TLP y Sufrimiento: ¿El dolor es el hogar de mi TLP?

Alguna vez te has preguntado por qué, al tener TLP, piensas cosas como: ¿Por qué necesito reemplazar el dolor emocional con dolor físico? ¿Por qué siento que cada vez que ocurre un problema es mi culpa y debo pagar por eso? ¿Por qué siento al dolor como algo tan familiar, como si fuera mi hogar? ¿Realmente me gusta sufrir? ¿Lo merezco?

Bueno, en este artículo intentaremos responder a esas preguntas, desde una perspectiva profesional y personal, para entender por qué se siente tan cómoda la idea del dolor.

Para comenzar, debemos tener una concepción sobre lo que es el trastorno límite de la personalidad (TLP). Según el Manual de diagnóstico y estadístico de trastornos mentales (DSM-V, 2014), este trastorno de personalidad es caracterizado por un “patrón general de inestabilidad de las relaciones interpersonales, la autoimagen, y los afectos. Además muestra una notable impulsividad que comienza antes de la edad adulta y está presente en una variedad de contextos”. 

Es decir, que se trata de un trastorno complejo, el cual afecta todas las áreas de la vida tanto de manera interpersonal como intrapersonal. En esta se acentúa la inestabilidad afectiva, debido a un profundo miedo al abandono que produce un vacío crónico en quien lo padece, lo que hace que el “humor” cambie repentinamente por estímulos pequeños que puedan estar prediciendo el abandono de alguien cercano, lo que hace que uno sienta un dolor indescriptible. Este dolor es tan grande que se ha llegado a comparar por especialistas como una “quemadura de tercer grado”, asimismo, se encuentra un enojo y control de ira inapropiado, el mismo que provoca disputas que llegan a alejar a personas cercanas, las cuales desencadenan un sentimiento enorme de culpa, y esto nos regresa al primer punto, el miedo al abandono.

Entonces se genera la interrogante: ¿Una persona con TLP vive en un ciclo constante donde el dolor es su único acompañante? 

¿De dónde viene el TLP?

Este tiene su base en un factor genético y un factor ambiental. Cuando hablamos de un factor genético, nos referimos a lo que nos pudieron transmitir nuestros progenitores o familiares cercanos, al tener ciertas condiciones de salud mental a través de los genes, mientras que al hablar del factor ambiental, tenemos que tocar temas como los estilos de crianza, el apego y el ambiente invalidante. 

En cuanto al apego, nos remontamos a los primeros momentos de vida, cuando aprendemos a distinguir lo bueno y lo malo, al hacer comparaciones radicales sobre lo placentero y displacentero, este proceso es llamado escisión y fue un término brindado por la corriente psicoanalítica. 

Este proceso intenta explicar que todo inicia desde la infancia, pues, el recién nacido crea dos versiones de una misma persona. Por ejemplo, un bebé, al distinguir a su mamá, crea dos versiones de ella: a la “madre buena”, la cual cumple con sus necesidades fisiológicas y a la “madre mala”, que no lo atiende e ignora sus necesidades, dividendo a una misma persona en dos para poder entender algunas complicaciones de la vida. No obstante, en el futuro, el menor  logrará unir a estas dos personas en un mismo ser. Pero si la madre siguiera con un patrón de invalidación o negligencia, el cerebro del hijo seguirá usando el mismo pensamiento dicotómico para entender la realidad y así, se convertirá en un mecanismo de defensa para el TLP.  (Arango, 2018). A partir de la escisión surgen cuestiones como:   ¿Todo o nada? o, ¿blanco o negro?  

Durante la niñez, se tiene un sentido innato de buscar protección en nuestros cuidadores principales, lo cual no se cumpliría si es que se crece en un ambiente “invalidante”, mismo término que Linehan (1993) define como: “Las características  del  entorno  que  niega  o  responde  de  modo  no  adecuado  a  las  experiencias  privadas  de  los  sujetos”.  En ese contexto,  no se podría cumplir con esta necesidad básica y el niño se encontraría  en un “miedo irresoluble”; esto ya que muchas personas con TLP viven situaciones traumáticas de mayor o menor grado, he incluso les impide pedir ayuda, ya sea porque las personas que ocasionan el trauma son parte de quienes este  consideraría como “seres  queridos”, o que estos minimicen el hecho traumático e incluso lo culpen por la producción del trauma; esto hará que la persona se sienta en un dolor constante, del cual no ve salida. Según Causera y Peris (2015), “todos podemos funcionar a nivel borderline, pero la duración e intensidad de experiencias que impiden al niño establecer una relación segura con el objeto amado, hacen que éste actúe de forma crítica en un nivel borderline”.

Entonces, el ser criado en un entorno de negligencia o abuso puede provocar que, posteriormente, se cree un apego inseguro o desorganizado, siendo este último el de mayor gravedad y que dará mayor predictibilidad a vivenciar episodios disociativos. Por lo que, al vivir en un entorno sin la protección necesaria, es que se desarrollará un apego basado en el miedo.

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Apegos en el Trastorno Límite de la Personalidad

Apego Inseguro:

Para desarrollar el apego inseguro, el padre, la madre o ambos actuarán de forma inestable al ejercer su paternidad, e incluso mostraran cierto rechazo, lo que ocasionará que, muchas veces, el menor no pueda contar con ellos; una consecuencia de esto, será que cuando este crezca, mantendrá cierto rechazo a sus cuidadores. Asimismo, al tener este tipo de apego se requerirá constante validación del amor, ya que no lo percibirá como un sentimiento real y genuino; por lo que, ante cualquier mínima señal de abandono, el cerebro mandará una alerta roja que ocasionará un estado de crisis y ansiedad en la persona que vive con este apego, todo ello debido a su constante miedo al abandono, que le lleva a tomar acciones impulsivas que muchas veces podrían atemorizar a sus seres queridos y provocar que se vayan.

Apego desorganizado:

Al hablar del apego desorganizado, nos encontramos con una niñez donde la incoherencia de los estados afectivos de los padres prima por sobre todo, es decir, que estos provocan un estado de amenaza por el abuso y protección excesiva al mismo tiempo. Lo que generará que estas personas tengan una estrategia de apego incoherente, donde si bien se mantendrá el mismo sentimiento de miedo al abandono, también provocarán una evitación hacia las personas que sean importantes para ellos, ya que su subconsciente pensará en: “Si no me relaciono de forma cercana a alguien, no podrá abandonarme”. Y el vivir dentro de un constante círculo de amor-evitación, será desgastante y doloroso para quien lo padezca, lo que hará que reviva constantemente su miedo al abandono, que muchas veces será provocado por él mismo (Causera & Peris, 2015). 

