Nueve consejos de una psicóloga infanto-juvenil

1. DIÁLOGO INTERNO:

Necesitamos enseñarles a los niños a escuchar con mayor atención su diálogo interno, a manejarlo, a hablarse con un tono de voz amable y amigable. Ten en cuenta el tono y ritmo de voz, las palabras de aliento, de reflexión y de consuelo que utilizas al hablarle.

El diálogo interno está relacionado con nuestra conciencia, autoconcepto y autoestima, y determina gran parte de nuestras emociones.

«Pensamientos –> Emociones y Sentimientos –> Conducta», la voz interna es una de las principales causas de la conducta infantil, por lo que, si buscamos modificar una conducta, es necesario partir por modificar los pensamientos.

Ten presente que en la infancia le estás enseñando cómo construir sus pensamientos.

2. AUTOIMAGEN Y AUTOCONCEPTO:

La diferencia entre autoconcepto y autoimagen es que el primero se refiere a la opinión que tenemos de nosotros mismos, mientras que la autoimagen se refiere a cómo nos vemos a nosotros mismos. En gran parte, en base a ambos se desarrollará la autoestima.

Autoimagen: Ten un espejo en casa a la altura de tu niño, para que pueda identificarse con su aspecto físico, reconociéndolo y valorándolo. Crea junto a él rutinas de aseo personal y de autocuidado, puedes descargar estas rutinas buscándolas como «pictogramas». Un álbum de fotografías le dará acceso a evocar algunos recuerdos de momentos agradables, pero especialmente a reconocerse en distintas etapas de vida.

Autoconcepto: Si quieres fomentar esto, empieza por observarlo, escucharlo y conocerlo con plena conciencia. Exprésale de distintas formas que es valioso, por ser quien es, tal y como es.

3. PALABRAS MÁGICAS:

Enséñale a pedir perdón cuando corresponda, enfatiza que es un acto de humildad, de toma de conciencia, explícale que pedir perdón cuando nos equivocamos nos abre la posibilidad de mejorar como personas. Del mismo modo, encontrar motivos para sentirnos agradecidos es una virtud que se desarrolla desde la niñez, mediante el ejemplo.

Northrup (2012) menciona que cuando ponemos en práctica la gratitud durante quince o veinte segundos, nuestro organismo experimenta varios cambios fisiológicos sutiles y beneficiosos, como la disminución de los niveles de estrés y el fortalecimiento del sistema inmunológico, entre otras.

4. TOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN:

Cuando se equivoque, no le juzgues ni critiques, recuerda que tienes los siguientes cinco minutos, aproximadamente, para ser su guía.

Ayúdale a expresar sus emociones desagradables (como el miedo, la tristeza o el enojo) en un entorno de seguridad y confianza.

Enséñale a analizar las consecuencias de sus actos, a buscar soluciones, y a ser proactivo. Esto a la vez estimulará en ti la escucha activa, comprensión, paciencia y gestión del estrés.

5. EXPRESIÓN EMOCIONAL:

Llorar es una estrategia de desahogo, es parte de nuestra liberación emocional, fomenta la empatía y la solidaridad en los demás, entre muchos otros beneficios. Por eso, llora delante de él cuando el sentimiento sea auténtico, muéstrale en primera persona que llorar está bien y que tienes la confianza de hacerlo en su presencia.

Una vez que las emociones se han expresado, el siguiente paso es averiguar exactamente cuál fue el problema.

6. INTELIGENCIA EMOCIONAL:

Crea junto a él un diccionario de emociones, no solo con las emociones básicas, sino también con las que se desprenden de estas.

Coloca ejemplos y narra lo acontecido en tu día a día, nombrando la emoción identificada, explícale cómo se siente esta emoción y en qué parte del cuerpo se siente.

También puedes utilizar recursos de apoyo como las películas, para tener un diálogo reflexivo breve sobre la conducta de determinados personajes.

Jugar junto a él te brindará apertura para entender su mundo interno; estimula su imaginación, hazle preguntas reflexivas, crea junto a él una rutina de lectura y lean cuentos e historietas todas las noches.

7. APRENDIZAJE:

Permítele descubrir el mundo con todos sus sentidos. Este punto es muy importante, porque cuanto más grande sea la conexión con sus sentidos, habrán más probabilidades de que tenga paz emocional.

Huele cosas junto a él, velas aromáticas, flores y frutas; escuchen música, ayúdale a descubrir los sonidos que le relajen y los que le activan; bailen juntos por casa. Si te escucha cantar por las mañanas, por ejemplo, mientras manejas de camino al colegio, su voz tendrá mayor libertad.

Alienta su originalidad y creación de ideas, con proyectos personales como, por ejemplo: “Piensa en una idea de emprendimiento», «Piensa en una actividad sobre reciclaje”, “Crea un cuento sobre algún personaje de un cuento que ya conozcas, como el Capitán Garfio”.

8. EDUCACIÓN SEXUAL:

Para poder brindarle una adecuada educación sexual es necesario psico-educarte: busca libros, videos y material específico acorde a su rango de edad.

Ten presente lo siguiente para prevenir un abuso sexual: Si el niño no quiere tener contacto físico con alguien, por ejemplo, dar un beso al saludar a esa persona, no le presiones y no permitas que terceros lo hagan. Por el contrario, dale soporte a su postura. Enséñale a respetar su espacio personal y el de otros. Repítele, mediante ejemplos, que los secretos a esa edad, no están permitidos. Mírale a los ojos cada vez que vuelvan a encontrarse, el contacto visual es una estrategia maravillosa para reconocer cuando los niños están incómodos, confundidos o heridos por distintas situaciones. Asimismo, motiva su autonomía en cuanto a su higiene personal.

9. EDUCACIÓN PARA LA VIDA:

Dale responsabilidades en el hogar y, conforme pase el tiempo, cámbialas por otras de mayor dificultad; fomenta la lectura; la escritura de un diario personal; ayúdale a identificar sus talentos, y bríndale las herramientas para potenciarlos.

Recuerda que el hogar es el principal centro educativo: enséñale sobre la naturaleza y sobre el manejo de propinas, construye una relación saludable con la alimentación, con el ejercicio y con el hábito de sueño, y, de igual manera, enséñale el arte de apreciar y de permanecer —mental, emocional y conductualmente— en el presente.

REFERENCIAS:

Northrup C. (2012). Cuerpo de mujer, sabiduría de mujer (Crecimiento personal).

El Universo del Autismo Infantil: Descubriendo Síntomas, Diagnósticos, Tratamientos y Vínculos Familiares

Introducción:

En el vasto universo de la mente, hay un fenómeno que brilla con una luz única y enigmática: el autismo infantil. Como astrónomos de la mente, nos adentramos en este cosmos fascinante para descubrir las estrellas y constelaciones que componen este intrigante paisaje neurodiverso. 

El autismo infantil es un trastorno del neurodesarrollo que afecta a la comunicación, las habilidades sociales y el comportamiento que presenta un desafío complejo para los niños, sus familias y la comunidad médica en general. En este artículo, exploraremos a fondo los diversos aspectos del autismo infantil, desde su identificación temprana hasta las estrategias de intervención y el impacto en las familias.

8 sugerencias para pasar el verano con niños con autismo

Síntomas del Autismo Infantil:

El autismo infantil se manifiesta de diferentes maneras en cada niño, lo que dificulta su diagnóstico y tratamiento. Los síntomas pueden incluir dificultades en la comunicación verbal y no verbal, como la falta de desarrollo del lenguaje o el uso inusual del mismo, al igual que dificultades en la interacción social, como la incapacidad para establecer relaciones con sus pares o la falta de reciprocidad emocional. Además, muchos niños con autismo muestran comportamientos repetitivos o estereotipados, así como intereses restringidos y actividades obsesivas.

