Comentarios acerca de las meditaciones kafkianas, tercera parte

Y llegamos a la entrega final de este recorrido en compañía de Franz Kafka.

Se miente lo menos posible, sólo cuando se miente lo menos posible, no cuando se tiene las menos oportunidades para ello (58):

O dicho de otro modo, el mérito de abstenerse de mentir es mayor cuando lo más fácil o cómodo sería mentir. El dominio de sí mismo; el hacer lo correcto a pesar de las incomodidades que podrían presentarse. Y esto se puede ampliar a cualquier otra mala acción: no robar; no herir; no destruir cuando se puede hacerlo, son las oportunidades propicias para demostrar de qué estamos hechos. No hay que desistir si se falla, siempre podemos enmendarnos.

Un escalón que no se halle profundamente socavado por los pasos es, visto por sí mismo, nada más que un yermo conglomerado de maderas (59):

El tiempo, las experiencias, las pruebas, son los que forman nuestro carácter y fortalecen nuestra personalidad. Una escalera que no se pisa no sirve para el propósito por el cual fue construida, de forma similar, una persona que nos está curtido por la experiencias y vivencias (positivas y negativas), es una persona de poco crecimiento interior.

El que renuncia al mundo tiene que querer a todos los hombres, pues renuncia también a su mundo. Por ello comienza a intuir el auténtico ser humano, que no puede ser más que querido, descontando que sea sea igual a este (60):

La renuncia a lo mundano abre los ojos, y lo primero que se puede vislumbrar es la bondad de los hombres. Por más que haya otros incapaces de ver su propia bondad, los que pudieron ver tienen el deber moral de difundirla y propagar el amor fraterno.

El que dentro del mundo quiere a sus semejantes, no hace ni más ni menos injusticia, que si dentro del mundo se quiere a sí mismo. Solo quedaría la pregunta de si lo primero es posible (61):

No hay que «querer» bajo los parámetros del mundo, eso no es querer realmente, ni al los demás, ni a uno mismo. El propio Kafka se pregunta inmediatamente si siquiera es concebible la idea de hacer tal cosa. En efecto, es imposible amar mundanamente, eso no sería otra cosa que un deseo egoísta, voluptuoso y utilitarista.

D’Artagnan y los tres mosqueteros, ejemplo palmario de verdadera unión y amistad inquebrantable

Lo indestructible es uno; cada hombre en sí lo es y al mismo tiempo es común a todos, de ahí la sinpar indivisible unión de los hombres (70/71):

Nuestra esencia es invulnerable y es un enlace supraterrenal que nos une entre todos. La unión de los seres humanos es permanente, podrán despreciarla, dañarla, ignorarla, pero nunca romperla.

El amor sensitivo confunde sobre el celestial; solo no podría, pero sin saberlo tiene el elemento del amor celestial, puede hacerlo (79):

El amor de concupiscencia (el sensitivo) tiene elementos en común con el de benevolencia (el celestial), como la sensación de bienestar y alegría en el corazón. Pero a fin de cuentas el amor de benevolencia es superior al de concupiscencia y debe ser luz para este último. En este enlace tengo un estudio más detallado al respecto.

¡Por última vez psicología! (93):

Es una afirmación muy curiosa y misteriosa, ciertamente yo no podía darme una idea clara acerca de qué quería decir con este pensamiento, por ello busqué un estudio para aclarar el contexto y me enteré de que fue una expresión para mostrar disconformidad con una propuesta del psicólogo Franz Brentano, a quien Kafka conoció personalmente.

Según Robertson (Kafka, s. f., Explanatory Notes, p. 218), Brentano, en su libro «Psicología desde un punto de vista empírico», abogó por la introspección como un medio de conocimiento psicológico. Pero Kafka nos da una advertencia contra el autoexamen excesivo.

Ahora surgen otras dudas: ¿Por qué lo haría? ¿Cuáles fueron los motivos de esta advertencia? El autoconocimiento no es tarea fácil, debe hacerse con responsabilidad y seriedad ¿Acaso un mal ejercicio del mismo podría ser contraproducente? ¿De qué manera sería contraproducente? Es un tema que sin duda estaré tocando en un futuro artículo.

Quédate en tu mesa y…

No se puede puede decir que nos falte fe. Sólo la sencilla realidad de nuestra vida no se puede agotar en su valor de la fe. ¿Aquí sería valor de la fe? No se puede no-vivir. Justo en ese «no se puede no» se esconde la demencial fuerza de la fe; en esta unión recibe forma.

No es necesario que te vayas de la casa. Quédate en tu mesa y escucha. Ni siquiera escuches, espera tan sólo. Ni siquiera esperes, estáte completamente callado y solo. El mundo se te ofrecerá para desenmascararlo, no puede hacer otra cosa, extasiado se retorcerá ante ti (109):

El hombre siempre tiene fe en alguien o en algo y la tiene todo el tiempo: Ya sea fe en Dios; fe en un amigo; fe en que al salir a la calle, se regresará vivo al hogar, etc. Quien diga que la fe no sirve, debe saber que la fe mueve al mundo y el propio Kafka le reconoce una fuerza tan grande que roza en lo inconcebible.

Por otro lado, el conocimiento está al alcance de uno. Serenidad, paciencia y darse un tiempo para apartarse del ruido, sin abandonar, ni desentenderse del exterior. Pues al cultivar las honduras del alma, y crecer en nervio y sustancia, uno debe salir a la acción.

Es interesante que este último pensamiento de Kafka tiene cierta similitud con un pensamiento de Lao-Tsé, en el Tao Te Ching (2014, p. 51):

«Sin dar un solo paso puedes conocer el mundo.

Sin mirar hacia la ventana puedes ver el color del cielo».

Pero de poco serviría un elevado desarrollo del conocimiento si se queda ajeno a los demás, desprendería un olor fétido como sostiene el código samurái, uno debe poner en servicio todo lo que uno tiene dentro, así es como uno puede seguir adelante en el camino de contemplación de los misterios de uno mismo y los del exterior. Y todo empieza con el silencio.

Estas fueron mis apreciaciones de las 33 reflexiones de Kafka que consideré más cercanas a la Psicología. Fue un ejercicio muy complaciente comentarlas. Es maravilloso contemplar la pericia y perspicacia de Kafka, por eso les recomiendo con mucho ánimo leer detenidamente todas las 109 consideraciones acerca del pecado, el dolor, la esperanza y el camino verdadero, estoy seguro que les será de mucho provecho.

Como colofón les comparto el último párrafo de un relato de Kafka llamado «Intercesor». Ojalá yo haya sido un intercesor entre ustedes y el pensamiento kafkiano.

¡Sube las escaleras! Hay mucho que ganar

Referencias

  • Kafka, F. (s. f.). A Hunger Artist and Other Stories. Oxford University Press.
  • Kafka, F. (2012). Obras Selectas: Franz Kafka. Madrid: Edimat.
  • Lao-Tsé. (2014). Tao Te Ching. Buenos Aires: Del Nuevo Extremo.

Hernán León

Soy Bachiller en Psicologí­a. Tengo una especialidad en Psicologí­a educativa. Soy estudiante del Diplomado en antropologí­a cristiana y de la Maestría en humanidades por la UCSP. Admiro muchí­simo la Literatura universal.

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