La depresión, en la actualidad, la comprendemos y estudiamos como una enfermedad mental debilitante que afecta a millones de seres humanos en todo el mundo. El propósito del presente artículo es explorar cómo vivir con depresión, para ello, exploraremos sus conceptos básicos, antecedentes históricos, teorías contemporáneas, recomendaciones de manejo y brindaremos unas conclusiones finales sobre su gran impacto en la vida cotidiana de las personas con dicha condición.
El concepto de depresión:
La Organización Panamericana de la Salud la define como: “una enfermedad común pero grave que interfiere con la vida diaria, con la capacidad para trabajar, dormir, estudiar, comer y disfrutar de la vida. La depresión es causada por una combinación de factores genéticos, biológicos, ambientales y psicológicos”. En síntesis, hablar de la depresión es entenderla como un trastorno del estado de ánimo caracterizado por una tristeza persistente, sentimientos de desesperanza y con conductas manifiestas como la pérdida de interés en actividades que antes disfrutaba. La enfermedad afecta no solo el estado emocional de una persona, sino también al funcionamiento a nivel cognitivo y físico (somatización).
Antecedentes históricos:
Para Zoch (2002) los precedentes en relación a la depresión refieren a una cosmovisión mágica/religiosa de explicar en el hombre primitivo, al avance de la humanidad salen personajes como Hipócrates (450 a. C.), quien hizo estudios sobre la melancolía (bilis negra), lo que fue un primer vistazo a la conceptualización de la sintomatología presente en la depresión como un término a expresarse.
Como podemos ver, la comprensión de la depresión ha evolucionado en el transcurso de la historia. Los síntomas de la depresión han sido documentados en diversas culturas desde la antigüedad, sin embargo, en el Siglo XX, la melancolía comenzó a ser reconocida como una enfermedad mental legítima, lo que llevó al desarrollo de tratamientos psicológicos y farmacológicos.
Teorías:
Duncan y Antonuccio (2011) ven la depresión y su curso desde una perspectiva cognitivo conductual, basado en ello mismo, mucho del manejo del curso del tratamiento tiene dicho enfoque, y apoyado a su vez, en el método de ensayo y error, experimentación y documentación de los hallazgos.
Las teorías contemporáneas sobre la depresión abarcan una variedad de enfoques, que van desde aspectos biológicos y genéticos hasta aspectos psicosociales y ambientales. Por un lado, las teorías biológicas sugieren que un desequilibrio químico en el cerebro (como la falta de serotonina) es la principal causa de la depresión, por otro lado, las teorías psicosociales enfatizan la importancia del estrés, las experiencias traumáticas y los factores ambientales en el desarrollo y mantenimiento de la depresión.
La vida universitaria:
Es una época de constantes desafíos, aprendizajes y adaptación. Para algunos, es una etapa de crecimiento personal, descubrimiento y nuevas experiencias. En cambio, para quienes luchan contra la depresión, esta fase puede parecer extremadamente complicada. Las presiones académicas, las expectativas sociales y la transición a la edad adulta pueden exacerbar los síntomas de depresión y hacer que cada día parezca una lucha. Vivir con ello representa un desafío único.
La depresión puede afectar la concentración y la motivación, asimismo, las interacciones sociales pueden ser agotadoras, ya que la depresión puede hacer que una persona se sienta aislada o fuera de lugar. La falta de comprensión de parte de la red de apoyo (padres, tutores, etc.) puede empeorar las cosas. Muchos estudiantes enfrentan el estigma asociado con la salud mental, lo que dificulta la búsqueda de ayuda.
La cultura universitaria, a menudo, promueve la idea de que el estrés y la ansiedad son una parte natural e inevitable de la realidad y que se naturaliza, lo que puede hacer que quienes luchan contra la depresión se sientan aún más solos y aislados. Se debe comprender que la depresión en la universidad no es una debilidad o un fracaso personal. La depresión es una enfermedad mental grave que requiere tratamiento y apoyo adecuados.
