Hilos de colores

Nuestra percepción sobre las relaciones que forjemos depende especialmente del vínculo que establezcamos con las mismas. Los vínculos son como hilos que van de un lugar hacia otro, y muchas veces retornan. Imaginemos que, con cada persona «importante» para nosotros, nació un nuevo color de la gran e interminable paleta de sentimientos y emociones.

Un vínculo seguro, se caracteriza porque la otra persona fomentó la satisfacción adecuada de las necesidades emocionales. Son las personas que te devuelven todo aquello que tu das, y más. Y es maravilloso, porque ocurre sin necesidad de pedir algo a cambio.

Hay personas que elegimos como parte de nuestro círculo primario de apoyo, a quienes volvemos en busca de una mirada, de una sonrisa, de un abrazo, en búsqueda de un hogar.

Esas personas se van haciendo espacio en nuestros momentos de mayor serenidad, y son a quienes, cuando hay dificultades, uno recurre justamente para volver a ese estado, pero ¿Qué hacemos cuando el vínculo ya no es bidireccional?

Perder a algún ser amado resulta tan doloroso que es difícil explicarlo con palabras. Tras muchos cuestionamientos, avances y retrocesos, uno llega a «aceptar». Aprende que el «perder», no se consolida en un resultado, si mientras duró pesaron más todas y cada una de las ganancias acumuladas.

Se nos vienen pérdidas de todos los tipos, una de ellas, y probablemente una de las más complejas, es la muerte. Tema en el que me centraré en este artículo.

El duelo es un proceso no lineal, uno avanza tres pasos, retrocede dos, y de pronto parece una danza a oscuras.

La fase de negación puede reaparecer en las temporadas más grises, cuando más «se le necesita», y no deja de sorprenderme como vamos buscando nuevas sensaciones de amor con esa persona, tal cual niños(as) buscando a alguien en el juego de las escondidas, aunque en el fondo, sabemos que esta vez no vamos a encontrar lo que buscamos, o por lo menos no, de la forma en la que insistimos en hacerlo.

El notar que quien sostenía el «hilo», ya no está más, deja muchos sentimientos «en el aire». El miedo y la angustia, que no eran parte de esa relación compuesta por un apego seguro, se vuelven novedad. Pero tengamos presente, que esto no lo genera la persona que falleció, ni nosotros mismos, es un proceso tan natural y espontáneo, que en diversas oportunidades nos encontraremos de frente con cada uno de los sentimientos, y allí, entenderemos que el color del hilo especial que tuvimos, se ha quedado grabado, en uno o varios cuadros de nuestra vida, tal como si nos hubiesen tejido, hacia lo más profundo de nuestra forma de ser, con ese hilo.

En este proceso entran a tallar diversos factores, uno de ellos son los conceptos que le vamos dando a la muerte, en todas nuestras etapas de vida: Las experiencias previas, el haber tenido o no la oportunidad de despedirnos, nuestra propia filosofía de vida, y también el como observamos que las personas que nos rodean asumen su propio duelo.

Algo que con el tiempo reconforta, es el empezar a agradecer por las experiencias compartidas, pasearnos por la mente como recolectores de bondad.

Este es el punto de inicio para comenzar a reconciliarnos con la muerte.

Por otro lado, ¿Qué sucede cuándo el vínculo nunca fue bidireccional?

El duelo ante relaciones en las que se estableció un apego inseguro (Evitativo, ambivalente o desorganizado), deja un sinsabor, ya que en este caso, probablemente no logramos asignarle un «color al vínculo».

Imagina perder a un padre / madre que fue ausente emocional y físicamente durante toda tu vida. En este caso, el dolor se basa más, en que con la muerte, se agotan esperanzas, se interpreta la imposibilidad de lograr establecer una conexión que retribuyese.

En este tipo de relaciones, ya se percibía angustia, malestar, aunque la muerte, trae de vuelta y refuerza el vacío.

En estos casos, perdonar y agradecer la ausencia, podrían ser grandes aliados para sanar el duelo… ¿Agradecer la ausencia?, Reaprendamos que no todos «tienen que estar», sea cual sea el rol asignado. Hay veces en la vida en las que la ausencia, resulta menos dolorosa que la presencia.

Aunque no deja de ser importante el reconocer, que hubo una relación con esa persona, y con ello, un conjunto de sentimientos y emociones, que con el transcurso del proceso del duelo, serán más claras y podremos dejarlas ir.

