¿Y los hijos para cuándo?

El retraso del inicio de la maternidad cada vez va en aumento, por ejemplo, en Canadá, en el 2007, el 18% de mujeres fue madre por primera vez luego de los 35 años de edad.

Actualmente, en muchas sociedades tener el primer hijo después de los 30 años se ha convertido en la realidad cotidiana. Desde los años 80, la edad materna del primer parto ha experimentado un fuerte aumento, esto generalmente ha ocurrido por la educación y el acceso a los métodos de planificación familiar (en el Perú son totalmente gratuitos). Los niveles educativos de las mujeres han aumentado a un ritmo más acelerado que el de los hombres en las últimas décadas (sin embargo, esto se evalúa a modo urbano, pues en las zonas rurales, son las mujeres las que tienen menor probabilidad de culminar la educación secundaria).

Uno de los motivos del retraso de la maternidad es el significado que conlleva, ya que en el “pasado” se consideraba el tener hijos como pilar fundamental de la familia y la aspiración o finalidad de la mujer. Actualmente, en muchas sociedades, esta percepción ha cambiado ya que la trayectoria escuela-matrimonio-hijos dejó de ser el curso de vida normal para las mujeres.

Lo que sucede actualmente es que la vida de una mujer ya no gira en torno al matrimonio, pareja e hijos, asimismo, no existe una “edad ideal” en la cual una persona deba cumplir estos hitos como proyecto de vida. Lo que la juventud se cuestiona es: “¿Estaré preparada?”, “¿Será el momento indicado?”, “¿Afectará mi futuro profesional?”, por otra parte, los cambios que han experimentado la familia y las relaciones de pareja también han sido influyentes en las decisiones sobre la maternidad. Una vez que la familia y las parejas tienen sus cimientos en satisfacciones psicológicas, los hijos dejan de estar en el centro de la familia. Se busca más bien una vida de pareja donde no se pierda la «magia», el enamoramiento, para lo cual no es indispensable tener hijos.

Asimismo , la educación femenina es un pilar influyente, este tiene un doble efecto de retraso en la edad del primer nacimiento. Se habla sobre dos efectos:

  • Efecto de incapacitación, porque el inicio y la finalización de la educación son actividades que no son compatibles con la crianza de los hijos.
  • Efecto de aspiración, ya que la persona primero aspira a obtener mayores beneficios económicos en el mercado laboral.

Si bien a nivel emocional, psicológico, económico, etc., puede que sea gratificante o recompensable el postergar la maternidad, sin embargo, fisiológicamente cada persona tiene un reloj, uno que no retrocede, por lo tanto, nuestro organismo ya no es el mismo que hace quince minutos; por lo que, al envejecer, los folículos ováricos de la mujer también lo hacen (a diferencia de los espermatozoides, ya que ellos están en constante renovación).

Los folículos ováricos tienen la misma edad cronológica de la mujer que los posee, y, a medida que el tiempo avanza, ellos también envejecen, entonces, con el paso de los años se da una disminución de la reserva ovárica y disminución de la calidad ovocitaria, que involucra un aumento en la incidencia de fallas de fecundación y embriones con bajo potencial de desarrollo y aneuploidías dependientes, fundamentalmente, de la edad materna, así como el envejecimiento uterino y sus consecuencias en el desarrollo y función placentaria. El enfoque se centra fundamentalmente en la mujer, pero incluye aspectos de la contribución masculina.

Si hablamos de otros factores de riesgo asociados a la maternidad postergada, tenemos: aumento de frecuencia de abortos espontáneos, aumento de enfermedades hipertensivas del embarazo, mayor probabilidad de anomalías congénitas, prematuridad, aumento de morbi-mortalidad materno perinatal, incremento de cesáreas, enfermedades maternas asociadas, entre otras.

A ciencia cierta, no podríamos asegurar que la postergación de la maternidad constituya un patrón que se mantenga o propague a toda la población, pero existe mayor probabilidad de que los hijos de gestaciones deseadas o planificadas tengan una mejor calidad de vida.

En América Latina existen bastantes desigualdades económicas y los procesos sociales influyen en los cambios en el tamaño familiar, estos también son influidos por los estratos sociales. ¿Por qué? Pues, en zonas urbanas es más probable que los ciudadanos se acerquen a los establecimientos de salud por planificación familiar, donde el personal de salud brinda una asesoría personalizada de acuerdo a las necesidades de cada persona.

Entonces, podríamos decir que estas personas tienen mayor probabilidad de tener una maternidad deseada. Sin embargo, en zonas rurales, el acercamiento a los establecimientos de salud por estos temas no está muy difundido. Pero entre los aspectos que se tiene en común como sociedad es que la planificación familiar esta influenciada por bastantes variables:

  • Machismo: “Mi marido no está de acuerdo con que me cuide, porque desconfía de mi”, “No he conversado con mi marido sobre esto”, “La gente dice que si yo me cuido es porque tengo muchas parejas sexuales”, etc.
  • Religión: En muchas de estas, se considera que uso de estos métodos como contradictorios a los designios de la divinidad.
  • Creencias personales, tabúes o miedo.
  • Falta de educación: Generalmente, son las personas analfabetas o con poca educación quienes no logran comprender el gran beneficio que conlleva poder planificar la maternidad.
  • Considerar que todos los métodos anticonceptivos son “abortivos”.

Esta polarización socioeconómica que caracteriza a muchas sociedades latinoamericanas, representa una barrera difícil de derrumbar con respecto a la familia, la paternidad y el calendario óptimo para las transiciones de la edad adulta.

Pero también veamos el otro punto de este tema, en nuestra sociedad gravemente afectada por el machismo, el hecho de tener hijos recae en mayor medida en una mujer, por lo que, si hablamos de carreras profesionales o tener trabajo estable, quien tiene que retrasar o perder su ocupación, es la mujer, sin embargo, eso no sucede de la misma manera con el sexo opuesto, ya que, aparentemente, tener un hijo no interfiere en su futuro laboral.

Felizmente, en muchas personas ha quedado atrás la necesidad de mantener un matrimonio por los hijos.

Referencias

Fuentes, A., Sequeira, K., & Tapia-Pizarro, A. (2021). Efectos demográficos, clínicos y biológicos de la postergación de la maternidad. Revista Médica Clínica Las Condes.

Montilva, M. (2024). Postergación de la maternidad de mujeres profesionales jóvenes en dos metrópolis latinoamericanas. Utopìa y Praxis Latinoamericana.

Paredes, N. (2013). Maternidad postergada. Horiz Med.