Propuesta de gestión:
Vivir con depresión es una situación difícil y confusa, pero existen estrategias efectivas para afrontarla. La terapia cognitivo-conductual (TCC) y los medicamentos (como los antidepresivos) son tratamientos comunes, recomendados por los profesionales de la salud mental. Además, un estilo de vida saludable, que incluya ejercicio regular, una dieta equilibrada y técnicas de relajación, puede ayudar a reducir los síntomas de la depresión. Cuidar de nuestra salud física y alimentación, tener una adecuada red de apoyo, técnicas de autocuidado y ayuda especializada pueden no solo mejorar sino permitir que se lleve una vida de calidad.
Conclusión:
En resumen, vivir con depresión es una experiencia difícil que puede afectar significativamente la vida diaria de una persona. Una comprensión más profunda de sus conceptos, antecedentes históricos y teoría contemporánea, así como la implementación de recomendaciones de manejo efectivas, pueden reducir los efectos negativos de la depresión y mejorar la calidad de vida de los pacientes deprimidos. Sin embargo, es importante enfatizar la necesidad de aumentar la conciencia pública, el acceso a los servicios de salud mental y el apoyo continuo a las personas que padecen esta enfermedad.
Recuerda que no te tienes que encasillar en una etiqueta, tú eres valioso y merecedor de ayuda.
Duncan, B., Antonuccio, D. (2011). A Patient Bill of Rights for Psychotropic Prescription: A Call for a Higher Standard of Care. International Journal of Clinical Medicine, 2(4), pp. 353-359. doi: 10.4236/ijcm.2011.24061.
La pandemia por COVID-19 originó muchos cambios drásticos en diferentes aspectos de la vida diaria de las personas en todo el mundo, tales como la forma de vivir y de relacionarse; siendo la educación uno de los aspectos de más transformación, debido a que ante el contexto de emergencia sanitaría, las sesiones de aprendizaje tuvieron que pasar de presenciales a virtuales. Nuestro país no fue ajeno a esta realidad, y una de las poblaciones más afectadas con las nuevas metodologías implantadas fueron los estudiantes universitarios, ya que ante la necesidad de continuar sus estudios a pesar del contexto de pandemia, tuvieron que adaptarse a esta nueva realidad. Según (Orbegozo, 2020), “la tasa de deserción universitaria llegó al 18,6% en el país, seis puntos porcentuales más respecto al 2019 que son atribuibles a la pandemia del COVID-19”. (s.p.). Es así que, debido a ese nuevo escenario, se han presentado dificultades como los problemas de visión debido a la luz azul que emiten los dispositivos, los problemas técnicos, los problemas emocionales, pérdida de peso, entre otros.
La Educación a distancia
Se puede considerar como una estrategia educativa que permite que los factores de espacio y tiempo, ocupación o nivel de los participantes no condicionen el proceso enseñanza – adquisición de conocimientos. Asimismo, el aprendizaje es un proceso de dialógico que se desarrolla con mediación pedagógica, dada por el docente que utiliza los avances tecnológicos para ofrecerla. Se caracteriza por lo siguiente. Primero, la mayor parte de la comunicación educativa es entre docente y estudiantes y entre estos últimos ocurre de manera independiente. Segundo, implica una comunicación de dos direcciones (docente–estudiantes y entre estudiantes) con el objetivo de permitir y apoyar el proceso educativo. Tercero, emplea tecnología para mediar la comunicación de ambos canales. (Garrison y Shale, 1987, p.12).
