¿Y los hijos para cuándo?

El retraso del inicio de la maternidad cada vez va en aumento, por ejemplo, en Canadá, en el 2007, el 18% de mujeres fue madre por primera vez luego de los 35 años de edad.

Actualmente, en muchas sociedades tener el primer hijo después de los 30 años se ha convertido en la realidad cotidiana. Desde los años 80, la edad materna del primer parto ha experimentado un fuerte aumento, esto generalmente ha ocurrido por la educación y el acceso a los métodos de planificación familiar (en el Perú son totalmente gratuitos). Los niveles educativos de las mujeres han aumentado a un ritmo más acelerado que el de los hombres en las últimas décadas (sin embargo, esto se evalúa a modo urbano, pues en las zonas rurales, son las mujeres las que tienen menor probabilidad de culminar la educación secundaria).

Uno de los motivos del retraso de la maternidad es el significado que conlleva, ya que en el “pasado” se consideraba el tener hijos como pilar fundamental de la familia y la aspiración o finalidad de la mujer. Actualmente, en muchas sociedades, esta percepción ha cambiado ya que la trayectoria escuela-matrimonio-hijos dejó de ser el curso de vida normal para las mujeres.

Lo que sucede actualmente es que la vida de una mujer ya no gira en torno al matrimonio, pareja e hijos, asimismo, no existe una “edad ideal” en la cual una persona deba cumplir estos hitos como proyecto de vida. Lo que la juventud se cuestiona es: “¿Estaré preparada?”, “¿Será el momento indicado?”, “¿Afectará mi futuro profesional?”, por otra parte, los cambios que han experimentado la familia y las relaciones de pareja también han sido influyentes en las decisiones sobre la maternidad. Una vez que la familia y las parejas tienen sus cimientos en satisfacciones psicológicas, los hijos dejan de estar en el centro de la familia. Se busca más bien una vida de pareja donde no se pierda la «magia», el enamoramiento, para lo cual no es indispensable tener hijos.

Asimismo , la educación femenina es un pilar influyente, este tiene un doble efecto de retraso en la edad del primer nacimiento. Se habla sobre dos efectos:

  • Efecto de incapacitación, porque el inicio y la finalización de la educación son actividades que no son compatibles con la crianza de los hijos.
  • Efecto de aspiración, ya que la persona primero aspira a obtener mayores beneficios económicos en el mercado laboral.

Si bien a nivel emocional, psicológico, económico, etc., puede que sea gratificante o recompensable el postergar la maternidad, sin embargo, fisiológicamente cada persona tiene un reloj, uno que no retrocede, por lo tanto, nuestro organismo ya no es el mismo que hace quince minutos; por lo que, al envejecer, los folículos ováricos de la mujer también lo hacen (a diferencia de los espermatozoides, ya que ellos están en constante renovación).

Los folículos ováricos tienen la misma edad cronológica de la mujer que los posee, y, a medida que el tiempo avanza, ellos también envejecen, entonces, con el paso de los años se da una disminución de la reserva ovárica y disminución de la calidad ovocitaria, que involucra un aumento en la incidencia de fallas de fecundación y embriones con bajo potencial de desarrollo y aneuploidías dependientes, fundamentalmente, de la edad materna, así como el envejecimiento uterino y sus consecuencias en el desarrollo y función placentaria. El enfoque se centra fundamentalmente en la mujer, pero incluye aspectos de la contribución masculina.

Si hablamos de otros factores de riesgo asociados a la maternidad postergada, tenemos: aumento de frecuencia de abortos espontáneos, aumento de enfermedades hipertensivas del embarazo, mayor probabilidad de anomalías congénitas, prematuridad, aumento de morbi-mortalidad materno perinatal, incremento de cesáreas, enfermedades maternas asociadas, entre otras.

A ciencia cierta, no podríamos asegurar que la postergación de la maternidad constituya un patrón que se mantenga o propague a toda la población, pero existe mayor probabilidad de que los hijos de gestaciones deseadas o planificadas tengan una mejor calidad de vida.

En América Latina existen bastantes desigualdades económicas y los procesos sociales influyen en los cambios en el tamaño familiar, estos también son influidos por los estratos sociales. ¿Por qué? Pues, en zonas urbanas es más probable que los ciudadanos se acerquen a los establecimientos de salud por planificación familiar, donde el personal de salud brinda una asesoría personalizada de acuerdo a las necesidades de cada persona.

