El clown: Nuestro yo más inocente y puro

Muchas veces me he preguntado qué sería si tuviera la total licencia de jugar en cualquier momento y lugar, volver a esa etapa de juego, risas sin control, razón o motivo (a pesar de vivir en nosotros por medio del recuerdo). Es entonces donde podemos ver, a través de nuestra línea de tiempo, la evolución constante de nuestras habilidades, aptitudes y puntos a mejorar. El autoconocimiento como herramienta de mediación hacia una mejor versión de nosotros mismos es fundamental, porque no se ama lo que no se conoce y, por supuesto, es esencial tener la capacidad de introspección para emprender dicho camino. 

Comencé siendo una niña muy tímida y encontré que en el teatro podía expresar emociones que eran duras, también tuve que aprender a transformar emociones muy intensas que son las de antes de entrar al escenario, como cuando uno está en camerino, casi paralizado por el miedo, aturdido por la ansiedad, por el pánico, el terror e incluso la preocupación. Ante todas estas emociones tuve que aprender a transformarlas, no voy a decir controlarlas, porque controlar implica una intención de: “quiero que las cosas sean así”, en cambio, en muchas ocasiones es mejor encontrar un método para transformarlas, aceptándolas primero, entonces, empezar a fluir desde un lugar mucho más amoroso, y en segundo lugar, pues ahí está el clown. 

¿Qué es un clown?

Es este ser que se pone una nariz roja y hace reír a través de mostrar su propia torpeza, su caos, fracaso o neurosis, todo lo que es tal cual es, pero en estado de juego, es decir, desde esta increíble naturaleza de niños que tenemos que hace más ligero todo, y, conectados pues con esta ligereza de compartirse con el otro (aceptándose primero), logra con el clown lo que es un como regalo, la aceptación a uno mismo: “tal como soy”, con todo el monstruo que llevo adentro y que todos lo tenemos. Esta parte de luz, nuestra parte de oscuridad, pero que el sistema ha dicho que la parte de oscuridad es mala o negativa y que, si la sientes, eres mala persona, cuando resulta ser todo lo contrario, porque identificarla nos ayuda a conocernos mejor y entendernos. En tal sentido, en cuanto a poder entrar a esa zona oscura, el clown nos enseña a reflexionar y decir: “miren, todo mi desastre aquí está y a través de él, me permitiré ver todo este conflicto humano que existe en mi interior”. En este punto, ya llegamos a la palabra base que es la aceptación, y aprender a vivir esta experiencia con una pequeña máscara como ancla a nuestro yo más inocente y sin prejuicios, es justamente un descubrimiento para derrumbar nuestros propios arquetipos (que lo único que hacen es conformar una estructura protectora que impide sentirnos libres), para abrirnos y mostrarnos tal como somos. Para Vigneau (2010), el clown es una herramienta que se basa en el mundo interior de la persona, en relación a sus sentimientos emociones u otros aspectos relacionados, por ejemplo: la sexualidad, el poder o la muerte, y que esto no nos resulte un tema prohibido, sino más bien, ejecutarlo o exteriorizarlo por medio de un performance, donde podamos liberar y abordar lo que se siente al instante, hacia el público, de este modo, nos encontrarnos desnudos de manera emocional. 

Aspectos fundamentales

Otra incógnita que surge es la visión del autoconocimiento. Si tuviera que darle una forma o color, sería un punto rojo, así como una  pequeña nariz de clown, y es que, todo recae en esta pequeña máscara llena de posibilidades. 

Es el clown el inicio a una eterna y fructífera aventura de autoconocimiento inigualable. Pero ¿cómo así? 

Primer acto: introspección

Cuando se habla de introspección, nos referimos al conocimiento del sujeto, por medio de la observación y del análisis de sí mismo, en donde puede ir interpretando y ser consciente de aspectos íntimos de forma reflexiva, tanto por medio del recuerdo hacia vivencias pasadas, así como observar e inspeccionar vivencias actuales dónde puede profundizar o develar aspectos propios de su ser. Es el poder de conocerse a sí mismo para construir nuestra identidad. 

Segundo acto: autoconocimiento 

Cuando hablamos de autoconocimiento, hacemos referencia al conocimiento que tenemos de nosotros mismos en el momento actual. Este conocimiento se seguirá adquiriendo y desarrollando en el transcurso de nuestra vida. Sin embargo, es en el ejercicio cotidiano donde se puede adquirir todo este conocimiento, y así, salir de nuestra zona de confort desde el interior al exterior y viceversa, lo que resulta en un encuentro de comunión, complicidad y comunicación con uno mismo. 

Tercer acto: ¡cámaras, luces, clown!

Digamos que el regalo de autoaceptarse es empoderarse, quererse, respetarse y, entonces, cuando uno sea autoaceptado, es cuando ya asumí mi manera de ser. Asumir desde esta ligereza, no es que sea pesado, ni nada parecido. Desde esta idea, compartimos el caos que hay dentro y todo esto que hace que uno se empodere y, por lo tanto, abrirse y compartir con el otro, sin miedo a los juicios de los demás, y es entonces (gracias a esta habilidad) que disminuye el poder de los demás hacia mi, y cuando los juicios de valor terminan, todo mundo se ha quedado en silencio, sin poder hacer una sola burla a nosotros.

Esa escena nos brinda el poder de asumirnos y recibir estos defectos o lo que nuestra mente ve como defecto, algo que sencillamente es tal cual es. La autoaceptación sembró sus frutos y, de la mano de la introspección, nos cultivamos en un grado de crecimiento y expansión maravillosa, de uno mismo, del ser que uno es, y da el regalo de poder compartirse con los demás, de una manera auténtica, es decir, disfrutar lo auténtico que puedo llegar a hacer, disfrutar esa diferencia que yo tengo con los demás, con mi familia, con mi grupo de amigos, con todo lo que me rodea, lo que resulta ser placentero, porque cuando uno se acepta, es muy probable que los demás también lo hagan, pues uno está pidiendo aceptación de los demás todo el tiempo, y, cuando uno lo empieza a hacer, entonces, mágicamente ocurre también, o puede que no suceda. Pero ya no duele y nos mimetizamos en ese estado perenne, en donde nadie tiene más poder que esta bola roja en mi nariz y yo, en ese estado más inocente y puro. 

