema, doctor, es que parezco hipocondríaco sin serlo. Soy un seudo-hipocondríaco, un pobre aficionado que está usurpando un título que no le corresponde. Yo carezco del tesón de los hipocondriacos pelmazos y tenaces que insisten en sus temores y ansiedades aunque les demuestren que están sanos y que sus supuestas enfermedades no existen, que son simples somatizaciones de sus angustias neuróticas, como se decía hace años cuando se utilizaban esas jergas ya en desuso».

Fuente: Cartas de un Hipocondriaco a su médico de cabecera. Chúmez Ch. (2000)

D. El individuo tiene comportamientos excesivos relacionados con la salud (p. ej., comprueba repetidamente en su cuerpo si existen signos de enfermedad).

«Me miro al espejo por varias horas, creo que estoy muy pálida, reviso mi piel, también reviso si el color de mi lengua es normal». «A penas me despierto, entro a la ducha y empiezo a palpar todo mi cuerpo para ver si encuentro alguna especie de bolita, que podría ser un tumor», «Ayer discutí con mi esposo porque me dijo que estaba cansado de que le pidiera a cada rato, que me mirara para saber si notaba algo malo en mí», «Me quedo en silencio escaneando mentalmente mi cuerpo, para poder detectar cuando hay algún dolor, incomodidad o molestia en mi cuerpo», «Estoy por pagar un seguro particular que me permita visitar distintos especialistas, ya que, cada vez que noto algún síntoma, tengo que ir por lo menos a diez especialistas diferentes».

¿Cómo actúa una persona con un Trastorno de Ansiedad por enfermedad?

Una de sus principales formas de afrontamiento es mantener conversaciones persistentes y monotemáticas sobre sus síntomas, los cuales describen de forma exagerada y excesivamente detallada.

Autoexploraciones corporales de forma recurrente, que pueden implicar mirarse al espejo, tomarse la presión, medir su saturación, palpaciones en el cuerpo, tomarse la temperatura, etc.

Acudir constantemente a diferentes especialistas, la conocida «Peregrinación médica», en búsqueda prioritariamente de atención.

Existe una gran necesidad de ser escuchados, ya que al saber que son los que han estado más atentos a todas las manifestaciones corporales, se consideran una fuente importante y fiable para que se pueda llegar a detectar la enfermedad supuestamente cursante. En algunos casos, podrían llegar a percibir cierta satisfacción al definir los síntomas, muchas veces emplean tecnicismos rebuscados.

Necesidad de reaseguramiento, no suele bastarles una opinión médica, especialmente cuando reciben como respuesta: «Todo está en orden», «No tienes nada de que preocuparte». Se identifican altos niveles de desconfianza al personal de salud: Doctores, enfermeras, y a procedimientos, como es en el caso de análisis de laboratorio «Es muy probable se hayan confundido con mis resultados, porque el malestar continua», «¿Y si, no están bien tomadas las muestras de sangre?», «Siento que el doctor no me está diciendo la verdad».

Usualmente solicitan la mayor cantidad de pruebas diagnósticas, aún cuando asistir a cada una de ellas les pueda provocar malestar físico, y definitivamente emocional.

En muchos casos, cuando los pacientes sienten que el doctor ha sido exhaustivo en la revisión, y se ha comprobado la inexistencia de la enfermedad, se quedan tranquilos por un tiempo hasta que aparecen sensaciones distintas, que sugieran para ellos otro tipo de enfermedad.

En caso de recibir tratamiento farmacológico, le prestarán amplia atención a las precauciones y contraindicaciones de cada pastilla.

«Abrimos las cajas de las medicinas y con temblores y trepidaciones de huesos e intestinos. Llenos de angustias, leemos el prospecto para intentar averiguar por fin qué es lo que tenemos. Nueva decepción. Las medicinas que nos recetan sirven siempre para miles de cosas. ¿Cuál será nuestra enfermedad? Si tenemos la osadía de leer entero el papelito, al llegar a la información de contraindicaciones estamos ya cerca del ataque cardíaco. Nos amenaza con riesgos tremendos si tomamos las medicinas, si padecemos alguna de la infinidad de patologías peligrosas. para el tratamiento que nosotros no sabemos si las padecemos o no».

Fuente: Cartas de un Hipocondriaco a su médico de cabecera. Chúmez Ch. (2000)

A pesar de ser personas altamente sugestionables, inician con una búsqueda compulsiva de información sobre las enfermedades que les preocupa tener.

Claramente no es algo que decidan hacer porque busquen entretenerse, realmente les causa angustia abrir cada enlace con información médica, pero se sienten en la necesidad de hacerlo para informarse y luego, compararse. Esta búsqueda, mayormente se efectúa mediante los accesos y facilidades que nos ha brindado el desarrollo tecnológico, Algunos autores, la han denominado: «Cibercondría» o «Hipocondría digital», parte de las tecnopatologías de estos tiempos, en donde prevalece el autodiagnóstico en base a la información analizada.

O presenta evitación por mala adaptación (p. ej., evita las visitas al clínico y al hospital).

«Todas las personas a las que les cuento como me siento, me dicen que vaya al doctor, que me haga los análisis respectivos, pero tengo tanto miedo, que siempre que saco alguna cita, termino cancelándola», «Me automedico porque busco información al respecto, pero solo en casos de dolor extremo, ya que no voy a ningún doctor desde hace más de 5 años», «Me causa mucho conflicto tener que ir a los exámenes médicos anuales a los que te envían por el trabajo. La última vez no me renovaron el contrato por negarme a asistir».

Otra forma de afrontamiento de los pacientes con hipocondría, es la evasión. Esto quiere decir que, evitan considerablemente la exposición a todos los estímulos que incrementen la angustia, como por ejemplo, evasión a buscar o recibir información de enfermedades, a asistir a consultas médicas e incluso evasión cuando realmente hay necesidad de algún procedimiento médico.