Entonces, podríamos decir que estas personas tienen mayor probabilidad de tener una maternidad deseada. Sin embargo, en zonas rurales, el acercamiento a los establecimientos de salud por estos temas no está muy difundido. Pero entre los aspectos que se tiene en común como sociedad es que la planificación familiar esta influenciada por bastantes variables:

  • Machismo: “Mi marido no está de acuerdo con que me cuide, porque desconfía de mi”, “No he conversado con mi marido sobre esto”, “La gente dice que si yo me cuido es porque tengo muchas parejas sexuales”, etc.
  • Religión: En muchas de estas, se considera que uso de estos métodos como contradictorios a los designios de la divinidad.
  • Creencias personales, tabúes o miedo.
  • Falta de educación: Generalmente, son las personas analfabetas o con poca educación quienes no logran comprender el gran beneficio que conlleva poder planificar la maternidad.
  • Considerar que todos los métodos anticonceptivos son “abortivos”.

Esta polarización socioeconómica que caracteriza a muchas sociedades latinoamericanas, representa una barrera difícil de derrumbar con respecto a la familia, la paternidad y el calendario óptimo para las transiciones de la edad adulta.

Pero también veamos el otro punto de este tema, en nuestra sociedad gravemente afectada por el machismo, el hecho de tener hijos recae en mayor medida en una mujer, por lo que, si hablamos de carreras profesionales o tener trabajo estable, quien tiene que retrasar o perder su ocupación, es la mujer, sin embargo, eso no sucede de la misma manera con el sexo opuesto, ya que, aparentemente, tener un hijo no interfiere en su futuro laboral.

Felizmente, en muchas personas ha quedado atrás la necesidad de mantener un matrimonio por los hijos.

Referencias

Fuentes, A., Sequeira, K., & Tapia-Pizarro, A. (2021). Efectos demográficos, clínicos y biológicos de la postergación de la maternidad. Revista Médica Clínica Las Condes.

Montilva, M. (2024). Postergación de la maternidad de mujeres profesionales jóvenes en dos metrópolis latinoamericanas. Utopìa y Praxis Latinoamericana.

Paredes, N. (2013). Maternidad postergada. Horiz Med.

Padres sobreprotectores

Deseo de control

“Sentido de extrema protección”, algunos padres usan la hiperpaternidad para con sus hijos. Cuando queremos controlar todo, se esconde detrás un gran sentido de inseguridad contra la vida, además se busca cubrir carencias desde tiempos remotos. En este caso, los padres tuvieron infancias difíciles, y en su deseo de que sus hijos no pasen lo mismo, creen erróneamente que “sobre-ayudando” harán una buena tarea.  Esta situación, además, denota cierto egoísmo en los progenitores, detrás de esto, se encuentran padres narcisistas, con probable trastorno de la personalidad “pasivo-agresivo”, dependientes emocionales, víctimas, etc. Se usan frases como: “Lo hice por ti”, “sufrí mucho al tenerte”, “eres todo para mí”, “viniste a salvarme”, etc.

Unos progenitores con buena salud mental siempre querrán que sus hijos se defiendan por sí mismos ante las adversidades, dándoles la libertad adecuada.

Ilustración 1: caricaturización de la sobreprotección.

Algunas de las características del estilo educativo sobreprotector:

  • Impiden que sus hijos exploren el mundo.
  • No se les permite ser independientes y eligen las actividades que harán, incluso deciden que vestimenta tendrán.
  • Les privan de expresar sus sentimientos y deseos, pensando por ellos.
  • Los padres evitan que los niños experimenten situaciones incómodas o difíciles, y no dejan que el niño se defienda por sí mismo.
  • Para ejercer el control, generan miedo al decirles que no son capaces de hacer algo.
  • Alojan sentimientos de culpa por falta de tiempo con sus hijos.

Consecuencias de la sobreprotección:

Consecuencias en el área biológica:

  • Demora en el control de esfínteres.
  • Demora en caminar.
  • Demora en comer solo.

Consecuencias en el área psicológica:

  • Fobias.
  • Inseguridad.
  • Bruxismo.
  • Agresividad.
  • Timidez.
  • Celos excesivos.
  • Baja tolerancia al fracaso.

Consecuencias en el área social:

  • Dependencia de otros.
  • Dificultad en habilidades sociales.
  • Baja autoestima.
  • Niño inhibido y retraído con los demás. (Cisneros, 2017)
Ilustración 2: Pensamiento de Jodorowski.

Unos padres felices criarán hijos felices:

¿Amor o desamor? El amor verdadero no causa daño, ¿o sí lo hace?

