DOLOR COMO LLAVE A LA VIDA

“No son los males violentos los que nos marcan, sino los males sordos, los insistentes, los tolerables, aquellos que forman parte de nuestra rutina y nos minan meticulosamente como el tiempo” – Emil Cioran

Epicuro, filósofo griego que propone el hedonismo, expone que, para dar paso al placer permanente, genuino, como flor que emerge en la acera, hay que dar paso al dolor.

El dolor no siempre debería ser repudiado, en un mundo donde hay respuestas para todo parece evidenciarse un vacío en el ser humano por evitar a toda costa el dolor. Por ello el dolor se hace insoportable, desagradable e ilusoriamente mortal. El frutar de la vida es como una manzana y el dolor es la cáscara. Elegimos pelarla priorizando nuestro placer sabiendo que nos haría mejor comer la cáscara junta.

Es por ello que el placer para Epicuro no implica el desborde de una vida de necesidades prescindibles, implica la prudencia para evitar el dolor a largo plazo, el sufrimiento.

El placer epicúreo es la elección de instancias de dolor para cultivar un auto cocimiento y un placer ataráxico.

Por otro lado, sin caer en el meollo del existencialismo, el dolor nos invita a la angustia de la muerte, a la angustia de los límites de estar vivo, al cuestionarse lo soportable de la vida, pero también nos ayuda a apreciar las cosas mínimas, las purezas y contrastes del ser humano, los detalles del mundo que nos rodea, las vibraciones de los otros y la verosimilitud del entorno.

En  el séptimo arte se ha propuesto un subtexto donde se translitera el dolor y se psicoanaliza socialmente. El cine como medio social, muestra ultimadamente largometrajes donde el protagonista recorre un camino de desazón para llevarse un aprendizaje alineado con la apreciación de lo mínimo, lo pequeño, lo visible solo a los ojos cuestionadores como en el filme Rotting In The Sun (2023) de Sebastián Silva que describe a un hombre que genuinamente podría ser el 80% de la población, sumido en el mundo irreal de las redes sociales, un mundo percibido por otros. A lo largo del filme, observamos como es sometido por la enfermedad del cuestionamiento debido a elegir ver el mundo por una pantalla de celular. Topándose con el sin sentido de su vida, acarrea una angustia inminente que se hizo poco a poco insoportable cultivando la idea de negarse.

Rotting In The Sun (2023) de Sebastián Silva

Actualmente existe una utopía personal donde cada hombre enfrasca su dolor y al momento de que la tapa parece desenroscarse, el hombre inmediatamente lo aprieta con más fuerza proporcional al mundo violento de entretenimiento y de sed insaciable de este. Cuando sales de la utopía dejas el legado a los otros como si de enfermedad se tratase, la enfermedad que te invita a la introspección, vacuna del sufrimiento, la angustia permanente y la desesperación crónica.

En Films como Perfect Days (2023) y Poor Things (2023) dirigidas por Wim Wenders y Yorgos Lanthimos respectivamente, proponen personajes transparentes que incluyen el dolor en sus vidas como herramienta de aprendizaje.

Perfect Days (2023)

Esto puede parecer incongruente en primera instancia, pero es la manifestación de nuestro deseo hambriento de hacer lo que tenemos que hacer, símil al Expresionismo que proyecta los miedos de un mundo post guerra, la nueva estética aborda un mundo post globalización que exige la conexión a las emociones humanas, el anhelo colectivo inconsciente para volver a lo primigenio y un llamado de auxilio interno en cada uno para abrigar nuestra naturaleza doliente.

Asimismo, desde una perspectiva científica, la psicología es consciente de ello. Por lo que invita al rechazo del control intempestivo del pensamiento y las emociones, para bajar la guardia y transitar el dolor. En los últimos años se ha propuesto un nuevo enfoque respecto al dolor y que estamos nosotros para asumirlo. Este nuevo enfoque intenta desterrar el uso de medicación para explorar el umbral del dolor mental, para que el ser humano pueda experimentar su proceso y su importancia en las etapas de vida.

Emil Cioran, filósofo rumano perteneciente a la corriente filosófica del pesimismo y quien sentó base para la psicología positiva,  por su parte nos menciona que nuestra época está predispuesta a sufrir enormemente debido a que no se nos permite ser miserables naturalmente y solo lo somos para nuestros adentros. Es así cómo explica que la cura de una miserabilidad forzada es proporcionar un desasosiego.

Emil Cioran, filósofo rumano

Palabras finales…

Hay una riqueza en explorar los caminos dolientes de la vida sin evitar atajos turbulentos de placer fugaz. Hay una elección en el ser humano, al evitar el dolor, pecando consigo mismo; pero es absurdo pecar siendo absurdos con nosotros mismos al no permitirnos ser miserables junto al dolor.

REFERENCIAS:

  • 20th Century Studios LA. (2023, 8 junio). Pobres criaturas | Tráiler oficial |
    subtitulado [Vídeo]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=RNWIdv39b60
  • MUBI. (2023, 9 agosto). ROTTING IN THE SUN | Official Trailer | Sep 8 in US
    theaters & Sep 15 on MUBI [Vídeo]. YouTube.
    https://www.youtube.com/watch?v=LVRKCAsFy9Y
  • NEON. (2023, 9 noviembre). PERFECT DAYS – Official Trailer [Vídeo]. YouTube.
    https://www.youtube.com/watch?v=QzZBbX5A1FA
  • Ram Talks. (2020, 25 julio). EPICUREÍSMO: filosofía del PLACER y DOLOR – el
    hedonismo de epicuro y la gratificación instantánea [Vídeo]. YouTube.
    https://www.youtube.com/watch?v=jvxCmPP3x0w
  • The School of Life. (2017, 9 junio). PHILOSOPHY – Emil Cioran [Vídeo]. YouTube.
    https://www.youtube.com/watch?v=wMOM34XEi2k

Conocer la soledad

El rechazo a la soledad es un tema con el que me encuentro siempre en contacto, pues los pacientes que más atiendo son los que, dentro de sus problemáticas, se encuentran con un síntoma en común: el de resentir la soledad y, por ende, el abandono de las figuras que en los momentos presentes de su vida representan una fuente de amor para ellos. Y aunque el apego esta siempre en los vínculos de todo ser humano, para todos los que tienen heridas abiertas o incluso cicatrizadas, sabemos que esto representa un malestar o un sinsabor.

Para empezar tenemos que hablar del concepto herida, que personalmente quiero que se entienda como una metáfora, estoy segura que muchos habrán escuchado de las heridas de la infancia, este es un modelo explicativo de Lise Bourbeau pero, en el campo académico y desde los estudios científicos, tenemos el modelo explicativo de los experiencias adversas en la infancia, modelo que desde su autor pionero Vicent Felitti, en 1998, sigue siendo enriquecido con más estudios que pulen este modelo en el cual encontramos el abuso emocional, la negligencia, y las disfunciones del hogar, los cuales menciono por que son los que en las historias de vida que escucho, encuentro con mayor frecuencia.

«Somos víctimas de nuestras circunstancias», es una frase que encuentro realista, pues ninguno de nosotros elegimos quienes serán nuestros padres y que tan favorable será nuestro entorno, esta es una de las primeras cosas en la vida sobre las que no tenemos control y que determinara los retos que tendremos al ir creciendo.

El rechazo a estar solos

El rechazo a estar solos es consecuencia de los problemas con nuestra vinculación afectiva, esta misma es resultado de la negligencia o abuso emocional. En mi perspectiva de psicóloga, de forma simbólica, veo una escalera donde los peldaños de abajo son los que llamo “los peldaños de los sin sabores”, pero, al ir subiendo están “los peldaños del trauma”, en estos se ubican cada persona que me ha permitido escucharla, yo también me vi a mi misma en esa escalera, como estoy segura de que ahora podrá verse cada persona que haga un repaso de su vida e infancia.

Según el peldaño, veremos heridas, traumas o estrés postraumático. En algunos peldaños, es más probable encontrar el miedo a estar solos, sobre todo en aquellos donde la negligencia o el abuso emocional ha estado presente en menor o mayor medida.

Pero el miedo a estar solos no solo es producto de las vivencias adversas de la infancia, de hecho, hay explicaciones desde el aspecto evolutivo, el hombre, al aprender a sobrevivir en grupo, entiende que si es abandonado o dejado por los otros, está a merced de los depredadores y las amenazas de su medio. Ninguno de nosotros experimenta placer al estar frente a la pérdida, pero, si sumamos esto a experiencias traumáticas, podemos enfrentarnos en la vida adulta a dificultades en nuestras relaciones y a patrones autodestructivos que buscan evitar que las personas que se encuentran en nuestro entorno nos dejen solos y sintamos ese temido vacío de la soledad.

Como en muchas problemáticas, la solución radica en exponernos a ese miedo y en ver a la cara a eso que es tan temido. Lo que me inspiró a escribir sobre este tema fue la letra de una canción que habla sobre una propuesta hacia la soledad… conozcámonos:

Soledad
Aquí están mis credenciales
Vengo llamando a tu puerta, desde hace un tiempo
Creo que pasaremos juntos temporales
Propongo que tú y yo nos vayamos conociendo
Aquí estoy
Te traigo mis cicatrices
Palabras sobre papel pentagramado
No te fijes mucho en lo que dicen
Me encontrarás en cada cosa que he callado
Ya pasó
Ya he dejado que se empañe
La ilusión de que vivir es indoloro
Que raro que seas tú
Quien me acompañe, soledad
A mí, que nunca supe bien
Cómo estar solo

Jorge Drexler, Soledad


Ya dejé la ilusión de que vivir es indoloro, eventualmente, nos encontraremos con ese vacío, pues las pérdidas, los finales y los duelos son aspectos garantizados de la vida. Es más fácil hablarlo que vivirlo, pues aunque las recomendaciones, buenos y malos consejos estarán siempre presentes, la verdad es que ninguna hace que sanar duela menos, no se vuelve más fácil, es la persona la que se vuelve más hábil y la que aprende a gestionar el dolor al adquirir más herramientas, y esto le permite volver a etapas de paz y crecimiento. El duelo y aceptación son el camino hacia la paz, al entendimiento y a la sabiduría.

Y cuando hablamos de soledad, sabemos que hablamos de una sensación de vacío, casi nunca nos quedamos literalmente solos, estamos siempre rodeados de personas, los que caminan a nuestro lado en el día a día y nuestro entorno más inmediato como la familia, amigos y pareja. Curiosamente, son los vínculos más cercanos los que pueden hacernos sentir frente a la soledad, hay compañías que nos hacen sentir solos, nos dan malestar, daño, confusión y mayor dolor que su ausencia, pero cuando no has conocido la soledad y cuando no se ha emprendido el camino de la sanación prefieres «guardar cadáveres», se cree que no tener nada es peor, claramente es un error. La frase de Julio Cortázar: “Hay ausencias que representan un verdadero triunfo” es real.