Ventajas y desventajas que brinda la educación a distancia
Algunas de las ventajas comprende: el acceso flexible al contenido que va más allá de lo que se puede obtener en el aula; la oportunidad de acceder a la información desde cualquier punto donde exista conexión a Internet; se integran diversos recursos para optimizar el proceso de enseñanza – aprendizaje, se potencia el aprendizaje colaborativo y cooperativo; las aportaciones mejoran en cuanto a calidad se refiere gracias a la flexibilidad temporal de la que nos dota el uso de estos sistemas; existe retroalimentación no solo con el docente, sino con el resto de compañeros; potencia la motivación; e incrementa la participación de las personas, las cuales toman conciencia de que son responsables de su propio aprendizaje. (Segura y Gallardo, 2013, p.7). Así también, no podemos obviar que existen desventajas en el uso de estos sistemas, como son: la volatilidad de la información y la necesidad de una conexión estable a la red, es decir, cualquier problema técnico no previsto puede provocar una gran pérdida de información, así como la falla en la entrega de tareas; y la dependencia de la realización de las clases virtuales, a la conexión a la red, sin la cual no sería posible acceder a dicha información. (Segura y Gallardo, 2013, p.4).
El rol del tutor en las clases virtuales
Además de las características del facilitador del aprendizaje en línea, este adquiere y desarrolla ciertas funciones como: ofrecer retroalimentación, mantener canales de comunicación, propiciar la armonía, lograr que el papel del estudiante durante el proceso sea lo más activo posible, procurar que el entorno virtual sea el idóneo, ayudar en la gestión del tiempo de forma correcta, organizar trabajos colaborativos en la virtualidad, verificar el nivel en el uso de tecnologías, ofrecer recursos didácticos de alta calidad y evaluar el medio virtual que se utilizará. (Mora, 2010, p.106).
Factores que repercuten en la perspectiva del estudiante
Diferentes estudios que analizan esta problemática, nos dicen que se tienen posiciones diferentes, respecto a la perspectiva de los estudiantes universitarios hacia las clases virtuales.
Respecto a la identificación de los factores positivos que el estudiante puede visualizar en la modalidad virtual, encontramos a la practicidad en el ámbito geográfico, la inmediatez en la comunicación, y la flexibilidad en el tiempo, que le brindan al estudiante una mayor comodidad para llevar a cabo las sesiones de clase. Por otro lado, vemos que hay un mejor trabajo cooperativo, un mayor uso de recursos multimedia, una mejor organización, la facilidad de las clases grabadas, el desarrollo de conocimientos informáticos, la preparación natural para un entorno cada vez más digital, y el desarrollo de la autonomía.
En relación al estudio de los factores negativos, los estudiantes se han enfrentado a un contexto de grandes cambios, tanto académico, social y laboral si fuera el caso, haciéndolos más propensos a sufrir problemas emocionales, debido a la presión y la exigencia social que en algún punto no tomó en cuenta este aspecto. Añadido a esto, podemos observar otros problemas como son la falta de conectividad, la falta de recursos tecnológicos, y la falta de conocimiento sobre el uso de herramientas tecnológicas; los cuales en un primer momento impidieron el reconocimiento por parte del alumno, de la modalidad de estudios virtual. Por otro lado, se ha visto que el estudiante es más proclive a emociones negativas, y a distraerse más en el transcurso de la clase, esto último debido a las diferentes aplicaciones y redes sociales disponibles, en esta modalidad. Asimismo, existe una preocupación, respecto al desarrollo de habilidades y capacidades como las relaciones interpersonales, que se dan de forma diferente ahora, en comparación de cómo se daban presencialmente, donde había más contacto humano y eran más dinámicas. Así también, existe disconformidad por parte del estudiante, en relación a la evaluación mayormente grupal, lo cual lo hace dependiente de la capacidad de otros integrantes del grupo a la hora de recibir una calificación. Asimismo, los recurrentes problemas de visión por estar constantemente expuestos a la luz de las pantallas de los diferentes dispositivos digitales, tanto para llevar a cabo sus clases en línea, como para la realización de sus labores académicas, entre otros. Por otra parte, los problemas de internet y las fallas técnicas, son una de las principales causas de no cumplir con la consigna dada en la sesión virtual en línea. Como último factor, la calidad de la enseñanza virtual no es la misma que la presencial, ya que no hay un desarrollo de habilidades interpersonales, y debido a que la virtualidad ha permitido que los estudiantes por aula se tripliquen, la comunicación entre el alumno y el docente se ha visto afectada.
