Más allá del adiós: La pérdida y el duelo

Entre conversaciones que tuvimos en un salón de clases, surgió un tema bastante peculiar: el duelo y el miedo a perder. Comentamos acerca de cómo sería la vida si moríamos o si perdíamos a las personas o mascotas que más amábamos. En el transcurso, observaba los rostros de mis compañeros, mientras conversaban sobre ello y en muchos casos, había cierto miedo, tristeza, incomodidad e incluso poca apertura para intervenir, a lo que el profesor encargado sugirió la siguiente dinámica: Nos pidió escribir una carta anónima de despedida a aquella persona, mascota o proyecto significativo, para la cual nos brindó un tiempo prudente. Seguido de ello, pidió que todas las cartas por fila, sean mezcladas para que otros compañeros puedan escribir palabras amorosas de consuelo y acompañamiento.

Al finalizar, cada estudiante por fila buscó, entre las cartas, la que había escrito, y deseosos empezaron a leer las palabras de consuelo y amor; muchos de los estudiantes se mostraron sensibles y otros se rehusaban a leer en el salón, comentaron que era una situación complicada, para evitar sentirse vulnerables.

Esta anécdota me sirvió mucho para poder comprender que el perder a alguien o algo, nos resulta una experiencia diferente para cada uno. Algunas personas pueden aceptar y recibir apoyo, otras no saben cómo actuar ante ello para no sentirse vulnerables o porque aún no ha habido un cierre o un fin para el duelo, pues existen muchos sentimientos, recuerdos y experiencias de por medio. 

El duelo es una experiencia universal, natural y emocional a la pérdida significativa, ya sea la muerte de un ser querido, la ruptura de una relación, la pérdida de un empleo o cualquier otro cambio importante en nuestras vidas. En su esencia, el duelo es un proceso de adaptación a la ausencia, donde se experimentan una variedad de emociones complejas y se navega por un viaje de ajuste emocional, cognitivo y espiritual. 

«Cuando se habla de pérdidas y en especial de las pérdidas relacionadas a una persona, es una experiencia que necesita ser compartida, acompañada y respetada. Es normal que se necesite saber que el dolor, tiene un impacto en los demás; así que, por lo general, las personas que han tenido una pérdida suelen valorar mucho la presencia y la compañía de las personas que aprecian». (Fundasil, s/f).

Es relevante considerar que cuando el duelo se presenta, la personalidad, la psique de la persona, su historia, sus experiencias de vida y el sistema de afrontamientos que posee, más allá de las circunstancias de la muerte, tendrán que ver con la forma de asimilar el duelo. Por ello, al presentarse el duelo, será importante dejar que la persona pueda sentir el dolor junto a todas las emociones que ello conlleva. Aceptar, que ese ser amado ya no está y que la pérdida es irreparable, será un momento inicial y crucial para el fortalecimiento de la persona.

¿Cuáles son los tipos de pérdida a los que podríamos enfrentarnos? 

De acuerdo a Pangrazzi (s/f), son:

  1. Pérdida de la vida: Es un tipo de pérdida total, ya sea de otra persona o de la propia vida. 
  2. Pérdidas de aspectos de sí mismo: Pérdidas que tienen que ver con la salud, por ejemplo, pérdida de las capacidades sensoriales, cognitivas, así como psicológicas, por ejemplo, la autoestima, valores, ideales, ilusiones, etc.
  3. Pérdidas de objetos externos: Pérdidas materiales, un trabajo, un hogar, ciertas pertenencias y objetos vinculados o importantes para cada persona. 
  4. Pérdidas emocionales: Rupturas con la pareja o amistades debido a que el contacto físico se ve limitado. 
  5. Pérdidas ligadas con el desarrollo: Pérdidas relacionadas al propio ciclo de la vida, por ejemplo, el el paso por las distintas etapas o edades, infancia, adolescencia, juventud, menopausia, vejez, etc.

¿De qué manera nos afectan las pérdidas? 

Las manifestaciones a causa de las pérdidas no son universales, varían de persona a persona y de las actividades que se realicen para sobrellevarlas. 

Torres (2020) nos menciona las dimensiones en las que nos afectan las pérdidas: 

  • Dimensión física: Molestias físicas, sensación de “vacío” en el estómago, nudo en la garganta, sequedad en la boca, alteraciones de sueño y alimentación, sensación de opresión en el pecho, palpitaciones, falta de energía, etc. 
  • Dimensión emocional: Experimentar sentimientos de tristeza, enojo, miedo, culpa, soledad, ansiedad, impotencia, añoranza, desesperanza, alivio y liberación, amargura, etc. 
  • Dimensión cognitiva: Dificultad para concentrarse, falta de interés por las cosas, confusión, entre otras. 
  • Dimensión conductual: Cambios en el comportamiento, por ejemplo, aislamiento social, retraimiento, aumento en el consumo de tabaco o alcohol.
  • Dimensión social: Aislamiento, rechazo hacia los demás. 
  • Dimensión espiritual: Se puede presentar como el replanteamiento de las propias creencias, podemos llegar a cuestionarnos a nosottos mismos y pensar: “¿Por qué a mí?”

