Nosotras y yo: Cuando la identidad se fragmenta

Introducción a un sistema disociativo múltiple

Hablar sobre la posibilidad o existencia de otras identidades dentro de una misma persona, ya es de por sí, complejo, mas no imposible; se trata del trastorno de identidad disociativo conocido antiguamente como trastorno de personalidad múltiple. Démonos cuenta de lo siguiente, si a veces no sabemos exactamente, cómo nos sentimos o no logramos ver de dónde viene nuestra tristeza o por qué sentimos ansiedad, (gracias a una escasa educacional emocional) nos preguntamos ¿por qué estoy ansioso? ¿se imaginan escuchar voces de identidades con preferencias y gustos? Sería difícil ¿no?

En mi viaje para entender quién soy, he descubierto muchos caminos, muchos de ellos dolorosos, otros más fáciles de sobrellevar pero que al final me alejaban de mi fin principal: Saber quién soy ¿Qué tan difícil será construir una identidad con recuerdos inconclusos, sintiendo que todo es confuso, sintiéndose siempre extraño, no humano, con miedo a todo, sin que alguien te explique o contenga el miedo? ¿y si le pasa a un niño? Y si ese niño crece con ideas de “otros” susurrándole al oído… ¿Estamos hablando necesariamente de un trastorno esquizofrénico?

  • Yo: Espera, a mí no me gusta esto.
  • Alguien: Sí, sí me gusta.
  • Yo: Claro que no.
  • Otro: Eres realmente tonto.
  • (Yo grito): ¡Quién dijo eso!
  • Padre: ¿Con quién estás hablando?

*Nota: el presente dibujo es compartido, con el conocimiento y consentimiento necesario, con fines académicos..

 Me recuerdo como una niña con un mundo interior muy rico, llena de fantasías y lugares increíbles, sin embargo sabía que era la única experimentándolo, sin duda, el que mis padres me hayan permitido explorar jugar hasta el cansancio, es algo que realmente no tiene precio, agradezco su sacrificio por darme una niñez lo más sana posible, aunque ya mirándolo a la distancia, los problemas siempre estuvieron allí… y es que no se trata de encerrar al niño en una burbuja y protegerlo de todo dolor y frustración, hacer esto, sería opuesto de protegerlo. Se trata de tener consideración sobre su condición, un niño solo tiene las herramientas para asimilar el mundo que le corresponden a su edad, por eso, el ser padres o estar al cargo de un niño es una tarea realmente importante, vital diría yo. Procuremos ser conscientes de quién debe cuidar a quién: El adulto al niño, hagamos el esfuerzo de empatizar con ellos, recordemos nuestra propia niñez. 

Y qué pasa cuando, por diferentes variables ¿no podemos cuidarlo? y se ve expuesto a situaciones muy estresantes o traumáticas, sin que tenga aún la capacidad de entenderlo, qué pasa cuando aún no existen palabras para expresar las sensaciones ¿cómo entiendo un hecho si no sé definirlo? 

Según la Teoría de disociación estructural “parte de la idea, de que nadie nace con una personalidad integrada, los niños pequeños operan basándose en diferentes estados del Yo que manejan diferentes necesidades como comer, jugar, sentir apego al cuidador, explorar el mundo, etc. Cuando crecen, estos estados del Yo que funcionaban semi independientemente se integran para formar una personalidad congruente, flexible y adaptativa”. Esta teoría está basada en los trabajos de Pierre Janet y otros autores, además de la teoría del apego de John Bowlby. Es hasta ahora la más aceptada a nivel mundial. (Van der Hart, et al., 2003, 2006); (Gonzales, 2010); (International Society for the Study of Trauma and Dissociation, 2011); (System long soul blog, 2021).

Aparentemente esto se logra entre los 8 y 9 años, por lo que, para que una identidad se integre en una sola y se defina así misma como un YO integrado, no deben ocurrir hechos que interrumpan dicha construcción y fragmenten la identidad, es decir no antes de los 8 años. Un niño que experimente un trauma, que sea constante en el tiempo (abuso psicológico, físico, sexual o de ritual), en donde sea maltratado, torturado y sobre todo humillado, desarrolla un trauma complejo con la posibilidad de disociar o no, a menos edad mayor riesgo de trauma complejo o disociación, ya que el niño cuenta con menos recursos para asimilar el evento (es por eso que alguna de las identidades pueden ser introyecciones de animales, objetos, etc. ya que utiliza sus recursos infantiles y fantásticos para protegerse).

 ¿Qué sucede si el trauma al que se ve expuesto por muchos años, no logra ser asimilado? Que tan doloroso puede ser, que el niño no entienda que le está pasando a él y que es perpetrado por las personas que se supone deben protegerlo… Lamentablemente pasa más de lo que nos gustaría aceptar, cerca del 1 al 3% de la población padecen de un trastorno disociativo de la personalidad (TID) (International Society for the Study of Trauma and Dissociation, 2011), 

Una identidad que tenga sentido

El trauma antes de los 8 o 9 años interrumpe la construcción hacia una personalidad estable. Las diferentes partes del Yo permanecen separadas, no funcionan junto a las otras, no son capaces de cumplir varias de sus necesidades. A diferencia de un Yo congruente, flexible y adaptativo, que puede fácilmente asimilar la idea: “ A mí, me pasó eso” pero este Yo, no puede formarse si el apego con el padre es inconsistente, a veces es cariñoso y protege, y a veces es agresivo y maltrata, lo que no le permite experimentar un apego seguro por lo que el niño permanece en estado de alerta constantemente, sin saber cuándo sus necesidades serán satisfechas y cuándo su cuidador volverá a dañarlo, dándole paso así a la construcción de un apego desorganizado: “no sé cuándo confiar, no sé cómo sentirme bien”

Entonces… ¿Qué es el trastorno de identidad disociativo (TID)?

El trastorno de identidad disociativo es el resultado de la disociación crónica, derivada de maltrato o negligencia durante la infancia que termina siendo mal adaptativo pero útil para la supervivencia. El TID es mayormente identificado por los pacientes y por lo tanto diagnosticado en la adultez. Los criterios diagnósticos principales son:

– Amnesia disociativa: Incapacidad para recordar eventos importantes del pasado que pertenecen a la biografía de la persona, focalizada al olvido de traumas o situaciones de mucho estrés.

– Trastorno de identidad disociativa: Disrupción de la personalidad caracterizada por dos o más estados distintos de identidad. Vacíos recurrentes al recordar hechos cotidianos, información personal importante y/o traumática.

– Trastorno de despersonalización/ desrealización: Experiencias recurrentes de sentirse separado del cuerpo, como si fuera un observador externo de los propios procesos mentales y del cuerpo.

Como anécdota…

Llega a consulta mi primer caso de TID, admito que antes de conocer los temas sobre apego, trauma complejo y disociación estructural (desde luego temas muy pesados, por que conllevan mucho dolor emocional), hubiera pensado que la persona experimentaba algún episodio psicótico, es decir, fuera de la realidad. Felizmente ya estaba informada y como dicen a veces… realmente lo teórico se quedó muy corto en comparación a lo real. De pronto el dolor se apoderó de la persona… de todo el espacio… y solo tal vez sería la primera vez, que la identidad principal (host) aceptara por unos segundos lo que le pasó, para darle paso al protector principal del sistema (Sistema: denominación al conjunto de identidades que emergen para enfrentar la cotidianidad), quien relata los hechos de manera más clara, quien sí puede hablar de lo que pasó sin demostrar dolor. Y así luego la evaluación y análisis respectivo, puedo deducir que son un sistema con más de 3 identidades, que empieza en la fase principal, en la que aún no hay conciencia de que pertenecen a un mismo origen. Y trato de darles la bienvenida y decidimos empezar con el tratamiento. Después de algunos meses de psicoterapia, han logrado conocerse, cooperar y hacerse cargo de los alters más pequeños (alter: denominación más precisa que se le da a una identidad que nace de dentro de un sistema TID) logran ayudarse y sobre todo y lo más importante: a comunicarse, ahora se validan emociones y sentimientos, deseos también y se dan espacios para expresar sus pensamientos y propósitos. Aún hay un arduo trabajo por hacer y muchos caminos que recorrer, pero siempre es mejor hacerlo en compañía de alguien que pueda y quiera sostener. Esta vez es diferente, esta vez hay menos soledad y cuentan con las herramientas para salir adelante. 😊

*Nota: el presente dibujo es compartido, con el conocimiento y consentimiento necesario, con fines académicos.

Reconozco que al ser la primera vez en el que uno se entera de estos temas, le parezca inverosímil, increíble, y tal vez la idea de las identidades nos llama la atención, pero lo importante no está solo ahí, tal vez la reflexión más importante debería ser: ¿Qué tan espantoso fue lo que le pasó a este niño, que su identidad incipiente no pudo soportar y se fragmentó? ¿durante cuánto tiempo? ¿Por qué no lo protegieron? 

Existe un gran respaldo clínico y científico, te invito a que investigues más si es que así lo deseas, también podrás :  “Ver un lado increíble de la complejidad de la mente humana de la diversidad y la experiencia humana” (Delta system, 2019), pero sobre todo porque se necesita a más personas, clínicos y profesionales de la salud en general que se interesen por estos temas y se eduquen, necesitamos que estén capacitados para informar y prevenir a las familias para que sostengan luego del trauma, también a la sociedad para que la información llegue y se pueda derivar a pacientes que presenten algunos de los síntomas ya mencionados a especialistas o personas entrenadas en trauma complejo, es necesario que se reconozcan estas realidades, con el objetivo en común de proteger a la infancia, porque sí existen consecuencias y muchas de ellas incapacitan para siempre.

Si se me permite, me gustaría dirigirme a las personas que están leyendo este artículo y se han sentido vistos o tal vez, le ha recordado a alguien que conocen:  

Si tú al leer esto te sientes identificado, busca ayuda profesional, este no es más que un proceso que intenta ser adaptativo, que se aferra a la vida, no hay nada de malo en tener contigo a tus identidades, ellas te protegen y te han permitido ser quién eres hoy. A mayor reconocimiento y validación mayor será el bienestar de todas las partes/alters/fragmentos e identidades. 