Conocer la soledad, te permite elegirla como una opción mucho más deseable a la de cargar con cadáveres en la vida. Aunque volver a reencontrarte con la soledad pueda ser desagrable, ya tendrás la experiencia donde sabes que en ella no hay ninguna monstruosidad, que es un reencuentro con facetas profundas, con el amor, y con el amor a otros, pues aprenderás a dejar entrar a aquellos que te pueden ofrecer verdadera compañía. En la soledad podrás invocar a tu fortaleza

Si eres una mujer fuerte prepárate para la batalla:
aprende a estar sola
a dormir en la más absoluta oscuridad sin miedo
a que nadie te tire sogas cuando ruja la tormenta
a nadar contra corriente.

Entrénate en los oficios de la reflexión y el intelecto
Lee, hazte el amor a ti misma, construye tu castillo
rodéalo de fosos profundos
pero hazle anchas puertas y ventanas.

Es menester que cultives enormes amistades
que quienes te rodean y quieran sepan lo que eres
que te hagas un círculo de hogueras y enciendas en el centro de tu habitación
una estufa siempre ardiente donde se mantenga el hervor de tus sueños.

Si eres una mujer fuerte
protégete con palabras y árboles
e invoca la memoria de mujeres antiguas.

Haz de saber que eres campo magnético
hacia el que viajarán aullando los clavos herrumbados
y el óxido mortal de todos los naufragios.

Ampara, pero ampárate primero
Guarda las distancias
Constrúyete. Cuídate
Atesora tu poder
Defiéndelo
Hazlo por ti Te lo pido en nombre de todas nosotras.

Gioconda Belli

Este poema dirigido a una mujer, lo tomé de ejemplo para explicar por qué las mujeres recienten más este vacío a la soledad. Si hacemos una comparación con los hombres, se hace referencia a el análisis de las consecuencias de la falta de figura paterna en los hijos (niñas y niños) y los resultados evidencian que hay correlaciones importantes entre el nivel de escolarización, la actividad laboral, la calidad del matrimonio y la participación del padre en el cuidado de los hijos.

En ambos sexos se pueden ver consecuencias de la falta de un padre, como son los sentimientos de la ira, el dolor, la inseguridad, la desconfianza, el abandono, la baja autoestima, la vulnerabilidad y la conducta agresiva, pero en estudios efectuados solamente en mujeres, vemos consecuencias adicionales, como es la necesidad de protección y compañía, sumisión y subordinación.

Son las conductas de sumisión un peligro real para las mujeres, al haber hecho mi tesis sobre el sexismo y su relación con la violencia, puede decirse que la evidencia pone de manifiesto que no son las conductas agresivas y hostiles de los hombres lo que realmente pueden llevarte a relaciones o vínculos desiguales y peligrosos, en cambio, la aceptación de las mismas mujeres a roles sumisos donde ponen como un ideal a el hombre que actúa de forma paternalista. El sexismo benévolo de las mujeres, la búsqueda de un amor incondicional, los pensamientos mágicos sobre el amor, son cuestiones que se presentan por el querer evitar el vacío de la soledad.

Un dolor viejo y añejo se presenta en cada relación frustrada o culminada, se pone una máscara y aparenta ser esa persona a la que le lloras, podría parecer que es ese ser humano que querías o amabas quien a dejado ese gran hoyo en tu pecho, pero debes mirar más allá de ese rostro, ese dolor no es esa persona y no se esta llevando nada de ti. Aunque su presencia en tu vida no debe ser minimizada, no debes darle más peso del que realmente tiene.

Actualmente, a fin de evitar el dolor, hombres y mujeres buscan adoptar posturas cada día más radicales y que se van a los extremos. Como siempre, quedan relegados aspectos importantes como lo son los valores, la columna vertebral de nuestra personalidad adulta y de nuestras maneras de proceder, de cómo actuamos en la dicha y las tristezas, en la ilusión y en el desamor, en la salud y en la enfermedad, y que deberían vivir cultivándolos en nosotros, en constante revisión, hasta que la muerte nos separe de la vida.

Cómo deberían ser y qué deberían hacer nuestros amigos, familia y pareja debe estar determinado en quiénes somos nosotros, en cómo son nuestros sentimientos y cómo es nuestra parte cognitiva, es decir, cómo pensamos y cómo es nuestra filosofía de vida, y, finalmente, en nuestras maneras de actuar ante todo. Quienes nos ofrezcan compañía deberán ser personas en sintonía con ello, no significa que no podamos disfrutar de todo tipo de personas, pero nuestra verdadera red de apoyo y verdaderas conexiones, esas que no nos dejen con un vacío más profundo, son en las que podemos confiar, aquellas que no juzgan, escuchan y que su honestidad puede manifestarse de la mano de una verdadera preocupación y con palabras dirigidas por el respeto y la empatía.

Una frase que siempre le digo a mis pacientes y amigas es: “¿quieres un hombre que sea un caballero solamente contigo (sexismo benévolo), o quieres un hombre respetuoso que además de ser así contigo, sea así con todo el mundo, incluso con las mujeres con las que discrepa y no son de su agrado (un ser humano que sostiene el valor del respeto)?». Por último, recuerda que no solo debes estar atenta a cómo son los demás, recuerda esa parte del poema que dice: “Ampara, pero ampárate primero”, ver por ti no solo en cuanto a ser selectivo y poner límites, si no que, si tu pides, por ejemplo, respeto, seas capaz de ofrecer respeto a los demás y a ti misma, si te has prometido algo, si te haz comprometido a hacer cosas para mejorar en cuanto a tu cuerpo, salud, en lo profesional, en lo personal. Cumple tus promesas.

De sostener tus valores y promesas esta hecha la verdadera fuerza y ese es tu llamado, el conocer la soledad y el elegirla en determinados momentos es lo que te permitirá ver en ti misma (o en ti mismo), grandeza y no es la fortaleza de papel que nos llama a alejarnos de los otros, sino aquella que, a pesar de saber cuánto duele perder a alguien, aún nos permite volver a acercarnos, volver a confiar, volver a amar, volver a elegir la soledad si es necesario y volver a reinventarnos. Me despido con las últimas palabras de Gioconda Belli: “Constrúyete. Cuídate , atesora tu poder, defiéndelo, hazlo por ti. Te lo pido en nombre de todas nosotras.

Referencias

Vásquez, M. R. (2020). Impacto emocional de la ausencia de la figura paterna, en niñas y niños de 10 a 12 años, de la Escuela Darío González jornada matutina ciclo 2018 (Doctoral dissertation, Universidad de San Carlos de Guatemala).

Astudillo, M. A., & Brito, M. R. (2019). Impacto de la ausencia de la figura paterna en mujeres de 20 a 22 años que presentan dependencia emocional en relaciones afectivas dentro del departamento de bienestar estudiantil mi UDA (Bachelor’s thesis, Universidad del Azuay).

TLP y Sufrimiento: ¿El dolor es el hogar de mi TLP?

Alguna vez te has preguntado por qué, al tener TLP, piensas cosas como: ¿Por qué necesito reemplazar el dolor emocional con dolor físico? ¿Por qué siento que cada vez que ocurre un problema es mi culpa y debo pagar por eso? ¿Por qué siento al dolor como algo tan familiar, como si fuera mi hogar? ¿Realmente me gusta sufrir? ¿Lo merezco?

Bueno, en este artículo intentaremos responder a esas preguntas, desde una perspectiva profesional y personal, para entender por qué se siente tan cómoda la idea del dolor.

Para comenzar, debemos tener una concepción sobre lo que es el trastorno límite de la personalidad (TLP). Según el Manual de diagnóstico y estadístico de trastornos mentales (DSM-V, 2014), este trastorno de personalidad es caracterizado por un “patrón general de inestabilidad de las relaciones interpersonales, la autoimagen, y los afectos. Además muestra una notable impulsividad que comienza antes de la edad adulta y está presente en una variedad de contextos”. 

Es decir, que se trata de un trastorno complejo, el cual afecta todas las áreas de la vida tanto de manera interpersonal como intrapersonal. En esta se acentúa la inestabilidad afectiva, debido a un profundo miedo al abandono que produce un vacío crónico en quien lo padece, lo que hace que el “humor” cambie repentinamente por estímulos pequeños que puedan estar prediciendo el abandono de alguien cercano, lo que hace que uno sienta un dolor indescriptible. Este dolor es tan grande que se ha llegado a comparar por especialistas como una “quemadura de tercer grado”, asimismo, se encuentra un enojo y control de ira inapropiado, el mismo que provoca disputas que llegan a alejar a personas cercanas, las cuales desencadenan un sentimiento enorme de culpa, y esto nos regresa al primer punto, el miedo al abandono.

Entonces se genera la interrogante: ¿Una persona con TLP vive en un ciclo constante donde el dolor es su único acompañante? 

¿De dónde viene el TLP?

Este tiene su base en un factor genético y un factor ambiental. Cuando hablamos de un factor genético, nos referimos a lo que nos pudieron transmitir nuestros progenitores o familiares cercanos, al tener ciertas condiciones de salud mental a través de los genes, mientras que al hablar del factor ambiental, tenemos que tocar temas como los estilos de crianza, el apego y el ambiente invalidante. 

En cuanto al apego, nos remontamos a los primeros momentos de vida, cuando aprendemos a distinguir lo bueno y lo malo, al hacer comparaciones radicales sobre lo placentero y displacentero, este proceso es llamado escisión y fue un término brindado por la corriente psicoanalítica. 

Este proceso intenta explicar que todo inicia desde la infancia, pues, el recién nacido crea dos versiones de una misma persona. Por ejemplo, un bebé, al distinguir a su mamá, crea dos versiones de ella: a la “madre buena”, la cual cumple con sus necesidades fisiológicas y a la “madre mala”, que no lo atiende e ignora sus necesidades, dividendo a una misma persona en dos para poder entender algunas complicaciones de la vida. No obstante, en el futuro, el menor  logrará unir a estas dos personas en un mismo ser. Pero si la madre siguiera con un patrón de invalidación o negligencia, el cerebro del hijo seguirá usando el mismo pensamiento dicotómico para entender la realidad y así, se convertirá en un mecanismo de defensa para el TLP.  (Arango, 2018). A partir de la escisión surgen cuestiones como:   ¿Todo o nada? o, ¿blanco o negro?  

Durante la niñez, se tiene un sentido innato de buscar protección en nuestros cuidadores principales, lo cual no se cumpliría si es que se crece en un ambiente “invalidante”, mismo término que Linehan (1993) define como: “Las características  del  entorno  que  niega  o  responde  de  modo  no  adecuado  a  las  experiencias  privadas  de  los  sujetos”.  En ese contexto,  no se podría cumplir con esta necesidad básica y el niño se encontraría  en un “miedo irresoluble”; esto ya que muchas personas con TLP viven situaciones traumáticas de mayor o menor grado, he incluso les impide pedir ayuda, ya sea porque las personas que ocasionan el trauma son parte de quienes este  consideraría como “seres  queridos”, o que estos minimicen el hecho traumático e incluso lo culpen por la producción del trauma; esto hará que la persona se sienta en un dolor constante, del cual no ve salida. Según Causera y Peris (2015), “todos podemos funcionar a nivel borderline, pero la duración e intensidad de experiencias que impiden al niño establecer una relación segura con el objeto amado, hacen que éste actúe de forma crítica en un nivel borderline”.