Referencias

Equipo editorial (2022). Autoconocimiento personal: 7 herramientas para conocerte mejor. https://lamenteesmaravillosa.com/autoconocimiento-personal-3-herramientas-para-conocerte-mejor/

Savater, V. (2015). El autoconocimiento, la auténtica clave de la felicidad. https://lamenteesmaravillosa.com/el-autoconocimiento-la-autentica-clave-de-la-felicidad/

Unocc, G. A. (2023). El arte de clown como estrategia para el desarrollo de habilidades sociales en estudiantes universitarios. Horizontes. Revista De Investigación En Ciencias De La Educación7(27), 493–508. https://doi.org/10.33996/revistahorizontes.v7i27.532

Vigneau, A. (2010). El Clown esencial: El arte de reírse de sí mismo. Madrid: La Valle.

El verdadero amor: Quien no conoce, no ama

Las relaciones románticas se conocen simplemente como aquellas relaciones en las que existe un interés y acuerdo mutuo entre dos personas. Se caracterizan porque son elegidas voluntariamente, porque existe algún tipo de atracción, ya sea basada en la apariencia física, intereses, habilidades de la persona o en su personalidad, y por último, porque implican expresiones de intimidad, protección y apoyo. Pero… ¿Qué se cumplan estos requisitos es hablar de amor? La respuesta corta es que ¡no!, vamos a profundizar a continuación.

¿Qué requiere el “verdadero” amor?

Creo que la literatura es el arte más hermoso para explicar cosas complejas, por ello, evocaré a la obra El Principito, escrito por el autor Antoine de Saint Exupéry. En un extracto del libro, donde interactúan los personajes del principito y el zorro del desierto, se explica algo que, en términos más complejos, encontramos en el libro de Erich Fromm, El Arte de Amar, este episodio nos explica la parte esforzada de un amor que va más allá de una atracción hormonal y de procesos neuroquímicos, que algunos confunden con el amor a primera vista o con los llamados flechazos. Habla en cambio de lo que algunos conocemos como amor fatuo (de amigos y compañeros) o amor de construcción (de pareja), en el caso del público general lo que conocen como “amor verdadero”, que, en sentido amplio, ellos asocian a la durabilidad de una relación, a estar juntos a pesar de los problemas y, en el mejor de los casos, lo asocian a una relación tranquila y equilibrada, en el marco de la pareja.

El principito quería ser amigo de un zorro del desierto, este le dijo «¡ven a jugar conmigo!, estoy tan triste».

EL zorro le dijo: «No puedo jugar contigo, no estamos familiarizados».

«¿Qué significa familiarizar?», pregunta el niño.

El zorro contesta, «es una cosa demasiado olvidada, significa crear lazos. Para mí no eres todavía más que un muchachito parecido a cien mil muchachitos. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro parecido a cien mil zorros. Pero, si nos conocemos, tendremos necesidad uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo. Yo seré para ti único en el mundo…».

«¿Cómo nos conocemos?», dijo el principito.

«Hay que ser muy paciente», contesta el zorro, «te sentarás al principio un poco lejos de mí, así, en la hierba. Yo te miraré de reojo, pero cada día podrás sentarte un poco más cerca…».

Al día siguiente volvió el principito.

«Hubiese sido mejor regresar a la misma hora», dijo el zorro. «Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, comenzaré a estar feliz desde las tres. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro, estaré agitado e inquieto; ¡descubriré el precio de la felicidad! Pero si vienes a cualquier hora, nunca sabré a qué hora preparar mi corazón… Los ritos son importantes. Solo se conocen las cosas a las que dedicas tiempo, los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada, compran las cosas hechas a los mercaderes, pero como no existen mercaderes de amigos, los hombres ya no tienen amigos. ¡Si quieres un amigo, conóceme!», dice el zorro.

En conclusión, las relaciones que creamos con las personas requieren el conocimiento del otro, si realmente queremos que no sean superficiales es necesario dedicar tiempo para conocer. También requieren de paciencia y de constancia, no basta con hacer algo por otro un día o hacerlo unos días sí y otros no, hay que ser constantes en el cariño, en la búsqueda de frecuentar la compañía, en la escucha hacia el otro. Los ritos son importantes porque nos hablan de hacer ciertos actos permanentemente, de tener designados un tiempo y esfuerzo para los mismos.

Indica acertadamente Erich Fromm que el amor implica cuidado. Por ejemplo, es especialmente evidente en el amor de una madre por su hijo que ninguna declaración de amor por su parte nos parecería sincera si viéramos que descuida al niño, si deja de alimentarlo, de bañarlo, de proporcionarle bienestar físico; y creemos en su amor si vemos que cuida a la criatura. Lo mismo ocurre incluso con el amor a los animales y las flores: si una mujer nos dijera que ama las flores, y viéramos que se olvida de regarlas, no creeríamos en su «amor» a las flores. El amor es la preocupación activa por la vida y el crecimiento de lo que amamos. Cuando falta tal preocupación activa, no hay amor. Entonces también vemos (si reflexionamos en el primer ejemplo), que en el amor esta presente el valor de la responsabilidad de la madre a su hijo, ya que forma parte del amor el atender las necesidades de su pequeño. Asimismo, en el amor entre adultos, se ve la responsabilidad al cuidar las necesidades psíquicas de la otra persona.

La responsabilidad podría degenerar fácilmente en dominación y posesividad, si no fuera por un tercer componente del amor, el respeto. Respeto no significa temor y sumisa reverencia; denota, de acuerdo con la raíz de la palabra (respicere = mirar), la capacidad de ver a una persona tal cual es, tener conciencia de su individualidad única. Respetar significa preocuparse por que la otra persona crezca y se desarrolle tal como es, de ese modo, el respeto implica la ausencia de explotación. Quiero que la persona amada crezca y se desarrolle por sí misma, en la forma que le es propia, y no para servirme.