En conclusión, el ambiente en el que nos criamos desde el nacimiento será precursor del posible desarrollo de un trastorno mental. Ya que cuando la “invalidación” por parte de nuestros cuidadores prime durante el desarrollo, aumentará la posibilidad de generar un posible TLP, y ya desde entonces, empezará a crearse la idea del “dolor” como parte de nuestra vida, el mismo que seguirá repitiéndose indefinidas veces por ser parte de nuestro apego. Sin embargo, a esto también se le suma los estilos de crianza, caracterizados por un excesivo control y poca protección, lo cual se denota en la falta de reconocimiento e invalidación, junto a un alto nivel de exigencia con castigos de bastante dureza, que pueden ser físicos o psicológicos.

Aquí es donde se resalta la teoría del doble vínculo de Gregory Bateson, la cual habla de un dilema de comunicación donde hay una confusión en el mensaje, con una notoriedad especial en el empleo de castigos. 

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Un ejemplo de este, sería en los castigos psicológicos: cuando se le quita toda atención al niño y sus necesidades por un periodo de tiempo, en el cual el dolor por el miedo al abandono será de gran intensidad. Aunque después de unas horas, regresé la madre y reafirme el amor con palabras corteses y preste atención a sus necesidades, ella incluso podría llegar a culpar a su hijo por hacer que tenga que castigarle. En este ejemplo se dio una primera comunicación no verbal amenazadora a la vida del menor, donde se le mostraba que no se le quería y se le quitaba la protección, mientras que, en la posterior comunicación verbal, se le muestra que sí le quiere y que la culpa de perder el amor es del propio niño. Entonces, su cerebro entiende que merece sufrir, ya que es su culpa, y la única forma de conseguir amor es sufriendo antes, aquí empezamos a relacionar un pensamiento dicotómico: Placer – Dolor. 

A continuación, se procederá a responder aquellas preguntas por las que este artículo te interesó, pero, a diferencia de lo explicado anteriormente, se hará en primera persona, pues quien les habla, vive con este trastorno desde hace muchos años, y lo que busca, es ayudar a comprender ciertas cuestiones que nos planteamos sobre nosotros mismos. Entonces, desarrollemos las siguientes preguntas. 

¿Necesito sentir dolor para sentir placer? 

Cuando hablamos de “intercambiar dolor psicológico interno y vago por un dolor físico claro pero controlado puede ser una explicación para la paradoja que une placer y dolor” (Puértolas Argüelles, 2018). Es por ello que debemos tener en cuenta que muchas de las personas con TLP tienen alteraciones estructurales y funcionales en la red frontolímbica la cual incluye a la corteza cingulada, la ínsula y la amígdala con sus respectivas conexiones, lo que reduce la sensibilidad ante estímulos nociceptivos fásicos o la percepción del dolor, así se da una relación entre la experiencia de este con la liberación de endorfinas, las cuales son neurotransmisores que modulan la experiencia del dolor e incrementan la sensación de placer. A causa de ello, generan un estado de ánimo alterado en base a los estímulos provocados por una persona, que le permiten tener una percepción de control sobre el dolor, produciendo sentimientos de orgullo, logro, catarsis e identidad positiva. 

Aunque también se ha podido ver por otros investigadores que, al generar un dolor físico, se puede escapar del “yo”, y aliviar la autoconciencia durante un corto periodo de tiempo. Esta forma de manipular el concepto de “dolor” por nuestro cerebro, hace que veamos a estímulos aversivos como más agradables si alivian un dolor mayor como lo es el emocional (Puértolas Argüelles, 2018).

¿Me gusta sufrir?

La respuesta es que a veces sufrimos tanto que ya no encontramos más salida que las conductas impulsivas que liberen las endorfinas que nos hagan sentir “vivos”. En muchas ocasiones, al tener mucho dolor cargado, empezamos a disociar el dolor, y nos quedamos con un estado de ánimo aplanado, que nos hace sentir completamente solos, y es en ese momento cuando solo buscamos sentir algo que nos libere de ese vacío, aunque se comience con un acto mínimo, si funciona, buscaremos repetirlo para seguir sintiendo lo mismo, aunque las exigencias vayan en incremento. 

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El sentimiento de placer que buscamos para desahogar el dolor es mucho más grande al que sentiría una persona sin este tipo de trastorno, ya que, no solo se disminuye el dolor, sino que se siente una salvación de cualquier estímulo negativo que podría haber pasado hasta el momento. 

Para desarrollar esta idea, podemos imaginar el siguiente escenario: “Haberse perdido hace años, y que alguien te regrese a la realidad, sanando cada herida que pudiste tener, por más que sea superficial, y, a pesar de que al final te vuelvas a perder, tener esa sensación, aunque sea durante un corto periodo de tiempo, resulta en algo glorioso”. 

Como dice en la canción “Pain” de Three Days Grace: Prefiero sentir dolor a no sentir nada en absoluto.

Mi bestie el TLP

Es por todo lo que hemos revisado que podemos decir que, desde la infancia, el dolor ha sido algo que se crio con nosotros, es parte de nuestro día a día, y por eso, ahora se siente como “nuestro hogar”, el lugar seguro en el que siempre estuvimos, por eso es que se siente tan familiar y cómodo el sentirlo cuando lo provocamos nosotros mismos, ya que nos da la sensación de poder controlar algo de nuestra vida, algo muy fuerte que vive con nosotros, y que produce calma, al darnos la falsa sensación de controlar nuestras emociones. 

Pero, en realidad, este dolor no es exactamente nuestro hogar, nosotros hemos vivenciado muchas más cosas que nos llevan a ser quienes somos hoy en día, vivimos experiencias nuevas y gratificantes en cada momento, y así como podemos sentir un dolor crónico, en otras ocasiones nos podemos sentir con muchos ánimos que nos llevan a cumplir muchos objetivos propios. El dolor es parte de nosotros, pero no es toda nuestra vida, no es nuestra casa, pero sí podemos decir que es el hogar donde se crio nuestro TLP.

¿Merezco sufrir?

No, no merecemos sufrir, aunque nuestro cuerpo esté acostumbrado a la sensación de dolor y nuestra mente parezca necesitarlo para “funcionar” adecuadamente, la realidad es que esta necesidad de dolor es la que nos coloca en diversas situaciones de riesgo como las conductas suicidas y autolesivas, que incluso dificultan llevar un tratamiento psicoterapéutico, e interfieren con nuestra calidad de vida, al impedir que nos desarrollemos adecuadamente con nosotros mismos, así como con los demás. 

Marsha M. Linehan

¿Qué hago con mi dolor?

El tratamiento psiquiátrico y psicoterapéutico es esencial para el tratamiento del trastorno límite de la personalidad, y ambas son completamente necesarias para trabajar en nuestro estado, pero quisiera resaltar la importancia de la psicoterapia con el Modelo Dialéctico Conductual, la cual fue creada y desarrollada por Marsha Linehan, quien creó su modelo teórico en base a su propia experiencia con el TLP, donde pudo identificar todos estos factores que interfieren en nuestra vida afectada por este trastorno.