En este tipo de hipocondría, existe una mayor tendencia a la automedicación.

E. La preocupación por la enfermedad ha estado presente al menos durante seis meses, pero la enfermedad temida específica puede variar en ese período de tiempo.

«Nosotros padecemos la enfermedad de creer que estamos enfermos, y eso, doctor, ya es una manera de estar enfermo. Añada a esa dolencia metafísica las enfermedades reales que padecemos al mismo tiempo y comprenderá lo que sufrimos los pobres y desdeñados hipocondríacos».

Fuente: Cartas de un Hipocondriaco a su médico de cabecera. Chúmez Ch. (2000)

Se manifiesta una preocupación excesiva hacia el cuidado del cuerpo, pero no en un sentido estético, sino con un propósito netamente saludable.

Es necesario tomar en cuenta que los aspectos cognitivos preceden al componente conductual. Los pensamientos podrían estar incubándose en la mente de los pacientes mucho tiempo antes de manifestarse en síntomas. Por ejemplo, pueden centrarse en investigar de una forma realmente minuciosa los antecedentes de enfermedades familiares, o sobre los riesgos de enfermedades de los animales que comen, suprimiendo paulatinamente su consumo.

F. La preocupación relacionada con la enfermedad no se explica mejor por otro trastorno mental, como un trastorno de síntomas somáticos, un trastorno de pánico, un trastorno de ansiedad generalizada, un trastorno dismórfico corporal, un trastorno obsesivo-compulsivo o un trastorno delirante de tipo somático.


En conclusión, en nuestro contexto actual, es necesario que los médicos o especialistas de la salud, tengan en cuenta la derivación oportuna de estos casos al personal de salud mental, para poder iniciar con abordajes que regulen emocionalmente a los pacientes, y que mediante distintas estrategias, se les permita encontrar la causa real de sus enfermedades imaginarias: El trastorno de ansiedad por enfermedad.

Bibliografía:

Barsky AJ. (1992). Amplification, somatization, and the somatoform disorders. Psychosomatics

Chúmez. Ch. (2000). Cartas de un Hipocondriaco a su médico de cabecera. Publicado por Edaf Antillas

Gingras, P. Viewer anxiety and TV health talk shows: What factors play a role in cultivating anxiety about personal health and wellness? Dissertation Abstracts International: Section B: The Sciences and Engineering, 2016; 76(12-B) (E)

Organización Mundial de la Salud. Décima Revisión de la Clasificación Internacional de las Enfermedades (CIE-10). Trastornos Mentales y del Comportamiento. Madrid: Meditor; 1992.

Salkovskis, P. M., Warwick, H. M. C., Deale, A. C. (2003). Cognitive-Behavioral Treatment for Severe and Persistent Health Anxiety (Hypochondriasis). Brief Treat Crisis Interv; 3:353-367.

Kohlberg y el Bushido: Enseñanzas morales del psicólogo y del código ético samurái

Moral y ética

Para empezar, establezcamos lo siguiente. Etimológicamente, moral viene del latín moralis, de mos moris (costumbre), que fue un calco hecho por Cicerón, del griego ethos que significa ética. Por lo tanto, desde esa perspectiva, es válido usarlos como términos equivalentes.

Psicología y moral

La psicología propone diversas aproximaciones al juicio y la conducta moral. Existen estudios acerca de los factores socioculturales involucrados y otros centrados principalmente en el hombre cuyo crecimiento moral va de la mano (en mayor o menor medida) con el paso de los años.

Kohlberg y la teoría del desarrollo moral

Lawrence Kohlberg

Fue el psicólogo Lawrence Kohlberg, quien se encargó de crear una teoría que va más allá de aquellos estudios enfocados y de las perspectivas de corrientes como  psicoanálisis o el conductismo. Y no solamente abarcando el ámbito académico, ya que su teoría está fundamentada por la teoría así como los propios dilemas morales que vivenció.

Kohlberg, cuando muchacho, fue problemático, le gustaba «romper las reglas». Fumar, beber y cortejar a muchas señoritas siendo menor de edad, era algo que hacía recurrentemente. Al crecer y madurar, dejó esa actitud pero aún se encontraría transgrediendo la ley. La ley británica en particular, pues luego de participar en la Segunda guerra mundial por el bando de Estados Unidos, se encontraba transportando ilegalmente a judíos sobrevivientes de campos de concentración, hacia Palestina. (Giardini et al.,2017, pp. 37,39). Es evidente la abismal diferencia de las motivaciones de Kohlberg en ambos casos. Así vivió más dilemas morales a lo largo de su vida, entorno a injusticias dadas debido a las mismas leyes establecidas. Es por ello que se preguntó si existía una moral que va más allá de lo jurídico, de lo sociocultural, de lo subjetivo y lo emocional. La respuesta parecía requerir una guía intelectual.

Sí bien Kohlberg recogió posturas del psicoanálisis, del conductismo y del cognitivismo. Construyó su teoría teniendo como piedra angular a la filosofía clásica occidental, a Sócrates y Platón en particular (Giardini, 2017, p. 55).

Platón, basado en el aspecto de Leonardo da Vinci. Detalle de «La escuela de Atenas» por Rafael Sanzio

Kohlberg (según Giardini, 2017, p. 56) nos menciona que los filósofos, entre sus conceptos fundamentales, están:

– La virtud es única y tiene una forma ideal, que se mantiene independientemente del contexto sociocultural.
– La forma ideal de la virtud está forjada por la justicia.
– El bien es uno solo, y la virtud constituye el conocimiento del bien.

La teoría del desarrollo moral propone siete momentos clave y tres niveles, en donde el hombre va dando forma y perfecciona su moralidad. Este es un proceso fascinante que merece su propio artículo en una próxima ocasión. Por el momento iremos directamente al hombre que ha llegado al tercer nivel, este es el «hombre de principios», que posee el juicio y razonamiento moral más elevado.