Entonces, el ser criado en un entorno de negligencia o abuso puede provocar que, posteriormente, se cree un apego inseguro o desorganizado, siendo este último el de mayor gravedad y que dará mayor predictibilidad a vivenciar episodios disociativos. Por lo que, al vivir en un entorno sin la protección necesaria, es que se desarrollará un apego basado en el miedo.

Apego inseguro: qué es, tipos y cómo trabajarlo - Las 5 pautas de J. Bowlby

Apegos en el Trastorno Límite de la Personalidad

Apego Inseguro:

Para desarrollar el apego inseguro, el padre, la madre o ambos actuarán de forma inestable al ejercer su paternidad, e incluso mostraran cierto rechazo, lo que ocasionará que, muchas veces, el menor no pueda contar con ellos; una consecuencia de esto, será que cuando este crezca, mantendrá cierto rechazo a sus cuidadores. Asimismo, al tener este tipo de apego se requerirá constante validación del amor, ya que no lo percibirá como un sentimiento real y genuino; por lo que, ante cualquier mínima señal de abandono, el cerebro mandará una alerta roja que ocasionará un estado de crisis y ansiedad en la persona que vive con este apego, todo ello debido a su constante miedo al abandono, que le lleva a tomar acciones impulsivas que muchas veces podrían atemorizar a sus seres queridos y provocar que se vayan.

Apego desorganizado:

Al hablar del apego desorganizado, nos encontramos con una niñez donde la incoherencia de los estados afectivos de los padres prima por sobre todo, es decir, que estos provocan un estado de amenaza por el abuso y protección excesiva al mismo tiempo. Lo que generará que estas personas tengan una estrategia de apego incoherente, donde si bien se mantendrá el mismo sentimiento de miedo al abandono, también provocarán una evitación hacia las personas que sean importantes para ellos, ya que su subconsciente pensará en: “Si no me relaciono de forma cercana a alguien, no podrá abandonarme”. Y el vivir dentro de un constante círculo de amor-evitación, será desgastante y doloroso para quien lo padezca, lo que hará que reviva constantemente su miedo al abandono, que muchas veces será provocado por él mismo (Causera & Peris, 2015). 

En conclusión, el ambiente en el que nos criamos desde el nacimiento será precursor del posible desarrollo de un trastorno mental. Ya que cuando la “invalidación” por parte de nuestros cuidadores prime durante el desarrollo, aumentará la posibilidad de generar un posible TLP, y ya desde entonces, empezará a crearse la idea del “dolor” como parte de nuestra vida, el mismo que seguirá repitiéndose indefinidas veces por ser parte de nuestro apego. Sin embargo, a esto también se le suma los estilos de crianza, caracterizados por un excesivo control y poca protección, lo cual se denota en la falta de reconocimiento e invalidación, junto a un alto nivel de exigencia con castigos de bastante dureza, que pueden ser físicos o psicológicos.

Aquí es donde se resalta la teoría del doble vínculo de Gregory Bateson, la cual habla de un dilema de comunicación donde hay una confusión en el mensaje, con una notoriedad especial en el empleo de castigos. 

Crianza respetuosa: qué hacer si un niño llora y grita

Un ejemplo de este, sería en los castigos psicológicos: cuando se le quita toda atención al niño y sus necesidades por un periodo de tiempo, en el cual el dolor por el miedo al abandono será de gran intensidad. Aunque después de unas horas, regresé la madre y reafirme el amor con palabras corteses y preste atención a sus necesidades, ella incluso podría llegar a culpar a su hijo por hacer que tenga que castigarle. En este ejemplo se dio una primera comunicación no verbal amenazadora a la vida del menor, donde se le mostraba que no se le quería y se le quitaba la protección, mientras que, en la posterior comunicación verbal, se le muestra que sí le quiere y que la culpa de perder el amor es del propio niño. Entonces, su cerebro entiende que merece sufrir, ya que es su culpa, y la única forma de conseguir amor es sufriendo antes, aquí empezamos a relacionar un pensamiento dicotómico: Placer – Dolor. 

A continuación, se procederá a responder aquellas preguntas por las que este artículo te interesó, pero, a diferencia de lo explicado anteriormente, se hará en primera persona, pues quien les habla, vive con este trastorno desde hace muchos años, y lo que busca, es ayudar a comprender ciertas cuestiones que nos planteamos sobre nosotros mismos. Entonces, desarrollemos las siguientes preguntas. 

¿Necesito sentir dolor para sentir placer? 

Cuando hablamos de “intercambiar dolor psicológico interno y vago por un dolor físico claro pero controlado puede ser una explicación para la paradoja que une placer y dolor” (Puértolas Argüelles, 2018). Es por ello que debemos tener en cuenta que muchas de las personas con TLP tienen alteraciones estructurales y funcionales en la red frontolímbica la cual incluye a la corteza cingulada, la ínsula y la amígdala con sus respectivas conexiones, lo que reduce la sensibilidad ante estímulos nociceptivos fásicos o la percepción del dolor, así se da una relación entre la experiencia de este con la liberación de endorfinas, las cuales son neurotransmisores que modulan la experiencia del dolor e incrementan la sensación de placer. A causa de ello, generan un estado de ánimo alterado en base a los estímulos provocados por una persona, que le permiten tener una percepción de control sobre el dolor, produciendo sentimientos de orgullo, logro, catarsis e identidad positiva. 

Aunque también se ha podido ver por otros investigadores que, al generar un dolor físico, se puede escapar del “yo”, y aliviar la autoconciencia durante un corto periodo de tiempo. Esta forma de manipular el concepto de “dolor” por nuestro cerebro, hace que veamos a estímulos aversivos como más agradables si alivian un dolor mayor como lo es el emocional (Puértolas Argüelles, 2018).

¿Me gusta sufrir?

La respuesta es que a veces sufrimos tanto que ya no encontramos más salida que las conductas impulsivas que liberen las endorfinas que nos hagan sentir “vivos”. En muchas ocasiones, al tener mucho dolor cargado, empezamos a disociar el dolor, y nos quedamos con un estado de ánimo aplanado, que nos hace sentir completamente solos, y es en ese momento cuando solo buscamos sentir algo que nos libere de ese vacío, aunque se comience con un acto mínimo, si funciona, buscaremos repetirlo para seguir sintiendo lo mismo, aunque las exigencias vayan en incremento. 

No quiero llamar la atención: tengo TLP - Salud con lupa

El sentimiento de placer que buscamos para desahogar el dolor es mucho más grande al que sentiría una persona sin este tipo de trastorno, ya que, no solo se disminuye el dolor, sino que se siente una salvación de cualquier estímulo negativo que podría haber pasado hasta el momento. 

Para desarrollar esta idea, podemos imaginar el siguiente escenario: “Haberse perdido hace años, y que alguien te regrese a la realidad, sanando cada herida que pudiste tener, por más que sea superficial, y, a pesar de que al final te vuelvas a perder, tener esa sensación, aunque sea durante un corto periodo de tiempo, resulta en algo glorioso”. 

Como dice en la canción “Pain” de Three Days Grace: Prefiero sentir dolor a no sentir nada en absoluto.

Mi bestie el TLP

Es por todo lo que hemos revisado que podemos decir que, desde la infancia, el dolor ha sido algo que se crio con nosotros, es parte de nuestro día a día, y por eso, ahora se siente como “nuestro hogar”, el lugar seguro en el que siempre estuvimos, por eso es que se siente tan familiar y cómodo el sentirlo cuando lo provocamos nosotros mismos, ya que nos da la sensación de poder controlar algo de nuestra vida, algo muy fuerte que vive con nosotros, y que produce calma, al darnos la falsa sensación de controlar nuestras emociones. 

Pero, en realidad, este dolor no es exactamente nuestro hogar, nosotros hemos vivenciado muchas más cosas que nos llevan a ser quienes somos hoy en día, vivimos experiencias nuevas y gratificantes en cada momento, y así como podemos sentir un dolor crónico, en otras ocasiones nos podemos sentir con muchos ánimos que nos llevan a cumplir muchos objetivos propios. El dolor es parte de nosotros, pero no es toda nuestra vida, no es nuestra casa, pero sí podemos decir que es el hogar donde se crio nuestro TLP.

¿Merezco sufrir?

No, no merecemos sufrir, aunque nuestro cuerpo esté acostumbrado a la sensación de dolor y nuestra mente parezca necesitarlo para “funcionar” adecuadamente, la realidad es que esta necesidad de dolor es la que nos coloca en diversas situaciones de riesgo como las conductas suicidas y autolesivas, que incluso dificultan llevar un tratamiento psicoterapéutico, e interfieren con nuestra calidad de vida, al impedir que nos desarrollemos adecuadamente con nosotros mismos, así como con los demás. 

Marsha M. Linehan

¿Qué hago con mi dolor?

El tratamiento psiquiátrico y psicoterapéutico es esencial para el tratamiento del trastorno límite de la personalidad, y ambas son completamente necesarias para trabajar en nuestro estado, pero quisiera resaltar la importancia de la psicoterapia con el Modelo Dialéctico Conductual, la cual fue creada y desarrollada por Marsha Linehan, quien creó su modelo teórico en base a su propia experiencia con el TLP, donde pudo identificar todos estos factores que interfieren en nuestra vida afectada por este trastorno.

En su modelo terapéutico se trabaja desde una visión de aceptación y cambio, ya que, como hemos podido revisar, pasamos por cosas muy difíciles durante toda nuestra vida, que provocan que ahora busquemos solucionar ciertos problemas de formas desadaptativas. Por ejemplo, pensar que, por haber discutido con nuestra pareja, todo es nuestra culpa, y por lo tanto, merecemos castigarnos con algo físico, como el acto de cortarse para dejar de sentir el dolor emocional. Esto es una acción que podemos aceptar, porque aprendimos a solucionar las cosas de esta forma, sin embargo, no significa que esté bien y es aquí donde comienza el cambio, así como el reeducar a nuestro cerebro para aprender a enfrentar la vida de forma adaptativa.

En este modelo se trabaja con diversos formatos como las terapias individuales, grupales (para desarrollar habilidades y estrategias de afrontamiento), el coaching telefónico (para mantener estas habilidades en un contexto de vida normal), así como el manejo de un equipo de consulta para el cuidado de los terapeutas.

