Importancia del cuidado de las emociones ajenas y propias

En la sociedad actual las relaciones amorosas, de amistad o sexuales se cubren con un velo de dolor lo cual genera la falta de deseo de interactuar con los demás, para establecer dichos vínculos emocionales. Lo mencionado termina generando en las personas la incapacidad de establecer lazos sanos basados en la responsabilidad afectiva, o debido a la malinterpretación de la misma. Cabe aclarar que la responsabilidad afectiva será tomada como una equidad emocional que se establecerá verbalmente en las relaciones de todo tipo entre los seres humanos. 

Palabras claves: sociedad, relaciones, responsabilidad afectiva. 

La mayoría de habilidades sociales pueden ser construidas en el núcleo familiar, sin embargo, si estas son abordadas de forma incorrecta producirá problemas o dificultades en las relaciones de los niños(as) de la familia, los cuales serán llevados a su vida adulta provocando vínculos insensibles para con el otro. Ejemplo de ello son las relaciones que tienen finales por motivos como las infidelidades, ausencia de lealtad, falta o miedo al compromiso, discusiones o peleas subidas de tono durante la relación, entre otras. 

Este tipo de conflictos fueron desarrollados como “normales” en la etapa de la infancia porque eran parte de la conducta de los padres, esto se demuestra cuando los pequeños observaban a sus padres discutir, lanzar cosas, insultarse, irse de casa, etc. Después de ese tipo de situaciones muchos niños se ven obligados a hacer sus propias conclusiones y creer que esos comportamientos son “lo normal” debido a su frecuencia, en muy pocas ocasiones se puede ver a los padres explicando a los menores porque suceden estas cosas o dándose tiempo para explorar soluciones sanas para las diferentes situaciones o problemas. 

Los vínculos de este tipo están caracterizados por el interés, la insensibilidad emocional y el egoísmo, es decir, que la mayoría de las relaciones actuales carecen de respeto, equilibrio emocional (tomado como una negociación verbal) y cuidado mutuo. Son estas últimas, las bases de la responsabilidad afectiva, lo que conlleva a considerar las emociones o sentimientos de la otra persona, y como nuestro comportamiento puede afectarlo y hacernos responsables de dichas consecuencias negativas. 

Es importante mencionar que uno no nace con la responsabilidad afectiva, sin embargo, esta puede ser cultivada y reforzada, mediante el ejemplo de las figuras adultas en el entorno, a cualquier edad. Un formas de dicha habilidad son, el conocer como la otra persona expresa sus emociones/sentimientos, cuánto valor le da a ellos, y qué cosas lo pueden lastimar (aun si eso no nos afecta de la misma forma). Es cuestión de buscar, por todos los medios posibles de solución, alguna que no lastime innecesariamente a la persona con la cual nos relacionamos. 

Para ello se repite el clásico “pensar antes de actuar”, complementado con “tus derechos terminan cuando empiezan los de la otra persona”. Esta combinación permite evitar pasar por encima de las personas y hacernos responsables de los efectos que provocamos en los demás aun sin tener la intención de lastimar. Pero existe un límite, siempre se debe tener en cuenta que “él” y “yo” son distintos, cuidar los sentimientos, y ayudar a superar sus problemas mientras esté en nuestras manos ofrecer y cumplir con este apoyo, en paralelo, se debe evitar al interiorización de dichos problemas o efectos negativos de la vida ajena. Es decir, que uno puede ponerse en los zapatos del otro pero debe saber cómo quitárselos antes de seguir con su propia vida, se debe diferenciar claramente quién es “él” y quién soy “yo” para evitar confusiones o frustraciones innecesarias. 

Como se ha ido abordando, la responsabilidad afectiva debe considerarse como una decisión y construcción desde el momento que uno se da cuenta de que existe la forma sana de vincularse con los demás. Esto no quiere decir que no habrá discusiones o problemas, solo abre la puerta a otras posibles soluciones en las cuales se vela por el cuidado de la integridad (físico-emocional) de ambas partes. Este cuidado se refiere a considerar los sentimientos de la otra persona si se requiere tomar una decisión en pareja o en grupo, y que se procure el menor dolor posible para ambas partes. Para sobrellevar una relación sana existen algunas habilidades sociales que pueden ayudar, las cuales se tratarán en el siguiente artículo. 

Referencias

  • Gaviria Cano, A. S., Guevara Prieto, D. M., Riaño Correa, J. A., Grajales Gallego, L. D., Rendón Cardona, P. A., & Ospina Álvarez, S. (1 de Diciembre de 2021). Repositorio Institucional de la Universidad Católica de Pereira. Obtenido de Estrategias para el fortalecimiento de competencias socioemocionales con adolescentes: https://repositorio.ucp.edu.co/handle/10785/9513 
  • Gómez Campos, R. D. (15 de Enero de 2021). Redalyc.org UAEM. Obtenido de Milagro: amor y comprensión. Un análisis filosófico-feminista frente al mal radical del siglo XXI: https://www.redalyc.org/journal/1411/141163729005/ 
  • NEUROWAVE. (s.f.). Obtenido de La responsabilidad afectiva y su importancia: https://neurowave.com.mx/la-responsabilidad-afectiva-y-su-importancia

El sonido del amor: Mamá, ¿Puedo ir al parque?