¿Cuales son los mitos en relación al duelo?

En el manual sobre el duelo de Unicef (2020), nos menciona los siguientes:

  • Mito 1: El duelo se resuelve aproximadamente en un año

El duelo es un proceso en sí muy complejo y personal. El periodo de tiempo para “resolverlo”, varía en función de múltiples factores. 

  • Mito 2: El duelo es como una depresión

Aunque ambos comparten ocasionalmente ciertas manifestaciones tales como la desilusión, tristeza profunda, llanto, desapego de la vida, apatía, entre otras, debemos recordar que la depresión es una enfermedad mental con criterios diagnósticos y el duelo es una respuesta adaptativa. 

  • Mito 3: Dentro de los diferentes tipos de muerte, hay unas que son peores que otras

No es una competencia sobre quién ha tenido la peor desgracia y quién está sufriendo más. Cada proceso y cada persona es diferente, sus vivencias son válidas y deben respetarse.

  • Mito 4: Cuando la muerte es “natural”, sobre todo de una persona mayor, no genera duelo

En el duelo, lo que importa es la vinculación que se tenía con quien se ha perdido, cada persona lo procesará de diferente manera, según cuán significante ha sido y según las experiencias o vivencias que tenemos de ello.

  • Mito 5: Los hombres lo llevan mejor, para ellos es diferente, se recuperan antes

No es una cuestión de género, cada persona, independientemente de ello, es libre de sentir la pérdida y organizar su experiencia como pueda y como sepa sobrellevarla.

El duelo y sus etapas según Kubler-Ross

1. Negación

El shock y la incredulidad por nuestra pérdida en un momento o un día, puede ser disfuncional e intentará convencernos de que el ser querido no ha muerto. Sin embargo, la incapacidad de comprender la pérdida durante un tiempo no es algo de lo que haya que salir rápidamente, pues es una reacción normal. 

2. Ira

Kessler (s/f) refiere que la ira es el guardaespaldas y una expresión del dolor.  Además, debajo de la ira puede haber sentimientos de desesperanza o impotencia que en circunstancias provoca la culpa y la culpa que algunas personas utilizan para mantener una ilusión de control o expresar frustración. La culpa puede verse acompañada de pensamientos como: “si yo hubiera estado, si yo hubiera hecho…”. Se estará buscando el factor causante de la pérdida. 

3. Negociación

Las intenciones de volver el tiempo atrás es un deseo frecuente en esta etapa, la persona se queda pensando en el pasado para intentar negociar la salida de la herida, mientras se piensa en lo diferente o maravilloso que sería todo si el ser querido o la pérdida no hubiese pasado.

La frase que resume esta etapa es: “¿Qué hubiera sucedido si…?” 

4. Depresión

La persona empieza a asumir de forma definitiva la realidad de la pérdida, y genera sentimientos de tristeza y de desesperanza junto con otros síntomas típicos de los estados depresivos, como el aislamiento social o la falta de motivación para realizar actividades rutinarias o de ocio.

5. Aceptación

La aceptación no significa que te parezca bien que tu ser querido se haya ido. Consistirá en aceptar la realidad de la pérdida, de aprender a convivir con ella y crecer a través del conocimiento de los sentimientos.

¿Las etapas son rígidas o siempre deben seguir una secuencia? 

No, las etapas no son rígidas o lineales. Debemos comprender que tales etapas pueden aparecer en diferente orden, intensidad o incluso puede que no se presenten en el duelo de una persona.

¿Cómo afrontar la pérdida y el duelo? 

Te presentamos algunas indicaciones de autocuidado: 

  • Permítete estar de duelo, date un espacio y permiso para sentir cada emoción. Quizás pienses que es mejor no sentir el dolor, o distraerte para evitarlo, sin embargo de todas maneras, con el tiempo, lo más probable es que el dolor salga a la superficie. 
  • Si buscas o deseas estar un momento solo o sola, procura meditar y expresar emociones en privado, pero sin que esto signifique aislarse de los otros. Será muy importante que lo comuniques a los que están a tu alrededor, para que entiendan esos espacios y los respeten. 
  • Abre tu corazón al dolor, es importante para expresar lo que sientes, ya sea la tristeza, la rabia o el miedo por lo perdido. Recuerda que tenemos la libertad y el derecho de llorar cuando sintamos que sea necesario. Llorar es tan exclusivamente humano como reír. 
  • Anímate a pedir ayuda, da la oportunidad a tus amigos y seres queridos de estar cerca. “No es más sabio ni más evolucionado el que no precisa ayuda, sino el que tiene conciencia y valor para pedirla cuando la necesita”. (Bucay, 2003).
  • Confía en tus recursos para salir adelante y respeta tu propio ritmo de sanación, puedes conseguir ayuda profesional para fortalecer tales recursos y aprender estrategias para gestionar situaciones difíciles. 
  • Comprende que el duelo no es olvidar, al contrario, nos permite buscar para tu ser querido el lugar que merece en tu corazón. Es poder pensar en él, y no sentir ya ese latigazo de dolor. Es recordarlo con ternura y comprender que el tiempo que compartiste con él o con ella, fue un gran regalo. 