Kohlberg (según Giardini, 2017, p. 80) afirma que, el hombre de principios tiene la facultad de ejercer su derecho individual; se desenvuelve en sociedad, siempre observando los contratos sociales y su entorno cultural, con mirada crítica. A su vez reconoce los principios éticos universales: El derecho a la vida, a la dignidad y a la libertad, lo cuales se deben respetar siempre, prescindiendo de la situación o la opinión de la mayoría.

El Bushido, código del samurái

Kanji para Bushido

Bu-shi-do, literalmente significa Militar-caballero-camino. Entonces, es el camino; los preceptos del noble guerrero.

Este código de principios morales debía ser aprendido y observado por todo samurái. No es un código escrito, tampoco un dogma, son unas pocas máximas que se transmitían oralmente y tenían un desarrollo netamente práctico (Nitobe, 2017, p. 24).

El Bushido bebe del budismo zen, y del sintoísmo. Cree en la bondad innata del ser humano y su conexión con lo Absoluto que se eleva más allá de las cosas humanas (Nitobe, 2017, p. 32).

El Bushido era acción, el hombre culto y el artista, no podían quedarse dentro de cuatro paredes, de ser así «sus conocimientos comenzarían a desprender un olor fétido» sin que pudiesen servir para nada (Nitobe, 2017, p. 37).

Y sí bien se incentivaba la sabiduría y el arte (en especial la poesía) en el guerrero. También llegaba a sostener que el hombre recto -cualidad sumamente difícil de conseguir- podia prescindir de cualquier otra cualidad (Nitobe, 2017, p. 44).

Se inculcaba la tranquilidad del espíritu, clara influencia del budismo zen, el samurái debía ser, inmutable en su interior, su espíritu no podía perturbarse por alegrías, penas, dolores, sorpresas, por nada en lo absoluto (Nitobe, 2017, p. 54).

Eso no significa que el samurái fuese una piedra, pues el buen humor, la cortesía, la piedad y la benevolencia eran recursos a los que siempre debía recurrir en lo posible. Tanto en su vida cotidiana, en sus rituales y en el campo de batalla, ya sea con el pobre, el oprimido y aún con el enemigo.

Un samurái no debía hablar, a menos que estuviese dispuesto a comprometerse totalmente con lo que salga de su boca. Tanto mentir como equivocarse son igualmente viles para el samurái, la veracidad era una facultad sobrenatural. Cabe agregar que la veracidad como valor cuasidivino, no podía dar frutos mundanos. El samurái no ambicionaba la riqueza, solo servir a su señor, a su patria y a su honor.

Nitobe pregunta «¿Qué la recompensa de la virtud no es la virtud misma?» (2017, p. 97).

Inazo Nitobe, figura emblemática de Japón y descendiente de samuráis

La lealtad era entendida, como algo más allá de la individualidad, hablamos de una lealtad con el colectivo, con la nación y la patria.

El samurái defendía su honor ante todo, incluso por encima de su propia vida. Su juez (y a veces, verdugo) era su propia conciencia. Es por ello que, de ver su honor mancillado podían recurrir al seppuku (incorrectamente llamado hara-kiri) (Nitobe, 2017, p. 143). El suicidio samurai es muy conocido en occidente, pero poco se difundió el saber que no era el único camino y que hubo uno más noble, aferrarse a la vida a pesar de toda adversidad.

«Y, sin embargo para un verdadero samurái, apresurar la muerte o buscarla era equivalente a una cobardía» (Nitobe, 2017, p. 154).

Nitobe afirma: «Esta pues, fue la enseñanza del Bushido. Sufrir y hacer frente a todas las calamidades y adversidades con paciencia y con la conciencia pura» (2017, p. 155).

El pensamiento del Bushido, pervive en el Japón, ya no como código, sino como legado cultural e histórico, esto tuvo consecuencias tanto buenas como malas (Nitobe, 2017, p. 205). Podemos tomar de ejemplo, la ambición nacionalista que alimentó su participación en la Segunda guerra mundial o su patriotismo que los inspiró a levantarse de las catástrofes causadas por aquella guerra.

«Escarbad ligeramente en un japonés de las ideas más avanzadas, y encontrareis un samurái» (Nitobe, 2017, p. 221).

Musashi Miyamoto, el samurái más famoso de Japón

Puntos en común y contraste

Mientras Kohlberg considera a la libertad, al respeto y a la vida, como derechos innegociables en cualquier situación, el Bushido disminuía la libertad individual en favor del colectivo: El cuerpo podía ser sometido a su señor feudal, pero la libertad del alma era imposible de anular. La vida según el Bushido estaba en una categoría menor al honor y la reputación por ejemplo, pero eso no significba el desprecio de la misma. Si bien en situaciones específicas se permitía el seppuku; en todo momento se animaba a conservar la vida, decisión más virtuosa. Nitobe (2017, p. 155) nos comparte un poema al respecto:

¡Venid! ¡Llegad sin descanso,
tristezas y dolores crueles!
Amontonaos sobre mis hombros abrumados;
¡Que no me falte ni una sola prueba
de las fuerzas que aún me restan!
-Samurái anónimo

Mientras la moral planteada por Kohlberg, invita a la mirada crítica y recomienda transgredir la ley cuando esta es injusta. El Bushido anima a obedecer a la autoridad y a la patria por encima de todo, aún a sabiendas de las ambigüedades morales por parte de la autoridad.

En occidente, el hombre, en la práctica moral, tropieza muchísimas veces y otras tantas procura enmendarse. El samurái, como ser excepcional que era, no podía permitirse aquello, faltar a su palabra era faltar a su honor (y ya sabemos en que lugar ubicaba al honor). Cabe decir que estar en esa atención permanente de si mismo, de las cosas y de su entorno era sin duda una actividad muy exigente y requería un estado de conciencia elevado.