El instinto maternal

No sé en qué momento comencé a contemplar la maternidad. De hecho, no estoy segura si esta reflexión surgió como un deseo genuino o si fue influida por mi entorno: amigas y conocidas que empezaron a embarazarse (y ya no eran embarazos adolescentes), ¿o también podría se que la sociedad así lo demanda? 

embarazo adolescente a los 30 meme|Búsqueda de TikTok

Puedo explicar, por medio de la siguiente metáfora, uno de los motivos por el cual maternar no esté en los planes de vida de algunas mujeres: Las personas que en alguna oportunidad hayamos viajado en avión, hemos escuchado el protocolo de seguridad que las aeromozas explican antes de despegar: en caso de despresurización en el vuelo, debemos colocarnos primero la máscara de oxígeno antes de ayudar a otros. A veces, en medio del caos, podríamos sentir la urgencia de ayudar a los demás antes que a nosotras mismos, con la posibilidad y el riesgo de sufrir algún tipo de descompensación o incluso la muerte. Y es esta enseñanza la que nos recuerda la necesidad de cuidarnos primero para estar en condiciones de cuidar a otros. Trasladando lo anterior a la maternidad, implica reconocer que intentar darles a nuestros futuros hijos algo que nosotras mismas carecemos (desde falta de estabilidad financiera, mental o emocional), podría resultar contraproducente. ¿Cómo brindaríamos cuidados a otro ser (que depende 100 % de una) si no nos cuidamos primero a nosotras mismas? 

En el momento que me di cuenta de que la maternidad no figura entre mis prioridades actuales (ni siquiera cercanas) y comencé a compartir esta reflexión con personas de mi entorno, rápidamente me enfrente al juicio. Algunas personas me tildaron de “egoísta” o me dijeron frases como “cambiarás de opinión con el tiempo” o “tu instinto maternal llegará con los años”. Estas reacciones me llevaron a cuestionar dos cosas: ¿Realmente existe el “instinto maternal”?, ¿y por qué se consideraría egoísta la decisión de no querer traer hijos a este mundo?

La idea de querer tener hijos viene, en cierto punto, del deseo de supervivencia, asegurar nuestra continuidad y nuestro legado (tener a quien preceda nuestros apellidos, y herede nuestras pertenencias, “todo el trabajo duro que hicimos en vida”) para sentir que una parte de nosotros prevalece en la tierra, aun cuando nuestro cuerpo físico parta de esta dimensión y experiencia terrenal, sin embargo, ¿es esto realmente necesario? ¿Es justo esperar que otro ser nos dé sentido de trascendencia? 

Es innegable que existe un rol social asignado a la mujer, un rol de reproducción, donde solemos ser vistas como complemento del varón (no se da de manera inversa), lo que le da un valor a la mujer asociado al rol de esposa y de madre (no de sí misma). En nuestra sociedad, hemos observado una dinámica donde el varón se establece como el proveedor del hogar, mientras que se asigna a la mujer el rol de cuidadora del esposo y los hijos, el cual es considerado como una obligación. Esto conlleva a una visión estereotipada de la mujer, lo cual la limita a únicamente al papel de madre (Recciutti, 2020). Este modelo permite que se pueda afirmar que la idea del instinto materno no es más que un constructo social, moldeado históricamente por el machismo. Las mujeres que se ven presionadas a conformarse con esta forma de maternidad, se arriesgan a sentirse culpables y transgresoras si no cumplen con el ideal maternal impuesto por la sociedad  (Del Castillo y Polo, 2020); muchos hablan incluso de que el no tener hijos haría que la mujer no estaría cumpliendo con lo que “debería”, por lo tanto, no sería una “mujer completa”. Estas expectativas generan síntomas de ansiedad, impotencia y frustración por no encajar con la idea de ser “buenas madres”, más aún en una cultura machista que suele ver a las madres como “mujeres sacrificadas, puras, virtuosas y dignas”; y si una de ellas se sale de este estereotipo es rápidamente señalada y juzgada.

En este contexto, la mujer se encontraría restringida en su capacidad de elegir roles más allá de la maternidad, lo cual refleja una concepción arcaica. En el año 2024, la noción de que existe un instinto maternal “innato”, arraigado en la sociedad parece obsoleta y limitante.

En una perspectiva distinta, algunos sostienen que el deseo de no tener hijos es egoísta, disfrazado bajo la premisa de que “solo piensas en ti”. Sin embargo, ¿no es igualmente egoísta querer tener hijos con la expectativa de que cuidarán de nosotros en la vejez? Ya que se suele plantear la pregunta “¿quién te cuidará cuando envejezcas?” como una de las razones para elegir la maternidad. Pinilla y Sánchez (2020) analizaron el egoísmo en base al pensamiento de Hobbes, indicando que, desde la psicología, es la forma en la que una persona actúa solo en pro de sus intereses, y por ello, actúa de manera que “sea” o “parezca” conveniente, resaltando que existe una diferencia entre actuar en base a nuestros intereses personales y actuar en función de lo que nos interesa. El querer ejercer una maternidad, por lo tanto, tiene que nacer desde el interés real, no solo querer ser madres sino ejercer de manera presente.

Y otro punto a señalar es que otras personas (en especial mujeres que son madres) indican que la única forma en la que se experimenta el “verdadero amor” es solo siendo madres; en cierto punto, no dudo que sea así, es decir, las mujeres que se convierten en madres deben sentir un amor muy grande por sus hijos (por lo menos un porcentaje alto), sin embargo, desde mi perspectiva profesional y humana, creo firmemente que no es necesario ser madre para experimentar el “verdadero amor”.

El amor es uno de los sentimientos de más alta frecuencia, que nos permite vibrar ligeramente con la vida, y decir que solo se experimenta este sentimiento al ser madres es limitarlo (y el amor no tiene límites). Podemos sentir amor hacia nosotras mismo, nuestros padres, hermanos, hermanas, amigos, amigas, pareja, mascotas, incluso al contemplar un atardecer, o al tomar una taza de café o té; y no se trata de comparar que se ama más o menos, sino entender de que el amor tiene expresiones infinitas, y que ninguna es más o menos “verdadera”.

La maternidad puede dar lugar a experiencias que sean satisfactorias y empoderadoras, como también a experiencias traumáticas que pueden afectar el estado psíquico de la mujer que se convierte en madre, esto incluso puede llegar a afectar el vínculo que se pueda tener con el recién nacido (Del Castillo y Polo, 2020), aquí podríamos poner como ejemplo claro a la depresión post-parto. Es decir, algunas mujeres no atraviesan por ese “momento mágico” de dicha y felicidad, sino que algunas tienen miedo, ansiedad y frustración, emociones completamente válidas al viaje de la vida que empiezan: el cuidado de otro ser humano que depende completamente de una.