Ya no estás solo.

Referencias:

  • Gonzales, A., (2010). Trastornos disociativos Diagnóstico y tratamiento. EDICIONES PLÉYADES, S.A. 
  • International society for the study of trauma and dissociation, (2011). Guidelines for Treating Dissociative Identity Disorder in Adults, Third Revision. Journal of Trauma & Dissociation, 12:115–187, 2011.
  • Long soul system blog, (2021) https://longsoulsystem.com/recursos/lista-de-libros/
  • Long soul system – Trastornos disociativos.  Canal de youtube. https://www.youtube.com/channel/UCyQyPhi2n-olE07cBgiLMMw
  • Silberg, Y. (2013), El niño superviviente. Editorial desclée de brouwer, S.A.
  • Van der Hart, et al., (2003, 2006). El YO atormentado. Editorial desclée de brouwer, S.A.

Duelo en niños

La muerte, aunque fue un tema tabú en siglos pasados, ha sido ampliamente estudiada desde diferentes disciplinas, y como parte de este estudio, la Psicología ha buscado enfocarse en la forma en la que esta es enfrentada por la persona humana y cuáles son sus distintos comportamientos frente a ella. Aunque las investigaciones de esta disciplina abarcan temas variados, el proceso de duelo es uno de los que capta mayor interés debido a su complejidad y a los efectos adversos que trae consigo al no afrontar de forma adecuada tal proceso (Pérez y Robayo, 2017).

El duelo es considerado como un grupo de representaciones mentales y conductas vinculadas con una pérdida afectiva, teniendo como objetivo aceptar la realidad de dicha pérdida y adaptarse al nuevo entorno (De Hoyos, 2015). También Freud (1996) habla del tema y señala que el duelo es un estado del alma, es decir una reacción normal de todo ser humano ante la pérdida de un ser amado, ya que se han establecido vínculos primordiales de identificación para poder elaborar la realidad psíquica en el caso de los infantes, pues estos ven a sus padres como objetos amorosos para identificarse (Varela, Hernández, Esparza & Pilar, 2013).

De igual forma, Tizón (2004) señala que el duelo incluye procesos tanto psicológicos como psicosociales que ocurren luego de la pérdida de alguien con quien se tiene un vínculo (Moreno, 2016). Otros autores la han definido como la reacción consecuente a la muerte de un ser querido manifestado en la esfera psicológica, biológica y social (Ordoñez & Lacasta 2006). Es una reacción normal ante una pérdida la cual va a suponer la readaptación ante la situación nueva que afronta, sin embargo, este puede volverse patológico si no se resuelve de la manera adecuada y requerirá de la intervención del profesional (Meza et al., 2008).

TERAPIA DE LA CONDUCTA INFANTIL: EL DUELO EN LOS NIÑOS

Sobre los tipos de duelo, la autora Moreno (2014) menciona que existen dos en general: el duelo normalizado y el duelo complicado. El primero se refiere a aquel proceso que ha sido atravesado de forma adecuada logrando la adaptación a la nueva realidad en la que vive y recordando a la persona fallecida sin dolor profundo y con cierta sensación de tranquilidad. El duelo normalizado además se caracteriza por un estado de perplejidad suscitada por el fallecimiento de su ser querido, dolor intenso junto con malestar, sensación de ser una persona débil, pérdida tanto del apetito y de peso como de sueño, dificultad para mantener la atención, culpa, rabia, episodios de negación, ilusiones, alucinaciones e identificación constante con el ser querido que ya no está (Cabodevilla, 2007).

Por otro lado, el duelo complicado se refiere al proceso inadecuado de adaptación en el que la persona se ve desbordada por la situación, sin poder por sus propios medio lograr afrontar la situación de forma adecuada. De igual forma, Flórez (2002) menciona que el inadecuado abordaje del duelo, puede convertirse en duelo patológico, el cual se presenta como una ausencia o retraso en su aparición o como un duelo demasiado intenso y prolongado. Por su parte Cabodevilla (2007) también menciona diferentes tipos de duelo entre las que tenemos el duelo anticipatorio, el duelo crónico, el duelo retrasado o retardado, el duelo enmascarado, el duelo exagerado, el duelo ambiguo y el duelo normal.

Según lo referido en la revista Duelo en Oncología, la intervención en el proceso de duelo puede ser a nivel individual, grupal y familiar. En la intervención individual se ha propuesto dividirla en cuatro tareas las cuales son: “aceptar la realidad de la pérdida”, “trabajar las emociones y el dolor de la pérdida”, “adaptarse a un medio en el que el fallecido está ausente”, “recolocar emocionalmente al fallecido y continuar viviendo” (Alberola, Asuara & Reina, 2008). Además estos mismos autores mencionan que es recomendable utilizar técnicas como “el libro de recuerdos, imaginación guiada, uso de símbolos, lenguaje evocador, rol-playing, dibujar” entre otros en el proceso de asesoramiento al deudo.

Duelo en niños y niñas en esta situación de confinamiento y pandemia

En la intervención grupal se hace mención de los grupos de apoyo en los que se consideran diferentes objetivos terapéuticos como el cambiar la forma en que el deudo se expresa y vive el duelo, exploración de la relación que se poseía con el fallecido y la resolución de los asuntos sin resolver entre otros más que se han asociado a las diferentes fases del duelo (Payás, 2008). Por último, la intervención familiar que tiene como objetivos específicos el “aumentar la realidad de la pérdida, ayudar a expresar emociones del deudo y ayudar a vencer los obstáculos que evitan el reajuste después de la pérdida” (Virizuela, Aires & Duque, 2008).

Aunque es un proceso complejo y difícil de afrontar en personas de cualquier edad los efectos negativos a largo plazo son mucho más altos en niños. Según Guillén, Gordillo Montaño, Gordillo Gordillo, Ruiz y Gordillo Solanes (2013) el 40% de los niños que han atravesado por un proceso de duelo padecen de un trastorno psicológico. Además García y Bellver (2019) mencionan que un dolor muy profundo en los niños podrían interferir en su correcto funcionamiento y desarrollo provocando síntomas como miedo nocturno, dolores crónicos, bajo rendimiento escolar y comportamientos que impliquen una regresión. Es por ello que ahora pasaremos a hablar un poco más sobre la niñez.

La niñez es un periodo de crecimiento acelerado entre los 0 a los 11 años, la cual se ve influencia por el ambiente y la genética (Papalia, 2014). Esta etapa se puede dividir en primera (0-5 años) y segunda infancia (6-11 años) según Mansilla (2000) quien además menciona que esta última supondría una “edad crítica” ya que las consecuencias de una inadecuada satisfacción de las necesidades psicosociales podrían traer consigo efectos negativos que alteren su normal desarrollo.

Partiendo de las etapas del desarrollo planteadas por Piaget (1975) se distingue que en el periodo sensorio motriz (hasta los 2 años) los niños son capaces de notar la ausencia de la persona de apego, posteriormente se da la adquisición del lenguaje, por lo que la posibilidad de que pregunten por la persona es posible adquieren la capacidad de identificar el estado de ánimo de otras personas, por lo que se ven influenciados por las emociones que sus cuidadores transmiten tras el fallecimiento del ser querido.

El duelo en niños: cómo comunicarles la muerte de un ser querido

Así mismo en el periodo pre-operacional (3 a 6 años) y con conceptos de temporalidad, reversibilidad, universalidad y funciones vitales en proceso de establecerse aún creen que el ser querido muerto puede despertar o volver tarde o temprano (García & Bellver, 2019). Posteriormente en el periodo de las operaciones concretas (7-10/11 años) se da un mayor concepto de irreversibilidad, se dan preguntas como ¿Cause la muerte? ¿Me pasará también a mí? ¿Quién me va a cuidar? (Ordoñez & Lacasta, 2007).

A partir de los 7 años un pensamiento, aunque infantil, lógico, flexible y reflexivo por lo que sus capacidades le permiten entender un poco mejor el concepto de muerte a diferencia de los niños menores a esta edad donde se le otorga características mágicas o se le relaciona con una sensación de ausencia (Durán, 2011). A esta ambigua comprensión de la muerte se le debe añadir la poca habilidad de los adultos para comunicar al niño la pérdida de algún ser querido y que muchas veces se prefiere evitar el tema con el objetivo de proteger a los niños creyendo que no entienden lo que pasan (Guillen et al., 2013).

Tomando en cuenta las particularidades del duelo en niños, Flórez (2002) menciona tres fases del duelo infantil, en primer lugar, está la protesta en la que el niño añora amargamente al familiar perdido rogando que vuelva a estar con esa persona. En seguida, está la fase de la desesperanza, en donde el niño inicia un proceso de abandono de esperanzas de que el familiar perdido vuelva con él, por lo que queda sumergido en un estadío de abandono y apatía acompañado de un llanto intermitente. Finalmente, en la fase de la ruptura del vínculo, el niño comienza a romper el vínculo emocional con el fallecido y vuelca poco a poco su interés por el mundo exterior.

Las víctimas silenciosas del covid: los niños y su duelo | ActitudFem

Es importante mencionar que cuando no se hace partícipe a un niño de la enfermedad o muerte de algún ser amado para él, al no llevarle al funeral o el no compartir la pena por el fallecimiento de un familiar, sería perjudicial para el niño él, ya que esto podría generar dificultad en iniciar el duelo y en el elaborar el duelo (Zañartu & Krämer, 2008). Flórez (2002) también reconoce la importancia de manejar la reacción de duelo de los niños, ya que se ha evidenciado que los trastornos depresivos y los intentos suicidas usualmente se presentan en adultos que durante su infancia vivenciaron el fallecimiento de uno de sus padres. Queda claro entonces que el duelo en niños se presenta como un factor de riesgo para futuros trastornos psicológicos y justamente por ello es necesario la intervención psicológica trabajado no solo con el niño sino también con la persona a cargo del cuidado del niño y otras cercanas al niño.