En su modelo terapéutico se trabaja desde una visión de aceptación y cambio, ya que, como hemos podido revisar, pasamos por cosas muy difíciles durante toda nuestra vida, que provocan que ahora busquemos solucionar ciertos problemas de formas desadaptativas. Por ejemplo, pensar que, por haber discutido con nuestra pareja, todo es nuestra culpa, y por lo tanto, merecemos castigarnos con algo físico, como el acto de cortarse para dejar de sentir el dolor emocional. Esto es una acción que podemos aceptar, porque aprendimos a solucionar las cosas de esta forma, sin embargo, no significa que esté bien y es aquí donde comienza el cambio, así como el reeducar a nuestro cerebro para aprender a enfrentar la vida de forma adaptativa.

En este modelo se trabaja con diversos formatos como las terapias individuales, grupales (para desarrollar habilidades y estrategias de afrontamiento), el coaching telefónico (para mantener estas habilidades en un contexto de vida normal), así como el manejo de un equipo de consulta para el cuidado de los terapeutas.

Trastorno Límite de la Personalidad - Osasun Eskola

Una vez que se consignan todos los formatos de intervención, podemos trabajar diversos objetivos. Se iniciará principalmente con la terapia individual, desarrollando la reducción de conductas suicidas y autolesivas en una primera instancia, junto a la reducción de las conductas que interfieran en la terapia, como puede ser el tratar con una dependencia al alcohol que podría interferir en la realización de las sesiones, para, después de un tiempo, comenzar a trabajar la reducción de las conductas que interfieran en la calidad de vida y tratar más a fondo con el paciente, otros padecimientos como del estado de ánimo o el trauma que, como pudimos revisar, es bastante común en el desarrollo; mientras que al mismo tiempo, se busca incrementar y generalizar la puesta en práctica de las habilidades sociales y estrategias impartidas en el formato grupal como: La atención plena, la regulación emocional, la tolerancia al malestar y la eficacia interpersonal. Por último, en esta terapia también se trabaja con la espiritualidad, para lo que se maneja mucho el mindfulness como técnica terapéutica para mantener un estado de vida más equilibrado y funcional (Laffite Cabrera et al., 2022).

Entonces, podemos ver que las personas con TLP tenemos muchas heridas por sanar, que incluso nos dificulta saber si nos permitirán vivir en algún momento sin dolor, pero el primer paso es reconocer que necesitamos ayuda, que merecemos una buena vida, tal y como lo deseamos muchas veces de pequeños, y cumplir con todos esos objetivos propios que, a veces, creemos inalcanzables por el diagnostico. La terapia dialéctico conductual es la más recomendada para el TLP, pero no es la única, mucho dependerá de nuestra personalidad propia el decidir a qué rama acercarnos más, pero si no sabes por dónde comenzar, este podría ser un buen lugar.

En conclusión, el dolor es algo tan familiar que duele pensar que eso sea cierto, y duele aún más cuando lo confirmas, a veces, parece que no hay salida para lo que sientes, aunque siempre procuramos buscarlo, ya sea a través de situaciones de riesgo que nos ponen en peligro, al intentar desfogar un poco nuestros sentimientos, pero que al final, nos dejan con el mismo sentimiento de culpa, desesperación y tristeza que tuvimos al inicio.

Recordando una parte de una canción que me identifica mucho, pienso que cuando describo el dolor se puede sentir algo así:

Hoy mis lágrimas se quieren suicidar, acurrucadas morir en tu piel, han nacido secas tienen sed, mi llanto hoy se quiere morir.
Mago de Oz – La cantata del diablo

Cuando entendemos que el dolor propio no solo nos hace daño a nosotros, sino que también al resto, intentamos reprimir nuestras emociones hasta quedarnos solos, patinando en un lago de hielo que se está resquebrajando poco a poco, y nos terminará por hundir en un mar de sufrimiento donde ya no hay nadie para salvarnos, entonces son reales las preguntas: ¿En verdad merezco esto?, ¿debo estar sola? Y la respuesta es: no, no merecemos esto, y las decisiones que tomamos para deshacernos del dolor son en base a las herramientas que cada uno aprendió para protegerse. Debido al tipo de apego que se pueda tener, es que muchas veces alejamos al resto, y nos terminamos aislando a nosotros mismos, sin embargo, debemos resaltar que, muchas veces, estas herramientas no serán las adecuadas y necesitaremos cambiarlas. 

Al final, la verdad es que las personas con TLP hemos vivido situaciones deshumanizantes desde que nacimos, ya sea por factores hereditarios o ambientales, pero nadie nos enseñó a vivir una vida “sana”, con herramientas adecuadas para enfrentar al dolor. Muchas veces, esperamos que alguien nos “salve”, pero al final terminamos alejando al resto para que no caigan en el mismo abismo que nosotras. ¿Eso nos vuelve malas personas? Bueno, de hecho, es lo contrario, sentimos gran amor por las personas que nos han ayudado, tanto que a veces es «intoxicante», o algo exagerado y muchas veces, vamos a decidir cuidar al resto en vez de cuidarnos a nosotras mismas. Y eso ocurre porque no sabemos manifestar el amor de forma sana, nuestros cuidadores tampoco supieron enseñarnos esta forma de amor, muy probablemente porque tampoco lo aprendieron. Aquí llega lo difícil, romper con este patrón de dolor que viene cargado incluso generaciones atrás. 

Aprender a amar es difícil, especialmente cuando no sabes cómo te sentirás en unas horas, parece no ser primordial, ya que muchas veces, lo más importante es pasar el día sin hacer alguna conducta de riesgo. No obstante, no es algo justo para uno mismo, es por ello que me gustaría compartir con ustedes, el título del libro de Marsha Linehan, Construyendo una vida digna de ser vivida, la cual me hizo reflexionar sobre cómo se estaba desarrollando mi vida, y es que hemos vivido tanto tiempo “sobreviviendo” que nos hemos olvidado de “vivir”, y la verdad, es que nunca aprendimos este concepto, por eso, debemos hacer un trabajo extra al de otras personas, el cual es crear un ambiente en el que nos sintamos seguros y cómodos, donde podamos vivir la vida que deseamos de la forma más sana posible, y esto se desarrollará en gran parte durante terapia. Pero comencemos por aceptar que merecemos algo bueno, que somos humanos y que nos vamos a equivocar muchas veces, pero eso no quita que merecemos vivir mejor. 

The Secret Dr. Marsha Linehan Kept for Five Decades | Parvati Magazine

Por otra parte, sabemos que podemos vivenciar el dolor de varias formas, pero, en lo personal, la más peligrosa se puede dar cuando nos encontramos ante un episodio largo del dolor: empezamos a disociar las emociones y entrar en contacto directo con el vacío, es aquí cuando nos encontramos más propensos a mostrar conductas de riesgo, ya que intentamos bajar hasta lo más profundo del dolor para sentir algo, para que luego, cuando sintamos algo placentero en contraste, todo nuestro cuerpo sienta un estado eufórico que mejore el ánimo, aunque sea aparente y nos permita regresar a un estado más “funcional”.