Los aspectos negativos serán el punto de referencia de nuestra preocupación, ya que si bien la virtualidad en las sesiones de aprendizaje ha representado una evolución en este ámbito; la transición a esta nueva forma de enseñanza ha afectado de sobremanera a una gran parte de la población de estudiantes universitarios. En consecuencia, se ha generado un gran estado de frustración porque a primera vista, y para muchos involucrados, las clases no fluyen como deberían. Del mismo modo, la coyuntura del COVID-19 ha generado diversos cambios en el estilo de vida de las personas y como consecuencia ha traído cambios en la salud mental siendo uno de ellos el estrés. Según Cordova (2020), “Los constantes cambios seguirán apareciendo en el sector educativo. Sin embargo, se tiene claro que el uso de las tecnologías en la educación ha llegado para quedarse.” (s.p.).
La psicología y el estudio de esta problemática
La emoción con la que los estudiantes se encuentran al momento de ingresar a clases es muy importante en el proceso de atención, memoria, toma de decisiones, así como de otros procesos cognitivos; por esta razón es importante que se motive al estudiante a tomar riesgos y a experimentar con nuevas ideas y posibilidades, incentivarlos a no tener miedo a equivocarse, pero también reforzar que sus equivocaciones deben servir para reforzar su conocimiento. Es así que la falta de motivación debido a los problemas emocionales, se ha presentado en una parte de los estudiantes de diferentes edades, pero principalmente en los de educación superior. Algunos factores son el exceso de responsabilidades, la alta carga de trabajo o tareas, las evaluaciones de los profesores, la competitividad el temor al fracaso o no alcanzar las metas autoimpuestas, aceptación del grupo de pares, la rivalidad entre compañeros, cambios en los hábitos alimentarios, horarios de sueño, el cansancio cognitivo, entre otros. Asimismo, un factor determinante, es la carencia o la poca práctica de hábitos de estudio que puede ser evidenciada cuando los estudiantes no utilizan adecuadamente su tiempo para realizar sus labores académicas, no utilizan técnicas de estudio, estudian a última hora o tienden a distraerse con facilidad. Lo indicado anteriormente influye en gran parte en el rendimiento académico, ya que el no poder satisfacer sus necesidades, provoca en los educandos problemas emocionales, debido al estrés, la preocupación, somnolencia, desconcentración, nerviosismo, fatiga, depresión, entre otros.
En relación a la rama de la psicología que debe observar este fenómeno, tenemos a la psicología social, ya que comprende la prevención, abordaje y una mayor consideración de los problemas sociales. Asimismo, promueve el cambio en el entorno social, el mejoramiento de la calidad de vida, y el bienestar de la comunidad, teniendo como una de sus pautas principales que lo social afecta directamente a lo personal. Es así que, esta rama de estudio nos ayuda a entender el yo social de las personas, en base al entorno en el que viven, y el rol que la sociedad les impone. Según Myers y Twenge (2019), “La psicología social es la ciencia que estudia la forma en que las situaciones influyen sobre nosotros, en especial el modo en que las personas se perciben y afectan entre sí”. (p. 2). En consecuencia, esta disciplina se encarga de atender los problemas psicosociales, saliendo del estudio individual de las personas, para estudiarlas en comunidad.
Esta disciplina de la psicología será encargada de estudiar, la reacción de los estudiantes universitarios, hacia las clases virtuales, en el contexto de la pandemia, ya que ese proceso de cambio, ha afectado el comportamiento de muchos estudiantes universitarios; por lo que, debemos centrarnos en la importancia de conocer cómo las emociones activan la conducta motivada en la población estudiantil; conceptos relacionados a su bienestar integral, que le permitirán desarrollar acciones que favorezcan su motivación, en este caso hacia la toma de conocimientos en línea.
