El Yo y la conciencia de ser uno mismo

La cuestión del autoconocimiento es una carrera larguísima y sumamente exigente. Entender al ser humano como especie, y entendernos a nosotros mismos como individuos diferenciados, es una misión que nunca se ha dejado de lado, por supuesto que unas personas le dan más tiempo a ella que otras. Pero la inquietud es universal, está en todos nosotros y por más que se encuentre relegada u opacada por otros intereses (o preocupaciones); sabe hacerse presente durante nuestra vida y hay que estar preparados para esos momentos.

En este artículo abordaremos el pensamiento del filósofo y sociólogo Karl Popper y el psicólogo Wolfgang Kohler, que tuvieron ideas con una lucidez avasalladora que nos pueden ayudar en la empresa de conocernos a nosotros mismos.

Karl Popper
Wolfgang Kohler

Será obvio decirlo, pero es necesario hacerlo, el Yo existe (más adelante tocaremos esta afirmación). Todos tenemos un Yo, que nos da individualidad y tú eres quien mejor debería conocerlo. De igual manera, tu Yo debería ser el mejor conocedor de tus virtudes, sentimientos, temores, esperanzas, tristezas y alegrías.

La propiedad

Así como el Yo, hay muchas cosas que le son propias al ser humano, como su cuerpo y su mente que son parte definitoria de quién es. Pero también hay cosas como la personalidad y el carácter (que son igual de importantes en la definición de nuestro ser), que se presentan de forma bastante igual en muchísimas otras personas en todas partes del mundo (Popper, 2013, pp. 294, 295). Esto no significa que deje de ser algo propio, más bien es algo compartido que demuestra que nuestra individualidad no nos aísla o no tendría por qué aislarnos.

¿Cómo ser Yo?

Aprender, conocer, observar a tu alrededor nos ayuda mucho para saber de nosotros mismos, pero con ello no basta. Es la acción junto con el pensamiento lo que perfecciona este proceso (Popper, 2013, p. 295).

“La reproduction interdite” de Rene Magritte, el cuadro puede simbolizar como lo exterior puede reflejarse (reproducirse) sin mayor inconveniente, véase la caja en el cuadro, pero a la hora de ver el reflejo (el conocimiento) del hombre, es algo que a veces queda limitado o mal asimilado

La acción se basa en la interpretación de lo observado y Popper sugiere que esa interpretación dependerá de la formación intelectual que uno tenga (2013, p. 296) y razón no le falta, la inteligencia elevada ayuda mucho a entender las cosas. Pero la sabiduría, que no está necesariamente ligada a la inteligencia desarrollada académicamente; esa sabiduría que podemos encontrar tanto en almas cultas como en las almas más modestas, sin duda alguna contribuye con un aporte valioso e imprescindible.

La conciencia

Desde la más tierna infancia, el ser humano tiene el interés y una especie de comprensión del otro (Popper, 2013, p. 296). Dadas las circunstancias adecuadas la persona tomará conciencia de sí misma y de los otros. Y es interesante ver que iniciamos con los otros; un bebé empieza a conocer a sus padres (o apoderados) antes que a sí mismo.

El rostro juega un papel fundamental en ello: la mirada, la sonrisa y demás expresiones faciales, entran e influyen en el bebé y durante el resto de vida. Sólo es cuestión de ponerse a pensar en cuántos rostros han despertado en nosotros las más diversas sensaciones, e impresiones. El rostro (y los ojos en particular, diría yo) invita a entrar por la puerta del interior de las personas.

Volviendo al bebé, es curiosa la reacción que tienen cuando se ven por primera vez en el espejo. ¿Acaso verán el reflejo como si fuese alguien más?, de todos modos y sin duda alguna, con el tiempo sabrán que el reflejo es suyo. No digo más, para que ustedes mismos saquen sus conclusiones a partir de este ejemplo:

Ciertamente, verse en el espejo (o en un reflejo) es un ejercicio que vamos a repetir infinidad de veces y en bastantes de ellas, seguiremos sorprendiendonos de lo que veremos. Y no hablo solo de la apariencia, me atrevo a decir que en más de una ocasión hemos podido ver nuestro Yo, aún más, nuestra propia alma en el reflejo, y los resultados seguro que fueron de lo más variados, ¿Cuántas veces habremos salido alegres o tristes, satisfechos o frustrados, serenos o preocupados? La ocurrencia de esas impresiones depende de nosotros mismos y de nuestras acciones.