Referencias

  • De Hoyos, M. C. (2015). ¿ Entendemos los adultos el duelo de los niños. Acta Pediátrica Española [revista en internet], 73(2), 27-32. Recuperado de http://actapediatrica.com/images/pdf/Volumen-73—Numero-2—Febrero-2015.pdf#page=7
  • Cabodevilla, I. (2007). Las pérdidas y sus duelos. Anales del Sistema Sanitario de Navarra. Vol. 30, Suplemento 3 , 163-176. Recuperado de http://scielo.isciii.es/pdf/asisna/v30s3/original11.pdf De Hoyos, M. C. (2015). ¿ Entendemos los adultos el duelo de los niños. Acta Pediátrica Española [revista en internet], 73(2), 27-32. Recuperado de http://actapediatrica.com/images/pdf/Volumen-73—Numero-2—Febrero-2015.pdf#page=7
  • Ordoñez, A., Lacasta, M., (2007) El duelo en los niños (La pérdida del padre/madre). En Camps C, Sánchez PT. (Ed). Duelo en oncología. SEOM. Madrid. Recuperado de: http://www.seom.org/seomcms/images/stories/recursos/sociosyprofs/documentacion/manuales/duelo/duelo11.pdf
  • Pérez Suesca, J. A., & Robayo Muñoz, D. Y. (2017). Cartilla para niños y niñas de 6 a 9 años en proceso de duelo (tesis de licenciatura). Universidad Cooperativa de Colombia. Obtenido de https://repository.ucc.edu.co/bitstream/20.500.12494/14268/1/2017_duelo_ninos_acompanamiento.pdf
  • Varela, C., Hernández, V., Esparza, E., & Pilar, S. (2013). El duelo en niños, su abordaje desde la clínica del lazo social. In Contreras y Andrade. Congreso Interdisciplinario de Cuerpos Académicos. Ciencias Administrativas y Sociales. Buenos Aires. Recuperado de http://dialnet. unirioja. es/servlet/articulo

Mamá Grita: En defensa de las madres

En un día habitual, mamá regresa del trabajo, deja la cartera y demás cachivaches de protección contra cierto virus y se dirige al baño a asearse, sin respetar, los 20 segundos que recomiendan para el lavado de manos porque unas voces demandantes, persistentes, aparentemente indolentes y muy directas la acechan desde su llegada. 

Le reclaman su atención, le recriminan su ausencia, se quejan de sus decisiones y actos apenas los ejecuta, cuestionan sus razones y además de eso, le señalan cada error pasado y le anticipa todos los deseos a cumplir hacia el futuro inmediato. 

Esa voz inquisitiva es la de su hijo. 

«¿Por qué llegas a esta hora, mamá?», «siempre dices que llegaras temprano, mentirosa». ¿Dónde está mi mochila?, ¿ya saldremos?, ¿vas a cocinar ahora? ¡Tengo hambre! 

Ante esta escena, que más parece crónica de un desesperante texto de revista de suspenso antes de la ejecución de un crimen, resulta más bien una anécdota. 

Y eso, sin contar situaciones que pasan debajo de mesa y según quienes las viven son más «adaptativas»

– «Partes de la cotidianidad Brenda, por favor, acostúmbrate»- me dice la mamá crispada por mi cara de horror- hago mención también a situaciones tales como: «mamá, vete, no quiero tu opinión, el profesor ha dicho que debo hacerlo así todo, ¡no me digas más nada!». Y ante esta escena que me deja también estupefacta, la sonrisa nerviosa de la mamá se asoma con un: «tranquilito hijito, ya, ya lo hago». Increíble.

Ante este panorama, hay quienes se detienen a señalar desde lo alto de un pedestal de concreto cuál medida es mejor tomar en esos casos para los “impíos que osan privar de su paciencia al adulto”, cuál castigo a modo de ejecución total estarían dispuestos a tomar, otros, llevando su cabeza de lado a lado saborean desde su “privilegiada” inexperiencia mil maneras de increpar a la madre por su “blandengue” inactividad tras el arrebato de su hijo. Pero, ¿quién es el valiente que se impulsa a diseccionar el cadáver de la situación y desmiembra sección por sección los factores y pormenores de lo que sucede, lo que sucedió y sucederá? Muy pocos, realmente. 

No obstante, hoy, de la mano conmigo vamos a levantar la escena del crimen que se ha dado y descubriremos quién mató la paciencia de mamá, quién finiquitó realmente esas ganas de solicitar un por favor y devolver un gracias, quién realmente obstruyó esas ganas de levantarse a diario con la intención de cuidar mediante el mimo y no sobre la necesidad de calmar el palpito de urgencia por creer que ese pequeño fulanito está mal. Básicamente, veremos más allá del crimen (gritar) y observaremos el anecdotario y las pistas que, desperdigadas anuncian la consumación de este hecho, para algunos, en extremo repudiable. 

Asimismo, desde la base, veremos que el grito a modo de arma decapitó por unos instantes las emociones de una madre y de su hijo.

“Te concebí, eres mío”

Desde que recibió su muestra de embarazo positiva, desde que sus síntomas se fueron acrecentando y notó la transformación de su cuerpo, dio a luz antes de tiempo, simplemente, alumbró un par de ideas: Mi/su cuerpo, ya no será mío/de él, ahora, es nuestro.

Cada latido, cada mueca, cada sonrisa, sensación de placer, dolor y angustia fueron compartidos desde ese día, un sentido de pertenencia abismal, que dura en muchas madres hasta que se despiden de la vida. Inclusive, demuestran un nivel de fortaleza ante adversidades muy superior a lo que habían demostrado antes, dándose casos muy lamentables donde se toleran las más terribles injusticias en nombre de ellos, los hijos. Bajo este respecto, me es bastante familiar recordar este verso de una canción de Rosalía (cantautora española) que, en su álbum número dos titulado “El mal querer” (2018) interpreta: “Bueno, yo por amor, uff, bueno, hasta bajé al infierno. Eso sí, como subí con dos ángeles” (0:25).

Esta referencia, hace mención a una serie de abusos recibidos durante la vida matrimonial, llegando a rescatar como algo positivo el tener dos hijos. Para algunos un precio ampliamente cuestionable de pagar, para otros, existe una justificación enorme. En torno a esto, una realidad que inclusive viven muchas personas, más de las que imaginamos. ¿De dónde surge este sentido de pertenencia aún por sobre la vida de la “procreadora”? 

Badinter (1993) citado por Recciuti (2020), presenta este concepto como un saber espontáneo de toda madre que surge con un conjunto de saber hacer que viene de manera genética en la mujer, haciéndola la mejor cuidadora posible en la tarea de maternar. Pero, ¿Realmente es así?, ¿es cultura o es biología?, ¿cuánto es de uno y cuánto es de lo otro?

Si nos adherimos a la definición anterior, encontramos una perspectiva biologicista, donde la anatomía de la mujer ya determina lo que sucederá en la vida, a través del tiempo sin trascender aparentemente. Realmente, muchas veces no ocurre así y es un error inexcusable solo apegarnos a estas instancias, ya que muchas veces la cultura y la educación pueden llevar a caminos distintos, como ejemplo clave: la división de tareas y de “roles” en tanto que hombres ahora están en instancias “privadas” del hogar y mujeres en el trabajo, activando la cultura y política de su entorno. Sí bien es un tema que hoy en día se toma con pinzas, es necesario revisar que muchas de estas concepciones no solo eran de unas generaciones atrás sino que en muchas civilizaciones todavía se persiguen como un ideal.  Por lo tanto, dejando la mente abierta a encarar ideas y discursos dispares a los habituales, observemos estos dos caminos: en primer lugar, cuidar y soportar molestias por un tema de dificultad educativa, carencias económicas y afectivas para sí mismas, resignación ante la situación y noción del castigo como un elemento de aprendizaje necesario. En segundo lugar, cuidar y tolerar situaciones a veces de incomodidad extrema por considerar que el problema es irresoluble y “así debe ser” por patrones familiares arrastrados, rechazo a tomar la iniciativa para innovar nuevas estrategias para afrontar los problemas y fatiga crónica ante el estrés constante. Veamos un caso ilustrativo.

Sasi en Barrio Bajo y Lili en Villa Arco 

Una, es una chica menor a los 35 años, tiene dos hijos, educación primaria a duras penas terminada y es ama de casa, no demuestra esmero en su vestimenta diaria ni para celebraciones, su casa, su lugar de trabajo diario y no remunerado está impecable, con la comida siempre a la hora y sus hijos inmaculadamente bien cuidados. 

Para el desayuno, el cual hace cuando el sol aún no alcanza la alborada siempre está pensado para los demás antes que su propia nutrición, su esposo e hijos merecen “la gran presa” ella… ya tendrá alguito más. 

Asimismo, tolera explosiones de ira de su pareja ante cualquier cosa como una toalla mal colgada o una camisa sin planchar. Ante esto, el día a día con los hijos se torna una lucha de supervivencia, alimentarlos, asearlos, educarlos ante travesuras y reforzarles durante las tareas lo visto en la escuela aun con los escasos conocimientos que tiene y, además, tener algo de paciencia para sí misma y ellos.

Mantiene cada respiro de su existencia con base al alivio que llegará el día que sus hijos puedan levantarse por sí mismos, cuidarse y cuidarla y así alejarse de las penurias que la vida conyugal le ha proporcionado. No hay que ser muy listo para deducir que muchas de sus instrucciones son del tipo: “eso te pasa por estúpido, hazlo de nuevo”, “si no mejoras acabaras limpiando, estando como yo, mantenida y pobre”. 

Mucho resentimiento, frustración y deseos de expiar cada dolor mantenido durante años no son la excusa para palabras tan crudas, pero, existen y son distintivas de situaciones tan desesperanzadoras como la descrita. Ahora, veamos el caso de Sasi.