Trastorno Límite de la Personalidad - Osasun Eskola

Una vez que se consignan todos los formatos de intervención, podemos trabajar diversos objetivos. Se iniciará principalmente con la terapia individual, desarrollando la reducción de conductas suicidas y autolesivas en una primera instancia, junto a la reducción de las conductas que interfieran en la terapia, como puede ser el tratar con una dependencia al alcohol que podría interferir en la realización de las sesiones, para, después de un tiempo, comenzar a trabajar la reducción de las conductas que interfieran en la calidad de vida y tratar más a fondo con el paciente, otros padecimientos como del estado de ánimo o el trauma que, como pudimos revisar, es bastante común en el desarrollo; mientras que al mismo tiempo, se busca incrementar y generalizar la puesta en práctica de las habilidades sociales y estrategias impartidas en el formato grupal como: La atención plena, la regulación emocional, la tolerancia al malestar y la eficacia interpersonal. Por último, en esta terapia también se trabaja con la espiritualidad, para lo que se maneja mucho el mindfulness como técnica terapéutica para mantener un estado de vida más equilibrado y funcional (Laffite Cabrera et al., 2022).

Entonces, podemos ver que las personas con TLP tenemos muchas heridas por sanar, que incluso nos dificulta saber si nos permitirán vivir en algún momento sin dolor, pero el primer paso es reconocer que necesitamos ayuda, que merecemos una buena vida, tal y como lo deseamos muchas veces de pequeños, y cumplir con todos esos objetivos propios que, a veces, creemos inalcanzables por el diagnostico. La terapia dialéctico conductual es la más recomendada para el TLP, pero no es la única, mucho dependerá de nuestra personalidad propia el decidir a qué rama acercarnos más, pero si no sabes por dónde comenzar, este podría ser un buen lugar.

En conclusión, el dolor es algo tan familiar que duele pensar que eso sea cierto, y duele aún más cuando lo confirmas, a veces, parece que no hay salida para lo que sientes, aunque siempre procuramos buscarlo, ya sea a través de situaciones de riesgo que nos ponen en peligro, al intentar desfogar un poco nuestros sentimientos, pero que al final, nos dejan con el mismo sentimiento de culpa, desesperación y tristeza que tuvimos al inicio.

Recordando una parte de una canción que me identifica mucho, pienso que cuando describo el dolor se puede sentir algo así:

Hoy mis lágrimas se quieren suicidar, acurrucadas morir en tu piel, han nacido secas tienen sed, mi llanto hoy se quiere morir.
Mago de Oz – La cantata del diablo

Cuando entendemos que el dolor propio no solo nos hace daño a nosotros, sino que también al resto, intentamos reprimir nuestras emociones hasta quedarnos solos, patinando en un lago de hielo que se está resquebrajando poco a poco, y nos terminará por hundir en un mar de sufrimiento donde ya no hay nadie para salvarnos, entonces son reales las preguntas: ¿En verdad merezco esto?, ¿debo estar sola? Y la respuesta es: no, no merecemos esto, y las decisiones que tomamos para deshacernos del dolor son en base a las herramientas que cada uno aprendió para protegerse. Debido al tipo de apego que se pueda tener, es que muchas veces alejamos al resto, y nos terminamos aislando a nosotros mismos, sin embargo, debemos resaltar que, muchas veces, estas herramientas no serán las adecuadas y necesitaremos cambiarlas. 

Al final, la verdad es que las personas con TLP hemos vivido situaciones deshumanizantes desde que nacimos, ya sea por factores hereditarios o ambientales, pero nadie nos enseñó a vivir una vida “sana”, con herramientas adecuadas para enfrentar al dolor. Muchas veces, esperamos que alguien nos “salve”, pero al final terminamos alejando al resto para que no caigan en el mismo abismo que nosotras. ¿Eso nos vuelve malas personas? Bueno, de hecho, es lo contrario, sentimos gran amor por las personas que nos han ayudado, tanto que a veces es «intoxicante», o algo exagerado y muchas veces, vamos a decidir cuidar al resto en vez de cuidarnos a nosotras mismas. Y eso ocurre porque no sabemos manifestar el amor de forma sana, nuestros cuidadores tampoco supieron enseñarnos esta forma de amor, muy probablemente porque tampoco lo aprendieron. Aquí llega lo difícil, romper con este patrón de dolor que viene cargado incluso generaciones atrás. 

Aprender a amar es difícil, especialmente cuando no sabes cómo te sentirás en unas horas, parece no ser primordial, ya que muchas veces, lo más importante es pasar el día sin hacer alguna conducta de riesgo. No obstante, no es algo justo para uno mismo, es por ello que me gustaría compartir con ustedes, el título del libro de Marsha Linehan, Construyendo una vida digna de ser vivida, la cual me hizo reflexionar sobre cómo se estaba desarrollando mi vida, y es que hemos vivido tanto tiempo “sobreviviendo” que nos hemos olvidado de “vivir”, y la verdad, es que nunca aprendimos este concepto, por eso, debemos hacer un trabajo extra al de otras personas, el cual es crear un ambiente en el que nos sintamos seguros y cómodos, donde podamos vivir la vida que deseamos de la forma más sana posible, y esto se desarrollará en gran parte durante terapia. Pero comencemos por aceptar que merecemos algo bueno, que somos humanos y que nos vamos a equivocar muchas veces, pero eso no quita que merecemos vivir mejor. 

The Secret Dr. Marsha Linehan Kept for Five Decades | Parvati Magazine

Por otra parte, sabemos que podemos vivenciar el dolor de varias formas, pero, en lo personal, la más peligrosa se puede dar cuando nos encontramos ante un episodio largo del dolor: empezamos a disociar las emociones y entrar en contacto directo con el vacío, es aquí cuando nos encontramos más propensos a mostrar conductas de riesgo, ya que intentamos bajar hasta lo más profundo del dolor para sentir algo, para que luego, cuando sintamos algo placentero en contraste, todo nuestro cuerpo sienta un estado eufórico que mejore el ánimo, aunque sea aparente y nos permita regresar a un estado más “funcional”.

No siempre sufrimos porque nos guste, pero es lo único que conocemos para lograr que las cosas funcionen y conseguir algo bueno, aunque sea solo durante unos segundos. Escapar de una realidad tan complicada y desgastante como es la de un TLP no es tan raro, si lo piensas bien, de hecho, es una función básica de cualquier humano cuando se encuentra ante el peligro, cosas que te podrían parecer tan descabelladas como el uso de sustancias, las conductas sexuales de riesgo e incluso los intentos de suicidio, son solo algunas formas que encontramos para huir del sufrimiento. Pero que, sin embargo, no le quitan lo desadaptativo y, aunque son válidas, no significa que sean correctas. 

Recuerda que el tener un trastorno no es sinónimo de merecer una vida dolorosa y caótica, todos merecemos vivir de forma adecuada, en ambientes sanos y amorosos, así que permítete gozar de esta calma que tanto necesitas, y acude a terapia. Mi mayor recomendación es que no dejes tu tratamiento y si lo has hecho puedes retomarlo, es un proceso que toma tiempo, pero que resulta gratificante cuando ves los resultados, yo llevo varios años en terapia con distintos especialistas de diferentes ramas, pero gracias a eso, ahora me considero una persona mucho más funcional, que sigue generando logros y alcanzando metas, y que puede escribir este artículo que reúne muchos conocimientos y reflexiones obtenidos con el paso de los años. 

No obstante, si te identificaste y aun no tienes un diagnóstico, acude con un especialista para que pueda evaluar tu situación personal. En Warayana podemos ayudarte con ello, tú también mereces una vida digna de ser vivida. 

Referencias

American Psychological Association. (2014). Manual de diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5).

Arango, J. D. (2018). LA ESCISIÓN. PSICOLOGÍA DINÁMICA. https://psicologiadinamicahoy.blogspot.com/2015/04/32-la-escision.html#:~:text=La%20escisi%C3%B3n%20es%20la%20separaci%C3%B3n,como%20lo%20desea%20el%20infante

Linehan, M. M. (1993). Skills Training Manual for Treating Borderline Personality Disorder. New York: Guilford

Prades, I., Romero, M. (2015). Tras las Huellas Borderline: Rastreando el Apego de Personas con Trastorno Límite de Personalidad. Revista REDES, (32), 59–70. https://redesdigital.com/index.php/redes/article/view/179

Puértolas Argüelles, M. (s. f.). La búsqueda de placer a través del dolor: revisión acerca de la relación entre TLP y BDSM [Trabajo Final de Máster, Universitat ramon llull]. https://dau.url.edu/bitstream/handle/20.500.14342/242/MERITXELL%20PU%C3%89RTOLAS%20ARG%C3%9CELLES.pdf?sequence=5&isAllowed=y

Laffite, H., Rodríguez, F., Alonso, R., Medina, T., & Díaz, J. A. (2022). TERAPIA DIALÉCTICO-CONDUCTUAL. UNA BREVE REFERENCIA A SU ESTRUCTURA Y AL ABORDAJE INDIVIDUAL. Interpsiquis, 23. https://psiquiatria.com/congresos/pdf/1-10-2022-20-tem1.pdf

Ese hoyo aquí adentro

Si ya fuera poco (o mucho) lidiar con el dolor físico, a muchos se les hace más complejo superar una pérdida. Un objeto significativo, un recuerdo, algo que nos recuerde a alguien especial. Tal vez resulta sencillo, decirlo cuando uno puede ser el espectador en estos escenarios. No obstante, creemos que solamente el duelo se da por una pérdida física. En estas ocasiones se piensa que el duelo se experimenta de modo físico cuando, en realidad, hay muchos otros mecanismos o modalidades de cómo se vive o manifiesta. 

Definición: 

La palabra duelo bajo este contexto en su sentido etimológico, se expresa como dolus que significa dolor en latín, lo cual deriva el verbo dolere que se entiende como sufrir pena o doler. 

¿Qué hago con todo esto?

Pensar en todo lo que perdimos podría resultar una ganancia, entendiendo si esto generó un cambio positivo, porque muchas veces nos negamos a la realidad debido a las altas expectativas que se pueda generar. 

Debemos entender que en múltiples investigaciones, el duelo es considerado como un factor de riesgo, y que actualmente se ve avalado y considerado como un factor en diversas enfermedades. Es por eso que algunos autores han estimado que alrededor del 20 % de los pacientes atendidos en hospitales psiquiátricos tienden a un duelo no resuelto. 

Estudios también realizados en distintos países han encontrado que la experiencia del duelo por muerte de familiares tiene un efecto sobre el sistema endocrino e inmune. Asimismo, un fenómeno frecuente es el miedo de los dolientes a encontrar la misma enfermedad que acabó con la vida del enfermo y tenemos que ver el duelo como un problema de salud en este sentido (elevando la morbilidad y la mortalidad de los dolientes). 