El respeto solo existe sobre la base de la libertad; el amor es hijo de la libertad, nunca de la dominación. Respetar a una persona sin conocerla, no es posible; el cuidado y la responsabilidad serían ciegos si no los guía el conocimiento. El conocimiento estaría vacío si no lo motivara la preocupación, la empatía.

Quien no conoce nada, no ama nada. Quien no puede hacer nada, no comprende nada. Quien nada comprende, nada vale. Pero quien comprende también ama, observa, ve… Cuanto mayor es el conocimiento inherente a una cosa, más grande es el amor… Quien cree que todas las frutas maduran al mismo tiempo, nada sabe acerca de las uvas.

Paracelso

Después de todas estas reflexiones, seguramente notaremos que muchas de las relaciones que vemos en nuestro entorno no son de amor, pues muchas veces hay ausencia de valores en los individuos, y, por tanto, en las relaciones que conforman. Hay muchos factores que pueden volver a una relación malsana, y no hay que olvidar que, en cada caso, veremos que una o ambas personas tienen conductas o muestran patrones de comportamiento «tóxicos» en mayor o menor medida, según sea el caso.

Las «relaciones tóxicas» son relaciones con comportamientos disfuncionales, entendidos como aquellos que no permiten, o cohíben el crecimiento individual, inhiben la expresión psicoafectiva, lo cual afecta a las emociones, conductas y cogniciones de las personas que forman parte de la relación. En sí, la relación tóxica hace que una persona sea un amo y el otro un esclavo; en las relaciones de maltrato, esta dinámica se mantendrá con la sumisión o el vínculo traumático de uno de los lados. En otros casos, habrá una lucha de poder, es decir, habrá reclamos mutuos, cargados de manipulación, de culpabilizar al otro, de insultos o más (violencia), todo esto con el fin de que el otro se someta,

Es bueno entender qué es el verdadero amor, pues cuando escuchamos que otros están pasando por un problema o decepción, o cuando nosotros mismo nos desilusionamos, empezamos a satanizar al amor o a acusarlo de ser muy complicado por asociarlo al maltrato o a estas luchas de poder, a estas relaciones que no son de amor, y que no deberíamos aceptarlas en nuestra vida. El amor es complicado por otras razones, pues ser una persona de valores y con principios requiere de madurez y de estoicismo, es complicado porque el tiempo y la dedicación amerita que estemos presentes, que escuchemos activamente, y que comuniquemos. Hablar con los otros de forma tranquila, en el tono de voz adecuado, con las palabras correctas, ello significa que tenemos la capacidad de ser asertivos.

Debemos poner en practica todo lo mencionado, no solo en los días bonitos, no solo mientras dura el enamoramiento (y no deberíamos confundir estar enamorados con amar). Es complicado por los días donde tenemos poco tiempo, cero ganas de conversar, los días donde algo nos puso de mal humor y entonces debemos poner un esfuerzo extra, días donde debemos darnos un momento para gestionar esas emociones con las que venimos cargados, gestionarlas con un paseo a solas, con respiración diafragmática, con una ducha u otras formas, y tomar aire para ser esas personas que respetan, que son responsables y cuidadosas, que se alegran por las alegrías del otro y sufren con su sufrimiento. Debemos estar listos para una conversación o un abrazo con ese ser humano que tenemos delante… Listos para ser esas personas que saben amar.

Por supuesto, este amor de calidad es real, se extiende a todos nuestros seres queridos, a la humanidad y la naturaleza, porque si hemos llegado a este punto de la lectura y vimos todos los valores que rodean al amor, nos daremos cuenta de que amar es más que lo que sentimos por un solo ser humano, es una capacidad que poseemos, la cual puede estar estropeada o nutrida, depende de qué tanto pongamos en práctica los valores mencionados en nuestra vida diaria. No siempre es sencillo pero qué bello y qué grande es poder decir: yo amo.

Referencias

Fromm, E. (1977). El Arte de Amar, una Investigación sobre la Naturaleza del Amor. Buenos Aires: Paidos.

Saint – Exupéry, A. d. (2004). El Principito. México D.F.: Publimexi

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No todo está bajo nuestro control: ¿Todo en psicología se puede medir?

En psicología, medir es una acción esencial al momento de aventurarnos en este mundo tan grande. Por mucho tiempo, diferentes investigadores en su afán de descubrir algún método, vieron la necesidad de medir lo imposible. Ya que nos regimos bajo las leyes físicas, medir se ha convertido en una tarea que no solo está basada en fórmulas, sino que también se rige bajos ciertos parámetros, los cuales no podemos controlar.

Medir es un proceso de asignar valores numéricos de acuerdo a reglas específicas, al psicólogo le permite cuantificar características humanas y dar objetividad.

Por medio de pruebas psicológicas, que son instrumentos estandarizados, evalúan características particulares de personas con el objetivo de medir conocimientos, intereses, habilidades, capacidades, actitudes, e incluso la personalidad; estas son parte de un proceso general organizado para llegar a una impresión diagnóstica. En fin, medir es cuantificar características cualitativas y volverlas en cuantitativas.

Tantos estudiosos en la materia y desde épocas muy antiguas ya se planteaban este dilema. En la época Antigua, Aristóteles, en su obra «De Anima» señala: «buscamos examinar e investigar primero la naturaleza y esencia del alma y luego sus atributos».

Platón, en el texto III de «La República», realizó una clasificación de las personas en escala primitiva: oro, plata, hierro y latón, refiriéndose a ella como una «mentira noble» y un «cuento», a la vez que señalaba que todos son hermanos y todos son afines.

En el Renacimiento, Descartes, Locke, Hume y Kant enfatizan en lo que define y caracteriza a la humanidad.

Sin duda alguna, todos ellos se esmeraron en la búsqueda de la verdad acorde a sus posibilidades de poder medir y cuantificar. Ahora bien, debemos ponernos a pensar en el bagaje inmenso del que está compuesto el ser humano. 

¿Pero qué sucede cuando partimos desde lo más simple y vamos a lo más complejo? ¿Que sucede cuando lo sensible se convierte espiritual? 

