Padres sobreprotectores

Deseo de control

“Sentido de extrema protección”, algunos padres usan la hiperpaternidad para con sus hijos. Cuando queremos controlar todo, se esconde detrás un gran sentido de inseguridad contra la vida, además se busca cubrir carencias desde tiempos remotos. En este caso, los padres tuvieron infancias difíciles, y en su deseo de que sus hijos no pasen lo mismo, creen erróneamente que “sobre-ayudando” harán una buena tarea.  Esta situación, además, denota cierto egoísmo en los progenitores, detrás de esto, se encuentran padres narcisistas, con probable trastorno de la personalidad “pasivo-agresivo”, dependientes emocionales, víctimas, etc. Se usan frases como: “Lo hice por ti”, “sufrí mucho al tenerte”, “eres todo para mí”, “viniste a salvarme”, etc.

Unos progenitores con buena salud mental siempre querrán que sus hijos se defiendan por sí mismos ante las adversidades, dándoles la libertad adecuada.

Ilustración 1: caricaturización de la sobreprotección.

Algunas de las características del estilo educativo sobreprotector:

  • Impiden que sus hijos exploren el mundo.
  • No se les permite ser independientes y eligen las actividades que harán, incluso deciden que vestimenta tendrán.
  • Les privan de expresar sus sentimientos y deseos, pensando por ellos.
  • Los padres evitan que los niños experimenten situaciones incómodas o difíciles, y no dejan que el niño se defienda por sí mismo.
  • Para ejercer el control, generan miedo al decirles que no son capaces de hacer algo.
  • Alojan sentimientos de culpa por falta de tiempo con sus hijos.

Consecuencias de la sobreprotección:

Consecuencias en el área biológica:

  • Demora en el control de esfínteres.
  • Demora en caminar.
  • Demora en comer solo.

Consecuencias en el área psicológica:

  • Fobias.
  • Inseguridad.
  • Bruxismo.
  • Agresividad.
  • Timidez.
  • Celos excesivos.
  • Baja tolerancia al fracaso.

Consecuencias en el área social:

  • Dependencia de otros.
  • Dificultad en habilidades sociales.
  • Baja autoestima.
  • Niño inhibido y retraído con los demás. (Cisneros, 2017)
Ilustración 2: Pensamiento de Jodorowski.

Unos padres felices criarán hijos felices:

¿Amor o desamor? El amor verdadero no causa daño, ¿o sí lo hace?

El amor verdadero es planificado. La llegada de una de las alegrías más grandes de la vida (como podría ser para muchos la idea de tener hijos) debe ser correctamente preparada. Pues si los padres se encuentran extenuados con la crianza y sienten que dieron más de lo que debían, resurgirán ideas de victimismo, y con ello, se transmitirá, consciente o inconscientemente, el propio dolor a los hijos, buscando llenar vacíos, y uno sería el de la extrema protección.

Se debe tener primero las necesidades básicas cubiertas para con uno mismo (techo, comida, salud, paz) y los propósitos que puedan ir más allá (porque no solo de pan y agua vive el hombre), como una profesión, deseos de la vida, viajes, etc., antes de la llegada de hijos. Cuando estemos felices con nosotros mismos recién podremos hacer felices a los demás. Por ello, resolver tempranamente nuestros conflictos internos, emocionales, sociales y económicos, nos brindará ese camino deseado, y podremos dar amor de calidad a los demás.

Fuente: Cisneros, J. (2017). ColegioArcangelRafael.com.

La carencia afectiva en los niños

Desde antes de su nacimiento, el ser humano tiene la necesidad de cuidados, protección, atención y apego. Uno de los motivos básicos e «instintivos» de la experiencia humana es la búsqueda y conservación de un fuerte vínculo emocional con otra persona. Necesitamos de muestras de amor: abrazos, besos, palabras cálidas, caricias, etc., que son una parte esencial para conseguir un correcto desarrollo y maduración cerebral. Si hay una ausencia de dichas muestras afectivas por parte de los padres o cuidadores, el bebé no podría llegar a desarrollarse debidamente, lo que alteraría no solo el aspecto afectivo, sino también el físico y el mental, provocando sensaciones de soledad y vacío. 

«El niño desde el principio de su existencia está recibiendo sensaciones, percepciones, respuestas a sus reacciones impregnados de connotaciones» Singly (1976).

Repercusiones de la falta de afecto

¿Cómo afecta psicológicamente la ausencia o percepción de ausencia?

La ausencia de estimulación afectiva a los niños por parte de los adultos que juegan un rol relacional afectivo importante, provoca la aparición de trastornos, no solo de la maduración, también genera síntomas clínicos que se expresan en trastornos somáticos, afectivos y conductuales. El término de «carencia afectiva», señala tanto la causa (déficit de estimulación afectivo-maternal) como la consecuencia (clínica somática, afectiva y conductual con retraso en la maduración afectiva del niño).

La percepción de esta carencia afectiva provoca malestar, sensación de soledad y vacío producido por esa necesidad afectiva no cubierta, y la búsqueda de aprobación constante para satisfacer esa necesidad.

“Me gustaría que en las noches, cuando llegan mis papás de trabajar, se sienten conmigo a hablar sobre lo que nos pasó en el día, pero no se puedo hablar con ellos porque llegan muy cansados de trabajar” (RJRR).

Síntomas que presentan los niños que tienen estas carencias:

Algunos síntomas son: desconfianza, deficiente habilidad social, ansiedad, depresión infantil, etc. 

