La discriminación, una forma de inferioridad

Existen conceptos de valor negativos que tienen como único objetivo la afectación de la persona y la desintegración social; y que están dirigidos contra aquellos que son considerados equívocamente como diferentes y hasta inferiores. A este tipo de conducta se le denomina discriminación y todo lo que este concepto implica también es un tema de estudio para la psicología, desde donde se sugiere atender este problema partiendo de sus orígenes, que se encuentran en la mente y las emociones del ser humano. La exteriorización de creencias contrarias a lo moral y lo legalmente permitido, para luego expandirse a círculos más grandes como la sociedad y el Estado vulneran el modo democrático de convivencia en el que aspiramos vivir. La extinción de conceptos como la discriminación, y sus derivados como: el prejuicio, el estereotipo, el racismo, entre otros; no solo nos dan la tarea de formar a los niños en valores y en principios básicos que les permitan diferenciar entre lo bueno y lo malo, también implica el diagnóstico de trastornos que se encuentran detrás de este tipo de pensamiento, que se da a conocer a través de una conducta que puede esconder más de lo que parece.

Palabras clave: Discriminación, prejuicio, estereotipo, racismo. 

El Perú es uno de los países donde existe más diversidad cultural, esto debido a una historia de constantes cambios, revoluciones; el carisma y la amabilidad de sus habitantes. Esta mistura de colores y sabores nos ha posicionado en el top número uno en muchos aspectos, siendo uno de ellos nuestra gastronomía, que es reconocida mundialmente por su calidad y la fusión de variados sabores. Pero ¿Qué pasa cuando empezamos a distinguir esta fusión de una forma negativa? Según Prevert y otros (2011), “desde la psicología social sabemos que la discriminación corresponde a la traducción en actos de los prejuicios. Se trata de un comportamiento negativo en contra de los miembros de un grupo que es objeto de una imagen negativa”. (p.p. 9). Por lo que podemos asumir que los prejuicios, los estereotipos y la discriminación se presentan juntos, y que no son más que el resultado de una herencia penosa que se ha pasado de generación y generación, y que ya es hora de dejar atrás. A continuación, explicaré el concepto de discriminación, así como sus variantes, como son los prejuicios y los estereotipos, para después dar hablar del racismo y finalmente dar una reflexión acerca de esta problemática. Si tú eres de esas personas que piensa que el envase vale más que el contenido, después de leer este artículo, espero hacerte cambiar de opinión y que te des cuenta, que solo es una etiqueta impuesta por una sociedad a la defensiva que ha sido sometida desde el principio de su historia por la violencia.

Estereotipos y prejuicio

En mi opinión contrastada con la de otros estudiosos del tema, el problema de la discriminación comienza con dos juicios de valor negativos de diferente naturaleza, como son los prejuicios y los estereotipos. En primer lugar, los prejuicios son los sentimientos y emociones derivadas de una creencia, en forma de evaluaciones positivas o negativas, que se tienen sobre una persona o personas. Desde la perspectiva de la psicología Casas (2008) nos dice, “no es solamente una declaración de opinión o de creencia, sino una actitud que incluye sentimientos tales como el desprecio, disgusto o total repudio”. (p.p. 151). Por lo que, prejuzgar representa, tener ideas y conceptos por lo general negativos hacia una persona, solo por su apariencia o por lo que creemos conocer acerca de ella sin conocerla realmente; y que han sido previamente implantados en un ambiente de intimidad que no comprende el verdadero valor humano. De esta manera, los prejuicios nos hacen juzgar a los demás, por la creencia injustificada que tenemos y no por sus méritos y acciones. En efecto, la discriminación se encuentra vinculada con el prejuicio, como la actitud arraigada en el ámbito de las convicciones personales que considera a un determinado grupo humano como inferior.

Respecto a los estereotipos, se tiene que son ideas organizadas derivadas de creencias, sobre las características asociadas a diferentes grupos sociales: aspecto físico, intereses, ocupaciones, etnias, entre otros. Respecto a este concepto Casas (2008) nos explica, “El término “estereotipo” hace referencia a reproducciones mentales de la realidad sobre las cuales se generaliza acerca de miembros u objetos de algún grupo”. (p.p. 151). En este punto es importante recalcar, que tanto los prejuicios como los estereotipos pueden ser positivos o negativos, siendo por lo general negativos.

