Para proteger, hay que respetar

Aún es 2022 y la infancia sigue siendo vulnerada, ¿cómo hacemos para entender que debemos respetar a los niños? Que es mejor si entendemos sus procesos, sus formas, sus desafíos, sus falencias y que solo así los vamos a proteger de verdad. Hace poco, el mundo de la psicología infantil, de apego y de crianza respetuosa en español, se estremeció, de la mano de Álvaro Pallamares, ¿Quién es? Se trata de uno de los más prestigiosos psicólogos infantiles chilenos, cofundador de la Fundación América por la infancia (FAI), la cual impartía cursos y especializaciones a padres y profesionales en defensa de la infancia.

Toda esta introducción es necesaria para entender el contexto del por qué la comunidad psicológica infantil se alarmó, pues Gachy Guerrero una reconocida psicóloga mexicana que difunde pautas de crianza infantil saludable por redes sociales, que había sido recientemente reclutada por la FAI denunció en sus redes sociales a Pallamares, por una cuestionable conducta sexual que había vivido con él cuando trabajaban juntos. Durante el live en el que realiza la denuncia, también la acompaña otra colega amiga, la que curiosamente había pasado por un hecho parecido hace muchos años con el cuestionado Pallamares, ella se muestra nerviosa, llorosa y demasiado vulnerable. 

Con el pasar de los días, otros testimonios salieron a relucir un evidente patrón de conducta sexual, muy sutil, en la que Pallamares les proponía jugar al acroyoga o “yoga de parejas”, actividad que suponía contacto corporal muy sospechoso y que invadía el espacio personal con sus compañeras de trabajo. Gachy y su colega refieren haberse sentido muy incómodas, pero al mismo tiempo, no entender qué es lo que estaba pasando, se trataba de su maestro pidiéndoles de manera “muy amigable y amorosa” (pero, escalofriante en realidad) que se unieran a él en una práctica corporal íntima que, como su mismo nombre describe, es “de parejas” que implicaría un acercamiento incómodo. En dicha actividad intentaba levantarlas poniendo sus pies en la parte baja de la espalda, llegando al derrier, luego procedía a abrazarlas por la espalda, en este momento (según la experiencia de Guerrero) ella sintió el miembro de Pallamares, por lo que inmediatamente interrumpió la actividad y decidió irse a casa. Confundida y vulnerable decide olvidar el hecho para que un tiempo después, en terapia, el tema sea tratado, motivo por el cual, ella decide hacer la denuncia indicando incluso que primero fue comunicado a dicha asociación para que se tomen cartas en el asunto.

Ante la inacción y poco respaldo del director de la FAI, Guerrero decide renunciar junto a otras colegas mujeres, ya que no sienten que el tema se haya tratado con seriedad y justicia. Al difundirse la noticia, el 14 de marzo (según la página a Feminism consciente, link al terminar el artículo) se denunció a Pallamares, por seguir cuentas de mujeres hipersexualizadas entre ellas, menores de edad, lo que representaría un tercio del contenido que consumía en Instagram, por lo que él habría borrado cerca de 1122 cuentas. Es lamentable que muchas otras personas pasaron por la misma experiencia y hayan callado. Es entendible que, luego de haber identificado el mismo patrón de conducta, se dieran cuenta de que no estaba bien, que nadie tiene el derecho de hacerlas sentir así y que no eran las únicas. 

Pero hay otro punto muy alarmante a considerar… Ese sujeto utilizaba frases como: “vamos a jugar”, formas sutiles de manipulación que ejercía incluso contra adultas, y que utilizan los perpetradores y abusadores de niños para persuadirlos y poder dañarlos. Siendo este un psicólogo infantil, se trata de un hecho que alarma y desconcierta a la comunidad de esta rama. La desilusión, desesperanza y decepción que sintió la comunidad de la FAI fue devastadora, el hecho fue difundido y denunciado por muchas páginas desde Chile a México. La FAI anunció el despido de Pallamares, el cese de actividades y cursos en tiempo real, y lamentó no haber tomado las acciones necesarias en el tiempo oportuno.

Todo esto me puso a pensar ¿Quién protege la infancia? Esa es la pregunta y nos deja un mal sabor de boca y les cuento este hecho porque debe ser difundido y al mismo tiempo, nos deja una gran reflexión: Si hasta el experto en crianza infantil puede camuflar, cual camaleón, sus técnicas para lograr sus perversos objetivos, ¿por qué nos es difícil creerle a un niño cuando denuncia a un familiar suyo?, ¿cuán comprometidos como sociedad estamos realmente con la niñez? Sin ir muy lejos, escalofriantes y despiadados casos se han suscitado en nuestro país, en Trujillo y en Ica este mes, no tenemos que ir muy lejos para darnos cuenta que convivimos con escenarios de abuso infantil que, debido a nuestro contexto, se han “naturalizado” despiadadamente. Hablar de estos temas siempre va a ser incómodo, cansado y triste, pero esas actitudes no van a hacer que desaparezca esta realidad, los movimientos sociales y una sociedad alerta, ayudan a prevenir que casos como estos se sigan realizando impunemente.

Es responsabilidad de todos involucrarnos en estos temas, ya que todos tenemos hijos, hermanos, sobrinos, vecinos, o nietos que debemos defender, pareciera que el abuso no importa hasta que nos sucede a nosotros. Es casi imposible hablar de estos temas sin sentir enojo y tristeza, pero al mismo tiempo es una oportunidad para intervenir y colaborar en la prevención desde casa, en los centros de trabajo y círculos sociales. Esto está pasando, aquí, ahora, a cada instante, dejando secuelas irremediables en nuestra infancia, infancia que luego forma parte de adultos miembros de una sociedad que convive y busca encontrar soluciones con mucho dolor. 

¡Claro que es algo que afecta a todos y cada uno de nosotros! Podemos hacer algo, no sé si sirva de mucho lamentarnos al final, compartiendo imágenes y renegando en Internet, sin organización y olvidándolo todo al día siguiente.

Respetemos a nuestros niños protegiendo con cuidado y delicadeza las pocas herramientas que tienen al ser seres en formación y sin tener aún los recursos necesarios para defenderse. El daño que reciben los niños no solo es sexual o físico; se les maltrata y abusa cuando no tenemos interés en escucharlos, cuando les imponemos cosas autoritariamente, cuando no los apoyamos en lo que quieren hacer y les apasiona, cuando los comparamos, cuando les damos responsabilidades que no les corresponden a su edad, cuando no tenemos en cuenta los momentos en que no quiere ir o estar a solas con alguien, cuando invadimos sus espacios personales y no les preguntamos nunca lo que quieren, cuando no entendemos la ira que muestran así la hayamos causado nosotros, cuando creemos que solo por ser sus padres o adultos a cargo no necesitamos su consentimiento y un larga lista de muchas cosas más.

Si te cuesta reconocerlo, revisa tu propia infancia y recuerda qué cosas te hacían sentir desvalorado, insuficiente y no amado, para que las dejes de normalizar y repetir con todos los niños con los que tengas contacto. Es importante mencionar que estoy hablando de niños y niñas, pero también de adolescentes en formación, que luchan por encontrar y construir su identidad, ellos de igual manera merecen respeto, espacio y comprensión.

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Para entenderlo mejor ¿qué tal si ponemos un ejemplo? Imagínese que, cuando interactúa con un niño es como si estaríamos modelando arcilla, fabricando una obra de arte: cada movimiento importa, y digo importa, no que debe ser perfecto. Me refiero a que cada acción es ejecutada con intención y esta normalmente se dirige a hacer las cosas lo mejor posible, más si tenemos un niño a cargo, porque regresando al ejemplo de la arcilla, nos concentramos porque estamos modelando una figura, un material como este, es delicado, frágil y maleable, si entendemos esto con un material inerte ¿por qué se nos hace difícil comprender la vulnerabilidad de un niño?, ¿por qué con los niños no es igual?, ¿por qué se espera a que se formen solos y que sean fuertes e infalibles?, ¿por qué se les pega, humilla o no se comprende cuando se equivocan?

Si queremos protegerlos, primero debemos respetarlos, pero de verdad.

Fuentes: 

Enlace a la página Feminism consciente:

https://m.facebook.com/101878884538133/posts/808478703878144/?d=m

Enlace al live de la denuncia de Gachy Guerrero a Pallamares:

https://www.instagram.com/tv/Cb1SHhzAHCp/

Otros testimonios:

https://www.instagram.com/p/Cb20c_JA9U6/?utm_medium=copy_link&fbclid=IwAR3GXGNkqjUsJoaZEbEM18jkIt5BXR-CkpRhJeSIjISPzKned0CYnsQZ2to

Un mirar hacia el dolor y el duelo

Palabras Claves: Dolor, duelo, pérdida.