La moral de Kohlberg es universal, procurando que, en teoría y práctica sea verificable y aplicable en cualquier persona, de manera progresiva. Por ejemplo un niño va desarrollando su moral a medida que crece. Por otro lado el Bushido era un código militar, reservado para una élite que entregaba la vida para el combate y el servicio marcial. Cuando la tecnología avanzó, y a su vez la tecnología bélica, la espada del samurai quedó muy mermada (así como la del caballero) para el combate. De este modo, impedido de actuar en su campo de acción principal, su llama fue debilitándose. No es así con la moral occidental, viable en cualquier área y disciplina de la vida. No obstante el Bushido permanece como legado en el inconsciente colectivo del pueblo japonés.

El Bushido y el samurái ardieron con una llama viva e intensa, tan fuerte que la leña que la alimentaba se consumió rápidamente y ahora sólo queda una pequeña flama, que aún se resiste a apagarse. Si seguimos con la analogía, la llama de la moral occidental es mesurada y constante, no arde violentamente y eso le permite permanecer. Su leña es el dogma y la tradición, ya sea de los clásicos griegos o de las páginas del evangelio. Y por más que parezca que el utilitarismo y el materialismo del mundo moderno, le quite brillo, realmente no es así. Kohlberg hombre académico, la defendía y Nitobe, descendiente de estirpe samurái, la admiraba, y reconoció su fuerza (2017, p. 224). Nosotros también debemos apreciarla, es nuestra herencia y legado. Asimismo, es bueno aprender de la sabiduría de oriente, siempre, con juicio crítico.

Bibliografía

Giardini, A.; Baiardini, I.; Cacciola, B.; Maffoni, M.; Ranzini, L. y Sicuro, F. (2017). Comprende la Psicologí­a. Lawrence Kohlberg: El desarrollo moral. Barcelona: Editorial Salvat, S.L.

Nitobe, I. (2017). Bushido: El código ético del samurái. España: Biblok Book Export, s.l.

¿POR QUÉ TODO ME PASA A MÍ?

Levantarse cada mañana no es un simple hábito, para algunos, en especial los jóvenes, esto significa un viaje a través de una motivación perdida, un desgano monumental y una obligación inusitadamente grande que marca el compás de los pasos. No es levantarse para ver el sol salir, es abrir los ojos y pensar ¿para qué lo hago? En esta era los números hablan por sí solos, las diferencias entre oportunidades, creatividad e inclusive diversión nos llevan a caminos distintos dependiendo no solo de cómo se desenvuelven por el mundo las personas, sino que, hay algo más que las empuja a caminos bienaventurados y a otros, la gran mayoría, los conduce a senderos amargos. Pero, ¿Cómo se llega a esos caminos?, ¿qué estado mental nos hace entrar hacia un laberinto de tristeza?, ¿será que es posible escoger la miseria sobre la felicidad?

Dirigir la tormenta muchas veces es una labor imposible, pero, dirigirnos a nosotros es decisivo.

¿Realmente controlamos lo que pensamos

Dependiendo del autor al que leas, puede que sí y puede que no. Según la  Terapia de los Esquemas de Jeffrey Young y Janet Klosko, hay un porcentaje grande  de control que podemos tener frente a la rumiación ácida de la mente, pero, antes de  indagar sobre este proceso, debe quedar claro por qué debemos cuestionarnos esto.  

Resulta que para nadie es un secreto que muchas veces, y sobre todo en  periodos de “vacas flacas” las caras largas no se hacen esperar, que los anuncios de  muerte se abran de par en par como bocas que nos comen al igual que el coco de la  infancia, que muchas veces la fortuna en cualquiera de sus formas parece que se  escabulle y pasa la noche en un hotel de lujo y no al lado de un catre. Es como si todo  se moviera en pro de la miseria, y es aquí cuando muchos se detienen y piensan:  ¿Por qué a mí?, ¿qué hice para merecer esto?, ¿cómo llegue aquí?

Los relámpagos mentales no cesan en las noches, siguen de día y atraviesan  cada momento de la tarde, no controlamos lo que pueda suceder de parte de otros,  pensamos inclusive en el Fondo Monetario Internacional, el ozono, la plusvalía, no  obstante, nada de eso está en manos de los jóvenes ni de los mayores, pero aun así  estos pensamientos llegan y afligen hasta la médula. Es como si cada título obtenido  a lo largo de la vida se va a la basura, se lo comen los gusanos y termina en el fondo  del océano, al lado de la basura mental de otros que también lo piensan. Es una red  en la que muchas veces las grandezas escapan. Sin embargo, sí, se puede controlar  a la quimera mental, pero todo tiene un costo, y no es precisamente el honorario del  psicólogo. 

Los sucesos del pasado con inamovibles, pero, la libertad de actitud, puede transformarlos.

Los esquemas, grandes rutas hacia la virtud o la desgracia 

En el libro “Reinventa tu vida, cómo superar las actitudes negativas y sentirse  bien de nuevo” (Young y Klosko, 1992) ocurren dos impactos. Primero, es que para  algunas personas parece demasiado bueno para ser verdad, y el segundo y más  fuerte impacto es el que lleva a considerar que es tan bueno que no servirá de nada.  Ese autodesprecio, desgano y caída en picada a la Fosa Mariana de la negatividad  tiene nombre, y va más allá de la pesadumbre, y viene gestada desde antes de saber  usar Facebook.

Los esquemas, son grandes andamios mentales que fijan en las personas  modos de proceder, sentir, pensar e inclusive imaginar. Si se tuviera que describir  cómo se fraguan, puede decirse que están hechos de experiencias, de situaciones  gratas e ingratas, personas significativas y otras que no lo son tanto, pero que sin  lugar a dudas han dejado una huella mnémica lo suficientemente amplia como para  imprimir en nuestro sistema un nuevo “modus operandi”. 