A continuación veremos unos ejemplos:

A través del cuerpo, más allá de lo sensible, de la percepción, de las emociones, y de las funciones vegetativas, existe aquello en el ser humano que carece de sustento corpóreo. 

Hablaremos de la inteligencia. Para ello, debemos empezar desde su primer acto que es la abstracción, es decir, separamos una forma de lo material singular, y lo convertimos en lo universal. Este universal no es material al igual que nuestra inteligencia. La inmaterialidad se demuestra por medio de la capacidad que posee la inteligencia de conocerlo todo, a diferencia de los sentidos y de lo que conocemos como umbral. Eso a lo que la psicología denomina como límites. El loco intento de tratar de traspasar ese límite puede dañar el órgano y perjudicarlo, como la luz solar que hace que el ojo se cierre al ser tan fuerte. 

Nos detenemos minuciosamente, y vemos que la inteligencia se conoce a sí misma, y que no es como los demás sentidos. Por ejemplo, el ojo no se ve a sí mismo, ve las demás cosas que hay a su alrededor. De tal forma, la inteligencia conoce sus actos, actos de conocer. Y esto nos dice que carece de soporte orgánico. 

Ahora no solo hemos visto una de las facultades más elementales del ser humano que no solo es inmaterial, y a pesar de ello, han inventado manera de cuantificar ciertos resultados. Pero, ¿qué pasa si vamos más allá? Nos encontraremos con lo que es notorio al momento de demostrar que lo que trasciende va aún más lejos de los límites de lo medible: el alma.

Ya el alma como dimensión co-principio del cual está sujeto el ser humano, se encuentra en este mundo material siendo inmaterial en su totalidad, pero que subsiste gracias a la unidad psicofísica, y a su vez, no se corrompe y no se separa de sí misma.

Santo Tomás de Aquino está a favor del carácter espiritual del alma humana que ejecuta actividades intelectuales que no dependen de sustento orgánico alguno, sino que son actividades espirituales. Pero esto no quiere decir que no exista una relación entre la actividad intelectual y la actividad espiritual. 

En lo que a mí respecta, considero indudablemente que el hombre busca medios para poder entender el universo en el que cohabita desde que este se originó. Que el ser humano, al ser un conjunto dinámico de dimensiones que existen en armonía se complementan bio-psico-espiritualmente. El hombre es una unidad, y tratar de medir al hombre solo sería encuadrarlo y limitarlo a parámetros que nosotros mismos estamos estableciendo; es decir, que nosotros mismos nos estamos limitando y encasillando. 

¿Acaso somos números? ¿Acaso somos fórmulas? Nos hemos estancado en vivir en límites parametrados pero no podemos ir contra natura, pues esta nos reclama y ella escapa a cualquiera de estas ataduras a las que nosotros mismos nos hemos condenado en este afán de entender quiénes somos o qué somos realmente. 

Para finalizar, está de más decir que los esfuerzos han sido considerablemente aplaudibles por quienes aún hoy en día, se esmeran en cuantificar al hombre, pero, siempre hay que recordar que existirá ese misterio enorme y hermoso que es la complejidad del ser humano en esa búsqueda del ser; que este descubrir nos lleve a una nueva vía provechosa, llena de dicha en materia de la psicología…

Referencias

  • Entrevista con Roger Miller Silva (filósofo) – Profesor de Antropología Filosófica y Teológica de la UCSP. 

El Vuelo de las Abejas

Existe un dato interesante acerca de las abejas, según algunos estudios realizados ¡la abeja no debería volar! Y sucede que sus alas son muy pequeñas en relación a su cuerpo, lo cual haría imposible su acción de vuelo.

A pesar de estos estudios, las abejas evidentemente vuelan y logran:

«Suspenderse en el aire, luchar contra el viento, evadir a los depredadores y alzar el vuelo incluso si van cargadas con néctar o polen».

(National Geographic, 2018)

Es increíble, las bellas lecciones que podemos obtener de la naturaleza, en este caso de la abeja quien se las arregló para abrir sus alas y volar.

¿Y si aprendemos del vuelo de las abejas? Es decir, que no todo está dicho, escrito y determinado. Que es posible deshacerse de esas creencias que te limitan y te hacen pensar que no eras capaz de alcanzar tus sueños y por qué no de volar (claro que en un sentido metafórico).

Es así que, el objetivo del presente artículo se basa en explorar el concepto de creencias limitantes, su origen y en dar énfasis en que se pueden transformar en potenciadoras.

¿Qué son las creencias?

Si desde niños hemos escuchado “no puedes” “no lo lograrás”, empezamos a creer que estas frases, que constantemente resuenan en nuestra cabeza, son ciertas. Dejando enterrado tus sueños y olvidadas tus metas.

De acuerdo con Barragán (2012), menciona que las creencias son una serie de principios que rigen varios aspectos de la vida de uno mismo. Este sistema de creencias influyen en las relaciones interpersonales (con otras personas) e intrapersonales (con uno mismo).

Las creencias actúan en diferentes aspectos del ser humano. Las creencias están relacionadas con el sistema límbico, esta parte del cerebro está ligada a las emociones del ser humano. Por tanto, es que estar convencidos de determinada creencia provoca en el cuerpo reacciones fisiológicas

Además, el sistema de creencias está relacionado con las decisiones, organizándolas y cumpliéndolas. Por ejemplo “una persona que de verdad crea que tiene una enfermedad comenzará organizar su vida y sus actos en torno a dicha creencia” (Dilts, 2003).

Por otro lado, Covarruvias y Cuevas (2020) el sistema de creencias está conformado por elementos que hacen que el ser humano se relaciones con su entorno y lo que percibe de él. Las creencias se construyen a partir del contacto con la otra persona.

Las creencias tienen cuatro funciones psicológicas (Covarruvias y Cuevas, 2020)

  1. Emocional.  Las creencias sirven directamente para manejar emociones tales como miedo, esperanza, enojo, sorpresa, incertidumbre existencial, amor ideal, entre otras.
  2. Cognitivo.  Dan estructura cognitiva, la cual proporciona un sentimiento de control sobre la vida.
  3. Moral.  Funcionan para regular la distribución de la responsabilidad moral entre la persona y el grupo.
  4. De grupo. Sirven para promover la solidaridad del grupo al otorgar a las personas una identidad común.