Algunos ejemplos

 Al comenzar la carrera de psicología uno de los primeros temas que conocemos, son los prejuicios, pero ¿por qué? Bueno, como profesionales de la salud mental encaminados a evaluar el comportamiento de las personas para dar un diagnóstico adecuado, debemos dejar de lago el hecho de la evaluación a primera vista, porque si bien este aspecto forma parte del resultado final, no lo es todo, ya que lo más importante está en el diálogo y el acercamiento que nos permita el paciente para empezar a conocerlo verdaderamente.

Algo muy importante de recalcar, es la diferencia entre prejuicio y estereotipo, respondiendo el primero a una evaluación más emocional, mientras que el segundo a algo más cognitivo, es decir más mental. Desde la Psicología todos tenemos prejuicios y estereotipos, ya que nuestra mente está hecha para organizar conceptos en categorías. Es relevante decir que los conceptos que podemos armar que responden al concepto de prejuicio o estereotipo, no son siempre negativos, también pueden ser positivos, y es algo a tomar muy en cuenta, aunque ahora solo abordaremos el lado negativo.

Un ejemplo de prejuicio:

Ana es una chica que está un poco subida de peso, es el primer día de clases y quiere verse bien, ella está muy emocionada por hacer nuevos amigos, ya que es muy sociable. Ya en la clase, sus compañeros no son muy amigables, en especial Gloria que la mira con desagrado porque piensa que Ana esta gorda porque no se quiere, sino haría ejercicio y cuidaría más su aspecto. Lo que no sabe Gloria, es que Ana tiene una enfermedad que la ha hecho subir de peso y que es algo que esta fuera de su control. Cuando Gloria se entere de la verdad, se va a sentir muy culpable.

Un ejemplo de estereotipo:

Todos dicen que Claudia es una chica muy bonita, pero algunas personas la han encasillado en el papel de “bonita tonta”, dicen que es de las que se arregla mucho porque no tiene nada en la cabeza. Lo que no saben es que Claudia está estudiando medicina y es una de las mejores de su clase. Esperemos que las personas que piensan que solo es una cara bonita se den cuenta pronto de su error, porque es un poco vergonzoso pensar de esa manera.

La psicología específicamente en su rama social, nos aclara que tanto los prejuicios y los estereotipos tienen un origen social. Según Prevert y otros (2011) nos dicen al respecto, “la discriminación debe reubicarse dentro del marco de un análisis de las estructuras sociales fundadas en diversas formas de desigualdad de poder, de medios materiales, de reconocimiento, etc.”. (p.9). Por lo que trataremos el tema de la discriminación como cuestiones aprendidas mediante la observación; y que son la consecuencia de generalizaciones muy difundidas sobre los miembros de un grupo cercano o social, que nos llama a buscar un lugar en un grupo para ser aceptados, así que una personalidad formada y criterio propios son muy importantes.

Otro punto muy importante es que los prejuicios también pueden ir contra nosotros mismos. Por ejemplo: Si soy el inteligente de la clase solo debo juntarme con los inteligentes; como me dijeron que soy el perdedor de la clase no puedo juntarme con personas con una mejor etiqueta; y si soy el más popular no puedo juntarme con cualquiera. No debemos subestimarnos, no usemos los prejuicios en nuestra contra, eso es un auto ataque, y si no puedes remediar eso en ti mismo, no vas a poder remediarlo en los demás.

Algo de suma importancia, es que esta categorización puede representar a personas que tienen muy interiorizado el concepto social de jerarquías; pero también puede suponer un problema interno más allá de un simple juicio de valor, como el tener que hacer sentir inferiores a los demás para no sentirse inferior uno mismo. En consecuencia, las personas que discriminan a diestra y siniestra, pueden tener graves problemas internos no resueltos, y su forma despectiva de actuar sometiendo y tratando se hacer sentir inferiores a los demás, solo podría ser la máscara de un problema muy grande en su interior.

La discriminación

Ya hemos hablado de lo que significan los términos de prejuicio y estereotipo, pero para recordar, estos son la idea de algo que en concreto no es cierto, ya que solo son creencias guiadas por emociones o la organización de ideas en relación a alguien, respectivamente. En efecto, la discriminación viene a ser el poner en marcha estas creencias y realizar acciones reflejadas en una conducta y en un hecho sólido, o más comúnmente, es llevar la idea a la práctica. En este sentido, la discriminación es el trato diferenciado basado en motivos injustificados; que van en contra de los principios y valores morales, y el ordenamiento jurídico; y que tiene como resultado la anulación o menoscabo de la persona en la que se aplica esta práctica. Más exactamente, el acto de discriminar a alguien, se basa en ideas de prejuicio o estereotipo negativo que hacen que los miembros de un grupo sean tratados como seres diferentes, en el sentido de ser inferiores; yendo en contra de la dignidad y la naturaleza humana de toda persona.