“Filósofo frente al espejo” de José de Ribera. Otro cuadro que representa el eterno deseo del conocimiento de uno mismo. En esta ocasión el conocimiento llega de forma correcta, y el pensador logra saber quién es.

Yo y el espacio-tiempo

Popper nos comenta que el filósofo Inmanuel Kant afirmaba la existencia del “Yo puro”, libre de la “contaminación” de la experiencia, y que el también filósofo, David Hume sostenía que el Yo no existe, que solo existían experiencias que en conjunto podían ser algo parecido a un Yo. Popper no estaba satisfecho con estas posturas y por su cuenta, dijo que el Yo es la combinación de lo innato con lo aprendido (2013, p. 298).

La historia de la humanidad y nuestra historia personal, está dentro del tiempo. El lenguaje es un facilitador a la hora de aprender y transmitir las ideas y creencias que le van dando forma a nuestro Yo. Pero el Yo, en el tiempo, está presente antes del lenguaje e incluso antes de enterarnos que somos y tenemos un Yo.

¿Dónde estoy? Es la pregunta que suele surgir cuando alguien se recupera de un ataque o desmayo. Esta pregunta no se debe subestimar, tiene un valor muy importante para la existencia. No podemos andar con coherencia sin saber dónde estamos, es propio de nuestras identidad. Esta pregunta se debe responder teniendo en cuenta el lugar donde estamos parados, los tiempos que vivimos y una correcta interpretación de ambos.

Observar nuestro pasado es útil para conocernos o por lo menos para conocer quiénes fuimos. Apuntar al futuro motiva nuestros objetivos, nuestras esperanzas y ayuda a vivir nuestro presente. Hay que estar en constante relación con nuestro pasado y futuro.

A la hora de actuar

A todo esto, hay un inconveniente muy a tener en cuenta, muchas de nuestras conductas suceden sin que participe la conciencia.

Si hablamos de nuestras actividades rutinarias, las más simples y básicas, pues el asunto no es tan grave. Pero cuando no pensamos en los momentos en los que se debe pensar; en los momentos en que debemos estar plenamente conscientes de nosotros y de nuestros actos, es cuando las cosas pueden complicarse.

El ideal sería ser plenamente consciente, estar en permanente atención, en todo momento, para así conseguir el dominio casi total de sí mismo, pero está tarea es sumamente difícil de cumplir. Y ciertamente ha sido lograda por sólo un grupo selecto de personas: los Santos místicos del cristianismo, los monjes budistas del Tíbet o los grandes maestros de las artes marciales, entre otros, son ejemplos notables.

Aunque no podamos alcanzar el nivel tan alto de estos hombres excepcionales (que dicho sea de paso, dedican casi toda la vida a ello) no significa que nosotros no podamos conseguir un gran control y conciencia de nosotros mismos, junto con una buena capacidad de atención. El potencial está en todo ser humano, hay que desatar ese potencial.

En sentido práctico y como fenómenos, la atención es muy similar a la conciencia (Popper, 2013, p. 302). Entonces, mientras más atentos estemos, más conscientes de las cosas y de nosotros mismos, seremos. El asunto es estar atento y pensar, para abstraer la información de nuestro alrededor y tener con qué actuar.

“Acaso estemos inconscientes del tictac de un reloj, pero oímos cuando ese tictac se ha detenido” dice Popper. Él también nos invita a estar conscientes del tictac de nuestros pensamientos, de nuestros actos, y no sólo cuando se detienen (2013, p. 300).

Insight

El insight es un acto mental repentino, relacionado con lo aprendido y el razonamiento que ocurre cuando solucionamos un problema determinado (Giardini et al. 2017, p. 96).

Wolfgang Kohler (quien propuso el término insight, que significa “mirar dentro”) sostuvo que a la hora de aprender, no sólo actuamos con lo aprendido y captado por nuestros sentidos, sensaciones y emociones, sino también con las imágenes y reflexiones que hacemos en nuestra mente, al percibir, sentir, etc. Miramos dentro de nosotros mismos para actuar tanto dentro como fuera de nosotros mismos.

