La autoestima y la dignidad, dos conceptos de valor

La autoestima es un concepto que nos llama a valorarnos de una forma muy personal, en donde esta valoración puede darse de forma positiva o negativa, debido a que como seres humanos sentimos y pensamos de una manera propia y podemos guiarnos de un buen o un mal autoconcepto. La dignidad en cambio, como un concepto antecesor, nos da cuenta del valor de ser un ente moralmente autónomo que merece respeto y que goza de libertad, dilucidándose como el reconocimiento universal del valor humano desde tiempos antiguos. Es así que la autoestima y la dignidad se unen, y valorarnos deja de ser totalmente un concepto individual y psicológico, para ser un hecho religioso, filosófico y de derecho, que se ha desarrollado dentro de la humanidad como comunidad y que ha hecho posible que vivamos en sociedad. En la actualidad, la dignidad es un derecho fundamental y es la base de la sociedad. El Estado a través de su regulación normativa, tiene la obligación de garantizar un ambiente idóneo en el que todas las personas podamos vivir con dignidad y aprender a tomar consciencia de nuestro valor humano, es decir a tener autoestima. 

Palabras clave: Autoestima, dignidad, persona, Estado. 

Cuando una persona no tiene una buena autoestima, generalmente se relaciona a conceptos que nos proporciona la psicología, como un autoconcepto negativo de sí misma o la falta de autoaceptación que no le permite ser consciente de su especial naturaleza, pero ¿Acaso solo la psicología aborda este problema? La respuesta es no, ya que existen otras áreas de estudio como la filosofía, la religión y el derecho, que abordan el valor de la persona desde otro punto de vista muy similar a la autoestima, como es el de la dignidad. A continuación, explicaré el valor humano desde el concepto de la dignidad, sus orígenes, y su relación con la autoestima, agregando a esto algunas reflexiones a seguir frente a posibles pensamientos negativos que puedan estar rondando tu mente. Después de leer este artículo no va a quedarte duda de que eres un ser valioso, especial e irrepetible y que solo falta que tú te des cuenta de ello.

El concepto de dignidad humana

Como concepto general, la dignidad es el valor único, insustituible e intransferible que posee toda persona humana, es la base de todos los valores superiores y se fundamenta en la autonomía moral de la persona, característica que lo hace especial de entre otros seres vivos. Según Kant, “la dignidad tiene un valor intrínseco en la persona moral y este valor no admite equivalencias”.

La dignidad es un valor interno que no puede desprenderse de la persona, que tiene valor pero que no tiene precio y que está ligada a la libertad de poder hacer lo que pensamos y lo que sentimos, esto dentro de los límites del ordenamiento jurídico y los principios morales ya establecidos, porque como seres humanos somos poseedores de la autonomía moral, que no es más que la capacidad que nos hace valorar situaciones de carácter moral y tomar decisiones. 

La moral como base de la dignidad

El término “moral”, fue rescatado por los romanos y tiene sus raíces en el término griego “ética”, así que podemos decir que son términos equivalentes. Entonces, la moral se refiere a las expectativas o ideales que acogemos como correctos, respecto de nuestra comunidad, en torno a situaciones particulares que necesitan ser evaluadas en base a un criterio propio, para convivir en armonía. Es así que la moral es un modo de vida en la cual podemos ser buenos o malos.

Respecto a esto Cortina (2013) menciona que:

“Todos los seres humanos son más o menos altos o bajos, todos son morenos, rubios o pelirrojos, todos pesan más o menos, pero ninguno carece de estatura, volumen o color. Igual sucede con la ética, que una persona puede ser más moral o menos según determinados códigos, pero todas tienen alguna estatura moral”. (s.p.).

La moral se imprime en la dignidad, como la libertad que posee el ser humano, de hacer lo correcto de acuerdo a las circunstancias y a su conocimiento. Este es responsable de sus decisiones, sean buenas o malas y siendo la autonomía moral eso que nos hace especiales y que ningún otro ser vivo posee. Para más exactitud Cortina (2013) nos explica lo siguiente, “el núcleo del mundo moral consiste en reconocer, estimar, proteger y empoderar a los seres que merecen ser reconocidos como valiosos por sí mismos y, por lo tanto, tienen dignidad y no precio”. (s.p.).

La autonomía moral, es la esencia del concepto de la dignidad y significa que los seres humanos somos especiales porque en la libertad que nos otorgan nuestras facultades, como adquirir conocimientos y ser morales, para hacer lo correcto o incorrecto, reposa el valor de la dignidad, que nos hace dignos y merecedores debido a nuestra naturaleza humana, de entre otros seres vivos que conocemos.