A lo largo de estos dos años podríamos decir que las personas han vivido una serie de pérdidas, algunas más significativas que otras. Pérdidas como la de seres queridos, pérdidas como la de personas no tan cercanas pero que traen un impacto similar por ser conocidos, sea por su edad o por la significancia de los hechos y de con quienes empatizamos.

También se han presentado pérdidas más abstractas. Pérdidas como las del trabajo, la ruptura de un noviazgo o el alejamiento de un amor. Pérdidas como el dejar nuestros planes de viaje, de proyectos e inversiones o simplemente estancamiento de sueños.

Todos estos eventos traducidos o no como pérdidas, unas más significativas que otras, le siguen una serie de experiencias al interior de la persona que pueden afectar su sentido de vida en cuanto a significado y propósito.

Para la tanatóloga Elisabeth Kübler – Ross (1969) nos dice que las reacciones a la pérdida son experiencias únicas en cada persona y que el duelo es tan propio como nuestra propia vida. El cómo las personas vivencien sus pérdidas y elaboren sus duelos pueden afectar su calidad de vida futura.

Kübler – Ross dividió al proceso de duelo en cinco etapas: Negación, Ira, Negociación, Depresión y Aceptación. Estas etapas pueden manifestarse en ese orden o no necesariamente. La recuperación dependerá en gran medida de cómo la persona lleve su proceso y lo incorpore como una negociación con la vida para alcanzar el equilibrio. Al ser una experiencia dolorosa y única, la hace más compleja y cada quien lo vivenciará de una forma peculiar.

Sin embargo, no estamos hechos para el dolor y si sumamos que estamos inundados de una corriente positivista en donde es el placer quien le da sentido a la existencia y el dolor no tiene cabida, hace a este proceso más intolerante.

Bregar con el dolor requiere de la persona, fortaleza y valentía que dará como fruto el crecimiento personal. Darle cabida al dolor y conectar con él, es parte del proceso y un reto de estoicismo para el ser humano post-pandemia. Por el contrario, evadirlo como un mecanismo de defensa sólo lo posterga y abre una ventana a la angustia, la ansiedad o peor aún a la depresión.

El hablar de lo que pasó, y cómo pasó es parte de bregar con el dolor. Darle un espacio y una temporalidad en nuestra vida cotidiana, nos conecta con el dolor y le da un lugar como una forma de aceptación. Cuando nos negamos a esto por miedo a sufrir, regresará más tarde cual búmeran con un dolor magnificado. Se corre el riesgo de un quebrantamiento emocional activado por una siguiente pérdida de igual o menor significancia.

Las pérdidas no resueltas pueden manifestarse de muchas formas. Apegos a animales (sean o no mascotas), objetos, recuerdos, etc. Pueden generar conductas compulsivas (acumuladores, atracones de comida, etc.), conductas de riesgo, conductas adictivas, promiscuidad, relaciones casuales y/o superficiales, hipersensibilidad a la pérdida, etc. Acudir a un especialista en psicoterapia sea individual y/o familiar es lo conveniente para ayudar a superar el proceso.

Referencias

Kübler-Ross, E. (1969). On death and dying. New York: The Macmillan Company.

El mejor disfraz del mundo

La depresión leve. Se esconde bajo facetas que hace que explicarla parezca un cuento de hadas para todos. Es como los hermanos pequeños a quienes la familia no les hace caso debido a sus niñerías. Sin embargo, quien las padece, lejos de simular ser un alma inocente y libre de angustias y sufrimiento, realmente demuestra un monstruo que sonríe y golpea con tal contundencia y arrogancia que sin que te des cuenta te lleva a las puertas de un abismo insondable y a veces sin recuperación real, como la muerte.

Por eso, es el mejor disfraz, tiene un camuflaje de persona activa, quien se bambolea a lo largo de la vida sin prisa y siendo eficaz. No obstante, a solas, con la casa vacía, llena de muebles y al son del viento de medianoche y un trabajo que rechazas se descubre en medio de la esquina como el coco que acecha al indefenso en la oscuridad una quimera terrible.

Según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM V), la caracteriza como:

Trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo… cuyo rasgo común es la presencia de un ánimo triste, vacío o irritable, acompañado de cambios somáticos y cognitivos que afectan significativamente a la capacidad funcional del individuo” (pág. 155)

Entonces, como se observa, hay una estancia que irrumpe cada sonrisa, sueño y vivencia entrañable, pasando de una explosión breve de alegría a una pesadumbre. Es como si la alegría y la felicidad no existieran, es más, no existe como estadía ni utopía, es que la felicidad no sabe a nada.

Describir un día de depresión leve es ir al trabajo pensando en querer dormir, en los momentos en que la hipersomnia está prevalente. O, por el contrario, el insomnio se manifiesta haciendo presente todos los escenarios macabros posibles. De este modo, la idea de trabajar se hace más por un deseo externo que una verdadera vocación o bocanada de motivación, la cual brilla por su existencia.

A esto le sumamos, que el desgano por el autocuidado es tal que lavarse los dientes, peinarse, depilarse o rasurarse parece una actividad de otro milenio. Asimismo, comer, es un vaivén que puede ir de extremos que rondan la inanición intermitente a momentos donde lo único que apaña el vacío de los pensamientos es comer.

¿Cómo es la vida familiar? Enmascarada, tal cual un carnaval veneciano, no existe la verdadera algarabía, y si la tristeza se sobrepasa y desborda, solo existen episodios de llanto, pero ninguna explicación plausible a lo que sucede.

¿Cómo verbalizar lo que no se sabe que se tiene?, ¿cómo explicar que pese a tener éxitos laborales todo carece de una brújula para llegar a una meta?, ¿cuál meta, qué objetivos?, ¿la pareja? ¡Por favor! Sí la ideación suicida ronda con más intensidad que la idea de una vida con alguien, ¿qué vida puede existir si lo que se añora inexplicablemente es acortarla?

De este modo, se puede ver en resumen cómo es la vida de la depresión leve, necesita ayuda, entendimiento, difusión y, sobre todo, comprender que también puede bordear límites peligrosos sí no se atiende prontamente. Vivir en tristeza no es normal, no tener motivación interna para ejecutar las actividades tampoco lo es, y mucho menos es natural tener que sonreír incomodos ante una vida llena de escenas grises, sin matices chispeantes que evocan al suspiro.

¿Qué haces cuando te duele el alma?

¿Qué haces cuándo el alma duele?, cuando su dolor es taciturno, tenue a la vista de otros, pero para ti, enunciarlo parece más bien gritos y alaridos desaforados en lugar de los pausados susurros que te dices y no terminan jamás de salir.

Qué haces cuándo el alma clama por justicia, pero no comprendes la diferencia entre dicho concepto y la venganza.

Qué haces cuándo tu alma pide como famélico que aclama al mendrugo un pedazo de escucha y solo recibe la carga incontenible de un sordo que de mudo no tiene nada.

Qué haces cuándo tu alma se apaga y nadie parece notarlo, cuando desaparecen las luces y solo hay oscuridad y un tren marchante que no cesa llamado responsabilidad.

Qué haces cuándo la ilusión de dormir y despertar con fuerzas más parece un martirio y un castigo más que una esperanza.

Qué haces cuándo tu alma reclama por una fantasía de estabilidad y te das cuenta con los ojos bien abiertos que no se puede, que simplemente no existe posibilidad, y la que hay es lejana, llena de astillas y púas.

Qué haces cuándo en la noche lúgubre te abraza la profunda tristeza y no tienes más que abrazarla y verla de frente, observando como ella gana en el tira y encoje de la soga.

Qué haces cuándo te apaciguas porque ya no sabes llorar, porque te cansaste de intentar salir a flote y tus brazos ya se cansan de ver inamovibles la actitud de otros.

Qué haces cuándo te exprimen a tal nivel que aun cuando pides que cese intentas un cambio y ya todo da igual, y más bien pides más carga para regodearte en la pocilga y así decir que tienes razón, que nadie escucha. Algo de ilusión pasajera debe servir para algo, pero no es así.

Qué haces cuándo tu alma solo escucha un eco de sí misma y se ve obstinada en el otro que, aún con los ojos bien abiertos es incapaz de notar el dolor que causa su indiferencia, su incapacidad de notar el pedido de cobijo, porque de ayuda, no se habla.

Cómo le dices a tu alma que pida socorro si el único paramédico está incapacitado, está tonto, y simplemente no está.

Cómo callas a tu alma si cuando rememora sus buenos momentos solo encuentra un ápice de alegría y un listado enorme de quienes se hizo ave de presa, y la utilizaron.