Las creencias influyen en la eficacia cotidiana. Ahora bien, estas creencias pueden convertirse en valiosos recursos para lograr alcanzar nuestras metas o simplemente se transforman en trabas que nos impiden ver de lo que somos capaces

Creencias Limitantes y Potenciadoras

Se instalan desde la infancia, y de acuerdo con Barragán (2012) no hay creencias positivas o negativas, al contrario, se clasifican en limitantes o potenciadoras.

Las creencias potenciadoras contribuyen a regular de forma eficaz las conductas del ser humano. Te brinda una visión más clara cuando la persona se encuentra en problemas.

Mientras que las creencias limitantes afectan de forma negativa en la vida del ser humano.

Transformación de las creencias limitantes en potenciadoras

Tal como se ha observado, las creencias tienen una interrelación con el accionar de los individuos, ya que, éstas permiten la regulación del comportamiento de las personas y de las relaciones que establecen con los demás.

Al ser tan importantes, es necesario saber que es posible convertir las creencias limitantes en potenciadoras. Según, Barragán (2012), es posible si se toma en cuenta los siguientes pasos:

  • Primero se debe identificar qué es lo que te limita, una vez que se obtengan las respuestas, vas a identificar las creencias que rigen tu vida.
  • Segundo, es la transformación de estas creencias limitantes en potenciadoras. A través de la visualización de metas, en donde poco a se va ir cambiando la creencia del “no puedo” al “lo lograré”.
  • Tercero, empezar a entender que las creencias potenciadoras se deben llevar al campo de la acción. Convertir los pensamientos en acciones.

Conclusiones

Sabemos, que las creencias influyen en varios aspectos de la vida del ser humano, así que sí es importante detenerse un momento para mirarse e identificar tus creencias limitantes,

Si en caso, sientes que demasiados “no puedo” en tu vida, es necesario hacer una breve revisión interna, identificar esas creencias que enceguecen e impiden ver nuestro potencial.

El vuelo de las abejas, es una gran lección de superación. Si las abejas se las ingeniaron para volar, entonces nosotros podemos hacerlo si aprendemos a deshacernos de esas creencias limitantes que cortan nuestras alas. En especial, si somos conscientes de los recursos o potencial que tenemos para alcanzar nuestros sueños.

Referencias

Asombroso. (11 de marzo del 2020). Una Poderosa Lección Que Podemos Aprender de las Abejas. https://www.youtube.com/watch?v=rsIF7ZAvEuI&ab_channel=Asombroso

Barragán, R. (2012). Nuestras creencias ¿limitantes o potenciadoras? Universidad Iberoamericana de Puebla. Recuperado de:

http://repositorio.iberopuebla.mx/bitstream/handle/20.500.11777/1673/Nuestras+creencias,+limitantes+o+potenciadoras.pdf?sequence=1

Covarrubias, M., y Cuevas, A. (2020). Creencias limitantes y potenciadoras en la formación profesional del psicólogo: un estudio sociocultural, 13(1). Recuperado de: https://periodicos.ufam.edu.br/index.php/educamazonia/article/view/7657/5354

Dilts, R. (2003). El poder de la palabra. Urano S.A. https://eliascoach.files.wordpress.com/2014/08/el-poder-de-la-palabra-robertb-dilts.pdf

National Geographic (9 de agosto del 2018). Cómo aletean las abejas. https://www.ngenespanol.com/fotografia/como-aletean-abejas/

El Yo y la conciencia de ser uno mismo

La cuestión del autoconocimiento es una carrera larguísima y sumamente exigente. Entender al ser humano como especie, y entendernos a nosotros mismos como individuos diferenciados, es una misión que nunca se ha dejado de lado, por supuesto que unas personas le dan más tiempo a ella que otras. Pero la inquietud es universal, está en todos nosotros y por más que se encuentre relegada u opacada por otros intereses (o preocupaciones); sabe hacerse presente durante nuestra vida y hay que estar preparados para esos momentos.

En este artículo abordaremos el pensamiento del filósofo y sociólogo Karl Popper y el psicólogo Wolfgang Kohler, que tuvieron ideas con una lucidez avasalladora que nos pueden ayudar en la empresa de conocernos a nosotros mismos.

Será obvio decirlo, pero es necesario hacerlo, el Yo existe (más adelante tocaremos esta afirmación). Todos tenemos un Yo, que nos da individualidad y tú eres quien mejor debería conocerlo. De igual manera, tu Yo debería ser el mejor conocedor de tus virtudes, sentimientos, temores, esperanzas, tristezas y alegrías.

La propiedad

Así como el Yo, hay muchas cosas que le son propias al ser humano, como su cuerpo y su mente que son parte definitoria de quién es. Pero también hay cosas como la personalidad y el carácter (que son igual de importantes en la definición de nuestro ser), que se presentan de forma bastante igual en muchísimas otras personas en todas partes del mundo (Popper, 2013, pp. 294, 295). Esto no significa que deje de ser algo propio, más bien es algo compartido que demuestra que nuestra individualidad no nos aísla o no tendría por qué aislarnos.

¿Cómo ser Yo?

Aprender, conocer, observar a tu alrededor nos ayuda mucho para saber de nosotros mismos, pero con ello no basta. Es la acción junto con el pensamiento lo que perfecciona este proceso (Popper, 2013, p. 295).

“La reproduction interdite” de Rene Magritte, el cuadro puede simbolizar como lo exterior puede reflejarse (reproducirse) sin mayor inconveniente, véase la caja en el cuadro, pero a la hora de ver el reflejo (el conocimiento) del hombre, es algo que a veces queda limitado o mal asimilado

La acción se basa en la interpretación de lo observado y Popper sugiere que esa interpretación dependerá de la formación intelectual que uno tenga (2013, p. 296) y razón no le falta, la inteligencia elevada ayuda mucho a entender las cosas. Pero la sabiduría, que no está necesariamente ligada a la inteligencia desarrollada académicamente; esa sabiduría que podemos encontrar tanto en almas cultas como en las almas más modestas, sin duda alguna contribuye con un aporte valioso e imprescindible.