Métodos de Diagnóstico:

El diagnóstico del autismo infantil es un proceso multidisciplinario que requiere la participación de profesionales de la salud mental, pediatras, neurólogos y otros especialistas. Se basa en la observación clínica, en la recopilación de información de los padres y cuidadores, y en la aplicación de herramientas de evaluación específicas, como el ADOS y el ADI-R. Además, es importante considerar el historial médico y el desarrollo del niño en su totalidad para llegar a un diagnóstico preciso y completo.

Tratamiento del Autismo Infantil:

El tratamiento del autismo infantil es individualizado y adaptado a las necesidades específicas de cada niño. 

1. Terapia Conductual:

La terapia ABA (Análisis Aplicado del Comportamiento) es uno de los enfoques terapéuticos más comunes y efectivos para el autismo infantil. Se basa en principios científicos del aprendizaje y se enfoca en enseñar nuevas habilidades y reducir comportamientos problemáticos, a través de técnicas de refuerzo positivo y moldeamiento. Los terapeutas ABA trabajan individualmente con cada niño, utilizando procedimientos estructurados y repetitivos para enseñar habilidades sociales, de comunicación, académicas y de vida diaria. El programa de intervención se diseña específicamente para abordar las necesidades únicas de cada niño y se ajusta regularmente según su progreso.

2. Terapia del Lenguaje:

La terapia del habla y lenguaje es fundamental para los niños con autismo que presentan dificultades en la comunicación verbal y no verbal. Los terapeutas del habla y lenguaje trabajan con los niños para desarrollar habilidades de comunicación funcional, como el habla, el lenguaje expresivo y receptivo, la pragmática del lenguaje (uso social del lenguaje) y la comprensión del lenguaje. Utilizan una variedad de técnicas y actividades, como juegos interactivos, imágenes visuales, tarjetas de comunicación y dispositivos de comunicación aumentativa y alternativa (AAC), para ayudar a los niños a comunicarse de manera efectiva en diferentes contextos y situaciones.

3. Desarrollo de Habilidades Sociales y Emocionales:

Una parte importante del tratamiento del autismo infantil es el desarrollo de habilidades sociales y emocionales. Los niños con autismo a menudo tienen dificultades para comprender y responder adecuadamente a las señales sociales, como el contacto visual, las expresiones faciales y las señales emocionales de los demás. Los terapeutas utilizan técnicas de juego estructurado, modelado de comportamientos sociales apropiados, roleplaying y actividades grupales para enseñar habilidades sociales y emocionales básicas, como tomar turnos, compartir, expresar emociones y resolver conflictos de manera constructiva. También se enfocan en el desarrollo de la empatía y la comprensión de las emociones propias y de los demás.

Qué es la terapia ABA?

4. Desarrollo de Habilidades Académicas y de Autonomía:

Además de las habilidades sociales y del lenguaje, es importante desarrollar habilidades académicas y de autonomía en los niños con autismo. Los terapeutas trabajan en estrecha colaboración con los niños para enseñar habilidades académicas básicas, como la lectura, la escritura, las matemáticas y la resolución de problemas. También se centran en el desarrollo de habilidades de vida diaria, como la higiene personal, la organización, la planificación y la independencia en las actividades cotidianas. Utilizan técnicas de modelado, instrucción directa, reforzamiento positivo y generalización para ayudar a los niños a adquirir y generalizar estas habilidades en diferentes entornos y situaciones.

5. Apoyo Continuo y Participación de la Familia:

El éxito del tratamiento del autismo infantil depende en gran medida del apoyo continuo de los padres y cuidadores. Los terapeutas trabajan estrechamente con las familias para brindarles las herramientas y estrategias necesarias para apoyar el desarrollo de sus hijos en el hogar y en la comunidad. Esto puede incluir la capacitación en técnicas de manejo del comportamiento, la creación de un ambiente estructurado y predecible, el establecimiento de rutinas consistentes y la promoción de la comunicación y la interacción social en el hogar.

Impacto en la Familia:

El autismo infantil puede tener un impacto significativo en las familias, tanto emocional como financieramente. Los padres y cuidadores enfrentan desafíos únicos, como el estrés emocional, la falta de apoyo social y las dificultades para acceder a servicios adecuados para sus hijos. Además, el autismo puede afectar la dinámica familiar y las relaciones entre los miembros de la familia, lo que requiere adaptaciones y estrategias de afrontamiento efectivas. Es importante que las familias tengan acceso a recursos y apoyo adecuados, como grupos de apoyo, terapia familiar y servicios de intervención temprana, para ayudarles a enfrentar estos desafíos de manera efectiva.

Consideraciones Éticas y Sociales:

Además de los aspectos clínicos del autismo infantil, también es importante considerar las implicaciones éticas y sociales de este trastorno. La inclusión y aceptación de las personas con autismo en la sociedad son fundamentales para garantizar su bienestar y calidad de vida. Reducir el estigma asociado con el autismo y promover la igualdad de oportunidades para todos los niños, independientemente de sus habilidades o discapacidades, es un objetivo crucial en la lucha por la inclusión y la equidad.

Conclusión:

A medida que continuamos explorando el autismo infantil, la investigación y el desarrollo de intervenciones más efectivas y accesibles para los niños y sus familias, es fundamental. Además, se debe aumentar la conciencia pública y reducir el estigma asociado con el autismo, para promover una mayor inclusión y aceptación en la sociedad. Con un enfoque multidisciplinario y colaborativo, podemos trabajar juntos para mejorar la calidad de vida de las personas con autismo y sus familias.

Referencias 

Díaz Atienza, F. (2018). El autismo. Del diagnóstico a la intervención. Editorial Síntesis.

Fernández, L. (2016). Guía de intervención en los trastornos del espectro autista. TEA Ediciones.

Rivière, A., Martos, J. (2005). Autismo: el niño y su mundo. Ediciones Pirámide.

Rodríguez, S. (2014). Autismo y síndrome de Asperger: una guía para comprenderlos y tratarlos. Ediciones Paidós.

¡No es para tanto!

Hemos escuchado muchas frases como “¿Por eso lloras?”, “¡No es para tanto!”, “Eres una exagerada” o “¡Qué sensible que eres!”. Todo esto se resume en una sola palabra: Invalidación. Estas son algunas frases o invalidaciones que incluso se presentan de manera temprana, al ser un patrón de los padres o cuidadores que deslegitima las emociones expresadas por el niño.

Según lo que nos señala el modelo Biosocial dentro de los factores que se toman en cuenta es la vulnerabilidad biológica que expone la sensibilidad e intensidad frente a los estímulos del ambiente. 

Marsha Linehan

La creadora de la terapia dialéctica comportamental, Marsha Linehan, nos dice que las pacientes con desregulación emocional cumplen los siguientes criterios:

  • Alta sensibilidad a los estímulos.
  • Una alta reactividad emocional.
  • Un lento retorno a la calma.

Todo esto se debe a que el umbral de la respuesta es más bajo comparado a personas que no tienen este problema. Es por eso que se desarrolla la alta reactividad frente a algunos estímulos que van de la mano con la alta sensibilidad. Además la actividad emocional va en escala u aumento y cuesta de nuevo volver a ese retorno o a la calma que es la línea base. 

Es idóneo poder imaginar cómo opera el proceso de invalidación, pues en un niño el cual se encuentra muy enojado porque alguien agarró su juguete favorito y un padre que bloquea dicha emoción, sin tener una razón aparente, cuando claramente el menor manifiesta el malestar como una forma muy sencilla de ser poco efectivo ante una necesidad tan básica de cualquier ser humano. Nadie nace sabiendo gestionar sus emociones y eso dista mucho del “sobre-control”. Es como un caño donde el agua corre y uno utiliza la llave de agua para poder modular el flujo, según se necesite, más no para cerrar abruptamente el agua y que no corra. 