Cómo descansar si los demonios persiguen a la pequeña y enjuta que corre a través de un bosque pavimentado de espinas y solo encuentra matorrales en medio de cientos de personas que, como espectadores zombies contemplan el final.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

American Psychiatric Association – APA. (2014). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales DSM-5 (5a. ed. –.). Madrid: Editorial Médica Panamericana.

¡Qué bien estás desde que te quieres tanto!

Eran las tres de la mañana, mi celular empezó a vibrar. A oscuras lo busqué en la mesa de noche, vi una luz fuerte reflejando un número desconocido medio dormida, contesté.

–¿Hola?

–Hola Meli –dijo–. Escucha (dejó sentir toda la bulla de la discoteca, así como su lengua adormecida), quiero verte –agregó–.

–No gracias, ya tengo amor propio –Respiré profundo y colgué–.

Es raro, si hubiera sido esa llamada hace años atrás, ya me hubiera levantado y alistado a esperarlo. Pero esa noche sentí tanta felicidad y seguridad en mi interior, que dormí tranquila. Al despertar no podía creer lo que había respondido, que después de tanto tiempo complaciendo a los demás por buscar afecto, al fin pude decir que no. Y es que cuando tienes amor propio se nota, es más fácil poner límites, disfrutas tú tiempo a solas, reconoces y validas tus emociones. Te aceptas con tus luces, incluso sombras, y dejas de buscar culpables haciéndote cargo de tu vida.

Cuando estoy en consulta me perciben como una persona segura, estable emocionalmente, “alto autoestima”; que tengo amor propio. Pero la verdad es que para encontrarlo tuve que pasar situaciones tormentosas, relaciones dañinas, ideas destructivas y aceptar que vivía en negación. Negación de mi historia, de las heridas de la infancia, de conflictos no resueltos en la familia que se iban arrastrando de generación en generación. El no quererte también se nota, cuando te involucras con alguien por carencia en vez de por amor, cuando aceptas todo y te cuesta decir no, al querer complacer a los demás por busca de aprobación y cuando sabes que estás involucrada en algo no sano pero eres incapaz de soltar.

Todos tenemos una imagen mental de lo que somos, el aspecto que tenemos y qué tan buenos somos haciendo ciertas cosas. Buena parte de esa autopercepción es la que contribuye a formar nuestra autoestima y amor propio. Este debe ser nuestro primer gran amor. A veces cuesta mucho encontrarlo, es cierto, pero cuando llega es pleno, pues está lejos del ego y del egoísmo y cerca de la aceptación e imperfección. Como todo lo que nos importa es necesario cuidarlo, alimentarlo y engreírlo porque también puede irse, y cuando desaparece no solo perdemos nosotros sino también todos los que están a nuestro alrededor.

Para mí no fue fácil hallarlo. De hecho, no fue hace mucho que aprendí a amarme tal cual soy. Con todos mis defectos que son los que me hacen única y mis virtudes que, aunque no son tantas, he tratado de potenciarlas al máximo para sentirme orgullosa de mí, todos los días. Antes de ello me culpaba mucho y era muy crítica. Sin embargo, hallé el amor propio cuando aprendí a estar bien y cómoda conmigo misma, cuando comprendí que no necesitaba de nadie para sentirme en paz y estar en paz. Cuando comencé a sonreír mientras me miraba al espejo. Cuando logré aceptar que el tiempo pasa y que con él inevitablemente llegan las imperfecciones, pero que sabiendo verlas bien se pintan de experiencias que nos hacen madurar.

¿Cómo encontrar el amor propio? No lo sé, no tengo la receta exacta ni las coordenadas de donde se encuentra para llegar fácilmente a él. Lo que sí sé es que se necesita de mucho valor y de gran honestidad para hallarlo. De un baño de verdad que, aunque al comienzo pueda parecer que va a tumbarnos, a la larga no hace más que fortalecernos. Es que si de por sí no es fácil digerir cuando alguien nos señala o hace ver nuestros errores y defectos, es mucho más difícil todavía el aceptarlos. ¡Y aún más complejo reconocerse a sí mismo como un ser imperfecto! Pero es absolutamente liberador. Quiero mencionar que, trabajar en él es cómo construir un edificio, tenemos que hacerlo desde los cimientos e ir poniendo ladrillo tras ladrillo para que vaya tomando forma, debemos empezar por el autoconocimiento.

Conocimiento de sí mismo como también podemos llamarlo, es preguntarnos quién soy, qué características tengo, cuáles son mis cualidades, así como mis áreas por desarrollar, eso incluye lo físico, así como lo mental, implica tu historia, todo esto hay que observarlo, sin juicios ni culpas. Ahora viene el proceso de la “auto aceptación”, tal cual dice su nombre es poder aceptarnos, reconocer nuestras heridas, las cosas que me pasan así como las que me han pasado y me han ido construyendo. El objetivo es entender quién soy y aceptarlo de una manera compasiva y amorosa; para esto debemos ser honestos con nosotros mismos, ver si tengo que perdonar o si tengo que pedir perdón. Al combinar estos dos pasos doy apertura a trabajar en lo que quiero conservar, en lo quiero mejorar, preguntándome qué necesito, cómo lo voy hacer; asimismo, debo aceptar que hay cosas que no van a poder cambiar y está bien, de eso se trata aceptarnos.

En este punto puedo hablar sobre mi autoestima, si es alta, si me siento contenta con lo que veo en el espejo. O por lo contrario, la percibo baja; y si es así no pasa nada, es más, nos abre camino a trabajar en eso. Una vez que esa respuesta es positiva y estamos trabajando en la construcción de nosotros mismos, pasamos a los dos pisos importantes del “amor propio”, el autocuidado y la autoprotección. Empecemos por el autocuidado, que tiene que ver con cuánto sabemos escuchar a nuestro cuerpo, cómo cuido mis emociones, observar mis hábitos, analizar con qué alimento mi mente, en términos de información, redes sociales o de las personas con que te vinculas; evaluar cuánto influyen en mi estabilidad emocional o toma de decisiones. Este primer piso se trabaja cuidándote, estableciendo espacios saludables para ti y  tomando distancia con lo que nos hace mal. Ahora vamos a pasar al segundo piso, que es la “autoprotección”, la cual es entender que nadie me va a querer, cuidar y proteger cómo lo hago yo. Este piso es más complicado porque nos enseñaron que las fuentes de protección vienen de afuera, que el amor de la vida es algo externo, que debemos ser rescatados  por “la persona ideal” del cual había que depender u ofrecer todo hacia afuera.

Cuando empecé a comprender que soy yo quien me debo cuidar, que no necesito de los demás para sentirme protegida, que soy capaz de tomar mis propias decisiones sin depender de los demás, que soy humana susceptible y me equivoco, pero un error o característica no me define, fue recién que pude establecer relaciones sanas no desde la necesidad ni la carencia, más bien, de mis ganas de compartir. En ese entonces descubrí lo que es trabajar en tu amor propio. Y no es un acto de egoísmo, es muy distinto, porque en la medida que yo estoy satisfecha conmigo misma con todas las inestabilidades que pueda llegar a tener, puedo dar lo mejor de mí para los otros. Cuando te nace el amor propio eres capaz de dar cariño desinteresadamente y la gente a tu alrededor fluye, se motiva y te conviertes en un generador de buena energía para los demás. Tienes la capacidad de decir “me equivoqué” y “perdón” de manera frecuente y no te hace sentir mal reconocerlo. Esta fidelidad a ti mismo te hace inmune a los que quieren verte caer y te da la capacidad de sonreírles, demostrarles de qué estás hecho y superar las piedras del camino.

Si hay algo con lo que me quedo de haber encontrado la auto afirmación en mi vida, es aquella capacidad de empezar a mirar el mundo y a la gente que habita en él de manera diferente. De adentro hacia afuera y no al revés. Ahora me quedo con lo mejor de los seres humanos y desecho lo que no quiero a mi alrededor. Cada día que pasa juzgo menos, doy paso al aprendizaje y estoy trabajando en ser más tolerante, agradecida y feliz. Recuerda que es válido  pensar en ti primero, buscar ayuda, decir no de vez en cuando, empezar de nuevo, descansar de todo y todos así como  está bien,  no estar bien.

Y tú, ¿te animas a trabajar en tu amor propio?.