¿Cómo ayudar a alguien en duelo?

Para poder acompañar saludablemente a un familiar o amigo que ha perdido algo o a alguien valioso, debemos considerar lo siguiente: 

Actitudes que ayudan

  • Dejar que se desahogue: recuerda que sentir y expresar el dolor, la tristeza, la rabia o el miedo frente a la muerte de un ser querido es el mejor camino que existe para cerrar y curar la herida por la pérdida. 
  • Escuchar y acompañar a la persona en duelo puede ayudar a que se sienta aliviada y validada. 
  • No temas en sentirte vulnerable, no hay nada de malo en mostrar tus sentimientos, o en mostrar que también te afecta lo que ha pasado.  
  • Respeta el tiempo y procesos: el afronte es individual, cada persona cerrará el duelo en el tiempo que vea necesario.

Actitudes que no ayudan

  • No intentes buscar una justificación para lo que ha ocurrido. 
  • No te empeñes en animar ni tranquilizar insistentemente a la persona en duelo, es posible que lo que más necesite en ese momento, es que solo la escuches. 
  • No le restes importancia a lo que ha sucedido al hablarle de lo que todavía le queda. 
  • Comentar las siguientes frases: «Ya olvídalo», «Fue mejor así», «Deja de sufrir», «El tiempo todo lo cura», «Mantente fuerte por lo demás», «Es la ley de la vida». 
  • Invalidar sus sentimientos, por ejemplo, decir que llorar no sirve o que es de débiles y que solo empeorará el dolor.

Me gustaría comentar que el duelo es una respuesta adaptativa universal que puede manifestarse de diversas maneras, recuerden que no hay una manera correcta de vivir un duelo, cada uno lo vivirá como lo sienta, y está bien. Por ello les animo a comprender los sentimientos de los demás, a respetar los espacios y a ser una red de apoyo. Si te encuentras pasando por una situación de duelo, no dudes en pedir apoyo o acompañamiento, recuerda que siempre habrá ayuda disponible. 

Para finalizar, los invito a escuchar los siguientes podcast que retratan muy bien los procesos de la pérdida y el duelo. Al escucharlos, podrán esclarecer sus dudas y sentir alivio.

Psicología al desnudo: https://www.youtube.com/watch?v=OQdqYAJHr8c&t=357s

Después de la pérdida: https://www.youtube.com/watch?v=1Buu1nCLgA0&t=789s

Referencias 

Bucay, J. (2003). El camino de las lágrimas. Editorial. https://psicodescubrir.com/wp-content/uploads/2020/01/el-camino-de-las-lagrimas_jorge-bucay.pdf

Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia. (2020). Duelo. Manual de Capacitación para Acompañamiento y Abordaje de Duelo. https://www.unicef.org/elsalvador/media/3191/file/Manual%20sobre%20Duelo.pdf

Rogers, K. (2023). ¿Cuáles son las 5 etapas del duelo y cómo superarlas? https://cnnespanol.cnn.com/2023/11/29/cuales-son-5-etapas-duelo-como-superarlas-trax/

Rolón, G. (2020). El duelo: Cuando el dolor se hace carne. Argentina: Editorial Planeta. https://www.planetadelibros.cl/libros_contenido_extra/45/44654_1_El_duelo.pdf

Torres, A. (2020). ¿Qué hacer en caso de pérdidas? – FUNDASIL. San Salvador, El Salvador.

Ese hoyo aquí adentro

Si ya fuera poco (o mucho) lidiar con el dolor físico, a muchos se les hace más complejo superar una pérdida. Un objeto significativo, un recuerdo, algo que nos recuerde a alguien especial. Tal vez resulta sencillo, decirlo cuando uno puede ser el espectador en estos escenarios. No obstante, creemos que solamente el duelo se da por una pérdida física. En estas ocasiones se piensa que el duelo se experimenta de modo físico cuando, en realidad, hay muchos otros mecanismos o modalidades de cómo se vive o manifiesta. 

Definición: 

La palabra duelo bajo este contexto en su sentido etimológico, se expresa como dolus que significa dolor en latín, lo cual deriva el verbo dolere que se entiende como sufrir pena o doler. 

¿Qué hago con todo esto?

Pensar en todo lo que perdimos podría resultar una ganancia, entendiendo si esto generó un cambio positivo, porque muchas veces nos negamos a la realidad debido a las altas expectativas que se pueda generar. 