No siempre sufrimos porque nos guste, pero es lo único que conocemos para lograr que las cosas funcionen y conseguir algo bueno, aunque sea solo durante unos segundos. Escapar de una realidad tan complicada y desgastante como es la de un TLP no es tan raro, si lo piensas bien, de hecho, es una función básica de cualquier humano cuando se encuentra ante el peligro, cosas que te podrían parecer tan descabelladas como el uso de sustancias, las conductas sexuales de riesgo e incluso los intentos de suicidio, son solo algunas formas que encontramos para huir del sufrimiento. Pero que, sin embargo, no le quitan lo desadaptativo y, aunque son válidas, no significa que sean correctas. 

Recuerda que el tener un trastorno no es sinónimo de merecer una vida dolorosa y caótica, todos merecemos vivir de forma adecuada, en ambientes sanos y amorosos, así que permítete gozar de esta calma que tanto necesitas, y acude a terapia. Mi mayor recomendación es que no dejes tu tratamiento y si lo has hecho puedes retomarlo, es un proceso que toma tiempo, pero que resulta gratificante cuando ves los resultados, yo llevo varios años en terapia con distintos especialistas de diferentes ramas, pero gracias a eso, ahora me considero una persona mucho más funcional, que sigue generando logros y alcanzando metas, y que puede escribir este artículo que reúne muchos conocimientos y reflexiones obtenidos con el paso de los años. 

No obstante, si te identificaste y aun no tienes un diagnóstico, acude con un especialista para que pueda evaluar tu situación personal. En Warayana podemos ayudarte con ello, tú también mereces una vida digna de ser vivida. 

Referencias

American Psychological Association. (2014). Manual de diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5).

Arango, J. D. (2018). LA ESCISIÓN. PSICOLOGÍA DINÁMICA. https://psicologiadinamicahoy.blogspot.com/2015/04/32-la-escision.html#:~:text=La%20escisi%C3%B3n%20es%20la%20separaci%C3%B3n,como%20lo%20desea%20el%20infante

Linehan, M. M. (1993). Skills Training Manual for Treating Borderline Personality Disorder. New York: Guilford

Prades, I., Romero, M. (2015). Tras las Huellas Borderline: Rastreando el Apego de Personas con Trastorno Límite de Personalidad. Revista REDES, (32), 59–70. https://redesdigital.com/index.php/redes/article/view/179

Puértolas Argüelles, M. (s. f.). La búsqueda de placer a través del dolor: revisión acerca de la relación entre TLP y BDSM [Trabajo Final de Máster, Universitat ramon llull]. https://dau.url.edu/bitstream/handle/20.500.14342/242/MERITXELL%20PU%C3%89RTOLAS%20ARG%C3%9CELLES.pdf?sequence=5&isAllowed=y

Laffite, H., Rodríguez, F., Alonso, R., Medina, T., & Díaz, J. A. (2022). TERAPIA DIALÉCTICO-CONDUCTUAL. UNA BREVE REFERENCIA A SU ESTRUCTURA Y AL ABORDAJE INDIVIDUAL. Interpsiquis, 23. https://psiquiatria.com/congresos/pdf/1-10-2022-20-tem1.pdf

Dependencia emocional y TLP

No todo es color de rosa…

En una relación de pareja, debe existir un espacio para crecer, cada quien por separado y en equipo, la cual debe basarse en los siguientes pilares básicos (Congost, s. f.):

  • Amor.
  • Confianza.
  • Respeto.
  • Aceptación.

Sin embargo, existe la dependencia emocional, que es un tipo de adicción hacia otra persona, usualmente generado en parejas; cuando una persona se encuentra en esta dependencia, va desarrollando la necesidad imperiosa del otro, en donde renuncia a su libertad e inicia un camino desagradable y de tortura en que cada litro de lágrimas es equivalente a un minuto falso de felicidad (Congost, s. f.). Es cuando un individuo permite que otros afecten sus sentimientos y emociones, pasan a depender de ellos para sentirse felices; esta acción impacta negativamente a la autoestima cuando está en formación, llegando a depender de terceros.

A continuación, se muestra una lista de características que presenta una persona con dependencia emocional:

  • La persona depende de un miedo constante de abandono.
  • Se siente inseguro y ansioso.
  • Tener presente un miedo de rechazo.
  • Tiene una necesidad incesante de seguridad.
  • Ve la verdadera felicidad como el depender de una pareja romántica.
  • No sabe cómo satisfacer sus necesidades emocionales de manera solitaria.
  • A veces, puede llegar a pensar que no vale la pena vivir sin su pareja.

Asimismo, la Asociación Psicoanalítica de Psiquiatría define el sentimiento de vacío (lo cual es muy marcado en personas con TLP), como:

Estado mental subjetivo caracterizado por un sentimiento doloroso de empobrecimiento de los propios sentimientos, fantasías y deseos, así como una falta de respuesta a estímulos externos o una mera respuesta automática. Convicciones, entusiasmo y la relación con los demás parecen perdidos y son reemplazados por sentimientos de inercia, aburrimiento y superficialidad. La persona que se queja de vacío, a menudo se siente cambiada, distinta a los demás, sin esperanza por una felicidad futura, incapaz de amar o preocuparse por los demás o responder apropiadamente al cariño y la atención. Los sentimientos de vacío pueden ser fugaces, periódicos, o, especialmente en algunos pacientes límite y narcisistas, pueden definir la propia experiencia subjetiva básica. El vacío aparece a menudo junto con depresión, aburrimiento y despersonalización; a veces puede parecer la totalidad de la experiencia, excluyendo dolorosamente cualquier otro sentimiento. (Moore y Fine, 1990, en Mora, 2022)

Dicho lo anterior, una persona con TLP tiene un miedo obsesivo de abandono, lucha con adoptar una adecuada regulación emocional, ve a su pareja como un objeto para satisfacer sus necesidades y sufre de sentimientos crónicos de vacío. Si alguien sufre de dependencia emocional, puede tener conversaciones negativas de manera interna, lo que contribuye a que se quede preso en ese ciclo contraproducente, y que pueda desarrollar afecciones crecientes de ansiedad y tristeza. Un requisito previo para el cambio es encontrarse a uno mismo, con amabilidad y aceptación; la crueldad interna solo mantiene a la persona atrapada, donde crea emociones desagradables.

Congost, S. (s. f.). Manual de dependencia emocional afectiva [Archivo PDF]. Psicopedia.org. http://www.psicopedia.org/http://www.psicopedia.org/wp-content/uploads/2014/02/GUIA-DEPENDENCIA+EMOCIONAL.pdf

Mora, N. P. (2022, 26 enero). El sentimiento de vacío en el Trastorno Límite de la Personalidad: construcción de un cuestionario sobre sentimiento de vacío en el TLP. https://www.academia.edu/es/69477798/El_sentimiento_de_vac%C3%ADo_en_el_Trastorno_L%C3%ADmite_de_la_Personalidad_construcci%C3%B3n_de_un_cuestionario_sobre_sentimiento_de_vac%C3%ADo_en_el_TLP

Jinetes de lo imposible: Madres (borderline). Simplemente madres

Para todas las mamás en días de cielo nocturno, 

en especial para Elva y Eve 

en admiración y agradecimiento, 

para Alma porque hago lo mejor que puedo, 

aunque no sea suficiente…

¿Qué es ser una buena madre? Y, ¿qué es no serlo?