¿Por qué elijo la desgracia? 

Es una pregunta aceptable luego de lo anterior. Sí los esquemas nos conducen  a caminos distintos en la vida ¿cómo gestamos la tragedia? A través de los vínculos  sociales distorsionados, apadrinados por una maquinaria mental que intenta hacer lo  mejor posible para evitar el desastre ocasionándolo cada vez más. Un ejemplo  práctico arrojará luz sobre el tema: 

Frida, es una mujer voluptuosa con carrera brillante y un noviazgo que se  desborona con cada infidelidad de su pareja, cada vez que él se va, ella siente un  apetito casi irrefrenable por perseguirlo y sentirlo en sus brazos. Cada día es una discusión sobre el pasado o el presente, realmente, por cualquier cosa. Sin embargo,  al llegar la noche y encontrar a su pareja echado en la cama, siente una calma casi  absoluta. Frida se encuentra envuelta en el esquema de abandono, mientras más se  aleja su pareja más desea su presencia, la calidad de esta poco importa, solamente  interesa que esté allí, aunque sus esfuerzos infructuosos por retenerlo hagan una  espiral voraz de autodestrucción.  

Cuando el esquema de abandono se hace presente, es natural que entre las  muchas causas exista un cuadro de pérdidas significativas muy marcado, además de  fluctuaciones emocionales tan rápidas e intensas que hacen de la persona un amasijo  de “nervios” cuando la persona añorada se va.

Los esquemas son formas de ver la vida, generalmente aprendidos, por lo que se pueden desaprender, inténtalo.

Para esta situación, es prudente cuestionarse porqué seguir allí, pese al desespero e infelicidad, y la respuesta la trae una afirmación tan cruda pero constante en terapia: “sí se va, me desmorono, sí no está, estaré peor y no sé  cómo dejarlo. Lo tristemente irónico en estos casos es que existe una repetición constante que aviva el esquema y produce  que su “víctima” quede esclavizada soportando y proveyéndose abusos. 

La razón por la que probablemente está compulsión persiste es al aprendizaje  de patrones durante el desarrollo de la persona. En un momento fueron útiles, pero,  perdieron vigencia caducaron y la persona lo siguió empleando para recrearlos sin  darse cuenta en diversos escenarios de su vida. El niño abusado y humillado busca  en la adultez una pareja o jefe que lo veja y avergüenza en cada momento. Es una  realidad desconcertante pero genuina. 

Es necesario acotar que existen muchos otros esquemas, tales como: desconfianza y abuso, vulnerabilidad, dependencia, privación emocional, exclusión social, imperfección, fracaso, subyugación, normas inalcanzables, grandiosidad, entre otros, que veremos en otra oportunidad. Ahora bien, ¿Cómo lograrlo?

Salir a flote 

Empezar el camino para encarar la verdad de las  creencias y esquemas distorsionados es una lucha entre una quimera y un mortal. Si piensas a este punto que es imposible,  ya perdiste la batalla, en terapia no estás solo y en la vida,  muchas veces, tampoco. Acércate a una vida tranquila, es posible. 

En primer lugar, etiqueta de la mejor manera qué vives, el conocimiento es  poder y otorga la capacidad de progreso, reclámate la posibilidad de saber dónde  estás parado y a dónde quieres ir. Caracteriza de la mejor manera qué sucede. 

Siente desde tus entrañas el origen, de dónde viene, qué dice el niño herido  (técnica tomada de la Psicoterapia Guestáltica), revivir el sufrimiento es atemorizante,  pero en sesión no estás solo. Atrévete a aconsejar, guiarlo, imaginar cómo lo llevas a  su objetivo, en el caso de Frida su vivencia infantil de abandono se revivió a partir de  la pérdida de uno de sus padres, ninguno de sus esfuerzos infantiles logró devolver a  su madre de las garras de la muerte, ni estabilizó la convivencia familiar tras ello.  Conecta con el niño interior herido, desprotegido, que sufre. 

Además, somete a escrutinio qué hechos validan tu esquema, cuántas veces  el esquema se aprobó y cuántas veces el esquema no se cumplió. Esto es, hechos a  favor y en contra. Cuestiónate ¿tu desprecio es innato o lo aprendiste?, ¿fue real en  tu infancia solamente o lo sigue haciendo ahora? Describe además tus opciones  ¿cómo cambiarlo? Enumera todas las posibilidades realistas e inclusive a alguien que  pueda colaborar, no estás solo.

Escribe quiénes favorecieron tus esquemas, “sin disclaimers” es decir, si tus  padres te humillaron y vejaron, expresa todo lo que visceralmente desearías decirles,  lo injustos que fueron contigo. Descarga emocionalmente aquello que en su momento  no lograste, hacia tu jefe, una ex pareja, un hermano, la escuela, quien sea. Desahoga  tu niño interior.  

Revisa, de forma concienzuda tu esquema, desarticula su funcionamiento,  conviértete en detective de cómo funciona, sigue los pasos hacia cómo son sus  desarrollos y desenlace, nadie más que tú lo sabe. Además, así como Holmes,  describe momentos contraproducentes, formas en las que sucumbes ante el esquema  donde te rindes fácilmente, y de nuevo, remarca cómo cambiarlo, tenlo siempre a la  mano, es tu arma ahora hacia un futuro brillante y esperanzador. 

Rompe el esquema a través de pasos manejables, no vayas por lo que  socialmente te exigen, escoge trabajar en el esquema que más repercute en tu vida  sin morir en el intento. Se trata de sanar, no de herirte con más furia. Escoge pasos  que puedas superar y sean realistas con tu estilo de vida, a fin de que las veces que  “metas la pata” sean menores, y si suceden, puedas salir más deprisa y sin un coste  emocional que corte tu estabilidad en dos. Poco a poco, pero, persistente. 