Uno de los problemas más graves en psicopatología infantil no visibilizada. 

Y sucede que un niño que está siendo expuesto a un ambiente invalidante (exponencialmente) hace que se sienta más castigado por lo que siente o hace y resulta que sea “razonable”. Incluso en algunos casos mucho más severos puede ser víctima de abuso físico o sexual, haciéndolo dudar de su experiencia emocional por los mecanismos dónde se le vulnera, mientras que, al mismo tiempo, es ridiculizado, juzgado e ignorado.

El factor indiscutible son los padres…

En tal caso podemos decir que la vulnerabilidad se presenta tanto desde el aspecto biológico y esta transacción que se realiza con el ambiente. En un contexto que es invalidante podemos entender que, cuando las emociones no son comprendidas, no se enseñan las habilidades pertinentes para poder gestionarlas. A su vez, estas primeras relaciones donde debería mostrarse una genuina aproximación hacia las emociones se ve interrumpida por la forma inapropiada de las primeras experiencias que terminan por ser anuladas, minimizadas e incluso castigadas como antes se ha mencionado, lo que hace que la enseñanza en habilidades no sea eficiente, y, por lo tanto, se produzca un aprendizaje, pero totalmente disfuncional. 

Nuevamente mencionando a la autora Marsha Linehan, existen tres tipos de familia que suelen ser invalidantes:

– Las familias caóticas: caracterizadas por la negligencia y abuso.

– Las familias perfectas: la expresión de emociones “negativas” son mal vistas.

– Las familias normales: donde los niveles de invalidación siendo normales pueden generar conductas de regulación, pero por el alto grado de la vulnerabilidad genética. 

De por sí, podemos entender que una vulnerabilidad agregada (como es la biológica) suele generar invalidación ante los otros que no comprenden directamente, ya que no la padecen. 

Debemos entender que, indirectamente, tampoco no deberíamos menospreciar la invalidación, pues, en muchos casos, esta es efectiva frente a ciertas circunstancias donde es propicio invalidar. Es más, puede ser una conducta invalidante querer ayudar, pero puede que no sea lo más efectivo en ese momento y en otros contextos. Por supuesto que sí, la invalidación será sumamente poderosa para poder evitar un daño inminente a la persona en que estamos aplicando dicha conducta y ahí es cuando resultará efectiva. Por ejemplo, imaginemos que un niño quiere ayudar a servir el agua de la tetera, estando aún caliente, además de querer tomarla con apuro por estar muy sediento; frenaríamos automáticamente la conducta frente al peligro que se presenta, por más que de buenas a primeras el infante no lo entienda. 

No todo es malo, porque no se trata de “liberarnos” de la invalidación, pero sí… ¡Sí es para tanto! Porque las emociones deben ser gestionadas desde la infancia, esto hará que sea mucho más sencillo transitar en el crecimiento y comprenderemos que incluso el rechazo a ciertas emociones que calificamos como negativas, en realidad, no lo son solamente porque nos produzcan una sensación que pueda ser adversativa. Muy en el fondo, en el corazón de ellas, ¡todas nuestras emociones son válidas!, y eso se debe abrazar sin duda alguna, pero entendiendo que debemos gestionar para operar en la conducta, porque estas quieren decirnos algo importante de nuestra persona, de nosotros mismos. 

¿Exageramos? 

Referencias

Haslam, M., Mountford, V., Meyer, C., & Waller, G. (2008). Invalidating childhood environments in anorexia and bulimia nervosa. Eating Behaviors 9: 313–318.

Sturrock, B. A., Francis, A., & Carr, S. (2009) Avoidance of affect mediates the effect of invalidating childhood environments on borderline personality symptomatology in a non-clinical sample. Clinical Psychologist, Vol. 13, No. 2, 41–51. 

Van Dijk, S.; Jeffrey, J., & Katz, M. R. (2013) A randomized, controlled, pilot study of dialectical behavior therapy skills in a psychoeducational group for individuals with bipolar.

La carencia afectiva en los niños

Desde antes de su nacimiento, el ser humano tiene la necesidad de cuidados, protección, atención y apego. Uno de los motivos básicos e «instintivos» de la experiencia humana es la búsqueda y conservación de un fuerte vínculo emocional con otra persona. Necesitamos de muestras de amor: abrazos, besos, palabras cálidas, caricias, etc., que son una parte esencial para conseguir un correcto desarrollo y maduración cerebral. Si hay una ausencia de dichas muestras afectivas por parte de los padres o cuidadores, el bebé no podría llegar a desarrollarse debidamente, lo que alteraría no solo el aspecto afectivo, sino también el físico y el mental, provocando sensaciones de soledad y vacío. 

«El niño desde el principio de su existencia está recibiendo sensaciones, percepciones, respuestas a sus reacciones impregnados de connotaciones» Singly (1976).

Repercusiones de la falta de afecto

¿Cómo afecta psicológicamente la ausencia o percepción de ausencia?

La ausencia de estimulación afectiva a los niños por parte de los adultos que juegan un rol relacional afectivo importante, provoca la aparición de trastornos, no solo de la maduración, también genera síntomas clínicos que se expresan en trastornos somáticos, afectivos y conductuales. El término de «carencia afectiva», señala tanto la causa (déficit de estimulación afectivo-maternal) como la consecuencia (clínica somática, afectiva y conductual con retraso en la maduración afectiva del niño).

La percepción de esta carencia afectiva provoca malestar, sensación de soledad y vacío producido por esa necesidad afectiva no cubierta, y la búsqueda de aprobación constante para satisfacer esa necesidad.

“Me gustaría que en las noches, cuando llegan mis papás de trabajar, se sienten conmigo a hablar sobre lo que nos pasó en el día, pero no se puedo hablar con ellos porque llegan muy cansados de trabajar” (RJRR).

Síntomas que presentan los niños que tienen estas carencias:

Algunos síntomas son: desconfianza, deficiente habilidad social, ansiedad, depresión infantil, etc. 

Según su edad, el niño puede presentar diferentes síntomas:

  • Bebés:  Suelen llorar mucho y pueden tener enfermedades infecciosas.
  • Edad infantil: Trastornos en el lenguaje.
  • Edad escolar: Baja autoestima, trastornos de aprendizaje, celos, y fracaso escolar.
  • Pubertad: Trastornos del comportamiento, retraimiento, problemas en las relaciones sociales, y hostilidad.
  • Adolescencia: Consumo de sustancias, conductas impulsivas, incumplimiento de normas, baja autoestima, y ansiedad.

Estos síntomas se suelen mantener hasta la vida adulta, y afectan nuestras habilidades, de igual modo generan dependencia emocional. En la edad adulta afecta a la capacidad de adaptación, seguridad, autoestima y estabilidad en las relaciones personales. Además, en muchos casos, presentan ansiedad y sintomatología depresiva.

Niños de alta demanda: cómo son y qué necesitan

En conclusión, el niño necesita experimentar afecto de sus padres o cuidadores para cultivar su autoestima y la seguridad necesaria para alcanzar su autonomía personal.

Referencias

Centre Londres 94 (1976). Carencia afectiva. http://www.centrelondres94.com/files/carencia_afectiva_0.pdf

Psicólogos Málaga (s/f). Síndrome de la carencia afectiva. https://www.psicologos-malaga.com/sindrome-carencia-afectiva/#:~:text=La%20carencia%20afectiva%20se%20define,por%20falta%20de%20la%20misma

Sánchez, L. A. (2018). Carencia afectiva y desarrollo socioemocional de estudiantes de décimo grado del Instituto Nacional de Segovia Leonardo Matute, de Ocotal, Nueva Segovia segundo Semestre 2018 (Tesis). http://riul.unanleon.edu.ni:8080/jspui/bitstream/123456789/7438/1/243355.pdf

Singly F. (1976). La lutte conjugale pour le pouvoir domestique. La influencia del entorno educativo en el niño. Ma. P. Bandres, Francia.