Debemos entender que en múltiples investigaciones, el duelo es considerado como un factor de riesgo, y que actualmente se ve avalado y considerado como un factor en diversas enfermedades. Es por eso que algunos autores han estimado que alrededor del 20 % de los pacientes atendidos en hospitales psiquiátricos tienden a un duelo no resuelto. 

Estudios también realizados en distintos países han encontrado que la experiencia del duelo por muerte de familiares tiene un efecto sobre el sistema endocrino e inmune. Asimismo, un fenómeno frecuente es el miedo de los dolientes a encontrar la misma enfermedad que acabó con la vida del enfermo y tenemos que ver el duelo como un problema de salud en este sentido (elevando la morbilidad y la mortalidad de los dolientes). 

Un claro ejemplo de pérdida y duelo es la relación entre los poetas Horacio Quiroga y Alfonsina Storni, quienes atravesaban el cáncer de manera simultánea en estado terminal. Una enfermedad que inspiró a la poeta argentina a dedicarle uno de los poemas más emotivos a su amigo. Tales líneas expresan el dolor del duelo por su muerte y el malestar que le generó a Alfonsina ya que sabemos el desenlace que esto significó. 

Morir como tú, Horacio, en tus cabales,
y así como siempre en tus cuentos, no está mal;
un rayo a tiempo y se acabó la feria …
Allá dirán.

No se vive en la selva impunemente,
ni cara al Paraná.
Bien por tu mano firme, gran Horacio …
Allá dirán.

“No hiere cada hora –queda escrito-,
nos mata la final.”
Unos minutos menos … ¿Quién te acusa?
Allá dirán.

Más pudre el miedo, Horacio que la muerte
que a las espaldas va.
Bebiste bien, que luego sonreías …
Allá dirán.

Sé que la mano obrera te estrecharon,
mas no si Alguno o simplemente Pan,
que no es de fuertes renegar su obra …
(Más que tú mismo es fuerte quien dirá.)

Alfonsina Storni

Etapas del duelo

Como toda experiencia humana el duelo es un proceso, el cual se comprende en cinco etapas:

Según la psiquiatra suiza Elisabeth Kübler-Ross, en su libro On death and dying (Sobre la muerte y el morir), estudio que se realizó en pacientes terminales en la Universidad de Chicago, nos explica también que este proceso resulta ser de forma sucesiva, sin embargo, insiste que el duelo no es un proceso que sea lineal o rígido.

Negación: 

La pérdida es la reacción que se produce frente a un estado de shock y un embotamiento emocional incluso en un aspecto cognitivo esta fase del duelo implica una negación a dicha pérdida.

Ira: 

Debido a la negación esto puede desencadenar sentimientos de frustración que van asociados a mucha impotencia respecto a la incapacidad de no poder cambiar o modificar las circunstancias de la pérdida, la frustración lleva a que el enfado, y la ira se vuelve un proceso mucho más complejo, asimismo, se atribuyen a sentimientos de culpa como mecanismos de poder salvaguardar el estado emocional de la persona.

Negociación:

Se expresa aquella esperanza que se experimenta y se desea por la pérdida se anhela volver a vivir la vida como era antes.

Depresión:

Es la manifestación más consciente de la pérdida y se puede expresar la tristeza y también el rechazo hacia los otros, mostrando la incertidumbre y el miedo es en este momento, donde se debe brindar más apoyo hacia la persona que está pasando una crisis notable frente al duelo.

Aceptación:

Según lo que nos comenta Kübler-Ross en el modelo, la aceptación es el último estadio de calma asociado a la comprensión de la pérdida o de los fenómenos asociados relacionados a esta última etapa inevitable de la pérdida o del proceso del duelo. Es un proceso de reflexión y retrospección acerca de esta etapa final. 

Sabemos que el duelo no solo es por la pérdida de un ser querido, un objeto material de mucho valor simbólico, sino también se puede hablar de duelo por la patria que nos vio nacer. Tal es el caso de la poeta uruguaya Cristina Peri Rossi. Quien se exilió en España durante la dictadura de su país en 1972 abrazando un nuevo hogar en la madre patria, siendo más específicos en Barcelona, donde ha desarrollado la mayor parte de su carrera literaria. Años más tarde, en el 2021, sería galardonada con el premio Miguel de Cervantes por su amplia trayectoria, que, por supuesto, abarca los grandes conflictos y dilemas que ocasiona el exilio. 

Dedicatoria 

A Mercedes Costa

A todos aquellos navegantes 

                               argonautas de un país en ruinas

desaparecidos en diversas travesías, 

varias,

que un día emprendieron navegaciones 

de inciertos desenlaces. 

Cristina Peri Rossi

Por otra parte, entendemos que también el sufrimiento humano que se encuentra adherido a nuestra condición puede ser causado por diversas causas y supeditado por múltiples factores, siendo estos distintos. Sin embargo, es un proceso sumamente normal, en el cual se debe evitar el mayor daño y poder superarlo, o, en su defecto, vivir comprendiendo y entendiendo ese duelo en nuestra vida. Es por esto que el duelo representa pérdida en el sentido amplio de la palabra y se puede subdividir en distintos tipos de duelo. 