Podría jurar, pensar o maldecir, pero ninguno de los multiuniversos/escenarios imaginarios servirán para definirla, porque toda o ninguna abarcaría en su complejidad lo difícil que es ser mamá y aún más siéndolo con TLP/DRE…

Creo que solo quiero permitirme ser real, espontánea (en este artículo y fuera de él), evidentemente responsable, no ser juzgada pero sí ser audaz, y lo suficientemente resuelta, astuta e inteligente para ser capaz de superar cada valla que se me atraviesa como al caballo o al jinete en las competencias. Pero en mi propia competencia, porque no estoy luchando contra nadie que no sea conmigo misma, que no sea con mi maternidad cargando a cuestas una condición médica, física, o un diagnóstico de patología mental osease la adversidad con la que salí sorteada. No compito con nadie… atravieso el fuego. 

Maternidad y TLP/ DRE (Desregulación Emocional)

Marco contextual: datos generales 

El Trastorno límite de la personalidad (TLP) se caracteriza por un patrón de relaciones intensas y ambivalentes, ira incontrolable, control deficiente de los impulsos, inestabilidad afectiva, trastornos cognitivos y de identidad, y conducta suicida recurrente. Es probable que las personas con TLP se enfrenten a una serie de resultados negativos, incluida una mala respuesta al tratamiento y malos resultados sociales, laborales y académicos (Bagge, Nickell, Stepp, Durrett, Jackson y Trull, 2004; Bender et al., 2001; Skodol et al, 2002). 

El día a día de las personas con este trastorno está plagado de altos niveles de miseria, que a menudo persiste incluso después de que remitan los síntomas de impulsividad y las conductas suicidas (Zanarini, Frankenburg, Hennen y Silk, 2003). En entornos clínicos, el 75% de los que tienen un diagnóstico de TLP son mujeres (Skodol y Bender, 2003), y se estima que hay más de seis millones de mujeres en los Estados Unidos diagnosticadas con TLP (Friedel, 2004). Es probable que haya un gran número de mujeres con TLP que también son madres, lo que, combinado con las amplias deficiencias funcionales asociadas con este trastorno, representa un problema de enorme preocupación pública. Por lo tanto, es algo sorprendente que los efectos del TLP materno en los resultados de los niños hayan sido el foco de poca atención empírica o esfuerzos de desarrollo de tratamientos. Dado que la crianza impacta tanto a la madre como al niño, creemos que, desarrollar una intervención de crianza específicamente para esta población de alto riesgo, es un esfuerzo particularmente importante.

En los estudios revisados, se postula que la madre tiene estrategias de crianza caracterizadas por oscilaciones entre la participación excesiva y la participación insuficiente. Vemos estas oscilaciones como extremas formas de inconsistencia. Tales como las que se presentan en prácticas de socialización de las emociones, así como en las estrategias de disciplina y vigilancia parecen contribuir al desarrollo del TLP (Bezirganian et al., 1993).

Enfoque de la crianza en TLP/DRE:

Los hijos de madres con TLP están en riesgo de problemas psicosociales. Los resultados y la transmisión de esta vulnerabilidad pueden deberse a ciertos déficits en las habilidades de crianza. No existen intervenciones diseñadas específicamente para madres con TLP y sus hijos; sin embargo, los autores han hecho recomendaciones generales a favor de las terapias de apego. (cf., Macfie, Fitzpatrick, Rivas y Cox, 2008).

Programas de psicoeducación familiar, para las personas con enfermedades mentales graves, han recibido un amplio apoyo empírico para reducir las tasas de recaída y la reducción del estrés familiar y carga (para una revisión ver Cohen et al., 2008). El impacto de la psicoeducación familiar para las personas con TLP ha sido inferior al de otras formas de enfermedad mental grave, especialmente esquizofrenia. Gunderson, Berkowitz y Ruiz-Sancho (1997) abogan por un enfoque psicoeducativo familiar.

Aproximación al tratamiento del TLP

El desarrollo de un programa piloto de Grupos Familiares Múltiples (MFG)  informó mejoras en la comunicación familiar y carga familiar después de seis meses de tratamiento. Ahí son tres los tratamientos que incluyen la psicoeducación familiar como uno de los componentes del modelo de tratamiento y han publicado al menos un artículo empírico sobre la efectividad de la intervención para familias con TLP: Familia Conexiones (FC; Fruzzetti & Hoffman, 2004), Sistemas de Capacitación para la Previsibilidad Emocional y la Resolución de Problemas (STEPPS; Blum, Pfohl, St. John, Monahan y Black, 2002), y Entrenamiento de Habilidades Familiares Multigrupales como parte de Terapia dialéctica conductual para adolescentes (Miller, Rathus y Linehan, 2006).

Para reflexionar…

En resumen, las vulnerabilidades genéticas y ambientales ponen en riesgo a los hijos de madres con TLP y psicopatología relacionada. Un contexto ambiental que puede conferir riesgo, es la crianza de los hijos. Las madres con BPD (Borderline Personality Disorder) pueden encontrar desafíos únicos de crianza, especialmente a la luz de la falta de eficacia que sienten como padres. La estrategia de crianza que sería más perjudicial para los hijos de madres con BPD puede ser oscilaciones entre formas extremas de control y pasividad, que dan poca consistencia a la experiencia del día a día del niño. Al abordar habilidades de crianza, esperamos ver mejoras en las interacciones entre padres e hijos, lo que conducirá a la reducción de la angustia de la madre y el niño. Con base en una minuciosa revisión de la literatura, podremos esbozar varios puntos para una intervención de crianza, a saber, psicoeducación, consistencia en la programación y el seguimiento, la coherencia en calidez y cuidado, así como la aplicación de estrategias de crianza basadas en la atención plena.

“Morir no duele mucho:

nos duele más la vida.

Pero el morir es cosa diferente,

tras la puerta escondida:

la costumbre del sur, cuando los pájaros

antes que el hielo venga,

van a un clima mejor. Nosotros somos

pájaros que se quedan:

los temblorosos junto al umbral campesino,

que la migaja buscan,

brindada avaramente, hasta que ya la nieve

piadosa hacia el hogar nos empuja las plumas”.

-Emily Dickinson-

Bibliografía: 

Cohen, P. (1996). Childhood risks for young adult symptoms of personality disorder: Method and substance. Multivariate Behavioral Research, 31, 121–148

Gunderson, J. G., Berkowitz, C., & Ruiz-Sancho, A. (1997). Families of borderline patients: A psychoeducational approach. Bulletin of the Menninger Clinic, 61, 446 – 457.