Este es el punto de inicio para comenzar a reconciliarnos con la vida.

Luego de una pérdida significativa, uno ya no es el de antes, y en ninguna de las fases del duelo encontrará una identidad definitoria. Solo hay que seguir caminando, mientras nos vamos reconociendo de a pocos. Siendo más conscientes del gran significado que tiene la muerte sobre la vida, y viceversa.

Duelo en niños

La muerte, aunque fue un tema tabú en siglos pasados, ha sido ampliamente estudiada desde diferentes disciplinas, y como parte de este estudio, la Psicología ha buscado enfocarse en la forma en la que esta es enfrentada por la persona humana y cuáles son sus distintos comportamientos frente a ella. Aunque las investigaciones de esta disciplina abarcan temas variados, el proceso de duelo es uno de los que capta mayor interés debido a su complejidad y a los efectos adversos que trae consigo al no afrontar de forma adecuada tal proceso (Pérez y Robayo, 2017).

El duelo es considerado como un grupo de representaciones mentales y conductas vinculadas con una pérdida afectiva, teniendo como objetivo aceptar la realidad de dicha pérdida y adaptarse al nuevo entorno (De Hoyos, 2015). También Freud (1996) habla del tema y señala que el duelo es un estado del alma, es decir una reacción normal de todo ser humano ante la pérdida de un ser amado, ya que se han establecido vínculos primordiales de identificación para poder elaborar la realidad psíquica en el caso de los infantes, pues estos ven a sus padres como objetos amorosos para identificarse (Varela, Hernández, Esparza & Pilar, 2013).

De igual forma, Tizón (2004) señala que el duelo incluye procesos tanto psicológicos como psicosociales que ocurren luego de la pérdida de alguien con quien se tiene un vínculo (Moreno, 2016). Otros autores la han definido como la reacción consecuente a la muerte de un ser querido manifestado en la esfera psicológica, biológica y social (Ordoñez & Lacasta 2006). Es una reacción normal ante una pérdida la cual va a suponer la readaptación ante la situación nueva que afronta, sin embargo, este puede volverse patológico si no se resuelve de la manera adecuada y requerirá de la intervención del profesional (Meza et al., 2008).

TERAPIA DE LA CONDUCTA INFANTIL: EL DUELO EN LOS NIÑOS

Sobre los tipos de duelo, la autora Moreno (2014) menciona que existen dos en general: el duelo normalizado y el duelo complicado. El primero se refiere a aquel proceso que ha sido atravesado de forma adecuada logrando la adaptación a la nueva realidad en la que vive y recordando a la persona fallecida sin dolor profundo y con cierta sensación de tranquilidad. El duelo normalizado además se caracteriza por un estado de perplejidad suscitada por el fallecimiento de su ser querido, dolor intenso junto con malestar, sensación de ser una persona débil, pérdida tanto del apetito y de peso como de sueño, dificultad para mantener la atención, culpa, rabia, episodios de negación, ilusiones, alucinaciones e identificación constante con el ser querido que ya no está (Cabodevilla, 2007).

Por otro lado, el duelo complicado se refiere al proceso inadecuado de adaptación en el que la persona se ve desbordada por la situación, sin poder por sus propios medio lograr afrontar la situación de forma adecuada. De igual forma, Flórez (2002) menciona que el inadecuado abordaje del duelo, puede convertirse en duelo patológico, el cual se presenta como una ausencia o retraso en su aparición o como un duelo demasiado intenso y prolongado. Por su parte Cabodevilla (2007) también menciona diferentes tipos de duelo entre las que tenemos el duelo anticipatorio, el duelo crónico, el duelo retrasado o retardado, el duelo enmascarado, el duelo exagerado, el duelo ambiguo y el duelo normal.

Según lo referido en la revista Duelo en Oncología, la intervención en el proceso de duelo puede ser a nivel individual, grupal y familiar. En la intervención individual se ha propuesto dividirla en cuatro tareas las cuales son: “aceptar la realidad de la pérdida”, “trabajar las emociones y el dolor de la pérdida”, “adaptarse a un medio en el que el fallecido está ausente”, “recolocar emocionalmente al fallecido y continuar viviendo” (Alberola, Asuara & Reina, 2008). Además estos mismos autores mencionan que es recomendable utilizar técnicas como “el libro de recuerdos, imaginación guiada, uso de símbolos, lenguaje evocador, rol-playing, dibujar” entre otros en el proceso de asesoramiento al deudo.