  1. Duelo: El duelo normal como lo conocemos, se caracteriza por ese estado de pensamientos repetitivos que nos recuerdan con particularidad aquellos sucesos antes, durante, e incluso, después de la pérdida; habitualmente, es un proceso que alcanza la superación en un plazo no superior entre los seis meses a un año. 
  1. Duelo anticipado: Como su nombre lo dice, se manifiesta antes de que ocurra la pérdida, un ejemplo de esto es cuando se diagnostica alguna enfermedad: la persona comienza a experimentar de manera prolongada y anticipada el sufrimiento inevitable de la pérdida, y requiere el apoyo de seres queridos para poder superar el dolor físico emocional o intelectual que este le puede causar en el futuro más próximo. 
  1. Duelo sin resolver: Este tipo de duelo se sigue manifestando aún cuando el tiempo haya pasado de manera prolongada, entre un periodo de 18 a 24 meses (periodo normal de duelo). El dolor que se puede presentar incapacita a la persona a que sea capaz de seguir con su vida y asimile los cambios que ocasiona la pérdida, incluso es probable que conserve muchas cosas o propiedades de la persona que se fue, lo que podría producir conductas asociadas que generarían aún más complicaciones. 
  1. Duelo crónico: El dolor crónico es muy parecido al duelo prolongado, sin embargo, este manifiesta una duración excesiva que nunca llega a una conclusión satisfactoria. La persona que lo sufre es muy consciente de que no consigue terminar con el dolor que padece por la pérdida, incluso manifiesta el malestar hasta la propia muerte o término de su vida. 
  1. Dolor ausente: Se produce cuando la persona está en una constante negación sobre dicha pérdida y manifiesta esperanza de modo infundado, padece un intenso cuadro de ansiedad y queda detenida en la primera parte de la evolución del duelo, es decir, en la negación. 
  1. Duelo retrasado o aplazado: El individuo muestra una reacción insuficiente al momento de la pérdida, muchas veces, luce como una persona aparentemente fuerte capaz de lidiar con la situación, y esto se debe a que puede presentar una falta de apoyo social, así como sentirse abrumado frente a la pérdida. Sin embargo, también podría reaccionar de forma exagerada por contener todo el dolor que se acumula en dicha circunstancia. 
  1. Duelo inhibido: A diferencia del duelo ausente, este no se manifiesta como un mecanismo de defensa para evitar o rehusar el dolor de la pérdida, sino más bien, se presentan problemas de índole somático, incluso diversas manifestaciones o limitaciones del individuo le piden expresar el duelo. 

Muchas veces, el proceso de duelo es una oportunidad de transformación. Ese es el caso del poeta argentino Juan Gelman, quien, a fines de 1989, recibió la grata noticia (pese a una larga espera de trece años) de que gracias al equipo de antropología forense argentino y mediante investigaciones y exhumaciones, identificaron a su hijo Marcelo Ariel, quien fue secuestrado junto con su hermana Nora Eva, y también la esposa de su hijo, María Claudia, y un amigo de su familia, quienes habían sido retenidos y llevados al centro clandestino de detención de Orletti, en el barrio porteño de Floresta. María se encontraba con siete meses de embarazo al momento del secuestro; fue llevada al Uruguay donde fue asesinada luego de dar a luz. Sin tener conocimiento del sexo de su nieto o nieta, Juan Gelman le dedica una linda carta:

Carta abierta a mi nieto (fragmento)

Me resulta muy extraño hablarte de mis hijos como tus padres que no fueron. No sé si sos varón o mujer. Sé que naciste…

Ahora tenés casi la edad de tus padres cuando los mataron y pronto serás mayor que ellos. Ellos se quedaron en los 20 años para siempre. Soñaban mucho con vos y con un mundo más habitable para vos. Me gustaría hablarte de ellos y que me hables de vos. Para reconocer en vos a mi hijo y para que reconozcas en mí lo que de tu padre tengo: los dos somos huérfanos de él. Para reparar de algún modo ese corte brutal o silencio que en la carne de la familia perpetró la dictadura militar. Para darte tu historia, no para apartarte de lo que no te quieras apartar. Ya sos grande, dije.

Escrita en 1995 y publicada en Brecha, el 23 de diciembre de 1998.

Finalmente, en el 2000, el poeta y periodista conoció a su nieta, Macarena, de 24 años. 

Recordemos que superar el duelo no es sinónimo de resignación, sino la aceptación hacía nuevos cambios en nuestra vida. Muy por el contrario, lo que perdimos se hará presente, de alguna u otra manera, y comenzar a disfrutar de nuevo nuestras rutinas no es una traición a ese recuerdo, sino una reafirmación a algo mucho mejor, el camino a la felicidad desde otra arista del cristal. Confiemos en los procesos.