Visibiliza a los agentes que ocasionaron el reforzamiento de estos esquemas,  y está vez, en lugar de hablarles, cuestiónalos ¿son ellos niños heridos al igual que  tú con esquemas disfuncionales?, ¿son ellos verdaderas quimeras furiosas o son  personas que equivocadamente te trataron? Cuestiona.  

Muchas veces, la grandiosidad con la que observamos  a estos agentes reforzadores impide que el esquema  sea superado, es por ello, que debemos verlo de forma racional y hasta objetiva, llegando inclusive, si quieres  y estás listo, a perdonarlos, sin presión, esto es tu  decisión, te apoyaremos. 

Ante las nubes grises, la apreciación y agradecimiento por lo realistamente bueno, es vital.

Existen obstáculos y pueden superarse 

Contraatacar el esquema, darle más importancia o veracidad de la que tiene  puede ser un problema, para ello, es necesario abandonar las armas y defender la  integridad de uno mismo. El esquema perjudica y debe dejarse. 

Escapar del dolor parece razonable, hasta que te das cuenta que el vejador y  la víctima eres tú mismo. No encarar el esquema es huir de la posibilidad de una  esperanza de vida estable, es huir de acercarte a las personas de manera sana, es  evitar que tus problemas se aminoren o al menos, puedas reconocerlos con mayor  facilidad. Piensa en la recompensa, si deseas verlo con mayor claridad.  Finalmente, por qué todo a ti no es una simple frase, puede esconder una serie  de defectos que son complicados de asimilar, puede a su vez implicar que lo que  hacemos lo hemos manejado de manera inadecuada, que la situación es abrumadora  y nuestro sistema decidió activar el “modo automático”. Sin embargo, no hay lugar a  dudas que cuando sentimos el dolor y razonamos lo que sucede allá afuera y aquí  dentro, grandes cambios pueden darse, agradeces la negación del empleo o de la  chica linda de la tercera cita, y aprendes que no todo es una situación de todo o nada, hay matices, y puedes aprender a manejarlos y crecer.

Referencias 

Young, J. & Klosko J. (1992). “Reinventa tu vida. Cómo superar las actitudes negativas  y sentirse bien de nuevo”. Disponible  en https://d1wqtxts1xzle7.cloudfront.net/48146676/Reinventa_Tu_Vida_Jeffrey_E_Young.pdf ?1471525025=&responsecontentdisposition=inline%3B+filename%3DReinventa_Tu_Vida_Jeffrey_E_Young.pdf&Expires=1612 735299&Signature=E5O3UPs6sgTc-Fb-y9eZA85ntS

Llegando a la frontera

«Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto, cambiaron todas las preguntas”

-Mario Benedetti-

Palabras clave:​ Trastorno límite de la personalidad, TLP, inestabilidad emocional, impulsividad, emociones péndulo.

¿Cuántas veces nos hemos sentido en el límite de nuestro ser? En ese abismo, cuando la vida golpea y no se frena. Sentir que la piel quema; cuando un movimiento nos eriza cada cutícula. Un incendio en el alma. Es de esta manera que muchos pacientes borderline ven el mundo.

El 2% de la población mundial que vive con este trastorno que se caracteriza por esa tetra volátil (emociones péndulo, impulsividad y relaciones inestables),que salen fuera de órbita, y la gran mayoría de veces es casi imposible volver; ya que esta patología es poco entendida e innumerables veces se le aborda desde el estigma, sin entender el dolor que está inmerso.

Incomprensibles, radicales, los pacientes TLP son vistos de esta manera. Pero la génesis de este trastorno es mucho más de lo se puede especular.

El primer avance hacia el entendimiento y comprensión de este trastorno, de tal complejidad que hasta puede sorprendernos, se dio en los años 80. El Manual de Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, Tercera edición (DSM III por sus siglas en inglés) enumeró por primera vez al trastorno límite de la personalidad como una enfermedad diagnosticable. Siendo denominado, el trastorno límite de la personalidad (TLP) una patología mental grave que se distingue por los estados de ánimo, comportamiento y relaciones inestables.

La condición borderline sigue en busca de una identidad, un rostro, ya que como los pacientes a los que acoge bajo su denominación: si estos manifiestan inestabilidad en sus áreas vitales y confusión en la identidad, el concepto límite sufre estas mismas características por ser inestable, confuso y con una identidad en entredichos.

Así es como, el TLP, se caracteriza por un patrón general de inestabilidad en las relaciones interpersonales, en su autoimagen y la afectividad con una notable impulsividad que comienzan al principio de la edad adulta. El pronóstico de los pacientes con TLP es impredecible además de ser frecuentemente inestable, con numerosas recaídas, que se corresponden con períodos de crisis por las que a menudo acuden al auxilio de los especialistas.

La presencia de múltiples comorbilidades, hace de este trastorno, una lucha diaria por vivir, en búsqueda de dignidad y plenitud en esta caótica contienda. Por mencionar solamente veremos que se ha descrito que los varones diagnosticados de TLP tienen tasas mayores de comorbilidad con trastornos por consumo de sustancias, en particular con el alcohol, sin embargo, en las mujeres con TLP con trastornos se muestra una latente respecto a conducta alimentaria, en especial con la bulimia. Así como, se han encontrado tasas de suicidio de hasta un 10%,mientras que los intentos de suicidio son aún más frecuentes y se consideran uno de los motivos de consulta más importantes de estos pacientes.

Sin embargo, la otra cara de la luna existe y es sorprendente, brillante, luminosa. Sí, aunque parezca ilógico, hay algo que rescatar o mucho por descubrir. Por las mismas características de esta patología, la segregación de neurotransmisores de forma ambivalente como la serotonina y dopamina (solo por mencionar algunas) hacen que estos pacientes se adapten de manera bastante inusual y desproporcionada en su entorno. De tal manera que, hace que puedan desarrollar habilidades de forma más exacerbada, en la empatía; solidaridad o meticulosidad por ejemplo. Si bien no están necesariamente presentes en todas las personas con TLP, tenemos casos fehacientes dignos de mencionar.