La conciencia

Desde la más tierna infancia, el ser humano tiene el interés y una especie de comprensión del otro (Popper, 2013, p. 296). Dadas las circunstancias adecuadas la persona tomará conciencia de sí misma y de los otros. Y es interesante ver que iniciamos con los otros; un bebé empieza a conocer a sus padres (o apoderados) antes que a sí mismo.

El rostro juega un papel fundamental en ello: la mirada, la sonrisa y demás expresiones faciales, entran e influyen en el bebé y durante el resto de vida. Sólo es cuestión de ponerse a pensar en cuántos rostros han despertado en nosotros las más diversas sensaciones, e impresiones. El rostro (y los ojos en particular, diría yo) invita a entrar por la puerta del interior de las personas.

Volviendo al bebé, es curiosa la reacción que tienen cuando se ven por primera vez en el espejo. ¿Acaso verán el reflejo como si fuese alguien más?, de todos modos y sin duda alguna, con el tiempo sabrán que el reflejo es suyo. No digo más, para que ustedes mismos saquen sus conclusiones a partir de este ejemplo:

Ciertamente, verse en el espejo (o en un reflejo) es un ejercicio que vamos a repetir infinidad de veces y en bastantes de ellas, seguiremos sorprendiendonos de lo que veremos. Y no hablo solo de la apariencia, me atrevo a decir que en más de una ocasión hemos podido ver nuestro Yo, aún más, nuestra propia alma en el reflejo, y los resultados seguro que fueron de lo más variados, ¿Cuántas veces habremos salido alegres o tristes, satisfechos o frustrados, serenos o preocupados? La ocurrencia de esas impresiones depende de nosotros mismos y de nuestras acciones.

“Filósofo frente al espejo” de José de Ribera. Otro cuadro que representa el eterno deseo del conocimiento de uno mismo. En esta ocasión el conocimiento llega de forma correcta, y el pensador logra saber quién es.

Yo y el espacio-tiempo

Popper nos comenta que el filósofo Inmanuel Kant afirmaba la existencia del “Yo puro”, libre de la “contaminación” de la experiencia, y que el también filósofo, David Hume sostenía que el Yo no existe, que solo existían experiencias que en conjunto podían ser algo parecido a un Yo. Popper no estaba satisfecho con estas posturas y por su cuenta, dijo que el Yo es la combinación de lo innato con lo aprendido (2013, p. 298).

La historia de la humanidad y nuestra historia personal, está dentro del tiempo. El lenguaje es un facilitador a la hora de aprender y transmitir las ideas y creencias que le van dando forma a nuestro Yo. Pero el Yo, en el tiempo, está presente antes del lenguaje e incluso antes de enterarnos que somos y tenemos un Yo.

¿Dónde estoy? Es la pregunta que suele surgir cuando alguien se recupera de un ataque o desmayo. Esta pregunta no se debe subestimar, tiene un valor muy importante para la existencia. No podemos andar con coherencia sin saber dónde estamos, es propio de nuestras identidad. Esta pregunta se debe responder teniendo en cuenta el lugar donde estamos parados, los tiempos que vivimos y una correcta interpretación de ambos.

Observar nuestro pasado es útil para conocernos o por lo menos para conocer quiénes fuimos. Apuntar al futuro motiva nuestros objetivos, nuestras esperanzas y ayuda a vivir nuestro presente. Hay que estar en constante relación con nuestro pasado y futuro.

A la hora de actuar

A todo esto, hay un inconveniente muy a tener en cuenta, muchas de nuestras conductas suceden sin que participe la conciencia.

Si hablamos de nuestras actividades rutinarias, las más simples y básicas, pues el asunto no es tan grave. Pero cuando no pensamos en los momentos en los que se debe pensar; en los momentos en que debemos estar plenamente conscientes de nosotros y de nuestros actos, es cuando las cosas pueden complicarse.

El ideal sería ser plenamente consciente, estar en permanente atención, en todo momento, para así conseguir el dominio casi total de sí mismo, pero está tarea es sumamente difícil de cumplir. Y ciertamente ha sido lograda por sólo un grupo selecto de personas: los Santos místicos del cristianismo, los monjes budistas del Tíbet o los grandes maestros de las artes marciales, entre otros, son ejemplos notables.

Aunque no podamos alcanzar el nivel tan alto de estos hombres excepcionales (que dicho sea de paso, dedican casi toda la vida a ello) no significa que nosotros no podamos conseguir un gran control y conciencia de nosotros mismos, junto con una buena capacidad de atención. El potencial está en todo ser humano, hay que desatarlo.

En sentido práctico y como fenómenos, la atención es muy similar a la conciencia (Popper, 2013, p. 302). Entonces, mientras más atentos estemos, más conscientes de las cosas y de nosotros mismos, seremos. El asunto es estar alerta y pensar, para abstraer la información de nuestro alrededor y tener con qué actuar.

“Acaso estemos inconscientes del tictac de un reloj, pero oímos cuando ese tictac se ha detenido” dice Popper. Él también nos invita a estar conscientes del tictac de nuestros pensamientos, de nuestros actos, y no sólo cuando se detienen (2013, p. 300).

Insight

El insight es un acto mental repentino, relacionado con lo aprendido y el razonamiento que ocurre cuando solucionamos un problema determinado (Giardini et al. 2017, p. 96).

Wolfgang Kohler (quien propuso el término insight, que significa “mirar dentro”) sostuvo que a la hora de aprender, no sólo actuamos con lo aprendido y captado por nuestros sentidos, sensaciones y emociones, sino también con las imágenes y reflexiones que hacemos en nuestra mente, al percibir, sentir, etc. Miramos dentro de nosotros mismos para actuar tanto dentro como fuera de nosotros mismos.

En un mundo, que está en constante cambio, que es impredecible y está lleno de disparidades, el insight reorganiza las situaciones para darles armonía y equilibrio. Todos tenemos la capacidad de desarrollar nuestro insight, pues nosotros podemos (y debemos) ver las situaciones que vivimos en su totalidad, analizar y tener en cuenta todos los factores que estén involucrados.