El amor verdadero es planificado. La llegada de una de las alegrías más grandes de la vida (como podría ser para muchos la idea de tener hijos) debe ser correctamente preparada. Pues si los padres se encuentran extenuados con la crianza y sienten que dieron más de lo que debían, resurgirán ideas de victimismo, y con ello, se transmitirá, consciente o inconscientemente, el propio dolor a los hijos, buscando llenar vacíos, y uno sería el de la extrema protección.

Se debe tener primero las necesidades básicas cubiertas para con uno mismo (techo, comida, salud, paz) y los propósitos que puedan ir más allá (porque no solo de pan y agua vive el hombre), como una profesión, deseos de la vida, viajes, etc., antes de la llegada de hijos. Cuando estemos felices con nosotros mismos recién podremos hacer felices a los demás. Por ello, resolver tempranamente nuestros conflictos internos, emocionales, sociales y económicos, nos brindará ese camino deseado, y podremos dar amor de calidad a los demás.

Fuente: Cisneros, J. (2017). ColegioArcangelRafael.com.

La maternidad me volvió invisible…

Antes de escribir este artículo, me limitaban mucho mis ideas de exponer mi vida e imagen como profesional de la salud mental envuelta en esta situación. Quienes saben un poco más de mi, conocen mi historia familiar; soy casada, tengo dos hijas, una de once años, otra de seis, y un pequeño bebé con apenas días de nacido, que me ha llevado a conectar con mi vulnerabilidad y esa parte sensible que no me gusta reconocer en mí. Es más fácil mostrarse fría, tener las cosas bajo control, y con una respuesta que ayude a la esperanza. Pero, decidí hacerlo porque es una forma de sanar.

A quienes son mis pacientes, muchas veces, les dije que escribir es terapéutico, y que las veces en que he escrito artículos para el blog han sido durante momentos que necesitaba conectar conmigo y reconocer mis emociones. Espero poder ayudar a algunas mamás que estén pasando esta etapa. Ya seas primeriza o tengas tu cuarto hijo, cada experiencia es distinta.

Este tiempo he estado leyendo mucho sobre la depresión postparto, o artículos de cómo puede afectarnos la llegada de un nuevo ser a nuestra vida; nadie niega que no lo hayas esperado tanto y que deberías estar contenta y agradecida, porque ya está contigo; pero se olvidaron de decirnos que la maternidad duele. Duele ya no tenerlo en tu vientre, no poder hacer las cosas que hacías antes, dejar de sentirte reconocida en tu trabajo; duele dar de lactar; las malas noches; el cansancio; ver que tu cuerpo que ya no es el de antes; afecta esa carga hormonal que estaba a mil con el bebé dentro, y hoy, ya no está; frustra la ansiedad que sientes por si acaso podrás terminar tus cosas a tiempo, antes de que despierte el bebé; apena no tener tiempo de pareja, y pensar que tu relación puede llegar a su fin, porque eres invisible para él; destroza no tener el mismo tiempo, ni la sonrisa y energía para los tuyos cómo te veían antes… Y así, una lista interminable de la que no se habla mucho, porque se ha idealizado «la maternidad».

Según la sociedad, el fin y felicidad de toda mujer debe ser el tener una familia o casarse; cuanta mentira nos metieron las novelas y cuentos de hadas, desde esas creencias absurdas de que «el amor debe ser sufrido» y que «el matrimonio es para siempre, así tu salud mental o física esté en peligro», Todos esos mensajes equivocados han hecho que veamos el amor hacia el otro y no hacia uno mismo, lo que hace que anulemos o posterguemos nuestras necesidades y satisfagamos la de los otros. ¿Y por qué menciono esto? Porque al comienzo la maternidad puede verse así, dar de lactar o dar biberones antes de tomar desayuno, despertarse por alguien que necesita que lo atiendas, así no hayas pegado el ojo toda la noche… La maternidad, al inicio, es de alta demanda y sí se sufre; no pretendas que en el primer mes, puedas hacer todo lo que hacías antes, o estar súper-arreglada, bañarte todos los días, tener una sonrisa deslumbrante… Ideas completamente falsas;  por eso, cuando nace un bebé, él estará protegido y con buenos cuidados, más sin embargo, quien necesita apoyo es la nueva mamá para manejar los cambios de su ser, de su cuerpo y de su antes vida. 