Referencias 

García-Viniegras, C., Grau, J., Infante, O. (2014). Duelo y proceso salud-enfermedad en la Atención Primaria de Salud como escenario para su atención. Revista Cubana de Medicina General Integral30(1), 121-131. http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0864-21252014000100012

Kübler-Ross, E. (1969). On death and dying. New York: The Macmillan Company.

Storni, A. (1968). Poesías Completas. Buenos Aires: Soc. Editora Latino Americana.

Duelo complicado

Palabras clave: Adolescentes, adultos, complejo, complicado, demorado, dolor, duelo, patológico, niñez.

La pérdida de un ser querido impacta en la persona, y la vivencia de esta pérdida se llama duelo. Sin embargo, el duelo es un estado psicológico más no psicopatológico, las reacciones físicas y emocionales deben disminuir luego de seis meses (Echeburúa & Corral, 2001). 

En las clasificaciones psiquiátricas, se habla de un duelo complicado, demorado, complejo o patológico cuando esta aflicción no disminuye en el tiempo, al menos doce meses posterior al suceso (DSM-5, 2014). Se le llama complicado porque se asocia a un desborde emocional, conductas desadaptativas y un estado de aflicción tan intenso como al inicio.  La persona no logra recuperarse ni ajustarse a su vida. 

Existen cuatro subtipos (Horowitz, 1980, en Domingo, 2016):

  • Duelo Crónico: cuando el sobreviviente no consigue concluir satisfactoriamente su duelo y es consciente de esto, su duración es demasiado larga, es extrema.
  • Duelo Retrasado: es un duelo inhibido, pospuesto. La respuesta de la persona frente a la pérdida es suprimida; es negada para no sentir o sufrir; posteriormente, aflora magnificada, quizá producto de alguna otra pérdida. 
  • Duelo Exagerado: la persona lo vivencia con demasiada intensidad, surgen conductas desadaptativas para calmar su dolor y es consciente de ello. Existe un alto riesgo de desarrollar algún trastorno psiquiátrico como depresión, ansiedad, estrés post traumático, entre otros.
  • Duelo Enmascarado: cuando el que la padece, disfraza encubre su dolor con síntomas físicos (enfermedades psicosomáticas) o conductas que le traen dificultades en su funcionamiento, pero que, a diferencia de los otros duelos, no las reconocen, ni son conscientes que están relacionadas con la pérdida.

Existen factores de riesgo que hacen a su sobreviviente vulnerable a vivir un duelo complicado. Experiencias como la pérdida de un ser querido en condiciones inesperadas y traumáticas; que el fallecido cumpliese un rol proveedor en la familia; que su sobreviviente contase una historia de pérdidas acumuladas; que el deudo poseyera antecedentes clínicos psiquiátricos; que no existiese un apoyo familiar percibido; entre otros (Acinas, 2012).

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En el caso de niños y adolescentes llevan un duelo diferente, el dolor es expresado con su cuerpo y no con palabras, por lo que la ayuda profesional es necesaria. Aquí, se puede dividir el duelo en tres etapas; antes de los seis años, después de los seis años y en la adolescencia.

En el menor de seis años, existe un retroceso en su autonomía, presencia de llanto frecuente y alto en intensidad sin una causa aparente. Aparecen miedos a cosas que antes no las percibía amenazantes, terrores nocturnos, pesadillas, insomnio. Hay pérdida de apetito, baja energía, entre otros. 

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En los niños mayores de seis años, se observa mucho desorden en sus juegos, mucha irritabilidad, expresiones de protesta y comportamientos violentos hacia otros familiares y amigos. Puede que no exprese sentimientos de dolor hacia el ser querido que partió, negándose a pensarlo muerto, o creerlo vivo, guarda sentimientos de culpa.

El aislamiento, sus silencios, no querer juntarse con sus amigos, excesivos actos de colaboración y responsabilidad sobre asuntos de casa, escuela, u otros. Así mismo, estar excesivamente atento al cuidado de un familiar, agredir a sus pares, bajo rendimiento escolar comparado a su desempeño, baja energía y desgano. Presencia de somatizaciones como dolores frecuentes de estómago, cabeza, dolores musculares, etc., son claras señales de su dolor y es una alerta para buscar ayuda profesional.

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En el caso de los adolescentes existe una conceptualización más abstracta sobre el duelo, más cercana a la del adulto, y así también sus formas de manifestar su luto. El adolescente puede exteriorizar su dolor con conductas desadaptativas y de riesgo, así como, mal comportamiento frente a la autoridad. Existe mucha ira interior, irritabilidad, culpa, pensamientos suicidas, entre otros. El adolescente buscará a sus compañeros y personas que estén fuera de su entorno familiar para conversar o refugiarse de su propio dolor. El soporte familiar, la psicoterapia individual y familiar se hacen necesarios.

