Spotify y el control emocional

¡Dime lo que lo que escuchas y te diré que sientes! 

Como sabemos hoy por hoy, Spotify es una empresa de servicios multimedia de origen sueco fundada en 2006, por el tecnólogo Daniel Ek y el empresario  Martin Lorentzon cuyo producto es la aplicación empleada para la reproducción de música vía streaming. 

La aplicación se lanzó el 7 de octubre de 2008. Las cuentas gratuitas permanecieron disponibles por invitación, mientras que el lanzamiento abrió suscripciones pagas para todos.

¿Una lista de reproducción indicada para cada emoción?

¿Alguna vez no han intentado engañar a un algoritmo? ¡Yo sí! Creo que es un esfuerzo  poco ortodoxo y puede les haya jugado una mala pasada si lo intentaron. Quizá el algoritmo se desconfiguró ligeramente, al ver que un usuario o tal vez varios como yo, pasemos  de escuchar, solo por dar un ejemplo, a Mercedes Sosa deleitándome con su voz y con un clásico como es «Alfonsina y el mar»; y de la nada salto repentinamente, sin más… a una de las canciones más significativas, también por el alto contenido emocional (que representa para mí) como es «Accidentally in love» de la banda de rock alternativo Counting Crows.

¡Definitivamente una cosa, no tiene nada que ver con la otra! (ya que son dos géneros musicales totalmente opuestos). Y si eso fuera poco, me sale tan, pero tan natural, que ya ni busco de forma intencional hacerlo, es algo tan espontáneo que lo hago sin percatarme; escojo música tan variada y aleatoria como el camino de regreso a casa, o si deseo cambiar de no tomar determinado transporte para llegar a un sitio de mi ciudad.

Sin embargo, me fijé en un pequeño detalle, por el cual decidí escribir este artículo. Aunque por muy sutil que parezca (considero yo), es delicado y debe ser observado con lupa y hasta ser muy bien estudiado…

La música, como en cualquier arte, es una expresión donde el hombre explora lo más íntimo de su ser, expresa su alma sin ningún tapujo, y manifiesta lo que posiblemente siempre ha callado. A través de melodías, sonidos y bellas letras, muchos artistas, cantantes y compositores nos transmiten pedazos o fragmentos de su alma. En otras palabras, se ven expuestos, nos vemos expuestos. 

Aproximación a la emoción

Desde ya, es complicado en ocasiones expresarnos o definir lo que experimentamos.  Nuestro estado emocional varía a lo largo del día, en función de lo que nos ocurre y de los estímulos que percibimos. Esto debemos tenerlo en consideración.  Otra cosa fundamental, es que tengamos siempre conciencia de ello, es decir, que sepamos y podamos expresar con claridad que emoción experimentamos en un momento dado.

Las emociones son experiencias muy complejas y para expresarlas utilizamos una gran variedad de términos, además de gestos y actitudes. De hecho, en el diccionario podemos encontrar muchas más palabras de las que nos podríamos imaginar para expresar emociones distintas y, por tanto, es imposible hacer una descripción y clasificación de todas las emociones que podemos experimentar. Sin embargo, el vocabulario usual para describir las emociones es mucho más reducido y ello permite que las personas de un mismo entorno puedan compartirlas. 

La  lista de reproducción de las emociones

Plataformas como Spotify, Apple Music, Dezzer y compañía, no deberian tener la intencion de reducir nuestros sentimientos o expresiones emocionales a solo pequeñas carpetitas llamadas: (canta en la ducha, forever verano, en el trabajo o mientras conduces) solo por contar algunas cuantas…Sin mencionar el detalle también de la inteligencia artificial (IA) inmersa en el lío, donde Spotify está impulsando un proyecto para medir tus gustos en «buenos o malos» ,es decir, si tu playlist personal e individual es desagradable al oído o no… ( ¡Vaya! Si eso le importara a alguien más que al propietario de la playlist, es decir, a ti mismo…) 

La respuesta está en el término ya antes mencionado: los algoritmos. En este punto se preguntarán porqué; ya que el algoritmo tiene la capacidad como para poder identificar las emociones. Tal cual lo leen. 