Trastornos depresivos en niños y adolescentes

Es muy importante tomar en cuenta la conducta de nuestros niños y adolescentes, porque la depresión es un trastorno afectivo cada vez más frecuente en la sociedad, y ellos también puede pasar por esta situación, no obstante, su manifestación puede ser un poco distinta. Una persona podría sentirse triste y no significa que tenga depresión, sin embargo, la intensidad y frecuencia de dicha imitación son indicadores que deben tenerse en constante atención. El estado de ánimo decaído que dura semanas o meses, limita al niño o adolescente en su capacidad de funcionar con normalidad; es un signo de alerta. Los síntomas pueden aparecer sea cual sea la edad. Por ejemplo, en lo niños prepuberales se muestra irritabilidad, rabietas, o incumplimientos de normas, quejas somáticas, afecto reactivo, incluso comorbilidad con ansiedad o TDAH.

Los trastornos depresivos afectan a personas de cualquier edad, condición económica y nivel cultural, y suponen un gran coste para el individuo, la familia, el sistema sanitario y la comunidad en general. Asimismo, los estudios sobre prevalencia, diagnóstico y tratamiento de la depresión en la población infantil y adolescente pueden tener resultados variables, debido a la dificultad diagnóstica en esta edad, los criterios diagnósticos empleados o las técnicas de entrevista utilizadas. Dadas las peculiaridades de la depresión en la infancia y la adolescencia, se debe disponer de profesionales en atención primaria y en salud mental infanto-juvenil, que tengan formación y experiencia en el manejo del trastorno en estas edades, y contar con los recursos necesarios para su diagnóstico y tratamiento.

Hoy en día, la depresión durante la infancia continúa siendo infradiagnosticada, lo que se traduce en un mayor número de complicaciones y comorbilidades, así como el aumento del riesgo de cronicidad o de la aparición de enfermedades psiquiátricas en la edad adulta. A diferencia de los adultos, la depresión en los niños no se manifiesta tanto como un estado de ánimo alterado identificado claramente por el paciente, sino como un conjunto de síntomas variables en función del estado evolutivo, que abarcan desde alteraciones conductuales (conductas delictivas, agresividad, consumo de tóxicos), hasta el retraso del desarrollo psicomotor, disminución del rendimiento escolar o aparición de síntomas somáticos, lo que dificulta el diagnóstico.

El diagnóstico de la depresión infantojuvenil es clínico y ha de realizarse a través de una entrevista detallada, dirigida tanto al paciente como a sus cuidadores (que investigue sobre posibles estresores desencadenantes, personales o sociales; y antecedentes, personales y familiares, de enfermedad mental) y una exploración física y analítica que permita descartar enfermedades médicas que pueden manifestarse con síntomas depresivos.

La depresión es una de las mayores causas de riesgo de suicidio; por ello, es necesario preguntar siempre por ideas autolíticas o deseos de muerte, ya que, lejos de incitarlas, podremos evitar un paso al acto.

Sintomatología

La depresión infantil tiene una sintomatología un tanto diferente a la de adultos y adolescentes. Los niños suelen mostrar:

  • Irritabilidad, más que tristeza o desesperanza.
  • Reaccionan a la mínima provocación y de una manera desmedida.
  • Tienden a minusvalorarse.
  • Desarrollan fobias.
  • Sufren alteraciones del sueño.
  • Aumento de sensibilidad ante breves separaciones.
  • Empiezan a tener problemas en el colegio, suspenden y no hacen los deberes.
  • No les interesa jugar, pierden el apetito, tienen cansancio.

Hay que tener en cuenta que son propios de la infancia, los cambios muy rápidos en el estado de ánimo, de modo que en un momento los vemos tristes e irritables y luego, jugando muy felices, casi inmediatamente. Sin embargo, estas oscilaciones no invalidan el diagnóstico de una posible depresión durante la infancia.

Tratamiento

Hay diferentes variantes de tratamiento de la depresión infantil, no obstante, siempre debe ser individualizado, tiene que adaptarse al niño y a sus condiciones. En el mismo tratamiento es fundamental involucrar a los padres para que puedan intervenir en el entorno del paciente. Se puede tratar con acción psicoterápica, que debe extenderse al entorno familiar del niño; o en los casos más severos, con un tratamiento farmacológico.

En el plano psicológico, se incluyen técnicas congnitivo-conductales con las que el niño puede modificar su comportamiento frente a diferentes acontecimientos. El tratamiento precoz es fundamental, por ello, se debe actuar en cuento salten las alarmas.

Referencias

Escamilla, I. (2012). Depresión Infantil. https://www.topdoctors.es/diccionario-medico/depresion-infantil

De Castro, P. (s/f). Depresión en el niño y el adolescente. https://www.cun.es/enfermedades-tratamientos/enfermedades/depresion-infantil-adolescente

Ansiedad Infantil

Principales causas de ansiedad infantil

❖ Antecedentes familiares: Cuando en la familia se cuenta con antecedentes previos en trastornos de ansiedad, es muy probable que tu niño sea más propenso a padecerlos.
❖ Eventos familiares estresantes: Los acontecimientos que suceden en la familia afectan directamente al niño. Cuando el núcleo familiar atraviesa un momento difícil, como la enfermedad de uno de sus seres queridos, la pérdida de trabajo, una separación de los padres, la violencia intrafamiliar, la muerte de uno de sus integrantes, etc.
❖ Conductas aprendidas: Observar ansiedad en la familia, o ver miedos excesivos presentes, también le pueden generar ansiedad al pequeño.
❖ Los cambios pueden generar ansiedad infantil: Situaciones como cambiarlo de colegio, mudarse a otra ciudad, o cambiar de casa, son algunas de las causas que le pueden generar ansiedad infantil al niño.

Principales síntomas de la ansiedad infantil

➢ Manifiestan preocupación excesiva: Los niños que sufren de ansiedad, suelen ser muy exigentes con ellos mismos, les gusta que todo salga casi perfecto.
➢ Falta de confianza en sí mismos: Hace que el niño se siente de una forma extraña, y no logran comprender muy bien qué es lo que les pasa; esta situación puede causar que pierda la confianza en sí mismo.
➢ Pensamientos negativos y dificultad para concentrarse: La ansiedad lleva a que suelan pensar que están en peligro y que tengas problemas de atención.
➢ Nerviosismo: Es uno de los síntomas físicos más comunes, se aceleran los latidos del corazón, lo que causa taquicardia.
➢ Sudoración excesiva: Un ataque de ansiedad hace que el cuerpo produzca más sudor del normal.
➢ Dificultad para respirar: La respiración se acelera. En casos muy extremos, el niño se puede hiperventilar e incluso llegar a desmayarse.
➢ Mareos: Cuando el niño presenta aceleración en su pulso, sumada con la dificultad para respirar, su cerebro recibe menos oxígeno, lo que genera el riesgo de que pueda sufrir mareos.
➢ Dolor de estómago: Los nervios afectan directamente al estómago, por eso el dolor estomacal es muy común.
➢ Descontrol en las emociones: Es muy usual que la ansiedad deje al niño emocionalmente sensible, por tal razón pueden caer en el llanto o la ira excesiva.

¿Cómo controlar la ansiedad en los niños?

Para intervenir la ansiedad en niños podemos seguir los siguientes consejos:


➢ Cuando tengamos sospechas de la existencia de un trastorno de ansiedad en niños, el primer paso debe ser consultar con un especialista que nos pueda ayudar.
➢ Ante los miedos del niño, es importante no presionarle a enfrentarse al mismo o superarlo, pero tampoco evitarlo. Se trata de ayudar al niño a afrontar poco a poco a sus temores.
➢ Los niños con trastornos de ansiedad sufren mucho, y debemos evitar etiquetar, juzgar o criticar los síntomas o conductas asociados a la ansiedad.