Hermosa, bien portada, muy cuidada en sus maneras, discreta y sonriente fuera de casa. Tiene 3 hijos, uno más travieso que el anterior, vivaces y muy audaces para conseguir lo que desean. No están enmarcados dentro de la habitual familia que vive bajo el mismo techo, al contrario, son familia pero viven de a temporadas en casa de cada progenitor, que, gracias a sus profesiones pueden permitirse una casa en un buen lugar de la ciudad.

La vida en estas instancias no está tan diluida en mieles y azúcares como pudiéramos imaginarnos, resulta que la cotidianidad de Sasi es la de ir arreando a su pequeña tropa, si, arreando porque en su casa no se mueve un dedo sino lo demarcan unos altos decibelios en más de cinco llamados, resulta que sus hijos luchando entre ellos por atención desarrollaron ciertas conductas que buscan de la manera que sea la atención de la dulce Sasi, cuya casa está destinada al azar y la aventura, lo primordial es el trabajo “para mantenerlos adecuadamente sin tanta ayuda del padre”.

Ante esto, el empuje para criarlos levantándose cada mañana, el de poder corregirlos ante quien esté, mimándolos cada que puede bien sea por capricho de ellos y su facilidad para “domesticarla” o porque simplemente le surgía de su interior, ella, es una fuerza arrolladora que al mismo tiempo de sacar la colada de la lavandería se cuestiona ¿lo haré bien?, ¿por qué conmigo no obedecen y con el papá sí?, ¿y sí los dejo con mi hermana y me voy de vacaciones un fin de semana?, ¿seré una mala madre por esto? y tras breves segundos de introspección surge nuevamente el llamado de la cotidianidad exigiendo algo baladí a lo que la respuesta que surge de su garganta son del calibre de: “nunca ves nada, está allí, ¡ciego!”, “jamás se te ha ocurrido buscar acá, es que no piensas”, “acostúmbrate a hacerlo tú solito, ya estás grande, no puedo hacerlo todo yo siempre”, “el día que me vaya tú tendrás que valerte por ti mismo, aprende de una vez”.

Ambas instancias, una más altisonante que la otra (para algunos) nos denotan dos realidades de las múltiples que existen, son comunes, pero no significan que sean aceptables dentro de los deseos de lo saludable y de bienestar, primordialmente porque están repletas de desdichas y reproches que lejos de levantarlas de la situación las hunde todavía más. 

Gritar para sentir

A este punto, gracias por no aferrarte a un paradigma y seguir explorando el tema que trasciende el grito de una persona, en este caso, de una madre, que desde esta postura las vislumbra como seres que han estado en observación y de los que se detallan estas características, para los padres, ya existirá otro momento para hablar sobre ellos donde hay mucha tela que cortar también. 

Entonces, siguiendo la línea de la comprensión y no de la excusa, ya sabemos qué trasfondos existen y que sucede allí entorno al grito y es que existen muchos disparadores que pueden predisponer todavía más una situación de crisis, vamos a enunciarlos y hagamos un pequeño ejercicio, sí respondes más de cinco “sí” por favor, busca apoyo, no serás señalado, anímate a revertir la situación. Empecemos.

  • Discuto constantemente con mi pareja, familiares cercanos y me irrito fácilmente.
  • Veo las noticias y la situación país me altera, provocando que me moleste y hable de cualquier modo con mis hijos.
  • No me detengo a pensar qué consecuencias puede desencadenar el que les grite y ellos se callen.
  • Casi nunca les pregunto a mis hijos cómo se sienten tras una discusión.
  • Me siento rebasado casi todo el tiempo, ante el mínimo estímulo “estallo” con todos en casa.
  • No ofrezco disculpas casi nunca o nunca.
  • Los problemas de mi familia se resuelven en casa, pienso que las cosas suceden por etapas, se disipan solas.
  • Si todo está en calma no vuelvo a tocar el tema de la anterior discusión, si nadie habla, ya se resolvió.
  • Acepto que muchas veces hablo a mis familiares con improperios y descalificaciones en lugar de ir al meollo de los problemas tratados.
  • Al ver un problema, juzgo, señalo, increpo al que lo cometió culpandolo inmediatamente de la situación en lugar de comprender y resolver.
  • Busco culpables de las situaciones para regodearme en lo que han hecho para sentirme mejor.
  • Espero que mis hijos siempre sean ordenados y condescendientes respecto al trabajo y rol que desempeño en casa más que por mi persona. 
  • Me molesto fácilmente si me mencionan alguno de mis errores, más si lo hace alguno de mis hijos.

¿Turbio, ¿no?  estas situaciones arriba enunciadas a modo de cuestionario son muchas de las instancias que en terapia se visualizan de manera casi total cuando a terapia familiar se refiere, y no lo comentan los padres o madres angustiadas, no, lo hace ese hijo que no se concentra en clase, que no puede acercarse a otros por problemas de confianza, entre otros, sí, son los hijos los síntomas de la situación de fondo que atraviesan los padres. 

Una baja autoestima, una necesidad casi eterna por desear descansar física y emocionalmente, incapacidad para controlar las reacciones emocionales, pobre capacidad para gestionar excesos conductuales de parte de los niños, esto es, lo que tradicionalmente llamamos “berrinches” pueden ser detonantes de una serie de desgastes familiares que traen como consecuencias los gritos desaforados de quién se siente responsable total por la vida de sus infantes.

Finalmente, algunas sugerencias de la mano de las revistas Healthy Children (2020) y Guía Infantil (Padilla, 2021) demuestran algunas estrategias importantes a considerar, aquí un resumen de ellas:

  • Tómate un momento para visualizar quejas, en papel, por escrito en el teléfono o en la pc, lo importante es poder saber qué sucede y cuántas veces se repiten estas situaciones y cómo resolverlas.
  • Sí bien el trabajo es vital, no puede llevarse a casa siempre. Un terreno de esparcimiento, un refugio ante la vida arrolladora es lo que debe significar un hogar, procura no evadir las situaciones de casa empleando como excusa el tener mucho trabajo.
  • procura mantenerte atenta a los placeres de la vida, que aunque se vean pequeños y cotidianos pueden significar un momento de meditación activa muy reconfortante, tal como el apreciar un aroma de la comida que consumes, apreciar la sonrisa que tus hijos te devuelven, agradecer por las cosas que te has podido proveer, entre otras.
  • Piensa que no todos tienen un mismo objetivo dentro de la familia, bien sea por la diferencia de edad, pensamiento, cultura, educación etc. todos son distintos, por lo tanto, no todos perseguirán la misma meta, no obstante, que esto no signifique hacer planes familiares, escucha la opinión de todos y en familia conduce el camino.
  • Piensa antes de estallar ¿esto lo amerita? Hay cosas que no son estrictamente necesarias para resolver de inmediato, puedes aplazar actividades en pro de una jerarquía más funcional, como el relajarte unos instantes y luego retomar las tareas de casa; en lugar de gritar e irritarte porque no están las cosas tal como las prefieres.
  • En situaciones sociales, destaca lo positivo, una reunión familiar amena no tiene por qué volverse un centro de quejas, al contrario, gózalo y disfrútalo, en otro momento, apropiado y privado compártelo y desahoga tus vivencias, hay un contexto para todo.
  • Comprende la conducta de tus hijos, vuélvete más observadora, muchas de las actividades que pueden irritarte pueden ser causa de un sentimiento de aburrimiento y de querer llamar tu atención sobre ellos, de manera negativa, pero atención al fin, de modo que, redirige la conducta, una actividad entretenida y educativa que pueda satisfacerlos a ellos y te sientas tranquila tú.
  • halagos, mimos y afecto. No dudes en dar los abrazos que siempre quisiste recibir, estimula el proveer afecto sin razón aparente más allá que la del amor, de ese modo, los lazos afectivos serán todavía más profundos y lograrás mayor cohesión familiar y por sobretodo te sentirás alegre de dar dulzura frente a los embates de la vida.
  • Finalmente, si estás en una situación de violencia, recurre a los organismos de apoyo, tus hijos no tienen por qué ser una barrera entre tú y tu estabilidad física, emocional y mental, además que no tienen que recibir el maltrato y abuso que por tu frustración arrastra, al contrario, contágiate de la fortaleza que ellos pueden darte y sal adelante, busca apoyo y brilla.

Referencias 

Vila, Rosalía. (2018). Preso (Cap.6: Clausura) [Canción]. El mal querer. Sony

Recciuti, P. Los artificios del instinto materno : representaciones de la madre universal [en línea]. Trabajo final de grado. Montevideo : Udelar. FP, 2020.

American Academy of Pediatrics. (2020). La crianza de los hijos durante una pandemia: consejos para mantener la calma en el hogar. Revista digital Healthy Children. Disponible en: https://www.healthychildren.org/Spanish/health-issues/conditions/COVID-19/Paginas/Parenting-in-a-Pandemic.aspx

Padilla, M. (2021). 12 prácticas necesarias para madres y padres estresados. 12 meses, 12 propuestas destinadas a fortalecer la familia. Revista digital Guía Infantil. Disponible en: https://www.guiainfantil.com/familia/padres/12-practicas-necesarias-para-madres-y-padres-estresados/

El niño que llevamos dentro

Érase un niño. Érase nuestro niño. O mejor, érase un nosotros niño.

El nosotros niño -que tiene tu nombre- vivía (o vive) dentro de una madre, un padre, de un adolescente o de un anciano. Vive dentro de ese que tú dices ser hoy -aunque quizás aun no lo definas del todo-, digamos que vive dentro y a través de ese que los demás ven en ti.

Sucede que los años, las circunstancias, las experiencias nos han ocultado de nosotros niños. Encima del niño se entretejen teorías, autoengaño, heridas intensas y profundas, máscaras y superficialidades de todo tipo: diplomas, fiestas, amoríos, libros, físico e infinitos etcétera. Los años -que es la forma con la que llamamos al discurrir de la vida- se untan como petróleo encima del niño. Y, sin embargo, nunca desaparece. Todo el amasijo que está sobre él tiene su forma, parte de su molde.