Aquí, abajo

Porque cuando uno inicia, se aventura y sueña…

A veces me sucede (tal vez más frecuentemente) sentir que no me merezco el lugar en el que estoy o cuando intentó algo difícil y me preocupa que los demás descubran que no soy «tan»  buena como parezco…

Internalizar «lo de creérselo» es ser capaces de asumir que nuestros logros son producto de nuestra propia capacidad y esfuerzo. A pesar de ello,  los constantes fantasmas nos impiden seguir avanzando cuando tenemos éxito, reconocimiento o simplemente no somos capaces de asumir que son producto de nuestro propia capacidad y se desploma la oportunidad en disfrútalo, (hablo en plural porque creo que esto nos pasa a todos en un momento) espero no ser la única sino esto sería un monólogo o confesión mía, cosa que dudo…

Resulta más común de lo que creemos el problema del síndrome del impostor. Te impide disfrutar las cosas buenas que consigues, además te genera mucha inseguridad, es un verdadero drama poner todo el trabajo necesario, conseguir los resultados y después ser incapaz de celebrarlo porque no acabas de creerte que sea mérito tuyo.  

Sin embargo, aunque no todo sea miel sobre hojuelas quiero darte 5 claves prácticas para superarlo. Recuerda esta frase: «Lo que te limita no es lo que eres, sino lo que crees que no eres». 

Antes que nada…

El síndrome del impostor que también se conoce como síndrome del fraude, es un fenómeno psicológico que sufren algunas personas de éxito. Básicamente consiste en pensar que sus logros no son producto de su inteligencia, de su capacidad, de su esfuerzo sino que son producto de la suerte de las circunstancias o solo «una verdad» o «una buena imagen». 

Pero hay que decir que…

En realidad no es un trastorno mental que está reconocido oficialmente, ni está incluido en ninguna de las versiones del DSM (Manual Diagnóstico de Enfermedades Mentales) pero sí es un fenómeno psicológico bien conocido.

El síndrome del impostor 

El término fue acuñado por las psicólogas clínicas Pauline Clance y Suzanne Imes en 1978.Cuando alguien que tiene síndrome del impostor recibe un ascenso. La persona no lo explica por su preparación, ni por sus méritos, sino piensa que es porque ha transmitido una buena imagen a sus superiores o porque estaba allí en el momento justo o porque ha tenido la suerte de que las cosas hayan salido…

Pero… ¡Detente! 

Es bien sabido que el impostor puede hacerte daño y puede limitar tu desarrollo, porque todos tus éxitos lo sacas a factores externos a ti. Simplemente estás quitando el poder de disfrutarlo pero también el poder de mejorar, evolucionar y de conseguir más cosas. Sientes que no eres capaz y peor aún, que no encajas, que no te mereces lo que tienes y por eso muchas veces no te atreves a mostrarte cómo eres de verdad. por miedo a no gustar o a que te «desenmascaren».

Pero… ¿Por qué algunas personas con éxito se sienten así y otras no? 

Como otros trastornos psicológicos las causas del síndrome del impostor suelen estar en las experiencias de vida de cada persona. 

Para explicarlo mejor vamos a ver algunas posibles causas por las que se produce…

Una primera causa es la dinámica familiar

la opinión de la familia no cambia y aún así esta persona va creciendo con la idea de que es el inteligente, mientras que a otro miembro se le describe como «el simpático»,  «el gracioso» pero no el que destaca por su capacidad y esa sensación de estar siempre por debajo de otro nivel intelectual pueda ser que desarrolle una visión de la vida en la que por más que se esfuerce nunca va a ser suficiente.

Lo mismo ocurre por ejemplo cuando hay una gran presión por parte de los padres ya que ellos han tenido mucho éxito y ponen precio y presión sobre el hijo y sus logros u expectativas. Es posible que siempre se sienta obligado y que nunca esté satisfecho con lo que hace y también ocurre al revés. A veces aquellas personas a las que en la infancia se les dijo que eran «los mejores», «los más listos»  cuando se enfrentan a la vida real y a sus obstáculos se sienten muy presionados y se dan cuenta de que las cosas no son tan fáciles para ellos como les habían dicho y aparecen miedos, a convertirse en «impostores» el miedo a defraudar.  Estas personas se esfuerzan el triple para compensarlo y suelen terminar agotadas y desgastadas.

Otra causa que puede provocar el síndrome del impostor es la idea personal que cada uno de nosotros tenemos sobre el éxito…

Sobre el fracaso o sobre nuestra propia competencia porque cuando eres demasiado exigente contigo mismo y solo te conformas con la perfección, será un tanto (bastante) difícil que la alcances porque la perfección no existe, entonces vas a castigarte cuando cometas errores y cuando tengas éxito no vas a valorarlos de forma justa (cosa que me pasa con frecuencia).

Es muy importante que redimensiones el éxito que no tenías. No te compares constantemente con los demás sino contigo mismo, con tus posibilidades, tú eres tú única medida válida de progreso y los errores también son parte de la vida y nos ayudan a aprender.

Otra posible causa de síndrome del impostor es el pesimismo defensivo para no defraudarnos

Si las cosas no salen bien la persona tiene miedo a fracasar y por eso intenta mantener «bajitas» sus expectativas sobre lo que va a conseguir. Cuando conseguir un éxito importante es algo que «nos espera» y no sabes cómo asumirlo, entonces vas a creer que tus habilidades no justifican (necesariamente), que solo has tenido suerte y has logrado engañar a los demás haciéndoles creer que eres mejor de lo que eres en realidad…

Si padeces síndrome del impostor puede hacerte la vida muy difícil. Puede tumbarte en tu desarrollo profesional, por el miedo de no estar a la altura. Vas a tener más estrés porque te vas a exceder con el esfuerzo para intentar evitar errores a toda costa, y claro, cuando lleguen los logros no vas a saber disfrutarlos…

Pero hay algunas claves que pueden ayudarte a superar el síndrome del impostor sin piezas a ponerlas en práctica desde hoy mismo vas a ver como poco a poco vas transformando tu visión sobre ti mismo.

~La primera clave, para superar el síndrome del impostor es reconocer que existe y que lo sientes.

¡Fíjate! presta atención a tus emociones, cuando los demás reconocen tus logros, cuando consigues algo que deseabas mucho. Las ideas que vienen a tu mente, ¿sientes qué te lo mereces?¿Es justo por qué te has esforzado o crees que solo te ha pasado por buena suerte? Si es así, estaría bien que lo escribas así vas a tener más claridad sobre cuáles son tus pensamientos negativos y vas a poder empezar a cambiarlos.

~ En segundo lugar, para superar el síndrome del impostor deja de compararte con los demás y de pensar en lo que van a pensar de ti. Enfócate en el valor que tú mismo estás aportando. Una técnica que (me) funciona es desafiar las (mis) propias afirmaciones. Si has conseguido algo valioso para ti y enseguida piensas que fue buena suerte  o en realidad no es mérito tuyo, desafía tus pensamientos y pregúntate, ¿Qué he hecho yo para conseguir esto? Cuando lo hagas, vas a darte cuenta de que normalmente son tus acciones las que han traído ese buen resultado. Céntrate en poner valor en el mundo desde tu autenticidad, desde tu pasión, porque eso es precisamente lo que te convierte en único.

Cuando lo que haces está alineado con tu identidad y con tus valores ya no puede ser un impostor…

Porque estás siendo tú mismo y nadie más que tú puedes serlo.

~ La tercera clave para superar el síndrome del impostor es dejar atrás el perfeccionismo. Está muy bien que tengas el deseo de hacer las cosas lo mejor posible, pero no te obsesiones con la perfección. Quítate la idea de que si no sabes algo o si cometes algún error, los demás van a pensar que eres un «fraude». Entiende que no somos perfectos y que todos nos equivocamos porque somos humanos. 

Eso no le quita ningún mérito a las cosas que consigues, al contrario, se lo añade… 

 ~ La cuarta clave para superarse, es no evitar las dificultades y atreverte asumir riesgos y nuevas oportunidades. Porque cuando sufres el síndrome del impostor puedes caer fácilmente en el autosaboteo. Rechazar desafíos, oportunidades, ascensos, solamente porque dudas de tus propias capacidades, porque sientes que no vas a hacerlo bien o crees que no te lo mereces (pero claro si no te involucras al 100%). 

Finalmente ¡La cereza del pastel!

La (auto)compasión 

Aprende a ser amable contigo mismo. Mira, todos tenemos un diálogo interno constante y lo que nos decimos condiciona nuestra manera de ver la vida.

La compasión contigo mismo es esencial, porque no tratamos a casi nadie tan mal como nos tratamos a nosotros mismos.

~ Reconoce que eres humano, acepta tus debilidades y lo que tienes. Compréndete a ti mismo, como el ser humano único, imperfecto y valiosísimo que eres.

Si sigues probando o intentando las cosas sin terminar de tirarte a la piscina porque la agua está muy fría, entonces (déjame decirte) siempre vas a tener síndrome del impostor

Por eso abraza las dificultades, asume riesgos controlados y aprovecha con curiosidad y sin miedo las oportunidades que se presentan, porque cuando sales de tu zona de confort, allí no hay donde esconderse, eres tú mismo ante tu propia vida y ante tu propio aprendizaje.