En un mundo, que está en constante cambio, que es impredecible y está lleno de disparidades, el insight reorganiza las situaciones para darles armonía y equilibrio. Todos tenemos la capacidad de desarrollar nuestro insight, pues nosotros podemos (y debemos) ver las situaciones que vivimos en su totalidad, analizar y tener en cuenta todos los factores que estén involucrados.

Tenemos la facultad de encontrar conexiones donde aparentemente no las hay y llenar esos espacios que a primera vista no se pueden llenar. Pero esto requiere un crecimiento paulatino, hay que cultivar nuestra inteligencia y razonamiento, hay que pedir ayuda a los demás, hay que crecer espiritualmente y ser sabios en nuestro proceder.

Los actos de insight que hagamos no siempre serán una gran demostración de genialidad o innovación, e incluso está presente la posibilidad de fallar y no concretarlos debido a pensamientos que, más que facilitar su afloramiento, los obstruyan. A pensar de ello, el ser capaz de resolver un problema de nuestra vida cotidiana tiene un valor que no se debe menospreciar. El objetivo es saber enfrentar las contingencias, para ayudarte a ti mismo y a los demás.

La próxima vez que resuelvas un imprevisto de manera que ni tú mismo te hayas podido explicar cómo ocurrió, es muy probable que haya sido tu insight.

Todo lo dicho, no resuelve misterio alguno, no descifra ningún código oculto al entendimiento humano. Pero son ideas que, desde sus respectivas disciplinas, ayudan a que el Yo, la individualidad y la conciencia plena, no sean vistas de forma vaga y que su misterio se vaya entendiendo cada vez, un poco más.

Referencias

Giardini, A., Baiardini, I., Cacciola, B., Maffoni, M., Ranzini, L., Sicuro, F. (2017). Comprende la Psicología. Wolfgang Kohler: La formulación del insight. Barcelona: Editorial Salvat, S. L.

Miller, D. (comp.) (2013). Popper: escritos selectos. México DF: Fondo de Cultura Económica.

EL SÍNDROME DEL IMPOSTOR: CUANDO TE SIENTES UN FRAUDE DESPUÉS DE GANAR UN PREMIO

Es lo habitual, que cuando una persona reciba un merecido reconocimiento a su buen desempeño, se le esboce una gran sonrisa triunfal. Sin embargo, en ocasiones es posible que una persona mientras recibe un premio, susciten en su interior infinidad de cuestionamientos y su fuero interno se acumule de inseguridades, hasta el punto de generar un gran sentimiento de culpabilidad.

¿Es posible sentirse un fraude por recibir un premio? Pues, la respuesta es sí. Así lo demuestran los testimonios de mujeres exitosas, que al momento de recibir un reconocimiento; existía en ellas una espinita, una piedrita en el zapato, una hojita en el ojo que les impedía disfrutar con plenitud su éxito.

“A veces no me la creo y siento que tengo engañado a todo el mundo”, es lo que dijo la columnista del Comercio, Andrea Montalvo (2015). Ella, enseña en la universidad, es periodista, escritora e influencer.

La actriz Emma Watson, llego a sentirse un fraude, ya que atribuyó su éxito a la fortuna. Sin embargo, desde que es embajadora de la buena voluntad de la ONU, le dio un sentido a su vida y sentido de pertenencia (La Voz, 2015).

Jodie Foster, después de ganar un Oscar en 1999 sintió que era «una casualidad», y que un día llegarían a su casa, golpearían su puerta y le dirían: «Ese premio era para Meryl Streep» (La Voz, 2015).

A esta falsa creencia de considerarse un fraude, a pesar de contar con innumerables éxitos y de merecer un premio, se le conoce como Síndrome del Impostor. Por lo tanto, este artículo tiene como finalidad compartir información sobre el Síndrome del Impostor, con la esperanza de que sea un medio para ayudar a las personas que constantemente cuestionan sus logros y se preguntan: “¿Realmente merecía ese reconocimiento?”

CONOCIENDO EL SÍNDROME DEL IMPOSTOR

El Síndrome del Impostor, se trata de un constructo social y cultural, dicho término fue acuñado por las psicólogas Pauline Clance y Suzanne Imes en 1978.