Las redes sociales y medios de comunicación ponen imágenes de mamás puerperinas, alegres, sin ojeras y dando de lactar, completamente realizadas, poco real, ¿no? Eso te hace sentir como una extraterrestre, con miles de dudas de por qué yo no vivo mi maternidad así. Por qué me duele cada vez que doy teta, o por qué mi ropa termina manchada de leche; mi mirada anda perdida por extrañar mi yo de antes, y me pregunto, ¿qué estaría haciendo hoy, meses atrás? Pero la realidad no es esa, la realidad es que estoy en mi cuarto, metida las veinticuatro horas, siete días a la semana, atendiendo las necesidades de un ser pequeñito, tomando muchísimo líquido para tener leche, y, con mis emociones cómo una montaña rusa, que van desde sentir ternura, hasta querer desaparecer por un momento.

Así es cómo hoy me siento, y qué bueno es hablarlo con mi red de apoyo, porque no soy la única que vivió su postparto así. Debido a mi alta vulnerabilidad, conversé con muchas amigas mamás, donde tuve que quitarme el papel de psicóloga, mostrarme humana y frágil; al fin me sentí comprendida… Muchas pasaron depresión postparto, otras, melancolía postparto, varias la manejaron más rápido, y algunas ni la sintieron. Seguro que has escuchado de ese término…

 Aquí te lo defino teóricamente: La depresión posparto o posnatal es diferente de la melancolía que se siente después del parto. Suele aparecer entre dos y ocho semanas después de dar a luz, pero puede darse hasta un año después del nacimiento del bebé. “Uno de los aspectos importantes de la depresión posparto es que no es solo un sentimiento de tristeza”. (Stuebe, en Rich, s/f). Los sentimientos de ansiedad intensa, también son una característica común de la depresión posparto.

Algunos síntomas de la depresión posparto, a los que debe prestarse atención, son la sensación de agobio, el llanto persistente, la falta de lazos de afecto con el bebé, y las dudas sobre la propia capacidad para cuidar de una misma y de la criatura.

“Todos nos preocupamos por nuestros hijos, pero [las mujeres que viven una depresión posparto] están tan preocupadas, que eso les impide disfrutar de su bebé y de su vida” (Stuebe, en Rich, s/f). La depresión posparto también puede dificultar el cuidado de una misma y el del pequeño. Ahora, que ya tenemos la definición, vamos a hablar de lo que yo pasé, muchos lo confunden con «depresión postparto», pero se le dice «melancolía postparto». ¿Melancolía posterior al parto?

Alrededor de dos o tres días después de dar a luz, son comunes los sentimientos de depresión y ansiedad. Es posible que llores sin motivo, tengas dificultades para dormir, o dudes de tu capacidad para cuidar a tu bebé recién nacido. “Esto se debe, sobre todo, al cambio en los niveles de progesterona», me lo explicó mi ginecólogo. Sin embargo, es poco probable que los cambios hormonales sean la única causa. Además de estos cambios, existen otros factores que pueden provocar esos sentimientos, tales como los períodos prolongados de cansancio o agotamiento, las dificultades con la lactancia, y otras complicaciones posparto.

Estos son otros factores que también pueden intervenir:

  • Problemas previos de salud mental.
  • Causas biológicas.
  • Falta de apoyo.
  • Experiencias difíciles durante la infancia.
  • Poca comunicación con tu pareja. 
  • Sentirte invalidada emocionalmente. 
  • Experiencias de abusos.
  • Baja autoestima.
  • Condiciones de vida estresantes.

Con un buen apoyo de la familia, los seres queridos y los amigos, estos sentimientos suelen desaparecer en unas dos semanas, sin necesidad de tratamiento. No estoy aun a mi 100 %, quizá estoy en un 30 o 40 % de mi esencia, pero déjame decirte que todo lo que sientes en esta etapa es válido. Es normal no querer ver a nadie durante un tiempo, así los quieras y sean parte de tu vida; a veces, una necesita una pausa, más aún cuando estamos transformándonos en cuidadoras; es normal llorar en el baño, al caer la noche o de día; recuerdo que hubo una vez en la que lloré mares, fue el día de bañarme después del parto… Me dolía todo, la herida de la cesárea, que hasta me daba miedo pasar mi mano por ahí; el pecho, por la angustia; la soledad… Todo.