El duelo es una experiencia particular en cada sobreviviente, sin embargo, existen edades como la niñez y la adolescencia que los hacen más vulnerables a desarrollar otro tipo de trastornos, el trabajo psicoterapéutico es necesario para prevenirlo. En los adultos, a pesar de que tienen mayores herramientas para lidiar con la pérdida, el hecho de no mejorar emocionalmente o adaptarse a la ausencia del ser querido los expone a la posibilidad de experimentar un duelo patológico.

Schupp afirmó que las personas que han pasado por un duelo patológico normalmente pierden la confianza en sí mismos y necesitan que se les enseñe a salir de la situación (citado en Yoffe, 2013). 

Finalmente, sea cual sea el ciclo de vida que el sobreviviente esté atravesando, se espera que en el tiempo la persona pueda reincorporarse a su vida, un dolor que en el tiempo no halle consuelo amerita una intervención profesional adecuada.

Referencias

Acinas, P. (2012). Duelo en situaciones especiales: suicidio, desaparecidos, muerte traumática. Rev Dig Med Psicosomát, 2, 1-17.

Domingo, V. V. (Setiembre de 2016). Duelo patológico, factores de riesgo y protección. Revista Digital de Medicina Psicosomática y Psicoterapia, VI(2), 12-34.

DSM-5. (2014). En APA. Madrid.

Echeburúa, E. y Corral, P. (2001). El duelo normal y patológico. En W. Astudillo, E. Clavé y E. Urdaneta (Eds.). Necesidades psicosociales en la terminalidad. San Sebastián. Sociedad Vasca de Cuidados Paliativos. 

Redalyc.org. (15 de marzo de 2013). CRECER CON LA PÉRDIDA: EL DUELO EN LA INFANCIA Y ADOLESCENCIA. Redalyc.org, 493-498.

Yoffe, Laura. (2013) Nuevas concepciones sobre los duelos por pérdida de seres queridos. Avances en Psicología. 21(2), 129-153.

Sobre el duelo: Conceptualizando una pérdida

¿Quién no ha perdido algo, alguna vez? 

Cuando una persona pierde algo valioso, se centra en el objeto perdido, desea tenerlo, se lamenta de no haberlo usado lo suficiente. Le asigna un valor económico, una significancia en cuanto a afecto y centra su anhelo en su búsqueda, en recuperarlo. Investiga y trata de entender cómo lo perdió. 

Si la pérdida fue por negligencia y descuido habrá mucha culpa y enojo. Si la pérdida se dio por un asalto, habrá mucho miedo y angustia. Si la pérdida fue por un accidente habrá inconformidad y desesperanza. El valor que se le dé reforzará al proceso de duelo y el cómo gestione sus emociones. 

En una familia, la pérdida de un ser querido pone a los dolientes en similar situación. Además del dolor que estará presente en todos y en cada uno de los miembros, se sumará la significancia que esta pérdida trae a sus vidas. Así, no es lo mismo perder al padre que perder a la madre; no es lo mismo perder al hijo que al hermano.

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El fallecimiento de uno de los padres, sea en una edad adulta, afecta a la persona no solo por la misma pérdida, si no, además en su significancia. Para el experto David Kessler, los padres son nuestras primeras y más importantes conexiones que tenemos en la vida; nos enlazan con nuestras primeras experiencias, son nuestro primer amor.

La pérdida de un hijo, en cambio, es un duelo más difícil y doloroso. Un hijo involucra significado y propósito en la vida de sus progenitores. Como cuidadores, la culpa y la incapacidad de no haber protegido lo suficiente, se añade al dolor de la pérdida. Este proceso puede tomar más tiempo de lo esperado e incluso nunca superarlo. El dolor quiebra a la persona, separa a la pareja (ASCO.ORG, 2018).

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La pérdida de un hermano a veces pasa desapercibida por sus seres queridos, generalmente son los padres quienes reciben mayor atención. Perder a un hermano es perder a un confidente y amigo, lo puede llevar a tener sentimientos de desvalorización de sí mismo frente a su núcleo familiar, confronta su propia existencia como menos valiosa que la del hermano que partió, y puede ponerse como tarea llenar el vacío que dejó. Su presencia puede sentirla diluida en el dolor de sus padres. 

Cuando es la pareja, esposo o esposa la que fallece, la persona siente la pérdida desde una historia de vida, desde un pasado, un presente y un futuro que se extravió en la relación. La valoración que puede darse a esta pérdida se asocia a sentimientos de soledad y desprotección. Es la ausencia de apoyo; replantea su vida desde uno y ya no, desde dos.

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En la familia hay que entender que el duelo es de todos y de cada uno, y que no siempre un dolor será como el del otro; esto nos hace más compasivos con nosotros mismos y con los demás. Entender que no hay duelo correcto o incorrecto, que no se juzga, hace que el duelo sea auténtico y más fácil de sobrellevar.