Según su edad, el niño puede presentar diferentes síntomas:

  • Bebés:  Suelen llorar mucho y pueden tener enfermedades infecciosas.
  • Edad infantil: Trastornos en el lenguaje.
  • Edad escolar: Baja autoestima, trastornos de aprendizaje, celos, y fracaso escolar.
  • Pubertad: Trastornos del comportamiento, retraimiento, problemas en las relaciones sociales, y hostilidad.
  • Adolescencia: Consumo de sustancias, conductas impulsivas, incumplimiento de normas, baja autoestima, y ansiedad.

Estos síntomas se suelen mantener hasta la vida adulta, y afectan nuestras habilidades, de igual modo generan dependencia emocional. En la edad adulta afecta a la capacidad de adaptación, seguridad, autoestima y estabilidad en las relaciones personales. Además, en muchos casos, presentan ansiedad y sintomatología depresiva.

Niños de alta demanda: cómo son y qué necesitan

En conclusión, el niño necesita experimentar afecto de sus padres o cuidadores para cultivar su autoestima y la seguridad necesaria para alcanzar su autonomía personal.

Referencias

Centre Londres 94 (1976). Carencia afectiva. http://www.centrelondres94.com/files/carencia_afectiva_0.pdf

Psicólogos Málaga (s/f). Síndrome de la carencia afectiva. https://www.psicologos-malaga.com/sindrome-carencia-afectiva/#:~:text=La%20carencia%20afectiva%20se%20define,por%20falta%20de%20la%20misma

Sánchez, L. A. (2018). Carencia afectiva y desarrollo socioemocional de estudiantes de décimo grado del Instituto Nacional de Segovia Leonardo Matute, de Ocotal, Nueva Segovia segundo Semestre 2018 (Tesis). http://riul.unanleon.edu.ni:8080/jspui/bitstream/123456789/7438/1/243355.pdf

Singly F. (1976). La lutte conjugale pour le pouvoir domestique. La influencia del entorno educativo en el niño. Ma. P. Bandres, Francia.

Una madre suficientemente buena

Sentada en mi consulta, trabajando un proyecto, escucho la canción «Photograph» de Ed Sheeran, muy buena canción, con una letra muy profunda que me lleva a la reflexión, sobre todo cuando dice: «El amor puede doler, a veces» (2014). Esta observación me lleva a nuestros primeros afectos, el de nuestros padres y cómo estos pueden marcar nuestra vida.

Donald Winnicott, en 1953, acuñó el término de “la madre suficientemente buena” luego que, en su consultorio, una madre le dijera que deseaba ser la madre perfecta, algo que escuchaba muy a menudo en su consulta.

Al leer esto, me pregunto, ¿cuál sería la experiencia de esta mamá, que la llevaba a imaginar para su hijo un mundo perfecto, en donde esa infancia transcurriría sin daño o fracturas? Sí por alguna fantasía, pudiéramos imaginar un mundo así; una primera infancia perfecta, sin heridas, ni angustias, ¿cómo sería esta?, ¿tendría momentos memorables?

En la actualidad, ese anhelo de perfección sostenido ahora por el tecnicismo y la excesiva información en medios y redes sociales que muestran imágenes y expresiones de familias perfectas disfrutando de una vida plena, que nos llevan a idealizar a una familia feliz, y que nos hace críticos e inflexibles frente a nuestra propia paternidad.

Hoy en día llegan a consulta padres agotados, frustrados, debilitados en la crianza de sus hijos, con manifestaciones cercanas a un burnout parental, es decir, con un agotamiento extremo, inundados de culpa y frustración al ver que no pueden ser proveedores de ese ideal.

Para Winnicot, la madre suficientemente buena es aquella que se adapta a las necesidades de su hijo y las solventa; que calma y se calma, y que no se culpa por cada error u omisión. Winnicot, define lo suficiente como aquello que se entiende por necesario, no adscrito a una perfección, ni a una técnica, simplemente al amor y a la intuición, al estar ahí, y proveer.

Es difícil pensarlo así, sobre todo, cuando vivimos en una época donde “lo suficiente” puede ser señal de conformismo, de falta de esfuerzo, y de falta de búsqueda de perfección. Perfección que también se le exigirá al hijo; lo que generará un círculo vincular vicioso, cargado de ansiedad, que no hace más que traer agitación al hogar.

«Suficientemente buena», involucra la confianza, una confianza básica y primaria que otorga el nacido a su madre, y que, a la vez, la madre le devuelve en amor y sustento, en estar ahí regularmente para él, y en esa regularidad es que se hace suficientemente buena, y acepta que no todo será perfecto, pero sí adecuado para sentirse amado y atendido. 

El ser tolerante con uno mismo, en esa crianza, permitirá que su pequeño sea tolerante con él mismo y con la vida. Confiará en sí y no se juzgará por sus errores, más que por sus aciertos. Los ideales solamente colocan al padre frente al hijo, en una fuente inagotable de ansiedad.

Referencias

Winnicott, D. W., et al. (1978). Donald W. Winnicott. Buenos Aires: Editorial Trieb.

Martinez-Shulz. (2016). LO SUFICIENTEMENTE BUENO: Con un cinco basta. Clinica e Investigación Relacional, 10(2), 570-577. https://www.psicoterapiarelacional.es/Portals/0/eJournalCeIR/V10N2_2016/14_Martinez-Shulz_LO%20SUFICIENTEMENTE%20BUENO_CeIR_V10N2.pdf