Decidir no tener hijos también es una elección valida, especialmente en una cultura que idealiza la maternidad. No ser madres no nos hace “menos mujer” o “mujeres incompletas”, todas somos igualmente valiosas, ya sea si elegimos maternar o no. 

Para las personas que juzgan acerca de ello, es bueno comprender que nuestra verdad no siempre será replicable a otras personas o contextos, así que antes de emitir algún tipo de juicio mejor escuchemos con atención: si alguna mujer te comenta su deseo de no ser mamá, escucha con apertura y amor, respetando la opinión y decisión que tome.

Edilay. on X: "Fue así como un día a propósito de las bendiciones me envió  esta imagen (ella es mi proveedora de memes y viceversa), desde entonces  cuando me pide la bendición

El traer a alguien a esta vida es un milagro, de por si la vida misma es un milagro, sin embargo, ese “milagro” o coloquialmente llamado “bendición” requiere de cuidados, en especial en sus primeros años de vida (si no es en toda su vida o la vida de la madre), cuidados que tienen un coste económico, mental y emocional.

¿Qué ocurre si en ningún momento me llego a sentir preparada para asumir ese rol? Pues nada, soy una persona egoísta, y tacho esta palabra porque simplemente soy una persona que decide, con toda libertad, no ejercer la maternidad.

Por último, deseo aplaudir la responsabilidad y carga física, mental y emocional que las madres llevan (ya sea que lo hayan decidió o que les haya tocado). Criar a un ser humano es una tarea apoteósica y difícil por donde lo veamos, que requiere no solo de esfuerzo si no de mucho sacrificio; y fuera como se haya dado la situación, requiere a veces de posponer o dejar de lado por completo metas propias para proveer y criar a otra persona. Hay que entender que las madres, antes de serlo, son personas con sueños y metas propias que atraviesan un cambio emocional desde que se enteran del embarazo, además, es necesario reconocer y respetar su identidad más allá de la maternidad.

Referencias

Del Castillo, R., & Polo, C. (2020). Maternidad e identidad materna: deconstrucción terapéutica de narrativas. Rev. Asoc. Esp. Neuropsiq 40(138), 33 – 54. https://doi.org/ 10.4321/S0211-573520200020003

Pinilla, D., & Sánchez, P. (2020). El egoísmo en el pensamiento de Thomas Hobbes. Interpretación y racionalidad cooperativa. Cinta moebio, (69), 241 – 254. https://doi.org/10.4067/S0717-554X2020000300241

Recciutti, P. (2020). Los artificios del Instinto Materno. Representaciones de la madre universal. Universidad de la República – Uruguay. https://www.colibri.udelar.edu.uy/jspui/bitstream/20.500.12008/29363/1/tfg_paula_recciutti_2.pdf

El espíritu de la Navidad

Una de las cosas que más marca la temporada de fiestas navideñas es el exagerado consumismo que vemos en los negocios, centros comerciales y en todo lugar; así como las grandes diferencias de aquellos que lo tienen todo (o al menos más que los demás) y de quienes no tienen nada; lo que genera un caos total que eleva en cada ser, emociones intensas que conducen a algunos a amar estas fiestas, y a otros, a detestarlas, a sublimar o deprimirse. 

Galletas fáciles de Navidad | Me gustan estas galletas fácil… | Flickr

Aquellos que tienen familias grandes, se vuelven creativos para cubrir las expectativas familiares; y aquellos que no las tienen, sienten el temor a la soledad y al olvido, se llenan de nostalgia, de recuerdos que un día fueron y hoy no están, o de ansiedad por lo que les hubiese gustado tener, y no tienen.

Basset Hound Marrón Y Blanco Cerca Del árbol De Navidad · Foto de ...

Esto pareciera un estado alterado y frenético, por dejar una “huella de amor” y de presencia en el otro, con una acción, un regalo, una obra de caridad, etc. Los más exigentes esperarán que no falte ningún miembro de la familia antes de las doce, y los más relajados estarán más atentos a cubrir las fantasías de aquellos que todavía creen en “la magia de la navidad”.

Papá Noel en trineo Stock de Foto gratis - Public Domain Pictures

Lo cierto es que dentro de cada persona, hay un mover que se manifiesta en presiones, pasiones, deseos, compromisos, expectativas, temores, etc. Las personas se conducen compulsivamente por las calles, con el anhelo de poder dar a sus seres queridos lo que sus propios deseos y anhelos los motiva a dar.

File:Calle Sierpes (Navidad).jpg

Ese mover en cada persona, es, en esencia, “el Espíritu de la Navidad” que nos toma y nos acoge. Para quienes somos creyentes, celebramos la venida de Cristo, quien simboliza el amor perfecto y la posibilidad de una vida eterna. Para aquellos que no son creyentes, es un tiempo de celebración en familia, de unión y de hermandad. “El Espíritu de la Navidad” es aquel que nos invade de un amor perfecto, que construye y no destruye, que aprecia y no desprecia, que incluye y no excluye. 

Quizás, solo por eso, hoy me permita celebrar el caos, la locura por las compras, la alegría en las calles invadidas de villancicos, luces, árboles y nacimientos. Aunque sea una expresión efímera y pasajera “el Espíritu de la Navidad”, llevado en un recto sentido, nos envuelve, y nos aleja de lo violento. 

Agradezco y celebro el esfuerzo de cada uno por llevar lo mejor de sí a sus hogares, aun cuando esto sea algo comprado o donado, algo nuevo o de segundo uso, algo de una marca reconocida o algo artesanal, o simplemente una banalidad, qué importa, si brinda alegría y satisfacción. 

En este sentido, con una taza de chocolate caliente, escuchando una de mis canciones y películas favoritas de navidad, Last Christmas en la versión de Jada Facer y Alex Alexander, termino con la imagen de mi más preciado regalo, celebro “el Espíritu de la Navidad” y deseo para todos una ¡Feliz Navudad!…

Belén de Navidad Stock de Foto gratis - Public Domain Pictures

Padres sobreprotectores

Deseo de control

“Sentido de extrema protección”, algunos padres usan la hiperpaternidad para con sus hijos. Cuando queremos controlar todo, se esconde detrás un gran sentido de inseguridad contra la vida, además se busca cubrir carencias desde tiempos remotos. En este caso, los padres tuvieron infancias difíciles, y en su deseo de que sus hijos no pasen lo mismo, creen erróneamente que “sobre-ayudando” harán una buena tarea.  Esta situación, además, denota cierto egoísmo en los progenitores, detrás de esto, se encuentran padres narcisistas, con probable trastorno de la personalidad “pasivo-agresivo”, dependientes emocionales, víctimas, etc. Se usan frases como: “Lo hice por ti”, “sufrí mucho al tenerte”, “eres todo para mí”, “viniste a salvarme”, etc.