Ese niño es nuestra clave de lectura. De lectura interna. De introspección. Son sus miedos y sus seguridades las que se esconden detrás de nuestras formas de sentir el mundo. Si tengo miedo de que me abandonen, si creo que los demás no importan, si me siento seguro con los que me quieren y quiero.

Empezar a buscarlo, nos embarca en un camino de autodescubrimiento que implica reconocer la propia debilidad, los errores que mantenemos por años. Implica decir: «Sí, estoy herido. Me hirieron. Puede hasta que tenga pus. Pero ahora me toca curarme».

Por eso es necesario hurgar hasta el niño de cada uno. Para curarse. Y porque nadie va a hacer el trabajo por nosotros. Revolver toda la oficina hasta encontrarlo. Hasta abrazarlo. Hasta descubrir sus heridas, sus miedos, sus dolores, sus amores, su encanto por la vida, su ternura y su naturalidad. Porque existen dos niños: el que era antes de todo, el que se asombraba, el que no tenía vergüenza de nada, el que aún no comprendía la maldad; y aquel que aprendió a callar para no ser ignorado, o a portarse como adulto desde muy temprano, o el que llamaba la atención a diestra y siniestra, o el que se aislaba. Consolando los dolores del segundo, podemos hallar los colores del primero.

Abrazar al niño interior no es abrazar la impulsividad o la inmadurez porque sí. No se trata de abrazar un niño interior aleatorio, idealizado. No es «el niño que todos llevamos dentro». Es tu niño. Sólo tuyo. ¿Quién eras?, ¿Qué pasó?, ¿Cómo llegaste aquí? Cada niño tiene una forma diferente de ver el mundo: suspicaz o confiada en los otros, seguro de sí o anulándose. A este patrón le llamamos apego en psicología. Pero lo interesante no es el nombre, sino lo útil de esto.

Piénsalo un poco, si tienes miedo de que te abandonen, eres insegura sobre el afecto de tus amigos o familia; si, por el contrario, prefieres aislarte porque temes a la opinión de los otros; o si lo haces porque nadie vale la pena tanto como tú. Todo viene desde que eras pequeño y te tocó atravesar lo que cayó en suerte.

Padres ausentes, negligencia o sobre-exigencia familiar, crianza ególatra, muertes cercanas, violencia, fuertes carencias. Forman un patrón de pensamiento que quizás no has tenido claro hasta hoy. Más allá de esto, las relaciones que sostienes con varones o mujeres pueden ser reflejo (por semejanza u oposición) a tus experiencias infantiles.

No te embarques solo, recorre esto con una compañía. Que no te estanques en observar y apiadarte de tu pasado, es solo la transición a una mirada más consciente, más madura del mundo. Un amigo, un familiar, un profesional (especialmente si te han tocado situaciones más complejas de lo usual) puede sostenerte. Mostrarte la ruta despejada si te comienzas a apagar.

Por encima de todo, que nos recuerde que siempre lo hemos tenido dentro, que la curiosidad, naturalidad y cariño nunca se ha ido del todo. Que aún podemos tomarnos la vida menos en serio y más de verdad.

A partir de aquí, un largo camino comienza.



							

Infancia feliz, vida feliz

La educación en valores es el pilar fundamental en el desarrollo personal del niño, ya que esta lo llevará a comprender porque los preceptos morales son necesarios para vivir en sociedad. Es así que una correcta internalización de lo que está permitido y no lo está, respetando a los demás y correspondiendo al orden social, lo llevará a convertirse más adelante en un adulto de bien para los demás y para él mismo, pero ¿qué pasa cuando la forma de que el niño logre aprender como sobrellevar estos principios y valores morales es un problema? Actualmente se ha visto muy latente una inclinación por parte de los adultos a una educación apoyada en la violencia o “mano dura”, debido a las nuevas generaciones que no son del agrado de sus antecesoras. Entonces podemos ver férreos defensores de que la violencia es la mejor salida ante los antivalores y la mala educación en los niños pequeños, ya que esto con seguridad los hará más adelante hombres y mujeres de bien. Al contrario de esto, desde el punto de vista de la psicología lo mejor es una educación sin violencia pero que aplique una disciplina positiva; en la que se le brinda la confianza necesaria al niño, para que sepa que cuenta con nosotros ante cualquier problema, sin dejar de lado la enseñanza cuando suceden comportamientos que no son negociables y que van en contra de lo aceptable, que es muy importante en el proceso formativo, pero más aún el hecho de que una infancia feliz puede ser la respuesta a una vida feliz.

La infancia como la clave de la salud mental

La psicología respalda que los recuerdos felices de la infancia son la motivación que nos impulsará a realizarnos plenamente en la edad adulta, esto debido a que en la niñez se empiezan a formar conceptos muy importantes en el desarrollo del ser humano, como la autoestima, el autoconcepto, el creer en uno mismo, el sentirse capaz de realizar lo que se proponga, todo esto de la mano del refuerzo de los padres o de las figuras parentales. Por lo que, un niño que es contantemente felicitado por sus logros y reconocido por sus padres y en su entorno, adoptará una postura positiva hacia la vida; en cambio un niño que es constantemente abrumado por sus padres porque a su criterio lo hace todo mal o es comparado con otros niños que a la vista de sus padres son mejores, probablemente se convierta en un adulto con miedo al fracaso, que no se sienta capaz de realizar las tareas que se le encargan, y es por ese miedo que, podría verse afectado en la esfera laboral o educativa al no poder incorporarse adecuadamente. Es así que los pilares que se formen en el niño, serán el bienestar y el equilibrio psicológico en el adulto del mañana. Asimismo, según un estudio realizado por investigadores de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins Bloomberg (Estados Unidos), las personas que tienen una infancia feliz, basada en relaciones afectuosas y cariñosas con la familia y los amigos, tienen un menor riesgo de padecer depresión y enfermedades mentales en la edad adulta y, además, suelen tener relaciones más saludables. Por el contrario, las experiencias adversas durante la infancia, como los abusos, violencia o los conflictos familiares, pueden tener un impacto negativo para toda la vida, y generar adultos depresivos y ansiosos.

La adolescencia también cuenta

Si bien la niñez es muy importante, no debemos dejar de lado la adolescencia, como una etapa en la que el niño seguirá desarrollándose, pero de una forma más vulnerable, ya que aún es alguien que está construyéndose una personalidad; está buscando una identidad que lo diferencia de los demás y lo haga sentir un ser individual. Es por esto que, si bien la niñez es fundamental en el desarrollo del bienestar, la adolescencia será la continuación y el reforzamiento de la niñez, en donde se debe prestar atención a aspectos que se pudieron dejar pasar por alto en la anterior etapa, para así tener como resultado, un adolescente en sus últimos años de la etapa, listo para recibir la siguiente etapa como es la adultez emergente.

Unos buenos pilares hechos de valores, principios y una buena moral sentaran la base de sus decisiones posteriores; y una buena autoestima, lo llevará a cuidar de si mismo y no buscar la aceptación ni la aprobación de los demás.

La disciplina positiva

Cuando decimos marcar límites significa poner normas, afirma el terapeuta Jesper Juul. Depende de la visión de la vida, los valores y las experiencias de los padres. El primer paso es que estén adaptadas a la edad de los niños y basadas en el beneficio de todos. Hacer reuniones familiares suele ser muy eficaz. Después se señala qué sucederá si no se respetan, lo que es negociable y lo que no. A su vez se garantiza que las reglas se aplicarán con firmeza, pero con amabilidad y respeto. Se trata de ser positivo, no permisivo.

Estilos educativos

Hiperprotector: Lo que necesita nosotros se lo procuraremos. Los padres hacen todo por sus hijos y estos pueden crecer débiles en cuando a no saber como actuar en determinadas situaciones.

Permisivo: Se busca la armonía. Se negocia, pero el incumplimiento no tiene consecuencias porque los padres evitan el conflicto. Los hijos crecen sin patrones de autoridad.

Autoritario: El más fuerte es el que manda. En la familia se promueve la obediencia más que la responsabilidad. Crecen rebeldes.

Intermitente: No tenemos claro cómo educar. Los padres pasan de la permisividad al autoritarismo. Se adoptan medidas, pero no se tiene paciencia de ver si resultan eficaces. Los hijos crecen inestables.

Asertivo: Los padres dan afecto y disciplina positiva. Se basa en el respeto mutuo y la cooperación. La educación es un proceso de aprendizaje recíproco, por lo que los padres también se cuidan a sí mismos. Los límites son muy importantes, se establecen con amabilidad, pero se hacen respetar con firmeza. Los hijos crecen con sentido de pertenencia.

Una infancia sistemática

Está claro que el sistema educativo actual y mayormente en el público, aún mantiene rasgos rígidos y desfasados, por lo que su principal objetivo es la productividad en el niño, pero no aborda una esfera muy importante, como es su felicidad, siendo este último concepto la clave para el bienestar presente y futuro del niño. Mudarse, establecerse en otra ciudad por un nuevo trabajo, etc., son situaciones en las que es muy común que nadie le pregunte al niño si está feliz con esa decisión, o que piensa de lo que está pasando, entonces el niño solo se acomoda a lo que sucede a su alrededor y desde ahí no es un niño pleno ni feliz. También está el caso de los niños que, por algún motivo, como pasar la frontera ilegalmente con sus padres, son detenidos y son enviados a refugios; nadie piensa en el daño que les causará estar fuera de su país de origen ni las consecuencias que tendrá en su desarrollo. Por otro lado, están los niños que viven en situación de calle o de padres con problemas de alcohol y de drogas y que no se hacen cargo de ellos o que si lo hacen son violentos y los maltratan, estos niños son felices si se van a un refugio o a un albergue, ya que, aunque no parece mucho, para ellos tener tranquilidad y un lugar seguro donde nadie le pegue es lo mejor.