Un claro ejemplo de pérdida y duelo es la relación entre los poetas Horacio Quiroga y Alfonsina Storni, quienes atravesaban el cáncer de manera simultánea en estado terminal. Una enfermedad que inspiró a la poeta argentina a dedicarle uno de los poemas más emotivos a su amigo. Tales líneas expresan el dolor del duelo por su muerte y el malestar que le generó a Alfonsina ya que sabemos el desenlace que esto significó. 

Morir como tú, Horacio, en tus cabales,
y así como siempre en tus cuentos, no está mal;
un rayo a tiempo y se acabó la feria …
Allá dirán.

No se vive en la selva impunemente,
ni cara al Paraná.
Bien por tu mano firme, gran Horacio …
Allá dirán.

“No hiere cada hora –queda escrito-,
nos mata la final.”
Unos minutos menos … ¿Quién te acusa?
Allá dirán.

Más pudre el miedo, Horacio que la muerte
que a las espaldas va.
Bebiste bien, que luego sonreías …
Allá dirán.

Sé que la mano obrera te estrecharon,
mas no si Alguno o simplemente Pan,
que no es de fuertes renegar su obra …
(Más que tú mismo es fuerte quien dirá.)

Alfonsina Storni

Etapas del duelo

Como toda experiencia humana el duelo es un proceso, el cual se comprende en cinco etapas:

Según la psiquiatra suiza Elisabeth Kübler-Ross, en su libro On death and dying (Sobre la muerte y el morir), estudio que se realizó en pacientes terminales en la Universidad de Chicago, nos explica también que este proceso resulta ser de forma sucesiva, sin embargo, insiste que el duelo no es un proceso que sea lineal o rígido.

Negación: 

La pérdida es la reacción que se produce frente a un estado de shock y un embotamiento emocional incluso en un aspecto cognitivo esta fase del duelo implica una negación a dicha pérdida.

Ira: 

Debido a la negación esto puede desencadenar sentimientos de frustración que van asociados a mucha impotencia respecto a la incapacidad de no poder cambiar o modificar las circunstancias de la pérdida, la frustración lleva a que el enfado, y la ira se vuelve un proceso mucho más complejo, asimismo, se atribuyen a sentimientos de culpa como mecanismos de poder salvaguardar el estado emocional de la persona.

Negociación:

Se expresa aquella esperanza que se experimenta y se desea por la pérdida se anhela volver a vivir la vida como era antes.

Depresión:

Es la manifestación más consciente de la pérdida y se puede expresar la tristeza y también el rechazo hacia los otros, mostrando la incertidumbre y el miedo es en este momento, donde se debe brindar más apoyo hacia la persona que está pasando una crisis notable frente al duelo.

Aceptación:

Según lo que nos comenta Kübler-Ross en el modelo, la aceptación es el último estadio de calma asociado a la comprensión de la pérdida o de los fenómenos asociados relacionados a esta última etapa inevitable de la pérdida o del proceso del duelo. Es un proceso de reflexión y retrospección acerca de esta etapa final. 

Sabemos que el duelo no solo es por la pérdida de un ser querido, un objeto material de mucho valor simbólico, sino también se puede hablar de duelo por la patria que nos vio nacer. Tal es el caso de la poeta uruguaya Cristina Peri Rossi. Quien se exilió en España durante la dictadura de su país en 1972 abrazando un nuevo hogar en la madre patria, siendo más específicos en Barcelona, donde ha desarrollado la mayor parte de su carrera literaria. Años más tarde, en el 2021, sería galardonada con el premio Miguel de Cervantes por su amplia trayectoria, que, por supuesto, abarca los grandes conflictos y dilemas que ocasiona el exilio. 

Dedicatoria 

A Mercedes Costa

A todos aquellos navegantes 

                               argonautas de un país en ruinas

desaparecidos en diversas travesías, 

varias,

que un día emprendieron navegaciones 

de inciertos desenlaces. 

Cristina Peri Rossi

Por otra parte, entendemos que también el sufrimiento humano que se encuentra adherido a nuestra condición puede ser causado por diversas causas y supeditado por múltiples factores, siendo estos distintos. Sin embargo, es un proceso sumamente normal, en el cual se debe evitar el mayor daño y poder superarlo, o, en su defecto, vivir comprendiendo y entendiendo ese duelo en nuestra vida. Es por esto que el duelo representa pérdida en el sentido amplio de la palabra y se puede subdividir en distintos tipos de duelo. 

  1. Duelo: El duelo normal como lo conocemos, se caracteriza por ese estado de pensamientos repetitivos que nos recuerdan con particularidad aquellos sucesos antes, durante, e incluso, después de la pérdida; habitualmente, es un proceso que alcanza la superación en un plazo no superior entre los seis meses a un año. 
  1. Duelo anticipado: Como su nombre lo dice, se manifiesta antes de que ocurra la pérdida, un ejemplo de esto es cuando se diagnostica alguna enfermedad: la persona comienza a experimentar de manera prolongada y anticipada el sufrimiento inevitable de la pérdida, y requiere el apoyo de seres queridos para poder superar el dolor físico emocional o intelectual que este le puede causar en el futuro más próximo. 
  1. Duelo sin resolver: Este tipo de duelo se sigue manifestando aún cuando el tiempo haya pasado de manera prolongada, entre un periodo de 18 a 24 meses (periodo normal de duelo). El dolor que se puede presentar incapacita a la persona a que sea capaz de seguir con su vida y asimile los cambios que ocasiona la pérdida, incluso es probable que conserve muchas cosas o propiedades de la persona que se fue, lo que podría producir conductas asociadas que generarían aún más complicaciones. 
  1. Duelo crónico: El dolor crónico es muy parecido al duelo prolongado, sin embargo, este manifiesta una duración excesiva que nunca llega a una conclusión satisfactoria. La persona que lo sufre es muy consciente de que no consigue terminar con el dolor que padece por la pérdida, incluso manifiesta el malestar hasta la propia muerte o término de su vida. 
  1. Dolor ausente: Se produce cuando la persona está en una constante negación sobre dicha pérdida y manifiesta esperanza de modo infundado, padece un intenso cuadro de ansiedad y queda detenida en la primera parte de la evolución del duelo, es decir, en la negación. 
  1. Duelo retrasado o aplazado: El individuo muestra una reacción insuficiente al momento de la pérdida, muchas veces, luce como una persona aparentemente fuerte capaz de lidiar con la situación, y esto se debe a que puede presentar una falta de apoyo social, así como sentirse abrumado frente a la pérdida. Sin embargo, también podría reaccionar de forma exagerada por contener todo el dolor que se acumula en dicha circunstancia. 
  1. Duelo inhibido: A diferencia del duelo ausente, este no se manifiesta como un mecanismo de defensa para evitar o rehusar el dolor de la pérdida, sino más bien, se presentan problemas de índole somático, incluso diversas manifestaciones o limitaciones del individuo le piden expresar el duelo. 

Muchas veces, el proceso de duelo es una oportunidad de transformación. Ese es el caso del poeta argentino Juan Gelman, quien, a fines de 1989, recibió la grata noticia (pese a una larga espera de trece años) de que gracias al equipo de antropología forense argentino y mediante investigaciones y exhumaciones, identificaron a su hijo Marcelo Ariel, quien fue secuestrado junto con su hermana Nora Eva, y también la esposa de su hijo, María Claudia, y un amigo de su familia, quienes habían sido retenidos y llevados al centro clandestino de detención de Orletti, en el barrio porteño de Floresta. María se encontraba con siete meses de embarazo al momento del secuestro; fue llevada al Uruguay donde fue asesinada luego de dar a luz. Sin tener conocimiento del sexo de su nieto o nieta, Juan Gelman le dedica una linda carta:

Carta abierta a mi nieto (fragmento)

Me resulta muy extraño hablarte de mis hijos como tus padres que no fueron. No sé si sos varón o mujer. Sé que naciste…

Ahora tenés casi la edad de tus padres cuando los mataron y pronto serás mayor que ellos. Ellos se quedaron en los 20 años para siempre. Soñaban mucho con vos y con un mundo más habitable para vos. Me gustaría hablarte de ellos y que me hables de vos. Para reconocer en vos a mi hijo y para que reconozcas en mí lo que de tu padre tengo: los dos somos huérfanos de él. Para reparar de algún modo ese corte brutal o silencio que en la carne de la familia perpetró la dictadura militar. Para darte tu historia, no para apartarte de lo que no te quieras apartar. Ya sos grande, dije.

Escrita en 1995 y publicada en Brecha, el 23 de diciembre de 1998.

Finalmente, en el 2000, el poeta y periodista conoció a su nieta, Macarena, de 24 años. 

Recordemos que superar el duelo no es sinónimo de resignación, sino la aceptación hacía nuevos cambios en nuestra vida. Muy por el contrario, lo que perdimos se hará presente, de alguna u otra manera, y comenzar a disfrutar de nuevo nuestras rutinas no es una traición a ese recuerdo, sino una reafirmación a algo mucho mejor, el camino a la felicidad desde otra arista del cristal. Confiemos en los procesos.

Referencias 

García-Viniegras, C., Grau, J., Infante, O. (2014). Duelo y proceso salud-enfermedad en la Atención Primaria de Salud como escenario para su atención. Revista Cubana de Medicina General Integral30(1), 121-131. http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0864-21252014000100012

Kübler-Ross, E. (1969). On death and dying. New York: The Macmillan Company.

Storni, A. (1968). Poesías Completas. Buenos Aires: Soc. Editora Latino Americana.

Tu dolor significa transformación

La ruptura de algunas relaciones y el alejamiento de algunas personas, en ocasiones, son necesarias para tu salud mental. Así como una cirugía en el cuerpo puede ser fundamental para mejorar nuestra salud y calidad de vida, el dolor del posoperatorio es muy duro e intenso, pero no quiere decir que hayas tomado una mala decisión. En este caso tu dolor significa transformación, cambio y valentía para poder decidir en función a tu bienestar, a pesar de que sea muy difícil y penoso.

El verdadero dolor, el que nos hace sufrir profundamente, hace a veces serio y constante hasta al hombre irreflexivo; incluso los pobres de espíritu se vuelven más inteligentes después de un gran dolor.

Fiódor Dostoievski

El dolor que surge por la ausencia de alguien que sacaste de tu vida, debido a que sentías que te estaba haciendo mal, no se debe a que hayas tomado una decisión errónea, muchas veces decimos: “¿por qué me está pasando esto a mí?, ¿cómo puede ser posible que me duela tanto? Tal vez no fue una decisión correcta y ahora estoy pagando las consecuencias”.

Durante el proceso duelo nadie sabe las cosas que pasaron y que te hirieron en lo más profundo, solo uno sabe cuánto llora, las noches de insomnio que pasa, y cuanto se anhela que todo fuera diferente.

Muchas veces nos quedamos demasiado tiempo a lado de gente que no nos hace bien, por ello, es de suma importancia saber cuándo frenar, cuándo dejar de avanzar en una relación que nos daña emocionalmente y tener el valor de dar un paso al costado. 