Se han dado estudios relacionados dónde se encuentra que Spotify tiene particular interés en el desarrollo de nuevas habilidades, funciones y además de recientes tarifas para poder implementar en su plataforma, si eso fuera poco, nos ha generado  nuevas expectativas entre los usuarios que sin contarlo nos han dejado un poco congelados.

Sin embargo, a inicios del año Spotify había propuesto una nueva tecnología para la promoción y la capacidad de analizar no sólo la calidad de nuestra voz, sino también el sonido del ambiente en el que nos encontremos, con lo cual podría determinar el estado de ánimo tentativo y así configurar la música más “adecuada” para nosotros. En ese sentido, se debería implementar o promover recomendaciones o políticas, tanto éticas como profesionales, las cuales deben ser consideradas no solo por la empresa y los mismos usuarios. 

El argumento ante esta propuesta planteada es muy simple y básica: la música evidentemente es un reflejo del estado anímico que manifestamos en un momento determinado. Sin embargo, no sería idóneo o hasta incluso, se podria llegar a considerar una violación a nuestra intimidad o al consumo que tenemos de forma diaria o cotidiana…

Considero que ahí radica el gran problema de la búsqueda incesante de estar presentes en absolutamente todo… tanto como la música de las fiestas infantiles, de los centros comerciales, de las ferias, de los funerales, incluso de nuestra depresión…¡Solo pensémoslo por un momento! ¿De igual forma nos podríamos llegar hasta cuestionar que no sería quizás hasta un juego u experimento? El hecho de seleccionar una música respecto a mi estado anímico que quizás pueda prolongar un mal innecesario… Y es que no siempre necesitamos un tipo de música en una circunstancia en particular, ya sea positiva o negativa. Quiero imaginar que no tenemos carpetas con canciones predeterminadas inspiradas de momentos de dolor, porque no debemos enfrascar la totalidad y la complejidad de nuestras emociones y sentimientos en 3 o 5 minutos y en un dispositivo multimedia. Eso es devaluar nuestra condición humana y ponerla al servicio de un streaming como es Spotify. 

Porque la clave de mis emociones (o de cualquier otra persona),  de su control y de su autonomía, no está en la música, sino en sí misma, su inteligencia, en sus habilidades  y ahí es donde jamás nunca un algoritmo va a poder llegar e igualar a un ser tan desarrollado, tan complejo y maravilloso como el ser humano. 

Quizás Spotify no tomó en consideración ese pequeño detalle o se les escapó ese algoritmo… 

Es cierto, pueden saber de memoria nuestros gustos musicales respecto a nuestras emociones, pero no podrán decodificar con ningún algoritmo nuestra conciencia, ahí no podrán llegar…

Bibliografía:

  • Cohen, S. (1993). Ethnography and popular music studies. Popular music, 12(02), 123-138.
  • Crozier, W. (1997). Music and social influence.
  • DeNora, T. (1986). How is Extra-Musical Meaning Possible? Music as a Place and Space for» Work». Sociological theory, 4(1), 84-94.
  • DeNora, T. (2000). Music in everyday life. Cambridge University Press.
  • Frith, S. (1978). The Sociology of Rock Music. London: Constable.

Antonella Alexandra Beltrán Contto

Estudiante de psicología. Miembro del colectivo DEIS. Actriz en formación. Clown hospitalaria en área oncológica y pedíatra. Me especializo en abordaje DBT. Erradicar el estigma respecto a las enfermedades mentales es una meta a cumplir. La rama clínica y social son mi gran pasión. ¡Ah! Además del arte, ya que nos redime y trasforma. ¡Cuidado! ¡Tengo una pluma cargada y no dudaré en usarla!

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