Cuanto más sabes, menos necesitas

Yvon Chouinard. ecologísta y filántropo

Referencias

https://www.educapeques.com/escuela-de-padres/trastornos-de-ansiedad-ninos.html

Destruir una flor

A veces, hablar del siguiente tema puede ser difícil, pero les contaré un poco de lo que me tocó ver. Si yo no hubiera tenido estos conocimientos quizá hubiese sido solo una expectadora.

Conocí a una persona que, por no saber sobre estos temas, terminó destruyendo un futuro. Esta persona era madre de dos hijas, desde muy pequeñas las crio en un hogar donde había mucha violencia. Discutía demasiado con su esposo, delante de sus hijas, sin saber que ellas sufrían. 

Sabemos que las discusiones son parte de la vida. Y tenemos distintos tipos: desde las negociaciones en las que se intercambian ideas para llegar a un acuerdo, hasta las peleas en las que no faltan los agravios, las burlas y otras afrentas. Estas situaciones, sin embargo, dejan heridas en quienes participan de ellas, y también (a veces muy graves), en los niños que se ven involucrados.

El cerebro del niño por Alvaro Bilbao - Que tristeza se ve en la cara de los  niños testigos de peleas y discusiones. La razón es así de sencilla. Cada  niño lleva

¿Qué pasa cuando discutimos delante de nuestros hijos?

En su artículo, el profesor Harold concluye que una amplia selección de la investigación académica, desarrollada desde la década de 1930 en torno a la psicología del niño (junto a una variedad de trabajos experimentales y de seguimiento a largo plazo), demuestra que los menores expuestos al conflicto, pueden experimentar una mayor frecuencia cardíaca y tener desequilibrios en las hormonas relacionadas con el estrés. Todo eso puede ocurrir desde una edad tan temprana como los seis meses.

También es posible que sufran retrasos en el desarrollo del cerebro, problemas de sueño, ansiedad, depresión y problemas de comportamiento. Aquellos niños que ven peleas menos intensas, pero por un periodo continuado, también pueden desarrollar los mismos problemas.

El «maltrato leve» no existe

Cabe agregar que los niños y las niñas viven las disputas de forma distinta. El profesor Harold, en un artículo publicado en la revista de psicología El desarrollo del niño, sostiene que mientras los niños suelen experimentar problemas de comportamiento, las niñas se ven más implicadas emocionalmente.

Si estas discusiones se manejan de una manera adecuada, puede ser una gran oportunidad para que los hijos adquieran habilidades de cara a que, cuando ellos tengan que enfrentarse a esas mismas situaciones, puedan resolverlas de manera efectiva, y tengan control sobre sus emociones.

Si estas discusiones se realizan desde el respeto, sin alzar la voz, sin utilizar insultos, ni chantajes emocionales, los hijos podrán desarrollar destrezas para manejar estas situaciones de conflicto con otros niños, y, posteriormente, en su edad adulta.

En cambio, si estas discusiones son expresadas desde la agresión, los niños van a imitar estos comportamientos de los padres, y repetirán esas conductas en el trascurso su vida.

Nuestros hijos son como una esponja, y mucho más si son pequeños; ellos no solo hacen lo que nosotros hacemos, sino también lo que decimos.

“El aprendizaje es bidireccional: nosotros aprendemos del entorno, y el entorno aprende y se modifica gracias a nuestras acciones”

Albert Bandura

Investigaciones anteriores ya habían demostrado que las conductas agresivas pueden afectar al desarrollo del comportamiento. El famoso experimento de Albert Bandura, nos puede servir de ejemplo.

Experimento del muñeco Bobo: un modelo de agresión

Bandura no estaba de acuerdo con la postura de los conductistas, porque consideraba que subestimaban la dimensión social del comportamiento humano. Por ello, enfocó su estudio en la interacción entre el aprendiz y el entorno, para explicar los procesos de aprendizaje. Para ello, puso en marcha su famosa y mundialmente conocida investigación: el experimento del muñeco Bobo.

En el escenario del modelo agresivo, el adulto comenzaba jugando con los juguetes de la sala, durante un minuto aproximadamente. Después de este tiempo, el modelo agresivo iniciaba un comportamiento violento hacia el muñeco, pegándole o utilizando un martillo de juguete para golpearlo en la cara. En el modelo no agresivo, el adulto jugaba sin más con el muñeco. Y, por último, en el grupo control no existía observación previa de interacción con ningún modelo.

Más adelante, los niños fueron pasando, uno a uno, a la sala con los juguetes y el muñeco Bobo. Estos fueron grabados con cámaras para registrar su comportamiento tras haber contemplado las formas de actuar de los modelos adultos.

En cuanto a los resultados referidos a las diferencias de género, estos apoyaron firmemente la predicción de Bandura de que los niños estaban más influenciados por los modelos de su género.

Además, entre los niños que habían estado presentes en el escenario del modelo agresivo, el número de ataques físico exhibidos fue mayor en los niños que en las niñas. Es decir, los niños mostraron más agresividad cuando se expusieron a los modelos masculinos agresivos.

Imágenes del experimento del muñeco Bobo

«Prepara a tu hijo para la vida no la vida para tu hijo«

Tim Elmore

¿Qué esperamos de nuestros hijos? 

Debemos de tener claro que algo hay que ofrecerles, porque ellos lo esperan. Ellos nos observan constantemente, esperan ver aquello que le dé sentido a su vida, un “algo” donde apoyarse, para crecer con estabilidad y firmeza. Y de esta manera, crear su propio criterio de la vida, algo a partir de lo cual, puedan tomar sus propias decisiones. Entonces, ¿por qué no empezamos con nosotros mismos? Si hemos vivido en un hogar donde hubo violencia, cortemos esos lazos que nos conectan al pasado. Comencemos un hogar sano, sin violencia, sin discusiones. Hagamos la diferencia.

Referencias

BBC Mundo (2018). Qué efectos tienen sobre los hijos las peleas de sus padres frente a ellos. https://www.bbc.com/mundo/noticias-43618412

El Mundo (s/f). La crianza con violencia perjudica el desarrollo del cerebro de los niños y causa daños a largo plazo. https://saposyprincesas.elmundo.es/consejos/salud-infantil/crianza-violencia-cerebro-ninos/

Prieto, M. (2022). El experimento del muñeco Bobo y la agresividad. https://lamenteesmaravillosa.com/el-experimento-del-muneco-bobo-y-la-agresividad/

Soler, A. [Píldoras de Psicología] (2018). El experimento del muñeco bobo: un modelo de agresión [Archivo de video].

Sobrecompensar: Cuando dar de más, daña

¿Qué significa sobrecompensar?

Me gusta mucho empezar cada artículo, buscando sinónimos que me ayuden a ordenar mis ideas. Empecemos con el significado de compensar para luego hacer una diferenciación.

Si buscamos los sinónimos de compensar encontramos…

Resarcir, pagar, reparar, retribuir, desagraviar, subsanar, nivelar, equilibrar, igualar, neutralizar, contrarrestar, etc.

Al parecer compensar es una palabra que denota un significado positivo, algo que podemos hacer si nos equivocamos o dañamos algo o alguien. Sin embargo, cuando hablamos de sobrecompensar, es como si buscáramos volver a arreglar lo ya reparado, y como consecuencia, lo podríamos volver a descomponer.