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Pregúntate si podrías ser realmente feliz en un lugar donde eres irrelevante para esa persona que quieres; tu atención, tu tiempo y tus sentimientos son muy valiosos; no los uses en personas con falta de interés, guárdalos para alguien que realmente se lo merezca. Aprende a identificar la coherencia afectiva. 

Crea tu nuevo yo – Agnes

El duelo por una ruptura es muy complejo, porque cuando uno está bien, en plena libertad, decide no elegirlo; por eso no hay que subestimar el dolor de nadie, y menos el de nosotros mismos, pues la separación puede ser una de las cosas más duras que atravesamos en la vida. 

Referencias

Benéitez, B. (2022). 30 frases célebres sobre el dolor y la tristeza. https://www.lavanguardia.com/vivo/psicologia/20220402/8171603/30-frases-celebres-sobre-dolor-nbs.html

García, S. (2020). Cómo transformar nuestras emociones. https://psicologiaymente.com/psicologia/como-transformar-nuestras-emociones

Celos y relatoterapia

Gilmará tiene una personalidad compuesta por las tres primeras letras de su nombre, no me malinterpreten soy su amiga y la conozco desde que nació, tanto así que inclusive compartimos día y mes de nacimiento, por ende, sé con certeza que nuestras vidas iban a estar juntas como dos ríos que si bien marcaban independencia por diversos cauces y desembocaduras, iban a estar cercanos, aunque sin mezclarse, ya saben, la autonomía es necesaria. 

Ella, es hermosa, con unas caderas envidiables, un cabello que aprendió a valorar hace poco y un alma en exceso pura, una carcasa de fuego y hierro, nadie entra fácilmente, es tan difícil que sí estás dentro nunca llegarás a saberlo realmente, este límite es tan profundo que su dolor casi siempre es individual, injusto y la carcome. Esto es debido a que nosotras fuimos criadas con reglas de silencio, los celos, los callas, los muerdes, disimulas y sonríes. Nada ha pasado, eres libre, solo eres un amigo. A esto me refiero, a que lo gil pasa como un atributo más de personalidad.

Las relaciones del silencio

Amistad, solo eso, así resume mi querida Gilmará a todos cuando ve llegar un obsequio, cuando nota mayores atenciones de quien se le ve notoriamente interesado, pero ella, externamente lo minimiza, no quiere develar que por dentro le importa, que se cae de bruces por un beso, por esos buenos días, y que además le importa muchísimo lo que dirán sobre su nuevo prospecto, ella, primeramente controla las habladurías y las asimila, aunque por dentro estalle en cohetes, en otras palabras, es la amiga que en silencio ya se imagina de capa y velo, pero jamás lo confesará.

El problema con esto, es que se convierte en un monstruo que tal cual el Rey Midas que pidió contemplaciones a los dioses, comienza a comerse a sí misma, a fallecer poco a poco porque las imaginaciones no se cumplen, o los intereses se van solo a lo carnal y ella queda relegada otra vez, queda como la amiga linda, sexy y confidente que escucha divertida cada una de las más sucias aventuras, todo chill, nada le interesa, total ¿somos amigos, ¿no? Pero, yo que soy su amiga, se la verdad, le duele, está celosa y necesita saber más después de cada historia de aventuras, que claramente, no fueron con ella.

La adicción cognitiva

Ese hábito insano es nuevo para ella, lo acaba de descubrir hace relativamente poco tiempo, descubrió que es un hambre insaciable que le perjudica, pero, como toda adicción no puede conducirse adecuadamente, la voluntad le flaquea y se vuelve Sherlock Holmes y requiere nombres, saber de orgasmos, si pasó más de una vez o sí es serio o un arrimón de una noche. Ella requiere saberlo todo. Se convierte en una quimera, no la descubres, no la lees, tiene su fino arte de ocultar lo que siente muy bien domesticado, y si es a distancia ¡Uff, es imperceptible!

Ella, se disfraza de una confidente fiel y leal, incapaz de juzgar, pero, lo cierto, es que se invade de envidias y celos asquerosos que le corroen la piel, a continuación, lo que hace es buscar validación externa: usa escotes, se bambolea al caminar, frente y mentón en alto, sonrisa jocosa, ropa atractiva que le haga sentirse poderosa, sin embargo, esta forma de manejar el despecho que ella misma se inventó la rompe en mil pedazos, la ilusión deshecha de lo que ella se fabricó se esfumó, y lo peor, es que sin llegar a nada, realmente.

No lo comenta, se lo sacas a cucharadas.

-Gilmará, sé que no estás bien, habías decidido avanzar con él, hacerle regalos y abrirte emocionalmente, inclusive, le perdonaste esos arranques verbales que tuvo cuando te sentiste mal, le diste una oportunidad diciéndole cómo conducirse contigo en momentos así, para que no se repitiera, es decir, invertiste emociones y esfuerzos en encauzar la cosa, pero, aun así, le decidiste seguir llamándolo amigo.

Y es aquí, cuando arranca y con la mirada más fiera y tenebrosa te dice en un brote de furia con mesura: “Era obvio, menos mal que fue así, porque mientras yo me ilusionaba él se acostó con otra, sí, ese día antes de que pasará lo de mi “mal día”, sí días antes ocurrió. Y yo allí, malgastándome diciéndole cómo me gustaría que me arrullara, ¿Qué no te das cuenta de lo inservible que es seguir?, ¿Qué aquí no vale decirle lo que siento porque él solito se encargó de manosearlo y tirarlo después? Abre los ojos tú”.

La falacia

Se hace la dura, lo dice convencida, pero, en el fondo, está dolida hasta la médula, ella es así, una mujer fuerte pero excesiva consigo misma, ciega a darse cuenta que su valor está por encima de la valoración de sus tacones y su melena, y que, el hacedor de ilusiones que cree es su prospecto idóneo realmente no lo es, es simplemente un payaso que en un acto de abrir y cerrar de ojos destruyó las ilusiones de alguien que pudo darle una calidad de vida y bienestar alto, pero, ya sabes lo que dicen sí no estás listo, no importa lo que tengas al frente, no lo valorarás.

Entonces, para ti Gilmará que se identifica con la historia, o la amiga que la acompaña, te brindo un soplo con aroma a alivio. Celos es querer o anhelar lo que sentiste fue tuyo y se te arrebató. No, nadie es de nadie, las ilusiones en un recipiente equivocado brindan una confusión del demonio, que en un inicio sabía a elixir de vida, te nutría, salvaba del cataclismo existencial, pero es falso, tomabas la salvia de una fachada que jamás se concretó en la realidad, apégate a la idea de que es mentira y no lo mereces. 

Cuida de ti misma, evita el control, los largos cuestionarios, los interrogatorios disfrazados no sirven para acallar la duda, al contrario, afinan el ímpetu de corroborar lo que para ti es una infamia. La deslealtad no se cura con base a detalles absurdos y sin contexto, se hace desde el plano de replantear el lugar donde están y quieren estar, y para eso, se requiere de dos entes bien enterados y comprometidos. Ese proceso de odiar, perdonar, amar y herir que solo tú provocas en la mente, no funciona, reconciliarse sola no tiene sentido, la realidad es lo que está machacando tus entrañas, que lo suavices con la mente solo hará que la mentira perdure.

Protégete y resguárdate de la tormenta de pensamientos de recordar sus palabras que comunicaron el hecho. No vale la pena darle tantas vueltas, no sirve molestarte por mucho tiempo y sufrir por ello, lo que queda es decidir ¿Qué harás con la ira? O construyes o te marchitas.No se trata de fingir, no me malentiendas, se trata de que los celos cuando son desmedidos, cuando no se ha dado nada realista, que solo están «tonteando», «vacilando» o simplemente es una situación de «saliditas sin más» date la oportunidad de hacer un alto y revisarte, y, en segunda instancia, revisar qué sucede allí afuera, ¿realmente quieres seguir invirtiendo energías y empecinarte en quién te está dando todas las señales de que emocionalmente no está disponible? Cuestionarte duele y salva, no hay puntos medios, pero, es necesario.

Duelo complicado

Palabras clave: Adolescentes, adultos, complejo, complicado, demorado, dolor, duelo, patológico, niñez.

La pérdida de un ser querido impacta en la persona, y la vivencia de esta pérdida se llama duelo. Sin embargo, el duelo es un estado psicológico más no psicopatológico, las reacciones físicas y emocionales deben disminuir luego de seis meses (Echeburúa & Corral, 2001). 

En las clasificaciones psiquiátricas, se habla de un duelo complicado, demorado, complejo o patológico cuando esta aflicción no disminuye en el tiempo, al menos doce meses posterior al suceso (DSM-5, 2014). Se le llama complicado porque se asocia a un desborde emocional, conductas desadaptativas y un estado de aflicción tan intenso como al inicio.  La persona no logra recuperarse ni ajustarse a su vida. 

Existen cuatro subtipos (Horowitz, 1980, en Domingo, 2016):

  • Duelo Crónico: cuando el sobreviviente no consigue concluir satisfactoriamente su duelo y es consciente de esto, su duración es demasiado larga, es extrema.
  • Duelo Retrasado: es un duelo inhibido, pospuesto. La respuesta de la persona frente a la pérdida es suprimida; es negada para no sentir o sufrir; posteriormente, aflora magnificada, quizá producto de alguna otra pérdida. 
  • Duelo Exagerado: la persona lo vivencia con demasiada intensidad, surgen conductas desadaptativas para calmar su dolor y es consciente de ello. Existe un alto riesgo de desarrollar algún trastorno psiquiátrico como depresión, ansiedad, estrés post traumático, entre otros.
  • Duelo Enmascarado: cuando el que la padece, disfraza encubre su dolor con síntomas físicos (enfermedades psicosomáticas) o conductas que le traen dificultades en su funcionamiento, pero que, a diferencia de los otros duelos, no las reconocen, ni son conscientes que están relacionadas con la pérdida.

Existen factores de riesgo que hacen a su sobreviviente vulnerable a vivir un duelo complicado. Experiencias como la pérdida de un ser querido en condiciones inesperadas y traumáticas; que el fallecido cumpliese un rol proveedor en la familia; que su sobreviviente contase una historia de pérdidas acumuladas; que el deudo poseyera antecedentes clínicos psiquiátricos; que no existiese un apoyo familiar percibido; entre otros (Acinas, 2012).

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En el caso de niños y adolescentes llevan un duelo diferente, el dolor es expresado con su cuerpo y no con palabras, por lo que la ayuda profesional es necesaria. Aquí, se puede dividir el duelo en tres etapas; antes de los seis años, después de los seis años y en la adolescencia.

En el menor de seis años, existe un retroceso en su autonomía, presencia de llanto frecuente y alto en intensidad sin una causa aparente. Aparecen miedos a cosas que antes no las percibía amenazantes, terrores nocturnos, pesadillas, insomnio. Hay pérdida de apetito, baja energía, entre otros. 