Trauma: Aparentando normalidad

¿Cuál era mi otro yo? Aunque habíamos dividido una personalidad entre nosotras, yo tenía la mayoría de las acciones. Yo era la que iba a la escuela, hacía amigos y ganaba experiencia, desarrollando con ello mi parte de la personalidad, mientras que moral y emocionalmente ella seguía siendo una niña que funcionaba por instinto más que con la ayuda de la inteligencia.

Sylvia Fraser (1987)

¿De qué hablamos cuando hablamos de trauma? 

El trauma es una experiencia individual y única, que surge como consecuencia ante un evento estresante, en el que desafortunadamente una persona ha experimentado un intenso miedo o la sensación de que estaba en peligro inminente, que desintegra lo que sucede en el presente, no existe una narrativa clara ya que nos desborda, este se da a nivel psicológico y físico como “complejos efectos somáticos, cognitivos, afectivos y conductuales (e.g., Van der Kolk, McFarlane & Van der Hart, 1996; Van der Kolk, Pelcovitz et al. 1996; Van der Kolk, Roth, Pelcovitz, Sunday & Spinazzola, 2005) citado en Van der Hart (2008), con el potencial de afectar a cualquier persona, sea un bebé, niño, adolescente, joven, adulto o adulto mayor y que sobrepasa la capacidad emocional y mental de asimilar dicho evento en el momento presente en que esto le ocurre, entonces, debemos comprender que la persona con trauma no ha integrado la experiencia traumática dentro de los recuerdos que conforman su identidad. “Fue horrible, no puedo creer que sobreviví a eso, tampoco puedo recordarlo bien”.

Muchas veces, depende de la intensidad y constancia en el tiempo, para que el trauma sea catalogado como simple o complejo, sin embargo, en ambos casos al ser recuerdos tan dolorosos, se disocian mediante un bloqueo amnésico, lo que ofrece la oportunidad de vivir el presente sin la necesidad recordar constantemente el o los traumas, ya que revivir los recuerdos de manera cotidiana alteraría la funcionalidad de la persona.

La base para entender el trauma: 

Para entender el objetivo y propósito del siguiente artículo, me es muy importante que se conozca sobre la Teoría de disociación estructural, la cual explica cómo afecta el trauma a la integración de la identidad y como una identidad con trauma responde al entorno para intentar aparentar normalidad y funcionar en sociedad.

Trauma: los esfuerzos de una identidad que alterna.

“… la vida puede ser una lucha constante para los pacientes crónicamente traumatizados” (Van der Hart, 2008). Si hablamos por ejemplo de un trastorno por estrés post traumático debemos entender que la persona para resistir y seguir adelante (con el trauma no procesado), debe organizarse y separar el recuerdo doloroso para retomar su vida lo más parecida posible, a como era antes, esto quiere decir que la parte aparentemente normal (PAN) asume las funciones diarias, mientras que la parte emocional (PE) disocia la información del trauma (que aún sigue latente) y reprime el dolor. Así, la PE se activa solo cuando algún detonante interno o externo le trae a la memoria lo antes sucedido, por lo que la persona presenta los siguientes síntomas:

  1. Recuerdos angustiosos recurrentes, involuntarios e intrusivos del suceso(s) traumático(s).
  2. Sueños angustiosos recurrentes en los que el contenido y/o el afecto del sueño está relacionado con el suceso(s) traumático(s).
  3. Reacciones disociativas (p. ej., escenas retrospectivas) en las que el sujeto siente o actúa como si se repitiera el suceso(s) traumático(s). (Estas reacciones se pueden producir de forma continua, y la expresión más extrema es una pérdida completa de conciencia del entorno presente.)
  4. Malestar psicológico intenso o prolongado al exponerse a factores internos o externos que simbolizan o se parecen a un aspecto del suceso(s) traumático(s).
  5. Reacciones fisiológicas intensas a factores internos o externos que simbolizan o se parecen a un aspecto del suceso(s) traumático(s).

(DSM – V, 2014)

Double Exposure

El trauma y el cuerpo:

Durante el trauma la capacidad de pensar y planificar se inhibe ya que estamos viviendo una situación que amenaza a nuestra supervivencia, el sistema nervioso entonces se activa y se prepara para ejecutar conductas defensivas, lo que la persona percibe, no sólo ocurre mediante un análisis cognitivo. Sino también mediante una serie de experiencias sensoriales y sensaciones (olores, formas, memoria táctil, sonidos, etc.) por eso, pasado el evento, el cuerpo reaccionará automáticamente, cada vez que alguno de estos recuerdos se active, por las sensaciones que se experimentaron durante el trauma, como si quedarán guardadas como estrategia preventiva, por si el evento le vuelve a suceder, todo esto de manera intrusiva y sin que la persona pueda controlar a voluntad.

Es importantísimo comprender la naturaleza de los recuerdos traumáticos, dado que el tratamiento eficaz, independientemente de las técnicas utilizadas, pone el énfasis en transformar los recuerdos traumáticos en una narrativa simbólica. Ello requiere un grado substancial de integración de la PAN y la PE.

Charlotte Delbo (1985), superviviente de Auschwitz, rememora la diferencia entre los recuerdos impersonales de la PAN y los recuerdos traumáticos de la PE. Tuvo pesadillas intrusivas recurrentes en las que la PE revivía los sucesos traumáticos:

… En estos sueños, me vuelvo a ver a mí misma otra vez, yo, sí, yo, exactamente como estaba entonces: apenas capaz de tenerme de pie… traspasada de frío, sucia, escuálida; y el dolor es tan insoportable, tan exactamente el dolor que padecí allí, que lo vuelvo a sentir físicamente, lo vuelvo a sentir por todo el cuerpo, el cual se convierte en un bloque de dolor y siento que la muerte se apodera de mí, me siento morir. 

(Van der Hart, 2008)

La fragilidad de un cristal:

Ahora que ya sabemos lo que le ocurre a una persona traumatizada, vamos al trasfondo de esto con la metáfora del joyero.

El joyero experto antes de trabajar tendrá que definir exactamente, qué tipo de material es el que tiene para saber cómo proceder ¿cierto? No puede trabajar igual con un cristal simple como lo haría si se tratase de un diamante ¿no? (siendo el diamante un material más resistente que el cristal). Logra hacer esta distinción, debido a la definición de fragilidad y flexibilidad. Algunos otros materiales como el plástico, ante el peso ceden y se doblan, es decir resisten, y pueden regresar a su forma habitual; los cristales no pueden hacerlo por su propia composición. Ahora imaginemos que el plástico es igual a una persona sana psicológicamente, el cristal igual a una persona que acude a psicoterapia por un problema que desea solucionar y ¿Qué material sería igual a una persona con trauma?  Pues un cristal muy delgado, que nos da la ilusión de estar en buen estado o un cristal quebrado que trata de seguir cumpliendo su función, pero que al mínimo golpe o tensión se romperá porque no ha sido reparado. 

Esto contiene una imagen de: High speed glass breakage - Make:

Como sociedad y como profesionales de la salud, no podemos pretender que una persona con trauma se comporte o se recupere de inmediato y menos sin las herramientas necesarias que puedan utilizar al momento de experimentar flashbacks, recuerdos intensos, pesadillas, etc. Se encuentran frágiles y pedirles fortaleza o responsabilidad sobre sí mismos, sin haberlo detectado, cuando el trauma aún los retiene, es contraproducente, los daña y los revictimiza. Ya que fue algo que no pudieron controlar en su momento, no le da más fuerza, al contrario, porque primero necesita tener una base mucho más sólida para poder ir construyendo todo lo demás. 

Con la metáfora del joyero, intentó llevar a la conciencia también a los profesionales de la salud mental, psiquiatras y psicólogos (en especial a los clínicos). Es muy importante saber si la persona ha desarrollado un trauma que no ha procesado, antes de proponerle, por ejemplo, realizar solo un tratamiento basado en modificación de pensamientos y conductas, porque como hemos visto el trauma también necesita ser procesado por el cuerpo, el sistema nervioso debe aprender que ya no está en peligro y que no está viviendo en el presente esos recuerdos que experimenta como reales, (terapias como la de desensibilización y reprocesamiento mediante movimientos oculares EMDR, la terapia sensorio-motriz, la teoría polivagal y muchas que han demostrado gran eficacia dentro del abordaje clínico y son herramientas necesarias para trabajar con pacientes traumatizados). Por eso es importante conocer los efectos del trauma en una persona, hasta vital diría yo, para garantizar una rehabilitación exitosa y un tratamiento que alivie la alivie y así, fortalecer la eficacia y adherencia al tratamiento del paciente. 