Duelo en niños y niñas en esta situación de confinamiento y pandemia

En la intervención grupal se hace mención de los grupos de apoyo en los que se consideran diferentes objetivos terapéuticos como el cambiar la forma en que el deudo se expresa y vive el duelo, exploración de la relación que se poseía con el fallecido y la resolución de los asuntos sin resolver entre otros más que se han asociado a las diferentes fases del duelo (Payás, 2008). Por último, la intervención familiar que tiene como objetivos específicos el “aumentar la realidad de la pérdida, ayudar a expresar emociones del deudo y ayudar a vencer los obstáculos que evitan el reajuste después de la pérdida” (Virizuela, Aires & Duque, 2008).

Aunque es un proceso complejo y difícil de afrontar en personas de cualquier edad los efectos negativos a largo plazo son mucho más altos en niños. Según Guillén, Gordillo Montaño, Gordillo Gordillo, Ruiz y Gordillo Solanes (2013) el 40% de los niños que han atravesado por un proceso de duelo padecen de un trastorno psicológico. Además García y Bellver (2019) mencionan que un dolor muy profundo en los niños podrían interferir en su correcto funcionamiento y desarrollo provocando síntomas como miedo nocturno, dolores crónicos, bajo rendimiento escolar y comportamientos que impliquen una regresión. Es por ello que ahora pasaremos a hablar un poco más sobre la niñez.

La niñez es un periodo de crecimiento acelerado entre los 0 a los 11 años, la cual se ve influencia por el ambiente y la genética (Papalia, 2014). Esta etapa se puede dividir en primera (0-5 años) y segunda infancia (6-11 años) según Mansilla (2000) quien además menciona que esta última supondría una “edad crítica” ya que las consecuencias de una inadecuada satisfacción de las necesidades psicosociales podrían traer consigo efectos negativos que alteren su normal desarrollo.

Partiendo de las etapas del desarrollo planteadas por Piaget (1975) se distingue que en el periodo sensorio motriz (hasta los 2 años) los niños son capaces de notar la ausencia de la persona de apego, posteriormente se da la adquisición del lenguaje, por lo que la posibilidad de que pregunten por la persona es posible adquieren la capacidad de identificar el estado de ánimo de otras personas, por lo que se ven influenciados por las emociones que sus cuidadores transmiten tras el fallecimiento del ser querido.

El duelo en niños: cómo comunicarles la muerte de un ser querido

Así mismo en el periodo pre-operacional (3 a 6 años) y con conceptos de temporalidad, reversibilidad, universalidad y funciones vitales en proceso de establecerse aún creen que el ser querido muerto puede despertar o volver tarde o temprano (García & Bellver, 2019). Posteriormente en el periodo de las operaciones concretas (7-10/11 años) se da un mayor concepto de irreversibilidad, se dan preguntas como ¿Cause la muerte? ¿Me pasará también a mí? ¿Quién me va a cuidar? (Ordoñez & Lacasta, 2007).

A partir de los 7 años un pensamiento, aunque infantil, lógico, flexible y reflexivo por lo que sus capacidades le permiten entender un poco mejor el concepto de muerte a diferencia de los niños menores a esta edad donde se le otorga características mágicas o se le relaciona con una sensación de ausencia (Durán, 2011). A esta ambigua comprensión de la muerte se le debe añadir la poca habilidad de los adultos para comunicar al niño la pérdida de algún ser querido y que muchas veces se prefiere evitar el tema con el objetivo de proteger a los niños creyendo que no entienden lo que pasan (Guillen et al., 2013).

Tomando en cuenta las particularidades del duelo en niños, Flórez (2002) menciona tres fases del duelo infantil, en primer lugar, está la protesta en la que el niño añora amargamente al familiar perdido rogando que vuelva a estar con esa persona. En seguida, está la fase de la desesperanza, en donde el niño inicia un proceso de abandono de esperanzas de que el familiar perdido vuelva con él, por lo que queda sumergido en un estadío de abandono y apatía acompañado de un llanto intermitente. Finalmente, en la fase de la ruptura del vínculo, el niño comienza a romper el vínculo emocional con el fallecido y vuelca poco a poco su interés por el mundo exterior.