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En los niños mayores de seis años, se observa mucho desorden en sus juegos, mucha irritabilidad, expresiones de protesta y comportamientos violentos hacia otros familiares y amigos. Puede que no exprese sentimientos de dolor hacia el ser querido que partió, negándose a pensarlo muerto, o creerlo vivo, guarda sentimientos de culpa.

El aislamiento, sus silencios, no querer juntarse con sus amigos, excesivos actos de colaboración y responsabilidad sobre asuntos de casa, escuela, u otros. Así mismo, estar excesivamente atento al cuidado de un familiar, agredir a sus pares, bajo rendimiento escolar comparado a su desempeño, baja energía y desgano. Presencia de somatizaciones como dolores frecuentes de estómago, cabeza, dolores musculares, etc., son claras señales de su dolor y es una alerta para buscar ayuda profesional.

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En el caso de los adolescentes existe una conceptualización más abstracta sobre el duelo, más cercana a la del adulto, y así también sus formas de manifestar su luto. El adolescente puede exteriorizar su dolor con conductas desadaptativas y de riesgo, así como, mal comportamiento frente a la autoridad. Existe mucha ira interior, irritabilidad, culpa, pensamientos suicidas, entre otros. El adolescente buscará a sus compañeros y personas que estén fuera de su entorno familiar para conversar o refugiarse de su propio dolor. El soporte familiar, la psicoterapia individual y familiar se hacen necesarios.

El duelo es una experiencia particular en cada sobreviviente, sin embargo, existen edades como la niñez y la adolescencia que los hacen más vulnerables a desarrollar otro tipo de trastornos, el trabajo psicoterapéutico es necesario para prevenirlo. En los adultos, a pesar de que tienen mayores herramientas para lidiar con la pérdida, el hecho de no mejorar emocionalmente o adaptarse a la ausencia del ser querido los expone a la posibilidad de experimentar un duelo patológico.

Schupp afirmó que las personas que han pasado por un duelo patológico normalmente pierden la confianza en sí mismos y necesitan que se les enseñe a salir de la situación (citado en Yoffe, 2013). 

Finalmente, sea cual sea el ciclo de vida que el sobreviviente esté atravesando, se espera que en el tiempo la persona pueda reincorporarse a su vida, un dolor que en el tiempo no halle consuelo amerita una intervención profesional adecuada.

Referencias

Acinas, P. (2012). Duelo en situaciones especiales: suicidio, desaparecidos, muerte traumática. Rev Dig Med Psicosomát, 2, 1-17.

Domingo, V. V. (Setiembre de 2016). Duelo patológico, factores de riesgo y protección. Revista Digital de Medicina Psicosomática y Psicoterapia, VI(2), 12-34.

DSM-5. (2014). En APA. Madrid.

Echeburúa, E. y Corral, P. (2001). El duelo normal y patológico. En W. Astudillo, E. Clavé y E. Urdaneta (Eds.). Necesidades psicosociales en la terminalidad. San Sebastián. Sociedad Vasca de Cuidados Paliativos. 

Redalyc.org. (15 de marzo de 2013). CRECER CON LA PÉRDIDA: EL DUELO EN LA INFANCIA Y ADOLESCENCIA. Redalyc.org, 493-498.

Yoffe, Laura. (2013) Nuevas concepciones sobre los duelos por pérdida de seres queridos. Avances en Psicología. 21(2), 129-153.

Sobre el duelo: Conceptualizando una pérdida

¿Quién no ha perdido algo, alguna vez? 

Cuando una persona pierde algo valioso, se centra en el objeto perdido, desea tenerlo, se lamenta de no haberlo usado lo suficiente. Le asigna un valor económico, una significancia en cuanto a afecto y centra su anhelo en su búsqueda, en recuperarlo. Investiga y trata de entender cómo lo perdió. 

Si la pérdida fue por negligencia y descuido habrá mucha culpa y enojo. Si la pérdida se dio por un asalto, habrá mucho miedo y angustia. Si la pérdida fue por un accidente habrá inconformidad y desesperanza. El valor que se le dé reforzará al proceso de duelo y el cómo gestione sus emociones. 

En una familia, la pérdida de un ser querido pone a los dolientes en similar situación. Además del dolor que estará presente en todos y en cada uno de los miembros, se sumará la significancia que esta pérdida trae a sus vidas. Así, no es lo mismo perder al padre que perder a la madre; no es lo mismo perder al hijo que al hermano.

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El fallecimiento de uno de los padres, sea en una edad adulta, afecta a la persona no solo por la misma pérdida, si no, además en su significancia. Para el experto David Kessler, los padres son nuestras primeras y más importantes conexiones que tenemos en la vida; nos enlazan con nuestras primeras experiencias, son nuestro primer amor.

La pérdida de un hijo, en cambio, es un duelo más difícil y doloroso. Un hijo involucra significado y propósito en la vida de sus progenitores. Como cuidadores, la culpa y la incapacidad de no haber protegido lo suficiente, se añade al dolor de la pérdida. Este proceso puede tomar más tiempo de lo esperado e incluso nunca superarlo. El dolor quiebra a la persona, separa a la pareja (ASCO.ORG, 2018).

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La pérdida de un hermano a veces pasa desapercibida por sus seres queridos, generalmente son los padres quienes reciben mayor atención. Perder a un hermano es perder a un confidente y amigo, lo puede llevar a tener sentimientos de desvalorización de sí mismo frente a su núcleo familiar, confronta su propia existencia como menos valiosa que la del hermano que partió, y puede ponerse como tarea llenar el vacío que dejó. Su presencia puede sentirla diluida en el dolor de sus padres. 

Cuando es la pareja, esposo o esposa la que fallece, la persona siente la pérdida desde una historia de vida, desde un pasado, un presente y un futuro que se extravió en la relación. La valoración que puede darse a esta pérdida se asocia a sentimientos de soledad y desprotección. Es la ausencia de apoyo; replantea su vida desde uno y ya no, desde dos.

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En la familia hay que entender que el duelo es de todos y de cada uno, y que no siempre un dolor será como el del otro; esto nos hace más compasivos con nosotros mismos y con los demás. Entender que no hay duelo correcto o incorrecto, que no se juzga, hace que el duelo sea auténtico y más fácil de sobrellevar.

La psicoterapia familiar acompaña a la familia en este proceso desde el dolor de cada uno de sus miembros. Su trabajo está en la contención a lo largo de las etapas del duelo y motiva, a la familia, a seguir adelante llevados por la significancia y en virtud al propio crecimiento.

Finalmente, termino con las palabras de David Kessler (2021) con respecto a la pérdida: “no es una prueba, una lección, algo que manejar, un regalo o una bendición. La pérdida es lo que pasa en la vida. El significado es lo que hacemos que suceda después de una pérdida”.

Referencias

ASCO.ORG. (Marzo de 2018). Cancer.net. https://www.cancer.net/es/asimilaci%C3%B3n-con-c%C3%A1ncer/manejo-de-las-emociones/duelo-y-p%C3%A9rdida/duelo-por-la-p%C3%A9rdida-de-un-hijo#:~:text=Las%20reacciones%20del%20duelo%20despu%C3%A9s,de%20su%20hijo%20era%20esperada

Kessler, D. (08 de Abril de 2021). Cómo seguir adelante tras la pérdida. Sentido Común. (E. Bernstein, Entrevistador) Mexico. https://www.sentidocomun.com.mx/articulo-contribuidores.phtml?id_contrib=1963

Kessler, D. (s.f.). dignitymemorial.com. https://www.dignitymemorial.com/es-es/support-friends-and-family/grief-library/when-a-parent-dies-dealing-with-the-loss-of-your-mother-or-fatherKübler-Ross, E., & Kessler, D. (2005). On Grief and Grieving, Finding the Mining of Grief Through the Five Stage of Loss. New York: SCRIBNER.

Un mirar hacia el dolor y el duelo

Palabras Claves: Dolor, duelo, pérdida.

A lo largo de estos dos años podríamos decir que las personas han vivido una serie de pérdidas, algunas más significativas que otras. Pérdidas como la de seres queridos, pérdidas como la de personas no tan cercanas pero que traen un impacto similar por ser conocidos, sea por su edad o por la significancia de los hechos y de con quienes empatizamos.

También se han presentado pérdidas más abstractas. Pérdidas como las del trabajo, la ruptura de un noviazgo o el alejamiento de un amor. Pérdidas como el dejar nuestros planes de viaje, de proyectos e inversiones o simplemente estancamiento de sueños.

Todos estos eventos traducidos o no como pérdidas, unas más significativas que otras, le siguen una serie de experiencias al interior de la persona que pueden afectar su sentido de vida en cuanto a significado y propósito.

Para la tanatóloga Elisabeth Kübler – Ross (1969) nos dice que las reacciones a la pérdida son experiencias únicas en cada persona y que el duelo es tan propio como nuestra propia vida. El cómo las personas vivencien sus pérdidas y elaboren sus duelos pueden afectar su calidad de vida futura.

Kübler – Ross dividió al proceso de duelo en cinco etapas: Negación, Ira, Negociación, Depresión y Aceptación. Estas etapas pueden manifestarse en ese orden o no necesariamente. La recuperación dependerá en gran medida de cómo la persona lleve su proceso y lo incorpore como una negociación con la vida para alcanzar el equilibrio. Al ser una experiencia dolorosa y única, la hace más compleja y cada quien lo vivenciará de una forma peculiar.

Sin embargo, no estamos hechos para el dolor y si sumamos que estamos inundados de una corriente positivista en donde es el placer quien le da sentido a la existencia y el dolor no tiene cabida, hace a este proceso más intolerante.

Bregar con el dolor requiere de la persona, fortaleza y valentía que dará como fruto el crecimiento personal. Darle cabida al dolor y conectar con él, es parte del proceso y un reto de estoicismo para el ser humano post-pandemia. Por el contrario, evadirlo como un mecanismo de defensa sólo lo posterga y abre una ventana a la angustia, la ansiedad o peor aún a la depresión.

El hablar de lo que pasó, y cómo pasó es parte de bregar con el dolor. Darle un espacio y una temporalidad en nuestra vida cotidiana, nos conecta con el dolor y le da un lugar como una forma de aceptación. Cuando nos negamos a esto por miedo a sufrir, regresará más tarde cual búmeran con un dolor magnificado. Se corre el riesgo de un quebrantamiento emocional activado por una siguiente pérdida de igual o menor significancia.

Las pérdidas no resueltas pueden manifestarse de muchas formas. Apegos a animales (sean o no mascotas), objetos, recuerdos, etc. Pueden generar conductas compulsivas (acumuladores, atracones de comida, etc.), conductas de riesgo, conductas adictivas, promiscuidad, relaciones casuales y/o superficiales, hipersensibilidad a la pérdida, etc. Acudir a un especialista en psicoterapia sea individual y/o familiar es lo conveniente para ayudar a superar el proceso.