La psicoterapia familiar acompaña a la familia en este proceso desde el dolor de cada uno de sus miembros. Su trabajo está en la contención a lo largo de las etapas del duelo y motiva, a la familia, a seguir adelante llevados por la significancia y en virtud al propio crecimiento.

Finalmente, termino con las palabras de David Kessler (2021) con respecto a la pérdida: “no es una prueba, una lección, algo que manejar, un regalo o una bendición. La pérdida es lo que pasa en la vida. El significado es lo que hacemos que suceda después de una pérdida”.

Referencias

ASCO.ORG. (Marzo de 2018). Cancer.net. https://www.cancer.net/es/asimilaci%C3%B3n-con-c%C3%A1ncer/manejo-de-las-emociones/duelo-y-p%C3%A9rdida/duelo-por-la-p%C3%A9rdida-de-un-hijo#:~:text=Las%20reacciones%20del%20duelo%20despu%C3%A9s,de%20su%20hijo%20era%20esperada

Kessler, D. (08 de Abril de 2021). Cómo seguir adelante tras la pérdida. Sentido Común. (E. Bernstein, Entrevistador) Mexico. https://www.sentidocomun.com.mx/articulo-contribuidores.phtml?id_contrib=1963

Kessler, D. (s.f.). dignitymemorial.com. https://www.dignitymemorial.com/es-es/support-friends-and-family/grief-library/when-a-parent-dies-dealing-with-the-loss-of-your-mother-or-fatherKübler-Ross, E., & Kessler, D. (2005). On Grief and Grieving, Finding the Mining of Grief Through the Five Stage of Loss. New York: SCRIBNER.

Un mirar hacia el dolor y el duelo

Palabras Claves: Dolor, duelo, pérdida.

A lo largo de estos dos años podríamos decir que las personas han vivido una serie de pérdidas, algunas más significativas que otras. Pérdidas como la de seres queridos, pérdidas como la de personas no tan cercanas pero que traen un impacto similar por ser conocidos, sea por su edad o por la significancia de los hechos y de con quienes empatizamos.

También se han presentado pérdidas más abstractas. Pérdidas como las del trabajo, la ruptura de un noviazgo o el alejamiento de un amor. Pérdidas como el dejar nuestros planes de viaje, de proyectos e inversiones o simplemente estancamiento de sueños.

Todos estos eventos traducidos o no como pérdidas, unas más significativas que otras, le siguen una serie de experiencias al interior de la persona que pueden afectar su sentido de vida en cuanto a significado y propósito.

Para la tanatóloga Elisabeth Kübler – Ross (1969) nos dice que las reacciones a la pérdida son experiencias únicas en cada persona y que el duelo es tan propio como nuestra propia vida. El cómo las personas vivencien sus pérdidas y elaboren sus duelos pueden afectar su calidad de vida futura.

Kübler – Ross dividió al proceso de duelo en cinco etapas: Negación, Ira, Negociación, Depresión y Aceptación. Estas etapas pueden manifestarse en ese orden o no necesariamente. La recuperación dependerá en gran medida de cómo la persona lleve su proceso y lo incorpore como una negociación con la vida para alcanzar el equilibrio. Al ser una experiencia dolorosa y única, la hace más compleja y cada quien lo vivenciará de una forma peculiar.

Sin embargo, no estamos hechos para el dolor y si sumamos que estamos inundados de una corriente positivista en donde es el placer quien le da sentido a la existencia y el dolor no tiene cabida, hace a este proceso más intolerante.

Bregar con el dolor requiere de la persona, fortaleza y valentía que dará como fruto el crecimiento personal. Darle cabida al dolor y conectar con él, es parte del proceso y un reto de estoicismo para el ser humano post-pandemia. Por el contrario, evadirlo como un mecanismo de defensa sólo lo posterga y abre una ventana a la angustia, la ansiedad o peor aún a la depresión.

El hablar de lo que pasó, y cómo pasó es parte de bregar con el dolor. Darle un espacio y una temporalidad en nuestra vida cotidiana, nos conecta con el dolor y le da un lugar como una forma de aceptación. Cuando nos negamos a esto por miedo a sufrir, regresará más tarde cual búmeran con un dolor magnificado. Se corre el riesgo de un quebrantamiento emocional activado por una siguiente pérdida de igual o menor significancia.

Las pérdidas no resueltas pueden manifestarse de muchas formas. Apegos a animales (sean o no mascotas), objetos, recuerdos, etc. Pueden generar conductas compulsivas (acumuladores, atracones de comida, etc.), conductas de riesgo, conductas adictivas, promiscuidad, relaciones casuales y/o superficiales, hipersensibilidad a la pérdida, etc. Acudir a un especialista en psicoterapia sea individual y/o familiar es lo conveniente para ayudar a superar el proceso.

Referencias

Kübler-Ross, E. (1969). On death and dying. New York: The Macmillan Company.