Las víctimas silenciosas del covid: los niños y su duelo | ActitudFem

Es importante mencionar que cuando no se hace partícipe a un niño de la enfermedad o muerte de algún ser amado para él, al no llevarle al funeral o el no compartir la pena por el fallecimiento de un familiar, sería perjudicial para el niño él, ya que esto podría generar dificultad en iniciar el duelo y en el elaborar el duelo (Zañartu & Krämer, 2008). Flórez (2002) también reconoce la importancia de manejar la reacción de duelo de los niños, ya que se ha evidenciado que los trastornos depresivos y los intentos suicidas usualmente se presentan en adultos que durante su infancia vivenciaron el fallecimiento de uno de sus padres. Queda claro entonces que el duelo en niños se presenta como un factor de riesgo para futuros trastornos psicológicos y justamente por ello es necesario la intervención psicológica trabajado no solo con el niño sino también con la persona a cargo del cuidado del niño y otras cercanas al niño.

Referencias

  • De Hoyos, M. C. (2015). ¿ Entendemos los adultos el duelo de los niños. Acta Pediátrica Española [revista en internet], 73(2), 27-32. Recuperado de http://actapediatrica.com/images/pdf/Volumen-73—Numero-2—Febrero-2015.pdf#page=7
  • Cabodevilla, I. (2007). Las pérdidas y sus duelos. Anales del Sistema Sanitario de Navarra. Vol. 30, Suplemento 3 , 163-176. Recuperado de http://scielo.isciii.es/pdf/asisna/v30s3/original11.pdf De Hoyos, M. C. (2015). ¿ Entendemos los adultos el duelo de los niños. Acta Pediátrica Española [revista en internet], 73(2), 27-32. Recuperado de http://actapediatrica.com/images/pdf/Volumen-73—Numero-2—Febrero-2015.pdf#page=7
  • Ordoñez, A., Lacasta, M., (2007) El duelo en los niños (La pérdida del padre/madre). En Camps C, Sánchez PT. (Ed). Duelo en oncología. SEOM. Madrid. Recuperado de: http://www.seom.org/seomcms/images/stories/recursos/sociosyprofs/documentacion/manuales/duelo/duelo11.pdf
  • Pérez Suesca, J. A., & Robayo Muñoz, D. Y. (2017). Cartilla para niños y niñas de 6 a 9 años en proceso de duelo (tesis de licenciatura). Universidad Cooperativa de Colombia. Obtenido de https://repository.ucc.edu.co/bitstream/20.500.12494/14268/1/2017_duelo_ninos_acompanamiento.pdf
  • Varela, C., Hernández, V., Esparza, E., & Pilar, S. (2013). El duelo en niños, su abordaje desde la clínica del lazo social. In Contreras y Andrade. Congreso Interdisciplinario de Cuerpos Académicos. Ciencias Administrativas y Sociales. Buenos Aires. Recuperado de http://dialnet. unirioja. es/servlet/articulo

ADIÓS A TRAVÉS DEL CRISTAL

Suena el teléfono, se hace un nudo en tu garganta y con gran expectación contestas. Del otro lado de la línea, entre una nube de susurros, sólo alcanzas a escuchar la terrible noticia de que tu familiar ha contraído el virus.

Y como una bola de nieve que se convierte en avalancha, la angustia crece en tu interior, porque sabes que hay una enorme posibilidad de perder a ese ser querido. Entonces, el médico y los medios de comunicación te dicen que hay altas probabilidades de que tu familiar se salve, porque no está en ningún grupo de riesgo. Una leve luz de esperanza se va encendiendo, pero se apaga furtivamente con la repentina noticia de que tu familiar se fue.

Al irse tu familiar dejo un hueco en tu corazón y una cama hospitalaria vacía, que es necesaria ocupar inmediatamente por uno de los miles de contagiados. Por lo que, tienes que actuar de prisa y en automático, acelerar los trámites de defunción, sin tiempo de llorar ni de procesar el duelo.

Y como si no fuera suficiente, todavía queda un paso más: el entierro. En donde sólo está permitido que te acompañe pocos familiares y debes de realizar el entierro con prisas, porque el virus está ahí acechando, rondando a la espera de un menor descuido para atacar.

Todo acontece en forma fugaz sin pausas y sin tiempo para procesar el duelo. Sin embargo, al final del día te tomas un respiro para cerrar los ojos, recordar con cariño al ausente, derramar unas lágrimas, colocar tus manos en la ventana y decir adiós a través del cristal.