Los niños que han vivido situaciones difíciles, en el futuro tendrán problemas en su comportamiento. Estos niños y futuros adultos, buscarán el amor y la aprobación de cualquier manera, es por ello que si roban y su madre les dice que está bien y se siente orgullosa por lo que ha traído, entonces lo volverá a hacer porque se genera en él un sentido de felicidad.

Respecto a lo académico, este sistema por lo general nos pide productividad y no felicidad. Existen refuerzos sociales para la sobre exigencia, y padres orgullosos de los logros que sus hijos hacen realidad, para hacerlos felices. Entonces el niño piensa que el sentirse bien, depende solamente de lo que haga felices a sus padres o a los demás, y no piensa en él mismo, esto puede traer como consecuencia adultos infelices y confundidos con su vida en el ámbito laboral y profesional. La auto exigencia desgasta mentalmente, y está mal si se aplica para que los demás te quieran y no porque te interesa verdaderamente ser el mejor.

Sé el adulto que necesitabas cuando eras niño

Si bien cada uno tiene su historia en particular, en la que se sintió amado, o por el contrario se sintió vulnerado y es algo que aún lo persigue en sus relaciones sociales, y en su ser interior; es algo que nunca es tarde para enfrentar, pero no tomando el pasado como ideología de vida, sino comprendiendo que el pasado es algo que ya quedo atrás, y por lo tanto no podemos cambiar; pero que, en cambio, tenemos el presente para vivir y el futuro para hacer planes. La cuestión está en romper las cadenas, ya que si de niño sentiste los golpes en el alma, no tienes que repetirlo con tus hijos o con los niños que tengas a tu cuidado, al contrario, recuerda cómo te sentías y pregúntate si quieres ser la persona que le haga sentir eso a un niño. Los adultos estamos para proteger y cuidar a los más pequeños, velando por su bienestar y su día a día, ya que por su vulnerabilidad aún no pueden hacerle frente a este sistema, pero nosotros sí. Recuerda, nadie está diciendo que no se debe disciplinar a un niño cuando hace algo que no está bien, pero lo primero siempre será explicarle porque lo que hizo no es correcto y lograr un entendimiento que lo haga no volverlo a hacer, enseñarle que lo que hizo afecto a alguien más y decirle porque sucedió esto. Los niños siempre buscaran la aprobación de sus padres, recuerda que te aman y que ven en ti a su superhéroe favorito. Haz que guarde los mejores recuerdos de su infancia y te aseguro que de adulto sabrá lo que vale y creerá en el mismo, dos conceptos muy importantes para lograr el éxito, en cualquier ámbito en el que se encuentre.

Fuentes:

López, O., Piñero, E., Sevilla, A. y Guerra, A. (2011). Psicología positiva en la infancia. Revista de Psicología1(1), 417-424. Recuperado de https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5097377

Puyana, Y. (1999). «QUIERO PARA MIS HIJOS UNA INFANCIA FELIZ». «SOCIALIZACIÓN Y CAMBIO EN TORNO A LAS REPRESENTACIONES SOCIALES SOBRE LA INFANCIA». Nómadas (Col) (11), 138-145. Recuperado de https://www.redalyc.org/pdf/1051/105114277013.pdf

“Cuando era niña”

Desdóblate ante la vida, abre, despliega todos los recursos posibles: arte, comunicación (quejarse, para resolver también es válido), drenar con deportes entre otros, es una medida totalmente aceptable para que el dolor no gane la batalla, es justo y necesario sentirlo, para darle un significado que enriquezca nuestra existencia, analiza y acepta tus arrebatos.

Bruscos recuerdos llegan a mi memoria, no es necesario camuflarlos ni excusarse con que son “días difíciles”, no, solo están allí y se reproducen en cuanto la lupa se posa sobre ellos y es entonces cuando esa luminiscencia los activa. En esta ocasión, he hecho surgir recuerdos y una relación causa-efecto, algo así como un insight fantasmal, ha renacido. Bueno, si a eso vamos, todo insight podría ser fantasmagórico porque trae un tornado emocional como todo espectro que surge de la nada, pero, al mismo tiempo, cuando noto que su naturaleza incorpórea no me hará daño, sino que golpeará con su naturaleza comprensiva, es allí cuando me calmo y aprecio el golpe de realidad. Así lo he decidido.

A medida que repaso estas líneas en mi cabeza, surge un bloqueo monstruoso: no recuerdes, procrastina. ¡Evade! Entierra el impulso y calla. 

Pero no, me resisto, me combato y venzo porque reconozco que muchas veces soy mi propia enemiga. Mucho tiempo he sucumbido ante mis súplicas para quedarme en inactividad y sofocar mis sueños, aún lo hago, pero, despierto antes de la pesadilla saboteadora y gano. 

Es un pasaje bien aprendido de la niñez, vamos a explorarlo en retrospectiva, quien narra es una Brenda que duda aún si decirlo o no, que le tiembla la nariz y le aprieta la garganta, no obstante, con su voz aprendida e impostada de “niña de Discovery kids” bien portada, comienza a narrar. 

Primer acto: resuélvelo tú sola, Brenda

En un día caluroso, de esos vacíos y típicos del trópico destaca una niña que por su simpleza y muchas veces cobardía está atrincherada en una cama; pensando; tiene menos de doce años y más de seis, y sabe que está sola en esto, es su deber resolverlo ella misma porque pedir ayuda es quedarse muda esperando una respuesta que nunca llega, es saber que se pone en tela de juicio su capacidad, es saber que no hay disposición porque “es un tema menor”, porque es un miedo que debe superar, una circunstancia más.

Situaciones importantes que todo padre debía velar, pero, del que no repararon en su tiempo y se limitaron a espetar: “le teme a las matemáticas”, “qué floja, solo sabe escribir historias, para lo que es buena ella”. No, repasar el contenido exacto de esto no es relevante, vayamos a las entrelíneas, según me di cuenta después, lo que buscaba excesivamente con mi voz, actitud y calificaciones en las demás asignaturas era no fracasar ante todos porque la imagen impostada que creé y me crearon no me lo permitían  (sobre todo ante las matemáticas, ¡qué susto!). 

Ella, o sea yo, tuvo que aprender a resolverlo, “se buena aquí y allá” así cuando fracases, es decir, no obtengas, un 20 sino un 15, 11 o 10 nadie dirá que no te esfuerzas, pero, ya lo sabes, debes ser más inteligente ¿cómo todos multiplican y tú no?, ¿resta, tonta qué esperas? Y así aprendí a resolver sin hacerlo realmente, solo impostaba, tolerando arrebatos de otros y algunos otros míos, refugiándome en mundos mágicos de lecturas donde aprendí el valor de sumergirme en las líneas de libros y enriqueciendo esta particular jerga y entonación de “niña extraña”.

Además de eso, aprendí a callarme, escuchaba todo, sentía el dolor de otros como mío, pero no me defendía ni defendía a otros, solo pensaba desde mi trinchera y, me cuestionaba: ¿por qué le preguntas eso? es solo un niño, cuando un semejante era víctima de una injusticia de mano de los “grandes”.  De ese modo, aprendí a resolver que ante la injuria de la “autoridad” marcada por gritos, era admisible, aunque lo repudiara y estuviera en desacuerdo. 

No, no fui golpeada, pero vi a otros padecerlo. 

Segundo acto: la protección y seguridad son constructos creados por ti misma, Brenda ¡Dha! 

Los gritos afuera en el pasillo simulando truenos; están los mayores haciendo de rinocerontes ciegos intentando consolidar quién es el macho que manda: el ávido de estupefacientes o el gordo agresivo. Una batalla campal con tres espectadores, y entre tanto, acobijada después de la juerga de golpes y gritos: la sábana, cuántos sollozos ahogados, cuántos abrazos rodeando las costillas no pudo ver la sábana, muchas fueron las veces que, aún todavía hoy, han sido un placebo que invitan a dormir dejándome cubierta de pies a cabeza.

Qué plácido es tener el beneficio de un sueño sin la conspiración inconsciente de llenarte la cinta onírica de retorcidas y amargas historias, no, que yo recuerde, no tenía pesadillas tras percibir un encuentro hostil.

Gracias doy por eso.

Finalmente, aprendí de este manto protector que el calor y cubrirse es lo que necesito para afrontar la vida.

Tercer acto: la encrucijada y presente aquejado.

¿Llanto y molestia? Ha refugiarse en oscuridad y calor. ¿ansiedad y sentimientos de desamparo? La sábana te arropa, así como esas palmadas que me doy. Así, hecha hoy, soy un adulto. Es la representación de como un recurso infantil retumbó hasta el tuétano convirtiéndose casi en imprescindible, es lo que sí puedo hacer cuando no existen oídos amplios y comprensibles, o, más bien, cuando no confías en los disponibles, total, yo resuelvo sola ¿recuerdas? 

Por tal motivo, fue importante incluir el relato anterior. Sin embargo, no, querido lector, no me mal entiendas, también aprendí a encarar los problemas ¡cómo no! sola, con las piernas temblando y lacerando mentalmente todo mi ser, y pese a esto, han sido tantas las exposiciones que aquella habilidad antes impostada ahora es natural, la descalificación existe como pensamiento en bucle y se detecta y redirige. Ya no permito que gobierne más la distorsión cognitiva de creer poder hacerlo todo y deber actuar obligada a todo.

Cuesta mucho, pero se consigue, aunque he de confesar que me refugio en la procrastinación y la sábana, muchas veces es desde allí donde tomo impulso para seguir, “porque decir adiós es crecer” decía Cerati, y siento más que pienso, que es así, en la medida que rechazo los agravios creados por mí misma, más me entrego a la idea autocompasiva de que merezco un abrazo, no se de quién porque aún no se cómo aceptarlos o recibirlos, no obstante, sí son de mi misma los avalo, descanso las aguas del manantial del espíritu y avanzo, supongo, a eso se refería Cerati en esa precisa oración.