Algunos estudios ponen de manifiesto la presencia de estados afectivos tales como miedo y ansiedad, y por otro lado, motivación y compromiso afectivo como factores clave que contribuyen facilitando u obstaculizando los procesos de aprendizaje; planteando que es importante conocer la percepción que tienen los estudiantes universitarios en la situación de aprendizaje en función del grado de desafío y familiaridad que representan para ellos, también de su relevancia para alcanzar metas personales, y comprender las emociones que experimentan en estas situaciones. Por ello, estudian las relaciones entre los ambientes percibidos de aprendizaje y las experiencias emocionales de esos actores, encontrando que la ansiedad, la ira, la frustración, el estrés y el aburrimiento aparecen condicionadas por la percepción negativa de los estudiantes en la situación de la educación en línea, en donde el estudiante experimenta una diversidad de emociones relacionadas con las tareas de aprendizaje en el contexto académicos de las clases virtuales.
Respecto a la teoría de la motivación que se acopla a esta problemática, tenemos a la teoría de la activación, que consiste en la fuerza interior que impulsa, en este caso al alumno, a realizarse en su día a día, la cual es diferente en cada persona, ya que depende de la situación en que el individuo se encuentre. Es este sentido, encontramos que los estudiantes con una perspectiva negativa hacia las clases virtuales, probablemente sientan emociones negativas, que no les permitan activarse psicológicamente, sintiéndose sin la energía necesaria para enfrentar los retos académicos habituales. Por lo que, es importante que se realice esta activación fisiológica, es decir, que se motive al alumno, para que este tenga emociones positivas a la hora de responder en el ámbito académico; previniendo escenarios de estrés, ansiedad, y otros problemas emocionales muy presentes en la virtualidad.
Recomendaciones
Es importante realizar evaluaciones constantes a los alumnos por parte de la institución educativa a su cargo, a fin de que puedan estar atentos a un problema en el futuro y puedan brindar el apoyo que se requiera. Asimismo, es relevante que se realicen diversas actividades como baile o algún deporte, ya que está comprobado que realizar actividad física libera, hormonas como la dopamina y oxitocina las cuales inhiben la serotonina que es liberada en situaciones de estrés. Así también, la organización de un horario de estudios en sintonía con la vida personal del estudiante, para evitar tener sobrecargo de actividades, les servirá como un plan de estudios personalizado en atención a sus necesidades. Por otro lado, debe dejar de lado el uso de los celulares en el transcurso de la sesión de clases, si no es para un uso académico, y así evitar la falta de concentración y la procrastinación, ya que traerá como consecuencia estrés y preocupación al no poder cumplir con las consignas propuestas por el docente. Por otra parte, se debe asegurar al educando, un lugar que esté despejado de todo tipo de distracción y donde no haya el ingreso del ruido, así como contar con los recursos y medios adecuados para su aprendizaje.
En relación a la prevención y tratamiento de los estudiantes afectados emocionalmente por la transición de la presencialidad a la virtualidad en sus sesiones de aprendizaje, es primordial que se trabaje una buena gestión de las emociones de la mano de una buena motivación y el autoconocimiento, ya que lo ayudarán a superar las complicaciones en la virtualidad, presentadas con mayor intensidad en contextos como el actual. Es así que una buena gestión de emociones en los estudiantes, evitará problemas de estrés, enojo, ansiedad, frustración, tristeza, soledad, fatiga, falta de concentración, entre otros. Teniendo en cuenta que la educción en línea se ha impuesto de modo obligatorio, debido al estado de necesidad social a causa de la pandemia por COVID-19, esta última como un factor secundario en el surgimiento de la negatividad. Del mismo modo, un mejor autoconocimiento y autoconcepto en los alumnos, permitirá que este sea consciente de sí mismo, de lo que le afecta y sobre sus necesidades, siendo mucho más fácil que pueda tomar medidas respecto a las emociones negativas que pueda tener a causa del contexto que está viviendo. De la misma manera, el fortalecimiento de conceptos relacionados al bienestar emocional, reforzarán en el alumno conceptos relacionados a su desarrollo personal, lo que implica una mejor inteligencia emocional, la cual le permitirá hacer frente de mejor forma a las dificultades que le representa esta nueva realidad.