De forma general la discriminación se define como la conducta diferenciada con el objetivo de disminuir a un grupo social o uno de sus miembros. Desde la psicología hay una concepción un poco divergente. Según Casas (2008) la discriminación se da cuando, “el sujeto se siente amenazado de perder poder y dominio sobre aquello que no comprende, valora o desconoce”. (p.p. 159). Así vemos tristemente que nuestra sociedad en la búsqueda de competitividad, reconoce indirectamente el dominio sobre los demás como un valor. Entonces, ¿las personas que discriminan son malas personas? Pues no, ya que considerablemente solo son el reflejo de una sociedad competitiva, y del desconocimiento y una falta de comprensión sobre lo que significa igualdad y valor humano. Asimismo, es importante pensar en la situación de cada sujeto y en los factores que pueden estarlo llevando por este mal juzgamiento de los demás. Quizás una infancia terrible con padres clasistas y con un aprendizaje estereotipado asimilado, tendrá como resultado un niño que crece pensando que discriminar a los demás es lo correcto porque sus padres, su máxima autoridad moral, aprueban esto. Es necesario desaprender y romper con eso más adelante.

La discriminación y el racismo

El racismo, al igual que la homofobia, el machismo o el hembrismo, es una manera aislada de discriminación, dirigida a personas con características específicas, en el caso del racismo, relacionada al origen andino, a si habla quechua o aymara o emplea una vestimenta tradicional. Un ejemplo claro nos lo da Ardito (s.a.) que nos explica, De otro lado, la mayoría de personas de rasgos andinos padecen maltratos racistas cuando, además, son pobres, tienen apellido indígena, han nacido en una comunidad, usan su vestimenta tradicional, tienen baja estatura, escaso nivel educativo, hablan quechua o tienen un marcado acento indígena”. (s.p.). Sin duda existen muchas formas de discriminación, una más inaceptable que la otra, pero considero que el racismo es la que más se ha mantenido y ha pasado a formar parte de nuestra cultura popular e identidad, por lo que líneas más abajo hablaremos un poco de este concepto.

En el Perú, la discriminación como un esquema de intolerancia, ha permitido la exclusión como una forma permitida de descartar a determinadas personas con la etiqueta de inferiores. La marcada diferencia entre la superioridad de determinadas identidades étnicas o raciales, modelos culturales, estéticos y religiosos sobre otras, han sido una amenaza constante para las personas originarias de nuestro Perú, que no han tenido otra alternativa que bajar la cabeza y esconderse ante los abusos de los borrachosamente superiores que no eran más que ignorantes de la materia. La discriminación en nuestro país, ha sido y es un problema grave, una semilla de opresión que ha dado frutos de rechazo e invisibilidad de los más débiles, afectando a la sociedad en general, como una persona que día a día esta desaprendiendo y curándose de un aprendizaje obligado e impuesto por los primeros invasores.

Un poco de historia

La preponderancia de las ideas racistas en el Perú, tuvieron su apogeo durante la República Aristocrática. Manrique (2008) nos dice, “La cuestión de cómo debía insertarse a la población india que iba a forjarse fue un problema desde la propia fundación de la República”. (s.p.). En esta etapa los oligarcas representaban el poder absoluto, la raza negra la esclavitud y los indígenas la pobreza y la opresión. Manrique (2008) también nos habla del impuesto indígena, “la restauración del tributo indígena colonial, bajo el nuevo nombre de contribución personal”. (s.p.). En este sentido, “ser indio”, como llamaban en esos tiempos a los peruanos originarios, sólo significaba una condición fiscal, ya que a pesar de su pobreza extrema, estaban llamados a contribuir con lo poco que tenían; en tanto los criollos y los blancos no tenían esta obligación, por su superioridad natural. Asimismo, nuestros primeros ancestros estaban obligados a trabajar gratuitamente en las obras estatales y bajo el sometimiento de los gamonales, que eran los encargados de supervisar su trabajo en las tierras de los oligarcas, que eran una especie de señores feudales andinos.