Unos progenitores con buena salud mental siempre querrán que sus hijos se defiendan por sí mismos ante las adversidades, dándoles la libertad adecuada.

Ilustración 1: caricaturización de la sobreprotección.

Algunas de las características del estilo educativo sobreprotector:

  • Impiden que sus hijos exploren el mundo.
  • No se les permite ser independientes y eligen las actividades que harán, incluso deciden que vestimenta tendrán.
  • Les privan de expresar sus sentimientos y deseos, pensando por ellos.
  • Los padres evitan que los niños experimenten situaciones incómodas o difíciles, y no dejan que el niño se defienda por sí mismo.
  • Para ejercer el control, generan miedo al decirles que no son capaces de hacer algo.
  • Alojan sentimientos de culpa por falta de tiempo con sus hijos.

Consecuencias de la sobreprotección:

Consecuencias en el área biológica:

  • Demora en el control de esfínteres.
  • Demora en caminar.
  • Demora en comer solo.

Consecuencias en el área psicológica:

  • Fobias.
  • Inseguridad.
  • Bruxismo.
  • Agresividad.
  • Timidez.
  • Celos excesivos.
  • Baja tolerancia al fracaso.

Consecuencias en el área social:

  • Dependencia de otros.
  • Dificultad en habilidades sociales.
  • Baja autoestima.
  • Niño inhibido y retraído con los demás. (Cisneros, 2017)
Ilustración 2: Pensamiento de Jodorowski.

Unos padres felices criarán hijos felices:

¿Amor o desamor? El amor verdadero no causa daño, ¿o sí lo hace?

El amor verdadero es planificado. La llegada de una de las alegrías más grandes de la vida (como podría ser para muchos la idea de tener hijos) debe ser correctamente preparada. Pues si los padres se encuentran extenuados con la crianza y sienten que dieron más de lo que debían, resurgirán ideas de victimismo, y con ello, se transmitirá, consciente o inconscientemente, el propio dolor a los hijos, buscando llenar vacíos, y uno sería el de la extrema protección.

Se debe tener primero las necesidades básicas cubiertas para con uno mismo (techo, comida, salud, paz) y los propósitos que puedan ir más allá (porque no solo de pan y agua vive el hombre), como una profesión, deseos de la vida, viajes, etc., antes de la llegada de hijos. Cuando estemos felices con nosotros mismos recién podremos hacer felices a los demás. Por ello, resolver tempranamente nuestros conflictos internos, emocionales, sociales y económicos, nos brindará ese camino deseado, y podremos dar amor de calidad a los demás.

Fuente: Cisneros, J. (2017). ColegioArcangelRafael.com.

La carencia afectiva en los niños

Desde antes de su nacimiento, el ser humano tiene la necesidad de cuidados, protección, atención y apego. Uno de los motivos básicos e «instintivos» de la experiencia humana es la búsqueda y conservación de un fuerte vínculo emocional con otra persona. Necesitamos de muestras de amor: abrazos, besos, palabras cálidas, caricias, etc., que son una parte esencial para conseguir un correcto desarrollo y maduración cerebral. Si hay una ausencia de dichas muestras afectivas por parte de los padres o cuidadores, el bebé no podría llegar a desarrollarse debidamente, lo que alteraría no solo el aspecto afectivo, sino también el físico y el mental, provocando sensaciones de soledad y vacío. 

«El niño desde el principio de su existencia está recibiendo sensaciones, percepciones, respuestas a sus reacciones impregnados de connotaciones» Singly (1976).

Repercusiones de la falta de afecto

¿Cómo afecta psicológicamente la ausencia o percepción de ausencia?

La ausencia de estimulación afectiva a los niños por parte de los adultos que juegan un rol relacional afectivo importante, provoca la aparición de trastornos, no solo de la maduración, también genera síntomas clínicos que se expresan en trastornos somáticos, afectivos y conductuales. El término de «carencia afectiva», señala tanto la causa (déficit de estimulación afectivo-maternal) como la consecuencia (clínica somática, afectiva y conductual con retraso en la maduración afectiva del niño).

La percepción de esta carencia afectiva provoca malestar, sensación de soledad y vacío producido por esa necesidad afectiva no cubierta, y la búsqueda de aprobación constante para satisfacer esa necesidad.

“Me gustaría que en las noches, cuando llegan mis papás de trabajar, se sienten conmigo a hablar sobre lo que nos pasó en el día, pero no se puedo hablar con ellos porque llegan muy cansados de trabajar” (RJRR).

Síntomas que presentan los niños que tienen estas carencias:

Algunos síntomas son: desconfianza, deficiente habilidad social, ansiedad, depresión infantil, etc. 

Según su edad, el niño puede presentar diferentes síntomas:

  • Bebés:  Suelen llorar mucho y pueden tener enfermedades infecciosas.
  • Edad infantil: Trastornos en el lenguaje.
  • Edad escolar: Baja autoestima, trastornos de aprendizaje, celos, y fracaso escolar.
  • Pubertad: Trastornos del comportamiento, retraimiento, problemas en las relaciones sociales, y hostilidad.
  • Adolescencia: Consumo de sustancias, conductas impulsivas, incumplimiento de normas, baja autoestima, y ansiedad.

Estos síntomas se suelen mantener hasta la vida adulta, y afectan nuestras habilidades, de igual modo generan dependencia emocional. En la edad adulta afecta a la capacidad de adaptación, seguridad, autoestima y estabilidad en las relaciones personales. Además, en muchos casos, presentan ansiedad y sintomatología depresiva.

Niños de alta demanda: cómo son y qué necesitan

En conclusión, el niño necesita experimentar afecto de sus padres o cuidadores para cultivar su autoestima y la seguridad necesaria para alcanzar su autonomía personal.

Referencias

Centre Londres 94 (1976). Carencia afectiva. http://www.centrelondres94.com/files/carencia_afectiva_0.pdf

Psicólogos Málaga (s/f). Síndrome de la carencia afectiva. https://www.psicologos-malaga.com/sindrome-carencia-afectiva/#:~:text=La%20carencia%20afectiva%20se%20define,por%20falta%20de%20la%20misma

Sánchez, L. A. (2018). Carencia afectiva y desarrollo socioemocional de estudiantes de décimo grado del Instituto Nacional de Segovia Leonardo Matute, de Ocotal, Nueva Segovia segundo Semestre 2018 (Tesis). http://riul.unanleon.edu.ni:8080/jspui/bitstream/123456789/7438/1/243355.pdf

Singly F. (1976). La lutte conjugale pour le pouvoir domestique. La influencia del entorno educativo en el niño. Ma. P. Bandres, Francia.