Conclusiones
La modalidad virtual estará tomando un papel significativo en el futuro de la educación a nivel mundial, por lo que, si bien se observa la aceptación de los estudiantes de esta forma de aprendizaje a pesar de las dificultades presentadas en el periodo de adaptación, también se observan problemas emocionales debido a esta nueva metodología. En consecuencia, es importante tener presente el factor emocional si se desprende de la actitud negativa del educando hacia la virtualidad de sus clases. Asimismo, se debe trabajar en brindar una adecuada motivación mediante ejercicios de activación fisiológica; y en los cambios desde el punto de vista didáctico que permitan una mayor implicación del estudiante en el proceso de aprendizaje. Actualmente es un hecho que el apropiado manejo de las emociones puede intensificar enormemente la motivación y la toma de conocimientos
Finalmente, es relevante que la aplicación de este sistema virtual establezca mejoras con el fin de obtener mejores resultados en comparación con la modalidad de estudios presencial, desde el punto de vista de las vivencias de los estudiantes, así como en su bienestar integral; por lo que se debe conocer la perspectiva que tienen estos hacia la educación en línea, y de esa manera tener una mejor visibilidad del contexto, para poder identificar un posible problema y hacer una intervención adecuada.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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Segura, A. y Gallardo, M. (2013). Entornos virtuales de aprendizaje: nuevos retos educativos. España: Universidad de Granada. file:///C:/Users/MI%20PC/Downloads/Dialnet-EntornosVirtualesDeAprendizaje-5226650.pdf
El desarrollo académico convencional se compone de 3 etapas principales, la educación primaria, secundaria y profesional. Las dos primeras se dan en colegios, tienen el fin de formar los aspectos más esenciales, complejizando los temas acordes se desarrolla el alumno. En cambio, la educación profesional es optativa por lo que se profundiza en temas mas específicos. Por tanto, la duración como la certificación se definen acorde a la especialización deseada.
El aprendizaje universitario presenta un gran reto, puesto que se requiere que los estudiantes sean maduros emocionalmente, las exigencias que supone la formación universitaria, puede generar efectos adversos (Rosas-Santiago et al., 2016). No obstante, en la actualidad se espera que apenas se concluya con la educación secundaria se inicie con la profesional, situación que en muchas ocasiones acarrea confusión y ansiedad. Estudios realizados durante el 2015 en la universidad de sierra sur México, muestra que de 539 estudiantes al menos 121 refiere sentirse triste gran parte del tiempo, y 9 de ellos expresan sentirse superados por la tristeza, llegando a referir que no pueden soportarlo (Rosas-Santiago et al., 2016).
Estrés estudiantil.
Se puede afirmar que el término estrés es uno de los temas más estudiados en la historia de la psicología. Debido a que esta puede afectar a todas las personas, sin importar el sexo, raza o creencia (Matalinares et al., 2016). El desarrollo de la patología está ligada a su entorno, por lo que el estrés tiene cabida en el ámbito universitario. Más específicamente, en la fricción que puede generar el estudio de materia complicadas, el intercambio social, el desarrollo académico y problemas financieros (El Ansari et al., 2014).
Consumo de sustancias.