De acuerdo con estadísticas el Síndrome del Impostor, es padecido por 7 de cada 10 personas. Hace unos años, se creía que sólo se presentaban en las mujeres (Maestro, 2015). Sin embargo, en la actualidad se sabe que hay hombres que también lo padecen, en especial los que ocupan puestos de alto mando.

Blanco (2015), nos menciona que Aida Baida Gil, autora del libro “Como superar el Síndrome del Impostor” en una entrevista con la BBC, señala que en general las personas con Síndrome del Impostor se sienten un fraude, unos “impostores”, ya que tienen la creencia de que sus logros se deben a factores externos. Por ello ante una felicitación por un logro obtenido, no dan crédito a lo que dicen los demás.

Características

Fernández y Bérmúdez (2000) indicaron que la principal característica del Síndrome del Impostor es que la persona se siente un fraude a pesar de una larga historias de éxitos. También, las personas con Síndrome del Impostor, sienten que los demás sobreestiman su trabajo, porque consideran que sus logros son productos del azar.

El Síndrome del impostor, está asociado a “la ansiedad generalizada, depresión, falta de autoconfianza, baja autoestima y frustración relacionada con la imposibilidad de cumplir con los altos estándares autoimpuestos” (Fernández y Bermúdez, 2000).

Otra de las características del Síndrome del Impostor es que tiene implicancias negativas en el desempeño laboral. Ya que, constantemente valoran su trabajo por debajo de lo real y no se atreven a pedir un ascenso. Llegan a la procrastinación con el fin de trabajar a último rato y en exceso, para justificar sus logros.

¿En qué momento se origina?

En la investigación realizada por Zambrano (2020), determinó que los niños con baja autoestima, que fueron comparados con sus congéneres, que han recibido severas críticas y cuyos logros fueron menospreciados. Es probable, que en su adultez presenten complejos e inseguridades o peor aún: El síndrome del Impostor.

Es decir, una dinámica familiar orientada al perfeccionismo, donde el error no tiene lugar, trae consecuencias negativas en la vida adulta, no sólo de baja autoestima sino también de no sentirse orgulloso de lo que ha logrado, de sentir que es un “impostor”, que engaña a los demás.

Por otro lado, es importante agregar que, si bien el origen del Síndrome del Impostor se da en la infancia, recién se manifiesta en la vida adulta. Porque, se necesita de haber acumulado éxitos académicos y profesionales para reforzar la creencia de que son “impostores”.

El ciclo del Síndrome del Impostor

Según Zambrano (2020), el sentirse como un “impostor”, hace que las personas quieran demostrar a los demás lo contrario, colocándose en situaciones difíciles que no pueden manejar. Por ejemplo, presionarse para acabar un trabajo.

Es decir, ellos mismo se sabotean al presionarse tanto que no llegan a cumplir a cabalidad las funciones asignadas, y como resultado obtienen resultados poco eficaces, porque su trabajo estaría afectado por el estrés y ansiedad.

Por ello, es que varios autores consideran que existe un Ciclo del Síndrome del Impostor, que según Zambrano (2020), comienza cuando a la persona se le asigna una tarea ante la cual se autoexige y presiona para cumplir con la fecha de entrega. Y los resultados de dicha tarea son óptimos, lo cual genera que los demás le brinden un reconocimiento (felicitaciones, aplausos, diplomas, etc.). Ante lo cual, la persona con Síndrome del Impostor, piensa que su resultado no es por su esfuerzo, al contrario, se debe al trabajo excesivo. Como consecuencia la persona siente que “ha estafado a los demás” y aumenta la culpabilidad.

Boigaizian (2018)

¿CÓMO SABER SI TENGO EL SÍNDROME DEL IMPOSTOR?

De acuerdo con Boigaizian (2018), la escala más usada para medir el Síndrome del Impostor es la de Clance. La escala Clance fue creada en 1985 y es un cuestionario con 20 preguntas.

Si bien, el test nos va a dar a conocer si padecemos o no del Síndrome del Impostor, el paso siguiente sería reconocer a que grupo clasificatorio pertenecemos.

