Débora Fátima Rodríguez Meza

Amante de lo bello y cuestionadora. Bachiller en Psicología y de un Minor en Humanidades.

El sonido del amor: Mamá, ¿Puedo ir al parque?

Habita en el hombre una tendencia oculta a ser reconocido por los demás. Desde pequeñitos aprendemos a escuchar para sobrevivir. Al que no hace caso, lo carga el payaso*. Escuchar y confiar en los otros es práctico: permite conocer aquello que es, sin la necesidad de atravesar las experiencias desagradables que podrían originar este conocimiento. Los adultos en los que un niño confía son, parcialmente, los cristales a través de los cuales observa el mundo. De aquí la importancia para los padres de convertirse en figuras de apego honestas con el niño y la causa de la exaltación de la obediencia en múltiples culturas como instrumento para favorecer la supervivencia colectiva.

Sin embargo, si se persiste en considerar la aprobación u opinión de los otros como confirmación de realidad, se presentan complicaciones en la vida adulta adulta. Se traduce en la necesidad de reconocimiento. Al respecto hay múltiples teorías. En especial se levanta recientemente la de Axel Honneth (que es usada además como excusa para exigir el reconocimiento social como derecho inherente a la dignidad humana). Esta teoría del reconocimiento postula que un sujeto necesita de otro para tener una identidad estable y plena. Es decir, la dinámica social descansa sobre el principio radical del mutuo reconocimiento. Sin reconocimiento, las identidades se diluyen, el hombre no puede considerarse a sí mismo un hombre completo y sufre injustamente la privación de un derecho. Maslow se refería a esta cuestión (aunque sin considerar sus implicancias político-sociales) al hablar sobre la necesidad de reconocimiento. No obstante, es importante aclarar que Maslow distingue dos niveles en esta necesidad de reconocimiento: la social e individual. Existe la necesidad de ser reconocido por otros, pero también la de reconocerse y apreciarse a uno mismo.

Ahora bien, sucede que la estima social es variable por múltiples razones. ¿Debe serlo también el reconocimiento de uno mismo como ser capaz?. La necesidad de reconocimiento social continuo es el origen de múltiples problemas, como el desarrollo de una personalidad complaciente en exceso y la falta de asumir responsabilidades sobre las propias acciones, utilizando como escudo la obediencia a estándares externos que se asumen como válidos solo por existir fuera del sujeto en cuestión. En cristiano: cuando uno trata de confirmar la realidad a partir de lo que dicen los demás, termina por culparlos siempre, directa o indirectamente, por todos los errores que pueda cometer. Al fin y al cabo, ellos son los que tienen razón.

No te escondas Pepito

Podríamos afirmar entonces que el valor interno que le demos a la opinión de los otros es inversamente proporcional, se desee o no, a la seguridad que poseamos en nuestros propios juicios. Existe una forma simple de evaluar esto: cuando mi opinión y la de los demás es opuesta, ¿Cuál pesa más? Si es siempre la de los demás, tenemos un problema de responsabilidad sobre nuestras decisiones y sobre el valor que damos a nuestras propias apreciaciones. Por el contrario, si la perspectiva propia tiene más peso en nuestro fuero interno que las ajenas, nos consideramos en igualdad de condiciones frente a los demás. Esto, porque a quien más afectan nuestras posiciones es a nosotros mismos. Necesitamos estar seguros de las posturas sobre las que sufriremos consecuencias tarde o temprano.

No debe confundirse esta última actitud con evitar todo tipo de duda sobre una posición adoptada. Es necesario dudar para afirmarse en una opción determinada, lo que no es saludable es dudar continuamente a causa de un menosprecio de la propia capacidad.

Pero, ¿No decías que escuchar a los demás era una forma de supervivencia útil? Definitivamente, aunque no puede ser permanente. La confianza ciega en el entorno es eficiente mientras nuestra capacidad de juicio sea inferior a la del medio. Una vez llegada la adultez, y gracias al proceso de individuación y afirmación que se da usualmente durante la adolescencia, es necesario que la presión social pase a un segundo plano frente a las preferencias del individuo.

Y, ¿Por qué hablamos del sonido del amor en el título? Porque el consejo y escucha continuas suele confundirse con amor. Especialmente destacan los vínculos exagerados con los padres: pedir opinión para vestirse, elegir un trabajo, una carrera, etc. El común de la gente pretende asociar las voces de consejo con muestras de amor, cuando muchas veces prevalece en ellas una catarsis personal, un culto ególatra o una visión muy parcializada por cualquier otro motivo en el consejero.

No todo consejo es malo, no. No todos los demás están siempre equivocados. Pero hay que sacar cara primero por uno mismo, para eso hay que estar seguros, pensar, pensar mucho porque hace falta. Saber que quien saldrá ganando o perdiendo seremos nosotros mismos. Si somos honestos, si somos responsables, si acogemos nuestra voz interna con amor.

*El payaso de rodeo tiene la misión de alejar el toro del vaquero cuando cae a tierra. Lo peor que puede pasar es que no le quede más remedio que cargar al retador cuando el peligro es excesivo.

Referencias:

Gandler, S. (2018). Historical Ethos, Quadruple Ethos of the Capitalist Modernity and Baroque Ethos: Contributions of B. Echeverría for a Critical Theory from the Americas. 마르크스주의 연구15(3), 274-318.

Heidegren, C. G. (2002). Anthropology, social theory, and politics: Axel Honneth’s theory of recognition. Inquiry45(4), 433-446. https://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/002017402320947531

Huitt, W. (2007). Maslow’s hierarchy of needs. Educational psychology interactive23. http://www.rlifiles.com/files/en/2015_Grad_F.pdf

Van Leeuwen, B. (2007). A formal recognition of social attachments: Expanding Axel Honneth’s theory of recognition. Inquiry50(2), 180-205. https://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/00201740701239897

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