Yo protagonista

Generalmente, esperamos en un lugar como este un artículo con carácter informativo y hasta académico, que seamos relatores, pero, hoy, decidí relatarme a mí. Es una labor extraordinaria y diaria, el pensar sobre lo que hago; no obstante, si les soy honesta es la primera vez que es público, gracias por acompañarme.

Aunado a lo anterior, pienso que en la medida que recitemos lo que ocurre en el vaivén mental y demos respuestas, es posible que otros también encuentren las suyas. El acto de relatar, consiste en vivir una experiencia, crearla a partir de la chispa de otros o de uno mismo y expresarla, por ello, al momento de escribir, inspirar en otros, es el éxtasis. 

A donde quiero llegar, es que cuando escuchamos a otros, surgen interrogantes que por diversos factores omitimos indagar, y pasa en terapia: el tiempo, las emociones suscitadas, el estado de ánimo etc. impide recapitular a gusto, por ende, esta vez decidí exponerme, reflejarme en mi misma y hasta manifestarme vulnerable, porque ahora conoces mis dos bastiones para afrontar la vida: pensar en resolver… mientras me cubro como un tamal. Por otra parte, no hay mejor “sujeto de pruebas” que uno mismo, y antes de invalidar la privacidad de un paciente, prefiero darme a mí el permiso de escarbar hasta donde sea necesario.

Sonrío ahora que reparo en esto, gracias totales por no abandonarme, y antes de ponerme seria, te invito a conseguir tus bastiones de fortaleza, de seguro los tienes pero están invisibles, a veces los usamos tanto que nos parecen rutilantes, pero ¡ey! Destácalos, ese tic cuando dices algo turbio, ese apretón de estómago antes de ejecutar esa difícil decisión, que, aunque no haya un sanitario cerca, igual la tomas, esos, son bastiones, conductas que ayudan al organismo a reorganizarse. Ahora bien, qué dicen los autores al respecto, aquí un breve resumen teórico pues, de ejemplos estamos llenos en los párrafos anteriores.

Hablemos de autorregulación emocional, en los niños

La regulación supone el manejo  de  la  emoción  a  favor  de  un  mejor  funcionamiento  del  individuo  en  una  situación  dada” (Ato, Gónzalez, Carranza, 2004) en otras palabras, resume que la adaptación de las emociones a la situación supone sacar un mayor provecho de ellas, no solo de las “negativas” sino también de las llamadas “positivas” aunque, si vamos a hechos meramente teóricos ninguna emoción es positiva o negativa, pues, ellas tan solo anuncian lo que sucede en el ambiente. 

Además de lo anterior, debemos manejar conceptos tales como temperamento, el cual es hereditario y demarca esa parte más natural y primitiva de la personalidad, la cual viene acompañada a su vez por el carácter, el cual se asienta sobre las nociones aprendidas en sociedad. Todo esto me lleva a considerar ahora en la adultez, que estos dos ingredientes se unieron y dieron fruto a una persona que si bien se maneja con llamaradas ardientes de pasión alternándose con la gelidez de un témpano, también sabe muy bien (gracias a varios choques pasados) cuando ceder y turnar el mando para que un dragón voraz no lo dañe ni haga daño. Pero esto no vino solo.

Rodríguez (2014), habla de madurez cognitiva entre otros procesos que acompañan el desarrollo de los niños, a grandes rasgos, ya que en niños enmarcados dentro de un trastorno del neurodesarrollo no podemos decir lo mismo con tanta exactitud la mayoría de las veces. Aclarado lo anterior, hablemos ahora sobre algunos mecanismos atencionales, de forma muy sucinta.

Si te atiendo, me molesto

Muchos padres se sentirán vinculados a esta experiencia: un niño de menos de seis años es atrapado in fraganti jugando con las llaves del auto. Su padre, se lo quita porque el niño lo mordisquea y para evitarle un daño mayor al infante, a lo que el niño responde con una rabieta colosal ¡que es por tu bien, niño! ¿Te ha ocurrido? de seguro que sí.

Esto ocurre porque la red atencional que nos pone alerta ante eventos externos está en su nivel máximo de activación, siguiendo el caso anterior, supongamos que el niño se entretenía con el sonido de la alarma del auto, entonces, disfrutaba de la red atencional y se veía reforzado, es decir, le gustaba mantener la conducta. Pero, sí el niño es un poco más grande, entraría en juego la red de orientación que lleva la atención a un segundo estímulo, ejemplo: papá después de retirar las llaves del auto, le da una maraca para que la agite. Y esto, por simple que parezca, es un mecanismo excelente de autorregulación dado que permite a que el bebé pase de un primer estímulo a otro, dándose la capacidad de alternar sin desgastarse. Bastante inteligente ¿no?

Finalmente, hay dos ingredientes más, el primero es la red atencional ejecutiva que en niños un poco mayores se desarrolla en conjunción con el lenguaje y permite que la persona pueda inhibir otros estímulos y enfocarse en una tarea. Por otro lado, la maduración cerebral integral da la oportunidad de desenvolverse en diversos ámbitos siendo capaz de no dejarnos llevar por las peripecias de la vida y buscar con coraje una vuelta a las cosas. En resumidas cuentas, utiliza tus poderes atencionales para enfocar lo realmente valioso.

Mis últimas palabras para ti querido lector que llegaste hasta aquí es agradecerte y sugerirte que hagas resonar en ti la capacidad de poder desdoblarte ante la vida, abre, despliega todos los recursos posibles: arte, comunicación (quejarse, para resolver también es válido), drenar con deportes entre otros, es una medida totalmente aceptable para que el dolor no gane la batalla, es justo y necesario sentirlo, para darle un significado que enriquezca nuestra existencia, analiza y acepta tus arrebatos, te aseguro que te conocerás más que nunca. Cuando te cuestionas, abres un mundo de alternativas donde todas pueden ser y al mismo tiempo no, todo lo decide la elección que escojas. Todo depende de esto último. Por lo que atrévete a alternar, estar molesto, enfadado y demás está bien, pero no por mucho, alterna, así que si atiendes por mucho tiempo esa molestia es posible que te enfurezcas más, no dejes que gane, combate y vence.

Referencias

Ato Lozano, E., González Salinas, C., Carranza Carnicero, J. A. (2004). ASPECTOS EVOLUTIVOS DE LA AUTORREGULACIÓN EMOCIONAL EN LA INFANCIA. Anales de Psicología / Annals of Psychology, 20(1), 69-80. Recuperado a partir de https://revistas.um.es/analesps/article/view/27581/26751 

Rodríguez S., (2014). Desarrollo de la autorregulación en la infancia. (Trabajo de Grado en Maestro de Educación Infantil). Universidad Pública de Navarra, España.

 

Conoce a tu hijo a través del Eneagrama

¿Por qué mi hijo no puede quedarse en un solo sitio? o ¿Por qué no juega en grupo como los demás? Si observamos a nivel general a las personas vemos que desde bebés se van marcando diferencias, y son estas características las que van dando forma a la personalidad del niño.

Para conocer un poco más sobre este tema, debemos definir el Eneagrama como un manual de instrucciones que nos explica en base a nueve tipos de personalidad, las motivaciones profundas de nuestras conductas y actitudes. Estas nueve categorías nos servirán como un mapa que nos orientará a conocer las metas y los miedos de nuestros hijos. Es importante tener en cuenta, que el propósito del eneagrama no es encasillar al niño en uno de los modelos, sino el conocer las razones de su actuar para guiarlo con mayor seguridad durante su desarrollo. Sin más introducción pasamos a explicar cada eneatipo con sus características generales centradas en la niñez.

Esquema de relaciones entre los nueve tipos del eneagrama.

Eneatipo 1: El perfeccionista

Ilustración de Ray Caesar

Son perfeccionistas, eso los vuelve críticos consigo mismos y con los demás. Se sienten imperfectos y tienen la necesidad de compensar esa sensación de insuficiencia e inconscientemente crean un ideal de cómo debería de ser las cosas.

Infancia

Relacionan la búsqueda de afecto a través de la perfección, sienten que necesitan sobre pasar las exigencias de sus padres y temen no ser considerados lo suficientemente buenos. Desde niños empiezan un camino de perfección siendo buenos, limpios e inmaculados.

Consejo:

En un estado positivo se forman como personas responsables, organizadas, con mucha seriedad en su trabajo y compromisos. Cuando su desarrollo es insano pueden exagerar sus cualidades llegando al perfeccionismo extremo, sin sentir placer y espontaneidad en su vida.

  • Es necesario que aprendan a relajarse y a ignorar la voz del juez interior que resalta sus errores.
  • Dejar de sobre exigirse y ser conscientes de sus límites, tener presente que las cosas que hagas no deben ser perfectas, sino que deben ser honestas.
  • Escuchar más al otro, dejar la prepotencia y aprender de los demás.

Eneatipo 2: El que da

Ilustración de Ray Caesar

Prestan más atención a los demás, en sus necesidades y en cómo ayudarlos; requieren sentirse necesitados y apreciados volviéndose indispensables para otras personas. Son entregados a satisfacer las necesidades de los demás y no las suyas, pero interiormente esperan agradecimiento a cambio.

Infancia

Anteponen las necesidades de sus padres y hermanos; e incluso recuerdan haber aprendido que el afecto, el cariño y el amor eran premios que se ganaban siendo buenos y generosos con los demás. Así, poco a poco interiorizaron que ocuparse de uno mismo era un acto egoísta impropio de las “buenas personas”.

Consejo:

En su estado sano son personas muy altruistas y saben dar apoyo a quien lo necesita. En su estado insano pueden desconocer sus propias necesidades sin pedir apoyo, creyendo que es más importante las necesidades de los demás.

  • Deben aprender a estar solos, reencontrándose consigo mismos y reforzando su autoestima con propio amor.
  • Fortalecer su desarrollo personal, explorándose a sí mismos conociendo sus gustos y disfrutando de su mundo interior; entrando en contacto con sus talentos y desarrollarlos.
  • Amarse a si mismos, valorarse como las personas más importantes de sus vidas.