No se puede ver aquello que no se está buscando o se desconoce.

*Para ejemplificar este punto hay un video que lo ilustra.

 Palabras clave: Trauma, tratamiento psicológico, salud mental, clínica, sociedad.

Referencias:

  • El trauma y el cuerpo. Un modelo sensoriomotriz de psicoterapia. UOC – Universitat Oberta de Catalunya. 
  • Deb D. (2018). La terapia polivagal: Cómo unirse al ritmo de la regulación. Editorial Eleftheria
  • Guía de consulta de los criterios diagnósticos del DSM 5. (2014).
  • Van der Hart, et al., (2003, 2006). El YO atormentado. Editorial desclée de brouwer, S.A.

Si pudiera crearme otra vez: El derecho de ser Yo

          En sesiones de consultas psicológicas es natural recibir a quién se siente afligido por heridas del pasado. Esa típica persona que tiene huellas imborrables y selladas con sangre que se le dificulta el hecho de procesar y elaborar aquello que vivió. Un acudiente que añora como el más fantasioso de los cuentistas, poder regresar al pasado y colocar todos los cimientos de manera perfecta y así decir en el futuro que todo saldrá bien. Son personas que juran y perjuran que actualmente son un desastre y que, de haber actuado de manera distinta, hoy, serían más felices.

          Pero, cuando asiste una persona que más que cambiar situaciones decide verse al espejo que refleja su alma y decirse que prefiere cambiarse a sí mismo, que no quiere alterar esos altercados con sus padres o ese desengaño con su pareja, sino que desea ser otra persona, encarnar a un personaje totalmente alejado de sus convicciones y principios cuya personalidad avasallante sea radicalmente distinta y, sobre todo, acertada. ¿Qué tan distinto es el panorama?

          Cabe resaltar que no estamos hablando de una situación como en películas de cambio de cuerpo o de un trastorno de personalidad múltiple (ahora, llamado trastorno de personalidad disociativa). Sino más bien, de sentir la misma identidad, de estar en la misma familia, comiendo lo mismo y compartiendo en los mismos círculos con ellos, pero, tal vez, siendo más altos, más iracundos y temerarios, o, por el contrario, más silenciosos, dubitativos y menos impulsivos, tener unas pulgadas demás, el cabello más liso, entre otras particularidades. Vamos a fantasear, veamos qué resulta.

Ejercicio de identidad

La Flaca Ramírez, asiste a sesiones de terapia debido a frecuentes náuseas que la aquejan desde la adolescencia, llegando a ausentarse de clases de la universidad y del trabajo debido a las mismas, con la consecuente fatiga y reproche que se hace a sí misma por no saberse ser de otra manera. Los resultados del servicio de gastroenterología y demás especialidades arrojan un cuadro totalmente conservado, normal, según los médicos.

Ese día, en que contactamos por segunda vez estaba especialmente pálida, encorvada y pesadumbrosa. Un mendrugo tendría más ánimo que esa chica cuyo cabello opaco hacía entrever unas pesadas ojeras y ojos cansados que advertían de una noche pegada al wáter. Empezó su relato así:

Es que, si yo hubiera sido otra, le hubiera gritado, le hubiera pegado, ¿cómo es posible que se enamorara de ella? Aceptó ser nuestro padrastro, nos cambió pañales, nos dio de comer, y mi hermana ahora tres años mayor que yo le parece el amor de su vida, es incomprensible, esto no es la vida de Woody Allen, es la realidad, y de solo pensarlo me revuelve el estómago”.

          De esta manera, tan cruenta y llena de garbo inició el proceso. ¿Cómo ser otros? Realmente, si estuviéramos en el tiempo cero de nuestra historia, y estamos parados frente a la tienda de habilidades y atributos de la vida, realmente ¿te crees tú, enteramente capaz de tomar todo lo que se necesita?, ¿Sin que falte absolutamente nada para atacar y defender la existencia? Detente, y piénsalo.

Con la Flaca Ramírez, cuyos años se habían acumulado, esta idea no había hecho más que crecer en lugar de aminorar. De este modo, se le preguntó:

  • ¿De dónde vienes?
  • ¿Qué hacen los tuyos cuando la madurez los alcanza?
  • ¿Cómo se mueven ustedes en la vida cuando hay amenaza de lluvia en el horizonte?
  • ¿Qué festejos proclama tu gente cuando sienten la vida recorrer por sus venas?

La manera de preguntar, que recuerda al viejo oeste con un anciano a las afueras del pueblo deviene de cimentar en la persona un sentido de identidad, que recuerde que no vino sola de la nada, sino que, es parte de un sistema, que inculca modos y procederes y ella no es ajena a estos, por lo tanto, sin esperar ánimos de víctima, se le recuerda que no es una pobre alma presa de las circunstancias, pero si es alguien que puede ser quién es aún pese a ellas. De allí el énfasis en hablar de “los suyos” y no tomarla a ella como un ser meramente individual, sino alguien que tiene una historia que está ligada a otros.

Considerando lo anterior, la Flaca Ramírez se retorcía mentalmente buscando sus respuestas. Fue para ella un proceso doloroso, un problema que aquejó en su ser la búsqueda de una verdad que según ella solo la escondía su mente. Sin embargo, al verse descubierta por la realidad que la arropaba comenzó gradualmente al cabo de un tiempo a reflexionar sobre las vivencias de su casa.

Más allá del ejercicio de identidad

Volvamos a la cuestión anterior, sí respondes la pregunta base sobre sí tendrías todo lo necesario para tu vida, ¿qué te asegura y da garantía total de que no necesitarás más nada?

La tortura de creerte una persona carente de habilidades y destrezas perpetúa la idea de saberte un inútil, un escupitajo de la vida que llegó a la tierra a tropezar sin talento alguno. De creerte un ser que lejos de ofrecer claridad solo oscurece la vida de todos y la de sí mismo, busca además estallar en frustraciones por sentir que no vale nada y que la vida es una pena que merece ser decapitada más que vivida y luchada.

A veces, para algunos, fantasear con ser otro resulta un escape adorable, una ilusión anodina que hace suspirar con la idea de que el pasto del vecino es más verde. Es un laberinto hedonista que eterniza la idea de sentir que se es nada. Esta realidad fantasiosa no es más que una trampa.

El mundo, se maneja como un sistema amplio de arbitrariedades y probabilidades, podemos estar en un momento de confort y de repente la tierra se estremece y quedamos de nuevo en cero. O, por el contrario, estamos en un pozo oscuro y con un toque de suerte y personas correctas surgimos y exploramos un estado de estabilidad que va más allá de riquezas y se muestra como una serie de disfrutes “simples” como sentirse querido, apreciado y valorado.

La trampa de querer ser otros

Cómo observamos, la Flaca Ramírez mantenía la ilusión de que siendo otra pudo haber advertido y protegido a su hermana mayor, trazar otro camino diferente al de su familia y ser además quien rompiera todas las cadenas que arrastraba su sistema familiar conforme siempre con las circunstancias que atravesaba. De este modo, mentalmente y lleno de oasis de fantasía creó una intrincada configuración que buscaba siempre escapar de la cruda realidad. Aquí, en este hueco cálido donde ella como protagonista siempre ganaba, se sentía segura, pensaba que podía dar soluciones y recibir siempre una palmada en la espalda por estar en lo correcto. Todas mentiras.

El camino largo de ser quien eres porque los otros “personajes” ya han sido tomados

Una vez, estando en la universidad en la asignatura dinámica de grupos un chico que tenía muchas particularidades entre ellas ser tajante, me escribió una pequeña nota a petición del profesor para una dinámica sobre opiniones y cómo vemos a otras personas. Cuando leí su nota, me quedé anonadada por lo que decía, en resumen, era: compórtate de manera genuina, revisa quién eres y no finjas.

Y ciertamente, todavía hoy me cuestiono qué había en mí y mi conducta que despertó esa idea en él, sí lo habían pensado otros, sí tal vez estaba equivocada en mi proceder, sí yo fuera otra tal vez me hubiese aceptado, en fin, muchos argumentos se dieron sin respuesta alguna, acompañados todos de dolor, por supuesto, llegando inclusive a romper la nota y dejarla en la basura, aunque, ciertamente el recuerdo seguía conmigo.

Hoy, avanzo un poco más y me doy cuenta que, si bien el recuerdo persiste, no había manera que yo fuera otra persona, mi lugar en el mundo no está determinado por su nota ni por la de nadie más. Esa idea extenuante de siempre proceder de acuerdo a otros no solo es una labor suicida, sino que además corroe la propia existencia, por lo que no hay manera de ser genuino ya que siempre estamos sobre el molde de lo que otros piden y quieren. Hoy, ciertamente soy distinta, me manejo con algunas barajas nuevas y persigo objetivos que antes eran totalmente fuera de serie.