DUELO EN PANDEMIA

De acuerdo con García (2020), durante una pérdida la persona vive cambios a nivel exterior e interior. Es decir, la persona que enfrenta un duelo, tiene que adaptarse a la ausencia del ser querido, hacer cambios en su rutina y a ello se le añade esa pregunta sin aparente respuesta de: ¿Por qué se fue?

Tal es la razón, por la que se afirma que cuando un ser humano afronta una pérdida se encuentra en una etapa de transición. Esta etapa no es igual para todos, en algunas personas y dependiendo de sus habilidades de afrontamiento dicha transición puede darse o no de forma saludable.

Sin embargo, debido a la situación actual es casi imposible que una etapa de transición sea saludable. Así lo afirma Moreno (2020): “Sabemos que la muerte de nuestro ser querido es siempre una vivencia difícil, sin embargo, el duelo por COVID-19 tiene algunos aspectos adicionales. Uno de ellos, es la rapidez de los acontecimientos, es decir, la imposibilidad de anticipar, asimilar y prepararnos para lo que viene”.

Por otro lado, para que exista una transición saludable durante el duelo, es de vital importancia que la persona tenga una participación proactiva en el proceso, por ejemplo, participar de ceremonias o ritos de despedida (García, 2020).

Lo que significa que el aspecto cultural influye en los procesos de duelo. Tal es el caso de nuestro Perú, donde los ritos de despedida en cada una de las provincias destacan por su colorido, música y comida.

Es así que, en distintas partes de la sierra hay una costumbre llamada “Lavado de Ropa”, en la cual los dolientes se dirigen al río para lavar la ropa del difunto, cinco días después de su deceso. Luego, en la noche todos los miembros de la comunidad (niños, jóvenes y ancianos) se reúnen para velar la ropa del difunto, adornado de cruces y flores blancas.

Rituales como el “Lavado de Ropa” e incluso los convencionales como la misa, los velorios, se realizan en compañía aliviando la carga y regocijando el alma. Rituales, donde cada miembro alivia su dolor fundiéndose en el abrazo fraterno del otro.

Es inevitable, no sentir nostalgia al recordar esas épocas cuando se podía procesar el duelo en compañía de los familiares y realizando los ritos ceremoniales que todo fallecimiento requiere.

CARACTERÍSTICAS DEL DUELO EN PANDEMIA

Durante una catástrofe o conflicto, el duelo deja de ser común para adquirir las características de ser prolongado y de mayor intensidad, llegando a producir desbordes emocionales, dando lugar a la posibilidad sufrir trastornos depresivos. Es que los duelos en catástrofes, adquieren tales características por la “soledad y falta de apoyo durante el proceso, la inexistencia o inadecuada ejecución del luto mediante ritos religiosos” (Briceño et al. 2020).

Entonces, como la enfermedad del COVID-19, ha sido declarada pandemia mundial por la OMS, significa que estamos en un contexto de catástrofe. Por lo tanto, estamos viviendo duelos múltiples, de larga duración y traumáticos.

En una entrevista, realizada por Asto (2020), el psicólogo Roberto Álvarez, menciona que ante una pérdida el ser humano comienza a reflexionar sobre el significado de la vida y es un momento en donde se cuestiona sobre el por qué esa persona ya no le acompaña. Sin embargo, con la pandemia los duelos no sólo traen cuestionamientos filosóficos, también se desbarató el falso sentido de omnipotencia del ser humano, debido a que la ciencia no logra descifrar al COVID-19 en su totalidad, se vive en una constante incertidumbre de no saber qué va a pasar el día de mañana.

Antes de la pandemia, cuando una persona perdía un ser querido, se le decía que iba a ser un proceso y que después regresaría a la normalidad. Sin embargo, en estos tiempos de duelo colectivo ¿cómo se le dice a una persona que va a regresar a la normalidad? Si tal normalidad es parte del pasado.

¿CÓMO SOBRELLEVAR EL DUELO EN TIEMPOS DE PANDEMIA?

Es importante considerar a todos aquellos que en estos tiempos han perdido un familiar. Y es que a ellos les tocó una época de protocolos de bioseguridad, de prohibiciones, de no reunirse con varias personas y de aislamiento social.

A pesar de no estar en tiempos normales, es posible procesar un duelo de forma saludable. Para ello, se les brindará unas tres recomendaciones que aliviarán el dolor de la pérdida:

Recomendación 1: Escribir Poesía

Afrontar la pérdida de un ser querido, significa no quedarse con el dolor en el interior, es necesario expresar y comunicar lo que uno siente. Por ejemplo, escribiendo un diario o creando un poema. Al escribir, se resignifica los hechos y se elabora la pérdida desde otra perspectiva.