La prisión de oro: La nulidad

Cuando Esther y Fausto se casaron, creyeron encontrar en el otro todo lo que necesitaban, aplaudían vivamente las horas que pasaban juntos y gracias a ello surgieron los frutos de su amor, la cúspide de la familia según la sociedad que los enmarca, así, tuvieron 2 hijos, una chica, Fernanda, y, un chico José. 

Eran la familia convencional, acomodados siempre bajo cortinas inamovibles de rectitud, valores, cierta riqueza y mucho movimiento social, es decir, participaban activamente de convenciones, fiestas, reuniones, todo lo que involucra pertenecer con cierto status a un nivel en la sociedad.

Sin embargo, los años se fueron sucediendo, y comenzaron a marcarse surcos en las amplias y relucientes frentes, los hijos se alargaron y marcharon a construirse sus propios destinos, y allí, entre libros, papeles, trabajos y viajes, los padres, aguardaban solos, quedándose sentados y cruzados de brazos añorando nuevas vivencias. Comenzaron a desconocer que entre ellos aún podían fabricarlas.

En un inicio, Esther fanfarroneaba de ser la mujer maravilla, trabajaba, estudiaba, era agente activa del grupo de conservación de su urbanización, era la niña de oro de sus padres, y, aunque tenía hermanas, ella era la que tenía esa especie de luz bendita que la hacía sobresalir, sus esquemas de trabajo eran insoportables para cualquier mortal. Solo ella toleraba más de doce horas de trabajo y luego otras cinco de fiesta. Logró graduarse con honores de la universidad, su profesión fue, en su momento, su más grande tesoro. Luego, al casarse comprendió que con la maternidad era normal estar ocupada, pero, se vio en la encrucijada de encontrarse sin salidas, llamadas de amigos y sin trabajo, pues, por sugerencias médicas lo anuló de su vida para dedicarse al hogar.

Para todos fue un hecho natural, es evidente que una mujer en gestación y luego ejerciendo su maternidad no puede reintegrarse al ágil mundo social. ¡Tonterías! La misma sociedad quien le enseñó sin cuestionamientos que debía ser una chica de oro la excluyó de sus filas y dejó al mando de cuatro paredes y un techo. Tenía más accesorios, por supuesto, pero, ¿acaso valían más la pena que su propia libertad y desarrollo? Tal parece que sí, presa de convicciones añejas y un dolor casi silente, nunca se percató que las barreras de su mente lejos de ser flexibles después de su recorrido de vida, lo que hicieron fue ensancharse y provocar horribles realidades mentales, en las que se sumergió con tanta fuerza y dependencia, que se las creyó y ahora vive en ellas.

Fausto, el otrora magnate, vive lánguidamente aprovechando oportunidades, concurre regularmente a eventos sociales, entrevistas de trabajo y claro, con sus amigos a tomar «un café», de estos «marrones» con sabor a Irlanda, que de café tenían poco. Su vida, lejos de anularse e impregnarse de gris, más bien estaba con un nuevo tinte, no era un boom hollywoodense como el de su esposa en sus momentos de lujo y alto alcance, pero si manifestaba energía y ganas de vivir las experiencias que la vida aún podía ofrecerle. Es por estos rumbos, que comenzó a notarse más la decadencia.

-Fausto, amigo ¿cómo te va? Y, ¿Esther?

-Se ha quedado en casa, ya sabes, descansando un poco.

-Hace tiempo que no la vemos, ni se pasea por el club, es más, Marco, el estilista, hace años no le hace sus retoques de raíz.

-Ya la conoces, todo es cuando ella quiere. Y, últimamente se queda en casa relajándose, no le gusta salir a ningún lado.

La realidad era otra, décadas parecían haber pasado en el sillón de la sala de estar que hasta habían esculpido su ahora descuidada figura, alrededor, se respiraba un aire profano de quien cambió sus virtudes por un anillo vacío que en un inició simbolizo el reinicio de una buena vida. Además, el ambiente estaba impregnado de una sombra de quebranto y añoranza por los días pasados, ese olvido obligado a los días de fiesta y reuniones con amigas que la habían excluido por tener hijos y poco tiempo, finalmente, el olor a desánimo y poca voluntad para hacerse cuidados a sí misma, la gloria pasada era inexistente. 

Sus hijos, sus dos grandes constelaciones eran mudos, ciegos y sordos ante tal vorágine de destrucción pasiva. Ellos, decidieron contemplar la visión paternalista de que así sucede, así es la vida y los matrimonios. Si bien ellos nacieron en una época cercana a nosotros, fueron criados con las mismas pesadas mantas de nulidad de criterio «así es mamá y así lo ha sido siempre», «quejumbrosa, falta de luz», «pocos anhelos y muchos consuelos: la televisión, cigarrillos, dormir, y esas píldoras de colores del psiquiatra»

La revancha

Falso. Ninguna vida inicia sin dulzura ni arte para trazar una historia, lo que le sucedió a Esther es la vida de muchas y muchos que deciden no existir por sumergirse en los propósitos externos, personas que rehúyen de la responsabilidad divina de decidir con convicción cada día qué hacer consigo mismos. Los cuidados que estas personas ameritan tienen que ver con grandes sumas de realidad, una dosis para elefantes que les haga ver aún con dolor que las excusas para no salir a la vida y refugiarse en la penuria no son más que fantasmas que pueden exorcizarse, con apoyo, claro, pero, existen probabilidades y una gran suma de éxito sí el «ritual» se hace apropiadamente.

La depresión, que arrastra pesadas rutinas de días vacíos y monótonos son una instancia habitual. Aquí, los gustos y placeres que antes hacían volar la cabeza son un terreno desconocido, nada tiene lugar para el disfrute porque la abulia ha hecho su nido y entendió sus raíces a todo el sistema, es decir, el sujeto carece de voluntad hasta para verse en el espejo. Es aquí, en el universo del «me da igual» que preparaciones y cuidados respecto a la ingesta poco valen, o se disminuye el apetito o hay un incremento desmesurado, total, que eso no les interesa, la vida se apaga y es todo lo que existe.

Del mismo modo, parece que el tiempo avanza despacio, y es que hay un enlentecimiento y disminución de tareas, lo que antes se afanaba en el quehacer ahora «la chica de la limpieza» se encarga. De este modo, progresamos al terreno hostil y casi delirante de la culpa excesiva, una ensoñación de pesadilla de creerse inútiles y completos ineptos a las tareas profesionales o de la vida misma, la muralla de excusas es tan inexpugnable que ni siquiera se acercan para ver qué hay más allá. De este modo, observamos que la terapia más que una opción, es una exigencia.