Antecedentes de un concepto precursor de la autoestima

La historia de la dignidad empieza con el desplome de las jerarquías sociales, que solían ser la base del honor. Relacionado antiguamente con la desigualdad, tenía honor él que había sido reconocido públicamente, él que por alguna cualidad tenía el respeto de todos o él que era una persona moralmente correcta, por lo que era esta cualidad moral la que impulsaba a una persona a actuar dentro de lo permitido. Taylor (2010) nos dice, “Es obvio que el concepto de la dignidad es el único compatible con una sociedad democrática, y que era inevitable que el antiguo concepto del honor “cayera en desuso”. (s.p.).

La dignidad a diferencia del honor, se emplea en un sentido universalista e igualitario, en donde el honor le abre paso a la dignidad, como un concepto moderno que reconoce el valor de la persona de forma igualitaria para todos, es decir, todos somos dignos, todos somos valiosos sin importar nuestra apariencia física, nuestra condición social u otros factores, somos dignos porque somos humanos. 

Más adelante sucedería la Segunda Guerra Mundial, en donde se dieron a cabo hechos aberrantes, y es debido a los abusos cometidos y a un mundo conmocionado, que se renueva la teoría institucional que le dio a la dignidad humana el perfil de un principio constitucional y un derecho fundamental. En relación a esto Landa (2000) opina, “Después de la guerra, la dignidad de la persona y sus derechos humanos se convirtieron en el pilar vertebral de la nueva forma de organización democrática del Estado y de la comunidad internacional”. (p. 12).

La historia de la dignidad se basa en la lucha por el reconocimiento de la misma, como nos refiere Cortina (2013), “Han sido innumerables las revoluciones de los esclavos, los pobres y miserables, los siervos, las mujeres, los negros y los indígenas para lograr ser reconocidos como personas dignas de respeto, pertrechadas de una identidad que merece igualmente respeto”. (s.p.).

El respeto de la dignidad de las personas, es la base de una sociedad, en la que prima el respeto, la igualdad y la justicia.

El valor humano desde el punto de vista de la religión 

La idea de dignidad nace en el cristianismo, en la concepción de que el hombre es una creación de Dios, hecha a su imagen y semejanza. Según el Catecismo de la Iglesia Católica, “el hombre como creación, une al mundo material y espiritual y por lo tanto tiene la dignidad de la persona, ya que no es solamente algo, sino alguien”. Es relevante destacar que hablamos de hombre porque según la religión católica Dios creó primero al hombre y luego a la mujer, por lo que capítulos más adelante, se observa lo siguiente, “Ser hombre y ser mujer es una realidad buena y querida por Dios: el hombre y la mujer tienen una dignidad que nunca se pierde, que viene inmediatamente de Dios su creador (cf. Gn 2,7.22). El hombre y la mujer son, con la misma dignidad, «imagen de Dios». En su «ser-hombre» y su «ser-mujer» reflejan la sabiduría y la bondad del Creador”.

Además de agregar que el hombre y la mujer son los únicos que tienen el conocimiento y el amor en la vida de Dios, se hace referencia a su capacidad, como lo que hace de estos seres especiales, terminando con lo siguiente, “Para este fin ha sido creado y ésta es la razón fundamental de su dignidad”. 

El valor humano desde el punto de vista de la filosofía

El humanismo, un movimiento propio del Renacentismo, enfatizó la dignidad y la autonomía del hombre a través de la “dignitas homitis”, que define al hombre como un mundo interior que se sostiene en una forma de ser indeterminada, lo que lo hace autónomo, libre y responsable de sus actos, por lo que es capaz de modelar su propia naturaleza humana. Asimismo, se planteó la idea de este valor en la ley natural, una corriente de la filosofía y el derecho que postula la existencia de derechos fundamentales determinados en la especial naturaleza humana, ya que en cuanto a las relaciones inter humanas, esta corriente exige el respeto de la dignidad de cada persona, porque esto dará lugar al bien común de la sociedad, teniendo como base el respeto de la libertad y de la vida. En este contexto es importante resaltar a Kant, según el cual los seres humanos merecen un trato especial que posibilite su desarrollo como persona, en este sentido kant afirmaba, “el hombre es un fin en sí mismo, no un medio para usos de otros individuos”.

Para un mejor entendimiento Cortina (2013), nos dice lo siguiente, “Hay seres que no deben estar jamás en el mercado, seres a los que no se les puede fijar un valor de cambio, porque no hay nada equivalente por lo que podrían intercambiarse. Valen por sí mismos, no para otras cosas. Tienen dignidad, y no un simple precio”. (s.p).

El valor humano desde el punto de vista del ordenamiento jurídico

Los derechos humanos tienen como base a la dignidad, valor que asume como un fin en sí mismo. La Declaración Universal de los Derechos Humanos en su artículo primero nos dice lo siguiente, “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”.