La élite de esta etapa, estaba integrada sólo por blancos venidos de Europa, los cuales se arrepentían de no poder exterminar a los indígenas como se había hecho en muchos países de América. La idea de desprecio se refleja en el sermón del 28 de julio de 1846, por el 25 aniversario de la independencia, en donde Manrique (2008) nos recuerda las palabras dadas por el sacerdote Bartolomé Herrera, “El sufragio selectivo debía apartar a los indios del voto, puesto que su incapacidad natural los hace inelegibles para ciudadanos”. (s.p.). Por lo que, convencidos de su inferioridad natural étnica, tanto los blancos y los criollos, los últimos en su mayoría los intelectuales del momento; buscaron otras formas de exterminio. Los programas de “integración del indio a la nación”, consistían en la “regeneración biológica gradual” a través de la mezcla de razas, por lo cual se abrió la puerta del Perú a la inmigración blanca, con la idea de un “país vacío que era necesario repoblar”. Al no ver resultados eficaces, y dar cuenta que la clase indígena representaba un problema porque eran mayoría en el país, se apostó por otra alternativa, como fue la eliminación cultural, o etnocidio cultural. Medida que en la actualidad lamentablemente parece haber rendido fruto.

Otro momento de racismo en la historia de nuestro país, es la violencia ocurrida durante las décadas de 1980 y 1990 que tuvo componentes de discriminación hacia la población campesina e indígena de los departamentos más pobres del país. El uso insultante, denigratorio y deshumanizante de la palabra “indio” o “cholo” estuvo presente en los abusos y arbitrariedades que se cometían contra los campesinos de las comunidades andinas. Estas expresiones se usaban frecuentemente de manera despectiva con la finalidad de disminuir y menospreciar la condición humana de las personas.

En la actualidad, todavía podemos ver algunos matices de racismo, en las noticias, en las redes sociales o en nuestro día a día, inclusive podemos haber sido víctima o quien sabe victimarios. Lo cierto es que es una práctica que poco a poco está desapareciendo, como una sociedad enferma que esta sanando de a pocos de todas las arbitrariedades y la violencia; que solo sabe defenderse formando parte de una élite superior, porque prefiere ser victimario antes de víctima, y así protegerse de no ver menoscabados sus derechos más básicos, una sociedad a la defensiva, que no está dispuesta a volver a ser disminuida.

La discriminación es un fenómeno que contiene diversos componentes y engloba en sí una variedad de sentidos que complican su eliminación en la persona y de la sociedad. En este sentido, entenderla mejor permitirá enfrentar de manera integral sus consecuencias y enfocarse en los elementos constitutivos que la causan. Para la psicología la mejor medida es el respeto, la tolerancia, la comprensión y la crítica constructiva.

Un poco de tolerancia

El concepto general de tolerancia, es la comprensión por el otro, yo tolero a alguien porque debo comprender diferentes factores que han tenido un papel en la forma de ser o de actuar de un individuo, para que se comporte de una determinada manera. Entonces aquí diferencio tres equipos, el primero de los discriminados, el segundo de los que discriminan y el tercero, vamos a llamarlos, el de los juzgadores. Sin duda no existe una tolerancia por parte de los que discriminan hacia los que son discriminados, porque están programados en automático para ser de esa manera, pero probablemente y en su mayoría, son personas que no se saben equivocadas, al tratar a una persona de forma despectiva por ideas o creencias equivocadas. Por otro lado, tenemos a los que han sido discriminados, los cuales por lo general han sido disminuidos en su calidad humana. Finalmente, están los juzgadores, entre los cuales quizás tú te has encontrado alguna vez; son esas personas que cuando sucede un acto de discriminación levantan su voz y demuestran su indignación, bien, es correcto, pero ¿son los que juzgan tolerantes? Al juzgar a la persona que ha discriminado inmediatamente nos cegamos por la ira de lo que ha hecho y no pensamos en lo que está detrás de ese comportamiento, como una mala formación en valores y principios, el desconocimiento de la ley o un ambiente tóxico que desde niño le ha hecho creer que está bien discriminar; que no es más que la expresión de una errónea forma de pensar que puede ser corregida.

Las personas pueden obrar mal, pero tenemos el deber de preguntarnos porque esa persona es así, ir más allá del dedo acusador y recordarnos que todos somos humanos y cometemos errores. En este punto quiero que quede claro que no estoy del lado de los malos elementos del sistema, aunque tan malos no son porque son la creación de una sociedad temerosa, pero si estoy del lado del respeto, consenso y la tolerancia, ya que las críticas no van a repercutir verdaderamente en una persona si no son constructivas y logran llegar al interior de su ser. Si el objetivo del castigo es la resocialización como manda la Constitución, te aconsejo que, desde cualquier situación, debes permitirte ser más abierto a escuchar.