Eneatipo 3: El ejecutor

Ilustración de Ray Caesar

Buscan el éxito y el reconocimiento, son muy trabajadores y competitivos. Por su eficiencia y laboriosidad pueden mostrarse vanidosos, estando pendientes de su imagen y lo que proyectan a los demás.

Infancia

Aprendieron a ser queridos por sus éxitos, un claro ejemplo es que después de la escuela se les preguntaba que tal lo habían hecho en lugar de como se encontraban. Reprimieron sus propias emociones centrando su atención en adquirir estatus.

Consejo:

En su estado sano pueden superar todos sus desafíos perseverando al éxito. En un estado negativo pueden sobre esforzarse en su trabajo sacrificando otros aspectos de su vida, incluso llegar a engañar manteniendo las apariencias de éxito.

  • Deben tener presente que lo importante es lo que piensan de sí mismos, lo que les gusta y les motiva, dejando de lado las opiniones de los demás.
  • Desarrollar las cosas que les gustaría hacer en su tiempo libre, saber que el ocio no es una perdida de tiempo e incluso les permitirá recargar energías.
  • Conocerse a sí mismos los hará valorarse por lo que son, sin falsas apariencias.
  • Aceptar sus propias frustraciones y debilidades, les ayudará a identificarse a sí mismos.

Eneatipo 4: El individualista

Ilustración de Ray Caesar

Poseen una sensibilidad muy especial y particular. Se ven a sí mismos como diferentes de su entorno y se les es difícil encajar, sintiéndose a menudo incomprendidos por sus familias y amigos.    

Infancia

Durante la infancia han sentido que sus padres no se fijaban en ellos e incluso manifiestan que a través de sus cualidades y atributos especiales obtendrían la atención que buscaban. Así, poco a poco interiorizaron que no estaba bien ser demasiado práctico.

Consejo:

En un estado positivo se orientan a buscar belleza y dar su toque creativo; son conscientes de sus emociones intensas y de su mundo interior. En un estado negativo van comparándose con los demás, centrándose en las virtudes que les falta.  

  • Es bueno que sepan admirar las cualidades positivas de otras personas y aprender de ellos, tomarlas como motivación para desarrollar sus propias virtudes y aceptar sus defectos.
  • El escapar de la realidad se puede volver un problema a una solución, haciéndole difícil concentrarse en el presente.
  • Debe establecer rutinas, y enseñarles a ser organizados en sus trabajos. El orden ayuda a liberar la infinita creatividad que tienen.

Eneatipo 5: El investigador

Ilustración de Ray Caesar

Son considerados introvertidos y tienen dificultades para establecer relaciones emocionales con los demás. Llegan a ser reservados e incluso solitarios; les cuesta salir de su mundo interno hasta sentirse plenamente seguros, con los conocimientos que acumulen, sobre el mundo exterior.

Infancia

Se sintieron agobiados de recibir mucho cuidado por parte de sus padres, quienes llegaron a invadir su espacio e intimidad. Ante tal presión decidieron refugiarse en sus mentes, aprendiendo poco a poco que para sentirse seguros debían aislarse del mundo, evitando relacionarse   emocionalmente con los demás.

Consejo:

Con un desarrollo sano se vuelven visionarios y pioneros en el campo que les agrade. Con un desarrollo insano se desapegan de sus emociones adoptando una actitud de superioridad y arrogancia.

  • Les son de mucha ayuda practicar deportes, bailar o hacer ejercicio físico; deben conectar con sus cuerpos y salir de la mente.
  • Deben compartir lo que sienten con las personas de confianza, como su familia o amigos, los ayudará a salir de su aislamiento.
  • Tienen que poner en práctica todo lo que han aprendido, no solo deben absorber la información teórica y ser un observador.

Eneatipo 6: El leal

Ilustración de Ray Caesar

Desconfían de sí mismos siendo normalmente ansiosos e inseguros. Suelen ser muy fieles y leales, eso los vuelve excelentes asistentes y amigos ya que priorizan las necesidades del grupo. Les interesa la verdad y no se conforman con falsas apariencias.

Infancia

Tienen temor de no contar con el apoyo de sus padres para orientarse en la vida. Incluso pueden buscar la confianza y seguridad en personas que simbolicen autoridad para ellos perdiendo la confianza en sí mismos.

Consejos:

Ante un desarrollo sano aprende a transformar su cobardía en coraje, formando su autoconfianza y tomando decisiones propias. Ante un desarrollo insano pueden volverse ciegamente obedientes.

  • Deben aprender a relajar sus mentes, calmar sus pensamientos a través de la meditación o el yoga. Reflexionando sobre ideas recurrentes que los agobien y cuestionarlos.
  • Fortalecer su auto confianza y seguridad, tomando sus propias decisiones y asumiendo los resultados.
  • Confiar en la vida les enseñará que las cosas que pasan a veces no salen como las queremos, pero son las que necesitamos para crecer y seguir evolucionando.

Eneatipo 7: El entusiasta

Ilustración de Ray Caesar

Son optimistas, aventureros, atraídos por el placer y llenos de alegría. Se caracterizan por ser entretenidos, suelen llenarse de planes con mucho entusiasmo y dejarlo cuando se aburren. Tienden a la desorganización y constantemente huyen del presente.

Infancia

Sintieron que sus padres no los atendieron lo suficiente, aprendiendo a buscar seguridad a través de experiencias atractivas y personas estimulantes. Se acostumbraron a evitar la tristeza y el dolor, olvidando los recuerdos negativos de su vida.

Consejos:

Con un desarrollo sano sus mentes despiertas y ágiles son capaces de explorar nuevas ideas y concretarlas en proyectos. Con un desarrollo insano pueden ser impulsivos y muchas veces no llegan a terminar sus objetivos.

  • Tienen que aprender a darse un tiempo para sentarse y respirar, enfrentando el silencio del vacío interior.
  • Practicar la lectura, los ayudará a conectarse con su mundo interior.
  • Deben aprender a reconocer sus emociones ya sean desagradables o incómodas para ellos.

Eneatipo 8: El desafiador

Ilustración de Ray Caesar

Se caracterizan por ser seguros de sí mismos, con fuerte carácter y capaces de imponerse. Tienden a ser protectores con las personas que quieren y suelen ser de los que asumen el mando de su entorno.

Infancia

A una temprana edad tuvieron que enfrentar una situación conflictiva que los obligo a endurecerse, Puede que hayan sentido cierto abandono por parte de sus padres, dejando de lado su vulnerabilidad y enfrentándose a la vida con fuerza.   

Consejos:

Con un desarrollo sano son líderes que protegen al débil y se esfuerzan por la justicia. En un estado insano ocultan sus vulnerabilidades actuando agresivamente y siendo controladores.  

  • Deben de conectar su corazón con sus sentimientos, cuanto más sientan sus emociones menos trataran de ocultarlo.
  • Tienen que saber qué a veces pueden pasar cosas que nos hacen daño, tales sucesos son lecciones de vida y nadie es culpable de ello.
  • Aprender a practicar el perdón, sobre todo hacia las personas que consideran que hayan sido injustas o que sienten que les hicieron daño.

Eneatipo 9: El pacificador

Ilustración de Ray Caesar

No les gusta el conflicto y con frecuencia huyen de uno. Son complacientes, bondadosos y se acomodan con facilidad en cualquier grupo; pueden llegar a ser demasiado permisivos con los demás para mantener la paz.

Infancia

Desde muy pequeños buscan la armonía en su hogar aprendiendo a mantenerse alejados de los problemas casi invisibles ante sus padres, con pocas exigencias para no preocuparlos.

Consejo:

Con un desarrollo sano son dinámicos en sus trabajos manteniendo un ritmo gradual, tienen un sentido altamente integrado de sí mismos y del bien grupal. Cuando su desarrollo es insano pueden ocultar sus opiniones y preferencias para mantener una aparente paz.

  • Deben aprender a decir “no”, eso les da más libertad para que escojan las opciones que quieran y manifestar sus verdaderas opiniones.
  • Dejar de infravalorar sus ideas y ponerse en segundo plano, tener presente que dentro de cada uno hay muchas cualidades que nos hacen ser especiales.
  • Establecer rutinas productivas, que los obligue a moverse, también es bueno que aprendan a hacer actividades que desarrollen sus talentos.

Conclusión

El largo trabajo de conocernos puede comenzar antes de lo que creemos y según va pasando el tiempo o las experiencias que nos sucedan; vamos aprendiendo más sobre nuestro “yo” interno, como niveles de un juego que se van desbloqueando cuando más tiempo pasamos jugándolo. Durante estos procesos de descubrimiento nos podemos apoyar en herramientas como el Eneagrama que nos trazarán nueve bocetos con los cuales podremos identificarnos pero sería erróneo pensar que esto nos definiría en nuestra totalidad, esto solo es una herramienta que nos indicarán en que punto nos encontramos en nuestra evolución pero no nos marcará el camino que debemos seguir, eso es decisión de cada uno y como padres debemos proporcionar las herramientas necesarias para que puedan desarrollarlo a su propia manera.

Referencias

Borja Villaseca (2019). Eneagrama. 21/05/2019: Borja Vilaseca. Sitio web: https://borjavilaseca.com/eneatipo-9/

Don Richard Riso & Russ Hudson. (1999). La sabiduría del Eneagrama. España: Urano.

Jordi Pons. (2017). Eneagrama. 01/03/2019 Psicólogo-Barcelona. Sitio web: https://www.psicologo-barcelona.cat/#jordi

Personarte (s.f.). Eneagrama: Personarte. Sitio web: https://eneagrama.personarte.com/eneatipos/eneatipo-9/

Visión integral (s.f.). Eneatipo: Visión Integral Sitio web: https://www.visionintegral.org/content/category/10-psicologia-integral