Así lo hizo la poetisa peruana Blanca Varela, quien perdió a su hijo Lorenzo en un accidente de tránsito. Ella, plasmó el dolor de esta pérdida en un poema “Si me escucharas”.

Si me escucharas/ tú muerto y yo muerta de ti/ si me escucharas/ hálito de la rueda/ cencerro de la tempestad/ burbujeo del cieno/ viva insepulta de ti/ con tu oído postrero/ si me escucharas.

(Blanca Varela-1996)

Recomendación 2: Reuniones Virtuales

Se recomienda, hacer uso de la tecnología para realizar reuniones virtuales, a través de plataformas como zoom o meet, donde los dolientes puedan realizar un rito de despedida virtual acorde a sus creencias. Por ejemplo:

Antes de iniciar la reunión virtual, cada miembro de la familia puede sostener una vela y uno de ellos realizar una oración. Después, cada familiar puede compartir una anécdota vivida con el familiar fallecido. También se puede compartir un consejo que le brindó la persona ausente.

Recomendación 3: Fotografías del Recuerdo

Una bonita forma de recordar a nuestros seres queridos ausentes es darles un espacio en la sala donde estén las fotografías de los familiares, adornado de flores de papel o se pueden colocar velas alrededor. Es un ritual simbólico y que ayuda a fortalecer los vínculos familiares.

Duelo en tiempos de Coronavirus ¿Cómo afrontar una pérdida? - Parkinson  Villarrobledo

LUCES DE ESPERANZA

Todos poseemos la “capacidad de afrontamiento” que es la habilidad individual de afrontar la pérdida de un ser querido, y la poseemos todos, sólo que es necesario fortalecerla. Ya que, en estos tiempos de pandemia los duelos se convirtieron en traumáticos y prolongados.

Tal como asevera, García (2020) la capacidad de afrontamiento es “un recurso útil en tiempos de necesidad y de la COVID que permite hacer frente a los desafíos específicamente relacionados con la pérdida”.

También, es importante hablar de la muerte desde un punto de vista positivo. La razón está en que “nos permite ser conscientes de que puedes vivir cada instante de tu vida sabiendo que no eres eterno, pero que cada día es importante” (Álvarez, 2020).

Aunque, el futuro sea incierto y extrañemos esos abrazos reconfortantes, el coronavirus no ha impedido que el ser humano encuentre una salida a esta situación. Tal vez, no podamos reunirnos como antes, sin embargo, todavía se puede avizorar luces de esperanza:

“Hay algo que está claro que no se ha llevado la muerte, y es el amor y el poder entrar en el recuerdo y en el corazón para despedirse, aunque sea de manera simbólica”

(S. Chávez, 2020 – El Comercio)

REFERENCIAS

Asto, M. (18 de mayo del 2020). ¿Cómo tener una mirada positiva de la muerte en tiempos de coronavirus?: Dos expertos en duelo dan su mirada. El Comercio. https://elcomercio.pe/mundo/actualidad/coronavirus-y-muerte-como-afrontar-la-perdida-de-un-ser-querido-durante-la-pandemia-dos-expertos-en-duelo-dan-su-mirada-covid-19-noticia/

Briceño, B., León, A., Medina, N. y Gonzales, J. (2020). Anotaciones en torno al duelo durante la pandemia COVID-19 en Latinoamérica. Revista Latinoamericana de Psiquiatría, 1(19), 6-12. Recuperado de: http://www.apalweb.org/docs/revista_20.pdf#page=6

García, A. (Diciembre de 2020). VII International Symposium of the Graduate Nursing Program of the Paulista School of Nursing at Unifesp. Congreso llevado a cabo en la Universidad de Sao Paulo. https://www.researchgate.net/profile/Alfonso-Garcia-Hernandez/publication/347510473_Aproximacion_al_proceso_de_duelo_en_tiempos_de_pandemia/links/5fdf3b2345851553a0d653c9/Aproximacion-al-proceso-de-duelo-en-tiempos-de-pandemia.pdf

Moreno, B. (2020). Duelo y Pandemia: “Viudas del Adiós”. Revistas Científicas Complutenses, 17(2), 401-402. Recuperado de: https://revistas.ucm.es/index.php/PSIC/article/view/71364

Reyes, J. (21 de abril del 2012). Jupaimarca, la tierra de las almas perdidas en Anchash. RPP. https://rpp.pe/peru/actualidad/jupaimarca-la-tierra-de-las-almas-perdidas-en-ancash-noticia-474099#:~:text=Pichcay%2C%20la%20costumbre%20del%20lavado,despu%C3%A9s%20de%20producida%20su%20muerte.