Como solucionamos este problema

Desde el punto normativo, solucionaremos el problema de la discriminación aplicando las leyes, desde el punto social vamos a solucionar este problema a través de la exclusión de los que realizan esta práctica tan negativa, pero desde el punto de la psicología no es tan fácil. Como una ciencia que estudia los procesos internos del ser humano y de la expresión de estos en el comportamiento, la mejor solución es tratar de comprender ¿Por qué una persona tiene la necesidad constante de disminuir a los demás? ¿Qué es lo que sucede dentro de él para comportarse de esa manera? Y ¿Qué es lo que espera cuando lo hace? La discriminación como vimos más adelante, no es más que la consecuencia de un ambiente que no sabe acerca del valor de una persona y que solo te juzga por lo que cree cierto de ti. La internalización del concepto de que la apariencia, tu apellido, tu forma de vestirte y las cosas que adquieras te hacen mejor persona, es un concepto equivocado que debe desaparecer de tu interior y del de todos. Pregúntate ¿Por qué pienso de esa manera? ¿En qué momento empecé a pensar así? ¿puedo cambiar?

Para finalizar, si realmente queremos lograr un cambio, no debemos convertirnos en lo que juramos destruir. Desde la psicología, la mejor forma de lograr un cambio, es a través del respeto, la tolerancia, la comprensión y la crítica constructiva. No podemos intervenir poniéndonos al nivel del que ha insultado o herido, porque seremos igual que él, y no tendremos esa superioridad moral que nos ayudará a ayudarlo. Si no te agrada como se expresó alguien de otra persona o no te gusta lo que hizo, la mejor manera de lograr un cambio es llegar a él, desde su ser interior como alguien que quiere su bienestar y le dice que su forma de pensar es incorrecta, todo esto de una forma asertiva, con mucho respeto y consideración por las circunstancias.

Puede ser difícil, contener emociones de desahogo, que vienen de toda una cultura oprimida, que esta alerta al más mínimo insulto, para hacer la guerra y defenderse hasta morir, con tal de no volver al pasado, pero es mucho mejor construir desde lo bueno que desde lo malo, no existe la necesidad de volvernos inquisidores, si queremos una sociedad moderna, necesitamos mentes modernas que apuesten por el diálogo y no por la violencia.

Si tú eres una persona que ha prejuzgado a otra persona, o a estereotipado a alguien, por creencias o ideas que tenías acerca de lo que está bien, te comprendo y compréndete a ti mismo, busca en tu interior el problema que te hace o te ha hecho alguna vez ser de esa manera y soluciónalo, porque nadie mejor que uno mismo, que se conoce a sí mismo mejor que los demás, para tomar cartas en el asunto y hacer la diferencia. Nadie es perfecto, como seres humanos estamos inclinados a cometer errores, pero en el darse cuenta y hacer algo al respecto, se encuentra lo que nos diferencia de los demás. Nosotros mismos somos los encargados de romper con la tradición y poco a poco instaurar una nueva visión de lo que significa ser uno mismo, desde cualquier perspectiva, Está en nuestras manos el identificar estas situaciones y actuar para prevenirlas o, en último caso, remediarlas, siempre desde el respeto, la tolerancia, la comprensión y la crítica constructiva. Es el primer paso.

Bibliografía

Manrique, N. (2004). Enciclopedia temática del Perú: Sociedad (vol. 7). Lima: Empresa Editora El Comercio.

Prevert, A., Naarro, O. y Bogalska, E. (2011), La discriminación social desde una perspectiva psicosociológica. Revista de Psicología Universidad de Antioquía, 2(1), 7-20. Recuperado de http://pepsic.bvsalud.org/pdf/rpsua/v4n1/v4n1a2.pdf

Ardito, W. Recuperado de https://idehpucp.pucp.edu.pe/wp-content/uploads/2015/03/conferencias-descentralizadas-alfa-VF.pdf

Casas Martínez, María de la Luz (2008). PREJUICIOS, ESTEREOTIPOS Y DISCRIMINACIÓN. REFLEXIÓN ÉTICA Y PSICODINÁMICA SOBRE LA SELECCIÓN DE SEXO EMBRIONARIO. Acta Bioethica, 14 (2), 148-156. [Fecha de Consulta 5 de abril de 2021]. ISSN: 0717-5906. Disponible en:   https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=55412249004

Flor de María Núñez Pacheco

Soy bachiller de Derecho y estudiante de Psicología, tengo experiencia en la rama de derecho de familia e interés en la rama de psicología clínica. Espero trabajar más adelante en ámbitos que estén relacionados al campo legal y psicológico. Asimismo, creo firmemente que la promoción y la prevención de la salud mental pueden asegurar el bienestar psíquico de la persona, la familia y la comunidad, en su tratamiento y rehabilitación.

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