No te juzgues si lloras una o trecientos sesenta y cinco veces por lo mismo, no seas tan dura y juiciosa contigo. Reconoce tus emociones, exprésalas; si no tienes una red de apoyo, puedes hacerlo mediante la escritura, la pintura, o el dibujo… Vivamos un día a la vez, hoy no es siempre. Para terminar, te dejo algunas ideas que, hoy en día, me sirven para sobrellevar este tiempo:

  • Agradece, a si sea por lo más mínimo. 
  • Habla de lo que sientes, dilo una y mil veces sin prejuicios.
  • Desconéctate de redes sociales o grupos, si sientes que es necesario, pero al mismo tiempo, busca una red de apoyo que te sostenga.
  • Canta las canciones que siempre te ayudaron en momentos de tinieblas.
  • Ponte límites a ti misma, no estás con toda tu fuerza; prioriza lo que es necesario y delega si tienes oportunidad.
  • Poco a poco y según tus fuerzas, trata de volver a tu rutina de antes. 
  • Confía y espera en Dios, si eres católica esto puede ayudarte. 

Y por último, déjame recordarte que, aunque el bebé esté sano, así haya sido un parto increíble, y lleves una lactancia admirable; aunque tengamos todo lo necesario, dinero, comida y amor; aunque hayamos deseado con todas nuestras fuerzas a este bebé, aún lloramos, y eso está bien. Lloramos porque nuestro cuerpo duele, el cabello se nos cae, el tiempo y nuestra identidad se desvanece; lloramos por quién éramos hace apenas unos días atrás; lloramos porque nuestras hormonas se descontrolan y desconocíamos su poder sobre nuestra complexión física y sobre nuestras emociones; lloramos de cansancio, sí, lloramos de un agotamiento enorme. Pero somos fuertes, poderosas, creadoras, y también lloramos, eso es completamente sano, que nadie te diga lo contrario. Lo estás haciendo bien. 

Referencia

Rich, M. (s/f). ¿Qué es la depresión posparto? Aprende cuáles son las señales y cómo encontrar apoyo. https://www.unicef.org/parenting/es/salud-mental/que-es-la-depresion-posparto

Jinetes de lo imposible: Madres (borderline). Simplemente madres

Para todas las mamás en días de cielo nocturno, 

en especial para Elva y Eve 

en admiración y agradecimiento, 

para Alma porque hago lo mejor que puedo, 

aunque no sea suficiente…

¿Qué es ser una buena madre? Y, ¿qué es no serlo?

Podría jurar, pensar o maldecir, pero ninguno de los multiuniversos/escenarios imaginarios servirán para definirla, porque toda o ninguna abarcaría en su complejidad lo difícil que es ser mamá y aún más siéndolo con TLP/DRE…

Creo que solo quiero permitirme ser real, espontánea (en este artículo y fuera de él), evidentemente responsable, no ser juzgada pero sí ser audaz, y lo suficientemente resuelta, astuta e inteligente para ser capaz de superar cada valla que se me atraviesa como al caballo o al jinete en las competencias. Pero en mi propia competencia, porque no estoy luchando contra nadie que no sea conmigo misma, que no sea con mi maternidad cargando a cuestas una condición médica, física, o un diagnóstico de patología mental osease la adversidad con la que salí sorteada. No compito con nadie… atravieso el fuego. 

Maternidad y TLP/ DRE (Desregulación Emocional)

Marco contextual: datos generales 

El Trastorno límite de la personalidad (TLP) se caracteriza por un patrón de relaciones intensas y ambivalentes, ira incontrolable, control deficiente de los impulsos, inestabilidad afectiva, trastornos cognitivos y de identidad, y conducta suicida recurrente. Es probable que las personas con TLP se enfrenten a una serie de resultados negativos, incluida una mala respuesta al tratamiento y malos resultados sociales, laborales y académicos (Bagge, Nickell, Stepp, Durrett, Jackson y Trull, 2004; Bender et al., 2001; Skodol et al, 2002). 

El día a día de las personas con este trastorno está plagado de altos niveles de miseria, que a menudo persiste incluso después de que remitan los síntomas de impulsividad y las conductas suicidas (Zanarini, Frankenburg, Hennen y Silk, 2003). En entornos clínicos, el 75% de los que tienen un diagnóstico de TLP son mujeres (Skodol y Bender, 2003), y se estima que hay más de seis millones de mujeres en los Estados Unidos diagnosticadas con TLP (Friedel, 2004). Es probable que haya un gran número de mujeres con TLP que también son madres, lo que, combinado con las amplias deficiencias funcionales asociadas con este trastorno, representa un problema de enorme preocupación pública. Por lo tanto, es algo sorprendente que los efectos del TLP materno en los resultados de los niños hayan sido el foco de poca atención empírica o esfuerzos de desarrollo de tratamientos. Dado que la crianza impacta tanto a la madre como al niño, creemos que, desarrollar una intervención de crianza específicamente para esta población de alto riesgo, es un esfuerzo particularmente importante.