Tenemos la facultad de encontrar conexiones donde aparentemente no las hay y llenar esos espacios que a primera vista no se pueden llenar. Pero esto requiere un crecimiento paulatino, hay que cultivar nuestra inteligencia y razonamiento, hay que pedir ayuda a los demás, hay que crecer espiritualmente y ser sabios en nuestro proceder.

Los actos de insight que hagamos no siempre serán una gran demostración de genialidad o innovación, e incluso está presente la posibilidad de fallar y no concretarlos debido a pensamientos que, más que facilitar su afloramiento, los obstruyan. A pensar de ello, el ser capaz de resolver un problema de nuestra vida cotidiana tiene un valor que no se debe menospreciar. El objetivo es saber enfrentar las contingencias, para ayudarte a ti mismo y a los demás.

La próxima vez que resuelvas un imprevisto de manera que ni tú mismo te hayas podido explicar cómo ocurrió, es muy probable que haya sido tu insight.

Todo lo dicho, no resuelve misterio alguno, no descifra ningún código oculto al entendimiento humano. Pero son ideas que, desde sus respectivas disciplinas, ayudan a que el Yo, la individualidad y la conciencia plena, no sean vistas de forma vaga y que su misterio se vaya entendiendo cada vez, un poco más.

Referencias

Giardini, A., Baiardini, I., Cacciola, B., Maffoni, M., Ranzini, L., Sicuro, F. (2017). Comprende la Psicología. Wolfgang Kohler: La formulación del insight. Barcelona: Editorial Salvat, S. L.

Miller, D. (comp.) (2013). Popper: escritos selectos. México DF: Fondo de Cultura Económica.

EL SÍNDROME DEL IMPOSTOR: CUANDO TE SIENTES UN FRAUDE DESPUÉS DE GANAR UN PREMIO

Es lo habitual, que cuando una persona reciba un merecido reconocimiento a su buen desempeño, se le esboce una gran sonrisa triunfal. Sin embargo, en ocasiones es posible que una persona mientras recibe un premio, susciten en su interior infinidad de cuestionamientos y su fuero interno se acumule de inseguridades, hasta el punto de generar un gran sentimiento de culpabilidad.

¿Es posible sentirse un fraude por recibir un premio? Pues, la respuesta es sí. Así lo demuestran los testimonios de mujeres exitosas, que al momento de recibir un reconocimiento; existía en ellas una espinita, una piedrita en el zapato, una hojita en el ojo que les impedía disfrutar con plenitud su éxito.

“A veces no me la creo y siento que tengo engañado a todo el mundo”, es lo que dijo la columnista del Comercio, Andrea Montalvo (2015). Ella, enseña en la universidad, es periodista, escritora e influencer.

La actriz Emma Watson, llego a sentirse un fraude, ya que atribuyó su éxito a la fortuna. Sin embargo, desde que es embajadora de la buena voluntad de la ONU, le dio un sentido a su vida y sentido de pertenencia (La Voz, 2015).

Jodie Foster, después de ganar un Oscar en 1999 sintió que era «una casualidad», y que un día llegarían a su casa, golpearían su puerta y le dirían: «Ese premio era para Meryl Streep» (La Voz, 2015).

A esta falsa creencia de considerarse un fraude, a pesar de contar con innumerables éxitos y de merecer un premio, se le conoce como Síndrome del Impostor. Por lo tanto, este artículo tiene como finalidad compartir información sobre el Síndrome del Impostor, con la esperanza de que sea un medio para ayudar a las personas que constantemente cuestionan sus logros y se preguntan: “¿Realmente merecía ese reconocimiento?”

CONOCIENDO EL SÍNDROME DEL IMPOSTOR

El Síndrome del Impostor, se trata de un constructo social y cultural, dicho término fue acuñado por las psicólogas Pauline Clance y Suzanne Imes en 1978.

De acuerdo con estadísticas el Síndrome del Impostor, es padecido por 7 de cada 10 personas. Hace unos años, se creía que sólo se presentaban en las mujeres (Maestro, 2015). Sin embargo, en la actualidad se sabe que hay hombres que también lo padecen, en especial los que ocupan puestos de alto mando.

Blanco (2015), nos menciona que Aida Baida Gil, autora del libro “Como superar el Síndrome del Impostor” en una entrevista con la BBC, señala que en general las personas con Síndrome del Impostor se sienten un fraude, unos “impostores”, ya que tienen la creencia de que sus logros se deben a factores externos. Por ello ante una felicitación por un logro obtenido, no dan crédito a lo que dicen los demás.

Características

Fernández y Bérmúdez (2000) indicaron que la principal característica del Síndrome del Impostor es que la persona se siente un fraude a pesar de una larga historias de éxitos. También, las personas con Síndrome del Impostor, sienten que los demás sobreestiman su trabajo, porque consideran que sus logros son productos del azar.

El Síndrome del impostor, está asociado a “la ansiedad generalizada, depresión, falta de autoconfianza, baja autoestima y frustración relacionada con la imposibilidad de cumplir con los altos estándares autoimpuestos” (Fernández y Bermúdez, 2000).

Otra de las características del Síndrome del Impostor es que tiene implicancias negativas en el desempeño laboral. Ya que, constantemente valoran su trabajo por debajo de lo real y no se atreven a pedir un ascenso. Llegan a la procrastinación con el fin de trabajar a último rato y en exceso, para justificar sus logros.

¿En qué momento se origina?

En la investigación realizada por Zambrano (2020), determinó que los niños con baja autoestima, que fueron comparados con sus congéneres, que han recibido severas críticas y cuyos logros fueron menospreciados. Es probable, que en su adultez presenten complejos e inseguridades o peor aún: El síndrome del Impostor.

Es decir, una dinámica familiar orientada al perfeccionismo, donde el error no tiene lugar, trae consecuencias negativas en la vida adulta, no sólo de baja autoestima sino también de no sentirse orgulloso de lo que ha logrado, de sentir que es un “impostor”, que engaña a los demás.