Wiener, G. (10 de enero del 2016). Blanca Varela: Martirologio y redención. El Comercio. https://elcomercio.pe/eldominical/articulos-historicos/blanca-varela-martirologio-redencion-260727-noticia/#:~:text=En%201996%2C%20viajando%20de%20Lima,muri%C3%B3%20en%20un%20accidente%20a%C3%A9reo.&text=Es%20lo%20que%20hizo%20Blanca,pero%20tambi%C3%A9n%20contra%20la%20estridencia.

DÍAS DE DUELO: Descendiendo por la madriguera

Mi peor miedo, desde que era una niña, era que algún día, él me faltara.

A mis treinta y uno, ese miedo vino a casa, estaba allá­, yo no sabí­a, surgió de pronto, y así un martes de madrugada me enterarí­a que mi padre, abuelo materno, maestro, y mi gran amigo habría fallecido, aún sigo oyendo el eco del dolor de ese día.

No querí­a perderlo, no aún, no así, ¿Quizá nunca?

En ese momento sentí cómo la muerte se habí­a apoderado también de mi vida.

Es tan abstracto el amor, que el cuerpo que lo habita es el instrumento que nos permite materializarlo.

Desde hace unos dí­as, he vuelto a uno de mis libros favoritos «Alicia en el Paí­s de las Maravillas», y ahora que trato de explicar lo que siento, mi mente evoca lí­neas de sus fragmentos. ¡Jamás me habí­a sentido tan Alicia!

Capítulo 1: En la madriguera

Siento que estos dí­as los podrí­a representar la escena en la que Alicia caí­a hacia lo más profundo y oscuro de la madriguera por tratar de seguir a su admirado señor conejo, para no perderlo.

Para contextualizar, el relato dice así:

«La madriguera del conejo era en lí­nea recta como un túnel, y después torcí­a bruscamente hacia abajo, tan bruscamente que Alicia no tuvo tiempo de pensar en detenerse y se encontró cayendo por lo que parecí­a un pozo sin fondo. O el pozo era en verdad profundo, o ella caí­a muy despacio, porque Alicia, mientras descendía, tuvo suficiente tiempo para mirar a su alrededor y para preguntarse qué iba a pasar después. Primero, intentó mirar hacia abajo y adivinar a donde irí­a a parar, pero estaba todo demasiado oscuro para distinguir nada».

Aún me siento cayendo, y a veces me da vértigo no saber cuándo encontraré tierra firme nuevamente.

Sentir que no puede permanecer fí­sicamente lo que más has amado en la vida, es superar cualquier umbral de frustración, no hay marcha atrás.

Es triste reconocer que con la muerte se agota la posibilidad de tener nuevas experiencias junto a la persona amada. No habrá más abrazos, ya se escuchó su risa por última vez, no podré repetir la sensación de calor de estar recostada en su pecho, sintiendo los latidos de su corazón.

No voy volver más a casa, pensé. Y, no me referí­a al hogar de material noble en el que habí­a crecido, me referí­a a ese espacio triangular que se formaba entre sus costillas, en el que me refugiaba, en el que me sentí­a siempre a salvo.

Sé, que cómo yo, en estos momentos, hay muchas personas cayendo por la madriguera, por eso me atrevo a escribir algo tan personal, aunque no forma parte del diario que suelo escribir, lo que siento contiene un dolor puro, cómo le dice mi psicóloga, y si hay alguien atravesando por una situación similar que me está leyendo, quiero que sepa, que literalmente, lo siento mucho.

Este tiempo de distanciamiento, convierte cualquier episodio de transición de vida, en algo distinto. El homenaje que solemos tener en un tradicional velorio, el poder abrazar a tu madre y a tu familia para llorar en coro, la despedida usual, no es una opción dadas las circunstancias.

Tener que adaptarse a la pérdida, mientras nos adaptamos a esta forma de vida, transforma el dolor en inquietud, en incertidumbre, en angustia.