Referencias

Kübler-Ross, E. (1969). On death and dying. New York: The Macmillan Company.

¿Y si hablamos de la muerte? Continuación…

“Doctora, últimamente me siento triste, sin ganas de nada, no tengo apetito y tengo muchas ideas en mi mente a veces no quisiera despertar… Hace 6 meses falleció mi hermano, me dicen que debo estar bien, que ya pasó mucho tiempo, que a mi hermano no le gustaría que yo esté triste… Pero yo sólo quiero llorar  y pensar que esto no es real,  ¿usted cree que estoy mal?

Confesiones cómo ésta escucho a menudo en consulta, muchos piensan que sólo se debe hablar de la vida y cómo vivirla o que hay emociones buenas y malas;  que no hay que llorar a los  muertos porque se ponen tristes o “no los dejamos descansar en paz”, y que todos viven el duelo de manera similar.  La única vez que nos permiten llorar y se alegran es cuando nacemos, luego se nos lo prohíben… Somos analfabetos emocionales. Cuando llegan a la primera sesión no son conscientes ni de sus emociones, ni pensamientos. Creen que los responsables son los demás o que lo que sienten está mal, pero juntos trabajamos el observar sus emociones sin juzgar, dándole la bienvenida tanto a la alegría cómo a la tristeza, al goce y al dolor. 

En mi caso, los pequeños golpes que me iba dando la vida, no fueron suficientes para despertarme, tuve que tocar fondo para descubrir por fin qué era lo realmente importante, para aprender a disfrutar de las cosas cotidianas. Recuerdo en mi  formación en Psicología que nuestra mente sólo tiene dos objetivos: buscar el placer y evitar el dolor. Sin embargo, una vida en absoluto placer, sin percibir las otras emociones básicas, estaría indicando un desequilibrio y de seguro alguna enfermedad mental.

Nos han enseñado que los errores son fracasos, que no podemos equivocarnos, la equivocación conlleva castigo. El castigo nos expone, nos avergüenza, nos hace sentir culpables y produce dolor. ¿Pero de verdad es que podemos ser perfectos? Esta exigencia impuesta por los sistemas educativos y aceptada por nosotros desde niños como si fuera real, nos lleva a inhibir la autenticidad que hay detrás del dolor. ¿Y si lo que entendemos por castigo fuese realmente una bendición?

Probablemente hayas escuchado que el dolor es inevitable y el sufrimiento opcional. Pero es posible que esta afirmación te haya despertado cierta confusión y rechazo. Estos dos conceptos, aunque muchas veces aparezcan unidos, son opuestos. Además, la tendencia de reacción de cada persona hacia alguno de ellos tiene mucho que ver con sus vivencias tempranas. Es decir, con el modo en que aprendimos a gestionar la frustración y los cambios. El dolor es una reacción natural ante un suceso desagradable, una experiencia transitoria, cambiante, que se diluye si la abrazamos y permitimos. El sufrimiento, por el contrario, puede alargarse indefinidamente: depende de nosotros crearlo o ponerle fin por medio de la aceptación, ya que se produce cuando nuestro pensamiento se resiste a una sensación que considera molesta. Cuando nos sumimos en el sufrimiento nos sentimos víctimas injustamente tratadas por la vida e incapaces de controlar lo que sucede. 

El dolor nos da un mensaje que nos protege y regenera, nos inspira y enseña el camino correcto, nos hace más fuertes, nos permite aceptar realidades diferentes. Nos enseña cuáles son nuestras limitaciones, y a partir de ese momento, entrenarlo (como si fuese un músculo) nos hace más resilientes.  Si fallece un ser querido, si perdemos una relación importante o si quedamos desempleados es normal que el dolor aparezca. En general cualquier pérdida significativa, cualquier situación en que nuestras expectativas se rompan nos generará este sentimiento.

Todos reaccionamos de forma diferente a la muerte y echamos mano de nuestros propios mecanismos para sobrellevar con el dolor que ésta conlleva.

Cuando evocamos en nuestra memoria la palabra “duelo”, suponemos que estamos hablando de pérdidas humanas y que tiene que ver sólo con la muerte. Nos cuesta pensar que si nos mudamos a otro país o cambiamos de trabajo también vivimos un duelo, que si me cortan una pierna debido a una enfermedad también lo transito, al igual que cuando pongo fin a una relación. Un divorcio o alejarte de alguien con quien mantenías un vínculo afectivo es un “duelo de vivos”,  la aflicción es más intensa porque sabes que la persona aún está y puedes imaginártela en su rutina diaria o hasta te la puedes volver a encontrar. Es más difícil procesarlo y sanar, a veces quedan palabras pendientes, conflictos no resueltos que se van arrastrado. Se viven las mismas etapas que en una defunción; el shock o negación de no entender, la rabia junto a la culpa y reproches, la tristeza profunda que es la etapa más larga hasta llegar a la anhelada “aceptación”.

Sea por deceso o por alejarse de alguien, en ambos casos no respetan lo que podemos llegar a sentir, quieren vernos bien. Si estamos en el velorio nos dan agüita de azar o incluso pastillas para calmarnos ¿Y cuándo podremos llorar la ausencia de esa persona? Se dice que duelo que no se llora no avanza; no es que lo superemos del todo y volvamos a hacer nuestra vida como si nada, se aprende a caminar con  el pesar. Sentir confusión, rabia, desesperanza es natural;  hay que  atravesar todas las fechas especiales como Navidad, Día de la madre, o los cumpleaños sin la presencia de esa persona.

En el camino del duelo hay que tomar decisiones, vamos eligiendo continuamente la forma de recorrerlo y en este trayecto hay una serie de tareas que han de realizarse para conseguir una sana elaboración del mismo:

  1. Aceptar la ausencia, para poder llegar a esto primero debemos atravesar los distintos estadios identificados por la psiquiatra suiza Elisabeth Kübler-Ross en su libro «Sobre el duelo y el dolor»
  • Negación: La persona no asume la muerte o separación , puede entrar en estado de shock y sentir la sensación de que está viviendo un sueño o pensar que su ser querido va a  volver en cualquier momento, puede haber una cierta sensación de irrealidad y las emociones se pueden bloquear.
  • Culpa: Pensamientos cómo “no haber hecho lo suficiente” o “no haberse portado bien con el otro”, por ejemplo. Sentirse culpable por haber provocado una discusión o por no estar presente en el deceso.
  • Rabia: Los sentimientos de frustración y de rabia cuando se produce una muerte son naturales, y es necesario hacer consciente esta emoción para no transformarla en rabia hacia nosotros mismos pues es cuando surge la culpa patológica.
  • Desesperanza: En esta etapa la emoción principal es la tristeza al hacerse consciente de la pérdida. Este dolor nos hace conectar con un sentimiento profundo de soledad y vacío, podemos llegar a tener la sensación de que sin el otro no podemos vivir.
  • Aceptación: Cuando admitimos la muerte es momento de empezar a rehacer nuestra vida. Hacerse la idea que la otra persona ya no está no quiere decir que ya no nos duela o no la echemos de menos. Aprendemos a vivir sin ella, aunque siempre nos quedará su recuerdo.

2. Abrirse al dolor, permitirse sentir todo ese dolor, mirarlo, abrazarlo, expresarlo, no esconderlo o reprimirlo. Permitirnos también los momentos de tregua (sino sería como mirar fijamente al sol) ya que el duelo fluctúa entre el sentir y el hacer, la orientación a la pérdida y la orientación a la recuperación.

3. Aprender a vivir sin esa persona, todo lo que antes se hacía de forma compartida o lo realizaba la otra persona ahora ha cambiado y con ello, nuestras responsabilidades, costumbres… Una parte tuya muere y hemos de reestructurar nuestra identidad, no solamente como individuos sino también en relación con los demás.

4. Encontrar de nuevo sentido a la vida, volver a ocuparse de ella y de los vivos. También es cierto que para transmutar un gran dolor es necesario encontrar un propósito o proyecto cuyo amor sea proporcional a la magnitud del dolor sufrido.

Se dice que en la sociedad existe una tendencia negadora a la muerte y se arraiga la idea de ésta como si fuera un fantasma. Pero de igual forma la experiencia dice que si a este fantasma se le pone nombre y apellido se le integra y se vuelve parte de nuestra vida. Jorge Bucay, terapeuta y escritor argentino en su libro “El camino de las lágrimas” nos habla sobre las necesidades emocionales de las personas que atraviesan una pérdida y cómo verse satisfechas:

  • Necesitan ser escuchadas y creídas en toda su historia de la pérdida.
  • Sentirse protegidas y tener permiso para expresar emociones.
  • Ser validadas en la forma de afrontar el duelo (saber que esto que les pasa es natural, está bien hecho y no es malo sentirse así).
  • Estar en una relación de apoyo desde la reciprocidad (que la otra persona le entienda gracias a una experiencia similar o que la otra persona “sepa” de lo que está hablando el afectado).
  • Que respeten su individualidad y forma de procesar el duelo.
  • Necesitan poder expresar amor y vulnerabilidad ante otras personas.

Todos en algún momento hemos experimentado un duelo, ya sea por terminar una relación,  por el diagnostico de una enfermedad o la pérdida de un ser querido. Quiero terminar éste artículo con algunas ideas que pueden ayudar a transitar este tiempo:

  • Busca el apoyo de familiares y amigos.  Es importante saber que en ocasiones preferimos estar solos o acompañados, va a depender del momento. Es normal sentirnos confusos y no saber qué es lo que deseamos, ten paciencia, no te culpes, ve a tu ritmo.
  • Intenta compartir tus malos momentos con personas diferentes para que ninguna de ellas pueda sentirse desbordada.
  • Evita tomar decisiones importantes de forma precipitada. En ocasiones la emoción es la que intenta controlar esa decisión y no siempre es la acertada.
  • Permítete estar en duelo emocional, pero a la vez es positivo marcarse pequeñas obligaciones con la finalidad de no aislarse y recuperar nuestra vida familiar, social, laboral y personal.
  • Te sugiero ver de manera gradual los recuerdos que te resulten dolorosos, no quieras correr ni exponerte en exceso. Poco a poco lo irás consiguiendo y el sufrimiento irá disminuyendo.
  • Intenta cuidarte a ti mismo, a través de la alimentación, el ejercicio físico, el descanso, la reducción de hábitos no saludables.

Soy consciente de que los consejos que te acabo de proponer no son fáciles de seguir. Pero no olvides que todos tenemos una capacidad de adaptación inimaginable. Te animo a que cada vez que sientas ese dolor y esa tristeza tan intensa que puede llegar a invadirte por dentro, intentes sustituirlos por amor. Amor hacia lo que tuviste, amor por todos los buenos momentos vividos.

Referencias

Jorge Bucay (2006). El camino de las lagrimas. España: Grijalbo.

Elisabeth Kübler-Ross ( 2005). Sobre el duelo y el dolor. Barcelona: Ediciones Luciernaga.