Por otro lado, es importante agregar que, si bien el origen del Síndrome del Impostor se da en la infancia, recién se manifiesta en la vida adulta. Porque, se necesita de haber acumulado éxitos académicos y profesionales para reforzar la creencia de que son “impostores”.

El ciclo del Síndrome del Impostor

Según Zambrano (2020), el sentirse como un “impostor”, hace que las personas quieran demostrar a los demás lo contrario, colocándose en situaciones difíciles que no pueden manejar. Por ejemplo, presionarse para acabar un trabajo.

Es decir, ellos mismo se sabotean al presionarse tanto que no llegan a cumplir a cabalidad las funciones asignadas, y como resultado obtienen resultados poco eficaces, porque su trabajo estaría afectado por el estrés y ansiedad.

Por ello, es que varios autores consideran que existe un Ciclo del Síndrome del Impostor, que según Zambrano (2020), comienza cuando a la persona se le asigna una tarea ante la cual se autoexige y presiona para cumplir con la fecha de entrega. Y los resultados de dicha tarea son óptimos, lo cual genera que los demás le brinden un reconocimiento (felicitaciones, aplausos, diplomas, etc.). Ante lo cual, la persona con Síndrome del Impostor, piensa que su resultado no es por su esfuerzo, al contrario, se debe al trabajo excesivo. Como consecuencia la persona siente que “ha estafado a los demás” y aumenta la culpabilidad.

Boigaizian (2018)

¿CÓMO SABER SI TENGO EL SÍNDROME DEL IMPOSTOR?

De acuerdo con Boigaizian (2018), la escala más usada para medir el Síndrome del Impostor es la de Clance. La escala Clance fue creada en 1985 y es un cuestionario con 20 preguntas.

Si bien, el test nos va a dar a conocer si padecemos o no del Síndrome del Impostor, el paso siguiente sería reconocer a que grupo clasificatorio pertenecemos.

Y es que, Zambrano (2020), considera que el Síndrome del Impostor se manifiesta de tres formas:

1. Sentirse un estafador: Hace referencia a la sensación constante de sentirse un “fraude” y al miedo de que los demás descubran su aparente engaño.

2. Atribuir el éxito a la suerte: Creen que su éxito es producto del azar

3. Minimizar los logros: Por lo general, no consideran un logro como grande. Todo triunfo es minimizado, por ejemplo, dicen: “No era para tanto” “Tenía el camino fácil y por eso lo logré”.

RECOMENDACIONES PARA SUPERAR EL SÍNDROME DEL IMPOSTOR

Consejos para Prevenir el Síndrome del Impostor

En primer lugar, debo rescatar que para evitar que un adulto padezca del Síndrome del Impostor, es importante recordar que es un Síndrome cuyo origen está en la infancia, específicamente en la autoestima.

Por lo tanto, para Zambrano (2020) la solución radica en brindar al niño las herramientas necesarias para fortalecer su autoestima. Por ejemplo, por medio de la educación emocional.

Otra de las claves es evitar comparar al menor con sus congéneres, ya que esta situación le genera sentimientos de inferioridad.

Consejos para Superar el Síndrome del Impostor

Ahora bien, si uno es adulto y con la lectura de este artículo, logró identificarse con las características del Síndrome del Impostor, y si desea confirmar sus sospechas, les voy a proporcionar un link, que le llevará a la famosa Escala Clance.

LINK PARA REALIZAR EL TEST DE CLANCE http://impostortest.nickol.as/

Si después de realizar el test, se confirma que padece del Síndrome del Impostor, el primer paso es creer que cada meta cumplida se debe a sí mismo, es decir a sus talentos, habilidades, aptitudes.

Para ello es necesario un Autoconocimiento real, con el fin de tener una visión clara de nosotros mismos.

Por último, se recomienda aumentar la tolerancia a las felicitaciones. Así la próxima vez cuando te dan un cumplido no lo justifiques diciendo “fue suerte” “trabaje mucho”. Simplemente di “Gracias”.

Yo creo lo que pienso

REFERENCIAS

Blanco, L. (26 de noviembre del 2015). ¿Qué es el “Síndrome del Impostor” y porqué lo sufre tanta gente?. BBC Mundo. Recuperado de:

https://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/11/151125_salud_psicologia_sindrome_impostor_lb

Bogiaizian, D. (2018). Síndrome del impostor y Ansiedad. XVI Seminario Intensivo de Actualización en Trastornos de Ansiedad. Congreso llevado a cabo en la ciudad de Buenos Aires. Recuperado de:

https://repositorio.uade.edu.ar/xmlui/bitstream/handle/123456789/10518/P18S05%20-%20Ponencia%20(resumen).pdf?sequence=1

Emma Watson, otra víctima del «síndrome del impostor» ¿De qué se trata? (3 de agosto del 2015). La Voz. Recuperado de: https://vos.lavoz.com.ar/cine/emma-watsom-otra-victima-del-sindrome-del-impostor-de-que-se-trata

Jiménez E., y Bermúdez, J. (2000). El Pesimismo Defensivo y el Síndrome del Impostor: análisis de sus componentes afectivos y cognitivos. Revista de Psicopatología y Psicología Clínica. 5 (2), 115-130. Recuperado de:

http://revistas.uned.es/index.php/RPPC/article/view/3892

Maestro, L. (26 de diciembre del 2015). El Síndrome de la Impostora: Cuando tú eres tu peor enemiga. Revista Glamour. Recuperado de:

https://www.glamour -tu-peor-enemiga/22768

Montalvo, A. (31 de enero del 2020). ¿Qué es el “síndrome del impostor” y por qué muchos lo padecen? Somos. Recuperado de:

https://elcomercio.pe/somos/historias/que-es-el-sindrome-del-impostor-noticia/

Zambrano, L. (2020). Baja Autoestima en la Infancia y la Influencia del Síndrome del Impostor de una persona de la ciudadela Primero de diciembre de Babahoyo (tesis de pregrado). Universidad Técnica de Babahoyo, Los Ríos, Ecuador. Recuperado de:

http://dspace.utb.edu.ec/bitstream/handle/49000/9033/E-UTB-FCJSE-PSCLIN-000413.pdf?sequence=1&isAllowed=y