En base a esta premisa, delitos como la trata de personas quebrantan la dignidad de la persona, pues le otorgan un precio, lo cual es inaceptable bajo el concepto de la dignidad. Como personas podemos dar marcha a nuestro proyecto de felicidad siempre y cuando respetemos la normativa legal y los principios morales, que buscan la convivencia en base a la dignidad y que nos llaman a practicar el respeto, la tolerancia y la libertad como valores supremos, en donde a partir del diálogo podamos relacionarnos a pesar de nuestras diferencias y nos ayuden a construir una sociedad moral y justa, donde la persona humana es valiosa y la dignidad es el eje central de la sociedad, del Estado y de nosotros mismos.

En en Perú, la Carta Magna también tiene a la dignidad como base fundamental del espíritu de las normas. El artículo primero del Capítulo I Derechos Fundamentales de la Persona, del Título I de la persona y de la sociedad de la Constitución Política del Perú de 1993, nos señala que “la defensa de la persona humana y el respeto de su dignidad son el fin supremo de la sociedad y del Estado”. Es así que el Estado reconoce el valor intrínseco de la persona, por lo que garantiza su realización plena, otorgándole las mismas capacidad y posibilidades de derecho a todos los peruanos. 

La autoestima y la dignidad, dos conceptos de valor

La autoestima está comprendida como el amor propio que se tiene una persona en sí misma. Respecto de esto Branden (1987) nos dice lo siguiente, “La autoestima consiste en tener confianza en nuestra capacidad de pensar, de afrontar los desafíos de la vida y en nuestro derecho a ser felices. El sentimiento de ser dignos, de merecer, de tener derecho a afirmar nuestras necesidades y a gozar de los frutos de nuestros esfuerzos”. (p. 21).

El reconocimiento mutuo de la dignidad, de la necesidad de amor y estima es indispensable para llevar adelante una vida buena y feliz, relacionándose a la autoestima como una pieza más grande, en donde la dignidad es la base, impuesta por corrientes del pensamiento a lo largo de la historia de la humanidad, y la autoestima es la última esfera, en donde el derecho a través del Estado nos conmina a valorarnos desde el interior humano, de la forma en la que se nos ha reconocido por ser nuestro derecho.

En relación a la dignidad y de la necesidad de su reconocimiento Cortina (2013) opina, “Si los demás no se lo reconocen, tienen conciencia de ser injustamente tratados y ven mermada su autoestima”. (s.p.). Por lo que el ser tratados con dignidad y el tener una vida digna, va a significar una buena autoestima a lo largo de nuestra vida, ya que nos vamos a saber valiosos y vamos a internalizar este concepto dentro de nosotros mismos hasta convertirlo en auto valoración y amor propio, es decir en autoestima.

Para finalizar, la autoestima es un concepto de suma importancia, pero es en la dignidad que vamos a encontrar el fortalecimiento de este amor propio, ya que nos va a permitir ser conscientes del valor que poseemos y de lo que merecemos. Valorarse uno mismo, es cuidarse de lo malo y permitirse una vida buena y feliz, es estar dispuesto a compartir momentos solo con las personas que vean en ti el valor que tu ves en ti, y apartarse de las que no lo hagan, porque todos somos dignos de ser amados y valorados de la forma en la que esperamos.

Cierra los ojos y mírate, abrázate con fuerza, reconcíliate contigo mismo y recuerda que el hecho de no reconocer que eres valioso te puede negar la posibilidad de saber cuando otra persona lo haga, por lo que debes tener en claro que, si no te tratas con amor, no vas a saber cuando otra persona lo haga. Quien mejor que tú para acariciarte el alma y darte el trato y el reconocimiento que como ser humano, por naturaleza y por derecho te mereces.

Bibliografía

Branden, N. (1987). El poder de la autoestima. Barcelona: Editorial Paidós Ibérica.

Taylor, Ch. (2010). El multiculturalismo y “la política del reconocimiento”. Recuperado de http://www.juntadeandalucia.es/empleo/recursos/material_didactico/comun/multiculturalidad/pdf/15.pdf

Landa Arroyo, C. (2000). Dignidad de la persona humana. IUS ET VERITAS, 10(21), 10-25. Recuperado de http://revistas.pucp.edu.pe/index.php/iusetveritas/article/view/15957

Cortina, Adela. (2013), ¿Para qué sirve realmente la Ética?. Barcelona: Editorial Paidós Ibérica.

Flor de María Núñez Pacheco

Soy bachiller de Derecho y estudiante de Psicología, tengo experiencia en la rama de derecho de familia e interés en la rama de psicología clínica. Espero trabajar más adelante en ámbitos que estén relacionados al campo legal y psicológico. Asimismo, creo firmemente que la promoción y la prevención de la salud mental pueden asegurar el bienestar psíquico de la persona, la familia y la comunidad, en su tratamiento y rehabilitación.

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