Como ya hemos escuchado, todo en exceso daña, pareciera que hacer esto voluntariamente o con intención, es absurdo, pero seguramente viene del miedo a sentir que alguien que queremos tanto (como es el caso de nuestros hijos) experimenten un dolor similar al que nosotros vivimos en el pasado, creyendo que la forma de ser mejor que nuestros padres, es darles todo lo que ellos no pudieron darnos, juzgando por dolor, que todo lo que vivimos fue malo, jurando que cuando seamos padres no haremos los mismo. Así, nos dejamos guiar por el dolor que nos causó vivir con carencias, que nos olvidamos de aquellas cosas que sí nos sirvieron para enfrentar la vida de manera satisfactoria, en donde incluso, aprendemos y cultivamos hábitos y actitudes muy valiosas como son los valores de cada familia, que provienen de generación en generación, los cuales son importantes para desarrollar el sentido de pertenencia. A continuación, voy a contarles una historia para ilustrar mejor mis ideas.

Susan y Juan Diego son dos esposos que están casados desde los 19 años, tienen cuatro hijos, y viven en un pueblo alejado de la capital. Cuando nació el primero de sus hijos, ellos trabajaban en lo que podían, eran padres responsables, en casa nunca falta comida, distinto de cuando hablamos de ropa nueva cada mes, o de comprar los mejores juguetes para sus hijos. Vamos a contarles sobre las vivencias del primero de ellos, Mateo. Cuando Mateo creció, relata haber tenido una niñez un poco triste, pues desde muy pequeño tuvo que ayudar a sus papás en el trabajo para los gastos de la casa, siempre estuvo preocupado por el dinero, los días de infancia fueron complejos y cansados también, porque debía levantarse temprano y regresar de noche, excepto los domingos, que podía salir a jugar o pasear. Con el tiempo, Mateo logró tener una carrera técnica y se volvió un profesor muy capaz, hábil y entregado a su trabajo. Todos destacan su buen vestir y excelente metodología para enseñarle a los niños, le gustaba mucho promover el juego y los aprendizajes cantando y divirtiéndose, muchos veían en él a un niño más cuando estaba con sus alumnitos, los cuales lo adoraban. A base de esfuerzo, y enfocado en el estudio logra ir a la capital y postular a un trabajo en un asentamiento humano, ya que sabía que existían plazas disponibles porque nadie quería ir a trabajar tan lejos, pero él lo hacía con la finalidad de lograr su tan ansiado nombramiento, hasta que un día… lo logra. Pese a demorar diez años como profesor de primaria, por la inexperiencia y con la seguridad de tener un trabajo fijo, sin darse cuenta, empieza a gastar más de lo que tiene, emocionado por su gran logro, ayuda a sus hermanos a estudiar y postular a la universidad, y al mismo tiempo, ayuda a sus padres. Pero empieza a comprar cosas que sobregiran su gasto mensual, sin decirle nada a nadie, dejando de alimentarse saludablemente. ¡Ah, pero eso sí! Siempre dándole prioridad a su look y luciendo muy bien. Cuando sus hermanos logran hacerse profesionales, ya él, a la edad de 39 años, conoce a Laura, su esposa, a quien conquista con su inteligencia y simpatía, juntos tienen un niño, a quien llamaron Miguel. Miguelito tiene la fortuna de crecer en una casa en la que no hace falta trabajar de sol a sol, porque sus padres pueden proveerle comida sin que él los ayude. Laura también es profesora de primaria, con ambos trabajando, Miguelito llega a casa y siempre tiene el plato que desea comer, pues Mateo no va a permitir que coma platos que no le gusten, es así como Miguelito se vuelve muy selectivo con la comida, por otro lado, Laura al no poder estar presente junto a su hijo por las demandas de su trabajo, todos los sábados lo lleva a comprarse toda la ropa que él quiera aunque esta es muy costosa (poniendo en serios problemas a la economía del hogar) y ni hablar de los juguetes, que cuando era niño, no podía terminar de usar, le aburrían muy rápido, por lo que los rompía y no tenía mucho cuidado con ellos, porque sabía que puede tener unos nuevos “rápido y fácil”. Creo que todos podemos pronosticar el adolescente en el que se convertiría Miguelito… demandante, poco considerado, muy intolerante a la frustración y con serios problemas para aceptar la realidad económica en la que vive. A Miguel se le dificulta mucho enfrentar los retos y crisis de la vida y prefiere evitar solucionarlos, tomando decisiones que lo hacen sufrir a él y a sus padres.

Con frecuencia, resulta complicado ser padre, ya que vamos a transmitir con nuestras acciones, pensamientos y emociones, mucho de lo que aprendimos de nuestros padres lo que se convierte en una forma de sentir la parentalidad cuando a nosotros nos toca ejercer nuestra labor de padres (si digo sentir, es porque se trata del cómo yo sentí mis experiencias de infancia).

Si yo siento que mi niñez fue injusta, sentiré que no puedo permitir que él viva lo que yo viví, esto pasa con frecuencia cuando nos convertimos en padres con infancias complejas no resueltas, llenas de carencias tanto emocionales, físicas como materiales, en dónde haremos todo lo necesario para que a nuestros hijos no les pase lo mismo, es un acto que intenta protegerlos. Pero que no viene con maldad o con la intención de herirlos, esto sucede de forma inconsciente y proviene de dos posibles causas: desde nuestros traumas de infancia, o porque sentimos culpa. Culpa que intentamos aliviar tratando de dar más de lo que el niño necesita, y se da por motivos que a veces el padre por desconocimiento comete, como: demostrar poco afecto, comprar regalos demasiado grandes o caros, cuando siempre es permisivo, diciendo que sí a todo para obtener la aceptación de los hijos, etc. (algo muy común cuando una pareja atraviesa un divorcio, que los podría llevar a sobrecompensar). Es por eso que, si tomamos decisiones basadas en la culpa y el dolor, inevitablemente sobrecompensaremos, al hacerlo, tendremos la tendencia de sobreproteger y al parecer este acto se ve como menos nocivo. Sin embargo, esta acción poco reflexionada, se disfraza en acciones pasivas y negligentes que comienzan a mal formar a los niños.

Entonces… ¿Vivir experiencias dolorosas, solo nos dan consecuencias negativas?

Les propongo apreciar estas experiencias como una oportunidad de cambio, de mejora, si las vemos desde un lado más objetivo, también nos brindaron herramientas con las que hemos logrado lo que somos hoy. Pues, a pesar de las carencias, también nos llenó de valores y enseñanzas prácticas que nos han dado la experiencia de vivir aprendizajes por uno mismo, enseñándonos valores como la tenacidad, la autonomía y habilidades como la solución de problemas, te enseñó a ser creativo, a apreciar las cosas, a ser proactivo, demostrándote que eres resiliente a la adversidad (claro que sin duda, no todos los casos son iguales, como cuando hablamos de los niños que desarrollan trauma complejo, por mencionar un caso, sin embargo, felizmente no todos hemos tenido que atravesar por experiencias tan crueles y adversas en nuestras vidas). Si reflexionamos sobre los hechos de la vida y vemos que al mismo tiempo, mis padres me dieron lo mejor que tuvieron y se mantuvieron junto a mí a pesar de todo, lo más probable es que cuando sea padre, le daré a mis hijos lo mejor que tengo; a veces, le daré la oportunidad de que se frustre, para que aprenda que puede empezar de nuevo, le pediré que espere para que aprenda a desarrollar paciencia, le compraré lo que realmente necesite, para que entienda que no tengo que comprarle todo lo que quiere y podrá valorar sus cosas, aprenderá a ser creativo cuando le permita enfrentarse a desafíos que pueda manejar, y al mismo tiempo, desarrollará su inteligencia).

En pocas palabras le daré experiencias que guiaré desde cerca, para que cree sus propios recursos y se sienta muy valioso y útil, porque la valía de una persona se gesta cuando obtenemos logros, logros que hemos construido por nosotros mismos desde pequeños que pueden ser simples pero constantes en el tiempo.