El consumo de sustancias en la época universitaria, mayormente se ven condicionados a factores internos y externos. Entre los internos se denota el estrés, la ansiedad y la depresión como principales factores, y entre los externos, se resalta el ámbito social y familiar. Estudios realizados en la universidad de Sevilla durante el año 2007, revelan que el consumo de cigarrillos y café se ven incrementados durante el periodo de exámenes (Monzón, 2007). Así mismo, el consumo de alcohol, cannabis, entre otras drogas, se ve incrementado como respuesta a factores emocionales. Estudios realizados en Colombia sugieren que una correlación positiva entre el uso de sustancias y la depresión, estrés académico y la ideación suicida en estudiantes universitarios (Restrepo et al., 2018).
Por otra parte, el uso de nootrópicos, llamados también drogas inteligentes, a aumentado en los últimos años, puesto que los efectos estimulantes resultan atractivos para los estudiantes, quienes por el cansancio o la carga laboral requieren de mayor estimulo (CEDRO, s. f.). Sin embargo, estudios realizados en estudiantes universitarios de Lima Metropolitana, sugieren que, tras el uso de dichas sustancias, al menos el 56% de los estudiantes presentan nauseas, cefaleas, insomnios y fatiga crónica. Lo que significa que el organismo resiente el esfuerzo, demostrando un mayor índice de estrés (Aliaga Sánchez, 2019). Cabe resaltar que, en dicho estudio, no se comprende el efecto a largo plazo que pueda conllevar el uso de dichas sustancias.
Ciertamente el consumo de sustancias psicoactivas resulta en un efecto nocivo sobre la salud física y mental. Irónicamente, son empleados como métodos para el afrontamiento del estrés, lo que contribuye a un rendimiento académico deficiente (Becerra, s. f.). Situación que retroalimenta dicho comportamiento.
Afrontamiento del estrés
Los estudiantes en el curso de sus actividades académicas suelen estar expuestos al estrés. Dado que no se puede evitar realizar dichas actividades, el afrontamiento se centra en la utilización de estrategias que faciliten el ejercicio de competencias asertivas, mediante un adecuado manejo interpersonal de situaciones sociales y sentimentales aporten tranquilidad y optimismo (Velásquez et al., 2008).
Los estilos de afrontamiento requieren de esfuerzos cognitivos y conductuales, dado que el estrés no suele estar relacionada a una única variable. Dichos esfuerzos pueden ser funcionales a corto o largo plazo, puesto que el objetivo es reducir el impacto del estresor estos afectan de distinta forma la calidad de vida, la salud mental y el bienestar psicológico (Espinosa et al., 2009).
Aplicación de estrategias de afrontamiento de estrés.
El cuestionario de Afrontamiento al estrés (CAE), elaborado por Sandín y Chorot constituye uno de los principales instrumentos para la evaluación de los niveles de estrés (Sandín & Chorot, 2003). Este se compone de siete subescalas de evaluación:
Búsqueda de apoyo social
Referencia la búsqueda de amigos o familia como apoyo y fuente de información.
2. Expresión emocional abierta
Referencia la facilidad para exteriorizar los sentimientos relacionados el suceso de estrés.
3. Religión
Referencia la utilización de métodos religiosos, tanto en comunidad como de forma personal.
4. Focalizado en la solución del problema
Referencia la utilización de estrategias para dar solución a problemas, resaltando los pasos que se requieren.
5. Evitación
Referencia la tendencia a reducir el estrés, poniendo atención a otros factores.
6. Auto focalización negativa
Referencia la tendencia a juzgarse, reconociendo la incapacidad de resolver los problemas.
Reevaluación positiva
Referencia la tendencia, reconociendo la dificultad del problema y la capacidad de resolver los problemas.
Estudios realizados en la universidad privada de Argentina empleando el instrumento anteriormente nombrado revelaron que, de 126 estudiantes se evidenció que la estrategia más utilizada es la reevaluación positiva, mientras que la religión fue el recurso menos elegido. Lo que sugiere que los estudiantes buscan aprender de las dificultades, sobre la atribución a factores externos. Así mismo, la población que recurre principalmente a la religión son las personas mayores, y precisamente este grupo poblacional es el que tiene un nivel de autoeficacia más alto (Piergiovanni & Depaula, s. f.).