Y es que, Zambrano (2020), considera que el Síndrome del Impostor se manifiesta de tres formas:

1. Sentirse un estafador: Hace referencia a la sensación constante de sentirse un “fraude” y al miedo de que los demás descubran su aparente engaño.

2. Atribuir el éxito a la suerte: Creen que su éxito es producto del azar

3. Minimizar los logros: Por lo general, no consideran un logro como grande. Todo triunfo es minimizado, por ejemplo, dicen: “No era para tanto” “Tenía el camino fácil y por eso lo logré”.

RECOMENDACIONES PARA SUPERAR EL SÍNDROME DEL IMPOSTOR

Consejos para Prevenir el Síndrome del Impostor

En primer lugar, debo rescatar que para evitar que un adulto padezca del Síndrome del Impostor, es importante recordar que es un Síndrome cuyo origen está en la infancia, específicamente en la autoestima.

Por lo tanto, para Zambrano (2020) la solución radica en brindar al niño las herramientas necesarias para fortalecer su autoestima. Por ejemplo, por medio de la educación emocional.

Otra de las claves es evitar comparar al menor con sus congéneres, ya que esta situación le genera sentimientos de inferioridad.

Consejos para Superar el Síndrome del Impostor

Ahora bien, si uno es adulto y con la lectura de este artículo, logró identificarse con las características del Síndrome del Impostor, y si desea confirmar sus sospechas, les voy a proporcionar un link, que le llevará a la famosa Escala Clance.

LINK PARA REALIZAR EL TEST DE CLANCE http://impostortest.nickol.as/

Si después de realizar el test, se confirma que padece del Síndrome del Impostor, el primer paso es creer que cada meta cumplida se debe a sí mismo, es decir a sus talentos, habilidades, aptitudes.

Para ello es necesario un Autoconocimiento real, con el fin de tener una visión clara de nosotros mismos.

Por último, se recomienda aumentar la tolerancia a las felicitaciones. Así la próxima vez cuando te dan un cumplido no lo justifiques diciendo “fue suerte” “trabaje mucho”. Simplemente di “Gracias”.

Yo creo lo que pienso

REFERENCIAS

Blanco, L. (26 de noviembre del 2015). ¿Qué es el “Síndrome del Impostor” y porqué lo sufre tanta gente?. BBC Mundo. Recuperado de:

https://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/11/151125_salud_psicologia_sindrome_impostor_lb

Bogiaizian, D. (2018). Síndrome del impostor y Ansiedad. XVI Seminario Intensivo de Actualización en Trastornos de Ansiedad. Congreso llevado a cabo en la ciudad de Buenos Aires. Recuperado de:

https://repositorio.uade.edu.ar/xmlui/bitstream/handle/123456789/10518/P18S05%20-%20Ponencia%20(resumen).pdf?sequence=1

Emma Watson, otra víctima del «síndrome del impostor» ¿De qué se trata? (3 de agosto del 2015). La Voz. Recuperado de: https://vos.lavoz.com.ar/cine/emma-watsom-otra-victima-del-sindrome-del-impostor-de-que-se-trata

Jiménez E., y Bermúdez, J. (2000). El Pesimismo Defensivo y el Síndrome del Impostor: análisis de sus componentes afectivos y cognitivos. Revista de Psicopatología y Psicología Clínica. 5 (2), 115-130. Recuperado de:

http://revistas.uned.es/index.php/RPPC/article/view/3892

Maestro, L. (26 de diciembre del 2015). El Síndrome de la Impostora: Cuando tú eres tu peor enemiga. Revista Glamour. Recuperado de:

https://www.glamour -tu-peor-enemiga/22768

Montalvo, A. (31 de enero del 2020). ¿Qué es el “síndrome del impostor” y por qué muchos lo padecen? Somos. Recuperado de:

https://elcomercio.pe/somos/historias/que-es-el-sindrome-del-impostor-noticia/

Zambrano, L. (2020). Baja Autoestima en la Infancia y la Influencia del Síndrome del Impostor de una persona de la ciudadela Primero de diciembre de Babahoyo (tesis de pregrado). Universidad Técnica de Babahoyo, Los Ríos, Ecuador. Recuperado de:

http://dspace.utb.edu.ec/bitstream/handle/49000/9033/E-UTB-FCJSE-PSCLIN-000413.pdf?sequence=1&isAllowed=y