De esta manera, logré consolidar la fantasía de ser otra persona, pero, siendo auténtica a mí, adquirí la capacidad de transformarme para mi bien cuando las circunstancias lo ameritan y no soy un disfraz endeble que se desvanece con los días de lluvia, al contrario, siendo yo como soy, puedo ser recordada por más habilidades de las que soy capaz de mencionar.

Finalmente, me aleccioné y noté que no puedo ser buena en todo, aunque lo anhele, que ser capaz en más de un área y no en todas me brinda mayores posibilidades de expansión y alegría que sobrecargar sobre mis hombros la idea de ser siempre idónea y quien sobresale en todo. Reafirmo el compromiso de que, aunque pertenezco a un modelo donde se barajan y entregan las cartas de una manera, soy yo la que decide qué hacer con cada opción que se me presenta, no seré hoy la persona hedonista que busca siempre destacar en la fantasía, sino que seré la mujer real que se transforma por su bien y para vivir en un mundo donde nada es absoluto y eso es lo más realista que hay.

Rigidez mental: Pensamientos ladrillo

El pensamiento es la capacidad que poseemos las personas de construir ideas y representaciones de la realidad. En sí, el pensamiento es toda creación de nuestra mente.

Un gran porcentaje de personas presenta una forma de pensar rígida, hecho que influye en su forma de sentir y de actuar.

Los pensamientos rígidos, absolutos o «pensamientos ladrillo» son inflexibles, y se empiezan a consolidar desde que tenemos uso de razón, pueden verse significativamente influenciados por los estereotipos, creencias y prejuicios sociales. La variabilidad crea inseguridad y ansiedad.

Algunas características que promueven el fortalecimiento de esta rigidez son la intolerancia a la incertidumbre, a la ambigüedad, la resistencia al cambio y a la novedad, la obstinación y el ego desmedido.

La inflexibilidad mental limita nuestro modo de pensar, cerrando nuestras ideas entre cuatro paredes, hecho que interfiere directamente con procesos como la creatividad, la espontaneidad y la adaptación.

Este tipo de forma de pensar es una característica de personalidades obsesivas.

Las creencias se fundamentan en una sola perspectiva unidireccional, en donde la mayoría de las veces tienden a excluirse criterios alternativos. No asumen que existen otras formas de ver el mundo.

A una persona con rigidez mental se le dificulta percibir la realidad desde diversas perspectivas, permaneciendo atrapada en un patrón cognitivo y a la vez conductual que la misma persona se formó, y del cual le cuesta significativamente poder salir, pese a que las consecuencias negativas a las que la rigidez conlleva.

Esta forma de pensar es completamente unidireccional, ya que existe una fuerte negación a darle la oportunidad a nuevas perspectivas, hecho reforzado por la reticencia a los cambios.

Personas que presenten rigidez mental, suelen utilizarla para encubrir la incertidumbre que acontecería de permitirse generar algún cambio, o romper algún esquema autoimpuesto. Esto quiere decir que, detrás de la pared de ladrillos, se encuentra una percepción de autoindefensión.

Esta percepción errónea de tener siempre la razón, no fomenta el desarrollo del pensamiento divergente, el cuál se centra en emplear la creatividad y el ingenio, como complemento al pensamiento lógico o lineal, para la búsqueda de soluciones.

La pobre apertura al cambio, se fundamenta en un miedo inconsciente de perder el control, por lo que se aferran a sus propias creencias. Es así que, la rigidez mental se considera un mecanismo de defensa.

En cierto punto, esta característica de seguir los mismos antiguos patrones para sentirse a salvo, repercute negativamente en las relaciones interpersonales, especialmente en aquellas situaciones en donde se requiere del trabajo en equipo, ya sea en un medio laboral, social o de pareja.

Para no salir de su visión túnel, se encuentran en una búsqueda constante para lograr racionalizar lo que sienten, bloqueando aquellas emociones que podrían sugerirles que la decisión tomada, no es necesariamente la correcta.

Human Psychology – Obstacles and Challenges – Abstract Illustration as EPS 10 File

Todo aquel que no les dé la razón queda fuera de cualquier reflexión autocrítica, presentándose una sólida reafirmación del yo interno, en donde se le atribuye mayor valor a la propia opinión que a la empatía, aún en circunstancias en donde se requeriría darle más cabida a este componente de la inteligencia emocional.

Una persona con poca flexibilidad mental, oculta un gran temor al fracaso, a la equivocación, hecho por el cual, no se brinda la oportunidad de evaluar otras posibilidades. Sus pensamientos ladrillos son percibidos como inamovibles y entonces se convierten en una especie de zona de confort mental, es donde se desarrolla un estado de ansiedad severa por intentar permanecer ahí.

El pasado les supone su aprendizaje base, por lo que se aferran a él, aún cuando hayan variables distintas en nuevas experiencias. Esto construye sus propios conceptos de perfección, rechazando o evadiendo cualquier posibilidad que los ponga en «riesgo».

La rigidez mental es una característica de algunos desórdenes psicológicos, tales como, la personalidad obsesivo compulsiva, personalidad anancástica, el Trastorno del Espectro Autista, Trastornos de la conducta alimentaria (Especialmente Anorexia nerviosa), entre otros.

¿Y si hablamos de la muerte? Primera parte

No se puede pensar: “Voy a ser feliz el día que mi papá se mejore definitivamente”. Tengo que ser feliz hoy con su cáncer. Y él también. Pero ojo: puedo «ser feliz y no estar contenta». En la quimioterapia, la gente es feliz pero no lo vive contenta. Nadie quiere estar en ese lugar. Sin embargo, agradece cada circunstancia, cada sonrisa, cada día. Esa gente tiene conciencia de la muerte aprendió a disfrutar de la vida.

¿Por qué en vez de hablar de cómo tenemos que vivir, hablamos de que queremos hacer antes de morir? Una de las características del ser humano es darse cuenta de su temporalidad, de que no estará vivo siempre. La muerte nos acompaña desde el principio del camino. Esto ha sido siempre un drama terrible para nosotros, que a lo largo de nuestra existencia tenemos que enfrentarnos a situaciones que conllevan dolor. Entender que es tan parte nuestra como nacer, mencionarla es adecuado porque permite mayor consciencia en el trajín diario y que los duelos por las pérdidas sean también transiciones más naturales.

¿Podemos decir entonces que conversar de la muerte es saludable?, creo que “Es sanador”. Nos aporta recursos, nos posiciona en otro lugar ante la vida, nos ayuda a practicar la gratitud y tener una postura de aprendiz ante ella.

Esta es una de las claves para que se pueda disfrutar plenamente de nuestro paso por aquí, hay que darle un poco más de acogida a la muerte, que deje de ser tabú, aceptarla para que nos ayude a transitar con mayor intensidad, con mayor disfrute.

Todos entendemos que en algún momento nos vamos a ir, pero no lo hacemos real, no lo tenemos consciente hasta que perdemos a alguien muy cercano, cayendo en sobrevivir desde un lugar muy omnipotente, “como si fuéramos eternos , aún sabiendo desde el minuto cero que sí somos seres finitos”.

Yo quisiera departir desde mi historia en que pude ver la muerte tan de cerca, en el año 2016 tuve a mi segunda hija y debido al embarazo se me formaron múltiples cálculos en la vesícula que si bien de manera externa no había problema, por dentro me estaban destruyendo. Tenía algunos cólicos, unos manejables otros peor que un parto, pero mi respuesta era: “me voy a operar más adelante que mi hija pequeña cumpla seis meses”; cada día eran más fuertes hasta que en uno de esos colapsé… Cuando tuve conciencia estaba en la clínica en una camilla con un dolor insoportable,  recuerdo la cara de los médicos preocupados, mi esposo con cara de desesperanza y yo retorciéndome en la camilla, no recuerdo más. La mañana siguiente desperté,  estaba hospitalizada con suero, él a mi lado y el médico, al verme abrir los ojos dio una sonrisa más grande que la de un niño cuando abre su regalo de Navidad. Me explicaron que había sufrido de una pancreatitis y que en la mayoría de casos era mortal, “hace dos días falleció un chico en la habitación de al lado por el mismo diagnostico”, comentó el doctor seguido por estas palabras: “estas viva por milagro”.