La creatividad característica de los pacientes TLP, su talento, su pasión, es visible y palpable, solo veamos a la escritora Susanna Kaysen relatando su lucha en Inocencia Interrumpida (Girl, Interrupted), basada esta película en hechos reales de la misma autora y Winona Ryder sumándose al encarnar la vida de una paciente borderline.

Un testimonio de vida y superación es también el caso de Marsha Linehan, PhD en psicología y creadora además de pionera en el desarrollo de la Terapia Dialéctica Conductual (DBT por sus siglas en inglés) quien, a raíz de su experiencia como paciente borderline, desarrolla este modelo teórico, basándose en los principios derivados del Zen y la filosofía dialéctica. Salvando de este modo hasta la actualidad, la vida de muchas personas. Así como ella, vemos muchas vidas con historia, que marcan el sendero hacia la aceptación de esta enfermedad.

Marsha Linehan. Doctora en psicología por la Universidad Loyola, Chicago.

Lo sabemos, aún seguirán existiendo múltiples conceptos relacionados, enigmas por resolver. La búsqueda insaciable de comprensión de esta enfermedad, será el primer eslabón de muchos que vienen, para poder así descifrar la verdad que encierran los complejos trastornos de personalidad, pero aún más, el trastorno límite de la personalidad. Entender la complejidad del TLP es ir hacia la frontera. Llegar, será la misión de todos aquellos que nos es menester ver al otro como otro ser humano, y no llamar a este otro yo, por el trastorno que padece, recordándole aquello que cree que estuvo siempre perdido en él y siempre le perteneció: su dignidad.

«Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma» -Carl Jung-

Bibliografía

Carrasco, J. L. (10 de abril de 2019). La resiliencia y el TLP. Recuperado el 23 de octubre de 2020, de https://tlpmadrid.com/la-resiliencia-y-el-tlp/

Instituto Nacional de Salud Mental. (2018). Trastorno Límite de la Personalidad.

Jiménez Barbero, J. (OCTUBRE de 2010). El Trastorno Límite De Personalidad. Enfermeria Global.

La adolescencia, una etapa difícil para todos

Resumen o contenido:

La adolescencia puede ser una etapa muy complicada de tratar, especialmente para los padres, esto debido a que el adolescente pasa por situaciones y experiencias nuevas que le pueden causar confusión y cuestionamientos internos, respecto a quien es y sobre su sentido de existir. Es primordial asegurarse que el adolescente posea una buena autoestima, así como un buen autoconcepto, ya que esto le permitirá hacer frente a los obstáculos que pueda encontrarse en esta etapa, y a tener un mejor desarrollo de sí mismo, en relación a la construcción de su personalidad y su forma de percibir a las personas y al mundo que lo rodea.

Si tenemos un adolescente en casa o conocemos a alguno, sabemos lo difícil que puede resultar interactuar con ellos y comprender lo que piensan o cómo se sienten, esto debido a que la adolescencia es una etapa que se caracteriza por la confusión y cierta rebeldía, que no es más que la falta de comprensión por parte de los adultos a las nuevas necesidades del adolescente. Por ejemplo, el querer formar parte de un grupo, la asunción de nuevas responsabilidades o de situaciones que le son desconocidas, la búsqueda y construcción de su personalidad, y una forma de ser individual que le permitan diferenciarse de los demás como persona.

A continuación, estudiaremos la etapa de la adolescencia, lo que esta implica y algunas recomendaciones a seguir frente a posibles dificultades que puedan derivarse a lo largo de su progreso.

La adolescencia es una etapa del desarrollo humano que actúa como el preámbulo de la independencia personal. Se produce después de la niñez y antes de la edad adulta, es decir entre los 10 y 19 años de edad, esto según datos de la OMS (Organización Mundial de la Salud). Según la psicóloga clínica Dina Krauskopf, la adolescencia da inicio con la pre adolescencia desde los 10 hasta los 12 años y la adolescencia inicial desde los 13 hasta los 14 años. Así también nos da a conocer una fase media desde los 14 hasta los 16 años y una fase final desde los 17 hasta los 19 años.

Pre adolescencia (10 – 12)

En esta fase el adolescente piensa mucho en su apariencia física, empieza a examinar la relación que lleva con sus padres y tiene la necesidad de comunicarse con ellos. Asimismo, empieza a experimentar grandes cambios físicos, tiene más consciencia de sus necesidades y empieza a tomar una posición crítica respecto a determinaos puntos de vista. Algo que no debe pasar desapercibido, es el duelo que vive el adolescente al dejar de ser reconocido por los adultos como un niño para ser un adolescente.

Adolescencia inicial (13 – 14)

En esta fase al adolescente le preocupa mucho su ámbito social y menos el familiar. Le interesa como es percibido por su círculo de amigos o compañeros, se torna más interesado en el sexo opuesto, empieza a explorar su sexualidad y se interesa más por el amor de pareja; es más crítico y autónomo, se pregunta por el sentido de la vida y si es valioso e importante para los demás.

Adolescencia media (14 – 16)

En esta fase el adolescente tiene la necesidad de afirmar su atractivo sexual y social frente a los demás, especialmente entre su grupo de amigos porque influirán en su identidad personal, empieza a tener impulsos sexuales, busca una pareja para comprender mejor su sexualidad, autonomía e independencia. Tiene la capacidad de situarse frente al mundo que los rodea como una persona individual con sentimientos y necesidades.