Cuando un ser querido opta por exigencias del medio, por creencias obsoletas y finalmente por cuestión social, anularse, sólo le queda algo: vacío. Podemos sentirlo y notarlo cada día, pero no hacemos nada al respecto, y es allí donde fallamos. Como familiares, es nuestro deber y derecho ser agentes de cambio, voceros que puedan extender una mano gentil para amortiguar y revertir el veneno. 

¿Hay escapatoria? Si.

Sin embargo, no será fácil, y tendrá que recurrirse a diversas estrategias, la terapia es aquí la primordial aliada, el profesional puede brindarte asesorías sobre conductas usuales que el anulado suele repetir, construyendo a pasos pequeños cada día una una nube de oportunidades que dejará caer después gotas de bienestar, solicita ayuda y rescata de la jaula de oro al esclavo de la soledad. Las negativas son parte de la muralla oscura de pesar y costumbre, sin embargo, nada es perpetuo, y hay que recordar y hacerles recordar, que esas murallas no siempre estuvieron allí.

Cuando la adopción puede ser la solución…

El otro día, me encontraba buscando páginas sobre adopcion de niños en Perú, pero solo encontré dos grupos; sin embargo, lo que si pude ver fue ¡una gran cantidad de páginas de adopción de animales! Creo que esto es una ventana que nos hace ver que la gente esta cada día más comprometida con hacer un bien social, pero hay más compromisos que atender…

Una adopción puede resolver problemas de diversa índole; en el más común de los casos, problemas de infertilidad en los padres. Además, puede resolver traumas o desavenencias en torno al tema de la maternidad, tales como: haber sufrido un aborto espontáneo o planificado, la muerte de un hijo, y, por supuesto, el latente deseo de ayudar al prójimo.

Es así como aporta un bienestar a nuestra psiquis humana, una idea un tanto controversial, pero de mucha redención. El salir de nuestros propios convencionalismos, puede llevarnos a una esfera libre de nuestras propias limitaciones mentales y afectivas.

Si te gustan las películas: «Familia al instante», «Bekas», «Corazones rasgados», películas sobre adopción que recomiendo, este artículo te puede gustar.

Fotograma de la pelicula «Familia al instante» (2018)

Conozcamos el proceso de adopción en el Perú

Pasos:

Charlas informativas: Donde se explican las clases de adopción, las modalidades en nuestro país, etc., se responden preguntas clásicas y se desmienten mitos

Talleres: Son tres, así se va adjuntando un expediente donde serán evaluados.

Evaluaciones:

Evaluación legal: Se exigen requisitos para ver si se está calificado para una adopción.

Evaluación psicológica: Informes psicológicos de los candidatos.

Evaluación social: Efectuada por una asistenta social que estima el espectro social de los padres.

Designación: Equipos multidisciplinarios clasifican según paridad, duplas o ternas en igualdad de condiciones. Buscan que las familias que compitan por una adopción deban tener características similares. Esto se pone a conocimiento del Consejo nacional de adopciones (el cual otorga las adopciones), que lo conforman tres miembros del Ministerio de la mujer y poblaciones vulnerables.

Integración familiar: Los padres son presentados al menor. Se le prepara al niño para hacer el famoso «clic» y empatizar entre ellos. Hay un plazo de cinco días para conocerse, luego, viene el acogimiento preadoptivo, donde se lo llevan a su casa por diez días, y se espera que el niño se integre al hogar.

Etapa post-adoptiva (tres años): Se visita semestralmente el hogar donde se estableció la adopción, con el propósito de velar por el bienestar del menor (Mattos, 2020).

Niños ansiosos por ser adoptados

Ejemplo a seguir

El caso de la profesora que adoptó a su alumna de 17 años, después de que la joven abandonara el colegio.

Miriam Coronel, es una docente de Lengua y Literatura, que vive en la ciudad de Buenos Aires. En una ocasión, le pidió a una alumna que le dijera a Camila que “la profe la extraña y la quiere ver”. Al día siguiente, Camila volvió muy contenta a clase, pues estaba faltando ya una semana, y la maestra, preocupada, averiguó su situación, y se enteró de que la adolescente vivía en un hogar de chicos. El interés en ella fue creciendo; pues relata que es una chica tímida pero destacada en los estudios. Es así como inició las gestiones para tramitar la adopción. Miriam tiene tres hijos adoptivos junto a su esposo Néstor, que presentaba reparos en la decisión de su esposa: tenía temor de encariñarse. “Le daba miedo perderla, porque ya tenía 17 años. ¡Va a crecer, se va a ir!, me comentaba. Pero yo pensaba distinto, el vínculo crecerá hasta donde tenga que llegar” (Otaño, 2021).

La adopción puede aliviar tensiones sobre la maternidad

En estos tiempos, se trabaja el doble; por un lado, las responsabilidades en el hogar y en el centro laboral ahora van para ambos géneros, y es así como las mujeres, cada vez más consciente o inconscientemente, posponen la maternidad hacia un momento más seguro en su vida. Por otro lado, se ven casos de millennials y adultos de la Generación z que tienen, aparte de sus obligaciones personales, obligaciones con sus padres, y por tanto, deben conseguir más dinero en un mundo lleno de alzas. Es así como la adopción se vuelve una alternativa atractiva. Imaginemos adoptar un niño de 4 años, a la edad de 42, ¡ya no necesitarías cambiarle el pañal, te ahorraste el embarazo y toda la hospitalización, y más importante aun, estarías haciendo un bien a la humanidad!

Todo empieza con dar una orden a nuestro propio yo y permitirse entrar al mundo de estos bebes, niños y adolescentes, y conmoverse. Después de eso, seguro se estará firmando los papeles de adopción.

Referencias

García, M. [Milagros García Mattos]. (2020, agosto 28). A TODA LEY – NUEVO PROCEDIMIENTO DE ADOPCIONES EN EL PERÚ [Archivo de video] https://www.youtube.com/watch?v=StmrKG4EEdU&ab_channel=MilagrosGarciaMattos

Otaño, C. H. (2021). La maestra que adoptó a una alumna de 17 años después de que la joven abandonara el colegio. https://www.infobae.com/sociedad/2021/09/22/la-maestra-que-adopto-a-una-alumna-de-17-anos-despues-de-que-la-joven-abandonara-el-colegio/

«En mi familia siempre decimos…» – Mitos Familiares

«Los hombres no lloran»; «la familia antes que todo»; «la oveja negra de la familia»; «lo que pasa dentro de la familia no debe saberse por nadie fuera de ella»; y «lo que dice papá es ley» son algunas frases que resuenan, como la voz de la conciencia al oído de los miembros de algunas familias, cuando se trata del comportamiento que debe tenerse para con los foráneos.