Estuve dos semanas hospitalizada sin ver a mi familia, sin probar alimento alguno;  todo era suero. Tenía los brazos destrozados e hinchados. Los primeros días fueron buenos porque me los tomé como un descanso sin embargo cuando me daban más días de hospitalización y ya me estaba olvidando de masticar por lo que no probaba alimento, empezó a salir mi lado impaciente; hubo días que lloraba, otros que rezaba y también venían las preguntas: ¿Por qué a mí? algún motivo debe haber… buscaba y buscaba. Finalmente lo encontré; antes de esto vivía renegando de mi historia y del rol que me había tocado, agestada 24 x 7, sin una pisca de gratitud, envidiando la libertad de los otros, anclada en el pasado con sentimientos de melancolía. Hoy puedo decir gracias “pancreatitis” porque así me di cuenta que no seré eterna, que no tengo el control de nada ni de nadie y que debo conectarme con el presente aquí y ahora cómo un regalo, ser agradecida, ponerme en el papel de alumna ante la vida y sobre todo gozar de quienes tengo hoy conmigo.

«Ofelia» por John Everett Millais, representa una escena de Hamlet por William Shakespeare

El poder hablar de esto es lo que me va a ayudar a vivir mejor cada instante, a disfrutar de mis seres queridos, de lo natural, de lo cotidiano. Conversar de la muerte, propia o ajena, suele ser difícil. Rodeos, excusas, palabras cómo “no hables de eso”, “te vas a poner bien” son las que usamos al ver a alguien enfermo. Sin embargo, con la pandemia de coronavirus como protagonista y de cara a una estadística que pone en evidencia constante la lista de víctimas, la finitud se hizo visible así cómo los procesos de duelo.

La muerte no es lo único que provoca duelos en la vida: puede haberlos por cualquier tipo de desenlace, desde la baja en un trabajo, defunción o hasta una mudanza. Es un proceso de adaptación emocional ante cualquier pérdida. Puedes hacerlos hasta por el extravío de algún objeto, lo que cambia es cómo se va a desarrollar, si voy a ser más o menos consciente de eso. El duelo se desarrolla de manera individual, cada uno lo transita a su manera donde lo único en común es poder aceptar las circunstancias, así recién podemos ver qué mensaje hay detrás.  Esto tiene que ver con codificar elementos de la inteligencia espiritual: ese para qué le da sentido a esa experiencia, ese para qué invita a que valoremos nuevos hábitos, evaluar nuestros afectos, hayamos cambiado prioridades, aumentemos nuestros espacios de conciencia, tengamos mucho mayor conocimiento de vivir en gratitud y con flexibilidad.

La Dra. Arango que lanzó su libro “Mundos Invisibles” discute sobre la muerte y el duelo, donde señala que no podemos elegir cómo morir pero si cómo poder morar bien. Según Arango asumir la certeza de deceso, además, ayuda a disfrutar el día, a estar en paz y a ser más feliz. Esto no significa no tener dificultades porque los retos y los problemas hacen parte de la evolución , sino actuar con bondad, compasión y honestidad. “Las personas que viven bien están conectadas con su alma y un alma buena es aquella consciente de los valores básicos que deben guiar a un ser humano bondadoso”. Se trata de experiencias naturales que deberían estar más presentes en la cotidianidad. Pues como ella dice, “si aprende a hablar de la muerte la gente se libera de muchos temores y vive con mayor tranquilidad”.

“El duelo es un proceso totalmente natural, no es patológico y no es una enfermedad”. No siempre se necesita de ayuda psicológica para llevarlo adelante; sin embargo, hay cierto tipo de pérdidas que quizás hagan que se necesite ayuda profesional desde el principio…

Referencia

Arango, E. L. (2016). Mundos invisibles: Una guía para comprender el viaje del alma de regreso a su hogar y contactarnos. Colombia: Penguin Random House

Soledad “la gran aliada”

¿Qué pensarías si te dijera que la soledad no es mala compañía? Sino que es algo para guerreros. Lee el artículo hasta el final. 

Vivimos en tiempos donde se necesita “sentir” para creer realmente que estamos vivos, es una contradicción de la naturaleza humana; porque cuando mucho sentimos, puede haber un colapso en nosotros, ya sea por exceso de adrenalina, emociones, sustancias, etc. Y nuestro cerebro no puede tomar las decisiones correctas. 

La soledad tiene diferentes interpretaciones desde donde se la vea, para mí, es una prueba de fuego en la vida de cualquier hombre, porque te invita a ser fuerte. Allí es donde sabes que solo te vales por ti mismo; te haces más independiente; no tienes que esperar la opinión de otros; y solo escuchas tu voz interior.

En mi defensa por la soledad, diría que es un momento de paz, muchas veces con amigos se presentan los falsos elogios o halagos disforzados, nunca me sentí cómoda con ellos; admito que a veces siento gran desconfianza por la especie humana y de allí nace mi placer por tener momentos conmigo misma.

Ilustración 1: momentos de soledad

¿Por qué le tenemos miedo a la soledad?

Desde la Psicología: El origen del miedo a la soledad está relacionado con los estilos de apego y el aprendizaje de vida de cada persona.

En el miedo a la soledad hay creencias incorrectas o pensamientos distorsionados que se repiten con frecuencia, se destacan tres esenciales:

1.- Pensamientos de tipo catastrofista: “Nunca encontraré a nadie. Esta es mi última oportunidad. Cada vez es más difícil encontrar a alguien adecuado”.

2.- Creencias absolutas del estilo “todo o nada” sobre la pareja y el amor. “Estar en pareja es el único modo de ser feliz. Tengo que encontrar a mi media naranja. Estar solo o sola, significa que nadie me quiere, que no soy válido o válida”

3.- Pensamientos relacionados con una elevada auto-exigencia: “Si la relación ha fallado es por algo que he hecho mal”. “Tengo que conseguir que esto funcione”

4.- Creencias anticipatorias en relación a nosotros mismos y a los demás: “No sabré estar sola o solo” (Franco, 2018)

Corbera (2019), señala que: “El sentimiento de soledad está relacionado con la desconexión emocional con el entorno, es independiente del número de personas que nos rodean. Siempre hay algo o alguien con quien podrías encontrar compañía, lo complicado es abrirse a ello”.

Recordemos la palabra de Dios, para resistir los momentos de soledad :

“Y yo le pediré al padre y él les dará otro consolador para que los acompañe siempre: el Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede aceptar porque no lo ve ni lo conoce. Pero ustedes sí lo conocen, porque vive con ustedes y estará en ustedes. No los voy a dejar huérfanos; volveré a ustedes”. (Juan 14:16-18)

Esta cita bíblica nos quiere decir que nunca estamos solos, pero nosotros nos sentimos así por el vacío y el desierto espiritual que sembramos por estar alejados de Dios. Todas las personas pasan por esto, se tiene que pasar un desierto para crecer, son momentos en donde no sentimos amor por nadie, ni para nosotros mismos, ni para Dios (Morera Rivera, 2021)

ilustración 2: desierto espiritual

Buscar el equilibrio

Lo mejor es buscar el equilibrio, no es bueno estar completamente solo y tampoco es bueno desperdiciar el tiempo con demasiada gente. Para cumplir nuestros sueños requiere que nos enfrasquemos muchas veces en nuestros proyectos “solos”.

Nosotros como seres humanos tenemos energía y vibración, mientras más personas contactemos, diferentes energías vendrán a uno, esto lo sabe muy bien un vendedor, un psicólogo… Y de allí es importante tener momentos de soledad para restaurarnos y recuperar fuerzas.

Conclusiones

Es cierto que cada persona tiene una perspectiva diferente de la soledad, querer entenderla en una sola sesión es una búsqueda inalcanzable.

Cuando se distorsiona el recto sentido de la soledad, se forma una especie de vacío, y un distanciamiento de Dios, quien es un árbol fuerte con grandes raíces, de quien podríamos sostenernos en momentos de incertidumbre.

No regales tu fuerza ni energía a personas que no están en la misma frecuencia vibratoria que tú. Asimismo, recuerda que uno también se siente solo cuando da todo de sí, sin recibir nada  a cambio.

Lo mejor es buscar el equilibrio, con momentos de calma en soledad para comprender y analizar nuestros pensamientos y buscar estar con los demás para compartir.

Referencias

Corbera, E. (2019). Enric Corbera. Obtenido de https://www.facebook.com/EnricCorberaOficial/photos/el-sentimiento-de-soledad-est%C3%A1-relacionado-con-la-desconexi%C3%B3n-emocional-con-el-e/2323767654385126/

Franco, N. (2018). Área Humana-Investigacion, Innovacion y experiencia en Psicología. Obtenido de https://www.areahumana.es/miedo-a-la-soledad/

Morera Rivera, F. (mayo de 2021). Frank Morera Rivera Apologética. Obtenido de https://www.facebook.com/112365216349108/photos/a.112368186348811/611069116478713/