Hace poco, participé como expositor en un panel universitario en el que hablamos acerca de las virtudes que trae consigo el estudio de las Humanidades, yo me ocupé de comentar las bondades de la Literatura.
En este texto recojo los pensamiento e ideas de la exposición que hice bajo el título de “La Literatura como aproximación a la realidad»; los cuales guardan relación con la Psicología.
Este arte, y como todo bello arte, empieza en el hombre, pero no termina en este únicamente, sino en toda la humanidad. Es un medio por el cual los grandes creadores transmiten su propia interioridad, y lo hacen de una manera sobrecogedora para quienes estén dispuestos a acudir a su mensaje.

Hablando del momento de apreciación o contemplación, la Literatura tiene el gran mérito de que «solamente» a través de la lectura de un texto podemos ver un panorama más elevado de las cosas. Y lo genial es que todo ocurre dentro de nosotros, y es precisamente uno mismo quien lo permite. Pues hay que darse el trabajito de ponerse a leer, y en líneas generales es una actividad un tanto más exigente que las otras.
En esta época donde se busca tanto la estimulación de los sentidos, la lectura podría parecer poco atractiva puesto que no ofrece mayor aliciente sensitivo que un medio audiovisual, o un viaje vacacional. Además, requiere un uso -por lo menos un poco- más elevado de atención y concentración. Ante esto, una persona que llega a su casa, agotada por el cansancio de los estudios o el trabajo, probablemente querría pasar su tiempo de descanso haciendo una actividad que no le requiera aun más esfuerzo del que ya ha hecho. Es comprensible, pero justamente eso hace que la lectura calce mejor con la frase “vale la pena”.
Puesto que, al referirnos al plano de la mente, del interior, del diálogo con uno mismo, tiene un alcance avasallador. El cultivo y crecimiento de nuestro propio ser en medio de este silencio externo, es lo que se debe tomar en cuenta como lo realmente a comparación de la poca estimulación sensorial.

Sí bien este aspecto se desarrolla dentro de uno mismo, obviamente no estamos solos, la Literatura tiene el testimonio de la humanidad, uno puede contemplar la manera de pensar de las mentes más brillantes de su época, acompañados de la belleza de unas historias bien narradas, desarrolladas y/o escritas. Por supuesto, debemos abstraer las ideas y ver que hay detrás de los sucesos que acontecen en las mismas.
Estas historias nos enseñarán sobre nuestra propia naturaleza; sobre el cómo y el por qué de nuestras conductas; y también por qué la vida ocurre de la manera en que lo hace. Y no solo eso, también nos darán un consuelo y esperanza. Mucho de lo que está escrito, por más que tenga muchísimos años en su haber, tiene algo que compartir con nosotros.
Ahora bien, la Literatura nos brinda lo necesario para elevar nuestro espíritu, pero no es como un software que se instala y opera desde el inicio, no es que por mucho que ahondemos en el arte, de pronto ya actuaremos perfecta e infaliblemente, derrochando inteligencia y sabiduría por doquier, por supuesto que no. Muchos de los autores talla prócer cometieron excesos y graves errores durante su estancia en este mundo. Pero, a pesar de esta especie de traición a sí mismos y a la bondad que encontramos en sus obras, no le quitaron valor, ni a su esencia como seres humanos, ni a sus creaciones.

Dicho esto, podemos inferir que por ser un lector asiduo, no nos vamos a resolver la vida. Pero si que nos conseguiremos un soporte muy sólido y bello para andar en ella. Es común que cuando uno lee mucho se sentirá despierto, elevado, será más culto e inteligente, y será cierto. No obstante, ocurre el peligro que se de a un mismo tiempo, el surgimiento de ciertos aires de superioridad, de creerse mejor que los demás… Este es un momento que, si sucede, se debe superar como se supera un obstáculo. El crecimiento de uno mismo, se corrompe con la vanagloria y más aún, el desarrollo personal queda incompleto si no se comparte el deleite artístico con los demás. Eso es lo que brinda una complacencia que no podría ocurrir de otro modo.
La Literatura (al igual que las otras bellas artes) es un medio para acercarse a la Verdad y bondad que el ser humano busca incansablemente, nunca dejemos de recurrir a ella. Asimismo, es una aliada valiosísima para el perfeccionamiento de la Psicología.
Estas líneas son también un agradecimiento a mi madre; a un profesor; y a una profesora que encauzaron e iluminaron mi camino por los valles de la Literatura.

Lectura sugerida de obras maestras no muy largas, que dejarán lecciones inconmensurables
- “El Lobo Estepario” de Hermann Hesse, para reflexionar sobre la mente.
- “Colmillo Blanco” y “La Llamada de lo Salvaje” de Jack London, para darse un panorama del transcurso de la vida.
- “Las Aventuras de Tom Sawyer” de Mark Twain, y “Los Ríos Profundos” de José María Arguedas. para entender mejor las luces y sombras de la infancia.
- “Fahrenheit 451” de Ray Bradbury, para tener una mirada atenta sobre la decadencia que se puede ver en el mundo moderno.
- “El Hombre que fue Jueves”, para darse una idea de cuáles son los motivos de los designios divinos.
- Y todos los cuentos de Oscar Wilde, para quedarse con un nudo en la garganta y un corazón conmovido.
Aquí también les comparto unos artículos míos donde muestro el apoyo mutuo entre la Literatura y Psicología:





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