Linehan, M. M. (1993). Cognitive-behavioral treatment of borderline personality disorder. New York, NY: Guilford Press.

Autonomía y TLP ¿Yo puedo sola?

Partiendo desde un concepto de cómo es que una persona desde pequeña forma su propia autonomía, Jean Piaget (en Kamii y López, 1982) menciona que el ser humano procede a generar su autovaloración, decidir por sí solo, poseer el sentido de responsabilidad, también interactuando de manera social, afectiva, intelectual y moral, con la finalidad desarrollar la autonomía, asimismo respeten la misma de otras personas.

Sin embargo, la autonomía tampoco significa una expresión de libre albedrio, sino no se estaría cumpliendo la finalidad ya mencionada.

En el TLP (Trastorno límite de la personalidad), esta autonomía sería muy gratificante para la persona quien la padece, ya que el trastorno se expresa de diferente manera en cada paciente. Es por ello que, para una persona con TLP obtenga autonomía, se debe realizar un diagnóstico diferencial correcto, porque cada quien responde a la psicoterapia de distintos modos (Meehan et al., 2018).

Dicho lo anterior, la autonomía alcanzada después de terapia por parte de las personas que presentan TLP, según Stanghellini y Rosfort (2013), que desde la fenomenología hermenéutica y de la psicopatología dialéctica, podrían lograr reducir algunos aspectos emocionales como los siguientes:

  • Desesperación: “Asociada a la incapacidad para decidir y a la coexistencia de sentimientos ambivalentes que generan la sensación de estar atrapado entre dos tendencias opuestas. Un ejemplo de esto sería la experiencia de un paciente de querer comprobar si su pareja le está siendo infiel y, al mismo tiempo, tener el temor de que esta conducta precipite una terminación de la relación. Esta desesperación se traduce en un estado de parálisis para la acción y el pensamiento, una parálisis desconcertante, inquietante y frenética”.
  • Aburrimiento: “Es la pérdida generalizada del interés en todo. La experiencia de aburrimiento hace que el mundo se vuelva monótono; los demás y la persona misma se perciben desprovistos de sentido y las emociones se aplanan. El aburrimiento es uno de los sentimientos centrales en el afecto disfórico”.
  • Vergüenza: “La vergüenza como estado afectivo puede precipitar la rabia durante rupturas psicóticas propias del paciente límite. Generalmente, la rabia y la vergüenza son acompañadas de resentimiento, rencor, indignación e ira narcisista asociada a los sentimientos de humillación. Un paciente puede estar absolutamente convencido de que su novia le está siendo infiel porque en el fondo tiene la certeza de ser alguien inferior y de poco valor para ella”.
  • Culpa: “Esta emoción ocurre al sentir que se ha ocasionado un daño al otro. Puede estar asociada a la vergüenza al sentir que dicha acción traiciona los propios valores o el ideal de cómo debería haberse comportado la persona”.
  • Alteraciones en la vivencia del tiempo: “Mientras las funciones neuropsicológicas básicas de la temporalidad están intactas en el paciente con trastorno límite de personalidad, la inestabilidad afectiva y la identidad típica de estos casos generan una visión cambiante del sí mismo, con discontinuidades importantes, cambios rápidos de roles, metas y relaciones”. 

Estos aspectos emocionales crean una incapacidad para ver la continuidad personal a lo largo del tiempo y produce una sensación de desarrollo personal que puede predecir el futuro (Gallagher y Schmicking, 2010). Por lo tanto, con una correcta intervención e inserción de autonomía se llegaría a prevenir futuros indeseables, y así la persona con TLP no se reduzca solamente a experimentar un momento su existencia, ni se encuentre atrapada sin lograr proyectarse al futuro.

Concluyendo lo expuesto, las terapias que manejan el contrarrestar la sintomatología general del TLP son las psicoterapias especializadas como TET (Terapia enfocada en la transferencia), TDC (Terapia dialéctica comportamental) Y TBM (Terapia basada en mentalización), en donde la TDC funciona mucho mejor que la TCC en cuanto a acortar la conducta suicida, dimensiones de disociación/psicoticismo y autoagresiones (Oud et al., 2018). Todas ellas ayudarían a que una persona con TLP pueda realizarse o fortalecer su propia autonomía; y con el pasar del tiempo llegar a ser totalmente independiente, respetando la autonomía de las personas con quien se relaciona en un camino de responsabilidad.

Referencias

Kamii, C., & López, P. (1982). La autonomía como objetivo de la educación: implicaciones de la teoría de Piaget. Infancia y Aprendizaje. https://doi:10.1080/02103702.1982.10821934 

Meehan,   K.,   Clarkin,   J.   y   Lenzenweger,   M.   (2018).   Conceptual   Models   of   Borderline Personality Disorder, Part 1: Overview of Prevailing and Emergent Models. Psychiatric Clinics of North America https://doi.org/10.1016/j.psc.2018.08.001

Stanghellini,  G.  y  Rosfort,  R.  (2013).  Emotions  and  Personhood.  Oxford  University  Press. doi: https://doi.org/10.1093/med/9780199660575.001.0001

Gallagher,  S.  y  Schmicking,  D.  (2010).  Handbook  of  Phenomenology  and  Cognitive  Science. https://doi.org/10.1007/978-90-481-2646-0

Oud,  M.,  Arntz,  A.,  Hermens,  M.,  Verhoef,  R.  y  Kendall,  T.  (2018).  Specialized  psychotherapies  for  adults  with  borderline  personality  disorder:  A  systematic  review  and  meta-analysis. https://doi.org/10.1177/0004867418791257

Volver a brillar, cuestión de gestionar

Cuando los días suelen ser sumamente complicados nos embargan emociones que posiblemente sean catalogadas como negativas, estas pueden ser la ira, el enojo, la frustración o cualquier otra que se puedan imaginar. Esto es lo que me había pasado esta última semana, una serie de eventos desafortunados que se fueron acumulando poco a poco como una bola de nieve que fue creciendo. No entendía el porqué y el para qué de esa situación. Sin embargo, me sentía totalmente al borde del colapso por aquellas emociones sumamente complejas y desagradables. El no saber expresarlas, etiquetarlas, ni mucho menos afrontarlas, me hacía sentir perdida en el mar de mi mente y de mi corazón, porque ser una persona con desregulación emocional DRE/TLP es más complejo de lo que se cree. 

Pero tenía dos opciones muy claras. Posiblemente seguir inmersa en aquella emoción y avivando la intensidad de la misma o tomar otros medios que pudieran generar un cambio en mí. 

Adivinen lo que hice… de esto se refiere esta reflexión. 