Los mitos familiares son creencias y esperanzas ficticias que se comparten de generación en generación y definen una parte importante de la dinámica familiar, tanto entre sus miembros como con el mundo externo; dichos mitos son usados como un método de defensa ante adversidades, o cuando la familia enfrenta un cambio en su funcionamiento. 

Esos mitos suelen representar la visión que la familia tiene de sí misma, y encubren una realidad que esta se rehúsa a aceptar; por lo general, no son mentiras si no que se basan en vivencias de peso o sucesos importantes de la familia en cuestión.  Normalmente, estos son de 3 tipos: 

Mitos de armonía: La familia construye una imagen de perfección de sí misma, y trata de evidenciar, con su comportamiento, unidad, fraternidad y equilibrio en cada uno de sus miembros.

Este tipo de mito usualmente trata de encubrir alguna culpa, por lo que, con esta visión que brindan a los demás, pretenden no ser juzgados ni indagados; al ser manejado de una manera rígida y poco tolerante a las voces de sus integrantes, la familia tendrá problemas no resueltos y fuertes hostilidades entre algunos de sus miembros.

Mitos de disculpa y reparación: En estos mitos, las desgracias y problemas familiares recaen sobre uno o más de sus miembros (vivos o muertos) para liberar culpas de los demás, y generar “tranquilidad” cuando se busca un responsable. 

Coco, 2017, Pixar Animation Studios

Mitos de salvación: La familia deposita sus esperanzas de salvación y solución de problemas en uno de los miembros o a una persona externa, pero con relación estrecha con la familia; suelen creer que este personaje aportará lo necesario para lo que no está funcionando bien, o que solucionará un error.

Los mitos normalmente pretenden mantener el statu quo de la familia y presentan resistencia al cambio. 

Finalmente, cabe recalcar que los mitos están en todas las familias, y, aunque no siempre son saludables, en muchas ocasiones ayudan a la familia a atravesar momentos de dificultad, esto sucederá si se manejan de manera sana y son capaces de ser modificados o superados conforme la situación de la familia lo requiera. Sin embargo, pueden ser nocivos cuando se presentan rígidos e irracionales, sin intenciones de comprensión al sentir de los miembros de la familia que podrían presentar un deseo de “cambiar el patrón”. 

Referencias

Dominguez, J. ¿Qué es el mito familiar? https://www.jorgedominguez.net/que-es-el-mito-familiar/

Sánchez, E. (2022). Los mitos familiares y sus efectos. https://lamenteesmaravillosa.com/los-mitos-familiares-y-su-efecto/

Escobar, M., Sánchez, L. (2018). Mitos y secretos familiares. Santiago de Cali: Programa Editorial Universidad Del Valle.

La llegada de la cigüeña

La llegada del primer bebé dentro de la familia es un acontecimiento de lo más importante, ya que conlleva un cambio dentro del núcleo familiar que no solo hace referencia a la emoción, preocupación o sentimientos encontrados al enterarse que pronto llegara la cigüeña o, también, decidir hacerle el pedido de traer este esperado regalo.

Al iniciar la vida en pareja, papá y mamá llevarán con ellos los equipajes que les dejaron los abuelos, y unidos formarán sus propias costumbres, reglas y límites dentro de su relación. Allí comenzará la formación de la familia.

Dentro del ciclo familiar, según Moratalla, Carreras y Villegas (2007), el arribo del primer hijo se considera una crisis que hay que superar, ya que es un momento de transición; se presentarán adaptaciones en las pautas, reglas y funciones; la familia deberá encontrar nuevas formas de funcionamiento que se adecuen a la nueva situación; la pareja abrazará nuevos roles parentales y, así como ellos, la familia extensa se acoplará a los nuevos papeles que les tocará representar.

Ya que será la primera entrega de la cigüeña, algo que no han vivido antes, los nuevos padres modificarán su funcionamiento y organización como primer paso hacia la adaptación y abrirá camino a cambios más importantes que involucrarán valores, creencias y tradiciones.

Hay tres puntos importantes que las parejas suelen buscar para superar la crisis del cambio: adaptación a una nueva persona, un nuevo papel y la conservación de la relación de pareja. La llegada de este nuevo miembro, en ocasiones, conlleva conflictos como la intolerancia por parte del padre en cuanto a ocupar un lugar secundario durante los primeros meses; excesiva participación de la familia extensa en el cuidado del bebé; problemas al asumir el rol de padres; y reincorporación de la mujer al trabajo (distribución del tiempo laboral vs. el familiar).

Por ello, es de vital importancia una preparación y disposición emocional dentro de la pareja, y de ajuste en ciertas áreas de vida. Suarez (2022) hace referencia a las áreas que necesitan mayor cuidado según Estrada: área de la identidad, área de la sexualidad, área de la economía y área del fortalecimiento del yo.

Estrada (1994) refiere que estas áreas tienen importancia vital para el desarrollo a largo plazo, tanto para la relación de pareja como para el desarrollo del niño; es necesario que exista una comunicación abierta entre la pareja en todo sentido y de manera especial para con los límites, tanto relacionados a la crianza como a la intervención de la familia extensa de ambos lados; asimismo, alentar los sueños del compañero o compañera, organizarse en el área económica y no olvidar que, aunque ahora vayan a ser papá y mamá, no dejan de ser los individuos que fueron en un inicio.

Un dar mutuo los llevará al éxito en este nuevo paso y en el recibimiento de la pequeña encomienda de la cigüeña.

Referencias

Estrada, L. (1994). El ciclo vital de la familia. México: Editorial Posada.

Suarez, M. (2022). La llegada de los hijos: una nueva experiencia transformadora y significativa. https://www.margaritasuarezvelez.com/post/la-llegada-de-los-hijos-una-nueva-experiencia-transformadora-y-significativa

Moratalla, T., Carreras, A., Villegas, J. APUNTES SOBRE CICLIO VITAL INDIVIDUAL Y FAMILIAR. 

Jinetes de lo imposible: Madres (borderline). Simplemente madres

Para todas las mamás en días de cielo nocturno, 

en especial para Elva y Eve 

en admiración y agradecimiento, 

para Alma porque hago lo mejor que puedo, 

aunque no sea suficiente…

¿Qué es ser una buena madre? Y, ¿qué es no serlo?