Es importante valorar todas nuestras experiencias, incluso aquellas que fueron difíciles, porque nos permitieron forjar un temperamento fuerte, para evitar sobrecompensar con tus hijos y al relacionarte con los demás, trabajar en esas frustraciones sería lo más sano, así podrás ejercer una paternidad responsable.

Para vivir mejor, date la oportunidad de sanar.

Fuentes:

Palabras clave:

Crianza, sobrecompensar, parentalidad, infancia, niños.

¿Más te abrazo, más te quiero?

Al hablar de afecto, cariño o amor, todos podemos llegar a la conclusión de que no basta con demostrarlo de una manera meramente física, sino con otro tipo de procesos como lo son la atención, el interés y el respeto. Pero ¿por qué estos son necesarios para que otra persona sienta una demostración verdadera de afecto?

En Psicología se utiliza un término interesante para hablar de esto. Con el fin de entenderlo, regresaremos a cuando éramos niños, y a pesar de no saber decir una palabra, podíamos demostrar lo que sentíamos sin rodeos.

El apego es una palabra utilizada para describir la relación afectiva más íntima. Cuando somos bebés esta relación nos ayuda a desarrollar nuestra confianza y seguridad.

Durante años este concepto ha sido estudiado y conceptualizado, podríamos remontarnos a la Segunda Guerra Mundial, en la que los huérfanos e infantes sin hogar empezaron a presentar dificultades en diferentes aspectos, por lo que la ONU solicitó al psiquiatra y psicoanalista John Bowlby que desarrollara un panfleto sobre el tema, mismo que título Privación materna; posteriormente, con base en las teorías del amor de Freud y continuando con una investigación más profunda se refirió al apego como una conexión psicológica duradera que se da en los humanos de forma natural.  (Bretherton.1992; Jersild, 1978)

Bowlby (en Delgado, 2004) postuló tres claves en su teoría del apego:

1. La primera expuso que un niño presentará menos miedo al sentir plena confianza en que su cuidador siempre estará disponible para él.

2. Esta confianza se construye durante la infancia y la adolescencia (etapas críticas del desarrollo), también dependerá de las expectativas que el niño desarrolle, todo esto lo acompañará por el resto de su vida.

3. Por último, explicó que las expectativas antes mencionadas están directamente relacionadas con la experiencia de la persona; un niño esperará que su cuidador esté disponible para él si en el pasado ya lo ha estado.

A partir de esta información, podemos darnos cuenta de lo importante que es este vínculo en nuestras vidas. Según Erick Erickson (en Delgado, 2004), está relacionado a la confianza desconfianza en un entorno motivacional psicosocial, lo que nos hace pensar en que mientras mejor se desarrolle el apego con nuestro cuidador primario, gozaremos de más seguridad al momento de relacionarnos con nuestro entorno.

En 1964, Schaffer y Emerson (en Jersild, 2004) descubrieron hechos a partir de una investigación en un hospital, entre un grupo de niños con enfermedades graves más no virales, y otro de niños con tuberculosis. Con el primero, las enfermeras tuvieron sólo los cuidados necesarios y se permitieron visitas esporádicas de los padres; sin embargo, en el otro grupo no se permitían las visitas, pero las enfermeras les brindaron más atención y cuidados. Después de meses, observaron que, al reencuentro de los niños del primer grupo con sus madres, estos se presentaron más emocionados y ansiosos que los del grupo de tuberculosis Concluyeron que lo importante en relación al apego no es el contacto físico, sino la atención y la exposición a estímulos diferentes al presentar necesidades emocionales.

Podríamos decir que la mejor forma de demostrar cariño es la proximidad emocional más no la física, ustedes se preguntarán ¿Cómo emocional? La edad en la que se da la máxima fijación por el cuidador principal son los siete meses, y a los ocho se presenta el máximo miedo a personas desconocidas, curiosamente se ha observado que los niños menores de dos años lloran o demuestran pena al separarse de su figura principal de apego más que cualquier otra persona, en cambio, a los cinco años, el niño se sentirá apenado por separarse de toda persona que sea de su agrado. Según Ainsworth et al (1978) podemos encontrar tres tipos de apego:

1. Apego seguro: Creado por una relación de respuesta inmediata a las necesidades emocionales y físicas del niño ( sueño, tristeza, dolor o frustración, etc.). Este tipo de apego le hará sentir al niño seguridad de explorar el mundo externo, ya que reconocerá que tiene un lugar al cual volver y se sentirá seguro de sí mismo y su cuidador.

2. Apego Inseguro – Evitativo: La relación en este tipo de apego es ajena a la unión, significa que el niño no tomará como base segura a su cuidador principal; podrá explorar, pero suelen ignorar la ayuda o atención de su cuidador. Ainsworth observó que tenían conductas similares a niños que habían tenido separaciones dolorosas.

3. Apego Inseguro – Ambivalente: Caracterizada por una preocupación del paradero del cuidador por parte del infante, lo que no deja que el niño disfrute de la experiencia de exploración. Asimismo, se presentan picos de emociones por parte del niño cuando el cuidador se aleja; cuando este vuelva encontrará una respuesta de irritabilidad, resistencia al contacto, al acercamiento, y las conductas de mantenimiento de contacto.

En los últimos dos casos, es probable que el niño perciba el mundo como un lugar peligroso; sentirá que no tiene un lugar seguro al cual volver

Garrido (2006) postula la importancia del apego en relación al control emocional y desarrollo de relaciones saludables, se piensa que un niño con apego seguro tendrá un mejor desarrollo en los dos puntos antes mencionados.

Respondiendo a la pregunta que nos llevó a dar este preludio, definitivamente no basta con un abrazo o un momento de cariño. Debe demostrarse la atención, interés, respeto y consideración hacia la persona en todo sentido, dando a entender que estamos presentes no solo física sino también emocionalmente.

Palabras clave: apego, atención, niño, desarrollo, confianza.

Bibliografía

Ainsworth, B., Blehar, M., Waters, E., Wall, S. (2015). Patterns of attachment: A psychological study of the strange situation. New York: Classic Editions.  

Bretherton, I. (1992). The origins of attachment theory: John Bowlby and Mary Ainsworth.

Developmental psychology, 28(5), 759.

Delgado, A. O. (2004). Estado actual de la teoría del apego. Revista de psiquiatría y psicología del niño y del adolescente, 4(1), 65-81.

Garrido-Rojas, L. (2006). Apego, emoción y regulación emocional. Implicaciones para la salud. Revista Latinoamericana de Psicología, 38, 3.

http://pepsic.bvsalud.org/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0120-05342006000300004#:~:text=Para%20Sroufe%20(2000a)%2C%20el,las%20emociones%20por%20el%20ni%C3%B1o

Gratiot-Alphandery. H., Razzo, R. (1972). Tratado de psicología del niño. Madrid: Ediciones

Morata.

Jersild, A. (1978). Psicología del Niño. Buenos Aires: Editorial Universitaria de Buenos Aires.

Para proteger, hay que respetar

Aún es 2022 y la infancia sigue siendo vulnerada, ¿cómo hacemos para entender que debemos respetar a los niños? Que es mejor si entendemos sus procesos, sus formas, sus desafíos, sus falencias y que solo así los vamos a proteger de verdad. Hace poco, el mundo de la psicología infantil, de apego y de crianza respetuosa en español, se estremeció, de la mano de Álvaro Pallamares, ¿Quién es? Se trata de uno de los más prestigiosos psicólogos infantiles chilenos, cofundador de la Fundación América por la infancia (FAI), la cual impartía cursos y especializaciones a padres y profesionales en defensa de la infancia.