Desde que partió, vengo cuestionando cada una de mis creencias, me he reseteado más de una vez, pero aún sigo en la madriguera buscando a mi amado padre. Y, asumo que parte de mí­, se quedará en esa espiral de tiempo, hasta que nos volvamos a encontrar, porque contra todo pronóstico, no puedo resignarme a pensar que, aquí termina, nos faltó tiempo para amarnos, para reí­rnos, para abrazarnos.

Quizá sea uno de los textos más emotivos que me permita publicar en este blog, pero el objetivo sigue siendo el de aprender. más allá de una teorí­a o de ciencia, hoy escribo en nombre de la experiencia… Y sólo puedo decir que, nuestros ojos son escondites de memorias, y que, llorar me ha salvado.

Un duelo, es una perdida, y adaptarnos a todo lo que eso conlleva, trae consigo vivenciar el dolor del alma. Es necesario escucharnos, meditar, el silencio, permitirnos sentir, aprender a decir hasta pronto cada que un pensamiento de negación nos invada, y poder regalarnos un viaje al pasado cada que lo necesitemos.

El ví­nculo que entablamos con los demás, depende significativamente de la forma en la que las personas nos hacen sentir, y mi padre ha sido la persona que más ha influido en mí­.

Lo llevo dentro, es una sensación extraña, pero cuando tomo aire para seguir adelante, lo siento volviendo a tomar mi mano, como acompañándome, aunque no lo vea, aunque no lo escuche, aunque no lo pueda tocar más, este corazón mí­o, late por ambos.

Cuando tenemos este tipo de pérdidas, es cómo si el sol se escondiera, y lloviera intempestivamente, pero por dentro, es lógico que con el duelo se curse una depresión, y todo lo que eso conlleva.

Aceptar el estado de ánimo, nos permitirá tomarnos un tiempo, nuestras propias emociones serán el despertador que suene cuando estemos listos para retornar.

Por ahora, un tiempo esta bien, y es ahí donde no sólo extrañas la presencia de la persona amada, sino que, poco a poco, te extrañas a ti misma, porque ciertamente tampoco estás, ya no eres la de antes, y en medio del desprendimiento, hay que tratar de reconocerse.

El impacto emocional que trae consigo una perdida es indescriptible, pero hay mucho por hacer, y hay que empezar por uno mismo, concientización ante la realidad, desahogo, modular las emociones, pero sobre todo permitirnos sentir.

Si vienen recuerdos, voces, sensaciones, toma un momento en silencio, necesitas escuchar, presta atención, podría resultar más agotador el evitar hacerlo.

Además, el confinamiento en una situación como esta, genera otro tipo de emociones, y transforma el duelo en algo incierto, la pérdida del desahogo social, queda ciertamente limitada. Aunque, debo agregar que, con lo sucedido, los lazos con los miembros de mi familia se han fortalecido, y que, las personas que habí­a elegido a lo largo de mi vida como amigos(as), a pesar de la distancia fí­sica, me han hecho sentir como si me rodearan en un cí­rculo y me abrazaran hasta el cansancio.

Definitivamente el apoyo social en un proceso de duelo, te retorna al amor, a la esperanza.

«Reinaba en torno a ella una profunda oscuridad y solo conseguí­a ver un largo pasadizo que se abrí­a ante ella, en el fondo del cual se distinguí­a apenas la figura del Conejo Blanco, que desaparecí­a en la lejaní­a».

Para atravesar cada una de las fases de duelo, se requiere de un rol activo, necesitamos encontrar un propio significado a la pérdida, y formas de canalizar la angustia, yo he vuelto un poco al pasado, revisando videos, fotografí­as, escuchando canciones. Y mientras me mantengo en el presente, escribir me permite de alguna forma continuar hablándole.

Aunque quizá la tarea más dura de estos dí­as sea el tratar de ser una persona más justa conmigo misma, sin exigirme de más, pero a la vez, sin rendirme mientras lo echo de menos…

Después de todo, sí­ que cuando el tiempo me haga sombra, podré volver a casa, desprendiéndome de la tristeza, dejándola, antes de entrar, encima del tapete de bienvenida.

Después de todo, sé que aún puedo volver a mi refugio de colores, en dónde observo a mi padre cada que cierro los ojos, tranquilo y sonriente, en dónde lo siento, cuando observo mis manos, las que tantas veces el sostuvo, mientras las medía junto a las suyas y repetí­a, que eran las manos que más se le parecí­an. ¡Prometo construir lo mismo que hiciste con las tuyas, cuidándonos!

Dedicado a mi persona favorita, Jaime Ernesto Alfonso Muñoz Romero