Conclusión
En base a lo anteriormente expuesto, se puede concluir que el estrés en el ámbito universitario es una constante. Por lo que, se requiere de asesoría y prevención para evitar el desarrollo de cuadros clínicos. Así mismo, el uso de sustancias supone un factor a tomar en cuenta, puesto que se evidencia mayor uso de estas en periodos de estrés académicos. Por otra parte, la investigación es de sumar importancia, puesto que facilita la creación de campañas de prevención.
Referencias
Aliaga Sánchez, B. A. (2019). Relación entre el consumo de nootrópicos y estrés académico en universitarios de Lima Metropolitana. Universidad Peruana Unión. https://repositorio.upeu.edu.pe/handle/20.500.12840/3009
Becerra, S. (s. f.). Rol de estrés percibido y su afrontamiento en las conductas de salud de estudiantes universitarios de Lima. Recuperado 24 de noviembre de 2021, de https://core.ac.uk/download/pdf/196537131.pdf
CEDRO. (s. f.). El Problema de las drogra en el Perú. Recuperado 24 de noviembre de 2021, de http://repositorio.cedro.org.pe/bitstream/CEDRO/378/1/CEDRO.Problema%20de%20las%20drogas.2018.pdf
El Ansari, W., Oskrochi, R., & Haghgoo, G. (2014). Are Students’ Symptoms and Health Complaints Associated with Perceived Stress at University? Perspectives from the United Kingdom and Egypt. International Journal of Environmental Research and Public Health, 11(10), 9981-10002. https://doi.org/10.3390/ijerph111009981
Espinosa, J. C., Contreras, F. V., & Esguerra, G. A. (2009). Afrontamiento al estrés y modelo psicobiológico de la personalidad en estudiantes universitarios. Diversitas, 5(1). https://doi.org/10.15332/s1794-9998.2009.0001.07
Matalinares, M. L., Díaz, G., Arenas, C., Raymundo, O., Baca, D., Uceda, J., & Yaringaño, J. (2016). Afrontamiento al estrés y bienestar psicológico en estudiantes universitarios de Lima y Huancayo. Revista de Investigación en Psicología, 19(2), 123-143. https://doi.org/10.15381/rinvp.v19i2.12894
Monzón, I. M. M. (2007). Estrés académico en estudiantes universitarios. 25, 14.
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Restrepo, J. E., Amador, O., Calderón Vallejo, G., Castañeda Quirama, L., Osorio, Y., & Cardona, P. D. (2018). Depression and its relationship with the consumption of psychoactive substances, academic stress and suicidal ideation in Colombian university students. 18, 227-239.
Rosas-Santiago, F. J., Siliceo-Murrieta, J. I., Tello-Bello, M. A. J., Temores-Alcántara, M. G., & Martínez-Castillo, A. A. (2016). Ansiedad, Depresión y Modos de Afrontamiento en Estudiantes Pre Universitarios. Revista Salud y Administración, 3(7), 3-9.
Sandín, B., & Chorot, P. (2003). Cuestionario de afrontamiento del estrés (CAE): Desarrollo y validación preliminar. Revista de Psicopatología y Psicología Clínica, 8(1), 39-53. https://doi.org/10.5944/rppc.vol.8.num.1.2003.3941
Velásquez, C., Montgomery, W., Montero, V., Pomalaya, R., Dioses, A., Araki, R., & Reynoso, D. (2008). Bienestar psicológico, asertividad y rendimiento académico en estudiantes universitarios sanmarquinos. Revista de Investigación en Psicología, 11(2), 139-152. https://doi.org/10.15381/rinvp.v11i2.3845