Adolescencia Final (17 – 19) En esta fase el adolescente busca reafirmarse tanto de forma personal y social, tiene la necesidad de establecer un vínculo con su familia especialmente con sus padres. Reafirma su personalidad, busca grupos de amistad afines a sus intereses personales, y desea encontrar una pareja para establecer vínculos afectivos profundos.

La autoestima y el autoconcepto en el adolescente

Otro punto importante en el crecimiento del adolescente se puede reflejar en su autoestima que paralelamente al auto concepto, lo ayudarán a pasar esta etapa de una manera óptima.

Un adolescente puede dar a conocer cómo se siente no solo con sus palabras, sino también en sus acciones o en su forma de expresarse ante los demás. Esta forma diferente de pensar puede resultar conflictiva para sus padres o las personas que estén a su cargo, debido a que su comportamiento y preocupaciones pueden resultarles superfluas, pero que en realidad son inquietudes válidas que sentarán la base de una personalidad formada y de una  autoestima alta que van a abrirle paso a una adolescencia responsable. Se recomienda que los padres puedan resolver las dudas de sus hijos y traten de comunicarse con ellos de forma continua y abierta.

La autoestima y la auto aceptación

Son dos conceptos que van de la mano, ya que mientras el primero está dirigido a lo que es el amor propio, el segundo se orienta a ser auto responsable y a la integridad personal. Según la opinión de González, Núñez, Glez, y García (ca. 1997), “La autoestima estaría vinculada al auto concepto, respecto de lo que me gustaría ser, y de lo que a los demás les gustaría que yo fuese” (p. 273).

Branden (1987) menciona que:

La autoestima es la experiencia de ser aptos para la vida y para sus requerimientos. Más concretamente consiste en tener confianza en nuestra capacidad de pensar, de afrontar los desafíos de la vida y en nuestro derecho a ser felices. El sentimiento de ser dignos, de merecer, de tener derecho a afirmar nuestras necesidades y a gozar de los frutos de nuestros esfuerzos (p. 21).

El autoconcepto se entiende como la imagen que tiene uno de sí mismo. González, Núñez, Glez, y García (1997) explican:

En su dimensión conceptual, se aprecia una doble vertiente: la descriptiva o autoimagen (cómo percibo que soy) y la valorativa o autoestima (cómo valoro mi autoimagen). (p. 273).

Respecto a la importancia de la autoestima en el adolescente, Díaz, Fuentes y Senra (2018), nos dicen que, “Una adecuada formación de la autoestima conlleva al crecimiento de adolescentes estables, sanos y con herramientas adecuadas para asumir cambios propios del período evolutivo” (s.p.).

En relación a lo anterior, debemos deducir que la base para que un adolescente pueda desarrollarse y pasar esta etapa sin muchos conflictos internos y externos, es una infancia en la que haya aprendido que es valioso, que su familia lo ama y que es una persona importante para ellos y para sí mismo. Una buena autoestima y auto concepto van a sentar las bases de una infancia feliz, lo que va a dar paso a una adolescencia estable, en donde el adolescente va a reconocerse como valioso frente a él mismo y frente a los demás. Empezar con estos conceptos en la pre adolescencia también sentaría las bases para una adolescencia sin muchos conflictos tanto para el adolescente como para las personas que lo rodean.

Otro impacto importante de una autoestima y auto concepto bajos en el adolescente, podría reflejarse en trastornos psicológicos, como son: la anorexia, la bulimia, la dependencia emocional, la depresión, la obsesión por su imagen frente a los demás, entre otros trastornos del comportamiento. Un adolescente con baja autoestima pensará que solo tiene valor por lo que representa para los demás y no por su valor individual como ser humano. Por otro lado, una buena autoestima permitirá al adolescente interactuar socialmente con más facilidad y la superación de situaciones negativas que no estén de acuerdo a sus principios ni valores morales y que se traducen en su visión de la vida.

Finalmente, es importante estar atentos a las señales que nos puede brindar el comportamiento habitual de un adolescente, debido a que en este podríamos ver reflejados sus inquietudes y sus conflictos. También que los adultos deben estar atentos, ser observadores y comunicativos respecto al comportamiento adolescente, ya que al surgir un dilema y no encontrar un adulto disponible, estos pueden buscar refugio en otros adolescentes como ellos, o en personas inescrupulosas, que los pueden llevar a tomar decisiones equivocadas. Somos nosotros los adultos los que tenemos el deber de interferir para el buen desarrollo y crecimiento en esta etapa; y lograr que el adolescente sea consciente que el valor de una persona está en uno mismo y en las personas que lo quieren de verdad, todo esto en base a la comprensión por el otro.

Bibliografía

Branden, N. (1987). Como mejorar su autoestima. Recuperado de https://www.ttmib.org/documentos/Branden-Autoestima.pdf

Branden, N. (1987). El poder de la autoestima. Barcelona: Editorial Paidós Ibérica.

Díaz, D., Fuentes, I. y Senra, N. (2019). ADOLESCENCIA Y AUTOESTIMA: SU DESARROLLO DESDE LAS INSTITUCIONES EDUCATIVAS. Conrado14(64), 98-103. Recuperado de http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1990-86442018000400098&lng=es&tlng=es.

González, J., Núñez, J., Glez, S., y García, M. (1997). Autoconcepto, autoestima y aprendizaje escolar. Revista Psicothema, 9(2), 271-289. Recuperado de   https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=727/72709204.

Krauskop, D. (1999). Los derechos y las características de la preadolescencia y adolescencia. Recuperado de: http://www.codajic.org/sites/www.codajic.org/files/Los%20derechos%20y%20las%20caracter%C3%ADsticas%20de%20la%20preadolescencia%20y%20adolescencia_0.pdf

Krauskopof, Dina. (1999). El desarrollo psicológico en la adolescencia: las transformaciones en una época de cambios. Adolescencia y Salud1(2), 23-31. Recuperado de http://www.scielo.sa.cr/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1409-41851999000200004&lng=en&tlng=es