Habita en el hombre una tendencia oculta a ser reconocido por los demás. Desde pequeñitos aprendemos a escuchar para sobrevivir. Al que no hace caso, lo carga el payaso*. Escuchar y confiar en los otros es práctico: permite conocer aquello que es, sin la necesidad de atravesar las experiencias desagradables que podrían originar este conocimiento. Los adultos en los que un niño confía son, parcialmente, los cristales a través de los cuales observa el mundo. De aquí la importancia para los padres de convertirse en figuras de apego honestas con el niño y la causa de la exaltación de la obediencia en múltiples culturas como instrumento para favorecer la supervivencia colectiva.

Sin embargo, si se persiste en considerar la aprobación u opinión de los otros como confirmación de realidad, se presentan complicaciones en la vida adulta adulta. Se traduce en la necesidad de reconocimiento. Al respecto hay múltiples teorías. En especial se levanta recientemente la de Axel Honneth (que es usada además como excusa para exigir el reconocimiento social como derecho inherente a la dignidad humana). Esta teoría del reconocimiento postula que un sujeto necesita de otro para tener una identidad estable y plena. Es decir, la dinámica social descansa sobre el principio radical del mutuo reconocimiento. Sin reconocimiento, las identidades se diluyen, el hombre no puede considerarse a sí mismo un hombre completo y sufre injustamente la privación de un derecho. Maslow se refería a esta cuestión (aunque sin considerar sus implicancias político-sociales) al hablar sobre la necesidad de reconocimiento. No obstante, es importante aclarar que Maslow distingue dos niveles en esta necesidad de reconocimiento: la social e individual. Existe la necesidad de ser reconocido por otros, pero también la de reconocerse y apreciarse a uno mismo.

Ahora bien, sucede que la estima social es variable por múltiples razones. ¿Debe serlo también el reconocimiento de uno mismo como ser capaz?. La necesidad de reconocimiento social continuo es el origen de múltiples problemas, como el desarrollo de una personalidad complaciente en exceso y la falta de asumir responsabilidades sobre las propias acciones, utilizando como escudo la obediencia a estándares externos que se asumen como válidos solo por existir fuera del sujeto en cuestión. En cristiano: cuando uno trata de confirmar la realidad a partir de lo que dicen los demás, termina por culparlos siempre, directa o indirectamente, por todos los errores que pueda cometer. Al fin y al cabo, ellos son los que tienen razón.

No te escondas Pepito

Podríamos afirmar entonces que el valor interno que le demos a la opinión de los otros es inversamente proporcional, se desee o no, a la seguridad que poseamos en nuestros propios juicios. Existe una forma simple de evaluar esto: cuando mi opinión y la de los demás es opuesta, ¿Cuál pesa más? Si es siempre la de los demás, tenemos un problema de responsabilidad sobre nuestras decisiones y sobre el valor que damos a nuestras propias apreciaciones. Por el contrario, si la perspectiva propia tiene más peso en nuestro fuero interno que las ajenas, nos consideramos en igualdad de condiciones frente a los demás. Esto, porque a quien más afectan nuestras posiciones es a nosotros mismos. Necesitamos estar seguros de las posturas sobre las que sufriremos consecuencias tarde o temprano.

No debe confundirse esta última actitud con evitar todo tipo de duda sobre una posición adoptada. Es necesario dudar para afirmarse en una opción determinada, lo que no es saludable es dudar continuamente a causa de un menosprecio de la propia capacidad.

Pero, ¿No decías que escuchar a los demás era una forma de supervivencia útil? Definitivamente, aunque no puede ser permanente. La confianza ciega en el entorno es eficiente mientras nuestra capacidad de juicio sea inferior a la del medio. Una vez llegada la adultez, y gracias al proceso de individuación y afirmación que se da usualmente durante la adolescencia, es necesario que la presión social pase a un segundo plano frente a las preferencias del individuo.

Y, ¿Por qué hablamos del sonido del amor en el título? Porque el consejo y escucha continuas suele confundirse con amor. Especialmente destacan los vínculos exagerados con los padres: pedir opinión para vestirse, elegir un trabajo, una carrera, etc. El común de la gente pretende asociar las voces de consejo con muestras de amor, cuando muchas veces prevalece en ellas una catarsis personal, un culto ególatra o una visión muy parcializada por cualquier otro motivo en el consejero.

No todo consejo es malo, no. No todos los demás están siempre equivocados. Pero hay que sacar cara primero por uno mismo, para eso hay que estar seguros, pensar, pensar mucho porque hace falta. Saber que quien saldrá ganando o perdiendo seremos nosotros mismos. Si somos honestos, si somos responsables, si acogemos nuestra voz interna con amor.

*El payaso de rodeo tiene la misión de alejar el toro del vaquero cuando cae a tierra. Lo peor que puede pasar es que no le quede más remedio que cargar al retador cuando el peligro es excesivo.

Referencias:

Gandler, S. (2018). Historical Ethos, Quadruple Ethos of the Capitalist Modernity and Baroque Ethos: Contributions of B. Echeverría for a Critical Theory from the Americas. 마르크스주의 연구15(3), 274-318.

Heidegren, C. G. (2002). Anthropology, social theory, and politics: Axel Honneth’s theory of recognition. Inquiry45(4), 433-446. https://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/002017402320947531

Huitt, W. (2007). Maslow’s hierarchy of needs. Educational psychology interactive23. http://www.rlifiles.com/files/en/2015_Grad_F.pdf

Van Leeuwen, B. (2007). A formal recognition of social attachments: Expanding Axel Honneth’s theory of recognition. Inquiry50(2), 180-205. https://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/00201740701239897