Podría jurar, pensar o maldecir, pero ninguno de los multiuniversos/escenarios imaginarios servirán para definirla, porque toda o ninguna abarcaría en su complejidad lo difícil que es ser mamá y aún más siéndolo con TLP/DRE…

Creo que solo quiero permitirme ser real, espontánea (en este artículo y fuera de él), evidentemente responsable, no ser juzgada pero sí ser audaz, y lo suficientemente resuelta, astuta e inteligente para ser capaz de superar cada valla que se me atraviesa como al caballo o al jinete en las competencias. Pero en mi propia competencia, porque no estoy luchando contra nadie que no sea conmigo misma, que no sea con mi maternidad cargando a cuestas una condición médica, física, o un diagnóstico de patología mental osease la adversidad con la que salí sorteada. No compito con nadie… atravieso el fuego. 

Maternidad y TLP/ DRE (Desregulación Emocional)

Marco contextual: datos generales 

El Trastorno límite de la personalidad (TLP) se caracteriza por un patrón de relaciones intensas y ambivalentes, ira incontrolable, control deficiente de los impulsos, inestabilidad afectiva, trastornos cognitivos y de identidad, y conducta suicida recurrente. Es probable que las personas con TLP se enfrenten a una serie de resultados negativos, incluida una mala respuesta al tratamiento y malos resultados sociales, laborales y académicos (Bagge, Nickell, Stepp, Durrett, Jackson y Trull, 2004; Bender et al., 2001; Skodol et al, 2002). 

El día a día de las personas con este trastorno está plagado de altos niveles de miseria, que a menudo persiste incluso después de que remitan los síntomas de impulsividad y las conductas suicidas (Zanarini, Frankenburg, Hennen y Silk, 2003). En entornos clínicos, el 75% de los que tienen un diagnóstico de TLP son mujeres (Skodol y Bender, 2003), y se estima que hay más de seis millones de mujeres en los Estados Unidos diagnosticadas con TLP (Friedel, 2004). Es probable que haya un gran número de mujeres con TLP que también son madres, lo que, combinado con las amplias deficiencias funcionales asociadas con este trastorno, representa un problema de enorme preocupación pública. Por lo tanto, es algo sorprendente que los efectos del TLP materno en los resultados de los niños hayan sido el foco de poca atención empírica o esfuerzos de desarrollo de tratamientos. Dado que la crianza impacta tanto a la madre como al niño, creemos que, desarrollar una intervención de crianza específicamente para esta población de alto riesgo, es un esfuerzo particularmente importante.

En los estudios revisados, se postula que la madre tiene estrategias de crianza caracterizadas por oscilaciones entre la participación excesiva y la participación insuficiente. Vemos estas oscilaciones como extremas formas de inconsistencia. Tales como las que se presentan en prácticas de socialización de las emociones, así como en las estrategias de disciplina y vigilancia parecen contribuir al desarrollo del TLP (Bezirganian et al., 1993).

Enfoque de la crianza en TLP/DRE:

Los hijos de madres con TLP están en riesgo de problemas psicosociales. Los resultados y la transmisión de esta vulnerabilidad pueden deberse a ciertos déficits en las habilidades de crianza. No existen intervenciones diseñadas específicamente para madres con TLP y sus hijos; sin embargo, los autores han hecho recomendaciones generales a favor de las terapias de apego. (cf., Macfie, Fitzpatrick, Rivas y Cox, 2008).

Programas de psicoeducación familiar, para las personas con enfermedades mentales graves, han recibido un amplio apoyo empírico para reducir las tasas de recaída y la reducción del estrés familiar y carga (para una revisión ver Cohen et al., 2008). El impacto de la psicoeducación familiar para las personas con TLP ha sido inferior al de otras formas de enfermedad mental grave, especialmente esquizofrenia. Gunderson, Berkowitz y Ruiz-Sancho (1997) abogan por un enfoque psicoeducativo familiar.

Aproximación al tratamiento del TLP

El desarrollo de un programa piloto de Grupos Familiares Múltiples (MFG)  informó mejoras en la comunicación familiar y carga familiar después de seis meses de tratamiento. Ahí son tres los tratamientos que incluyen la psicoeducación familiar como uno de los componentes del modelo de tratamiento y han publicado al menos un artículo empírico sobre la efectividad de la intervención para familias con TLP: Familia Conexiones (FC; Fruzzetti & Hoffman, 2004), Sistemas de Capacitación para la Previsibilidad Emocional y la Resolución de Problemas (STEPPS; Blum, Pfohl, St. John, Monahan y Black, 2002), y Entrenamiento de Habilidades Familiares Multigrupales como parte de Terapia dialéctica conductual para adolescentes (Miller, Rathus y Linehan, 2006).

Para reflexionar…

En resumen, las vulnerabilidades genéticas y ambientales ponen en riesgo a los hijos de madres con TLP y psicopatología relacionada. Un contexto ambiental que puede conferir riesgo, es la crianza de los hijos. Las madres con BPD (Borderline Personality Disorder) pueden encontrar desafíos únicos de crianza, especialmente a la luz de la falta de eficacia que sienten como padres. La estrategia de crianza que sería más perjudicial para los hijos de madres con BPD puede ser oscilaciones entre formas extremas de control y pasividad, que dan poca consistencia a la experiencia del día a día del niño. Al abordar habilidades de crianza, esperamos ver mejoras en las interacciones entre padres e hijos, lo que conducirá a la reducción de la angustia de la madre y el niño. Con base en una minuciosa revisión de la literatura, podremos esbozar varios puntos para una intervención de crianza, a saber, psicoeducación, consistencia en la programación y el seguimiento, la coherencia en calidez y cuidado, así como la aplicación de estrategias de crianza basadas en la atención plena.

“Morir no duele mucho:

nos duele más la vida.

Pero el morir es cosa diferente,

tras la puerta escondida:

la costumbre del sur, cuando los pájaros

antes que el hielo venga,

van a un clima mejor. Nosotros somos

pájaros que se quedan:

los temblorosos junto al umbral campesino,

que la migaja buscan,

brindada avaramente, hasta que ya la nieve

piadosa hacia el hogar nos empuja las plumas”.

-Emily Dickinson-

Bibliografía: 

Cohen, P. (1996). Childhood risks for young adult symptoms of personality disorder: Method and substance. Multivariate Behavioral Research, 31, 121–148

Gunderson, J. G., Berkowitz, C., & Ruiz-Sancho, A. (1997). Families of borderline patients: A psychoeducational approach. Bulletin of the Menninger Clinic, 61, 446 – 457.

Linehan, M. M. (1993). Cognitive-behavioral treatment of borderline personality disorder. New York, NY: Guilford Press.