Guía práctica para sobrevivir a los días de neblina emocional: 

  1. Hace mucho tiempo que no me había dado cuenta de que, las emociones, al venir de adentro, también tienen que ser acogidas ya que esto nos permitirá  sentir y apreciar que sucede con dicha emoción. Tal vez suene sumamente desagradable y difícil, pero es una tarea constante y un trabajo arduo el cual debemos ejercitar. Abrazar (aceptar) sin más, sin preguntar, sin cuestionar, ni renegar de ella, porque ya habrá un momento para eso.
  1. Anteriormente había hablado de etiquetar una sola emoción. Si ya lograste ejercitar esta habilidad te sugiero que puedas hacerlo de forma simultánea con más de una y de este modo, también evaluar sí dicha sensación proviene de adentro hacia afuera o si es algo que es externo y te afecta hacia tu interior. Esto tiene un fin muy importante, ya que puede generar algún movimiento o cambio en tu comportamiento. Ej: gritar en una discusión, llorar, aislarte, etc. 
  1. Ahora, nos podemos detener en traducir lo que refiere está emoción para poder entenderla en tal sentido que nos referimos. Por ejemplo: el enojo puede generarse debido a una incongruencia dentro de algún límite que se ha saltado (solo por dar una interpretación). Otro ejemplo, en el caso de llorar y apartarnos de las personas, también podríamos preguntarnos: ¿Qué estamos buscando al momento de aislarnos? quizás sea que necesitamos despejar nuestra mente, es una posible respuesta o salida al problema. 
  1. Algo que es fundamental es entender que tenemos que actuar en consecuencia. Es la regla de la causa y el efecto. Pero dentro de esto debe existir una gran coherencia y no una discordancia tratando de buscar cuál sería una conducta mucho más adaptativa para nosotros.

Un punto crucial es entender que las emociones son sumamente complejas, cada una de ellas son importantes para nuestro crecimiento personal e individual y al no aceptarlas puede traer grandes problemas. No solamente la frustración o tristeza de no saber afrontar situaciones a corto o mediano y largo plazo, sino que nos perdemos un gran e importante aprendizaje en nuestra vida lo que ayudaría muchísimo a reducir y reproducir patrones de conducta que sean sumamente dañinos en el futuro.

Por último, quisiera compartir actividades que puedes sumar para tus días de «neblina emocional» (como las suelo catalogar) para que puedas disipar tu mente: 

  1. Pequeño diario (escribe lo que pase en tu día) incluso un muy buen ejercicio  es tener un apartado para lo positivo y negativo del día. 
  2. Realiza actividad física de tu preferencia. Te servirá para regular la energía concentrada. 
  3. Toma clases de alguna actividad que desees retomar (arte u oratoria, por ejemplo) refuerza aquellas aptitudes que quieres potenciar en ti.
  4. La alimentación es fundamental, prueba recetas que te proporcionen energía. 
  5. Crea un botiquín de emergencia donde puedas encontrar números de ayuda, ya sea de tu especialista de confianza, amigos, familia o una fotografía de aquella persona que influyó en ti. Algún recuerdo agradable o perfume/aroma puede servir.

Bonus: Cree en ti y confía. Disfruta del proceso más que lograr la meta. Nadie dijo que gestionar nuestras habilidades era una tarea sencilla.  

Y ahora, dime: ¿cómo estás?

Si deseas profundizar sobre el TLP o cómo las emociones se desenvuelven en nosotros, puedes leer estos artículos:

TLP vs. un ser humano

¡Hola! Soy Katherine Acero, estudiante de Psicología, el tema a continuación abordará una frase que siempre me dedico día tras día y es: “La vida no espera…”. Hago mención de este detalle porque los mínimos regalos de la vida nos los podemos dar nosotros mismos. 

Parte de entender qué es el trastorno límite de personalidad (TLP) o bordeline, es de total importancia ver con los ojos de una persona que lo padece, dicho esto podríamos llegar a concebir la perspectiva del sujeto y ayudarlo a estar en convivencia en donde reine la comprensión, seamos quienes seamos para esta persona, una pareja, familia o simplemente un compañero de trabajo. 

Actualmente se conoce el término límite como el nivel avanzado y altamente grave de un funcionamiento desadaptativo de la personalidad, el cual presenta patrones duraderos de funcionamiento alterado. Estos comportamientos pueden tener una apariencia de un funcionamiento adaptativo, sin embargo, causan limitaciones muy notables en la calidad de vida del ser humano (Mosquera, 2022).

Dicho lo anterior, comento a experiencia propia que, antes de ser diagnosticada con este trastorno o siendo más exacta, antes de conocer a profundidad del por qué acontecía dichos problemas en mi entorno familiar y académico, o entender dichas conductas autodestructivas y entre otros, yo tenía el pensamiento de que todas esas acciones eran normales y que a mucha gente le pasaba o actuaba de tal manera cuando están en alguna situación de un simple estrés, justificando así el trastorno que en ese tiempo desconocía. Para este descubrimiento de hace aproximadamente ocho años, encajaba cumpliendo con los criterios diagnósticos que serán mencionados a continuación.

Criterios diagnósticos según el DSM V:

  1. Esfuerzos desesperados para evitar el desamparo real o imaginado. (Nota: No incluir el comportamiento suicida ni de automutilación que figuran en el Criterio 5.)
  2. Patrón de relaciones interpersonales inestables e intensas que
    se caracteriza por una alternancia entre los extremos de idealización y de devaluación.
  3. Alteración de la identidad: inestabilidad intensa y persistente de
    la autoimagen y del sentido del yo.
  4. Impulsividad en dos o más áreas que son potencialmente autolesivas (p. ej., gastos, sexo, drogas, conducción temeraria, atracones alimentarios). (Nota: No incluir el comportamiento suicida
    ni de automutilación que figuran en el Criterio 5.)
  5. Comportamiento, actitud o amenazas recurrentes de suicidio, o
    comportamiento de automutilación.
  6. Inestabilidad afectiva debida a una reactividad notable del estado de ánimo (p. ej., episodios intensos de disforia, irritabilidad
    o ansiedad que generalmente duran unas horas y, rara vez, más
    de unos días).
  7. Sensación crónica de vacío.
  8. Enfado inapropiado e intenso, o dificultad para controlar la ira (p.
    ej., exhibición frecuente de genio, enfado constante, peleas físicas recurrentes).
  9. Ideas paranoides transitorias relacionadas con el estrés o síntomas disociativos graves

Teniendo en cuenta los criterios clínicos que una persona debe cumplir para ser diagnosticada, es de total importancia que todos ellos sean confirmados por un especialista. Es así que, mediante una intervención sorpresa, mis padres me llevaron a una clínica particular para que con la ayuda de un experto en la conducta humana realice la entrevista con un buen clima de confianza, sumado a esto los test necesarios para confirmar o solamente sustentar mis acciones limites en un diagnóstico de un trastorno, que si bien es cierto no tiene cura. No existe el versus como dice el título porque es parte de mí y aprendí a tener más responsabilidad en aceptar e ir a terapia, y ser disciplinada en los medicamentos. Porque al aceptar este problema me di cuenta que quería ser diferente para los que me rodean, por eso decidí ser mejor que ayer, día tras día.