En los estudios revisados, se postula que la madre tiene estrategias de crianza caracterizadas por oscilaciones entre la participación excesiva y la participación insuficiente. Vemos estas oscilaciones como extremas formas de inconsistencia. Tales como las que se presentan en prácticas de socialización de las emociones, así como en las estrategias de disciplina y vigilancia parecen contribuir al desarrollo del TLP (Bezirganian et al., 1993).

Enfoque de la crianza en TLP/DRE:

Los hijos de madres con TLP están en riesgo de problemas psicosociales. Los resultados y la transmisión de esta vulnerabilidad pueden deberse a ciertos déficits en las habilidades de crianza. No existen intervenciones diseñadas específicamente para madres con TLP y sus hijos; sin embargo, los autores han hecho recomendaciones generales a favor de las terapias de apego. (cf., Macfie, Fitzpatrick, Rivas y Cox, 2008).

Programas de psicoeducación familiar, para las personas con enfermedades mentales graves, han recibido un amplio apoyo empírico para reducir las tasas de recaída y la reducción del estrés familiar y carga (para una revisión ver Cohen et al., 2008). El impacto de la psicoeducación familiar para las personas con TLP ha sido inferior al de otras formas de enfermedad mental grave, especialmente esquizofrenia. Gunderson, Berkowitz y Ruiz-Sancho (1997) abogan por un enfoque psicoeducativo familiar.

Aproximación al tratamiento del TLP

El desarrollo de un programa piloto de Grupos Familiares Múltiples (MFG)  informó mejoras en la comunicación familiar y carga familiar después de seis meses de tratamiento. Ahí son tres los tratamientos que incluyen la psicoeducación familiar como uno de los componentes del modelo de tratamiento y han publicado al menos un artículo empírico sobre la efectividad de la intervención para familias con TLP: Familia Conexiones (FC; Fruzzetti & Hoffman, 2004), Sistemas de Capacitación para la Previsibilidad Emocional y la Resolución de Problemas (STEPPS; Blum, Pfohl, St. John, Monahan y Black, 2002), y Entrenamiento de Habilidades Familiares Multigrupales como parte de Terapia dialéctica conductual para adolescentes (Miller, Rathus y Linehan, 2006).

Para reflexionar…

En resumen, las vulnerabilidades genéticas y ambientales ponen en riesgo a los hijos de madres con TLP y psicopatología relacionada. Un contexto ambiental que puede conferir riesgo, es la crianza de los hijos. Las madres con BPD (Borderline Personality Disorder) pueden encontrar desafíos únicos de crianza, especialmente a la luz de la falta de eficacia que sienten como padres. La estrategia de crianza que sería más perjudicial para los hijos de madres con BPD puede ser oscilaciones entre formas extremas de control y pasividad, que dan poca consistencia a la experiencia del día a día del niño. Al abordar habilidades de crianza, esperamos ver mejoras en las interacciones entre padres e hijos, lo que conducirá a la reducción de la angustia de la madre y el niño. Con base en una minuciosa revisión de la literatura, podremos esbozar varios puntos para una intervención de crianza, a saber, psicoeducación, consistencia en la programación y el seguimiento, la coherencia en calidez y cuidado, así como la aplicación de estrategias de crianza basadas en la atención plena.

“Morir no duele mucho:

nos duele más la vida.

Pero el morir es cosa diferente,

tras la puerta escondida:

la costumbre del sur, cuando los pájaros

antes que el hielo venga,

van a un clima mejor. Nosotros somos

pájaros que se quedan:

los temblorosos junto al umbral campesino,

que la migaja buscan,

brindada avaramente, hasta que ya la nieve

piadosa hacia el hogar nos empuja las plumas”.

-Emily Dickinson-

Bibliografía: 

Cohen, P. (1996). Childhood risks for young adult symptoms of personality disorder: Method and substance. Multivariate Behavioral Research, 31, 121–148

Gunderson, J. G., Berkowitz, C., & Ruiz-Sancho, A. (1997). Families of borderline patients: A psychoeducational approach. Bulletin of the Menninger Clinic, 61, 446 – 457.

Linehan, M. M. (1993). Cognitive-behavioral treatment of borderline personality disorder. New York, NY: Guilford Press.