Toda esta introducción es necesaria para entender el contexto del por qué la comunidad psicológica infantil se alarmó, pues Gachy Guerrero una reconocida psicóloga mexicana que difunde pautas de crianza infantil saludable por redes sociales, que había sido recientemente reclutada por la FAI denunció en sus redes sociales a Pallamares, por una cuestionable conducta sexual que había vivido con él cuando trabajaban juntos. Durante el live en el que realiza la denuncia, también la acompaña otra colega amiga, la que curiosamente había pasado por un hecho parecido hace muchos años con el cuestionado Pallamares, ella se muestra nerviosa, llorosa y demasiado vulnerable. 

Con el pasar de los días, otros testimonios salieron a relucir un evidente patrón de conducta sexual, muy sutil, en la que Pallamares les proponía jugar al acroyoga o “yoga de parejas”, actividad que suponía contacto corporal muy sospechoso y que invadía el espacio personal con sus compañeras de trabajo. Gachy y su colega refieren haberse sentido muy incómodas, pero al mismo tiempo, no entender qué es lo que estaba pasando, se trataba de su maestro pidiéndoles de manera “muy amigable y amorosa” (pero, escalofriante en realidad) que se unieran a él en una práctica corporal íntima que, como su mismo nombre describe, es “de parejas” que implicaría un acercamiento incómodo. En dicha actividad intentaba levantarlas poniendo sus pies en la parte baja de la espalda, llegando al derrier, luego procedía a abrazarlas por la espalda, en este momento (según la experiencia de Guerrero) ella sintió el miembro de Pallamares, por lo que inmediatamente interrumpió la actividad y decidió irse a casa. Confundida y vulnerable decide olvidar el hecho para que un tiempo después, en terapia, el tema sea tratado, motivo por el cual, ella decide hacer la denuncia indicando incluso que primero fue comunicado a dicha asociación para que se tomen cartas en el asunto.

Ante la inacción y poco respaldo del director de la FAI, Guerrero decide renunciar junto a otras colegas mujeres, ya que no sienten que el tema se haya tratado con seriedad y justicia. Al difundirse la noticia, el 14 de marzo (según la página a Feminism consciente, link al terminar el artículo) se denunció a Pallamares, por seguir cuentas de mujeres hipersexualizadas entre ellas, menores de edad, lo que representaría un tercio del contenido que consumía en Instagram, por lo que él habría borrado cerca de 1122 cuentas. Es lamentable que muchas otras personas pasaron por la misma experiencia y hayan callado. Es entendible que, luego de haber identificado el mismo patrón de conducta, se dieran cuenta de que no estaba bien, que nadie tiene el derecho de hacerlas sentir así y que no eran las únicas. 

Pero hay otro punto muy alarmante a considerar… Ese sujeto utilizaba frases como: “vamos a jugar”, formas sutiles de manipulación que ejercía incluso contra adultas, y que utilizan los perpetradores y abusadores de niños para persuadirlos y poder dañarlos. Siendo este un psicólogo infantil, se trata de un hecho que alarma y desconcierta a la comunidad de esta rama. La desilusión, desesperanza y decepción que sintió la comunidad de la FAI fue devastadora, el hecho fue difundido y denunciado por muchas páginas desde Chile a México. La FAI anunció el despido de Pallamares, el cese de actividades y cursos en tiempo real, y lamentó no haber tomado las acciones necesarias en el tiempo oportuno.

Todo esto me puso a pensar ¿Quién protege la infancia? Esa es la pregunta y nos deja un mal sabor de boca y les cuento este hecho porque debe ser difundido y al mismo tiempo, nos deja una gran reflexión: Si hasta el experto en crianza infantil puede camuflar, cual camaleón, sus técnicas para lograr sus perversos objetivos, ¿por qué nos es difícil creerle a un niño cuando denuncia a un familiar suyo?, ¿cuán comprometidos como sociedad estamos realmente con la niñez? Sin ir muy lejos, escalofriantes y despiadados casos se han suscitado en nuestro país, en Trujillo y en Ica este mes, no tenemos que ir muy lejos para darnos cuenta que convivimos con escenarios de abuso infantil que, debido a nuestro contexto, se han “naturalizado” despiadadamente. Hablar de estos temas siempre va a ser incómodo, cansado y triste, pero esas actitudes no van a hacer que desaparezca esta realidad, los movimientos sociales y una sociedad alerta, ayudan a prevenir que casos como estos se sigan realizando impunemente.

Es responsabilidad de todos involucrarnos en estos temas, ya que todos tenemos hijos, hermanos, sobrinos, vecinos, o nietos que debemos defender, pareciera que el abuso no importa hasta que nos sucede a nosotros. Es casi imposible hablar de estos temas sin sentir enojo y tristeza, pero al mismo tiempo es una oportunidad para intervenir y colaborar en la prevención desde casa, en los centros de trabajo y círculos sociales. Esto está pasando, aquí, ahora, a cada instante, dejando secuelas irremediables en nuestra infancia, infancia que luego forma parte de adultos miembros de una sociedad que convive y busca encontrar soluciones con mucho dolor. 

¡Claro que es algo que afecta a todos y cada uno de nosotros! Podemos hacer algo, no sé si sirva de mucho lamentarnos al final, compartiendo imágenes y renegando en Internet, sin organización y olvidándolo todo al día siguiente.

Respetemos a nuestros niños protegiendo con cuidado y delicadeza las pocas herramientas que tienen al ser seres en formación y sin tener aún los recursos necesarios para defenderse. El daño que reciben los niños no solo es sexual o físico; se les maltrata y abusa cuando no tenemos interés en escucharlos, cuando les imponemos cosas autoritariamente, cuando no los apoyamos en lo que quieren hacer y les apasiona, cuando los comparamos, cuando les damos responsabilidades que no les corresponden a su edad, cuando no tenemos en cuenta los momentos en que no quiere ir o estar a solas con alguien, cuando invadimos sus espacios personales y no les preguntamos nunca lo que quieren, cuando no entendemos la ira que muestran así la hayamos causado nosotros, cuando creemos que solo por ser sus padres o adultos a cargo no necesitamos su consentimiento y un larga lista de muchas cosas más.

Si te cuesta reconocerlo, revisa tu propia infancia y recuerda qué cosas te hacían sentir desvalorado, insuficiente y no amado, para que las dejes de normalizar y repetir con todos los niños con los que tengas contacto. Es importante mencionar que estoy hablando de niños y niñas, pero también de adolescentes en formación, que luchan por encontrar y construir su identidad, ellos de igual manera merecen respeto, espacio y comprensión.

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Para entenderlo mejor ¿qué tal si ponemos un ejemplo? Imagínese que, cuando interactúa con un niño es como si estaríamos modelando arcilla, fabricando una obra de arte: cada movimiento importa, y digo importa, no que debe ser perfecto. Me refiero a que cada acción es ejecutada con intención y esta normalmente se dirige a hacer las cosas lo mejor posible, más si tenemos un niño a cargo, porque regresando al ejemplo de la arcilla, nos concentramos porque estamos modelando una figura, un material como este, es delicado, frágil y maleable, si entendemos esto con un material inerte ¿por qué se nos hace difícil comprender la vulnerabilidad de un niño?, ¿por qué con los niños no es igual?, ¿por qué se espera a que se formen solos y que sean fuertes e infalibles?, ¿por qué se les pega, humilla o no se comprende cuando se equivocan?

Si queremos protegerlos, primero debemos respetarlos, pero de verdad.

Fuentes: 

Enlace a la página Feminism consciente:

https://m.facebook.com/101878884538133/posts/808478703878144/?d=m

Enlace al live de la denuncia de Gachy Guerrero a Pallamares:

https://www.instagram.com/tv/Cb1SHhzAHCp/

Otros testimonios:

https://www.instagram.com/p/Cb20c_JA9U6/?utm_medium=copy_link&fbclid=IwAR3GXGNkqjUsJoaZEbEM18jkIt5BXR-CkpRhJeSIjISPzKned0CYnsQZ2to