Palabras clave: TLP, borderline, DSM-IV-TR

Referencias:

Asociación Americana de Psiquiatra (2014). Guía de consulta de los criterios diagnósticos del DSM-5. Washington DC, Londres: American Psychiatric Publishing

Mosquera, D. (2022). Criterios diagnósticos del trastorno límite de la personalidad. https://www.trastornolimite.com/tlp/criterios-diagnosticos-trastorno-limite-de-la-personalidad-tlp

El poder de la vulnerabilidad

Escrito en conmemoración del 30 de abril, día del psicólogo peruano

Palabras clave: TLP/DRE, Terapia Dialéctica Conductual, vulnerabilidad, experiencia. 

A raíz de que ya fueron pasando los años se me hizo más sencillo hablar respecto a mi diagnóstico, aunque no lo crean ya han pasado siete años y por más que parezca que ya sea bastante, siento que aún me causa un poco de nerviosismo. Es como subirse a un escenario y realizar la mejor performance de toda mi vida o al menos, de lo que va… 

Supongo que a todos nos gusta tener el control de todo o la mayoría de los factores dentro de las circunstancias habitualmente.

Yo como paciente TLP o DRE  no lo tengo y tal vez sea porque no he desarrollado las facultades o capacidades que muchas otras personas como tú (estimado lector/a) posiblemente poseas. Sin embargo, la experiencia de ser diferente no tiene pierde.

A lo que quiero llegar es que, todos hemos pasado por ese túnel oscuro que es la vulnerabilidad, pero que muchas veces consideramos qué no existe una luz al final de este mismo. Hoy (y siempre que se pueda) solo quiero decirte que es todo lo contrario…

A lo largo del camino incendiario, hemos dejado pasar un concepto que tal vez había quedado desapercibido durante todo este tiempo y que les puede suceder de igual modo a muchos pacientes, que es justamente el validar. 

 Primero aprende a Validar 

Pero, ¿qué es validar?

Validar desde el aspecto coloquial es el aceptar/permitir. Sin embargo, en la práctica que realizó en DBT (Dialectic Behavior Therapy/ Terapia Dialéctica Conductual). Podemos aborda el término de la siguiente manera:

«tener presente el conocimiento de ciertas conductas o comportamientos que están ahí presentes, que tienen una causa y que se busca entender dicho origen…» 

Y es justamente, el no validar lo que nos hace vulnerables, por nosotros mismos.

El dolor que sentimos, al no tener quizás las capacidades como para poder afrontar dicha situación adversa o eventos que se puedan considerar desafortunados a lo largo de nuestra vida. Somos los primeros tal vez en no saber cómo definir ciertas situaciones (etiquetar), conductas y que a su vez el momento de pedirle al contexto desde un inicio (en nuestros años tiernos de vida) que nos puede enseñar qué es esto y el temor aparece en el ambiente, ocasiona la invalidación, más frustración; por ende sufrimiento, la vulnerabilidad misma.

Porque nadie va por la vida diciendo: «yo pienso mal», «yo siento mal». Pues incluso en ciertas conductas (que suelen ser disfuncionales) para algunos otros o no aceptadas, existe verdad. Verdad que no puede ser negada, ni mucho menos invalidada. 

Aproximación al otro

El problema radica en no entender la experiencia privada del otro y esto se da en lo más íntimo del círculo (sociedad): en la familia. 

Ocurre que en el modelado de la búsqueda de una crianza adecuada se puede caer en ciertos errores de estrategias, cuidados… Al no conseguir los resultados que se esperaban y que, como normalmente se ha visto en nuestra cultura, sigue un castigo que resulta justamente insuficiente frente al modelado inicial ante las instrucciones dadas.

  • Esto no solamente explicaría la cacería de brujas que se puede ocasionar en la  búsqueda del cambio, sino en las habilidades de nuestros pacientes para lograr el éxito. 

Pero resulta, en la mayoría de veces, tedioso. Tendríamos que evaluar la mismidad (condición de ser uno mismo) y además la individualidad de la persona. Comprender que no todas las estrategias son buenas para todos y que no todas las habilidades son las mismas en todos los pacientes. 

Recuerdo muchísimo la imagen de un pez qué está plácidamente en su pecera pero que si le preguntas si puede volar te dirá que es incapaz; incluso se podría presentar otros cuestionamientos. Como el no ser lo suficientemente apto para hacerlo, por consiguiente, surge la sombra de la desconfianza. 

En ocasiones me sentía ese pez, nadando a contracorriente frente a mi falta de destreza y armonía con las matemáticas y la Física, llegaba el castigo y sufría. Solo cuestiónenlo… ¿alguna vez les ha pasado?

A veces, pedimos más de lo que nos pueden dar los demás, cuando lo que ya nos proporcionan y poseen es sumamente valioso y no sabemos reconocerlo. Y al fallar, ocurre el antes mencionado castigo sistemático. Los intentos de pedir ayuda se vuelven nulos y aparece lo que es la desesperanza.

Esto solamente sería el preludio para una muerte anunciada o más bien, de un manejo de contingencias anunciado: 

  • Que serían las expresiones llamativas, lo que ocasiona un cambio en el contexto.

En mi experiencia, recuerdo no solo el confiar mis secretos a los personajes de entrañables libros, o poemas que solía escribir desde muy pequeña, sino a la soledad o aquellas conductas que no se ven políticamente correctas, las cuales serían aquellos medios desesperados para pedir ayuda cuando ya todo está consumado (invalidado)  al menos es lo que se genera y se conoce como self-harm (daño a uno mismo), solo por mencionar una de estas. 

Todo en consecuencia de conductas invalidantes. 

Es cuando se minimiza la dificultad al mostrarnos vulnerables ante esta experiencia, y no se le da la oportunidad al individuo a tolerar el malestar de forma gradual y lenta, antes de ser resuelto. 

Es tenerle temor y miedo a la experiencia reveladora del sufrimiento. 

No es una oda a los eventos desafortunados, sino es la hermosura que nos puede proporcionar la adversidad. La  sociedad nos vende un happy ending cuando esto, muchas veces no nos pasa. Solo eso ocasiona una frustración tal, que causa el nacimiento descarnado de conductas extremas para provocar una respuesta de nuestra atmósfera ya doliente. 

Una comunicación errática del: «sonríe o muere» y no cuestionamos qué nuevo nos puede traer la vulnerabilidad, la experiencia de darle un nombre a lo que nos hiere, darle una antesala al encuentro.

Jamás seremos capaces del cambio, sin validar. 

En algún momento todos nos vestimos de verdugo de nosotros mismos (y tal vez, de otros) y decimos: ¿realmente no sé si importa lo que yo creo? Y el depender; el estar solo; el que no puedo; el que siento de manera inadecuada; que actuó mal, es una constante…

Ser vulnerable es mostrarse desnudo, en pensamiento, palabra, cuerpo y no en omisión alguna. 

Este es solo un pequeño haz de luz, de reflexión, de cómo estaba sentada en su momento al otro lado del escritorio, pero los roles cambiaron, ahora soy yo la que está frente a ustedes, en un día tan especial como este.